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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">In memoriam</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;C&oacute;mo reconocemos a un buen maestro?</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Manuel Guti&eacute;rrez Vazquez</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Parte I</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me atrevo a escribir sobre este asunto porque son muchas las personas que me han preguntado al respecto, entre ellas madres y padres de familia, pero tambi&eacute;n no pocos maestros y directores de escuela de diferentes niveles educativos. Por supuesto que en asunto tan debatido, tan dependiente de contextos culturales e incluso biogeogr&aacute;ficos, no es sencillo alcanzar un consenso razonable y operativo, que nos sirva para actuar en consonancia. Recuerdo que, cuando trabajaba en un poblado de 350 habitantes, hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os, para los padres de familia un buen maestro de Jard&iacute;n de Ni&ntilde;os deber&iacute;a lograr que sus alumnos aprendieran a leer y escribir antes de terminar su educaci&oacute;n preescolar, lo cual es a todas luces una barbaridad. Y tambi&eacute;n me viene a las mente aqu&eacute;l otro se&ntilde;or director de una facultad universitaria, para quien los buenos docentes terminaban con el programa de su materia, incluso antes de concluir el per&iacute;odo lectivo, lo cual es otra barbaridad, pues un docente a quien le sobra tiempo no es un buen maestro. Por todo ello es que en estas notas procurar&eacute; dar con las caracter&iacute;sticas m&aacute;s generales de lo que para m&iacute; es un buen maestro, independientemente del lugar y del nivel educativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un buen maestro o maestra (y de aqu&iacute; en adelante usar&eacute; indistintamente uno u otro g&eacute;nero para referirme a ambos) tiene un concepto positivo de s&iacute; mismo y de su trabajo; esto es que cree en s&iacute; mismo como persona y como maestro, que est&aacute; seguro de que con su quehacer est&aacute; promoviendo y fortaleciendo el desarrollo f&iacute;sico, intelectual, afectivo, social y moral de sus alumnos, que &eacute;l es un factor fundamental en la consolidaci&oacute;n y perfeccionamiento de sus pupilos como seres humanos, como individuos. Una buena maestra se considera a s&iacute; misma como una verdadera profesional de la educaci&oacute;n, y por tanto siempre se conduce profesionalmente. Quedan fuera, pues, quienes son maestros por tener una "chamba"; quienes escogieron la carrera porque les ofrece una plaza segura; quienes ven su desempe&ntilde;o como una obligaci&oacute;n impuesta por directivos y supervisores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mejores maestras saben que sus alumnos son personas en cuyo desarrollo humano est&aacute;n colaborando, por lo que saben cultivar y promover en ellos el desarrollo de las competencias culturales b&aacute;sicas de comunicaci&oacute;n, pensamiento cr&iacute;tico, resoluci&oacute;n de problemas y de participaci&oacute;n, as&iacute; como el desarrollo y consolidaci&oacute;n de los valores c&iacute;vicos y culturales fundamentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los buenos maestros tienen expectativas positivas de sus alumnos, desde el principio hasta el fin. Saben que un buen docente es como <i>Pygmali&oacute;n,</i> que con base en su esmero, dedicaci&oacute;n, cari&ntilde;o y expectativas, logra que <i>Galatea,</i> una estatua de m&aacute;rmol por &eacute;l esculpida, cobre vida y calor. Bien se sabe que uno de los factores clave en el &eacute;xito escolar est&aacute; constituido por lo que la instituci&oacute;n y sus docentes esperan de sus alumnos, del aut&eacute;ntico inter&eacute;s que pongan en ellos, de las perspectivas que tracen juntos. Los buenos maestros son humanos, amigables y comprensivos; saben construir un ambiente agradable y estimulante en el sal&oacute;n y en la escuela; tienen confianza en la capacidad de todos sus alumnos y logran que todos ellos tengan &eacute;xito. Eso de que un buen maestro tiene siempre muchos reprobados es una aberraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las buenas maestras nunca culpan a sus alumnos del fracaso; saben que para que se d&eacute; dicho fracaso han entrado en juego muchos factores: la falta de preparaci&oacute;n y de dedicaci&oacute;n de uno mismo como docente, la escasa comprensi&oacute;n de los problemas por los que el alumno atraviesa, la poca o nula e incluso contraproducente motivaci&oacute;n que el pupilo tenga en su hogar, la ineficaz estrategia seguida para que el alumno aprenda, la mala calidad e insuficiencia de los materiales educativos, las malas condiciones en que se encuentra la instituci&oacute;n, las faltas y suspensiones de labores, la no consideraci&oacute;n de las necesidades espec&iacute;ficas del estudiante que est&aacute; fracasando, la menguada pertinencia de los contenidos, lo agresivo de las evaluaciones, en fin. No es el alumno el culpable de todo ello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mejores maestras logran mucha participaci&oacute;n de sus alumnos. La participaci&oacute;n m&aacute;s importante es involucrar intelectual y afectivamente a los estudiantes, ellos no tienen que estar brincando o yendo de un lugar a otro para mostrar que est&aacute;n activos. No confundamos el silencio que requiere la actividad mental profunda e intensa con el silencio de la apat&iacute;a o del aburrimiento. Para conseguir la actividad mental, el buen docente hace buenas peguntas, preguntas reflexivas, abiertas, que no se contesten con un s&iacute; o un no, que no se contesten con una sola palabra; preguntas que requieran de reflexi&oacute;n y se contesten con respuestas elaboradas, que a menudo se van encadenando con los aportes de varios estudiantes. La buena maestra siempre pide a sus alumnos que den ejemplos concretos de lo que dicen y siempre favorece el aprendizaje cooperativo, el trabajo colectivo. Nunca pone a competir a unos con otros ni muestra el trabajo de la "mejor alumna" como ejemplo de lo que todos los dem&aacute;s deben hacer. Los buenos docentes saben que los principales protagonistas en el proceso de aprendizaje son los alumnos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Continuar&eacute; ma&ntilde;ana con mi lista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Parte II</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termino hoy con la lista de cualidades de lo que considero un buen maestro o maestra. Quedamos en que utilizar&eacute; ambos t&eacute;rminos indistintamente para referirme a ambos g&eacute;neros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los buenos docentes estimulan a sus estudiantes para que lean y estudien de manera independiente, y siempre les dan oportunidad de que se expresen, de que comenten en la clase sus lecturas. Un buen maestro es paciente, tiene sentido del humor, pero nunca inhibe a un alumno, nunca lo ridiculiza ni se mofa de &eacute;l.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La buena maestra siempre se asegura de que sus alumnos entienden claramente lo que se espera de ellos. Muchos alumnos yerran o emprenden tareas equivocadamente porque no entendieron la pauta o el procedimiento supuestamente explicado, o contestan err&oacute;neamente porque la pregunta estuvo mal formulada por el docente. &iexcl;Con cu&aacute;ntos "reactivos" de opci&oacute;n m&uacute;ltiple me he encontrado que son absolutamente incontestables! &iexcl;Los estudios etnogr&aacute;ficos realizados en el sal&oacute;n de clase nos muestran que el tiempo promedio que los docentes dan a sus alumnos para contestar una pregunta no llega, en promedio, a los tres segundos!</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mejores docentes saben que la indisciplina se debe al aburrimiento, por eso son capaces de dise&ntilde;ar y poner en pr&aacute;ctica actividades participativas en las que todos los alumnos se interesan. Organizan los contenidos alrededor de conceptos integradores que tengan una relaci&oacute;n estrecha con problemas de la vida diaria de los alumnos y son capaces de integrar los saberes cotidianos con los saberes escolares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los buenos maestros saben utilizar muchos recursos y estrategias para el aprendizaje, no se limitan a "dar su clase". Organizan debates, discusiones, paneles, consultas, intercambios, seminarios; utilizan sistem&aacute;ticamente la biblioteca escolar y otras bibliotecas, as&iacute; como otros recursos de fuera de la escuela: folletos, revistas, peri&oacute;dicos, fotograf&iacute;as, carteles, videos, programas de televisi&oacute;n, pel&iacute;culas, cintas magnetof&oacute;nicas, etc&eacute;tera. El buen maestro busca estos recursos, no se conforma con esperar a que le sean proporcionados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un buen maestro utiliza una diversidad de procedimientos para la evaluaci&oacute;n formativa (durante el curso) y sumativa (final) de su propio curso y de los logros acad&eacute;micos de sus alumnos. Utiliza los resultados de la evaluaci&oacute;n formativa para atender problemas y carencias, as&iacute; como para reorientar su propio desempe&ntilde;o. En todo caso, un buen docente sabe que la evaluaci&oacute;n es una actividad m&aacute;s de aprendizaje al servicio de sus alumnos y de &eacute;l mismo. El buen maestro siempre busca formas de evaluar su propio trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un buen docente dialoga con sus colegas, discute sistem&aacute;ticamente sobre los problemas que tiene en su desempe&ntilde;o, pide consejo, asiste a otras clases para observar el desempe&ntilde;o de otros docentes y los invita para que observen sus propias clases para recibir la cr&iacute;tica de ellos. Los buenos maestros siempre participan con sus compa&ntilde;eros en la planificaci&oacute;n y el desarrollo de las actividades institucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una buena maestra, un buen docente, siempre est&aacute; evolucionando, siempre est&aacute; aprendiendo. Cuando un docente no est&aacute; ya dispuesto a aprender, est&aacute; acabado, como maestro y como persona. El maestro que comienza, el de poca experiencia, por lo general intenta ense&ntilde;arles a sus alumnos lo que sabe; conforme avanza profesionalmente, el maestro dise&ntilde;a actividades de aprendizaje gracias a las cuales los alumnos aprenden por s&iacute; mismos lo que el maestro sabe; los maestros que logran mayor madurez son capaces de dise&ntilde;ar experiencias de aprendizaje en las que los alumnos profundizan en su propia formaci&oacute;n, aprendiendo cosas diferentes a las que el maestro ya sabe; avanzan todav&iacute;a m&aacute;s cuando son capaces de lograr que los alumnos mismos colaboren en el dise&ntilde;o de sus propias actividades de aprendizaje, durante el desarrollo de las cuales ellos construyen sus propios conocimientos; los mejores maestros logran que sus alumnos dise&ntilde;en sus propias metas, piensen en sus propios objetivos y prop&oacute;sitos, pues con todo ello est&aacute;n contribuyendo a formar personas independientes, que toman decisiones por s&iacute; mismas. En todo ello deben ser considerados no solamente los conocimientos, sino tambi&eacute;n los procedimientos, los m&eacute;todos, las actitudes, las relaciones interpersonales, los valores, el j&uacute;bilo que produce el saber que lo que se hace est&aacute; bien hecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque la lista no es completa, ni mucho menos, vamos a dejarla all&iacute; para no abrumar al estoico lector. Pero si quien ha le&iacute;do esto es padre de familia, o si es docente de cualquier nivel educativo, de la educaci&oacute;n inicial al postgrado, o si es directivo de alguna instituci&oacute;n de educaci&oacute;n b&aacute;sica, media superior o superior, yo le invitar&iacute;a a buscar qui&eacute;nes de los maestros de sus hijos tienen estas caracter&iacute;sticas, si yo mismo como docente las tengo, si los docentes de la instituci&oacute;n a mi cargo las ostentan, porque ocurre que todas estas cosas se aprenden o debieron ser aprendidas en la Normal, en los cursos y talleres de formaci&oacute;n de docentes para la educaci&oacute;n superior, y por lo tanto tenemos el derecho, como ciudadanos, de exigirlas en todos aquellos que se atreven a pararse frente a un grupo en cualquier establecimiento que pretende ser educativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Art&iacute;culo publicado en <i>La Jornada Michoac&aacute;n,</i> 4 y 5 de noviembre de 2005.</font></p>      ]]></body>
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