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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Measuring Up: A History of Living Standards in Mexico, 1850-1950]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Moramay L&oacute;pez&#45;Alonso, <i>Measuring Up: A History of Living Standards in Mexico, 1850&#45;1950</i>, Stanford, Stanford University Press, 2012, 278 pp.</b></font>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Measuring Up</i> es una muestra de la vigorosa historia antropom&eacute;trica que encuentra cada vez m&aacute;s eco en los pa&iacute;ses en desarrollo y especialmente en Am&eacute;rica Latina. El libro responde a la necesidad de rescatar la historia de los niveles de vida de las clases populares y de los grupos marginados, bastante descuidada por una historiograf&iacute;a m&aacute;s atenta a los vaivenes de las clases dirigentes y de las oligarqu&iacute;as que, obviamente, controlaron las riendas del poder econ&oacute;mico durante mucho tiempo y dejaron importantes legados. Indolencia a menudo justificada por la falta de informaci&oacute;n y fuentes estad&iacute;sticas sobre el bienestar y la desigualdad social anteriores a 1950, periodo a partir del cual se generalizan los c&oacute;mputos sobre la renta nacional y la distribuci&oacute;n de la riqueza en el mundo menos desarrollado. Gracias a las nuevas metodolog&iacute;as que permiten descifrar la evoluci&oacute;n de la estatura, los historiadores examinan el nivel de vida de la gente com&uacute;n y de los grupos sociales que ni siquiera estaban integrados en la econom&iacute;a formal y realizar estudios comparativos. La existencia de importantes masas de datos sobre la talla humana desde el siglo XVIII est&aacute; afianzando los estudios sobre la desigualdad y la pobreza y, desde luego, sobre la evoluci&oacute;n del bienestar biol&oacute;gico en diferentes contextos regionales y ambientales. Con estas premisas, Moramay L&oacute;pez&#45;Alonso, profesora del Departamento de Historia de la Universidad de Rice (Houston, Texas), arroja importantes resultados sobre el tema, apenas analizado en M&eacute;xico, siendo uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s interesantes de Latinoam&eacute;rica por sus extraordinarias dimensiones, geogr&aacute;fica y demogr&aacute;fica, sus enormes contrastes regionales y sociales, y su cercan&iacute;a al gigante norteamericano en un contexto hist&oacute;rico marcado por tiempos muy convulsos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El periodo que se analiza es excitante. En la centuria que media entre 1850 y 1950, M&eacute;xico registr&oacute; profundas transformaciones paralelas a las que el mundo experiment&oacute; no sin grandes sobresaltos, conflictos sociales, guerras civiles y revoluciones. El pa&iacute;s dej&oacute; de ser b&aacute;sicamente rural para convertirse en una econom&iacute;a moderna industrializada, cuyo dinamismo se refleja en el crecimiento de la poblaci&oacute;n urbana que se multiplic&oacute; por tres durante la primera mitad del siglo XX. Los cambios pol&iacute;ticos e institucionales fueron de enorme trascendencia, desde la Constituci&oacute;n de 1857, de corte liberal y claramente federalista, y la promulgaci&oacute;n de las leyes desamortizadoras que le siguieron, hasta la de 1917, considerada por su contenido social como una de las constituciones m&aacute;s avanzadas del mundo, que result&oacute; del proceso revolucionario iniciado en 1910. En un periodo de intensa agitaci&oacute;n pol&iacute;tica, los Estados Unidos Mexicanos recibieron el influjo de la modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica y de los capitales extranjeros, de los cambios tecnol&oacute;gicos y de la revoluci&oacute;n sanitaria que, junto a otros avances cient&iacute;ficos desplegados en el mundo desarrollado, les permitieron el desarrollo de los ferrocarriles, la integraci&oacute;n de los mercados, el incremento de la producci&oacute;n de alimentos y la mejora de la salud p&uacute;blica, por se&ntilde;alar algunos de los aspectos que m&aacute;s incidieron en la calidad de vida de la poblaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque con retraso respecto a su vecino del norte y a los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados, M&eacute;xico particip&oacute; de la "evoluci&oacute;n tecno&#45;fisio", un t&eacute;rmino difundido recientemente por Robert Fogel y Dora Costa<a id="footnote-140267-1-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;1">1</a> que define las sinergias provocadas por los r&aacute;pidos cambios tecnol&oacute;gicos asociados a la mejora de la nutrici&oacute;n y de la productividad, parejos a los cambios fisiol&oacute;gicos y que tuvieron como principales protagonistas, adem&aacute;s del incremento de la estatura humana, el declive de la mortalidad y el aumento de la longevidad. Como se documenta en este libro, no puede decirse que M&eacute;xico quedara al margen de dicha evoluci&oacute;n y de la "revoluci&oacute;n de la mortalidad",<a id="footnote-140267-2-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;2">2</a> conceptos que, de la mano del crecimiento econ&oacute;mico moderno, hunden sus ra&iacute;ces en la explosi&oacute;n de la ciencia y la tecnolog&iacute;a que implement&oacute; las innovaciones biom&eacute;dicas y la mejora de la salud p&uacute;blica en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses occidentales y de influencia europea desde 1900. En M&eacute;xico, la tasa bruta de mortalidad se redujo algo m&aacute;s de la mitad en la primera mitad del siglo XX, al pasar de 32.7&#8240; en 1900, a 16.2&#8240; en 1950, tendencia similar a la que registr&oacute; la mortalidad infantil, que, estando por encima de 200&#8240; en el siglo XIX,<a id="footnote-140267-3-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;3">3</a> se situ&oacute; en 131.6&#8240; en 1930 y en 98.2&#8240; en 1950, reduci&eacute;ndose una cuarta parte durante las dos d&eacute;cadas previas a 1950. La transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica prosigui&oacute; con intensidad en las d&eacute;cadas siguientes y alcanz&oacute; par&aacute;metros de una sociedad moderna en los &uacute;ltimos tiempos. En 1980, la tasa bruta de mortalidad disminuy&oacute;    <br>   a 6.6&#8240; y en 2005 fue s&oacute;lo de 4.8&#8240;. La tasa de mortalidad infantil cay&oacute; a 35&#8240; en 1980 y en 2005 pas&oacute; a ser de 13&#8240;.<a id="footnote-140267-4-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;4">4</a> Entre tanto, la esperanza de vida protagoniz&oacute; un incremento fabuloso, siendo de las m&aacute;s bajas a finales del siglo XIX pas&oacute; a comienzos del siglo XX a 72.2 a&ntilde;os en los hombres y 77 a&ntilde;os en las mujeres. En promedio para ambos sexos, de 27 a&ntilde;os en 1896 aument&oacute; poco en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, pues alcanz&oacute; los 36.3 a&ntilde;os en 1930, pero se aceler&oacute; despu&eacute;s, increment&aacute;ndose a 49.6 a&ntilde;os en 1950 y pas&oacute; a 68.4 a&ntilde;os en 1980 y a 74.6 a&ntilde;os en 2005.<a id="footnote-140267-5-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;5">5</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conjunto, el declive de la mortalidad y el incremento de la longevidad fueron consecuencia de la difusi&oacute;n de los servicios sanitarios y la mejora de la salud p&uacute;blica, pero tambi&eacute;n del aumento de la renta por habitante, fen&oacute;menos que cobraron impulso en las d&eacute;cadas posrevolucionarias. La autora destaca que, incluso en la segunda mitad del siglo XIX, se hab&iacute;a erradicado el hambre, puesto que en a&ntilde;os de malas cosechas se consiguieron granos del extranjero y subraya el papel institucional en los vaivenes del bienestar. As&iacute;, demuestra que las instituciones creadas por el gobierno federal fueron capaces de destinar importantes recursos a la construcci&oacute;n de infraestructura sanitaria, a campa&ntilde;as de vacunaci&oacute;n masiva y a programas de educaci&oacute;n para la salud, cuya consecuencia fue el control de las enfermedades infecciosas m&aacute;s comunes, sobre todo a partir de la d&eacute;cada de 1930, cuando las tasas de mortalidad infantil se reducen de forma muy considerable. Las organizaciones internacionales de la salud tambi&eacute;n contribuyeron a la mejora de la salud p&uacute;blica y lograron que se beneficiaran algunas localidades remotas a trav&eacute;s de la introducci&oacute;n de los servicios sanitarios, desde Yucat&aacute;n y Veracruz hasta Chiapas y Oaxaca. Las ciudades pasaron a ser menos sucias y tambi&eacute;n algunas regiones rurales. Hacia 1950 estaba en marcha la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica: las enfermedades infecciosas se reduc&iacute;an mientras las enfermedades degenerativas eran m&aacute;s comunes como consecuencia del aumento de la esperanza de vida. Los avances en la medicina posibilitaron que las enfermedades infecciosas fueran m&aacute;s manejables a mediados del siglo XX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras este largo periodo de cambios institucionales, demogr&aacute;ficos y econ&oacute;micos, &#191;qu&eacute; impacto tuvieron en la estatura o en los niveles de vida biol&oacute;gicos de la poblaci&oacute;n de M&eacute;xico?, &#191;fue diferente la evoluci&oacute;n del nivel de vida a la de los pa&iacute;ses que M&eacute;xico intent&oacute; emular?, &#191;disminuyeron las disparidades territoriales y la desigualdad social? A estas y otras cuestiones Moramay L&oacute;pez&#45;Alonso intenta ofrecer respuesta en <i>Measuring Up</i>, que traza los principales aspectos del bienestar a partir de las estaturas, la huella de la pobreza y la desigualdad, y los cambios globales que impactaron en la calidad de vida y el estado nutricional de la poblaci&oacute;n de M&eacute;xico. Este libro tiene su origen en la tesis doctoral que defendi&oacute; en la Universidad de Stanford en el a&ntilde;o 2000 y es fruto de una investigaci&oacute;n m&aacute;s ambiciosa que realiza sobre el bienestar humano en una perspectiva del muy largo plazo. Estructurado en siete cap&iacute;tulos organizados en tres secciones y unas conclusiones finales, el libro aborda un aspecto central que hab&iacute;a quedado pendiente en la historiograf&iacute;a econ&oacute;mica mexicana. Pocos estudios hab&iacute;an analizado los cambios en los niveles de vida anteriores a 1950. Se contaba con algunas contribuciones sobre la pobreza,<a id="footnote-140267-6-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;6">6</a> adem&aacute;s de los estudios realizados por John H. Coatsworth, Aurora G&oacute;mez Galvarriato y Jeffrey Bortz sobre los salarios reales, los precios alimenticios y del consumo, que no obstante se concentran en algunas regiones y en sectores espec&iacute;ficos de determinados periodos del siglo XIX o del siglo XX.<a id="footnote-140267-7-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;7">7</a> Hasta la fecha no se dispon&iacute;a de un trabajo que abordara la cuesti&oacute;n en un periodo trascendental de la historia de M&eacute;xico. Algo se hab&iacute;a avanzado en el libro, <i>M&eacute;xico y Espa&ntilde;a: &#191;historias econ&oacute;micas paralelas?</i>,<a id="footnote-140267-8-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;8">8</a> pero sorprende que no hubiera ning&uacute;n cap&iacute;tulo sobre niveles de vida en otro compendio m&aacute;s reciente.<a id="footnote-140267-9-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;9">9</a> Por ello, este libro es recibido con expectaci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera secci&oacute;n del libro, compuesta por tres cap&iacute;tulos (pp. 19&#45;58), la autora muestra la importancia de las instituciones del bienestar y los cambios institucionales producidos en la lucha contra la pobreza desde el M&eacute;xico preindustrial de mediados del siglo XIX hasta el periodo en que el pa&iacute;s se adentra en un r&aacute;pido proceso de urbanizaci&oacute;n e industrializaci&oacute;n. Despu&eacute;s de esbozar las teor&iacute;as sobre el bienestar, atiende a la eficiencia de las instituciones mexicanas a trav&eacute;s de las pol&iacute;ticas de provisi&oacute;n de bienestar. Destaca el papel que la Iglesia desempe&ntilde;&oacute; en los niveles de vida de los m&aacute;s desfavorecidos durante la era colonial, que perdur&oacute; hasta las pol&iacute;ticas liberales tras la Constituci&oacute;n de 1857. Con las desamortizaciones y otras medidas anticlericales promovidas por el gobierno en las d&eacute;cadas siguientes se erosion&oacute; el poder econ&oacute;mico de la Iglesia cat&oacute;lica y, con ello, finaliz&oacute; el monopolio de la provisi&oacute;n de bienestar desde sus principales entidades, como conventos, hospitales, escuelas para pobres, hospicios, casas de maternidad y otras instituciones de caridad que la Iglesia mantuvo en colaboraci&oacute;n con la sociedad civil. Las instituciones seculares privadas creadas durante el porfiriato (1877&#45;1911) fueron limitadas y no ocuparon las atribuciones desempe&ntilde;adas por la Iglesia, lo cual produjo un vac&iacute;o decisivo en la provisi&oacute;n de bienestar con consecuencias lesivas para las clases populares. Las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas no cristalizaron hasta despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n. La Constituci&oacute;n de 1917 consagr&oacute; el bienestar como un derecho de los ciudadanos y un deber del Estado, junto con el derecho a la tierra y el trabajo. Fruto de ello fue la creaci&oacute;n del Departamento de Salud P&uacute;blica ese mismo a&ntilde;o conforme al art&iacute;culo 73 de dicha Constituci&oacute;n. En la etapa de C&aacute;rdenas se pusieron las bases institucionales para extender los servicios sanitarios a toda la poblaci&oacute;n sin distinci&oacute;n de renta, ya fueran trabajadores de la econom&iacute;a formal o informal. Durante las d&eacute;cadas de 1930 y 1940 el gobierno aument&oacute; el gasto destinado al bienestar social, pero los esfuerzos por descentralizar los servicios de salud y atender a la poblaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del distrito de la ciudad de M&eacute;xico quedaron en vano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda secci&oacute;n analiza en dos cap&iacute;tulos (pp. 59&#45;130) la evidencia antropom&eacute;trica. Contiene una valiosa informaci&oacute;n sobre la evoluci&oacute;n de la talla promedio de los grupos socioecon&oacute;micos y en las principales regiones o &aacute;reas geogr&aacute;ficas de M&eacute;xico. Para los que no est&aacute;n familiarizados con la nueva historia antropom&eacute;trica, esta secci&oacute;n puede ser demasiado t&eacute;cnica por la presentaci&oacute;n de los m&eacute;todos y de las fuentes empleadas para analizar las tendencias de la estatura, pero necesaria precisamente para mostrar la representatividad de los resultados. Con una muestra rigurosamente seleccionada, aunque peque&ntilde;a para el tama&ntilde;o poblacional de M&eacute;xico, la autora desmenuza las caracter&iacute;sticas de las tres principales fuentes de estaturas empleadas en su estudio. De los archivos militares de la Secretar&iacute;a de la Defensa Nacional analiza unas 6 236 observaciones de un total de m&aacute;s de 40 000 fichas de soldados disponibles, que disponen de informaci&oacute;n muy completa. Se trata b&aacute;sicamente de los soldados federales nacidos entre las d&eacute;cadas de 1870 y 1950. De los rurales o la polic&iacute;a rural, creada en la d&eacute;cada de 1860 para garantizar la seguridad en un periodo de deterioro de la ley y el orden y la difusi&oacute;n del bandidaje y el contrabando, selecciona 6 820 observaciones entre los nacidos de 1850 a 1899, dado que el cuerpo militar desapareci&oacute; al final de la revoluci&oacute;n de 1910. Este grupo est&aacute; bien representado en el Baj&iacute;o y norte del pa&iacute;s, pero menos en el centro y el sur. Excepcional es la informaci&oacute;n proveniente de los pasaportes provenientes de la Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores, que le permiten examinar 16 597 observaciones de hombres y mujeres pertenecientes a las elites mexicanas nacidas entre 1910 y 1942.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La metodolog&iacute;a empleada por la autora es rigurosa y pertinente para el estudio de la desigualdad social y regional. El an&aacute;lisis socioecon&oacute;mico lo conduce a partir de 27 ocupaciones agrupadas en cuatro categor&iacute;as, trabajadores no cualificados, trabajadores manuales cualificados, trabajadores especializados de cuello blanco y las elites. Siguiendo la clasificaci&oacute;n de la convenci&oacute;n UNESCO para la educaci&oacute;n, usa como alfabetizados aquellas personas que saben firmar su nombre. El estudio regional se divide en cuatro grandes regiones que agrupan a los 32 estados correspondientes de cada regi&oacute;n. Finalmente, la autora muestra que la distribuci&oacute;n de las tallas es completamente normal y se decanta por el an&aacute;lisis de individuos con edades de 23 y m&aacute;s a&ntilde;os de edad, habida cuenta que las diferencias clim&aacute;ticas existentes en M&eacute;xico y las carencias nutricionales de buena parte de la poblaci&oacute;n pudieron prolongar el crecimiento hasta pasados los 20 a&ntilde;os. Por este motivo, conviene analizar la evoluci&oacute;n de la talla o del bienestar biol&oacute;gico no s&oacute;lo en funci&oacute;n del ambiente en la infancia, sino tambi&eacute;n durante la adolescencia, etapas decisivas en el crecimiento humano y las que se produce en un fuerte incremento de la talla.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las conclusiones a las que llega Moramay L&oacute;pez&#45;Alonso refuerzan las tesis de pobreza y desigualdad hasta finales del periodo analizado. La talla de las clases trabajadoras insertadas en la econom&iacute;a formal era m&aacute;s baja que la de las clases altas pero hubo una tendencia a la convergencia desde la d&eacute;cada de 1930. Las diferencias entre la talla promedio de la elite y la de los militares fue de tres a cinco cent&iacute;metros en algunos periodos. La etapa de mayor desigualdad se observa en la era del porfiriato, incluso antes, resultando significativas las diferencias existentes entre la talla de los trabajadores cualificados de cuello blanco con la del resto de los trabajadores manuales cualificados y no cualificados desde las cohortes nacidas a partir de 1840. Adem&aacute;s, las tallas de los militares rurales disminuyeron en la segunda mitad del siglo XIX, hasta m&aacute;s de cinco cent&iacute;metros entre 1840 y 1890, exhibiendo la dimensi&oacute;n de la crisis nutricional que experimentaron los m&aacute;s desfavorecidos. En ese periodo aument&oacute; la brecha de la desigualdad, bien documentada entre la talla promedio de los ricos y la de los m&aacute;s pobres. El deterioro nutricional no afect&oacute; a la elite, que, siendo m&aacute;s alta que el resto de la poblaci&oacute;n, aument&oacute; su estatura promedio en aproximadamente cuatro cent&iacute;metros, observable en las cohortes nacidas entre las d&eacute;cadas de 1860 y 1900. Los datos sugieren que las reformas liberales del siglo XIX afectaron a los niveles de vida de las clases populares al reducirse la asistencia social que prestaban las instituciones religiosas. Hasta finales de la d&eacute;cada de 1930 los trabajadores en su conjunto no pudieron disponer de una legislaci&oacute;n social protectora, como refleja la mejora de los principales indicadores del nivel de vida y la talla, que recuper&oacute; los est&aacute;ndares de mediados del siglo XIX. Aunque hubo mejoras econ&oacute;micas y de la salud p&uacute;blica entre las d&eacute;cadas de 1930 a 1950, persisti&oacute; la desigualdad. Pero las diferencias regionales no fueron tan marcadas como entre las clases sociales. Existen disparidades regionales en ambas muestras (militares y pasaportes), pero son mayores en la muestra militar. Los norte&ntilde;os y los habitantes del Baj&iacute;o eran m&aacute;s altos que sus compatriotas del centro y del sur.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El bienestar de M&eacute;xico no fue diferente al de otros pa&iacute;ses. Sus niveles de vida pueden compararse con los de poblaciones semejantes a partir de la talla, un indicador que contiene los mismos ingredientes (enfermedad, trabajo infantil, dieta, renta)<a id="footnote-140267-10-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;10">10</a> y responde a los est&iacute;mulos de los cambios ambientales, pautados en el tramo final del periodo que analiza el libro por la industrializaci&oacute;n, la urbanizaci&oacute;n, la transici&oacute;n demogr&aacute;fica y epidemiol&oacute;gica, y la difusi&oacute;n de las pol&iacute;ticas de salud p&uacute;blica. Los datos sugieren que, hacia 1850, los mexicanos no eran demasiado bajos de estatura; de hecho, gozaban de una talla promedio m&aacute;s alta que la de los reclutas alemanes, holandeses y franceses, y a&uacute;n mayor que la de los mozos espa&ntilde;oles e italianos. Hacia 1900&#45;1910, tras sufrir el deterioro se&ntilde;alado, el nivel de vida de los mexicanos se distanci&oacute; respecto al de los pa&iacute;ses m&aacute;s industrializados y se asemej&oacute; al de los pa&iacute;ses latinos del sur de Europa. M&eacute;xico perdi&oacute; la ventaja biol&oacute;gica que hab&iacute;a tenido hacia 1850 y un siglo m&aacute;s tarde, hacia 1950, se situ&oacute; en el rango m&aacute;s bajo de estaturas entre los pa&iacute;ses de influencia europea. La divergencia respecto a su vecino del norte fue espectacular. Las diferencias entre las tallas promedios de Estados Unidos y M&eacute;xico eran de algo m&aacute;s de cuatro cent&iacute;metros en la d&eacute;cada de 1850 y pasaron a ser de m&aacute;s de doce cent&iacute;metros en la de 1950. En resumen, al final del proceso, las estaturas de la poblaci&oacute;n mexicana eran bajas respecto a los est&aacute;ndares de las poblaciones modernas.<a id="footnote-140267-11-backlink" href="#footnote&#45;140267&#45;11">11</a> La autora demuestra mediante el estudio de percentiles que, en incluso entre las elites mexicanas, las distancias con los promedios estadunidenses eran importantes, aunque una fracci&oacute;n de la misma logr&oacute; mejorar sus niveles de vida y alcanzar los est&aacute;ndares modernos de poblaciones bien alimentadas y saludables. El hecho refuerza la tesis del aumento de la desigualdad en plena expansi&oacute;n de la industrializaci&oacute;n mexicana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera secci&oacute;n aborda en tres cap&iacute;tulos las sinergias entre la salud y la nutrici&oacute;n (pp. 131&#45;206) que influyeron en la tendencia de las tallas. Probablemente sea la parte m&aacute;s interesante para el historiador menos especializado y, desde luego, para el lector menos familiarizado con la nuevas metodolog&iacute;as de la historia antropom&eacute;trica, pues analiza la cuesti&oacute;n con un amplio enfoque anal&iacute;tico. Mediante un repaso a la historia de la salud y a la historia demogr&aacute;fica y a los cambios en los h&aacute;bitos alimenticios de su poblaci&oacute;n, la autora muestra la peculiar evoluci&oacute;n de los niveles de vida y el bienestar biol&oacute;gico en el largo plazo. Destaca que la desigual provisi&oacute;n de los servicios de salud p&uacute;blica, las deficiencias nutricionales de las clases populares como consecuencia de la persistencia de h&aacute;bitos alimenticios y la presi&oacute;n demogr&aacute;fica desempe&ntilde;aron un papel determinante en los niveles de vida. Los elevados &iacute;ndices de fecundidad, que hicieron posible que las familias tuvieran un tama&ntilde;o relativamente m&aacute;s grande que en otras partes del mundo desarrollado hasta finales del periodo, impidieron que el incremento de la renta per c&aacute;pita tuviera efectos mayores sobre el bienestar. S&oacute;lo los grupos dominantes y las elites intelectuales y econ&oacute;micas del pa&iacute;s pudieron afrontar con &eacute;xito su potencial de crecimiento, que les diferenciaba de amplias capas de poblaci&oacute;n que quedaron, incluso, marginadas de la econom&iacute;a formal y del acceso a los recursos b&aacute;sicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro acaba con unas conclusiones generales (pp. 207&#45;215) en las que enfatiza la importancia del enfoque multidisciplinar para explicar la historia de los niveles de vida de la poblaci&oacute;n mexicana. Al final del mismo (pp. 216&#45;276) se incorporan un ap&eacute;ndice con datos de las regresiones y una comparaci&oacute;n internacional de la estatura, una extensa secci&oacute;n de notas, las referencias bibliogr&aacute;ficas principalmente de fuentes secundarias y un &iacute;ndice de materias que, en conjunto, lo hacen manejable.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Measuring Up</i> es un excelente trabajo de historia econ&oacute;mica y social en el que prima la historia antropom&eacute;trica. Tiene como objeto central el problema del bienestar, la desigualdad y la pobreza en un periodo crucial de la historia de M&eacute;xico, que lo aborda con datos principalmente de estaturas. Sin embargo, su interpretaci&oacute;n se adentra en la historia que podr&iacute;amos calificar como "total", la que tiene en cuenta las instituciones, los hechos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales, y los aspectos culturales, que afectan a las pautas alimentarias, a la organizaci&oacute;n del trabajo, a la salud y a la higiene. Lejos de ser un estudio convencional de la historia antropom&eacute;trica m&aacute;s ligada a econometr&iacute;a, conviene se&ntilde;alar el uso prudente que la autora hace de la evidencia cuantitativa, siendo recomendable no s&oacute;lo para el historiador econ&oacute;mico. Por su car&aacute;cter interpretativo y los recursos narrativos empleados es una historia que interesar&aacute; a dem&oacute;grafos, soci&oacute;logos, polit&oacute;logos y antrop&oacute;logos f&iacute;sicos. Al historiador econ&oacute;mico y a los economistas, especialmente, les interesar&aacute; por el an&aacute;lisis novedoso que realiza sobre la evoluci&oacute;n de la desigualdad. Conociendo la falta de datos sobre la distribuci&oacute;n de la renta y la riqueza anteriores a 1957 en M&eacute;xico, los especialistas pueden encontrar en los estudios sobre la talla un aut&eacute;ntico sustituto. Un inconveniente serio es que no hay datos de estatura por raza, dado el fuerte componente de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena en M&eacute;xico. Hacen falta, no obstante, comparaciones con las tallas de Am&eacute;rica Latina, ya que se dispone de un amplio conjunto de investigaciones de historia antropom&eacute;trica, incluso con las tallas de las diferentes poblaciones ind&iacute;genas estudiadas por antrop&oacute;logos f&iacute;sicos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. A&uacute;n as&iacute;, es una excelente gu&iacute;a para los estudiosos de Am&eacute;rica Latina y para los interesados en la nueva historia antropom&eacute;trica.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Miguel Mart&iacute;nez Carri&oacute;n    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </b></font><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Murcia</i></font>    <br> <i><font face="verdana" size="2">Murcia, Espa&ntilde;a</font></i></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-1" href="#footnote&#45;140267&#45;1&#45;backlink">1</a>  Ve&aacute;nse Robert W. Fogel y Dora L. Costa, "A Theory of Technophysio Evolution, with Some Implications for Forecasting Population, Health Care Costs, and Pension Costs", <i>Demography</i>, Population Association of America, vol. 34, n&uacute;m. 1, febrero de 1997, pp. 49&#45;66;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712412&pid=S1405-2253201400010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y Robert W. Fogel, "Technophysio Evolution and the Measurement of Economic Growth", <i>Journal of Evolutionary Economics</i>, Springer&#45;Verlag, vol. 14, n&uacute;m. 2, 2004, pp. 217&#45;221.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712413&pid=S1405-2253201400010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Una aplicaci&oacute;n del modelo te&oacute;rico al an&aacute;lisis hist&oacute;rico en los &uacute;ltimos tres siglos, puede verse en Roderick Floud, Robert W. Fogel, Bernard Harris y Sok Chul Hong, <i>The Changing Body, Health, Nutrition, and Human Development in the Western World since 1700</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712414&pid=S1405-2253201400010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-2" href="#footnote&#45;140267&#45;2&#45;backlink">2</a>  Richard A. Easterlin, <i>Growth Triumphant. The Twenty&#45;First Century in Historical Persepctive</i>, Ann Arbor, University of Michigan Press, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712416&pid=S1405-2253201400010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-3" href="#footnote&#45;140267&#45;3&#45;backlink">3</a>  Eduardo Cordero, "La subestimaci&oacute;n de la mortalidad infantil en M&eacute;xico", <i>Demograf&iacute;a y Econom&iacute;a</i>, El Colegio de M&eacute;xico, vol. II, n&uacute;m. 1, 1968, pp. 44&#45;62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712418&pid=S1405-2253201400010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-4" href="#footnote&#45;140267&#45;4&#45;backlink">4</a>  Alejandro Aguirre, "La mortalidad infantil y la mortalidad materna en el siglo XXI", <i>Papeles de Poblaci&oacute;n</i>, Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico, vol. 15, n&uacute;m. 61, julio&#45;septiembre de 2009, pp. 75&#45;99.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712420&pid=S1405-2253201400010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-5" href="#footnote&#45;140267&#45;5&#45;backlink">5</a>  Alejandro Mina, "Evoluci&oacute;n de la mortalidad: pasado, presente y futuro" en Br&iacute;gida Garc&iacute;a y Manuel Ordovica (coords.), <i>Los grandes problemas de M&eacute;xico</i>, vol. I, <i>Poblaci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2010, pp. 79&#45;104.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712422&pid=S1405-2253201400010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-6" href="#footnote&#45;140267&#45;6&#45;backlink">6</a>  El de Mois&eacute;s Gonz&aacute;lez Navarro, <i>La pobreza en M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1985,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712424&pid=S1405-2253201400010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y el de Silvia Marina Arrom,<i> Containing the Poor: The Mexico City Poor House, 1774&#45;1871</i>, Durham, Duke University Press, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712425&pid=S1405-2253201400010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-7" href="#footnote&#45;140267&#45;7&#45;backlink">7</a>   Tambi&eacute;n destaca el esfuerzo de reconstrucci&oacute;n de series estad&iacute;sticas realizado por El Colegio de M&eacute;xico para la etapa del porfiriato.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-8" href="#footnote&#45;140267&#45;8&#45;backlink">8</a>  Rafael Dobado, Aurora G&oacute;mez&#45;Galvariato y Graciela M&aacute;rquez (comps.), <i>M&eacute;xico y Espa&ntilde;a: &#191;historias econ&oacute;micas paralelas?</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2007 (El Trimestre Econ&oacute;mico).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712428&pid=S1405-2253201400010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-9" href="#footnote&#45;140267&#45;9&#45;backlink">9</a>  Sandra Kuntz (coord.), <i>Historia econ&oacute;mica general de M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico/Secretar&iacute;a de Econom&iacute;a, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712430&pid=S1405-2253201400010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-10" href="#footnote&#45;140267&#45;10&#45;backlink">10</a>  Richard H. Steckel, "Stature and the Standard of Living", <i>Journal of Economic Literature</i>, American Economic Association, vol. 33, diciembre de 1995, pp. 1903&#45;1940.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712432&pid=S1405-2253201400010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a id="footnote-140267-11" href="#footnote&#45;140267&#45;11&#45;backlink">11</a>  Es muy &uacute;til la comparaci&oacute;n con los percentiles que la autora establece con el trabajo seminal de Richard H. Steckel, "Percentiles of Modern Height Standards for Use in Historical Research", <i>Historical Methods</i>, vol. 29, 1996, pp. 157&#45;166.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=712434&pid=S1405-2253201400010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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