<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1405-2253</journal-id>
<journal-title><![CDATA[América Latina en la historia económica]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Am. Lat. Hist. Econ]]></abbrev-journal-title>
<issn>1405-2253</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1405-22532013000100009</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Trabajo y tecnología en los ferrocarriles de México: una visión histórica, 1850-1950]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Valencia Islas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Arturo]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<volume>20</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>237</fpage>
<lpage>244</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1405-22532013000100009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1405-22532013000100009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1405-22532013000100009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Guillermo A. Guajardo Soto,    <br> 	<i>Trabajo y tecnolog&iacute;a en los ferrocarriles de M&eacute;xico: una visi&oacute;n hist&oacute;rica, 1850&#45;1950,</i>	    <br> 	M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010, 209 pp.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se concluy&oacute; la construcci&oacute;n de la primera l&iacute;nea ferroviaria en 1873 &#45;que unir&iacute;a el puerto de Veracruz con la ciudad de M&eacute;xico&#45;, las esperanzas depositadas en el nuevo medio eran enormes. Se consideraba que el abaratamiento del transporte permitir&iacute;a la consolidaci&oacute;n del mercado nacional, generar&iacute;a una mayor especializaci&oacute;n productiva y aumentar&iacute;a la escala de producci&oacute;n, permitiendo el surgimiento de nuevas empresas y ramas que hasta entonces no se hab&iacute;an establecido debido a la estrechez del mercado. Aunque hubo algunas voces discordantes que no compart&iacute;an este optimismo, para la mayor&iacute;a de los mexicanos de la segunda mitad del siglo XIX la construcci&oacute;n de un sistema ferroviario significaba la entrada definitiva a la tan ansiada modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que muchas de las expectativas de la generaci&oacute;n que plane&oacute; y dio los primeros pasos en la construcci&oacute;n de los ferrocarriles no fueron satisfechas, no se puede negar que estos desempenaron un papel crucial en la conformaci&oacute;n del espacio econ&oacute;mico mexicano, fungiendo como la columna vertebral del sistema de transporte durante la primera mitad del siglo XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque la r&aacute;pida expansi&oacute;n de las l&iacute;neas llevada a cabo a partir de 1880 permiti&oacute; que al t&eacute;rmino del r&eacute;gimen porfirista la red alcanzara 19&nbsp;000 km, su crecimiento ser&iacute;a mucho m&aacute;s lento despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n mexicana. Las causas de este debilitamiento, tanto de los Ferrocarriles Nacionales de M&eacute;xico &#45;la principal empresa dentro del sistema&#45; como del resto de las compa&ntilde;&iacute;as, fueron m&uacute;ltiples: una sistem&aacute;tica desinversi&oacute;n que impidi&oacute; que el sistema continuara creciendo; la construcci&oacute;n de carreteras, que produjo una competencia cada vez m&aacute;s agresiva de los automotores tanto en el transporte de carga como en el de pasajeros; altos costos de operaci&oacute;n, ocasionados por el aumento de salarios y el crecimiento de la plantilla de empleados producto del fortalecimiento de la organizaci&oacute;n obrera y el "desorden" provocado por la revoluci&oacute;n; y, en el caso espec&iacute;fico de Ferronales, el lastre de la deuda contra&iacute;da como resultado de la consolidaci&oacute;n de 1907 &#45;aunque es presumible que el estado financiero del resto de las empresas no haya sido mucho mejor&#45;, entre otras. Una causa adicional para tratar de explicar este fen&oacute;meno, y que hasta ahora no hab&iacute;a sido lo suficientemente explorada, nos la ofrece <i>Trabajo y tecnolog&iacute;a en los ferrocarriles de M&eacute;xico,</i> el m&aacute;s reciente libro de Guillermo Guajardo, para quien el atraso tecnol&oacute;gico y la imposibilidad para generar condiciones que permitieran el aumento de la capacitaci&oacute;n laboral y el desarrollo tecnol&oacute;gico aut&oacute;nomo en el sector ferroviario, est&aacute;n detr&aacute;s de este declive.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente libro es la "estaci&oacute;n de llegada" de una ruta que comprende un conjunto de textos publicados por nuestro autor en los &uacute;ltimos 20&nbsp;a&ntilde;os, en los que ha explorado distintos aspectos de la problem&aacute;tica tecnol&oacute;gica en los ferrocarriles, tanto en su natal Chile como en M&eacute;xico. En algunos de los art&iacute;culos que sirvieron para la elaboraci&oacute;n de este libro, Guajardo establec&iacute;a un contraste entre los casos mexicano y chileno que le serv&iacute;a para dimensionar el grado de atraso y resistencia laboral a la modernizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Desgraciadamente, estas &uacute;tiles referencias fueron eliminadas para esta versi&oacute;n, prefiriendo concentrarse en el caso mexicano. Por otro lado, aunque el libro transcurre en el amplio arco que va desde 1850 a 1950, es decir, desde el "surgimiento tard&iacute;o" hasta el "decaimiento precoz" &#45;como han llamado Kuntz y Riguzzi a este periodo&#45;,<sup><a href="#nota">2</a></sup> el texto se concentra entre 1880 y 1940.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante que el libro que nos ocupa tiene como sujetos principales a los trabajadores ferroviarios, dif&iacute;cilmente podr&iacute;a inscribirse dentro de la historiograf&iacute;a obrera. Si bien, el tema del sindicalismo ferroviario fue un tema ampliamente estudiado hasta la d&eacute;cada de 1980, la producci&oacute;n de textos relacionados con los trabajadores ferroviarios en M&eacute;xico disminuy&oacute; de forma importante en la d&eacute;cada de 1990, mientras que los que se publicar&iacute;an a partir de entonces se alejar&iacute;an cada vez m&aacute;s de la perspectiva hasta entonces dominante desde el marxismo y la lucha de clases. Precisamente dentro de estas nuevas perspectivas, <i>Trabajo y tecnolog&iacute;a</i> es m&aacute;s bien un punto intermedio entre la historia de la tecnolog&iacute;a y la historia laboral, en la que el autor da una nueva dimensi&oacute;n a los trabajadores ferroviarios, ya no como meros objetos de intrigas sindicales o manipulaciones pol&iacute;ticas, sino como sujetos participativos que rechazan reformas laborales o proponen nuevas formas de organizaci&oacute;n del trabajo, es decir, sujetos aut&oacute;nomos que no son ni victimizados ni reivindicados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para responder a la pregunta sobre cu&aacute;les fueron los obst&aacute;culos que impidieron la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica del ramo ferroviario, Guajardo plantea diversas hip&oacute;tesis a lo largo de los ocho cap&iacute;tulos que integran el libro. La primera de ellas es la forma en que fue introducida la tecnolog&iacute;a ferroviaria en nuestro pa&iacute;s y los efectos que gener&oacute; en la econom&iacute;a mexicana. Para el autor, dados los bajos niveles de calificaci&oacute;n t&eacute;cnica y la abundancia de mano de obra, la introducci&oacute;n del sistema ferroviario en lugar de promover la entrada masiva de tecnolog&iacute;a a trav&eacute;s de la inversi&oacute;n extranjera, gener&oacute; el proceso contrario, es decir, intensific&oacute; la explotaci&oacute;n de la mano de obra, ya que las nuevas posibilidades de transporte de cultivos de exportaci&oacute;n llev&oacute; a la semiesclavizaci&oacute;n de los trabajadores agr&iacute;colas, como en el caso del henequ&eacute;n en la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de este mismo punto, Guajardo tambi&eacute;n toca el pol&eacute;mico asunto acerca de la "orientaci&oacute;n" de los ferrocarriles en la econom&iacute;a mexicana. Se&ntilde;ala que dentro del contexto latinoamericano, "M&eacute;xico hizo una contribuci&oacute;n relativamente baja de recursos y energ&iacute;as nacionales para establecer sus v&iacute;as f&eacute;rreas" (p. 5). As&iacute;, a pesar del "enorme esfuerzo fiscal" que representaron las exenciones de impuestos, las concesiones de tierras y los subsidios por kil&oacute;metro construido, la participaci&oacute;n nacional en la inversi&oacute;n total fue relativamente baja. Por ello, resulta normal que la concentraci&oacute;n de l&iacute;neas &#45;medidas tanto en t&eacute;rminos de kil&oacute;metros de v&iacute;a por kil&oacute;metro cuadrado como en t&eacute;rminos de n&uacute;mero de habitantes&#45;, se orientaran hacia el norte del pa&iacute;s y el Golfo de M&eacute;xico, y que los sectores m&aacute;s beneficiados con el nuevo sistema de transporte hayan sido aquellos de propiedad mayoritariamente estadunidense, en especial, la miner&iacute;a &#45;favorecida con bajas tarifas de carga. Esta orientaci&oacute;n exportadora &#45;por no llamarla, como se hizo durante mucho tiempo, expoliadora&#45; tiene su correlato en la debilidad del mercado interno, es decir, el atraso tecnol&oacute;gico en el campo mexicano impidi&oacute; la formaci&oacute;n de una agricultura comercial que pudiera ocupar la oferta de transporte de carga ofrecida por el ferrocarril. Todo esto nos llevar&iacute;a a preguntarnos si los ferrocarriles fueron construidos, desde un inicio, orientados hacia el exterior o, como parece se&ntilde;alar nuestro autor, adoptaron esta orientaci&oacute;n porque no exist&iacute;a otra opci&oacute;n pues la carga destinada al mercado interno era insuficiente para cubrir los costos m&iacute;nimos de operaci&oacute;n de los ferrocarriles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra hip&oacute;tesis que nos ofrece el autor para responder al problema del atraso tecnol&oacute;gico es la deficiente formaci&oacute;n t&eacute;cnica de los trabajadores ferroviarios. Durante los primeros a&ntilde;os del sistema, los principales puestos laborales que requer&iacute;an alg&uacute;n tipo de capacitaci&oacute;n estuvieron ocupados por ferrocarrileros extranjeros &#45;sobre todo estadunidenses, aunque tambi&eacute;n canadienses y brit&aacute;nicos&#45; mientras que los mexicanos ocupaban puestos que requer&iacute;an escasa o nula formaci&oacute;n, como peones o fogoneros, por ejemplo. Por su parte, desde el gobierno de Benito Ju&aacute;rez las autoridades mexicanas trataron de impulsar la educaci&oacute;n t&eacute;cnica y la ingenier&iacute;a; sin embargo, los proyectos de profesionalizaci&oacute;n del trabajo ferroviario tuvieron muy escaso &eacute;xito. El fracaso en la formalizaci&oacute;n de la capacitaci&oacute;n aunado a barreras &#45;promovidas, o al menos toleradas por las compa&ntilde;&iacute;as&#45;como el uso del ingl&eacute;s, impidieron la difusi&oacute;n del conocimiento t&eacute;cnico, mismo que era celosamente guardado por los ferroviarios extranjeros; as&iacute;, el que haya existido una oferta de trabajadores extranjeros hizo innecesaria la capacitaci&oacute;n, por lo que a diferencia de lo ocurrido en otros pa&iacute;ses, la introducci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as no increment&oacute;, en t&eacute;rminos generales, los niveles educativos. Este fen&oacute;meno comenzar&iacute;a a revertirse con la llamada "mexicanizaci&oacute;n" llevada a cabo en 1912, la cual aceler&oacute; el traspaso de estos puestos de trabajo a ferrocarrileros mexicanos &#45;aunque este proceso ya hab&iacute;a comenzado durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os del periodo porfiriano y se concluir&iacute;a hasta entrada la d&eacute;cada de 1920.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parad&oacute;jicamente, los que ser&iacute;an los principales beneficiados con el adiestramiento y la formaci&oacute;n de escuelas t&eacute;cnicas, los trabajadores ferroviarios, se opon&iacute;an abiertamente a su establecimiento, pues consideraban que era en el taller donde se deber&iacute;an capacitar los nuevos ferroviarios. En el fondo, tem&iacute;an ser desplazados por los egresados de estas nuevas escuelas debido a su mayor capacitaci&oacute;n, o que se utilizara a estos para destituirlos durante las huelgas, por lo que las llamaban "escuelas de esquiroles". As&iacute;, todo ascenso qued&oacute; atado a la rigidez de los sistemas escalafonarios, lo que aunado a la falta de est&iacute;mulos a la productividad, sin duda desincentiv&oacute; el esfuerzo individual y bloque&oacute; el ascenso de individuos con capacidad y ambici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como resultado de la falta de capacitaci&oacute;n, tanto los sindicatos como las empresas fueron incapaces de generar las condiciones para la construcci&oacute;n y reparaci&oacute;n de material rodante &#45;locomotoras y carros de carga y pasajeros. Aunque hubo algunos intentos de producci&oacute;n interna, estos no fructificaron en plantas constructoras que ayudaran a la sustituci&oacute;n de las importaciones, y mucho menos condujeron al dise&ntilde;o de tecnolog&iacute;a propia. Para agravar a&uacute;n m&aacute;s esta situaci&oacute;n, Guajardo plantea una paradoja interesante: a pesar de que M&eacute;xico era un productor importante de acero &#45;contaba con la industria sider&uacute;rgica m&aacute;s importante de Am&eacute;rica Latina antes de la revoluci&oacute;n&#45; las plantas existentes en nuestro pa&iacute;s eran incapaces de proveer acero laminado con la calidad y en la cantidad necesaria para la construcci&oacute;n de locomotoras y carros, lo que oblig&oacute; a las compa&ntilde;&iacute;as a comprar el material rodante en el extranjero o a alquilarlo, lo que significaba altas erogaciones para las empresas. Adem&aacute;s, las compa&ntilde;&iacute;as sider&uacute;rgicas tampoco pod&iacute;an proveer los rieles necesarios para el tendido de nuevas v&iacute;as y para la reparaci&oacute;n de las ya existentes, pues no cubr&iacute;an los requerimientos de resistencia, corrosi&oacute;n y tensi&oacute;n necesarios, por lo que s&oacute;lo se usaba acero nacional en v&iacute;as secundarias con menor tr&aacute;fico y carga.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una objeci&oacute;n adicional de los trabajadores a la formalizaci&oacute;n, era que sospechaban que alterar&iacute;a sus ritmos de trabajo y las jerarqu&iacute;as existentes tanto en los talleres como en los patios. El temor a la intensificaci&oacute;n del trabajo y al r&iacute;gido control de los tiempos laborales, es un asunto relacionado con la tecnolog&iacute;a que apenas se encuentra esbozado en el texto, pero que se trasluce importante dadas las disputas por el pago de horas extras, aunado a que la circulaci&oacute;n de trenes estaba sometida a estrictos horarios de salida, escalas e itinerarios, por lo que requer&iacute;a de sistemas de control de trenes coordinados cronom&eacute;tricamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto aparentemente no relacionado con el atraso tecnol&oacute;gico, pero de importancia fundamental para explicar la expansi&oacute;n de la plantilla de trabajadores, fue el efecto que la revoluci&oacute;n mexicana tuvo sobre la administraci&oacute;n de los ferrocarriles.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Tradicionalmente la interpretaci&oacute;n de los efectos de la revoluci&oacute;n mexicana sobre el sistema ferroviario se hab&iacute;a limitado a dos aspectos principales: por un lado, al impacto directo que tuvo la guerra sobre el equipo f&iacute;sico del sistema &#45;destrucci&oacute;n de material rodante, v&iacute;as y obras de infraestructura como puentes o estaciones&#45; y, por otro, a la disminuci&oacute;n de la carga y pasajeros &#45;lo que afectaba los llamados coeficientes de operaci&oacute;n. Sin embargo, Guajardo pone el acento en el da&ntilde;o que pudo haber causado en la consolidaci&oacute;n del capital humano necesario para la operaci&oacute;n cotidiana de las l&iacute;neas. Al respecto, el autor argumenta que la revoluci&oacute;n afect&oacute; el "escaso acervo de habilidades t&eacute;cnicas y productivas", relaj&oacute; la disciplina industrial, alter&oacute; la orientaci&oacute;n empresarial con que se hab&iacute;a guiado la administraci&oacute;n y aisl&oacute; la capacitaci&oacute;n laboral del sistema educativo, hasta "conformarse como una actividad definida en sus par&aacute;metros de productividad por el sindicato y una comunidad gremial resistente a exigencias econ&oacute;micas y al cambio tecnol&oacute;gico" (p. 15).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La necesidad de los bandos en pugna de contar con un medio eficiente para el transporte de tropas, los llev&oacute; a ocupar los ferrocarriles en los territorios que ten&iacute;an bajo su poder. Al controlar la administraci&oacute;n, tanto los zapatistas como los constitucionalistas introdujeron la militarizaci&oacute;n en la operaci&oacute;n de las l&iacute;neas, por lo que el ascenso de los trabajadores ferroviarios qued&oacute; determinado por las acciones militares en campa&ntilde;a y no por la capacidad t&eacute;cnica, o ni siquiera por el simple escalaf&oacute;n. Este fen&oacute;meno conocido como "derechos de carabina" no s&oacute;lo sustituy&oacute; la "cadena de mando" civil por una militar, sino que adem&aacute;s ech&oacute; por tierra lo poco que se hab&iacute;a avanzado en el terreno de la profesionalizaci&oacute;n de los trabajadores. Por si fuera poco, el aumento en la discrecionalidad para la asignaci&oacute;n de las plazas de trabajo, puesto que ahora se premiaba a soldados con empleos ferroviarios, gener&oacute; conflictos con los trabajadores que se ve&iacute;an ahora superados en los ascensos por individuos carentes de toda formaci&oacute;n t&eacute;cnica, lo que desincentiv&oacute; a&uacute;n m&aacute;s el trabajo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es interesante la comparaci&oacute;n impl&iacute;cita que plantea Guajardo entre zapatistas y constitucionalistas como administradores ferroviarios. La facci&oacute;n zapatista oper&oacute; partes de las redes de los Ferrocarriles Nacionales de M&eacute;xico, Interoce&aacute;nico, de San Rafael y Atlixco entre 1914 y 1916, llegando a controlar hasta 1 100 km de v&iacute;as, aunque con un n&uacute;cleo m&aacute;s o menos fijo en el centro del pa&iacute;s de alrededor de 760 km. En el texto se presenta a los zapatistas como buenos administradores, pues manejaron los ferrocarriles de forma eficaz para los fines militares que persegu&iacute;an, coordinando a actores no campesinos y conservando una jerarqu&iacute;a basada en el conocimiento t&eacute;cnico y administrativo; incluso, supieron adaptarse a las condiciones del medio en que se encontraban, pues ante la escasez de carb&oacute;n en su zona de operaci&oacute;n, reconvirtieron locomotoras para poder utilizar le&ntilde;a como combustible a pesar de las tensiones que esto trajo con algunas comunidades campesinas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Carranza incaut&oacute; los Ferrocarriles Nacionales el 4 de diciembre de 1914 &#45;mismos que ser&iacute;an devueltos a sus propietarios hasta el 1 de enero de 1926&#45;, los cuales sumados a otras l&iacute;neas ocupadas, le daba el control sobre una red de alrededor de 3 200 km de v&iacute;as. La implantaci&oacute;n generalizada de los "derechos de carabina", la militarizaci&oacute;n de todas las decisiones operativas, la corrupci&oacute;n y abuso en el manejo del equipo, adem&aacute;s del excesivo crecimiento de la planta laboral durante este periodo, son s&oacute;lo algunos indicadores del desastre que signific&oacute; la administraci&oacute;n carrancista dentro de los ferrocarriles. Sin embargo, a pesar de todos sus defectos, la necesidad que ten&iacute;an los constitucionalistas de utilizar los ferrocarriles como fuente de recursos los llev&oacute; a rehabilitar con rapidez las l&iacute;neas, lo que permiti&oacute; una recuperaci&oacute;n muy r&aacute;pida de la carga ya para 1917&#45;1918.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Guajardo afirma con respecto al sistema ferroviario en su conjunto, que a partir de 1925 el "deterioro organizacional, laboral, mal servicio y obsolescencia tecnol&oacute;gica &#91;...&#93; empezaron a marcar su m&aacute;s pronta decadencia como medio de transporte. A esto, tanto los gobiernos federales posteriores como el movimiento obrero ferrocarrilero, contribuyeron en forma constante, sin preocuparse mucho de sus consecuencias en la econom&iacute;a" (p. 125). Resulta sorprendente que determine el a&ntilde;o de 1925 como "punto de no&#45;retorno" de los ferrocarriles como medio de transporte a escala nacional, pues pareciera que para nuestro autor lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s &#45;la ca&iacute;da de los ingresos por transporte de carga resultado de la crisis de 1929; la creciente conflictividad obrera de inicios de la d&eacute;cada de 1930; el aumento de los coeficientes de operaci&oacute;n; la nacionalizaci&oacute;n ferroviaria y la ef&iacute;mera administraci&oacute;n obrera de los Ferrocarriles Nacionales&#45;, fueran s&oacute;lo clavos adicionales que sellar&iacute;an el ata&uacute;d ferroviario. Aunque es debatible una fecha tan temprana para declarar como inviable al sistema de transporte ferroviario en nuestro pa&iacute;s, es innegable que muchos de los lastres que padecieron los ferrocarriles en M&eacute;xico hasta su reprivatizaci&oacute;n en la d&eacute;cada de 1990, se fueron deteriorando desde entonces.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El valioso aporte que el autor ha hecho con este libro a la comprensi&oacute;n de la problem&aacute;tica ferroviaria de nuestro pa&iacute;s, sugiriendo nuevas hip&oacute;tesis que nos ayuden a explicar las causas de su declive, ampliando el horizonte de los estudios sobre los trabajadores ferrocarrileros e introduciendo a la tecnolog&iacute;a como una variable significativa, abre nuevos espacios para la investigaci&oacute;n de este fascinante medio de transporte, a la cual todav&iacute;a le faltan muchas estaciones por recorrer.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Arturo Valencia Islas    <br>     </b></font><font face="verdana" size="2"><i>Estudiante de doctorado en Historia,     <br>     El Colegio de M&eacute;xico     <br>     Ciudad de M&eacute;xico, M&eacute;xico</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;En particular v&eacute;anse Guillermo A. Guajardo, <i>Between the Workshop and the State: Training Human Capital in Railroad Companies in Mexico and Chile, 1850&#45;1930,</i> Munich Personal Repec Archive Paper, num. 16135, julio de 2009, en &lt;<a href="http://mpra.ub.uni-muenchen.de/16135/" target="_blank">http://mpra.ub.uni&#45;muenchen.de/16135/</a>&gt; &#91;Consulta: 22 de noviembre de 2011&#93;, y "Nuevos datos para un viejo debate: los v&iacute;nculos entre ferrocarriles e industrializaci&oacute;n en Chile y M&eacute;xico (1860&#45;1950)", <i>El Trimestre Econ&oacute;mico,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, vol. 65, n&uacute;m. 258(2), abril&#45;junio de 1998, M&eacute;xico, pp. 213&#45;261.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;V&eacute;ase Sandra Kuntz Ficker y Paolo Riguzzi (coords.), <i>Ferrocarriles y vida econ&oacute;mica en M&eacute;xico (1850&#45;1950). Del surgimiento tard&iacute;o al decaimiento precoz,</i> M&eacute;xico, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana/Ferrocarriles Nacionales de M&eacute;xico/El Colegio Mexiquense, 1996.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Guajardo hab&iacute;a comenzado el estudio sobre los ferrocarriles constitucionalistas en el magn&iacute;fico art&iacute;culo "Escuelas t&eacute;cnicas y derechos de carabina: los problemas de la calificaci&oacute;n y la productividad de la mano de obra ferrocarrilera en M&eacute;xico, 1890&#45;1926", <i>Historias,</i> Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, n&uacute;m. 37, octubre de 1996&#45;marzo de 1997, M&eacute;xico, pp. 91&#45;105; mientras que el del zapatismo en "Tecnolog&iacute;a y campesinos en la revoluci&oacute;n mexicana", <i>Mexican Studies/Estudios Mexicanos,</i> Institute for Mexico and the United States&#45;University of California/ Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, vol. 15, n&uacute;m. 2, verano de 1999, pp. 291&#45;322, y en "Tierra y acero. M&aacute;quinas y obreros bajo los zapatistas (1910&#45;1915)" en Laura Espejel L&oacute;pez (coord.), <i>Estudios sobre el zapatismo,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 2000, pp. 247&#45;268.</font></p>      ]]></body>
</article>
