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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De las buenas familias de Durango: Parentesco, fortuna y poder (1880-1920)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Graziella Altamirano Cozzi, <i>De las buenas familias de Durango. Parentesco, fortuna y poder (1880&#45;1920)</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Marisa M. P&eacute;rez Dom&iacute;nguez</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Instituto de Investigaciones Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora, M&eacute;xico, 2010, 325 pp. (Historia Urbana y Regional).</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora Ciudad de M&eacute;xico, M&eacute;xico</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de una nueva obra que explora el tema de las elites regionales mexicanas en los siglos XIX y XX, y viene a sumarse a las de otros investigadores que han analizado la trayectoria de los grupos y familias de las oligarqu&iacute;as locales mexicanas en entidades como Yucat&aacute;n, Veracruz, Puebla, Estado de M&eacute;xico, Colima y Sinaloa, entre otras. Esta serie de publicaciones permite llegar a conclusiones m&aacute;s firmes sobre la manera en que se "construy&oacute;" la naci&oacute;n desde la perspectiva de unos grupos sociales hasta hace muy poco mantenidos en un deliberado olvido hist&oacute;rico</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo central de este libro es observar de cerca el funcionamiento de la elite que surgi&oacute; en Durango durante el siglo XIX y escudri&ntilde;ar en sus historias familiares para perfilar las caracter&iacute;sticas de su organizaci&oacute;n, como sujetos que ejercieron gran influencia en la vida econ&oacute;mica y pol&iacute;tica. Con esta intenci&oacute;n, se apuntan los elementos que distinguieron e identificaron a esta elite; la formaci&oacute;n de sus capitales y su reproducci&oacute;n; las actividades econ&oacute;micas a las que fueron encaminadas sus fortunas y c&oacute;mo contribuyeron al desarrollo de la entidad; la participaci&oacute;n pol&iacute;tica y social que permiti&oacute; su consolidaci&oacute;n durante el r&eacute;gimen porfirista y el papel que desempe&ntilde;aron en el contexto revolucionario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta atinado insertar el desarrollo de las buenas familias en el contexto del despegue econ&oacute;mico de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX mexicano, pues Durango, a diferencia de otras entidades, no tuvo un crecimiento integral, en virtud de que la pr&oacute;spera regi&oacute;n lagunera eclips&oacute; el despegue econ&oacute;mico de una gran parte de su territorio, incluida su capital, espacio donde se ubica el objeto de estudio. Lo anterior hizo de la ciudad de Durango un lugar que experiment&oacute; "el atraso y el aislamiento", lo que signific&oacute; un gran reto para una elite con pocas oportunidades de inversi&oacute;n. No obstante, se crearon y consolidaron importantes fortunas, lo cual denota un esp&iacute;ritu emprendedor y capacidad de adaptaci&oacute;n a los tiempos modernos, en un entorno en el que no abundaron las facilidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posesi&oacute;n y acumulaci&oacute;n progresiva de la tierra fueron fundamentales en la segunda mitad del siglo XIX para la consolidaci&oacute;n de este grupo en Durango, aunadas a su participaci&oacute;n en los &aacute;mbitos pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, factores que en poco tiempo les permitieron acceder y ubicarse en un sitio privilegiado dentro de la sociedad. Lo anterior se apuntal&oacute; firmemente gracias a las redes y alianzas que establecieron los grupos familiares y que se reflej&oacute; en el incremento de las fortunas y su posici&oacute;n en el entorno econ&oacute;mico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta din&aacute;mica, las "buenas familias" duranguenses se convirtieron en grandes propietarias de tierras, adaptando las tradicionales formas mercantiles a los principios de la modernidad. Si bien lo anterior signific&oacute;, por un lado, un mejor aprovechamiento de los terrenos; por otro, afect&oacute; las propiedades comunales y los pueblos, circunstancia que atiz&oacute; los a&ntilde;ejos conflictos por la tierra que caracterizaron al siglo XIX. La concentraci&oacute;n en pocas manos enfrent&oacute; a las comunidades agrarias despojadas con los hacendados y constituy&oacute; uno de los factores fundamentales para el inicio de la gesta revolucionaria en 1910.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y es as&iacute;, en este ambiente de violencia popular, de odio acumulado en contra de aquellos que representaban el poder y el agravio social, donde inicia esta historia, "el principio del fin: cr&oacute;nica de un d&iacute;a dif&iacute;cil". Y en efecto, el 17 de junio de 1913 s&iacute; que lo fue para los ricos terratenientes y hombres de negocios duranguenses, que ante el temor de que la ciudad fuera tomada por los revolucionarios y los grupos rebeldes, se atrincheraron en sus grandes casas. "La pura pomada", como se les dec&iacute;a entonces, como los P&eacute;rez Gavil&aacute;n, los Gonz&aacute;lez Saravia, los Bracho, los De la Parra, los G&oacute;mez Palacio, los Gurza, los L&oacute;pez Negrete, entre otros, hab&iacute;an apoyado desde el a&ntilde;o anterior la formaci&oacute;n de un cuerpo de voluntarios denominado Defensa Social, el cual se organiz&oacute; para la "defensa de la ciudad", amenazada por las "chusmas rebeldes". Muy pronto se dar&iacute;an cuenta lo caro que les saldr&iacute;a el haber apoyado al gobierno de Victoriano Huerta, opci&oacute;n que tomaron en aras de restablecer el viejo orden y continuar gozando de la protecci&oacute;n en sus negocios e intereses, pero que acab&oacute; coloc&aacute;ndolos en una dif&iacute;cil situaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El resultado de la toma de Durango fue fat&iacute;dico para la elite, pues la plaza no s&oacute;lo no pudo ser defendida por las fuerzas federales y locales, sino que fue objeto de la rapi&ntilde;a y la "justicia por propia mano" de los sectores menos favorecidos de la poblaci&oacute;n. Los odios afloraron y muestra de ello fue el impresionante panorama que present&oacute; el centro de la ciudad luego de la reyerta. Frente a los violentos acontecimientos registrados, a las "buenas familias" no les qued&oacute; m&aacute;s remedio que abandonar la entidad. De hecho, algunos no volver&iacute;an a pisar suelo duranguense. Esta circunstancia result&oacute; una victoria significativa para los revolucionarios en contra del gobierno huertista y represent&oacute; el principio del "fin de una elite herida de muerte, la cual ver&iacute;a socavado su poder econ&oacute;mico durante los siguientes a&ntilde;os de lucha revolucionaria, quedando desarticulada y marginada del poder pol&iacute;tico que hab&iacute;a detentado por tanto tiempo" (pp. 63&#45;64).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, &iquest;qui&eacute;nes eran esas familias que despertaron tanto odio y revanchismo entre la poblaci&oacute;n duranguense?, &iquest;cu&aacute;l era el origen y trayectoria de sus fortunas? En el segundo apartado titulado "La riqueza, el poder y el prestigio" se rastrean las trayectorias familiares durante el siglo XIX, con el fin de conocer el desarrollo de varias generaciones en el contexto econ&oacute;mico y su relaci&oacute;n con el poder pol&iacute;tico y eclesi&aacute;stico. Con esta intenci&oacute;n se da cuenta de c&oacute;mo la elite pudo hacerse de un lugar privilegiado, desde sus or&iacute;genes en el periodo novohispano y en los primeros a&ntilde;os del M&eacute;xico independiente, y la capacidad de recomponerse, pues nuevas familias despuntaron y convivieron con algunas que lograron permanecer. De esa suerte comenz&oacute; a configurarse una elite m&aacute;s compacta, la que transitar&iacute;a hacia la segunda mitad del siglo, en muchos de los casos, con un renovado esp&iacute;ritu emprendedor que sum&oacute; herencias y aprovech&oacute; oportunidades en distintos rubros de la econom&iacute;a, a la par que fortalecieron los v&iacute;nculos pol&iacute;ticos y afianzaron sus relaciones a trav&eacute;s de redes sociales y familiares muy caracter&iacute;sticas en ese siglo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el r&eacute;gimen porfirista la elite duranguense goz&oacute; del apoyo del "h&eacute;roe de la paz". En este periodo la direcci&oacute;n de los asuntos p&uacute;blicos estatales recay&oacute; (aunque con fricciones entre los grupos pol&iacute;ticos locales) en la "gente bien", lo que favoreci&oacute; el acceso a privilegios econ&oacute;micos y prebendas pol&iacute;ticas, circunstancias que a la larga exacerbaron el latente descontento y la oposici&oacute;n de los sectores menos beneficiados. Esta situaci&oacute;n se agudizar&iacute;a en la primera d&eacute;cada del siglo XX y tendr&iacute;a su culminaci&oacute;n con la toma violenta de la ciudad capital.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de estas familias "notables" quedar&iacute;a incompleta sin el conocimiento del &aacute;mbito social en donde se desarrollaron, modos de vida, la imagen social y el sistema de valores compartidos en el seno familiar y de la elite en su conjunto. As&iacute;, los usos y costumbres, la vida cotidiana, los festejos, los rituales religiosos y el esparcimiento permiten el acercamiento a un repertorio de conductas y actitudes que demostraban la pertenencia a una clase, lo que deriv&oacute; en la construcci&oacute;n de una mentalidad "aristocratizante" que pervivi&oacute; a trav&eacute;s de varias generaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo "Historias de familia. Redes y negocios" se da seguimiento a los elementos que distinguieron a tres de las familias que formaron este n&uacute;cleo de la elite duranguense: los Bracho, los P&eacute;rez Gavil&aacute;n y los Gonz&aacute;lez Saravia. En este ejercicio podemos ver el desarrollo de las fortunas a lo largo del siglo XIX. En el caso de los primeros, resulta evidente que el cambio generacional modifica el perfil de propietarios de la tierra, de hacendados tradicionales a una figura m&aacute;s moderna, la del empresario que invierte y diversifica sus actividades econ&oacute;micas, mismas que en m&aacute;s de una de las ramas familiares incrementar&iacute;a los capitales, de tal suerte que para el porfiriato su posici&oacute;n como miembros prominentes de la elite en Durango se afianz&oacute; visiblemente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tr&aacute;nsito de los P&eacute;rez Gavil&aacute;n a lo largo del siglo XIX comparte caracter&iacute;sticas con la familia antes citada, como lo fue su origen terrateniente y latifundista. Sin embargo, un rasgo peculiar los distingu&iacute;a: la religiosidad que profesaban. Esta circunstancia marc&oacute; su profunda relaci&oacute;n con la Iglesia cat&oacute;lica, la cual se vio coronada con el nombramiento de un obispo salido del seno familiar. Durante la segunda mitad de este mismo siglo alguno de los miembros figur&oacute; en la esfera pol&iacute;tica y los negocios duranguenses, aunque en este rubro actuaron con mayor cautela que otras familias, sin correr riesgos econ&oacute;micos en sus inversiones y concentrando sus actividades en el ramo agropecuario y comercial, sin por ello dejar de participar en la adquisici&oacute;n de propiedades rurales y urbanas. Sus activos pol&iacute;ticos y sociales, como en otras familias, se incrementaron y afianzaron a trav&eacute;s de lazos matrimoniales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer caso estudiado es el de los Gonz&aacute;lez Saravia. Comparten lo ya delineado como elementos comunes a esta elite, pero se diferencian por no poseer or&iacute;genes novohispanos o de principios de la vida independiente en esta regi&oacute;n, pues su fundador aparece en el escenario duranguense hacia la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cuarenta del siglo XIX. No obstante, "su primitivo solar de linaje" estaba avalado por la casa de la villa de Ramales, en Santander, Espa&ntilde;a. Su enlace matrimonial con una joven cuya familia manten&iacute;a muy buenas relaciones con notables de la sociedad, le abri&oacute; las puertas para acceder al grupo selecto de la elite, y con el tiempo destacar&iacute;a en todos los &aacute;mbitos. Sin restarle importancia a muchos de los elementos que caracterizaron a esta familia vale la pena apuntar que el caso de los Gonz&aacute;lez Saravia ilustra la capacidad de recomposici&oacute;n y flexibilidad de la elite duranguense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La revoluci&oacute;n y las elites duranguenses" es el cap&iacute;tulo final del libro. En este se analiza c&oacute;mo el movimiento revolucionario de 1910 puso a la elite en una posici&oacute;n dif&iacute;cil, pues fue el blanco de la rebeli&oacute;n popular y del a&ntilde;ejo descontento del &aacute;mbito rural por la eterna disputa por la tierra. Los poderosos del "antiguo r&eacute;gimen" vieron c&oacute;mo la agitaci&oacute;n popular canaliz&oacute; sus fuerzas en la ocupaci&oacute;n de las propiedades y la destrucci&oacute;n de las haciendas. El panorama fue de desolaci&oacute;n: el saqueo, el robo y la ocupaci&oacute;n de tierras y casas estuvieron a la orden del d&iacute;a, situaci&oacute;n que se agudiz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s durante el gobierno maderista y las tensiones tendieron a agravarse. Frente el devastador panorama de los primeros a&ntilde;os revolucionarios, gran n&uacute;mero de haciendas fueron abandonadas por sus propietarios, algunos permanecieron en la capital del estado en espera de que la situaci&oacute;n mejorase, otros m&aacute;s lo hicieron pero desde la ciudad de M&eacute;xico por considerarla m&aacute;s segura. Sin embargo, 1913 fue el a&ntilde;o en que las buenas familias perdieron de manera m&aacute;s decisiva su presencia econ&oacute;mica y pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que sigui&oacute; no fue mucho mejor. La formaci&oacute;n de la mencionada Defensa Social con voluntarios de los grupos de elite fue el estigma que los conden&oacute; y convirti&oacute; en "enemigos de la causa": los ricos porfirianos fueron castigados, sus terrenos en las haciendas expropiados y fueron objeto de pr&eacute;stamos forzosos. En este contexto, la Iglesia cat&oacute;lica no corri&oacute; con mejor suerte, pues entre otras medidas, se pusieron en pleno vigor las Leyes de Reforma. Los pocos que permanecieron en Durango fueron testigos de las crecientes desavenencias entre los grupos revolucionarios, hasta que finalmente fueron expulsados o salieron huyendo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un hecho curioso y notable en esta historia es que Francisco Villa, quien hab&iacute;a nacido ah&iacute; en Durango, nombr&oacute; como gobernador a un miembro de las principales familias de la elite, Emilio Gonz&aacute;lez Saravia, quien hab&iacute;a sobrevivido a la ola revolucionaria en virtud de sus simpat&iacute;as hacia Villa y a la popularidad de que gozaba entre la poblaci&oacute;n. Pero las persecuciones y confiscaciones de las propiedades de los miembros de la antigua elite continuaron durante su gobierno. Estas circunstancias se reprodujeron en gran medida durante los gobiernos carrancistas y, en numerosas ocasiones, los rendimientos de los negocios fueron para los jefes revolucionarios. En 1917 Venustiano Carranza ofreci&oacute; a los antiguos due&ntilde;os la devoluci&oacute;n de las propiedades confiscadas, la cual se realiz&oacute; en su mayor&iacute;a bajo criterios locales que dependieron de los "antecedentes y conductas pol&iacute;ticas" de sus propietarios para juzgar qui&eacute;nes eran "enemigos de la causa constitucionalista".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso fue complejo y acab&oacute; por fragmentar m&aacute;s a&uacute;n a la otrora poderosa elite duranguense, pues si bien algunos regresaron para retomar sus actividades, otros, por el contrario, lo hicieron para poner en venta sus propiedades o fraccionarlas entre sus familias. Lo que no regres&oacute; fue su presencia en el &aacute;mbito pol&iacute;tico. El significado social que qued&oacute; de los a&ntilde;os revolucionarios se ver&iacute;a reflejado en las d&eacute;cadas subsecuentes. Novedosas formas de movilizaci&oacute;n y organizaci&oacute;n agraria dar&iacute;an fe de ello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los a&ntilde;os de la posrevoluci&oacute;n observamos a una elite que pudo mantener cierto dominio econ&oacute;mico, aunque en un ambiente de transformaci&oacute;n, pues un sector del nuevo orden militar hab&iacute;a venido a "recomponerla". Su integraci&oacute;n, sin embargo, tuvo que enfrentar las acciones agrarias como el fraccionamiento de las haciendas, con lo cual se consum&oacute; el intento de los agraristas para asegurar los ejidos. Ser&iacute;a en el periodo cardenista que el reparto de tierras se acelerar&iacute;a y las grandes propiedades fueron divididas y repartidas. Con estas acciones, una nueva oleada de la elite saldr&iacute;a para siempre de su lugar de origen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la aparici&oacute;n en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de diversos libros de tem&aacute;tica similar a este, en los que se explica y analiza la presencia social de las elites locales de fines del siglo XIX y del XX, permite comprender mejor, de forma m&aacute;s completa e integral, la historia de las entidades federativas y de los grupos sociales que conforman ese complejo conjunto que llamamos naci&oacute;n. Conocer su contribuci&oacute;n (positiva o negativa) a la historia local y los avatares de su trayectoria, y poder sumar los de las familias de las elites de Durango a los que ya han sido objeto de estudios rigurosos como este, nos permite, sobre todo, reflexionar con mayor acierto y precisi&oacute;n, sobre las rupturas y continuidades que forman la historia de M&eacute;xico en los &aacute;mbitos local y nacional. Sin su comprensi&oacute;n no es posible entender y explicar las particularidades del M&eacute;xico actual, tan pleno de complejidad, confusi&oacute;n, discurso esquem&aacute;tico e incertidumbre.</font></p>     ]]></body>
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