<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1405-2253</journal-id>
<journal-title><![CDATA[América Latina en la historia económica]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Am. Lat. Hist. Econ]]></abbrev-journal-title>
<issn>1405-2253</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1405-22532012000100012</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Historia económica de la Argentina en el siglo XIX]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Djenderedjian]]></surname>
<given-names><![CDATA[Julio César]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de Buenos Aires Instituto Ravignani ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<volume>19</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>225</fpage>
<lpage>231</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1405-22532012000100012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1405-22532012000100012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1405-22532012000100012&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Roy Hora, <i>    <br> 	Historia econ&oacute;mica de la Argentina en el siglo XIX,    <br></i> Buenos Aires, Siglo XXI/Fundaci&oacute;n OSDE, 2010, 272 pp. (Biblioteca B&aacute;sica de Historia, t. 6).</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Biblioteca B&aacute;sica de Historia, dirigida por Luis Alberto Romero, ha ido dando al p&uacute;blico una muy valiosa serie de estudios de s&iacute;ntesis que buscan presentar de manera amable, y a la vez honesta, los valiosos avances recientes de la historiograf&iacute;a argentina. El que nos ocupa aqu&iacute; tiene m&eacute;ritos particularmente destacables; por un lado, su autor ha tratado no s&oacute;lo de transmitir los resultados de una amplia serie de complejos trabajos cient&iacute;ficos, sino, adem&aacute;s, de cubrir con dosis razonables de imaginaci&oacute;n anchos espacios a&uacute;n vac&iacute;os, o que por lo menos no cuentan todav&iacute;a con una masa cr&iacute;tica de estudios de aliento y profundidad suficientes como para brindarnos las claves secretas de su devenir dentro del complejo mundo del que alguna vez formaron parte. La coherencia del relato resalta a&uacute;n m&aacute;s por las mismas caracter&iacute;sticas del tema y del periodo. La historia econ&oacute;mica del siglo XIX argentino muestra procesos de largo aliento que lo subtienden en su totalidad, hecho aprovechado por Roy Hora para proponer distintas lecturas de sus efectos sobre el resto de los factores a medida que avanzaba la centuria; efectos que no necesariamente fueron homog&eacute;neos, cosa que suele olvidarse, y que tampoco evitaron la aparici&oacute;n de claros procesos de ruptura, cuyos engarces con las l&iacute;neas de continuidad el autor ha logrado asimismo transmitir con gran solvencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego de un discreto esquema de la econom&iacute;a del periodo colonial, el libro se introduce de lleno en la <i>wonderful century, with all its successes and</i> <i>its failures,</i> como la defini&oacute; con escueta maestr&iacute;a Alfred Russell Wallace. El hecho fundamental de la misma aparece ya en las pp. 33&#45;34, donde se muestra la fenomenal mejora en los t&eacute;rminos del intercambio ligados a la apertura comercial, que habr&iacute;a de marcar hasta la crisis de 1914 un por momentos exitos&iacute;simo vuelco de la econom&iacute;a hacia el exterior. Esa apertura, como cualquier otra, mostr&oacute; sus efectos muy pronto, y estos fueron desde un principio auspiciosos. Los precios de los bienes importados perdieron la mitad de su valor ya en el curso de la d&eacute;cada revolucionaria que va desde 1810 a 1820; si bien los de las exportaciones tendieron en el largo plazo a estancarse o tambi&eacute;n a descender, todo indica que la reducci&oacute;n de los costos de flete e intermediaci&oacute;n adjuntos a la ca&iacute;da definitiva del r&eacute;gimen colonial ampliaron notablemente sus posibilidades de realizaci&oacute;n exterior. As&iacute;, con un ingreso pleno en la econom&iacute;a atl&aacute;ntica, la revoluci&oacute;n revel&oacute; a los azorados habitantes del R&iacute;o de la Plata que hab&iacute;a abierto las puertas del futuro, y que este sin duda funcionaba. Eso explicar&iacute;a, entre otras cosas, el amplio apoyo popular del que goz&oacute; la revoluci&oacute;n, al menos entre la plebe urbana: la cual vio incrementado su poder de compra al prodigarse las importaciones de bienes de consumo baratos, a la vez que, parad&oacute;jicamente, crec&iacute;a la demanda de trabajo porque tambi&eacute;n lo hac&iacute;a en el medio rural un sector de empresas productivas ligadas a la exportaci&oacute;n, muchas de ellas en manos de capitalistas de mediana o a&uacute;n de escasa importancia. Con el aditamento de la presi&oacute;n reclutadora provocada por las guerras, el esquema reforz&oacute; la estructural escasez de mano de obra de la econom&iacute;a rioplatense, presionando as&iacute; hacia el alza a los salarios, que en el periodo sin duda aumentaron en t&eacute;rminos reales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, este esquema funcion&oacute; sobre todo en el &aacute;rea situada en el litoral de los grandes r&iacute;os, el Paran&aacute; y el Uruguay, y por lo tanto, la m&aacute;s cercana al mar, en especial en la provincia de Buenos Aires que habr&iacute;a de incrementar fabulosamente su importancia, llegando a constituir ya antes de mediados del siglo una base de tributaci&oacute;n superior incluso a la suma de los ingresos fiscales de las restantes trece provincias de la l&aacute;bil confederaci&oacute;n argentina de ese entonces. Entre otras cosas, Buenos Aires fue la primera que logr&oacute; expandirse territorialmente, a expensas de las &aacute;reas bajo dominio de ind&iacute;genas independientes; y fue asimismo la &uacute;nica que logr&oacute;, en esa primera mitad del siglo, construir una estructura estatal considerable, acorde a su misma expansi&oacute;n f&iacute;sica. En esencia, la clave de esa evoluci&oacute;n estribaba en el control de la principal aduana, la de la propia ciudad de Buenos Aires, que ligaba exclusivamente toda o casi toda el &aacute;rea de la futura Argentina con el mundo exterior. Ese hecho, debido a una circunstancia puramente geogr&aacute;fica (basta con echar una mirada a cualquier mapa para comprobarlo), se vio inesperadamente reforzado por la ca&iacute;da del poder central y la consiguiente formaci&oacute;n de provincias aut&oacute;nomas con pleno poder de decisi&oacute;n sobre sus territorios y sus rentas. As&iacute;, el estado de Buenos Aires pudo hacer pagar muy caros sus servicios portuarios (y no por cierto tan s&oacute;lo a sus propios s&uacute;bditos), gravando fiscalmente mercanc&iacute;as producidas o consumidas m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras dom&eacute;sticas, aprovech&aacute;ndose as&iacute; del hecho de que, de todos modos, las alternativas disponibles para las provincias del interior eran sin duda mucho m&aacute;s onerosas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos consecuencias notorias de esa situaci&oacute;n: la primera, el creciente desbalance de la econom&iacute;a hacia el &aacute;rea del litoral, que vio aumentar no s&oacute;lo su riqueza, sino tambi&eacute;n su poblaci&oacute;n relativa, tanto por migraciones desde el menos favorecido del interior, como por la captaci&oacute;n de incipientes corrientes de inmigrantes extranjeros; la segunda, la conflictividad pol&iacute;tica que se dio entre Buenos Aires y las dem&aacute;s provincias, que s&oacute;lo comenzar&iacute;a a saldarse luego de la ca&iacute;da del m&aacute;s conspicuo gobernador de la primera, Juan Manuel de Rosas, en 1852. Se abri&oacute; con ese hecho un nuevo periodo en el que el dinamismo de la nueva econom&iacute;a se aceler&oacute;, abarcando en su vor&aacute;gine crecientes porciones del territorio interior. Es de destacar que, si bien durante la primera mitad de la centuria la escasez o inexistencia de instituciones b&aacute;sicas para que funcionara con plenitud esa nueva econom&iacute;a no impidi&oacute; que esta se desarrollase, durante la segunda mitad el progresivo surgimiento de infraestructuras a nivel provincial o nacional (c&oacute;digos y cuerpos legales, oficinas de registro fundiario, sistema judicial aut&oacute;nomo y solvente, moneda &uacute;nica, pesos y medidas uniformes) est&aacute; sin duda en la base de su crecimiento exponencial. M&aacute;s a&uacute;n, la adici&oacute;n de procesos productivos de progresiva complejidad, siempre en torno a ciclos ligados al mercado exterior, sugiere que ambos fen&oacute;menos no s&oacute;lo fueron paralelos, sino que se retroalimentaron, al basarse en esencia la recaudaci&oacute;n fiscal en impuestos al comercio de importaci&oacute;n, y este en el poder de compra generado por el sector exportador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, en sucesi&oacute;n no excluyente, ese sector pas&oacute; de estar dominado por la producci&oacute;n de cueros vacunos a la de lana y luego al trigo y la carne enfriada, es decir, transit&oacute; desde un perfil b&aacute;sicamente extractivo a otro donde se generaba cada vez mayor valor agregado, en consonancia con una progresiva inversi&oacute;n de capital, tanto privada como p&uacute;blica. Y si el ingreso en rubros b&aacute;sicos como los del inicio no significaba demasiada diferenciaci&oacute;n, a medida que avanzaba la segunda mitad del siglo, al requerir cada vez m&aacute;s dinero y m&aacute;s tecnolog&iacute;a, la producci&oacute;n de bienes de punta fue alej&aacute;ndose crecientemente del abanico de posibilidades abiertas para ciertas &aacute;reas o ciertos actores, lo cual devino en la b&uacute;squeda de alternativas m&aacute;s discretas, aprovechadas tambi&eacute;n diferencialmente: la conformaci&oacute;n de un mercado nacional integrado posibilit&oacute; especializaciones regionales, antes imposibles por el aislamiento rec&iacute;proco a que condenaba a las distintas provincias la falta de medios de comunicaci&oacute;n modernos. La llegada de estos brind&oacute; as&iacute; inserciones pr&oacute;speras para varias econom&iacute;as regionales, que reconstruyeron sus sectores productivos en torno a la vitivinicultura, las maderas, las frutas o el az&uacute;car, todos ellos destinados no ya al mercado exterior, sino al interno. La atenci&oacute;n a este &uacute;ltimo en el libro rese&ntilde;ado refleja los avances a&uacute;n t&iacute;midos de un campo que ha resultado oscurecido por el protagonismo del sector exportador: como lo han mostrado varias investigaciones recientes, ya desde las primeras d&eacute;cadas del siglo, e incluso en &aacute;reas bastante alejadas de los puertos, la proliferaci&oacute;n de bienes importados marcaba una ampliaci&oacute;n progresiva del consumo, cualitativamente distinta del mero aumento poblacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto, el libro de Roy Hora muestra hasta qu&eacute; punto una gran inc&oacute;gnita de la econom&iacute;a decimon&oacute;nica argentina ha comenzado a resolverse: si hoy no tenemos dudas en torno a la potencia del desarrollo de esos a&ntilde;os alci&oacute;nicos, s&iacute; las tenemos a&uacute;n sobre c&oacute;mo se repartieron los frutos del mismo. Con los recaudos del caso, algo puede ya decirse seg&uacute;n lo transmite Hora: mientras durante la primera mitad del siglo es bastante obvio que son las distintas regiones las que marchan a pautas de evoluci&oacute;n diferentes, con Buenos Aires alej&aacute;ndose de las dem&aacute;s, durante la segunda lo son m&aacute;s bien las fortunas individuales, que en el periodo previo hab&iacute;an, por el contrario, tendido a la homogeneidad de la mano del creciente valor del trabajo, el estancamiento relativo del precio de la tierra y los desaf&iacute;os a la integralidad de los grandes patrimonios por las incertidumbres propias de un contexto muy dif&iacute;cil, afectado por guerras y revoluciones. En efecto, la capacidad de acumulaci&oacute;n de los actores parece, en los a&ntilde;os 1850&#45;1914, reposar cada vez m&aacute;s en el acceso al capital, y este, escaso y caro hasta el final del siglo XIX, logr&oacute; aparentemente ser mejor remunerado que el trabajo, el cual de todos modos cosech&oacute; una porci&oacute;n nada insignificante de la renta total. En tanto, las distintas provincias acusan en ese periodo recorridos sin duda heterog&eacute;neos; pero el crecimiento exponencial de algunas de ellas, como Santa Fe, o los menos espectaculares pero no menos intensos de Mendoza o de Tucum&aacute;n, implican que resulte a&uacute;n prematuro intentar un balance. Y, en todo caso, este ser&iacute;a sin duda bastante m&aacute;s matizado que el correspondiente a la primera mitad de la centuria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay en este esquema b&aacute;sico algunos puntos a&uacute;n por reconsiderar. Por ejemplo, no debe olvidarse que la diversificaci&oacute;n creciente de las actividades rurales cre&oacute; oportunidades para el ingreso a algunos de los sectores m&aacute;s din&aacute;micos a partir de un incremento neto de la inversi&oacute;n en trabajo, m&aacute;s que en capital. As&iacute;, si bien para iniciarse en la ganader&iacute;a ovina hac&iacute;a falta, hacia 1880, quiz&aacute; m&aacute;s fondos que 20 a&ntilde;os antes, para esa &eacute;poca quienes no contaban con los mismos pod&iacute;an perfectamente optar por la agricultura cerealera que, en las colonias que se diseminaban por las pampas, conoc&iacute;a un feroz progreso para participar del cual s&oacute;lo hac&iacute;a falta contar con capacidad de trabajo, puesto que los rudimentos t&eacute;cnicos b&aacute;sicos de la actividad se transmit&iacute;an de boca en boca, y tanto empresarios de colonizaci&oacute;n como comerciantes rurales prove&iacute;an a cr&eacute;dito todo lo necesario para llevarla a cabo, desde la tierra hasta los servicios de cosecha y trilla.<a name="n1b"></a><sup><a href="#n1a">1</a></sup> Eso explica que la econom&iacute;a argentina de finales del siglo XIX e inicios del XX metabolizara inmensas masas de inmigrantes, abrumadoramente compuestas por personas desprovistas de capital, que incluso hubieran encontrado dificultades para integrarse en otras econom&iacute;as con un perfil similar, como en Estados Unidos o Canad&aacute;.<sup><a name="n2b"></a><a href="#n2a">2</a></sup> Debe apuntarse aqu&iacute; que los c&aacute;lculos sobre distribuci&oacute;n de riqueza o ingreso, aun cuando sus resultados sin duda son esenciales para orientarnos en el confuso marasmo de los datos, no logran reflejar muchos aspectos tanto o m&aacute;s importantes que ellos mismos. Precisamente porque el dinamismo de esa econom&iacute;a en r&aacute;pido desarrollo inclu&iacute;a cambios considerables en la situaci&oacute;n personal a lo largo del ciclo de vida, Ram&oacute;n Santamarina, quien todav&iacute;a era un pobre inmigrante espa&ntilde;ol hacia 1850, cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s se hab&iacute;a convertido en el mayor terrateniente en un pa&iacute;s de grandes terratenientes, pose&iacute;a una magn&iacute;fica colecci&oacute;n de obras de arte y hab&iacute;a casado a su hija con el hijo del presidente Nicol&aacute;s Avellaneda.<sup><a name="n3b"></a><a href="#n3a">3</a></sup> Este ejemplo es s&oacute;lo el de un extremo, pero abundan los que le son an&aacute;logos, y adem&aacute;s, como lo demuestra el mismo autor de donde lo hemos tomado, existi&oacute; sin duda una mayoritaria proporci&oacute;n de personas que mejoraron sustancialmente su nivel de vida a lo largo de ella, m&aacute;s all&aacute; del lugar que hubieran ocupado en uno u otro momento de la misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, podr&iacute;a haberse destacado m&aacute;s la capacidad del Estado nacional para promover ciertas regiones, disminuyendo as&iacute; las diferencias entre unas y otras. La tarifa ferroviaria parab&oacute;lica, por ejemplo, mediante la cual se manipulaban los costos de transporte con el fin de favorecer las &aacute;reas m&aacute;s lejanas a expensas de las cercanas a los grandes centros de consumo y comercio exterior, fue s&oacute;lo una entre una multitud de iniciativas gubernamentales destinadas a promover las oportunidades y el crecimiento donde ambos parec&iacute;an retrasarse. Las mismas, junto con otras m&aacute;s complejas como la recopilaci&oacute;n y difusi&oacute;n de informaciones &uacute;tiles a fin de atraer inversores, el estudio de alternativas productivas concretas, la creaci&oacute;n de colonias agr&iacute;colas oficiales o la imposici&oacute;n de altas tarifas aduaneras con el fin de proteger ciertas producciones regionales, fueron sin duda materia de controversia ya en su &eacute;poca, y no est&aacute; aun clara la dimensi&oacute;n concreta de sus efectos. Pero de todos modos por s&iacute; mismas indican hasta qu&eacute; punto la mitigaci&oacute;n de los desequilibrios preocup&oacute; a las elites gobernantes; y parece indudable que el progreso m&aacute;s modesto pero concreto de muchas de esas econom&iacute;as regionales debi&oacute; parte de su existencia a esos apoyos. Es cierto que el acelerado desarrollo del &aacute;rea pampeana dej&oacute; atr&aacute;s a las dem&aacute;s, pero estas tambi&eacute;n crecieron, y en muchos casos a tasas nada despreciables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro punto en torno al cual el enfoque del libro puede dar lugar a alternativas es el que ata&ntilde;e al papel econ&oacute;mico de los avances sobre la frontera ind&iacute;gena. Si bien la magnitud de la superficie territorial arrancada a los abor&iacute;genes en las campa&ntilde;as de 1879&#45;1885, tanto en el sur como en el norte del pa&iacute;s, fue sin duda muy grande, no debe sin embargo olvidarse que la productividad de esas tierras no era comparable a la de las ya ocupadas, y mucho menos homog&eacute;nea. Salvo ciertas &aacute;reas del sur santafesino o bonaerense, parte importante de las cuales ya pertenec&iacute;an al dominio criollo, las vastas soledades des&eacute;rticas o selv&aacute;ticas de la Patagonia o el Chaco no pod&iacute;an ni pudieron ofrecer demasiados incentivos inmediatos para la explotaci&oacute;n ganadera o agr&iacute;cola en un pa&iacute;s donde el capital era escaso y caro, y donde exist&iacute;an muchas otras &aacute;reas y actividades donde este pod&iacute;a ser empleado con mayores ventajas. La falta total de estudios edafol&oacute;gicos o agron&oacute;micos y la necesidad del gobierno central de afianzar en pocos a&ntilde;os los contornos de su dominio, en tanto constitu&iacute;an l&iacute;mites con otras soberan&iacute;as, derivaron en una gran improvisaci&oacute;n y apuro en llevar esas tierras al mercado; pero la infraestructura imprescindible para ello no estaba aun sino recluida en multitud de fantasiosos proyectos; y, adem&aacute;s la demanda existente pudo absorber esa gigantesca y s&uacute;bita oferta que termin&oacute; en parte, quiz&aacute;, distribuida en pocas manos simplemente porque no hab&iacute;a otros interesados en ella. Por lo dem&aacute;s, esa circunstancia explica tambi&eacute;n los recurrentes fracasos en la instalaci&oacute;n de colonias agr&iacute;colas a pesar de importantes esfuerzos p&uacute;blicos y privados por promoverlas y apoyarlas: la muy lenta adjudicaci&oacute;n de lotes agr&iacute;colas a&uacute;n en zonas irrigadas; la insuficiente concreci&oacute;n de las obligaciones contractuales para poblar que hab&iacute;an reca&iacute;do sobre los compradores de esas vastas superficies; la presencia aislada de explotaciones m&aacute;s concentradas en un vasto panorama despoblado, as&iacute; como las largas d&eacute;cadas que a menudo pasaron entre las primeras adjudicaciones y la venta de esas mismas propiedades a otros interesados.<sup><a name="n4b"></a><a href="#n4a">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda que estas &uacute;ltimas observaciones no podr&iacute;an escamotearle m&eacute;ritos al libro. La labor de Hora resulta imprescindible para quienes deseen contar con un &oacute;ptimo y actualizado panorama de los problemas y debates de la historia econ&oacute;mica argentina del siglo XIX, gozando a la vez de una importante cantidad de informaci&oacute;n, y en un formato muy manuable, virtudes poco frecuentes y muy necesarias hoy en d&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Julio C&eacute;sar Djenderedjian</b><i>    <br> Instituto Ravignani Universidad de Buenos Aires</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a></sup> Al respecto resultan muy gr&aacute;ficos los testimonios de &eacute;pocas incluso tard&iacute;as, como por ejemplo, El&iacute;as Marchevsky, <i>El tejedor de oro,</i> Buenos Aires, edici&oacute;n del autor, 1964, pp. 48&#45;56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=697727&pid=S1405-2253201200010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n2a"></a><a href="#n2b">2</a></sup> Jeremy Adelman, "The Social Bases of Technical Change: Mechanization of the Wheat&#45;lands of Argentina and Canada, 1890 to 1914" en David Sheinin y Carlos Mayo (eds.), <i>Es igual</i> <i>pero distinto: Essays in the Histories of Canada and Argentina,</i> Peterborough, Frost Centre for Canadian Heritage and Development Studies/Grupo Sociedad y Estado, Mar del Plata, Argentina, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=697729&pid=S1405-2253201200010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n3a"></a><a href="#n3b">3</a></sup> Jos&eacute; C. Moya, Primos y extranjeros. <i>La inmigraci&oacute;n espa&ntilde;ola en Buenos Aires, 1850&#45;1930,</i> Buenos Aires, Emec&eacute;, 2004, pp. 425&#45;426.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=697731&pid=S1405-2253201200010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n4a"></a><a href="#n4b">4</a></sup> Para un an&aacute;lisis m&aacute;s amplio v&eacute;ase Julio Djenderedjian, "Rese&ntilde;a del libro de Susana Bandieri, <i>Historia de la Patagonia", Mundo Agrario,</i> n&uacute;m. 11, en <a href="http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar/mundo_agrario/numeros/numero11/atdocument.2006&#45;04&#45;24.9097332410/view" target="_blank">http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar/mundo_agrario/numeros/numero11/atdocument.2006&#45;04&#45;24.9097332410/view</a>. &#91;Consulta: 3 de diciembre de 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=697733&pid=S1405-2253201200010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&#93;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marchevsky]]></surname>
<given-names><![CDATA[Elías]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El tejedor de oro]]></source>
<year>1964</year>
<page-range>48-56</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Adelman]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jeremy]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Social Bases of Technical Change: Mechanization of the Wheat-lands of Argentina and Canada, 1890 to 1914]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Sheinin]]></surname>
<given-names><![CDATA[David]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Mayo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Es igual pero distinto: Essays in the Histories of Canada and Argentina]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[PeterboroughMar del Plata ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Frost Centre for Canadian Heritage and Development StudiesGrupo Sociedad y Estado]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Moya]]></surname>
<given-names><![CDATA[José C.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Primos y extranjeros]]></article-title>
<source><![CDATA[La inmigración española en Buenos Aires, 1850-1930]]></source>
<year>2004</year>
<page-range>425-426</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Emecé]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Djenderedjian]]></surname>
<given-names><![CDATA[Julio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reseña del libro de Susana Bandieri]]></article-title>
<source><![CDATA[Mundo Agrario]]></source>
<year></year>
<numero>11</numero>
<issue>11</issue>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
