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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El costo del imperio asiático. La formación colonial de las islas Filipinas bajo dominio español, 1565-1800]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Educación a Distancia  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Luis Alonso &Aacute;lvarez, <i>El costo del imperio asi&aacute;tico. La formaci&oacute;n colonial de las islas Filipinas bajo dominio espa&ntilde;ol, 1565&#45;1800,</i> pr&oacute;logo de Josep Fontana</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Mart&iacute;nez Shaw*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Mora/Universidade da Coru&ntilde;a, 2009, 372 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia, Espa&ntilde;a</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La atenci&oacute;n a la historia colonial de las islas Filipinas en Espa&ntilde;a ha sido constante pero muy limitada durante el largo siglo que media desde la disoluci&oacute;n del imperio insular espa&ntilde;ol del ochocientos y nuestros d&iacute;as. Si la recientemente desaparecida profesora Lourdes D&iacute;az&#45;Trechuelo fue la referencia obligada durante toda la segunda mitad del siglo XX, otros nuevos especialistas fueron llegando en sus d&eacute;cadas finales a este espacio descuidado por la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola, aut&eacute;ntica cenicienta del americanismo hispano. Los &uacute;ltimos en incorporarse a la tarea han sido los miembros de un equipo de investigaci&oacute;n que inclu&iacute;a singularmente a Josep Mar&iacute;a Delgado, Josep Mar&iacute;a Fradera y Luis Alonso, profesores los dos primeros de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y el segundo de la Universidade da Coru&ntilde;a. Fruto de la tarea de este grupo ha sido la publicaci&oacute;n de varios libros y art&iacute;culos referidos a tal tem&aacute;tica, la dinamizaci&oacute;n de muchos encuentros cient&iacute;ficos, la edici&oacute;n de una revista ejemplar <i>(Illes i Imperis)</i> y la colaboraci&oacute;n abierta con otros grupos de Espa&ntilde;a (Antonio Garc&iacute;a&#45;Ab&aacute;solo de la Universidad de C&oacute;rdoba, Patricio Hidalgo de la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, Mar&iacute;a Dolores Elizalde del Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas) y de fuera de Espa&ntilde;a (particularmente franceses, mexicanos y filipinos).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los frutos m&aacute;s sobresalientes es este libro publicado, con esmero tipogr&aacute;fico y atractiva portada, conjuntamente por la Universidade da Coru&ntilde;a y por el Instituto de Investigaciones Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora de M&eacute;xico. Sus p&aacute;ginas (prologadas por Josep Fontana) re&uacute;nen una serie de trabajos del profesor Luis Alonso, que a pesar de su diversa fecha y procedencia (contribuciones a congresos, intervenciones en foros acad&eacute;micos), guardan un orden y una unidad en torno a la ocupaci&oacute;n espa&ntilde;ola de las islas Filipinas durante los siglos XVI, XVII y XVIII, de tal modo que su resultado es una interpretaci&oacute;n de la historia colonial de las Filipinas desde el observatorio privilegiado del funcionamiento de la Hacienda y la fiscalidad, aunque su ambicioso planteamiento lleva a conclusiones que superan el marco de la Hacienda (que por s&iacute; solo ya es muy amplio) e incluso el marco de la macroeconom&iacute;a (que todav&iacute;a lo es m&aacute;s), para ofrecernos una visi&oacute;n general de los factores que definen el colonialismo espa&ntilde;ol en Asia durante los tiempos modernos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y este objetivo aparece con claridad desde el primer cap&iacute;tulo de la primera parte, una reelaboraci&oacute;n de una ponencia presentada al congreso que sobre Legazpi tuvo como sede la ciudad de San Sebasti&aacute;n, en 2003, y dedicada a la "formaci&oacute;n del proyecto espa&ntilde;ol" en las Filipinas. Un proyecto que descarta pronto la posibilidad de convertir el archipi&eacute;lago en el Maluco hispano, tras la constataci&oacute;n de la inexistencia de especias, particularmente de pimienta: el tratado de Zaragoza de 1529, que deja el comercio de las Molucas en manos de Portugal, priva de sentido a la expedici&oacute;n subsiguiente de Ruy L&oacute;pez de Villalobos y plantea una inc&oacute;gnita sobre el futuro de la instalaci&oacute;n definitiva llevada a cabo a partir de 1565 por Miguel L&oacute;pez de Legazpi, en cuyas instrucciones todav&iacute;a se deja un resquicio para un improbable descubrimiento de especias en las propias islas o en las aleda&ntilde;as. La conquista de Filipinas &#45;en realidad, como el autor subraya, solamente la isla de Luz&oacute;n, sede del complejo Manila&#45;Cavite, y las Bisayas, a partir de la ciudad de Ceb&uacute;&#45; se hace sin una definici&oacute;n previa de sus objetivos, que han de ser debatidos en los a&ntilde;os sucesivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin especias, sin minas, sin una agricultura exportable, sin posibilidad de abrirse paso ante otros competidores en el comercio del Pac&iacute;fico, la empresa de Filipinas precisaba otras alternativas. Una de las manejadas en los primeros a&ntilde;os fue, por mucho que cueste imaginarlo, la conquista de la China de los Ming, una opci&oacute;n exhaustivamente estudiada por Manel Oll&eacute; en dos libros b&aacute;sicos <i>(La invenci&oacute;n de China,</i> 2000, y <i>La empresa de China,</i> 2002) y que ser&iacute;a abandonada definitivamente tras el fracaso de la jornada de 1588 en Inglaterra, aunque en realidad fue m&aacute;s bien fruto de las elucubraciones de los espa&ntilde;oles de Filipinas que de las discusiones del Consejo de Indias. Finalmente, se opt&oacute; por una soluci&oacute;n que enlazaba claramente con la tradici&oacute;n expansiva espa&ntilde;ola: Filipinas ser&iacute;a una colonia de po&#45;blamiento, donde la soberan&iacute;a espa&ntilde;ola se impondr&iacute;a sobre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y, adem&aacute;s, se convertir&iacute;a en la avanzada hacia Oriente de una Am&eacute;rica que ver&iacute;a as&iacute; defendido su flanco occidental. Este proyecto no fue concebido en un d&iacute;a, sino a lo largo de un proceso, que fue incorporando progresivamente elementos nuevos, especialmente en los &aacute;mbitos financiero, comercial y estrat&eacute;gico. Primero, las autoridades espa&ntilde;olas decidieron organizar una Hacienda filipina que financiase la ocupaci&oacute;n territorial. Despu&eacute;s, encontraron una soluci&oacute;n econ&oacute;mica viable, la de incorporar a China y otros pa&iacute;ses asi&aacute;ticos dentro de un comercio internacional transpac&iacute;fico: los ricos productos asi&aacute;ticos que flu&iacute;an a Europa por la ruta de los portugueses ir&iacute;an tambi&eacute;n a Am&eacute;rica a trav&eacute;s de una ruta, que pasar&iacute;a a llamarse del gale&oacute;n de Manila, y se intercambiar&iacute;an por la plata del Nuevo Mundo, que hallaba un nuevo espacio para su funci&oacute;n de dinamizadora de una econom&iacute;a mundializada, del mismo modo que (tras la marginaci&oacute;n de los mercaderes portugueses y peruanos) contribu&iacute;a a aumentar el giro comercial de Nueva Espa&ntilde;a. Y por &uacute;ltimo, tras la irrupci&oacute;n en las aguas del Pac&iacute;fico de las naves de Holanda y de Inglaterra, desde principios del siglo XVII, Filipinas ser&iacute;a al mismo tiempo un baluarte para la defensa del imperio asi&aacute;tico portugu&eacute;s y una pieza capital para distraer a las potencias enemigas de su presi&oacute;n sobre los dominios americanos espa&ntilde;oles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Analizados as&iacute; los or&iacute;genes del proyecto espa&ntilde;ol en Asia, el autor pasa ahora a ocuparse del principal objeto de su investigaci&oacute;n: la formaci&oacute;n de la Hacienda hispana en el archipi&eacute;lago. En este sentido, no nos hallamos ante una historia sistem&aacute;tica de la Hacienda filipina durante los siglos de la edad moderna, ya que el m&eacute;todo de publicaci&oacute;n de art&iacute;culos separados sobre los diversos elementos imposibilita una organizaci&oacute;n milim&eacute;trica y un tratamiento exhaustivo de la tem&aacute;tica abordada. Sin embargo, el trazado de las l&iacute;neas generales es absolutamente impecable, hasta el punto de que la exposici&oacute;n se convierte en la mejor visi&oacute;n panor&aacute;mica de la fiscalidad espa&ntilde;ola en las Filipinas que se haya escrito hasta el momento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como marco general, el autor identifica las tres etapas de la evoluci&oacute;n de la Hacienda filipina. El primer periodo (1564&#45;1604), llamado de "autonom&iacute;a fiscal", con un monto de unos 100 000 pesos anuales, se basar&iacute;a en la implantaci&oacute;n del tributo ind&iacute;gena y en los ingresos procedentes del almojarifazgo o impuesto sobre el comercio exterior. Ser&iacute;a seguido por un segundo y m&aacute;s extenso periodo (1604&#45;1782), llamado de "apoyo mexicano", con unas cantidades medias de unos 470 000 pesos anuales, que necesitar&iacute;a de la inyecci&oacute;n del situado remitido desde Nueva Espa&ntilde;a. Y, finalmente, la tercera y &uacute;ltima etapa, designada como de "autosuficiencia fiscal", con un monto de unos 950 000 pesos anuales, volver&iacute;a a basarse en el tributo ind&iacute;gena, pero sobre todo en los ingresos provenientes del estanco del tabaco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, resulta fundamental dibujar el proceso de la imposici&oacute;n del "complejo tributario" ind&iacute;gena, operaci&oacute;n que el autor realiza de forma n&iacute;tida y convincente. El tributo propiamente dicho pronto queda fijado en una cantidad, no demasiado elevada en relaci&oacute;n con las posibilidades de la econom&iacute;a ind&iacute;gena, de ocho reales por familia pagados en especie. Las ventas forzosas de mercanc&iacute;as (bandalas) obligan a los ind&iacute;genas a entregar ciertas mercanc&iacute;as a las autoridades (e ilegalmente a ciertos particulares) no a precio de mercado sino a precio de arancel. Y, finalmente, los servicios personales (polos), que el autor hace equivaler al cuatequil azteca y a la mita peruana, significan la aplicaci&oacute;n de mano de obra ind&iacute;gena a determinadas actividades, entre ellas los onerosos cortes de madera para la construcci&oacute;n naval. El sistema se cierra con una nota sobre algunos de los efectos m&aacute;s palpables para la realidad econ&oacute;mica y social del archipi&eacute;lago: la concentraci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en doctrinas, reducciones y pueblos, el cultivo del arroz por inmersi&oacute;n (con el empleo del arado y del carabao como animal de tracci&oacute;n) y el retroceso de la producci&oacute;n agraria a favor de la econom&iacute;a mercantil del tr&aacute;fico transpac&iacute;fico del gale&oacute;n de Manila.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una &uacute;ltima pieza, analizada aparte, es la incorporaci&oacute;n de los se&ntilde;ores ind&iacute;genas, los se&ntilde;ores del barangay, como recaudadores al servicio del sistema impositivo espa&ntilde;ol, aunque este cap&iacute;tulo se ocupa de muchos otros aspectos in&eacute;ditos de la evoluci&oacute;n de estas principal&iacute;as ind&iacute;genas, t&iacute;picas de la isla de Luz&oacute;n y de las Bisayas, bajo el dominio hispano. Los se&ntilde;ores del barangay (autoridades pol&iacute;ticas independientes con ascendiente sobre grupos de 30 a 100 familias) se transformar&aacute;n, tras la conquista (realizada por el sistema de entradas militares), en los gobernadores de los pueblos de indios al servicio de los espa&ntilde;oles (que les dar&iacute;an el nombre de gober&#45;nadorcillos) y por lo tanto en una pieza fundamental como intermediarios entre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y los nuevos due&ntilde;os del archipi&eacute;lago. El autor subraya la fecha de 1594 como la del definitivo establecimiento de este sistema (que dar&iacute;a una gran estabilidad al gobierno interior de las islas) y, tambi&eacute;n, aunque con trazo menos grueso, destaca la de 1789, momento de supresi&oacute;n del car&aacute;cter hereditario de las principal&iacute;as, atenuada la disposici&oacute;n por un cumplimiento menos efectivo en las regiones m&aacute;s alejadas de la capital. En definitiva, otro estudio completo de un elemento, si se quiere s&oacute;lo tangencialmente implicado en la trayectoria del sistema hacend&iacute;stico de las Filipinas espa&ntilde;olas, pero esencial para comprender la historia econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica del archipi&eacute;lago.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra cuesti&oacute;n capital de la fiscalidad filipina ocupa la atenci&oacute;n preferente del autor: el debate sobre la cuant&iacute;a y el papel del situado mexicano a lo largo de los siglos. El ejemplar cap&iacute;tulo quinto se dedica a desmentir las tesis consagradas de Pierre Chaunu y, sobre todo, de Leslie Bauzon sobre la necesidad del situado a causa del d&eacute;ficit cr&oacute;nico de la Hacienda filipina, sobre el famoso <i>deficit government</i> teorizado por el &uacute;ltimo de estos historiadores. Luis Alonso rebate este planteamiento con s&oacute;lidos argumentos y con la aportaci&oacute;n de nuevas evidencias cuantitativas: la recaudaci&oacute;n transferida desde las cajas generales de Manila a las cajas territoriales ha hecho aparecer un falso d&eacute;ficit que ha podido confundir a los investigadores, al mismo tiempo que pudo, en su d&iacute;a, justificar la necesidad del situado para hacer frente al hostigamiento musulm&aacute;n desde Mindanao y las Jol&oacute;, a las revueltas ind&iacute;genas y, sobre todo, a la amenaza de la Compa&ntilde;&iacute;a General de las Indias Orientales (extinguida en 1648 tras la firma de la paz de M&uuml;nster) y de otras potencias enemigas. La tem&aacute;tica se retoma en el cap&iacute;tulo octavo con id&eacute;ntica fuerza de convicci&oacute;n: el situado no respondi&oacute; a la cantidad tradicionalmente aceptada de 250 000 pesos (por otra parte establecida oficialmente s&oacute;lo en 1675), sino que oscil&oacute; de acuerdo con una serie de factores, entre los que se cuentan la presi&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a General de las Indias Orientales, las coartadas urdidas desde Manila, el menor inter&eacute;s de los filipinos a mediados del siglo XVIII (que el autor considera incluso como un factor a contar en la ocupaci&oacute;n inglesa de 1762) y el aumento durante las guerras de finales de la centuria, parad&oacute;jicamente en un momento en que la Hacienda del archipi&eacute;lago hab&iacute;a llegado a ser autosuficiente por el mejor procedimiento de recaudaci&oacute;n del tributo y por los ingresos derivados del establecimiento del estanco del tabaco.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un &uacute;ltimo cap&iacute;tulo se consagra a las innovaciones introducidas en el &uacute;ltimo tercio del siglo por el reformismo borb&oacute;nico. Con especial atenci&oacute;n se analiza el papel del Consulado de Manila como principal defensor del monopolio del gale&oacute;n frente a la pol&iacute;tica metropolitana de introducir en el archipi&eacute;lago la libertad de comercio tal como se contemplaba en los decretos aplicados en Am&eacute;rica desde 1778 y de promover al mismo tiempo una agricultura de plantaci&oacute;n, que permitiera una sustituci&oacute;n de las importaciones asi&aacute;ticas por las exportaciones aut&oacute;ctonas, principalmente el tabaco, el az&uacute;car, el a&ntilde;il y los textiles (algod&oacute;n, abac&aacute;). La Compa&ntilde;&iacute;a de Filipinas fue la pieza clave en esta transformaci&oacute;n de los elementos sobre los que hab&iacute;a pivotado la econom&iacute;a de las islas durante m&aacute;s de dos siglos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Naturalmente, en esa reconversi&oacute;n radical hubo ganadores y perdedores, pero finalmente condujo a una adaptaci&oacute;n generalizada a las nuevas condiciones impuestas a partir de ahora, en lo que podr&iacute;amos llamar el "sistema espa&ntilde;ol del Pac&iacute;fico". En este punto, y a pesar de las espl&eacute;ndidas fuentes descubiertas y utilizadas por el autor, quedan todav&iacute;a muchas dudas por esclarecer. No se pueden juzgar los efectos (y a&uacute;n menos calificarlos como "perversos") del comercio libre en el mismo sentido que en Am&eacute;rica (donde tampoco se puede magnificar la crisis de sobreabasteci&#45;miento de 1787, dejando fuera del cuadro el excelente comportamiento del sistema hasta la coyuntura b&eacute;lica iniciada en 1797), dados los diferentes mecanismos que reg&iacute;an los intercambios en uno y otro &aacute;mbito; aunque tal vez no tan diferentes, ya que si Espa&ntilde;a fue puente de plata entre Am&eacute;rica y Europa, las Filipinas fueron puente de plata entre Am&eacute;rica y Asia. Por otra parte, el puerto de Manila funcion&oacute; como puerto franco desde 1790 con unas atribuciones y unas funciones bien distintas de las desempe&ntilde;adas por los puertos americanos del libre comercio. Finalmente, el sistema del Pac&iacute;fico no sufri&oacute; de modo inmediato la transferencia de su eje desde M&eacute;xico a Espa&ntilde;a: el gale&oacute;n de Manila continu&oacute; en activo hasta la segunda d&eacute;cada del siglo XIX, pero adem&aacute;s, toda otra serie de barcos continu&oacute; manteniendo la relaci&oacute;n entre Manila y Acapulco hasta 1820 (justo hasta la llegada de Agust&iacute;n de Iturbide), de modo que la plata mexicana sigui&oacute; desempe&ntilde;ando su papel de combustible met&aacute;lico indispensable en esta parte del mundo a trav&eacute;s de la mediaci&oacute;n del comercio filipino. Las Filipinas mexicanas no pasaron a ser unas Filipinas espa&ntilde;olas hasta 1820, como (junto con Marina Alfonso) he tratado de poner de manifiesto en otros lugares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la obra de Luis Alonso es una aportaci&oacute;n de primer orden para la historia no s&oacute;lo de la Hacienda de las Filipinas, sino de las relaciones del archipi&eacute;lago con M&eacute;xico y Espa&ntilde;a, desde la llegada de Legazpi hasta la &eacute;poca de la independencia de Am&eacute;rica. Su valor reside en la excepcional documentaci&oacute;n allegada, en el completo an&aacute;lisis de la implantaci&oacute;n y la evoluci&oacute;n de la tributaci&oacute;n ind&iacute;gena, en el convincente replanteamiento de la cuesti&oacute;n del situado frente a las tesis tradicionalmente admitidas, en la sugestiva revisi&oacute;n del reformismo borb&oacute;nico en las islas, en el perfecto engarce de la historia fiscal con la historia general en el &aacute;mbito del Pac&iacute;fico espa&ntilde;ol, de donde la pertinencia tanto del t&iacute;tulo como del subt&iacute;tulo del libro. Se trata por lo tanto de una obra fundamental e imprescindible que, por encima de todo, renueva de modo radical nuestro conocimiento y nuestra percepci&oacute;n de las coordenadas que definieron el devenir de las islas Filipinas a lo largo de los tiempos modernos.</font></p>      ]]></body>
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