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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los estancieros contra el Estado. La Liga Agraria y la formación del ruralismo político en la Argentina]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Roy Hora, <i>Los estancieros contra el Estado. La Liga Agraria y la formaci&oacute;n del ruralismo pol&iacute;tico en la Argentina</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Cecilia Alejandra Fandos*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Argentina, Siglo XXI, 2009, 216 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Universidad Nacional de Jujuy, ISHIR&#150;CONICET</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El t&iacute;tulo de esta obra, <i>Los estancieros contra el Estado</i>, llama inmediatamente la atenci&oacute;n del lector atento &#151;y preocupado&#151; por las vicisitudes sociopol&iacute;ticas de la actualidad argentina. Una mirada m&aacute;s detenida retrotrae al mismo lector &#151;tambi&eacute;n inmediatamente&#151; al escenario signado por las controvertidas relaciones entre estos dos actores &#151;los estancieros y el Estado&#151; ya no en el presente, sino en el contexto de la Argentina agroexportadora decimon&oacute;nica. Es decir, en los tiempos del cenit del poder&iacute;o e influencia del sector social m&aacute;s rico y favorecido por dicho modelo econ&oacute;mico: los terratenientes pampeanos. Tal es la idea preliminar que irrumpe apenas inaugurada la lectura y, por ello, <i>Los estancieros contra el Estado</i>, de Roy Hora, genera, a decir verdad, cierto desconcierto. Esa es, seguramente, una de las reacciones que el autor procura despertar en el destinatario de este interesante texto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, hay aqu&iacute; un novedoso y s&oacute;lido planteamiento sobre la relaci&oacute;n entre elite terrateniente, pol&iacute;tica y Estado olig&aacute;rquico. De hecho, Hora propone una revisi&oacute;n del predicamento historiogr&aacute;fico sesentista que caracteriza al sistema de poder del ciclo 1880&#150;1916 como esencialmente un&aacute;nime, sin rupturas ni fricciones entre el Estado y las clases econ&oacute;micamente dominantes. Se est&aacute; aqu&iacute;, conforme a Hora, ante una interpretaci&oacute;n "instrumentalista", sujeta a la noci&oacute;n de que las elaboraciones intelectuales de las elites son meras racionalizaciones de un mundo saturado de intereses y carente de ideas. Hacia all&iacute; apunta el principal objetivo de esta obra: "explorar esa <i>terra incognita </i>que es la ideolog&iacute;a" de este sector social. Para ello escoge a la Liga Agraria como objeto de su estudio. Si bien el libro es recorrido a trav&eacute;s de sus cinco cap&iacute;tulos (adem&aacute;s de unas notas introductorias y de cierre) por una narrativa cronol&oacute;gica sobre la vida de esta instituci&oacute;n, admite niveles de lectura alternativos y complementarios.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por una parte, encontramos la historia propiamente dicha de la Liga Agraria. Toda la reconstrucci&oacute;n que de ella se hace; su accionar, sus representantes y sus &oacute;rganos de difusi&oacute;n resultan en s&iacute; mismos un valioso aporte que saca del olvido a una instituci&oacute;n clave. La Liga Agraria fue una asociaci&oacute;n de los ganaderos bonaerenses que naci&oacute; en la d&eacute;cada de 1890 y tuvo existencia hasta 1923, cuando se disolvi&oacute;. Esta instituci&oacute;n se constituy&oacute;, seg&uacute;n Hora, en un actor y un reflejo de la identidad terrateniente de aquella &eacute;poca. Su historia se teje en esta ocasi&oacute;n asociada a las contingencias pol&iacute;ticas, sociales y econ&oacute;micas que la acompa&ntilde;aron. As&iacute;, por ejemplo, en el primer cap&iacute;tulo se desarrollan los entretelones de la "Aparici&oacute;n de la Liga Agraria" y su fundaci&oacute;n se vincula al escenario de crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de comienzos de la d&eacute;cada de 1890, en que se vio frenado el crecimiento agroexportador y fracturado "el r&eacute;gimen" estructurado en torno al Partido Autonomista Nacional. Seg&uacute;n Hora, este ambiente interpel&oacute; la actitud de prescindencia pol&iacute;tica que caracterizaba a los grandes estancieros, impuls&aacute;ndolos hacia una presencia permanente y organizada en la escena pol&iacute;tica. La vocaci&oacute;n pol&iacute;tica con la que se gest&oacute; la Liga Agraria &#151;y que la separ&oacute; claramente del otro n&uacute;cleo ruralista existente, la Sociedad Rural Argentina&#151;, se canaliz&oacute; en 1901 hacia la creaci&oacute;n de un partido pol&iacute;tico capaz de dar batalla electoral al Partido Autonomista Nacional. Se trat&oacute; del Partido Democr&aacute;tico el cual &#151;presentado como un "partido de ideas" con la pretensi&oacute;n de agruparse con base en ideolog&iacute;as definidas o programas de acci&oacute;n&#151; procur&oacute; erigirse en alternativa a las estructuras partidarias basadas en liderazgos personales. Que esta no era una l&iacute;nea arraigada en la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica del pa&iacute;s qued&oacute; en evidencia ante el camino elegido &#151;y los instrumentos utilizados&#151; por el novel partido para mantenerse en la carrera electoral, lo que a la postre deriv&oacute; en su neutralizaci&oacute;n y desnaturalizaci&oacute;n. Este giro en su naturaleza se debi&oacute;, seg&uacute;n el elocuente an&aacute;lisis de Hora, a la incorporaci&oacute;n de hombres representativos de la intelectualidad y de las fuerzas pol&iacute;ticas no oficialistas, con miras a ampliar su base electoral. Con las reglas de juego imperante, finalmente la experiencia result&oacute; un fallido intento de los estancieros pampeanos por volcarse al activismo pol&iacute;tico. La definici&oacute;n y actuaci&oacute;n de este partido ocupa el cap&iacute;tulo tercero del libro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vida de la Liga durante los esplendorosos a&ntilde;os del centenario es abordada en el cap&iacute;tulo cuarto. Dice Hora, contraviniendo por momentos su cr&iacute;tica a la imagen de los terratenientes como un universo sujeto &uacute;nicamente a concretos intereses, que el enorme crecimiento econ&oacute;mico de esos a&ntilde;os quit&oacute; urgencia y consenso al llamado a una activa participaci&oacute;n pol&iacute;tica del sector. No obstante, hasta el nuevo ciclo que se abre con el ascenso del radicalismo al poder, la Liga Agraria mantuvo una actitud desafiante frente al gobierno de la provincia de Buenos Aires, encabezado por el Partido Conservador. Lleg&oacute;, incluso, a participar en las urnas en 1912 mediante una nueva fuerza pol&iacute;tica, Defensa Rural. "El arribo de la era democr&aacute;tica y el ocaso del ruralismo pol&iacute;tico" es el t&iacute;tulo del quinto cap&iacute;tulo, en el que se recorren las posiciones adoptadas por la Liga Agraria frente a un mundo pol&iacute;tica y socialmente cambiado. Avanzada la segunda d&eacute;cada del siglo XX, en esta nueva fase, a pesar de un inicial acercamiento al nuevo partido triunfador &#151;la Uni&oacute;n C&iacute;vica Radical&#151;, el juego pol&iacute;tico de la democracia y la revelaci&oacute;n de nuevos grupos sociales hicieron desaparecer a la Liga Agraria, al decir de Hora, por entonces, v&iacute;ctima de su propia irrelevancia pol&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, en la trama del texto es factible descubrir ese concierto de ideas propio de la clase terrateniente que Hora se propone desentra&ntilde;ar. En este punto hay un recorrido de las posiciones y los puntos de vista sobre un amplio abanico de cuestiones, conforme el propio proceso hist&oacute;rico fue introduci&eacute;ndolas. El segundo cap&iacute;tulo condensa de manera particular este aspecto de la investigaci&oacute;n al proponerse analizar "El programa de la Liga Agraria". Para Hora, el Estado roquista implic&oacute; una fractura en el lazo org&aacute;nico entre el Estado y la clase propietaria. A diez a&ntilde;os de su instauraci&oacute;n, los terratenientes y ganaderos porte&ntilde;os despegaron con un pensamiento propio y cr&iacute;tico a la vez. Ello se explica por la profunda redistribuci&oacute;n del poder en perjuicio de Buenos Aires y su "clase m&aacute;s holgada", que se oper&oacute; en aquellos a&ntilde;os. As&iacute;, el triunfo de Roca que lo llev&oacute; a la presidencia de la rep&uacute;blica subordin&oacute; a los actores pol&iacute;ticos porte&ntilde;os al poder federal y erigi&oacute; un orden estatal de bases pol&iacute;ticas e institucionales automatizado. Pero, adem&aacute;s, este nuevo Estado que cobr&oacute; forma en la d&eacute;cada de 1880 ten&iacute;a sus bases pol&iacute;ticas en el interior del territorio nacional, en el seno de una elite de origen colonial y mucho menos rica que la porte&ntilde;a. En la l&iacute;nea argumentativa de Hora hubo cierto encono en la mirada porte&ntilde;a sobre esta dirigencia de provincia, a las que juzgaban como enriquecida a costa de su no siempre &eacute;tica carrera pol&iacute;tica. Esta mirada hostil a la ampliaci&oacute;n de la participaci&oacute;n y representaci&oacute;n de los intereses del interior del pa&iacute;s ten&iacute;a un fundamento material concreto que era el credo librecambista de los ganaderos terratenientes pampeanos y su oposici&oacute;n a la protecci&oacute;n arancelaria que el gobierno ochentista brindaba a las "industrias artificiales" y con muy pocas promesas de crecimiento econ&oacute;mico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Liga Agraria se expidi&oacute; sobre cuestiones concretas que son tratadas en el libro, como la reforma electoral, la pol&iacute;tica fiscal, la seguridad, la "cuesti&oacute;n social" plasmada en el &aacute;mbito urbano, las leyes de arrendamiento. En este punto, no dejan de sorprender los matices que introduce Hora a las lecturas previas efectuadas sobre el posicionamiento ideol&oacute;gico de los terratenientes y estancieros de aquella &eacute;poca. Por ejemplo, cuando se analiza las cuesti&oacute;n de la ampliaci&oacute;n del sufragio, Hora dice que los liguistas se aventajaron en una d&eacute;cada al debate sobre la reforma electoral y el crucial cambio que marc&oacute; la Ley Sanez Pe&ntilde;a de 1912. As&iacute;, el tratamiento del tema por parte de la Liga Agraria data de fines del a&ntilde;o 1899, en que detent&oacute; una postura favorable a la expansi&oacute;n del sufragio y la transparencia electoral. Hora deja claro que ello no obedec&iacute;a en absoluto a que sus miembros proyectaran sobre este cambio la posibilidad de una mutaci&oacute;n social y econ&oacute;mica que alterara la distribuci&oacute;n de la riqueza y pusiera en cuesti&oacute;n sus privilegios, asegurados adem&aacute;s por el orden vigente. Son otras las premisas de las que se vale Hora para interpretar el posicionamiento de la Liga sobre los derechos pol&iacute;ticos. En primer lugar, los estancieros sab&iacute;an muy bien que la acumulaci&oacute;n de su riqueza se basaba puramente en los mecanismos del mercado y no en el acceso directo al poder pol&iacute;tico. En segundo lugar no ten&iacute;an control sobre el aparato del Estado ni posibilidades de torcer el rumbo electoral. En tercer lugar no percib&iacute;an cuestionamiento alguno sobre su ubicaci&oacute;n en la esfera social y, en todo caso, sus desacuerdos y confrontaciones eran s&oacute;lo con el mundo pol&iacute;tico. En definitiva, su flanco de lucha era la maquinaria pol&iacute;tica olig&aacute;rquica y una reforma en el sufragio pod&iacute;a ser la v&iacute;a para permitir a la sociedad librarse de ella. Con esa misma necesidad y mirada hab&iacute;an dado su aval al programa de reforma electoral de 1912. Era la oportunidad de destruir la "rep&uacute;blica olig&aacute;rquica" y fundar un nuevo orden m&aacute;s sensible a la influencia de las clases propietarias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n es particular el modo en que Hora comprende la conducta de los estancieros frente a los nuevos vientos de reclamos procedentes de otros organizados actores rurales, como los chacareros. En efecto, ese universo de agricultores carentes de la propiedad de la tierra adquirieron visibilidad p&uacute;blica en 1912, y de su movilizaci&oacute;n naci&oacute; una entidad que los contuvo: la Federaci&oacute;n Agraria. Su principal mira fue un mejoramiento de los contratos de arrendamientos y distribuci&oacute;n de la propiedad. Cualquier cambio a su favor implicaba afectar los intereses de quienes detentaban la propiedad. El problema se canaliz&oacute; por la v&iacute;a reformista a trav&eacute;s de las "leyes agrarias" que se trataron en el Congreso de la naci&oacute;n. Curiosamente, el an&aacute;lisis de Hora indica que la parte propietaria, representada en la Liga Agraria, fue proclive a la sanci&oacute;n de nuevas leyes de arrendamiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay en toda la exploraci&oacute;n que realiza Hora dos ideas centrales que se repiten y que se erigen en una especie de matriz ideol&oacute;gica del grupo social que estudia. Por una parte, la visi&oacute;n de la sociedad en su conjunto y del lugar que ellos ocupaban en la misma. La Argentina del crecimiento agroexportador era una sociedad sin conflictos, que desconoc&iacute;a el lenguaje de diferencias de clases; era armoniosa y predispuesta a la colaboraci&oacute;n. En congruencia con este imaginario, se trataba, adem&aacute;s, de una sociedad pr&oacute;diga en oportunidades para todos. Su forma de autopercibirse en este todo arm&oacute;nico era la del sector m&aacute;s din&aacute;mico, aliado al mundo del trabajo y mucho m&aacute;s progresista que otros grupos terratenientes de la naci&oacute;n, como los de la Puna juje&ntilde;a, en el norte del pa&iacute;s, sobre quien mostraban mucho reparo. Hora deja sugerida la idea de que esa lectura del mundo social comenz&oacute; a estar desfasada de la realidad, por lo menos, desde los comienzos de 1910, cuando otros actores entraron decididamente en escena y cambiaron el estigma, por cierto menos amigable, del sector terrateniente. Fue tan rectora esta imagen de la sociedad argentina en el imaginario de los estancieros que con la admisi&oacute;n de una sociedad en conflicto la Liga Agraria se desplom&oacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, y como consecuencia de lo arriba se&ntilde;alado, la inquietud, la preocupaci&oacute;n del grupo no estuvo en la sociedad civil, como la esfera que los amenazaba, sino en la pol&iacute;tica. Tanto en el ciclo conservador como en el radical los problemas que aquejaban a los terratenientes, la divisi&oacute;n y la hostilidad social, eran para estos fundamentalmente consecuencia de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, de un grupo dirigente parasitario, arribista, irresponsable. Este divorcio con el "otro" pol&iacute;tico, siempre referenciado desde una exterioridad, dio impulso, al decir de Hora, a un "ideario antipol&iacute;tico". Al cerrar las &uacute;ltimas p&aacute;ginas del libro, la contundencia de esta afirmaci&oacute;n &#151;por cierto presente a lo largo de todo el desarrollo anal&iacute;tico&#151; retumba como r&eacute;mora del pasado en esta actualidad, saturada por el conflicto del campo. Cualquier acontecimiento relevante de los &uacute;ltimos tiempos en Argentina suele mostrarse ante la opini&oacute;n p&uacute;blica ligado a la idea de responsabilidad pol&iacute;tica. &iquest;Acaso la ret&oacute;rica "antipol&iacute;tica" de hoy, y la que hicieron suya los estancieros pampeanos de ayer, no son formas de hacer pol&iacute;tica? Lo son, seguramente, para una perspectiva gramsciana de "la pol&iacute;tica", entendida no en un sentido restringido, sino en uno extensivo a todo procedimiento discursivo y ret&oacute;rico tendente a operar sobre una sociedad dispersa y a liderar su "voluntad colectiva".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, dejar la senda abierta para unir el pasado y el presente es una de las m&aacute;s ambiciosas metas de la historia y, sin duda, esta obra se orienta en tal sentido.</font></p>     ]]></body>
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