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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Núcleos urbanos mexicanos. Siglos XVIII y XIX. Mercado, perfiles sociodemográficos y conflictos de autoridad]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="left"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Manuel Mi&ntilde;o Grijalva (coord.),    <br> 	<i>N&uacute;cleos urbanos mexicanos. Siglos XVIII y XIX. Mercado, perfiles sociodemogr&aacute;ficos y conflictos de autoridad,</i>    <br> 	M&eacute;xico, CEH&#45; Colmex, 2006</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de los a&ntilde;os setenta los estudios de las ciudades dejaron de ser el tel&oacute;n de fondo de los acontecimientos pol&iacute;ticos. El acontecer hist&oacute;rico de los n&uacute;cleos urbanos se convirti&oacute; en objeto de muchos trabajos, donde los factores econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos, sociales y culturales se analizaron como determinantes de las acciones que sobre el espacio impon&iacute;an los grupos sociales. Antrop&oacute;logos, soci&oacute;logos, arquitectos, urbanistas, historiadores y economistas, entre otros, observaron las ciudades, las estudiaron, las analizaron y las caracterizaron por su tama&ntilde;o, por la densidad de su poblaci&oacute;n, su morfolog&iacute;a, sus actividades econ&oacute;micas, su heterogeneidad e interacci&oacute;n social y su cultura, pero sobre todo se abri&oacute; a debate su contraposici&oacute;n al campo como espacio urbano o protourbano, preindustrial o industrial. Las ciudades se miran con lupa y se vinculan a ciertas condiciones: la producci&oacute;n de un excedente agr&iacute;cola, la concentraci&oacute;n de poblaci&oacute;n, la divisi&oacute;n del trabajo, la instalaci&oacute;n de un mercado y la concentraci&oacute;n de &oacute;rganos de decisi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto <i>ciudad</i> se defini&oacute; como un concepto con contenidos variables y como un campo de experiencias hist&oacute;ricas que pod&iacute;an estudiarse bajo la perspectiva de la interacci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mirada que se dirigi&oacute; hacia las ciudades fue diferente, iba m&aacute;s all&aacute; de sus l&iacute;mites urbanos, de su relaci&oacute;n con el espacio que las rodea, con otras ciudades cercanas o lejanas. La ciudad, como n&uacute;cleo urbano, se consider&oacute; como el punto central, la sede de un control territorial que le permit&iacute;a formar redes o estructuras urbanas. Es precisamente dentro de este campo donde destaca el libro <i>N&uacute;cleos urbanos mexicanos. Siglos XVIII</i> <i>y XIX. Mercado, perfiles sociodemogr&aacute;ficos y conflictos de autoridad,</i> coordinado por Manuel Mi&ntilde;o Grijalva, que viene a llenar un vac&iacute;o en la historiograf&iacute;a urbana y regional.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo tiene como base fundamental el estudio de espacios urbanos y protourbanos como n&uacute;cleos articuladores identificados a partir de la funcionalidad de un mercado, y del intercambio con unidades protourbanas o zonas m&aacute;s amplias a las cuales organiza, vincula y establece interrelaciones que permiten, por una parte, el desarrollo de un comercio interno e interregional, y, por otra, la conformaci&oacute;n de padrones sociales y culturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Utilizando como fuentes los registros alcabalatorios, registros parroquiales, informes, narraciones de viajeros y padrones de poblaci&oacute;n, se exponen seis trabajos que permiten entender y afirmar que la estructura urbana desarrollada desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX estaba jerarquizada y presentaba, por medio del comercio interno y del movimiento de cantidades peque&ntilde;as de mercanc&iacute;as y de productos, una red de relaciones y una organizaci&oacute;n social y productiva. Es cierto que el registro de alcabalas y los padrones de poblaci&oacute;n presentan grandes inconsistencias; sin embargo, los autores han visto m&aacute;s all&aacute; del dato cuantitativo para vincularlos con otras fuentes primarias y secundarias y as&iacute; poder comprobar la existencia regular de un comercio interior, la presencia de n&uacute;cleos urbanos y protourbanos como ejes de interrelaciones regionales y, sobre todo, determinar la relaci&oacute;n entre actividades econ&oacute;micas, estructura social y cambios culturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera impresi&oacute;n que tuve de este libro fue su t&iacute;tulo, el cual me pareci&oacute; demasiado general, me hizo pensar que su contenido ser&iacute;a una suma de diferentes conjuntos llenos de n&uacute;meros, cuentas y gr&aacute;ficas. Si bien las investigaciones utilizan estas herramientas, lo importante es que su aplicaci&oacute;n nos permite entender la movilidad demogr&aacute;fica, las crisis, las epidemias, la estructura social y la importancia del comercio interno y sus relaciones interregionales. En cinco de los trabajos existe un hilo conductor, que puede ser un censo, un informe, o bien los registros alcabalatorios que les otorga, a pesar de la diversidad, una unidad que permite conocer la conformaci&oacute;n econ&oacute;mico&#45;social de los n&uacute;cleos urbanos desde fines del siglo XVIII hasta mediados del XIX. S&oacute;lo el &uacute;ltimo trabajo, sin dejar de ser importante, rompe con la estructura general del libro. Cabe destacar lo fundamental que result&oacute; la incorporaci&oacute;n de los ap&eacute;ndices que nos permiten tener al alcance fuentes de primera mano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer trabajo, "Poblaci&oacute;n y abasto de alimentos en la ciudad de M&eacute;xico, 1730&#45;1838", con base en el an&aacute;lisis de las entradas de los productos y las variaciones registradas en los &iacute;ndices demogr&aacute;ficos, Manuel Mi&ntilde;o explica un conjunto de conductas y actitudes que modificaron los padrones de consumo de una poblaci&oacute;n diferenciada. De manera clara, el autor nos introduce a la ciudad de M&eacute;xico, una ciudad en constantes cambios espaciales y demogr&aacute;ficos, resultado de migraciones, crisis agr&iacute;colas y epidemias, que durante el periodo de 1730&#45;1833 definieron no s&oacute;lo su car&aacute;cter heterog&eacute;neo, sino su estructura social y su sistema alimentario. Mi&ntilde;o establece que, si bien existi&oacute; un incremento de los precios, este no fue lo suficientemente fuerte para afectar los niveles de vida y provocar una baja en el consumo de alimento. Los cambios demogr&aacute;ficos que se suscitaron en la ciudad de M&eacute;xico fueron producto de las epidemias y no de los niveles de abasto. Los registros de ingreso de la carne de res, de carnero, de cerdo, de ma&iacute;z, de la harina de trigo, de las aves y del aguardiente le permiten afirmar que fueron los precios los que afectaron el nivel de vida de la poblaci&oacute;n de escasos recursos y promovieron la sustituci&oacute;n y preferencia de un alimento por otro. As&iacute; las crisis agr&iacute;colas tuvieron mayor repercusi&oacute;n en las poblaciones rurales que en la ciudad de M&eacute;xico, pues se sustituy&oacute; el ma&iacute;z por la harina de trigo. A trav&eacute;s del estudio se puede constatar que si bien existe, en el periodo de estudio, un crecimiento constante de la poblaci&oacute;n urbana como consecuencia de la migraci&oacute;n, no se observa que la oferta de mano de obra provocara una baja en los salarios, lo anterior lleva al autor ha se&ntilde;alar que "la migraci&oacute;n a la ciudad no tuvo la suficiente fuerza como para alterar el mercado laboral o que los salarios nominales que conocemos no son en una sociedad de antiguo r&eacute;gimen, como la novohispana, el verdadero indicador de los niveles de vida, de la propia constituci&oacute;n del salario y de la capacidad de compra de los alimentos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo trabajo que se presenta es el de Luis Alberto Arrioja D&iacute;az Viruell, "El abasto de una villa serrana: la Villa Alta de San Ildefonso (Oaxaca) a fines del siglo XVIII". Utilizando como fuente los cuadernos de viento y libros reales del fondo Alcabalas&#45;Indiferente, el autor pudo establecer no s&oacute;lo el tipo de mercanc&iacute;as que ingresaban o sal&iacute;an y los circuitos mercantiles, sino tambi&eacute;n las relaciones con el entorno y los actores sociales que definieron, a fines del siglo xviii, a San Ildefonso Villa Alta, Oaxaca. Partiendo de la idea de Mi&ntilde;o de que los pueblos de indios fueron n&uacute;cleos protourbanos cuyo desarrollo econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social constituy&oacute; la base de la expansi&oacute;n urbana novohispana, el autor establece dos factores que permitieron la incorporaci&oacute;n de esta localidad al sistema econ&oacute;mico colonial. El primero fue su innegable ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica que le permiti&oacute; ser una localidad de enclave, punto de articulaci&oacute;n comercial para la producci&oacute;n mercantil de las planicies costeras del Golfo, la sierra mixe y la sierra zapoteca. El segundo factor tiene que ver con su car&aacute;cter econ&oacute;mico&#45;pol&iacute;tico, en este sentido se destaca el papel que desempe&ntilde;&oacute; el repartimiento como medio para aprovechar y a&ntilde;adir los diferentes productos ind&iacute;genas a la demanda de la econom&iacute;a novohispana. Incorpor&oacute; las poblaciones protourbanas al mercado interno y "estimul&oacute; los intercambios mercantiles, la especializaci&oacute;n regional, la circulaci&oacute;n monetaria y la acumulaci&oacute;n del capital comercial". A trav&eacute;s de esta investigaci&oacute;n se refleja Villa Alta como una localidad integrada regionalmente y articulada con circuitos mercantiles que la interrelacionan con su regi&oacute;n y con otros espacios lejanos. Es un punto de atracci&oacute;n y redistribuidor de mercanc&iacute;as que se destinan para satisfacer sus propias necesidades, as&iacute; como las demandas de insumos de la producci&oacute;n regional. Pero Villa Alta es, adem&aacute;s, una localidad de convivencia donde los comerciantes ind&iacute;genas y los espa&ntilde;oles se integran para dotar a la villa de sus propias y distintivas caracter&iacute;sticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Jes&uacute;s Hern&aacute;ndez, "El mercado urbano de Toluca y su articulaci&oacute;n regional, 1822&#45;1854", est&aacute; centrado en la consideraci&oacute;n de Toluca como un n&uacute;cleo articulador, redistribuidor e intermediario de un comercio de mercanc&iacute;as y productos en cantidades peque&ntilde;as, lo cual lo llev&oacute; a determinar tres factores que caracterizaron el comercio en Toluca. El primero tiene que ver con el cambio en la actividad productiva de los textiles locales. El segundo fue el reemplazo en el consumo del pulque por el aguardiente; y el tercero, la importancia que adquiri&oacute; la preferencia del ganado porcino como materia prima. El an&aacute;lisis de los datos registrados lleva a afirmar al autor que el comercio de Toluca mantuvo una estrecha relaci&oacute;n con su entorno "en la medida en que se dilu&iacute;an los v&iacute;nculos con el espacio exterior, tanto nacional como internacional, se dinamizaba el mercado local". Los datos estudiados demuestran que la contracci&oacute;n del mercado toluque&ntilde;o obedeci&oacute; a una ca&iacute;da demogr&aacute;fica que se manifest&oacute; s&oacute;lo en la ciudad, pues en general la poblaci&oacute;n del partido aument&oacute;, lo que indica un proceso de "ruralizaci&oacute;n" de la poblaci&oacute;n urbana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el trabajo "Perfil sociodemogr&aacute;fico y econ&oacute;mico de Malinalco en 1790", de Francisco Javier Delgado, la fuente principal que se utiliza es el padr&oacute;n de Malinalco de 1790. El desarrollo del trabajo gira en torno a tres ejes tem&aacute;ticos: la composici&oacute;n &eacute;tnica de la poblaci&oacute;n, sus principales actividades econ&oacute;micas y su estructura social y ocupacional. El resultado que se nos presenta es la conformaci&oacute;n de una localidad como un n&uacute;cleo integrado a una red de intercambios comerciales que incide tanto en su estructura social como en su orientaci&oacute;n econ&oacute;mica. Es una localidad donde su poblaci&oacute;n era en su mayor&iacute;a ind&iacute;gena (35%) y donde la presencia del mestizaje era a&uacute;n incipiente. Sin embargo, el autor considera que se puede tomar como un indicador del mestizaje al grupo de individuos cuya etnia no se especifica y que corresponde al conjunto de 0 a 20 a&ntilde;os. De acuerdo con el padr&oacute;n, las principales actividades econ&oacute;micas de los habitantes de Malinalco eran principalmente agr&iacute;colas, artesanales y comerciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el sector agr&iacute;cola se destaca la presencia mayoritaria de trabajadores y en menor grado de peque&ntilde;os propietarios, situaci&oacute;n que se explica por la carencia de tierras ocupadas por la hacienda de Santa Luc&iacute;a y el ingenio de Xalmolonga, propiedad de los jesuitas. En cuanto a las actividades artesanales sobresale la de tejedores de entre una gran variedad de oficios. Es decir, que de acuerdo con los datos registrados, Malinalco se distingu&iacute;a por ser una localidad que abastec&iacute;a de mano de obra para el campo y de productos manufacturados que se vend&iacute;an en los mercados de la regi&oacute;n. Esto se comprueba al constatar que dentro del sector de comercio la presencia m&aacute;s importante era la de los arrieros. Al igual que en el resto de los pueblos y ciudades que formaban la estructura urbana novohispana, Malinalco tambi&eacute;n se caracteriza por una elite cuyas actividades se concentran en los oficios religiosos y administrativos. La interpretaci&oacute;n de los datos, que llev&oacute; a cabo el autor, reafirma que no exist&iacute;a una relaci&oacute;n entre etnia y oficios y la existencia de localidades articuladoras que se incorporaban a la red urbana y comercial de Nueva Espa&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro n&uacute;cleo urbano que se presenta como articulador de una red mar&iacute;tima y terrestre es el puerto de Mazatl&aacute;n, estudiado por Karina Busto Ibarra en "Mazatl&aacute;n: estructura econ&oacute;mica y social de una ciudad portuaria, 1854&#45;1869". Este trabajo se apoy&oacute; en el an&aacute;lisis de los censos de 1854, 1867 y 1869; comparativamente se determin&oacute; que esta localidad modific&oacute; su poblaci&oacute;n, sus actividades productivas y sus formas de consumo. Por su ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica Mazatl&aacute;n se desarroll&oacute; como una ciudad comercial y de servicios, n&uacute;cleo de articulaci&oacute;n entre las regiones del noroeste y de la costa del Pac&iacute;fico, donde se llev&oacute; a cabo una importante actividad comercial en el &aacute;mbito local, nacional e internacional que signific&oacute; una fuente de riqueza para sus habitantes. Mazatl&aacute;n como ciudad portuaria y administrativa organiz&oacute; su espacio habitacional conforme a as condiciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas, sociales y culturales de sus habitantes, generando un espacio socialmente diferenciado. La importancia econ&oacute;mica de Mazatl&aacute;n estuvo sustentada en su categor&iacute;a de puerto de altura, en el asentamiento de pobladores de diversos pa&iacute;ses y en su interrelaci&oacute;n comercial con otros puertos y localidades. Para el autor, hacia finales del siglo XIX Mazatl&aacute;n presenta, m&aacute;s que un estancamiento, una reorganizaci&oacute;n y una serie de cambios que la fortalecer&iacute;an como una importante ciudad portuaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo trabajo es el de C. Rene de Le&oacute;n Meza: "Servicios p&uacute;blicos y conflictos jurisdiccionales entre las autoridades de M&eacute;xico y Guadalajara", su objetivo es estudiar las interrelaciones pol&iacute;ticas como producto de un sistema que tuvo como base la pol&iacute;tica de los "pesos y contrapesos" para controlar y limitar el poder que ejerc&iacute;an las autoridades virreinales en Nueva Espa&ntilde;a. La creaci&oacute;n de la Audiencia de Guadalajara es un ejemplo que implic&oacute; una serie de conflictos, tanto jurisdiccionales como de interpolaci&oacute;n de funciones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tomando como base el an&aacute;lisis de algunos servicios p&uacute;blicos y la fundaci&oacute;n de la Casa de Moneda de Guadalajara, el autor nos presenta el clima de inconformidad y las acciones que tuvieron que emprender los administradores locales ante una pol&iacute;tica sumamente corrupta, burocr&aacute;tica y centralizadora que imped&iacute;a no s&oacute;lo la realizaci&oacute;n de las obras, sino que generaba alianzas entre los sectores sociales para hacerle frente a las necesidades y ocasionar, hasta cierto punto, la autonom&iacute;a que se buscaba controlar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajos <i>reunidos en este libro nos</i> permiten ir reconstruyendo una estructura urbana jerarquizada en donde las interrelaciones comerciales locales y regionales permitieron el crecimiento de localidades grandes o peque&ntilde;as.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Regina Hern&aacute;ndez Franyuti</b><i>    <br> 	Instituto Mora</i></font></p>      ]]></body>
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