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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora]]></publisher-name>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Leonor Ludlow (coord.), <i>Los secretarios de Hacienda y sus proyectos (1821&#45;1933),</i> M&eacute;xico, UNAM, 2002, vol. II.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trece trabajos que integran el segundo volumen del libro <i>Los secretarios de Hacienda y sus proyectos</i> abordan varios momentos fundamentales de la historia pol&iacute;tico&#45;econ&oacute;mica de M&eacute;xico: la intervenci&oacute;n francesa, la restauraci&oacute;n de la rep&uacute;blica, el porfiriato, la revoluci&oacute;n y la reconstrucci&oacute;n posrevolucionaria. Cuatro momentos que la historiograf&iacute;a pol&iacute;tica se ha esforzado por diferenciar y que, en conjunto, forman un periodo de m&aacute;s de 70 a&ntilde;os &#45;casi lo doble de lo tratado en el primer tomo&#45; que revelan, en el plano econ&oacute;mico y fiscal, muchas m&aacute;s continuidades y distintos elementos de ruptura con sus respectivos pasados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es natural que en una obra de estas dimensiones y divisiones surjan asimetr&iacute;as de forma entre el primer y segundo volumen. Tambi&eacute;n es comprensible que existan diferencias de contenido. Al respecto, quiz&aacute; la primera y m&aacute;s notoria es que en este segundo volumen no se registran &#45;por decirlo de alg&uacute;n modo&#45; "ausencias" notorias, es decir, no se echa de menos a alg&uacute;n ministro, pues con excepci&oacute;n del imperio todos los periodos est&aacute;n "representados" incluso por varios secretarios. Si en mi primera impresi&oacute;n algo se debe de extra&ntilde;ar es el cierre o t&eacute;rmino mismo del volumen; 1933 es una fecha v&aacute;lida o incluso atractiva a primera vista, pero &iquest;representa el t&eacute;rmino del periodo reconstructor o conviene revisar este ciclo? Quiz&aacute; un estudio de la larga gesti&oacute;n de Eduardo Su&aacute;rez hubiese sido un mejor modo de clausurar en un sentido m&aacute;s inteligible la consolidaci&oacute;n de la moderna Hacienda p&uacute;blica mexicana. O quiz&aacute; debamos esperar que tal an&aacute;lisis inicie los trabajos de un tercer volumen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los retos para formar el segundo fueron, sin duda, importantes. De hecho suscita la impresi&oacute;n de existir una suerte de tensi&oacute;n entre el inter&eacute;s de ofrecer una imagen representativa de cada uno de los momentos hist&oacute;ricos citados pese a la desigual proporci&oacute;n de proyectos y periodos ministeriales. El contraste m&aacute;s evidente, pero no el &uacute;nico, se sugiere entre Lacunza, "el ministro que no lo fue", y Limantour, quien pareci&oacute; cansarse de serlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Mar&iacute;a Lacunza fue uno de los diez ministros de la Hacienda imperial de Maximiliano, no es claro que haya sido el m&aacute;s importante y tampoco que las diez semanas que permaneci&oacute; al frente del Ministerio hayan sido de especial relevancia. En todo caso, la recuperaci&oacute;n que hace Erika Pa&ntilde;i del citado ministro ilustra tanto la continuidad de los problemas tratados en el primer volumen del libro como la novedad de algunas soluciones propuestas, por ejemplo, el empleo de instrumentos fiscales para "distribuir la propiedad y fomentar la inmigraci&oacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contraparte de la Hacienda imperial apenas podr&iacute;a estar mejor representada por Jos&eacute; Mar&iacute;a Iglesias, el hacendista de Ju&aacute;rez durante la intervenci&oacute;n. Elisa Speckman resalta que Iglesias estar&iacute;a m&aacute;s preocupado por la reducci&oacute;n de los ingresos que por su insuficiencia inmediata. Aunque, claro, la visi&oacute;n de corto plazo que impon&iacute;a el Estado de guerra complicaba un escenario dominado por la tensi&oacute;n entre autoridades estatales y federales, muy bien ejemplificado en la relaci&oacute;n mantenida entre Iglesias y Santiago Vidaurri, gobernador de Nuevo Le&oacute;n y quien tambi&eacute;n ser&iacute;a ministro de Hacienda de Maximiliano (y uno de los pocos que pueden echarse de menos en esta compilaci&oacute;n). Para aumentar los ingresos Iglesias combati&oacute; la pr&aacute;ctica de los descuentos aduanales y la corrupci&oacute;n (un t&eacute;rmino que llama la atenci&oacute;n, pues por extra&ntilde;o que parezca se ha usado poco en el conjunto de los trabajos) de los funcionarios de garita, se rehus&oacute; a renovar arrendamientos bajos a casas de Moneda y refrend&oacute; la alternativa de cubrir el d&eacute;ficit fiscal con la desamortizaci&oacute;n de bienes eclesi&aacute;sticos. Desde luego el balance de su gesti&oacute;n estar&iacute;a incompleto si no se alude a los ingresos extraordinarios, tema que ojal&aacute; suscite nuevas investigaciones, por ejemplo, en lo que concierne a la confiscaci&oacute;n de "los culpables de traici&oacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mar&iacute;a Jos&eacute; Rhi Sausi analiza la gesti&oacute;n de Francisco Mej&iacute;a durante el gobierno de Sebasti&aacute;n Lerdo de Tejada. Mej&iacute;a tuvo una larga experiencia en el Ministerio que incluy&oacute; &#45;cosa rara entre sus pares&#45; ser sujeto a un juicio por el primer gobierno de Porfirio D&iacute;az bajo cargos administrativos y peculado. Seguramente por un problema de espacio Rhi Sausi no pudo desarrollar qu&eacute; pudo haber de sustancia en esta aparente venganza pol&iacute;tica. Quiz&aacute; pudo haber estado ligada a un aspecto que causaba desconfianza en el Congreso, la percepci&oacute;n de un desequilibrio presupuestal y una inconsistencia en la presentaci&oacute;n de la cuenta p&uacute;blica. No obstante &#45;dada la deficiente estructura hacendar&iacute;a, la penuria del erario y las necesidades militares&#45;, la imagen que delinea Rhi Sauri es la de un buen administrador al que le correspondi&oacute; instrumentar la ley del timbre o introducir nuevas tarifas (por ejemplo, el derecho de portazgo) y continuar pol&iacute;ticas como las concerniente a las casas de moneda (recuperando el control de varias muy importantes), de cuya administraci&oacute;n privada &#45;pese a su convicci&oacute;n liberal&#45; hac&iacute;a cr&iacute;ticas duras: eran "un obst&aacute;culo para la reducci&oacute;n de impuestos a la miner&iacute;a y, sobre todo, manten&iacute;an una influencia negativa sobre la circulaci&oacute;n monetaria" al provocar su abundancia o escasez.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este segundo volumen de <i>Los secretarios de Hacienda</i> se examinan a connotados funcionarios que lo mismo sirvieron al juarismo que al porfiriato, como Mat&iacute;as Romero y Manuel Dubl&aacute;n; no hay duda que su obra y la de Limantour ejercer&iacute;a una influencia profunda en el Ministerio. Graciela M&aacute;rquez destaca bien los esfuerzos reformadores de Romero entre 1869 y 1870 que, a la postre y en sus aspectos m&aacute;s relevantes, ser&iacute;an recogidos por los siguientes ministros, incluido Mej&iacute;a. Romero, cuya carrera se deb&iacute;a a Benito Ju&aacute;rez, conoc&iacute;a a fondo los problemas heredados por los primeros periodos republicanos: la Hacienda estaba exhausta por endeudamientos gravosos e irregularidades en el ingreso derivados fundamentalmente de los azares del comercio exterior. M&aacute;rquez ha subrayado con facilidad y buen tino las paradojas y problemas que afectaban al fisco, por ejemplo, el hecho de que la dependencia de los ingresos aduanales atentase en contra del principio liberal del libre comercio, pues tal dependencia implicaba el incremento de tasas impositivas, lo que tend&iacute;a a afectar el comercio con el exterior. Para combatir esta dependencia Romero ensay&oacute; introducir el impuesto del timbre, mismo que se impuso despu&eacute;s de una larga negociaci&oacute;n en donde la federaci&oacute;n renunci&oacute; al cobro de la contribuci&oacute;n federal de los estados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si con Romero el Ministerio se reform&oacute; administrativamente y logr&oacute; ingresos m&aacute;s regulares, la gesti&oacute;n de Dubl&aacute;n se reconoce, sobre todo, por haber reducido el costo financiero de la deuda. El estudio de Leonor Ludlow describe este problema lig&aacute;ndolo con el d&eacute;ficit heredado por el gobierno de Manuel Gonz&aacute;lez y con el importante papel desempe&ntilde;ado por el Banco Nacional de M&eacute;xico en tanto principal banco emisor y principal agente financiero del gobierno porfiriano. A Dubl&aacute;n le correspondi&oacute; resolver los desajustes derivados de los excesos gonzalistas; se extra&ntilde;a un poco que no se presente una explicaci&oacute;n m&aacute;s amplia de los problemas de circulaci&oacute;n monetaria (crisis de la moneda de n&iacute;quel y devaluaci&oacute;n de la plata) que marcaron su gesti&oacute;n. Sin embargo, es claro que en la escala de prioridades merec&iacute;a una mayor atenci&oacute;n el arreglo de la deuda (se estima que "redujo los intereses vencidos en 85%") y el restablecimiento del cr&eacute;dito internacional; lo que permiti&oacute;, entre otras cosas, reordenar el mercado de acciones que, sin embargo, no tuvo el crecimiento deseado &#45;por razones de distintos niveles&#45; y, como anota Ludlow, impuls&oacute; su revalorizaci&oacute;n, aunque tambi&eacute;n increment&oacute; las formas de especulaci&oacute;n en adquisici&oacute;n de t&iacute;tulos de ferrocarril, terrenos bald&iacute;os y firmas industriales y agr&iacute;colas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Yves Limantour no s&oacute;lo fue uno de los doce hacendistas del porfiriato, es, m&aacute;s bien, su mejor representante. Sin duda, su gesti&oacute;n de 18 a&ntilde;os marc&oacute; la organizaci&oacute;n del Ministerio y lo convirti&oacute; en un poder f&aacute;ctico "detr&aacute;s del trono". En alg&uacute;n sentido su labor fue menos problem&aacute;tica que sus predecesores, pues hered&oacute; un Ministerio mejor administrado; no obstante, tambi&eacute;n hered&oacute; &#45;como lo se&ntilde;ala el estudio de Alicia Salmer&oacute;n&#45; los problemas potenciales de una econom&iacute;a de fr&aacute;gil expansi&oacute;n. Problemas que se mezclaron con la "poca sensibilidad" del Limantour al crecimiento de las desigualdades sociales ocasionadas por factores como la continua devaluaci&oacute;n de la moneda o la elevada concentraci&oacute;n industrial (un elemento que se dej&oacute; al margen), o porque &#45;como bien Se&ntilde;ala Salmer&oacute;n&#45; "su pol&iacute;tica de gasto prioriz&oacute; comunicaciones y obras p&uacute;blicas por sobre renglones tan principales como la administraci&oacute;n de justicia" y la educaci&oacute;n. El reto de revisar la larga gesti&oacute;n de Limantour en un ensayo breve ha sido bien encarado por la autora, pues viene a sintetizar una visi&oacute;n que muchos compartir&aacute;n y que bien podr&iacute;a servir de base para una pol&eacute;mica m&aacute;s profunda al desarrollar una versi&oacute;n m&aacute;s amplia. Un punto que requerir&iacute;a de otro enfoque o que podr&iacute;a ser dif&iacute;cil aceptar concierne a que s&oacute;lo sean "sesgos" de "pol&iacute;tica de gasto", l&iacute;neas de decisi&oacute;n que se sostienen durante casi dos d&eacute;cadas pese a costos gravosos y "generosas subvenciones" a la creaci&oacute;n de infraestructura. Despu&eacute;s de todo, esta l&iacute;nea se sigue en otros rubros que no han sido tratados con amplitud (por ejemplo, sistema financiero y privilegios fiscales) por razones de espacio, lo que no desmerece sobre todo al vincularse a los estudios anteriores (Speckman, Rhi Sausi, M&aacute;rquez y Ludlow) para ofrecer un buen y provocativo panorama de los desaf&iacute;os que enfrent&oacute; la Hacienda mexicana en el juarismo y el porfiriato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los secretarios de Hacienda surgidos de la revoluci&oacute;n estuvieron, de un modo u otro, marcados por la imagen de Limantour; bien fuese por estar expl&iacute;cita (Ernesto Madero) o impl&iacute;citamente de acuerdo con &eacute;l o porque como antiguos adversarios pol&iacute;ticos se sent&iacute;an obligados a afectar sus postulados y las instituciones que cre&oacute; (Esquivel Obreg&oacute;n, Cabrera). Desde luego, no faltar&aacute;n los lectores que se sorprendan de la falta de respeto que ten&iacute;a Ernesto Madero hacia Limantour, y apenas hay duda de que sus pol&iacute;ticas habr&iacute;an diferido y, sin embargo, &eacute;stas difirieron, en principio, por las crecientes reclamaciones de afectaciones de guerra y gastos militares (por ejemplo, lic&eacute;nciamiento de tropas) que hubo de enfrentar el primero. Jes&uacute;s M&eacute;ndez ha se&ntilde;alado elementos de cambio en un proyecto hacendario que deliberadamente pretend&iacute;a ser continuador de la pol&iacute;tica limantoureana, y quiz&aacute; s&oacute;lo ha de extra&ntilde;arse &#45;que no de reclamarse&#45; en su trabajo otro elemento de diferenciaci&oacute;n que est&aacute; presente en el gobierno maderista: el desarrollo de un incipiente nacionalismo econ&oacute;mico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho elemento, siempre dentro de un esquema liberal, se muestra con mayor claridad en el r&eacute;gimen "restaurador" de Victoriano Huerta. En su estudio sobre Toribio Esquivel Obreg&oacute;n, primer ministro de la Hacienda huertista, Guillermo Zerme&ntilde;o se ha preocupado sobre todo por relatar al lector la forma como aqu&eacute;l, un "no especialista", logr&oacute; ascender a ese despacho. Una carrera, sin duda, accidentada pero que no parece distanciarse tanto de la que seguir&iacute;an otros "no especialistas" &#45;la mayor&iacute;a&#45; que ocupar&iacute;an el Ministerio. Abogado con lecturas autodirigidas en la sociolog&iacute;a y la econom&iacute;a, Esquivel Obreg&oacute;n fue conocido como uno de los periodistas m&aacute;s cr&iacute;ticos y le&iacute;do del Baj&iacute;o, mientras que hoy su fama se debe a sus trabajos en la historia del Derecho. Adem&aacute;s de tener la imagen de un cr&iacute;tico legitimado por el maderismo, en &eacute;l hay el deseo manifiesto de trazar una pol&iacute;tica "general" o "no especializada" y se delinean algunos de los problemas heredados m&aacute;s graves; notoriamente le faltan los medios para resolverlos, incluido &#45;claro&#45; el tiempo. Muy pronto se muestran sus l&iacute;mites: lo que parec&iacute;an s&oacute;lo errores de informaci&oacute;n en su cr&iacute;tica a la reforma a la Ley de Instituciones de Cr&eacute;dito de 1908, se revela en actos de "ingenuidad" &#45;como sugiere Zerme&ntilde;o&#45; durante su gesti&oacute;n ministerial. Un punto importante al respecto y que hubiese merecido una referencia espec&iacute;fica, era la pregunta que se hac&iacute;a don Toribio bajo diversas elaboraciones: &iquest;cu&aacute;l es la proporci&oacute;n adecuada de respaldo met&aacute;lico y circulante fiduciario para propiciar un "sano" crecimiento del cr&eacute;dito? Desde luego no abog&oacute; por la proporci&oacute;n de Limantour (de 1 a 2) a la que critic&oacute; siempre de alta; pero no correspondi&oacute; a &eacute;l sino a Adolfo de la Lama sancionar su reducci&oacute;n. Otros dos problemas &iacute;ntimamente relacionados que le preocuparon, los ferrocarriles y la deuda, se extra&ntilde;an en este trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la gesti&oacute;n de los ministros anteriores conoci&oacute; infinidad de complicaciones, las de los ministros del gobierno constitucionalista probablemente fueron las m&aacute;s accidentadas del siglo. Leonardo Lomel&iacute; estudi&oacute; la labor reorganizativa de Luis Cabrera y Rafael Nieto, y coincide con la mayor&iacute;a de los investigadores anteriores en se&ntilde;alar que fueron los temas fiscales, monetarios y de desequilibrio de gasto los principales obst&aacute;culos que encontraron en su gesti&oacute;n. En la b&uacute;squeda de soluciones, Cabrera y Nieto impulsaron la formaci&oacute;n de una Comisi&oacute;n de Reorganizaci&oacute;n Administrativa y Financiera en la que des empe&ntilde;ar o n un papel importante dos especialistas estadunidenses, A. Chandler y E. Kemmerer, quienes vale la pena mencionar, pues su asesor&iacute;a no se limit&oacute; al periodo de Carranza. Lomel&iacute; observa con tino una tendencia centralizadora en el plano administrativo&#45;fiscal de las pol&iacute;ticas carrancistas, pero es de extra&ntilde;ar que no se haya ocupado m&aacute;s ampliamente de las causas que facilitaron el inicio de este proceso ni en el grave significado que traer&iacute;a a los ayuntamientos esta pol&iacute;tica, y que, para hacer justicia a su trabajo, no se manifiestan con claridad sino despu&eacute;s de la crisis fiscal de 1923. En todo caso, el trabajo de Lomel&iacute; es el &uacute;nico de la compilaci&oacute;n que enfrenta la tarea de estudiar simult&aacute;neamente a dos ministros, y la imagen de conjunto que ofrece es que ambas gestiones est&aacute;n m&aacute;s marcadas por la semejanza que por la diferencia. Sin embargo, intuimos que &eacute;sta parece m&aacute;s bien una imagen heredada, un examen m&aacute;s detenido de la obra de Nieto, en la que los investigadores tengan la oportunidad de consultar fuentes consulares extranjeras que prometa mostrar diferencias m&aacute;s amplias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adolfo de la Huerta, Alberto J. Pa&ntilde;i y Luis Montes de Oca son los &uacute;ltimos tres ministros analizados, respectivamente por Carmen Collado, Aurora G&oacute;mez y Carmen Sol&oacute;rzano. No creo que haya duda de que la figura de Pa&ntilde;i sea la que mejor encarne la transici&oacute;n entre De la Huerta y Montes de Oca, adem&aacute;s Pa&ntilde;i, un poco recordando lo que suced&iacute;a en el siglo XIX, a ambos los sucedi&oacute; y critic&oacute; duramente. Tambi&eacute;n ambos enfrentaron crisis especialmente adversas al final de su gesti&oacute;n: De la Huerta vio caer los ingresos derivados de exportaciones petroleras dram&aacute;tica y repentinamente, mientras que Montes de Oca enfrent&oacute; tanto las consecuencias de la depresi&oacute;n internacional de 1929 como una significativa ca&iacute;da del precio de la plata. Los tres intentaron resolver el problema de la deuda aunque con matices y &eacute;nfasis distintos; no obstante, de conjunto se mostr&oacute; una comprensi&oacute;n progresiva en los gobiernos mexicanos y en los alcances econ&oacute;micos de los acuerdos de 1922, 1925 y 1930&#45;1931. En materia fiscal, De la Huerta introdujo el impuesto sobre la renta como un impuesto que denomin&oacute; del "Centenario", pero fracas&oacute; en el intento de imponer un gravamen predial que garantizara las expropiaciones agrarias, como tampoco pudo organizar la convenci&oacute;n hacendar&iacute;a nacional ni vencer las resistencias para crear el anhelado banco central del pa&iacute;s. En m&aacute;s de una medida Pa&ntilde;i cosech&oacute; los proyectos que su adversario hab&iacute;a iniciado. El sombr&iacute;o cuadro que pinta Pa&ntilde;i al iniciar su gesti&oacute;n y que Aurora G&oacute;mez recuerda al lector contrasta evidentemente con las diversas fuentes que emplea Collado para ponderar la imagen de Adolfo de la Huerta. Llama la atenci&oacute;n que Carmen Sol&oacute;rzano no participara en este debate, toda vez que con cambios de personajes, de fechas y de detalles, Pa&ntilde;i tambi&eacute;n inici&oacute; una ofensiva pol&iacute;tica contra Montes de Oca, en donde &eacute;ste, como lo har&iacute;a normalmente en su carrera pol&iacute;tica, se caracteriz&oacute; por su prudencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios fueron los proyectos que los unieron y separaron. En materia financiera, los tres tuvieron una posici&oacute;n frente al modo como deber&iacute;a funcionar el Banco Central; Carmen Collado muestra los proyectos que Adolfo de la Huerta conoci&oacute; para tal organismo; a Pa&ntilde;i correspondi&oacute; fundar la instituci&oacute;n y a Montes de Oca ver lo mal que funcion&oacute; durante su primera etapa, y que Carmen Sol&oacute;rzano s&oacute;lo vincul&oacute; al problema de la "especulaci&oacute;n monetaria" que, por lo dem&aacute;s, es una constante tratada en los dos vol&uacute;menes del libro. En materia fiscal los problemas tambi&eacute;n fueron may&uacute;sculos y, sin duda, como ha enfatizado Aurora G&oacute;mez, existi&oacute; un cambio importante con la introducci&oacute;n del impuesto sobre la renta, pues implic&oacute; un elemento de progresividad en la estructura fiscal heredada del porfiriato. El esfuerzo de Montes de Oca ocurri&oacute; principalmente en materia de reorganizaci&oacute;n administrativa, as&iacute; sucedi&oacute; con el propio impuesto sobre la renta, sobre los grav&aacute;menes especiales, la contribuci&oacute;n federal y en lo concerniente al gasto, con el arreglo de la deuda externa. En este &uacute;ltimo aspecto, Carmen Sol&oacute;rzano nos recuerda en trazos amplios los problemas de las negociaciones internas y externas, un tratamiento similar da a la cuesti&oacute;n de la reforma monetaria; asuntos que, sin embargo, hubiese sido pertinente vincular en un sentido m&aacute;s anal&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cualquier caso, no hay duda que este largo esfuerzo aporta una comprensi&oacute;n de conjunto sobre el ejercicio hacendario en M&eacute;xico, en el que los personajes de carne y hueso, de intereses, saberes y limitaciones hist&oacute;ricas, los ministros moldean una instituci&oacute;n fundamental para explicar nuestro devenir republicano. Bienvenida la reuni&oacute;n de esta amplia gama de investigadores, de este encuentro de preocupaciones y enfoques diferentes que, esperemos convoque &#45;pues tal ha sido el esp&iacute;ritu que anim&oacute; a su coordinadora&#45; la apertura de una nueva agenda de investigaci&oacute;n y de debate.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Luis Anaya Merchat</b></font></p>      ]]></body>
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