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<journal-title><![CDATA[América Latina en la historia económica]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Contrabando y pacificación indígena en la frontera colombo-venezolana de la Guajira (1750-1820)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier tem&aacute;tico: contrabando</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Contrabando y pacificaci&oacute;n ind&iacute;gena</b> <b>en la frontera colombo&#45;venezolana de la Guajira (1750&#45;1820)<a name="n0b"></a><a href="#n0a">*</a></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Polo Acu&ntilde;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El comercio de contrabando y la hostilidad de los ind&iacute;genas no reducidos fueron dos elementos que perturbaron el orden social y econ&oacute;mico impuesto por las autoridades espa&ntilde;olas en sus colonias americanas durante el siglo XVIII, problemas con los que igualmente tuvieron que lidiar las autoridades republicanas por lo menos en las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XIX, por lo que buena parte de los esfuerzos gubernamentales se centraron en combatirlos. La necesidad de reprimir el trato il&iacute;cito estaba estrechamente relacionada con la tarea de pacificar y reducir a los grupos abor&iacute;genes hostiles a cualquier pol&iacute;tica de dominaci&oacute;n, por cuanto ellos, a menudo, establecieron alianzas con contrabandistas extranjeros para beneficiarse mutuamente del tr&aacute;fico. Los lugares afectados por esta situaci&oacute;n fueron territorios fronterizos, caracterizados por la escasa presencia del Estado colonial y republicano, el despojo por parte de los colonos de la tierra y de otros bienes de los naturales o de los campesinos por medio del uso de la violencia que propugnaba por someterlos y controlarlos, zonas donde se presentaron planes y procesos de colonizaci&oacute;n y donde el mestizaje estuvo a la orden del d&iacute;a; en fin, lugares en que se dan interacciones entre dos o m&aacute;s culturas diferentes con lo que se produce una din&aacute;mica &uacute;nica en tiempo y espacio.<sup><a name="n1b"></a><a href="#n1a">1</a></sup> As&iacute; ocurri&oacute; en algunas partes del Cono Sur, cerca de las estancias ganaderas de Cuyo y Chile, donde las tribus libres de la Araucania, por intermedio de sus jefes guerreros, lonkos, hicieron pactos directos con los traficantes ingleses quienes les compraban el ganado que hurtaban en las mencionadas estancias, lo cual dio origen a un din&aacute;mico intercambio il&iacute;cito en esa zona.<sup><a name="n2b"></a><a href="#n2a">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual manera, en la extensa regi&oacute;n noroeste de Brasil, los franceses establecieron alianzas con los indios tupinamb&aacute;, las cuales les permitieron ejercer libremente el trato il&iacute;cito en las costas.<sup><a name="n3b"></a><a href="#n3a">3</a></sup> Asimismo, en la costa nicarag&uuml;ense, los indios miskitos mantuvieron activas relaciones de intercambio con los ingleses, quienes les propusieron crear en su territorio un protectorado brit&aacute;nico totalmente independiente de la jurisdicci&oacute;n espa&ntilde;ola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo propone analizar el problema del contrabando y su relaci&oacute;n con los intentos de pacificaci&oacute;n de los indios en la Guajira durante la segunda mitad del siglo XVIIIy las dos primeras d&eacute;cadas del XIX, asumiendo que un fen&oacute;meno como &eacute;ste se vio favorecido por la coyuntura pol&iacute;tica y econ&oacute;mica que afect&oacute; el Caribe durante el siglo XVIII. Esta situaci&oacute;n y sus m&uacute;ltiples efectos fueron enfrentados por las autoridades hispanas y los posteriores gobiernos de Venezuela y Colombia, respectivamente, con la adopci&oacute;n de pol&iacute;ticas de pacificaci&oacute;n que contaron con una gama de medidas que iban desde el uso de la fuerza por medio de la represi&oacute;n militar hasta los intentos de cooptaci&oacute;n de los l&iacute;deres ind&iacute;genas, los cuales fueron vinculados a tales procesos como intermediarios mediante los cuales se pretend&iacute;a sujetar a la poblaci&oacute;n nativa. Consecuentemente, el contrabando y la pacificaci&oacute;n ind&iacute;gena se convirtieron en dos elementos importantes de lo que Alejandro Grimson denomina procesos de fronterizaci&oacute;n, entendi&eacute;ndolo como "los procesos hist&oacute;ricos a trav&eacute;s de los cuales los diversos elementos de la frontera son construidos por los poderes centrales y por las poblaciones locales. Este concepto pretende enfatizar que, desde el punto de vista sociocultural, la frontera nunca es un dato fijo, sino un objeto inacabado e inestable. Un objeto constantemente disputado de formas diversas."<sup><a name="n4b"></a><a href="#n4a">4</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, la coyuntura pol&iacute;tica y econ&oacute;mica que caracteriz&oacute; al Caribe durante el siglo XVIII se diferenci&oacute; notablemente de la reinante en los siglos XVI y XVIII; en efecto, aunque las autoridades espa&ntilde;olas consideraban el comercio de mercanc&iacute;as sin el reconocimiento del debido arancel a la corona espa&ntilde;ola como una actividad il&iacute;cita, &eacute;sta se hab&iacute;a expandido hasta lograr un cierto grado de legitimidad y tolerancia en el contexto internacional del Caribe, rompiendo de paso el monopolio comercial espa&ntilde;ol. En este episodio desempe&ntilde;an un papel importante las reconocidas posesiones de los extranjeros en territorios americanos del Caribe, Jamaica y Curazao; por ejemplo, brindaron a ingleses y holandeses la oportunidad de organizar abiertamente y por iniciativa privada un comercio de gran escala. Los franceses, por su parte, aprovecharon la alianza de Luis XIV con la Espa&ntilde;a borb&oacute;nica para llevar a cabo un tr&aacute;fico directo desde puertos franceses a las Americas, lo que les permiti&oacute; incursionar en los mercados del virreinato de Per&uacute;.<sup><a name="n5b"></a><a href="#n5a">5</a></sup> En los siglos XVI y XVII las actividades de contrabando de los extranjeros en el Caribe tuvieron una menor cobertura y necesitaron para su realizaci&oacute;n del apoyo militar de los respectivos Estados, lo cual se expres&oacute;, principalmente, en forma de pirater&iacute;a armada. A diferencia de aqu&eacute;llas, durante el siglo XVIII, la actividad fue realizada en forma abierta y fluida, gracias a las condiciones nuevas que caracterizaron el contrabando caribe&ntilde;o durante este periodo. Es as&iacute; como en las provincias de Santa Marta y Riohacha el abastecimiento de productos se hizo por medio de un contrabando abierto y, muchas veces, contaba con la complicidad de las mismas autoridades reales. La magnitud de la actividad il&iacute;cita se ve en su verdadera dimensi&oacute;n si se considera que en el periodo de 1700 a 1763 ning&uacute;n barco mercante espa&ntilde;ol arrib&oacute; al puerto de Riohacha, por lo cual sus habitantes se abastecieron de productos b&aacute;sicos como ropa, alimentos, vinos e instrumentos de trabajo por medio de la negociaci&oacute;n clandestina con los extranjeros provenientes de Jamaica y Curazao.<a name="n6b"></a><sup><a href="#n6a">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aumento del contrabando, debido a la creciente penetraci&oacute;n de los extranjeros, sobre todo en espacios fronterizos alejados de las zonas de control, ayud&oacute; a consolidar las alianzas entre los indios y los traficantes. En zonas como la Guajira,<sup><a name="n7b"></a><a href="#n7a">7</a></sup> tal actividad atentaba directamente contra el dominio espa&ntilde;ol, toda vez que permiti&oacute; la adquisici&oacute;n de armas de fuego por parte de los indios guajiros, con lo que aument&oacute; su capacidad militar de respuesta a las autoridades reales. As&iacute;, por ejemplo, en un conteo de indios guajiros auspiciado por Nicol&aacute;s Gil Mart&iacute;nez, obispo de Santa Marta en 1763, se estableci&oacute; una cifra de 7 660 indios con capacidad de tomar las armas.<a name="n8b"></a><sup><a href="#n8a">8</a></sup> Este n&uacute;mero se increment&oacute; en el a&ntilde;o de 1779 a 14 970 nativos.<a name="n9b"></a><sup><a href="#n9a">9</a></sup> Aunque dichos n&uacute;meros no reflejan necesariamente el aumento de armas, s&iacute; proporcionan un indicio de la circulaci&oacute;n de rifles ingleses y holandeses entre la poblaci&oacute;n nativa que iba en aumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por consiguiente, el contrabando y la pacificaci&oacute;n ind&iacute;gena en la Guajira durante la segunda mitad del siglo XVIII y primeras dos d&eacute;cadas del XIX fueron dos problemas asociados a la nueva situaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica del Caribe, el cual, consolidado como mar interior americano, fue escenario de las luchas entre Espa&ntilde;a y potencias como Inglaterra, Holanda y Francia. Las dos primeras tuvieron una influencia directa en el fomento de las actividades de contrabando y en la "animadversi&oacute;n" de los indios guajiros en contra de las autoridades hispanas. Al respecto, la pol&iacute;tica de la corona espa&ntilde;ola consisti&oacute; en desplegar estrategias y medidas enmarcadas en una serie de transformaciones fundamentalmente econ&oacute;micas y defensivas establecidas tanto en Espa&ntilde;a como en Am&eacute;rica. Sin embargo, estas estrategias y medidas aplicadas en la Guajira chocaron de manera frontal con la comunidad way&uacute;u, un pueblo forjado en &eacute;l marco de guerras entre clanes que ven&iacute;an d&aacute;ndose desde siglos atr&aacute;s, por lo que las operaciones militares de las autoridades hispanas no les fueron totalmente ajenas y antes, por el contrario, eran parte de su diario vivir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La Guajira en las disputas imperiales por el Caribe</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el segundo cuarto del siglo XVII, Holanda, Francia, Inglaterra y, con posteridad, Dinamarca, ocuparon permanentemente algunos territorios en Hispanoam&eacute;rica que Espa&ntilde;a ten&iacute;a en relativo abandono, ya porque fueran terrenos inh&oacute;spitos o est&eacute;riles, o porque sus belicosos habitantes no los dejaban poblar, o porque no pose&iacute;an metales preciosos. As&iacute;, por ejemplo, desde muy temprano, en 1602, los holandeses crearon la Compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Orientales, "cuya finalidad fundamental era desplazar a Portugal del comercio de las especias, por la ruta del Atl&aacute;ntico meridional y hacerle frente a las compa&ntilde;&iacute;as peque&ntilde;as inglesas en el B&aacute;ltico".<sup><a name="n10b"></a><a href="#n10a">10</a></sup> Al mismo tiempo se interesaron por las salinas de Araya, en territorios aleda&ntilde;os a Cuman&aacute;, en el Caribe venezolano. Posteriormente, en 1621, conformaron la Compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Occidentales que valida del triple m&eacute;todo de colonizar, realizar pillaje y contrabandear en gran escala, se encarg&oacute; de hostigar las posesiones espa&ntilde;olas en Am&eacute;rica. Su blanco inicial fueron las costas del noroeste de Brasil, para aprovechar las plantaciones de az&uacute;car y el potencial de las maderas de tinta para textiles. Entre 1624 y 1625 se apoderaron de Pernambuco, Para&iacute;ba, Sergipe, R&iacute;o Grande del Norte y Manahao. En forma ef&iacute;mera se establecieron en la Guayana o Costa Salvaje, entre el Orinoco y el Amazonas. En este primer cuarto del siglo XVII fundaron las colonias de Berbice, Esequibo, Pomeroon y Surinam, esta &uacute;ltima cedida por Inglaterra en el Tratado de Breda en 1667.<a name="n11b"></a><sup><a href="#n11a">11</a></sup> Luego, en el segundo cuarto del siglo XVII se establecieron en las Antillas Menores y desalojaron a los espa&ntilde;oles de Curazao al mismo tiempo que ocupaban a Aruba y Bonaire. La primera de estas tres islas oper&oacute; como punta de lanza de sus incursiones por el Caribe y en la Guajira.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ingleses, por su parte, se apoderaron de otras islas antillanas. Jamaica pas&oacute; a sus manos en 1655, as&iacute; como Barbados, Bermudas, Anguila, San Crist&oacute;bal, San Kitts, Tortuga, Antigua, Nevis, Barbuda y Tobago. Desde ellas afianzaron su presencia en puntos vitales de las costas del Norte y Centroam&eacute;rica: Laguna de T&eacute;rminos, B&eacute;lice, Islas de la Bah&iacute;a, de Ma&iacute;z y Mosquitia y las de Providencia y San Andr&eacute;s, y compartieron con los holandeses la Guayana. De todas estas islas, Jamaica fue importante porque se convirti&oacute; en eje de actividades de pirater&iacute;a y sirvi&oacute; de base para el comercio il&iacute;cito en el Caribe. A diferencia de Curazao, cuyo suelo era est&eacute;ril, Jamaica se caracteriz&oacute; por su fertilidad para el cultivo de la ca&ntilde;a de az&uacute;car. Estas dos islas, Curazao y Jamaica, fueron puntos clave desde donde ingleses y holandeses incursionaron en territorio guajiro. A su vez, los franceses se establecieron en San Bartolom&eacute;, San Vicente, Dominica, Martinica, Granada, Guadalupe y el norte de Santo Domingo, en tanto que los daneses tomaron Saint Thomas, Santa Cruz y los cayos de San Juan. Las costas de la pen&iacute;nsula de la Guajira, en consecuencia, hicieron parte de un conjunto de territorios disputados a Espa&ntilde;a por diversas naciones presentes en el escenario del mar Caribe.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el siglo XVIII sucedieron muchos cambios en Europa y en Hispanoam&eacute;rica. "El Caribe se convirti&oacute; en un escenario de primer orden: all&iacute; se definieron algunas acciones decisivas en la pugna por el poder mundial; adicionalmente las confrontaciones entre potencias europeas tuvieron un impacto directo en los territorios insulares y ribere&ntilde;os, y provocaron transferencias de soberan&iacute;a."<sup><a name="n12b"></a><a href="#n12a">12</a></sup> En efecto, los tratados de paz signados en Utrech entre 1713 y 1715 dieron t&eacute;rmino a la guerra de Sucesi&oacute;n espa&ntilde;ola y crearon un nuevo equilibrio de poderes. La coparticipaci&oacute;n fortaleci&oacute; a Gran Breta&ntilde;a al concederle mayores ventajas econ&oacute;micas que a Holanda y Francia, lo cual se reflej&oacute; en el contexto internacional del siglo XVIII, pues en el Caribe, por ejemplo, se afirm&oacute; la preponderancia brit&aacute;nica. Esta afirmaci&oacute;n se materializ&oacute; en concesiones espa&ntilde;olas como el permiso para que un navio de 500 toneladas fuera enviado anualmente con mercanc&iacute;as inglesas para ser vendidas en las ferias, o la transferencia, por 30 a&ntilde;os, del asiento de los negros que fue otorgado en 1701 por Felipe V a la compa&ntilde;&iacute;a francesa de Guinea con el consiguiente rompimiento del monopolio comercial de Espa&ntilde;a con sus colonias.<a name="n13b"></a><sup><a href="#n13a">13</a></sup> Los ingleses aprovecharon su influencia en la zona para fortalecer su dominio como qued&oacute; patente en 1722, cuando reclamaron al gobierno dan&eacute;s la soberan&iacute;a sobre las islas de Saint Thomas y Saint John y en 1730 a Francia sobre las de Barlovento, Santa Luc&iacute;a, Saint Vicent y Dominica. Su inter&eacute;s por estos puntos era estrat&eacute;gico y econ&oacute;mico, pues, desde el siglo XVII, las islas danesas hab&iacute;an servido como puente para colonizar el Caribe y como posibles bases para el ejercicio del contrabando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El papel de Jamaica en la estrategia brit&aacute;nica respecto al Caribe se refleja en el hecho de que</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">fue importante como base de operaciones de los piratas y filibusteros brit&aacute;nicos que, auspiciados por la corona, no dejaban pasar oportunidad de asaltar cuanto convoy espa&ntilde;ol cruzara por el Caribe. M&aacute;s tarde, ante el aumento del consumo de az&uacute;car en Europa, Jamaica se va convirtiendo poco a poco en gran productor de ca&ntilde;a de az&uacute;car y su principal derivado, el ron. La isla se transforma en un conglomerado de plantaciones con uno de los m&aacute;s altos &iacute;ndices de poblaci&oacute;n esclava.<a name="n14b"></a><sup><a href="#n14a">14</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; como disminuy&oacute; la actividad de los piratas con base en la isla, aument&oacute; el n&uacute;mero de tratados de comercio, de tal forma que las manufacturas inglesas inundaron su mercado y se crearon varias firmas comerciales con socios en Londres y Kingston. Desde esta ciudad se exportaba az&uacute;car, ron, cacao, esclavos de &Aacute;frica y sal de las islas adyacentes; a ella llegaban cristales, telas, prendas de vestir y cualquier producto que Europa exportara al resto del mundo, lo cual la convirti&oacute; en un gran dep&oacute;sito de mercanc&iacute;as inglesas en busca de mercados.<a name="n15b"></a><sup><a href="#n15a">15</a></sup> Hacia all&iacute; fueron llevadas las mu&iacute;as criadas en la Guajira, las perlas pescadas y los esclavos ind&iacute;genas capturados en la pen&iacute;nsula. Tal actividad requiri&oacute; del env&iacute;o de emisarios comerciales desde y hacia Riohacha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Curazao fue para los holandeses, lo que Jamaica para los ingleses. A pesar de no contar con agua, se convirti&oacute; en un puerto libre por el que circularon los productos de las peque&ntilde;as salinas y, fundamentalmente, el palo brasil. "No obstante, constituy&oacute; una valiosa adquisici&oacute;n por su posici&oacute;n estrat&eacute;gica &#45;lo llamamos ventaja posicional&#45;, al estar encima de la tierra firme y de f&aacute;cil acceso a las islas antillanas en manos de Espa&ntilde;a, o las que pasaron al poder de Inglaterra, Francia y Dinamarca."<sup><a name="n16b"></a><a href="#n16a">16</a></sup> A las radas de Curazao arribaban al a&ntilde;o entre 30 y 40 navios y unas 400 balandras dedicadas al tr&aacute;fico alrededor del Caribe. En este sentido la isla se convirti&oacute; en un centro importante para el comercio clandestino de Holanda en el Caribe, sobre todo despu&eacute;s del fracaso de la compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Occidentales en Brasil; adem&aacute;s porque a los holandeses no les qued&oacute; otra alternativa toda vez que en el Tratado de Utrech se releg&oacute; su competencia a Europa, quedando excluida de los mercados hispanos. De Curazao arribaban naves y balandras holandesas a las costas guajiras en busca del palo brasil que extra&iacute;an los indios guajiros de los montes de Oca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El contrabando</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n internacional que se viv&iacute;a en el siglo XVIII, caracterizada por dos formas de ejercicio comercial, en medio de las cuales se posibilit&oacute; el surgimiento de la actividad del contrabando, realizado en la costa caribe&ntilde;a de Nueva Granada, es descrita por Antonio Garc&iacute;a de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las leyes del desarrollo capitalista demostraron tener mayor fuerza pr&aacute;ctica que las leyes prohibitivas, represivas y casu&iacute;sticas del Estado espa&ntilde;ol. Desde finales del siglo XVIII (dinamos m&aacute;s bien desde el principio), el comercio de contrabando &#45;esto es, el correspondiente al nuevo tipo de comercio internacional, promovido e impulsado por potencias europeas forjadas en la revoluci&oacute;n industrial y en los victoriosos movimientos democr&aacute;ticos&#45;burgueses en Holanda, Inglaterra y Francia&#45; se convirti&oacute; para la Nueva Granada en una forma comercial dominante, no s&oacute;lo por el regular y franca utilizaci&oacute;n de las v&iacute;as ya definitivamente abiertas en la Guajira y el Dari&eacute;n, sino por la casi total suspensi&oacute;n del comercio oficial con la metr&oacute;poli.<sup><a name="n17b"></a><a href="#n17a">17</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, Antonio de Ar&eacute;valo, en la segunda mitad del siglo XVIII, denunciaba que en toda la costa de sotavento y barlovento de Riohacha fondeaban las balandras extranjeras y espa&ntilde;olas en los puertos menores de la Enea, puerto de la Cruz Vieja, El Pajar, Almidones, Manaure y Tucuraca; Ufiama, Carrizal, Rinc&oacute;n del Carpintero, Cabo de la Vela e Iriguani; los puertos mayores de Bah&iacute;a Honda y Puerto Taroa, Punta Gallinas, Chimare y Cabo de Chichivacoa; Sabana del Valle, Tucacas y Cojoro.<sup><a name="n18b"></a><a href="#n18a">18</a></sup> Es decir, que los contrabandistas ingleses y holandeses traficaron con libertad todo tipo de mercader&iacute;as en los distintos puertos naturales de la pen&iacute;nsula guajira de la misma manera en que lo hab&iacute;an hecho en otras zonas de frontera como la Guayana, la Mosquitia y el Dari&eacute;n, entre otras, en donde lograron ganar la confianza y contar con la ayuda de los indios a quienes estimulaba la animadversi&oacute;n contra las autoridades espa&ntilde;olas. A esta situaci&oacute;n alud&iacute;a Francisco Silvestre en los siguientes t&eacute;rminos:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor parte de la provincia le ocupan las varias parcialidades de los b&aacute;rbaros indios goagiros, con considerables porciones de ganado de asta y caballos, copiosas salinas y otros &uacute;tiles frutos que comercian con los extranjeros, especialmente con los holandeses de Curazao en aquella dilatada costa, y adem&aacute;s de los cueros, mu&iacute;as y caballos, el palo del Brasil, en cuyo cambio los proveen de armas de fuego, p&oacute;lvora y otros pertrechos: de manera que cada una de aquellas grandes parcialidades inmediatas a la costa suele tener su propio puerto, a donde vienen los extranjeros a tratar con ellos.<a name="n19b"></a><sup><a href="#n19a">19</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la costa atl&aacute;ntica de Nicaragua y en la Mosquitia, donde se produc&iacute;a a&ntilde;il, zarzaparrilla, ca&ntilde;a de az&uacute;car, cueros y maderas, los ingleses establecieron con el pueblo ind&iacute;gena misquito pactos directos,<sup><a name="n20b"></a><a href="#n20a">20</a></sup> en la Guayana los neerlandeses suministraron armas a los indios caribes con la contraprestaci&oacute;n de recibir el tabaco de Barinas, mu&iacute;as, cueros y esclavos indios.<sup><a name="n21b"></a><a href="#n21a">21</a></sup> En la Alta Guajira, se llevaron a cabo negociaciones entre los holandeses y los caciques ind&iacute;genas pertenecientes a ap&uuml;shis<sup><a name="n22b"></a><a href="#n22a">22</a></sup> poderosos de:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">cuyos puertos son poseedores de ellos los rebeldes indios guajiros, quienes con la mayor despotiquez, y desverg&uuml;enza, protegen con todas sus fuerzas, despreciando cualquier riesgo, el comercio holand&eacute;s, por cuya naci&oacute;n se les contribuye con ello, bebidas, y otras cosas; y para asegurar su trato en aquellos puertos, y caletas, pas&oacute; y llevaron en el a&ntilde;o de cincuenta y dos &#91;1752&#93;, con toda comodidad, y atenci&oacute;n particular, del indio Caporinche &#91;capit&aacute;n y cabeza de una gruesa parcialidad que mantiene a sus expensas con el mucho ganado que posee&#93; a la isla de Curazao, e hicieron los holandeses con este indio formal convenio, de que siempre ser&iacute;a su protector, a cuyo fin lo recibieron en aquella isla con muchas fiestas, visti&eacute;ndolo, y a los que llev&oacute; consigo de su parcialidad, costosamente con casacas, pelucas y dem&aacute;s, haci&eacute;ndole a la entrada y salida, una salva de quince ca&ntilde;onazos; y lo despacharon con una embarcaci&oacute;n armada, despu&eacute;s de haberle regalado porci&oacute;n de armas, como fusiles, sables, p&oacute;lvora y plomo, remitiendo con dicho Caporinche a el indio Majusare &#91;otro capit&aacute;n de una muy gruesa parcialidad que tiene a su devoci&oacute;n, en mayor n&uacute;mero que Caporinche, como es el m&aacute;s poderoso de aquella naci&oacute;n por la muchedumbre de ganado vacuno y caballar y de que mantiene su parcialidad, siendo estos dos indios compa&ntilde;eros y parientes, protegi&eacute;ndose el uno del otro&#93; algunos presentes y cartas muy afectuosas, para lograr los holandeses tener a su devoci&oacute;n a uno y otro, y asegurar por este medio y protecci&oacute;n su trato y comercio il&iacute;cito en aquellos parajes.<a name="n23b"></a><sup><a href="#n23a">23</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los g&eacute;neros recibidos por los indios guajiros, como fruto de la actividad del contrabando, estaban las armas de fuego, empleadas posteriormente en los ataques contra los espa&ntilde;oles como en las protestas de 1769, la de Apiesi en 1775 y el ataque a Bah&iacute;a Honda en 1776. Las armas de fuego y el caballo fueron dos elementos importantes en la sociedad way&uacute;u, donde la guerra desempe&ntilde;aba un papel como eje estructurador que permit&iacute;a la recomposici&oacute;n del poder y las fuerzas en la comunidad, como veremos posteriormente. La finalidad de estos intercambios, como se ve, no era solamente comercial, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tica, pues aparte de suministrar armas y otros g&eacute;neros a los indios, los extranjeros asumieron la instrucci&oacute;n en el manejo de aqu&eacute;llas y en la ejecuci&oacute;n de t&aacute;cticas militares de emboscada a las autoridades reales. As&iacute;, por ejemplo, en octubre de 1775, un capit&aacute;n ingl&eacute;s de nombre Constantino, que se hallaba en los puertos de Sabana del Valle y Chimare, en la Alta Guajira, vendi&oacute; a los indios armas, pedreros y municiones, e instruy&oacute; a muchos de ellos en el manejo de los pedreros de barca, "encarg&aacute;ndoles las pusiesen en los caminos por donde deb&iacute;an pasar los espa&ntilde;oles y que hiciesen excavaciones colocando en ellas rayas envenenadas y que las cubrieran de ramas para que no fuesen conocidas".<sup><a name="n24b"></a><a href="#n24a">24</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, la extracci&oacute;n del palo brasil de los montes de Oca resultaba atractiva y de mayor lucro para los neerlandeses, pues se dec&iacute;a que la variedad y viveza de los tintes que daba exced&iacute;a en calidad al sacado de Campeche por los ingleses. "Los holandeses &#91;...&#93; han sacado millares de cargas que vend&iacute;an en Curazao a ocho, y diez, y hasta 16 pesos."<sup><a name="n25b"></a><a href="#n25a">25</a></sup> De igual forma por Riohacha sal&iacute;an numerosas mu&iacute;as para las plantaciones de Jamaica y Surinam y se enviaban clandestinamente a Cuba para ser empleadas en las haciendas de trapiche.<a name="n26b"></a><sup><a href="#n26a">26</a></sup> La actividad de los barcos ingleses provenientes de Jamaica que arribaban a un sector costero comprendido entre el Cabo de la Vela y Carrizal ten&iacute;a por objeto la pesca de tortugas, pues de su caparaz&oacute;n se extra&iacute;a el Carey.<a name="n27b"></a><sup><a href="#n27a">27</a></sup> Antonio de Narv&aacute;ez y la Torre hab&iacute;a advertido sobre este recurso:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abunda mucho toda esta costa de las tortugas de carey de que toma el nombre la concha que de ella se saca; pero como no hay gentes dedicadas a su pesca, ni se ha pensado en hacer &eacute;sta rama de comercio, s&oacute;lo se consigue tal cual por casualidad cogen los indios; y m&aacute;s bien que nosotros se aprovechan de esta producci&oacute;n de nuestros mares los ingleses, que en guayres, y balandras peque&ntilde;as vienen a pescar, tortugas a esta costas en las estaciones favorables.<sup><a name="n28b"></a><a href="#n28a">28</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La esclavitud y el comercio de esclavos negros por medio del contrabando fueron comunes en la Guajira, pues indios e hispano&#45;criollos de la provincia pose&iacute;an "piezas" que, en su mayor&iacute;a, hab&iacute;an sido suministradas por los tratantes extranjeros. A menudo, los guardacostas reales apresaban balandras con mercader&iacute;as y negros esclavos. "M&aacute;s de seis leguas a sotavento de esta ciudad &#91;Riohacha&#93; tuvo su comandante denuncio sobre una balandra inglesa acosada de un corsario franc&eacute;s, y que su capit&aacute;n y tripulaci&oacute;n, y algunos negros se hallaban en tierra, a lo que su celo dispuso la marcha para la segura recaudaci&oacute;n del quinto."<a name="n29b"></a><sup><a href="#n29a">29</a></sup> El n&uacute;mero de esclavos comprados il&iacute;citamente por los indios no se conoce; sin embargo, su cifra bien pudiera ser significativa si se tiene en cuenta que las autoridades reales concedieron peri&oacute;dicamente indulto a los l&iacute;deres ind&iacute;genas que llevaran sus negros a marcar.<a name="n30b"></a><sup><a href="#n30a">30</a></sup> Adem&aacute;s de los negros, hab&iacute;a un comercio de esclavos ind&iacute;genas capturados por los guajiros y vendidos a extranjeros de Jamaica y Surinam como mano de obra para las plantaciones de ca&ntilde;a. Tales indios eran los llamados cocinas, segmento &eacute;tnico<sup><a name="n31b"></a><a href="#n31a">31</a></sup> guajiro de los que el discurso colonial construy&oacute; una imagen de ladrones y saqueadores, y que fue despreciado por los clanes matrilineales way&uacute;u. Tal percepci&oacute;n es descrita por Antonio de Ar&eacute;valo en 1773, cuando afirma que:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">estos indios andan dispersos por la tierra haciendo da&ntilde;os sin tener casa ni hacienda ninguna, y son enemigos de todos los dem&aacute;s de la provincia, y en tal manera malquistos, que se agravian &eacute;stos de que se les digan que son cocinas porque esto quiere decir tanto como que son unos levantados ladrones; por cuyas razones est&aacute; recibido y corriente entre todos, que los hijos peque&ntilde;os, que les cogen los venden en la costa y a los dem&aacute;s que se los compran &#91;de los cuales hay aqu&iacute; algunos&#93;, y los ingleses han sacado muchos de Bah&iacute;a Honda y P&oacute;rtete, de los cuales el Jorobado &#91;capit&aacute;n ingl&eacute;s&#93; sac&oacute; 60 en diciembre pr&oacute;ximo pasado, y todos llevan algunos comprados muy baratos y los llevan a Jamaica y vender por esclavos para Filadelfia y aquella costa.<sup><a name="n32b"></a><a href="#n32a">32</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto nos est&aacute; mostrando que la comunidad ind&iacute;gena de la Guajira no era homog&eacute;nea; por el contrario, las autoridades hispanas tuvieron que lidiar con diferentes variables que inclu&iacute;a no solamente la segmentaci&oacute;n &eacute;tnica, sino tambi&eacute;n las diferencias y contradicciones entre los distintos clanes way&uacute;u, que a menudo sosten&iacute;an guerras internas, producto de agravios rec&iacute;procos y que a veces terminaban con la recomposici&oacute;n de las fuerzas claniles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pesca de perlas o actividad del peruleo fue otro rubro importante del comercio il&iacute;cito en la Guajira, se llevaba a cabo entre el Carrizal (inicialmente fundada en la ciudad de los Remedios o R&iacute;o de la Hacha y fue abandonada posteriormente por carecer de agua dulce en sus inmediaciones) y el Cabo de la Vela. Recu&eacute;rdese que, a mediados del siglo XVI, el agotamiento de los ostrales en las costas de Cubagua en Venezuela determin&oacute; el traslado de numerosas familias hispanas a las costas occidentales de la pen&iacute;nsula de la Guajira donde establecieron la pesquer&iacute;a. La mano de obra empleada era de negros esclavos y de indios provenientes unos del oriente de Venezuela, otros de las islas Lucayas, Margarita, Trinidad y Santo Domingo. Tambi&eacute;n se ocuparon indios tra&iacute;dos de Brasil, Santa Marta, Valledupar y Mompox, pertenecientes a grupos y pueblos como los onotos, caracas, caquet&iacute;os, piritas, cumanagotos, chuaos, guaricos y maracapanes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta actividad se fue trasladando hacia el suroccidente, bordeando la costa hasta quedar en la nueva ciudad de Riohacha, cerca de la desembocadura del r&iacute;o Rancher&iacute;a (Calancala), lo cual la envolvi&oacute; en un aire de prosperidad que hizo famosa la calle de la Plater&iacute;a o de la Mar, en donde h&aacute;biles enjoyadores procesaban las perlas.<sup><a name="n33b"></a><a href="#n33a">33</a></sup> El ambiente de prosperidad fue percibido por las autoridades hispanas que procedieron a establecer una caja real con el fin de obtener el derecho del quinto.<sup><a name="n34b"></a><a href="#n34a">34</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, en 1721, a ra&iacute;z del surgimiento de problemas con los indios buzos, en un informe de don Francisco de Alcantud y Gaona, capit&aacute;n de infanter&iacute;a del batall&oacute;n fijo de Cartagena, se plante&oacute; al virrey la posibilidad de introducir esclavos negros para hacer este trabajo. "Por lo que mira a la pesquer&iacute;a de Perlas, lo que me parece conveniente es que los 100 negros piezas de indias, mandar&aacute; su majestad fuesen muleques de a dos por uno o tres por dos; que no es necesario sean buzos, que siendo de esta calidad muchos, presto aprender&aacute;n y ser&aacute;n &aacute;giles f&aacute;cilmente para todo el ministerio de buceo."<sup><a name="n35b"></a><a href="#n35a">35</a></sup> La complicaci&oacute;n en el desarrollo de la actividad conllev&oacute; a que en el siglo XVIII tal explotaci&oacute;n pr&aacute;cticamente desapareciera como empresa lucrativa para los espa&ntilde;oles a ra&iacute;z de que los ostrales estaban en proceso de agotamiento y que los indios guajiros los hab&iacute;an expulsado, adue&ntilde;&aacute;ndose de la costa y de los sitios de pesca. El mayor temor de los espa&ntilde;oles consist&iacute;a en que el beneficio de la actividad era usado por los nativos para adquirir armas y p&oacute;lvora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El peruleo y su organizaci&oacute;n bajo la explotaci&oacute;n de los ind&iacute;genas fueron descritas as&iacute; por Antonio de Ar&eacute;valo en 1773:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al amanecer volvi&oacute; la lancha a tierra. Se mand&oacute; aviso a Pacho G&aacute;mez a su casa que est&aacute; a IV 2 leguas de la costa, y pasaron a bordo de la balandra seis indios en un cayuco &#91;canoa&#93; grande &#91;...&#93;, en tierra se hallaron hasta 120 indios, doce cayucos, que sirven para la pesca de perlas en aquellas costas; que hay ocasiones, como es en octubre, que est&aacute; la mar muy sosegada, que salen de 60 a 70 cayucos con dos o tres indios cada uno, a hacer la pesca en tres brazas de fondo y no m&aacute;s; y los vecinos de la ciudad de los Remedios del R&iacute;o de la Hacha pasan all&iacute; a hacer el rescate, llevando varias especies de v&iacute;veres, coral, abalorios y otras cosas para hacerle. Y es, sin duda, el rengl&oacute;n de conocida utilidad que tienen aquellos vecinos, pero muchos a&ntilde;os hace que los quintos de su majestad no han tenido valor. Esto no hay duda que consiste en poco cuidado y mal gobierno de los que deben celarlos, porque todos buscan utilizarse en este trato.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A rengl&oacute;n seguido, aconsejaba que:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el fomento de la pesquer&iacute;a de las perlas en aquella costa, para tener este camino del R&iacute;o de la Hacha a Bah&iacute;a Honda abierto y corriente con el tr&aacute;fico de los viajeros y tener una centinela continua y avisos frecuentes de los tratantes de la costa, conviene juntar un pueblo de los indios buzos de aquellas cercan&iacute;as del mando de Pacho G&aacute;mez, haci&eacute;ndole a &eacute;l capit&aacute;n y teniente al que hubiere."<sup><a name="n36b"></a><a href="#n36a">36</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ingresos dejados de percibir por la corona espa&ntilde;ola fueron calculados por Antonio de Narv&aacute;ez y la Torre, quien se&ntilde;al&oacute; que el total de los valores reales entre los g&eacute;neros que los extranjeros y los vecinos del R&iacute;o de la Hacha llevaban a los indios para que &eacute;stos les rescataran las perlas, ascend&iacute;a a 3 000 o 4 000 pesos; en tanto que las perlas procesadas y taladradas por los enjoyadores sumar&iacute;an entre 16 000 y 30 000 pesos.<sup><a name="n37b"></a><a href="#n37a">37</a></sup> Era, pues, un imperativo para las autoridades reales sujetar y pacificar a los indios buzos, para luego restablecer la pesquer&iacute;a de las perlas pero con el uso de mano de obra negra esclava, as&iacute; lo sugiri&oacute; Francisco Silvestre en su informe sobre el estado del peruleo en las costas guajiras hacia 1789.<sup><a name="n38b"></a><a href="#n38a">38</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema del contrabando se agrav&oacute; toda vez que las autoridades encargadas de reprimirlo resultaron involucradas en &eacute;l. Por ejemplo, en marzo de 1716, Jos&eacute; Mozo de la Torre, gobernador de Santa Marta, inform&oacute; al rey que en Bah&iacute;a Honda el sacerdote ap&oacute;stata Jos&eacute; Pimienta traficaba con los indios guajiros en una balandra, cuyos due&ntilde;os eran mercaderes jud&iacute;os de Curazao, les suministraba los g&eacute;neros acostumbrados y tambi&eacute;n armas para sus levantamientos contra los vecinos de Riohacha.<a name="n39b"></a><sup><a href="#n39a">39</a></sup> El contrabando se extend&iacute;a, pues las mercader&iacute;as il&iacute;citas eran internadas hacia Quito y Lima, donde les era pagada con plata y oro en polvo. Para contrarrestar los efectos corruptores del contrabando en la Guajira, Bartolom&eacute; Tienda de Cuervo suger&iacute;a al virrey, en 1718, incrementar los salarios de los funcionarios reales y de la tropa con el fin de que no tuvieran necesidad de enriquecerse mediante su ejercicio:<sup><a name="n40b"></a><a href="#n40a">40</a></sup> "teniendo presente el continuado delito de estos vecinos y habitantes por el comercio il&iacute;cito que tantos a&ntilde;os han tenido con los extranjeros y enemigos de la corona".<sup><a name="n41b"></a><a href="#n41a">41</a></sup> Tienda de Cuervo suger&iacute;a, adem&aacute;s, la necesidad de utilizar guardias m&oacute;viles, terrestres y mar&iacute;timas, y no puestos fijos, debido a la dilatada extensi&oacute;n que deb&iacute;an controlar. Sin embargo, los ingresos generados por la actividad il&iacute;cita &#45;unos 3 000 000 de pesos anualmente&#45;<a name="n42b"></a><sup><a href="#n42a">42</a></sup> fueron suficiente motivo para que la situaci&oacute;n perdurara durante el siglo XVIII. Al respecto, Antonio de Ar&eacute;valo, pacificador de la Guajira entre 1772 y 1776, describe la situaci&oacute;n:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rescate de las perlas que hacen a los indios de la Costa del Carrizal, el cambio de g&eacute;nero, v&iacute;veres, tabaco y otras cosas semejantes, su beneficio y venta, la del ganado y mu&iacute;as y el trato il&iacute;cito que ha tenido la provincia con extranjeros y los vecinos de la jurisdicci&oacute;n del valle ha mantenido a los espa&ntilde;oles de ella establecidos en esta ciudad y sitios o lugares, comprando los g&eacute;neros y dem&aacute;s que han necesitado de il&iacute;cito trato con extranjeros, sacando &eacute;stos los frutos de la provincia y los que han conducido del Valle de Upar, en lo cual se han empleado de muchos a&ntilde;os a esta parte haciendo ya naturaleza envejecida costumbre que han ejercitado sin freno y sin reconocimiento al soberano como sus vasallos, ni a la superioridad del virrey; consider&aacute;ndose como una rochela separada del dominio real porque siempre han hecho lo que han querido con unos de sus tenientes de gobernadores, dobl&aacute;ndolos a su arbitrio, a otros sujet&aacute;ndolos con amenazas, concurriendo todos a la maldad.<sup><a name="n43b"></a><a href="#n43a">43</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Guajira fue, en consecuencia, un territorio con mayor vinculaci&oacute;n al contexto del Caribe que al interior andino, debido en parte a la pugna de las potencias extranjeras contra Espa&ntilde;a. &Eacute;ste fue tambi&eacute;n el escenario propicio para operaciones de contrabando, una de las armas usadas por Inglaterra y Holanda para minar el mercantilismo espa&ntilde;ol. En el desarrollo de esta actividad participaron principalmente los indios guajiros, criollos, peninsulares, y las llamadas castas lo hicieron en menor proporci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Estrategias de pacificaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y el papel de la guerra en la sociedad way&uacute;u</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diversas estrategias utilizadas por la corona para establecer y consolidar su dominio sobre la pen&iacute;nsula y sus habitantes, as&iacute; como para impedir los contactos entre los indios guajiros y los extranjeros, pueden ser resumidas fundamentalmente en tres: la primera encaminada al uso de los medios persuasivos, a cargo de los cuales estuvieron los misioneros capuchinos. La segunda, tambi&eacute;n de naturaleza persuasiva pero m&aacute;s orientada a la intervenci&oacute;n pol&iacute;tica entre los grupos, intent&oacute; la cooptaci&oacute;n de autoridades y l&iacute;deres ind&iacute;genas influyentes para someter m&aacute;s f&aacute;cilmente a las distintas parcialidades. Y finalmente, la tercera, basada en la guerra, cuyo uso en las expediciones militares permiti&oacute; el arrasamiento de muchas rancher&iacute;as, a lo cual respondieron los nativos precisamente con ese mismo elemento que no les era ajeno, antes por el contrario hacia parte del funcionamiento de su sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las misiones capuchinas</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las misiones capuchinas que trabajaron en los procesos de evangelizaci&oacute;n en Hispanoam&eacute;rica asignaron frailes provenientes de una misma provincia religiosa en Espa&ntilde;a a las misiones localizadas en un territorio particular. As&iacute; fue como los frailes andaluces desarrollaron su labor en Venezuela, los catalanes en la Guayana, los aragoneses en Cuman&aacute; y los navarros y valencianos en la provincia de Maracaibo.<sup><a name="n44b"></a><a href="#n44a">44</a></sup> La jurisdicci&oacute;n de esta &uacute;ltima abarc&oacute; un territorio amplio entre Maracaibo y Santa Marta que comprend&iacute;a, a grandes rasgos, desde las costas orientales del Golfo de Maracaibo hasta el r&iacute;o Magdalena por el occidente, ten&iacute;a al norte el mar Caribe y llegaba por el sur hasta la ciudad de Oca&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los capuchinos valencianos llegaron a Am&eacute;rica por primera vez en 1647 y a la Guajira en 1693, y un a&ntilde;o despu&eacute;s se fund&oacute; la primera casa misional en la aldea de San Nicol&aacute;s de los Menores en y La Cruz, dos poblados ind&iacute;genas cercanos a Riohacha. Sin embargo, un movimiento armado de los indios cocinas en 1701 oblig&oacute; a sus misioneros a retirarse a su sede en Maracaibo. Acto que fue respaldado mediante una real c&eacute;dula del 4 de abril de 1702 en la cual el rey orden&oacute; a los dos frailes que estaban en Menores y La Cruz pasar a Maracaibo.<sup><a name="n45b"></a><a href="#n45a">45</a></sup> Durante los siguientes trece a&ntilde;os, los indios guajiros no tuvieron en su territorio ning&uacute;n misionero. Solamente a partir de 1715 en que el obispo de Santa Marta, Antonio Monroy y Meneses, nombr&oacute; a dos de ellos en calidad de interinos para los pueblos de La Cruz y Menores.<sup><a name="n46b"></a><a href="#n46a">46</a></sup> Esto fue posible por el traslado de once religiosos con el prop&oacute;sito de llevar a la "conversi&oacute;n de los indios guajiros, entre Maracaibo, y la del R&iacute;o del Hacha, por ser de condici&oacute;n m&aacute;s tratable y poder resultar de su logro, muchas utilidades a la Real Hacienda y conveniencia a los vecinos de aquella jurisdicci&oacute;n".<sup><a name="n47b"></a><a href="#n47a">47</a></sup> El traslado de estos religiosos se realiz&oacute; porque los indios de M&eacute;rida y la Grita, provincia de Maracaibo, "se rebelaron y quemaron la iglesia, im&aacute;genes y ornamentos e hicieron otras atrocidades".<a name="n48b"></a><sup><a href="#n48a">48</a></sup> El traslado de los capuchinos a la provincia del Hacha fue autorizado por una real c&eacute;dula de noviembre de 1717, por la cual se confer&iacute;a a los padres capuchinos la misi&oacute;n de evangelizar y pacificar a los indios guajiros.<sup><a name="n49b"></a><a href="#n49a">49</a></sup> Un a&ntilde;o despu&eacute;s se efectu&oacute; una ratificaci&oacute;n, la cual iba m&aacute;s all&aacute;, al plantear la posibilidad de nombrar como prefecto de las misiones solamente a religiosos de la orden capuchina, pues la experiencia hab&iacute;a demostrado que en los trece a&ntilde;os en que el territorio estuvo sin misioneros capuchinos, quienes les sucedieron, es decir, los presb&iacute;teros cl&eacute;rigos nombrados por el obispo de Santa Marta, no hab&iacute;an hecho ning&uacute;n avance significativo.<sup><a name="n50b"></a><a href="#n50a">50</a></sup> En lo sucesivo, los religiosos capuchinos trabajaron en concordancia con el gobernador de Santa Marta, don Juan Beltr&aacute;n de Caycedo, en quien recay&oacute; igualmente la tarea de la pacificaci&oacute;n, combin&aacute;ndose de esta forma la reducci&oacute;n por medios pac&iacute;ficos propugnada por los religiosos y la pacificaci&oacute;n por la fuerza impulsada por el gobernador, facultad que le fue reconocida en una real c&eacute;dula fechada en 10 de marzo de 1718, en la cual se especificaba lo siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Visto en mi Consejo de las Indias con lo que dijo mi fiscal de &eacute;l, y consult&aacute;ndoseme sobre ello, he resuelto que la referida conquista y reducci&oacute;n corra a cargo de Juan Beltr&aacute;n de Caycedo &#91;...&#93; Y respecto de que por lo que mira a puntos de declarar por conquistadores de los que ayudasen a esta reducci&oacute;n, reparti&eacute;ndoles tierras e indios para que los sirvan &#91;...&#93; y as&iacute; mismo le encargo solicite el descubrimiento y restablecimiento de la pesquer&iacute;a de perlas que se halla en aquellos parajes.<a name="n51b"></a><sup><a href="#n51a">51</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reconocimiento del trabajo de los capuchinos gener&oacute; desacuerdos entre las instancias eclesi&aacute;sticas &#45;los capuchinos y el obispo de Santa Marta, Antonio Monroy y Meneses&#45; por la competencia de sus jurisdicciones. La discrepancia aflor&oacute; a ra&iacute;z de una visita programada por el obispo a las misiones de La Cruz y San Nicol&aacute;s de los Menores, a lo cual se negaron rotundamente los capuchinos de los respectivos pueblos, fray Pedro Muniesa y fray Mariano de Olocau. &Eacute;stos alegaban "que por lo que toca y mira a la visita que el se&ntilde;or vicario, como visitador nombrado, viene a hacer a este sitio &#91;la Cruz&#93;, no ha lugar por &#91;...&#93; no ser expreso de su majestad".<sup><a name="n52b"></a><a href="#n52a">52</a></sup> A partir de la negativa de los frailes, el obispo Monroy y Meneses excomulg&oacute; a fray Mariano de Olocau, fray Mari&oacute;n de Toledo y Alonso G&oacute;mez Gallego, este &uacute;ltimo vicario de Riohacha.<sup><a name="n53b"></a><a href="#n53a">53</a></sup> El conflicto se dirimi&oacute; en favor de los frailes, quienes obtuvieron el benepl&aacute;cito del virrey Antonio de la Pedroza y Guerrero para extender la misi&oacute;n desde Maracaibo hacia territorios donde se hallaban los indios guajiros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La caracter&iacute;stica de asentamiento "m&uacute;ltiple" de los indios guajiros hizo que los misioneros capuchinos adoptaran la estrategia de fundar pueblos en los cuales intentaban concentrarlos para facilitar la labor de evangelizarlos. Seg&uacute;n fray Antonio de Alcacer, para 1724, se pacific&oacute; y fund&oacute; el pueblo de La Cruz, con m&aacute;s de 200 indios bautizados; San Antonio de Orino, con m&aacute;s de 300 almas; San Nicol&aacute;s de los Menores, fundado por Mariano de Olocau en 1716, con casi 500 indios, y finalmente, San Juan del Rinc&oacute;n. El obispo de Santa Marta, por su parte, fund&oacute; los pueblos de San Pedro Nolasco de Salado, San Ram&oacute;n de Parauje y Nuestra Se&ntilde;ora de la Merced de Calabozo.<sup><a name="n54b"></a><a href="#n54a">54</a></sup> En el a&ntilde;o de 1726, quedaron cinco pueblos de misiones entre los indios: "El pueblo de Menores, el pueblo de Orino, La Cruz, El Toco y el Palmarito. Y por controversias y pleitos que los padres tuvieron con el ilustr&iacute;simo se&ntilde;or obispo &#91;Monroy&#93; de Santa Marta, dejaron los padres capuchinos dichos pueblos y pas&oacute; el obispo cl&eacute;rigos regulares de curas en ellos."<a name="n55b"></a><sup><a href="#n55a">55</a></sup> Posteriormente, hacia el a&ntilde;o 1736 volvieron los misioneros a la Guajira y fundaron nuevamente en el sitio de Menores el pueblo de Boronota; el Toco, con el nombre del Rinc&oacute;n de Cayus; San Jos&eacute; de Leonisa (La Cruz) y San Francisco de Orino. Para 1755 el pueblo de Boronata ten&iacute;a 438 habitantes "en otros 200 y m&aacute;s bautizados de este pueblo que andaban apostados y fugitivos por los montes y bosques, sin jam&aacute;s venir al pueblo, por la ninguna sujeci&oacute;n y libertad con que viven sin apremio de sus cabezas de justicia."<sup><a name="n56b"></a><a href="#n56a">56</a></sup> Este poblado pr&aacute;cticamente era de mestizos y ten&iacute;a una tasa relativamente alta de esclavos negros. A diferencia de Boronata, el pueblo de Nuestra Se&ntilde;ora del Socorro del Rinc&oacute;n de Cayus, en 1755, albergaba a 324 habitantes, "de las familias e indios puros &#91;...&#93; con la advertencia de que ninguno est&aacute; casado leg&iacute;timamente por la Iglesia sino seg&uacute;n su ley, por la dificultad que es quitarle esta secta, compr&aacute;ndolas &#91;mujeres&#93; por una vaca o una bestia".<sup><a name="n57b"></a><a href="#n57a">57</a></sup> El pueblo de San Jos&eacute; Leonisa Capuchino, fundado con los indios dispersos del antiguo pueblo de La Cruz, contaba con 420 indios; Orino, fundado con los mismos indios que alg&uacute;n d&iacute;a hab&iacute;a tenido, ten&iacute;a ahora 306.<sup><a name="n58b"></a><a href="#n58a">58</a></sup> Posteriormente, cuatro reverendos capuchinos se encaminaron hacia la Alta Guajira, en donde fundaron sendos pueblos: Macuira, Bah&iacute;a Honda, Sabana del Valle y Chimare.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La labor misionera de los capuchinos en la Guajira a menudo se enfrent&oacute; a la negativa de los indios a recibirlos en sus parcialidades, otras veces tuvo que soportar su reacci&oacute;n violenta en los ataques de 1769 y 1775, que contaban con el antecedente de 1724, cuando el obispo Monroy y Meneses tuvo que salir huyendo "de un sitio llamado El Salado &#91;pueblo de San Pedro Nolasco Salado&#93; sin poder salvar la vida de uno de sus cl&eacute;rigos &#91;...&#93; y asegurar el aprovechamiento, el que tantos a&ntilde;os no ha podido conseguir en esta misi&oacute;n".<sup><a name="n59b"></a><a href="#n59a">59</a></sup> Los informes de los misioneros hacia 1757 eran bastante pesimistas al respecto. En uno de ellos, fray Francisco de Torrente, prefecto de las misiones, indag&oacute;, por solicitud de donju&aacute;n Mart&iacute;nez de Escobar, comandante general de la provincia de Riohacha, con los capuchinos, fray Bacilio de Alcal&aacute;, que oficiaba en San Jos&eacute; de Leonisa de la Cruz, fray Bacilio de Calich, del pueblo de Nuestra Se&ntilde;ora del Socorro del Rinc&oacute;n y el propio Torrente, que se desempe&ntilde;aba en Boranata, "sobre la consistencia en que se halla dicha su misi&oacute;n, r&eacute;gimen y conducta con que viven los indios de ella y los dem&aacute;s que est&aacute;n dispersos en las varias parcialidades; como as&iacute; propio si es vigente, &uacute;til y necesario &#91;...&#93; la conquista y reducci&oacute;n de ellos".<sup><a name="n60b"></a><a href="#n60a">60</a></sup> El interrogante solicitaba adem&aacute;s informaci&oacute;n acerca del cacique mayor Cecilio L&oacute;pez Sierra, sobre su conducta y su contribuci&oacute;n a la poca reducci&oacute;n que se hab&iacute;a hecho hasta el momento.<a name="n61b"></a><sup><a href="#n61a">61</a></sup> Algunos apartes del informe suministrado por los capuchinos ilustran acerca del escaso avance de las misiones entre los indios guajiros:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">y es que los indios de dichas poblaciones &#91;Boronata, La Cruz y el Rinc&oacute;n&#93;, aunque tienen sus capitanes, no viven con obra a ellos, pues aunque estos les manden, no quieren obedecerlos, y lo mismo de los mandatos de los padres misioneros; vienen al catecismo los que quieren y cuando quieren, desamparando los pueblos y retir&aacute;ndose al monte, que les da gusto, sin que podamos remediarlo por sus genios altivos y desvergonzados, y sujetarlos a castigo; pues si les castigan sus capitanes o cualquier otro, se levanta la parentela, pidi&eacute;ndoles paguen el agravio; de esto que sucede en los pueblos formados se puede inferir lo que suceder&aacute; en los que no est&aacute;n reducidos a pueblos de misi&oacute;n &#91;...&#93; A lo segundo decimos &#91;...&#93; ser tan necesaria &#91;la conquista&#93;, que sin la dicha reducci&oacute;n y pacificaci&oacute;n es in&uacute;til todo nuestro trabajo, perdiendo el tiempo y fin a que vinimos a esta provincia, que es la conversi&oacute;n de estas almas.<sup><a name="n62b"></a><a href="#n62a">62</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acerca del cacique Cecilio L&oacute;pez Sierra informaron que permit&iacute;a a los indios andar en su entera libertad, e inclusive, &eacute;l era acusado de ebrio. Los frailes plantearon que su funci&oacute;n como interlocutor entre los indios y las autoridades espa&ntilde;olas era ambivalente, pues algunas veces los hac&iacute;a asistir a la doctrina y otras no. Sin embargo, reconoc&iacute;an que era conveniente mantener al cacique como puente entre los indios y las autoridades espa&ntilde;olas, pues si "fuere voz de destierro de esta provincia u otro castigo de dicho cacique antes que se empiece dicha reducci&oacute;n, peligran las vidas de muchos espa&ntilde;oles que solitarios andan entre los indios &#91;y&#93;, para la de los mismos misioneros, con algunas p&eacute;rdidas de bienes temporales, por robos de dichos indios".<sup><a name="n63b"></a><a href="#n63a">63</a></sup> Finalmente, recomendaban algunas estrategias, retomadas luego por los militares en la segunda mitad del siglo XVIII, en el sentido de desposeer a los indios de sus armas y su ganado. Era obvia la observaci&oacute;n de los religiosos, pues &eacute;stos eran elementos muy apreciados por las comunidades way&uacute;u. No obstante, la recomendaci&oacute;n de los frailes no se adopt&oacute; por considerarse extrema, "por lo que dejarlos absolutamente sin n&uacute;mero de vacas &#91;...&#93; ser&iacute;a dejarlos a perecer, y por consiguiente no tendr&iacute;an ninguna seguridad las haciendas de los espa&ntilde;oles".<sup><a name="n64b"></a><a href="#n64a">64</a></sup> Respecto a la desposesi&oacute;n de sus armas, la medida era necesaria &#45;argumentaban los frailes&#45;, pero s&oacute;lo si se complementaba con el cierre de las entradas a los extranjeros que las prove&iacute;an. La importancia de las misiones capuchinas en la pen&iacute;nsula de la Guajira estuvo enmarcada principalmente a la primera mitad del siglo XVIII, tiempo durante el cual su actividad sent&oacute; las bases para la constituci&oacute;n de la red espacial de pueblos de indios que caracteriz&oacute; ese territorio a todo lo largo de la centuria. En este periodo, las tropas de la corona espa&ntilde;ola no tuvieron una presencia activa en la zona, raz&oacute;n por la cual las tareas de pacificaci&oacute;n, reducci&oacute;n y congregaci&oacute;n de indios en pueblos reci&eacute;n fundados estuvieron netamente a cargo e iniciativa de los religiosos. Desde el punto de vista del poblamiento, su labor sirvi&oacute; de base para la posterior refundaci&oacute;n de varios de los pueblos de indios arrasados por el movimiento de protesta way&uacute;u del a&ntilde;o de 1769. Tales reedificaciones fueron llevadas a cabo, en la segunda mitad del siglo, por la din&aacute;mica de la guerra en cabeza de las expediciones militares auspiciadas por la corona. La primera fue contratada y ejecutada por Bernardo Ruiz de Noriega; la segunda, realizada algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, fue organizada directamente por el gobierno espa&ntilde;ol y estuvo a cargo del brigadier Antonio de Ar&eacute;valo (v&eacute;ase <a href="#c1">cuadro 1</a>).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/alhe/n24/a5c1.jpg" alt=""></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guerra como escenario de confrontaci&oacute;n entre los hispanos y el pueblo way&uacute;u</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, los misioneros capuchinos cedieron su lugar a las campa&ntilde;as militares en la tarea de pacificar y congregar a la poblaci&oacute;n aborigen de la Guajira. Entre los elementos que determinaron esta situaci&oacute;n est&aacute;n las reformas borb&oacute;nicas que la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola llev&oacute; a cabo por medio de una serie de transformaciones tanto en la metr&oacute;poli como en las colonias americanas, lo cual implic&oacute; una reorganizaci&oacute;n administrativa del imperio colonial. La dinast&iacute;a borb&oacute;nica cre&oacute; un Estado centralizado, burocr&aacute;tico y abocado al principio del engrandecimiento territorial; en este sentido, a las fuerzas armadas se les increment&oacute; el presupuesto para la construcci&oacute;n de navios de guerra en los astilleros reales, de los cuales salieron, entre 1741 y 1761, 54 barcos armados con 3 688 ca&ntilde;ones. Al terminar el reinado de Carlos III, Espa&ntilde;a pose&iacute;a una flota de 66 naves.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al ej&eacute;rcito regular, hacia 1761, contaba con casi 60 000 hombres. La idea de fortalecerlo ten&iacute;a como base la salvaguardia del imperio americano de los ataques extranjeros y la represi&oacute;n de los levantamientos internos. En 1771 se estimaba que hab&iacute;a 42 995 soldados a lo largo de Hispanoam&eacute;rica, con 4 851 hombres en Cuba, 2 884 en Puerto Rico, 4 628 en Buenos Aires, y 2 759 en Cartagena.<sup><a name="n65b"></a><a href="#n65a">65</a></sup> En cuanto a la presencia militar y estatal en la Guajira, &eacute;sta fue un espacio que cont&oacute; con poca protecci&oacute;n, lo cual favoreci&oacute; la actividad de ingleses y holandeses. Si bien, desde 1715 hab&iacute;an comenzado las expediciones militares para someter a los indios, en cuya organizaci&oacute;n participaron los vecinos de Riohacha, la presencia del Estado espa&ntilde;ol vino a sentirse realmente a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se procur&oacute; coordinar las acciones tendientes a la reducci&oacute;n ind&iacute;gena, al aprovechamiento de su mano de obra en actividades econ&oacute;micas y al control del territorio de la pen&iacute;nsula. Prop&oacute;sitos en los cuales qued&oacute; patente el tratamiento de zona de frontera, caracterizada por el papel preponderante de las fuerzas militares, con lo cual algunos autores estiman que el gobierno actu&oacute; "traicionando as&iacute; la actitud civil que iba en aumento, en el af&aacute;n de resolver el problema de los indios no pacificados".<sup><a name="n66b"></a><a href="#n66a">66</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La guerra en el occidente y norte de la Guajira: La "conquista" de Bernardo Ruiz de Noriega, 1760&#45;1762</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1760 la corona espa&ntilde;ola contrat&oacute; al asentista de negocios y v&iacute;veres Bernardo Ruiz de Noriega, para erradicar el trato il&iacute;cito que se presentaba a lo largo de la costa, entre las bocas del r&iacute;o Magdalena y la laguna de Maracaibo. Adem&aacute;s, deb&iacute;a pacificar y someter a los indios guajiros, para cuyo efecto le concedi&oacute; el t&iacute;tulo de pacificador. Los gastos de las expediciones corrieron a cargo del titular y como contraprestaci&oacute;n, en caso de resultados positivos, tendr&iacute;a el asiento de los v&iacute;veres en toda la provincia del Hacha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al llegar a la Guajira, Ruiz entabl&oacute; negociaciones con el cacique mayor Cecilio L&oacute;pez Sierra en el pueblo de Boronata, fue padrino de &oacute;leos de una hija suya "cuya funci&oacute;n se hizo con la mayor solemnidad y lucimiento, presenci&aacute;ndola los reverendos padres capuchinos y gran n&uacute;mero de indios de varias parcialidades".<sup><a name="n67b"></a><a href="#n67a">67</a></sup> Posteriormente hizo fijar un bando de perd&oacute;n general en los pueblos de misi&oacute;n establecidos por los capuchinos, entre ellos el Rinc&oacute;n, Orino, Boronata y La Cruz. Ruiz planeaba fundar dos pueblos que sirvieran de contenci&oacute;n tanto para los tratantes extranjeros como para los indios: Bah&iacute;a Honda y la villa de San Carlos de Pedraza. El primero estar&iacute;a ubicado en el extremo norte y el segundo al sur, un poco al oriente de Riohacha. Para lograr todos estos objetivos, Ruiz contaba con 1 000 hombres repartidos en tres sitios: unos saldr&iacute;an de Maracaibo para ocupar las faldas de los montes de Oca; otros de Valledupar y Pueblo Nuevo hacia las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, y los &uacute;ltimos de Riohacha a Bah&iacute;a Honda.<a name="n68b"></a><sup><a href="#n68a">68</a></sup> Con lo cual era evidente que Ruiz quer&iacute;a acorralar a los guajiros desde tres frentes: norte, oeste y este; aunque paralelamente a estos planes, estableci&oacute; pactos directos con los l&iacute;deres de las parcialidades ind&iacute;genas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los acuerdos estipulaban que los indios deb&iacute;an reconocer la religi&oacute;n cat&oacute;lica, recibir a sus misioneros y proceder contra sus <i>piaches,</i> destruyendo los elementos para sus "diab&oacute;licas" curaciones. Dejar&iacute;an de casarse con varias mujeres y vivir&iacute;an con una, como lo ordenaba la Iglesia. Reconocer&iacute;an como autoridad &uacute;nica terrenal la del rey y sus sucesores en la corona, al igual que acatar&iacute;an las leyes que Espa&ntilde;a creara, incluidas aquellas que les afectara directamente como la fundaci&oacute;n de los pueblos que Bernardo Ruiz estimara convenientes, comprometi&eacute;ndose a vivir en ellos y a echar a los espa&ntilde;oles que estuvieran entre sus parcialidades, salvo las excepciones permitidas por las autoridades. A &eacute;stas mantendr&iacute;an informadas de cuanto ocurriera en sus pueblos e ir&iacute;an desarmados cuando tuvieran que entrar a poblaciones de espa&ntilde;oles. Todas las parcialidades guardar&iacute;an amistad rec&iacute;proca, perdon&aacute;ndose los agravios, y, en caso de conflicto se compromet&iacute;an a usar las flechas sin "rayas envenenadas" y el fusil. Adem&aacute;s colaborar&iacute;an con sus armas y ganado en la conquista o sometimiento de los indios no reducidos o de cualquier parcialidad que se revelara. Los indios buzos que habitaban en el Carrizal al mando de Pacho G&aacute;mez se someter&iacute;an a las mismas condiciones en el pueblo que se les asignara. Si se cumpl&iacute;an tales puntos, se les liberar&iacute;a del tributo durante diez a&ntilde;os.<a name="n69b"></a><sup><a href="#n69a">69</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tales condiciones reflejaban la esencia de las relaciones entre ind&iacute;genas y espa&ntilde;oles. La congregaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en pueblos, la aceptaci&oacute;n de la religi&oacute;n y el acatamiento de las autoridades reales evidencian el deseo de sujetar a los indios perleros en un pueblo diferente para aprovechar su mano de obra en la extracci&oacute;n del recurso, de lo cual extraer&iacute;an beneficio los comerciantes de Riohacha y las arcas reales con el pago del quinto. Por otro lado, era motivo de preocupaci&oacute;n para las autoridades espa&ntilde;olas los conflictos internos entre las parcialidades, puesto que retrasaban y entorpec&iacute;an la pacificaci&oacute;n general. A menudo, algunas estaban en guerra como producto de alg&uacute;n agravio que, de acuerdo con sus c&oacute;digos culturales, merec&iacute;a tal sanci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La prohibici&oacute;n de que espa&ntilde;oles vivieran entre las parcialidades ind&iacute;genas ten&iacute;a sentido en la medida en que se consideraba perjudicial su influencia en contra de las propias autoridades. Esta situaci&oacute;n hab&iacute;a sido advertida por los capuchinos en 1720, cuando fray Pedro de Muniesa en carta al obispo de Santa Marta, Antonio Monroy Meneses, plante&oacute; que: "Las setas que les van metiendo los vecinos de esta ciudad &#91;a los indios&#93; a los que tenemos ya inclinados a vivir debajo de la ense&ntilde;anza de nuestra Santa Fe &#91;...&#93; pues hasta decirles, que si son blancos para tener padres, si saben para que quieren el padre vayan a rezar los ni&ntilde;os, que no es para otra cosa sino que estando gordos los mata el padre"; m&aacute;s adelante se&ntilde;al&oacute; que "lo que yo digo p&uacute;blicamente, que si el rey nuestro se&ntilde;or quiere que a los indios guajiros se les reduzcan a nuestra ley &#91;se deben conquistar a los moradores de esta ciudad&#93;, que los guajiros conquistados est&aacute;n".<sup><a name="n70b"></a><a href="#n70a">70</a></sup> La empresa de Ruiz tuvo otros inconvenientes no menos graves. Muy pronto el indio l&iacute;der de Chimare, Pablo Majusare, rompi&oacute; la tregua y con ella las capitulaciones acordadas con el pacificador.<a name="n71b"></a><sup><a href="#n71a">71</a></sup> De otra parte, comenz&oacute; una seria competencia de jurisdicciones entre Ruiz y las autoridades reales en Riohacha en cabeza del comandante de la provincia, Francisco Pinero y los miembros del Cabildo. El incidente empez&oacute; cuando Pinero invadi&oacute; predios territoriales de Ruiz. Este &uacute;ltimo le aclar&oacute; a Pinero: "A vuestra majestad no conozco tenga m&aacute;s jurisdicci&oacute;n que desde el R&iacute;o del Hacha a los pasos de Maroma y algunos lugares camino del Valle y est&aacute; prestada porque toda la dem&aacute;s de esta vasta provincia est&aacute; a mi orden, direcci&oacute;n y cuidado."<sup><a name="n72b"></a><a href="#n72a">72</a></sup> Pinero argument&oacute; que Ruiz obligaba a los hacendados de la provincia a acompa&ntilde;arlo en sus campa&ntilde;as de pacificaci&oacute;n.<sup><a name="n73b"></a><a href="#n73a">73</a></sup> El pacificador ten&iacute;a la facultad de repartir tierras e indios a los soldados de la hueste que participaran activamente en campa&ntilde;as de pacificaci&oacute;n tal y como se hab&iacute;a hecho entre 1715 y 1720. Otro inconveniente lo constituy&oacute; la facultad de Ruiz para nombrar funcionarios de justicia en los terrenos denominados de la Otra Banda, correspondiente a los predios de la margen derecha del r&iacute;o Rancher&iacute;a hasta el r&iacute;o Sucuy, en inmediaciones de la provincia de Maracaibo. El Cabildo de Riohacha alegaba que Ruiz no informaba a esa colectividad de sus acciones.<sup><a name="n74b"></a><a href="#n74a">74</a></sup> El pleito se agudiz&oacute; por la acusaci&oacute;n que Ruiz hizo ante el virrey en el sentido de que Pinero boicoteaba el desembarco de municiones para las expediciones contra los indios; adem&aacute;s demoraba los auxilios para las salidas, cuando a veces no se las proporcionaba; creaba animadversi&oacute;n en los indios de La Cruz, el Rinc&oacute;n y Laguna de Fuentes contra las huestes de Ruiz y usurpaba facultades.<sup><a name="n75b"></a><a href="#n75a">75</a></sup> Pinero en sus descargos argument&oacute; que Ruiz sac&oacute; frutos del "pa&iacute;s" sin discriminaci&oacute;n alguna, adem&aacute;s le acusaba de haber sacado dinero prestado de las arcas reales de Riohacha y Valledupar sin haberlo restituido totalmente.<sup><a name="n76b"></a><a href="#n76a">76</a></sup> Finalmente, en julio de 1762, el virrey orden&oacute; suspender la empresa de pacificaci&oacute;n que llevaba a cabo Ruiz en la Guajira. La empresa de pacificaci&oacute;n de Ruiz en la Guajira tuvo inconvenientes por la competencia de jurisdicciones generada con el gobernador y el Cabildo de Riohacha. A esto se sum&oacute; el hecho de que tal empresa chocaba con los intereses locales de las autoridades, la mayor&iacute;a de las veces vinculadas al comercio il&iacute;cito. El pacificador Ruiz acusaba a Pinero de permitir en las costas el contrabando abierto de los ingleses y holandeses a cambio de que sus tropas recibieran "las regal&iacute;as de las balandras por el consentimiento de su anclaje y dem&aacute;s de ellos la tasa que tienen puesta a todo lo que se embarca, es un peso por cada mu&iacute;a o caballo, dos reales por cada carga de palo, un real por cada cuero".<sup><a name="n77b"></a><a href="#n77a">77</a></sup> Desde este punto de vista la defensa jurisdiccional resultaba ser un pretexto. La empresa pacificadora de Ruiz no tuvo &eacute;xito porque a las autoridades locales no les conven&iacute;a la sujeci&oacute;n de los indios, pues ello impedir&iacute;a el libre desarrollo del trato il&iacute;cito. De ah&iacute; que las capitulaciones estuvieran condenadas al fracaso. Sin embargo, de la campa&ntilde;a de Ruiz quedaron establecidos pueblos de indios en las llamadas Sabanas de Ypapa y Bah&iacute;a Honda, en la Alta Guajira, y el pueblo de indios buzos en el Carrizal, entre el Cabo de la Vela y Riohacha.<a name="n78b"></a><sup><a href="#n78a">78</a></sup> Pese a que el poblamiento y la tarea pacificadora fueron asignadas por las autoridades hispanas a Ruiz por medio de una contrata particular, es decir, privada, el fin en el fondo era el mismo: someter por medio de la guerra a los nativos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La "pacificaci&oacute;n" de Antonio de Ar&eacute;valo (1772&#45;1776)</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las acciones del ingeniero militar Antonio de Ar&eacute;valo en la Guajira entre 1772 y 1776 no fueron aisladas, sino que hicieron parte de las pol&iacute;ticas que en materia de defensa y estrategias militares impulsaron las nuevas orientaciones borb&oacute;nicas. En efecto, los cambios establecidos por las reformas en esta materia fueron sustanciales: se adecu&oacute; el aparato militar basado en el control de todo el continente americano al establecimiento de l&iacute;neas defensivas en torno a una serie de puntos clave, pasando as&iacute; de una fortificaci&oacute;n aislada y aparentemente inexpugnable a un cord&oacute;n defensivo que incluy&oacute; ciudades enteras, litorales, caminos y puertos. En el Caribe, por ejemplo, el tri&aacute;ngulo cuyos v&eacute;rtices eran San Agust&iacute;n de la Florida al norte, Veracruz al oeste y Cartagena de Indias al sur fue un espacio importante en los sistemas defensivos.<sup><a name="n79b"></a><a href="#n79a">79</a></sup> Para ello, las exploraciones geogr&aacute;ficas de la flora y la fauna realizadas en Am&eacute;rica durante la segunda mitad del siglo XVIII cumplieron no solamente una labor cient&iacute;fica, sino tambi&eacute;n militar y estrat&eacute;gica. Ejemplo de este doble prop&oacute;sito es el trabajo realizado por Antonio de Ar&eacute;valo en el Dari&eacute;n.<sup><a name="n80b"></a><a href="#n80a">80</a></sup> Esta pol&iacute;tica multiplic&oacute; los informes y la elaboraci&oacute;n de planes de defensa por parte de los funcionarios militares encargados de las plazas. As&iacute;, se tienen los de La Habana y la Florida en 1749, el de Santo Domingo en 1776 y el de Cartagena hecho por Antonio de Ar&eacute;valo en 1766.<sup><a name="n81b"></a><a href="#n81a">81</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El plan de Ar&eacute;valo era un informe detallado y revelador de las posibilidades y limitaciones de la ciudad de Cartagena y de su provincia. En &eacute;l expon&iacute;a la situaci&oacute;n de la jurisdicci&oacute;n y propon&iacute;a la mejor manera de defenderla de los ataques extranjeros, as&iacute; como la forma de asegurarle el suministro de alimentos vegetales y animales, para lo cual incluy&oacute; una "Raz&oacute;n de los hatos de ganados vacunos que se hallan desde las inmediaciones de Cartagena desde la distancia de 20 a 25 leguas de ella en el partido de tierra adentro, con expresi&oacute;n del n&uacute;mero de cabezas que en ellos prudencialmente se regulan por algunos pr&aacute;cticos que han dado estas noticias." De igual forma proporcion&oacute; un mapa que se&ntilde;alaba los puntos neur&aacute;lgicos de la provincia para ser defendidos en caso de un ataque enemigo. En t&eacute;rminos generales, para Ar&eacute;valo la defensa de Cartagena consist&iacute;a en tomar las medidas necesarias en tiempos de paz para tener abastecida la plaza en caso de producirse un ataque extranjero que lograra cortar las comunicaciones y aislarla.<a name="n82b"></a><sup><a href="#n82a">82</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El informe y el plan de Ar&eacute;valo no fueron productos fortuitos, pues el conocimiento de la provincia estaba sustentado por su permanencia de alrededor de unos 50 a&ntilde;os, entre 1742 y 1800 aproximadamente en Cartagena. Por otra parte, en 1761, siendo ya del cuerpo de ingenieros, particip&oacute; en una expedici&oacute;n al Dari&eacute;n con el objeto de pacificar a los ind&iacute;genas.<a name="n83b"></a><sup><a href="#n83a">83</a></sup> Su actuaci&oacute;n en la Guajira, entonces, no fue improvisada, como Ar&eacute;valo elabor&oacute; un informe de diagn&oacute;stico y un plan defensivo para Cartagena, tambi&eacute;n hizo lo propio para la Guajira, su visi&oacute;n se materializ&oacute; en un "Informe sobre la situaci&oacute;n, condiciones materiales e historia de la provincia de Riohacha, a&ntilde;o de 1773"<a name="n84b"></a><sup><a href="#n84a">84</a></sup> y un "Plan de operaciones que deber&aacute;n ejecutarse en la provincia del Hacha contra los indios de ella, a&ntilde;o de 1776".<a name="n85b"></a><sup><a href="#n85a">85</a></sup> Ambos escritos son poco conocidos en la historiograf&iacute;a colonial del Caribe colombiano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El movimiento armado way&uacute;u de 1769 oblig&oacute; a la corona espa&ntilde;ola a designar al coronel Joseph Benito Encio, comandante del Batall&oacute;n Fijo de Cartagena, para enfrentar los indios alzados en armas. El coronel Encio dilapid&oacute; los fondos provenientes de las arcas reales y demor&oacute; la expedici&oacute;n contra los guajiros, por lo cual fue relevado del mando y en su lugar se nombr&oacute; al ingeniero brigadier Antonio de Ar&eacute;valo, quien contaba con el respaldo de la corona, dada su experiencia en las campa&ntilde;as de pacificaci&oacute;n de los indios del Dari&eacute;n y su conocimiento militar. Ar&eacute;valo marc&oacute; una diferencia con sus predecesores en la pacificaci&oacute;n de la pen&iacute;nsula. Era consciente de la incapacidad de la guarnici&oacute;n de Riohacha debido a los pocos efectivos con que contaba para sujetar a los indios. En consecuencia opt&oacute;, a diferencia de Ruiz y Encio, por dialogar con los l&iacute;deres ind&iacute;genas del movimiento de 1769 y publicar un bando de perd&oacute;n general en toda la provincia. Seguidamente, liber&oacute; a los indios capturados que hab&iacute;an sido mandados a trabajos forzados a Cartagena por el gobernador de Riohacha, Ger&oacute;nimo de Mendoza. Estos actos, acompa&ntilde;ados con la entrega de regalos a los indios, tuvieron el fin de atraerlos y fundar nuevamente los pueblos quemados durante el movimiento: La Cruz, Rinc&oacute;n, Orino, Boronata y Carrizal. Los planes de Ar&eacute;valo iban m&aacute;s all&aacute;, pues se propon&iacute;a fundar cuatro poblaciones de espa&ntilde;oles en pleno territorio guajiro: Bah&iacute;a Honda, en el extremo norte; Apiesi, en el nor&#45;oriente; San Bartolom&eacute; de Sinamaica, en cercan&iacute;as de la laguna de Maracaibo, y la villa de San Carlos de Pedraza, al sur. El caso de Bah&iacute;a Honda era parte de una estrategia consistente en ocupar un espacio estrat&eacute;gico, fortificarlo, y desde all&iacute; reducir por las armas al usar el castigo de grupos peque&ntilde;os sin pretender la reducci&oacute;n de toda la comunidad ind&iacute;gena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reacci&oacute;n de los indios se present&oacute; en 1775 con el ataque al pueblo de espa&ntilde;oles llamado Apiesi, el cual fue desmantelado en su totalidad; perecieron en la acci&oacute;n m&aacute;s de 50 soldados espa&ntilde;oles.<sup><a name="n86b"></a><a href="#n86a">86</a></sup> Luego, en 1776, los indios atacaron Bah&iacute;a Honda. La respuesta de Ar&eacute;valo pas&oacute; de los medios persuasivos a la represi&oacute;n militar, para lo cual arm&oacute; grandes contingentes de soldados, cuya misi&oacute;n era castigar a los indios habitantes de la serran&iacute;a de la Macuira, se&ntilde;alados como responsables de los ataques. El desempe&ntilde;o de Ar&eacute;valo se diferenci&oacute; de sus antecesores por el uso de diversas estrategias, pero tambi&eacute;n, y esto es lo caracter&iacute;stico, porque los planes de pacificaci&oacute;n corrieron a cargo de la misma corona espa&ntilde;ola y no por contrataci&oacute;n de particulares como fue el caso de Bernardo Ruiz de Noriega. Situaci&oacute;n reveladora de que las autoridades hispanas comprendieron la gravedad del problema por lo cual decidieron tomar las riendas del asunto directamente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La guerra en el oriente. El lento y tortuoso camino de San Bartolom&eacute; de Sinamaica</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fundaci&oacute;n de la villa de San Bartolom&eacute; de Sinamaica era parte, como vimos, de una estrategia poblacional impulsada por la corona espa&ntilde;ola en la segunda mitad del siglo XVIII en la Guajira, que fue emprendida por Antonio de Ar&eacute;valo una vez negociada la paz con los nativos que tomaron parte en el movimiento armado de 1769.<sup><a name="n87b"></a><a href="#n87a">87</a></sup> Efectivamente, Ar&eacute;valo proyect&oacute; la erecci&oacute;n de cinco poblaciones de espa&ntilde;oles en el norte y oriente de la pen&iacute;nsula: Bah&iacute;a Honda, la villa de San Carlos de Pedraza, Apiesi, Santa Ana de Sabana del Valle y Sinamaica, poblados de car&aacute;cter defensivo con el objeto de controlar las acciones de los ind&iacute;genas guajiros; la poblaci&oacute;n se fund&oacute; en 1774 con 63 familias que agruparon a 216 personas.<sup><a name="n88b"></a><a href="#n88a">88</a></sup> Los problemas de seguridad ocasionados por las incursiones armadas de los guajiros y la falta de recursos de la provincia de Riohacha para mantener estas poblaciones ocasionaron la destrucci&oacute;n de Apiesi en 1775, el desmantelamiento de Bah&iacute;a Honda y Sabana del Valle en 1799, el desmantelamiento de Pedraza en 1790 y la transferencia de Sinamaica a Maracaibo en el lapso de 1790 a 1792.<sup><a name="n89b"></a><a href="#n89a">89</a></sup> En estas condiciones Sinamaica se convirti&oacute; en el punto de avanzada de la provincia de Maracaibo en territorio &eacute;tnico guajiro y, por supuesto, en el &uacute;nico basti&oacute;n de la Capitan&iacute;a General de Venezuela, que seguir&iacute;a enfrentando los mismos problemas de seguridad una vez se emprendiera de manera sistem&aacute;tica la sujeci&oacute;n de los territorios aleda&ntilde;os a la villa, incluidos los estrat&eacute;gicos del r&iacute;o Lim&oacute;n. El Lim&oacute;n serv&iacute;a de frontera natural entre el territorio &eacute;tnico guajiro y la provincia de Maracaibo.<sup><a name="n90b"></a><a href="#n90a">90</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El traspaso de Sinamaica a Maracaibo no supuso la desaparici&oacute;n de los problemas de la guerra y, por lo tanto, de la seguridad, puesto que ahora tuvieron que lidiar con la presencia de huestes ind&iacute;genas poderosas, similares a las que tuvo que enfrentar la provincia de Riohacha en el occidente de la pen&iacute;nsula. La facci&oacute;n ind&iacute;gena del l&iacute;der Yaurepara fue la encargada de frenar moment&aacute;neamente el avance colonizador que desde la villa de Sinamaica se impulsaba. Este dirigente aborigen ten&iacute;a su base de apoyo en Cojoro y Parauje, y junto a su hermano Panieme pod&iacute;an quiz&aacute;s reunir unos "2 000 hombres de armas y flechas".<a name="n91b"></a><sup><a href="#n91a">91</a></sup> La posici&oacute;n que ocupaba Yaurepara era estrat&eacute;gica por cuanto se encontraba en el camino que comunicaba a Riohacha con Maracaibo, adem&aacute;s de contar con apoyo de las facciones ind&iacute;genas que hac&iacute;an presencia en los alrededores del Lim&oacute;n; el &uacute;nico poblado hispano en la zona era Sinamaica. El "capit&aacute;n del camino de Maracaibo", como se le conoc&iacute;a a este l&iacute;der, fue protagonista de la lucha que se libr&oacute; entre las autoridades espa&ntilde;olas, los colonos hispano&#45;criollos y las facciones indias por el control de esta zona.<sup><a name="n92b"></a><a href="#n92a">92</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con un considerable pie de fuerza y con la ayuda de un zambo llamado Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez, Yaurepara estableci&oacute; redes de cooperaci&oacute;n no solamente con las facciones que dominaba, sino tambi&eacute;n con los contrabandistas ingleses que arribaban al puerto de Cojoro. Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez, que actuaba tambi&eacute;n de lenguaraz y, por lo tanto, como un eslab&oacute;n entre las tradiciones culturales ind&iacute;genas y "arijunas" (no indios), fue el encargado de funcionalizar estas redes, por lo que fue considerado por las autoridades reales como "perjudicial &#91;...&#93; en influir a los guajiros contra los espa&ntilde;oles, como en solicitar contra nosotros el auxilio de los ingleses, por medio de las m&aacute;s activas negociaciones que personalmente pasa a practicar en Jamaica".<sup><a name="n93b"></a><a href="#n93a">93</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El blanco principal de Yaurepara fue la villa de Sinamaica y los alrededores del r&iacute;o Lim&oacute;n, donde interceptaban el correo oficial y capturaban ganado.<sup><a name="n94b"></a><a href="#n94a">94</a></sup> Parte de este &uacute;ltimo iba a parar a las embarcaciones contrabandistas de los ingleses provenientes de Jamaica y de los holandeses de Curazao; las autoridades denunciaban que "con las invasiones que los indios hacen en las tierras que ocupan las haciendas de ganado, rob&aacute;ndoselas para llevar a venderlas a esos mismos contrabandistas que los proveen de armas y municiones para perpetrar sus horrendos cr&iacute;menes".<sup><a name="n95b"></a><a href="#n95a">95</a></sup> Ante la inseguridad por la presi&oacute;n de Yaurepara, las autoridades de Maracaibo y la villa de Sinamaica propusieron al gobierno central venezolano fortificar el estrecho de Parauje y establecer lanchas armadas en la costa de la mencionada villa, el Moh&aacute;n y el r&iacute;o lim&oacute;n.<sup><a name="n96b"></a><a href="#n96a">96</a></sup> Sin embargo, las autoridades tambi&eacute;n cre&iacute;an que pod&iacute;an llegar a arreglos negociados con Yaurepara, y producto de ello fue la paz que concertaron en 1799, que fue sellada con toda solemnidad entre Yaurepara, las facciones nativas que lo apoyaban, y los gobernadores de Riohacha y Maracaibo, adem&aacute;s del comandante de la villa de Sinamaica. En esas negociaciones se llegaron a los siguientes acuerdos:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) Que serian obligados al pago de las muertes hechas en los vecinos de Sinamaica durante la guerra, y que lo mismo se ejecutar&iacute;a con los de su naci&oacute;n, muertos en dicha villa por los espa&ntilde;oles.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2)  Que no pod&iacute;a entrar &#91;los indios&#93; en la nominada villa con armas de ninguna clase, antes al contrario deb&iacute;a manifestar entrando sin ellas, la paz y amistad que ten&iacute;an con los espa&ntilde;oles y la confianza que deb&iacute;an hacer de la palabra de honor de los gobernadores de Maracaibo y R&iacute;o Hacha, ante quienes se trataba y consolidaba la paz.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3)  Que los espa&ntilde;oles de las provincias tendr&iacute;an seguridad en el tr&aacute;nsito y defensa por parte de ellos contra cualesquiera que los quisiese ofender en sus personas y bienes.</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">4) Que de esta manera y verificadas las condiciones puestas por su parte las que se reduc&iacute;an a pedir varios efectos que necesitaban, olvidar&iacute;an todos los agravios y muertes ejecutadas en sus parientes y nacionales.<a name="n97b"></a><sup><a href="#n97a">97</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El punto cuatro es particularmente interesante porque hace menci&oacute;n a que los indios <i>se reduc&iacute;an a pedir varios efectos que necesitaban,</i> minimizando de esta manera un acto que en el fondo era un reconocimiento de la autonom&iacute;a y el poder de las facciones de Yaurepara. Lo que se oculta detr&aacute;s de este juego sem&aacute;ntico es la negociaci&oacute;n a que fueron llevadas las autoridades espa&ntilde;olas, y no cualquier tipo de negociaci&oacute;n sino una negociaci&oacute;n en el marco del principio de reciprocidad que rige la sociedad way&uacute;u. No se trataba entonces de pedir varios efectos que necesitaban los nativos, sino de compensaciones por agravios recibidos con anterioridad.<sup><a name="n98b"></a><a href="#n98a">98</a></sup> La compensaci&oacute;n entregada a Yaurepara inclu&iacute;a:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una pieza de coleta con <i>157 V2</i> varas; cinco frenos; seis espejitos; una libra de avalorios; un papel de agujas; cuatro pa&ntilde;uelos; dos cargas talegas; cuatro corazas; cuatro cojines; cuatro pares de estribos; cinco botijuelas vac&iacute;as; una gargantilla de oro con su relicario; cinco madejas de hilo de color morado; diez paquetes de panela; cinco botijuelas de aguardiente; ocho pesos en dinero efectivo; diez cuchillos; dos cargas de ma&iacute;z; una talega de jayo; dos fustes; cuatro hachas; nueve frascos m&aacute;s de aguardiente; un bast&oacute;n nuevo con su casco de oro, de peso una onza y ochava; una botijuela m&aacute;s de aguardiente; una cadena de oro de nueve castellanos.<sup><a name="n99b"></a><a href="#n99a">99</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yaurepara pas&oacute; a Maracaibo donde fue agasajado por el gobernador de la provincia durante cuatro d&iacute;as, tiempo en que este &uacute;ltimo tambi&eacute;n se comprometi&oacute; a entregar dos &aacute;guilas de oro.<sup><a name="n100b"></a><a href="#n100a">100</a></sup> Como se observa, el reconocimiento de la autonom&iacute;a y de los principios consuetudinarios way&uacute;u iban de la mano; sin embargo, hubo funcionarios que se percataron de esta situaci&oacute;n y argumentaron que despu&eacute;s de someter a los guajiros "nada se les conceder&aacute; por v&iacute;a de retribuci&oacute;n sino como limosna voluntaria".<sup><a name="n101b"></a><a href="#n101a">101</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fragilidad de ese tratado se hizo manifiesta cuando las fuerzas de Yaurepara y Panieme arrasaron el sitio de Puertecitos, poco distante de la villa de Sinamaica, donde murieron cuatro colonos y un soldado de la l&iacute;nea, adem&aacute;s de la apropiaci&oacute;n por parte de los nativos de unas 2 000 reses.<a name="n102b"></a><sup><a href="#n102a">102</a></sup> Anotaba el comandante de la villa, muy sorprendido por lo dem&aacute;s, que "en esta acci&oacute;n no est&aacute;n ya estos indios tan b&aacute;rbaros como otras veces en su modo de pelear, pues vinieron a nosotros divididos en tres trozos, el uno para atacar en caso de resistencia de los ganaderos, el otro para llevar inmediatamente, y poner a salvo el ganado y el mayor cuerpo apostado en el camino de la villa al socorro de aquellos".<sup><a name="n103b"></a><a href="#n103a">103</a></sup> Desde ese momento, las autoridades redoblaron su vigilancia sobre los alrededores de la villa y las entradas al r&iacute;o Lim&oacute;n, objetivo que s&oacute;lo se lograba si se aseguraba el estrecho de Parauje, punto clave porque ocupaba un buen sitio en el Golfo de Venezuela, desde donde se divisaba ampliamente la entrada de embarcaciones provenientes del norte. Fortificar este estrecho y la villa de Sinamaica fueron dos preocupaciones de las autoridades de la provincia de Maracaibo.<sup><a name="n104b"></a><a href="#n104a">104</a></sup> Estas acciones redundar&iacute;an en la plena colonizaci&oacute;n de las tierras del Lim&oacute;n para impulsar el establecimiento de conucos.<sup><a name="n105b"></a><a href="#n105a">105</a></sup> Pasar&iacute;a, sin embargo, mucho tiempo antes de que la villa de Sinamaica y las tierras del Lim&oacute;n fueran seguras para su libre colonizaci&oacute;n y explotaci&oacute;n, pues todav&iacute;a en 1845 se discut&iacute;a en el Senado y la C&aacute;mara de Representantes de Venezuela un decreto por el que se autorizar&iacute;a la construcci&oacute;n de una trinchera en la l&iacute;nea de la villa.<sup><a name="n106b"></a><a href="#n106a">106</a></sup> No obstante, Sinamaica se erigi&oacute; como punto de avanzada de manera definitiva en territorio &eacute;tnico guajiro, de hecho se convirti&oacute; en centro de operaciones de los organismos civiles, militares y religiosos, adem&aacute;s atra&iacute;a parte de la din&aacute;mica comercial producto del arribo de los indios para intercambiar sus productos.<sup><a name="n107b"></a><a href="#n107a">107</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caciques y capitanes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los intentos de sujeci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena desplegados por las autoridades espa&ntilde;olas, durante el siglo XVIII, incluyeron la v&iacute;a de ganar influencia sobre sus l&iacute;deres internos. Con tal fin crearon el cargo de cacique mayor de la naci&oacute;n guajira, que generalmente reca&iacute;a sobre un indio respetado e influyente en toda la comunidad aborigen. Tal cargo no guard&oacute; relaci&oacute;n alguna con las formas pol&iacute;ticas de las comunidades guajiras, pues los indios estaban dispersos por toda la pen&iacute;nsula, constituyendo peque&ntilde;os grupos vinculados por relaciones de parentesco; cada n&uacute;cleo ocupaba un determinado territorio y ten&iacute;a su l&iacute;der independiente y aut&oacute;nomo, por lo que no se puede pensar en la existencia de una jerarqu&iacute;a central que agrupara pol&iacute;ticamente a todos los ap&uuml;shis, si bien entre ellos hab&iacute;a alguna asimetr&iacute;a econ&oacute;mica que pod&iacute;a traducirse en una mayor capacidad de respuesta frente a las pol&iacute;ticas hispanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El papel del cacique general era servir de puente entre los indios y las autoridades, velar por el buen desempe&ntilde;o de los pueblos nativos e impedir cualquier tipo de desorden en el seno de la comunidad. La creaci&oacute;n de esta figura no tiene un seguimiento documental que permita describir su continuidad, s&oacute;lo se sabe que hacia 1696 los caciques eran Juan de Amuscotegui y Luisa de Velasco, bautizados en Riohacha por el obispo de Santa Marta, Antonio Monroy y Meneses; y que estos indios eran considerados "como los principales y cabezas de todos los dem&aacute;s indios de esta jurisdicci&oacute;n, los cuales vinieron con once hijos y sobrinos suyos".<sup><a name="n108b"></a><a href="#n108a">108</a></sup> De su desempe&ntilde;o no hay evidencia como tampoco la hay de la sucesi&oacute;n entre &eacute;stos y Cecilio L&oacute;pez Sierra, cacique mayor de la naci&oacute;n guajira hacia 1750.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Francisco Pich&oacute;n plantea que durante la administraci&oacute;n del virrey Jos&eacute; Solis (1716&#45;1762) surgi&oacute; el cacique Cecilio L&oacute;pez Sierra, mestizo, hijo de una india noble.<a name="n109b"></a><sup><a href="#n109a">109</a></sup> En efecto, Cecilio L&oacute;pez era hijo de Jacinto de Sierra, blanco espa&ntilde;ol que desempe&ntilde;&oacute; por alg&uacute;n tiempo el cargo de regidor en Riohacha, y de una nativa de nombre Magdalena, del pueblo de Boronata.<sup><a name="n110b"></a><a href="#n110a">110</a></sup> En un oficio enviado por &eacute;l al rey en 1765, en que relata sus servicios como cacique, sostiene que "por reales c&eacute;dulas de 10 de agosto del a&ntilde;o de 1702, de conferirme la gracia de capit&aacute;n de infanter&iacute;a de los indios guajiros y de sargento mayor de la misma naci&oacute;n y por el excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Joseph Solis la merced de maestre de campo".<sup><a name="n111b"></a><a href="#n111a">111</a></sup> T&iacute;tulos que el cacique asumi&oacute; seriamente, pues sus acciones tendieron a velar principalmente por el buen desempe&ntilde;o de las faenas econ&oacute;micas, las cuales iban desde el celo para evitar el trato il&iacute;cito hasta obligar a los indios al buceo de las perlas. En esta medida, la presencia del cacique se volvi&oacute; importante, al punto de que el comandante de Riohacha inform&oacute; al virrey sobre la necesidad de entenderse con el cacique Cecilio para facilitar la pacificaci&oacute;n y reducci&oacute;n de los indios:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta la presente no he conseguido la venida a mi presencia de el cacique de los guajiros, don Cecilio, por motivo de hallarse enfermo, pero ya mejorado espero la ejecute, pues tengo concebido que este sujeto ha de ser medio para que se facilite la reducci&oacute;n de esta naci&oacute;n a poblaci&oacute;n &#45;admitiendo en cada una de ellas religioso misionero&#45; por el dominio y s&eacute;quito que tiene en ella; con cuya diligencia se lograr&aacute; extinguir el continuo trato que ejercen los extranjeros en la costa, sacando la abundancia de palo de brasil y perler&iacute;a que uno y otro tienen en sus tierras. Y teniendo como tengo noticias seguras de la docilidad e inteligencia del insinuado cacique, no desconf&iacute;o poder granjearlo a mis disposiciones.<sup><a name="n112b"></a><a href="#n112a">112</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la reducci&oacute;n y fundaci&oacute;n de pueblos de indios auspiciados por las misiones capuchinas, los religiosos se valieron del acompa&ntilde;amiento del cacique y de su conocimiento de los terrenos de la pen&iacute;nsula. En 1762, acompa&ntilde;&oacute; a fray Antonio de Alcoy, prefecto de las misiones capuchinas de Santa Marta y Riohacha, en un viaje de reconocimiento con direcci&oacute;n sur&#45;norte, desde Boronata hasta Bah&iacute;a Honda, recorrido que abarc&oacute; lugares como Carrizal y Manaure, donde habitaban los indios perleros, Ypap&aacute; y Bah&iacute;a Hondita.<sup><a name="n113b"></a><a href="#n113a">113</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto al cargo de cacique mayor, los espa&ntilde;oles, en un intento de cooptar las autoridades propias de los grupos, nombraron capitanes de pueblos o asentamientos indios a los l&iacute;deres de los respectivos ap&uuml;shis, los cuales deb&iacute;an entenderse directamente con el cacique mayor. As&iacute;, por ejemplo, don Bernardo Ruiz de Noriega, pacificador de la Guajira,</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">en virtud de las facultades que me son concedidas, elijo y nombro al referido Pablo Majusare por capit&aacute;n de las parcialidades que est&aacute;n y se hallan a su devoci&oacute;n en el terreno de Chimare, para que los gobierne y mande en todo y por todo &#91;...&#93; Al mismo tenor y con la misma fecha se le despach&oacute; t&iacute;tulo al capit&aacute;n Moscote, a don Balthasar Joseph, a don Thorivio Caporinche y Santiago de Heredia; todos cabezas de parcialidad.<sup><a name="n114b"></a><a href="#n114a">114</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual forma, el pacificador nombr&oacute; capit&aacute;n al indio Juan Jacinto en los terrenos que ocupaba Bah&iacute;a Honda.<sup><a name="n115b"></a><a href="#n115a">115</a></sup> Sin embargo, la articulaci&oacute;n entre el cacique mayor y los capitanes de las parcialidades no funcion&oacute; porque &eacute;stos actuaban con total independencia de aqu&eacute;l y de las autoridades hispanas, lo cual denota que tanto el cacique mayor como los capitanes de las parcialidades usaron y sacaron provecho del cargo asignado, pues si bien en el papel aceptaron cumplir con las pol&iacute;ticas de dominaci&oacute;n, en la pr&aacute;ctica fueron agentes activos de los movimientos de protesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La guerra en los way&uacute;u</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guerra fue un elemento com&uacute;n en las comunidades ind&iacute;genas de la Guajira, de hecho fue importante en las din&aacute;micas de recomposici&oacute;n de fuerzas y de poder entre los distintos clanes. Ya desde el siglo XVI el cronista Juan de Castellanos registra la vida guerrera de la Guajira, en cercan&iacute;as del Cabo de la Vela:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ven&iacute;an los caudillos de salvajes    <br> 		Con diademas de oro coronados,    <br> 		Encima superb&iacute;simos plumajes;    <br> 		Los rostros de pinturas variados;    <br> 		A las espaldas llenos los carcajes,    <br> 		Los arcos en las manos preparados,    <br> 		Con tan feroz y bravo continente,    <br> 		Que hac&iacute;an temblar al m&aacute;s valiente.<sup><a name="n116b"></a><a href="#n116a">116</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igual observaci&oacute;n hizo fray Pedro de Aguado, quien lleg&oacute; al Nuevo Reino de Granada alrededor de 1573 y recorri&oacute; la costa atl&aacute;ntica, en cuya cr&oacute;nica describe a los abor&iacute;genes que habitaban entre Santa Marta y Riohacha como "gente belicosa y que en sus flechas ponen yerba ponzo&ntilde;osa, y son gente muy crecida y l&uacute;cida".<sup><a name="n117b"></a><a href="#n117a">117</a></sup> Pablo Ojer se&ntilde;ala c&oacute;mo los nativos de la Guajira, al despuntar el siglo XVII, asolaban los alrededores de Riohacha, de hecho el "levantamiento de los congos", sucedido en 1623 en el valle de Orino, a unos 33 kil&oacute;metros de la ciudad, muestra lo diestro que estaban estos abor&iacute;genes en la guerra.<sup><a name="n118b"></a><a href="#n118a">118</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el siglo XVIIIlas guerras entre clanes en la Guajira muestran que estas ten&iacute;an una funci&oacute;n importante porque redefin&iacute;an las correlaciones de fuerzas y de poder en el panorama clanil. Algunos de estos clanes eran reconocidos por su poder econ&oacute;mico y la capacidad de movilizar fuerzas apelando al parentesco extendido, tales como los de Caporinche, Majusares y Antonio Paredes.<sup><a name="n119b"></a><a href="#n119a">119</a></sup> "No hay en ellos cacique ni se&ntilde;or por v&iacute;nculo ni elecci&oacute;n, y s&oacute;lo lo es el que posee <i>mayor caudal,</i> como el que hoy tiene el llamado Capaurinche o Toribio."<sup><a name="n120b"></a><a href="#n120a">120</a></sup> Joseph Galluzo describ&iacute;a con los siguientes t&eacute;rminos al l&iacute;der nativo Antonio Paredes: <i>"Por ser este indio el m&aacute;s rico de toda la naci&oacute;n guajira los tiene a todos acobardados, porque cuando se le antoja llama a muchos de los indios pobres que</i> <i>habitan en Chimare</i> &#91;...&#93; tiene 18 barriles de p&oacute;lvora holandesa, y con esta cortedad dice que no hay m&aacute;s rey que &eacute;l."<sup><a name="n121b"></a><a href="#n121a">121</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que se observa es que la guerra constitu&iacute;a un espacio donde se movilizaban recursos en hombres, armas y animales (caballos), pero tambi&eacute;n estaba la expectativa de apoderarse de las riquezas del enemigo. Weilder Guerra ha mostrado que las disputas en la sociedad way&uacute;u se encuentran asociadas a tres factores: la competencia por el control de las &aacute;reas territoriales y los recursos naturales que en ella hay; los procesos de jerarquizaci&oacute;n social de los que se derivan competencias por posiciones pol&iacute;ticas, y la transgresi&oacute;n de normas sociales, particularmente el hurto de ganado y los homicidios.<sup><a name="n122b"></a><a href="#n122a">122</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Basta con se&ntilde;alar aqu&iacute; que uno de los mecanismos que relacionan los clanes ricos y pobres gira alrededor del nombre de la carne, <i>eirruku,</i> que se complementa con el nombre de lugar de origen; un nombre de carne com&uacute;n, aunque con distintos grados de parentesco, puede generar solidaridad en los clanes.<sup><a name="n123b"></a><a href="#n123a">123</a></sup> Las fuentes oficiales tienden sutilmente un velo sobre este aspecto, trat&aacute;ndolo de criminalizar: "Son falsos y vengativos con tal extremo, que si uno de una parcialidad, parentela, rancher&iacute;a, pueblo, o naci&oacute;n les hace alg&uacute;n da&ntilde;o, se pagan de &eacute;l, cuando pueden, en otro de la misma parte, aunque no sepan qui&eacute;n es, ni que lo hayan visto nunca, basta que sean de la parte de sus enemigos porque a todos los tienen por tales."<sup><a name="n124b"></a><a href="#n124a">124</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para 1874, Rafael Ben&iacute;tez mencion&oacute; a los siguientes clanes con algunas de sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes, incluyendo su ubicaci&oacute;n y riquezas, que vale la pena citar en extenso:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zapuanas, cocinas, cocinetas. Estos indios habitan las tierras altas de Cojoro, costa y ca&ntilde;o de Neima, J&aacute;rira, Par&aacute;uja, Aramach&oacute;n, Gran Eneal y ci&eacute;nagas inmediatas a Sinamaica, potreros y selvas de la parte sur. <i>Estos indios son muy</i> <i>pobres, viven de la rapi&ntilde;a y est&aacute;n en guerra siempre con las dem&aacute;s tribus. Con este motivo son fuertes, arrojados y diestros en el manejo de las armas, por lo que los indios ricos solicitan sus servicios mercenarios y ellos se los prestan ocasionalmente, en las empresas militares, y los pagan del bot&iacute;n del enemigo, o con animales de la propiedad de quien los ocupa.</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los hosay&uacute;es habitan el interior y Teta de Cojoro. No tienen puerto de mar; pero son riqu&iacute;simos en ganados, y bestias y la riqueza all&iacute; est&aacute; tan bien distribuida que es muy raro el indio que no posee algunos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alpushianas. Habitan la costa de Cojoro, el Salado y G&uuml;inc&uacute;a. Poseen poco ganado pero bueno, y sus caballos tienen fama de corredores. Las sierras abundan en brasil &#91;palo brasil&#93; y dividive &#91;dividivi&#93;, como en monte de Oca, lo que utilizan en el tr&aacute;fico coste&ntilde;o.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jarariyues. Habitan el interior de Macuire.</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Urianas. &Eacute;stos habitan las costas y sierras de Macuire, la parte m&aacute;s f&eacute;rtil de la pen&iacute;nsula, ba&ntilde;ada por un riachuelo que lleva el nombre del lugar, y hace excelente las tierras de pancoger. <i>Son ricos en ganados, mayor y menor, de gran tama&ntilde;o: tambi&eacute;n lo son de bestias de toda especie,</i> pero su raza no es de las mejores.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los purciarines. Habitan las costas del norte, de Macuire al Cabo de la Vela, en cuya extensi&oacute;n <i>hay varios puertos: entre ellos los Porteles y la famosa Bah&iacute;a Honda, en que se hace un comercio bastante activo, principalmente con Jamaica y Aruba.</i> Sus riquezas consisten en ganado mayor y menor y en buenas bestias.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los Hipuanas. Habitan la costa que se dilata del Cabo de la Vela a Tairupu: en esta distancia es que se encuentra la famosa pesca de perlas. La riqueza de estos indios, en ganados y bestias, que es considerable, est&aacute; entre ellos tan bien distribuidas &#91;...&#93;</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los Hipuay&uacute;es. Habitan el interior de la costa del norte hasta cerca de Riohacha. Aunque <i>no tienen costas,</i> negocian con los buques extranjeros, por los puertos de la Vela y Bah&iacute;a Honda; pero su mayor comercio lo hacen con Riohacha.<sup><a name="n125b"></a><a href="#n125a">125</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se observa, era una sociedad clanil jerarquizada de acuerdo con el grado de riquezas que pose&iacute;a, que compet&iacute;a por los recursos que entraban en escena cuando irrump&iacute;a la guerra. Por lo tanto, las guerras de "pacificaci&oacute;n" introducidas por las autoridades hispanas y los vecinos hispano&#45;criollos con el objeto de someterlos y controlarlos no les fue ajena, por el contrario, era parte de su vida diaria, e incluso la utilizaron para sacar provecho de ella. En efecto, en la Guajira durante el siglo XVIII, al igual que en otros espacios hispanos, se configur&oacute; una red de alianzas y rivalidades entre ind&iacute;genas, autoridades reales, vecinos y extranjeros que entraban en funcionamiento de acuerdo con los intereses que se jugaban en la contienda. En ocasiones los clanes establecieron alianzas con las autoridades hispanas para lanzar guerras contra otros clanes enemigos, as&iacute; como tambi&eacute;n contra los cocina.<a name="n126b"></a><sup><a href="#126a">126</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pol&iacute;tica borb&oacute;nica de defensa y control de territorios en el Caribe de Nueva Granada durante la segunda mitad del siglo XVIII fracas&oacute; en el intento concreto de reprimir el trato il&iacute;cito y pacificar a los indios guajiros. Las medidas tomadas por las autoridades reales de Riohacha dependieron en gran parte de los socorros prestados por las provincias vecinas como Santa Marta, Valledupar y Maracaibo, las cuales a menudo se encontraban en iguales aprietos econ&oacute;micos que Riohacha. Las arcas reales de la provincia de Riohacha en los a&ntilde;os de 1772 a 1775 presentaron un d&eacute;ficit calculado por Ar&eacute;valo en 200 366 pesos de plata.<a name="n127b"></a><sup><a href="#n127a">127</a></sup> Esto afect&oacute; directamente la disponibilidad de recursos para pagar las tropas terrestres y mar&iacute;timas que vigilar&iacute;an desde el puerto de Riohacha hasta la ciudad de Maracaibo. Por otro lado, la pen&iacute;nsula de la Guajira, territorio fronterizo abierto hacia el norte, no encontr&oacute; una s&oacute;lida unidad con el interior del virreinato porque, aparte de no poseer incentivos para colonizadores y aventureros debido a la naturaleza f&iacute;sica de su territorio, los indios guajiros actuaron como disuasores de cualquier intento de su reducci&oacute;n y del cierre de las v&iacute;as por las cuales se introduc&iacute;a el contrabando. En un principio, las estrategias empleadas por las autoridades espa&ntilde;olas para pacificar a los indios fueron pensadas para una poblaci&oacute;n pol&iacute;ticamente homog&eacute;nea; lo cual hizo que no tuvieran efecto alguno entre indios organizados en numerosas parcialidades independientes, pero adem&aacute;s porque la guerra para ellos hac&iacute;a parte de su vida cotidiana y, por lo tanto, las operaciones militares no los debilitaron. Quiz&aacute;s por ello, en la segunda mitad del siglo, recurrieron a nombrar, en calidad de capitanes, a quienes actuaban como l&iacute;deres naturales de esas parcialidades ind&iacute;genas. &Eacute;stos deb&iacute;an actuar de consuno con el "cacique mayor" Cecilio L&oacute;pez Sierra. De esta forma se busc&oacute; superar el obst&aacute;culo de la estructura pol&iacute;tico&#45;social de los ind&iacute;genas y su caracter&iacute;stica guerrera, las cuales fueron, a la postre, elementos determinantes en el &eacute;xito de la resistencia nativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n interna de la pen&iacute;nsula ayud&oacute; a que la influencia econ&oacute;mica de ingleses y holandeses en el Caribe afianzara el eje Jamaica&#45;Curazao&#45;Guajira como un espacio econ&oacute;mico que consolid&oacute; el comercio il&iacute;cito en detrimento de las pol&iacute;ticas comerciales del imperio espa&ntilde;ol. Esto permiti&oacute; que en la pen&iacute;nsula, al igual que entre sus habitantes espa&ntilde;oles, mestizos, negros e indios, circularan productos proporcionados por el contrabando, tr&aacute;fico que desconoci&oacute; el pago del arancel y afect&oacute;, de modo significativo, las arcas del virreinato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De otro lado, la situaci&oacute;n interna abri&oacute; espacios para que en la pen&iacute;nsula de la Guajira se manifestara la pugna de Espa&ntilde;a con Inglaterra y los dem&aacute;s pa&iacute;ses que procuraban afianzar su presencia en el Caribe. De ah&iacute; que los intentos de influencia pol&iacute;tica desplegados por las potencias rivales incluyeran la venta de armas de fuego a los indios, o su intercambio por las materias primas producidas. No es de extra&ntilde;ar, entonces, que elementos como el contrabando y la independencia del pueblo way&uacute;u, rasgos t&iacute;picos de una zona fronteriza del siglo XVIII, se mantuvieron intactos a lo largo de los siglos XIX y XX, prolong&aacute;ndose y conserv&aacute;ndose, particularmente en la Alta Guajira, en donde el contrabando sigue siendo una forma de subsistencia para muchos de sus habitantes, indios way&uacute;u que mantienen la vigencia de su cultura. Quienquiera que visite la Alta Guajira se dar&aacute; cuenta que la dial&eacute;ctica pasado&#45;presente a&uacute;n vive en esos territorios.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Archivos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AGI Archivo General de Indias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AGN Archivo General de la Naci&oacute;n, Santa Fe de Bogot&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AGNV Archivo General de la Naci&oacute;n de Venezuela, Caracas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ASHM Archivo del Servicio Hist&oacute;rico Militar, Madrid.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Hemerograf&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Correo Nacional.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Constitucional de Maracaibo.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Zulia Ilustrado</i> (Revista Mensual), Maracaibo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La Mariposa,</i> Maracaibo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La Opini&oacute;n Nacional</i> (Diario de la Tarde), Caracas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aguado, Fray Pedro de, <i>Recopilaci&oacute;n historial,</i> Bogot&aacute;, Imprenta Nacional, 1906,480 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670037&pid=S1405-2253200500020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alcacer, Fray Antonio de, <i>Las misiones capuchinas en el Nuevo Reino de Granada hoy</i> <i>Colombia (1648&#45;1820),</i> Bogot&aacute;, Seminario Ser&aacute;fico Misional Capuchino, 1959.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670039&pid=S1405-2253200500020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ara&uacute;z Moneante, Celestino Andr&eacute;s, <i>El contrabando holand&eacute;s en el Caribe durante la primera mitad del siglo XVIII,</i> Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1984,2 tt.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670041&pid=S1405-2253200500020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ar&eacute;valo, Antonio de, "Plan de operaciones que deber&aacute; ejecutarse en la provincia del Hacha contra los indios de ella, 1776" en Mar&iacute;a Teresa Oliveros, <i>Goajiro,</i> M&eacute;rida, Venezuela, Universidad de los Andes, 1975.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670043&pid=S1405-2253200500020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Informe sobre la situaci&oacute;n y el estado general de la provincia del R&iacute;o del Hacha, 1773" (transcripci&oacute;n y notas de Jos&eacute; Polo Acu&ntilde;a), <i>El Taller de la Historia,</i> 1, Cartagena, Programa de Historia&#45;Facultad de Ciencias Humanas&#45;Universidad de Cartagena, 2001, pp. 213&#45;250.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670045&pid=S1405-2253200500020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Armellada, Fray Ces&aacute;ro de (comp.), <i>Fuero ind&iacute;gena venezolano,</i> Caracas, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas&#45;Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670047&pid=S1405-2253200500020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barrera Monroy, Eduardo, <i>Mestizaje, comercio y resistencia (La Guajira durante la</i> <i>segunda mitad del siglo XVIII),</i> Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, 2000,246 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670049&pid=S1405-2253200500020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Batista, Juan, <i>La estrategia espa&ntilde;ola en Am&eacute;rica durante el siglo de las luces,</i> Madrid, Mapfre, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670051&pid=S1405-2253200500020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bell Lemus, Gustavo, "La conexi&oacute;n jamaiquina y la Nueva Granada 1760&#45;1840", <i>Huellas,</i> Universidad del Norte, n&uacute;m. 18, 1986, Barranquilla, pp. 9&#45;19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670053&pid=S1405-2253200500020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ben&iacute;tez, Rafael, <i>La Guajira en 1874,</i> introd. y notas de Marco&#45;Aurelio Vila, Maracaibo, Universidad del Zulia, 1957, 45 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670055&pid=S1405-2253200500020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brading, David, "La Espa&ntilde;a de los borbones y su imperio americano", Leslie Bethell (edit), <i>Historia de Am&eacute;rica Latina,</i> Barcelona, Cr&iacute;tica/Cambridge University, 1990, t. 2, pp. 85&#45;126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670057&pid=S1405-2253200500020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Caballero y G&oacute;ngora, Antonio, "Relaci&oacute;n del estado del Nuevo Reino de Granada a Francisco Gil y Lemos, 1789" en Francisco Posada y Pedro Mar&iacute;a Ib&aacute;&ntilde;ez (comps.), <i>Relaciones de mando,</i> Bogot&aacute;, Biblioteca de Historia Nacional, 1910, vol. 7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670059&pid=S1405-2253200500020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carrocera, Fray Buenaventura de, <i>Misi&oacute;n de los capuchinos en Cuman&aacute;. Documentos (1735&#45;1817),</i> Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1968, t. III.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670061&pid=S1405-2253200500020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castellanos, Juan de, <i>Eleg&iacute;as de varones Ilustres de Indias,</i> introd. y notas de Isaac Pardo, Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1962, 284 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670063&pid=S1405-2253200500020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Clemente Batalla, Isabel, "El virreinato de la Nueva Granada y las relaciones internacionales en el Caribe", <i>Huellas,</i> Universidad del Norte, n&uacute;m. 44, 1989, Barranquilla, pp. 18&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670065&pid=S1405-2253200500020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dorta, Enrique Marco, "Cartagena de Indias: riquezas ganaderas y problemas", <i>Tercer Congreso Hispano Americano de Historia II de Cartagena de Indias,</i> Cartagena, Talleres Gr&aacute;ficos Mogoll&oacute;n, 1962.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670067&pid=S1405-2253200500020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ernst, Adolfo, <i>Obras completas,</i> compilaci&oacute;n por Blas Bruni Celli, Caracas, Ediciones de la Presidencia de la Rep&uacute;blica, 1987, t. VI, pp. 315&#45;485.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670069&pid=S1405-2253200500020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fox, Rob&iacute;n, <i>Sistemas de parentesco y matrimonio,</i> Madrid, Alianza, 1979, 253 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670071&pid=S1405-2253200500020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a, Antonio, <i>Los comuneros en la pre&#45;revoluci&oacute;n de independencia,</i> Bogot&aacute;, Plaza y Janes, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670073&pid=S1405-2253200500020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Los levantamientos goajiros" en Antonio Garc&iacute;a, <i>Los comuneros en la</i> <i>pre&#45;revoluci&oacute;n de independencia,</i> Bogot&aacute;, Plaza y Jan&eacute;s, 1981, pp. 119&#45;128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670075&pid=S1405-2253200500020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "El conflicto hispano&#45;brit&aacute;nico y el ordenamiento capitalista del Caribe" en Antonio Garc&iacute;a, <i>Los comuneros en la pre&#45;revoluci&oacute;n de Independencia,</i> Bogot&aacute;, Plaza y Jan&eacute;s, 1981, pp. 119&#45;128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670077&pid=S1405-2253200500020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">G&oacute;mez P&eacute;rez, Carmen, <i>El sistema defensivo americano siglo XVIII,</i> Madrid, MAPFRE, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670079&pid=S1405-2253200500020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grahn, Lance, "Contraband, Commerce and Society in New Granada, 1713&#45;1763", disertaci&oacute;n doctoral, Duke University, 1985, microfilme.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670081&pid=S1405-2253200500020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grimson, Alejandro, "Los procesos de fronterizaci&oacute;n: flujos, redes e historicidad" en Clara In&eacute;s Garc&iacute;a (comp.), <i>Fronteras (territoriosy met&aacute;foras),</i> Medell&iacute;n, Hombre Nuevo Editores/Universidad de Antioquia, 2003, pp. 15&#45;33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670083&pid=S1405-2253200500020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guerra C&uacute;rvelo, Weilder, "La rancher&iacute;a de perlas del Cabo de la Vela (1538&#45;1550)", <i>Huellas,</i> Universidad del Norte, n&uacute;ms. 49&#45;50, 1997, Barranquilla, pp. 33&#45;51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670085&pid=S1405-2253200500020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>La disputa y la palabra. La Ley en la sociedad way&uacute;u,</i> Bogot&aacute;, Ministerio de Cultura, 2001, 327 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670087&pid=S1405-2253200500020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guzman, Pedro, <i>Apuntaciones hist&oacute;ricas del estado Zulia,</i> Maracaibo, Universidad del Zulia, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670089&pid=S1405-2253200500020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemming, John, "Los indios y la frontera en el Brasil colonial" en Leslie Bethell (ed.), <i>Historia de Am&eacute;rica Latina,</i> Barcelona, Cr&iacute;tica/Cambridge University, 1990, t. 4, pp. 189&#45;226.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670091&pid=S1405-2253200500020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jahn, Alfredo, <i>Los abor&iacute;genes del occidente de Venezuela. Su historia, etnograf&iacute;a y afinidades</i> <i>ling&uuml;&iacute;sticas,</i> Caracas, Litograf&iacute;a y Tipograf&iacute;a del Comercio, 1927.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670093&pid=S1405-2253200500020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Juli&aacute;n, Antonio, <i>La perla de Am&eacute;rica, Provincia de Santa Marta,</i> Bogot&aacute;, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1951.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670095&pid=S1405-2253200500020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jusay&uuml;, Miguel &Aacute;ngel y Jes&uacute;s Olza Zubiri, <i>Diccionario sistem&aacute;tico de la lengua guajira,</i> Caracas, Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello/Centro de Lenguas Ind&iacute;genas, 1988, 199 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670097&pid=S1405-2253200500020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kuethe, Alian, "La campa&ntilde;a pacificadora en la frontera de Riohacha (1772&#45;1779)", <i>Huellas,</i> Universidad del Norte, n&uacute;m. 19, 1987, Barranquilla, pp. 9&#45;17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670099&pid=S1405-2253200500020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&oacute;n Oliveros, Ram&oacute;n, <i>Las relaciones inter&#45;&eacute;tnicas y la intervenci&oacute;n del Estado en el territorio de la Guajira venezolana,</i> Caracas, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas y Sociales&#45;Universidad Central de Venezuela, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670101&pid=S1405-2253200500020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&oacute;n Sol&iacute;s, Leonardo, "Las invasiones ind&iacute;genas contra las localidades fronterizas de Buenos Aires, Cuyo y Chile, 1700&#45;1800", <i>Bolet&iacute;n Americanista,</i> Universidad de Barcelona, n&uacute;m. 36,1986, Barcelona, pp. 75&#45;105.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670103&pid=S1405-2253200500020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Liveros de Castro, Mar&iacute;a Teresa, <i>Goajiro,</i> Metida, Universidad de los Andes, 1975.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670105&pid=S1405-2253200500020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Londo&ntilde;o Mota, Jaime, "La frontera: un concepto en construcci&oacute;n" en Clara In&eacute;s Garc&iacute;a (comp,), <i>Fronteras (territorios y met&aacute;foras),</i> Medell&iacute;n, Ediciones Hombre Nuevo/Universidad de Antioquia, 2003, pp. 61&#45;83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670107&pid=S1405-2253200500020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&oacute;pez (Briscol), Antonio Joaqu&iacute;n, <i>Dolores de una raza,</i> Bogot&aacute;, Ecopetrol/Alcald&iacute;a Municipal de Uribia, s. a., 174 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670109&pid=S1405-2253200500020000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McFarlane, Anthony, <i>Colombia antes de la independencia. Econom&iacute;a, sociedad y pol&iacute;tica bajo el dominio borb&oacute;n,</i> Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica/El &Aacute;ncora Editores, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670111&pid=S1405-2253200500020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McKenzie, Jos&eacute; Agust&iacute;n, <i>As&iacute; es la Guajira,</i> Bogot&aacute;, Intercor, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670113&pid=S1405-2253200500020000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, <i>Negociaci&oacute;n de l&iacute;mites entre los Estados Unidos de Colombia y los Estados Unidos de Venezuela en 1874 y 1875,</i> Caracas, Ministerio de Relaciones Exteriores, 1979, t. II, series B&#45;C, pp. 133&#45;136 (Fronteras).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670115&pid=S1405-2253200500020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moreno, Petra Josefina y Alberto Tarazona, <i>Materiales para el estudio de las relaciones inter&#45;&eacute;tnicas en la Guajira, siglo XVIII&#45;Documentos y mapas&#45;,</i> Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670117&pid=S1405-2253200500020000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mu&ntilde;era, Alfonso, <i>El fracaso de la naci&oacute;n. Regi&oacute;n, clase y raza en el Caribe colombiano (1717&#45;1810),</i> Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica/El &Aacute;ncora Editores, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670119&pid=S1405-2253200500020000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Narv&aacute;ez y la Torre, Antonio de, "Informe de Antonio de Narv&aacute;ez y la Torre sobre la provincia de Santa Marta y Riohacha, 1778" en Sergio El&iacute;as Ortiz (comp.), <i>Escritos de dos economistas coloniales,</i> Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica, 1965.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670121&pid=S1405-2253200500020000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ojer, Pablo, <i>El golfo de Venezuela. Una s&iacute;ntesis hist&oacute;rica,</i> Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1983, 632 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670123&pid=S1405-2253200500020000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Sumario hist&oacute;rico del golfo de Venezuela,</i> San Crist&oacute;bal, Universidad Cat&oacute;lica del T&aacute;chira, 1984,147 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670125&pid=S1405-2253200500020000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Oliver, Jos&eacute;, "Reflexiones sobre el posible origen delway&uacute;u (guajiro)" en Gerardo Ardua (ed.), <i>La Guajira (De la memoria al porvenir. Una visi&oacute;n antropol&oacute;gica),</i> Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1990, 318 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670127&pid=S1405-2253200500020000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortiz, Sergio Elias (comp.), <i>Escritos de dos economistas coloniales,</i> Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica, 1965.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670129&pid=S1405-2253200500020000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otte, Enrique, <i>Las perlas del Caribe: Nueva C&aacute;diz de Cubagua,</i> Caracas, Fundaci&oacute;n John Boulton, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670131&pid=S1405-2253200500020000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paz Reverol, Carmen Laura, "La sociedad way&uacute;u: modo de vida y principios consuetudinarios en el contexto republicano", <i>El Taller de la Historia,</i> 2, Programa de Historia&#45;Facultad de Ciencias Humanas&#45;Universidad de Cartagena, 2002, pp. 47&#45;83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670133&pid=S1405-2253200500020000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pedraja, Rene de la, "La Guajira en el siglo XIX: ind&iacute;genas, contrabando y carb&oacute;n", <i>Desarrollo y Sociedad,</i> Universidad de los Andes, n&uacute;m. 6, 1981, Bogot&aacute;, pp. 229&#45;259.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670135&pid=S1405-2253200500020000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;rez Van&#45;Leenden, Francisco Justo, <i>Wayuunaiki: estado, sociedad y contacto,</i> Maracaibo, Universidad del Zulia/Universidad de la Guajira, 1998, 72 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670137&pid=S1405-2253200500020000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pich&oacute;n, Francisco, <i>Geograf&iacute;a de la pen&iacute;nsula Guajira,</i> Santa Marta, Escoffet, 1947.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670139&pid=S1405-2253200500020000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pic&oacute;n, Francois&#45;Ren&eacute;, <i>Pasteurs du nouveau monde. Adoption de l'&eacute;levage chez les indiens</i> <i>guajiros,</i> Par&iacute;s, Editions de la Maison des Sciences de l'Homme, 1983, pp. 76&#45;77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670141&pid=S1405-2253200500020000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Polo Acu&ntilde;a, Jos&eacute;, "Los way&uacute;u y los cocina: dos caras diferentes de una misma moneda en la resistencia ind&iacute;gena en la Guajira, siglo XVIII", <i>Anuario Colombiano</i> <i>de Historia Social y de la Cultura,</i> Universidad Nacional, n&uacute;m. 26, 1999, pp. 7&#45;29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670143&pid=S1405-2253200500020000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Una mediaci&oacute;n fallida: las acciones del cacique Cecilio L&oacute;pez Sierra y el conflicto hispano&#45;way&uacute;u en la Guajira, 1750&#45;1770", <i>Historia Caribe,</i> n&uacute;m. 4, 1999, Barranquilla, pp. 67&#45;76.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670145&pid=S1405-2253200500020000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Protesta y resistencia ind&iacute;gena en la Guajira, 1750&#45;1800", tesis de maestr&iacute;a en Historia, Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670147&pid=S1405-2253200500020000500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "En defensa de la tierra: poblamiento y conflicto social en la frontera Guajira (siglo XVIII)" en <i>La Guajira (pluri&eacute;tnica y multicultural),</i> Riohacha, Fondo Mixto para la Promoci&oacute;n de las Artes y la Cultura de la Guajira, 2000, pp. 101&#45;140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670149&pid=S1405-2253200500020000500057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posada, Francisco y Pedro Mar&iacute;a Ib&aacute;&ntilde;ez (comps.), <i>Relaciones de mando,</i> Bogot&aacute;, Biblioteca de Historia Nacional, 1919, vol. 7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670151&pid=S1405-2253200500020000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosa, Jos&eacute; Nicol&aacute;s de la, <i>Floresta de la santa iglesia catedral de la ciudad de Santa</i> <i>Marta,</i> Barranquilla, Biblioteca de Autores Coste&ntilde;os, 1945, 365 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670153&pid=S1405-2253200500020000500059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salas L&oacute;pez, Fernando de, <i>Ordenanzas militares en Espa&ntilde;a e Hispanoam&eacute;rica,</i> Madrid, Mapfre, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670155&pid=S1405-2253200500020000500060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Saler, Benson, "Principios de compensaci&oacute;n y el valor de las personas en la sociedad Guajira", <i>Montalb&aacute;n,</i> Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello, n&uacute;m. 17, 1986, Caracas, pp. 53&#45;65.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670157&pid=S1405-2253200500020000500061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Silvestre, Francisco, <i>Descripci&oacute;n del reino de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;,</i> Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670159&pid=S1405-2253200500020000500062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Simons, Fred, "Informe sobre el territorio de la Guajira", <i>Bolet&iacute;n del Ministerio de Obras P&uacute;blicas de Venezuela,</i> n&uacute;ms. 167 y 169, 1892, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670161&pid=S1405-2253200500020000500063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tovar Pinz&oacute;n, Hermes, <i>Convocatoria al poder del n&uacute;mero: censos y estad&iacute;sticas de la Nueva</i> <i>Granada, 1750&#45;1830,</i> Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, Archivo General de la Naci&oacute;n, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670163&pid=S1405-2253200500020000500064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (comp.), <i>Convocatoria al poder del n&uacute;mero (Censos y Estad&iacute;sticas de la Nueva</i> <i>Granada 1750&#45;1830),</i> Bogot&aacute;, Archivo General de la Naci&oacute;n, 1994, pp. 531&#45;539.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670165&pid=S1405-2253200500020000500065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>El imperio y sus colonias (Las cajas reales de la Nueva Granada en el siglo XVI),</i> Bogot&aacute;, Archivo General de la Naci&oacute;n, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670167&pid=S1405-2253200500020000500066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Turner, Frederick Jackson, <i>La frontera en la historia americana,</i> San Jos&eacute;, Universidad Aut&oacute;noma de Centroam&eacute;rica, 1986 (1a. edici&oacute;n, 1893).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670169&pid=S1405-2253200500020000500067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">V&aacute;squez, Socorro y Hern&aacute;n Dar&iacute;o Correa, "Relaciones de contacto en la Guajira en el siglo XVI: way&uacute;us y arijunas en las pesquer&iacute;as de perlas en el Cabo de la Vela", informe presentado a la Pontificia Universidad Javeriana y Colciencias, Bogot&aacute;, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670171&pid=S1405-2253200500020000500068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Relaciones de contacto en la Guajira en el siglo XVI: way&uacute;us y arijunas (blancos y negros) en las pesquer&iacute;as de perlas del Cabo de la Vela (1540&#45;1570)", informe final de trabajo presentado a Colciencias y a la Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670173&pid=S1405-2253200500020000500069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villalobos, Sergio, <i>La vida fronteriza, en Chile,</i> Madrid, MAPFRE, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670175&pid=S1405-2253200500020000500070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weber, David, <i>La frontera espa&ntilde;ola en Am&eacute;rica del Norte,</i> M&eacute;xico, FCE, 2000, 597 pp. (1a. edici&oacute;n en espa&ntilde;ol).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670177&pid=S1405-2253200500020000500071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y Jane Rausch (eds.), <i>Where Cultures Meet (Frontiers in Lat&iacute;n American</i> <i>History),</i> Willmington, Jaguar Books, 1994, 223 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=670179&pid=S1405-2253200500020000500072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n0a"></a><a href="#n0b">*</a> Este trabajo es parte de la propuesta de tesis doctoral en historia que adelanta el autor para la Universidad Central de Venezuela, que gira alrededor de la Etnicidad, Conflicto Social y Cultura Fronteriza en la Guajira, 1700&#45;1850. Parte de esta investigaci&oacute;n se financi&oacute; gracias al apoyo del Programa de Becas de Investigaci&oacute;n Cultural H&eacute;ctor Rojas Herazo, del Observatorio del Caribe colombiano. Agradezco igualmente a la Universidad de Cartagena por haberme concedido la Comisi&oacute;n de Estudios que me permiti&oacute; desplazarme a Caracas. El Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia (ICANH) est&aacute; financiando igualmente la &uacute;ltima parte de este trabajo mediante las ayudas a investigaciones en el &aacute;rea de historia colonial. Agradecimientos a los estudiantes del Programa de Historia de la Universidad de Cartagena, particularmente los que son parte del grupo de estudios sobre Frontera, Sociedad y Regi&oacute;n, por sus diligentes y pacientes lecturas y cr&iacute;ticas a lo largo de la investigaci&oacute;n en sus diversas fases.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a></sup> P&aacute;ralos usos del concepto de frontera de acuerdo con los diversos contextos en que se ha aplicado v&eacute;anse Villalobos, <i>Vida,</i> 1992, p. 14; Weber, <i>Frontera,</i> 2000, pp. 2S&#45;29. Weber y Rausch, <i>Where,</i> 1994, pp. XIII&#45;XL. V&eacute;ase el &uacute;til art&iacute;culo de Londo&ntilde;o, "Frontera", 2003. Los estudios sobre fronteras tuvieron un impulso inicial con la publicaci&oacute;n de la ya cl&aacute;sica obra de Turner, <i>Frontera,</i> 1986.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n2a"></a><a href="#n2b">2</a></sup> Le&oacute;n, "Invasiones", 1986.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n3a"></a><a href="#n3b">3</a></sup> Hemming, "Indios", 1990, t 4.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n4a"></a><a href="#n4b">4</a></sup> Grimson, "Procesos", 2003, p. 17.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n5a"></a><a href="#n5b">5</a></sup> McFarlane, <i>Colombia,</i> 1997, p. 158.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n6a"></a><a href="#n6b">6</a></sup> Mu&ntilde;era, <i>Fracaso,</i> 1998, pp. 68&#45;69.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n7a"></a><a href="#n7b">7</a></sup> La pen&iacute;nsula de la Guajira es el espacio m&aacute;s septentrional de Colombia y noroeste de Venezuela, est&aacute; localizada al norte del macizo de la Sierra Nevada de Santa Marta y de los montes de Oca y entre el Mar Caribe al oeste y norte, <i>y</i> el Golfo de Venezuela al este. Su territorio ocupa una extensi&oacute;n de 15 380 kil&oacute;metros cuadrados aproximadamente, de los que 12 000 corresponden a Colombia y 3 380 a Venezuela.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n8a"></a><a href="#n8b">8</a></sup> "Padr&oacute;n de los indios capaces de tomar las armas en cada poblaci&oacute;n", 1973, en Archivo General de la Naci&oacute;n (en adelante AGN), Milicias y marina, 124, f. 586.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n9a"></a><a href="#n9b">9</a></sup> Archivo General de Indias (en adelante AGI), Santaf&eacute;, 702, D. 12; Tovar, <i>Convocatoria,</i> 1994, pp. 531&#45;539.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n10a"></a><a href="#n10b">10</a></sup> Ara&uacute;z, <i>Contrabando,</i> 1984, t. I, p. 23.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n11a"></a><a href="#n11b">11</a></sup> <i>Ibid.,</i> p. 26.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n12a"></a><a href="#n12b">12</a></sup> Clemente, "Virreinato", 1989.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n13a"></a><a href="#n13b">13</a></sup> <i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n14a"></a><a href="#n14b">14</a></sup> Bell, "Conexi&oacute;n", 1986.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n15a"></a><a href="#n15b">15</a></sup> <i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n16a"></a><a href="#n16b">16</a></sup> Ara&uacute;z, <i>Contrabando,</i> 1984, t. I, p. 12.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n17a"></a><a href="#n17b">17</a></sup> Garc&iacute;a, "Conflicto", 1981.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n18a"></a><a href="#n18b">18</a></sup> Informe sobre la situaci&oacute;n, condiciones materiales, poblaci&oacute;n e historia de la provincia de Riohacha, por don Antonio de Ar&eacute;valo. A&ntilde;o de 1773" (en adelante esta informaci&oacute;n se citar&aacute; como Ar&eacute;valo, indicando el n&uacute;mero del folio), en AGN, Milicias y marina, 119, f. 452v.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n19a"></a><a href="#n19b">19</a></sup> Silvestre, <i>Descripci&oacute;n,</i> 1968, p. 51.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n20a"></a><a href="#n20b">20</a></sup> Garc&iacute;a, <i>Comuneros,</i> 1981, pp. 119&#45;128.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n21a"></a><a href="#n21b">21</a></sup> Ara&uacute;z, <i>Contrabando,</i> 1984, t. I, p. 45.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n22a"></a><a href="#n22b">22</a></sup> El ap&uuml;shi es un grupo residencial de hermanos y hermanas maternos, asentados en un territorio en el cual tienen sus huertas, pozos de agua y cementerio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n23a"></a><a href="#n23b">23</a></sup> AGN, Caciques e indios, 4, fs. 647r y V, a&ntilde;o 1757.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n24a"></a><a href="#n24b">24</a></sup> AGN, Milicias y marina, 11, f. 894r, a&ntilde;o 1775.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n25a"></a><a href="#n25b">25</a></sup> "Informe", 1965, p. 27.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n27a"></a><a href="#n27b">26</a></sup> Ortiz, <i>Escritos,</i> 1965, p. 28.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n28a"></a><a href="#n28b">27</a></sup><i>&nbsp;</i>AGN, Milicias y marina, 20, f. 393v, a&ntilde;o 1773.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n28a"></a><a href="#n28b">28</a></sup> Ortiz, <i>Escritos,</i> 1965, pp. 31&#45;32.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n29a"></a><a href="#n29b">29</a></sup> AGN, Negros y esclavos&#45;Panam&aacute;, fs. 583&#45;600, a&ntilde;o 1757; Moreno y Tarazona, <i>Materiales,</i> 1984, p. 57.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n30a"></a><a href="#n30b">30</a></sup> AGN, Milicias y marina, 138, fs. 916&#45;921, a&ntilde;o 1753; Moreno <i>y</i> Tarazona, <i>Materiales,</i> 1984, p. 45.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n31a"></a><a href="#n31b">31</a></sup> Entendemos el segmento &eacute;tnico como la escisi&oacute;n de un linaje o de un clan producto del crecimiento de su poblaci&oacute;n. En este sentido la presi&oacute;n por los recursos se hace m&aacute;s aguda y el mantenimiento de la organizaci&oacute;n comunal se vuelve m&aacute;s compleja, por lo que las comunidades optan por la divisi&oacute;n para superar estos problemas. En la Guajira los cocina &#45;y tambi&eacute;n los a&ntilde;&uacute; o paraujanos&#45; son considerados por algunos investigadores como segmentos &eacute;tnicos de los way&uacute;u&#45;guajiro, que comenzaron su separaci&oacute;n cientos de a&ntilde;os antes de la llegada de los europeos. Este tipo de segmentaci&oacute;n &eacute;tnica que se dio en la Guajira pertenecer&iacute;a al tipo de serie lineal de linajes, debido a que no se fusionan sino que simplemente se encuentran uno junto al otro. Los segmentos &eacute;tnicos conservan durante alg&uacute;n tiempo el recuerdo de su tronco principal pero con el tiempo lo "olvidan". Los cocina y los a&ntilde;&uacute; tienen con los way&uacute;u&#45;guajiro afinidades etnoling&uuml;&iacute;s&uuml;cas. Para una definici&oacute;n de segmento &eacute;tnico, v&eacute;ase Fox, <i>Sistemas,</i> 1979, pp. 113&#45;134. Respecto a la coexistencia de way&uacute;u&#45;guajiro y way&uacute;u&#45;cocina, Oliver, "Reflexiones", 1990, pp. 81&#45;135; P&eacute;rez, <i>Wayuunaiki,</i> 1998, pp. 15&#45;22. Jusay&uacute; y Olza, <i>Diccionario,</i> 1988, pp. V&#45;XVII. Jahn, <i>Abor&iacute;genes,</i> 1927, pp. 119&#45;197.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n32a"></a><a href="#n32b">32</a></sup> AGN , Historia civil, 20, f. 452r, a&ntilde;o 1771.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n33a"></a><a href="#n33b">33</a></sup> Al respecto puede verse el trabajo de V&aacute;squez y Correa, <i>Relaciones,</i> 1988. De igual forma el art&iacute;culo de Guerra, "Rancher&iacute;a", 1997. Un estudio m&aacute;s completo sobre las actividades perleras es el de Otte, <i>Perlas,</i> 1977. Asimismo, v&eacute;ase Juli&aacute;n, <i>Perla,</i> 1951, pp. 35&#45;48.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n34a"></a><a href="#n34b">34</a></sup> Al respecto pueden verse las cifras transcritas por Tovar, <i>Imperio,</i> 1999, pp. 103&#45;136.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n35a"></a><a href="#n35b">35</a></sup> "Informe de don Francisco de Alcantud y Gaona al virrey sobre el estado de la provincia y ciudad de Riohacha. A&ntilde;o 1721", en AGN, Miscel&aacute;nea, 60, fs. 576v y 577r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n36a"></a><a href="#n36b">36</a></sup> AGN, Historia civil, 20, fs. 537v y 538r, a&ntilde;o 1773.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n37a"></a><a href="#n37b">37</a></sup> Ortiz, <i>Escritos,</i> 1965, p. 33.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n38a"></a><a href="#n38b">38</a></sup> Silvestre, <i>Descripci&oacute;n,</i> 1968, pp. 50&#45;51.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n39a"></a><a href="#n39b">39</a></sup> Ara&uacute;z, <i>Contrabando,</i> t. I, p. 99.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n40a"></a><a href="#n40b">40</a></sup> <i>Ibid.,</i> pp. 259&#45;261.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n41a"></a><a href="#n41b">41</a></sup> AGN, Miscel&aacute;nea, 60, f. 581r, a&ntilde;o 1773.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n42a"></a><a href="#n42b">42</a></sup> Grahn, "Contraband", 1985, p. 17.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n43a"></a><a href="#n43b">43</a></sup> Ar&eacute;valo, f. 455r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n44a"></a><a href="#n44b">44</a></sup> AGI, Caracas, 968, citado por Carrocera, <i>Misi&oacute;n,</i> 1968, t. III, p. 568.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n45a"></a><a href="#n45b">45</a></sup> AGN, Historia eclesi&aacute;stica, 15, fs. 250v y 259r. El documento es un "Testimonio de los autos originales que se remiten a su majestad sobre la defensa de la inmunidad eclesi&aacute;stica". Sobre el movimiento cocina de 1701 no se ha podido encontrar evidencia documental en el AGN.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n46a"></a><a href="#n46b">46</a></sup> AGN, Historia Eclesi&aacute;stica, 15, f. 259r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n47a"></a><a href="#n47b">47</a></sup> <i>Bid.,</i> f. 212r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n48a"></a><a href="#n48b">48</a></sup> <i>Ibid.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n49a"></a><a href="#n49b">49</a></sup> AGN, Caciques e indios, 33, fs. 590&#45;592, a&ntilde;o 1717.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n50a"></a><a href="#n50b">50</a></sup> "Real c&eacute;dula sobre encomiendas, t&iacute;tulos y repartimiento de indios, y facultades de los misioneros capuchinos", en <i>ibid.,</i> fs. 594&#45;598.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n51a"></a><a href="#n51a">51</a></sup> "Real c&eacute;dula que encarga la conquista, pacificaci&oacute;n de los indios guajiros al gobernador de Santa Marta. 1718", en <i>ibid,</i> ff. 589&#45;590.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n52a"></a><a href="#n52b">52</a></sup> AGN, Historia eclesi&aacute;stica, 15, f. 211, a&ntilde;o 1721.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n53a"></a><a href="#n53b">53</a></sup> <i>Mi,</i> f. 417r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n54a"></a><a href="#n54b">54</a></sup> Alcacer, <i>Misiones,</i> 1959, pp. 99&#45;108. Pese a sus sesgos anal&iacute;ticos e interpretativos, sigue siendo la &uacute;nica obra sobre la historia de las misiones capuchinas en Colombia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n55a"></a><a href="#n55b">55</a></sup><i>&nbsp;</i>"Informe de los misioneros capuchinos sobre poblaciones fundadas por ellos, Censos de poblaci&oacute;n", en AGN, Milicias y marina, 134, f. 395v, a&ntilde;o 1755.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n56a"></a><a href="#n56b">56</a></sup> <i>Bid,</i> f. 403v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n57a"></a><a href="#n57b">57</a></sup> <i>Bid.,</i> f. 416r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n58a"></a><a href="#n58b">58</a></sup> <i>Ibid, is.</i> 416r y 421r.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n59a"></a><a href="#n59b">59</a></sup> AGN, Caciques e indios, 4, f. 610v, a&ntilde;o 1757.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n60a"></a><a href="#n60b">60</a></sup> <i>Ibid.,</i> f. 608r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n61a"></a><a href="#n61b">61</a></sup> Cecilio L&oacute;pez fue cacique mayor de la naci&oacute;n guajira y mediador entre indios y autoridades espa&ntilde;olas. El cargo de cacique mayor fue introducido por las autoridades hispanas y no era, pues, una forma de liderazgo entre los way&uacute;u.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n62a"></a><a href="#n62b">62</a></sup> AGN, Caciques e indios, 4, f. 610r, a&ntilde;o 1757.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n63a"></a><a href="#n63b">63</a></sup> <i>Ibid.,</i> f. 612r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n64a"></a><a href="#n64b">64</a></sup> <i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n65a"></a><a href="#n65b">65</a></sup> Brading, "Espa&ntilde;a", 1990, t. 2, pp. 85&#45;126.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n66a"></a><a href="#n66b">66</a></sup> Kuethe, "Campa&ntilde;a", 1987.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n67a"></a><a href="#n67b">67</a></sup> "Informe de Bernardo Ruiz de Noriega sobre su expedici&oacute;n contra los indios guajiros", en AGN, Milicias y marina, 124, f. 498r, a&ntilde;o 1761.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n68a"></a><a href="#n68b">68</a></sup> AGN, Milicias y marina, 124, f. 502.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n69a"></a><a href="#n69b">69</a></sup> "Tratados celebrados entre los indios y don Bernardo Ruiz de Noriega", en AGN, Gobierno civil, 7, fs. 18&#45;19, a&ntilde;o 1761.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n70a"></a><a href="#n70b">70</a></sup> "Pleitos sobre defensa de inmunidades", en AGN, Historia eclesi&aacute;stica 15, fs. 221&#45;222, a&ntilde;o 1721.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n71a"></a><a href="#n71b">71</a></sup> "El comandante Pinero informa lo acaecido con la llegada del padre Sierra en punto de la conquista de Ruiz", en AGN, Milicias y marina, 124, fs. 670&#45;674, a&ntilde;o 1761; Moreno y Tarazona, <i>Materiales,</i> 1984, pp. 70&#45;72.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n72a"></a><a href="#n72b">72</a></sup> "Carta de don Bernardo Ruiz a Francisco Pinero determinando jurisdicciones", en AGN, Milicias y marina, 124, fs. 177&#45;184, a&ntilde;o 1761; Moreno y Tarazona, <i>Materiales,</i> 1984, p. 64.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n73a"></a><a href="#n73b">73</a></sup> "&Eacute;l comandante Pinero informa lo acaecido con la llegada del padre Sierra en punto de la conquista de Ruiz", en AGN, Milicias y marina, 124, fs. 670&#45;672; Moreno y Tarazona, <i>Materiales,</i> 1984, p. 71.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n74a"></a><a href="#n74b">74</a></sup> "Acta del Cabildo de Riohacha sobre facultad de don Bernardo Ruiz de Noriega en la pacificaci&oacute;n y reducci&oacute;n de los indios guajiros", en AGN , Milicias y marina, 119, fs. 102v y 104r, a&ntilde;o 1760&#45;1761.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n75a"></a><a href="#n75b">75</a></sup> "Cargos y hechos por don Bernardo Ruiz de Noriega al comandante de Riohacha por entorpecer su misi&oacute;n de pacificaci&oacute;n de los indios guajiros. Testimonios a su favor", en AGN, Miscel&aacute;nea, 52, fs. 2v a 6r y 7r, a&ntilde;o 1761.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n76a"></a><a href="#n76b">76</a></sup> "Francisco Pinero, gobernador de Riohacha, informa al virrey sobre actuaciones de Bernardo Ruiz", en AGN, Miscel&aacute;nea, 52, fs. 67r y 68v, a&ntilde;o 1761.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n77a"></a><a href="#n77b">77</a></sup> "Acta del Cabildo de Riohacha sobre facultad de don Bernardo Ruiz de Noriega en la pacificaci&oacute;n y reducci&oacute;n de los indios guajiros", en AGN, Milicias y marina, 119, fs. 102v y 104r, a&ntilde;o 1760&#45;61.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n78a"></a><a href="#n78b">78</a></sup> "Lista de los indios guajiros que don Bernardo Ruiz de Noriega ha pacificado, reducido y pueblos que ha fundado en virtud del t&iacute;tulo de Cabo Principal, 1760", en AGI, Audiencia de Santa Fe, 1118; Tovar, <i>Convocatoria,</i> 1994.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n79a"></a><a href="#n79b">79</a></sup> G&oacute;mez, <i>Sistema,</i> 1992, p. 13.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n80a"></a><a href="#n80b">80</a></sup> Batista, <i>Estrategia,</i> 1992, p. 42.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n81a"></a><a href="#n81b">81</a></sup> G&oacute;mez, <i>Sistema,</i> 1992, p. 17.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n82a"></a><a href="#n82b">82</a></sup> El plan de Ar&eacute;valo sobre la provincia de Cartagena puede consultarse en Dorta, "Cartagena", 1962, pp. 327&#45;352. Una reflexi&oacute;n sobre estos planes tambi&eacute;n est&aacute; en G&oacute;mez, <i>Sistema,</i> 1992, p. 18.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n83a"></a><a href="#n83b">83</a></sup> Salas, <i>Ordenanzas,</i> 1992, p. 152.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n84a"></a><a href="#n84b">84</a></sup> "Informe sobre la situaci&oacute;n, condiciones materiales, poblaci&oacute;n e historia de la provincia de Riohacha, por don Antonio de Ar&eacute;valo. A&ntilde;o de 1773", en AGN, Milicias y marina, 119, f. 452v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n85a"></a><a href="#n85b">85</a></sup> Archivo del Servicio Hist&oacute;rico Militar, Signatura Q;7&#45;207 (5&#45;2&#45;7&#45;3).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n86a"></a><a href="#n86b">86</a></sup> Para los planes colonizadores de Ar&eacute;valo puede mirarse su extenso informe sobre la provincia de Riohacha en 1773. AGN, Milicias y marina, 119, fs. 450&#45;456.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n87a"></a><a href="#n87b">87</a></sup> Sobre este suceso v&eacute;anse Polo, "Protesta", 1999, cap. 2; Barrera, <i>Mestizaje,</i> 2000, pp. 173&#45;220. Sobre el proceso poblacional a Polo, "Defensa", 2000. Es &uacute;til el informe de la &eacute;poca de Ar&eacute;valo, "Informe", 2001, pp. 216&#45;250.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n88a"></a><a href="#n88b">88</a></sup> "Diario de operaciones n&uacute;m. 25", en AGN, Historia civil, 20, f. 590v.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n89a"></a><a href="#n89b">89</a></sup> Ojer, <i>Sumario,</i> 1984, pp. 37&#45;39. Caballero, "Relaci&oacute;n", 1910, vol. 7, p. 200.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n90a"></a><a href="#n90b">90</a></sup> Similar funci&oacute;n la cumpl&iacute;a el r&iacute;o Rancher&iacute;a o Calancala de la parte colombiana, por lo que podr&iacute;amos afirmar que el territorio &eacute;tnico guajiro pose&iacute;a dos fronteras naturales bien definidas: los r&iacute;os Rancher&iacute;a y lim&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n91a"></a><a href="#n91b">91</a></sup> Archivo General de la Naci&oacute;n de Venezuela (en adelante AGNV), Gobernaci&oacute;n y Capitan&iacute;a General, LXXX, f. 320r, 1799.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n92a"></a><a href="#n92b">92</a></sup> Ojer, <i>Golfo,</i> 1983, pp. 109&#45;112.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n93a"></a><a href="#n93b">93</a></sup> AGNV, Gobernaci&oacute;n y Capitan&iacute;a General, LXXX, f. 78r, 1799.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n94a"></a><a href="#n94b">94</a></sup> <i>Ibid.,</i> LXVIII, f. 128r, 1797&#45;1798. Este documento ilustra uno de los tantos intentos de los nativos en hostigar a Sinamaica, esta vez en n&uacute;mero de 800 por una facci&oacute;n nativa de Cojoro cuyo mando estaba a cargo de un nativo apodado "El Negro".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n95a"></a><a href="#n95b">95</a></sup> <i>La Mariposa,</i> 25 de junio de 1842, p. 4. AGNV, Gobernaci&oacute;n y Capitan&iacute;a General, LXXVII, f. 215r, 1799.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n96b"></a><a href="#n96a">96</a></sup> AGNV, Gobernaci&oacute;n y Capitan&iacute;a General, LXXVII, f. 265r, 1800; CVIII, f. 185r, 1801; Ojer, <i>Golfo,</i> 1983, p. 132.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n97a"></a><a href="#n97b">97</a></sup> AGNV, Ind&iacute;genas, X, fs. 216&#45;221,1798. Este documento tambi&eacute;n es reproducido en Guzm&aacute;n, <i>Apuntaciones,</i> 1967, pp. 228&#45;229 (La primera edici&oacute;n de este texto data de 1899). Igualmente se public&oacute; en <i>El Zulla Ilustrado,</i> 31 de enero de 1891, n&uacute;m. 26, pp. 213&#45;214. A lo largo del siglo XVIII pueden encontrarse tratados de esta naturaleza entre las autoridades espa&ntilde;olas y facciones ind&iacute;genas. En 1723 el gobernador de Maracaibo Manuel Fern&aacute;ndez de la Casa oficializ&oacute; una paz con los cocinas y aliles de la Guajira oriental; al respecto v&eacute;ase Ojer, <i>Golfo,</i> 1983, p. 31. En 1761 Bernardo Ruiz, asentista de negocios y v&iacute;veres y "pacificador" de la zona, pact&oacute; acuerdos con los nativos de la parte occidental; v&eacute;ase "Tratados celebrados entre los indios y don Bernardo Ruiz de Noriega", en AGN, Gobierno civil, 7, fs. 18&#45;19, 1761. En 1771 Antonio de Ar&eacute;valo pact&oacute; una paz negociada con los indios levantados en 1769, en AGN, Milicias y marina, 119, fs. 450&#45;456.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n98a"></a><a href="#n98b">98</a></sup> Este principio de compensaci&oacute;n y reciprocidad ha sido expuesto como constante hist&oacute;rica, entre otros trabajos, en los de Barrera, <i>Mestizaje,</i> 2000, pp. 25&#45;225; Polo, "Protesta", 1999; Guerra, <i>Disputa,</i> 2001; Paz, "Sociedad", 2002; Saler, "Principios", 1986.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n99a"></a><a href="#n99b">99</a></sup> Guzm&aacute;n, <i>Apuntaciones,</i> 1967, pp. 227&#45;229.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup><a name="n100a"></a><a href="#n100b">100</a></sup> Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup><a name="n101a"></a><a href="#n101b">101</a></sup></i> AGNV, Gobernaci&oacute;n y Capitan&iacute;a General, LXXVII, fs. 155v&#45;155r, 1799.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n102a"></a><a href="#n102b">102</a></sup> <i>Bid.,</i> fs. 221r&#45;v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n103a"></a><a href="#n103b">103</a></sup> <i>Ibid.,</i> f. 222r.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n104a"></a><a href="#n104b">104</a></sup> "Comunicaci&oacute;n de 3 de junio de 1800 del gobernador de Maracaibo al capit&aacute;n general de Venezuela, acompa&ntilde;&aacute;ndole un importante plan para resguardar a la provincia de los insultos de los guajiros", en Ministerio, <i>Negociaci&oacute;n,</i> 1979, t. II, series B&#45;C.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n105a"></a><a href="#n105b">105</a></sup> "Comunicaci&oacute;n de 28 de mayo de 1801 del gobernador de Maracaibo al capit&aacute;n general de Venezuela sobre las f&eacute;rtil&iacute;simas tierras del r&iacute;o Lim&oacute;n", en <i>ibid.,</i> pp. 155&#45;158.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n106a"></a><a href="#n106b">106</a></sup> "Decreto mandando construir una trinchera en la parroquia de Sinamaica, 1845", en Armellada, <i>Fuero,</i> 1977, p. 127.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n107a"></a><a href="#n107b">107</a></sup> Le&oacute;n, <i>Relaciones,</i> 1987, pp. 40&#45;41.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n108a"></a><a href="#n108b">108</a></sup> "Defensa de inmunidades eclesi&aacute;sticas", a&ntilde;o 1721, en AGN, Historia eclesi&aacute;stica, 15, f. 168v.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n109a"></a><a href="#n109b">109</a></sup> Pich&oacute;n, <i>Geograf&iacute;a,</i> 1947, p. 115.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n110a"></a><a href="#n110b">110</a></sup> AGN, Caciques e indios, 48 <i>bis,</i> fs. 246r&#45;249v.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n111a"></a><a href="#n111b">111</a></sup> "Representaci&oacute;n de Servicios del Cacique Cecilio L&oacute;pez Sierra", en AGN, Milicias y marina, 124, f. 210r, a&ntilde;o 1765.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n112a"></a><a href="#n112b">112</a></sup> "Comunicaci&oacute;n del comandante de Riohacha, Manuel Mart&iacute;nez de Escobar al virrey sobre su entendimiento con el cacique de los guajiros para facilitar la pacificaci&oacute;n", en AGN , M&uuml;icias y Marina, 138, f. 906r, 1754.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n113a"></a><a href="#n113b">113</a></sup> Alcacer, <i>Misiones,</i> 1959, pp. 145&#45;162, en el cual se transcribe el diario que Alcoy elabor&oacute; en esa salida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n114a"></a><a href="#n114b">114</a></sup> "Copia de t&iacute;tulos dados a los jefes indios por don Bernardo Ruiz de Noriega", en AGN, Milicias y marina, 119, f. 92r, a&ntilde;o 1761.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n115a"></a><a href="#n115b">115</a></sup> AGN, Milicias y marina, 124, f. 991r, a&ntilde;o 1762.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n116a"></a><a href="#n116b">116</a></sup> Castellanos, <i>Eleg&iacute;as,</i> 1962, p. 195.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n117a"></a><a href="#n117b">117</a></sup> Aguado, <i>Recopilaci&oacute;n,</i> 1906, p. 71.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n118a"></a><a href="#n118b">118</a></sup> Ojer, <i>Sumario,</i> 1984, p. 23.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n119a"></a><a href="#n119b">119</a></sup> "Diario de operaciones n&uacute;m. 14, del 22 de mayo al 12 de junio de 1773", en AGN , Historia civil, leg. 20, f. 521r. Estos nativos eran l&iacute;deres de los m&aacute;s poderosos que habitaban la Alta Guajira, con lazos de parentesco entre s&iacute; que no fueron impedimento para que en varias ocasiones entraran en guerra abierta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n120a"></a><a href="#n120b">120</a></sup> Rosa, <i>Floresta,</i> 1945. Las cursivas son m&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n121a" id="n121a"></a><a href="#n121b">121</a></sup> "Don Joseph Galluzo informa sobre la resistencia del indio Paredes", en AGN, Milicias y marina, leg. 124, fs. 735v y 737r. Las cursivas son m&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n122a"></a><a href="#n122b">122</a></sup> Guerra, <i>Disputa,</i> 2001, p. 86.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n123a"></a><a href="#n123b">123</a></sup> Concordamos con Rene Francois Pic&oacute;n en la apreciaci&oacute;n que indica que durante el siglo XVIII la vida cotidiana de las comunidades way&uacute;u se desenvolvi&oacute; mas en el &aacute;mbito de lo local, puesto que en los documentos oficiales, cuando identifican a alguna parcialidad lo hacen designando el "capit&aacute;n" o "cacique" y el lugar donde se hallaban viviendo como anot&aacute;bamos anteriormente: Joseph de Boromboro, Pacho G&aacute;mez de Carrizal, etc.; sin embargo, discrepamos en que esto sea una raz&oacute;n para argumentar que la categor&iacute;a de clan o sib no pueda ser utilizada durante esa centuria, pues durante ciertos sucesos los indios s&iacute; debieron apelar a los lazos de parentesco amplios para solicitar solidaridad, como sucedi&oacute; en las protestas armadas en contra de las autoridades reales y los vecinos hispano&#45;criollos en 1769, 1775 y 1785. Pic&oacute;n, <i>Pasteurs,</i> 1983.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n124a"></a><a href="#n124b">124</a></sup> Ar&eacute;valo, "Plan", 1975, p. 180; Rosa, <i>Floresta,</i> 1945, p. 280.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n125a"></a><a href="#n125b">125</a></sup> Ben&iacute;tez, <i>Guajira,</i> 1957, pp. 32&#45;33.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n126a"></a><a href="#n126b">126</a></sup> AGN, Milicias y marina, 124, fs. 203&#45;204. No es el lugar para hablar de los rituales de la guerra en los way&uacute;u, que aparecen en numerosas fuentes, entre las cuales pueden citarse: Ar&eacute;valo, "Informe", 2001, pp. 213&#45;250, 238&#45;241; Rosa, <i>Floresta,</i> 1945, pp. 276&#45;280; L&oacute;pez, <i>Dolores,</i> s. a., pp. 27&#45;41; <i>El Zulia Ilustrado,</i> num. 25, 1.1, 31 de diciembre de 1890, pp. 205&#45;206; Simons, "Informe", 1892, reproducido en Ernst, <i>Obras,</i> 1987, t. vi, pp. 315&#45;349, 346&#45;347.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="n127a"></a><a href="#n127b">127</a></sup> Dato tomado de Ar&eacute;valo, "Plan", 1975.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Polo Acu&ntilde;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es maestro en Historia por la Universidad Nacional de Colombia (1999) y es candidato a doctor en Historia por la Universidad Central de Venezuela. Se desempe&ntilde;a como profesor&#45;investigador de la Universidad de Cartagena, Colombia. Su principal l&iacute;nea de investigaci&oacute;n es la historia colonial y republicana de la frontera del Caribe colombiano. Sus m&aacute;s recientes publicaciones son: "identidad &eacute;tnica y cultura en una frontera del Caribe: La Guajira, 17004800", <i>Aguaita,</i> Revista del Observatorio del Caribe Colombiano, num. 8, 2002, pp. 13&#45;31; "Poblamiento y conflicto social en la frontera Guajira, siglo XVIII", <i>El taller de la Historia,</i> Universidad de Cartagena, Programa de Historia, num. 1, 2001, Cartagena, pp. 27&#45;55, y "Los way&uacute;u y los cocina: dos caras diferentes de una misma moneda en la resistencia ind&iacute;gena guajira, siglo XVIII", <i>Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura,</i> Universidad Nacional de Colombia, n&uacute;m. 26, 1999, pp. 7&#45;27.</font></p>      ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[Aguado]]></surname>
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<year>1906</year>
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<source><![CDATA[Las misiones capuchinas en el Nuevo Reino de Granada hoy Colombia (1648-1820)]]></source>
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<source><![CDATA[El contrabando holandés en el Caribe durante la primera mitad del siglo XVIII]]></source>
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