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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alteridad de la dominaci&oacute;n masculina</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Otherness of male domination</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Martha Elisa Nateras&#45;Gonz&aacute;lez</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Guti&eacute;rrez Aguilar, Raquel (2010), Desandar el laberinto. Introspecci&oacute;n en la feminidad contempor&aacute;nea, M&eacute;xico: Pez en el &aacute;rbol, 183 pp. ISBN: 99905&#45;40&#45;12&#45;8.</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico, M&eacute;xico.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:marnateras@yahoo.com.mx">marnateras@yahoo.com.mx</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/conver/v19n58/a10i1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La palabra alteridad se refiere a la "condici&oacute;n de otro" y &eacute;sta s&oacute;lo se concibe en relaci&oacute;n con la identidad, entendida como "uno mismo" a lo largo del tiempo y diferente del otro. Por tanto, identidad y alteridad est&aacute;n relacionados entre s&iacute; al ser opuestos y, a la vez, complementarios. Sin embargo, pareciera que la identidad tiene mayor importancia que la alteridad, pues el sujeto siempre busca identificarse para "formar parte de"; de hecho, es un concepto aceptado y utilizado en distintas disciplinas. En cambio, la alteridad es una categor&iacute;a marginal, pero que nos permite identificar la otredad como la diferencia rechazada y/o reprimida, por y contra la cual el sujeto necesariamente se define.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta l&oacute;gica se centra el estudio que presenta Raquel Guti&eacute;rrez Aguilar en su libro <i>Desandar el laberinto</i>, el cual pretende analizar el embrollo de la dominaci&oacute;n masculina, porque, como lo comenta la autora, la opresi&oacute;n de las mujeres se sostiene en una serie de r&iacute;gidas estructuras normativas, de dispositivos sociales, costumbres, creencias interiorizadas, temores inconscientes y armazones simb&oacute;licos que <i>coartan la posibilidad de disponer de nosotras mismas</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo I, la autora hace un recuento hist&oacute;rico de c&oacute;mo se fue construyendo la opresi&oacute;n de las mujeres hasta sostenerse por una m&uacute;ltiple, difusa, continua e intangible serie de prescripciones de aquello que socialmente es una mujer y, por tanto, de lo que es un var&oacute;n, que termina por constituirse en una serie de prohibiciones perversas y de exclusiones r&iacute;gidas. Pues para ella la posibilidad de disponer de nosotras mismas, es a fin de cuentas un problema de libertad que ha sido, hist&oacute;ricamente, limitada desde distintos flancos, mediante mecanismos sociales de inhibici&oacute;n que est&aacute;n en todas partes y tienen mil rostros, pero que siempre ubican a las mujeres en una posici&oacute;n subordinada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta relaci&oacute;n asim&eacute;trica se entiende a partir de dos razones fundamentales: los seres humanos necesitamos <i>organizar formas de convivencia</i> y demandamos protecci&oacute;n y cuidado durante un periodo relativamente largo de la vida al que llamamos infancia. Para llevar a cabo estas dos tareas es necesaria <i>la captura del cuerpo femenino</i>, pues es en el cuerpo de la hembra humana, dice Raquel, donde se asientan las mayores capacidades para la reproducci&oacute;n, ya no s&oacute;lo de la especie, sino de cada cultura particular.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para la autora, las pr&aacute;cticas opresivas y de reclusi&oacute;n, aunque se verifican de una manera distinta en cada sociedad, siempre se ejercen con la intenci&oacute;n social de controlar nuestra capacidad reproductiva. No obstante, siempre suelen ser una experiencia singular que se vive con enorme verg&uuml;enza e impotencia, ante situaciones que no se entienden ni se controlan, sino se padecen. </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, a partir del planteamiento de Evelyn Reed, distingue tres momentos diferenciados y sucesivos de la relaci&oacute;n entre mujeres y varones: en una primera &eacute;poca, las colectividades humanas se organizaron en torno a <i>linajes femeninos</i>. En un segundo momento, la complejizaci&oacute;n de las relaciones sociales dio paso a la <i>familia dividida</i>,<sup><a href="#notas">1</a></sup> donde los varones son los pilares visibles en la red de los v&iacute;nculos sociales, y las mujeres circulan en esa red por medio de cadenas de intercambios que fundan v&iacute;nculos de alianza entre padres, antes de que se establezca la instituci&oacute;n matrimonial. El tercer momento es la <i>familia patriarcal</i>, a trav&eacute;s de la cual los varones se consolidan como portadores absolutos y leg&iacute;timos de la acci&oacute;n procreativa de cualquier mujer, a la vez que se constituyen como los organizadores del mundo social.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta nueva organizaci&oacute;n del entramado social, se&ntilde;ala la autora, provoca una escisi&oacute;n entre la procreaci&oacute;n y la procreaci&oacute;n leg&iacute;tima e instituy&oacute; el control y la gesti&oacute;n de los cuerpos femeninos por parte de los varones, que se erigen como los amos absolutos de la socialidad. Las mujeres ya no procrean por expandir su propio linaje sino el de su marido que recoge la descendencia, y este parentesco patrilineal se va convirtiendo poco a poco en un mecanismo r&iacute;gido de cohesi&oacute;n social. Esto termina por establecer <i>relaciones de poder sexo&#45;gen&eacute;ricas</i> que, en un primer momento, se presentan cargadas de la legitimidad que les otorga su aparente "naturalidad".<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para entender el entramado de la dominaci&oacute;n de las mujeres, analiza dos dimensiones: la material y la simb&oacute;lica. En el cap&iacute;tulo II examina la dominaci&oacute;n masculina en el contexto de las sociedades mercantiles, a partir del reconocimiento de que la producci&oacute;n de la riqueza leg&iacute;tima, de la riqueza abstracta, se encuentra en manos de los varones, lo cual termina por establecer una diferenciaci&oacute;n y jerarquizaci&oacute;n sexual de las relaciones sociales modernas y engendra un poder disciplinario, prescriptivo, a largo plazo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la familia nuclear capitalista cl&aacute;sica la organizaci&oacute;n de la divisi&oacute;n sexual del trabajo se realiza en torno a funciones claramente diferenciadas: el var&oacute;n como proveedor y la mujer como administradora de tales recursos y llevando a cabo el trabajo dom&eacute;stico, que la mayor&iacute;a de las veces es invisibilizado y devaluado. Esta relaci&oacute;n establece una dependencia rec&iacute;proca, pero es la mujer la que se ver&aacute; reducida y vaciada de sus capacidades humanas de manera an&aacute;loga que el trabajador frente al capital.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La piedra angular de la captura moderna del cuerpo femenino se da a partir del enclaustramiento de las mujeres al interior de una instituci&oacute;n familiar y de un lazo sexual leg&iacute;timo, que las confina al &aacute;mbito dom&eacute;stico y las obliga a cumplir funciones en &eacute;ste. En dicho encierro juegan un papel fundamental m&uacute;ltiples instituciones como la familia, el registro civil, la llamada "presi&oacute;n social", entre otras. En el mercado contempor&aacute;neo de los emparejamientos, dice la autora, lo que se negocia, en &uacute;ltima instancia, es el compromiso de elegir en com&uacute;n acuerdo para la toma de decisiones o para negociar patrones de convivencia, pues ambos sexos se ubican en posiciones dr&aacute;sticamente contrapuestas. Las unas, conocedoras de que el ejercicio de su funci&oacute;n procreativa las limitar&aacute; en el acceso a la riqueza abstracta y las estigmatizar&aacute; en caso de ejercerla por su cuenta. Los otros, aun cuando adquieran determinadas obligaciones, siempre tendr&aacute;n la prerrogativa de ser los que legitimen a la progenie, a partir del reconocimiento p&uacute;blico del v&iacute;nculo que entablen con una mujer,<sup><a href="#notas">3</a></sup> lo cual es visto y reconocido como un asunto "natural".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es posible hablar de que la habilidad emocional femenina es innata y "natural", pues desde la infancia la mujer queda anclada socialmente en medio de los procesos de producci&oacute;n de riqueza concreta, por ello se ver&aacute; "obligada" a desarrollar su habilidad de promover una relaci&oacute;n emocional que asegure un contrato matrimonial, que tambi&eacute;n contribuye a su cautiverio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo III, Raquel Guti&eacute;rrez analiza el universo simb&oacute;lico como una matriz de significados que opera continuamente asignando sentido a la experiencia individual. En este an&aacute;lisis, la noci&oacute;n de habitus de Bourdieu result&oacute; fundamental para entender por qu&eacute; una mujer act&uacute;a y responde de determinada manera ante ciertas situaciones. Al respecto, se&ntilde;ala un ejemplo muy ilustrativo en relaci&oacute;n con la idea que impera en nuestra sociedad de que la indecisi&oacute;n es un atributo femenino. Raquel, a la letra, se&ntilde;ala que <i>desde peque&ntilde;a a la ni&ntilde;a se le inculca el h&aacute;bito de obedecer, se le limitan sus capacidades para ejercer decisiones. Se le relega a una posici&oacute;n en la que tiene que ajustarse a las intenciones de otros. Sus referencias a las otras mujeres adultas de su familia le refuerzan estos esquemas. &iexcl;Y despu&eacute;s de que una ni&ntilde;a ha sido sometida a este tratamiento durante a&ntilde;os y a&ntilde;os, se expresar&aacute; sorpresa sobre la incapacidad para decidir de la mujer!</i> El problema, dice, es que este mismo proceso sucede en pr&aacute;cticamente todos los aspectos de la vida, pues dentro del universo simb&oacute;lico tienen mayor jerarqu&iacute;a los atributos masculinizantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para la escritora, lo interesante en el campo simb&oacute;lico es examinar la forma como el orden sexo/gen&eacute;rico, organizado en torno a la procreaci&oacute;n leg&iacute;tima como atributo masculino, se incorpora en el inconsciente. A partir de ah&iacute; se conformar&aacute;n los atributos com&uacute;nmente denominados masculinos y femeninos, que se incorporar&aacute;n en cada nuevo individuo en la medida en que se interioriza el orden simb&oacute;lico.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Este fundamento del orden simb&oacute;lico contin&uacute;a definiendo pautas de posicionamiento distintas y jer&aacute;rquicamente estratificadas, as&iacute; como disposiciones pr&aacute;cticas, actitudes y pre&#45;disposiciones que encarnan en un <i>habitus</i> sexuados y sexuantes tambi&eacute;n diferenciados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de la formulaci&oacute;n bourdiana de los intercambios simb&oacute;licos y la producci&oacute;n de su no&#45;reconocimiento, explica que la interacci&oacute;n y vinculaci&oacute;n social son, al mismo tiempo, organizadas en el pensamiento y cargadas con una significaci&oacute;n simb&oacute;lica que produce la realidad. La relaci&oacute;n var&oacute;n/mujer, sobre todo en el terreno afectivo, son un lugar por excelencia de intercambio simb&oacute;lico no reconocido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;ala categ&oacute;ricamente que el sistema sexo/g&eacute;nero predominante en nuestra sociedad es muy r&iacute;gido y se levanta a partir de una serie de supuestos b&aacute;sicos que funcionan como cimiento pr&aacute;ctico y discursivo. Por principio de cuentas, privilegia la existencia de parejas heterosexuales y valora positivamente las relaciones de convivencia largas y estables; mantiene como imaginario colectivo la idea de la familia nuclear burguesa; el hecho de que una mujer tenga a su lado un var&oacute;n mediador de su existencia social es altamente satisfactorio y genera reconocimiento social; la relaci&oacute;n var&oacute;n&#45;mujer se percibe de manera distinta entre sexos, pues mientras que para la mujer mantener una relaci&oacute;n estable y duradera con un var&oacute;n adquiere un fuerte significado simb&oacute;lico de &eacute;xito, para el hombre no. Por &uacute;ltimo, las pautas del intercambio er&oacute;tico en la relaci&oacute;n var&oacute;n&#45;mujer siguen organiz&aacute;ndose en torno al coito como paradigma de relaciones sexuales "completas".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de estos supuestos b&aacute;sicos, la autora lanza la siguiente hip&oacute;tesis: <i>Mientras la procreaci&oacute;n, en tanto capacidad propiamente femenina, contin&uacute;e distingui&eacute;ndose entre leg&iacute;tima e ileg&iacute;tima, de acuerdo al tipo de relaci&oacute;n que cada mujer entable con un var&oacute;n, el encuentro sexual heterosexual seguir&aacute; siendo, a nivel simb&oacute;lico, el momento en el cual la mujer entrega un cuerpo para ser penetrado por otro a cambio de la validaci&oacute;n social, obtenida por el reconocimiento del var&oacute;n de ese acto como acto leg&iacute;timo. Y en esos t&eacute;rminos, no hay equilibrio posible.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, se&ntilde;ala que el sitio m&aacute;s dif&iacute;cil de manejar ser&aacute; el del intercambio sexual, por la asimetr&iacute;a del intercambio, la cual se refuerza permanentemente mediante una serie de significados sociales o de sanciones sociales. Tanto los significados como las sanciones son mecanismos eficaces de regulaci&oacute;n, propagaci&oacute;n y estabilidad del sistema sexo/g&eacute;nero y reafirman las jerarquizaciones y asimetr&iacute;as que contiene. Un ejemplo son las revistas femeninas que por lo general se limitan a recomendar a la mujer que se convenza de que "as&iacute; funcionan las cosas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El comportamiento sexual es para Raquel otra forma de silenciamiento social de la voz femenina y de dominaci&oacute;n masculina, pues a trav&eacute;s de &eacute;l se ejerce un enorme poder disciplinario de las costumbres sexuales, otorga validez a las relaciones de poder vigentes y tiene gran capacidad para generar un sentido de congruencia entre la vida social y los niveles m&aacute;s profundos de intimidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las preguntas que se plantea la autora en la parte final del texto son: &iquest;C&oacute;mo orientarse para desmontar las redes de dominaci&oacute;n masculina vigentes?; &iquest;c&oacute;mo trastocar el posicionamiento convencional de varones y mujeres, las dis&#45;posiciones erigidas sobre esas posiciones, a fin de ir poco a poco construyendo relaciones sociales distintas?, y &iquest;hasta qu&eacute; punto se han disuelto las jerarquizaciones entre las personas organizadas en torno al sexo y hasta d&oacute;nde se reconstruyen bajo ropajes nuevos? Con una mirada superficial y una respuesta no reflexionada, ser&iacute;a a partir de la inclusi&oacute;n de las mujeres en el espacio p&uacute;blico como dispositivo de "igualaci&oacute;n". No obstante, a lo largo del documento se trata de mostrar que esto no sucede, que las mujeres una y otra vez quedamos atrapadas en redes de sutil ejecuci&oacute;n que nos impiden disponer de nosotras mismas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema es, como bien se&ntilde;ala Raquel, que derrumbar la ilusi&oacute;n de universalidad resulta dif&iacute;cil para nosotras, porque fue montada a partir de una raz&oacute;n masculina, pues en t&eacute;rminos reales <i>no somos iguales porque hemos sido construidos hist&oacute;rica y socialmente de manera distinta</i>, con base en los sistemas clasificatorios que se nos han inculcado desde la infancia, somos absoluta y radicalmente distintos. Por ello, la tarea del momento es salir de la trampa de feminizar el mundo masculino y canalizar los esfuerzos a desmantelar las estructuras de dominaci&oacute;n material y simb&oacute;lica que soportamos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Raquel Guti&eacute;rrez sostiene que no es su intenci&oacute;n construir una teor&iacute;a general de la liberaci&oacute;n de las mujeres, sino la de hacer un recuento de c&oacute;mo hemos sido socialmente construidas las mujeres, para que vislumbremos la manera como producimos nuestra comprensi&oacute;n en el mundo y logremos ubicar en qu&eacute; posici&oacute;n nos ubicamos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, el recorrido hist&oacute;rico que hace y su an&aacute;lisis de las dimensiones material y simb&oacute;lica son fundamentales para entender las redes y el entramado de dominaci&oacute;n masculina, as&iacute; como para comprender la diversidad de maneras en que se construyen las relaciones de poder y a distinguir las m&uacute;ltiples formas de subordinaci&oacute;n de las mujeres, las cuales generan acciones de exclusi&oacute;n derrumbando los anhelos de universalismo en nuestra sociedad actual. Todo eso, dice la autora, debemos desandar para despu&eacute;s <i>desmontar, los dispositivos y configuraciones sociales de opresi&oacute;n, de impedimento hacia la libre disposici&oacute;n de nosotras mismas. Dispositivos que al mismo tiempo son tan intensos y exhaustivos, que en su mayor&iacute;a no logramos ver y que terminan por inscribirse en nuestros cuerpos y grabados en nuestra psique</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Le asigna el nombre de familia dividida a un esquema b&aacute;sico que permite explicar ciertos aspectos de los m&uacute;ltiples tipos de relaciones familiares y matrimoniales surgidos hist&oacute;rica y mundialmente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> El sentido de la legitimidad de la procreaci&oacute;n y de la "naturaleza femenina se da a partir de cuatro postulados: Mujeres sin hijos: mulas; madres sin marido: perras; mujeres sin hombre: brujas; mujeres con muchos hombres: putas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Divide la capacidad procreadora de las mujeres entre actividad procreativa leg&iacute;tima e ileg&iacute;tima dependiendo de la relaci&oacute;n que la mujer entabla con un var&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> En cierta medida, este "bien simb&oacute;lico", la capacidad de dar sentido leg&iacute;timo a la procreaci&oacute;n, es lo que en el psicoan&aacute;lisis de Lacan se denomina el falo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Martha Elisa Nateras&#45;Gonz&aacute;lez.</b> Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Relaciones de Poder y Cultura Pol&iacute;tica. Profesora de la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales, Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico. L&iacute;neas de investigaci&oacute;n: pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, desarrollo social y participaci&oacute;n pol&iacute;tica y social. Publicaciones recientes: "Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n instrumental", en revista Espacios P&uacute;blicos, n&uacute;m. 24, abril (2009); "La pol&iacute;tica social del siglo XX en M&eacute;xico", en revista <i>Espacios P&uacute;blicos</i>, n&uacute;m. 19, febrero (2007).</font></p>      ]]></body>
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