<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1405-1435</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Convergencia]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Convergencia]]></abbrev-journal-title>
<issn>1405-1435</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Ciencias Políticas y Administración]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1405-14352009000300013</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El cuerpo de los migrantes como palimpsesto del destino]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lutz Bachère]]></surname>
<given-names><![CDATA[Bruno]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<volume>16</volume>
<numero>51</numero>
<fpage>325</fpage>
<lpage>331</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1405-14352009000300013&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1405-14352009000300013&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1405-14352009000300013&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El cuerpo de los migrantes como palimpsesto del destino</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Bruno Lutz Bach&egrave;re</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Molano, Alfredo (2005), <i>Espaldas mojadas. Historias de maquilas, coyotes y aduanas, </i>Bogot&aacute;: El &Aacute;ncora Editores, Panamericana, 161 pp. ISBN: 978&#150;958&#150;30&#150;1736&#150;0</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#150;Xochimilco. </i>E&#150;mail: <a href="mailto:brunolut%01@yahoo.com.mx">brunolutz01@yahoo.com.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta obra el soci&oacute;logo y periodista colombiano Alfredo Molano ofrece una muestra de miradas impactantes sobre la emigraci&oacute;n, el sufrimiento duradero y las alegr&iacute;as pasajeras, sobre la vida y la muerte. Sobre la pobreza tambi&eacute;n. Hombres y mujeres hablan de ellos mismos sin temer a la mordaza de la censura. <i>Espaldas mojadas </i>es un libro que devela trayectorias azarosas y tr&aacute;gicas de migrantes cuyas decisiones son a menudo aceptaciones t&aacute;citas maduradas en el silencio sombr&iacute;o del destino. En este sentido, las seis narraciones ver&iacute;dicas que nos da a conocer Alfredo Molano son historias provenientes de una sola: la de los de abajo. En esta arena de la Historia, el cuerpo de los emigrantes es a la vez sujeto y objeto de todas las atenciones. Es una <i>Gu&iacute;a del migrante mexicano </i>al rev&eacute;s: no se habla <i>por </i>y <i>de </i>los migrantes, pues son ellos mismos quienes narran sus peripecias; no se intenta tampoco destilar una moral institucional transnacional que prepara a los ilegales a ser castos, discretos, resignados, honrados y obedientes: <i>Espaldas mojadas </i>muestra el abismo entre el mundo de la esperanza y el infierno de una vida incierta. La sensibilidad del soci&oacute;logo puesta al servicio del escritor nos permite seguir las huellas de esos individuos despu&eacute;s de liberarse de sus cadenas familiares, huellas que suelen perderse en los meandros de memorias antiguas para regresar a un pasado reciente e indicar una pista, una direcci&oacute;n. No hay un discurso cr&iacute;tico ni un aparato cr&iacute;tico para enmarcar esos testimonios, est&aacute;n ah&iacute;, sueltos, libres de las ataduras de un academicismo grandilocuente que a veces tiende a marchitar la espontaneidad de los testimonios. Las palabras que vienen del coraz&oacute;n son muy delicadas. El sexto libro de Molano permite a las y los informantes expresarse en primera persona del singular bajo el anonimato de la confidencia, ese velo p&uacute;dico que permite a la verdad florecer.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acompa&ntilde;ado por Mar&iacute;a Constanza Ram&iacute;rez, el autor ha viajado al norte de M&eacute;xico para convivir con migrantes e intermediarios, conversar con sacerdotes y polic&iacute;as, escuchar tambi&eacute;n en las plazas p&uacute;blicas los consejos y tarifas, garant&iacute;as y an&eacute;cdotas lanzadas al aire por los coyotes en busca de clientes. Esta experiencia fue dif&iacute;cil para la pareja porque la frontera es el terreno de juego de signos sin significantes. La experiencia fue peligrosa porque al acumular desaires a sus preguntas y silencios a sus cuestionamientos, las miradas ajenas se volvieron armas dirigidas hacia ellos, y nadie est&aacute; a prueba de balas. Encontrar informantes en Ciudad Ju&aacute;rez, Tijuana y El Paso es buscarse problemas. La migraci&oacute;n <i>&agrave; bras le corps, </i>es vivirla en carne propia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mar&iacute;a Soledad es originaria de Veracruz, hu&eacute;rfana de madre y abandonada por el destino desde su m&aacute;s tierna infancia. Cuando muri&oacute; la abuela que la criaba fue recogida por una t&iacute;a lejana que, sin dificultad, la dej&oacute; salirse de la casa todav&iacute;a n&uacute;bil para buscar su camino. Un hombre maduro pretendi&oacute; que la ni&ntilde;a que limpiaba el refrigerador de la pescader&iacute;a era su hija. Sirvienta antes de ser amante, y amante antes de ser emigrante, Mar&iacute;a Soledad conoci&oacute; las vicisitudes de quienes no saben qui&eacute;nes son. Cambi&oacute; de ciudades y cambi&oacute; muchas veces de trabajo sin jam&aacute;s lograr borrar el estigma de sus or&iacute;genes. La pobreza heredada y el abandono precoz no son cuestiones de las que sea f&aacute;cil escabullirse. Su cuerpo era una ofrenda que su padre, primero, y luego su cu&ntilde;ado, contaminaron. V&iacute;ctima de las bajezas de su parentela masculina, conoci&oacute; el oprobio de una sociedad hip&oacute;crita que encubre a los victimarios en nombre de un orden androc&eacute;ntrico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trabaj&oacute; como sirvienta en una casa de Guadalajara donde la patrona, fot&oacute;grafa adinerada, la <i>fusilaba </i>todo el d&iacute;a con su c&aacute;mara. Le sacaba fotos a cualquier momento de la ma&ntilde;ana y de la tarde, a cualquier distancia y desde todos los &aacute;ngulos. Pero un d&iacute;a la patrona llev&oacute; a quienes, posiblemente, eran antrop&oacute;logos f&iacute;sicos. Sin pedirle permiso y manipulando libremente su cuerpo, tomaron muchas medidas de su cr&aacute;neo y de sus diferentes miembros anot&aacute;ndolo todo. Era una revisi&oacute;n exhaustiva y p&uacute;blica de su cuerpo, una exploraci&oacute;n algebraica de su constituci&oacute;n &oacute;sea. La peque&ntilde;a sirvienta experiment&oacute; lo que un siglo antes criminalistas y antrop&oacute;logos impon&iacute;an a los ind&iacute;genas presos en las c&aacute;rceles de Puebla, M&eacute;xico y Guadalajara, para comprobar su inferioridad. Pero Mar&iacute;a Soledad no ten&iacute;a por qu&eacute; pagar el precio de sus or&iacute;genes. Lo dijo. La expulsaron.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego fue a trabajar a las maquilas del norte del pa&iacute;s. Trabajo duro e ingrato para esta mujer desarraigada con dos hijos. All&iacute; encontr&oacute; un sistema moderno de esclavitud donde cada una de las obreras era vigilada por c&aacute;maras instaladas hasta en los ba&ntilde;os. Dominadas por la necesidad econ&oacute;mica, por el <i>est&aacute;ndar </i>a cambio de un salario de miseria, las obreras de las maquilas son tambi&eacute;n dominadas por ojos que vigilan y delatan. En ese universo confinado, los supervisores o <i>supers </i>&#151;incondicionales de los patrones&#151; se dedican tambi&eacute;n al comercio informal de &iacute;nfimas tolerancias a cambio de favores sexuales. Existe igualmente la vigilancia y castigo de las obreras entre s&iacute;, siendo las novatas las que tienen que soportar m&aacute;s la presi&oacute;n del <i>est&aacute;ndar. </i>El <i>est&aacute;ndar </i>es la medida del tiempo para realizar una operaci&oacute;n espec&iacute;fica, medida calculada por ingenieros al servicio de los empresarios. El <i>est&aacute;ndar </i>es en las maquiladoras lo que el reloj es al tiempo. Alcanzar y superar el <i>est&aacute;ndar </i>no es una meta, es un deber casi sagrado, una prueba de lealtad hacia los empleadores y una reverencia al trabajo. El uso de anfetaminas por parte de las obreras &#151;con el benepl&aacute;cito de la direcci&oacute;n de la empresa y a sabiendas de los sindicatos blancos&#151; es el camino m&aacute;s corto para alcanzar la superaci&oacute;n del <i>est&aacute;ndar </i>y tener m&aacute;s ingresos al final de la semana. Empero sus cuerpos se cansan y envejecen a gran velocidad. Los accidentes son frecuentes en las maquilas, sin embargo los m&eacute;dicos de los hospitales p&uacute;blicos, coludidos con los directivos de las empresas, hacen diagn&oacute;sticos superficiales sin realizar los ex&aacute;menes correspondientes con el objetivo de mandarlas de regreso a la f&aacute;brica lo m&aacute;s pronto posible. Flor, una joven originaria de Pasim&oacute;n, Puebla, quien fue a trabajar en las maquilas de Ciudad Ju&aacute;rez y Tijuana, dice que de regreso al trabajo despu&eacute;s de haber sido gravemente intoxicada por las exhalaciones de pl&aacute;stico fundido, la cambiaron de puesto imponi&eacute;ndole un <i>est&aacute;ndar </i>inalcanzable y posteriormente fue obligada a renunciar. El cuerpo de las obreras es una m&aacute;quina que usan sin remisi&oacute;n ni restricci&oacute;n los directivos de las maquilas, hasta dejarlo sucio e inservible. Despu&eacute;s lo reemplazan. Lo sustituyen por otro y otro y otro. Ilustraci&oacute;n de una modernidad l&iacute;quida &#151;para retomar la expresi&oacute;n de Bauman&#151;, la maquila es un monstruo antrop&oacute;fago.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Flor cuenta c&oacute;mo se percat&oacute; de la desaparici&oacute;n de su prima, tambi&eacute;n obrera en una maquila de Ciudad Ju&aacute;rez, y cuyo nombre vino a llenar el n&uacute;mero 175 de las mujeres asesinadas en dicha urbe. Entre tristeza y rabia, narra su <i>v&iacute;a crucis </i>para conocer el paradero de su pariente, la inercia c&oacute;mplice de las autoridades judiciales, la hipocres&iacute;a de los directivos de la maquila, la respuesta sobre la suerte de su prima obtenida de la boca de un cham&aacute;n tarahumara y la ausencia de una investigaci&oacute;n seria para encontrar a los criminales, a pesar de que su prima hab&iacute;a sido vista salir del comedor de la maquila con un hombre desconocido cuya descripci&oacute;n ten&iacute;a la polic&iacute;a. Demasiadas son las evidencias para no ver un encubrimiento de los feminicidios por parte de las autoridades de Ciudad Ju&aacute;rez. En la frontera norte del pa&iacute;s parece que las j&oacute;venes emigrantes que laboran en las empresas de transformaci&oacute;n carecen de derechos: las obreras son el insumo de las maquilas antes de convertirse en el insumo de las perversidades masculinas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mucho revelan Mar&iacute;a Soledad y Flor: las huelgas organizadas por el sindicato blanco con la s&uacute;plica: "Hay que defender al patr&oacute;n para poder trabajar, hay que defender el trabajo"; la ayuda de las integrantes de "Factor X" y en particular de una monja que lucha valientemente para defender los derechos de las obreras; los robos sobre los salarios y sus fracasos para intentar tener cinco minutos de pausa en pos de dos; el uso de una "base negra", listado inform&aacute;tico que se prestan y alimentan las maquilas de la regi&oacute;n, con los nombres de las obreras que se atrevieron a opinar sobre sus condiciones laborales inhumanas, las que fueron despedidas por rechazar los avances de los <i>supers, </i>las que fueron dadas de baja por poco rendimiento y todas las v&iacute;ctimas de accidentes de trabajo. Esta "base negra" no solamente muestra la colusi&oacute;n de los empresarios entre s&iacute; para disciplinar y castigar a las obreras sino que, m&aacute;s perverso a&uacute;n, hace que las j&oacute;venes no puedan encontrar empleo m&aacute;s que con subcontratistas (de estas mismas maquilas), quienes les pagan la mitad de lo que ganaban anteriormente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas nuevas formas de esclavitud hacen de la vida en la frontera un infierno para las j&oacute;venes inmigrantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero el norte est&aacute; presente en esos <i>no man's land </i>del derecho, una parte de los due&ntilde;os de las maquilas siendo norteamericanos, a trav&eacute;s de la dolarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a local y tambi&eacute;n mediante la emigraci&oacute;n festiva de estadounidenses, quienes, liberados temporalmente de las culpas de una sociedad puritana y de leyes restrictivas, convierten las calles de Tijuana y Ciudad Ju&aacute;rez en obscenas saturnales. El dinero y su nacionalidad los amparan. La Do&ntilde;a, apodo de una mujer de negocios que se dedica exitosamente al tr&aacute;fico de personas y quien ha constituido un c&aacute;rtel junto con dos otros grandes coyotes para poder mandar <i>charters </i>de indocumentados a varias ciudades de Estados Unidos, afirma que los billetes verdes permiten muchas cosas. Seg&uacute;n ella, todos: autoridades mexicanas y aduaneros norteamericanos "muerden". Pero las fronteras existen para los desamparados como este pescador salvadore&ntilde;o que cuenta su odisea para atravesar, sin dinero, M&eacute;xico y el desierto de Arizona. Para todos los emigrantes pobres las fronteras son reales y crueles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El soci&oacute;logo colombiano cuenta tambi&eacute;n la historia de un joven inmigrante ilegal que trabajaba de sol a sol para ganar un salario de miseria en campos agr&iacute;colas de Estados Unidos, obligado, junto con sus compa&ntilde;eros de infortunios, a vivir como sombras, escondi&eacute;ndose siempre de la polic&iacute;a y protegi&eacute;ndose de un racismo omnipresente. Ten&iacute;a 20 a&ntilde;os cuando, ebrio con sus cuatro compa&ntilde;eros, tuvieron un accidente automovil&iacute;stico en el cual fallecieron dos de ellos as&iacute; como tres estadounidenses borrachos que se abalanzaron sobre el veh&iacute;culo en marcha. A pesar de que no manejaba, el joven fue acusado de homicidio. Paralizado, con el cuello y la columna vertebral dislocados, se le oblig&oacute; a firmar documentos en ingl&eacute;s que lo sentenciaban. Es que la ley no es la misma para todos. El delito es siempre crimen cuando hay una v&iacute;ctima de nacionalidad estadounidense. Las sospechas son pruebas cuando el acusado es moreno o negro. Despu&eacute;s de haber pasado meses esposado a su cama sin poder moverse, el joven minusv&aacute;lido fue enviado a un presidio donde los inhumanos celadores ignoran por completo los derechos de quienes no tienen la piel blanca. Un d&iacute;a, un alguacil le propuso que se sometiera a una operaci&oacute;n quir&uacute;rgica con la cual iba a obtener una reducci&oacute;n de dos a&ntilde;os de c&aacute;rcel. Acept&oacute;. Entonces lo pusieron a dieta, le sacaron radiograf&iacute;as y le hicieron muchos ex&aacute;menes prepar&aacute;ndolo para una muerte probable &#151;llamaron incluso a un sacerdote para confesarlo. Despu&eacute;s de la operaci&oacute;n segu&iacute;a igualmente lastimado del cuello y de la columna vertebral, pero la novedad fue que ve&iacute;a luces de colores e im&aacute;genes que desfilaban sin cesar frente a &eacute;l. Se enter&oacute; de que, al igual que otros hispanos presos, hab&iacute;a sido utilizado para hacer experimentos cient&iacute;ficos. Los m&eacute;dicos norteamericanos usaron su cuerpo, enga&ntilde;&aacute;ndolo, abriendo su cr&aacute;neo y haciendo experimentos en su cerebro. Al cabo de un tiempo, todav&iacute;a en complicidad con los cirujanos del hospital, el alguacil de la c&aacute;rcel de Port Allegheny, Pensylvania, le propuso someterse a una segunda operaci&oacute;n con una reducci&oacute;n de su condena de dos a&ntilde;os m&aacute;s. "No &#151;respond&iacute; con ira&#151;. No volver&eacute; a ser usado nunca m&aacute;s". El inmigrante ten&iacute;a miedo de que le pasara lo mismo que a su amigo Hermenegildo Mej&iacute;a, un reo que dijo s&iacute; a la segunda operaci&oacute;n. Desde entonces da saltos repentinos e incontrolables. El inmigrante narra: "Uno estaba platicando tranquilamente y de golpe pegaba un salto, como si fuera de caucho y ca&iacute;a al suelo babeando. Lo llamaban 'el procedimiento' y se le aplicaba casi siempre a los latinos pobres, a los que llegan por haberse metido varias veces por la frontera y que est&aacute;n muy lejos de su tierra; tambi&eacute;n lo hacen con aquellos que venimos a trabajar y tenemos una desgracia como la m&iacute;a". V&iacute;ctima de la ignorancia, del racismo, de la ley y de los m&eacute;dicos, el joven minusv&aacute;lido fue trasladado a diferentes c&aacute;rceles de Estados Unidos, con el fin de impedir que estableciera relaciones duraderas con nativos o que pudiera recibir visitas de su novia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los principios correctivos del encierro se suma la l&oacute;gica implacable de la segregaci&oacute;n, l&oacute;gica que legitima los principios de distinci&oacute;n seg&uacute;n la nacionalidad, el idioma y el color de la piel. En realidad, las prisiones son dep&oacute;sitos humanos que sirven a la sociedad para expiar sus culpas y depurarse de sus pobres. Al respecto, Loïc Wacquant en <i>Las c&aacute;rceles de la miseria, </i>analiza acuciosamente el funcionamiento de la l&oacute;gica penitenciaria norteamericana, mostrando que el incremento de la importancia del sistema penal responde a un tratamiento pol&iacute;tico de corte liberal, del desempleo y la miseria. Al disminuir cada vez m&aacute;s las garant&iacute;as sociales y al escamotear de manera sistem&aacute;tica los derechos de los trabajadores, el Estado propicia el incremento del n&uacute;mero de marginados, situaci&oacute;n frente a la cual responde con m&aacute;s polic&iacute;as, m&aacute;s milicias y m&aacute;s c&aacute;rceles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, en <i>Espaldas mojadas </i>los testimonios recogidos nos permiten afirmar que las casas, maquilas y c&aacute;rceles son lugares de encierro donde se hacen experimentos sobre el cuerpo de quienes, ah&iacute;, est&aacute;n confinados. Violaci&oacute;n y medici&oacute;n antropom&eacute;trica del cuerpo de la sirvienta, aumento del ritmo de trabajo de las obreras hasta obligarlas a drogarse para alcanzar el <i>est&aacute;ndar, </i>experimentos m&eacute;dicos sobre los reos hispanos pobres. Estas situaciones descritas por quienes las han vivido en carne propia no deben ser vistas como riesgos inherentes a la emigraci&oacute;n laboral, sino que deben ser consideradas como diferentes manifestaciones de una misma l&oacute;gica capitalista y androc&eacute;ntrica de disciplinamiento del cuerpo del pobre y de la mujer pobre en particular. Esta l&oacute;gica coherente apunta hacia mantener e incrementar la vulnerabilidad social y laboral de los trabajadores sin calificaciones y descalificados, con el objetivo de obtener de su trabajo, y m&aacute;s ampliamente, de su cuerpo, las m&aacute;ximas ganancias. En suma, las y los inmigrantes alimentan una verdadera "econom&iacute;a del cuerpo" de los pobres, convirtiendo el suyo propio en el palimpsesto de su destino.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor </b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bruno Lutz Bach&egrave;re. </b>Doctor en Ciencias Sociales, profesor investigador titular de tiempo completo de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#150;Xochimilco. Publicaciones recientes: coautor de "La pol&iacute;tica de desarrollo rural en M&eacute;xico y el cambio institucional 2000&#150;2006", en <i>Econom&iacute;a, Sociedad y Territorio, </i>n&uacute;m. 28, M&eacute;xico (2008), y de "Entre el metate y el sue&ntilde;o canadiense: representaciones de mujeres mazahuas de la migraci&oacute;n contractual transnacional", en <i>Les Cahiers Ahlim, </i>n&uacute;m. 14, Paris 8 (2007).</font></p>      ]]></body>
</article>
