<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1405-1435</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Convergencia]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Convergencia]]></abbrev-journal-title>
<issn>1405-1435</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Ciencias Políticas y Administración]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1405-14352007000300009</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El paisaje francés de la información en la televisión, una forma de comparar el nuestro]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[González Domínguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Autónoma del Estado de México  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Toluca Estado de México]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<volume>14</volume>
<numero>45</numero>
<fpage>197</fpage>
<lpage>207</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1405-14352007000300009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1405-14352007000300009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1405-14352007000300009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p><font size="4" face="verdana">Rese&ntilde;as</font></p>     <p>&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El paisaje franc&eacute;s de la informaci&oacute;n en la televisi&oacute;n, una forma de comparar el nuestro</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Gonz&aacute;lez Dom&iacute;nguez</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Lochard, Guy (2005), <i>L'information t&eacute;l&eacute;vis&eacute;. Mutations profesionnelles et enjeux citoyens,</i> INA&#45;Vuibert&#45;Clemi, 219 pp. ISBN 2711772810</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico. </i>Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:cgdomin@hotmail.com">cgdomin@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>L'information t&eacute;l&eacute;vis&eacute;. Mutations profesionnelles et enjeux citoyens (La informaci&oacute;n en la televisi&oacute;n. Mutaciones profesionales e implicaciones ciudadanas)</i> es un libro que pone en perspectiva los cambios profesionales y sus implicaciones con lo ciudadano (como su subt&iacute;tulo lo indica) en el paisaje audiovisual franc&eacute;s, suscitados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Muchos de estos cambios pueden pensarse para el caso mexicano como anal&oacute;gicos. De aqu&iacute; que su conocimiento sea &uacute;til para el ciudadano y el especialista de los medios de comunicaci&oacute;n mexicanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escrito por Guy Lochard, uno de los expertos de la televisi&oacute;n del pa&iacute;s galo, este libro no solamente nos proporciona elementos descriptivos de lo que fue y lo que es ahora la informaci&oacute;n en la televisi&oacute;n, sino tambi&eacute;n herramientas te&oacute;rico&#45;metodol&oacute;gicas, a trav&eacute;s de una amplia referencia documental, para comprender estas mutaciones que tienen sus efectos sobre nuestras sociedades que se pretenden democr&aacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Compuesto de tres partes, la obra repasa en sus dos primeras partes lo acontecido en el g&eacute;nero noticiario televisivo. En el primer cap&iacute;tulo de esta primera parte, el autor evidencia &#151;lo que es quiz&aacute; una de las cr&iacute;ticas m&aacute;s persistentes hacia este g&eacute;nero&#151; las contradicciones entre los objetivos de la informaci&oacute;n (en su sentido period&iacute;stico) y las de su producci&oacute;n. Contradicciones que son en definitiva pr&aacute;cticas period&iacute;sticas permanentes, inevitables, justamente en oposici&oacute;n a las mutaciones que han emergido y desaparecido en la fabricaci&oacute;n de la informaci&oacute;n televisiva. As&iacute;, si una de las prioridades es la difusi&oacute;n de la informaci&oacute;n, &eacute;sta no se define por el s&oacute;lo factor de informar con prontitud y eficacia, sino que justamente dicho fact or est&aacute; determinado por una serie de decisiones al interior de las televisoras y de la propia organizaci&oacute;n de los noticiarios televisivos. La informaci&oacute;n, por un lado, no depende de una producci&oacute;n de noticias por y para cada noticiario, sino que &eacute;ste establece institucionalmente lazos con fuentes de informaci&oacute;n para proveerse de material informativo. Por supuesto, esto no es ninguna novedad ni es una pr&aacute;ctica exclusiva de la informaci&oacute;n que la televisi&oacute;n difunde. El problema es esta permanente y dependiente relaci&oacute;n que tiene sus efectos sobre la calidad y perspectiva de la informaci&oacute;n que se ofrece. A esta pr&aacute;ctica hay que agregarle el seguimiento, no declarado, que hacen los noticieros sobre la prensa escrita: el noticiario suele inspirarse de la prensa escrita para tratar los temas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, indica el autor, recientemente las televisoras han podido contar con una mejor infraestructura en red (no en el sentido inform&aacute;tico solamente, sino sobre todo en cuanto a instalaciones y equipamiento) y recursos humanos que les permiten fabricar la informaci&oacute;n desde cada regi&oacute;n. Sin embargo, dicha fabricaci&oacute;n no es tal; antes de que los n&uacute;cleos locales o regionales generen su informaci&oacute;n, &eacute;stos s&oacute;lo participan para difundir la que proviene de las regiones estrat&eacute;gicas tradicionalmente productoras de informaci&oacute;n. En este mismo sentido, al interior de la organizaci&oacute;n de cada noticiario, la informaci&oacute;n pasa por una serie de filtros: criterios de selecci&oacute;n de noticias, tratamiento o perspectiva y modos de presentarlas. La primera tiene que ver con las jerarqu&iacute;as organizacionales entre los periodistas, desde el reportero hasta el jefe de redacci&oacute;n u otras instancias superiores como el director, cuyas relaciones profesionales est&aacute;n delimitadas normalmente de forma vertical, lo que tiene como consecuencia una producci&oacute;n de noticias vista, sobre todo, por las altas jerarqu&iacute;as profesionales, es decir, no diversificada en relaci&oacute;n con nuevas posibilidades de ver la actualidad. As&iacute;, dice Lochard, el tratamiento de la informaci&oacute;n y su representaci&oacute;n aparecen como consecuencia del anterior filtro. Cada profesional del noticiario cumple una funci&oacute;n espec&iacute;fica: los periodistas de escritorio y los de terreno. Ambos se coordinan para elaborar los formatos de informaci&oacute;n conocidos por todos: reportajes, correspondencias en directo (duplex o v&iacute;a telef&oacute;nica), entrevista en estudio y en directo, y breves informativas. Lo anterior no tiene nada novedoso, pero la insistencia de Guy Lochard en redundar en este aspecto, obvio de todo noticiario, est&aacute; en recordarnos hasta qu&eacute; punto estas rutinas profesionales tienen necesariamente un impacto sobre la forma de representar la realidad, sobre la percepci&oacute;n estandarizada tanto de la producci&oacute;n y consumo de este g&eacute;nero de informaci&oacute;n, quiz&aacute;s el m&aacute;s importante de nuestros d&iacute;as. Basta pensar, para finalizar estos apuntes que conforman la primera parte del libro, la figura del conductor del noticiario en diferentes pa&iacute;ses para darse cuenta de su peso relativo, pero influyente en la percepci&oacute;n de la informaci&oacute;n: mientras en algunas naciones el conduct or es una personalidad permanente, en otras s&oacute;lo se le concibe como un simple <i>speaker,</i> mientras que el primero tiene una fuerte influencia en las decisiones del contenido de las emisiones, el segundo cumple s&oacute;lo funciones de canal, pues la informaci&oacute;n es lo m&aacute;s importante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo titulado "Los efectos de la competencia", Lochard focaliza su mirada identificando al noticiario televisivo en el contexto de la competencia y de la programaci&oacute;n. Es indudable que esta perspectiva, a veces olvidada en ciertos an&aacute;lisis, hay que tomarla en cuenta, pues todo producto medi&aacute;tico no es resultado de la espontaneidad, sino de una coyuntura sociopol&iacute;tica&#45;econ&oacute;mica. Para sobrevivir en la competencia, los noticiarios intentan en principio crear su propia identidad, una imagen que los identifique del resto de los dem&aacute;s. Esta identidad no es sino prolongaci&oacute;n de la identidad de la televisora en la cual se inscribe el noticiario. Pero &iquest;qu&eacute; tomar en cuenta para la creaci&oacute;n de esta identidad? Lochard dice que &#151;apoy&aacute;ndose de lo que ya muchos especialistas han subrayado&#151; de las l&oacute;gicas del mercado (econ&oacute;mica) y las l&oacute;gicas de informaci&oacute;n (servicio social). L&oacute;gicas contradictorias que cohabitan en la din&aacute;mica de noticiario televisivo. Por eso la necesidad e inter&eacute;s econ&oacute;micos de los noticiarios tienen que ver con la identidad que se quiere ofrecer al televidente, sin olvidar su funci&oacute;n informativa. La idea es generar una buena imagen para vender a los publicistas y cautivar a los televidentes. De aqu&iacute; se entiende, se&ntilde;ala Lochard, c&oacute;mo el noticiario, en la programaci&oacute;n de las televisoras, se presenta como un "programa de encuentro", pues su horario es el estelar tanto para la publicidad como para la audiencia, o viceversa seg&uacute;n se le quiera ver. Se trata, entonces, de dos misiones dif&iacute;ciles de conciliar, pero que acaban intent&aacute;ndose en todo momento y cuyas consecuencias se encuentran en perjuicio de la informaci&oacute;n que, por ganar audiencia, los noticiarios al ofrecer primicias corren el riesgo de caer en graves imprecisiones que faltan a la deontolog&iacute;a de los periodistas. Estas faltas son contenidas simb&oacute;licamente en la figura del conductor, como "una encarnaci&oacute;n de la televisora". Con este segundo cap&iacute;tulo, el autor nos recuerda la importancia de abordar el fen&oacute;meno del noticiario televisivo dentro de un contexto: el de la programaci&oacute;n de la televisora y en el de la competencia, como dos factores de la producci&oacute;n de la informaci&oacute;n que siempre hay que tomar en cuenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo tres (todav&iacute;a de la primera parte), Lochard cambia por completo su perspectiva de an&aacute;lisis y aborda su objeto de estudio pens&aacute;ndolo desde los dispositivos tanto audiovisuales como del lenguaje que hacen posible su aparici&oacute;n como g&eacute;nero. As&iacute;, la informaci&oacute;n televisiva, hist&oacute;ricamente, es heredera de la radio, de la cual dos caracter&iacute;sticas de esta herencia est&aacute;n presentes en la televisi&oacute;n: la voz y el estudio. Pero con los dispositivos televisuales, el "r&eacute;gimen de verdad", lo adivinamos, se fundamenta en lo que se ve. Este hacer ver reclama de los periodistas de la televisi&oacute;n una competencia para fabricar la informaci&oacute;n: saber garantizar el contacto con el televidente. De aqu&iacute; la relevancia de la "sintaxis de miradas", de la puesta en marcha de los planos y movimientos de la c&aacute;mara, de la iluminaci&oacute;n, etc., como elementos constituyentes del discurso del conductor o de los sujetos hablantes (entrevistados). Es aqu&iacute; que los dispositivos del lenguaje toman un lugar importante para la producci&oacute;n de sentido. Y la figura central en el noticiario televisivo es la del conductor que como "director de orquesta" coordina la toma de la palabra, da paso a los reportajes, a las entrevistas. Entonces, dependiendo c&oacute;mo el conductor del noticiario cumpla este papel comunicativo, los noticiarios ofrecer&aacute;n diferentes "tipos de interpretaci&oacute;n", es decir, la informaci&oacute;n ser&aacute; puesta en escena, ya sea que el periodista "tome distancia" o bien que la "personalice", seg&uacute;n intenciones de informaci&oacute;n&#45;comunicaci&oacute;n. En la parte final de este cap&iacute;tulo, Lochard nos invita a considerar otros dispositivos relacionados con el "lenguaje" que se manifiesta en este g&eacute;nero, como los tipos de secuencias narrativas, descriptivas, argumentativas, predicativas, metatextuales, explicativas, interaccionales, que nos dan elementos de interpretaci&oacute;n, as&iacute; como la "configuraci&oacute;n de la p&aacute;gina" (lo que audiovisualmente percibimos en la pantalla de manera permanente), debe ser considerada como elemento tanto del "lenguaje" del g&eacute;nero, como constituyente del discurso, porque produce sentido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de esta primera parte, el autor aborda, apoyado en una amplia documentaci&oacute;n de otros estudios, las pr&aacute;cticas profesionales a las cuales recurren en general los periodistas del noticiario. Dichas pr&aacute;cticas, tal y como se desarrollan, tienen consecuencias en la cualidad de la informaci&oacute;n y, por lo mismo, merecen an&aacute;lisis permanentes de sus efectos. Entre ellas podemos distinguir las "im&aacute;genes de segunda mano" que provienen de agencias de prensa (la mayor&iacute;a de lugares lejanos) y que son reutilizadas en breves informativas, las transmisiones instant&aacute;neas desde el lugar de los hechos, lo que evita tomar distancia de los acontecimientos, las im&aacute;genes de archivo que podr&iacute;an prestarse a falsificaciones o reactivar estereotipos. Por otro lado, se encuentra la producci&oacute;n propia o interna de los noticiarios, la cual obedece tambi&eacute;n a una serie de pr&aacute;cticas rutinarias, donde est&aacute;n involucrados de forma espec&iacute;fica cada uno los profesionales: el jefe redact or, el periodista&#45;reportero, el periodista de la imagen (el camar&oacute;grafo), todos ellos inmiscuidos en una relaci&oacute;n jer&aacute;rquica y especializada de funciones. Dentro de estas pr&aacute;cticas es de gran inter&eacute;s pensar en la del <i>casting,</i> que se aplica a los entrevistados, a los cuales se selecciona o se prefiere por su "eficacia comunicativa" (el saber hablar frente a la c&aacute;mara), pr&aacute;ctica que tiene que ver con la exclusi&oacute;n de ciertos actores sociales del espacio p&uacute;blico. Otro aspecto en este sentido es la forma de proceder para contar la actualidad a trav&eacute;s del formato del relato: construcci&oacute;n de personajes y, por ende, construcci&oacute;n de cierta visi&oacute;n o de focalizaciones de la realidad. Todas estas pr&aacute;cticas, advierte Lochard, deben ser sujeto de observaci&oacute;n por especialistas para cuidar la deontolog&iacute;a de la profesi&oacute;n. Para el caso franc&eacute;s existen desde hace d&eacute;cadas "observatorios" atentos a identificar y, en su caso, a denunciar faltas graves en el quehacer de informar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte titulada "Las ambig&uuml;edades de otros g&eacute;neros y formatos", Lochard repasa hist&oacute;ricamente las caracter&iacute;sticas no s&oacute;lo del g&eacute;nero noticiario televisivo, sino de otros g&eacute;neros televisivos de informaci&oacute;n como resultado de rupturas y continuidades de g&eacute;neros. As&iacute;, en el primer cap&iacute;tulo nos demuestra c&oacute;mo el g&eacute;nero de informaci&oacute;n estuvo influido por el gran reportaje, en el cual el dramatismo era una de sus principales caracter&iacute;sticas, as&iacute; como su car&aacute;cter mostrativo y demostrativo de la realidad. Con esto Lochard cita el trabajo de Fran&ccedil;ois Jost, quien ha identificado el procedimiento de la escenarizaci&oacute;n y de <i>feintise filmique</i> (que podr&iacute;amos traducir como "simulaci&oacute;n f&iacute;lmica"), como un dispositivo tendiente a ilustrar como si la c&aacute;mara hubiera estado all&iacute; en el momento exacto de la historia que se cuenta. Sin embargo, el g&eacute;nero noticiario televisivo ha podido olvidarse de estos dispositivos a tal punto que hay noticiarios que son presentados "s&oacute;lo en im&aacute;genes" (de la televisora francesa M6), que no cuenta con un conductor tradicional, sino con una voz en <i>off</i> que acompa&ntilde;a las im&aacute;genes de la actualidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del mismo modo, el autor hace referencia, en el cap&iacute;tulo dos de esta segunda parte, a los g&eacute;neros cuyo dispositivo televisual es el estudio (o plat&oacute;). A este dispositivo corresponden los g&eacute;neros de debate, las revistas televisivas, que echan mano de otros g&eacute;neros como la entrevista en estudio y por eso tienen necesidad de apoyarse en dispositivos de "puesta en escena". El estudio es en este contexto sujeto de escenograf&iacute;a, de decoraci&oacute;n, de iluminaci&oacute;n, como componentes previos para producir sentidos discursivos. Esta "puesta en escena" es el marco de "la palabra" de los protagonistas de los g&eacute;neros <i>talk&#45;show,</i> el cual es por consecuencia mediado por esta serie de dispositivos, que a su vez ubican al televidente (a trav&eacute;s de los planos y movimientos de c&aacute;mara) en este "espect&aacute;culo de la palabra". Estos dispositivos televisuales, indica Lochard, pueden observarse, en cierto grado y proporci&oacute;n, en el g&eacute;nero noticiario televisivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo tres de esta segunda parte complementa el cap&iacute;tulo precedente. El autor nos habla de las implicaciones estrat&eacute;gicas de los dispositivos televisuales antes se&ntilde;alados. Se trata de pensar las posibilidades de tratamiento de la informaci&oacute;n en cada uno de los g&eacute;neros informativos y sus dispositivos. Para ello, los temas a tratar as&iacute; como las l&oacute;gicas de comunicaci&oacute;n y de informaci&oacute;n son tambi&eacute;n condicionantes del desarrollo de ciertos g&eacute;neros, que no pueden abstraerse de los intereses comerciales y de las caracter&iacute;sticas de los televidentes a quienes van dirigidos. As&iacute;, por ejemplo, programas pensados para estimular la lectura, s&oacute;lo pueden ser posibles por la presencia de un segmento de televidentes y de una industria editorial, interesados los primeros en verse reflejados y en vender los segundos. El &eacute;xito de tales programas (como <i>Apostrophes,</i> durante m&aacute;s de dos d&eacute;cadas en Francia) obedece a esta l&oacute;gica cultural, cuyos efectos sociales no estuvo exento de debates en torno a posibles exclusiones de la mayor&iacute;a de televidentes que no se identificaban con la literatura como producci&oacute;n art&iacute;stica. Sin embargo, tal preocupaci&oacute;n es exagerada, pues programas televisivos que atienden a otros sectores de televidentes, dice Lochard, se constatan paralelamente. En estos &uacute;ltimos, los dispositivos de dramatizaci&oacute;n van a operar para transmitir temas e informaci&oacute;n de la actualidad, pero cuya labor efectiva sobre el plano cognoscitivo y explicativo de la realidad es cuestionable.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor termina esta segunda parte de su libro abordando la relaci&oacute;n del deporte y la informaci&oacute;n televisiva. Para Guy Lochard el deporte se muestra como un terreno donde se juegan diversos aspectos sociales que tienen que ver con la identidad y el esp&iacute;ritu de competici&oacute;n. Es un terreno particularmente de lo popul ar que se presta al espect&aacute;culo. Grandes acontecimientos deportivos de alcance regional, nacional e internacional est&aacute;n presentes en nuestras pantallas chicas (caso franc&eacute;s: el <i>Tour de France,</i> el rugby, por citar s&oacute;lo dos), provocan apoteosis y ubicuidad de la competici&oacute;n. Sus consecuencias son evidentes: la identificaci&oacute;n del esp&iacute;ritu deportivo con sus h&eacute;roes. Bajo estos efectos de la relaci&oacute;n de la informaci&oacute;n y el deporte es necesario observar el papel comercial de quienes organizan y participan en la difusi&oacute;n, cuyos efectos se ven reflejados en la programaci&oacute;n de las televisoras y de los individuos o colectividades; pues los horarios est&aacute;n condicionados por las caracter&iacute;sticas de cada disciplina (la transmisi&oacute;n de un partido de futbol requiere al menos 90 minutos, la vuelta de Francia, varias horas y d&iacute;as).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tercera y &uacute;ltima parte de esta obra, el autor discute el tema de "Las mutaciones que interrogan". Partiendo del presupuesto que la informaci&oacute;n televisiva tiene un impacto, una influencia importante en el entramado social, Lochard considera que dicho impacto guarda una relaci&oacute;n proporcional con quienes producen esta informaci&oacute;n y cuyo reflejo es la aparici&oacute;n de diversos g&eacute;neros. Hist&oacute;ricamente en Francia la informaci&oacute;n televisiva ha sufrido de forma paulatina la p&eacute;rdida de la producci&oacute;n venida desde el Estado. No es antes de los a&ntilde;os setenta que la radiodifusi&oacute;n francesa, completamente en manos del Estado, ha extendido una producci&oacute;n bajo nuevos formatos y visiones de la realidad. Es decir, la palabra p&uacute;blica ya no es &uacute;nicamente aquella que el Estado expresa (r&eacute;gimen monologal), sino tambi&eacute;n puede ser aquella de actores sociales diversos. Resultado de ello es la aparici&oacute;n de programas de debate donde se cuestionan las acciones gubernamentales. Estas mutaciones son el abandono de "modelos familiares" por "modelos pedag&oacute;gicos" o "modelos de relaciones p&uacute;blicas" (d&eacute;cadas de 1970 y 1980), pasando por programas de <i>talk&#45;show</i> y de debate, a la emergencia de programas de <i>forum,</i> donde representantes de diversos or&iacute;genes sociales "debaten" los temas del espacio p&uacute;blico. Pero tales novedades no son tan libres como puede creerse, pues las condicionantes que vienen de los productores van a configurar limitantes en los objetivos expl&iacute;citos de estos programas. De modo que no todos tienen la palabra, ni todos la tienen bajo las mismas condiciones; lo que vendr&iacute;a siendo una especie de simulaci&oacute;n de la pr&aacute;ctica democr&aacute;tica o peor a&uacute;n, de hacer de estos "debates" un "espect&aacute;culo" al contar con invitados, en programas de entretenimiento, con personalidades pol&iacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo dos de esta &uacute;ltima parte, Lochard vuelve a tocar los resultados de la infraestructura televisiva desarrollada en las regiones. Si bien es cierto, dice el autor, que hay un intento de interesarse por lo regional, &eacute;ste no acaba por producirse, pues las estrategias de comunicaci&oacute;n regional fracasan al caer en tendencias de informaci&oacute;n nacional (ver informaci&oacute;n globalizada), o bien por que lo regional se queda en la regi&oacute;n y no se expande m&aacute;s all&aacute; de esas fronteras. Esto contribuye a la reproducci&oacute;n de estereotipos desde el exterior de fronteras regionales. Por otro lado, se registran experiencias que han buscado ofrecer informaci&oacute;n televisiva alternativa, es decir, fuera de las grandes instituciones estatales, que han producido algunos grupos militantes, pero su alcance es limitado, ya que su difusi&oacute;n es s&oacute;lo a trav&eacute;s de videos. Ante este dif&iacute;cil contexto del desarrollo de la televisi&oacute;n regional, Lochard subraya la necesidad de contar con dos condiciones: la primera es que la instancia de producci&oacute;n est&eacute; liberada de otras instancias que influyan en la forma de estructurar la informaci&oacute;n; y la segunda, que se cuente con una comunidad que sancione, dado que se tratar&iacute;a de una comunidad simb&oacute;lica y no administrativa, con una capacidad interpretativa resultado del conocimiento de una regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo tres es prolongaci&oacute;n de la problem&aacute;tica de lo nacional, pero en este apartado se trata su relaci&oacute;n con la informaci&oacute;n internacional. El autor comienza se&ntilde;alando que la aparici&oacute;n de proyectos loc ales, pretendiendo internacionalizar su informaci&oacute;n, ha provocado el fen&oacute;meno de desterritorializaci&oacute;n. Este tipo de proyectos regionales, por ejemplo entre pa&iacute;ses, no se ha hecho esperar y el caso europeo es muy ilustrativo al respecto. Con el fin de crear lazos identitarios, algunos pa&iacute;ses de esta regi&oacute;n se han lanzado a la producci&oacute;n de programas e incluso de televisoras binacionales (caso de <i>Arte,</i> entre franceses y alemanes), cuyos objetivos no siempre se alcanzan dado las dificultades, por un lado pol&iacute;ticas, y por otro a las culturas profesionales entre los participantes. Una de las causas de este fracaso, dice Lochard, tiene que ver con el presupuesto de una homogeneidad identitaria de Europa que choca en la pr&aacute;ctica con el "insuperable chauvinismo de la informaci&oacute;n" (expresi&oacute;n de Dani el Bougnoux, retomada por Lochard). En este sentido es necesario tomar en cuenta la incierta homogeneidad identitaria de la regi&oacute;n europea. Esta perspectiva puede prolongarse para pensar la globalizaci&oacute;n en la experiencia televisiva de otras regiones. Ejemplo elocuente al respecto es CNN y su pretensi&oacute;n a universalizar la informaci&oacute;n. Para aspirar a una posible transnacionalizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n es necesario contextualizarla. Pero tal procedimiento de contextualizaci&oacute;n se ve sometido a una serie de contradicciones de orden ideol&oacute;gico. Apoy&aacute;ndose en las investigaciones de Tristan Mattelart, Herbert I. Schiller, Lochard insiste en la necesidad de tomar en cuenta fen&oacute;menos de creolizaci&oacute;n, indigenizaci&oacute;n o hibridaci&oacute;n de contenidos que se producen en el marco de una supuesta globalizaci&oacute;n. Un caso en este contexto que ilustra tambi&eacute;n el inter&eacute;s de hacer de la informaci&oacute;n un asunto univers al es el trabajo de la televisora Al&#45;Jazira, la cual declar&aacute;ndose representante del mundo &aacute;rabe, en medio del desequilibrio del flujo de la informaci&oacute;n medi&aacute;tica global, no puede, por sus propios objetivos declarados, alcanzar esta universalidad. &iquest;C&oacute;mo ser universal cuando se es representante de una regi&oacute;n cultural&#45;pol&iacute;tica? Un caso m&aacute;s cercano a nuestra realidad cultural dentro de esta "globalizaci&oacute;n" es la presencia de las televisoras identitarias en los Estados Unidos (particularmente las hisp&aacute;nicas), que satisfacen las necesidades tanto de informaci&oacute;n como de identificaci&oacute;n cultural de las "di&aacute;sporas" latinas. A trav&eacute;s de estas televisoras se observan efectos de reterritorializaci&oacute;n que, a decir de Lochard, no es sino la consecuencia de "mecanismos econ&oacute;mico&#45;pol&iacute;ticos &#91;y de&#93; las relaciones de fuerza que se establecen entre las diferentes regiones del mundo" (p. 190).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del libro trata la mutaci&oacute;n que la informaci&oacute;n televisiva sufre desde 1990: el r&eacute;gimen de la informaci&oacute;n en directo. Bas&aacute;ndose en diversas investigaciones como lo hace el autor a lo largo de toda su obra, se constata una de las "obsesiones" del periodismo que es una posible "sincronizaci&oacute;n del mundo", gracias a la informaci&oacute;n. Este r&eacute;gimen de la informaci&oacute;n en directo se inaugura de forma m&aacute;s frecuente (no olvidemos la transmisi&oacute;n del aterrizaje a la luna en 1969) con la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n, y la "tele&#45;revoluci&oacute;n" rumana de 1989, con la cual asistimos a los momentos de la historia como si estuvi&eacute;ramos all&iacute;. M&aacute;s tarde somos testigos de la guerra del Golfo, del atentado del 11 de septiembre de 2001, y nuevamente de la guerra en Irak. Sin embargo, dicho dispositivo no permite tomar distancia de los acontecimientos, o lo que es lo mismo, no permite al menos formular un esquema narrativo. La &uacute;nica pregunta que los propios periodistas pueden hacerse ante la "vivencia en vivo", es la misma que los televidentes se formulan: &iquest;qu&eacute; est&aacute; pasando? Este r&eacute;gimen s&oacute;lo puede conducir a un tratamiento de la informaci&oacute;n especulativo o a un "relato ininteligible". Finalmente Lochard, al concluir este cap&iacute;tulo, invita a reflexionar c&oacute;mo esta obsesi&oacute;n por el flujo de informaci&oacute;n conlleva a la exacerbaci&oacute;n de la sed de informar por parte de las televisoras que buscan llevar la primicia de los acontecimientos, pero provocando la p&eacute;rdida de su inteligibilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guy Lochard, al final de su libro, subraya la necesidad de concebir la pr&aacute;ctica de los periodistas quit&aacute;ndoles su aura angeli cal, sobre todo cuando ellos tienden a sobrevalorar su corporaci&oacute;n profesional que no les permite una autocr&iacute;tica. Lo que conlleva una resistencia frente a comportamientos m&aacute;s dial&oacute;gicos hacia sus televidentes y a una recurrencia de pr&aacute;cticas period&iacute;sticas rutinarias, parciales y jerarquizadas. Una posible soluci&oacute;n a esta problem&aacute;tica estructural del periodismo, Lochard la piensa inspir&aacute;ndose en la posici&oacute;n de Pierre Bourdieu: no pensar "la corrupci&oacute;n de las personas, sino la corrupci&oacute;n del campo medi&aacute;tico" y al mismo tiempo englobar al p&uacute;blico en la cr&iacute;tica de los medios de comunicaci&oacute;n masiva. De esta forma se puede aspirar, explica Lochard, a mantener un periodismo que convoque pluralismo y democracia.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Gonz&aacute;lez Dom&iacute;nguez.</b> Doctorado y m&aacute;ster en Ciencias de la Informaci&oacute;n y de la Comunicaci&oacute;n por la Universidad de la Sorbonne&#45;Paris III. Licenciado en Comunicaci&oacute;n por la Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico. Profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Administraci&oacute;n P&uacute;blica de la Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico. Ex jefe del &aacute;rea de radio y televisi&oacute;n del Instituto Mexiquense de Cultura. Ha publicado "El ethos del conductor televisivo. Una comparaci&oacute;n entre los noticiarios de Francia y M&eacute;xico", en <i>Revista Mexicana de Comunicaci&oacute;n,</i> n&uacute;m. 104. L&iacute;nea de investigaci&oacute;n: an&aacute;lisis ret&oacute;rico&#45;semi&oacute;tico&#45;discursivo de la televisi&oacute;n, basado en los dispositivos televisuales.</font></p>      ]]></body>
</article>
