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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Elena Arizmendi, de la ficción a la historia]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universite de Paris I (Pantheon-Sorbonne)  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Elena Arizmendi, de la ficci&oacute;n a la historia</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Elena Arizmendi, From Fiction to History</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel Rodr&iacute;guez</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Gabriela Cano, <i>Se llamaba Elena Arizmendi</i>. M&eacute;xico, Tusquets, 2010, 259 p.</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universit&eacute; de Paris&#45;Sorbonne.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo del siglo XX, el "arte de la biograf&iacute;a", como llamaba Andr&eacute; Maurois al g&eacute;nero que hace la historia de una vida, fue a menudo despreciado por los profesionales de la historia, por considerarlo como un refugio para an&eacute;cdotas anodinas, para relatos legendarios y detalles intrascendentes, muy alejados de la historiograf&iacute;a cientificista que formulaba interpretaciones globalizadoras a partir de un instrumental estad&iacute;stico y de perspectivas cuantitativistas. De modo que los historiadores "serios" no tocaban el g&eacute;nero biogr&aacute;fico, y en el mejor de los casos lo dejaban en las plumas de escritores &#151;a veces considerados de segunda&#151; como el citado Andr&eacute; Maurois. Lo biogr&aacute;fico ven&iacute;a a constituir aspectos par&aacute;sitos de la cientificidad, pues se les atribu&iacute;a estar basados en las emociones o ligados al ejercicio de la subjetividad que hab&iacute;a que expulsar de la historiograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, desde finales de los a&ntilde;os setenta &#151;con los avances de la llamada historia cultural y el fin de los grandes relatos de la historiograf&iacute;a nacionalista&#151;, los historiadores han empezado a interesarse en lo biogr&aacute;fico, en las "historias de vida" con un sentido nuevo, m&aacute;s cr&iacute;tico: por una parte, el sujeto elegido para convertirse en personaje hist&oacute;rico es estudiado en situaci&oacute;n, a trav&eacute;s de sus pr&aacute;cticas, y en su contexto; por otra parte, se trata menos de dibujar un retrato de una vida ejemplar &#151;positivo por lo general, aunque a veces tambi&eacute;n negativo&#151; que de analizar c&oacute;mo una figura se construye y se va modulando por la posteridad como un icono. En su voluminosa revisi&oacute;n sobre el g&eacute;nero biogr&aacute;fico, llamada asimismo <i>El arte de la biograf&iacute;a, entre historia y ficci&oacute;n</i> (editada en 2007 por el Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana), Fran&ccedil;ois Dosse se&ntilde;ala que, tras el "giro hacia la memoria" que ha influenciado tanto la historiograf&iacute;a reciente, la posmuerte del biografiado se vuelve tan significativa como su periodo de vida, debido a las huellas que deja y por las fluctuaciones de estas huellas en la memoria colectiva. De modo que la biograf&iacute;a se ha convertido cada vez m&aacute;s en un g&eacute;nero reconocido, en el que brillan algunos de los mejores historiadores, los que han probado la calidad de su quehacer en otros campos de la historiograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, un momento importante en la reevaluaci&oacute;n del g&eacute;nero de la biograf&iacute;a fue la publicaci&oacute;n por el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, de una "evocacion critica" del entonces joven escritor Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Blanco: <i>Se llamaba Vasconcelos</i>. Recientemente publicado en una colecci&oacute;n de la editorial Tusquets en ocasi&oacute;n de los centenarios mexicanos (precisamente dentro de la colecci&oacute;n "Centenarios"), <i>Se llamaba Elena Arizmendi,</i> de Gabriela Cano, evoca desde el titulo aquella reevaluaci&oacute;n que Blanco hizo de la figura tan controvertida de Vasconcelos y es as&iacute; una reevaluaci&oacute;n de otra de las figuras de la revoluci&oacute;n, en el momento de su centenario. Yendo m&aacute;s alla de la "evocaci&oacute;n cr&iacute;tica" del famoso oaxaque&ntilde;o, el trabajo de Gabriela Cano &#151;titulado simplemente con el nombre del personaje biograf&iacute;ado, <i>Se llamaba Elena Arizmendi</i>, se inscribe en su portada como una "biograf&iacute;a".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La de Cano se suma a diversas biograf&iacute;as que, en las &uacute;ltlmas d&eacute;cadas, han rescatado figuras de mujeres legendarias pero un tanto opacadas por los varones que compartieron con ellas, en alguna forma de parentesco, de amistad o de complicidad, parte de su existencia. En la vena de <i>Tin&iacute;sima</i> (Tina Modotti), de Elena Poniatowska, en continuidad de las diversas biograf&iacute;as de Frida Kahlo o de Carmen Mondrag&oacute;n, Cano reconstruye el itinerario de mujeres de tr&aacute;gico destino y sufrimientos vitales, de "mujeres modernas del M&eacute;xico posrevolucionario" nacidas en las postrimer&iacute;as del XIX. Pero la suya rescata a una figura femenina mucho menos conocida (nacida en 1884), y es un s&iacute;ntoma que en vez de titular su libro "Se llamaba Arizmendi" &#151;el apellido bastar&iacute;a, como para el hombre Vasconcelos&#151;, deba anteponer el nombre de pila de la biografiada. En relaci&oacute;n con las otras vidas femeninas, y a pesar de sus nexos con Vasconcelos, Elena Arizmendi parece ser una mujer m&aacute;s independiente del var&oacute;n, puesto que construye su trayecto vital primero con iniciativas personales relativas a la filantrop&iacute;a: su inter&eacute;s en la enfermer&iacute;a; la organizaci&oacute;n, para ayudar a los damnificados, durante la revoluci&oacute;n maderista, por medio de la Cruz Blanca; luego, a trav&eacute;s de una vida rica en el exterior del pa&iacute;s, donde fue afirm&aacute;ndose m&aacute;s claramente como feminista. Aunque no tuvo el desenlace tragico de aquellas mujeres, quiz&aacute; por ello mucho m&aacute;s famosas y celebradas hoy d&iacute;a, su bi&oacute;grafa insiste en que la vida de de Arizmendi no carece de inter&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Gabriela Cano, el punto de partida para reconstruir el relato de la vida de Arizmendi es, m&aacute;s bien "sigue siendo" (p. 26), el relato autobiogr&aacute;fico del propio Vasconcelos, <i>La tormenta</i>, a veces completado por recuerdos de conocidos del pol&iacute;tico. "Adriana" es el coraz&oacute;n de la tormenta que &#151;se&ntilde;ala Cano&#151; no se limita a los a&ntilde;os revolucionarios m&aacute;s violentos, los de la etapa armada, sino que representa tambi&eacute;n el torbellino de pasiones que vivi&oacute; la pareja enfrentando las convenciones de la &eacute;poca. Pero detr&aacute;s de este personaje femenino creado por la escritura, vivi&oacute; intensamente un ser de carne y hueso que atraves&oacute; la primera mitad del siglo XX, las primeras conmociones revolucionarias, luego huyendo de ellas al exterior, en un exilio voluntario que se prolong&oacute; durante un cuarto de siglo, hasta los a&ntilde;os cuarenta. Esa historia &#151;o m&aacute;s bien el principio de esa vida&#151; apenas se conoc&iacute;a relatada en las primeras ediciones (las de los a&ntilde;os treinta), del <i>Ulises criollo</i> y de <i>La tormenta</i>; una versi&oacute;n fue luego expurgada por el autor de ediciones posteriores (las publicadas por la editorial Jus veinte a&ntilde;os despu&eacute;s). Si la descripci&oacute;n del personaje de "Adriana" &#151;como "Venus el&aacute;stica", "Eva gloriosa" o "mejor bot&iacute;n de la revoluci&oacute;n": una harp&iacute;a, en suma&#151; es contextualizada por Cano, explicada, que no justificada, por una virulenta misoginia omnipresente en la cultura occidental de fines del XIX; estas representaciones literarias de Vasconcelos no son juzgadas por ella como "particularmente mis&oacute;ginas" (p. 23). Y es que trata de enmarcar los juicios en el momento hist&oacute;rico en que se producen, como buena profesional de la historia que es. Asimismo, Gabriela Cano recoge con tes&oacute;n los m&iacute;nimos detalles que permitan ir tejiendo la biograf&iacute;a de quien, aparte de ser la amante de Vasconcelos, se ha dicho tan poco. Adem&aacute;s de entrevistar a algunos familiares que conocieron a la biograf&iacute;ada, la autora busc&oacute; datos en correspondencias dispersas, buscando datos en bibliotecas y archivos, desde Uruguay hasta Texas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el texto de Blanco era una "evocaci&oacute;n cr&iacute;tica" de Vasconcelos, basada esencialmente en su amplia bibliograf&iacute;a para evocar una vida que hizo correr tanta tinta, la biograf&iacute;a de Elena Arizmendi fue elaborada como la pesquisa del arque&oacute;logo (as&iacute; lo confiesa su autora), recogiendo detalles por aqu&iacute;, peg&aacute;ndolos con otros all&aacute;, teniendo mucho cuidado en la verosimilitud del encadenamiento y preocup&aacute;ndose de no dejarse arrastrar en anacronismos o en osadas interpretaciones. Llama la atenci&oacute;n lo frecuentes que son, a lo largo de todo el libro, los adverbios que indican la duda, las suposiciones abiertas por expresiones como "quiz&aacute;s", "tal vez", "acaso" (pp. 49, 52, 70, 152, 157), que ameritan ser propuestas como hip&oacute;tesis sin poder verse confirmadas por la certidumbre absoluta. Cuando llega la hora de la dilucidaci&oacute;n, esos huecos, esas lagunas en la documentaci&oacute;n, permiten las deducciones abiertas por la imaginaci&oacute;n, por la inventiva, en un ejercicio que abre las puertas de la ficci&oacute;n. Y es que el texto de Cano ejemplifica felizmente esa afirmaci&oacute;n de Fran&ccedil;ois Dosse: "el g&eacute;nero biogr&aacute;fico asume ese inter&eacute;s fundamental de hacer estallar la distincion entre un g&eacute;nero verdaderamente literario y una dimension cient&iacute;fica".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su ensayo, Dosse distingue las biograf&iacute;as a la manera anglosajona, preocupadas casi obsesivamente en seguir al sujeto biografiado hasta sus &uacute;ltimos rincones, husmeando los detalles que completan la pesquisa, de las que &eacute;l juzga a la usanza de los franceses: biograf&iacute;as menos ambiciosas en su acopio de informaciones pero que se acercan a la ficci&oacute;n debido a su inter&eacute;s por la escritura y la representaci&oacute;n literaria. Podr&iacute;a decirse que Cano logra reunir las dos maneras de hacer biograf&iacute;a. Y la escribe como un arte, Maurois, uno de los especialistas que en Francia han teorizado la pr&aacute;ctica del g&eacute;nero, ha desarrollado en un estimulante ensayo la idea de que la biograf&iacute;a es un arte, como la novela; lo cual no quiere decir que aqu&eacute;lla deba ser como &eacute;sta. Piensa, al contrario, que los m&eacute;todos m&aacute;s estrictos del historiador deben ser aplicados por el bi&oacute;grafo. Tal y como lo hace Cano. Al terminar las investigaciones previas, con el mayor cuidado empieza el trabajo del artista: debe hacer vivir un personaje, y s&oacute;lo lo puede lograr componiendo su obra con tanto cuidado como un novelista. La propuesta de Cano se acerca mas a estos planteamientos, no s&oacute;lo por las dimensiones del libro &#151;perfectamente accesible en una lectura agradable, donde el lector no se pierde en digresiones in&uacute;tiles o en una suma indigesta&#151; sino, sobre todo, por esa relaci&oacute;n con los textos literarios que, consagrados como tales, difieren del relato biogr&aacute;fico y al mismo tiempo lo completan.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de ellos es pues el de Vasconcelos; el otro es la <i>Vida incompleta</i>, una especie de novela autobiogr&aacute;fica, de la propia Elena, que, con el titulo <i>Mujeres en la vida real</i>, public&oacute; en Nueva York en 1927. Con finura y sutileza, Cano escudri&ntilde;a en estos dos relatos en clave, el de cada uno de los amantes, para reconstruir su historia com&uacute;n. G&eacute;nero literario muy particular es el de la novela autobiogr&aacute;fica, que de un modo u otro fija el contrato de lectura de los dos textos. El novelista se esconde tras el relato de lo vivido, en justificaci&oacute;n de sus actos ante sus contempor&aacute;neos, explicaci&oacute;n de sus ideas rectoras ante las generaciones futuras. En un primer acercamiento al trabajo de Gabriela Cano da la impresi&oacute;n de que se ha preocupado m&aacute;s en s&oacute;lo servirse de los textos del oaxaque&ntilde;o, para encontrar en ellos todas las facetas del complejo personaje femenino que estudia. La contraposici&oacute;n del <i>Ulises criollo</i> y de <i>Vida incompleta</i>, insertados en este g&eacute;nero tan particular, podr&iacute;a haber sido m&aacute;s subrayada en el libro de Cano, visiblemente estructurado en once cap&iacute;tulos de los que el central, el s&eacute;ptimo, corresponde al "acicate de la pasi&oacute;n". En realidad, hay que completar el acercamiento a Elena leyendo su <i>Vida incompleta</i>, que ha rescatado su propia bi&oacute;grafa para una edici&oacute;n muy reciente, en la colecci&oacute;n "Singulares" de la Direcci&oacute;n General de Publicaciones del Conaculta. Independientemente del inter&eacute;s especifico que se pueda tener por la pareja, la lectura paralela de los dos relatos que, aunque siendo "autobiogr&aacute;ficos", ocultan la justificaci&oacute;n de sus comportamientos y de sus pr&aacute;cticas a trav&eacute;s de personajes literarios, plantea el apasionante inter&eacute;s del acercamiento a los relatos "en clave".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En medio del libro de Cano, en sus p&aacute;ginas centrales, el lector puede apreciar un portafolio de diez im&aacute;genes &#151;desde fotos de familia hasta grabados de Posada, que representan a Elena como "la maderista", tema de un corrido&#151;, muy bien elegidas, que retoman ic&oacute;nicamente los grandes episodios de la vida de Arizmendi. Vasconcelos, de cuyo relato parte la evocaci&oacute;n de Cano, no aparece en ninguna, sino justamente todo lo que quiere hacer aparecer: dos fotos de su familia &#151;cuya influencia moldea la vida de Elena&#151;, cinco recuerdan su trabajo como enfermera y organizadora de la Cruz Blanca en los a&ntilde;os del maderismo, otros evocan su estad&iacute;a en Estados Unidos y finalmente su regreso a la ciudad de M&eacute;xico (donde muri&oacute; en 1949).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa decena de im&aacute;genes contrapuntean de modo muy eficaz los once cap&iacute;tulos del libro, cada uno de ellos marcado por un lugar, salvo el primero que sirve de introducci&oacute;n y se inspira pues en la rememoraci&oacute;n por parte de Vasconcelos de "la bella Adriana". Cada uno de los episodios de la vida biografiada, cada uno de los temas &#151;por as&iacute; decirlo&#151; de su quehacer hist&oacute;rico, est&aacute; bien "localizado" gracias a los t&iacute;tulos que la autora del libro da a sus cap&iacute;tulos: de las ra&iacute;ces en Oaxaca y Chilpancingo a la actuaci&oacute;n en sus primeros a&ntilde;os como enfermera o revolucionaria &#151;siguiendo en cierto modo los pasos de Madero&#151;, de San Antonio a Ciudad Ju&aacute;rez y luego a la ciudad de M&eacute;xico. Cano muestra bien c&oacute;mo Elena Arizmendi es representativa de una generaci&oacute;n marginada del aparato porfiriano que, habiendo conocido nuevas experiencias en el exterior &#151;como los Madero&#151;, se moviliza para participar en cuestiones pol&iacute;ticas (pp. 84&#45;85).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo central del libro, que corresponde a la pasi&oacute;n por Vasconcelos, situado &eacute;ste "aqu&iacute; y all&aacute;", abre la segunda parte de la biograf&iacute;a, la de la mujer independiente en el extranjero, en Nueva York y en Baltimore, la que &#151;como su contempor&aacute;nea Virginia Woolf&#151; se forja una habitaci&oacute;n propia y contribuye al feminismo hisp&aacute;nico. Son muy interesantes en el libro de Cano las p&aacute;ginas sobre los congresos de 1922 y 1923, de Baltimore y de M&eacute;xico, sobre las tensiones entre los planteamientos de un proyecto hispanoamericanista (que recogen las obsesiones vasconcelianas por la construcci&oacute;n de una "raza c&oacute;smica") y los proyectos panamericanistas, que naturalmente se daban en Estados Unidos. Por otra parte, en la militancia de Arizmendi y de muchas otras latinoamericanas de la &eacute;poca se plantea la necesidad, respecto al modelo de los feminismos anglosajones tan pujantes en los a&ntilde;os posteriores a la primera guerra mundial, de ajustar y reconsiderar la especificidad de la posici&oacute;n de las mujeres en nuestros pa&iacute;ses. Una historia de los movimientos feministas se enriquece as&iacute; en una perspectiva trasnacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde sus primeros a&ntilde;os, los de la revoluci&oacute;n maderista y de la fundaci&oacute;n de una organizaci&oacute;n de asistencia a sus v&iacute;ctimas, vemos ese desparpajo, esa seguridad personal, esa desenvoltura, que no corresponden a la actitud de sacrificio y entrega maternal exigida tradicionalmente en el ejercicio de la enfermer&iacute;a, que hab&iacute;a aprendido en San Antonio, Texas. Las dificultades a las que se enfrenta la ponen en cuestionamiento y la llevan a recurrir a su abogado, Jos&eacute; Vasconcelos, quien se enamora de ella. Revisar las posibilidades profesionales que se ofrecieron a Arizmendi, las opciones que tom&oacute; en su comportamiento personal, es al mismo tiempo para su bi&oacute;grafa una interrogaci&oacute;n sobre lo que representaba ser una mujer independiente en el siglo XX mexicano, sobre todo tras las conmociones revolucionarias y la profunda transformaci&oacute;n que vivi&oacute; el pa&iacute;s. Revisar las influencias familiares y evocar el modelo de mujer que se planteaba para una mexicana culta a principios de la centuria pasada permite reflexionar sobre c&oacute;mo fue evolucionando la concepci&oacute;n del matrimonio y el cuestionamiento de los roles de g&eacute;nero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Y despu&eacute;s, c&oacute;mo viv&iacute;&oacute; Arizmendi, tras su partida de M&eacute;xico, al terminar aquel atormentado idilio con el oaxaque&ntilde;o? En Estados Unidos se apresur&oacute; a contraer matrimonio con el estadounidense Robert Duersch para salvarse "de las preocupaciones econ&oacute;micas" que hab&iacute;a tenido; luego, despu&eacute;s de su separaci&oacute;n de &eacute;l, tuvo que encontrar trabajitos en Nueva York para poder sobrevivir, ocup&aacute;ndose, por ejemplo, de una casa de hu&eacute;spedes, impartiendo clases de m&uacute;sica o colaborando con varios peri&oacute;dicos: fue una vida en el extranjero &#151;durante m&aacute;s de 25 a&ntilde;os&#151; sin grandes presiones econ&oacute;micas. La vida de Arizmendi es interesante tambi&eacute;n por su propia trayectoria, al margen de su relaci&oacute;n con los caudillos &#151;Madero y Vasconcelos&#151;. La biograf&iacute;a de Cano, que se interroga sobre c&oacute;mo pudieron salir adelante las feministas, sobre c&oacute;mo pudieron volverse independientes, se integra a su rico y diverso trabajo como historiadora que renueva el an&aacute;lisis de la revoluci&oacute;n y de los a&ntilde;os posrevolucionarios dsede una perspectiva de g&eacute;nero: una buena muestra de dicha renovaci&oacute;n es la obra colectiva que firma Gabriela Cano con historiadoras estadounidenses, traducida en 2009 por el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica: <i>G&eacute;nero, poder y pol&iacute;tica en el M&eacute;xico revolucionario</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Especialista en <i>gender studies</i>, una de las primeras en M&eacute;xico en ir m&aacute;s all&aacute; de una limitada historia de las mujeres y de "lo femenino", Cano aborda sus tem&aacute;ticas con una bien equilibrada distancia entre el compromiso casi militante por abrir ese campo y la rigurosa seriedad en hacerlo cr&iacute;ticamente. Si, como es bien sabido, el bi&oacute;grafo va a honrar a alguien, asign&aacute;ndole un lugar entre los muertos, a menudo debe enfrentar el riesgo vital de la demasiada empat&iacute;a con el sujeto cuya vida reconstruye. En la historiadora Cano, el deseo de hacer justicia, de rehabilitar a la feminista Arizmendi, la lleva a situarse en una cierta filiaci&oacute;n, o a encontrar una lecci&oacute;n de vida en la biograf&iacute;a que va a construir, pero se conserva siempre un respetable cuidado en no confundir "la placa de '&eacute;l' (habr&iacute;a que feminizar el pronombre) con la placa del yo". Le interesan tanto virtudes como defectos de la figura biografiada, para ir mostr&aacute;ndolos a lo largo de toda su vida, trat&aacute;ndose de explicar as&iacute; tanto los conflictos personales como los ires y venires de su actuaci&oacute;n p&uacute;blica. Cano no oculta las diferencias de clase que tuvo Arizmendi con los brigadistas de la Cruz Blanca, ni su posici&oacute;n como miembro de una elite, a final de cuentas como mujer de poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Sirva este retrato para que no me olviden del todo": Elena Arizmendi dedicaba as&iacute; con su firma una fotograf&iacute;a de 1935. En el &aacute;lbum central de la biograf&iacute;a, hace juego, en una doble p&aacute;gina, con la portada de <i>Vida incompleta</i>, que en la edici&oacute;n reciente de Conaculta rescata Gabriela Cano, respondiendo as&iacute; &#151;con diversas iniciativas&#151; a aquella petici&oacute;n. Al completar ese retrato, de seguro, contribuye a que no olvidemos los pasos de una mujer original como Elena, con lo que ofrece una rica aportaci&oacute;n al "arte de la biograf&iacute;a".</font></p>      ]]></body>
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