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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ser o no ser: &iquest;ser&aacute; &eacute;sa la cuesti&oacute;n?</b></font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pedro L. San Miguel</b></font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <!-- ref --><p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Jos&eacute; Luis Abell&aacute;n, <i>La idea de Am&eacute;rica: Origen y evoluci&oacute;n</i>. Madrid/ Frankfurt Am Main/M&eacute;xico, Iberoamericana/Vervuert/Bonilla Artigas Editores, 2009,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4198037&pid=S1405-0927201000020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 291 pp.</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Puerto Rico/Departamento de Historia</i></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 2010 ha sido un a&ntilde;o auspicioso para Am&eacute;rica Latina, pese a la crisis econ&oacute;mica y a los problemas pol&iacute;ticos y sociales que la agobian. Como parte de la conmemoraci&oacute;n del bicentenario de vida independiente de varias de las antiguas colonias espa&ntilde;olas en el Nuevo Mundo, los gobiernos de estos pa&iacute;ses han auspiciando decenas de vistosos y pomposos actos para rememorar los h&eacute;roes patrios y los eventos fundadores de las naciones hispanoamericanas. Ha sido, pues, tiempo de celebraci&oacute;n, festejo, desfile y agasajo, incluso de rumba, jolgorio y carnaval. Am&eacute;n de momento para el sarao y la parranda, quiz&aacute;s sea &eacute;sta, tambi&eacute;n, una ocasi&oacute;n propicia para reflexionar en torno a tan ensalzadas experiencias hist&oacute;ricas. De hecho, ya se perfila que el bicentenario de las independencias latinoamericanas dejar&aacute; una estela de textos dis&iacute;miles en los que se celebrar&aacute;n, discutir&aacute;n e incluso cuestionaran tan memorables y decisivos acontecimientos. La mayor&iacute;a, sin duda, constituir&aacute;n encomi&aacute;sticos textos que enaltecer&aacute;n hasta el Olimpo a los "padres de las patrias" y sus fundacionales gestas; los menos, marchar&aacute;n a contracorriente y se dedicar&aacute;n, en la m&aacute;s acerada tradici&oacute;n cr&iacute;tica, a debatir las discursivas nacionales latinoamericanas.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los efectos de la enorme cantidad de escritos y alocuciones que generar&aacute;n esas conmemoraciones ser&aacute; evidenciar la multiplicidad de voces que, durante los pasados doscientos a&ntilde;os, han pretendido hablar a nombre de Am&eacute;rica Latina. Lo que equivale a decir que se manifestar&aacute;n las diversas &#150;y con frecuencia contradictorias&#150;formas en que se ha concebido la "identidad latinoamericana", es decir, su "Ser". La manera de abordar esta cuesti&oacute;n, por supuesto, variar&aacute; de acuerdo a las heterog&eacute;neas visiones y concepciones que durante las dos centurias pasadas han intentado representar la realidad latinoamericana. Pol&iacute;tica, ideolog&iacute;a, antropolog&iacute;a, historia, sociolog&iacute;a, arte, literatura y filosof&iacute;a contribuir&aacute;n a formar un abigarrado coro de voces que intentar&aacute;n, cada una en su registro, expresar su particular visi&oacute;n acerca del (supuesto) "Ser" latinoamericano.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La idea de Am&eacute;rica</i> se inserta en ese orfe&oacute;n. Su autor, Jos&eacute; Luis Abell&aacute;n, es una figura emblem&aacute;tica de la cultura espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, posici&oacute;n que ha obtenido gracias a una amplia producci&oacute;n intelectual que se remonta a los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado, y que ha gravitado sobre todo en torno a la historia del pensamiento en y sobre Espa&ntilde;a. Todo ello le ha valido reconocimientos, homenajes y laureles. La reedici&oacute;n de <i>La idea de Am&eacute;rica &#150;</i>en versi&oacute;n revisada y actualizada&#150; seguramente forma parte de ese designio de honrar a tan c&eacute;lebre intelectual. Publicada originalmente en 1972, esta obra se inserta en lo que el autor define como "historia de las ideas", parcela de la historiograf&iacute;a que ha sido cultivada por Abell&aacute;n durante d&eacute;cadas. Nos encontramos, en fin, ante la reedici&oacute;n de una obra cl&aacute;sica que ha dejado una huella en los estudios americanistas en Espa&ntilde;a. Como soy un fiel creyente en la lectura de los cl&aacute;sicos, no puedo menos que encomiar su publicaci&oacute;n. Pero una cosa es leer a los cl&aacute;sicos y otra, muy distinta, suscribir sus fundamentos y argumentaciones, raz&oacute;n por la cual tambi&eacute;n soy partidario de debatirlos. Debido al papel central que ocupan los cl&aacute;sicos en los debates intelectuales, considero, adem&aacute;s, que su discusi&oacute;n debe efectuarse sin concesiones. Y el caso es que tengo discrepancias radicales con esta obra.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De entrada, se encuentra la cuesti&oacute;n de la "historia de las ideas". Como es sabido, durante los a&ntilde;os sesenta y setenta del siglo XX las ideas y el pensamiento en general fueron marginados en los estudios hist&oacute;ricos; esto fue efecto del predominio de corrientes historiogr&aacute;ficas que privilegiaban temas econ&oacute;micos y sociales. A lo sumo, en ciertos &aacute;mbitos se populariz&oacute; la historia de las "mentalidades" como resultado de las influencias de la denominada "tercera generaci&oacute;n" de la Escuela de los Annales.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Mas subrepticiamente se fue gestando una mutaci&oacute;n historiogr&aacute;fica, generada por la confluencia de tendencias como el posmodernismo, la "nueva historia cultural", los "estudios subalternos", los "estudios poscoloniales" y el "giro ling&uuml;&iacute;stico".<sup><a href="#notas">3</a></sup> Como resultado de todo esto, ha habido un renacer del inter&eacute;s por la historia de las ideas, del pensamiento, de los conceptos y de la cultura en general.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal reverdecer ha implicado el surgimiento de nuevas teor&iacute;as y metodolog&iacute;as para el estudio de tales temas, as&iacute; como de variadas corrientes intelectuales y "escuelas". La "historia conceptual" (de arraigo sobre todo en Alemania, aunque con irradiaciones en diversos pa&iacute;ses, incluso de Am&eacute;rica), la "historia socio&#45;cultural" francesa (que entronca con los <i>Annales),</i> o la "historia intelectual" inglesa (practicada entre otros por Quentin Skinner) son algunas de las tendencias que, en las d&eacute;cadas m&aacute;s recientes, han nutrido el estudio de las ideas, el pensamiento y la cultura. Sin embargo, en el libro de Abell&aacute;n no hay ni un ligero asomo de estas corrientes; no existe ni el m&aacute;s leve intento de elaborar una discusi&oacute;n en torno a ellas y, sobre todo, de distinguir su particular forma de concebir la "historia de las ideas" de esas otras escuelas o tendencias historiogr&aacute;ficas. Tal ausencia provoca la sensaci&oacute;n de que nos encontramos ante una obra envejecida en sus fundamentos te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos, pese a anunciarse que ha sido "completamente revisada, actualizada y ampliada".</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicha sensaci&oacute;n se acent&uacute;a al pasar revista a los temas que examina el autor y a los argumentos que elabora en su libro. Entre esos argumentos se encuentra lo que Abell&aacute;n define como la "tesis fuerte" de su obra: "que la idea de Am&eacute;rica como unidad continental es un producto hisp&aacute;nico por excelencia, en la medida en que nuestra cultura est&aacute; especialmente dotada para la s&iacute;ntesis y la integraci&oacute;n" (p. 13). Nos topamos aqu&iacute; con una tesis que, vertida a lo largo del tiempo en diferentes formas, ha nutrido ciertas concepciones acerca de la historia de Espa&ntilde;a en Am&eacute;rica. D&eacute;cadas ha nutrido incluso algunas interpretaciones acerca de la esclavitud en las Am&eacute;ricas. Seg&uacute;n tal l&oacute;gica, los sistemas esclavistas en las colonias espa&ntilde;olas se habr&iacute;an diferenciado de los existentes en otras regiones de Am&eacute;rica &#151;como las posesiones inglesas y francesas en el Caribe y el Sur de Estados Unidos&#151; debido a esa supuesta propensi&oacute;n de la cultura espa&ntilde;ola a "la s&iacute;ntesis y la integraci&oacute;n". En la obra comentada, el autor lleva su tesis central hasta el l&iacute;mite, llegando a afirmar que la alegada "inclinaci&oacute;n hacia el socialismo en los pa&iacute;ses latinoamericanos &#91;...&#93; es consecuencia de una reinterpretaci&oacute;n universalista del viejo humanismo de origen hisp&aacute;nico" (p. 290). Pero el caso es que igualmente se podr&iacute;a afirmar que el socialismo latinoamericano es un derivado del mesianismo judaico, del colectivismo indoamericano o de las ideas ilustradas (francesas) acerca del "buen salvaje". Sin ser totalmente falsas, tales afirmaciones implican un elevado grado de generalizaci&oacute;n y abstracci&oacute;n, por lo que resultan deficientes como explicaciones de un fen&oacute;meno hist&oacute;rico concreto. Como historiadores, &iquest;nos sentir&iacute;amos c&oacute;modos con la aseveraci&oacute;n de que el r&eacute;gimen de Hugo Ch&aacute;vez, el m&aacute;s reciente v&aacute;stago del "socialismo latinoamericano", es una "reinterpretaci&oacute;n universalista del viejo humanismo de origen hisp&aacute;nico"?</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los fundamentos de Abell&aacute;n estriba en el contraste entre la colonizaci&oacute;n en Am&eacute;rica del Norte (i.e. Estados Unidos) y las posesiones espa&ntilde;olas en el Nuevo Mundo. &Eacute;ste tambi&eacute;n es un antiguo t&oacute;pico, del que se han valido estudiosos de diversas escuelas e ideolog&iacute;as para explicar desde las divergencias pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas entre unos y otros territorios, tanto en la &eacute;poca Colonial como en el presente, hasta sus discrepancias sociales, demogr&aacute;ficas, &eacute;tnicas, culturales y "espirituales". En el libro comentado, lo que deber&iacute;a constituir un riguroso ejercicio de historia comparativa deriva, lamentablemente, hacia f&oacute;rmulas manidas, algunas de las cuales reiteran ciertos estereotipos o arriban a f&oacute;rmulas gen&eacute;ricas que, nuevamente, poco explican. Por ejemplo, la afirmaci&oacute;n de que "la colonizaci&oacute;n anglosajona tiene un car&aacute;cter fundamentalmente religioso y comercial" (p. 40) podr&iacute;a aplicarse, con igual propiedad, a la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Por otro lado, el poblamiento anglosaj&oacute;n del territorio norteamericano &#150;efectuado incluso en detrimento de la Rep&uacute;blica de M&eacute;xico&#150; es descrito, recurriendo a una imagen que no deja de ser caricaturesca, como una "mancha de aceite" que avanza inexorablemente hacia el Oeste. En contraste, la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola y portuguesa habr&iacute;a sido efectuada bajo el signo de "una Monarqu&iacute;a cat&oacute;lica y universalista, que imprime car&aacute;cter casi c&oacute;smico al hecho del descubrimiento, y, posteriormente, de la conquista y la colonizaci&oacute;n" (p. 41).</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese tipo de contraste se basa en modelos que se construyen <i>a priori</i> y cuya oposici&oacute;n se admite como absoluta; manejados de tal forma, dichos arquetipos terminan siendo meras marionetas. Pero cuando se cotejan esos modelos con la evidencia hist&oacute;rica comienzan a revelarse los sofismas que los sostienen. As&iacute;, Abell&aacute;n convierte en virtudes de la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola en Am&eacute;rica lo que desde otras perspectivas se puede considerar como aspectos deplorables. Tal es el caso de la afirmaci&oacute;n de que "para la colonizaci&oacute;n ib&eacute;rica el pr&oacute;jimo &#91;es decir, el ind&iacute;gena y, luego, el africano esclavizado&#93; era una aut&eacute;ntica necesidad, puesto que era el fin primordial de la misma" ya que se le necesitaba "para convertirlo &#91;salvando su alma&#93; y aun para vivir y convivir con &eacute;l" (p. 42). A partir de tal paralogismo, lo que fue un requerimiento de la <i>dominaci&oacute;n</i> del Nuevo Mundo &#150;la necesidad, s&iacute;, de obtener mano de obra y tributos&#150; se convierte en un rasgo piadoso de la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola con la intenci&oacute;n de engrandecerla de cara a la anglosajona. Algo similar se puede afirmar acerca de "los matrimonios y uniones que fueron base del mestizaje iberoamericano" (p. 42). Aqu&iacute; se pasan por alto las condiciones espec&iacute;ficas en que ocurrieron tales "uniones", buena parte de las cuales ocurrieron como resultado de la violaci&oacute;n, el estupro, el ejercicio de la autoridad y los abusos de todo tipo ya que, seguramente, para muchos espa&ntilde;oles ayuntarse con las nativas o las africanas fue producto, no de ninguna consideraci&oacute;n metaf&iacute;sica o piadosa ante el pr&oacute;jimo, sino de la concupiscencia y de la urgencia de desfogar los ardores del cuerpo. No obstante, seg&uacute;n Abell&aacute;n, la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola sent&oacute; las bases para que en sus antiguas colonias el "problema racial" fuera solucionado de manera "humanista y fraternal", mientras que en Estados Unidos &eacute;ste "ha permanecido vivo y sangrante" (p. 42).</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abell&aacute;n alega que en Estados Unidos prevalece un "sentido atomizado e individualista de la vida" que se refleja en "la estructura inorg&aacute;nica de &#91;sus&#93; ciudades" (p. 42), las que supuestamente se diferencian de las hispanoamericanas. Para ilustrar este argumento se usa un recurso cuestionable &#150;empleado no s&eacute; si por criterio del autor o de la editorial responsable de la publicaci&oacute;n del libro&#150; y que estriba en reproducir, por un lado, dos grabados del periodo colonial &#151;correspondientes a la ciudad de Cuzco en 1556 y a M&eacute;xico en 1528 (pp. 43&#45;44)&#151; y, por el otro, dos fotos contempor&aacute;neas de autopistas estadounidenses, las que son descritas como "s&iacute;mbolo visible m&aacute;s caracter&iacute;stico del pa&iacute;s" (p. 60); es decir, como emblemas de lo que pretendidamente <i>no</i> es la ciudad (y la sociedad) hispanoamericana: atomizada, disgregada, individualista, fragmentada. Creo que una recta metodolog&iacute;a requiere que se compare lo comparable, no lo que a todas luces resulta inconmensurable. Por ejemplo, ser&iacute;a totalmente leg&iacute;timo comparar las ciudades <i>coloniales</i> hispanoamericanas y norteamericanas; o comparar M&eacute;xico, Bogot&aacute;, Caracas, Lima, Santiago y Buenos Aires con Nueva York, Boston, Filadelfa, Chicago y Los &Aacute;ngeles en <i>(A presente.</i> Pero resulta inapropiado comparar las ciudades de un periodo con las del otro. Siguiendo tal procedimiento, se podr&iacute;a argumentar exactamente lo contrario de lo que se intenta demostrar con meramente invertir la prueba utilizada; en otras palabras, mostrando grabados de Boston o Filadelfa en el siglo XVII y fotos de autopistas de casi cualquier pa&iacute;s hispanoamericano. &iquest;O ser&aacute;n las autopopistas y los pantagru&eacute;licos embotellamientos en M&eacute;xico, Bogot&aacute;, Caracas, Lima o Buenos Aires indicadores de una estructura social org&aacute;nica, integrada, solidaria?</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el trazado que efect&uacute;a Abell&aacute;n, basado en una visi&oacute;n dicot&oacute;mica entre Estados Unidos y Am&eacute;rica Latina, esta &uacute;ltima, en tanto que <i>hisp&aacute;nica,</i> es una especie de comunidad virtuosa, mientras que el pa&iacute;s norte&ntilde;o es su perfecta ant&iacute;tesis. Para posibilitar esta construcci&oacute;n, el autor incurre en simplificaciones extremas, contradiciendo lo que debe ser una verdadera reflexi&oacute;n intelectual, basada en el pensamiento complejo y no en la trivializaci&oacute;n ni en la banalizaci&oacute;n. Hasta el rastreo que efect&uacute;a Abell&aacute;n del "Ser" de Am&eacute;rica Latina padece de tal defecto. M&aacute;s a&uacute;n, la defensa que realiza el autor de Latinoam&eacute;rica y de lo latinoamericano no es otra cosa, en el fondo, que una apolog&iacute;a de Espa&ntilde;a, del "Ser" hisp&aacute;nico. Con el viejo colonialismo espa&ntilde;ol hemos topado, Sancho. De hecho, Abell&aacute;n regresa al viejo t&oacute;pico de que "las Indias no fueron colonias" (p. 69) y que Am&eacute;rica y Espa&ntilde;a mantuvieron una relaci&oacute;n original, si bien no define en qu&eacute; consisti&oacute; esa supuesta originalidad. Lo que posiblemente hubiese implicado ilustrar c&oacute;mo se distingui&oacute; esa "original relaci&oacute;n" de las que mantuvieron las dem&aacute;s potencias europeas con sus propias posesiones &#150;seguramente tambi&eacute;n definidas por sus respectivos apologistas como originales o especiales.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El solapado paneg&iacute;rico que hace Abell&aacute;n de Espa&ntilde;a, amparado en su examen del "Ser" de Am&eacute;rica, se evidencia en varias de las interpretaciones que ofrece acerca de personajes y sucesos hist&oacute;ricos o de tendencias intelectuales. As&iacute;, "Mart&iacute; es el s&iacute;mbolo de una futura emancipaci&oacute;n econ&oacute;mica" ya que sigui&oacute; "una tradici&oacute;n intelectual espa&ntilde;ola" (p. 68). En lo que a la independencia se refiere, el autor afirma  que algunas de sus causas &#150;y por la manera en que lo plantea parecer&iacute;a que se trata de sus causas fundamentales&#150; "est&aacute;n dentro de la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola" (p. 81) afirmaci&oacute;n que en s&iacute; misma es inobjetable si no fuera por el hecho de que tal tipo de aserto tambi&eacute;n podr&iacute;a ser v&aacute;lido para la independencia de las Trece Colonias en Norteam&eacute;rica, para la de Brasil, o para la de Saint Domingue/Hait&iacute;. M&aacute;s adelante llega a decir: "Los hispanoamericanos no se rebelaban tanto contra la Corona espa&ntilde;ola como contra la misma invasi&oacute;n francesa &#91;a la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica&#93;" (p. 82). Por lo dem&aacute;s, en la nota n&uacute;mero 5 que aparece en esta misma p&aacute;gina de su libro, Abell&aacute;n alega que en torno a la independencia y a su trasfondo habr&iacute;a que estudiar varios temas &#150;como la difusi&oacute;n en Am&eacute;rica del pensamiento liberal espa&ntilde;ol o la marginaci&oacute;n pol&iacute;tica de los criollos&#150; que cuentan con una respetable bibliograf&iacute;a en los estudios americanistas.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir del cap&iacute;tulo vi de su libro, Abell&aacute;n efect&uacute;a una especie de trazado del pensamiento hispanoamericano, aunque obviando temas y &eacute;pocas importantes, y ofreciendo, por ende, interpretaciones discutibles sobre varios asuntos. Por ejemplo, de la coyuntura de la independencia salta sin transici&oacute;n al positivismo, doctrina que tuvo su auge en Am&eacute;rica Latina durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX. Esta peculiar cronolog&iacute;a pasa por alto un periodo hist&oacute;rico de algo m&aacute;s de medio siglo, &eacute;poca en la cual se suscitaron intensos debates en torno a la constituci&oacute;n pol&iacute;tica de las naciones americanas y, por ende, en torno a su "Ser", definido en ese contexto no tanto como una entidad et&eacute;rea, como una aventura espiritual, sino como una entidad pol&iacute;tica concreta. En esos a&ntilde;os, en efecto, ocurrieron los m&aacute;s agudos conflictos &#151;tanto ret&oacute;ricos como militares&#151; en torno a la naturaleza de las naciones hispanoamericanas. Pero nada de esto deja huellas en la obra de Abell&aacute;n.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, resulta debatible la aseveraci&oacute;n de que el positivismo constituy&oacute; "una primera toma de conciencia" de Am&eacute;rica y un "primer paso hacia una expresi&oacute;n original de esa idea de Am&eacute;rica que vamos buscando" (p. 85). Mas &#151;contin&uacute;a Abell&aacute;n&#151; dado que tal ideolog&iacute;a "no daba expresi&oacute;n a la verdadera idiosincrasia y la aut&eacute;ntica particularidad de &#91;sus&#93; pa&iacute;ses", hacia el a&ntilde;o 1900 se inici&oacute; "una reacci&oacute;n antipositivista", que tuvo entre sus voceros a Jos&eacute; Enrique Rod&oacute;, Jos&eacute; Vasconcelos y Antonio Caso (p. 87). A continuaci&oacute;n, Abell&aacute;n se concentra en el arielismo, del que alega que es la "expresi&oacute;n filos&oacute;fica del modernismo" (p. 103), pero, adem&aacute;s, que fue una "devoluci&oacute;n enriquecida de lo que Espa&ntilde;a llev&oacute; al continente descubierto <i>&#91;sic&#93;"</i> (p. 111). Esto no es sino otra forma de reiterar el argumento central que subyace a la obra comentada: que todo lo notable y recuperable de la cultura iberoamericana es un desprendimiento, un derivado o una emanaci&oacute;n de su "Ser" hisp&aacute;nico.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de la historia que construye Abell&aacute;n en torno a la "idea de Am&eacute;rica", juegan papeles destacados los fil&oacute;sofos espa&ntilde;oles Jos&eacute; Ortega y Gasset y Jos&eacute; Gaos. En lo que a Ortega y Gasset se refiere, Abell&aacute;n le adjudica, debido a su doctrina del "circunstancialismo" &#151;comprendida en primera instancia como la identificaci&oacute;n del hombre (o la mujer) con sus circunstancias nacionales&#151;, haber inspirado a una nueva generaci&oacute;n de pensadores hispanoamericanos, como Samuel Ramos. Esa influencia fue potenciada por Gaos, espa&ntilde;ol "transterrado" que, gracias a sus investigaciones y a su labor pedag&oacute;gica, estimul&oacute; en Am&eacute;rica la historia de las ideas, actuando como correa de transmisi&oacute;n entre Ortega y Gasset y la generaci&oacute;n de pensadores latinoamericanos que, hacia mediados del siglo XX, se destacaron por reflexionar en torno al "Ser" americano. A tono con lo anterior, en los siguientes cap&iacute;tulos Abell&aacute;n indaga las reflexiones acerca de "lo aut&oacute;ctono" en el pensamiento latinoamericano, dedicando sendos cap&iacute;tulos a M&eacute;xico, Centroam&eacute;rica, el Caribe, Per&uacute;, la Gran Colombia, el Cono Sur, los "pa&iacute;ses mediterr&aacute;neos" (es decir, Bolivia y Paraguay) y Brasil. Como es de esperarse en una s&iacute;ntesis tan apretada, es poco lo que en profundidad se dice en esas p&aacute;ginas. A lo sumo, se realiza una especie de inventario de autores y obras, acompa&ntilde;ado de breves comentarios m&aacute;s descriptivos que anal&iacute;ticos. Adem&aacute;s, como suele ocurrir en ejercicios de tal &iacute;ndole, se incurre en superficialidades y hasta en errores garrafales, como afirmar que en Rep&uacute;blica Dominicana "pr&aacute;cticamente no existen negros", o que debido a que "los dominicanos no sienten dudas sobre su identidad" &#150;pretendidamente de origen hisp&aacute;nica&#150; en ese pa&iacute;s "no hay una literatura que la ponga en cuesti&oacute;n ni un ensayo que especule sobre la misma" (pp. 185&#45;186).<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n, Abell&aacute;n dedica otros cap&iacute;tulos al indigenismo, a "la idea de Am&eacute;rica en la &#8216;guerra fr&iacute;a&#8217;", y a la globalizaci&oacute;n y "su incidencia en la idea de Am&eacute;rica". En lo que al indigenismo se refiere, es poco lo que aporta dicho cap&iacute;tulo. Sobre el tema de Am&eacute;rica Latina en la &eacute;poca de la guerra fr&iacute;a, resulta sorprendente la afirmaci&oacute;n de que la regi&oacute;n "pudo salir adelante" y "sin grave menoscabo" durante esos a&ntilde;os como resultado del sentido de identidad que gener&oacute; el "boom de la novela latinoamericana" (p. 259). Desde tal l&oacute;gica, las miles de vidas perdidas como resultado directo de los conflictos pol&iacute;ticos y sociales que vivi&oacute; Am&eacute;rica Latina en esos a&ntilde;os, o que en la isla de Cuba luego de medio siglo sobreviva un decr&eacute;pito r&eacute;gimen totalitario que es un engendro directo de la guerra fr&iacute;a, resultan muy poca cosa, ya que un fen&oacute;meno literario compens&oacute; las desgarraduras producidas por ella. Por su parte, la secci&oacute;n dedicada a la globalizaci&oacute;n reitera ideas generales que poco abonan a una reflexi&oacute;n compleja sobre su incidencia en Am&eacute;rica Latina. Abell&aacute;n dedica su cap&iacute;tulo final a discutir un conjunto de obras que tienen como tema central el "Ser de Am&eacute;rica". En &eacute;l, el autor insiste en la diferencia abismal entre la cultura hispanoamericana y la estadounidense, caracterizada esta &uacute;ltima por su "atomismo" y "falta de unidad", lo que explicar&iacute;a su "precariedad: la falta de ideal" (p. 270). En contraposici&oacute;n, la "cultura iberoamericana" se distinguir&iacute;a por "su car&aacute;cter universalista", derivado, por supuesto, del "sentimiento de continuidad con la cultura espa&ntilde;ola" (p. 288) &iexcl;Ol&eacute;!</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si quien se aproxime a <i>La idea de Am&eacute;rica</i> estima inobjetables argumentos de tal &iacute;ndole, seguramente aceptar&aacute; esta obra como una valiosa aportaci&oacute;n. Pero quien considere que esos argumentos responden a simplificaciones extremas, a desconocimientos o hasta a prejuicios acerca de Estados Unidos (y, tambi&eacute;n, acerca de lo que es Am&eacute;rica Latina e, incluso, a una sobreestimaci&oacute;n de lo que podr&iacute;a ser Espa&ntilde;a y "lo hisp&aacute;nico"), entonces este libro resultar&aacute; una lectura escasamente gratificante y poco provechosa. Yo, por supuesto, me encuentro decididamente entre este &uacute;ltimo grupo de lectores<b>.</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) Jos&eacute; Luis Abell&aacute;n, <i>La idea de Am&eacute;rica: Origen y evoluci&oacute;n.</i> Madrid/ Frankfurt Am Main/M&eacute;xico, Iberoamericana/Vervuert/Bonilla Artigas Editores, 2009.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2) Mauricio Tenorio Trillo: <i>Historia y celebraci&oacute;n: M&eacute;xico y sus Centenarios,</i> M&eacute;xico, Tusquets, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4198061&pid=S1405-0927201000020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) Jorge Volpi: <i>El insomnio de Bol&iacute;var: Cuatro consideraciones intempestivas sobre Am&eacute;rica Latina en el siglo XXI,</i> M&eacute;xico, Random House Mondadori, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4198063&pid=S1405-0927201000020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4) Rafael Rojas: <i>Las rep&uacute;blicas de aire: Utop&iacute;a y desencanto en la Revoluci&oacute;n de Hispanoam&eacute;rica,</i> M&eacute;xico, Taurus, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4198065&pid=S1405-0927201000020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5) Peter Burke: <i>La revoluci&oacute;n historiogr&aacute;fica francesa. La Escuela de los Annales: 1929&#45;1989,</i> Barcelona, Editorial Gedisa, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4198067&pid=S1405-0927201000020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6) Luis Gerardo Morales Moreno (compilador): <i>Historia de la historiograf&iacute;a contempor&aacute;nea (De 1968 a nuestros d&iacute;as),</i> M&eacute;xico, Instituto Mora (Antolog&iacute;as Universitarias), 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4198069&pid=S1405-0927201000020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7) Pedro L. San Miguel, <i>La isla imaginada: Historia, identidad y utop&iacute;a en La Espa&ntilde;ola,</i> San Juan/Santo Domingo, Editorial Isla Negra/Ediciones Manat&iacute;, 2&ordf; ed., 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4198071&pid=S1405-0927201000020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Entre estos &uacute;ltimos se encuentran: Mauricio Tenorio Trillo: <i>Historia y celebraci&oacute;n: M&eacute;xico y sus Centenarios</i>, M&eacute;xico, Tusquets, 2009; Jorge Volpi: <i>El insomnio de Bol&iacute;var: Cuatro consideraciones intempestivas sobre Am&eacute;rica Latina en el siglo XXI</i>, M&eacute;xico, Random House Mondadori, 2009, y Rafael Rojas: <i>Las rep&uacute;blicas de aire: Utop&iacute;a y desencanto en la Revoluci&oacute;n de Hispanoam&eacute;rica</i>, M&eacute;xico, Taurus, 2009.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Peter Burke: <i>La revoluci&oacute;n historiogr&aacute;fica francesa. La Escuela de los Annales: 1929&#45;1989,</i> Barcelona, Editorial Gedisa, 1993, pp. 68&#45;86.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Luis Gerardo Morales Moreno (compilador): <i>Historia de la historiograf&iacute;a contempor&aacute;nea (De 1968 a nuestros d&iacute;as),</i> M&eacute;xico, Instituto Mora (Antolog&iacute;as Universitarias), 2005.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Sobre el particular, v&eacute;ase: Pedro L. San Miguel, <i>La isla imaginada: Historia, identidad y utop&iacute;a en La Espa&ntilde;ola</i>, San Juan/Santo Domingo, Editorial Isla Negra/Ediciones Manat&iacute;, 2&ordf; ed., 2008.</font></p>      ]]></body><back>
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