<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1405-0927</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Historia y grafía]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Hist. graf]]></abbrev-journal-title>
<issn>1405-0927</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Iberoamericana, Departamento de Historia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1405-09272010000100001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Preliminares]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lloyd]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jane Dale]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<numero>34</numero>
<fpage>9</fpage>
<lpage>14</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1405-09272010000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1405-09272010000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1405-09272010000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Expediente</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Preliminares</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los tres Porfirio  que conforman este expediente versan sobre diversos temas relacionados con el renovado inter&eacute;s por todo lo porfiriano, a ra&iacute;z de las conmemoraciones del Bicentenario. Todos ellos son ejemplos de la pr&aacute;ctica de la historia cultural. El trabajo de Susana Victoria Uribe &#151;"La minuta del d&iacute;a: los tiempos de comida de la elite capitalina a principios del siglo XX"&#151;, analiza la cultura culinaria de la elite citadina porfiriana desde la perspectiva de la historia cultural, ah&iacute; donde la comida se convierte en un discurso de olores, colores y sabores lleno de signos de distinci&oacute;n que separan a la elite de las dem&aacute;s clases sociales. Los h&aacute;bitos alimenticios de la elite capitalina se convirtieron en uno de los elementos emblem&aacute;ticos de la modernidad porfiriana; as&iacute;, el t&eacute; del <i>five o'clock</i> a la inglesa, los <i>lunch champagne</i> a la francesa, tan identificados con las celebraciones diplom&aacute;ticas de Do&ntilde;a Carmelita, esposa del presidente D&iacute;az, se volvieron consuetudinarios en las mansiones de la clase alta citadina. Como se&ntilde;ala la autora, la adopci&oacute;n y adaptaci&oacute;n por parte de la elite capitalina de pr&aacute;cticas y costumbres culinarias tanto brit&aacute;nicas como francesas y hasta rusas se convirti&oacute; en un signo de distinci&oacute;n, que les permit&iacute;a pensarse cosmopolitas a la manera de las elites europeas que tanto admiraban. Este discurso de distinci&oacute;n marcaba a la elite como tal, y le permit&iacute;a reconocerse a s&iacute; misma como detentadora del buen gusto. En ese sentido, la elite tend&iacute;a a compartir un mismo discurso culinario, con rituales sociales basados en las reglas de etiqueta de Par&iacute;s o Londres, y h&aacute;bitos alimenticios que emulaban la modernidad europea y que se volvieron propios del estilo <i>high life</i> porfiriano. Como se&ntilde;ala Victoria Uribe, las elites porfirianas eran consumidoras del buen gusto, buscaban estar a la moda, y se ve&iacute;an a s&iacute; mismas como portadoras del progreso y el refinamiento social: los suntuosos bailes formales de disfraz, las <i>kermesses</i>, los eventos sociales organizados alrededor de comidas de rigurosa etiqueta, las tertulias de sobremesa como ritual social obligado y el paseo vespertino por la calle de Plateros &#151;engalanados los varones a la inglesa y las damas de sociedad luciendo la &uacute;ltima moda parisiense&#151;, se volvieron emblem&aacute;ticas de su ser social, de su forma particular de estar en el mundo.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La "buena mesa", igualmente, se volvi&oacute; caracter&iacute;stica de ese grupo social. El acto de comer consist&iacute;a en un ritual social en el que los buenos modales, la decoraci&oacute;n y disposici&oacute;n de la mesa, la vestimenta requerida y los platillos formaban parte de un discurso de olores, de sabores, de sentires y de coloridas im&aacute;genes visuales que impregnaban y alborotaban los sentidos. Sin duda, uno de los rasgos identitarios de la elite capitalina porfiriana fue su forma de comer: precisamente qu&eacute; y c&oacute;mo com&iacute;a. Su predilecci&oacute;n por los manjares y gustos europeos ha sido repetidamente se&ntilde;alada por los historiadores del periodo. Pero el art&iacute;culo de Victoria Uribe descubre otra faceta de las elites capitalinas: &eacute;stas, sorprendentemente, tambi&eacute;n cultivaban algunas preferencias culinarias propias de la vasta y rica cocina mexicana, como los tamales, los chiles encurtidos, el robalo a la veracruzana, los chiles en nogada y otros platillos que dan fe de su sincretismo culinario y de un apego a los sabores nacionales que imped&iacute;a que sus mesas fueran meras r&eacute;plicas de lo europeo. Todo esto muestra los complejos procesos de reelaboraci&oacute;n cultural, en los que convergen y conviven diversas tradiciones que convierten a un simple platillo en un escenario multicultural.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto de ese trabajo, es la reconstrucci&oacute;n de los h&aacute;bitos, las pr&aacute;cticas y las costumbres culinarias de las elites porfirianas capitalinas a partir de la mirada del peri&oacute;dico <i>El Mundo Ilustrado</i>, fundado por el empresario period&iacute;stico Rafael Reyes Sp&iacute;ndola, convencido porfirista y hombre muy ligado al grupo de los "cient&iacute;ficos". Reyes Sp&iacute;ndola, siguiendo modelos norteamericanos, fund&oacute; en 1894 <i>El Mundo Ilustrado,</i> primer semanario ilustrado mexicano, "una elegante revista dominical",<sup><a href="#nota">1</a></sup> hecho por y para la elite pol&iacute;tica y econ&oacute;mica porfiriana, semanario que inclu&iacute;a noticias nacionales e internacionales, una secci&oacute;n literaria y de actividades culturales (teatro, zarzuela, &oacute;pera), as&iacute; como, por primera vez en el periodismo mexicano, las llamadas p&aacute;ginas de sociales, que describ&iacute;an los encuentros m&aacute;s relevantes de la elite capitalina: bautismos, bodas, bailes y otras celebraciones; tambi&eacute;n contaba con p&aacute;ginas sobre la moda y una secci&oacute;n especial dedicada a las artes culinarias &#151;recetas, consejos, descripciones de la buena mesa, materiales que constituyen la base documental del art&iacute;culo de Victoria Uribe. La utilizaci&oacute;n de esta fuente nos permite asomarnos al mundo cultural de este grupo social y conocer una parte de su estilo de vida, vislumbrar su manera propia de ser en el mundo.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo art&iacute;culo &#151;"El baile de los 41: la representaci&oacute;n de lo afeminado en la prensa porfiriana"&#151; de Miguel &Aacute;ngel Barr&oacute;n Gavito, aborda la representaci&oacute;n construida por la prensa capitalina porfiriana de un baile de disfraces celebrado en la Ciudad de M&eacute;xico y en el cual "42 hombres de la alta y buena sociedad capitalina porfiriana", vestidos como mujeres, fueron arrestados y llevados a la comisar&iacute;a de polic&iacute;a por supuestas "pr&aacute;cticas nefandas". Entre ellos, corr&iacute;a el rumor, se hallaba el yerno de Porfrio D&iacute;az, el hacendado morelense De la Torre, miembro de la oligarqu&iacute;a porfiriana y esposo de su hija Amada D&iacute;az. Como se&ntilde;ala Barr&oacute;n Gavito, el texto no analiza el acontecimiento en s&iacute; sino la manera en que fue construido y presentado por la prensa capitalina. Este enfoque historiogr&aacute;fico permite traslucir la forma en que la prensa y la "buena sociedad porfiriana" construyeron una imagen de la masculinidad en la modernidad, en el contexto de la cual la homosexualidad se percib&iacute;a como una perversi&oacute;n moral. A su vez, el autor analiza la estrategia period&iacute;stica que pretende provocar una cierta reacci&oacute;n entre su p&uacute;blico lector. Bajo este enfoque ning&uacute;n "mensaje informativo" es neutral, ya que su emisor lo impregna de sentido al seleccionar, discriminar e interpretar los datos: en este sentido, el reportaje no s&oacute;lo busca informar al p&uacute;blico lector, sino configurar y manipular la opini&oacute;n p&uacute;blica. Los diversos Porfirio  escritos en los peri&oacute;dicos capitalinos, desde aquellos de orientaci&oacute;n cat&oacute;lica hasta los que representaban a los liberales, criticaban "ese alarmante afeminamiento de las nuevas generaciones", y trataban de convencer al p&uacute;blico lector de que la homosexualidad era una forma de desviaci&oacute;n sexual que atentaba contra las buenas costumbres. El discurso modernizante de la prensa porfiriana alab&oacute; la invenci&oacute;n de la homosexualidad como delito y, seg&uacute;n Barr&oacute;n Gavito, hizo posible pensar esa otredad como criminal y enferma. La publicaci&oacute;n de la noticia la hizo notoria, y as&iacute;, visible, permiti&oacute; al p&uacute;blico enterarse de "pr&aacute;cticas nefandas" anteriormente escondidas, rumoradas, comentadas en voz baja. Tales pr&aacute;cticas, adem&aacute;s, se adscrib&iacute;an sobre todo a una clase social supuestamente decadente y claramente criticada por su estilo de vida dispendioso y europeizante.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer art&iacute;culo de este expediente &#151;"La administraci&oacute;n de tres haciendas durante la Revoluci&oacute;n"&#151;, de Mar&iacute;a Eugenia Ponce, plantea la experiencia de la Revoluci&oacute;n Mexicana desde la perspectiva de los hacendados y, sobre todo, de los administradores de haciendas de la zona central del pa&iacute;s, convertida en su momento en zona de guerra de los diversos ej&eacute;rcitos revolucionarios. Este texto cuenta las peripecias de la Revoluci&oacute;n a partir de los relatos de Antonio Castro Sol&oacute;rzano, administrador y apoderado legal de los bienes de Josefa Sanz, viuda de Sol&oacute;rzano, due&ntilde;a de cuatro haciendas pulqueras y cerealeras en Tlaxcala y el Estado de M&eacute;xico. La regi&oacute;n de Tlaxcala y el Estado de M&eacute;xico se convirti&oacute; desde 1910 en escenario de la problem&aacute;tica revolucionaria y en zona de paso de diversos ej&eacute;rcitos beligerantes. En este an&aacute;lisis, el administrador general y apoderado mantiene, en medio del conflicto, una correspondencia constante con los dem&aacute;s administradores de las haciendas. As&iacute;, Castro Sol&oacute;rzano se convierte en un testigo privilegiado de los acontecimientos: un sujeto que habla desde el antiguo r&eacute;gimen en un mundo inseguro y cambiante en el que la Revoluci&oacute;n no s&oacute;lo interrumpe los procesos de producci&oacute;n de las haciendas sino que trastoca los valores y conciencias tradicionales. La Revoluci&oacute;n ha sido vista desde numerosas perspectivas, pero pocos trabajos se enfocan en la experiencia vivida por las haciendas durante la &eacute;poca, en la cual los pr&eacute;stamos forzosos, la leva de los trabajadores y la toma de conciencia de estos &uacute;ltimos son fen&oacute;menos imprevistos que se operan sobre un fondo de tradiciones ancestrales en las que prevalec&iacute;a la deferencia y la sumisi&oacute;n hacia los patrones. Los reportes de los administradores hablan del constante asedio al cual fueron sometidas las haciendas por parte de las diferentes fuerzas revolucionarias que sol&iacute;an utilizar estas unidades de producci&oacute;n agr&iacute;cola como fuentes de abastecimiento para caballada, granos y otros enseres. La presi&oacute;n que ejerc&iacute;an los ej&eacute;rcitos revolucionarios sobre las haciendas, as&iacute; como las frecuentes incursiones de gavillas que desde 1911 merodeaban la zona, son ejemplos de la inseguridad en el campo y del proceso de desmoronamiento del antiguo estado porfiriano. El art&iacute;culo detalla las diversas estrategias que los hacendados utilizaron para proteger sus propiedades, y describe el aumento de la violencia rural, que inclu&iacute;a desde los pr&eacute;stamos forzosos hasta la ocupaci&oacute;n de haciendas por los diversos ej&eacute;rcitos en disputa. Se trata de una visi&oacute;n poco explorada en los anales de la historiograf&iacute;a de la Revoluci&oacute;n. As&iacute; mismo, la autora analiza c&oacute;mo a trav&eacute;s del proceso revolucionario se va quebrantando la econom&iacute;a moral tradicional que anteriormente reg&iacute;a las relaciones laborales en las haciendas. C&oacute;mo, sobre todo en Tlaxcala, los jornaleros agr&iacute;colas empiezan a organizarse para pedir mayores sueldos y reducciones en la jornada de trabajo apoyados por autoridades estatales tanto maderistas como constitucionalistas &#151;tildados de "socialistas" por el apoderado general. El relato del administrador de los bienes de la familia Sol&oacute;rzano&#45;Sanz nos permite vislumbrar la Revoluci&oacute;n como un proceso multifac&eacute;tico y complejo que trastoc&oacute; formas de pensar y pr&aacute;cticas consuetudinarias, que transform&oacute; al trabajador sumiso y obediente en un sujeto que empezaba a reclamar derechos y a exigir mejores condiciones de vida. Este trabajo es una muestra de c&oacute;mo las antiguas pr&aacute;cticas culturales se transmutaban y surg&iacute;a un discurso de dignidad y de reclamo opuesto a los valores de anta&ntilde;o. El orden social estaba siendo alterado.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a todas estas peripecias sorprende que las haciendas siguieran produciendo ganancias y, de hecho, que resultaran un negocio rentable a pesar de la guerra. En ese sentido, Ponce Alcocer analiza las diversas estrategias que emple&oacute; el apoderado general para salvaguardar la rentabilidad de las mismas. Por otro lado, las misivas de Castro Sol&oacute;rzano a los due&ntilde;os, tambi&eacute;n relatan c&oacute;mo el agrarismo empieza a inquietar a ciertos pueblos y c&oacute;mo se incrementan las posibilidades de que sus propiedades se vean afectadas; comienza entonces una larga etapa de litigios agrarios que culminar&aacute;n en 1926 y 1934 con la restituci&oacute;n de tierras y la dotaci&oacute;n de ejidos a las comunidades agrarias cercanas. La reforma agraria marcar&aacute; el fin de la hacienda como unidad productiva y tambi&eacute;n como comunidad de vida, una instituci&oacute;n que hab&iacute;a dominado al campo mexicano durante cerca de cuatrocientos a&ntilde;os. Asimismo, el &uacute;ltimo art&iacute;culo de este expediente pone al desnudo el tiempo de brecha y cambio que signific&oacute; la llamada Revoluci&oacute;n Mexicana, en el transcurso de la cual un orden se desmoronaba pero no se vislumbraba a&uacute;n el nuevo acontecer, y en donde los hacendados y sus apoderados intentaban conservar su forma de vida en un mundo que ya no era aqu&eacute;l en el que hab&iacute;an nacido.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>       <p align="right"><b><font face="verdana" size="2">Jane Dale Lloyd</font></b></p>      <p align="right">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) Antonio Saborit. El Mundo Ilustrado <i>de Rafael Reyes Sp&iacute;ndola,</i> M&eacute;xico, Grupo Carso, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4159168&pid=S1405-0927201000010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota" id="nota"></a>Nota</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Antonio Saborit, El Mundo Ilustrado <i>de Rafael Reyes Sp&iacute;ndola</i>, M&eacute;xico, Grupo Carso, 2003, p. 29.</font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Saborit]]></surname>
<given-names><![CDATA[Antonio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El Mundo Ilustrado de Rafael Reyes Spíndola]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Grupo Carso]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
