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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Derecho y argumentaci&oacute;n. Sobre <i>Curso de argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica</i> de Manuel Atienza</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Law and Argumentation. On <i>Curso de argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica</i> by Manuel Atienza</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Pe&ntilde;a*</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad Diego Portales (Chile). Manuel Rodr&iacute;guez Sur 415, 8370109 Santiago, Chile. </i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Correspondencia:</b>     <br>       Carlos Pe&ntilde;a;    <br>     <a href="mailto:carlos.pena@udp.cl">carlos.pena@udp.cl</a></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 20/09/2013    <br>     Aceptaci&oacute;n: 8/11/2013</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro intimida por su tama&ntilde;o &#45;nada menos que 900 p&aacute;ginas&#45;, pero una vez que uno se interna en &eacute;l, puede recorrerlo sin dificultad alguna, seguir sus pasos y aprender de sus miles de l&iacute;neas. Lo primero que salta a la vista es la claridad casi desconcertante con que el profesor Atienza explica y expone problemas y conceptos que a cualquier otro escritor o te&oacute;rico del derecho lo obligar&iacute;an a torcer el lenguaje hasta l&iacute;mites casi indecibles. Una claridad tal s&oacute;lo se alcanza cuando las cosas se han comprendido tan bien que se las maneja, como ocurre con el profesor Atienza y las teor&iacute;as de la argumentaci&oacute;n, con la naturalidad de quien simplemente respira.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero este libro es notable y es importante no s&oacute;lo porque se trata de un curso espl&eacute;ndido que ahora se pone al alcance de todos, de los alumnos que sin dificultad podr&aacute;n asomarse a sus p&aacute;ginas y de los profesores que podr&aacute;n aprender de ellas y emplearlas en sus clases, sino adem&aacute;s porque en &eacute;l se contiene, me parece a m&iacute;, el precipitado de un largo trabajo intelectual que, cuando se lo mira en su conjunto, equivale a una entera concepci&oacute;n del derecho.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porque, en efecto, este libro no es s&oacute;lo un libro: es parte, como digo, de un proyecto intelectual en cuyo sentido creo que vale la pena detenerse.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s notorias que poseemos los seres humanos &#45;y que subyace en actividades tan diversas como el derecho, la educaci&oacute;n o los juegos&#45; consiste en la capacidad que exhibimos para dar razones o para recibirlas. Somos animales que pueden, a la vez, entender y responder a razones, dice, en la primera l&iacute;nea de su magn&iacute;fico libro <i>On What Matters,</i> Derek Parfit. La vieja distinci&oacute;n entre <i>questio facti</i> y <i>questio juris</i> &#45;es decir, entre lo que es el caso y lo que es correcto&#45; entrecruza pr&aacute;cticamente toda la cultura humana: los seres humanos, en efecto, somos capaces de distinguir entre los deseos o preferencias que tenemos (la <i>questio facti</i> de nuestra subjetividad) y las razones que podemos esgrimir ante los dem&aacute;s para llevarlos a cabo (la <i>questio juris).</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, esa convicci&oacute;n seg&uacute;n la cual los seres humanos somos capaces, como observa Parfit, de entender y dar razones, de comprender lo que arguyen nuestros interlocutores y a nuestra vez contradecirlos, est&aacute; a la base de la comprensi&oacute;n del derecho que mediante el conjunto de su obra ha venido impulsando el profesor Atienza. Nos quedar&iacute;amos, pues, cortos, si present&aacute;ramos al profesor Manuel Atienza nada m&aacute;s que como el autor de este magn&iacute;fico libro, puesto que este libro trasunta un proyecto intelectual de vasto alcance conceptual y pol&iacute;tico del que el profesor Atienza, en mi opinion, es la principal figura.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;En qu&eacute; consiste ese proyecto intelectual que el profesor Atienza lleva adelante y que, mediante libros como el que ahora presentamos, procura esparcir? El proyecto intelectual que el profesor Atienza ha llevado adelante &#45;y expresi&oacute;n del cual es este libro&#45; consiste en concebir al derecho, en una de sus varias dimensiones, como argumentaci&oacute;n. No se trata, como es obvio, de reducir el derecho a la argumentaci&oacute;n &#45;nada m&aacute;s lejos, dicho sea de paso, del talante intelectual del profesor Atienza que adherir a ese tipo de reduccionismo o con cualquier otro&#45; sino que de lo que se trata es de ocuparse de la dimensi&oacute;n argumentativa que el derecho posee para averiguar en qu&eacute; consiste exactamente ella y qu&eacute; lugar ocupa a la hora de inteligir el fen&oacute;meno jur&iacute;dico.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pr&aacute;ctica del derecho, ha subrayado innumerables veces el profesor Atienza, casi se confunde con la actividad de argumentar. Con miras a una decisi&oacute;n cualesquiera, desde el t&eacute;rmino de un caso a la confecci&oacute;n de una regla, los abogados se dedican ante todo a arg&uuml;ir a favor de la decisi&oacute;n que estiman correcta y los jueces, una vez que deciden, a abogar, esgrimiendo razones, a favor de aquello que han decidido. En medio de ese complejo intercambio ling&uuml;&iacute;stico, lo que los abogados y juristas hacen es dar razones a favor o en contra de una decisi&oacute;n determinada o de un espec&iacute;fico curso de acci&oacute;n. Y al hacerlo, someten ese intercambio a una serie de reglas con base en las cuales un observador imparcial podr&iacute;a, dentro de ciertos l&iacute;mites, decidir cu&aacute;l de ellos estaba en lo correcto.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No cabe pues duda que el derecho se relaciona muy de cerca con la argumentaci&oacute;n y que ella tiene un peso en las decisiones y la fisonom&iacute;a que muestra finalmente el derecho. Y, como sugiere Dworkin en uno de sus trabajos, salvo que creamos que la labor de intercambiar razones que llevan a cabo cotidianamente los jueces y los abogados es una simple farsa, una puesta en escena, un baile de m&aacute;scaras que oculta al poder o la arbitrariedad, no cabe duda que, para comprenderlo de veras, debemos detenernos en la argumentaci&oacute;n y en los elementos, las razones, que mediante ella se intercambian.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;De qu&eacute; dependen las razones y c&oacute;mo se constituyen? &iquest;De qu&eacute; forma su intercambio con base en reglas &#45;lo que llamamos argumentaci&oacute;n&#45; ayuda a entender en qu&eacute; consiste el derecho?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La argumentaci&oacute;n, como explica el profesor Atienza, puede ser apreciada desde dos puntos de vista, uno formal y otro material. El punto de vista formal considera los juicios o proposiciones con prescindencia de su contenido, trata, para decirlo en t&eacute;rminos estrictamente t&eacute;cnicos, con lo que Russell denomina funciones proposicionales. El punto de vista material trata en cambio con el contenido de esos juicios o proposiciones. Dos argumentaciones pueden coincidir en el plano formal; pero no en el material, lo que muestra que se trata de cosas distintas. La obra de Arist&oacute;teles provee un buen ejemplo de esta distinci&oacute;n cuando trata del silogismo pr&aacute;ctico que, formalmente apreciado, puede dar cuenta a la vez tanto del movimiento animal como de la acci&oacute;n humana. Lo que diferencia al movimiento animal de la acci&oacute;n humana no ser&iacute;a, pues, la estructura del silogismo, sino el contenido de las premisas (como explica en <i>De Anima</i> o en <i>Acerca del movimiento de los animales).</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, en el &aacute;mbito del razonamiento pr&aacute;ctico, una de cuyas especies ser&iacute;a el razonamiento jur&iacute;dico, parecen poseer m&aacute;s inter&eacute;s las razones que la forma del razonamiento. Pero, en tal caso, &iquest;c&oacute;mo diferenciar buenas de malas razones?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que si reconstruimos brevemente la forma en que la filosof&iacute;a ha intentado responder esa pregunta, podemos asomarnos al punto de vista que el profesor Atienza despliega en este libro a la hora de relacionar el derecho con la argumentaci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la historia de la filosof&iacute;a a menudo se hizo depender las razones objetivas, las mejores razones, de la existencia de un mundo independiente de la mente. Las razones, se pens&oacute;, deb&iacute;an apelar a hechos del mundo exterior que nos obligaran compulsivamente, que derrotaran nuestra subjetividad. Sin embargo, uno de los giros fundamentales de la filosof&iacute;a consisti&oacute; en advertir que hab&iacute;a razones objetivas para ejecutar acciones, o abstenernos de ejecutarlas, que eran independientes de la existencia o no de un mundo exterior.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este paso fundamental de la filosof&iacute;a se debi&oacute;, como recuerda M. Dummett, a las matem&aacute;ticas.<sup><a href="#notas">1</a></sup> En efecto, fue un matem&aacute;tico, Gottlob Frege (1848&#45;1925), quien llam&oacute; la atenci&oacute;n acerca del hecho que el conjunto de proposiciones que llamamos pensamiento, los enunciados que proferimos acerca del mundo y acerca de nosotros, no son un fen&oacute;meno subjetivo o psicol&oacute;gico, como incluso Husserl lleg&oacute; a creer, sino un fen&oacute;meno objetivo que se encuentra alojado en el lenguaje. Ninguno de nosotros, observ&oacute; Frege, puede saber qu&eacute; est&aacute; pensando el otro y entonces comunicarse no puede consistir en verificar la coincidencia de im&aacute;genes mentales, percepciones del mundo exterior o experiencias subjetivas, sino en exponer razones, entidades l&oacute;gicamente compulsivas, que nos muestran que la voluntad no tiene siempre la &uacute;ltima palabra. En esas investigaciones (presididas por la pregunta &iquest;qu&eacute; es el n&uacute;mero?) Frege defendi&oacute; la idea que los n&uacute;meros no son ni atributos de objetos externos (si le entrego a alguien un pu&ntilde;ado de naipes, ejemplifica, y le pido que me diga su n&uacute;mero, &eacute;l necesitar&iacute;a saber si se trata de cartas, pilas o pares, algo que no ocurrir&iacute;a si le pregunto una propiedad de las cartas como el color) ni, tampoco, un proceso puramente mental (si as&iacute; fuera, hablar de n&uacute;meros carecer&iacute;a de toda objetividad). Al sacar los n&uacute;meros de la mente (y con &eacute;l a los conceptos de los que los n&uacute;meros ser&iacute;an aserciones) abri&oacute; la puerta para el giro lingu&iacute;stico de la filosof&iacute;a y para una nueva concepci&oacute;n de las razones: si los conceptos no est&aacute;n en la mente &iquest;de d&oacute;nde podr&iacute;a provenir su objetividad y su car&aacute;cter p&uacute;blico salvo de la instituci&oacute;n del lenguaje, el m&aacute;s com&uacute;n de todos los bienes?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, el giro lingu&iacute;stico permiti&oacute; abordar, de una manera hasta entonces in&eacute;dita, persistentes problemas de la filosof&iacute;a, entre ellos el problema de la racionalidad, especialmente pr&aacute;ctica, que hab&iacute;a ocupado a la filosof&iacute;a de Arist&oacute;teles a Hegel, la que de aqu&iacute; en adelante, pudo concebirse como una forma del comportamiento con base en reglas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de all&iacute;, uno de los problemas de los que se ocup&oacute; Wittgenstein fue el de la posibilidad del lenguaje &iquest;C&oacute;mo es posible el lenguaje? Aparentemente, la respuesta salta a la vista: el lenguaje es posible gracias a un conjunto de reglas que permiten combinar indefinidamente un conjunto de signos. Pero &iquest;c&oacute;mo son posibles las reglas? En el par&aacute;grafo 201 de las <i>Investigaciones filos&oacute;ficas,</i> Wittgenstein afirma que ning&uacute;n curso de acci&oacute;n puede ser determinado por una regla, porque cualquier curso de acci&oacute;n puede hacerse concordar con la regla. Kripke llam&oacute; a esto la "paradoja wittgensteiniana": como una regla s&oacute;lo puede ser formulada para un n&uacute;mero <i>finito</i> de casos, se plantea el problema de qu&eacute; <i>justifica</i> el empleo de la regla para un <i>caso nuevo.</i> La paradoja wittgensteiniana equivale a preguntar &iquest;en qu&eacute; consiste una regla? Y la respuesta de Wittgenstein es que seguir una regla es una <i>pr&aacute;ctica compartida</i> y no una interpretaci&oacute;n. En otras palabras, los seres humanos, seg&uacute;n Wittgenstein aprender&iacute;amos a usar sistemas de proposiciones y a la base de esos sistemas de proposiciones no habr&iacute;a una proposicion sino simplemente una forma de vida. En el fundamento de la creencia bien fundamentada, concluye en otro de sus trabajos, me refiero a <i>Sobre la certeza,</i> se encuentra una creencia sin fundamento, una costumbre, un acto de poder, una decisi&oacute;n. Un juego de lenguaje es entonces una mezcla de argumentaci&oacute;n, poder y prop&oacute;sitos u objetivos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de leer este, sin exagerar, espl&eacute;ndido libro del profesor Atienza, uno arriba a la conclusi&oacute;n que &eacute;l debe compartir plenamente esa caracterizaci&oacute;n que Wittgenstein hizo de los juegos de lenguaje. En efecto, el profesor Atienza gusta caracterizarse a si mismo como una especie de pragmatista y a m&iacute; me parece que tiene toda la raz&oacute;n al hacerlo porque &eacute;l cree que no tiene ning&uacute;n sentido preguntarse c&oacute;mo es el derecho en si mismo sin considerar la actividad que realizan los sujetos que en &eacute;l se desenvuelven, la argumentaci&oacute;n, y sin tener en cuenta al mismo tiempo que ninguna justificaci&oacute;n es infinita, motivo por el cual ha de haber un punto de partida que, como sugiere Wittgenstein, casi siempre es resultado de una cierta correlaci&oacute;n de fuerzas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa concepci&oacute;n, llam&eacute;mosla as&iacute;, pragmatista del derecho, que concibe al derecho como una pr&aacute;ctica en el sentido que Wittgenstein dio a esa &uacute;ltima expresi&oacute;n, no es una tesis puramente conceptual, sino que posee alcances pol&iacute;ticos y, por decirlo as&iacute;, pedag&oacute;gicos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pol&iacute;ticos porque si el derecho es una pr&aacute;ctica, se trata de una pr&aacute;ctica que puede ser juzgada moralmente por la medida en que se endereza a satisfacer, en la m&aacute;xima medida posible, el horizonte normativo al que pertenece; pedag&oacute;gicos, por supuesto, porque si el derecho es lo que el profesor Atienza nos sugiere, entonces debi&eacute;ramos ense&ntilde;arlo de la misma forma en que su libro se estructura, mediante casos y argumentaciones, que permiten aprender la teor&iacute;a de una forma que casi remeda la labor de un abogado quien mira los libros y revisa expedientes con miras a evaluar razones y alcanzar una decisi&oacute;n. Si el derecho se parece a un juego de lenguaje, las escuelas de derecho estar&iacute;an cometiendo un error craso cuando ponen casi todo su empe&ntilde;o en obligar a los estudiantes a memorizar reglas, aprender esquemas conceptuales y conocer definiciones, que es la forma, hasta ahora predominante, en que ense&ntilde;an derecho, puesto que ello ser&iacute;a tan torpe como ense&ntilde;ar a alguien un lenguaje natural aconsej&aacute;ndole lea con cuidado y con regularidad un diccionario o un manual de gram&aacute;tica. Quien se vea expuesto a aprender espa&ntilde;ol leyendo un manual de gram&aacute;tica o llevando consigo a todas partes el diccionario de la real academia, aprender&iacute;a, es cierto, algo de castellano, pero no ser&iacute;a un buen hablante, alguien capaz de usar el lenguaje con prontitud y con agilidad.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro del profesor Atienza no s&oacute;lo es un espl&eacute;ndido curso de argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica, sino a la vez una concepci&oacute;n global del derecho que ense&ntilde;a que el derecho no consiste s&oacute;lo en reglas, sino tambi&eacute;n en un espec&iacute;fico tipo de actividad, la de argumentar, que es, como dec&iacute;a Parfit, seg&uacute;n citaba yo al inicio, la m&aacute;s humana y la m&aacute;s propia de todas las actividades.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Nota</b></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup><i> Cfr.</i> Michael Dummett, <i>Origins of Analytical Philosophy.</i> Cambridge (MA.), Harvard University Press, 1994, especialmente el cap. 2,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4788434&pid=S1405-0218201400010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y <i>Frege: Philosophy of Language.</i> Cambridge (MA), Harvard University Press, 1973.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4788435&pid=S1405-0218201400010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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