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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Leer aumenta su vocabulario, Doctor: La ley del precio único de los libros]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Leer aumenta su vocabulario, Doctor. La ley del precio &uacute;nico de los libros</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Bernardo Bola&ntilde;os*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana. Unidad Cuajimalpa.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 20/10/2006    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Aceptaci&oacute;n: 1/12/2006</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una iniciativa de <i>Ley de fomento a la lectura y el libro</i> fue aprobada en el primer semestre del 2006 por el Senado y la C&aacute;mara de Diputados mexicanos. En vez de ser publicada, el primero de septiembre de ese a&ntilde;o el Presidente de la Rep&uacute;blica, Vicente Fox, la regres&oacute; al Congreso, con comentarios. La ley hab&iacute;a sido impulsada por editores, libreros, escritores y por las autoridades culturales y educativas del gobierno federal. El proyecto pretend&iacute;a incentivar la creaci&oacute;n masiva de librer&iacute;as peque&ntilde;as y medianas en todo el territorio nacional a trav&eacute;s, principalmente, de una medida: la estandarizaci&oacute;n de precios de un mismo libro en todas las librer&iacute;as, estandarizaci&oacute;n que eliminase el poder de los grandes grupos de libreros y distribuidores de controlar el mercado a trav&eacute;s de agresivas pol&iacute;ticas de descuentos. Lejos de ser una ocurrencia local, sistemas de precios &uacute;nicos del libro est&aacute;n vigentes en Jap&oacute;n, Alemania, Austria, Dinamarca, Espa&ntilde;a, Francia, Grecia, Holanda, Hungr&iacute;a, Noruega, Suiza y Portugal. Implementar dicho sistema en M&eacute;xico ten&iacute;a como prop&oacute;sito enfrentar una crisis may&uacute;scula en la industria editorial y fomentar la lectura. Seg&uacute;n el <i>Atlas de infraestructura cultural de M&eacute;xico,</i><sup><a href="#nota">1</a></sup> el pa&iacute;s cuenta solamente con 1,100 librer&iacute;as, el 94% de los municipios mexicanos no tiene siquiera una y el 40% de las existentes se concentran en la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ser aprobada, la ley prohibir&iacute;a los descuentos en los precios de los libros, excepto en tres casos: (1) trat&aacute;ndose de compras del Estado, de bibliotecas o de establecimientos de ense&ntilde;anza o de investigaci&oacute;n; (2) cuando se tratare de libros editados o importados con tres a&ntilde;os de anterioridad, as&iacute; como (3) en el caso de libros antiguos, usados, descatalogados, agotados o artesanales (art&iacute;culo 22 de la iniciativa de ley). Fuera de esos casos, los vendedores de libros al menudeo aplicar&iacute;an el precio &uacute;nico de venta sin variaci&oacute;n alguna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, de acuerdo con el Ejecutivo Federal, quien vet&oacute; en los hechos la ley al negarse a publicarla, de haberse promulgado el ordenamiento &eacute;ste hubiese instaurado pr&aacute;cticas monop&oacute;licas, debido a la fijaci&oacute;n de precios de venta al p&uacute;blico por parte de particulares. A continuaci&oacute;n, analizaremos este argumento. En este art&iacute;culo, dejaremos de lado el an&aacute;lisis de otras objeciones contra la ley del precio &uacute;nico del libro, en particular las de quienes est&aacute;n de acuerdo en la intervenci&oacute;n estatal para fomentar la "cadena del libro" pero que han rechazado la ley por considerar que es una medida insuficiente y optan por otras t&eacute;cnicas de fomento a la industria editorial como son los subsidios directos, las exenciones fiscales y las franquicias postales a la distribuci&oacute;n de libros.<sup><a href="#nota">2</a></sup> En otros pa&iacute;ses, estas medidas coexisten con la fijaci&oacute;n del precio &uacute;nico, de modo que la aprobaci&oacute;n de cada una de ellas no representa un contra&#45;argumento; en cambio, el rechazo del actual gobierno federal mexicano a todas esas medidas de est&iacute;mulo y protecci&oacute;n de la industria editorial es tanto o m&aacute;s virulento que su rechazo al sistema de precio &uacute;nico. Por lo tanto, superar las presuntas insuficiencias de la ley del precio &uacute;nico gracias a otras normas legales de fomento a la lectura y el libro es una posibilidad remota.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque dejaremos de lado los argumentos espec&iacute;ficamente de dogm&aacute;tica jur&iacute;dica que han sido invocados durante el debate, para concentrarnos en una discusi&oacute;n de teor&iacute;a y filosof&iacute;a del derecho, en relaci&oacute;n con el derecho positivo mexicano baste decir que en nuestra opini&oacute;n no existe ning&uacute;n impedimento constitucional a la promulgaci&oacute;n de la ley del precio &uacute;nico del libro. La Constituci&oacute;n Mexicana en su art&iacute;culo 28 proh&iacute;be los monopolios, las pr&aacute;cticas monop&oacute;licas y las prohibiciones a t&iacute;tulo de protecci&oacute;n a la industria, pero reconoce como excepci&oacute;n los derechos de autor. Adem&aacute;s, en el art&iacute;culo 9 de la ley reglamentaria de aquel precepto (la <i>Ley Federal de Competencia)</i> se llama "pr&aacute;cticas monop&oacute;licas absolutas" a los arreglos entre agentes econ&oacute;micos competidores entre s&iacute;, cuyo objeto o efecto sea fijar el precio de venta o compra de bienes o servicios que son ofrecidos o demandados en los mercados; as&iacute;, la ley define claramente como pr&aacute;cticas monop&oacute;licas absolutas los acuerdos privados entre comerciantes competidores y no las decisiones legislativas que instauran modalidades para los precios de venta (como lo es el precio &uacute;nico fijado por los editores o importadores de libros). Ser&iacute;a sumamente extra&ntilde;o y preocupante que las atribuciones legislativas que s&iacute; tienen los parlamentos de los pa&iacute;ses donde existen leyes de precio &uacute;nico, no las tuviesen los legisladores mexicanos. En todo caso, corresponder&iacute;a a la Suprema Corte de Justicia y no al Ejecutivo Federal a trav&eacute;s de un veto de hecho decidir acerca de la constitucionalidad de la ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Una iniciativa interesada</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las preguntas que han sugerido los opositores al proyecto de ley es: &iquest;Alguien es tan ingenuo como para creer que la ley pudo haber sido promovida <i>desinteresadamente</i> por autores, editores y libreros? En efecto, la Comisi&oacute;n Federal de Competencia (COFECO) ha se&ntilde;alado que...</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">con el establecimiento de un precio &uacute;nico, los editores e importadores tendr&iacute;an incentivos para garantizar sus m&aacute;rgenes de ganancia y establecer precios altos en perjuicio de otros participantes de la cadena productiva y de los consumidores finales. En otras palabras, el precio &uacute;nico tiene como objeto proteger algunos agentes de la cadena productiva, pero a costa de suprimir los beneficios que los consumidores obtienen del proceso de competencia y libre concurrencia: menores precios, mayor calidad, y mayor disponibilidad y variedad de productos.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, si el primer objetivo de una actividad comercial es por definici&oacute;n un af&aacute;n de lucro, por lo tanto, constatar que el proyecto de ley de precio &uacute;nico busca garantizar utilidades a los editores no es por s&iacute; solo un argumento v&aacute;lido. M&aacute;xime cuando la propia COFECO ha reconocido que la industria editorial mexicana se encuentra en crisis (y, a la luz de la cifras disponibles, no podr&iacute;a no haberlo reconocido).<sup><a href="#nota">5</a></sup> Un argumento v&aacute;lido ser&iacute;a, en caso de estar fundado, la supuesta afectaci&oacute;n a "otros participantes de la cadena productiva" y a "los consumidores finales", pero no la existencia de intereses comerciales en la mente de editores e importadores. Curiosamente, otros dos participantes de dicha cadena como lo son libreros y autores son en su enorme mayor&iacute;a entusiastas promotores de la ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Queda preguntarse por los intereses del p&uacute;blico lector. Si el proyecto de ley lograse fomentar la lectura y el libro, ambos logros no ser&iacute;an una afectaci&oacute;n sino un beneficio para los lectores. La opini&oacute;n seg&uacute;n la cual la iniciativa contribuye efectivamente a salvar a una parte de la industria editorial de la quiebra es apoyado involuntariamente por los economistas gubernamentales que reconocen que el precio &uacute;nico garantizar&iacute;a mayores ganancias para editores e importadores (as&iacute; lo afirma la COFECO expl&iacute;citamente, aunque de manera cr&iacute;tica).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es curioso que quienes aducen que la iniciativa de ley est&aacute; inspirada en el <i>inter&eacute;s</i> espurio de sus promotores son los mismos economistas de inspiraci&oacute;n neo&#45;cl&aacute;sica que creen, como dec&iacute;a Keynes, la extra&ntilde;a idea de que las conductas m&aacute;s mezquinas de los individuos m&aacute;s mezquinos pueden producir, al momento de ser agregadas, el m&aacute;ximo bienestar de todos y cada uno.<sup><a href="#nota">6</a></sup> &iquest;En ese caso, por qu&eacute; preocuparse de las intenciones supuestamente mezquinas de los editores e importadores? En el caso del proyecto del precio &uacute;nico, como en otros casos, la presencia de intereses no es un argumento v&aacute;lido para suponer que promulgar la ley va a perjudicar a los lectores y a la lectura. Economistas neo&#45;cl&aacute;sicos coherentes, como el Premio N&oacute;bel Milton Friedman, concentraban sus cr&iacute;ticas no en la supuesta avidez de los empresarios que promov&iacute;an leyes de control de precios e iniciativas de promoci&oacute;n del bienestar social (como la iniciativa de ley de fomento a la lectura y el libro), sino en los supuestos efectos contraproducentes de las mismas: "La miop&iacute;a tambi&eacute;n se ejemplifica en el discurso de ciertos hombres de negocios acerca de la responsabilidad social &#91;...&#93; Aqu&iacute;, como ocurre con la fijaci&oacute;n de precios y de salarios, los hombres de negocios act&uacute;an de modo suicida".<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;Una iniciativa que fomenta la lectura?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las preguntas pertinentes parecen ser, entonces, si la iniciativa de ley fomenta realmente la lectura o no, si perjudica o no a los consumidores y, por qu&eacute; no, si beneficia a la industria editorial, como parece reconocerlo a veces la COFECO, o si es contraproducente, como pensar&iacute;a un economista neocl&aacute;sico coherente. En particular, debemos preguntarnos &iquest;c&oacute;mo una ley puede pretender fomentar la lectura prohibiendo descuentos en librer&iacute;as? En un mercado editorial eficiente, el vendedor fija el precio de los libros no solamente en virtud de la demanda sino de la presi&oacute;n que ejercen sus competidores. Cuando una ley proh&iacute;be ofrecer descuentos bajo ciertas circunstancias, los beneficios de la competencia se ver&aacute;n anulados por decreto y el vendedor solamente tomar&aacute; en cuenta que el precio fijado sea el m&aacute;s alto posible pero sin llegar a inhibir al comprador. Es por ello que, en la teor&iacute;a econ&oacute;mica, la situaci&oacute;n de libre competencia se alcanza cuando, junto con la libre circulaci&oacute;n de informaci&oacute;n y la movilidad de compradores y vendedores, ning&uacute;n agente econ&oacute;mico puede fijar unilateralmente precios. Sin embargo, en el caso del mercado editorial mexicano las otras dos condiciones necesarias de la libre competencia han quedado pr&aacute;cticamente suprimidas (por diversas razones, entre las que han sido se&ntilde;aladas: el voluntarismo editorial del Estado Mexicano, el centralismo econ&oacute;mico y cultural en la Ciudad de M&eacute;xico, la pol&iacute;tica de sustituci&oacute;n de importaciones que subsidi&oacute; a la industria del papel en perjuicio de la exportaci&oacute;n de libros mexicanos, los subsidios a las editoriales espa&ntilde;olas por parte del Estado Espa&ntilde;ol, entre otras).<sup><a href="#nota">8</a></sup> No existe en M&eacute;xico, por ejemplo, una movilidad equitativa de los compradores de libros hacia donde les dicte su conveniencia, pues, como hemos visto, la enorme mayor&iacute;a de las librer&iacute;as del pa&iacute;s se encuentran concentradas en el sur del Distrito Federal y existe un d&eacute;ficit de puntos de venta en el resto del pa&iacute;s. Cuando la COFECO pretende actuar en beneficio del lector&#45;consumidor, defiende a ese lector&#45;consumidor que compra sobretodo en el sur de la Ciudad de M&eacute;xico y que la propia COFECO reconoce como una <i>Rara Avis.</i> En cambio, los lectores&#45;consumidores potenciales que se ver&iacute;an beneficiados con la promulgaci&oacute;n de la ley son afectados cuando la iniciativa es rechazada. No se justifica sacrificar a un gran n&uacute;mero de personas que hoy no tienen acceso a librer&iacute;as en nombre de algunos consumidores actuales, incluso si se aduce que los segundos no son individuos hipot&eacute;ticos sino reales que gozan ya de beneficios (porque, de aplicarse ese argumento, el derecho ambiental, por ejemplo, tendr&iacute;a que sacrificar los derechos de las futuras generaciones para favorecer exclusivamente a las personas concretas y reales existentes hoy d&iacute;a). La COFECO defiende los derechos de los lectores en un mercado editorial raqu&iacute;tico, en vez de contribuir a superar la crisis de la cadena del libro y generar m&aacute;s lectores. Ahora bien, es claro que si se creasen las condiciones para aumentar el n&uacute;mero de lectores en M&eacute;xico, &eacute;stos no ser&iacute;an consumidores contra su voluntad sino que estar&iacute;an satisfaciendo preferencias que hoy no pueden ni siquiera revelar. &iquest;Por qu&eacute; no defender hoy los derechos de quienes no pueden ser lectores pero querr&aacute;n serlo? &iquest;No consiste en eso una pol&iacute;tica de fomento a la lectura: la creaci&oacute;n de nuevos lectores?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, los intereses de los consumidores, incluidos aqu&eacute;llos que tienen acceso a las escasas librer&iacute;as existentes, no pueden concebirse solamente como derechos econ&oacute;micos. La reducci&oacute;n del precio de los libros no es el &uacute;nico objetivo de un lector, quien tambi&eacute;n tiene inter&eacute;s en la diversidad editorial. Hoy, la crisis de la industria editorial mexicana se traduce no solamente en la quiebra de librer&iacute;as, sino en la de casas editoriales y en la falta de publicaci&oacute;n y de distribuci&oacute;n de trabajos literarios y cient&iacute;ficos de calidad. &iquest;M&eacute;xico debe conservar los descuentos de t&iacute;tulos en unas cuantas librer&iacute;as de las grandes ciudades antes que estimular la producci&oacute;n intelectual en todo el pa&iacute;s? Nada es menos seguro. Como se reconoce desde todas las trincheras, no hay resultados alentadores en las cifras de la lectura en M&eacute;xico, a pesar de los pu&ntilde;ados de t&iacute;tulos rebajados provenientes de saldos de Espa&ntilde;a o de grandes tirajes que se encuentran disponibles en supermercados y grandes librer&iacute;as. En conclusi&oacute;n, los precios bajos de los libros no son m&aacute;s importantes que los contenidos editoriales pertinentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Economistas, editores e historiadores: Hablar sin comprenderse</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El debate mexicano sobre la ley del precio &uacute;nico ha sido avivado por la mutua incomprensi&oacute;n. Cuando los economistas se refieren a la protecci&oacute;n de la <i>libre competencia</i> como un postulado fundamental de la teor&iacute;a econ&oacute;mica, los involucrados en la industria editorial piensan en las <i>guerras de descuentos</i> que han producido la muerte concreta y r&aacute;pida de miles de librer&iacute;as. Cuando los primeros se refieren al <i>mercado editorial,</i> los segundos prefieren hablar de la <i>cadena del libro.</i> En dicha disputa por los t&eacute;rminos, los historiadores de la lectura dar&iacute;an la raz&oacute;n a los segundos. No ha sido gracias a la competencia libre entre libreros como Occidente consolid&oacute; la pr&aacute;ctica de la lectura, sino construyendo espacios <i>p&uacute;blicos</i> editoriales, arenas de discusi&oacute;n centrada en el an&aacute;lisis de toda suerte de textos puestos a disposici&oacute;n del p&uacute;blico. Las bibliotecas han sido espacios colectivos donde se practic&oacute;, desde la edad media, la lectura silenciosa y a &eacute;stas siguieron los salones de las aristocracias europeas donde, adem&aacute;s, se discut&iacute;an los textos. La creaci&oacute;n de espacios p&uacute;blicos literarios fue tan importante que el historiador Roger Chartier afirma la preeminencia de la historia cultural sobre la historia pol&iacute;tica: el espacio p&uacute;blico literario en Inglaterra y Francia fue anterior al espacio p&uacute;blico pol&iacute;tico.<sup><a href="#nota">9</a></sup> Las sucesivas revoluciones de la lectura fueron anteriores a las revoluciones burguesas que nos heredaron la democracia constitucional tal y como la conocemos actualmente. Y si la consolidaci&oacute;n de espacios p&uacute;blicos literarios a nivel nacional hicieron posible la opini&oacute;n p&uacute;blica y precedieron a los modernos estados constitucionales, tambi&eacute;n fueron anteriores a la sociedad industrial. El libre mercado de las ideas que se consolid&oacute; progresivamente gracias a movimientos culturales como el Renacimiento, la Reforma y la Ilustraci&oacute;n depend&iacute;a de la vigencia <i>efectiva</i> de la libertad de expresi&oacute;n escrita, antes que del respeto al dogma econ&oacute;mico del <i>Laisser faire, laisser passer.</i> Pero ni siquiera es necesario remontar tanto tiempo en la historia, los padres fundadores de la econom&iacute;a neocl&aacute;sica en el siglo XIX sab&iacute;an que el libro y la lectura desafiaban las visiones simplistas y esquem&aacute;ticas acerca de la utilidad.<sup><a href="#nota">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el debate sobre la ley de fomento a la lectura y el libro hubiese alcanzado un mayor grado de comprensi&oacute;n rec&iacute;proca entre economistas gubernamentales e industria editorial, comprensi&oacute;n quiz&aacute; fundada en la humildad intelectual de ambos, propuestas como el nuevo sistema espa&ntilde;ol que no aplica el sistema de precio &uacute;nico a los manuales escolares pero s&iacute; al resto de los libros nuevos hubiese podido servir de compromiso. As&iacute;, la preocupaci&oacute;n por conservar los descuentos para los padres de familia que pudiesen beneficiarse de ellos hubiese coexistido con el fomento de la diversidad editorial en materia literaria, cient&iacute;fica, period&iacute;stica, pol&iacute;tica, etc&eacute;tera. Al mismo tiempo, ese hubiese sido el primer paso hacia la implementaci&oacute;n del sistema de precio &uacute;nico del libro en M&eacute;xico. Desgraciadamente, an&aacute;lisis profundos de los promotores de la iniciativa (entre los que destacan m&uacute;ltiples art&iacute;culos de Gabriel Zaid)<sup><a href="#nota">11</a></sup> quedaron en buena medida sin respuesta ante la escueta y dogm&aacute;tica negativa de los economistas gubernamentales mexicanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una importante cadena de librer&iacute;as emple&oacute; hace algunos meses como estrategia de mercadotecnia el eslogan: "Leer, g&uuml;ey, aumenta, g&uuml;ey, tu vocabulario, g&uuml;ey". Pero el consejo no es v&aacute;lido exclusivamente para los adolescentes cuya habla est&aacute; marcada por la repetici&oacute;n de la palabra "g&uuml;ey" (mexicanismo que significa "persona tonta" seg&uacute;n el <i>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola).</i> Describir el mundo solamente en t&eacute;rminos de "agentes econ&oacute;micos", "consumidores", "precios &oacute;ptimos" y "competencia" deja ver una pobreza de lenguaje que impide describir buena parte de la realidad. Para algunos economistas, tambi&eacute;n, leer m&aacute;s y de manera m&aacute;s diversificada ser&iacute;a una excelente estrategia para aumentar su vocabulario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), M&eacute;xico, D.F, 2003.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Miguel &Aacute;ngel, Porr&uacute;a, "Algunas apreciaciones en torno a la iniciativa para la Ley de fomento para el libro y la lectura (El precio &uacute;nico)", <i>A pie. Cr&oacute;nicas de la Ciudad de M&eacute;xico,</i> a&ntilde;o 4, n&uacute;mero 12, junio/agosto 2006, p. 107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765898&pid=S1405-0218200700010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;"Despu&eacute;s se buscar&aacute;n beneficios fiscales para esa industria, dijo senador priista", peri&oacute;dico <i>La Jornada,</i> 27 de abril de 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765900&pid=S1405-0218200700010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> <i>El Universal,</i> 15 de noviembre del 2005. El texto completo del oficio PRES&#45;10&#45;096&#45;2005&#45;104 de la CFR puede leerse en la p&aacute;gina electr&oacute;nica de la instituci&oacute;n: <a href="http://www.cfc.gob.mx" target="_blank">http://www.cfc.gob.mx</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765902&pid=S1405-0218200700010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;"Coincidimos con el diagn&oacute;stico de los legisladores y de la C&aacute;mara de la Industria Editorial en que hay un problema muy serio con la lectura en M&eacute;xico". Declaraci&oacute;n de &Aacute;ngel L&oacute;pez Hoher, coordinador de asesores de la CFC. Canal 11, Noticias con Gabriela Calzada, 07:13 hrs. Consultable en: <a href="http://www.cfc.gob.mx" target="_blank">http://www.cfc.gob.mx</a>.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;"Capitalism is the astounding belief that the most wickedest of men will do the most wickedest of things for the greatest good of everyone". Citado por Charles Handy en "What's a Business For", en <i>Harvard Business Review on Corporate Responsibility,</i> Boston, 2003, p. 68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765905&pid=S1405-0218200700010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;Se trata del c&eacute;lebre art&iacute;culo de Friedman titulado "La responsabilidad social de los negocios es aumentar sus ganancias", publicado en <i>The New York Times Magazine</i> el 13 de septiembre de 1970.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765907&pid=S1405-0218200700010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;De acuerdo con Jos&eacute; Mar&iacute;a Espinasa, coordinador de producci&oacute;n editorial de <i>El Colegio de M&eacute;xico,</i> "La crisis de la industria editorial mexicana comenz&oacute; en los 70, cuando la guerra de descuentos entre las grandes librer&iacute;as sac&oacute; a las peque&ntilde;as casas editoriales del mercado". Reportaje de Alberto Arriaga, "El pago por leer", en <i>Expansi&oacute;n,</i> 7 de septiembre de 2006, p. B202.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765909&pid=S1405-0218200700010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Cue, Alberto (ed.), <i>Cultura escrita, literatura e historia. Coacciones transgredidas y libertades restringidas. Conversaciones de Roger Chartier con Carlos Aguirre Anaya, Jes&uacute;s Anaya Rosique, Daniel Goldin y Antonio Saborit,</i> M&eacute;xico, FCE, 1999, p. 96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765911&pid=S1405-0218200700010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Cf. Jevons, William Stanley (1881), "The Rationale of Free Public Libraries", <i>Contemporary Review,</i> 39, marzo;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765913&pid=S1405-0218200700010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> reimpresi&oacute;n en William Stanley Jevons (1883), <i>Methods of Social Reform and Other Papers,</i> Augustus M. Kelley, Nueva York, 1965, pp. 28&#45;52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4765914&pid=S1405-0218200700010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Jevons es, a partir de la publicaci&oacute;n de su <i>Teor&iacute;a de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica</i> de 1871, uno de los tres padres fundadores (junto con Carl Menger y Leon Walras) de la teor&iacute;a de la utilidad marginal que da lugar a la llamada revoluci&oacute;n neocl&aacute;sica en econom&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;Los art&iacute;culos de Gabriel Zaid publicados a partir de 2005 en <i>Letras Libres,</i> entre otras publicaciones, as&iacute; como otros art&iacute;culos pueden consultarse en: <a href="http://www.leydellibro.org.mx/opiniones.shtml" target="_blank">http://www.leydellibro.org.mx/opiniones.shtml</a></font></p>      ]]></body><back>
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