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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Recognizing children as having rights and being able to exercise them poses a problem because many times they are considered incompetent due to their youth. The following article constitutes an analysis regarding the models of State intervention and its ethical justification, which is linked directly to the exercise of the children's rights. As the Liberationist and Legal - Moral Perfectionism model can be considered extremist in these cases, I propose the Legal Paternalistic model from the vantage of basic needs. The afore mentioned model is justifiable concerning the children and adolescents as long as it is based on their needs which serve as a criterion that evaluates the role of each of the agents, i.e., the State, the parents, the child, who interact directly in the fulfillment of these rights and explains " mandatory rights" during this stage of life.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Paternalismo jur&iacute;dico y derechos del ni&ntilde;o*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>M&oacute;nica Gonz&aacute;lez Contro**</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>**Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, UNAM</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 10/10/2005    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Aceptaci&oacute;n: 12/06/2006</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reconocimiento de los ni&ntilde;os como titulares de derechos plantea necesariamente el problema de su ejercicio, derivado de su calificaci&oacute;n como incompetentes. El art&iacute;culo pretende ser un an&aacute;lisis de los modelos de intervenci&oacute;n estatal y su justificaci&oacute;n &eacute;tica, que se vincula directamente con el ejercicio de los derechos durante la infancia. Ante los extremos que plantean los modelos liberacionista y perfeccionista moral&#45;jur&iacute;dico se propone como alternativa el paternalismo jur&iacute;dico desde la perspectiva de necesidades b&aacute;sicas. El modelo paternalista se justifica en el caso de los ni&ntilde;os y adolescentes con el requisito de tener como base y l&iacute;mite las necesidades como criterio objetivado que permite evaluar el papel de cada uno de los agentes que interact&uacute;an en el cumplimiento de los derechos de los ni&ntilde;os &#151;Estado, padres y ni&ntilde;o&#151;, as&iacute; como explicar los llamados "derechos obligatorios" durante esta etapa de la vida humana.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recognizing children as having rights and being able to exercise them poses a problem because many times they are considered incompetent due to their youth. The following article constitutes an analysis regarding the models of State intervention and its ethical justification, which is linked directly to the exercise of the children's rights. As the Liberationist and Legal &#45; Moral Perfectionism model can be considered extremist in these cases, I propose the Legal Paternalistic model from the vantage of basic needs. The afore mentioned model is justifiable concerning the children and adolescents as long as it is based on their needs which serve as a criterion that evaluates the role of each of the agents, i.e., the State, the parents, the child, who interact directly in the fulfillment of these rights and explains " mandatory rights" during this stage of life.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1. Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema de los derechos del ni&ntilde;o y adolescente juega hoy un papel importante en la discusi&oacute;n en relaci&oacute;n con ciertos valores fundamentales del Estado democr&aacute;tico, tales como del derecho a la no&#45;discriminaci&oacute;n o, visto desde otra perspectiva, la igualdad como elemento de legitimidad del Estado, la autonom&iacute;a y su ejercicio durante los primeros a&ntilde;os de la vida humana o la dignidad de la persona como centro independiente de intereses. Pese a que a&uacute;n hay algunas voces que cuestionan el fundamento de los derechos del ni&ntilde;o alegando la carencia de autonom&iacute;a, y por tanto la incapacidad para tener discrecionalidad en el ejercicio de los derechos, resulta indiscutible que los ni&ntilde;os y adolescentes efectivamente son titulares de derechos, por lo menos en los pa&iacute;ses que han ratificado la Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o y no han formulado reservas que alteren el contenido b&aacute;sico de dicho instrumento. Ello significa que, a pesar del debate te&oacute;rico, existe un gran acuerdo &#45;por lo menos de forma&#45; en la manera en que debe tratarse jur&iacute;dicamente al ni&ntilde;o, esto es, reconoci&eacute;ndole dignidad como persona moral, y en consecuencia como titular de derechos propios, diferenciados de los de sus padres y c&iacute;rculo familiar. Sin embargo, es claro que con esto el problema del tratamiento jur&iacute;dico a los ni&ntilde;os y adolescentes no queda totalmente resuelto, pues la Convenci&oacute;n establece &uacute;nicamente linea&#45;mientos generales, lo cual deja un amplio margen para la discusi&oacute;n te&oacute;rica sobre el tema de la efectiva realizaci&oacute;n de estos derechos y como consecuencia los fundamentos y l&iacute;mites de la intervenci&oacute;n de los distintos actores en las decisiones que ata&ntilde;en al ser humano cuando &eacute;ste es menor de edad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los modelos tradicionales de intervenci&oacute;n estatal en sus versiones m&aacute;s radicales, en particular el liberacionismo<sup><a href="#notas">1</a></sup> y el perfeccionismo<sup><a href="#notas">2</a></sup> han perdido fuerza en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, quedando &#151;y as&iacute; lo pone de manifiesto la convenci&oacute;n&#151; como &uacute;nico modelo aceptable para el tratamiento a la infancia el llamado "paternalismo jur&iacute;dico". Dicha postura justifica la intervenci&oacute;n del Estado en la vida de los ni&ntilde;os, aun en contra de la voluntad del titular del derecho y de la familia. Este ensayo pretende ser una reflexi&oacute;n sobre los fundamentos te&oacute;ricos del paternalismo como modelo de intervenci&oacute;n estatal para garantizar y hacer efectivos los derechos del ni&ntilde;o, as&iacute; como de las implicaciones pr&aacute;cticas que esto conlleva a trav&eacute;s del an&aacute;lisis sobre varios aspectos problem&aacute;ticos relacionados con este modelo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El punto de partida de este an&aacute;lisis se sit&uacute;a en la consideraci&oacute;n de que las capacidades del ni&ntilde;o son distintas a las del adulto y esto tiene como efecto, en primer lugar que su percepci&oacute;n de las relaciones causales muchas veces pueda ser limitada, tanto por su inmadurez como por la falta de experiencia. Por otra parte, es necesario tener en cuenta tambi&eacute;n que la situaci&oacute;n evolutiva en la que se encuentra el ser humano durante las distintas etapas de la infancia le hacen tener necesidades espec&iacute;ficas que en buena medida lo exponen al riesgo de consecuencias m&aacute;s radicales como resultado de la satisfacci&oacute;n o no satisfacci&oacute;n de las mismas.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Sin embargo, se rechaza la imagen del ni&ntilde;o como ser incapaz y totalmente carente de autonom&iacute;a; las habilidades van surgiendo a lo largo del desarrollo y para ello es necesario que se le vaya permitiendo el ejercicio de la autonom&iacute;a dej&aacute;ndole elegir en los asuntos para los cuales tiene capacidad. La instrumentaci&oacute;n de los derechos entonces, debe ser coherente con esta situaci&oacute;n. De esta manera resulta que, desde una perspectiva liberal, la clase de derechos a los que se relaciona con las intervenciones paternalistas est&aacute;n vinculados con la idea de necesidades b&aacute;sicas, en el entendido de que &eacute;stas se configuran como el criterio de justificaci&oacute;n y l&iacute;mite de dichas injerencias, como se intentar&aacute; argumentar a continuaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2. El concepto de paternalismo jur&iacute;dico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ligadas a la noci&oacute;n de la minor&iacute;a de edad podemos identificar por lo menos dos intuiciones profundamente arraigadas: por un lado, una tendencia hacia la protecci&oacute;n de los peque&ntilde;os y por otra parte, la idea de incapacidad, de carencia de algo. Desde el surgimiento del concepto de infancia la inclinaci&oacute;n natural a la defensa de los ni&ntilde;os se ha extendido de los primeros a&ntilde;os en los que la vulnerabilidad y dependencia son m&aacute;s evidentes, hasta lo que hoy conocemos como adolescencia. El problema es entonces c&oacute;mo ha de garantizarse esta protecci&oacute;n sin violar la autonom&iacute;a y respetando la dignidad del ni&ntilde;o. Sin embargo, no se puede negar que la fuerte carga emotiva que tiene la palabra "paternalismo" nos revela algo acerca de la segunda intuici&oacute;n.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Casi siempre el concepto de paternalismo encuentra una fuerte oposici&oacute;n por estar asociado a la idea de un estado que act&uacute;a como padre&#45;adulto protegiendo a sus ciudadanos como hijos&#45;ni&ntilde;os. Esto pone de manifiesto cierta concepci&oacute;n de la infancia que frecuentemente subyace al discurso p&uacute;blico, pero &iquest;es verdaderamente justificable el paternalismo jur&iacute;dico en el caso de los ni&ntilde;os y cu&aacute;les son sus l&iacute;mites?<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La noci&oacute;n de paternalismo se vincula generalmente con la imposici&oacute;n de medidas<sup><a href="#notas">6</a></sup> por parte del Estado dirigidas a evitar que el individuo se da&ntilde;e a s&iacute; mismo o a favorecer sus intereses.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Para ello la autoridad p&uacute;blica prescribe a las personas conductas o cursos de acci&oacute;n que son aptos para que satisfagan los preferencias y los planes de vida que han adoptado libremente, protegiendo as&iacute; al sujeto de los actos u omisiones que afectan sus propios intereses o las condiciones que los hacen posibles, aun en contra de su voluntad, es decir, prescindiendo de su consentimiento. Ejemplos de medidas paternalistas son la obligaci&oacute;n de usar el cintur&oacute;n de seguridad en el autom&oacute;vil o el casco en las motocicletas, la obligatoriedad de la educaci&oacute;n, la punici&oacute;n de la venta de drogas, la obligaci&oacute;n de hacer aportes jubilatorios o la prohibici&oacute;n de vender medicamentos sin receta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nino subraya la importancia de distinguir las medidas paternalistas de otras formas de coacci&oacute;n estatales: Por una parte hay medidas e instituciones que, a pesar de su apariencia paternalista, est&aacute;n dirigidas a la protecci&oacute;n de terceros, como es por ejemplo el caso de la obligaci&oacute;n de vacunarse contra enfermedades transmisibles. Adem&aacute;s, el paternalismo debe ser claramente diferenciado del perfeccionismo que justifica la intervenci&oacute;n p&uacute;blica para imponer la materializaci&oacute;n de ideales morales considerados como verdaderos, ya que el paternalismo &#45;no perfeccionista&#45; no tiene como fin el progreso del car&aacute;cter moral de la persona, sino facilitar la consecuci&oacute;n de los objetivos propios (Nino 1989, p. 414). En este sentido resulta interesante el debate en torno a los objetivos de las medidas paternalistas sostenido entre Garz&oacute;n y Atienza (1988). Atienza sostiene que una de las condiciones para que una conducta o norma se considere paternalista es que sea <i>"con el fin de obtener un bien para una persona o un grupo de personas"'</i><sup><a href="#notas">8</a></sup> mientras que Garz&oacute;n se opone a este requisito en tanto introduce el concepto de <i>"bien",</i> pues en su opini&oacute;n <i>"esto impide distinguir los casos de paternalismo jur&iacute;dico, que pueden ser justificables, de los de perfeccionismo moral"</i> que se inclina a pensar que nunca lo son, y por ello prefiere hablar de evitar un <i>"da&ntilde;o".</i> Las ideas de <i>"bien"</i> o de <i>"beneficiar"</i> podr&iacute;an tener como consecuencia la aceptaci&oacute;n de bienes absolutos u objetivos "que <i>nos lleven a la prohibici&oacute;n del suicidio y de todas las acciones que pongan en peligro los bienes "objetivos" de la vida o la salud"</i> (Garz&oacute;n 1988, p. 217&#45;219).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta discusi&oacute;n se vuelve especialmente importante si se enfoca desde la perspectiva de los ni&ntilde;os, pues aunque en el caso de los adultos podr&iacute;a parecer claro que las medidas paternalistas deben tener como fin exclusivo el impedir un da&ntilde;o, durante la minor&iacute;a de edad la intervenci&oacute;n estatal &#45;y paterna&#45; parece abarcar un &aacute;mbito m&aacute;s amplio, que requerir&iacute;a una aclaraci&oacute;n de lo que se entiende por evitar un da&ntilde;o, como explicar&eacute; m&aacute;s adelante. Creo que Alemany resuelve adecuadamente esta discusi&oacute;n recurriendo al concepto de bienes primarios o necesidades b&aacute;sicas, entendidos como aquellos necesarios para la realizaci&oacute;n de cualquier plan de vida. En su opini&oacute;n, este concepto permite distinguir el paternalismo y el perfeccionismo a trav&eacute;s de la definici&oacute;n de los bienes primarios a diferencia de los bienes morales<sup><a href="#notas">9</a></sup> a cuya consecuci&oacute;n est&aacute; dirigido el perfeccionismo (Alemany 2000, p. 86). Ciertamente las posturas perfeccionistas defienden la funci&oacute;n del Estado de guiar a los ciudadanos hacia aquellos ideales o planes de vida que se consideran objetivamente mejores.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta misma l&iacute;nea de las necesidades b&aacute;sicas, Doyal y Gough consideran que &eacute;stas son la condici&oacute;n para evitar perjuicios graves, es decir, aquellos que incapacitan al hombre para desenvolverse y participar activamente en la sociedad; esta definici&oacute;n amplia de da&ntilde;o, permite incluir las acciones destinadas a proteger intereses de los ni&ntilde;os:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por perjuicio grave se entiende, expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente, la b&uacute;squeda significativamente da&ntilde;ada de objetivos que los individuos juzgan valiosos. Estar perjudicado gravemente significa por tanto estar b&aacute;sicamente incapacitado en la b&uacute;squeda de la visi&oacute;n propia de lo bueno (Doyal y Gough 1994, p. 78).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, Feinberg subraya la importancia de la voluntad en la discusi&oacute;n sobre el paternalismo legal clasific&aacute;ndolo en d&eacute;bil y fuerte; desde la versi&oacute;n d&eacute;bil se justifica impedir al individuo da&ntilde;arse a s&iacute; mismo si su acci&oacute;n es, o por lo menos existe una presunci&oacute;n de que sea, sustancialmente involuntaria y no existe una evidencia de lo contrario, mientras que la versi&oacute;n fuerte considera que el Estado est&aacute; legitimado para proteger a alguien aun en contra de su voluntad. Es evidente que no todo da&ntilde;o constituye un argumento para una intervenci&oacute;n fundada, de manera que es conveniente establecer las condiciones necesarias para los casos de paternalismo justificado. Para ello hace varias distinciones relacionadas con el concepto de da&ntilde;o a uno mismo: en primer lugar diferencia entre el da&ntilde;o que una persona se hace a s&iacute; misma y el da&ntilde;o producido por la acci&oacute;n de otra persona con autorizaci&oacute;n del sujeto, pues s&oacute;lo en el segundo caso puede hablarse realmente de consentimiento.<sup><a href="#notas">11</a></sup> La segunda precisi&oacute;n separa las situaciones en que la persona se hace un da&ntilde;o porque este es su fin deseado y cuando simplemente corre un riesgo de da&ntilde;arse en el curso de actividades orientadas hacia otros fines, y directamente relacionado con esto distingue entre riesgos razonables y riesgos no razonables. Toda actividad supone cierto peligro, y en algunas ocasiones es razonable exponerse para obtener una gran ganancia (por ejemplo en una operaci&oacute;n del coraz&oacute;n), y aunque reconoce la dificultad de determinar exactamente que es lo <i>"razonable",</i> pues no es una cuesti&oacute;n de f&oacute;rmula matem&aacute;tica (por ejemplo, no es razonable conducir a exceso de velocidad para llegar a tiempo a una fiesta, pero s&iacute; lo es para transportar a una mujer a punto de dar a luz al hospital) se&ntilde;ala que hay cosas claramente irracionales; no basta con que la actividad sea arriesgada para justificar la protecci&oacute;n estatal, sino que esta exposici&oacute;n sea extrema y manifiestamente irrazonable. La &uacute;ltima distinci&oacute;n relevante para el tema de la intervenci&oacute;n estatal clasifica las situaciones en las que el riesgo se asume de manera totalmente voluntaria de las que carecen de aceptaci&oacute;n plena. Para considerar que se da el primer supuesto &#151;asumir voluntariamente&#151; se requiere enfrentar el riesgo completamente informado de los hechos y contingencias relevantes, con plena conciencia y sin ning&uacute;n tipo de coerci&oacute;n o compulsi&oacute;n. Debe haber calma y reflexi&oacute;n, no debe haber emociones distractoras, compulsi&oacute;n neur&oacute;tica, ni malentendidos para que haya perfecta voluntariedad. Es obvio entonces que se trata de una cuesti&oacute;n de grados, y que la mayor&iacute;a de las decisiones se encuentran en alg&uacute;n punto de los dos extremos &#151;perfectamente voluntario y completamente involuntario&#151; (Feinberg 1980, pp. 110&#45;116).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema de la voluntad es uno de los puntos medulares del debate sobre el paternalismo, pues ser&iacute;a la condici&oacute;n determinante para su aceptabilidad en una sociedad liberal, sobre todo desde la perspectiva de los derechos humanos. No resulta f&aacute;cil, sin embargo, determinar cuando se trata de un consentimiento dado involuntariamente dado que, tal como dice Feinberg, esto es una situaci&oacute;n gradual. Algunas medidas paternalistas se dirigen precisamente a generar las condiciones para perfeccionar la decisi&oacute;n voluntaria. Estos ser&iacute;an los casos que describe Nino en los que el Estado interviene proveyendo informaci&oacute;n relevante &#151;por ejemplo en el caso del tabaco&#151;, estableciendo requisitos especiales para ciertos tr&aacute;mites obligando as&iacute; a una meditaci&oacute;n m&aacute;s cuidadosa &#151;por ejemplo en los casos de matrimonio o divorcio&#151;, eliminando las presiones sociales que pueden determinar que se tomen decisiones autoda&ntilde;osas &#151;por ejemplo en el caso de la punici&oacute;n al desaf&iacute;o al duelo&#151;, o estableciendo medidas tales como las leyes laborales o el voto obligatorio &#151;que promueve el valor epistemol&oacute;gico de la democracia&#151;y la educaci&oacute;n de los j&oacute;venes. otro caso de paternalismo justificado para Nino, aunque en mi opini&oacute;n de distinta naturaleza que los mencionados, es el de las medidas encaminadas a facilitar la cooperaci&oacute;n resolviendo los problemas de coordinaci&oacute;n como el caso de los sistemas de salud, la seguridad social o la agremiaci&oacute;n sindical (Nino 1989, pp. 416&#45;117).<sup><a href="#notas">12</a></sup> En estas ocasiones el Estado actuar&iacute;a &uacute;nicamente como un facilitador de la coordinaci&oacute;n, aunque pueden darse distintos grados de paternalismo dependiendo de si esta colaboraci&oacute;n es voluntaria u obligatoria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de los ni&ntilde;os es distinto, pues se presume que ni siquiera estas medidas podr&iacute;an llevar a una voluntad completa y por tanto a un consentimiento consciente. Esto nos conduce al concepto de competencia, es decir, qui&eacute;n se considera que est&aacute; facultado para tomar decisiones y que &eacute;stas produzcan sus efectos, aun cuando ello suponga un riesgo para el titular del derecho. Tal como se&ntilde;ala Nino, el liberalismo supone atribuir un valor objetivo a la autonom&iacute;a, de modo que cualquier preferencia subjetiva que no contradiga este valor debe ser respetada (Nino 1989, p. 217). Resulta entonces que debe existir una presunci&oacute;n en el sentido de que las decisiones deben ser acatadas cuando expresan la voluntad del agente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Garz&oacute;n, en principio, se podr&iacute;a considerar que &uacute;nicamente mediante consentimiento del destinatario es &eacute;ticamente justificable la imposici&oacute;n de una medida paternalista, sin embargo, esto presenta varios problemas: en primer lugar, es obvio que el consentimiento no podr&iacute;a darse en el momento de aplicaci&oacute;n de la medida, ya sea porque la persona se opone a ella &#151;en el caso de los llamados "contratos Ulises"&#151;<sup><a href="#notas">13</a></sup> o porque no est&aacute; en condiciones de hacerlo &#151;por estar inconsciente o con las capacidades alteradas&#151;. El consentimiento posterior tambi&eacute;n es complicado, pues como han objetado muchos autores, &eacute;ste puede estar "fabricado" por las intervenciones, adem&aacute;s, la negativa de la persona a aceptar la medida paternalista podr&iacute;a considerarse como causa para seguir imponiendo la intervenci&oacute;n por no comprender la bondad de la medida, dando lugar as&iacute; a un argumento circular: "la <i>bondad (o justificaci&oacute;n) de la medida paternalista depende del consentimiento futuro y cuando &eacute;ste no se da decimos que no ha comprendido la bondad de la medida"</i> (Garz&oacute;n 1993a, p.370).<sup><a href="#notas">14</a></sup> Para solucionar estos conflictos recurre al concepto de competencia como hip&oacute;tesis de racionalidad o normalidad: se trata de determinar si a quien se aplica la medida la rechaza porque no alcanza a comprender el alcance de la misma. La competencia se refiere a la capacidad de una persona para <i>"hacer frente racionalmente o con una alta probabilidad de &eacute;xito a los desaf&iacute;os o problemas con los que se enfrenta"</i> (Garz&oacute;n 1993a, p. 371).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La competencia puede ser a su vez b&aacute;sica y relativa, la competencia b&aacute;sica es la que se requiere de manera general para la vida en sociedad y el cumplimento de las disposiciones jur&iacute;dicas generales, mientras que la relativa se refiere a la diferencia de competencia entre las personas.<sup><a href="#notas">15</a></sup> El paternalismo s&oacute;lo est&aacute; justificado en el caso de alguien que carezca de la competencia b&aacute;sica y por tanto es plausible decir que alguien es <i>"incompetente b&aacute;sico"</i> por lo menos en los siguientes casos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>a) </i>cuando ignora elementos relevantes de la situaci&oacute;n en la que tiene que actuar (tal es el caso de quien desconoce los efectos de ciertos medicamentos o drogas o de quien se dispone a cruzar un puente y no sabe que est&aacute; roto, para usar el ejemplo de Mill);</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>b) </i>cuando su fuerza de voluntad es tan reducida o est&aacute; tan afectada que no puede llevar a cabo sus propias decisiones (en el caso de Ulises, el de los alcoh&oacute;licos o drogadictos que menciona el &sect;114 del C&oacute;digo Civil Alem&aacute;n, o el de la debilidad de voluntad, del que hablaba Hume);</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>c) </i>cuando sus facultades mentales est&aacute;n temporaria o permanentemente reducidas (a estos casos se refieren las disposiciones jur&iacute;dicas que prohiben los duelos, o las relacionadas con la curatela de los d&eacute;biles mentales);</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>d) </i>cuando act&uacute;a bajo compulsi&oacute;n (por ejemplo, bajo hipnosis o bajo amenazas).</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>e) </i>cuando alguien que acepta la importancia de un determinado bien y no desea ponerlo en peligro, se niega a utilizar los medios necesarios para salvaguardarlo, pudiendo disponer f&aacute;cilmente de ellos. La incoherencia que resulta de querer X, saber que <i>Y</i> es condici&oacute;n necesaria para lograr X, disponer de Y, no tener nada que objetar contra <i>Y</i> y no utilizarlo, es un s&iacute;ntoma claro de irracionalidad (G. Dworkin 1983<sup>a</sup>, 30). Ello permite incluir a la persona en cuesti&oacute;n en la categor&iacute;a de quienes carecen de una competencia b&aacute;sica (es el caso de la obligaci&oacute;n de los cin&#45;turones de seguridad en los autom&oacute;viles y de los cascos de los motociclistas" (Garz&oacute;n 1993a, pp. 371&#45;372).</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quien se encuentra en una posici&oacute;n de carencia de competencia b&aacute;sica tiene un d&eacute;ficit con respecto a la generalidad y por tanto se encuentra en una situaci&oacute;n de desigualdad negativa, de tal manera que se precisa de la intervenci&oacute;n del Estado para compensar esta desigualdad. Sin embargo, para justificar la acci&oacute;n paternalista no basta con la existencia de una incompetencia b&aacute;sica, sino que se requiere que exista un inter&eacute;s benevolente cuya intenci&oacute;n sea procurar evitar los da&ntilde;os que pueden derivar de la propia incompetencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tenemos entonces que, seg&uacute;n Garz&oacute;n, el razonamiento para justificar una intervenci&oacute;n paternalista debe partir de dos premisas:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) En primer lugar una verificaci&oacute;n emp&iacute;rica de la incompetencia b&aacute;sica, lo que supone probar que existe una relaci&oacute;n de causalidad segura entre la situaci&oacute;n que provoca una presunta actuaci&oacute;n involuntaria y la atribuci&oacute;n de incompetencia b&aacute;sica (por ejemplo los efectos del alcohol o las drogas) o la utilizaci&oacute;n de criterios de incoherencia l&oacute;gica (como en el caso de quien no quiere utilizar cintur&oacute;n de seguridad o casco, aunque tiene inter&eacute;s en preservar su vida).</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>b) </i>Una verificaci&oacute;n de tipo &eacute;tico normativo, es decir, la medida debe tener como finalidad promover la autonom&iacute;a y superar la desventaja relativa que supone el d&eacute;ficit.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto excluye seg&uacute;n Garz&oacute;n los casos en que alguien con competencia b&aacute;sica decide da&ntilde;arse a s&iacute; mismo, incluyendo quitarse la vida, por considerar la muerte una liberaci&oacute;n, o quien decide correr un riesgo por placer o felicidad o arriesgar su vida por los dem&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Atienza, el planteamiento de la primera premisa es discutible en lo que se refiere a su tratamiento como una cuesti&oacute;n exclusivamente emp&iacute;rica, pues antes de aplicar el concepto de incompetencia b&aacute;sica a casos concretos, es necesario determinar qui&eacute;nes deben decidir y de qu&eacute; manera lo que ser&aacute; una incompetencia b&aacute;sica y para ello hay que apelar a la noci&oacute;n de consenso o aceptabilidad racional:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">si se dieran ciertas condiciones de racionalidad, se producir&iacute;a un acuerdo sobre qu&eacute; bienes deban considerarse como primarios y, por tanto (pues la noci&oacute;n de incompetencia b&aacute;sica quiz&aacute; pueda considerarse como derivada de la de bienes primarios) a qu&eacute; individuos hay que conceptuar como incompetentes b&aacute;sicos" (Atienza 1988, p. 212).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garz&oacute;n considera haber tomado en cuenta la idea de consenso racional al referirse a los casos <i>c)</i> y <i>e)</i> de incompetencia b&aacute;sica en los que se refiere a situaciones en las que se pone en duda la racionalidad del agente, lo que se da por admitido en los casos que excluye de paternalismo justificado (como el suicida, el h&eacute;roe o el amante del riesgo) (Garz&oacute;n 1988, p. 217).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema consiste precisamente en definir de qu&eacute; tipo de racionalidad estamos hablando, pues al aplicarlo a los ni&ntilde;os nos enfrentamos con una l&oacute;gica distinta a la del adulto, pero que desde mi perspectiva no justifica en todas las ocasiones la intervenci&oacute;n paternalista, adem&aacute;s de que los ni&ntilde;os se encuentran excluidos generalmente de cualquier tipo de consenso por lo menos formalmente &#151;aunque me parece que tambi&eacute;n f&aacute;cticamente&#151;. En consecuencia, resulta problem&aacute;tica la utilizaci&oacute;n de la noci&oacute;n de aceptabilidad racional o consenso en el caso de la infancia ya que, como se entiende generalmente, obliga a recurrir a la idea de consentimiento hipot&eacute;tico o futuro de dudoso valor metodol&oacute;gico por centrarse casi exclusivamente en el punto de vista adulto. Por esta raz&oacute;n, la v&iacute;a que se propone es la de necesidades b&aacute;sicas desde un enfoque interdisciplinario que permita incorporar de alguna manera la racionalidad presente del ni&ntilde;o para darle cabida en el discurso de justificaci&oacute;n &eacute;tica sobre la consideraci&oacute;n de ciertas incompetencias b&aacute;sicas y la imposici&oacute;n de medidas paternalistas. Es necesario entonces incluir de alguna manera a los ni&ntilde;os en la idea de consenso racional y esto no puede ser &#45;en mi opini&oacute;n&#45; de otra manera m&aacute;s que a trav&eacute;s del equilibrio entre necesidades b&aacute;sicas de cada una de las etapas de la infancia y el derecho a ser escuchado, lo que supone permitirle cierto poder de decisi&oacute;n en los asuntos que le afectan directamente, como se explicar&aacute; con m&aacute;s detalle posteriormente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, es curioso que al describir los casos de incompetencia b&aacute;sica Garz&oacute;n no se refiere expresamente a los menores, aunque como veremos en seguida relaciona su incompetencia con la debilidad y vulnerabilidad. Trat&aacute;ndose de los ni&ntilde;os generalmente se da por establecido que la primera condici&oacute;n est&aacute; dada por su misma situaci&oacute;n de minor&iacute;a de edad, es decir, se considera la edad como una evidencia emp&iacute;rica de que el sujeto es un incompetente b&aacute;sico, en otras palabras, que su capacidad est&aacute; fuertemente disminuida respecto de la de los adultos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda premisa es igualmente problem&aacute;tica, pues desde mi punto de vista requiere de la revisi&oacute;n y verificaci&oacute;n de cada una de las medidas paternalistas que se encuentran contenidas en la ley, aunque de modo general podemos verla reflejada en el sometimiento a la patria potestad. Sin embargo, el caso de los ni&ntilde;os presenta tambi&eacute;n una caracter&iacute;stica que torna m&aacute;s delicada la situaci&oacute;n, y es que, a diferencia de otras intervenciones en adultos, su justificaci&oacute;n no se limita a la prevenci&oacute;n de un da&ntilde;o en concreto, sino que abarca un &aacute;mbito mucho m&aacute;s amplio. En este sentido constituye una excepci&oacute;n a la recomendaci&oacute;n que hace Garz&oacute;n acerca de que parece aconsejable mantener los casos de incompetencia b&aacute;sica en un l&iacute;mite bajo (aunque tal vez considera que el tratamiento paternalista en el caso de los ni&ntilde;os no contradice esta indicaci&oacute;n). Esto parece no aplicarse cuando la incompetencia se deriva de la condici&oacute;n infantil pues aparentemente se emplean justificaciones gen&eacute;ricas procedentes muchas veces de ciertas presunciones o prejuicios que subyacen a la concepci&oacute;n del ni&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La calificaci&oacute;n del ni&ntilde;o como incompetente b&aacute;sico y las caracter&iacute;sticas peculiares que por este motivo adquieren sus derechos tiene, adem&aacute;s, otras dos consecuencias importantes que ser&aacute;n objeto de an&aacute;lisis a continuaci&oacute;n: una en relaci&oacute;n con los actores que forman parte en el ejercicio de los derechos que son el ni&ntilde;o, los padres y el Estado y otra respecto de su forma, pues se configuran como derechos obligatorios.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. El ni&ntilde;o como "incompetente b&aacute;sico" y las partes en el conflicto: ni&ntilde;o, padres y estado</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La condici&oacute;n de incompetente b&aacute;sico, o m&aacute;s bien el grado de incompetencia que se asigna a los ni&ntilde;os depende en buena medida de las caracter&iacute;sticas y capacidades que se les reconocen. Algunos autores relacionan la condici&oacute;n infantil con una situaci&oacute;n de extrema debilidad y vulnerabilidad, tal es el caso de Onora O'Neill:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Children are more fundamentally but less permanently powerless; their main remedy is to grow up. Because this remedy cannot be achieved rapidly they are peculiarly vulnerable and must rely more than other powerless groups on social practices and institutions that secure the performance of other's obligations (O. O'Neill 1995, pp. 39&#45;40).<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una l&iacute;nea muy similar &#151;incluso citando los argumentos de Onora O'Neill&#151; Garz&oacute;n relaciona el concepto de vulnerabilidad en el caso de los ni&ntilde;os con el de incompetencia b&aacute;sica: el ejercicio de la autonom&iacute;a durante la infancia est&aacute; condicionado por su situaci&oacute;n de radical fragilidad, que los incapacita para negociar por s&iacute; mismos relaciones equitativas de reciprocidad de derechos y obligaciones. La vulnerabilidad, contin&uacute;a, se da tanto en relaci&oacute;n a las personas que est&aacute;n mejor situadas para da&ntilde;ar y ayudar, como respecto de la adquisici&oacute;n y conservaci&oacute;n de ciertos bienes. De acuerdo con esta distinci&oacute;n existen dos tipos de vulnerabilidades: relativas, que dependen de las condiciones de explotaci&oacute;n o discriminaci&oacute;n y desaparecen si &eacute;stas se eliminan, y las absolutas para las que no basta la supresi&oacute;n de la situaci&oacute;n de opresi&oacute;n, sino que requieren de la adopci&oacute;n de medidas. En el caso de los ni&ntilde;os su vulnerabilidad es absoluta, y ello les convierte en incompetentes b&aacute;sicos, pues no pueden medir el alcance de muchas de sus acciones ni satisfacer sus necesidades elementales, aunque concede que es superable con el transcurso del tiempo y que la transformaci&oacute;n en capaz b&aacute;sico o incapaz relativo del ni&ntilde;o depende en buena medida de la forma en que haya sido atendido durante esta etapa (Garz&oacute;n 1994, p. 737&#45;738).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta visi&oacute;n de la ni&ntilde;ez, por cierto compartida por numerosos autores muchas veces con el objetivo de promover la protecci&oacute;n de los ni&ntilde;os o hasta de fundamentar sus derechos, ha tenido como consecuencia el dilema cl&aacute;sico que enfrenta la protecci&oacute;n de los ni&ntilde;os y el ejercicio de sus derechos de autonom&iacute;a, tambi&eacute;n conocido como la disyuntiva entre salvaci&oacute;n o liberaci&oacute;n, crianza o autodeterminaci&oacute;n. Se plantea la necesidad de optar entre defender al ni&ntilde;o de los riesgos que puede suponer el dejarle que elija libremente ya que no tiene la capacidad ni experiencia para prever las consecuencias, o inclinarse por permitirle decidir aut&oacute;nomamente como un adulto, partiendo de que tiene aptitud para hacer opciones voluntarias y que es mejor para el desarrollo de su independencia. creo que este dilema es falso y tiene su origen en una concepci&oacute;n totalizadora de la ni&ntilde;ez y del ser humano. Efectivamente el ni&ntilde;o se encuentra en una situaci&oacute;n de dependencia y vulnerabilidad, pero es falaz que esto sea incompatible con el ejercicio de la autonom&iacute;a, entendida de una manera amplia y como una capacidad gradual, tambi&eacute;n en los adultos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien es cierto que el ni&ntilde;o puede ser calificado como incompetente b&aacute;sico, por lo menos durante los primeros a&ntilde;os del desarrollo, y que por tanto se justifican las medidas paternalistas en el ejercicio de sus derechos, no hay que ignorar que los distintos derechos requieren de diversas competencias por lo que en la medida en que se van desarrollando ciertas habilidades es necesario ir permitiendo el ejercicio de algunos de &eacute;stos. Sin embargo, tampoco podemos dejar de lado que existen derechos cuya pr&aacute;ctica no requiere de ninguna capacidad especial &#151;entendida como capacidad de autonom&iacute;a&#151; y son indiscutiblemente aplicables a los ni&ntilde;os desde el inicio de la vida (por ejemplo los derechos a no ser sometido a esclavitud o a no ser torturado).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La calificaci&oacute;n del ni&ntilde;o como incompetente b&aacute;sico puede tener como consecuencia ubicarlo en el extremo de carencia completa de voluntad y por tanto incapacidad absoluta para dar su consentimiento. El menor de edad, al igual que cualquier adulto en las situaciones que el mismo Garz&oacute;n cita como ejemplos (bajo los efectos del alcohol o las drogas), carece de competencia para algunos asuntos y decisiones, pero no para todos ni de igual manera en todas las etapas del desarrollo. El ni&ntilde;o puede ser incompetente para viajar libremente o dar su consentimiento para adquirir un bien inmueble, pero no para elegir qui&eacute;nes han de ser sus amigos o para decidir a qu&eacute; quiere jugar en sus ratos de ocio. No se pretende negar la necesaria conducci&oacute;n de los padres u otros adultos, pero quiero resaltar la idea de que la autonom&iacute;a es un concepto din&aacute;mico que interact&uacute;a con el ambiente y se va transformando en la medida en que se da oportunidad para su ejercicio. Es un error intentar dibujar una l&iacute;nea divisoria entre la competencia y la incompetencia b&aacute;sica en el caso de los ni&ntilde;os, la sombra de penumbra en la cual es dif&iacute;cil proponer criterios de aplicaci&oacute;n universal, tambi&eacute;n existe en las decisiones sobre la imposici&oacute;n de medidas paternalistas a la infancia, y debemos tomar muy en serio la tarea de evaluar si se justifica o no la intervenci&oacute;n. Sin embargo, parece que resulta m&aacute;s sencillo asumir que ciertas habilidades y capacidades de los ni&ntilde;os est&aacute;n ausentes que permitirles expresarse y tener en cuenta sus elecciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es m&aacute;s, no s&oacute;lo es falso que autonom&iacute;a y protecci&oacute;n no son rec&iacute;procamente excluyentes, sino que se implican una a la otra. Desde la perspectiva de necesidades el ejercicio de cierto grado de autodeterminaci&oacute;n es un requerimiento del desarrollo, pero tambi&eacute;n precisa de un marco adecuado que impida que el ni&ntilde;o se exponga innecesariamente, de tal manera que se podr&iacute;a decir que se protege al ni&ntilde;o permiti&eacute;ndole el adecuado ejercicio de su autonom&iacute;a o que se posibilita el ejercicio la autonom&iacute;a protegi&eacute;ndole debidamente para que no corra riesgos in&uacute;tiles. Se trata de una interacci&oacute;n din&aacute;mica que debe responder a las caracter&iacute;sticas de cada etapa y a las capacidades personales. En este sentido es necesario mantener tambi&eacute;n un equilibrio entre los intereses presentes del ni&ntilde;o y la salvaguarda de su condici&oacute;n de adulto futuro. No podemos partir de presunciones generalizadas derivadas de im&aacute;genes tal vez equivocadas o por lo menos inexactas, porque ello supondr&iacute;a no reconocer la autonom&iacute;a y dignidad de los ni&ntilde;os, significar&iacute;a no tomar sus derechos en serio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, el paternalismo en el caso de los ni&ntilde;os enfrenta otro problema peculiar, y es que no se trata &uacute;nicamente de un posible conflicto entre la autonom&iacute;a del individuo y la intervenci&oacute;n estatal, sino que participan tambi&eacute;n como actores los padres, sus derechos y deberes. En otras palabras, la interferencia estatal no se percibe &uacute;nicamente como una limitaci&oacute;n a la autonom&iacute;a del destinatario, tambi&eacute;n se ha considerado como una injerencia en la esfera privada de la familia. Durante mucho tiempo se sostuvo que todas las cuestiones relacionadas con los menores sujetos a la patria potestad estaban incluidas en el campo de inmunidad del padre, lo que quiere decir que a &eacute;ste afectaban las medidas paternalistas. Aunque actualmente hay algunas posturas que se decantan por garantizar la atenci&oacute;n de los ni&ntilde;os a trav&eacute;s del reconocimiento de derechos a la familia,<sup><a href="#notas">17</a></sup> creo que la actitud m&aacute;s razonable es la consideraci&oacute;n de cada ni&ntilde;o como sujeto de derechos individuales, sin que esto signifique negar que deba existir un &aacute;mbito de actuaci&oacute;n garantizado en el que la familia tenga libertad para proponerse proyectos comunes. Tenemos entonces que los derechos de los ni&ntilde;os se distinguen tambi&eacute;n porque en su ejercicio se ven implicados de manera directa el ni&ntilde;o, los padres y el Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este problema es abordado por Gutman desde la perspectiva de la educaci&oacute;n, en particular a partir de cuestionar si el derecho a transmitir ciertos valores de padres a hijos debe considerarse como parte del derecho a una libertad de interferencia de los progenitores. Este tema se plantea frecuentemente, sobre todo al tratar de las libertades de los ni&ntilde;os &iquest;c&oacute;mo debe entenderse la libertad religiosa en un ni&ntilde;o? &iquest;se puede hablar de un derecho del ni&ntilde;o o es un derecho del padre? &iquest;qu&eacute; sucede en un enfrentamiento entre los valores del estado liberal y los valores de la familia? Primero es necesario examinar de cerca las relaciones de filiaci&oacute;n y los derechos gen&eacute;ricos derivados de ella. Doy por aceptado que se excluye el argumento de que los ni&ntilde;os son propiedad de sus padres, por ser contrario a su consideraci&oacute;n como persona moral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una propuesta atractiva desde mi punto de vista es la de Archard quien sugiere que los derechos de los padres derivan de una obligaci&oacute;n de cuidar a sus hijos en cuyo cumplimiento gozan de discrecionalidad y para lo cual requieren ser paternalistas. Gutman vincula a las obligaciones parentales un derecho de <i>"agencia paternalista'" ("paternalistic agency")</i> que se posee frente a otros adultos para que no interfieran en las actuaciones, condicionado al cumplimento de los deberes relacionados con la crianza. El hecho de que los padres biol&oacute;gicos sean quienes detentan este derecho preferentemente se debe a que ello responde mejor a los intereses del ni&ntilde;o, pues seg&uacute;n Gutman, de entre los agentes disponibles en el estado liberal, los padres son los que mejor pueden cumplir esta funci&oacute;n (Gutman 1980, pp. 343&#45;345). Podr&iacute;amos decir que existe una presunci&oacute;n a favor de los padres biol&oacute;gicos de que atender&aacute;n satisfactoriamente las necesidades de sus hijos, pero en caso de no hacerlo desaparecen los derechos derivados de la discrecionalidad en el cumplimiento de las obligaciones de la paternidad. Archard expone varias razones a favor de esta presunci&oacute;n diferenciando las que derivan de la perspectiva del ni&ntilde;o y las que tienen su origen en la posici&oacute;n del padre; esto quiere decir que es distinto afirmar que el inter&eacute;s del ni&ntilde;o es ser criado por sus padres, a sostener que un padre puede exigir ser el criador de sus hijos independientemente de c&oacute;mo resulte para &eacute;stos. Las razones desde la postura del ni&ntilde;o son las siguientes: Primero, los padres biol&oacute;gicos son quienes mejor dotados est&aacute;n para cuidar de sus hijos, dada la inclinaci&oacute;n biol&oacute;gica al amor y la protecci&oacute;n<a href="#notas"><sup>18</sup></a> &#151;aunque por supuesto reconoce que existen excepciones&#151;. Segundo, el ser criado por los propios padres contribuye a la identidad y autoimagen del ni&ntilde;o, ya que le herencia gen&eacute;tica y el parecido facilitan la identificaci&oacute;n y favorecen el afecto mutuo &#151;aunque tambi&eacute;n existan casos de hijos adoptados que han sido criados exitosamente&#151;. Tercero, permitir a los padres naturales cuidar de sus hijos resuelve problemas de coordinaci&oacute;n, en tanto constituye un sistema para asignar ni&ntilde;os a padres. Dado que los ni&ntilde;os requieren ser criados por adultos significativos es mejor adjudicar la obligaci&oacute;n a personas espec&iacute;ficas: los problemas de coordinaci&oacute;n pueden solucionarse si existe una raz&oacute;n que todos puedan reconocer y que pueda constituir un arreglo aceptable y el hecho de la paternidad natural puede serlo. Sin embargo, estos argumentos no significan que la simple condici&oacute;n de procreador biol&oacute;gico constituya una base suficiente para exigir la custodia, ni que exista nada en la paternidad natural que pueda probar que un padre es bueno. Todas las razones expuestas se basan en el mejor inter&eacute;s del ni&ntilde;o. Finalmente aclara que se trata de una presunci&oacute;n, pues cuando los padres demuestran deficiencias en el cumplimiento de los deberes de cuidado, no pueden argumentar un derecho derivado de la filiaci&oacute;n biol&oacute;gica (Archard 2003, p. 83&#45;86).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto del papel del Estado, Archard sostiene que tiene una doble funci&oacute;n relacionada con los ni&ntilde;os: una funci&oacute;n de patria potestad para proteger los intereses del ni&ntilde;o y otra que responde a la aspiraci&oacute;n de la transformaci&oacute;n de las generaciones j&oacute;venes en adultos funcionales. En su desempe&ntilde;o como protector el poder p&uacute;blico debe preocuparse por el inter&eacute;s del menor, tomando tambi&eacute;n en cuenta la visi&oacute;n que el mismo ni&ntilde;o tiene de su propio bienestar y los padres no pueden oponerse a alguna intervenci&oacute;n alegando sus derechos como progenitores. El Estado tiene tambi&eacute;n el cometido de actuar como suplente de los padres cuando &eacute;stos han demostrado incapacidad para cumplir con sus obligaciones, aunque esto debe sujetarse a ciertas condiciones: por una parte debe operar &uacute;nicamente como &uacute;ltimo recurso, cuando no hay adultos que se hagan cargo de la crianza del ni&ntilde;o o cuando han demostrado incapacidad para hacerlo. En este sentido, existe una presunci&oacute;n del estado liberal acerca de que las familias puedan funcionar mejor si se les deja cierto grado de libertad para conducir sus asuntos privados &#151;aunque ello no es raz&oacute;n para considerar a la familia como una organizaci&oacute;n estrictamente privada y ajena a la intervenci&oacute;n p&uacute;blica&#151;, y el Estado interviene en caso de que los padres crucen cierto umbral para garantizar los derechos de los ni&ntilde;os y para proteger el inter&eacute;s general. Adem&aacute;s, una vez que se asume la patria potestad, los poderes parentales del Estado deben ir m&aacute;s all&aacute; que los de los ciudadanos adultos&#45;padres ante los derechos del ni&ntilde;o, es decir, puede tomar decisiones que no est&aacute;n sometidas, por ejemplo, a su consentimiento en caso de haber alcanzado cierto grado de madurez &#151;lo que s&iacute; sucede con las de los padres&#151;<sup><a href="#notas">19</a></sup> (Archard 2003, p. 117&#45;126).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera tenemos una relaci&oacute;n tri&aacute;dica que funciona de manera interactiva pero que tiene como justificaci&oacute;n &uacute;ltima el inter&eacute;s superior del menor: los ni&ntilde;os tienen algunos derechos cuya satisfacci&oacute;n se supone garantizada en el &aacute;mbito de la familia y otros a los que atiende directamente el Estado, y en caso de incumplimiento de los primeros los organismos p&uacute;blicos pueden actuar subsidiariamente; los padres tiene derechos derivados de las obligaciones de cuidado de sus hijos que se encuentran limitados por los derechos del ni&ntilde;o y por los requerimientos del estado liberal, y finalmente, el Estado tiene la obligaci&oacute;n de garantizar los derechos de los ni&ntilde;os a trav&eacute;s de intervenciones paternalistas acotadas por los derechos de los padres y sobre todo por el derecho a la autonom&iacute;a en los ni&ntilde;os.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Gutman distingue entre tres niveles distintos: el poder de los padres, el poder del Estado como alternativo al de los padres, y finalmente un &aacute;mbito en el que el ni&ntilde;o tiene libertad para hacer elecciones propias, sobre todo trat&aacute;ndose de los adolescentes, aunque como he tratado de defender cierto grado de autonom&iacute;a debe ser reconocido durante todas las etapas del desarrollo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido tal vez el an&aacute;lisis de los derechos de los ni&ntilde;os pueda ser de utilidad para adoptar una nueva perspectiva sobre las intervenciones paternalistas. Es tradicional la postura que cuestiona la legitimidad de que la autoridad act&uacute;e con los ciudadanos como el padre con sus hijos. Pues bien, tal vez tendr&iacute;amos que detenernos a pensar tambi&eacute;n en lo que se acepta como premisa impl&iacute;cita en ese tipo de afirmaciones y que tiene que ver con la justificaci&oacute;n de ciertas pautas de conductas paternas respecto de los ni&ntilde;os, para as&iacute; derivar una visi&oacute;n distinta acerca del valor autonom&iacute;a no s&oacute;lo en los adultos, sino tambi&eacute;n para los peque&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. Los <i>"derechos obligatorios"</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La incompetencia que se atribuye al ni&ntilde;o tiene como otro efecto importante la forma que adquieren sus derechos, es decir, no &uacute;nicamente que el ejercicio de los mismos depende en parte de actores distintos del titular, sino que el contenido no es disponible, pues no se reconoce capacidad de decisi&oacute;n respecto de su cumplimiento. Esta ausencia de disponibilidad opera para los tres actores, traduci&eacute;ndose en conductas exigibles a cuyo cumplimiento ninguno tiene facultad de renunciar. Los derechos obligatorios constituyen as&iacute; una f&oacute;rmula para implementar las medidas paternalistas que es en s&iacute; misma paternalista, pues a trav&eacute;s de ellos se pretende subsanar una incompetencia b&aacute;sica y garantizar la permanencia de opciones abiertas para cuando &eacute;sta sea superada. Desde mi punto de vista los derechos obligatorios son necesarios para mantener el equilibrio entre las partes, pues implican deberes tanto para los ni&ntilde;os, los padres y el Estado. Hay que decir que este tipo de derechos no es exclusivo de la infancia, sin embargo, la diferencia radica en que durante esta etapa de la vida humana la mayor parte se configuran de esta manera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido es importante la distinci&oacute;n de Feinberg entre <i>"derechos discrecionales"</i> que conllevan tener la posibilidad de decidir entre hacer o no hacer X, y los <i>"derechos obligatorios"</i> que no conceden opciones a su titular, es decir, s&oacute;lo se permite una forma de ejercitarlos e imponen en los otros una obligaci&oacute;n correlativa de proporcionar los medios para realizarlos y no obstaculizarlos, pero no establece un deber de no interferencia (Feinberg 1980, pp. 233). En mi opini&oacute;n, se trata de bienes de tal importancia que se justifica la restricci&oacute;n a la libertad y encuentra su justificaci&oacute;n &uacute;ltima precisamente en la autonom&iacute;a (y tiene como fin la igualdad y el respeto a la dignidad del ni&ntilde;o). Esto significa que las medidas paternalistas y por ello los derechos obligatorios &uacute;nicamente est&aacute;n justificados si, como sostiene Garz&oacute;n, su finalidad es promover la autonom&iacute;a. Por ello es importante establecer un criterio claro para determinar el contenido de estos derechos, pues no pocas veces se ha abusado a lo largo de la historia de la supuesta bondad de ciertas medidas para justificar pr&aacute;cticas autoritarias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Feinberg los derechos obligatorios son exigencias contempladas desde un punto de vista positivo, se trata de deberes cuyo cumplimiento es especialmente ventajoso para la comunidad y para el titular, de tal manera que la libertad que supone cualquier obligaci&oacute;n (libertad como ausencia de una obligaci&oacute;n de no hacer X) se convierte en un derecho pretensi&oacute;n. Para este autor la descripci&oacute;n de este tipo de obligaciones como derechos o como obligaciones depende de qu&eacute; tanto queramos acentuar su papel como cargas o beneficios (Feinberg 1980, 235). En cierta medida tiene raz&oacute;n Feinberg, pero me parece que trivializa excesivamente la funci&oacute;n de los derechos, pues el hecho de calificar una determinada conducta como derecho u obligaci&oacute;n no es simplemente una cuesti&oacute;n de perspectiva, los derechos se relacionan con valores fundamentales para el ser humano y se identifican con ciertos principios como igualdad, autonom&iacute;a y dignidad.<sup><a href="#notas">21</a></sup> Los derechos pol&iacute;ticos que menciona este autor como ejemplo, as&iacute; como el derecho a la educaci&oacute;n, los derechos laborales o a la igualdad ante la ley, todos ellos transformados en obligatorios tienen una cosa en com&uacute;n: que protegen bienes fundamentales en una sociedad liberal y sacrifican una parte de la libertad del sujeto en tanto que no permiten elecci&oacute;n en aras a alcanzar una autonom&iacute;a mucho mayor, como lo es vivir en una sociedad democr&aacute;tica, desarrollar las habilidades para poder hacer elecciones libres, tener garantizados unos m&iacute;nimos en el empleo que permitan la libertad de ocupaci&oacute;n o no ser objeto de discriminaci&oacute;n. Ello supone una justificaci&oacute;n para no dejar las opciones abiertas en la elecci&oacute;n ni en el cumplimiento de la obligaci&oacute;n. Adem&aacute;s, se diferencian porque a cada derecho corresponde un deber en el cumplimiento, mientras que no podemos decir que a cada obligaci&oacute;n corresponde otra obligaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La definici&oacute;n de Peces Barba concuerda mejor con esta visi&oacute;n, pues relaciona los derechos obligatorios <i>("derechos&#45;deber"</i> los llama) con contenidos trascendentales para el titular y para la comunidad: se trata de derechos cuya importancia es tal que visto desde el punto de vista de su titular, suponen una acci&oacute;n positiva de los poderes p&uacute;blicos, pero desde la perspectiva de la colectividad y el inter&eacute;s general son tambi&eacute;n fundamentales, de tal manera que constituyen una obligaci&oacute;n para el titular (Peces Barba 1995, pp. 462&#45;463). Las teor&iacute;as voluntaristas de los derechos subjetivos<sup><a href="#notas">22</a></sup> negar&iacute;an que estas normas constituyan derechos por carecer de un poder de disposici&oacute;n por parte del titular, en otras palabras por no involucrar la voluntad en el ejercicio. Sin embargo, creo que hay razones de peso para considerar que s&iacute; se trata de derechos. Los bienes protegidos son de tal modo relevantes que han de ser garantizados inmunizando al titular en contra de s&iacute; mismo, pero no s&oacute;lo de s&iacute; mismo, sino tambi&eacute;n de los actores involucrados en el ejercicio. De otra manera ser&iacute;a muy arriesgado, aun dejando de lado que los ni&ntilde;os no pueden en muchas ocasiones juzgar sobre los intereses que involucran proyectos a largo plazo, sino que los otros actores tendr&iacute;an demasiado peso en las decisiones sobre la vida de los peque&ntilde;os. En este sentido se puede establecer cierta analog&iacute;a con el rasgo de inalienabilidad que muchos autores atribuyen a los derechos humanos: se consideran indisponibles por ser tan b&aacute;sicos que ni siquiera su titular tiene derecho a renunciar a ellos y de esta manera se le protege no s&oacute;lo de sus propias decisiones, sino de eventuales condiciones que pudieran llevarlo a enajenar sus derechos (por ejemplo a renunciar a su libertad volvi&eacute;ndose esclavo para salvar una situaci&oacute;n desesperada o poner en peligro su vida vendiendo alg&uacute;n &oacute;rgano para conseguir recursos econ&oacute;micos). Se crea as&iacute; un espacio que garantice los m&iacute;nimos y deje ciertos bienes fuera de las fuerzas del mercado y las eventualidades sociales. En el caso del ni&ntilde;o ocurre algo parecido, se salvaguarda un estado de condiciones que no son disponibles para nadie de modo que queden garantizados para cuando pueda disfrutar de ciertos bienes, aunque a diferencia de los derechos cuando se trata de adultos, el ejercicio es tambi&eacute;n forzoso. Sin embargo, para ello &#151;al igual que ocurre con los mayores&#151; son necesarias dos condiciones: a) que este espacio de no disponibilidad sea el m&iacute;nimo indispensable, es decir, que no pueda servir como excusa para favorecer una pr&aacute;ctica desmedida del poder paterno o estatal, de modo que el ni&ntilde;o debe tener facultad para elegir de acuerdo a sus capacidades, y en lo que tenga habilidad para decidir no es v&aacute;lida la imposici&oacute;n de una obligaci&oacute;n; b) en relaci&oacute;n con la anterior, las limitaciones deben tener un fundamento normativo lo m&aacute;s objetivo posible, y para ello es indispensable un conocimiento de las caracter&iacute;sticas del ni&ntilde;o aportado por las disciplinas especializadas. Dado que el ni&ntilde;o no puede participar directamente en el procedimiento democr&aacute;tico y su intervenci&oacute;n en el discurso moral es limitada se vuelve imprescindible que la determinaci&oacute;n de sus intereses y del &aacute;mbito de actuaci&oacute;n indisponible tenga su justificaci&oacute;n en las necesidades b&aacute;sicas, sin que ello obste para que se le permita expresarse y se le escuche.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra de las cualidades especiales que presentan los derechos obligatorios, y en general las medidas paternalistas en el caso de los ni&ntilde;os es que su incumplimiento generalmente no lleva aparejada una sanci&oacute;n, sino la realizaci&oacute;n forzosa de la obligaci&oacute;n. Esto nos refleja tambi&eacute;n la cualidad de los bienes que se intenta proteger, pues la obligatoriedad tiene como finalidad la realizaci&oacute;n del derecho sin que pueda ser sustituida. Por ejemplo, la educaci&oacute;n obligatoria: en caso de negligencia de los padres o del ni&ntilde;o, el Estado se hace cargo para garantizar que el ni&ntilde;o la reciba &#151;por lo menos te&oacute;ricamente&#151;. En el caso de otras medidas paternalistas la coacci&oacute;n se establece a base de sanciones que act&uacute;en como elementos disuasores, como ocurre en el caso del cintur&oacute;n de seguridad, del uso de casco y hasta del voto obligatorio, se imponen multas o privaci&oacute;n de la libertad como consecuencia de la infracci&oacute;n.<sup><a href="#notas">23</a></sup> Por otra parte, es importante matizar una afirmaci&oacute;n respecto de los derechos obligatorios en el sentido de que no hay discrecionalidad en el ejercicio, pues una cosa es que al ser obligatorios no pueda decidirse si se cumplen o no, y otra es tener cierto poder de decisi&oacute;n en cuanto a la realizaci&oacute;n del mismo. Aqu&iacute; entra en juego el pluralismo de una sociedad liberal democr&aacute;tica que debe aceptar distintas opciones para cumplir los derechos obligatorios, por ejemplo, permitir diferentes tipos de educaci&oacute;n, aceptar la diversidad de h&aacute;bitos alimenticios o reconocer varios modelos de organizaci&oacute;n familiar. Pero en el plano de la ejecuci&oacute;n por parte de los ni&ntilde;os debe tambi&eacute;n existir un margen de acci&oacute;n que debe ir directamente relacionado con el desarrollo de competencias y habilidades: por ejemplo, el ni&ntilde;o tiene que recibir instrucci&oacute;n formal, pero en un momento cercano a la adolescencia puede opinar sobre a qu&eacute; escuela asistir. Tampoco hay que olvidar la importancia de los derechos en los que si debe gozar de discrecionalidad en el ejercicio: el derecho al juego, en el sentido de decidir a qu&eacute; quiere jugar (no se niega que sea necesaria cierta orientaci&oacute;n paterna, pero no debe convertirse en imposici&oacute;n), el derecho al tiempo de ocio (que muchas veces es violado por los padres que, ansiosos por preparar a los hijos para un entorno altamente competitivo proyectando quiz&aacute;s sus propias inseguridades y buscando cuidadores alternativos que se hagan cargo de los ni&ntilde;os mientras ellos trabajan, los atiborran de actividades extraescolares), el derecho de asociaci&oacute;n (para elegir compa&ntilde;eros de juegos y aventuras), etc. Es necesario armonizar tanto a los actores &#151;ni&ntilde;o, padres y Estado&#151; como a la forma y contenido de los derechos &#45;derechos obligatorios&#45; de manera tal que respondan a las caracter&iacute;sticas de cada una de las etapas, protegiendo al ni&ntilde;o, pero al mismo tiempo permitiendo y estimulando el desarrollo de su autonom&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5. Los intereses fundados en las necesidades de los ni&ntilde;os y adolescentes como justificaci&oacute;n y l&iacute;mite de las intervenciones paternalistas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recapitulando, creo que es razonable decir que el debate en relaci&oacute;n con la intervenci&oacute;n estatal en la vida de los ni&ntilde;os a trav&eacute;s de medidas paternalistas se concreta en tres grandes bloques de conflictos aparentes:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; El dilema entre autonom&iacute;a/liberaci&oacute;n y vulnerabilidad/protecci&oacute;n: Este conflicto enfrenta dos concepciones de la infancia que dan lugar a dos actitudes opuestas, que podr&iacute;an encontrar su expresi&oacute;n entre las posturas m&aacute;s radicales del liberacionismo y del paternalismo y que sostienen respectivamente que el concepto de ni&ntilde;o es una construcci&oacute;n social y por tanto se requiere una liberaci&oacute;n a trav&eacute;s del reconocimiento de libertades en el ejercicio de los derechos; y una percepci&oacute;n de la infancia como etapa de total dependencia y vulnerabilidad, inclin&aacute;ndose como consecuencia por una funci&oacute;n sobreprotectora del Estado. Desde los razonamientos expuestos se rechaza esta aparente disyuntiva, pues ni el ni&ntilde;o es en su totalidad un constructo social ni es radicalmente d&eacute;bil y se requiere una interacci&oacute;n entre el ejercicio de la autonom&iacute;a y la protecci&oacute;n contra riesgos innecesarios.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; El papel del ni&ntilde;o, los padres y el Estado en las medidas paternalistas: Si bien es cierto que se puede presentar un conflicto entre los tres actores, es claro que el fin &uacute;ltimo de toda actuaci&oacute;n debe ser el inter&eacute;s superior del ni&ntilde;o. Ahora bien, es verdad que en la ejecuci&oacute;n de esta directriz se pueden dar distintas interpretaciones, pero la respuesta al dilema entre liberaci&oacute;n y protecci&oacute;n puede dar algunas pistas: toda conducta debe tener como criterio la integraci&oacute;n de estas dos necesidades fundamentales y como objetivo &uacute;ltimo el desarrollo de la autonom&iacute;a.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto se enmarca tambi&eacute;n el tema de la frontera entre la familia y la actuaci&oacute;n estatal. Parece razonable sostener la presunci&oacute;n a favor de los padres biol&oacute;gicos sobre la adecuada atenci&oacute;n al ni&ntilde;o y por tanto la legitimidad de que act&uacute;en paternalistamente<sup><a href="#notas">24</a></sup> con sus hijos, aunque teniendo a la autoridad p&uacute;blica como garante &uacute;ltimo del respeto a los derechos, lo que significa que puede intervenir cuando considera que los derechos del ni&ntilde;o est&aacute;n seriamente amenazados por la actuaci&oacute;n paterna. Por otra parte, el Estado debe ejercer como proveedor de ciertos bienes, como educaci&oacute;n y salud, encuadrado a su vez por el respeto a los derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No quiero dejar de subrayar en este punto la trascendencia de la familia en el ejercicio y desarrollo de la autonom&iacute;a en relaci&oacute;n con la adquisici&oacute;n gradual de competencias. Los padres son testigos privilegiados del crecimiento y la evoluci&oacute;n de las capacidades, de manera que pueden atender a las caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas que necesariamente deben ser excluidas de la regulaci&oacute;n jur&iacute;dica. En otras palabras, mientras que la ley debe establecer un criterio general &#151;una edad o edades determinadas para la atribuci&oacute;n de ciertas competencias&#151; los padres pueden hacerlo de acuerdo con el desarrollo particular de las habilidades de cada ni&ntilde;o, d&aacute;ndole mayor poder de decisi&oacute;n y elecci&oacute;n cuando est&eacute; preparado para ello.</font>	  </p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; La supuesta contradicci&oacute;n entre los intereses del ni&ntilde;o como menor de edad y como futuro adulto: En cierta medida este conflicto es expresi&oacute;n de otros dos, el enfrentamiento entre la valoraci&oacute;n de dignidad y autonom&iacute;a y el choque entre los intereses el ni&ntilde;o y los intereses colectivos. La visi&oacute;n que pondera m&aacute;s la autonom&iacute;a se inclinar&iacute;a por proteger los intereses del ni&ntilde;o como adulto y justificar&iacute;a sobre todo las medidas que promuevan y garanticen la formaci&oacute;n de la capacidad de autodeterminaci&oacute;n, la cual tambi&eacute;n puede ser concebida como de inter&eacute;s p&uacute;blico en tanto que el Estado busca la formaci&oacute;n de ciudadanos responsables. Por su parte, la dignidad del ni&ntilde;o se centra m&aacute;s en su situaci&oacute;n presente y sus intereses como tal. El conflicto se diluye si consideramos que para la formaci&oacute;n de la autonom&iacute;a adulta es necesario el ejercicio de la libertad presente que responde a la condici&oacute;n actual del ni&ntilde;o. Sin embargo, no debemos olvidar tampoco que el principio de dignidad constituye una frontera importante a las intervenciones paternalistas. Esto es frecuentemente ignorado por quienes defienden los derechos de los ni&ntilde;os, pues en muchas ocasiones los justifican &uacute;nicamente en funci&oacute;n de su porvenir como adultos<sup><a href="#notas">25</a></sup>. El principio de dignidad proscribe la imposici&oacute;n de sacrificios que no redunden en beneficio del sujeto, lo que incluye una prohibici&oacute;n de postergar sus intereses presentes; en este sentido el principio de dignidad act&uacute;a como l&iacute;mite a los c&aacute;lculos utilitarios que buscar&iacute;an el bienestar general aunque &eacute;ste incluya al propio titular como futuro beneficiario.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los argumentos a favor del paternalismo jur&iacute;dico &#151;con las precisiones expuestas&#151; parecen razonables, y creo que no habr&iacute;a objeci&oacute;n en principio a considerar que de esta manera se justifican los derechos obligatorios para compensar las incompetencias b&aacute;sicas durante la minor&iacute;a de edad. No obstante, esto no es suficiente para aceptar acr&iacute;tica&#45;mente la imposici&oacute;n de cualquier medida paternalista por parte del Estado a los ni&ntilde;os, pues aunque es verdad que en general carecen de la informaci&oacute;n y experiencia necesarias para la toma de decisiones, hay que matizar y precisar algunos puntos y limitaciones importantes:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, la imposici&oacute;n de las medidas paternalistas no puede tener una justificaci&oacute;n general para toda la infancia. La minor&iacute;a de edad no ha de considerarse como un bloque completo, pues como han se&ntilde;alado muchos autores, y seg&uacute;n se desprende de los estudios de la psicolog&iacute;a del desarrollo, el ser humano durante la ni&ntilde;ez va madurando y adquiriendo nuevas capacidades r&aacute;pidamente, de manera que no es posible incluir dentro de la misma categor&iacute;a a un ni&ntilde;o de dos a&ntilde;os, a uno de diez o a un adolescente de quince. La justificaci&oacute;n del paternalismo jur&iacute;dico es distinta en cada etapa, y debe responder a la capacidad y el desarrollo de la autonom&iacute;a de la persona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, es necesaria la limitaci&oacute;n en relaci&oacute;n con el contenido de las medidas paternalistas, y para ello es indispensable recurrir al concepto de intereses justificados a partir de necesidades b&aacute;sicas y en especial en las necesidades de cada etapa de la infancia. La incompetencia de los ni&ntilde;os no justifica la intervenci&oacute;n arbitraria del estado o de los padres, sino que &eacute;sta se encuentra determinada por las necesidades. Alemany, despu&eacute;s de analizar detenidamente el debate en relaci&oacute;n con la justificaci&oacute;n de paternalismo, concluye que <i>el problema de fondo de la discusi&oacute;n que he considerado es que se trata de dar cuenta del paternalismo sin acudir a la noci&oacute;n de necesidades b&aacute;sicas y poniendo en su lugar (cumpliendo su funci&oacute;n) a los deseos y preferencias de las personas</i> (Alemany 2000, p. 81). Pues bien, si en el caso de los adultos esto parece claro, trat&aacute;ndose de los ni&ntilde;os debe serlo mucho m&aacute;s, pues s&oacute;lo la idea de necesidades b&aacute;sicas puede constituir &#45;desde mi punto de vista&#45; la base para justificar las intervenciones paternalistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, las actuaciones paternalistas en la vida de los ni&ntilde;os deben cumplir tambi&eacute;n con el requisito de ser lo menos gravosas posible para los individuos, tal como sostiene Alemany:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La satisfacci&oacute;n de necesidades b&aacute;sicas es condici&oacute;n necesaria pero no suficiente de la intervenci&oacute;n paternalista. Toda intervenci&oacute;n paternalista debe estar mediada por un principio de adecuaci&oacute;n al fin que se persigue. En consecuencia, debe justificarse que la intervenci&oacute;n conseguir&aacute; satisfacer las necesidades b&aacute;sicas de la forma menos gravosa posible para los individuos afectados (Alemany 2000, p. 87).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas consideraciones nos llevan directamente a subrayar el principio de igualdad, que hasta el momento parec&iacute;a no tener un papel especialmente relevante en la discusi&oacute;n sobre el paternalismo. Garz&oacute;n vincula la imposici&oacute;n de medidas paternalistas al deber de homogeneizaci&oacute;n de un sistema democr&aacute;tico, esto es, la existencia de cierto grado de uniformidad social es una condici&oacute;n necesaria para la viabilidad del sistema democr&aacute;tico. De esta manera, lo que denomina <i>"coto vedado"</i> compuesto por los derechos directamente vinculados con la satisfacci&oacute;n de los bienes b&aacute;sicos que son condici&oacute;n necesaria para la realizaci&oacute;n de cualquier plan de vida, est&aacute; excluido de la negociaci&oacute;n y las decisiones mayoritarias, pero adem&aacute;s si uno de los miembros de la comunidad no comprende su importancia, se justifica la imposici&oacute;n de medidas paternalistas. Para Garz&oacute;n la no aceptaci&oacute;n de la garant&iacute;a de los bienes b&aacute;sicos constituye una clara se&ntilde;al de ignorancia o irracionalidad, por lo que puede calific&aacute;rsele como incompetente b&aacute;sico y esto es muchas veces lo que ocurre en el caso de los ni&ntilde;os:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El deber de homogeneizaci&oacute;n puede implicar, en algunos casos, la necesidad de su imposici&oacute;n, aun en contra de la voluntad de sus destinatarios. La obligaci&oacute;n de escolaridad, por ejemplo, no queda sujeta al consentimiento del ni&ntilde;o o de sus padres (Garz&oacute;n 1993d, p. 536).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo el paternalismo debe estar fundamentado tambi&eacute;n en la idea de equidad pues precisamente este tipo de medidas deben tener como prop&oacute;sito el asegurar los m&iacute;nimos de homogeneizaci&oacute;n necesarios en una sociedad democr&aacute;tica, que desde mi punto de vista no es otra cosa que la equidad de los miembros de una sociedad respecto de las necesidades b&aacute;sicas.<sup><a href="#notas">26</a></sup> La importancia de los bienes es tal, que incluso el autor los relaciona con la competencia, es decir, quien no alcanza a percibir su trascendencia no act&uacute;a con racionalidad o ignora las relaciones causales elementales, de modo que puede consider&aacute;rsele como incompetente b&aacute;sico e imponerle la satisfacci&oacute;n de esas necesidades. Este ser&iacute;a el caso t&iacute;pico de los ni&ntilde;os y la justificaci&oacute;n del paternalismo que caracteriza casi todos sus derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, la incapacidad para satisfacer por s&iacute; mismo las necesidades b&aacute;sicas, ya sea porque no alcanza a percibirlas como tales &#151;por ejemplo la necesidad de nutrientes adecuados para un ni&ntilde;o que quiere alimentarse a base de dulces&#151;, o por carecer de aptitudes para satisfacerlas por s&iacute; mismo debido a una falta de habilidad inherente a su edad, consecuencia de su situaci&oacute;n de dependencia &#151;por ejemplo dotarse a s&iacute; mismo de vivienda, vestido, alimentaci&oacute;n, etc.&#151; o a una incapacidad socialmente construida &#151;por ejemplo la prohibici&oacute;n de trabajar&#151;, constituye una justificaci&oacute;n para la imposici&oacute;n de medidas paternalistas. En este sentido el ni&ntilde;o tiene una incompetencia b&aacute;sica y requiere de otros medios para atender a sus necesidades. Al mismo tiempo, las necesidades constituyen un l&iacute;mite, pues las medidas se justifican &uacute;nicamente en cuanto se requieren para su satisfacci&oacute;n, todo lo que sobrepase esto viola la autonom&iacute;a del ni&ntilde;o. En mi opini&oacute;n, la teor&iacute;a de las necesidades b&aacute;sicas de los ni&ntilde;os y adolescentes puede funcionar como el criterio <i>&uacute;nico</i> de justificaci&oacute;n del paternalismo al que se refiere Atienza en tanto que sirve para determinar si los bienes que se promueven son de tipo primario, ayuda a evaluar si el sujeto tiene una incompetencia b&aacute;sica y puede presumirse racionalmente su aceptabilidad (Atienza 1988, p. 213).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No ignoro que este concepto es problem&aacute;tico, pues de la idea de necesidades puede desprenderse una gran variedad de conductas y actuaciones, sin embargo, creo que vale la pena el esfuerzo de someter a an&aacute;lisis lo que tradicionalmente se ha asumido como adecuado para los ni&ntilde;os. En la medida en que renunciemos a las visiones simplistas y totalizadoras ser&aacute; m&aacute;s consistente la integraci&oacute;n de los diversos aspectos que intervienen en la justificaci&oacute;n de las medidas paternalistas cuando el individuo tiene una incompetencia b&aacute;sica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las necesidades b&aacute;sicas de los ni&ntilde;os constituyen la justificaci&oacute;n y al mismo tiempo el l&iacute;mite de las intervenciones paternalistas. justificaci&oacute;n porque proporcionan razones para explicar que los ni&ntilde;os tienen necesidades espec&iacute;ficas, que se manifiestan de una forma distinta que las de los adultos y que son de tal manera importantes, que es preciso garantizarlas y el Estado debe asumir esta funci&oacute;n en combinaci&oacute;n con la familia. Es admisible que el poder p&uacute;blico intervenga en la esfera del individuo aun prescindiendo de su consentimiento a trav&eacute;s de la imposici&oacute;n de derechos&#45;obligatorios destinados a preservar la autonom&iacute;a y permitir su ejercicio, redistribuir los recursos sociales para conseguir condiciones de igualdad, y salvaguardar la dignidad del titular. Pero al mismo tiempo las necesidades de los ni&ntilde;os y adolescentes conforman el l&iacute;mite para las intervenciones, en otras palabras, &uacute;nicamente es leg&iacute;tima la actuaci&oacute;n p&uacute;blica sin la voluntad de titular del derecho en lo que se relaciona con la satisfacci&oacute;n de las necesidades, cualquier otra intromisi&oacute;n u omisi&oacute;n al solicitar su consentimiento es contraria a los derechos del ni&ntilde;o y por tanto injustificada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La perspectiva de necesidades permite establecer un punto de equilibrio respecto de los derechos de los ni&ntilde;os, dotando de un aparato cr&iacute;tico que sirve como prueba para cada una de las intervenciones paternalistas. Desde mi punto de vista cualquier otra posici&oacute;n cae en extremos igualmente peligrosos: o deja desprotegido al ni&ntilde;o y vulnerable en su situaci&oacute;n de desarrollo o falta de experiencia, o viola sus derechos ignorando su capacidad de autonom&iacute;a y dignidad imponi&eacute;ndole medidas en contra de sus deseos e intereses. Este equilibrio es delicado, pues los contornos no son claros y perfectamente delimitados; se requiere por tanto una actitud de discusi&oacute;n social, siempre abierta a la escucha del ni&ntilde;o teniendo como tel&oacute;n de fondo sus necesidades, con la suficiente flexibilidad para ir asimilando los cambios que se van produciendo a cada momento del proceso del crecimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, los principios de autonom&iacute;a, dignidad e igualdad cumplen tambi&eacute;n una funci&oacute;n legitimadora, pues deben constituir la base de cualquier intervenci&oacute;n paternalista: la autonom&iacute;a en su doble papel de autonom&iacute;a como necesidad presente que debe ser ejercida y autonom&iacute;a futura que debe ser resguardada; dignidad como garant&iacute;a de no sacrificio del ni&ntilde;o como futuro adulto o miembro de la comunidad; e igualdad como homogeneizaci&oacute;n fundamentadora de la medida paternalista.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alemany Garc&iacute;a, Macario, (2000) <i>Sobre el paternalismo,</i> Memoria de licenciatura, Facultad de Derecho, Universidad de Alicante.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763628&pid=S1405-0218200600020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alston, Philip, Parker Stephen y Seymour John (ed.), (1995) <i>Children, Rights and the Law,</i> Clarendon Press, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763630&pid=S1405-0218200600020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&ntilde;&oacute;n Roig, Mar&iacute;a Jos&eacute;, (1994) <i>Necesidades y derechos: Un ensayo de fundamentaci&oacute;n,</i> Centro de Estudios Constitucionales, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763632&pid=S1405-0218200600020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Atienza, Manuel, (1988) "Discutamos sobre paternalismo", en <i>Doxa</i> 5, Universidad de Alicante, pp. 203&#45;214.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763634&pid=S1405-0218200600020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Camps, Victoria, (1988a) "Paternalismo y bien com&uacute;n", en <i>Doxa</i> 5, Universidad de Alicante, pp. 195&#45;202.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763636&pid=S1405-0218200600020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1988b) "Sigamos discutiendo", en <i>Doxa</i> 5, Universidad de Alicante, pp. 223&#45;225.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763638&pid=S1405-0218200600020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Craig, Grace, J., (2001) <i>Desarrollo psicol&oacute;gico,</i> 8<sup>a</sup> edici&oacute;n, Pearson Educaci&oacute;n de M&eacute;xico, M&eacute;xico, D.F., (Orig: <i>Human Development,</i> Eighth Edition, Prentice Hall, 1999, New Jersey) .    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763640&pid=S1405-0218200600020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Delval, Juan, (1999) <i>El desarrollo humano, 4<sup>a</sup></i> edici&oacute;n, Siglo XXI, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763642&pid=S1405-0218200600020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Doyal Len y Gough Ian, (1994) Teor&iacute;a de las necesidades humanas, Icaria/FUHEM, Barcelona, (Orig: <i>A theory of human needs,</i> MacMillian, Londres, 1992).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763644&pid=S1405-0218200600020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eekelaar, John, (1995) "The Importance of Thinking that Children have Rights", en Alston, Philip, Parker, Stephen y Seymour John (eds.) <i>Children, Rights and the Law,</i> Clarendon Press, Oxford, pp. 221&#45;235.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763646&pid=S1405-0218200600020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Feinberg, Joel, (1980) <i>Rights, Justice and the Bounds of Liberty</i>, Princeton University Press, New Jersey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763648&pid=S1405-0218200600020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> &#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1994) "The Child's Right to an Open Future", en <i>Freedom and Fulfillment: Philosophical Essays,</i> Princeton University Press, New Jersey, pp. 76&#45;97.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763650&pid=S1405-0218200600020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freeman, Michael D.A., (1995) "Taking Children's Rights More Seriously", en Alston, Philip, Parker, Stephen y Seymour John (eds.) <i>Children, Rights and the Law,</i> Clarendon Press, Oxford, pp. 52&#45;71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763652&pid=S1405-0218200600020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1997) <i>The Moral Status of Children. Essays on the rights of the Child,</i> Dordrecht, Kluwer Law International and Martinus Nijhoff, The Netherlands.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763654&pid=S1405-0218200600020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garz&oacute;n Vald&eacute;s, Ernesto, (1988) "Sigamos discutiendo sobre paternalismo", en <i>Doxa</i> 5, Universidad de Alicante, pp. 215&#45;219.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763656&pid=S1405-0218200600020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1993 a) "&iquest;Es &eacute;ticamente justificable el paternalismo jur&iacute;dico", en <i>Derecho, &eacute;tica y pol&iacute;tica,</i> Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, pp. 361&#45;378.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763658&pid=S1405-0218200600020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1993b) "Intervencionismo y paternalismo", en <i>Derecho, &eacute;tica y pol&iacute;tica,</i> Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, pp. 379399.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763660&pid=S1405-0218200600020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1993c) "Necesidades b&aacute;sicas, deseos leg&iacute;timos y legitimidad pol&iacute;tica en la concepci&oacute;n de Mario Bunge", en <i>Derecho, &eacute;tica y pol&iacute;tica,</i> Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, pp. 417&#45;435.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763662&pid=S1405-0218200600020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1993d) "El problema &eacute;tico de las minor&iacute;as &eacute;tnicas", en <i>Derecho, &eacute;tica y pol&iacute;tica</i>, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, pp. 519&#45;540.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763664&pid=S1405-0218200600020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1994) "Desde la "modesta propuesta" de J. Swift hasta las "casas de engorde", Algunas consideraciones acerca de los derechos de los ni&ntilde;os", en <i>Doxa</i> 15&#45;16 vol. II, Universidad de Alicante.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763666&pid=S1405-0218200600020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gutman, Amy, (1980) <i>Children, Paternalism and Education: a liberal argument,</i> Philosophy and Public Affairs 9, n&deg; 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763668&pid=S1405-0218200600020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hierro, Liborio L., (1982) "&iquest;Derechos humanos o necesidades humanas? Problemas de un concepto", <i>Sistema,</i> 46, pp. 45&#45;61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763670&pid=S1405-0218200600020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1991) "&iquest;Tienen los ni&ntilde;os derechos? Comentario a la Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o", <i>Revista de Educaci&oacute;n</i> n&deg; 294, Enero&#45;Abril 1991, pp. 221&#45;233.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763672&pid=S1405-0218200600020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1994) "La intimidad de los ni&ntilde;os: Un test para el derecho a la intimidad" en Sauca Jos&eacute; Ma. (ed.) <i>Problemas actuales de los Derechos Fundamentales,</i> Universidad Carlos III de Madrid y Bolet&iacute;n Oficial del Estado, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763674&pid=S1405-0218200600020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1999) "Los derechos humanos del ni&ntilde;o" en Antonio Marzal (ed.) <i>Derechos humanos del ni&ntilde;o, de los trabajadores, de las minor&iacute;as y complejidades del sujeto,</i> Bosch&#45;ESADE, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763676&pid=S1405-0218200600020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Laporta, Francisco, (1983) "Sobre el uso del t&eacute;rmino "libertad" en el lenguaje pol&iacute;tico", <i>Sistema</i> 52, pp. 23&#45;43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763678&pid=S1405-0218200600020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1985) "El principio de igualdad : Introducci&oacute;n a su an&aacute;lisis", <i>Sistema</i> 67, Madrid, pp. 3&#45;31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763680&pid=S1405-0218200600020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MacCormik, Neil, (1977) "Rights in Legislation", en Hacker, P.M.S. y Raz, J. (eds.) <i>Law, Morality and Society, Essays in Honour of H.L.A.</i>, Clarendon Press, Oxford, pp. 189&#45;209.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763682&pid=S1405-0218200600020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1990) "Los derechos de los ni&ntilde;os: una prueba para las teor&iacute;as del derecho", en <i>Derecho legal y socialdemocracia,</i> Tecnos, Madrid, (Orig: "Children's Rights: a Test&#45;Case for Theories of Right" en <i>Legal Right and Social Democracy,</i> oxford University Press, Oxford).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763684&pid=S1405-0218200600020000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mill, Stuart, &#91;1859&#93; (1991) <i>Sobre la libertad,</i> Austral Universal, Espasa Calpe, Madrid (Orig: <i>On liberty).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763686&pid=S1405-0218200600020000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nino, Carlos Santiago, (1989) <i>&Eacute;tica y Derechos Humanos: Un ensayo de fundamentaci&oacute;n,</i> Ariel, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763688&pid=S1405-0218200600020000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1990) "Autonom&iacute;a y necesidades b&aacute;sicas", en <i>Doxa</i> 7, Universidad de Alicante, pp. 21&#45;34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763690&pid=S1405-0218200600020000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ocha&iacute;ta, Esperanza y Espinosa, Ma. Angeles, (2004) <i>Hacia una teor&iacute;a de las necesidades infantiles y adolescentes: Necesidades y derechos en el marco de la Convenci&oacute;n de las Naciones Unidas sobre derechos del ni&ntilde;o,</i> Mc Graw&#45;Hill&#45;UNICEF, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763692&pid=S1405-0218200600020000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Neill, John, (1994) <i>The Missing Child in Liberal Theory. Towards a Covenant Theory of Family, Community, Welfare and the Civic State,</i> Toronto, University of Toronto Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763694&pid=S1405-0218200600020000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Neill, Onora, (1995) "Children's Rights and Children's Lives" en Alston, Philip, Parker, Stephen y Seymour, John (eds.) <i>Children, Rights and the Law,</i> Clarendon Press, Oxford, pp. 24&#45;42</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763696&pid=S1405-0218200600020000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Peces Barba, Gregorio, (1995) <i>Curso de derechos fundamentales. Teor&iacute;a General,</i> Universidad Carlos III de Madrid. Bolet&iacute;n Oficial del Estado, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763697&pid=S1405-0218200600020000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rawls, John, (1986) "Unidad social y bienes primarios" en <i>Justicia como equidad: Materiales para una teor&iacute;a de la justicia,</i> Tecnos, Madrid (Orig: "Social Unity and Primary Goods" en A. Sen y B. Williams (eds.) <i>Utilitarianism and Beyond,</i> cambridge University Press, Cambridge, 1982).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763699&pid=S1405-0218200600020000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2002) <i>La justicia como equidad: una reformulaci&oacute;n</i>, Paid&oacute;s, Barcelona (orig: <i>Justice as Fairness,</i> Harvard University Press, Massachusetts, 2001).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763701&pid=S1405-0218200600020000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruiz Miguel, Alfonso, (1990) "Los derechos humanos como derechos morales", <i>Anuario de Derechos Humanos,</i> n&uacute;mero 6, pp. 149&#45;160.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763703&pid=S1405-0218200600020000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">V&aacute;zquez, Rodolfo, (1999) <i>Educaci&oacute;n Liberal: Un Enfoque Igualitario y Democr&aacute;tico,</i> Biblioteca de &Eacute;tica, Filosof&iacute;a del Derecho y Pol&iacute;tica, n&deg; 56, Distribuciones Fontamara, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763705&pid=S1405-0218200600020000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zimmerling, Ruth, (1990) "Necesidades b&aacute;sicas y relativismo moral", en <i>Doxa</i> 7, Universidad de Alicante, pp. 35&#45;54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763707&pid=S1405-0218200600020000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas" id="notas"></a><b>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Este texto fue presentado en la Universidad de Alicante, Espa&ntilde;a. Agradezco las observaciones de Macario Alemany que me permitieron hacer algunas correcciones al texto original. </font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La tesis liberacionista de los derechos se entiende generalmente como la postura que sostiene que los ni&ntilde;os deben ser titulares de derechos para ser "liberados" de los condicionamientos y la opresi&oacute;n adulta. La idea b&aacute;sica general de este tipo de pensamiento es que la infancia es una construcci&oacute;n social, es decir, que las caracter&iacute;sticas que se atribuyen a los ni&ntilde;os no parten de hechos reales y objetivos, sino que, al igual que sucede con otros grupos oprimidos, la visi&oacute;n de que no tienen capacidad para ejercitar sus derechos y la carencia de autonom&iacute;a son productos fabricados artificialmente. De la misma manera que durante siglos se crey&oacute; firmemente que ciertas clases de personas como los negros o las mujeres eran naturalmente inferiores y por tanto incapaces de compartir la titularidad de derechos con los varones blancos, los te&oacute;ricos liberacionistas argumentan que la supuesta inferioridad de la infancia tiene origen en los prejuicios de los grupos dominantes. Es necesario entonces liberar a los ni&ntilde;os al igual que se ha hecho con otros colectivos, y esta emancipaci&oacute;n s&oacute;lo podr&aacute; realizarse a trav&eacute;s de permitirles la toma de decisiones aut&oacute;nomas, de dejarles elegir libremente sus proyectos personales. De esta manera, muchos autores creen que la ni&ntilde;ez es un fen&oacute;meno que tiende a desaparecer en la medida en que se van eliminando las estructuras que lo sostienen y que impiden el ejercicio completo de la autonom&iacute;a, de modo que la historia de la infancia tendr&aacute; como culminaci&oacute;n la desaparici&oacute;n del ni&ntilde;o como categor&iacute;a social. Estas ideas encuentran sobre todo su expresi&oacute;n pr&aacute;ctica en la filosof&iacute;a de la educaci&oacute;n y su concreci&oacute;n en diversos experimentos educativos que conceb&iacute;an como uno de los pilares b&aacute;sicos la libertad del alumno.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> En t&eacute;rminos muy generales puede decirse que, mientras los liberacionistas propugnan por la no intervenci&oacute;n del Estado en las decisiones de los individuos, los perfeccionistas justifican la conducci&oacute;n del Estado hacia ideales morales. El perfeccionismo parte de la base no s&oacute;lo de que existen planes de vida objetivamente mejores, sino que <i>"sostiene que lo que es bueno para un individuo o lo que satisface sus intereses es independiente de sus propios deseos o de su elecci&oacute;n de forma de vida y que el Estado puede, a trav&eacute;s de distintos medios, dar preferencia a aquellos intereses y planes de vida que son objetivamente mejores"</i> (Nino 1989, p. 205). Esta visi&oacute;n excluye la neutralidad del poder p&uacute;blico frente a las distintas concepciones de lo bueno y asume como una funci&oacute;n leg&iacute;tima la adopci&oacute;n de las medidas necesarias para que los individuos acepten y materialicen los ideales de virtud personal que se consideran verdaderos.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Para una teor&iacute;a sobre las necesidades infantiles y adolescentes ver: Ocha&iacute;ta, Esperanza y Espinosa, Ma. Angeles, Hacia una teor&iacute;a de las necesidades infantiles y adolescentes: Necesidades y derechos en el marco de la convenci&oacute;n de las Naciones Unidas sobre derechos del ni&ntilde;o, Mc Graw&#45;Hill&#45;UNICEF, Madrid, 2004</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Feinberg, por ejemplo, dice que el problema es conciliar nuestra aversi&oacute;n al paternalismo con la necesidad aparente o por le menos razonable de ciertas medidas paternalistas (Feinberg 1993, p. 111). Alemany, a su vez manifiesta que "Desde los tiempos de Filmer hasta nuestros d&iacute;as, la carga emotiva del t&eacute;rmino "paternalismo" ha cambiado de signo, aunque haya mantenido su intensidad. Mientras que Filmer pod&iacute;a confiar en la fuerza del argumento paternalista para fundamentar la monarqu&iacute;a absolutista, hoy en d&iacute;a calificar a una instituci&oacute;n de paternalista es, por el contrario, una persuasiva manera de presentarla como carente de legitimaci&oacute;n" (Alemany 2000, p. 17). En el mismo sentido, Camps afirma "El t&eacute;rmino "paternalismo" es ya peyorativo. Suele referir a un cierto tipo de protecci&oacute;n o ayuda no justificado" (Camps 1988a, p. 105).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Es bien conocida la postura de fuerte oposici&oacute;n al paternalismo de Mill, sin embargo aun este autor defensor radical de la autodeterminaci&oacute;n, considera el per&iacute;odo infantil como una excepci&oacute;n: "Pero ni una sola persona, ni cualquier n&uacute;mero de personas, est&aacute; autorizada a decir a otra criatura humana de edad madura que, por su propio bien, no debe hacer con su vida lo que ella ha elegido hacer" (Mill &#91;1859&#93; 1991, p. 174). Sin embargo, Mill habla tambi&eacute;n de la obligaci&oacute;n moral de los padres hacia los hijos y de que el Estado debe procurar que se cumplan estas obligaciones, especialmente la de educarle a costa del padre.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Es interesante la discusi&oacute;n en relaci&oacute;n con el tipo de medidas que implican las acciones paternalistas. En un principio, Garz&oacute;n sostiene que el paternalismo supone la imposici&oacute;n de una medida coactiva (1987, p. 361), lo que Atienza refuta afirmando que existen casos de paternalismo &#45;jur&iacute;dico y moral&#45; que no implican la intervenci&oacute;n coactiva, por ejemplo, cuando el Estado o el m&eacute;dico omiten informar a los ciudadanos o a los pacientes para evitarles preocupaciones o sufrimientos (Atienza 1988, p. 208). Alemany est&aacute; de acuerdo con la postura de Atienza, sin embargo, distingue entre dos acepciones del t&eacute;rmino coacci&oacute;n: la que se refiere a la propiedad del sistema jur&iacute;dico de que est&aacute; respaldado por la fuerza del Estado, a diferencia de un sentido m&aacute;s restringido que alude a las normas para cuyo incumplimiento existe una sanci&oacute;n. En el primero de los significados, sostener que el paternalismo consiste en interferencias a la libertad es una especie de redundancia, mientras que la utilizaci&oacute;n de la segunda acepci&oacute;n para hablar del paternalismo restringe el concepto porque deja fuera muchas acciones y normas que son paternalistas (Alemany 2000, p. 42&#45;43). Finalmente Garz&oacute;n concede tambi&eacute;n que el concepto de paternalismo queda indebidamente restringido si se limita a prohibiciones y mandatos, aunque a su juicio es intrascendente si se trata de estas posiciones o de permisos, pues lo relevante es "que la medida se imponga en contra de la voluntad del sujeto" (Garz&oacute;n 1988, p. 215).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Feinberg considera que el segundo caso, es decir, la protecci&oacute;n de los intereses de la persona constituye una versi&oacute;n "extrema" del paternalismo: "The principle of legal paternalism justifies state coercion to protect individuals from self&#45;inflicted harm, or in its extreme version, to guide them, whether they like it or not" (Feinberg 1980, p. 110).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> "Una conducta (o una norma) es paternalista si y s&oacute;lo si se realiza (o establece):</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) con el fin de obtener un bien para una persona o grupo de personas y</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) sin contar con la aceptaci&oacute;n de la persona o personas afectadas (es decir, de los presuntos beneficiarios de la realizaci&oacute;n de la conducta o de la aplicaci&oacute;n de la norma)" (Atienza 1988, p. 203).</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Alemany distingue entre estos dos tipos de bienes: "No creo que quepa avanzar m&aacute;s en la distinci&oacute;n entre paternalismo y perfeccionismo sin entrar de lleno a exponer una teor&iacute;a de car&aacute;cter justificatorio. La distinci&oacute;n entre uno y otro requiere, en mi opini&oacute;n, diferenciar entre actos que puedan ser da&ntilde;osos o beneficiosos para la salud f&iacute;sica, ps&iacute;quica o la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de un individuo, y en su calidad de ser meramente morales o inmorales" (Alemany 2000, p. 57). En mi opini&oacute;n los bienes primarios se pueden identificar con los satisfactores de salud f&iacute;sica y autonom&iacute;a propuestos por Doyal y Gough.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Alemany se&ntilde;ala que al definir el paternalismo Atienza no se compromete con la distinci&oacute;n entre <i>"evitar un da&ntilde;o"</i> y <i>"beneficiar":</i> "Esta distinci&oacute;n entre "evitar un da&ntilde;o" y "beneficiar" es relevante en el contexto de justificaci&oacute;n y conviene no introducirla en la definici&oacute;n de paternalismo. La raz&oacute;n fundamental de la relevancia &eacute;tica de esta distinci&oacute;n es que uno de los criterios con mucha frecuencia utilizados para distinguir en un caso si se trata de <i>beneficiar</i> o de <i>evitar da&ntilde;os</i> es el de los derechos y deberes implicados. De esta manera, si introducimos la idea de "evitar un da&ntilde;o" en la definici&oacute;n de paternalismo contribuimos a prejuzgar la cuesti&oacute;n moral por definici&oacute;n, pues para que una acci&oacute;n haya de ser calificada de "evitar un da&ntilde;o", seg&uacute;n una concepci&oacute;n muy extendida, es necesario que se tenga el deber de actuar" (Alemany 2000, p. 85).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Feinberg considera que decir que yo consent&iacute; mis propias acciones es una met&aacute;fora para decir que actu&eacute; voluntariamente (Feinberg 1980, p. 112).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Debo aclarar que aunque los casos son propuestos por Nino, la agrupaci&oacute;n es m&iacute;a, ya que el autor simplemente se limita a se&ntilde;alarlos como casos de paternalismo leg&iacute;timo por compaginar con el principio de autonom&iacute;a.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Cuando se solicita la intervenci&oacute;n de un tercero para impedir una acci&oacute;n en un momento en el que se presume habr&aacute; debilidad de voluntad (como Ulises cuando solicit&oacute; ser atado para no dejarse seducir por el canto de las sirenas).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Archard plantea tambi&eacute;n las dificultades de recurrir al consentimiento hipot&eacute;tico o futuro para justificar el paternalismo en el caso espec&iacute;fico de los ni&ntilde;os: "Many children, on leaving their families, explicitly reject the upbringing they received, but this does not show that the parents acted impermissibly when they raised the child. A child might never grow up, dying before reaching her majority. Yet counterfactual appeals &#151;in this instance, to the consent she <i>would</i> have given&#151; are notoriously difficult to confirm or deny" (Archard 2003, p. 99).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Para clarificar el concepto de competencia b&aacute;sica y relativa Garz&oacute;n ejemplifica: "Podr&iacute;amos decir que, a pesar de que Pedro y juan son igualmente competentes, juan es m&aacute;s competente que Pedro. La aparente contradicci&oacute;n de esta frase indica que aqu&iacute; estamos utilizando dos conceptos de competencia" La primera es la competencia b&aacute;sica y la segunda la competencia relativa (Garz&oacute;n 1993, p. 371).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> La argumentaci&oacute;n de O. O'Neill pretende fundamentar la atenci&oacute;n a las necesidades de los ni&ntilde;os en obligaciones de los adultos.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Entre estos autores se encuentran los comunitaristas que sostienen el derecho de los padres a determinar la educaci&oacute;n de ni&ntilde;o y j&oacute;venes. Por ejemplo john o'Neill considera que la teor&iacute;a liberal ha ignorado a los ni&ntilde;os y destaca la importancia de la familia en la atenci&oacute;n a los menores: "The point of this device is to make it clear that, in the covenant perspective, the subject of politics is only properly conceived when the political subject is recognized as an embodied, gendered family&#45;subject whose reciprocal regard for other citizens is constitutive of one's moral worth and civic agency. Thus, we must treat the child as a political subject. We do so not from a child&#45;rights standpoint, but because the commitment of the children of our own generation, as well as of future generations, to a class contract that is so inimical to their well&#45;being invalidates the moral grounds of market society" (J. O'Neill 1994, pp. 35&#45;36).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Creo que Archard se refiere a las conductas preprogramadas, especialmente las relacionadas con el apego estudiado por Bowlby y que han sido investigadas por los et&oacute;logos, dado que las compartimos con otras especies animales.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Esta segunda condici&oacute;n se entiende mejor utilizando el ejemplo que cita Archard del caso Gillick en el que una madre se inconforma con una circular en la que se autorizaba a los m&eacute;dicos a informar a chicas menores de 16 a&ntilde;os sobre temas sexuales y a proveerles de anticonceptivos sin consentimiento de los padres. La decisi&oacute;n fue que la circular no era ilegal, de modo que los padres deb&iacute;an ceder ante el derecho de la hija a decidir por s&iacute; misma una vez que hubiera alcanzado cierto grado de inteligencia y entendimiento. Por el contrario, cuando el Estado ha asumido un papel de patria potestad su derecho no tiene necesariamente que ceder ante la decisi&oacute;n del ni&ntilde;o (Archard 2003, p. 121). En otras palabras, el Estado puede emitir una decisi&oacute;n vinculatoria sobre ciertos aspectos de la vida del ni&ntilde;o a&uacute;n en contra de su voluntad, como ocurre por ejemplo, cuando ordena una transfusi&oacute;n de sangre a un menor de edad contraviniendo sus creencias religiosas.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Es claro que nos encontramos en el plano hipot&eacute;tico de un escenario ideal, en el que cada uno de los actores puede desempe&ntilde;ar su funci&oacute;n. Es innecesario subrayar el hecho de que en el mundo real la situaci&oacute;n de los ni&ntilde;os rebasa la cantidad de recursos destinados a la satisfacci&oacute;n de sus necesidades, de modo que las medidas que se requieren no se implementan o lo hacen de manera deficiente e insuficiente. Por otra parte la actuaci&oacute;n subsidiaria, comenzando por la supervisi&oacute;n del Estado en caso de incumplimiento de las obligaciones paternas, rebasa tambi&eacute;n la capacidad de los organismos encargados en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses del mundo.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Feinberg dice que muchas de las obligaciones pol&iacute;ticas se conciben como beneficios y se demandan como derechos por quienes no tiene acceso a ellos, tal es el caso de las mujeres y los derechos pol&iacute;ticos. Esto es lo que sucede en una escena de Ana Karenina de Tolstoi en el que un grupo de personas discute acerca de la liberaci&oacute;n y los derechos de la mujer: "But if women as a rare exception, can occupy such positions, it seems to me you are wrong in using the expression 'rights'. It would be more correct to say 'duties'. Every man will agree that in doing the job of a juryman, a witness, a telegraph clerk, we feel we are performing duties. And therefore it would be correct to say that women are seeking duties, and quite legitimately. And one can but sympathize with this desire to assist in the general labor of man" (Feinberg 1980, p. 236). Esto muestra claramente que constituyen acciones importantes para el individuo, pues permiten el acceso a las decisiones p&uacute;blicas; en efecto, este tipo de derechos obligatorios tienen como finalidad lograr mayores cuotas de autonom&iacute;a, pues su negaci&oacute;n en el caso de las mujeres, como refleja el texto de Tolstoi, supone vedar su participaci&oacute;n y minusvalorar su autonom&iacute;a y dignidad. curiosamente el mismo fen&oacute;meno ocurre con el derecho a la educaci&oacute;n en los ni&ntilde;os: para los ni&ntilde;os de pa&iacute;ses del primer mundo la educaci&oacute;n es una obligaci&oacute;n, para los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo es un derecho, mientras que para los ni&ntilde;os de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres es un privilegio.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Las teor&iacute;as voluntaristas sostienen, de manera muy general, que las normas que crean derechos tienen como caracter&iacute;stica com&uacute;n que protegen y respetan la voluntad de las personas por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, en este sentido los derechos son instrumentos para promover la autonom&iacute;a y tienen como funci&oacute;n el crear un per&iacute;metro protector libre de intervenciones ajenas para actuar sobre la obligaci&oacute;n correlativa a su derecho.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> Se puede argumentar que en el caso de incumplimiento de las obligaciones parentales, en muchos ordenamientos jur&iacute;dicos se impone la privaci&oacute;n de la custodia y hasta de la patria potestad como sanci&oacute;n a los progenitores, sin embargo, estas medidas tienen como primordial finalidad el garantizar el cumplimiento de los derechos del ni&ntilde;o, aunque evidentemente pueden significar un castigo para los padres.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Se entiende que los padres act&uacute;an paternalistamente con sus hijos &#45;y est&aacute;n legitimados para ello&#45; en la medida en la que pueden imponer conductas en contra de la voluntad del ni&ntilde;o en el cumplimiento de sus obligaciones parentales. Para Archard el que un padre act&uacute;e paternalistamente supone tomar las decisiones que promuevan los intereses del ni&ntilde;o y que &eacute;ste no sea capaz de realizar, hasta que madure (Archard 2003, p. 97).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Otro de los numerosos ejemplos de la visi&oacute;n que privilegia el papel del ni&ntilde;o como futuro adulto es la de Gutman, quien al examinar el derecho a la educaci&oacute;n en una sociedad liberal dice: "If children have rights in virtue of their basic needs and interests as future adults citizens, one of those rights will be a right to education, or what some theorists have called 'a right to socialization' " (Gutman 1980, p. 349). La opini&oacute;n de la autora se fundamenta en el derecho a la educaci&oacute;n obligatoria es presupuesto para convertirse en un ser humano racional y ciudadano completo de una sociedad democr&aacute;tica liberal, ya que sin educaci&oacute;n formal los ni&ntilde;os ser&iacute;an incapaces de ejercer inteligentemente sus derechos civiles y pol&iacute;ticos.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> La idea de equidad a partir de las necesidades b&aacute;sicas est&aacute; presente tambi&eacute;n en la idea de bienes primarios de Rawls, sin embargo, la aplicaci&oacute;n de esta teor&iacute;a resulta problem&aacute;tica en el caso de los ni&ntilde;os por estar excluidos de la clase de los ciudadanos y por su pertenencia a la familia.</font></p>      ]]></body><back>
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