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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Democracia y Globalizaci&oacute;n II</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>          <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Globalizaci&oacute;n, democracia y mercado laboral</b></font></p>  	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Raimo V&auml;yrynen</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 02/06/2006    <br> Aceptaci&oacute;n: 12/07/2006</font>	</p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1. Globalizaci&oacute;n y democracia</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los debates acerca de la relaci&oacute;n entre globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica y democracia nacional tienen una larga trayectoria. En un extremo del espectro se encuentra la concepci&oacute;n seg&uacute;n la cual la globalizaci&oacute;n, al combinar las operaciones del capital transnacional con el progreso tecnol&oacute;gico, ser&iacute;a un "tsunami" que arrasar&iacute;a con los Estados territoriales y, con ellos, con la democracia nacional. El resultado ser&iacute;a una sociedad fragmentada, gobernada por diferentes grupos de intereses con acceso a recursos globales a trav&eacute;s del comercio y las inversiones internacionales (Horsman &amp; Marshall 1994). Un corolario de esta tesis sostiene que las naciones est&aacute;n crecientemente divididas en segmentos globales y nacionales y que esta escisi&oacute;n se convierte en un principio de organizaci&oacute;n de las sociedades cada vez m&aacute;s importante (Kaldor 1995). Esta misma escisi&oacute;n ha sido tambi&eacute;n interpretada en t&eacute;rminos de los "partidos" de la globalizaci&oacute;n y de la territorialidad, con sus propias variantes ofensivas y defensivas (Habermas 1999, pp. 51&#45;53).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segmentaci&oacute;n transnacional de la econom&iacute;a socava la cohesi&oacute;n de las clases sociales y las contradicciones entre ellas. Con otras palabras, bajo las condiciones de la globalizaci&oacute;n, el capital y el trabajo ya no son bloques monol&iacute;ticos, sino que est&aacute;n divididos por intereses segmentarios. Esto provoca, a su vez, alianzas interclasistas dentro de diferentes industrias y posiblemente en toda la sociedad. En Suecia, por ejemplo, hay indicadores de una emergencia de tales coaliciones interclasistas en los sectores orientados a la exportaci&oacute;n, en parte para contener la militancia pol&iacute;tica de los sindicatos en los sectores "cerrados" de la econom&iacute;a (Pontusson &amp; Swenson 1996). En Finlandia, la situaci&oacute;n en la industria del papel y de la pasta de papel constituye un ejemplo de una alianza interclasista en la cual empleadores y empleados parecen tener casi los mismos intereses. Por otro lado, las diferencias de intereses entre los sectores abiertos y cerrados de la econom&iacute;a tienden a aumentar (V&auml;yrynen 1999, pp. 30, 41&#45;45).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segmentaci&oacute;n de las econom&iacute;as nacionales implica que la productividad y los salarios reales ya no son considerados primariamente en un contexto nacional, sino como parte de un proceso de producci&oacute;n transnacional. La globalizaci&oacute;n tambi&eacute;n contribuye a desvincular la productividad y los salarios reales, y diferencia m&aacute;s fuertemente a los trabajadores sobre la base de sus calificaciones. Esto tiende a erosionar la organizaci&oacute;n clasista de los sistemas de producci&oacute;n nacionales y cerrados (Aglietta 1998, pp. 65&#45;7, 74&#45;5). Con otras palabras, el &eacute;nfasis sectorial del modelo de Ricardo&#45;Viner puede ofrecer, bajo las condiciones de la globalizaci&oacute;n, una mejor explicaci&oacute;n para la formaci&oacute;n de coaliciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas. Por otra parte, el modelo Stolper&#45;Samuel&#45;son, que pone el &eacute;nfasis en las coaliciones de clase, ser&iacute;a m&aacute;s adecuado en los casos de econom&iacute;as nacionales cerradas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta perspectiva subraya la reestructuraci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica que acontece en el sistema abierto. Sus conflictos son menos bipolares pero est&aacute;n caracterizados por divisiones m&uacute;ltiples y superpuestas. Siguiendo la tradici&oacute;n de Lewis Coser y Ralf Dahrendorf, se podr&iacute;a argumentar que una tal sociedad es mucho menos proclive al conflicto que una sociedad clasista. Por otra parte, es pol&iacute;ticamente una sociedad menos din&aacute;mica, una sociedad "corriente", cuyos miembros no est&aacute;n motivados por "grandes ideas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el otro extremo del espectro, los observadores est&aacute;n convencidos de la fortaleza del Estado. Se&ntilde;alan que la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, cuanto m&aacute;s, apenas "mella" el edificio territorial nacional del Estado democr&aacute;tico. La tesis subyacente suele ser que la econom&iacute;a mundial no es a&uacute;n una econom&iacute;a global, sino que m&aacute;s bien est&aacute; caracterizada por la interdependencia entre las unidades nacionales. Por lo tanto, los Estados tendr&aacute;n probablemente que acomodarse a la interdependencia externa adoptando diferentes estrategias; pero ello no requerir&iacute;a una transformaci&oacute;n cualitativa del sistema pol&iacute;tico nacional (Hirst &amp; Thompson 1996; Fligstein 2001, pp. 189&#45;222). Esto se deber&iacute;a al hecho de que los pa&iacute;ses industrializados conservan una cuota importante de su autonom&iacute;a en la elecci&oacute;n de sus instituciones pol&iacute;ticas y dise&ntilde;os de pol&iacute;tica econ&oacute;mica (Garrett 1998; Garrett 2000).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las ventajas de un Estado coherente y aut&oacute;nomo han sido a menudo subrayadas. El ejemplo del Sudeste Asi&aacute;tico, donde el crecimiento econ&oacute;mico se bas&oacute; en el apoyo estatal a la promoci&oacute;n de exportaciones, ha sido utilizado como prueba de las virtudes del "Estado fuerte" (aunque ello produjo tambi&eacute;n una vinculaci&oacute;n demasiado estrecha entre el Estado y los grandes negocios, y ciertamente socav&oacute; el control democr&aacute;tico del desarrollo). Se ha observado que un Estado fuerte no s&oacute;lo es bueno para la sociedad, sino tambi&eacute;n para los actores de la empresa privada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede haber una paradoja en el &eacute;nfasis ideol&oacute;gico con el que se insiste en la desregulaci&oacute;n y en el Estado d&eacute;bil. Seg&uacute;n Peter Evans, la globalizaci&oacute;n ha abierto las puertas a un clima ideol&oacute;gico que "proscribe el uso de la soberan&iacute;a territorial para limitar la discrecionalidad de los actores econ&oacute;micos privados". Sin embargo, dicho clima, puede extenderse demasiado y conducir a consecuencias sub&oacute;ptimas, incluso para los negocios privados. En efecto, los actores de la empresa privada "necesitan Estados competentes y capaces, mucho m&aacute;s de lo que su propia ideolog&iacute;a admite" (Evans 1997). obviamente, aqu&iacute; hay que hacer una distinci&oacute;n entre empresas realmente transnacionales y aquellas grandes corporaciones que toman a un pa&iacute;s como base principal de sus operaciones; las primeros tienen menos necesidad de un Estado que los apoye, en tanto que para las &uacute;ltimas, el apoyo estatal nacional puede seguir siendo importante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, existe el riesgo del exceso opuesto si la idea del Estado fuerte se convierte en ideolog&iacute;a justificatoria. Aun si el razonamiento contin&uacute;a siendo democr&aacute;tico, el argumento seg&uacute;n el cual el poder del Estado deber&iacute;a ser utilizado m&aacute;s eficazmente para promover el desarrollo aut&oacute;nomo y combatir la globalizaci&oacute;n es problem&aacute;tico (Weiss 1998). Si una pol&iacute;tica tal es practicada por una gran potencia, sus consecuencias se vuelven f&aacute;cilmente adversas para otros pa&iacute;ses, dado que se limita su acceso a los mercados y se menoscaba la seguridad. Para los pa&iacute;ses peque&ntilde;os, la opci&oacute;n del modelo estadoc&eacute;ntrico de desarrollo es casi siempre ilusoria debido a las limitaciones existentes, tanto materiales como de recursos humanos. Por lo tanto, un adecuado equilibrio entre el Estado y el mercado ser&iacute;a la estrategia &oacute;ptima para todos los interesados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2. Transiciones hist&oacute;ricas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El debate acerca de la relaci&oacute;n entre globalizaci&oacute;n, Estado y democracia suele ser formulado en t&eacute;rminos de tendencias y transiciones hist&oacute;ricas. La democracia representativa es considerada como el punto culminante en el proyecto del Estado&#45;naci&oacute;n que habr&iacute;a comenzado con la Paz de Westfalia en 1648. A partir de ese momento, se supone que la econom&iacute;a nacional, el Estado y la democracia han tenido una relaci&oacute;n rec&iacute;proca virtuosa (aunque no siempre se pueda dar por supuesto el desarrollo democr&aacute;tico).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el punto de vista hist&oacute;rico, est&aacute; claro que el Estado y el mercado han coexistido; el Estado cre&oacute; el marco jur&iacute;dico y pol&iacute;tico dentro del cual pudo enraizarse la econom&iacute;a de mercado cuya expansi&oacute;n proporcion&oacute; los nuevos recursos requeridos por el Estado para expandirse hacia el sector social. La fortaleza del Estado y la expansi&oacute;n de la econom&iacute;a permitieron una explotaci&oacute;n m&aacute;s efectiva de los recursos, tanto en el interior como en el exterior (Schwartz 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aspecto negativo de este cambio hist&oacute;rico fue que el desarrollo interdependiente del Estado y el mercado incit&oacute; a la competencia territorial y militar, especialmente entre las grandes potencias. Las guerras internacionales fueron, en gran medida, el resultado de esta expansi&oacute;n econ&oacute;mica liderada por el Estado, tanto en el centro como en la periferia del sistema internacional. La concentraci&oacute;n del poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico&#45;militar en las mismas manos dentro del Estado ha sido una de las causas principales de las guerras. Estas &uacute;ltimas resultaron de los enfrentamientos militares entre bloques nacionales de poder (Arrighi 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A menudo se ha sugerido que el ciclo del Estado&#45;naci&oacute;n ha entrado ahora en declive y que el sistema internacional construido sobre &eacute;l se est&aacute; eclipsando. Esto significa que la concepci&oacute;n territorial del Estado como contenedor aut&oacute;nomo de poder estar&iacute;a perdiendo importancia. La idea de un Estado nacional claramente delimitado habr&iacute;a resultado ser transitoria. Especialmente en el mundo desarrollado, los Estados contempor&aacute;neos se han integrado en un sistema pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, y cultural complejo en el cual los aspectos dom&eacute;sticos e internacionales se amalgaman cada vez m&aacute;s (Shaw 2002). La segmentaci&oacute;n de la sociedad y la reestructuraci&oacute;n de las alianzas de clases ser&iacute;a s&oacute;lo un aspecto de la fragmentaci&oacute;n del modelo estadoc&eacute;ntrico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n la opini&oacute;n tradicional, la democracia nacional sent&oacute; ra&iacute;ces en el Estado territorial excluyente y en sus doctrinas pol&iacute;ticas. En la ciencia econ&oacute;mica, la estrategia keynesiana ha sido ampliamente consistente con la confianza pol&iacute;tica en el Estado democr&aacute;tico nacional. La tr&iacute;ada del Estado coherente, la autonom&iacute;a econ&oacute;mica y la democracia s&oacute;lo pudo existir como tal en un sistema internacional en el cual los flujos financieros transfronterizos estaban limitados. Su expansi&oacute;n, incluyendo el surgimiento del sistema del Eurod&oacute;lar en los a&ntilde;os 70, rompi&oacute; el molde nacional y requiri&oacute; ajustes, tanto pol&iacute;ticos como econ&oacute;micos, acordes con las nuevas condiciones internacionales (Schwartz 2000).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. El futuro de la pol&iacute;tica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La globalizaci&oacute;n ha comenzado a erosionar los fundamentos de los Estados&#45; naci&oacute;n y, consecuentemente, las formas espec&iacute;ficas de democracia nacional a las que est&aacute;bamos acostumbrados. La raz&oacute;n principal de este desarrollo ha sido el declive de la capacidad institucional del Estado, que es una condici&oacute;n para su funcionamiento democr&aacute;tico. Esto ha reducido, entre otras cosas, la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos contra la gama cada vez mayor de amenazas externas y de decisiones tomadas por otros. Lo que debilita la legitimidad democr&aacute;tica del Estado por lo que respecta al alcance de su poder es el hecho de que ha dejado de ser coexistente con el del poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico "real".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La declinaci&oacute;n de la capacidad institucional del Estado queda tambi&eacute;n confirmada por sus dificultades para asumir sus tradicionales tareas sociales. Se espera que el gobierno siga asumiendo las transferencias sociales y de otro tipo, necesarias para mantener a la clase media satisfecha y leal al Estado. El surgimiento de alianzas interclasistas ha reestructurado tanto a la clase media como a la obrera, minando la vieja cohesi&oacute;n polarizada de la sociedad de clases. La globalizaci&oacute;n ha provocado "presiones corrosivas" sobre la base tradicional del Estado y de la democracia liberal (Cerny 1999, pp. 7&#45;13; Habermas 1999, pp. 49&#45;50).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las sociedades industriales, la interacci&oacute;n del Estado y el mercado se ha basado en su separaci&oacute;n, especialmente con respecto a los derechos de propiedad. El respeto de la propiedad privada ha sido probablemente la raz&oacute;n principal por la que los capitalistas aceptaron la aparici&oacute;n del Estado de bienestar democr&aacute;tico. Que tal es el caso lo ilustra claramente la cita siguiente: "los derechos de propiedad son necesarios para los mercados porque definen la relaci&oacute;n social entre los propietarios y el resto de la sociedad. Esto estabiliza los mercados, al dejar en claro qui&eacute;n est&aacute; arriesgando qu&eacute; y qui&eacute;n obtiene la recompensa". De esa manera, los derechos de propiedad "definen las relaciones de poder entre los participantes" (Fligstein 2001, pp. 33&#45;34). Adem&aacute;s, las compa&ntilde;&iacute;as se han beneficiado de los servicios del sector p&uacute;blico: la provisi&oacute;n de infraestructura t&eacute;cnica, educaci&oacute;n, estabilidad pol&iacute;tica, legislaci&oacute;n econ&oacute;mica, y una judicatura imparcial. As&iacute;, el Estado ha servido a la empresa privada sin entrometerse en sus intereses centrales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra raz&oacute;n para la permanente aceptaci&oacute;n de la democracia representativa por parte de la empresa privada transnacional ha sido su tendencia a vaciarse gradualmente; ha dejado de ser una amenaza. Siguen existiendo las formas institucionales y los servicios esenciales del Estado democr&aacute;tico, pero la apat&iacute;a pol&iacute;tica se ha extendido entre el electorado. La pasividad pol&iacute;tica es, a su vez, estimulada por la menor capacidad del Estado, habiendo cada vez menos razones materiales para implicarse en su administraci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La decadencia de la movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica facilita a los partidos de gobierno y a los actores econ&oacute;micos la definici&oacute;n de las condiciones de su cooperaci&oacute;n mutua de manera tal que queden excluidas las demandas radicales. La pol&iacute;tica opositora queda reducida a los sectores cerrados de la econom&iacute;a donde los recursos y los factores fijos de producci&oacute;n resultan perjudicados por la globalizaci&oacute;n (V&auml;yrynen 1999). La toma de decisi&oacute;n pol&iacute;tica es definida cada vez m&aacute;s en t&eacute;rminos tecnocr&aacute;ticos y apol&iacute;ticos y dejada en manos de los bur&oacute;cratas. Esto marginaliza todo tipo de radicalismo en la pol&iacute;tica nacional y hace que el Estado democr&aacute;tico sea menos peligroso para la clase propietaria. El resultado es una "democracia sin partidos &#91;...&#93; despolitizada", de la cual la Gran Breta&ntilde;a de Blair es un buen ejemplo (Mair 2000). En la pol&iacute;tica finlandesa se perciben tambi&eacute;n signos parecidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un sentido similar, se puede sugerir que la instituci&oacute;n de la soberan&iacute;a nacional puede coexistir con la econom&iacute;a globalizada sin que ello constituya un desaf&iacute;o para &eacute;sta. Es verdad que el Estado soberano tiene el derecho a dictar, sin interferencia externa, la legislaci&oacute;n nacional para los ciudadanos de su territorio. Sin embargo, los actores de la empresa privada transnacional no tienen mayor inter&eacute;s en la destrucci&oacute;n de las estructuras legales vinculadas con la soberan&iacute;a, a menos que el Estado adopte estrategias ofensivas de nacionalizaci&oacute;n y otras formas de control pol&iacute;tico "indebido". Mientras el gobierno respete los derechos de propiedad y mantenga la econom&iacute;a abierta, la doctrina de la soberan&iacute;a sigue siendo aceptable para las corporaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al recaer el acento nacional en el Estado, el sistema pol&iacute;tico internacional permanece fragmentado en unidades separadas y existen pocas &#45; si es que las hay &#45; instituciones internacionales que intenten controlar el capitalismo transnacional. El resultado es una disyunci&oacute;n entre la escala global de la econom&iacute;a y la escala predominantemente nacional de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. La organizaci&oacute;n de la econom&iacute;a mundial por sectores, atravesando las fronteras nacionales, crea, dentro de las naciones, espacios econ&oacute;micos aut&oacute;nomos. Estos espacios escapan a menudo al control normativo e incluso pr&aacute;ctico de los gobiernos, aun cuando est&eacute;n situados dentro de sus l&iacute;mites jurisdiccionales. De aqu&iacute; se desprende que la globalizaci&oacute;n tiende a erosionar la soberan&iacute;a interior del Estado, mientras que deja en gran parte intacta su soberan&iacute;a exterior (Reinicke 1998, pp. 54&#45;74).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La globalizaci&oacute;n implica la liberalizaci&oacute;n y la desregulaci&oacute;n de la econom&iacute;a; consecuentemente, reduce la amplitud y la eficacia de los instrumentos de la pol&iacute;tica. como resultado, la globalizaci&oacute;n, dentro de las sociedades, va asociada con la expansi&oacute;n de la esfera econ&oacute;mica privada en la cual el control de las corporaciones y los derechos de propiedad son elementos clave. Esta "privatizaci&oacute;n" del derecho y la econom&iacute;a contribuye a las versiones individualistas de la democracia a expensas de sus elementos colectivos y comunitarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos generales, estas transformaciones indican una transici&oacute;n desde un Estado protector y regulador a un Estado competitivo. Para tal Estado, su &eacute;xito como pa&iacute;s anfitri&oacute;n de la empresa privada transnacional se convierte en un criterio clave de funcionamiento (Opello y Rosow 1999). El Estado competitivo debe concentrarse en la provisi&oacute;n de insumos p&uacute;blicos, incluyendo el tratamiento fiscal, para las corporaciones a fin de asegurar la rentabilidad de sus operaciones. Su objetivo es maximizar la afluencia de inversiones y de rentas derivadas de ganancias corporativas en la econom&iacute;a nacional. Se preocupa menos por la distribuci&oacute;n de la renta entre diversas regiones y grupos sociales. En efecto, debido a su &eacute;nfasis en la competencia en el mercado, la globalizaci&oacute;n y la desregulaci&oacute;n de la econom&iacute;a provocan el aumento de la desigualdad en los ingresos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras que los argumentos sobre la declinaci&oacute;n del Estado y del impacto social maligno de la globalizaci&oacute;n tienen un n&uacute;cleo de verdad, su generalizaci&oacute;n no debe ser llevada demasiado lejos. Los problemas de la desigualdad y exclusi&oacute;n social pueden ser imputados s&oacute;lo en una medida limitada al comercio y a las inversiones internacionales (aunque la mano de obra no calificada se encuentra muy expuesta a estas fuerzas y puede ser afectada por ellas).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen muchos datos emp&iacute;ricos que disipan los temores m&aacute;s estrafalarios sobre los problemas creados por la globalizaci&oacute;n. Por ejemplo, el requisito de la estabilidad fiscal ha hecho necesarias ciertas concesiones por parte del Estado de bienestar, pero su fin no est&aacute; pr&oacute;ximo. Asimismo, se observa una cierta armonizaci&oacute;n y convergencia impositiva, pero no vemos indicadores en el sentido de las versiones extremas de una ,,lucha competitiva por la desregulaci&oacute;n" <i>(race to the bottom).</i> Sin embargo, en general, la movilidad internacional de capitales est&aacute; correlacionada con el esfuerzo de ampliar la base impositiva y reducir su progresividad (Swank 2002). De hecho, los efectos negativos en el empleo y en otros aspectos sociales se deben tanto al desarrollo de la tecnolog&iacute;a y a la desindustrializaci&oacute;n como a la globalizaci&oacute;n. Los efectos sociales de la globalizaci&oacute;n tambi&eacute;n est&aacute;n mediatizados por las instituciones pol&iacute;ticas nacionales. Por ejemplo, la negociaci&oacute;n colectiva efectiva y las pol&iacute;ticas coordinadas para crear ingreso pueden contribuir a frenar el impulso hacia una mayor desigualdad (Goldthorpe 2002).</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. Mercado de trabajo y sociedad</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se considera el poder y el impacto de las instituciones del mercado de trabajo, parece estar justificado contrastar (a) sistemas centralizados con sindicatos fuertes, (b) sistemas descentralizados pero con una fuerte base sindical, y (c) sistemas descentralizados de mercado con sindicatos d&eacute;biles. La investigaci&oacute;n emp&iacute;rica indica que el mejor rendimiento econ&oacute;mico, medido seg&uacute;n el empleo y el crecimiento, es producido por los sistemas centralizados y los sistemas basados en el mercado, mientras que en los sistemas descentralizados basados en sindicatos los resultados son inferiores si se los mide con los criterios indicados. Tal es especialmente el caso si todos los actores clave &#151;es decir, el gobierno, los empleados y las organizaciones patronales&#151; persiguen pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas acomodaticias, en los sistemas centralizados, y no acomodaticias, en los sistemas de mercado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, las consecuencias distributivas y pol&iacute;ticas de los dos sistemas de negociaci&oacute;n son diferentes; los sistemas centralizados son mejores para asegurar la igualdad salarial que los sistemas de mercado, en los cuales se producen resultados m&aacute;s desiguales. Los sistemas descentralizados basados en los sindicatos tienden tambi&eacute;n a tener como resultado grados m&aacute;s altos de desigualdad salarial que los sistemas centralizados (Pohjola 1992, pp. 34&#45;5, 50&#45;4; World Economic Outlook 1999, pp. 95&#45;9). Por otra parte, Esping&#45;Andersen no percibe ninguna relaci&oacute;n entre las estructuras de negociaci&oacute;n y los resultados en el mercado de trabajo. S&iacute; observa, sin embargo, una relaci&oacute;n entre las rigideces y los resultados; los sistemas r&iacute;gidos favorecen el mantenimiento de los privilegios de quienes est&aacute;n dentro del mercado laboral y discriminan a los excluidos, en particular a las mujeres y a los j&oacute;venes (Esping&#45;Andersen 1999, pp. 135&#45;37). Si consideramos la inclusi&oacute;n social como un aspecto del desarrollo democr&aacute;tico, entonces, los mercados de trabajo centralizados pero flexibles constituyen la mejor opci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuesti&oacute;n puede tambi&eacute;n ser expresada diciendo que respecto a las estructuras del mercado de trabajo existen dos tipos de equilibrios macro&#45;institucionales, "la descentralizaci&oacute;n monetarista" y la "centralizaci&oacute;n keynesiana" (Iversen 1999, pp. 94&#45;103). Ambos satisfacen los criterios de rendimiento econ&oacute;mico &#151;es decir, crecimiento y empleo&#151;pero, la igualdad distributiva parece hablar en favor de una pol&iacute;tica de ingresos centralizada. Una importante ventaja de la centralizaci&oacute;n es su capacidad para "internalizar las externalidades de la presi&oacute;n salarial por parte de grupos peque&ntilde;os de trabajadores organizados" y, de esa manera, contribuir a la estabilidad de los precios. Sobre esa base, se ha argumentado que sindicatos fuertes y centralizados, conjuntamente con instituciones monetarias independientes, ofrecen la mejor soluci&oacute;n a los problemas de acci&oacute;n colectiva en el mercado de trabajo. Esto asegura, a su vez, que se produzcan resultados macroecon&oacute;micos superiores (Garrett 1999, pp. 31&#45;8; Garrett 1998, pp. 33&#45;50).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cuesti&oacute;n vital es la de saber qu&eacute; intereses beneficia finalmente la fijaci&oacute;n centralizada de los salarios. En la literatura sobre el corporativismo, suele suponerse que los sindicatos fuertes aceptan aumentos salariales moderados a cambio del compromiso del gobierno, especialmente si es socialdem&oacute;crata, de asegurar incentivos fiscales como as&iacute; tambi&eacute;n una baja inflaci&oacute;n y bajos tipos de inter&eacute;s. Tales pol&iacute;ticas estimulan la actividad econ&oacute;mica y conducen as&iacute; a un aumento de los ingresos reales. El precio de este ciclo virtuoso puede ser, sin embargo, la exclusi&oacute;n de aquellos trabajadores que no est&aacute;n protegidos por los sindicatos y el sistema de negociaci&oacute;n. La aparici&oacute;n de una tal clase inferior, desorganizada y a menudo en paro, obviamente, perjudica la democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En a&ntilde;os recientes, el aumento de la productividad en Finlandia y Suecia ha sido excepcionalmente fuerte, en gran parte debido a la racionalizaci&oacute;n de la industria durante la crisis econ&oacute;mica a principios de los 90. La desventaja de este desarrollo positivo ha sido un alto desempleo en el sector industrial, que ha reducido el n&uacute;mero de puestos de trabajo en la mayor&iacute;a de los sectores. En general, se ha sugerido que el <i>trade off</i> entre el crecimiento de la productividad y el empleo es m&aacute;s fuerte en los sistemas de negociaci&oacute;n por empresa que en mercados de trabajo centralizados (Moene y Wallerstein 1999, pp. 243&#45;4). Este <i>trade off</i> se puede atenuar, sin embargo, optando por una pol&iacute;tica monetaria no acomodaticia que modere las reivindicaciones salariales de los sindicatos en su esfuerzo por salvar empleos. Por otra parte, la autoridad monetaria deber&iacute;a tener cierta flexibilidad para facilitar compromisos distributivos entre los sindicatos (Iversen 1999, pp. 26&#45;8, 61&#45;2).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mercados de trabajo centralizados favorecen pol&iacute;ticas de salario solidarias y, as&iacute;, una reducida dispersi&oacute;n de los salarios. Sin embargo, como se espera que tales mercados conduzcan a peque&ntilde;os aumentos de los salarios nominales, existe poco espacio para la distribuci&oacute;n salarial entre diversos sectores (iversen 1999, pp. 30, 62). Esto anima a los sectores m&aacute;s productivos a pujar por una mayor diferenciaci&oacute;n de los salarios y amenaza as&iacute; el sistema de negociaci&oacute;n centralizada. como las industrias altamente productivas no siempre generan nuevos empleos, la presi&oacute;n para crearlos se da en los sectores de servicio con salarios bajos. En general, esto puede suceder solamente si los aumentos salariales son all&iacute; m&iacute;nimos o hasta se reducen los salarios. Esto crea, especialmente para los gobiernos socialdem&oacute;cratas, un dilema pol&iacute;tico debido al <i>trade off</i> entre el crecimiento del empleo y la igualdad de ingresos (Iversen y Wren 1998, pp. 514&#45;5, 532&#45;4).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, se ha sugerido que la negociaci&oacute;n colectiva centralizada y vinculante puede ser a&uacute;n m&aacute;s beneficiosa para los empleadores, que pueden de esta manera, evitando el problema de la acci&oacute;n colectiva, mantener unidas sus propias filas, prevenir una puja salarial no coordinada y, as&iacute;, obtener un plus de ganancias al que contribuyen los aumentos salariales moderados (Wallerstein 1999, pp. 194&#45;9). Esta conclusi&oacute;n es apoyada por el caso alem&aacute;n, en el cual las asociaciones patronales se han vuelto cada vez m&aacute;s desorganizadas, aumentando as&iacute; el poder de los sindicatos en la negociaci&oacute;n centralizada. Sin embargo, los empleadores alemanes tienen poco incentivo para rechazar el sistema centralizado, ya que el dualismo existente desplazar&iacute;a el acento al nivel de la empresa, donde los empleados podr&iacute;an ejercer influencia a trav&eacute;s de los consejos salariales. Por lo tanto, "la negociaci&oacute;n centralizada garantiza un nivel de previsibilidad, concentrando el conflicto industrial y proporcionando un cronograma uniforme para las negociaciones que protegen las compa&ntilde;&iacute;as individuales frente a los conflictos salariales aislados y desorganizados" (Thelen y Kume 1999, pp. 487&#45;91).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un argumento paralelo sostiene que la moderaci&oacute;n salarial asociada a la negociaci&oacute;n centralizada ayuda al sector exportador a conservar su competitividad internacional (que tambi&eacute;n interesa a los sindicatos), y as&iacute; a mantener abierta la econom&iacute;a. Esto beneficia especialmente a las industrias m&aacute;s productivas y eficientes, que entonces no necesitan pagar un premio salarial, y perjudica a las menos productivas al no poder bajar los salarios. En este sentido, "la eliminaci&oacute;n de diferencias salariales entre las industrias puede ser entendida como un subsidio a las nuevas industrias y un impuesto a las antiguas" (Moene y Wallerstein 1999, pp. 246&#45;7).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las virtudes del corporativismo pueden ser explicadas en t&eacute;rminos de la teor&iacute;a de los juegos tambi&eacute;n en el nivel sistem&aacute;tico. El mercado de trabajo est&aacute; caracterizado por la informaci&oacute;n asim&eacute;trica y, por consiguiente, ni los patrones ni los empleados est&aacute;n necesariamente enterados de las intenciones y de los intereses verdaderos de la otra parte. Las negociaciones centralizadas revelan y crean informaci&oacute;n, lo que ayuda a ambas partes a celebrar compromisos sin necesidad de ser excesivamente temerosas del abandono de la cooperaci&oacute;n por la otra parte. La centralizaci&oacute;n tambi&eacute;n ayuda a responder colectivamente a los <i>shocks</i> externos, por ejemplo, en la demanda de la exportaci&oacute;n y los t&eacute;rminos del intercambio, ya que reduce la necesidad de llevar a cabo negociaciones separadas con cada corporaci&oacute;n para los ajustes necesarios en los salarios y otras condiciones de trabajo (esta idea es desarrollada m&aacute;s ampliamente por Teulings y Hartog 1998, pp. 4&#45;5, 85&#45;9, 301&#45;4).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo las condiciones de la globalizaci&oacute;n, existen presiones ex&oacute;genas para descentralizar las instituciones del mercado de trabajo y las negociaciones en este &aacute;mbito, desde el nivel burocr&aacute;tico central hasta los niveles inferiores de industrias y empresas. En algunos respectos, este desplazamiento puede ser considerado como un fen&oacute;meno democr&aacute;tico. En los sectores abiertos, la tendencia ha ido acompa&ntilde;ada por una nueva y m&aacute;s cooperativa relaci&oacute;n empleador&#45;empleado en el nivel de la empresa. Las presiones de la competencia en el mercado y la concentraci&oacute;n en la cooperaci&oacute;n en el nivel empresarial parecen tambi&eacute;n haber cambiado la agenda de la negociaci&oacute;n, de los reclamos laborales cuantitativos a los cualitativos, del aumento salarial a la seguridad en el empleo, la extensi&oacute;n de la semana del trabajo, la organizaci&oacute;n flexible del trabajo y la participaci&oacute;n en la conducci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a (Rigby y Smith 1999, pp. 5&#45;9). Esta tendencia pudo observarse en la &uacute;ltima ronda de negociaciones de la pol&iacute;tica de ingresos en Finlandia durante el oto&ntilde;o de 2002.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5. El euro y otras presiones externas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La globalizaci&oacute;n crea presiones para conducir pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas nacionales estables y disciplinadas. En la Uni&oacute;n Europea, la fuente m&aacute;s importante de tales presiones se remonta al establecimiento de la Uni&oacute;n Econ&oacute;mica y Monetaria (UEM) y su moneda com&uacute;n, el euro. El establecimiento de la UEM era en s&iacute; un resultado del incremento constante de la movilidad internacional de capitales. Los bancos centrales nacionales demostraron tener recursos inadecuados para hacer frente a los flujos financieros especulativos que acompa&ntilde;aban los tipos de cambio flotantes. Despu&eacute;s de la crisis del ERM <i>(Enterprise Risk Management:</i> Administraci&oacute;n Integral de Riesgos de Negocios) en 199293, los Estados miembros de la UE decidieron establecer un mayor grado de control pol&iacute;tico sobre los mercados financieros vol&aacute;tiles. Este objetivo s&oacute;lo podr&iacute;a lograrse reuniendo y compartiendo la soberan&iacute;a monetaria a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de la eurozona (Baines 2002).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El euro habr&aacute; de convertirse en un medio de intercambio viable si los doce Estados miembros del Banco central Europeo (BCE) son capaces de pracicar pol&iacute;ticas econ&oacute;micas razonablemente similares y coordinadas (lejos de cualquier tipo de federalismo fiscal, que parece improbable). Sin embargo, el propio BcE ha advertido que todo esfuerzo por parte de los gobiernos miembros en la coordinaci&oacute;n a priori de las pol&iacute;ticas fiscales y salariales nacionales ser&iacute;a indeseable e incluso arriesgado (Issing 2002; Korkman 2001). Para asegurar la coordinaci&oacute;n macroecon&oacute;mica en un nivel m&aacute;s modesto, los Estados miembros deben satisfacer varios criterios de convergencia referentes a los tipos de inflaci&oacute;n e inter&eacute;s, el balance presupuestario, y los niveles de la deuda. Para asegurar el cumplimiento nacional de estos criterios, el Pacto de Estabilidad y crecimiento (PEC) concluido en 1998 contiene incluso un mecanismo de sanci&oacute;n, con la posibilidad de imponer multas a los gobiernos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo antiinflacionario, definido en t&eacute;rminos de una inflaci&oacute;n menor al dos por ciento anual, ha sido el objetivo central del BcE. Esta meta puede lograrse s&oacute;lo si los aumentos salariales en la eurozona no exceden el crecimiento de la productividad. Las altas tasas de inflaci&oacute;n en los a&ntilde;os 70 condujeron a poner el acento en la primac&iacute;a de la estabilidad de precios y, as&iacute;, en la independencia de los bancos centrales nacionales para luchar contra la inflaci&oacute;n. Se supuso que su autonom&iacute;a burocr&aacute;tico&#45;monetaria solucionar&iacute;a el problema de las reivindicaciones salariales exageradas porque los sindicatos sab&iacute;an que el banco central aumentar&iacute;a los tipos de inter&eacute;s. Esto, a su vez, retrasar&iacute;a el desarrollo econ&oacute;mico, reducir&iacute;a los ingresos reales y aumentar&iacute;a el desempleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, esta l&oacute;gica es m&aacute;s efectiva en los sectores abiertos de la econom&iacute;a y no reduce necesariamente las demandas salariales de los sectores cerrados (aunque es improbable que en econom&iacute;as peque&ntilde;as los sectores no exportadores puedan liderar los &iacute;ndices salariales). Si el banco central es independiente, la adopci&oacute;n de pol&iacute;ticas fiscales laxas por parte del gobierno beneficiar&iacute;a al sector cerrado a expensas del sector abierto (Garrett y Lange 1996, pp. 66&#45;68). Con la UME, el banco central independiente ha sido trasladado de las capitales nacionales a Francfort, pero, por lo dem&aacute;s, el razonamiento sigue siendo, <i>mutatis mutandis,</i> v&aacute;lido. Es decir, se supone que el BCE ser&aacute; un instrumento para mejorar la capacidad competitiva de la UE, favoreciendo a los sectores abiertos de la econom&iacute;a y reduciendo los costes de transacci&oacute;n de la integraci&oacute;n financiera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La alternativa ser&iacute;a que los sindicatos poderosos extrajesen de los empresarios los m&aacute;ximos aumentos salariales disponibles, lo que comprometer&iacute;a la meta del banco central de una baja inflaci&oacute;n, incit&aacute;ndolo a subir los tipos de inter&eacute;s. Desde el punto de vista del sindicato individual, los efectos de esta medida son limitados porque los costes se distribuyen a trav&eacute;s de la econom&iacute;a. Sin embargo, aun sin lograr un aumento salarial nominal para sus miembros, los otros sindicatos tienen que cargar con estos costes. Por lo tanto, es racional para ellos exigir, por lo menos, aumentos similares, lo que refuerza nuevamente la presi&oacute;n para que el banco central aumente los tipos de inter&eacute;s (Garrett 1999, p. 32). Debido a las diferencias en incentivos, se supone que el corporativismo social ofrece al menos una soluci&oacute;n parcial a este problema, a causa de su tendencia hacia la ,,maximizaci&oacute;n de la ganancia conjunta", en vez de la maximizaci&oacute;n de los beneficios de los miembros de cada sindicato individual en el sistema de negociaci&oacute;n descentralizado (Teulings y Hartog 1998, pp. 20&#45;23). Sin embargo, esta misma caracter&iacute;stica del sistema de negociaci&oacute;n centralizado crea tensiones dentro de la confederaci&oacute;n de sindicatos con respecto a los criterios seg&uacute;n los cuales se distribuyen entre los sindicatos los aumentos salariales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las demandas salariales ambiciosas podr&iacute;an crear f&aacute;cilmente una situaci&oacute;n insostenible, especialmente en econom&iacute;as abiertas peque&ntilde;as, e incitar&iacute;an al gobierno a retornar a las pol&iacute;ticas fiscales estrictas. En cualquier caso, la UME y las expectativas de disciplina fiscal por parte de la empresa privada transnacional prohiben un d&eacute;ficit creado por gastos excesivos. Adem&aacute;s, la reducida y cambiante base impositiva, debido a la globalizaci&oacute;n, no permite la expansi&oacute;n del gasto p&uacute;blico, cuyas consecuencias &uacute;ltimas sobre el nivel de impuestos afectar&iacute;a tambi&eacute;n a los votantes. As&iacute;, la disciplina financiera y fiscal impuesta desde el exterior deja pocas alternativas pol&iacute;ticas a los Estados abiertos y dependientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para solucionar el consiguiente dilema, particularmente los gobiernos socialdem&oacute;cratas han elegido invertir en la generaci&oacute;n de los factores por el lado de la oferta que promueven la competitividad internacional; por ejemplo, en investigaci&oacute;n y desarrollo, capacitaci&oacute;n de la mano de obra e infraestructura econ&oacute;mica. Estas pol&iacute;ticas atraen tambi&eacute;n al capital transnacional m&oacute;vil al pa&iacute;s para producir en un ambiente seguro y eficiente para la inversi&oacute;n. Al incrementar de esta manera la productividad y la renta nacional, los gobiernos socialdem&oacute;cratas pueden continuar realizando reformas sociales marginales o evitar, al menos, el desmantelamiento del Estado de bienestar (Boix 1998, pp. 2832, 38&#45;40).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>6. Conclusi&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, la multiplicaci&oacute;n y diversificaci&oacute;n de los flujos econ&oacute;micos transnacionales ha eliminado o diluido algunos de los instrumentos de la pol&iacute;tica nacional. Por ejemplo, en la Uni&oacute;n Europea el paso a los tipos de cambio fijos (al euro) y el alto nivel de movilidad del capital han vuelto imposibles las pol&iacute;ticas monetarias nacionales aut&oacute;nomas. obviamente, esto ha reducido la calidad de la democracia sustantiva, dado que algunos aspectos y herramientas de la pol&iacute;tica quedan fuera del &aacute;mbito de decisiones de las autoridades nacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consecuentemente, ha surgido un d&eacute;ficit democr&aacute;tico en la toma de decisiones referidas a la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica y su gobernancia. Este d&eacute;ficit aparece en casi todas las instituciones financieras internacionales, desde el FMI hasta, especialmente, el BCE, donde las cuestiones monetarias importantes se deciden al margen de todo control pol&iacute;tico. Por ello, no debe sorprendernos que el BcE haya hecho de la desregulaci&oacute;n y la liberalizaci&oacute;n de los mercados de trabajo y de sus mecanismos de negociaci&oacute;n uno de sus objetivos pol&iacute;ticos (issing 2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La globalizaci&oacute;n tiende a empujar a las econom&iacute;as nacionales y los mercados de trabajo hacia el modelo segmentado de organizaci&oacute;n, en el cual cada sector tiene sus propias vinculaciones transnacionales. Esta tendencia tiene consecuencias importantes, pues implica fragmentar los mercados laborales y devolver el poder desde la cooperaci&oacute;n tripartita entre el Estado, los patrones, y los empleados al nivel de las industrias y de las empresas. Tal flexibilidad en las relaciones de trabajo tiene caracter&iacute;sticas deseables, pero puede tambi&eacute;n conducir f&aacute;cilmente a una situaci&oacute;n en la cual el poder cada vez mayor de las corporaciones y la influencia cada vez menor de los sindicatos aumenten las disparidades salariales y la exclusi&oacute;n hasta un grado indeseable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los efectos sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos de la globalizaci&oacute;n, a menudo han sido exagerados; solamente una parte de la econom&iacute;a mundial est&aacute; globalizada, y sus efectos son, por lo general, retrasados y mediados por las instituciones dom&eacute;sticas. Sin embargo, lo que est&aacute; claro es que han aumentado las restricciones externas a la democracia nacional. Siguen existiendo las formas institucionales de la democracia, pero su alcance y sustancia se est&aacute;n contrayendo gradualmente. El movimiento anti&#45;globalizaci&oacute;n ha sido una v&iacute;a para exigir que la democracia vuelva al pueblo, pero su base de movilizaci&oacute;n ha sido demasiado selectiva como para permitir que hable en nombre de la totalidad del pueblo.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aglietta, Michel, 1998, "Capitalism at the Turn of the Century, Regulation Theory and the Challenge of Social Change", en <i>New Left Review</i> 232, pp. 41&#45;90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762995&pid=S1405-0218200600020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arrighi, Giovanni, 1994, <i>The Long Twentieth Century. Money, Power, and the Origins of our State,</i> Londres, Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762997&pid=S1405-0218200600020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Baines, Adam, 2002, "Capital Mobility and European Financial and Monetary Integration, A Structural Analysis", en <i>Review of International Studies,</i> vol. 28, num.. 2, pp. 337&#45;57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4762999&pid=S1405-0218200600020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Boix, Charles, 1998, <i>Political Parties, Growth and Equality. Conservative and Social Democratic Economic Strategies in the World Economy,</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763001&pid=S1405-0218200600020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cerny, Philip G., 1999, "Globalisation and the Erosion of Democracy", en <i>European Journal of Political Research,</i> vol. 36, num. 1, pp. 126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763003&pid=S1405-0218200600020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Evans, Peter, 1997, "The Eclipse of the States? Reflections on Stateness in an Era of Globalization", en <i>World Politics,</i> vol. 50, num. 1, pp. 62&#45;87.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763005&pid=S1405-0218200600020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esping&#45;Andersen, Gosta, 1999, <i>Social Foundations of Postindustrial Economies,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763007&pid=S1405-0218200600020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fligstein, Neil, 2001, <i>The Architecture of Markets. An Economic Sociology of Twenty&#45;First Century Capitalist Societies,</i> Princeton, NJ, Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763009&pid=S1405-0218200600020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garrett, Geoffrey y Peter Lange, 1996, "Internationalization, Institutions and Political Change", en Robert O. Keohane y Helen V. Milner (eds.), <i>Internationalization and Domestic Politics,</i> Cambridge, Cambridge University Press, pp. 48&#45;75.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763011&pid=S1405-0218200600020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garrett, Geoffrey, 1998, <i>Partisan Politics in the Global Economy,</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763013&pid=S1405-0218200600020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garrett, Geoffrey, 1999, "The Transition to Economic and Monetary Union", en Barry Eichengreen y Jeffry Frieden (eds.), <i>Forging an Integrated Europe,</i> Ann Arbor, Mi, Michigan University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763015&pid=S1405-0218200600020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garrett, Geoffrey, 2000, "Shrinking States? Globalization and National Autonomy", en Ngaire Woods (ed.), <i>The Political Economy of Globalization,</i> Nueva York, St. Martin's Press, pp. 107&#45;46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763017&pid=S1405-0218200600020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Goldthorpe, John H., 2002, "Globalisation and Social class", en <i>West European Politics,</i> vol. 25, num. 1, pp. 3&#45;29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763019&pid=S1405-0218200600020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J&uuml;rgen, 1999, "The European Nation&#45;State and the Pressures of Globalization", en <i>New Left Review,</i> num. 235, pp. 46&#45;59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763021&pid=S1405-0218200600020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hirst, Paul y Grahame Thompson, 1996, <i>Globalization in Question. The International Economy and the Possibilities of Governance,</i> Londres, Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763023&pid=S1405-0218200600020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Horsman, Matthew y Andrew Marshall, 1994, <i>After the Nation&#45;State. Citizens, Tribalism, and the New World Disorder,</i> Londres, Harpercollins.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763025&pid=S1405-0218200600020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Issing, Otmar, 2002, "On Macroeconomic Policy Coordination in EMU", en <i>Journal of Common Market Studies,</i> vol. 40, num. 2, pp. 345&#45;58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763027&pid=S1405-0218200600020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Iversen, Torben, 1999, <i>Contested Economic Institutions. The Politics of Macroeconomics and Wage Bargaining in Advanced Democracies.</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763029&pid=S1405-0218200600020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Iversen, Torben y Anne Wren, 1998, "Equality, Employment, and Budgetary Restraint. The Trilemma of the Service Economy", en <i>World Politics</i> vol. 50, num. 4, pp. 507&#45;46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763031&pid=S1405-0218200600020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kaldor, Mary, 1995, "Cosmopolitanism versus Nationalism, The New Divide?", en Richard Caplan y John Feffer (eds.), <i>Europe's New Nationalism. States and Minorities in Conflict,</i> Oxford, Oxford University Press, pp. 42&#45;58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763033&pid=S1405-0218200600020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Korkman, Sixten, 2001, "Fiscal Policy Coordination in EMU, Should It Go Beyond the SGP", en Anne Brunila, Marco Buti y Daniele Franco (eds.), <i>The Stability and Growth Pact. The Architecture of Fiscal Policy in EMU,</i> Londres, Palgrave, pp. 287&#45;310.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763035&pid=S1405-0218200600020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mair, Peter, 2000, "Partyless Democracy. Solving the Paradox of New Labour?", en <i>New Left Review,</i> Second series 2, pp. 21&#45;36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763037&pid=S1405-0218200600020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moene, Karl Ove y Michael Wallerstein, 1999, "Social Democratic Labor Market Institutions, A Retrospective Analysis", en Herbert Kitschelt et al. (eds.), <i>Continuity and Change in Contemporary Capitalism,</i> Cambridge, Cambridge University Press, pp. 231&#45;60.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763039&pid=S1405-0218200600020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Opello, Walter C. y Stephen J. Rosow, 1999, <i>The Nation&#45;State and the Global Order. A Historical Introduction to Contemporary Politics,</i> Boulder, CO, Lynne Rienner.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763041&pid=S1405-0218200600020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pohjola, Matti, 1992, "Corporations and Wage Bargaining", en Jukka Pekkarinen, Matti Pohjola y Bob Rowthorn (eds.), <i>Social Corporatism, A Superior Economic System?,</i> Oxford, Clarendon Press, pp. 44&#45;81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763043&pid=S1405-0218200600020000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pontusson, Jonas y Peter Swenson, 1996, "Labor Markets, Production Strategies, and Wage Bargaining institutions", en <i>Comparative Political Studies,</i> vol. 29, num. 2, pp. 223&#45;50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763045&pid=S1405-0218200600020000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reinicke, Wolfgang H., 1998, <i>Global Public Policy. Governing without Government,</i> Washington, D.C., The Brookings Institution Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763047&pid=S1405-0218200600020000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rigby, Mike y Roger Smith, 1999, "Union Response in Electronics, A Globalized Environment", en <i>Industrial Relations Journal,</i> vol. 30, num. 1, pp. 2&#45;15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763049&pid=S1405-0218200600020000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rogowski, Ronald, 1989, <i>Commerce and Coalitions. How Trade Affects Domestic Political Coalitions,</i> Princeton, NJ, Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763051&pid=S1405-0218200600020000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schwartz, Herman M., 2000, <i>States versus Markets. The Emergence of Global Economy,</i> Nueva York, St. Martin's.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763053&pid=S1405-0218200600020000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shaw, Martin, 2002, "Globality and Historical Sociology, State Revolution, and War Revisited", en Stephen Hobden y John M. Hobson (eds.), <i>Historical Sociology of International Relations,</i> Cambridge, Cambridge University Press, pp. 82&#45;98.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763055&pid=S1405-0218200600020000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Swank, Duane, 2002, <i>Global Capital, Political Institutions, and Policy Change in Developed Welfare States,</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763057&pid=S1405-0218200600020000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Teulings, Coen y Joop Hartog, 1998, <i>Corporatism or Competition? Labour Contracts and Wage Structures in International Comparison,</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763059&pid=S1405-0218200600020000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thelen, Kathleen y Ikuo Kume, 1999, "The Effects of Globalization on Labor Revisited, Lessons from Germany and Japan", en <i>Politics and Society,</i> vol. 27, pp. 477&#45;506.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763061&pid=S1405-0218200600020000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">V&auml;yrynen, Raimo, 1999, <i>Globalisaatio ja Suomen poliittinen j&auml;rjestelm&auml;,</i> Helsinki, Taloustieto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763063&pid=S1405-0218200600020000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wallerstein, Michael, 1999, "The Impact of the European Integration on Wage&#45;Setting institutions", en Barry Eichengreen y Jeffry Frieden (eds.), <i>Forging and Integrated Europe,</i> Ann Arbor, MI, Michigan University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763065&pid=S1405-0218200600020000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weiss, Linda, 1998, <i>The Myth of Powerless State,</i> Ithaca, NY, Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4763067&pid=S1405-0218200600020000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[Aglietta]]></surname>
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