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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Laicidad</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Laicidad y democracia constitucional</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pedro Salazar Ugarte*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, UNAM.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 8/11/2005    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Aceptaci&oacute;n: 24/11/2005</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen temas que, adem&aacute;s de ser recurrentes, vienen acompa&ntilde;ados por algunos lugares comunes que debemos recuperar cuando nos proponemos afrontarlos. El tema que ocupa nuestra atenci&oacute;n en este seminario es uno de esos. La relaci&oacute;n entre la laicidad con el mundo del derecho y de la pol&iacute;tica ha sido uno de las cuestiones centrales <i>en y para</i> la construcci&oacute;n de lo que llamamos 'modernidad pol&iacute;tica'. Por ejemplo, es un lugar com&uacute;n, echar mano de las reflexiones de John Locke en sus <i>Ensayo</i> y <i>Carta</i> sobre la tolerancia (1667, 1689 respectivamente) para reconstruir las tesis que fundamentan la vinculaci&oacute;n necesaria que existe entre la laicidad como principio pol&iacute;tico y el liberalismo (que est&aacute; detr&aacute;s del constitucionalismo moderno) como teor&iacute;a y como proyecto. En la misma direcci&oacute;n es ampliamente aceptado el v&iacute;nculo que existe entre la libertad de pensamiento (y de religi&oacute;n) como condici&oacute;n necesaria para desplegar el resto de las libertades fundamentales. Norberto Bobbio no dudaba en afirmar que esa libertad era, te&oacute;rica e hist&oacute;ricamente, el primer eslab&oacute;n de todas las dem&aacute;s libertades, incluidas las libertades pol&iacute;ticas. Y, por esta ruta, nos aproximamos a otro lugar com&uacute;n: la democracia moderna s&oacute;lo es posible si se construye sobre los cimientos de la laicidad estatal. En este sentido son obligadas las tesis de Hans Kelsen en su ensayo sobre "Los fundamentos de la democracia" de 1955 sobre la relaci&oacute;n entre la democracia y la filosof&iacute;a y entre la primera y la religi&oacute;n. En el n&uacute;cleo de la disertaci&oacute;n kelseniana encontramos la vinculaci&oacute;n indisociable que existe entre la democracia como forma de gobierno y el relativismo religioso y, sobre todo, entre este &uacute;ltimo y la tolerancia como valor que permite la convivencia pac&iacute;fica. Este v&iacute;nculo, &iacute;ntimo y fundamental, explicaba Kelsen, se debe a que "el antagonismo entre absolutismo y relativismo filos&oacute;fico (...) es an&aacute;logo al antagonismo entre autocracia y democracia que respectivamente representan el absolutismo y el relativismo pol&iacute;ticos".<sup><a href="#notas">1</a></sup> Cuando se imponen las verdades absolutas, sean &eacute;stas filos&oacute;ficas o espec&iacute;ficamente religiosas, no hay espacio para la pluralidad y, sin &eacute;sta, la democracia es imposible. Por eso la gesta que ha emprendido el papa Ratzinger contra lo que &eacute;l llama la "dictadura del relativismo"<sup><a href="#notas">2</a></sup> es, adem&aacute;s de peligrosa, contradictoria e imprecisa: dictatorial es el absolutismo, no el relativismo. S&oacute;lo las dictaduras abrazan una sola verdad, una sola fe, una sola revelaci&oacute;n. Condenar el relativismo es, en un sentido, condenar a la democracia; es abonar en el terreno de las concepciones dictatoriales.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, conviene aclararlo de inmediato, la hermandad entre el relativismo y la democracia no implica que &eacute;sta sea repelente a los valores. Todo lo contrario: el <i>valor</i> de la democracia reside, precisamente, en que esta forma de gobierno es el recept&aacute;culo en el que caben valores, ideas, creencias y convicciones de signos diversos. Precisamente: en que es un sistema de gobierno fundado en la laicidad. El valor de la democracia es un valor civil, no un valor moral o religioso. De hecho, la edificaci&oacute;n de las instituciones democr&aacute;ticas exige que ciertos principios civiles (como la laicidad y la tolerancia) sean incondicionalmente respetados; pero se trata de los principios que hacen posible la convivencia de valores y objetivos morales y religiosos plurales y, desde este punto de vista, relativos. El relativismo de la democracia es, entonces, el relativismo de las instituciones, del conjunto de reglas para la convivencia civil y no necesariamente es el relativismo de las convicciones individuales. Es m&aacute;s, en una aparente paradoja, el relativismo que ofrecen las instituciones democr&aacute;ticas margina las concepciones totalmente relativistas en el plano individual porque sienta las bases para que los ciudadanos abracen sus convicciones personales libremente. Y, en el plano pol&iacute;tico, una de esas convicciones debe ser que la democracia y sus principios tienen un valor que debe salvaguardarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos lugares comunes, coordenadas conceptuales generales para orientarse en el complejo mapa de las relaciones entre el laicismo y la democracia constitucional, son &uacute;tiles para enfrentar los desaf&iacute;os que amenazan al estado laico en la actualidad, pero no son suficientes. Es cierto que, en el fondo, los problemas que enfrentamos de cara al siglo XXI s&oacute;lo son variaciones de dificultades anteriores y que la "lecci&oacute;n de los cl&aacute;sicos" sigue ofreciendo algunas respuestas fundamentales, pero existe una cuota de originalidad en las exigencias planteadas desde el presente que no debemos perder de vista. Para empezar las fuerzas que aspiran a replegar las conquistas del laicismo liberal y democr&aacute;tico son muchas y muy diversas: no provienen solamente de una iglesia con pretensiones universales que busca invadir la vida p&uacute;blica con sus dogmas y creencias; sino que se expresan tambi&eacute;n a trav&eacute;s de manifestaciones pseudoculturales que defienden una identidad m&aacute;s all&aacute; del plano estrictamente religioso o; de plano, surgen desde la c&uacute;pula del poder estatal como eje de proyectos pol&iacute;ticos inspirados en cruzadas mesi&aacute;nicas. Y me refiero &uacute;nicamente a algunas de las amenazas que asechan al estado laico ah&iacute; en d&oacute;nde existe y dejo de lado los desaf&iacute;os que, con fuerza renovada, embisten desde las tierras en las que la laicidad siempre ha sido un bien escaso. De aqu&iacute; desprendo otro dato original de nuestro tiempo: nunca como ahora la democracia constitucional hab&iacute;a tenido una presencia tan extendida en el mundo y, por lo mismo, nunca los desaf&iacute;os al principio de la laicidad hab&iacute;an tenido lugar (tambi&eacute;n) <i>en</i> la democracia y <i>desde</i> la democracia misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pienso, por ejemplo, en algunas de las embestidas que, con fuerza renovada, emprende la iglesia cat&oacute;lica contra el principio de la laicidad que caracteriza al estado democr&aacute;tico constitucional y que son de variada &iacute;ndole y naturaleza. Non son lo mismo, en los hechos, las batallas emprendidas por la iglesia cat&oacute;lica para impedir la aprobaci&oacute;n de algunas medidas legislativas que afectan sus intereses econ&oacute;micos y estrat&eacute;gicos (por ejemplo, aquellas que suprimen o reducen los multimillonarios subsidios p&uacute;blicos para la educaci&oacute;n privada y religiosa);<sup><a href="#notas">4</a></sup> que aquellas campa&ntilde;as destinadas a obstruir la adopci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de disposiciones que otorgan un reconocimiento jur&iacute;dico a fen&oacute;menos sociales que entran en conflicto con sus postulados dogm&aacute;ticos (por ejemplo, el aborto o, de reciente, el matrimonio entre personas de un mismo sexo). En ambos casos se trata de intromisiones en la esfera del estado democr&aacute;tico pero que responden a l&oacute;gicas distintas y que exigen respuestas diferentes. El primer caso, por un lado, pone sobre la mesa (i)legitimidad del predominio hist&oacute;rico de una iglesia sobre las dem&aacute;s que, injustificadamente, ha sido financiado desde el estado y, por el otro, llama la atenci&oacute;n sobre el delicado tema de la libertad <i>de la</i> escuela y de la libertad <i>en la escuela<sup><a href="#notas">5</a></sup></i> El segundo ejemplo, en cambio, pone en jaque la autonom&iacute;a del estado democr&aacute;tico para aprobar las disposiciones legislativas que responden a las demandas de una sociedad pluralista y moderna. Esta en el aire, para decirlo con Ferrajoli, el principio fundamental de la "laicidad del derecho" que presupone la separaci&oacute;n entre ser y deber ser, entre hechos y valores que est&aacute; a la base del constitucionalismo moderno.<sup><a href="#notas">6</a></sup> El caso de los matrimonios o uniones entre personas de un mismo sexo me parece particularmente interesante porque la amenaza al principio de la laicidad no es tan clara como el tema del aborto. En principio &#151;como me lo han hecho notar Rodolfo V&aacute;zquez y Miguel Carbonell&#151; podr&iacute;a parecer un problema exclusivamente de discriminaci&oacute;n. Sin embargo, si atendemos a las reacciones de la iglesia cat&oacute;lica ante las recientes reformas en Espa&ntilde;a y, en estos d&iacute;as, ante una propuesta legislativa en el mismo sentido en Italia (aunque tambi&eacute;n tenemos el caso de la propuesta legislativa para reconocer las llamadas "uniones de hecho" en el Distrito Federal) tenemos que tambi&eacute;n se trata de un asunto en el que est&aacute; en peligro el principio de la laicidad. En Espa&ntilde;a, por ejemplo, la iglesia no s&oacute;lo organiz&oacute; manifestaciones p&uacute;blicas contra las reformas sino que ha llamado a sus fieles &#151;particularmente a los que ocupan cargos p&uacute;blicos, concretamente a los jueces del registro civil&#151; a desconocer e ignorar el sentido de las nuevas disposiciones.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Para ponderar la dimensi&oacute;n de estas intromisi&oacute;n inaceptable por parte de una iglesia en los asuntos del estado democr&aacute;tico propongo imaginar cu&aacute;l ser&iacute;a la reacci&oacute;n de la jerarqu&iacute;a cat&oacute;lica si, en aras del principio de la no discriminaci&oacute;n por razones de sexo que se encuentra consagrado en todas las constituciones democr&aacute;ticas y en los tratados internacionales sobre derechos humanos, los estados constitucionales exigieran a la iglesia cat&oacute;lica reconocer el pleno derecho de las mujeres a ejercer el sacerdocio.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Lo que est&aacute; en juego, con toda evidencia, es la separaci&oacute;n de las esferas pol&iacute;tica y religiosa que, m&aacute;s all&aacute; de las convicciones de moral individual que puedan tener, en un caso, los religiosos y, en el otro, los promotores del estado constitucional, debe respetarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, como ya adelantaba, tambi&eacute;n existen otros embates contra el laicismo que no provienen necesariamente desde una organizaci&oacute;n religiosa y que, sin embargo, ponen a temblar los pilares del estado laico. Pienso, por ejemplo, en las presiones sociales que, reivindicando una determinada identidad hist&oacute;rica y cultural, se oponen al reconocimiento pleno del derecho que tienen los "otros" de ejercer libremente sus pr&aacute;cticas religiosas fuera de "su casa" o, para mayor precisi&oacute;n, en "nuestra casa". El creciente fen&oacute;meno migratorio que ha llevado a tierras europeas a millones de personas de religi&oacute;n musulmana ha despertado m&uacute;ltiples reacciones en este sentido: es paradigm&aacute;tica, por ejemplo, la pol&eacute;mica que ha suscitado la iniciativa de construir una mezquita en el centro de Roma. Pero tambi&eacute;n podemos encontrar ejemplos de esta defensa "culturalista" de supuestas identidades milenarias en nuestro propio hemisferio: los invito a recuperar las tesis de Samuel Huntington en su pol&eacute;mico ensayo <i>The Hispanic Challenge</i> publicado el a&ntilde;o pasado. Construir la identidad cultural de los estados democr&aacute;ticos a partir de la afirmaci&oacute;n de (&iquest;supuestas?) tradiciones religiosas compartidas o sobre la base del rechazo de las pr&aacute;cticas religiosas ajenas es desnaturalizar a la democracia misma y desfondar sus presupuestos. Por si fuera poco, estos nuevos desaf&iacute;os tienen componentes raciales, ling&uuml;&iacute;sticos y culturales que hasta ahora hab&iacute;an sido menos significativos. Lo que se encuentra en juego es, sobre todo, el principio de la tolerancia civil que est&aacute; a la base del constitucionalismo democr&aacute;tico y que, aunque va m&aacute;s all&aacute; del aspecto religioso, encuentra su fundamento en la tolerancia religiosa.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, existen otras agresiones contra la laicidad estatal que provienen desde el poder pol&iacute;tico mismo: el caso de los Estados Unidos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os es quiz&aacute; el m&aacute;s significativo. La derecha religiosa ha logrado encumbrarse en el poder del pa&iacute;s que encarnaba el modelo protot&iacute;pico de la democracia constitucional y, desde ah&iacute;, empuja con fuerza una agenda de pol&iacute;tica interna e internacional inspirada en dogmas de fe y expresada en tonos prof&eacute;ticos.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Basta con recordar del esp&iacute;ritu m&iacute;stico religioso de la campa&ntilde;a militar contra el terrorismo que incluso en sus inicios fue bautizada como "justicia infinita" y que est&aacute; aderezada por bendiciones y llamados a la oraci&oacute;n de parte de los m&aacute;s altos mandos civiles y militares. Una actitud fan&aacute;tica que se autopropone como un ant&iacute;doto contra el fundamentalismo isl&aacute;mico. Aunque en realidad, como si se tratar&aacute; de Arabia Saud&iacute;, o de Ir&aacute;n, el nacionalismo y la fe religiosa son el carburante de la beligerante pol&iacute;tica internacional de la (auto)denominada democracia m&aacute;s antigua del mundo. Pero eso no es todo: la confusi&oacute;n entre la esfera de los dogmas de fe y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se ha extendido r&aacute;pidamente hacia &aacute;mbitos como la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y, peor a&uacute;n, la educaci&oacute;n p&uacute;blica: actualmente est&aacute; en curso un proceso judicial, <i>Kitzmiller vs Dover,</i> en el que se cuestiona la validez cient&iacute;fica del evolucionismo darwinista y se considera la posibilidad de introducir en los programas escolares una teor&iacute;a creacionista, llamada "dise&ntilde;o inteligente", que es auspiciada, entre otros, por el Presidente Bush.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente es posible que estas amenazas para la laicidad &#151;y otras que podamos imaginar&#151; tiendan a fusionarse y tambi&eacute;n que encuentren resistencias de diferente &iacute;ndole e intensidad pero lo que quiero subrayar es que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, un poco en todas partes, han cobrado fuerza nuevas manifestaciones de un pensamiento anti&#45;laico que amenaza los cimientos de la democracia constitucional. Y que muchas de estas amenazas han surgido en el seno de los propios sistemas democr&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La respuesta del pensamiento laico ante estas amenazas tambi&eacute;n amerita algunos comentarios. Para empezar el propio concepto 'laico' es polisemico y tiene diversas versiones. Dejando de lado la acepci&oacute;n original en la que el t&eacute;rmino 'laico' serv&iacute;a para identificar, por exclusi&oacute;n, a las personas que no pertenecen al clero y la versi&oacute;n ampliamente difundida que confunde el concepto 'laico' con el de 'no creyente' o 'ateo'; tenemos que el laicismo puede ser entendido, al menos, en dos sentidos: a) como un principio de autonom&iacute;a ante los dogmas religiosos que sienta las bases para la convivencia de todas las ideolog&iacute;as posibles y se expresa en la regla 'no pretender que se es poseedor de la verdad m&aacute;s de lo que otro puede pretender que la posee' "<sup><a href="#notas">10</a></sup> o; b) como una "batalla intelectual que se propone la derrota, o al menos la denuncia, del prejuicio y la superstici&oacute;n que son la esencia de las religiones hist&oacute;ricas y de la tradici&oacute;n".<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera concepci&oacute;n corresponde al pensamiento liberal e ilustrado tradicional que va desde Locke hasta Bobbio y que inspir&oacute; la primera parte de este ensayo. Es, con toda evidencia, la concepci&oacute;n del laicismo que ofrece una respuesta m&aacute;s moderada &#151;aunque no por ello menos decidida&#151; ante las intromisiones de las iglesias en las cosas del estado y que promueve la inclusi&oacute;n en, igualdad de circunstancias, de todas las creencias que aceptan desplegarse dentro de los confines del constitucionalismo democr&aacute;tico. El laico, en esta versi&oacute;n, no defiende ninguna verdad que debe prevalecer en lo <i>p&uacute;blico,</i> sino que promueve una esfera p&uacute;blica neutral que permite abrazar una (o ninguna) verdad en lo <i>privado.</i> Ciertamente esto implica la <i>afirmaci&oacute;n</i> de algunos valores que podemos resumir en las libertades fundamentales, pero no la <i>negaci&oacute;n</i> de los credos religiosos. En una idea: la laicidad no se presenta como la cancelaci&oacute;n de la(s) religi&oacute;n(es) sino como su posibilidad. Su signo es la <i>neutralidad</i> en materia de creencias. Lo que propone, para decirlo con Remo Bodei, es dejar p&uacute;blicamente los valores &uacute;ltimos para concentrarse sobre las 'cuestiones pen&uacute;ltimas'. En privado, ser&iacute;a la consigna, "cada qui&eacute;n puede escoger los valores &eacute;ticos, pol&iacute;ticos o religiosos que prefiera o en los que crea firmemente, pero no debe pretender imponerlos a los dem&aacute;s mediante la violencia o con el apoyo o la complicad del estado".<sup><a href="#notas">12</a></sup> Esto es as&iacute; porque, para decirlo ahora con Thomas Jefferson, en un estado democr&aacute;tico, "Los poderes leg&iacute;timos del estado s&oacute;lo se aplican a aquellos actos que ofenden a los dem&aacute;s. Pero no nos causa una ofensa que nuestro vecino sostenga que existen veinte dioses o que no existe ninguno".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda acepci&oacute;n, en cambio, reivindica un laicismo m&aacute;s radical que considera que todos los dogmas en general &#151;pero, sobre todo, los dogmas religiosos&#151; constituyen un obst&aacute;culo para la autonom&iacute;a individual, para la reflexi&oacute;n racional y para el progreso cient&iacute;fico. Se trata del laicismo, me parece, de un liberal como Bertrand Russell que denunciaba que: "La religi&oacute;n se basa, principalmente, (...) en el miedo (...) El miedo es el padre de la crueldad y, por lo tanto, no es de extra&ntilde;ar que la crueldad y la religi&oacute;n vayan de la mano. Se debe a que el miedo es la base de estas dos cosas (...) La ciencia puede ayudarnos a librarnos de ese miedo cobarde con el que la humanidad ha vivido durante tantas generaciones".<sup><a href="#notas">13</a></sup> Y que en otro ensayo advert&iacute;a que "la religi&oacute;n impide que nuestros hijos tengan una educaci&oacute;n racional; la religi&oacute;n impide suprimir las principales causas de la guerra; la religi&oacute;n nos impide ense&ntilde;ar la &eacute;tica de la cooperaci&oacute;n cient&iacute;fica en lugar de las antiguas doctrinas del pecado y el castigo. Posiblemente la humanidad se halla en el umbral de una edad de oro; pero, si es as&iacute;, primero ser&aacute; necesario matar al drag&oacute;n que guarda la puerta, y ese drag&oacute;n es la religi&oacute;n".<sup><a href="#notas">14</a></sup> Tambi&eacute;n es la posici&oacute;n de Ermanno Vitale que, parafraseando a Pascal sostiene que "creer firmemente en lo que menos se conoce es la posici&oacute;n antilaica por excelencia".<sup><a href="#notas">15</a></sup> El rechazo en este caso aplica contra cualquier dogma de fe y vale para las religiones e iglesias de cualquier tradici&oacute;n: cristiana, jud&iacute;a, musulmana, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que una manera elocuente de ilustrar la diferencia entre estas dos concepciones del laicismo es recuper las razones por las que Norberto Bobbio no firm&oacute; en 1998 un significativo <i>Manifesto laico</i> que hab&iacute;a sido promovido por varios de sus colegas y amigos. En el texto del manifiesto pod&iacute;an leerse afirmaciones como las siguientes: "Estamos muy preocupados por las recurrentes y descaradas reivindicaciones clericales, empezando por las ingerencias sobre los poderes p&uacute;blicos pero, sobre todo, por la aceptaci&oacute;n y las se&ntilde;ales de rendici&oacute;n por parte de las fuerzas pol&iacute;ticas y culturales que tienen, o deber&iacute;an tener, valores pluralistas contrapuestos al fundamentalismo de nuestros d&iacute;as (...) Solo concepciones atrapadas en la Edad Media pueden seguir defendiendo la concepci&oacute;n del individuo sometido a autoridades ideol&oacute;gicas externas y al pluralismo como la sumatoria de sistemas cerrados e impuestos". Creo que Russell lo hubiera firmado con gusto, pero Bobbio no quiso hacerlo. En respuesta al reclamo que le hizo Enzo Marzo por la negativa, el propio Bobbio expuso sus razones: "lo que no me gust&oacute; de su manifiesto laico y que me llev&oacute; a no firmarlo fue, te lo digo francamente, el tono beligerante utilizado por los redactores del texto para defender sus tesis: un lenguaje insolente, propio de un viejo anticlericalismo, irrespetuoso, &iquest;puedo decirlo en una palabra?: no laico, emotivo y humoral, que no se expresa mediante argumentos y que parece rechazar cualquier forma de di&aacute;logo".<sup><a href="#notas">16</a></sup> Para Bobbio la laicidad era un m&eacute;todo y no un contenido que, por lo mismo, exclu&iacute;a cualquier forma de anticlericalismo que en el fondo es tan dogm&aacute;tico como las religiones que pretende combatir. En esto su concepci&oacute;n del laicismo y de la democracia tienden a empatarse: para Bobbio, como todos sabemos, tambi&eacute;n la democracia era un m&eacute;todo, una ruta y no un programa pol&iacute;tico con un contenido predeterminado.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IV</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que el laicismo de Bobbio, que corresponde con toda evidencia a la primera concepci&oacute;n de pensamiento laico que he delineado, es el &uacute;nico que ofrece una verdadera respuesta ante los desaf&iacute;os que enfrentan las democracias constitucionales contempor&aacute;neas. Esta afirmaci&oacute;n implica un posicionamiento te&oacute;rico pero tambi&eacute;n tiene un sentido pr&aacute;ctico: &iquest;qui&eacute;n puede negar, sensatamente, la importancia que tienen las creencias religiosas para la mayor&iacute;a de los seres humanos? Declarar una cruzada contra la religi&oacute;n y contra las iglesias, suponiendo que un mundo libre de dogmas y de fe es posible, es errado desde la teor&iacute;a democr&aacute;tica porque supone que creemos poseer la verdad que negamos a los otros y porque cancela las condiciones que hacen posible el di&aacute;logo y la convivencia civilizada. Para decirlo con una idea: nos coloca en la misma posici&oacute;n de quien pretende que su religi&oacute;n se imponga como la &uacute;nica creencia verdadera. Pero la cruzada imaginaria tambi&eacute;n es un error estrat&eacute;gico: solo desde la ignorancia hist&oacute;rica podemos suponer que las personas tolerar&aacute;n la extirpaci&oacute;n de sus creencias m&aacute;s profundas. Ante la estrategia de Benedicto XVI para quien "la tolerancia que admite a Dios como opini&oacute;n privada pero lo niega p&uacute;blicamente, la realidad del mundo y de nuestra vida, no es tolerancia sino hipocres&iacute;a",<sup><a href="#notas">18</a></sup> no debemos caer en la tentaci&oacute;n de responder que la &uacute;nica tolerancia posible se da entre aquellos que no profesamos religi&oacute;n alguna. Ambas posiciones son una declaraci&oacute;n de guerra contra los fundamentos laicos de la democracia constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que podemos (y debemos) exigir es que el &aacute;mbito de lo p&uacute;blico, de las instituciones pol&iacute;ticas y educativas,<sup><a href="#notas">19</a></sup> la neutralidad sea la regla sin excepciones. La batalla no debe ser contra la fe sino contra los intentos de algunos creyentes (y de sus iglesias) por imponerse, por excluir las 'otras creencias' y las 'no creencias' del espacio p&uacute;blico. El laicismo as&iacute; entendido no es patrimonio exclusivo de una ideolog&iacute;a, de una cultura o de los agn&oacute;sticos o los ateos, sino que constituye el terreno com&uacute;n, la condici&oacute;n de posibilidad, de todas las culturas, ideolog&iacute;as o credos que sean compatibles con los principios de la democracia constitucional. Constituye, adem&aacute;s, el punto de partida de algunas pol&iacute;ticas democr&aacute;ticas concretas. Por ejemplo, se me ocurren las siguientes: a) ninguna iglesia o religi&oacute;n debe recibir beneficios o privilegios econ&oacute;micos por parte del estado; b) las normas e instituciones pol&iacute;ticas y jur&iacute;dicas &uacute;nicamente deben responder a los principios del estado democr&aacute;tico de derecho; c) ninguna identidad cultural debe estar por encima de los derechos de libertad individuales dentro de los cuales destacan las libertades de pensamiento y religiosa; d) ning&uacute;n gobierno debe orientar sus decisiones y acciones inspir&aacute;ndose en principios religiosos; c) la ciencia y el desarrollo tecnol&oacute;gico deben responder a la raz&oacute;n cient&iacute;fica y a la &eacute;tica de la responsabilidad de sus promotores y ejecutores y no a los dogmas de fe de los poderosos y; as&iacute; sucesivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salvo algunos agn&oacute;sticos, el no creyente, en el fondo, piensa que los creyentes est&aacute;n equivocados. En esto el creyente convencido y el ateo se empatan: uno de los dos tiene que estar, necesariamente, equivocado. Si el mundo ideal para el cat&oacute;lico ser&iacute;a aquel en el que su iglesia se impone de manera universal (y lo mismo vale para el musulm&aacute;n o para el jud&iacute;o); el mundo ideal del no creyente, del ateo, ser&iacute;a un mundo en el que la raz&oacute;n fuera el &uacute;nico principio orientador de las acciones humanas. Ante esta situaci&oacute;n que conduce a escenarios de 'suma cero', de incompatibilidad radical, me parece, s&oacute;lo queda una alternativa: vivir, convivir, en lo p&uacute;blico "como si Dios no existiera". Es la &uacute;nica opci&oacute;n que deja a salvo todas los planes de vida. No s&oacute;lo porque la opci&oacute;n contraria, "vivir como si Dios si existiera", ser&iacute;a inaceptable para el no&#45;creyente que quedar&iacute;a moralmente (y quiz&aacute; pol&iacute;ticamente) excluido de la comunidad pol&iacute;tica y se ver&iacute;a obligado a desplegar su vida en un mundo, desde su perspectiva, irracional que anular&iacute;a el sentido de su autonom&iacute;a p&uacute;blica; sino, tambi&eacute;n, porque no vislumbro una respuesta satisfactoria ante la disyuntiva que nos obliga a decidir cu&aacute;l ser&iacute;a el Dios verdadero existente. Adem&aacute;s, la libertad de religi&oacute;n contiene una apor&iacute;a inevitable que s&oacute;lo puede superarse si todos, en lo p&uacute;blico, aceptamos vivir 'como si Dios no existiera'. Me explico: por un lado la libertad de religi&oacute;n es una libertad negativa que, para ser garantizada, excluye cualquier intromisi&oacute;n por parte del estado o de los terceros en el &aacute;mbito de nuestras convicciones m&aacute;s profundas; pero, al mismo tiempo, la libertad de religi&oacute;n tambi&eacute;n es una libertad positiva que supone la posibilidad de profesar activamente nuestras creencias. Y el problema, la apor&iacute;a, radica en que, cuando hablamos de dogmas religiosos que se presumen verdaderos y absolutos, la dimensi&oacute;n positiva de la libertad de religi&oacute;n puede arrasar con su dimensi&oacute;n negativa: los creyentes quieren (y tienen) que difundir su fe. Y la &uacute;nica forma de hacerlo es invadiendo, para convencerlos, la esfera de libertad negativa de los dem&aacute;s. Por eso, para convivir en paz, tenemos que dejar la religi&oacute;n en la esfera de lo privado en la que cada quien puede, si quiere, vivir con Dios y para Dios pero, en lo p&uacute;blico, tiene que tolerar y respetar a los que s&oacute;lo ejercemos la dimensi&oacute;n negativa de la libertad religiosa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que este planteamiento nos conduce al problema que inspiro el existencialismo de Jean&#45;Paul Sastre. Como nos recuerda Garz&oacute;n Vald&eacute;s, Sartre hizo de la siguiente frase de Dostoievski el punto de partida de su existencialismo: "Si Dios no existiera, todo estar&iacute;a permitido". Dado que Dios no existe, afirmaba Sastre, no contamos con &oacute;rdenes o valores que justifiquen o legitimen nuestra conducta y, por lo tanto, estamos condenados a ser libres.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Esto con toda evidencia nos conducir&iacute;a por el camino de un relativismo radical en el plano individual que, tarde o temprano, pondr&iacute;a en jaque a las instituciones del estado democr&aacute;tico y nos llevar&iacute;a por el camino de la anarqu&iacute;a moral y pol&iacute;tica. Pero, como nos advierte el propio Garz&oacute;n, lo cierto es que Sartre se equivocada porque la conclusi&oacute;n correcta es justamente la inversa: "Si Dios no existe, nada est&aacute; permitido".<sup><a href="#notas">21</a></sup> Suponer la inexistencia de Dios, como premisa para la construcci&oacute;n de una &eacute;tica responsable, nos obliga a reconocer que la &uacute;nica justicia que existe es la terrena y que, por ende, no existen compensaciones supraterrenales para los males terrenos. Nuestra intolerancia ante las calamidades &#151;ante los males, las desgracias, las miserias producidos por acciones humanas intencionales&#151;, encuentra fundamento en este postulado que impide utilizar la voluntad divina como explicaci&oacute;n o justificaci&oacute;n de la maldad humana. Despu&eacute;s de todo, concluye Garz&oacute;n, es "m&aacute;s prudente adoptar una estrategia 'maximin', es decir, la de aspirar al mejor resultado alcanzable en el peor escenario posible, supongamos que Dios no existe y cuidemos nuestra convivencia digna aqu&iacute; y ahora".<sup><a href="#notas">22</a></sup> La &eacute;tica del laico, que en privado puede tambi&eacute;n ser un creyente, me parece, debe estar fundada en esta l&oacute;gica fundamental: si aceptamos vivir como si Dios no existiera, entonces, nosotros somos los &uacute;nicos responsables de las venturas o desventuras del mundo en que vivimos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Kelsen, H., <i>La democracia,</i> Il Mulino, Bologna, 1998, p. 220.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761589&pid=S1405-0218200600010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Cfr.</i> Homil&iacute;a <i>Pro eligendo romano pont&iacute;fice</i> pronunciada el 18 de abril de 2005.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> <i>Cfr.,</i> entre otros, Giorello, G., <i>Di nessuna chiesa. La libert&aacute; del laico,</i> Raffaello Cortina Editore, Milano, 2005;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761592&pid=S1405-0218200600010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Bodei, R., "L'etica dei laici", en <i>Le ragioni dei laici,</i> Laterza, Roma&#45;Bari, 2005, pp. 17&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761593&pid=S1405-0218200600010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> En Espa&ntilde;a y en Italia este es un tema que siempre ha estado presente pero que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha cobrado fuerza nuevamente. <i>Cfr.</i> "El dinero de la iglesia cat&oacute;lica" y "Los desaf&iacute;os de un Estado laico" en <i>El Pa&iacute;s,</i> 25 y 26 de abril de 2005,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761595&pid=S1405-0218200600010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> respectivamente; De Mauro, T., "Scuola e cultura laica" en <i>Le ragioni dei laici, op. cit.,</i> pp. 97&#45;108.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> <i>Cfr.</i> Bobbio, N., <i>Libert&aacute; nella scuola e libert&aacute; della scuola,</i> 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761597&pid=S1405-0218200600010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> <i>Cfr.,</i> entre otros, Ferrajoli, L., "N. Bobbio. De la teor&iacute;a general del derecho a la teor&iacute;a de la democracia" en C&oacute;rdova V., P. Salazar (coordinadores), <i>Pol&iacute;tica y Derecho. (Re)pensar a Bobbio,</i> IIJ&#45;UNAM, Siglo XXI editores, M&eacute;xico, 2005, pp. 89&#45;101.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761599&pid=S1405-0218200600010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> El 27 de septiembre de 2205, por ejemplo, Monse&ntilde;or Giuseppe Betori, Secretario general de la Conferencia episcopal italiana, respondi&oacute; a las cr&iacute;ticas que la iglesia ha recibido por oponerse p&uacute;blicamente a la aprobaci&oacute;n de una ley que reconocer&iacute;a la uni&oacute;n entre homosexuales en Italia que: "La Iglesia no se deja intimidar ... y no dejara de intervenir sobre todos los temas de relevancia moral, como la familia, la vida humana, la justicia y la solidaridad". Por ejemplo, advirtiendo que "ser&iacute;a absolutamente inaceptable un reconocimiento jur&iacute;dico" de las uniones entre personas de un mismo sexo. Cfr. Mafai, M., "I convertiti della sinistra" en <i>La Repubblica,</i> 28 de septiembre de 2005, p. 19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761601&pid=S1405-0218200600010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Sobre este tema, cfr. Eco, U., C. M. Mart&iacute;n, <i>&iquest;En qu&eacute; creen los que no creen?,</i> Taurus, M&eacute;xico, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761603&pid=S1405-0218200600010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Seg&uacute;n el periodista Bill Moyers m&aacute;s de la mitad de los Congresistas en EEUU son apoyados por la derecha religiosa. Cfr. Moyers, B., "No hay ma&ntilde;ana", <i>La Jornada,</i> M&eacute;xico, 20 de marzo 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761605&pid=S1405-0218200600010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Sobre el fervor religioso en Estados Unidos se recomienda el art&iacute;culo de Mario Vargas Llosa, "A Dios rogando" publicado en <i>El Pa&iacute;s</i> el 1 de mayo de 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761606&pid=S1405-0218200600010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Cfr. Vitale E., <i>Derechos y Paz. Destinos individuales y colectivos,</i> Fontamara, M&eacute;xico, 2004, p. 77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761608&pid=S1405-0218200600010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Vitale nos remite al <i>Dizionario di Pol&iacute;tica</i> editado por N. Bobbio, G. Pasquino y N. Matteucci (UTET, Torino, 1983).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761609&pid=S1405-0218200600010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Vitale E., <i>Derechos y Paz. Destinos individuales y colectivos, op. cit.,</i> p. 78.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Bodei, R., "L'etica dei laici", <i>op. cit.,</i> p. 21.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Russell, B., <i>Por qu&eacute; no soy cristiano,</i> Edhasa, Barcelona, 1999, p. 40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761613&pid=S1405-0218200600010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> <i>Ibid.,</i> p. 73.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Vitale, E., <i>Derechos y Paz. Destinos individuales y colectivos, op. cit.,</i> p. 80.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Este debate ha sido recuperado en un interesante ensayo de Ermanno Vitale intitulado "Laicit&aacute; e religiosit&aacute; nel pensiero di Norberto Bobbio" publicado por la revista italiana <i>Parole chiave,</i> octubre 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761617&pid=S1405-0218200600010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Una interesante reflexi&oacute;n en este sentido, que empara la laicidad con la democracia, referida al proyecto de constituci&oacute;n iraqu&iacute; que ser&aacute; sometida a ratificaci&oacute;n en octubre de 2005 ha sido desarrollada por Michelangelo Bovero en su ensayo "&Eacute; democratica la costituzione iraquena?" publicado por peri&oacute;dico italiano <i>La Stampa.</i> Bovero evidencia la contradicci&oacute;n de fondo que existe al pretender incorporar en una constituci&oacute;n supuestamente democr&aacute;tica el elemento religioso (la Sharia) como fundamento del estado a la par de los derechos fundamentales.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> <i>Cfr.</i> "El Papa dibuja un panorama apocal&iacute;ptico por proscribir a Dios de la vida p&uacute;blica" en <i>El Pa&iacute;s,</i> 3 de octubre de 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761620&pid=S1405-0218200600010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Sobre el tema de la libertad religiosa y de lo que deber&iacute;a entenderse como libertad <i>de la</i> religi&oacute;n sugiero la lectura del art&iacute;culo de E. Vitale, "Libert&aacute; di religione. E dalla religione?, en Bovero, M., <i>Quale libert&aacute;? Dizionario minimo contro i falsi liberali,</i> Laterza, Roma&#45;Bari, 2004, pp. 91&#45;106.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761622&pid=S1405-0218200600010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> <i>Cfr.</i> Sastre, J. P., <i>El existencialismo es un humanismo,</i> Sur, Buenos Aires, 1947, pp. 32 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761624&pid=S1405-0218200600010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> La referencia se encuentra en Garz&oacute;n Vald&eacute;s, E., <i>Calamidades,</i> Gedisa, Barcelona, 2004, p. 25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761625&pid=S1405-0218200600010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Garz&oacute;n Vald&eacute;s, <i>ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>22</sup> Ibid.,</i> p. 26.</font></p>      ]]></body><back>
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