<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1405-0218</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Isonomía]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Isonomía]]></abbrev-journal-title>
<issn>1405-0218</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Tecnológico Autónomo de México; Fontamara]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1405-02182006000100001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El laicismo también como actitud]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pereda]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones Filosóficas ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[México Distrito Federal]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<numero>24</numero>
<fpage>07</fpage>
<lpage>23</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1405-02182006000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1405-02182006000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1405-02182006000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Laicidad</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El laicismo <i>tambi&eacute;n</i> como actitud</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Pereda*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, UNAM</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 27/10/2005    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Aceptaci&oacute;n: 24/11/2005</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las palabras no pocas veces embrollan, y llevan por el mal camino a creencias, deseos, emociones y, previsiblemente, a acciones. As&iacute;, con frecuencia, provocan sucesivos desastres en nuestras vidas. Por eso, a menudo antes de comenzar a discutir sobre cualquier cosa, hay que tener en cuenta la regla de prudencia que advierte:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iexcl;Ten cuidado con las palabras!</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que en el caso de las palabras "laicismo", "laico" debemos ser en extremo cuidadosos. Como muchas claves de la vida pol&iacute;tica, apenas las pronunciamos y ya nos acosan acalorados debates que, m&aacute;s que iluminar algo, enredan; nos enemistan no s&oacute;lo con las y los de enfrente, sino tambi&eacute;n con las y los de al lado. Por desgracia, no tengo demasiado claro como salir de los embrollos a que nos conduce discutir sobre el laicismo. De ah&iacute; que s&oacute;lo intente, una y otra vez, rodear, sin acerc&aacute;rmele demasiado, a algunos efectos &#151;s&oacute;lo a algunos&#151; de varios usos de esta palabra, indicios de mucha griter&iacute;a y dolores de cabeza. No se espere m&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consultemos alg&uacute;n diccionario para aclararnos, o parcialmente aclararnos o, al menos, para empezar a atar cabos por alg&uacute;n lugar. Alerta: s&oacute;lo podemos acudir a diccionarios de tradiciones preponderantemente cat&oacute;licas e influidas por Francia. Al respecto, se dispone, por ejemplo, de diccionarios en espa&ntilde;ol, en franc&eacute;s, en portugu&eacute;s, en italiano, pues palabras como "laicismo", "laico", que notoriamente tienen su origen en el concepto franc&eacute;s de rep&uacute;blica, ni siquiera poseen equivalentes en lenguas como el ingl&eacute;s o el alem&aacute;n.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Consultemos, pues, el Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Laicismo, laico: Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y m&aacute;s particularmente del Estado, de toda influencia eclesi&aacute;stica o religiosa.</i></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese al habitual laconismo de los diccionarios, en esta breve entrada hay ya varias palabras que inquietan: la palabra "doctrina", la palabra "independencia", las palabras "eclesi&aacute;stica o religiosa" como si hicieran referencia casi al mismo asunto... En contra del orden de la entrada, sospecho que el adjetivo "laico" se predica, ante todo, respecto de los Estados, y s&oacute;lo de modo derivado &#151;&iquest;y un tanto extravagante?&#151; de las personas. Quiz&aacute; no haya algo as&iacute; como "personas laicas", s&oacute;lo creyentes en diversas religiones, o agn&oacute;sticos, o ateos, o indiferentes, o poco o nada preocupados por este tipo de creencias. Sin embargo, cualquiera de estas personas pueden o no tener actitudes laicas: actitudes que favorecen al Estado laico. (Con esta observaci&oacute;n no olvido que, por ejemplo, dentro de la Iglesia Cat&oacute;lica se usa la palabra "laico" m&aacute;s o menos como sin&oacute;nimo de "feligr&eacute;s" y opuesta a "cl&eacute;rigo", a "sin votos religiosos". Este uso de "laico" no interesa en esta reflexi&oacute;n.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, de modo previo a la elaboraci&oacute;n de algunas de las dificultades que aparecer&aacute;n reflexionando sobre las palabras de esta entrada del diccionario, debemos preguntarnos: &iquest;por qu&eacute; hay que defender la independencia de los Estados de las influencias religiosas? o expresada esta pregunta de modo m&aacute;s abarcador: &iquest;cu&aacute;l es el problema importante, o problemas importantes, a los cuales una palabra que suscita tantas pol&eacute;micas como "laicismo" pretende dar soluci&oacute;n, al menos pretende hoy dar soluci&oacute;n?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si no me equivoco, la respuesta m&aacute;s directa es el siguiente razonamiento de tipo m&aacute;s o menos hobbesiano (o al menos, con genealog&iacute;a hobbesiana): en cualquier sociedad compleja se desarrollan varias concepciones de la vida humana, de cu&aacute;les son los valores fundamentales y a qu&eacute; normas es preciso atenerse. A menudo estas concepciones entran en conflicto entre s&iacute;. No pocas veces esos conflictos han sido sangrientos y hasta tr&aacute;gicos, como nos recuerdan las guerras de religi&oacute;n. De ah&iacute; que para evitar la peor situaci&oacute;n posible, la guerra de todos contra todos, haya que disponer de un instrumento que garantice la convivencia socio&#45;pol&iacute;tica y permita que quienes posean concepciones opuestas de la vida, lleven a cabo, en alg&uacute;n grado, sus planes privados sin impedir que los dem&aacute;s hagan lo mismo. Ese instrumento no puede ser otro que un Estado laico: que un Estado que reconoce una pluralidad de concepciones valiosas de la vida. En este sentido, identificar un Estado laico con un Estado neutral con facilidad confunde, si por "Estado neutral" se entiende algo as&iacute; como un "Estado sin valores". Por supuesto, un Estado laico defiende tambi&eacute;n algunos valores, algunas normas. Por ejemplo, se acepta la existencia de una pluralidad de concepciones de la vida como un valor decisivo, enriquecedor de la sociedad, que, a su vez, implica otros valores, digamos, el de la tolerancia. Esta trama de valores se opone a quienes defienden la posibilidad de una sola concepci&oacute;n valiosa de la vida: de alguna concepci&oacute;n absoluta de la vida, religiosa o ideol&oacute;gica. A este &uacute;ltimo fen&oacute;meno, mucho m&aacute;s com&uacute;n y ramificado, y con m&aacute;s poder tentador de lo que nos gusta aceptar, suele llam&aacute;rsele en los &uacute;ltimos tiempos "fundamentalismo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso quien acepte este razonamiento, de seguro preguntar&aacute;: &iquest;de qu&eacute; modo o modos un arreglo pol&iacute;tico como el Estado puede ser capaz de tal reconocimiento de la pluralidad y, as&iacute;, lograr defender su independencia, al menos, respecto de las influencias religiosas? Exploremos algunas posibles condiciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, no parece que suscite mucha controversia afirmar que se favorece a un Estado laico con la separaci&oacute;n legal entre el Estado y la Iglesia o las Iglesias. Pero, en segundo lugar, ning&uacute;n Estado a la larga sobrevive sin una sociedad con una vida p&uacute;blica acorde a sus ideales, que motive a los ciudadanos a respaldar sus instituciones. &iquest;Qu&eacute; tipo de vida p&uacute;blica favorece m&aacute;s a un Estado laico? Se han propuesto dos modelos opuestos de vida p&uacute;blica para defender o, m&aacute;s bien, para llevar a cabo la independencia del Estado. Podemos llamarlos "el modelo de la vida p&uacute;blica vac&iacute;a" y "el modelo de la vida p&uacute;blica llena" (en este contexto "vac&iacute;o" y "lleno" pretenden operar como palabras descriptivas).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el modelo de la vida p&uacute;blica vac&iacute;a, todas las creencias religiosas pertenecen en exclusiva al &aacute;mbito de lo privado, y ah&iacute; deben permanecer para siempre. Por eso, en la vida p&uacute;blica no se debe admitir el tr&aacute;fico de creencias religiosas, ni la de signos religiosos, ni mucho menos se pueden tener en cuenta, a la hora de resolver los problemas de convivencia, las normas, los usos, las costumbres, propios de una religi&oacute;n. En la vida p&uacute;blica s&oacute;lo deben regir las leyes del Estado, y en los Estados democr&aacute;ticos, las leyes que recogen los derechos humanos y sus exigencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, seg&uacute;n el modelo de la vida p&uacute;blica llena, las creencias religiosas son demasiado importantes, demasiado definidoras de lo que constituye para una persona su identidad y sus bienes b&aacute;sicos, como para ser escondidas en lo privado. De ah&iacute; que la &uacute;nica manera de lograr un Estado genuinamente independiente, es permitir que todas las creencias religiosas, y el espesor de todos sus signos, pueblen la vida p&uacute;blica y convivan los unos al lado de los otros.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una observaci&oacute;n todav&iacute;a, que vale la pena no pasar por alto cuando se discuten estos dos modelos de vida p&uacute;blica: las creencias religiosas, como cualquier tipo de creencias importantes, como las creencias morales, pol&iacute;ticas, e incluso como algunas creencias cient&iacute;ficas o est&eacute;ticas, no se encuentran aisladas de muchas otras creencias, sino que forman fuertes tramas de creencias dif&iacute;ciles (o, para muchos, imposibles) de distinguir. As&iacute;, los conflictos que suelen provocar los partidarios de las diversas creencias religiosas no son, pues, &uacute;nicamente conflictos religiosos en sentido estricto: conflictos teol&oacute;gicos acerca del otro mundo (conflictos del tipo de si Dios es Uno y Tres, o s&oacute;lo Uno, o de si adem&aacute;s de la eternidad de las almas, habr&aacute; una resurrecci&oacute;n de la carne, o problemas o, tal vez mejor, misterios de ese tipo). M&aacute;s bien, en la mayor&iacute;a de los casos se trata de conflictos morales y pol&iacute;ticos en este mundo. Para citar algunos debates recientes, y bien de este mundo, se trata, por ejemplo, de discusiones sobre el lugar de la sexualidad en la vida humana, la despenalizaci&oacute;n del aborto, la legalizaci&oacute;n de los matrimonios homosexuales, la regulaci&oacute;n de la eutanasia, la estructura de la familia, el papel de la mujer en la sociedad, cuando no, directamente, el apoyo a ciertos partidos pol&iacute;ticos y el repudio de otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el modelo de la vida p&uacute;blica vac&iacute;a, pues, menos es m&aacute;s; para el modelo de la vida p&uacute;blica llena, s&oacute;lo m&aacute;s es m&aacute;s.<sup><a href="#notas">2</a></sup> En varias ocasiones se han bautizado a estos modelos con nombres prestigiosos. As&iacute;, se suele llamar al modelo de la vida p&uacute;blica vac&iacute;a, "modelo liberal", y al modelo de la vida p&uacute;blica llena, "modelo multiculturalista". M&aacute;s todav&iacute;a, algunas veces se han buscado h&eacute;roes de la tradici&oacute;n para presidirlos. As&iacute;, se vincula al primero de estos modelos con Kant, y al segundo con Hegel. Sin embargo, en primer lugar, hay muchas y variadas formas de entender al liberalismo. Sin ir m&aacute;s lejos, el liberalismo "descriptivo" de Hayek, Lord Acton o incluso Raymond Aron &#151;tan influyentes en la primera mitad del siglo xx&#151;, a primera vista, al menos, parece tener fuertes diferencias con el reciente liberalismo "moralmente normativo" de John Rawls o Ronald Dworkin (que para algunos partidarios de los primeros es s&oacute;lo una forma de social&#45;democracia). Por otra parte, tambi&eacute;n hay muchas formas de concebir al multiculturalismo. En segundo lugar, en los &uacute;ltimos tiempos se han multiplicado las lecturas de Kant y de Hegel que cobijan o excluyen ambos modelos. De ah&iacute; que en esta reflexi&oacute;n prescinda de estas espl&eacute;ndidas referencias hist&oacute;ricas (que, si uno no se demora en profundizarlas con cuidado, m&aacute;s que aclarar algo, nos apabullan en medio de la usual catarata de glosas e interpretaciones, cuando no de exasperantes listas de nombres propios). Me limitar&eacute;, pues, a razonar estos modelos, llam&aacute;ndolos simplemente "modelo de la vida p&uacute;blica vac&iacute;a" y "modelo de la vida p&uacute;blica llena".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; decir acerca de c&oacute;mo favoreces cada uno de ellos al Estado laico? Pero, &iquest;puede acaso haber un instrumento que haga posible una sociedad en la que sean capaces de convivir concepciones en conflicto de los valores y normas fundamentales con las que constituimos nuestras identidades, nuestros ideales de buena vida? &iquest;o tal posibilidad no existe, y con expresiones como "Estado laico" s&oacute;lo se proponen vanas fantas&iacute;as para defender mejor los intereses particulares de alg&uacute;n grupo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IV</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Observemos que, en contra de lo que a veces se&ntilde;alan &#151;con malas razones&#151; quienes defienden a alguno de estos dos modelos, se trata de dos modelos ideales: esencialmente ideales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, de hecho, ninguna vida p&uacute;blica se encuentra vac&iacute;a "de influencia eclesi&aacute;stica o religiosa", ni podr&iacute;a estarlo. La religi&oacute;n ha sido y continua siendo un fen&oacute;meno demasiado importante en todas las culturas que conocemos para que sus diversos signos, y hasta sus argumentos, no se encuentren por doquier. Los edificios de una o varias religiones est&aacute;n ah&iacute;, mostr&aacute;ndose y, a veces, hasta ennoblecen nuestras ciudades. &iquest;C&oacute;mo ocultarlos de la vista p&uacute;blica? Se observar&aacute;: al menos, si bien es imposible ocultar las catedrales, las sinagogas, las mezquitas, no permitamos que las palabras y los razonamientos de las religiones pre&#45;condicionen la vida p&uacute;blica futura, por ejemplo, elimin&eacute;mosla de los trabajos de la escuela. Se aconsejar&aacute;, as&iacute;, que un Estado no debe apoyar econ&oacute;micamente escuelas confesionales y, mucho menos, ofrecer cursos de religi&oacute;n en las escuelas del Estado, y hasta deber&iacute;a eliminar a todo autor religioso de los ejercicios escolares. (Se sabe: la escuela ha sido uno de los lugares privilegiados en torno a los cuales se han discutido con pasi&oacute;n los problemas del laicismo.) El problema con este tipo de medidas "todo&#45;o&#45;nada" es su impracticabilidad. Por ejemplo, una medida "todo&#45;o&#45;nada" de este tipo, entre nosotros equivaldr&iacute;a, no a suprimir un autor o dos o siete de la tradici&oacute;n cuyo veh&iacute;culo es la lengua espa&ntilde;ola, no llevar&iacute;a a prescribir a Manrique, a fray Luis o a Calder&oacute;n, sino... a gran parte de la historia de nuestras diversas literaturas. Tal vez se sugiera que hay que ense&ntilde;ar a esos autores "de manera laica": haciendo abstracci&oacute;n de sus contenidos religiosos. No s&eacute; en qu&eacute; podr&iacute;a consistir esa ense&ntilde;anza. Pues tales autores suelen presuponer, o directamente articular, apasionados alegatos en pro del Cristianismo que, de seguro, persuadir&aacute;n a muchos estudiantes. Un recuerdo: yo asist&iacute; a una escuela secundaria militantemente laica, y mi profesora de literatura era atea, notoriamente marxista. Pero era una gran, gran profesora. Previsiblemente, cuando le&iacute;mos a San Juan de la Cruz varios compa&ntilde;eros comenzaron a entrever experiencias m&iacute;sticas, y cuando le&iacute;mos a Unamuno nadie qued&oacute; inmune frente a los desaf&iacute;os cristianos que planteaba. Hubo incluso apasionadas conversiones. El ejemplo es elemental pero ilustrativo: aunque el camino a veces es muy largo, y a menudo tortuoso, no s&oacute;lo los Estados y sus funcionarios saben muy bien que, de una inocente clase de literatura, mediante el fervoroso cultivo de ciertas creencias, deseos, emociones y expectativas a la larga, se puede llegar... a la nobleza moral o al asesinato en nombre de la Guerra Santa. De lo contrario no habr&iacute;a tantos intereses y pol&eacute;micas &#45;en las que razonablemente suelen inmiscuirse grandes grupos de la poblaci&oacute;n&#45;sobre qui&eacute;nes deben educar y qu&eacute; cosa y c&oacute;mo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ah..., argumentar&aacute;n los partidarios del segundo modelo, puesto que no es ni siquiera posible vaciar la sociedad de las creencias religiosas de su tradici&oacute;n, entonces, nosotros tenemos raz&oacute;n: llen&eacute;mosla de todas las creencias religiosas. Reformemos el canon de cada cultura y agregu&eacute;mosle los representantes de todas las creencias religiosas y anti&#45;re&#45;ligiosas que encontremos, por lejanas que se hallen de la propia tradici&oacute;n. Los partidarios del segundo modelo precisar&aacute;n: si bien el primer modelo es ideal, el segundo modelo es, pues, bien realizable. Esta conclusi&oacute;n tambi&eacute;n se equivoca: no hay vida p&uacute;blica sin exclusiones y, en particular, sin la exclusi&oacute;n de algunas creencias religiosas. Por ejemplo, respecto de la escuela, incluso con el criterio m&aacute;s amplio posible, y por mejor que se elijan los textos, algunos le resultar&aacute;n tanto al profesor como al estudiante, por ajenos, rar&iacute;simos, y en muchos casos, ininteligibles. En las tradiciones impregnadas de Cristianismo como la nuestra, de seguro ser&aacute; una excepci&oacute;n el profesor que pueda explicar a Buda con la misma apasionada simpat&iacute;a, o antipat&iacute;a, que explique a San Pablo. El segundo modelo es tan ideal como el primero. &iquest;Qu&eacute; hacer?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El modelo de la vida p&uacute;blica vac&iacute;a tiende, sin duda, a la represi&oacute;n. Puesto que ninguna vida p&uacute;blica se encuentra de hecho vac&iacute;a de creencias religiosas, quienes defiendan el primer modelo, intentar&aacute;n vaciarla con todos los medios de que pueda disponer el Estado o sus organizaciones y grupos de presi&oacute;n (escuelas, universidades, ej&eacute;rcitos, polic&iacute;a, medios masivos de comunicaci&oacute;n...). Pero como las creencias religiosas suelen encontrarse muy arraigadas en las vidas de las personas, entonces, los intentos de vaciar la vida p&uacute;blica de signos religiosos, tarde o temprano, suele acabar en actos de violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A su vez, el modelo de la vida p&uacute;blica llena tiende, primero, a la fragmentaci&oacute;n social, a la falta no solo de unidad, sino hasta de interrelaciones enriquecedoras entre los diversos grupos: la vida p&uacute;blica se hace pedazos en diversas subculturas sin conexi&oacute;n entre s&iacute;. Los cat&oacute;licos se limitan a tener relaciones no instrumentales con los cat&oacute;licos, los bautistas con los bautistas, los metodistas con los metodistas, los jud&iacute;os con los jud&iacute;os, los musulmanes con los musulmanes (y los conservadores con los conservadores, los socialistas con los socialistas...). Esta descomposici&oacute;n social provocada por diferentes procesos, no s&oacute;lo de diferenciaci&oacute;n, sino de aislamiento incluso militante es, por lo dem&aacute;s, quiz&aacute; uno de los mayores peligros de la cultura contempor&aacute;nea. (De esta manera, en plena era de la globalizaci&oacute;n &#151;para usar palabras de moda&#151;se produce algo tan grave &#151;la expresi&oacute;n es pomposa pero creo que es justa&#151; como la desaparici&oacute;n del mundo: su reducci&oacute;n a una serie incoherente de submundos m&aacute;s o menos soberanos sin relaciones importantes entre s&iacute;.) En circunstancias propicias, y de vez en cuando las hay, lamentablemente, esta multiplicaci&oacute;n desordenada de submundos conduce tambi&eacute;n a la confrontaci&oacute;n entre las diversas creencias y, as&iacute;, a la guerra entre submundos, latente o abierta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, ser&iacute;a deseable, y hasta maravilloso, encontrar, digamos, en la ciudad de M&eacute;xico o en Madrid, una escuela secundaria en donde j&oacute;venes con corbatas, cruces, con kippas, con velos y con burkas procurasen entresacar en la admirable prosa de Quevedo sus numerosos y terribles prejuicios, o con calma y cuidado evaluasen los muy inteligentes argumentos teol&oacute;gicos de Su&aacute;rez y observasen, por ejemplo, "esta premisa no convence, &eacute;sta, en cambio, s&iacute;". Los partidarios del primer modelo observar&aacute;n que situaciones de ese tipo no constituyen m&aacute;s que fantas&iacute;as. De seguro algunas de esas j&oacute;venes se sentir&aacute;n, no sin raz&oacute;n, ofendidas por las groser&iacute;as de Quevedo frente a cualquier creencia religiosa que no pertenezca a la iglesia Cat&oacute;lica, si es que el velo o la burka les permite comenzar a leerlo, y sobre todo, si es que sus padres no tiraron el libro a la basura apenas llegaron de la escuela. Porque &#151;proseguir&aacute;n razonando los partidarios del primer modelo&#151; el velo o la burka, como la cruz o las kippas, no suelen ser signos puramente externos (ni siquiera las corbatas lo son). En la mayor&iacute;a de los casos consolidan barreras mentales dif&iacute;ciles de superar y que, de inmediato, suscitan otras barreras, muchas veces incluso sin demasiada conexi&oacute;n con las primeras. El fanatismo se contagia con alarmante rapidez y crece, crece. Por eso, la proliferaci&oacute;n de signos religiosos, en no pocas ocasiones, constituye una preparaci&oacute;n para la guerra: lejos de tener el efecto que suelen atribuirle los defensores del segundo modelo, tiende, as&iacute;, a la agresi&oacute;n. En sociedad plurales, que, nos guste o no, cada vez se vuelven m&aacute;s multiculturales, cuando aparecen algunos signos religiosos de inmediato suelen aparecer los otros, y as&iacute; sucesivamente. De esta manera, a partir del segundo modelo tambi&eacute;n se acaba, como suelen hacerlo quienes defienden el primer modelo: en actos de hostilidad m&aacute;s o menos encubierta, cuando no de abierta violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De nuevo, &iquest;qu&eacute; hacer, no por supuesto para evitar los conflictos, que mientras haya vida humana no s&oacute;lo son inevitables sino a menudo preciosos, sino para detenernos unos pasos antes, al menos un paso antes, de que los conflictos nos conduzcan a la violencia generalizada: a la violencia de la represi&oacute;n, o a la posible escalada de la violencia que conduce al terror y a la guerra?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VI</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, se trata, al menos, de implementar leyes y pol&iacute;ticas de convivencia m&iacute;nimamente cooperativas, dadas las condiciones de las sociedades plurales, o multiculturales, en donde tendremos que enfrentar tal vez para siempre varios tipos de creencias irreconciliables, entre otras, en torno a la religi&oacute;n (a favor o en contra de una o varias religiones) y tambi&eacute;n &#151;lo que constituye una circunstancia mucho m&aacute;s diferente de lo que el diccionario que consultamos parece suponer&#151; varios tipos de creencias en torno a las autoridades eclesi&aacute;sticas. Quiz&aacute; no sea ocioso agregar que cuando algunos diccionarios biling&uuml;es, por ejemplo, espa&ntilde;ol&#45;ingl&eacute;s o espa&ntilde;ol&#45;alem&aacute;n, intentan traducir la palabra "laicismo" introducen la palabra "secularidad", palabra que, por supuesto, pertenece a familias conceptuales emparentadas, pero diferentes. Sin embargo, si no me equivoco, mucho de lo que en esta reflexi&oacute;n se ha anotado en relaci&oacute;n con las palabras "laico", "laicismo", tal vez puede ser &uacute;til para reflexiones en torno a lo que se entiende como "procesos de secularizaci&oacute;n" e incluso frente al concepto de tolerancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay, pues, leyes ni pol&iacute;ticas precisas, fijas y generales para habitar, o siquiera favorecer a un Estado laico, ninguna "doctrina" &#151;para discrepar otra vez con el diccionario&#151;, ning&uacute;n modelo &uacute;nico de vida p&uacute;blica apto para cualquier circunstancia hist&oacute;rica, pero s&iacute; una actitud. &iquest;Qu&eacute; es eso?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la palabra "actitud" solemos entender la disposici&oacute;n de una persona para enfrentar algo o a alguien o actuar de cierta manera. As&iacute;, habitualmente una actitud se constituye con cierta trama de deseos, creencias, emociones, expectativas. Propongo contrastar entre dos tipos de actitudes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, tenemos actitudes determinadas: singulares o particulares. Por ejemplo, mi deseo de tener abrigo para protegerme del fr&iacute;o, mi creencia "la nieve es blanca", mi expectativa de recibir alg&uacute;n d&iacute;a un aumento de sueldo, mi miedo por un retraso del autob&uacute;s. Como muestran esos ejemplos de actitudes singulares y particulares podemos distinguir la clase de actitud por el contenido concreto, espec&iacute;fico, de la actitud, y podemos describir ese contenido con uno o varios enunciados determinados.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, tenemos actitudes subdeterminadas como mi deseo de tener una buena vida, o mi creencia de ser un buen profesor, o mi expectativa de que mis hijos tengan un futuro feliz, o mi miedo ante la vejez. En ninguno de estos casos se trata de actitudes concretas y cualquier lista de enunciados determinados con que pretendamos describir el objeto de la actitud ser&iacute;a ilimitada. Las actitudes subdeterminadas son, pues, actitudes generales: densas y con l&iacute;mites difusos, desbordando toda determinaci&oacute;n proposicional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actitud del laicismo es una actitud general; como se dice, un talante. Como tal conforma una actitud subdeterminada. De caso en caso, a partir de ella se actuar&aacute; en pro del Estado laico inclin&aacute;ndose por algunos aspectos u otros de los modelos ideales de vida p&uacute;blica que se elaboraron, aunque sin abrazar definitivamente a ninguno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s se ha recogido en estos rodeos en torno a los problemas del laicismo, fuera de evitar que se argumente a partir de la raz&oacute;n arrogante y su lema "yo tengo toda la raz&oacute;n y quienes no piensan como yo est&aacute;n en el error", y de se&ntilde;alar la existencia de una imprescindible dial&eacute;ctica entre cierto tipo de Estados y cierto tipo de actitudes? Respecto del &uacute;ltimo punto, en relaci&oacute;n con cualquier actitud subdeterminada podemos anotar algunas reglas de prudencia para describirla, y en parte determinarla un poco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, propongo varios consejos propios de quien tome en serio la actitud del laicismo y, de seguro, tambi&eacute;n, de quien tome en serio la actitud general de la secularizaci&oacute;n<sup><a href="#notas">3</a></sup> que permiten consolidar, una y otra vez, la imprescindible alimentaci&oacute;n y retro&#45;alimentaci&oacute;n entre las actitudes laicas o seculares y los Estados correspondientes:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consejo 1: Aqu&iacute;, en este mundo, nadie est&aacute; en condiciones de hablar en nombre de Dios.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eliminemos, pues, del discurso p&uacute;blico, y si es posible, de todo discurso, la posibilidad de hablar "en nombre de Dios". incluso quienes creen en &Eacute;l saben que Sus caminos no son los nuestros. (&Eacute;sta no es la advertencia de alg&uacute;n anarquista descarriado, sino del profeta isa&iacute;as). De ah&iacute; proviene la soberan&iacute;a de lo temporal y el hecho de que no hay algo as&iacute; como un derecho divino que respalde ninguna autoridad en las cosas de este mundo. (Por ejemplo, no existe "el derecho divino de los reyes".) Por supuesto, tambi&eacute;n tendremos que reiteradamente despertar de los "sue&ntilde;os dogm&aacute;ticos" de alg&uacute;n suced&aacute;neo m&aacute;s o menos secular de Dios (pseudo&#45;certezas como la sangre, la raza, la Historia, los usos y costumbres de una tradici&oacute;n, alguna doctrina &#151;&iquest;pretendidamente cient&iacute;fica?&#151; que no se puede poner en duda, el Jefe infalible que llega por encima del blanco mar para ordenar qu&eacute; tenemos que creer, y hacer...). S&iacute;, la lecci&oacute;n es dura pero inevitable: cualquier tentativa de "sacralizar la pol&iacute;tica", de legitimarla religiosamente o con alguno de sus suced&aacute;neos (funcionalmente equivalentes), tarde o temprano acabar&aacute; en formas de violencia. En las constituciones democr&aacute;ticas la &uacute;nica fuente de legitimidad es la soberan&iacute;a popular (el consentimiento de los gobernados). De esta manera, si no se quiere recurrir a la violencia, cada vez que haya un conflicto social se tendr&aacute; que recurrir a la pol&iacute;tica y, as&iacute;, habr&aacute; que negociar y justificar con razones las diversas maneras de actuar.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consejo 2: No confundas los pocos principios morales no negociables con tus costumbres y tus muchas idiosincrasias, man&iacute;as y caprichos.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A veces &#45;&iquest;paradojalmente?&#45; con la expresi&oacute;n "persona de principios" se ridiculizan posturas inflexibles y cerradura mental. Esta confusi&oacute;n posee, entre otros, dos respaldos bien conocidos. En primer lugar, la suposici&oacute;n de que aplicar un principio general es un asunto mec&aacute;nico o casi: que se lo puede hacer sin explorar, y razonar, los muchos aspectos, y con frecuencia, los recodos inesperados de una situaci&oacute;n. Estamos ante esos "militantes riguros&iacute;simos" que andan por el mundo gui&aacute;ndose en exclusiva por "sus convicciones" y produciendo a su paso una serie ininterrumpida de cat&aacute;strofes. Al respecto, se conoce su temible lema: "h&aacute;gase justicia y que el mundo perezca". (Ya Hegel advirti&oacute; acerca de los frecuentes argumentos resbaladizos que nos arrastran de las formas m&aacute;s admirables de la moralidad al terror.)<sup><a href="#notas">5</a></sup> Sin embargo, cotidianamente, tal vez se contribuye todav&iacute;a m&aacute;s a la &#151;lamentable&#151; tendencia a convertir la expresi&oacute;n "persona de principios" en sarcasmo, la inclinaci&oacute;n &#151;muy propia de la raz&oacute;n arrogante&#151; a justificar moralmente la conducta en principios que no son tales: que son meros h&aacute;bitos y costumbres de una tradici&oacute;n o de un fragmento de una tradici&oacute;n, cuando no miedos y ansiedades y hasta tics muy personales (o una mezcla explosiva de todo ello). Para poner ejemplos extremos &#45;&iquest;aunque inofensivos?&#45;, se trata de esos mani&aacute;ticos minuciosos que convierten cualquier asunto &#45;usar el cabello largo o corto, bailar tango o rock, hablar espa&ntilde;ol o ingl&eacute;s, ser argentino o chileno...&#45; en una "cuesti&oacute;n de principios".<sup><a href="#notas">6</a></sup> (Tambi&eacute;n a menudo se confunde tener una personalidad fuerte con tener una voz fuerte o habilidosa: una voz que sabe seducir o simplemente imponerse, sin razones y, no pocas veces, con un m&iacute;nimo contenido.)</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consejo 3: No reniegues de las autoridades, cuando lo son, pero intenta evitar las diversas imposiciones.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No olvidemos que, seg&uacute;n la etimolog&iacute;a latina, la palabra espa&ntilde;ola "autoridad" deriva de augere: hacer crecer. El Diccionario de Autoridades caracteriza la autoridad como "excelencia, representaci&oacute;n, estimaci&oacute;n adquirida" y entre otras fuentes de tales valores, se se&ntilde;ala "la rectitud de la vida y eminencia de la virtud" y "lo grande de la sabidur&iacute;a". Se agrega que la palabra "autoridad" tambi&eacute;n significa "cr&eacute;dito", "verdad y aprecio". En este sentido con raz&oacute;n se usa esta palabra en expresiones como "una persona con autoridad" o "la autoridad de las ciencias", "la autoridad de la tradici&oacute;n", "la autoridad de la experiencia", "la autoridad de los experimentos". Nos apoyamos en tales autoridades para comenzar a aprender: para explorar un asunto o para desarrollarnos. De esta manera, en cualquiera de estas expresiones autoridad no implica infalibilidad y se opone a autoritarismo o sumisi&oacute;n incondicional, sin razones, a un poder. (Por eso: &iexcl;cuidado con dar cr&eacute;dito a pseudo&#45;autoridades o permitir que una autoridad en un &aacute;mbito procure valer m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l!) As&iacute;, una de los tantos efectos de la oposici&oacute;n "tener en cuenta las autoridades" versus "aceptar imposiciones" consiste en esta otra oposici&oacute;n, tan propia de cualquier proceso de aprendizaje, "razonar versus indoctrinar".</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consejo 4: En una sociedad multicultural habr&aacute; usos y costumbres muy importantes, propios de las diversas subculturas que la componen, que tal vez despierten la desaprobaci&oacute;n de algunos de esos grupos, y hasta su repugnancia, y que, sin embargo, se tendr&aacute;n que tolerar,<sup><a href="#notas">7</a></sup> si no se quiere recurrir a la violencia.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Espont&aacute;neamente no nos gustar&aacute; c&oacute;mo mucha gente se viste, c&oacute;mo lleva el cabello, qu&eacute; m&uacute;sica escucha, qu&eacute; olor tiene, qu&eacute; come, qu&eacute; lee, qu&eacute; piensa de la familia, de los sindicatos y las corporaciones, en qu&eacute; trabaja, qu&eacute; hace en su tiempo libre, c&oacute;mo festeja, c&oacute;mo educa a los ni&ntilde;os, qu&eacute; idioma habla y c&oacute;mo, qu&eacute; opina de la econom&iacute;a de mercado, c&oacute;mo organiza su vida sexual, c&oacute;mo construye sus casas, c&oacute;mo eval&uacute;a al liberalismo, al socialismo, de qu&eacute; llora, qu&eacute; admira, qu&eacute; le preocupa, qu&eacute; repudia. Sin embargo, si no queremos recurrir a la violencia, abierta o encubierta, tendremos que vencer la repugnancia y aprender a convivir con ellas y ellos, no como amistades con las que simpatizamos, pero s&iacute; como ciudadanos que respetamos y queremos establecer con ellas y ellos alg&uacute;n tipo de colaboraci&oacute;n. (Despu&eacute;s de todo, desde hace ya mucho tiempo, quien ha querido, ha podido aprender que una sociedad no es un club de pares y, mucho menos, una hermandad.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, tal vez una expresi&oacute;n como "tendremos que vencer nuestra repugnancia" es ya un signo de que somos esclavos de nosotros mismos, de nuestras man&iacute;as u obsesiones, o de las de nuestro grupo: de que se toma demasiado en serio la afiliaci&oacute;n a alguna Secta de los Mon&oacute;tonos &#151;a alguna concepci&oacute;n absoluta de la vida&#151; como para tener en cuenta el consejo 4. Porque como primer paso &#151;aunque a veces s&oacute;lo sea un moment&aacute;neo primer paso&#151; tenemos que aprender a re&iacute;rnos de las extravagancias ajenas y, en particular, de vez en cuando, regalar a las propias abrasadoras carcajadas.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consejo 5: No hay obst&aacute;culo m&aacute;s pernicioso en la vida legal y pol&iacute;tica que suponer que puede haber un consenso moral que subsuma los aspectos m&aacute;s importantes de la buena vida a que todas y todos aspiramos.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre habr&aacute; diferencias morales incluso fundamentales y, por supuesto, en lo que ata&ntilde;e a los programas pol&iacute;ticos, diferencias no menos fundamentales.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Acaso el fin de los conflictos &iquest;no ser&iacute;a el fin de la vida humana, entre otras razones, porque ser&iacute;a el fin de la libertad? De ah&iacute; el peligro de aquellas Utop&iacute;as con pretensiones de consensos demasiado abarcadores: demasiado totalizadores de la vida. As&iacute;, parte de cualquier socializaci&oacute;n razonable consistir&aacute; en aprender a soportar que no s&oacute;lo habr&aacute; usos y costumbres que nos repugnan, sino que habr&aacute; problemas de vida o muerte sobre los cuales quiz&aacute; nunca se pondr&aacute;n de acuerdo los ciudadanos incluso de la sociedad m&aacute;s racional y justa y de convivencia m&aacute;s arm&oacute;nica. Me refiero a problemas tan decisivos, entre tantos otros, como la moralidad del aborto o de la eutanasia, si se aprueba o no la pena capital, o en qu&eacute; circunstancias, si es que en alguna, se acepta ir a la guerra. En situaciones como &eacute;stas habr&aacute; que esforzarse por negociar, pues, normas legales que permitan la convivencia de personas con valores y normas morales, en lo que ata&ntilde;e a muchos aspectos de la vida, diferentes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consejo 6: Una tarea de los Estados, de las sociedades civiles, de las instituciones p&uacute;blicas, de las organizaciones no gubernamentales, en general, de la pol&iacute;tica y, sobre todo, de la cultura en las sociedades radicalmente multiculturales de hoy, consiste en establecer redes que interre&#45;lacionen, en varias direcciones, los diversos submundos.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este consejo no intenta cancelar, ni siquiera ligeramente mitigar el consejo 5. No se sugiere restringir la diferencia o, m&aacute;s bien, las diferencias, sino evitar sus crecimientos patol&oacute;gicos: que cualquier particularidad se convierta en muralla, a la vez, autoprotectora y agresivamente excluyente de todo lo otro, incluso de los valores m&aacute;s decisivos que pueda tener el otro. (En la vida cotidiana, a menudo la patolog&iacute;a de la diferencia se vuelve simple y llanamente una incapacidad sistem&aacute;tica para la inclusi&oacute;n y, as&iacute;, una forma elocuente de la mezquindad. Se conoce esa molestia, que se podr&iacute;a llamar "conducta de los falsos misterios": palabras a medias, complicidades, secreteos y aires conspirativos, no pocas veces procurando que el otro crea que se lo excluye de algo muy importante.) De esta manera, este consejo invita a rescatar la unidad compleja, tensa, del mundo, del mundo en com&uacute;n &#151;ancho, a veces demasiado ancho y, en gran medida, ajeno&#151; y de los aprendizajes en la vida p&uacute;blica,<sup><a href="#notas">10</a></sup> fuera del guetto. Se procura vincular, interrelacionar, dejarse desafiar por lo que nos cuestiona, fortalecer las plazas p&uacute;blicas m&aacute;s all&aacute; de todas las Sectas de los Mon&oacute;tonos: de los laberintos de los submundos (de los intereses y vanidades con que suelen encuadrarse las religiones, los partidos pol&iacute;ticos, los Estados y sus instituciones, las subculturas nacionales, los grupos de cualquier &iacute;ndole, incluso los de apariencia m&aacute;s generosa &#151;como algunas organizaciones no gubernamentales&#151;. Por desgracia, los medios masivos de comunicaci&oacute;n y, con influencia cada vez menor, los intelectuales, que podr&iacute;an constituir valiosas herramientas para contrarrestar la tendencia sectaria y construir plazas p&uacute;blicas, una y otra vez tambi&eacute;n se empe&ntilde;an en levantar murallas).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VII</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiero insistir todav&iacute;a en tres observaciones. Primera observaci&oacute;n: espero que ninguno de estos apresurados consejos para determinar un poco la actitud subdeterminada del laicismo, o la actitud general de la tolerancia, o de quien procura una actitud secular (&iquest;o simplemente razonable?) implique, o siquiera pueda sugerir, el relativismo moral. En este sentido, hay que distinguir al relativismo moral del pluralismo moral, incluyendo esa forma radical de pluralismo que es el multiculturalismo. Todo pluralismo admite que frente a un problema moral a menudo &#45;aunque no en todos los casos&#45; hay varias respuestas correctas. Sin embargo, a diferencia del relativismo, el pluralismo considera que hay muchos l&iacute;mites a esas respuestas y, sobre todo, que todas las posibles respuestas correctas, de ser puestas en duda, tendr&aacute;n que apoyar su pretensi&oacute;n de autoridad, en razones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, entonces, de esforzarnos por mantener una mente abierta ante los otros y de negociar legal y pol&iacute;ticamente hasta donde podamos moralmente hacerlo &#151;teniendo en cuenta que, a menudo, somos capaces de hacerlo mucho m&aacute;s de lo que nuestros prejuicios y nuestra inmensa fatiga mental nos hacen suponer, si atendemos al consejo 2&#151;. Pero se trata de negociar lo moralmente negociable: de tolerar lo moramente tolerable. Por otra parte, y en conexi&oacute;n con algunas dificultades para mantener, a la vez, una mente abierta pero no abierta al "todo vale", no se olvide: con frecuencia suele haber muchas dificultades para aplicar un principio moral. As&iacute;, no pocas veces no est&aacute; nada claro cu&aacute;les son las posibles respuestas moralmente correctas: cu&aacute;les son los l&iacute;mites morales de lo legal y pol&iacute;ticamente negociable. Por ejemplo, respecto de un principio moral tan central como el de respetar la autonom&iacute;a de las personas, fuera de algunos contraejemplos notorios como el secuestro, el asesinato, la esclavitud o el terror, o el tratamiento diferente en el trabajo por ser mujer o poseer cierta orientaci&oacute;n sexual y algunos casos similares, permanentemente quedar&aacute; una zona abierta pero oscura, conflictiva, resbaladiza en la que se propondr&aacute;n posibles aplicaciones del principio en cuesti&oacute;n, en algunas ocasiones aplicaciones incluso contrapuestas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No pocas veces, estas dificultades suelen multiplicarse en los &aacute;mbitos de la pol&iacute;tica. Por ejemplo, para aplicar en la educaci&oacute;n un principio moral como el del respeto a todas las personas como fines en s&iacute; mismo, &iquest;se debe disponer de instituciones p&uacute;blicas con un curr&iacute;culo que incluya temarios obligatorios o hay que permitir que los padres elijan por completo que van a aprender sus hijas e hijos? Frente a cat&aacute;strofes pol&iacute;ticas, &iquest;el Estado debe propiciar pactos de olvido en pos de la convivencia o procurar recobrar, e incluso institucionalizar, la memoria del horror? Problemas todav&iacute;a mayores con este principio aparecen en casos de multiculturalismo fuerte: el Estado, en situaciones de vida o muerte, &iquest;puede obligar a que una persona sea asistida por cierto tipo de medicina, incluso contra su voluntad, o si carece de ella, contra la voluntad de sus familiares? &iquest;Debe el Estado prohibir o limitar o siquiera advertir acerca de la ingerencia de productos comprobadamente nocivos para la salud? Preguntas dif&iacute;ciles de responder como &eacute;stas muestran la importancia de estar dispuestos a continuamente enriquecer los &aacute;mbitos de cada subcultura atendiendo la autoridad de nuestras diversas experiencias, y participando en argumentaciones que desborden la propia subcultura: argumentaciones p&uacute;blicas morales, pol&iacute;ticas, legales, religiosas, y tambi&eacute;n cient&iacute;ficas, y hasta est&eacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segunda observaci&oacute;n: al desarrollar consejos como los enlistados, de seguro se producir&aacute;n tensiones que ser&iacute;a de la mayor utilidad recoger en argumentaciones lo m&aacute;s elaboradas posible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercera observaci&oacute;n: ser&iacute;a bueno que quienes se arriesgaran a proseguir con estos ejercicios de vagabundo en torno a la actitud general del laicismo y tambi&eacute;n en torno a la actitud general de la tolerancia, o acerca de la secularizaci&oacute;n, o en relaci&oacute;n con los impostergables dise&ntilde;os de pol&iacute;ticas razonables, procurasen agregar m&aacute;s consejos a esta primera lista, tentativa, incompleta para siempre.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas" id="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>1</sup> Cfr.</i> Regis Debray, "La la&iuml;cit&eacute;: une exception francaise", en H. Bost (ed), <i>Genese et enjeux de la la&iuml;cit&eacute;,</i> Geneve, Lobor et FIDES, 1990, pp. 199&#45;206;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761098&pid=S1405-0218200600010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Pablo da Silveira, "Laicidad, esa rareza", en <i>Revista Prisma,</i> Montevideo, n&uacute;m. 4, 1995, pp. 154&#45;83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761099&pid=S1405-0218200600010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Pablo da Silveira distingue tres concepciones de la laicidad: "laicidad de combate", "laicidad como abstenci&oacute;n y "laicidad plural", <i>art. cit.</i> pp. 21&#45;26. En parte al menos, los dos primeros sentidos caen bajo el modelo de la vida p&uacute;blica vac&iacute;a, y el tercero bajo el modelo de la vida p&uacute;blica llena. Su admirable ensayo, adem&aacute;s, repasa con minucia el papel de la religi&oacute;n en la vida p&uacute;blica de diversos pa&iacute;ses: en B&eacute;lgica, Holanda, Alemania, y Estados Unidos.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Lo que llamo "la actitud general del laicismo" posee muchas relaciones con lo que Carlos Thiebaut entiende por un sujeto "poscreyente" y reflexivo, propio de una cultura genuinamente ilustrada: "el poscreyente es consciente del falibilismo de sus creencias de hecho sostenidas" en <i>Vindicaci&oacute;n del ciudadano. Un sujeto reflexivo en una sociedad compleja,</i> Barcelona, Paid&oacute;s, 1998, p. 262.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761102&pid=S1405-0218200600010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Me pregunto si no se puede ser un sujeto reflexivo si se considera que ciertas creencias (por ejemplo, en <i>Asuntos no de este mundo</i> como si Dios existe, y si es Uno y Tres, o s&oacute;lo Uno) pertenecen al &aacute;mbito de la f&eacute;, y por lo tanto, no son falibles.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Este es un punto en el que insiste, con mucha raz&oacute;n por supuesto, Roberto Blancarte en su informativo ensayo "Definir la laicidad (desde una perspectiva mexicana)" en <i>Revista internacional de Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica,</i> n&uacute;m. 24, diciembre 2004, pp. 15&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761104&pid=S1405-0218200600010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> <i>Cfr.</i> G.W.F. Hegel, <i>Fenomenolog&iacute;a del Esp&iacute;ritu,</i> trad. W. Roces, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1966; en particular la secci&oacute;n titulada "La libertad absoluta y el terror", pp. 343350</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761106&pid=S1405-0218200600010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Un pensador nada sospechoso de carecer de preocupaciones morales, I. Kant, en la segunda <i>Cr&iacute;tica,</i> diagnostica a las confusiones se&ntilde;aladas en el consejo 2 como productos de un "modo de pensar... fantasioso", que propicia el sentimentalismo moralista, cuando no, el "fanatismo moral" y, as&iacute;, todo "tipo de arrogancia", <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica,</i> trad. de R.R. Aramayo, Madrid, Alianza, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761107&pid=S1405-0218200600010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Por eso, una de las tareas del juicio consiste en distinguir entre asuntos moralmente indiferentes &#45;tomar cerveza o vino, usar turbantes o sombreros...&#45; de los asuntos morales genuinos, como el rechazo al secuestro, a la tortura o la descriminaci&oacute;n por el sexo o el color de la piel. Cf. <i>Metaf&iacute;sica de las costumbres, Introducci&oacute;n a la teor&iacute;a de la virtud,</i> XVI, A53, trad. de A. Cortina y J. Conill; Madrid, Tecnos, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761108&pid=S1405-0218200600010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Tanto en <i>Vindicaci&oacute;n del ciudadano,</i> como en <i>De la tolerancia,</i> Madrid, Visor, 1999,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761110&pid=S1405-0218200600010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Carlos Thiebaut distingue muy &uacute;tilmente entre dos conceptos de tolerancia: tolerancia negativa y tolerancia positiva. En <i>De la tolerancia</i> se&ntilde;ala Thiebaut: "La tolerancia positiva es la otra cara de la tolerancia negativa. &Eacute;sta nos reclamaba s&oacute;lo que restringi&eacute;ramos nuestros iniciales desacuerdos sobre la base de un sistema superior de razones (de razones de estrategias, de razones prudenciales, de razones que expresan la universalidad de la dignidad y la libertad humanas). Pero comprender las razones de otros y aceptarlas de tal suerte que modifiquen, aunque sea localmente, las propias es darle al otro un lugar en el espacio de nuestras argumentaciones", p. 68. En esta distinci&oacute;n de ambos conceptos, la expresi&oacute;n que quiero subrayar es "darle al otro un lugar en el espacio de nuestras argumentaciones". Este "darle al otro un lugar" fija el pasaje decisivo de la tolerancia negativa a la tolerancia positiva o, si se quiere usar otro vocabulario, el de Kant en <i>Hacia la paz perpetua,</i> el pasaje de la tolerancia a la hospitalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> La risa es una de las expresiones m&aacute;s primitivas del poder de la primera persona: de su capacidad de distanciarse de las otras y de los otros, y de s&iacute; misma. Se trata de algo as&iacute; como un gesto que, por un momento, borra las jerarqu&iacute;as, cuestiona y desaf&iacute;a "arzobispos, doctores, patriarcas, potestades" (para servirme de un verso del Arcipreste de Hita) y abre, de par en par, la puerta a la posibilidad de otros valores, de otras normas: invita a la aventura de otras formas de vida. Con raz&oacute;n, lo mejor de la honestidad espa&ntilde;ola, de Cervantes a Savater, ha vinculado tolerancia y humor.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Javier Muguerza ha insistido &#45;&iquest;en exceso?&#45; en el valor del disenso. Cf. su libro <i>Desde la perplejidad,</i> Madrid, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761113&pid=S1405-0218200600010000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Cf. Nora Rabotnikof, <i>En busca de un lugar com&uacute;n. El espacio p&uacute;blico en la teor&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea.</i> Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4761115&pid=S1405-0218200600010000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Debray]]></surname>
<given-names><![CDATA[Regis]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="fr"><![CDATA[La laïcité: une exception francaise]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Bost]]></surname>
<given-names><![CDATA[H.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Genese et enjeux de la laïcité]]></source>
<year>1990</year>
<page-range>199-206</page-range><publisher-loc><![CDATA[Geneve ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Lobor et FIDES]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[da Silveira]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pablo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Laicidad, esa rareza]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista Prisma]]></source>
<year>1995</year>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>154-83</page-range><publisher-loc><![CDATA[Montevideo ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[Vindicación del ciudadano. Un sujeto reflexivo en una sociedad compleja]]></source>
<year>1998</year>
<page-range>262</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Blancarte]]></surname>
<given-names><![CDATA[Roberto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Definir la laicidad (desde una perspectiva mexicana)]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista internacional de Filosofía Política]]></source>
<year>dici</year>
<month>em</month>
<day>br</day>
<numero>24</numero>
<issue>24</issue>
<page-range>15-27</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hegel]]></surname>
<given-names><![CDATA[G.W.F.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Roces]]></surname>
<given-names><![CDATA[W.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Fenomenología del Espíritu]]></source>
<year>1966</year>
<page-range>343350</page-range><publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aramayo]]></surname>
<given-names><![CDATA[R.R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Crítica de la razón práctica]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cortina]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Conill]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Metafísica de las costumbres, Introducción a la teoría de la virtud]]></source>
<year>1989</year>
<volume>XVI</volume>
<page-range>A53</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tecnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[De la tolerancia]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Visor]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[Desde la perplejidad]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rabotnikof]]></surname>
<given-names><![CDATA[Nora]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[En busca de un lugar común. El espacio público en la teoría política contemporánea]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filosóficas]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
