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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El realismo de Bobbio<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Michelangelo Bovero**</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Universidad de Tur&iacute;n, Italia.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Hace algunos a&ntilde;os el mayor "bobbiologo" espa&ntilde;ol, Alfonso Ruiz Miguel, ofreci&oacute; una brillante y original reconstrucci&oacute;n del pensamiento de Bobbio<sup><a href="#nota">1</a></sup>. En un ensayo de 1992, Ruiz Miguel, se alej&oacute; del camino metodol&oacute;gico que &eacute;l mismo y otros estudiosos hab&iacute;an seguido buscando nexos de continuidad, de desarrollo y de articulaci&oacute;n al interior de la obra bobbiana y propuso una visi&oacute;n alternativa de la personalidad te&oacute;rica de Bobbio mediante la identificaci&oacute;n de <i>diez osimoros:</i> una red de paradojas conceptuales en las que &#45;seg&uacute;n Ruiz Miguel&#45; encontrar&iacute;an expresi&oacute;n las osilaciones y las tensiones caracter&iacute;sticas del pensamiento bobbiano. Vale la pena recordarlos: para Ruiz Miguel, Bobbio es un fil&oacute;sofo positivo, un iluminista pesimista, un realista insatisfecho, un anal&iacute;tico historicista, un historiador conceptualista, un positivista inquieto, un empirista formalista, un relativista creyente, un socialista liberal, un tolerante intransigente. Pretendo detenerme en la imagen del "realista insatisfecho".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruiz Miguel sugiere que todos aquellos que han explorado una parte significativa de la obra de Bobbio, por diferentes motivos, han ca&iacute;do en la tentaci&oacute;n &#45;por decirlo de alguna manera&#45; de considerar que, despu&eacute;s de todo, Bobbio es sustancialmente un realista, un observador agudo y desilusionado de los acontecimientos humanos. Y esta impresi&oacute;n de fondo se fortalece cuando constatamos que entre los autores de Bobbio abundan los exponentes del realismo pol&iacute;tico de todos los tiempos: desde Tuc&iacute;dides hasta Max Weber. Pero, agrega Ruiz Miguel, la mirada desprejuiciada sobre la historia del mundo (que para Bobbio se parece, en verdad, como dec&iacute;a Hegel, al "banco del carnicero") no est&aacute; acompa&ntilde;ada por aquella especie de complacencia que caracteriza a gran parte de los realistas. Por el contrario, el suyo es un "realismo insatisfecho": precisamente porque no se detiene en el diagn&oacute;stico pesimista y la prognosis infausta de los destinos humanos y, aunque carece de toda esperanza sobre la transformaci&oacute;n de la naturaleza humana, y por lo mismo de una palig&eacute;nesis de la historia (la esperanza, nos dice Bobbio, es una virtud religiosa: "teol&oacute;gica"), no cesa de alimentar la reflexi&oacute;n sobre las posibles terapias institucionales &#45;la democracia, los derechos del hombre&#45; para combatir los males eternos de la vida pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me parece que Bobbio, al comentar favorablemente el ensayo de Ruiz Miguel, se propuso acentuar la paradoja, llev&aacute;ndola hacia su "dualismo impenitente", es decir, al enfrentamiento (que el mismo juzga y de hecho vive como insuperable) entre "el mundo de los hechos y el mundo de los valores". Nos explica Bobbio que en este enfrentamiento su realismo, fruto de la observaci&oacute;n desencantada de los hechos, ser&iacute;a "insatisfecho" "porque se confronta continuamente con una visi&oacute;n ut&oacute;pica de la historia"<sup><a href="#nota">2</a></sup>. En el ensayo con el que Bobbio responde a Ruiz Miguel, sugiere una soluci&oacute;n aparentemente simple y lineal para enfrentar el problema de la presencia parad&oacute;jica en su pensamiento de tendencias opuestas hacia el realismo y hacia el utopismo: "frecuentemente me han reclamado que realizo una descripci&oacute;n demasiado cruda de la realidad, como si el intento por entender al mal en sus aspectos m&aacute;s crudos equivaliera a complacerse por &eacute;l y a justificarlo. Pero &iquest;no es a partir de la observaci&oacute;n desprejuiciada de la realidad como podemos encontrar la posibilidad de cambiarla? Hasta ahora los hombres han interpretado al mundo, dec&iacute;a Marx, ahora se trata de cambiarlo. Pero &iquest;c&oacute;mo hacemos para cambiarlo si no lo entendemos primero?"<sup><a href="#nota">3</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bobbio (de manera transparente) se refer&iacute;a a las observaciones cr&iacute;ticas que algunos a&ntilde;os antes le hab&iacute;a realizado Perry Anderson en un ensayo en el que, por cierto, expresaba su admiraci&oacute;n hacia &eacute;l. Anderson sosten&iacute;a que el pensamiento de Bobbio se ubica en el cruce de tres grandes concepciones en conflicto rec&iacute;proco: el liberalismo, el socialismo y el realismo conservador<sup><a href="#nota">4</a></sup>. Asimismo afirmaba que este &uacute;ltimo componente debilitaba la uni&oacute;n entre el liberalismo y el socialismo que hab&iacute;a sido la estrella polar de Bobbio como fil&oacute;sofo militante. Bobbio le contest&oacute; a Anderson<sup><a href="#nota">5</a></sup> reproch&aacute;ndole, a su vez, el identificar el realismo con el conservadurismo y sosteniendo que "una actitud realista es indispensable para quien quiera llevar a cabo un an&aacute;lisis desprejuiciado (... ) de la sociedad". Refiri&eacute;ndose a su propia concepci&oacute;n realista del proceso de democratizaci&oacute;n, sintetizada en su famoso ensayo <i>El futuro de la democracia,</i> Bobbio la presentaba como una "ilustraci&oacute;n desapasionada, desencantada, amarga si se quiere, pero necesaria (... ) para quien quiera serle fiel a la &eacute;tica de la ciencia, es decir de la investigaci&oacute;n desinteresada". Asimismo criticaba a Anderson por no haberse planteado la pregunta correcta: "si (los an&aacute;lisis) son acertados o equivocados, en vez de preguntarse solamente si son o no son compatibles con el proyecto ideal de liberalsocialismo (que el propio Bobbio siempre ha defendido)". Esta segunda pregunta, se&ntilde;alaba Bobbio, no es rigurosamente pertinente: "el realismo del cient&iacute;fico (... ) y el idealismo del ide&oacute;logo se encuentran en planos diferentes"<sup><a href="#nota">6</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde mi punto de vista, Perry Anderson plantea el problema del realismo pol&iacute;tico de Bobbio en t&eacute;rminos gen&eacute;ricos y confusos; pero tampoco Ruiz Miguel aborda el problema de manera suficientemente articulada. Pero, por otro lado, la misma respuesta de Bobbio a Anderson propone una soluci&oacute;n demasiado lineal y simplificadora. En palabras pobres, me parece que el problema es mucho m&aacute;s complicado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Sugiero enfrentarlo distinguiendo tres acepciones de la noci&oacute;n, com&uacute;n y com&uacute;nmente indistinta, de realismo pol&iacute;tico. Por el momento dejo abierta la cuesti&oacute;n de si son tres aspectos interconectados o, m&aacute;s bien, tres conceptos independientes. En una primera acepci&oacute;n, con la f&oacute;rmula "realismo pol&iacute;tico" se indica un m&eacute;todo o, (tal vez) mejor dicho, una forma de "aproximaci&oacute;n" a la realidad pol&iacute;tica. Cuando las ciencias sociales en general y la ciencia pol&iacute;tica en particular profesan el realismo, tienden a resolverlo con la pura y simple adopci&oacute;n del m&eacute;todo cient&iacute;fico y, con mayor precisi&oacute;n, con la adopci&oacute;n del principio metodol&oacute;gico de la neutralidad valorativa. El abstenerse de realizar juicios de valor es (considerado) un comportamiento "realista" ya que permite alcanzar la "verdad efectiva" de la pol&iacute;tica, ver las cosas tal y como son sin las deformaciones que provienen de las inclinaciones o de las pasiones de parte. Desde esta perspectiva, el realismo se considera una <i>medicina mentis,</i> y tambi&eacute;n una forma de honestidad intelectual: la &eacute;tica de la ciencia de la que habla Bobbio. Por un lado, el realista busca el rostro verdadero de la pol&iacute;tica por <i>debajo</i> del mundo de las ideas hacia el que mira el utopista y <i>detr&aacute;s</i> de las m&aacute;scaras legitimantes construidas por el ide&oacute;logo: en otras palabras, rechaza los sue&ntilde;os de la utop&iacute;a y las falsificaciones de la ideolog&iacute;a<sup><a href="#nota">7</a></sup>. Por el otro lado, la dimensi&oacute;n &eacute;tica del realismo metodol&oacute;gico es la que obliga al observador de las cosas pol&iacute;ticas a dar cuenta de &#45;y a hacer cuentas con&#45;aquellos hechos que Max Weber llamaba los "hechos inc&oacute;modos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, m&aacute;s all&aacute; del aspecto <i>metodol&oacute;gico,</i> en el que el realismo se muestra como una <i>perspectiva</i> sobre la realidad pol&iacute;tica, existe otro aspecto que s&oacute;lo puedo llamar <i>ontol&oacute;gico,</i> en el que el realismo coincide con una verdadera y propia <i>concepci&oacute;n</i> (o familia de concepciones) de la pol&iacute;tica. Este es el segundo significado y (quiz&aacute;) el m&aacute;s com&uacute;n de la noci&oacute;n de realismo pol&iacute;tico. Mientras en la primera acepci&oacute;n por realismo se entiende una <i>mirada</i> sobre el mundo real que no est&aacute; condicionada por juicios de valor (no prejuzgada: desprejuiciada); en esta segunda acepci&oacute;n la noci&oacute;n de realismo pol&iacute;tico indica una <i>imagen</i> (o una familia de im&aacute;genes) de la realidad: una representaci&oacute;n de la pol&iacute;tica que rivaliza y entra en competencia con la visi&oacute;n idealista de los utopistas y con la legitimante de los ide&oacute;logos pero, precisamente por esto, se coloca en el mismo plano. Se trata, para decirlo de manera sint&eacute;tica e intuitiva, de la imagen que evoca el rostro diab&oacute;lico del poder. A partir de ella, la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de la existencia humana aparece como el teatro de la violencia y del fraude, como el campo de la acci&oacute;n estrat&eacute;gica, de la lucha eterna entre individuos y (sobre todo) entre grupos que est&aacute; dominada por la ley del prevalecer para sobrevivir. En otra ocasi&oacute;n sostuve<sup><a href="#nota">8</a></sup> que las diferentes versiones del realismo pol&iacute;tico de todos los tiempos encuentran su unidad de sentido en la idea de la pol&iacute;tica como lucha, como contraposici&oacute;n, como atropello. Las diversas configuraciones y distribuciones de los roles de vencedor y vencido, de dominante y dominado, simplemente son cristalizaciones de los resultados contingentes que, en cada caso, arroja el antagonismo perenne: resultados que siempre aparecen dentro de las fronteras insuperables del conflicto. Para el realismo pol&iacute;tico, el conflicto, el antagonismo, <i>es</i> la pol&iacute;tica, es la esencia de la pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegado a este punto quisiera adelantar tres tipos de observaciones. En primer lugar, hago notar que entre realismo metodol&oacute;gico y realismo ontol&oacute;gico no existe ning&uacute;n nexo de implicaci&oacute;n necesaria. No est&aacute; claro porqu&eacute; una mirada cient&iacute;fica&#45;realista, objetiva&#45;sin valoraciones, sobre la pol&iacute;tica deber&iacute;a inevitablemente descubrir que el "verdadero" rostro de la pol&iacute;tica es el rostro (m&aacute;s o menos) "diab&oacute;lico". No s&oacute;lo quien afirma lo contrario, es decir que este es el descubrimiento necesario al que llegar&aacute; el observador de la pol&iacute;tica cuando sigue el m&eacute;todo cient&iacute;fico&#45;realista, est&aacute; impl&iacute;citamente admitiendo que <i>presupone</i> que la pol&iacute;tica tiene esta determinada naturaleza; al hacerlo revela que antepone una cierta concepci&oacute;n de la pol&iacute;tica a la investigaci&oacute;n, desprejuiciada, de la misma. No obstante, se podr&iacute;a sostener que una investigaci&oacute;n metodol&oacute;gicamente realista nos lleva la <i>mayor&iacute;a de las veces</i> a delinear una imagen diab&oacute;lica del mundo pol&iacute;tico, o mejor dicho, que la representaci&oacute;n de la pol&iacute;tica que he denominado realismo ontol&oacute;gico es simple y sencillamente producto de una generalizaci&oacute;n emp&iacute;rica de los resultados de los an&aacute;lisis realizados bajo la gu&iacute;a del realismo metodol&oacute;gico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Admitiendo (pero por el momento sin conceder) que esta &uacute;ltima es una tesis validamente sostenible y convincente, observo &#45;en segundo lugar&#45; que el universo de las cosas pol&iacute;ticas as&iacute; delineado en su rostro "realista", o supuestamente tal, se presenta como un mundo al que son ajenos los que com&uacute;nmente consideramos valores e ideales pol&iacute;ticos (aunque contrasten entre s&iacute;): libertad, igualdad, justicia... La ontolog&iacute;a del realismo pol&iacute;tico, al menos en sus versiones m&aacute;s radicales y coherentes, simplemente tiende a negar que exista una dimensi&oacute;n ideal de la pol&iacute;tica; o mejor dicho, considera que tal dimensi&oacute;n (la que resulta de los valores pol&iacute;ticos) puede reducirse completamente al mundo de las utop&iacute;as y de las ideolog&iacute;as, a las seducciones enga&ntilde;osas y a las manifestaciones de falsa conciencia, o a las "f&oacute;rmulas pol&iacute;ticas" como las llamaba Mosca: astucias y trampas que los competidores en la lucha perenne por el poder usan como instrumentos. Se desprende que la adopci&oacute;n de cualquier forma de realismo ontol&oacute;gico (m&aacute;s o menos radical), en s&iacute; misma, hace que la propuesta de valores e ideales pol&iacute;ticos propiamente entendidos resulte (m&aacute;s o menos) insensata. Adem&aacute;s, se desprende que al mundo de la pol&iacute;tica, tal como resulta de la representaci&oacute;n del realismo ontol&oacute;gico, no se aplican aut&eacute;nticos juicios de valor (el juicio sobre la adecuaci&oacute;n de los medios para lograr el fin de conquistar y mantener el poder no es propiamente un juicio de valor, ya que es un juicio t&eacute;cnico, no &eacute;tico): y hago notar que esta tesis es diferente y mucho m&aacute;s radical respecto de aquella que da fundamento al realismo metodol&oacute;gico y que s&oacute;lo recomienda abstenerse de emitir juicios de valor <i>en (durante)</i> el an&aacute;lisis de los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos, pero que no pretende que estos fen&oacute;menos, una vez que han sido reconstruidos, sean inmunes a ser juzgados con criterios axiol&oacute;gicos, ni que sean inmodificables por ser manifestaciones de una supuesta naturaleza esencial de la pol&iacute;tica, refractaria a los valores. Agrego &#45;como anticipaci&oacute;n de un problema que enfrentar&eacute; en el pr&oacute;ximo apartado&#45; que si el realismo de Bobbio correspondiera al realismo ontol&oacute;gico cuyas caracter&iacute;sticas he intentado delinear, tendr&iacute;amos que reconocer que Perry Anderson tiene al menos una parte de raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el momento dejo abierta la cuesti&oacute;n y me limito a observar &#45;en tercer lugar&#45; que la concepci&oacute;n realista&#45;ontol&oacute;gica de la pol&iacute;tica como un mundo refractario a los valores, y a los juicios de valor, parad&oacute;jicamente, termina present&aacute;ndose en el sentido com&uacute;n (del que sin duda no se escapan los estudiosos) como una representaci&oacute;n en la que la pol&iacute;tica es un universo connotado necesariamente de valor negativo: precisamente como un mundo "diab&oacute;lico". Me parece que esta es la ra&iacute;z de la reflexi&oacute;n recurrente sobre el tema de la relaci&oacute;n, o mejor dicho, del divorcio, entre la pol&iacute;tica y la moral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; es en donde se nos presenta el tercer aspecto de la noci&oacute;n com&uacute;n de realismo pol&iacute;tico. Tanto el realismo metodol&oacute;gico, como el realismo ontol&oacute;gico se refieren al problema del <i>conocimiento</i> (de los fen&oacute;menos o de la esencia) de la pol&iacute;tica, y pueden reagruparse en la figura del realismo <i>teor&eacute;tico;</i> m&aacute;s all&aacute; del cual se encuentra el realismo <i>pr&aacute;ctico,</i> que se refiere al problema de la prescripci&oacute;n y de la justificaci&oacute;n de la acci&oacute;n pol&iacute;tica. El realismo pr&aacute;ctico, por una parte, ha dado origen a los "consejos al pr&iacute;ncipe" (de lo cuales <i>El Pr&iacute;ncipe</i> de Maquiavelo es el arquetipo), al estudio de la acci&oacute;n estrat&eacute;gica, de las "reglas para ganar"; por la otra, durante siglos y partiendo de la m&aacute;xima maquiav&eacute;lica (aunque no maquiaveliana) "el fin justifica los medios", ha elaborado teor&iacute;as y argumentos para justificar, precisamente, el divorcio de la acci&oacute;n pol&iacute;tica de los c&aacute;nones compartidos de la acci&oacute;n moral.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enuncio mi tesis. Mientras la adhesi&oacute;n de Bobbio al realismo metodol&oacute;gico es completa y no problem&aacute;tica, no podemos rastrear en su obra un realismo ontol&oacute;gico riguroso y ni siquiera un realismo pr&aacute;ctico, excepto de formas parciales y condicionadas. Esto nos permite afirmar, en primer lugar, que la f&oacute;rmula del "realismo insatisfecho" &#45;aunque expresa la tensi&oacute;n que atraviesa el pensamiento de Bobbio&#45;, no constituye un verdadero osimoro (es decir: la paradoja de Ruiz Miguel es aparente) y; en segundo, que la incoherencia denunciada por Perry Anderson no es propiamente tal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Cuando Bobbio hace expl&iacute;cita su "profesi&oacute;n al realismo", sin duda, se refiere sobre todo, si no exclusivamente, a lo que he llamado realismo metodol&oacute;gico. Sobre este punto el pensamiento de Bobbio no presenta particulares dificultades interpretativas<sup><a href="#nota">9</a></sup> y no exige muchas ilustraciones. Me limito, simplemente, a recordar los estudios bobbianos sobre las ideolog&iacute;as en el sentido negativo del t&eacute;rmino, por ejemplo sobre las "derivaciones" paretianas, como m&aacute;scaras a desenmascarar con el m&eacute;todo realista<sup><a href="#nota">10</a></sup>; pero tambi&eacute;n llamo la atenci&oacute;n sobre la apasionada impugnaci&oacute;n en contra de los detractores de la neutralidad valorativa, que se encuentra en el primer cap&iacute;tulo de la <i>Teor&iacute;a General de la Pol&iacute;tica</i><sup><a href="#nota">11</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer problema verdadero es que Bobbio no se limita a adoptar el <i>m&eacute;todo</i> "realista", sino que mediante el uso constante de este m&eacute;todo logra elaborar una <i>concepci&oacute;n</i> de la naturaleza de la pol&iacute;tica que &eacute;l mismo llama "realista", en oposici&oacute;n a las visiones "idealizantes" &#45;que son aquellas que confunden la pol&iacute;tica con la "buena" pol&iacute;tica. Sin embargo, el peculiar realismo ontol&oacute;gico de Bobbio, su concepci&oacute;n "realista" de la pol&iacute;tica, no coincide con la concepci&oacute;n que, desde mi perspectiva, constituye la constante, el n&uacute;cleo teor&eacute;tico, del realismo pol&iacute;tico de todos los tiempos (y de todos los colores: desde Tras&iacute;maco hasta Maquiavelo, hasta Marx, hasta Carl Schmitt): es decir, no coincide con la concepci&oacute;n conflictiva o, mejor dicho, polemol&oacute;gica, seg&uacute;n la cual la pol&iacute;tica es sustancialmente &#45;como dec&iacute;a Foucault invirtiendo a Clausewitz&#45; la continuaci&oacute;n de la guerra por otros medios. Como todos saben, Bobbio coloca en el centro de su reflexi&oacute;n sobre el mundo pol&iacute;tico y sobre la misma delimitaci&oacute;n te&oacute;rica del campo de la pol&iacute;tica, al concepto de poder y distingue al poder pol&iacute;tico de las dem&aacute;s especies de poder social utilizando el criterio weberiano del "medio espec&iacute;fico": la fuerza. Para Bobbio las teor&iacute;as que definen a la pol&iacute;tica y al poder pol&iacute;tico echando mano, m&aacute;s all&aacute; del medio espec&iacute;fico, de un determinado fin ideal son "persuasivas" (as&iacute; las llama) y, por lo mismo, las rechaza por "no ser realistas"<sup><a href="#nota">12</a></sup>. Partiendo del nexo conceptual entre "pol&iacute;tica", "poder" y "fuerza", Bobbio, construye su definici&oacute;n de la pol&iacute;tica como esfera de la acci&oacute;n social articulada en dos dimensiones (o, como yo prefiero decir, en dos vertientes): por un lado, el poder coactivo es <i>el fin</i> de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, el <i>terminus ad quem,</i> y por eso pertenecen a la esfera pol&iacute;tica los actos del abatir y del defender, del conservar o del revolucionar el poder; por el otro lado, el mismo poder coactivo es <i>el principio</i> de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, el <i>terminus a quo,</i> y por eso reconocemos que son eminentemente pol&iacute;ticas las actividades de comandar y prohibir, legislar y ordenar, etc. En este simple modo de delinear los perfiles de la esfera pol&iacute;tica<sup><a href="#nota">13</a></sup>, Bobbio indica a la teor&iacute;a la tarea de estudiar, los <i>dos</i> problemas pol&iacute;ticos principales, que son los de la <i>conquista</i> y del <i>ejercicio</i> del poder, manteni&eacute;ndolos diferenciados pero al mismo tiempo reconociendo su igual importancia. No tengo necesidad de recordar la relevancia que le otorga Bobbio a la segunda cuesti&oacute;n, la del ejercicio del poder, en el famoso debate sobre la concepci&oacute;n marxista del Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; las cosas, como podemos observar, la imagen polemol&oacute;gica de la pol&iacute;tica, la idea de la pol&iacute;tica como lucha &#45;car&aacute;cter constante e identificante de la tradici&oacute;n plurisecular del realismo pol&iacute;tico&#45; encuentra su correspondencia solamente con uno de los dos hemisferios que la mirada anal&iacute;tica de Bobbio distingue en el universo de la acci&oacute;n pol&iacute;tica. Obviamente, para Bobbio como para cualquiera, es verdad que la l&oacute;gica del conflicto permea tanto en la dimensi&oacute;n de la conquista del poder como en la de su ejercicio. Pero, para Bobbio, no es verdad que el sentido del ejercicio del poder se deba buscar, exclusivamente o en &uacute;ltima instancia, en la afirmaci&oacute;n y conservaci&oacute;n del poder mismo. En suma, no es verdad que el fin "natural" y esencial de la acci&oacute;n pol&iacute;tica sea, maquiav&eacute;licamente, "vencer y conservar el estado". Bobbio afirma textualmente: "si el fin de la pol&iacute;tica fuera en verdad el poder por el poder, la pol&iacute;tica no servir&iacute;a para nada"<sup><a href="#nota">14</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la superposici&oacute;n s&oacute;lo parcial, o mejor dicho en el desfase entre el realismo ontol&oacute;gico de Bobbio, o sea lo que &eacute;l mismo llama su &laquo;concepci&oacute;n&raquo; realista, y la ontolog&iacute;a polemol&oacute;gica del realismo pol&iacute;tico tradicional, encontramos un principio de explicaci&oacute;n literal al juicio que hace Bobbio de la teor&iacute;a de Carl Schmitt, palad&iacute;n del (hiper)realismo pol&iacute;tico del siglo XX, quien resuelve la esfera pol&iacute;tica en la relaci&oacute;n amigo&#45;enemigo: "A pesar de que pretende valer como una definici&oacute;n global del fen&oacute;meno pol&iacute;tico, la definici&oacute;n de Carl Schmitt considera a la pol&iacute;tica desde una perspectiva <i>unilateral</i>"<sup><a href="#nota">15</a></sup>. En s&iacute;ntesis extrema: "pol&iacute;tica" no es solamente y ni siquiera principalmente antagonismo, conflicto extremo, atropello, imposici&oacute;n, dominio en perenne alternancia. El conflicto mismo es "pol&iacute;tico", cuando lo es, no en cuanto tal ni en tanto extremo y antag&oacute;nico, sino cuando se combate por la conquista de ese poder, del poder coactivo&#45;pol&iacute;tico, es decir de aquel poder que es capaz &#45;tiene la fuerza&#45; de imponer un orden, bueno o malo y, por lo tanto, de impedir el surgimiento o el resurgimiento de conflictos antag&oacute;nicos y de evitar con ello la disgregaci&oacute;n de la convivencia. Por lo tanto, el conflicto es pol&iacute;tico, cuando lo es, en virtud de la <i>ratio finalis</i> anticonflictiva del poder pol&iacute;tico y de la pol&iacute;tica misma. Bobbio lo ha repetido una infinidad de veces: es necesario vencer para gobernar, pero gobernar significa resolver los conflictos. Concluyo este apartado con una cita puntual: "Precisamente en la medida en la que el poder pol&iacute;tico se caracteriza por el instrumento del que echa mano para alcanzar sus fines, y este instrumento es la fuerza f&iacute;sica, se trata del poder al que apelamos para <i>resolver los conflictos</i> que si quedaran sin soluci&oacute;n tendr&iacute;an como efecto la disgregaci&oacute;n del Estado y del orden internacional"<sup><a href="#nota">16</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. No obstante, el rostro m&aacute;s "realista", el m&aacute;s dram&aacute;tico, del realismo ontol&oacute;gico de Bobbio no es el que coincide con la reflexi&oacute;n desprejuiciada, es decir la que se ejerce con una actitud axiol&oacute;gicamente neutral sobre la naturaleza esencialmente coactiva del poder pol&iacute;tico y, en general, sobre los modos y las formas de ejercicio de la fuerza en el universo de las cosas pol&iacute;ticas; sino que el rostro mas realista es el que se convierte en un juicio de valor fuertemente negativo sobre los acontecimientos humanos y en un cuestionamiento angustiante sobre el predominio <i>de hecho</i> del mal en la historia del mundo y en el teatro de la pol&iacute;tica. Mucho podr&iacute;amos decir sobre la antropolog&iacute;a &#45;realista pero no solamente realista&#45; y sobre la filosof&iacute;a de la historia &#45;no "terrorista" en el sentido kantiano, sino como &eacute;l mismo la define, "melanc&oacute;lica"&#45;<sup><a href="#nota">17</a></sup> de Bobbio. Me limito a algunos comentarios sobre su forma de enfrentar el cl&aacute;sico y tormentoso problema de la relaci&oacute;n entre la moral y la pol&iacute;tica o, con mayor precisi&oacute;n, sobre la actitud de Bobbio hacia lo que he llamado realismo pr&aacute;ctico y que se refiere a los criterios de justificaci&oacute;n de la acci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bobbio parte de la constataci&oacute;n del contraste entre la conducta pol&iacute;tica y la moral com&uacute;n: un hecho, subraya, "en s&iacute; mismo escandaloso"<sup><a href="#nota">18</a></sup>, verificable en todo lugar y en todo tiempo, y aparentemente inmodificable; procede a la reconstrucci&oacute;n, clasificaci&oacute;n, comparaci&oacute;n de las diferentes teor&iacute;as que intentan explicar y justificar el divorcio de la pol&iacute;tica frente a la moral; pero <i>no</i> abraza la tesis de la amoralidad de la pol&iacute;tica o de su total autonom&iacute;a de la moral &#45;tesis que constituye el fundamento del realismo pr&aacute;ctico cl&aacute;sico, radical y coherente. La pol&iacute;tica, sostiene Bobbio, al igual que todas las dem&aacute;s formas de la acci&oacute;n humana, no puede escapar del juicio moral. El problema consiste en determinar si este juicio debe ser formulado siguiendo criterios diferentes de los que se aplican a la conducta humana com&uacute;n. Pero, en todo caso, es obvio que existen comportamientos pol&iacute;ticos injustificables: "A pesar de todas las justificaciones de la conducta pol&iacute;tica que se aparta de las reglas de la moral com&uacute;n, el tirano sigue siendo tirano, y puede definirse como aqu&eacute;l cuya conducta no puede ser justificada desde ninguna perspectiva te&oacute;rica, ni siquiera por aquellas teor&iacute;as que reconocen una cierta autonom&iacute;a normativa de la pol&iacute;tica respecto de la moral"<sup><a href="#nota">19</a></sup>. Y bien: el &aacute;rea de los comportamientos pol&iacute;ticos injustificables es para Bobbio, el "realista", m&aacute;s amplia y se configura de manera diferente de la propuesta por todas las versiones del realismo pol&iacute;tico tradicional, fundada sobre la concepci&oacute;n polemol&oacute;gica de la pol&iacute;tica (es decir, sobre el realismo ontol&oacute;gico cl&aacute;sico). Que no todo fin pueda justificar cualquier medio es simplemente banal: ninguna teor&iacute;a seria sobre la relaci&oacute;n de la pol&iacute;tica con la moral se atrever&iacute;a a afirmar lo contrario (quiz&aacute;). Pero, por encima de todo, precisamente porque para Bobbio la pol&iacute;tica no es &#45;como s&iacute; lo es para el realismo pol&iacute;tico tradicional&#45; una dimensi&oacute;n de la existencia humana siempre cercana al "estado de necesidad", la acci&oacute;n pol&iacute;tica no puede representarse como una especie de <i>excepci&oacute;n permanentemente justificada</i> a las reglas morales. Para reconstruir el rostro peculiar del realismo pr&aacute;ctico de Bobbio deber&iacute;amos responder de forma anal&iacute;tica y articulada a la pregunta: cu&aacute;les fines, seg&uacute;n &eacute;l, justifican qu&eacute; medios. Y encontrar&iacute;amos que las respuestas que podemos obtener de los textos de Bobbio son sumamente dubitativas y condicionales. Veamos algunas orientaciones para encontrar las respuestas: &iquest;El fin de la <i>salus reipublicae</i> justifica (no cualquier medio pero) el recurso a la violencia colectiva? Depende: &iquest;de cu&aacute;l <i>respublica</i> estamos hablando? Ciertamente no de una "patria" indefinida. Recu&eacute;rdese la afirmaci&oacute;n, muchas veces repetida por Bobbio: "Deseamos que Italia perdiera la guerra...". &iquest;El fin de la instauraci&oacute;n del "orden justo"? Depende: ciertamente no aqu&eacute;l, presuntuoso, de quien pretende el nacimiento del "hombre nuevo"<sup><a href="#nota">20</a></sup>. Y as&iacute; sucesivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute;, para Bobbio, el fin que potencialmente justificar&iacute;a m&aacute;s el uso de medios extremos violentos (pero nunca verdaderamente extremos) ser&iacute;a el de impedir que se extienda la violencia, que se desate lo que &eacute;l llama el "mal activo", la crueldad inhumana; y, tal vez m&aacute;s, el fin de oponerse a la difusi&oacute;n de la actitud de aquiescencia transigente ante la imposici&oacute;n de los violentos y de los prepotentes. Aqu&iacute; se encuentra la ra&iacute;z m&aacute;s profunda de las manifestaciones del realismo pr&aacute;ctico por parte de Bobbio &#45;las justificaciones de actos de violencia organizada&#45; ante la primera guerra del Golfo y la de Kosovo en la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo xx. Pero el car&aacute;cter condicional y dubitativo de su realismo pr&aacute;ctico, fundado en un realismo ontol&oacute;gico que no es unilateralmente conflictivo, le permiti&oacute; en ambos casos una rectificaci&oacute;n parcial. En un art&iacute;culo del primero de febrero de 1991, titulado <i>La gran tragedia</i><sup><a href="#nota">21</a></sup><i>,</i> Bobbio aclaraba que, desde el inicio, hab&iacute;a considerado que la guerra contra Irak era una guerra <i>justa</i> "en el sentido estricto &#45;el &uacute;nico plausible&#45; de la palabra", es decir, en el sentido de <i>l&iacute;cita, permitida,</i> "en cuanto respuesta, en &uacute;ltima instancia, a una agresi&oacute;n" y se quejaba de que de sus &uacute;ltimas declaraciones &uacute;nicamente se hubiera resaltado "el criterio de la justicia que hab&iacute;a considerado preliminar, s&iacute;, pero secundario": la guerra, adem&aacute;s de l&iacute;cita, deber&iacute;a haber sido "tambi&eacute;n eficaz, es decir conforme a su objetivo. No deb&iacute;a, en otras palabras, ser un remedio peor que el mal". En un art&iacute;culo posterior, escrito el 24 de febrero y publicado dos d&iacute;as despu&eacute;s con el t&iacute;tulo <i>La &eacute;tica de la guerra</i><sup><a href="#nota">22</a></sup>, invitaba a considerar un criterio de juicio ulterior y decisivo: "antes de que estallara la guerra, la pregunta ritual era: "&iquest;se puede hacer esta guerra?", en la que "poder" no significa "que sea posible" sino "que sea l&iacute;cita". Ahora que la guerra parece que est&aacute; por terminar perm&iacute;tanme plantear otra pregunta que podr&iacute;a parecer intempestiva: "&iquest;esta guerra, admitiendo que se pod&iacute;a hacer, se ten&iacute;a que hacer?". La conexi&oacute;n entre las dos preguntas deriva del hecho que, si bien es cierto que una acci&oacute;n debida tambi&eacute;n tiene que ser l&iacute;cita, no lo es que una acci&oacute;n tenga que ser considerada debida por el s&oacute;lo hecho de ser l&iacute;cita". Al final planteaba de nuevo la pregunta: "desde hace m&aacute;s de un mes, cada d&iacute;a que pasa &#91;...&#93; nos preguntamos con inquietud creciente: "&iquest;pero esta guerra se ten&iacute;a que hacer? y, si se ten&iacute;a que hacer, &iquest;con qu&eacute; <i>condiciones</i> y dentro de cu&aacute;les <i>l&iacute;mites</i> se ten&iacute;a que hacer?". Y conclu&iacute;a afirmando: "nuestra conciencia est&aacute; turbada".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 15 de mayo de 1999, durante la guerra de los Balcanes, Bobbio env&iacute;o un mensaje a los organizadores de la presentaci&oacute;n del sitio web dedicado a su obra en la feria del libro de Tur&iacute;n<sup><a href="#nota">23</a></sup>. Este mensaje contiene lo que &eacute;l llama una "confesi&oacute;n": "como intelectual endurecido he sido m&aacute;s un espectador que un actor. Tambi&eacute;n en estos d&iacute;as en los cuales nuestro tr&aacute;gico siglo xx est&aacute; por terminar tr&aacute;gicamente. No me hago ninguna ilusi&oacute;n de que el pr&oacute;ximo ser&aacute; m&aacute;s feliz. A pesar de las predicas desde los m&aacute;s diversos p&uacute;lpitos contra la violencia y las guerras, hasta ahora los hombres no han encontrado otro remedio a la violencia que la violencia misma. Y ahora asistimos a una guerra que encuentra su propia justificaci&oacute;n en la defensa de los derechos humanos, pero los defiende violando sistem&aacute;ticamente incluso los derechos humanos m&aacute;s elementales en el pa&iacute;s que quiere salvar".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. <i>Post scriptum.</i> Hace dos a&ntilde;os, el 18 de octubre de 2001, Alberto Papuzzi publicaba en "La Stampa" una emotiva p&aacute;gina de felicitaciones a Bobbio con motivo de sus noventa y dos a&ntilde;os de vida. Pocos d&iacute;as antes hab&iacute;a iniciado la guerra de Afganist&aacute;n, respuesta terrible a la terrible tragedia del 11 de septiembre. Papuzzi evocaba brevemente el apasionado debate sobre la guerra del Golfo, que hab&iacute;a tenido lugar diez a&ntilde;os antes alrededor de las declaraciones y los art&iacute;culos de Bobbio. En un espacio exiguo hubiera sido dif&iacute;cil dar cuenta de lo complejo y problem&aacute;tico de la actitud de Bobbio en aquella ocasi&oacute;n. Pero Papuzzi reflejaba e interpretaba las ansias del presente "causadas por los atentados terroristas, por las amenazas bacteriol&oacute;gicas, por los bombardeos estadounidenses y por las bombas equivocadas". Conclu&iacute;a con estas simples palabras en las que me reconoc&iacute; de inmediato: "felicidades, profesor. C&oacute;mo nos hace falta el limpio auxilio de su pensamiento". A&ntilde;ado: tambi&eacute;n en el disenso, algunas veces.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Han pasado otros dos a&ntilde;os, otros dos cumplea&ntilde;os. No serenos. Sobre el primero pend&iacute;a la amenaza, despu&eacute;s materializada, de una nueva guerra o, mejor (no: peor), de otro capitulo de la guerra "infinita" lanzada despu&eacute;s de la tragedia del 11 de septiembre. De nuevo contra el Irak de Sadam Hussein. En aquel tiempo, me puse a releer un art&iacute;culo de Bobbio del primero de julio de 1993. Se refer&iacute;a a un episodio que muchos hemos olvidado: es decir, el bombardeo de Irak efectuado pocos d&iacute;as antes, en junio de 1993, por orden de Clinton, en respuesta a un atentado fallido que presuntamente hab&iacute;a sido organizado por los servicios secretos iraqu&iacute;es en el mes de abril contra el expresidente Bush (padre) en ocasi&oacute;n de una visita a Kuwait. Aqu&eacute;l fue un ataque con misiles sorpresivo, y sorprendente, para los propios observadores estadounidenses, un ataque que hab&iacute;a provocado &#45;como siempre&#45; muchas v&iacute;ctimas civiles. Los diplom&aacute;ticos estadounidenses apelaron, <i>a posteriori,</i> al art&iacute;culo 51 de la Carta de las Naciones Unidas que reconoce el "derecho natural a la leg&iacute;tima defensa". Clinton hab&iacute;a afirmado que con el bombardeo pretend&iacute;a "enviar un mensaje a aquellos que se dedican al terrorismo patrocinado por los Estados". Inglaterra, Francia, Alemania e Italia inmediatamente declararon que consideraban leg&iacute;timo y justificado el ataque. El art&iacute;culo de Bobbio, en cambio, se titulaba <i>Esta vez digo no</i><sup><a href="#nota">24</a></sup>. Reproduzco algunos p&aacute;rrafos. "Considero a Sadam Hussein uno de los hombres m&aacute;s nefastos que hayan aparecido sobre la escena pol&iacute;tica &#91;...&#93;. Esto no me impide considerar odiosos los repetidos bombardeos sobre Bagdad ordenados por el presidente Clinton". "...me asombra que, salvo alguna noble excepci&oacute;n &#91;...&#93; la reacci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica haya sido m&aacute;s bien d&eacute;bil y, peor todav&iacute;a, que haya existido una adhesi&oacute;n casi un&aacute;nime, que s&oacute;lo podemos juzgar como vil y servil, de los gobiernos occidentales". "Desde el punto de vista pol&iacute;tico &#91;la acci&oacute;n&#93; es irresponsable: en vez de humillar al enemigo, habiendo golpeado hasta ahora inocentes (s&oacute;lo inocentes), lo exalta". "Desde el punto de vista moral &#91;la acci&oacute;n es&#93; inicua. Incluso dentro de los l&iacute;mites de la moral realista, que parece la m&aacute;s adecuada para juzgar las acciones pol&iacute;ticas, seg&uacute;n la cual "el fin justifica los medios", aquellos bombardeos dif&iacute;cilmente pueden justificarse &#91;...&#93;. El fin se justifica por su bondad, los medios por su eficacia. Si es discutible que el castigo de un atentado fallido pueda considerarse como un fin bueno, cuando la reacci&oacute;n adecuada hubiera sido impedir que ocurriera: &iquest;es posible considerar apropiado y eficaz el medio adoptado para alcanzarlo, es decir, que en lugar de buscar y castigar a los culpables se intentara destruir la sede en la que supuestamente se encontraban los servicios secretos que lo hab&iacute;an tramado?". "El apelo al art&iacute;culo 51 de la Carta de la organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas s&oacute;lo puede convencer a los que no lo conocen". "En cuanto al objetivo general que se atribuye a los bombardeos de Clinton, la lucha en contra de toda forma de terrorismo mundial, perm&iacute;tanme suspirar. "Qui&eacute;n est&eacute; libre de pecado..."".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No pretendo poner en palabras de Bobbio algo que &eacute;l no ha dicho: ni sobre el atentado terrorista del 11 de septiembre, ni sobre Afganist&aacute;n, ni sobre la segunda guerra en Irak. Me limito a se&ntilde;alar que el pensamiento de Bobbio, si lo queremos consultar, si todav&iacute;a queremos aprovechar su "limpio auxilio", como bien dec&iacute;a Papuzzi, ah&iacute; est&aacute;: en la mole ingente de sus escritos, con su rigor intelectual y moral, con sus tensiones e inquietudes. Pero usarlo de forma unilateral o demasiado perentoria o, peor a&uacute;n, dogm&aacute;tica, abusando del principio de autoridad, ser&iacute;a contrario al esp&iacute;ritu y a la letra de la obra de Bobbio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*Traducci&oacute;n de Pedro Salazar Ugarte. Una primera versi&oacute;n de este ensayo fue publicada en octubre de 2002. El texto fue actualizado y modificado un a&ntilde;o despu&eacute;s: la versi&oacute;n que ahora se publica fue presentada por el autor en una conferencia impartida en el auditorio del Instituto Federal Electoral en la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Me refiero al ensayo de A. Ruiz Miguel, <i>Bobbio: las paradojas de un pensamiento en tensi&oacute;n,</i> que fue originalmente presentado como una ponencia en el curso sobre <i>La figura y el pensamiento de Norberto Bobbio,</i> que fue organizado y dirigido por Gregorio Peces&#45;Barba en Santander, 20&#45;24 julio 1992 &#151; y cuyos actos fueron publicados en un volumen hom&oacute;nimo editado por A. Llamas, en la columna del "Instituto de derechos humanos Bartolom&eacute; de Las Casas" de la Universidad Carlos III de Madrid, en 1994. El ensayo revisado fue incluido en el libro de A. Ruiz Miguel, <i>Pol&iacute;tica, historia y derecho en Norberto Bobbio,</i> Fontamara, M&eacute;xico 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768053&pid=S1405-0218200400010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Le respuesta de Bobbio a Ruiz Miguel (y a los dem&aacute;s participantes) se encuentra en el <i>Ep&iacute;logo para espa&ntilde;oles</i> que cierra el vol&uacute;men de los actos y esta traducido al italiano bajo el t&iacute;tulo <i>Risposta ai critici</i> en N. Bobbio, _De <i>senectute,</i> Einaudi, Torino 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768054&pid=S1405-0218200400010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;N. Bobbio, <i>De senectute,</i> cit., p. 154.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Ivi, p. 152.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;P. Anderson, "The affinities of Norberto Bobbio", "New Left Review", 170, 1988,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768058&pid=S1405-0218200400010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> traducido con el t&iacute;tulo "Norberto Bobbio e il socialismo liberale" en un vol&uacute;men editado por G. Bosetti, "Socialismo liberale. Il dialogo con Norberto Bobbio oggi", suppl. <i>L'Unit&aacute;</i> del 9 de noviembre de 1989. La caracterizaci&oacute;n general del pensamiento de Bobbio se encuentra en la p. 25 de la trad. it. cit. Anderson define el realismo como "una cultura obsesiva de la pol&iacute;tica pura &#91;...&#93; entendida como dominio subjetivo absoluto del poder <i>per s&eacute;</i> &#91;...&#93;, mecanismo intrincado mediante el cual se adquiere o se pierde el poder" (trad. it., p. 35).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;En una carta personal, que dio origen a un breve intercambio epistolar, que fue posteriormente publicado en <i>Teoria pol&iacute;tica,</i> V, n&uacute;m. 2&#45;3, 1989</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768060&pid=S1405-0218200400010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Norberto Bobbio &#45; Perry Anderson, "Un carteggio", Teoria politica, V, n&uacute;m. 2&#45;3, 1989, p. 294.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768061&pid=S1405-0218200400010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Desarroll&eacute; estos puntos en un ensayo de hace muchos a&ntilde;os que estaba dedicado a <i>Gramsci e il realismo politico,</i> en AA.VV., <i>Teoria politica e societ&agrave; industriale. Ripensare Gramsci,</i> editado por F. Sbarberi, Bollati Boringhieri, Torino 1988;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768063&pid=S1405-0218200400010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> posteriormente los retom&eacute; en "Etica e politica tra machiavellismo e kantismo", <i>Teoria politica,</i> IV, n&uacute;m. 2, 1988;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768064&pid=S1405-0218200400010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y finalmente en "La natura della politica. Potere, forza, legittimit&agrave;", <i>Teoria politica,</i> XIII, n&uacute;m. 2, n&uacute;m. 3, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768065&pid=S1405-0218200400010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Sobre todo en el &uacute;ltimo de los ensayos citados en la nota 7.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> No por otro motivo sino por la complejidad misma de la distinci&oacute;n, que se encuentra detr&aacute;s de la misma, entre "hechos" y "valores".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> N. Bobbio, <i>Saggi sulla scienzapolitica in Italia,</i> Laterza, Bari 1969, nueva ed. Roma&#45;Bari 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768069&pid=S1405-0218200400010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;N. Bobbio, <i>Teoria generale della politica,</i> Einaudi, Torino 1999, pp. 13&#45;16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768071&pid=S1405-0218200400010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;<i>Cfr.</i> por ejemplo. <i>Teoria generale della politica,</i> cit., pp. 110&#45;11.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;Cfr. <i>Teoria generale della politica,</i> cit., p. 102.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;<i>Teoria generale della politica,</i> cit., p. 112.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;<i>Teoria generale della politica,</i> cit., p. 113</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;<i>Teoria generale della politica,</i> cit., p. 114, subrayados agregados.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;As&iacute; la defini&oacute; en un discurso que pronunci&oacute; con motivo de la celebraci&oacute;n de la "Jornada de las Naciones Unidas", el 26 de octubre de 1993, y publicado en el op&uacute;sculo que lleva el t&iacute;tulo <i>Il ruolo dell'ONU nel nuovo assetto internazionale,</i> SIOI, Torino 1993. En la p. 17 podemos leer: "Desgraciadamente, y subrayo este 'por desgracia' en el que resumo toda mi melanc&oacute;lica filosof&iacute;a de la historia, el &uacute;nico remedio que hasta ahora han encontrado los hombres para lograr la paz es creando una fuerza mayor a la fuerza de los contendientes".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup><i>&nbsp;Teoria generale della politica,</i> cit., p. 124.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup><i>&nbsp;Teoria generale della politica,</i> cit., p. 144.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup>&nbsp;Cfr. <i>Teoria generale della politica,</i> cit., pp. 294&#45;303.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup>&nbsp;Ahora en N. Bobbio, <i>Una guerra gusta? Sul conflitto del Golfo,</i> Marsilio, Venezia 1991, pp. 75&#45;79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768082&pid=S1405-0218200400010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp;Ivi, pp. 87&#45;90, con el t&iacute;tulo <i>Considerazioni inattuali.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> El mensaje es in&eacute;dito y se encuentra en los archivos del Centro Studi Piero Gobetti, y se encontraba dirigido a Bianca Guidetti Serra y a Carla Gobetti, presidente y directora, respectivamente, del Centro Gobetti, en donde se cre&oacute; la p&aacute;gina web sobre la obra de Bobbio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Publicado en el peri&oacute;dico "La Stampa", el 1&deg; de julio de 1993.</font></p>      ]]></body><back>
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