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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Heidegger y la cr&iacute;tica contempor&aacute;nea de la modernidad jur&iacute;dica</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eric Herr&aacute;n*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto Tecnol&oacute;gico Aut&oacute;nomo de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen buenas razones para pensar que la identificaci&oacute;n heideggeriana de la modernidad con lo que podemos llamar el imperio de la subjetividad metaf&iacute;sica, constituye un asidero principal de los esfuerzos contempor&aacute;neos encaminados a reivindicar, parcial o totalmente, el mundo jur&iacute;dico de los Antiguos. En consecuencia, es plausible suponer que el proyecto ontol&oacute;gico heideggeriano debe poder prestarse al sostenimiento de un concepto <i>no</i> moderno del derecho o, en palabras m&aacute;s directas, a la validaci&oacute;n de una idea de lo jur&iacute;dico incompatible en &uacute;ltima instancia con el derecho subjetivo y, espec&iacute;ficamente, con el discurso de los derechos humanos. Por lo menos, eso aseguran Luc Ferry y Alain Renaut. Por otro lado, sin embargo, tambi&eacute;n sabemos que las teor&iacute;as post&#45;estructuralistas y/o postmodernas que se encuentran en circulaci&oacute;n desde fines de los a&ntilde;os sesenta en conexi&oacute;n con el legado nietzscheo&#45;heideggeriano, cuando no impugnan abiertamente estos derechos, acusan serias dificultades para suscribir coherentemente una defensa del sujeto y los valores vinculados con los derechos del ser humano en cuanto tal. De ah&iacute; que, a mi entender, una resultante de la interrogaci&oacute;n jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tica que Ferry y Renaut han enderezado desde hace aproximadamente dos d&eacute;cadas a la obra de Heidegger radique en la observaci&oacute;n de que &eacute;sta parecer&iacute;a ser capaz de sustentar, simult&aacute;neamente, posturas tanto <i>jur&iacute;dicas</i> como <i>antijur&iacute;dicas</i> de antimodernismo.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puesto de otro modo: las investigaciones de Ferry y Renaut permiten percibir en la embestida heideggeriana en contra de la modernidad un sustrato com&uacute;n a las impugnaciones de la modernidad jur&iacute;dica &#45;y, concretamente, de los derechos humanos&#45; efectuadas ya sea en nombre de una reivindicaci&oacute;n de la experiencia jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tica premoderna, o en favor de un perspectivismo axiol&oacute;gico que nos exhorta a adentrarnos valerosamente en los espacios de la contingencia <i>post</i>moderna. Con Ferry y Renaut, creo que es dif&iacute;cil dejar de percibir la vinculaci&oacute;n o el parentesco te&oacute;ricos entre las cr&iacute;ticas postmodernas de los derechos humanos, por un lado, y la <i>Destruktion</i> heideggeriana, por el otro. Sin embargo, me parece que Ferry y Renaut exageran, con perjuicio, la imbricaci&oacute;n aparente entre el proyecto ontol&oacute;gico de Heidegger y ciertas argumentaciones contempor&aacute;neas en favor de alg&uacute;n tipo de recuperaci&oacute;n significativa de la noci&oacute;n plat&oacute;nico&#45;aristot&eacute;lica del derecho.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De entre todas estas cuestiones, aqu&iacute; me ocupo principalmente de la tesis de que la filosof&iacute;a heideggeriana suministra en la actualidad el basamento profundo para las arremetidas tanto "pre"&#45;modernas como "post"&#45;modernas en contra de la noci&oacute;n moderna de los derechos y, en particular, de los derechos humanos. Tratar&eacute; de mostrar que, a pesar de sus equivocaciones, un m&eacute;rito mayor del enfoque de Ferry y Renaut radica en su intento por esclarecer la clase de reflexi&oacute;n jur&iacute;dica implicada en la fenomenolog&iacute;a heideggeriana, as&iacute; como las consecuencias que &eacute;sta entra&ntilde;a para la noci&oacute;n moderna del derecho. La pertinencia de elucidar lo que podr&iacute;a llamarse la idea heideggeriana del derecho deriva, pues, directamente de los interrogantes y desaf&iacute;os que dicha idea es capaz de concitar, en &uacute;ltima instancia, en torno a cualquier toma de posici&oacute;n seria en favor de los derechos del hombre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, como han advertido por su parte Alain Renaut y Lukas Soso&eacute;, la tarea de poner en claro la idea heideggeriana del derecho es desde el inicio complicada, si consideramos la escasez de escritos en los que Heidegger aborda cuestiones propiamente jur&iacute;dicas. Sin mencionar que, cuando ocurre, su razonamiento jur&iacute;dico siempre tiene lugar en el marco m&aacute;s amplio de sus especulaciones ontol&oacute;gicas.<sup><a href="#nota">3</a></sup> En particular, esta &uacute;ltima observaci&oacute;n obliga a dividir la empresa en dos partes. Antes de abordar el examen de los aspectos propiamente jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos de la obra heideggeriana, es preciso allegarse una comprensi&oacute;n m&iacute;nima &#45;ciertamente estipulativa&#45; de la orientaci&oacute;n global de las investigaciones ontol&oacute;gicas de Heidegger que pueda servirnos como un contexto para acceder a su reflexi&oacute;n m&aacute;s normativa. Aqu&iacute; suscribo, en lo fundamental, la configuraci&oacute;n de dicho contexto sugerida por el humanismo jur&iacute;dico de Ferry y Renaut.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Una vez expuestos los lineamientos generales de la filosof&iacute;a heideggeriana, explorar&eacute; la posici&oacute;n del autor de la <i>Carta sobre el humanismo</i> con respecto a la cuesti&oacute;n del derecho y, en particular, de los derechos humanos. Entonces se apreciar&aacute;n mejor mis divergencias, y no s&oacute;lo mis coincidencias y acuerdos, con el enfoque propuesto por Ferry y Renaut. Pero primeramente, como se ver&aacute; enseguida, ofrecer&eacute; algunas reflexiones generales sobre la importancia del proyecto heideggeriano en la conformaci&oacute;n de la vertiente antihumanista dominante en el pensamiento filos&oacute;fico y pol&iacute;tico de finales del siglo veinte. La pertinencia de estas reflexiones preliminares saltar&aacute; a la vista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Heidegger y el antihumanismo contempor&aacute;neo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun antes de la publicaci&oacute;n del libro de V&iacute;ctor Far&iacute;as sobre Heidegger y el nazismo,<sup><a href="#nota">5</a></sup> Ferry y Renaut ya hab&iacute;an aislado el enfoque desconstruccionista heideggeriano como el elemento central de un tipo ideal de pensamiento filos&oacute;fico y pol&iacute;tico al que bautizaron con el nombre de "Pensamiento 68". En <i>La pens&eacute;e 68</i> se nos informa que, m&aacute;s all&aacute; de las divergencias irrecusables entre todas ellas, puede observarse un sustrato com&uacute;n a las obras de pensadores tales como Bourdieu, Derrida, Foucault, Lacan y Lyotard. Para Ferry y Renaut, "la cuesti&oacute;n que atraviesa todo el Pensamiento 68" es la cuesti&oacute;n del humanismo.<sup><a href="#nota">6</a></sup> Concretamente, observan que el rasgo primordial de este tipo de pensamiento es un antihumanismo erigido sobre el cuestionamiento radical de la subjetividad entendida como una ilusi&oacute;n perniciosa. El car&aacute;cter perjudicial de la subjetividad se aprehende r&aacute;pidamente atendiendo al bien conocido argumento sobre la "dial&eacute;ctica del iluminismo"<sup><a href="#nota">7</a></sup> Seg&uacute;n dicho argumento, el discurso humanista de la filosof&iacute;a moderna (orientado hacia la liberaci&oacute;n del ser humano concebido como un ser superior) acaba torn&aacute;ndose exactamente en su contrario (es decir, en causa del sobajamiento y la opresi&oacute;n de hombres y mujeres), por su inherente inclinaci&oacute;n a abrigar los ideales del saber y el dominio absolutos, caracter&iacute;sticos de la metaf&iacute;sica moderna.<sup><a href="#nota">8</a></sup> De ah&iacute; los inagotables y despiadados enjuiciamientos a la subjetividad emprendidos por el Pensamiento68, resultando siempre en la proclamaci&oacute;n de la "muerte del hombre" como sujeto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferry y Renaut hacen hincapi&eacute; en dos formas principales de esta arremetida en contra del humanismo y la subjetividad, que se distinguen entre s&iacute; por el modo espec&iacute;fico en que denuncian la mistificaci&oacute;n formidable implicada en la idea de un sujeto humano aut&oacute;nomo. La forma marxista del antihumanismo casi no requiere presentaci&oacute;n: se reconoce al punto en la aseveraci&oacute;n de que la existencia del sujeto humano est&aacute; determinada &#45;aunque s&oacute;lo sea "en &uacute;ltima instancia"&#45; por relaciones econ&oacute;micas. El estructuralismo de Althusser, y hasta la sociolog&iacute;a de Bourdieu, puede tomarse como representante de esta perspectiva te&oacute;rica. Por otra parte, el antihumanismo heideggeriano &#45;del cual el enfoque desconstruccionista de Derrida ofrece el ejemplo m&aacute;s acabado&#45;considera igualmente al sujeto como una ilusi&oacute;n, si bien dicha ilusi&oacute;n aparece aqu&iacute; como la consecuencia del olvido de la cuesti&oacute;n del ser, un olvido que es correlativo a la historia de la metaf&iacute;sica y que debe ser superado.<sup><a href="#nota">9</a></sup> Para el antihumanismo heideggeriano, la autenticidad en el ser humano no est&aacute; vinculada con su subjetividad sino con el hecho de ser un "lugar" para el ser. En cualquier caso, sostienen Ferry y Renaut, al reducir al ser humano a "un 'lugar' ('lugar' en el que se expresan relaciones de fuerza, 'lugar' donde el ser se manifiesta al mismo tiempo que se retira), el hombre desaparece como esta dimensi&oacute;n de autonom&iacute;a que el humanismo hab&iacute;a pretendido convertir en el signo esencial de aquello que no es una cosa".<sup><a href="#nota">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, s&oacute;lo despu&eacute;s de la ca&iacute;da en desgracia de la teor&iacute;a marxista a mediados de los a&ntilde;os setenta ha sido posible comenzar a estimar el grado en que la filosof&iacute;a francesa contempor&aacute;nea se habr&iacute;a rendido, desde tiempo atr&aacute;s, al pensamiento de Heidegger. Esto ha sido materia de an&aacute;lisis para Ferry y Renaut en <i>Heidegger et les modernes,</i> una obra que se incorpora a los debates gestados por la aparici&oacute;n del libro de Far&iacute;as acerca de los nexos del fil&oacute;sofo alem&aacute;n con el nazismo. All&iacute; leemos que, si bien el verdadero relato de la fascinaci&oacute;n francesa con la obra heideggeriana est&aacute; a&uacute;n por escribirse &#45;y que, de cualquier modo, siempre tendr&iacute;amos que estar atentos a una serie de vericuetos y sutilezas relativos a la reconstrucci&oacute;n de una historia tan compleja como &eacute;sta&#45;, no puede dejar de percibirse el influjo del autor de <i>El ser y el tiempo</i> m&aacute;s all&aacute; de los c&iacute;rculos de sus seguidores confesos, tanto ortodoxos como disidentes.<sup><a href="#nota">11</a></sup> En un provocador fragmento de su libro, Ferry y Renaut afirman que las huellas del pensamiento de Heidegger pueden rastrearse no s&oacute;lo en la obra de intelectuales post&#45;estructuralistas como Michel Foucault, sino tambi&eacute;n en la de quienes &#45;como Claude Lefort y Cornelius Castoriadis&#45; han sido se&ntilde;alados como responsables de la rehabilitaci&oacute;n reciente de la reflexi&oacute;n propiamente pol&iacute;tica en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica francesa.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya sea a trav&eacute;s de la obra de Hannah Arendt o de la del &uacute;ltimo Merleau&#45;Ponty, la influencia de la fenomenolog&iacute;a de Heidegger es evidente en escritores tan dispares como Claude Lefort, Cornelius Castoriadis y Michel Foucault. Ahora es posible persuadirnos de que la cr&iacute;tica del mundo totalitario entendido como la abolici&oacute;n de la divisi&oacute;n primordial de lo social, y de la ideolog&iacute;a entendida como el olvido de la "brecha" (Lefort), no carece de relaci&oacute;n con la interpretaci&oacute;n heideggeriana de la metaf&iacute;sica como la remoci&oacute;n de la diferencia y la otredad que se sigue del proyecto fant&aacute;stico de control total sobre el mundo que ha devenido perfectamente transparente y manipulable por el sujeto. La denuncia del sistema sovi&eacute;tico como una "estratocracia" (Castoriadis) que, en una nueva forma de imperialismo, persigue "la fuerza bruta por la fuerza bruta", con independencia de toda referencia a una idea cuyo centro ha sido aplastado por la m&aacute;quina ideol&oacute;gica, trae asimismo a la mente la cr&iacute;tica de Heidegger al mundo de la tecnolog&iacute;a como voluntad de la voluntad, como voluntad de acrecentar la fuerza por la fuerza misma, al margen de cualquier fin objetivo o sustancial. &iquest;C&oacute;mo podemos concebir la designaci&oacute;n de la raz&oacute;n cartesiana como una norma metaf&iacute;sica con respecto a la cual la sin&#45;raz&oacute;n &#45;la diferencia y otredad que es la locura&#45; no puede menos que ser marginada y luego "recluida" (Foucault), fuera de esa "historia del ser" en la que, seg&uacute;n Heidegger, Descartes fue el principal iniciador del olvido de la diferencia?<sup><a href="#nota">12</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De nuevo: hasta mediados de los a&ntilde;os setenta, es decir, hasta que la p&eacute;rdida de credibilidad de la teor&iacute;a marxista apareci&oacute; como un hecho ubicuo e irrecusable ("no es preciso tejer sobre este punto: el marxismo se ha derrumbado"),<sup><a href="#nota">13</a></sup> la dilatada influencia de la fenomenolog&iacute;a heideggeriana en el pensamiento franc&eacute;s hab&iacute;a sido a menudo subestimada. As&iacute; que si hay un par de cosas rescatables con respecto al turbulento esc&aacute;ndalo que sigui&oacute; a las revelaciones del libro de Far&iacute;as sobre el nazismo de Heidegger, sin duda una de ellas es la de que los intelectuales franceses (heideggerianos o no) han sido empujados a meditar sobre cu&aacute;les podr&iacute;an ser los puentes que comunican a una filosof&iacute;a del ser con las preferencias pol&iacute;ticas de quien fuera rector de la Universidad de Friburgo en 1933&#45;1934.<sup><a href="#nota">14</a></sup> Vayamos al grano. La reformulaci&oacute;n de la denuncia del pasado nazi de Heidegger ha provocado, de manera justificada, que los intelectuales franceses se pregunten acerca de la posible relaci&oacute;n entre los ideales pol&iacute;ticos del fil&oacute;sofo germano y el enfoque <i>Destruktionista.</i> Ferry y Renaut est&aacute;n en lo cierto al se&ntilde;alar que este cuestionamiento es a todas luces insoslayable, justo en la medida en que sabemos que dicho enfoque ha jugado, impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente, un papel preponderante por m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas en la identificaci&oacute;n de los intelectuales franceses contempor&aacute;neos.<sup><a href="#nota">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo aspecto interesante del debate acerca de los puentes entre la filosof&iacute;a y el nazismo de Heidegger radica sin duda en las sorprendentes similitudes de destino, en la historia intelectual reciente, entre los legados marxista y heideggeriano. Como bien lo apuntan Ferry y Renaut, despu&eacute;s de la ca&iacute;da del marxismo en los a&ntilde;os setenta, y gracias a un cierto maquillaje pol&iacute;tico operado sobre el pensamiento heideggeriano, este &uacute;ltimo (que hasta entonces hab&iacute;a permanecido "a la sombra de su enemigo fraterno") se las ingeni&oacute; para ocupar el lugar del primero como la mejor alternativa cr&iacute;tica: Heidegger hab&iacute;a conseguido desplazar finalmente a Marx como el <i>maitre penseur</i> de la izquierda.<sup><a href="#nota">16</a></sup> Pero, &iquest;frente a qu&eacute; cosa pod&iacute;a emerger el pensamiento heideggeriano como la mejor alternativa cr&iacute;tica? La respuesta de Ferry y Renaut es esclarecedora. Para el intelectual que ya hab&iacute;a pasado por la experiencia marxista y que posteriormente hab&iacute;a efectuado la cr&iacute;tica de las ilusiones totalitarias asociadas con dicha experiencia, "hasta hace unos cuantos meses &#91;esto es, hasta la publicaci&oacute;n del libro de Far&iacute;as&#93; el heideggerianismo hac&iacute;a posible aferrarse a la cuesti&oacute;n esencial: la tarea crepuscular de salvar al pensamiento de la ca&iacute;da general de la humanidad en el <i>affairisme</i> estadounidense".<sup><a href="#nota">17</a></sup> Este consenso, bajo el cual se hab&iacute;an cobijado los intelectuales franceses luego del derrumbe del marxismo, fue sacudido hasta sus cimientos por el libro de Far&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A decir verdad, que el <i>affaire</i> Far&iacute;as anuncie o no el comienzo del fin de la hegemon&iacute;a del heideggerianismo y de la desconstrucci&oacute;n en el pensamiento franc&eacute;s, es algo que deber&aacute; permanecer como un interrogante al menos por alg&uacute;n tiempo. En todo caso, a&uacute;n es demasiado pronto para que podamos averiguarlo. Si he ofrecido aqu&iacute; algunos comentarios sobre el mayor esc&aacute;ndalo intelectual parisino de fin de siglo, es porque &eacute;ste guarda cierta relaci&oacute;n con la elucidaci&oacute;n de la idea heideggeriana del derecho y de su potencial cr&iacute;tico de la modernidad jur&iacute;dica, que es el objeto de este ensayo. Por lo pronto, lo dicho hasta ahora debe bastar para indicarnos hasta qu&eacute; punto no es descabellado afirmar &#45;como lo hacen Ferry y Renaut&#45; que el resuelto antimodernismo de Heidegger podr&iacute;a hacer las veces de apoyatura tanto para quienes nos convocan a la recuperaci&oacute;n de una concepci&oacute;n premoderna del derecho, como para aquellos que, desde alguna perspectiva postmoderna, perciben en la norma jur&iacute;dica otra forma de esencialismo acr&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, como observa Alain Renaut &#45;en un libro escrito con la ayuda de Lukas Soso&eacute;&#45; al referirse a "las principales corrientes del pensamiento contempor&aacute;neo" (otro nombre para el Pensamiento 68), tal pareciera que el problema &uacute;ltimo con las teor&iacute;as <i>postmodernas</i> resulta del hecho de que su "matriz com&uacute;n" es tal que "lo menos que podemos decir sobre ellas es que tornan dif&iacute;cil la tentativa de devolverle un sentido al discurso de los derechos humanos".<sup><a href="#nota">18</a></sup> Esta clase de dificultad se percibe igualmente, a su entender, en los esfuerzos orientados a resucitar alguna concepci&oacute;n <i>premoderna</i> del derecho. La ra&iacute;z de este sorprendente acuerdo en torno a la imposibilidad de concebir los derechos humanos se encuentra en la influyente interpretaci&oacute;n heideggeriana de la modernidad, acerca de la cual "lo menos que podemos decir" es que dif&iacute;cilmente podr&iacute;a suministrar un fundamento para la celebraci&oacute;n de los valores democr&aacute;ticos y de la dignidad del ser humano en cuanto tal. No obstante, si bien la misma "matriz" heideggeriana puede ser capaz de suscitar dos clases diferentes de impugnaciones de la modernidad jur&iacute;dica, es importante tener en cuenta la siguiente reserva. Mientras que las teor&iacute;as "post"&#45;modernas pueden describirse, en lo general, como osadamente historicistas y antijur&iacute;dicas, sus contrapartes "pre"&#45;modernas representan a todas luces lo opuesto, al pretender instalar alguna noci&oacute;n naturalista cl&aacute;sica de lo jur&iacute;dico en el centro de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica y pol&iacute;tica. De cualquier modo, una vez hecha esta reserva, hay que decir que en la medida en que tanto "pre"&#45;modernos como "post"&#45;modernos podr&iacute;an ciertamente anclar su rechazo de la modernidad jur&iacute;dica en las premisas para tal efecto establecidas por la filosof&iacute;a de Heidegger, en el presente toda teor&iacute;a del derecho concebida como una teor&iacute;a de los derechos humanos que no d&eacute; por zanjada de antemano, en cualquier sentido, la cuesti&oacute;n de su propia fundamentaci&oacute;n, tendr&aacute; que v&eacute;rselas tarde o temprano con la lectura heideggeriana de la modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La interpretaci&oacute;n crepuscular de la modernidad seg&uacute;n Heidegger: metaf&iacute;sica, tecnolog&iacute;a y subjetividad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ya he indicado anteriormente, la (exigua) reflexi&oacute;n de Heidegger sobre el derecho es incomprensible a menos que se le ubique en el contexto de su cr&iacute;tica ontol&oacute;gica de la modernidad. Esto exige, como m&iacute;nimo, el trazado de la orientaci&oacute;n general de dicha cr&iacute;tica, antes de pasar a discutir sus escritos propiamente jur&iacute;dicos.<sup><a href="#nota">19</a></sup> En esta tesitura, es posible enunciar algunas tesis centrales en las investigaciones ontol&oacute;gicas de Heidegger, sin que ello implique, desde luego, que todas y cada una de estas tesis se encuentren inmediatamente vinculadas con problemas relacionados con el derecho o la justicia. En conjunto, estas tesis no s&oacute;lo deber&aacute;n ofrecernos un marco para la comprensi&oacute;n de los escritos propiamente jur&iacute;dicos de Heidegger, sino tambi&eacute;n, presumiblemente, "la exposici&oacute;n m&aacute;s completa" del "basamento filos&oacute;fico" sobre el que se erige el tipo de antimodernismo jur&iacute;dico que encontramos en el grueso de los enfoques postmodernos, as&iacute; como en la obra de algunos pensadores contempor&aacute;neos suscritos a la tradici&oacute;n cl&aacute;sica de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica.<sup><a href="#nota">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuatro tesis son cardinales en la cr&iacute;tica heideggeriana de la modernidad. La primera de ellas consiste en una interpretaci&oacute;n general del curso de la historia humana como un proceso de decadencia.<sup><a href="#nota">21</a></sup> Sabemos que, para Heidegger, la decadencia (la "decadencia espiritual del planeta") refiere al olvido de la cuesti&oacute;n del ser, cuesti&oacute;n que atraviesa de parte a parte la historia de Occidente.<sup><a href="#nota">22</a></sup> El olvido del ser se expresa a su vez en un mundo dominado por la tecnolog&iacute;a. Un multicitado fragmento de la <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> que aborda el conflicto Este&#45;oeste contra el tel&oacute;n de fondo del reino de la tecno&#45;ciencia, comunica con nitidez inigualable esta perspectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa Europa, siempre a punto de apu&ntilde;alarse a s&iacute; misma en su irremediable ceguera, se encuentra hoy en d&iacute;a entre la gran tenaza que forman Rusia por un lado y Estados Unidos por el otro. <i>Desde el punto de vista metaf&iacute;sico, Rusia y Am&eacute;rica son lo mismo;</i> en ambas encontramos la desolada furia de la desenfrenada t&eacute;cnica y de la excesiva organizaci&oacute;n del hombre normal.<sup><a href="#nota">23</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&oacute;tese que Heidegger suprime aqu&iacute; cualquier diferencia esencial entre las democracias occidentales y el totalitarismo estalinista. Para &eacute;l, lo crucial con respecto a ambos tipos de r&eacute;gimen pol&iacute;tico reside en el hecho de que comparten la misma "desolada furia de la desenfrenada t&eacute;cnica" o &#45;como lo proclama en otra parte&#45; la misma inclinaci&oacute;n moderna a considerar la existencia humana como un mero recurso a disposici&oacute;n de los poderes de organizaci&oacute;n de alg&uacute;n <i>F&uuml;hrer</i>.<a href="#nota"><sup>24</sup></a> Por consiguiente, toda distinci&oacute;n entre, digamos, los Estados Unidos y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en t&eacute;rminos de valores jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;ticos (concretamente, en t&eacute;rminos de los derechos humanos que constituyen la m&eacute;dula de las democracias modernas), simplemente no es relevante.<sup><a href="#nota">25</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&oacute;tese, asimismo, que la superaci&oacute;n del punto de vista jur&iacute;dico &#45;tambi&eacute;n implicada en esta perspectiva&#45; ocurre en favor del punto de vista metaf&iacute;sico. Para Heidegger, la adopci&oacute;n del &aacute;ngulo metaf&iacute;sico con vistas a ponderar la relaci&oacute;n entre los dos polos mencionados (o sea, entre el totalitarismo y las democracias modernas) significa, en palabras de Renaut y Soso&eacute;, "qu&eacute; acepci&oacute;n del ente y qu&eacute; concepto de verdad (=qu&eacute; metaf&iacute;sica) subyace a estos dos sistemas sociopol&iacute;ticos".<sup><a href="#nota">26</a></sup> Como ya he indicado, la opini&oacute;n de Heidegger sobre este asunto es que &#45;desde el punto de vista metaf&iacute;sico y en lo tocante a valores jur&iacute;dicos&#45; todas las distinciones entre ambos sistemas son finalmente irrelevantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, sabemos que la identificaci&oacute;n entre "Rusia" y "Am&eacute;rica", seg&uacute;n Heidegger, se explica por el "car&aacute;cter planetario" de la tecnolog&iacute;a que el fil&oacute;sofo germano hace coincidir con la metaf&iacute;sica moderna comprendida como el (inicio del) "acabamiento" de la metaf&iacute;sica.<sup><a href="#nota">27</a></sup> Es s&oacute;lo cuando la historia mundial puede contemplarse como un proceso conducente al predominio planetario de la tecnolog&iacute;a, que dicha historia permite su interpretaci&oacute;n en t&eacute;rminos de "decadencia".<sup><a href="#nota">28</a></sup> Por supuesto, como nos lo recuerdan Renaut y Soso&eacute;, casi todo lo dicho hasta ahora podr&iacute;a continuar pareciendo inaprehensible a menos que elucidemos lo que Heidegger entend&iacute;a por el reino planetario de la tecnolog&iacute;a. Para tal efecto, introduzcamos la segunda tesis central en el pensamiento de Heidegger.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Formulada brevemente, la segunda tesis establece que <i>tanto</i> la ciencia moderna (entendida como tecno&#45;ciencia) <i>como</i> el totalitarismo no son sino expresiones de un mismo dominio tecnol&oacute;gico.<sup><a href="#nota">29</a></sup> Afirmaci&oacute;n extra&ntilde;a, entre otras cosas, porque estamos acostumbrados a ver los avances tecnol&oacute;gicos como una resultante de los impulsos de la ciencia, y no al rev&eacute;s.<sup><a href="#nota">30</a></sup> La elucidaci&oacute;n de esta tesis se vincula con la idea heideggeriana de la tecnolog&iacute;a como "estructura de emplazamiento". De conformidad con esta idea, la esencia de la t&eacute;cnica no es "en manera alguna nada t&eacute;cnico". La comprensi&oacute;n corriente de la tecnolog&iacute;a como un medio que involucra la actividad humana (una comprensi&oacute;n que puede en consecuencia llamarse "la definici&oacute;n instrumental y antropol&oacute;gica de la t&eacute;cnica") no es incorrecta, pero no alcanza a ce&ntilde;ir su objeto a cabalidad, el cual se revela como algo m&aacute;s que un simple medio.<sup><a href="#nota">31</a></sup> La verdad, seg&uacute;n Heidegger, es que la tecnolog&iacute;a se sit&uacute;a en el coraz&oacute;n mismo de la moderna voluntad de adquirir el m&aacute;ximo control posible sobre el mundo, sobre toda clase de energ&iacute;as naturales, incluyendo aquellas que se enderezan a la destrucci&oacute;n. Lo que se revela en la tecnolog&iacute;a moderna es "una provocaci&oacute;n que pone ante la Naturaleza la exigencia de suministrar energ&iacute;a que como tal pueda ser extra&iacute;da y almacenada".<sup><a href="#nota">32</a></sup> Esta "provocaci&oacute;n" dispone todo, incluyendo al propio ser humano, de modo que "est&eacute; inmediatamente en el emplazamiento y que est&eacute; para ser solicitado para otra solicitaci&oacute;n. Lo as&iacute; solicitado tiene su propio lugar de estancia, su propia plaza. Lo llamamos las existencias."<sup><a href="#nota">33</a></sup> Puesto que ordena por completo la relaci&oacute;n del ser humano con el mundo, la tecnolog&iacute;a moderna es algo m&aacute;s que un simple medio, es &#45;como ya se dijo&#45;una estructura de emplazamiento. Por ello, en la medida en que constituye una expresi&oacute;n de dicho emplazamiento, la ciencia moderna se origina en la tecnolog&iacute;a moderna, y no al contrario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, podemos preguntarnos qu&eacute; es lo que autoriza a Heidegger a pasar "de la interpretaci&oacute;n 'tecnol&oacute;gica' de la ciencia moderna a la interpretaci&oacute;n igualmente 'tecnol&oacute;gica' del fen&oacute;meno totalitario".<sup><a href="#nota">34</a></sup> La respuesta es simple. Si el marco de las existencias constituye la esencia de la modernidad (esto es, si la naturaleza es ordenada por la tecnolog&iacute;a moderna con miras a "suministrar energ&iacute;a que como tal pueda ser extra&iacute;da y almacenada"), entonces ni siquiera el ser humano puede evitar convertirse en una parte del c&aacute;lculo maximizador de la explotaci&oacute;n de toda fuerza laboral, es decir, en un simple instrumento en los esquemas de organizaci&oacute;n urdidos por toda clase de <i>caudillos</i> y de <i>gerentes.</i> De ah&iacute; que no s&oacute;lo la ciencia moderna sino el propio estado totalitario deban surgir <i>necesariamente</i> de la esencia de la tecnolog&iacute;a.<sup><a href="#nota">35</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera tesis pone de manifiesto uno de los aspectos m&aacute;s impactantes del pensamiento de Heidegger, desde el mirador de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica. Podemos enunciarla en dos partes. La primera parte es pr&aacute;cticamente una repetici&oacute;n de la segunda tesis, y establece que el surgimiento del totalitarismo, entendido como el reino del <i>F&uuml;hrer</i> todopoderoso, se encuentra ineluctablemente ligado a la tecnolog&iacute;a en tanto que estructura de emplazamiento. Pero la segunda parte trae a cuento las implicaciones que dicha ligaz&oacute;n acarrea para la percepci&oacute;n de la democracia y del humanismo &#45;implicaciones, por lo dem&aacute;s, que el propio Heidegger parecer&iacute;a haber estado dispuesto a extraer.<sup><a href="#nota">36</a></sup> Revisemos ahora estas implicaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puesto que, bajo la mirada de Heidegger, "Rusia" y "Am&eacute;rica" son en esencia lo mismo (pues acerca de ambas puede decirse que expresan la culminaci&oacute;n tecnol&oacute;gica de la modernidad); o, en otras palabras, puesto que "lo americano"<sup><a href="#nota">37</a></sup> no es m&aacute;s que la contraparte de la sociedad planificada estalinista, <i>en nuestro tiempo la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica fundamental no estriba tanto en esclarecer la oposici&oacute;n entre las democracias liberales y el estado totalitario, como en desarrollar la inteligencia para iluminar los peligros de la tecnolog&iacute;a.</i> Tal como Heidegger mismo se atrevi&oacute; a manifestarlo en 1966 en una entrevista pensada como p&oacute;stuma, el punto de partida debe ser el reconocimiento de que a lo largo de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os, se ha hecho cada vez m&aacute;s claro que el movimiento planetario de la t&eacute;cnica moderna es un poder cuya capacidad de determinar la historia apenas puede apreciarse. Hoy es para m&iacute; una cuesti&oacute;n decisiva c&oacute;mo podr&iacute;a coordinarse un sistema pol&iacute;tico con la &eacute;poca t&eacute;cnica actual y cu&aacute;l podr&iacute;a ser. No conozco respuesta a esta pregunta. No estoy convencido de que sea la democracia.<sup><a href="#nota">38</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya he apuntado que, para Heidegger, el totalitarismo no es otra cosa que el efecto l&oacute;gico del imperio de la tecnolog&iacute;a. Lo mismo vale para la democracia. Siendo &eacute;ste el caso, y a la luz del pasaje que venimos de citar, ser&iacute;a ingenuo creer que la democracia representa en efecto lo opuesto de la sociedad totalitaria. Todav&iacute;a m&aacute;s: enfrentados a los retos de la tecnolog&iacute;a moderna, y suponiendo que tuvi&eacute;ramos que elegir entre la democracia y el totalitarismo, no hay raz&oacute;n para pensar que la primera sea preferible al segundo.<sup><a href="#nota">39</a></sup> A lo sumo, la democracia moderna &#45;por su vinculaci&oacute;n con el ideal del estado de derecho&#45; s&oacute;lo puede ofrecer semi&#45;opciones o verdades a medias ("medias tintas"). Verdades a medias, pues tales verdades conllevan la err&oacute;nea convicci&oacute;n de que el hombre es capaz de gobernar al fen&oacute;meno tecnol&oacute;gico; una convicci&oacute;n sostenida, a su vez, por una equivocada apreciaci&oacute;n de la esencia de la tecnolog&iacute;a.<sup><a href="#nota">40</a></sup> Es obvio, pues, que si los valores de la democracia liberal se sustentan en la falsa idea de que el hombre es capaz de dominar el proceso tecnol&oacute;gico, cometer&iacute;amos un grave error al pretender juzgar al estado totalitario en t&eacute;rminos de su repudio del derecho, en vez de juzgarlo como la culminaci&oacute;n de la l&oacute;gica interna de la modernidad toda.<sup><a href="#nota">41</a></sup> Asimismo, es igualmente obvio, y a&uacute;n m&aacute;s importante, observar que existe una ligadura primordial entre la renuencia de Heidegger a considerar a la democracia como una alternativa al totalitarismo y su idea, tan s&oacute;lo impl&iacute;cita m&aacute;s arriba, de que la modernidad, entendida como el imperio de la tecnolog&iacute;a, es inseparable de un proceso por el cual el ser humano se concibe a s&iacute; mismo como un sujeto con voluntad y, particularmente, como un sujeto cuya voluntad no tiene en el fondo otro objeto que la voluntad misma. Esta ligadura primordial se aprecia de inmediato en el hecho de que los valores t&iacute;picamente asociados con la democracia liberal aparecen, en la visi&oacute;n de Heidegger, tan s&oacute;lo como la contraparte obligada de la afirmaci&oacute;n de semejante idea del ser humano: idea que autoriza, por otro lado, que &eacute;ste pueda llegar a imaginarse a s&iacute; mismo como la &uacute;ltima fuente normativa y legal. As&iacute; las cosas, si aquello que sustenta al derecho moderno entendido como el espacio discursivo del derecho subjetivo y, en particular, de los derechos humanos no puede pensarse, seg&uacute;n Heidegger, al margen de lo que constituye la esencia de la era tecnol&oacute;gica, entonces, en palabras de Renaut y Soso&eacute;, "&iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a cuestionarse verdaderamente al fen&oacute;meno totalitario &#45;el cual se perfila en el horizonte de la tecnificaci&oacute;n del mundo&#45; a partir de una idea del derecho que desciende en realidad de la misma l&oacute;gica que aqu&eacute;l?"<sup><a href="#nota">42</a></sup> No hay duda, por lo tanto, de que la "traves&iacute;a" heideggeriana implica, en atenci&oacute;n a su propia coherencia, "una descalificaci&oacute;n severa de la idea moderna del derecho".<sup><a href="#nota">43</a></sup> Pero examinemos otra m&aacute;s de las afirmaciones fundamentales de Heidegger antes de volver a esta cuesti&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede afirmarse que la cuarta gran tesis en el pensamiento de Heidegger es la que confiere cohesi&oacute;n &uacute;ltima a su an&aacute;lisis de la modernidad. La tesis consiste en interpretar el imperio de la tecnolog&iacute;a como la culminaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica. La apreciaci&oacute;n de que el predominio de la tecnolog&iacute;a es responsable por la aparici&oacute;n de los grandes <i>caudillos</i> y <i>gerentes</i> debe coronarse con la percepci&oacute;n de que, a su vez, la era tecnol&oacute;gica ha sido posible por el predominio de la metaf&iacute;sica en tanto que columna vertebral del pensamiento occidental. En otras palabras, si dese&aacute;ramos inquirir sobre el totalitarismo en la visi&oacute;n de Heidegger, necesitar&iacute;amos entonces determinar la interpretaci&oacute;n espec&iacute;fica del ente y de la verdad (o sea, la metaf&iacute;sica) que subyace a este fen&oacute;meno.<sup><a href="#nota">44</a></sup> M&aacute;s tarde encontrar&iacute;amos que la metaf&iacute;sica que subyace a la era de la tecnolog&iacute;a y, por consiguiente, al totalitarismo, constituye la plenitud o la culminaci&oacute;n de toda la historia de la metaf&iacute;sica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Renaut y Soso&eacute; advierten atinadamente que la cabal clarificaci&oacute;n de la idea de que la metaf&iacute;sica moderna representa la culminaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica toda, implica un esfuerzo que nos apartar&iacute;a en gran medida de nuestra investigaci&oacute;n acerca de la idea heideggeriana del derecho. En congruencia, yo como ellos, me concentrar&eacute; en la manera en que el v&iacute;nculo entre la tecnolog&iacute;a y lo que Heidegger llama la "metaf&iacute;sica de la subjetividad" conlleva la "devaluaci&oacute;n de la idea moderna del derecho".<sup><a href="#nota">45</a></sup> De hecho, ni siquiera es necesario recuperar aqu&iacute; los detalles sobre la ruta que &#45;de Descartes a Nietzsche, pasando por KantHeidegger ha adscrito a la historia de la metaf&iacute;sica moderna.<sup><a href="#nota">46</a></sup> Bastar&aacute; con hacer un par de observaciones al respecto. La primera observaci&oacute;n consiste en que, si bien Descartes aparece en este itinerario como el pensador que inaugura el proyecto moderno de manipulaci&oacute;n y dominaci&oacute;n de la naturaleza por la v&iacute;a de la raz&oacute;n, es Kant quien avanza y amplifica dicho proyecto con su introducci&oacute;n del concepto de autonom&iacute;a. Kant hizo posible, por primera vez, una forma de la voluntad que no es instrumento de otra cosa m&aacute;s que de ella misma entendida como libertad. Finalmente, Nietzsche, al hacer hincapi&eacute; en la voluntad de la voluntad, o en la b&uacute;squeda del poder por el poder mismo, no hizo sino radicalizar el descubrimiento kantiano. De ah&iacute; en adelante, la racionalidad instrumental <i>(Zweckrationalit&auml;t)</i> en el sentido weberiano, habr&aacute; de convertirse en el factor decisivo.<sup><a href="#nota">47</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda observaci&oacute;n es la siguiente. En congruencia con lo anterior, es plausible pensar que, desde el punto de vista heideggeriano, la modernidad empieza y termina siendo "la era de esta concepci&oacute;n antropoc&eacute;ntrica del mundo por la cual el ser humano &#91;...&#93; se instaura como la medida de todas las cosas". Es precisamente esta auto&#45;instauraci&oacute;n del ser humano como la medida de todo, lo que constituye para Heidegger la esencia del humanismo, no pudiendo este &uacute;ltimo ser m&aacute;s que una noci&oacute;n moderna.<sup><a href="#nota">48</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desembocamos, entonces, en el rechazo de la modernidad <i>in toto:</i> nada de lo moderno parece digno de conservarse, una vez que hemos efectuado su desconstrucci&oacute;n radical. Pues si es el caso que de Descartes a Nietzsche, de la ciencia moderna a la t&eacute;cnica contempor&aacute;nea, lo que nos ocupa es un mismo itinerario fatal, es forzoso convenir &#45;&eacute;sta es por lo menos la conclusi&oacute;n a que nos conduce este discernimiento de la modernidad&#45; en que es la propia esencia de lo moderno lo que est&aacute; en juego hasta en las formas m&aacute;s aberrantes de la tecnificaci&oacute;n del mundo: en consecuencia (y &eacute;sta es una consecuencia de capital importancia), <i>lejos de que podamos oponer una figura de la modernidad a otra, todo nos lleva al sacrificio global de la modernidad</i>.<sup><a href="#nota">49</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay duda de que semejante conclusi&oacute;n abriga consecuencias "pol&iacute;ticas, &eacute;ticas, y tambi&eacute;n jur&iacute;dicas" de gran envergadura.<sup><a href="#nota">50</a></sup> El coqueteo de Heidegger con el nazismo, por ejemplo, puede verse en esta perspectiva en concomitancia con la interpretaci&oacute;n metaf&iacute;sica de la historia moderna de Occidente que venimos de examinar. Aun cuando &#45;&iquest;hay que decirlo?&#45; la relaci&oacute;n entre el fil&oacute;sofo alem&aacute;n y sus preferencias pol&iacute;ticas en 1933 no pueda verse nunca como ineluctable, lo menos que puede decirse al respecto es que la reprobaci&oacute;n global de la modernidad efectuada por Heidegger <i>hace posible</i> esta relaci&oacute;n.<sup><a href="#nota">51</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero aboqu&eacute;monos ahora a examinar las consecuencias que el enfoque heideggeriano de la modernidad entra&ntilde;a para la reflexi&oacute;n jur&iacute;dica y, en particular, para la idea moderna del derecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Nomos, Dike, Logos:</i> &iquest;Un modelo "hiperb&oacute;lico" de antimodernismo jur&iacute;dico?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las contadas disquisiciones de Heidegger sobre derecho y pol&iacute;tica se inscriben sin duda en el proyecto mayor de rescatar a la pregunta ontol&oacute;gica del olvido en el que supuestamente la ha sumergido, desde su arranque, la historia de la metaf&iacute;sica. La metaf&iacute;sica de la subjetividad que subyace propiamente a la era moderna representa la culminaci&oacute;n de este olvido. Sobre esta l&iacute;nea, hemos visto que Heidegger, en su empe&ntilde;o por pensar la superaci&oacute;n de este momento culminante, es conducido a establecer una liga entre el olvido de la pregunta por el ser y el fen&oacute;meno totalitario, y con ello nos ha permitido <i>atisbar</i> el punto de vista tanto jur&iacute;dico como pol&iacute;tico que involucra su esfuerzo de superaci&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l es este punto de vista? Seg&uacute;n Renaut y Soso&eacute;, los textos de Heidegger examinados enseguida "convergen en la definici&oacute;n de otra idea del derecho, la cual se apoya m&aacute;s en las representaciones de la Grecia arcaica &#45;las de los presocr&aacute;ticos&#45; que en la concepci&oacute;n moderna del derecho como un valor formulado por y para el sujeto".<sup><a href="#nota">52</a></sup> En su oportunidad, m&aacute;s adelante, rechazar&eacute; parcialmente esta aseveraci&oacute;n inicial que, no obstante, har&aacute; las veces aqu&iacute; de hilo conductor de los argumentos finales de este ensayo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos conceptos, particularmente cargados de significaci&oacute;n jur&iacute;dica y pol&iacute;tica, retuvieron por momentos la atenci&oacute;n de Heidegger. Aunque parsimonioso, su tratamiento de <i>nomos</i> y de <i>dike</i> es relevante para toda idea del derecho que pretenda concebirse a s&iacute; misma "fuera del horizonte del humanismo y de la subjetividad".<sup><a href="#nota">53</a></sup> Como lo se&ntilde;alan Renaut y Soso&eacute;, para establecer la visi&oacute;n heideggeriana del concepto presocr&aacute;tico de la ley <i>(nomos)</i> podemos concentrarnos justificadamente en la <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica</i> y en la <i>Carta sobre el humanismo.</i> En la primera de estas obras encontramos que Heidegger, apoy&aacute;ndose en el fragmento 114<sup>o</sup> de Her&aacute;clito, considera que la ley es aquello que constituye la comunidad pol&iacute;tica, o sea, en sus propias palabras, la "articulaci&oacute;n interna de la &#960;&#963;&#953;&#962;". No obstante, al mismo tiempo que efect&uacute;a t&aacute;citamente el contraste con la idea moderna del derecho, Heidegger advierte que <i>nomos</i> &#45;la fuerza que mantiene unida a la <i>polis&#45;</i> no debe entenderse de ning&uacute;n modo como "lo general", como "algo que flota sobre todas las cosas sin tocar a nadie", sino como "la uni&oacute;n originariamente unificante de lo que tiende a separarse".<sup><a href="#nota">54</a></sup> La ley es lo que enlaza lo m&uacute;ltiple; aquello que confiere a la ciudad su ordenamiento m&aacute;s interno.<sup><a href="#nota">55</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relevancia jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tica de la interpretaci&oacute;n heideggeriana del concepto presocr&aacute;tico de la ley es formulada por Renaut y Soso&eacute; de la manera siguiente.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pensada as&iacute; en el horizonte del ser (y no del sujeto), la ley de la ciudad, como la unidad originariamente unificante de lo diverso, no es una norma propuesta por la subjetividad para reunir, "despu&eacute;s del hecho", las voluntades m&uacute;ltiples y divergentes en una comunidad: la ley constituye, m&aacute;s bien, aquello que coyunta, en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de ellos mismos, los elementos de la ciudad en la comunidad del ser. Pero la ley no es tal (y la ciudad no se conforma a semejante ley), aclara Heidegger en algunas l&iacute;neas que son esenciales para comprender su representaci&oacute;n del derecho, a menos que cada uno de los componentes de la ciudad ocupe el lugar y la funci&oacute;n que le son propios <i>en virtud de lo que es;</i> en tanto que "los poetas, por ejemplo, <i>s&oacute;lo</i> son poetas, pero entonces lo son realmente, que los pensadores <i>s&oacute;lo</i> son pensadores, pero entonces lo son realmente, que los sacerdotes <i>s&oacute;lo</i> son sacerdotes, pero entonces realmente y que los gobernantes <i>s&oacute;lo</i> son gobernantes, pero entonces realmente". Entendiendo: la ciudad se conforma a la ley (aqu&eacute;lla es "justa") cuando cada elemento se atiene al interior de la dimensi&oacute;n de presencia que le es propia, es decir, <i>es presente</i> (sola, aunque plenamente) <i>como el ente que es</i> (=con el tipo de presencia y en el campo de presencia que le corresponden).<sup><a href="#nota">56</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Renaut y Soso&eacute;, nos encontramos aqu&iacute; en presencia de la idea &#45;esencial a las teor&iacute;as aristot&eacute;licas del derecho natural&#45; de <i>nomos,</i> del ordenamiento, como un "compartir". Un compartir que se halla a todas luces m&aacute;s enraizado en el milagroso hacerse presente del ser que en la naturaleza de la subjetividad. Con todo, apuntan justificadamente Renaut y Soso&eacute;, es en su <i>Carta sobre el humanismo</i> donde Heidegger ha enunciado de un modo m&aacute;s completo la significaci&oacute;n de su comprensi&oacute;n del sentido de la ley. En un pasaje que lo mismo arroja luz sobre su posici&oacute;n frente a la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica o &#45;empleando sus propios t&eacute;rminos&#45;la cuesti&oacute;n del v&iacute;nculo entre la ontolog&iacute;a y la pol&iacute;tica, el que fuera rector de la Universidad de Friburgo en 1933&#45;1934, declara: <i>nomos</i> "no es s&oacute;lo la ley, sino m&aacute;s originariamente la indicaci&oacute;n oculta en la destinaci&oacute;n del ser. S&oacute;lo &eacute;sta es capaz de disponer al hombre en el ser. S&oacute;lo tal posici&oacute;n es capaz de llevar y de unir. De otra manera, toda ley queda como hechura de la raz&oacute;n humana. M&aacute;s esencial que toda imposici&oacute;n de reglas es que el hombre encuentre la estancia en la verdad del ser."<sup><a href="#nota">57</a></sup> Con esta interpretaci&oacute;n de <i>nomos,</i> Heidegger esboza una concepci&oacute;n alternativa del derecho y de la ley modernos. De acuerdo con tal interpretaci&oacute;n, aun cuando es posible decir que el sujeto humano (o, m&aacute;s exactamente, el <i>logos</i> humano) es responsable por la instituci&oacute;n de la ley, aqu&eacute;l no puede ser considerado como el fundamento de &eacute;sta.<sup><a href="#nota">58</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heidegger alcanza una conclusi&oacute;n similar en "La sentencia de Anaximandro" (el ensayo final de los <i>Holzwege),</i> donde aborda la cuesti&oacute;n de la justicia <i>(dike).</i> Aqu&iacute;, al igual que ocurre con su tratamiento de <i>nomos,</i> su an&aacute;lisis pretende oponer la alborada del misterio del ser al ensombrecedor reino del sujeto, estableciendo un contraste entre la concepci&oacute;n presocr&aacute;tica de la justicia y la de los modernos. Al respecto, Renaut y Soso&eacute; advierten que lo que importa en este an&aacute;lisis es la manera en que distingue dos nociones de la justicia y, al hacerlo, contrapone decididamente a Antiguos y Modernos. Como es de esperarse, la primera de estas ideas de la justicia encarna en el mundo de los fil&oacute;sofos j&oacute;nicos, mientras que la segunda aparece adquiriendo su forma m&aacute;s acabada en la obra de Nietzsche.<sup><a href="#nota">59</a></sup> Seg&uacute;n Heidegger, el mensaje de Anaximandro hace referencia a un sentido de lo justo que s&oacute;lo es perceptible si podemos deshacernos de nuestras representaciones modernas de lo moral y lo jur&iacute;dico.<sup><a href="#nota">60</a></sup> Dicho brevemente, este otro sentido de lo justo estipula que <i>dike</i> es el "ajuste", y que el ajuste significa "acuerdo". En consecuencia, <i>dike,</i> cuando se concibe "desde el ser como presencia", aclara Heidegger, "es el acuerdo que ajusta y acuerda". En contrapartida, donde no hay <i>dike,</i> hay "des&#45;ajuste", esto es, "des&#45;acuerdo".<sup><a href="#nota">61</a></sup> En otras palabras, existe la justicia cuando cada ente se ci&ntilde;e a su lugar; un lugar que, como ya he apuntado al hablar de <i>nomos,</i> le es propio en virtud del modo de presencia que a su vez le es peculiar en relaci&oacute;n a la totalidad de los entes. Ahora bien, la dimensi&oacute;n de acuerdo del ajuste significa no solamente diferencia sino <i>jerarqu&iacute;a,</i> la cual debe respetarse puesto que se origina en la naturaleza misma del hacerse presente del ser. Esto no puede ir m&aacute;s a contrapelo de la concepci&oacute;n moderna de la justicia, de su aversi&oacute;n por el rango.<sup><a href="#nota">62</a></sup> Este aspecto es crucial en la interpretaci&oacute;n heideggeriana de la <i>polis.</i> En un tiempo en el que "se invoca a la polis de los griegos incluso con af&aacute;n excesivo", advierte Heidegger, no debemos olvidar que la jerarqu&iacute;a y el dominio est&aacute;n implicados en esta invocaci&oacute;n, "porque de otro modo el concepto de la polis corre el peligro de volverse anodino y sentimental".<sup><a href="#nota">63</a></sup> Estas citas provienen de una parte de la <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica</i> en la que Heidegger explora la conexi&oacute;n esencial entre <i>logos</i> (en tanto que <i>legen)</i> y <i>polis.</i> o sea que lo que Heidegger dice acerca de la <i>polis</i> no debe verse como algo que ata&ntilde;e meramente a la "ex&#45;sistencia griega" sino como algo que se corresponde cabalmente con la recuperaci&oacute;n heideggeriana del <i>logos,</i> la cual sostiene, a su vez, su interpretaci&oacute;n de la historia de la filosof&iacute;a occidental como historia de la metaf&iacute;sica. Nada m&aacute;s, ni nada menos. Atendamos al pasaje del cual han sido extra&iacute;das estas citas, y prestemos atenci&oacute;n a que cuando Heidegger habla de "otra armon&iacute;a" establece impl&iacute;citamente el contraste con el <i>igualitarismo</i> jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tico <i>moderno.</i></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dado que el ser, en tanto logos, es originariamente conjunci&oacute;n, o sea, no un mero acumular y apretujarse de lo amontonado donde cualquier cosa vale lo mismo, ya sea mucho o poco, por eso al ser le pertenecen la primac&iacute;a y el dominio. Si el ser tiene que hacerse patente, debe tener por s&iacute; mismo y conservar una primac&iacute;a. El hecho de que Her&aacute;clito hable de la muchedumbre como de perros y asnos caracteriza esta posici&oacute;n que corresponde esencialmente a la ex&#45;sistencia griega. Ya que hoy a veces se invoca a la polis de los griegos incluso con af&aacute;n excesivo, no habr&iacute;a que pasar por alto estos aspectos, porque de otro modo el concepto de la polis corre el peligro de volverse anodino y sentimental. Lo jer&aacute;rquico es m&aacute;s fuerte. Por esta raz&oacute;n, el ser, el logos, en tanto armon&iacute;a del conjunto no es f&aacute;cilmente e igualmente accesible para todo el mundo, sino que permanece cerrado, al contrario de aquella otra armon&iacute;a que no es m&aacute;s que un arreglo, anulaci&oacute;n de la tensi&oacute;n y allanamiento.<sup><a href="#nota">64</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante pasajes como &eacute;ste, no es descabellado afirmar, como lo hacen Renaut y Soso&eacute;, teniendo como fondo la lectura heideggeriana de la historia de la metaf&iacute;sica (donde la consumaci&oacute;n nietzscheana de esta historia se vincula por igual al predominio de la tecnolog&iacute;a y al surgimiento del totalitarismo), que el prop&oacute;sito heideggeriano de determinar dos concepciones distintas de la justicia deja entrever "los dos polos de una decadencia del derecho", decadencia que va de la mano de lo que el fil&oacute;sofo alem&aacute;n observa como la degeneraci&oacute;n o decadencia del planeta. Es en este contexto que puede afirmarse que la interpretaci&oacute;n del derecho que se sigue de los textos jur&iacute;dicos de Heidegger contiene en s&iacute; misma "todos los ingredientes de los enfoques antimodernos que, en materia de filosof&iacute;a del derecho, han querido pensar el advenimiento del derecho subjetivo como una cat&aacute;strofe, y de fundar la reflexi&oacute;n jur&iacute;dica en concepciones premodernas, particularmente en una cierta comprensi&oacute;n griega del derecho". Con la a&ntilde;adidura de que, si en el agregado estos "ingredientes" representan una cr&iacute;tica completa, radical, de la modernidad (digamos, un antimodernismo jur&iacute;dico "puro"), entonces "la contribuci&oacute;n de Heidegger a la filosof&iacute;a del derecho es sin duda mucho m&aacute;s importante" de lo que nos permite sospechar el modesto espacio que en su obra ocupan sus textos jur&iacute;dicos.<sup><a href="#nota">65</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, esta interpretaci&oacute;n no implica que Renaut y Soso&eacute; se priven de reconocer que la idea heideggeriana del derecho, tal como la hemos venido mostrando, fue efectivamente dejada en una etapa trunca o reducida (o, para decirlo con ellos, en estado "embrionario") por el fil&oacute;sofo germano. Al respecto, Renaut y Soso&eacute; sugieren que la reticencia de Heidegger a desarrollar su propia noci&oacute;n del derecho no es sino el efecto de un prop&oacute;sito velado y turbio. Sostienen que si Heidegger se atrevi&oacute; tan s&oacute;lo en muy raras ocasiones a incursionar en el territorio de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica, fue porque pensaba que &eacute;sta era la mejor manera de proteger de la persecuci&oacute;n y la cr&iacute;tica a su visi&oacute;n declaradamente antimoderna. o lo que es lo mismo: no hay ninguna duda, nos dicen, de que si Heidegger hubiera intentado profundizar en sus reflexiones jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;ticas, las dificultades y los peligros que entra&ntilde;a un rechazo hiperb&oacute;lico de la modernidad como el suyo, tendr&iacute;an eventualmente que haber salido a la superficie. Y ciertamente tales dificultades y peligros se habr&iacute;an tornado entonces, en el terreno jur&iacute;dico y pol&iacute;tico, mucho m&aacute;s "cruelmente" visibles que en el plano puramente ontol&oacute;gico al que su pensamiento sol&iacute;a confinarse.<sup><a href="#nota">66</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Discrepo fuertemente de esta explicaci&oacute;n de la parsimonia del pensamiento jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tico de Heidegger. Mis razones las expondr&eacute; casi inmediatamente. Antes quisiera no dejar de referirme a la conclusi&oacute;n mayor que Renaut y Soso&eacute; extraen de su an&aacute;lisis de la noci&oacute;n heideggeriana del derecho: <i>la dificultad final que enfrenta la teor&iacute;a jur&iacute;dica heideggeriana radica en su incapacidad para pensar consistentemente la justicia o el derecho.</i> Pues si la "medida" de la justicia es suministrada por el ser mismo, entonces cualquier cosa que surja y aparezca en t&eacute;rminos de una modalidad de presencia no puede menos que ser "una dimensi&oacute;n o un momento" de la "dispensa del Ser", y debe &#45;s&oacute;lo por ello&#45; estar en concordancia con la norma. Lo menos que puede decirse acerca de semejante interpretaci&oacute;n de lo justo, es que despoja al concepto de derecho de cualquier significado.<sup><a href="#nota">67</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, en el contexto de las sociedades democr&aacute;ticas modernas es posible repudiar esta historizaci&oacute;n <i>radical</i> del derecho y la justicia &#45;sin que ello implique, hay que aclararlo, el regreso a posiciones ingenuamente esencialistas, pre&#45;heideggerianas. Pero es evidente, entonces, que para ello no bastan nuestras razones morales y pol&iacute;ticas inmanentes. No bastan nuestra indignaci&oacute;n intensa ni, por otra parte, el registro autocomplaciente de las convicciones infundadas que supuestamente compartimos con un gran n&uacute;mero de personas. Aunque tampoco bastan, <i>tambi&eacute;n</i> necesitamos ofrecer argumentos que consideren seriamente los persistentes desaf&iacute;os y perplejidades suscitados renovadamente por la desconstrucci&oacute;n nietzscheo&#45;heideggeriana.<sup><a href="#nota">68</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Observaciones finales</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El esfuerzo de Renaut y Soso&eacute; por elucidar la clase de idea del derecho que Heidegger habr&iacute;a tenido que suscribir, es encomioso. Lo que de entrada llama poderosamente la atenci&oacute;n respecto a dicha idea, es su proximidad al derecho natural aristot&eacute;lico. Proximidad que sorprende, justo en la medida en que el proyecto ontol&oacute;gico de Heidegger &#45;que da sustento a su reflexi&oacute;n propiamente jur&iacute;dica&#45; est&aacute; vinculado con la devaluaci&oacute;n de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica en aras de una recuperaci&oacute;n (matizada, si se quiere) de la alborada presocr&aacute;tica. Como vimos, este elemento parad&oacute;jico en los escritos jur&iacute;dicos heideggerianos es oportunamente puesto de relieve por Renaut y Soso&eacute; &#45;aunque no sin traicionar su convicci&oacute;n de que la idea heideggeriana de lo jur&iacute;dico "se apoya m&aacute;s en las representaciones de la Grecia arcaica", concretamente en la Grecia de los presocr&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, considero que la explicaci&oacute;n que ofrecen Renaut y Soso&eacute; acerca del desinter&eacute;s de Heidegger por desarrollar plenamente su idea del derecho, es fundamentalmente incorrecta. Como ya he apuntado, Renaut y Soso&eacute; piensan que, en caso de haber profundizado en su idea de lo jur&iacute;dico, Heidegger se habr&iacute;a visto irremediablemente forzado a des&#45;ocultar las ense&ntilde;anzas m&aacute;s propiamente pol&iacute;ticas (concretamente, totalitarias) que supuestamente comportan sus lucubraciones ontol&oacute;gicas. Ciertamente, esta explicaci&oacute;n no carece de alguna credibilidad. De todos modos, sin embargo, no creo que las razones de Heidegger para abandonar en un estado meramente "embrionario" su reflexi&oacute;n jur&iacute;dica puedan reducirse por entero (o, por lo menos, decisivamente) a un asunto prudencial. Hay otra explicaci&oacute;n que me parece a&uacute;n m&aacute;s plausible y que, curiosamente, se sigue igualmente de la exposici&oacute;n de la idea heideggeriana del derecho que venimos de considerar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi opini&oacute;n es que Heidegger no lleg&oacute; hasta el fondo de su reflexi&oacute;n jur&iacute;dica precisamente porque su concepci&oacute;n del derecho se encuentra, en efecto, <i>demasiado cercana</i> a la de la tradici&oacute;n cl&aacute;sica. En consecuencia, de haber ahondado en sus escritos jur&iacute;dicos, es probable que Heidegger &#45;arriesgando la coherencia interna de su filosof&iacute;a toda&#45; hubiese tenido eventualmente que reconocer a cabalidad las premisas del marco general de pensamiento <i>filos&oacute;fico&#45;pol&iacute;tico</i> en el que se inserta la meditaci&oacute;n plat&oacute;nico&#45;aristot&eacute;lica sobre el derecho o lo justo. En otras palabras, Heidegger habr&iacute;a tenido entonces que reconocer que lo <i>ontol&oacute;gico</i> no puede encontrarse tan radicalmente al margen de lo <i>pol&iacute;tico</i> como &eacute;l hubiera querido imaginarlo. Lo que hace pensar que la conciencia cl&aacute;sica de la primac&iacute;a de lo pol&iacute;tico (de la <i>polis,</i> como el lugar donde se unifica y se sostiene en su unificaci&oacute;n originaria lo que tiende a separarse), por un lado, y de la irrecusable tensi&oacute;n fundamental entre la filosof&iacute;a y la pol&iacute;tica, por el otro, habr&iacute;a sido tal vez la consecuencia inesperada de un proyecto ontol&oacute;gico montado sobre el m&aacute;s radical de todos los historicismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> V&eacute;ase Eric Herr&aacute;n, <i>Entre la Revoluci&oacute;n y la Desconstrucci&oacute;n. El humanismo jur&iacute;dico de Luc Ferry y Alain Renaut,</i> Biblioteca de &Eacute;tica, Filosof&iacute;a del Derecho y Pol&iacute;tica n&uacute;m. 62 (M&eacute;xico: Fontamara, 1999),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780954&pid=S1405-0218200400010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> cap&iacute;tulos 4 y 5 (el presente ensayo recupera parcialmente los argumentos presentados all&iacute;). V&eacute;ase asimismo Luc Ferry, <i>Filosof&iacute;a pol&iacute;tica I,</i> trad. J. J. Utrilla (M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1991);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780955&pid=S1405-0218200400010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Luc Ferry y Alain Renaut, <i>Heidegger et les modernes</i> (Par&iacute;s: Grasset, 1988);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780956&pid=S1405-0218200400010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>Lapens&eacute;e 68. Essai sur l'antihumanisme contemporain</i> (Par&iacute;s: Gallimard, 1988);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780957&pid=S1405-0218200400010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>Filosofia pol&iacute;tica III,</i> trad. J. Barrales Valladares (M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1990);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780958&pid=S1405-0218200400010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Alain Renaut, <i>L'&eacute;re de l'&iacute;ndividu. Contribution &agrave; une histoire de la subjectivit&eacute;</i> (Par&iacute;s: Gallimard, 1989).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780959&pid=S1405-0218200400010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Para una revisi&oacute;n provechosa de las convergencias y desencuentros entre las posturas postmodernas y las post&#45;estructuralistas, v&eacute;ase Steven Best y Douglas Kellner, <i>Postmodern Theory: Critical Interrogations</i> (Nueva York: Guilford Press, 1991),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780960&pid=S1405-0218200400010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> cap&iacute;tulo 1. Para una apreciaci&oacute;n de las incursiones de los enfoques postmodernos en los terrenos de la justicia y el derecho, v&eacute;ase Jean&#45;Fran&ccedil;ois Lyotard y Jean&#45;Loup Th&eacute;baud, <i>Just Gaming</i> (Minne&aacute;polis: University of Minnesota Press, 1985);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780961&pid=S1405-0218200400010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Jacques Derrida, <i>Fuerza de ley. El "fundamento m&iacute;stico de la autoridad",</i> trad. A. Barber&aacute; y P. Pe&ntilde;alver G&oacute;mez (Madrid: Tecnos, 1997);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780962&pid=S1405-0218200400010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Thomas Docherty, "Postmodernist Theory: Lyotard, Baudrillard, and Others", en Richard Kearney, ed., <i>Routledge History of Philosophy,</i> vol. 8, <i>Twentieth&#45;Century Continental Philosophy</i> (Londres: Routledge, 1994), pp. 174&#45;205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780963&pid=S1405-0218200400010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Para un examen cr&iacute;tico de estas posturas, v&eacute;ase Terry Eagleton, "Deconstruc&#45;tion and Human Rights", en Barbara Johnson, ed., <i>Freedom and Interpretation</i> (Nueva York: Basic Books, 1993), pp. 121&#45;145;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780964&pid=S1405-0218200400010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> John P. McCormick, "Derrida on Law; or, Poststructuralism gets Serious", <i>Political Theory</i> 29, n&uacute;m. 3 (junio de 2001):395&#45;423.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780965&pid=S1405-0218200400010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Ferry y Renaut dirigen sus cr&iacute;ticas principalmente al antimodernismo jur&iacute;dico de Leo Strauss y de Michel Villey. V&eacute;ase Leo Strauss, <i>Natural Right andHistory</i> (Chicago: University of Chicago Press, 1953);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780967&pid=S1405-0218200400010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>What is Political Philosophy? and other studies</i> (Chicago: University of Chicago Press, 1959);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780968&pid=S1405-0218200400010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "The Three Waves of Modernity", <i>Political Philosophy: Six Essays by Leo Strauss,</i> ed. Hilail Gildin (Indian&aacute;polis: Bobs&#45;Merrill, 1975), pp. 81&#45;98;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780969&pid=S1405-0218200400010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Michel Villey, <i>Seize essais de philosophie du droit</i> (Par&iacute;s: Dalloz, 1969); <i>Le droit et les droits de l'homme</i> (Par&iacute;s: Presses Universitaires de France, 1983).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Alain Renaut y Lukas Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit</i> (Par&iacute;s: Presses Universitaires de France, 1991).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780971&pid=S1405-0218200400010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;Aunque, como se ver&aacute;, recurrir&eacute; asimismo para ello a Lukas Soso&eacute;, quien se ha situado &#45;al menos sobre esta cuesti&oacute;n&#45; en la misma perspectiva que Ferry y Renaut.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;V&eacute;ase V&iacute;ctor Far&iacute;as, <i>Heidegger y el nazismo,</i> trad. A. Maestre (Barcelona: Muchnik, 1989).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780974&pid=S1405-0218200400010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> En Francia, los debates ocasionados por la aparici&oacute;n del libro de Far&iacute;as &#45;el cual pretende documentar la persistencia del involucramiento de Heidegger con el movimiento nazi m&aacute;s all&aacute; de los a&ntilde;os&#45;clave de 1933 y 1945&#45; fueron exacerbadamente agrios y descorteses, aun de acuerdo a los est&aacute;ndares parisinos. Buenas introducciones a algunos aspectos importantes del llamado "affaire Heidegger" (incluyendo, a veces, los textos del fil&oacute;sofo de Messkirch que se encuentran m&aacute;s inmediatamente implicados en la controversia) se encuentran en Otto P&ouml;ggeler, <i>Filosof&iacute;a y pol&iacute;tica en Heidegger,</i> trad. J. de la Colina (Barcelona: Alfa, 1984);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780975&pid=S1405-0218200400010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Ferry y Renaut, <i>Heidegger et les modernes;</i> Ram&oacute;n Rodr&iacute;guez, introducci&oacute;n a Martin Heidegger, <i>La autoafirmaci&oacute;n de la Universidad alemana. El Rectorado, 1933&#45;1934. Entrevista del</i> Spiegel, trad. R. Rodr&iacute;guez (Madrid: Tecnos, 1989), pp. ix&#45;xlvii;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780976&pid=S1405-0218200400010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Gunther Neske y Emil Kettering, eds., <i>Martin Heidegger and National Socialism: Questions and Answers</i> (Nueva York: Paragon, 1990);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780977&pid=S1405-0218200400010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Tom Rockmore, <i>On Heidegger's Nazism and Philosophy</i> (Berkeley: University of California Press, 1992);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780978&pid=S1405-0218200400010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Tom Rockmore y Joseph Margolis, eds., <i>The Heidegger Case: On Philosophy and Politics</i> (Filadelfia: Temple University Press, 1992);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780979&pid=S1405-0218200400010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Richard Wolin, ed., <i>The Heidegger Controversy: A Critical Reader</i> (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1993);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780980&pid=S1405-0218200400010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Julian Young, <i>Heidegger, Philosophy, Nazism</i> (Cambridge: Cambridge University Press, 1997);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780981&pid=S1405-0218200400010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Christopher Rickey, <i>Revolutionary Saints: Heidegger, National Socialism, and Antinomia</i> (University Park: Pennsylvania State University Press, 2002);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780982&pid=S1405-0218200400010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Charles R. Bambach, <i>Heidegger's Roots: Nietzsche, National Socialism, and the Greeks</i> (Ithaca: Cornell University Press, 2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780983&pid=S1405-0218200400010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Ferry y Renaut, <i>La pens&eacute;e 68,</i> p. 26.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;V&eacute;ase el modelo original de esta argumentaci&oacute;n en Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, <i>Dial&eacute;ctica del iluminismo,</i> trad. H. A. Murena (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1969).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780986&pid=S1405-0218200400010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;Ferry y Renaut, <i>La pens&eacute;e 68,</i> pp. 32&#45;33.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Otras dos formas de antihumanismo (nietzscheanismo y freudismo) son tambi&eacute;n se&ntilde;aladas por Ferry y Renaut como instancias n&iacute;tidas del Pensamiento 68 <i>(ibid.,</i> pp. 127&#45;195 y 281&#45;310, respectivamente). Con todo, aseguran, estas dos corrientes contempor&aacute;neas del pensamiento (cuyos mejores exponentes son Foucault, de la primera y Lacan, de la &uacute;ltima) pueden finalmente asimilarse al proyecto heideggeriano, de mayor alcance, que apunta al destronamiento del sujeto metaf&iacute;sico <i>(ibid.,</i> por ejemplo, pp. 313&#45;316).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 314.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Ferry y Renaut, <i>Heidegger et les modernes,</i> p. 37.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> pp. 36&#45;37.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 34.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;V&eacute;ase Eric Herr&aacute;n, "Algo sobre la suerte de Heidegger y el nazismo", <i>Fragmentos de teor&iacute;a pol&iacute;tica,</i> Filosof&iacute;a y Cultura Contempor&aacute;nea n&uacute;m. 13 (M&eacute;xico: Ediciones Coyoac&aacute;n, 2000), pp. 63&#45;68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4780994&pid=S1405-0218200400010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Tanto as&iacute;, que no es dif&iacute;cil advertir la presencia del n&uacute;cleo heideggeriano en la clase de invectivas contra la modernidad que se han convertido en "una etapa inevitable en la vida de todo intelectual &#91;franc&eacute;s&#93;". De ah&iacute; que no sea dif&iacute;cil comprender el inusitado alcance de la crisis suscitada enmedio de la intelectualidad francesa por las revelaciones de un libro como el de Far&iacute;as (Ferry y Renaut, <i>Heidegger et les modernes,</i> p. 27).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> pp. 37&#45;38. Ferry y Renaut apuntan atinadamente que esta sustituci&oacute;n habr&iacute;a sido "impensable en Alemania, donde Heidegger es, y sin duda continuar&aacute; siendo por largo tiempo, junto con Nietzsche, un pensador <i>maudit" (Ibid.,</i> p. 38).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup><i>&nbsp;Ibid.,</i> pp. 38&#45;39.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 36.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup>&nbsp;Para ello, y para el resto de este ensayo, recurrir&eacute; frecuentemente a los argumentos presentados por Alain Renaut y Lukas Soso&eacute; en su <i>Philosophie du droit.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 155.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> pp. 155&#45;157.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp;Martin Heidegger, <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> trad. A. Ackermann, 2<sup>a</sup> ed. (Barcelona: Gedisa, 1995), p. 43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781003&pid=S1405-0218200400010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> La pregunta por el ser (la "pregunta ontol&oacute;gica") es formulada por Heidegger como la pregunta por la diferencia entre el ser y los entes; diferencia que debemos entender <i>qua</i> diferencia. V&eacute;ase, por ejemplo, Martin Heidegger, <i>El ser y el tiempo,</i> trad. J. Gaos, 2a ed. (M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1974),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781004&pid=S1405-0218200400010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> introducci&oacute;n del autor; "La constituci&oacute;n onto&#45;teol&oacute;gica de la metaf&iacute;sica", <i>Identidad y diferencia,</i> trad. H. Cort&eacute;s y A. Leyte (Barcelona: Anthropos, 1988), pp. 99&#45;157.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781005&pid=S1405-0218200400010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Que hayamos "ca&iacute;do fuera del ser", afirma Heidegger, es algo de lo cual nadie es responsable, ni siquiera nuestros m&aacute;s remotos ancestros. El olvido de la pregunta por el ser est&aacute; m&aacute;s bien ligado a "un acontecimiento que desde sus comienzos atraviesa la historia de occidente". Pues "el fundamento &uacute;ltimo y m&aacute;s poderoso" de la decadencia del hombre y de los pueblos quiz&aacute; radica en que, "sin saberlo", &eacute;stos han "ca&iacute;do fuera del ser hace mucho tiempo" (Heidegger, <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> p. 42). En consecuencia, para nosotros el problema m&aacute;s urgente consiste en que "la decadencia espiritual del planeta" se ha expandido hasta el grado en que "los pueblos est&aacute;n en peligro de perder sus &uacute;ltimas fuerzas intelectuales", las &uacute;nicas fuerzas que podr&iacute;an permitirles apreciar <i>"como tal</i> esa decadencia" <i>(ibid.,</i> p. 43, las cursivas son m&iacute;as). Para nadie es un secreto que Heidegger &#45;por un tiempo, al menos&#45; confiri&oacute; a la naci&oacute;n alemana el papel decisivo en la realizaci&oacute;n de la tarea de poner a Europa en el camino de su rehabilitaci&oacute;n espiritual. Precisamente en la <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica</i> &#45;un texto que, publicado con a&ntilde;adidos por primera vez en 1953, recupera un curso que el fil&oacute;sofo alem&aacute;n imparti&oacute; en el verano de 1935 en la Universidad de Friburgo&#45; Heidegger arguye que el pueblo alem&aacute;n, en tanto que pueblo hist&oacute;rico, debe situarse "a s&iacute; mismo, y por tanto a la historia de occidente, a partir del n&uacute;cleo de su acontecer futuro, en el &aacute;mbito originario de los poderes del ser". Si acaso "la gran decisi&oacute;n sobre Europa" no ha de traer consigo la aniquilaci&oacute;n, entonces est&aacute; claro que "s&oacute;lo puede tomarse esta decisi&oacute;n por medio del despliegue de nuevas fuerzas hist&oacute;ricas y <i>espirituales,</i> desde el centro" <i>(ibid).</i> En donde "el centro" significa Alemania en la medida en que la pregunta por el ser est&aacute; vinculada con el destino de Europa, toda vez que Europa es el lugar donde "se decide el destino de la Tierra, y donde, para Europa misma, nuestra existencia hist&oacute;rica resulta central" <i>(ibid.</i> p. 46).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup>&nbsp;Heidegger, <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> p. 42 (las cursivas son m&iacute;as).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup>&nbsp;Martin Heidegger, "Superaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica", <i>Conferencias y art&iacute;culos,</i> trad. E. Barjau (Barcelona: Ediciones del Serbal, 1994), pp. 63&#45;89, especialmente pp. 82 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781008&pid=S1405-0218200400010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 156.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup>&nbsp;Heidegger, "Superaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica", pp. 71&#45;72.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 157.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp;En uno de los ensayos que componen los <i>Holzwege,</i> Heidegger anota: "La ciencia moderna y el Estado total, en su calidad de resultados necesarios de la esencia de la t&eacute;cnica, son tambi&eacute;n su consecuencia. Lo mismo se puede decir de los medios y formas empleados para la organizaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial y de las representaciones cotidianas del ser humano" (Martin Heidegger, "&iquest;Y para qu&eacute; poetas?", <i>Caminos de bosque,</i> trad. H. Cort&eacute;s y A. Leyte &#91;Madrid: Alianza, 1997&#93;, p. 261).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781014&pid=S1405-0218200400010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup>&nbsp;Heidegger aborda magistralmente las perplejidades suscitadas por el sentido de la relaci&oacute;n esencial entre ciencia y t&eacute;cnica, en Martin Heidegger, "La pregunta por la t&eacute;cnica", <i>Conferencias y art&iacute;culos,</i> especialmente p. 24.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> pp. 9, 10.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 17.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 19. Tal es la raz&oacute;n de que la tecnolog&iacute;a moderna no sea un "mero hacer del hombre", pues &eacute;sta constituye una provocaci&oacute;n que "concentra al hombre a solicitar lo real y efectivo como existencias" <i>(ibid.).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 159.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> pp. 159&#45;160. V&eacute;ase Heidegger, "&iquest;Y para qu&eacute; poetas?", pp. 260&#45;261.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> pp. 160&#45;161.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup>&nbsp;Para la apreciaci&oacute;n de lo que Heidegger, siguiendo a Rilke, entend&iacute;a por "lo americano", v&eacute;ase "&iquest;Y para qu&eacute; poetas?", p. 262. V&eacute;ase tambi&eacute;n Martin Heidegger, "La &eacute;poca de la imagen del mundo", ap&eacute;ndice 12, <i>Caminos de bosque,</i> p. 108.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup>&nbsp;Martin Heidegger, <i>Entrevista del</i> Spiegel, en <i>La autoafrmaci&oacute;n de la Universidad alemana. El Rectorado, 1933&#45;1934. Entrevista del</i> Spiegel, pp. 68&#45;69.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup>&nbsp;De hecho, sabemos que Heidegger en alg&uacute;n momento <i>prefiri&oacute;</i> al totalitarismo (en forma de nacionalsocialismo) frente a la democracia liberal como la mejor alternativa en lo tocante a iluminar la relaci&oacute;n adecuada entre el ser humano y la esencia de la tecnolog&iacute;a. En la entrevista concedida a _Der <i>Spiegel,</i> por ejemplo, Heidegger afirma lo siguiente: "yo veo la tarea del pensar en cooperar, dentro de sus l&iacute;mites, a que el hombre logre una relaci&oacute;n satisfactoria con la esencia de la t&eacute;cnica. El nacionalsocialismo iba sin duda en esa direcci&oacute;n" (Heidegger, <i>Entrevista del</i> Spiegel, p. 77). V&eacute;ase asimismo la observaci&oacute;n parent&eacute;tica que Heidegger a&ntilde;ade en 1953 a su pol&eacute;mica celebraci&oacute;n de "la verdad interior y la magnitud" del nazismo, en su <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> p. 179.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup>&nbsp;Heidegger, <i>Entrevista del</i> Spiegel, p. 69.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 162.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 163.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup>&nbsp;Sobre la relaci&oacute;n que guarda la metaf&iacute;sica con la determinaci&oacute;n esencial de una &eacute;poca, v&eacute;ase Heidegger, "La &eacute;poca de la imagen del mundo", p. 75.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 163.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup>&nbsp;V&eacute;ase Martin Heidegger, <i>Nietzsche,</i> trad. J. L. Vermal, 2 vols. (Barcelona: Destino, 2000).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781032&pid=S1405-0218200400010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> pp. 164&#45;165.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 164.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 166.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i> Para un penetrante an&aacute;lisis de las repercusiones propiamente &eacute;ticas de la filosof&iacute;a de Heidegger, v&eacute;ase Luc Ferry y Alain Renaut, "La question de la &eacute;thique apr&egrave;s Heidegger", <i>Syst&egrave;me et critique. Essai sur la critique de la raison dans la philosophie contemporaine</i> (Bruselas: ousia, 1984), pp. 73&#45;102.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781037&pid=S1405-0218200400010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Acerca de sus consecuencias pol&iacute;ticas, v&eacute;ase Luc Ferry, "La d&eacute;construction heideggerienne de la modernit&eacute; politique", en Alain Renaut, comp., <i>Histoire de la philosophie politique,</i> vol. 4, <i>philosophies politiques contemporaines</i> (Par&iacute;s: Calmann&#45;L&eacute;vy, 1999).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 166. V&eacute;ase Herr&aacute;n, "Algo sobre la suerte de Heidegger y el nazismo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> pp. 168&#45;169; la cita proviene de la p. 169.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup>&nbsp;Heidegger, <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> p. 123.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i> Para Heidegger, otra manera de nombrar el Uno de Her&aacute;clito es <i>logos,</i> pero esta vez entendido no como raz&oacute;n, como usualmente ocurre, sino como <i>legen,</i> que significa juntar, vincular <i>(ibid.,</i> p. 125; v&eacute;ase tambi&eacute;n Martin Heidegger, "Logos", <i>Conferencias y art&iacute;culos,</i> pp. 179199). En este sentido, el Uno en tanto que logos, es el lugar donde todos los entes son colectados como lo Mismo, por su participaci&oacute;n en el des&#45;ocultamiento que hace posible toda presencia. Sin duda, esta definici&oacute;n &#45;si puede haber alguna&#45; se asemeja a la del ser en cuanto tal (v&eacute;ase Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 170).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> pp. 170&#45;171. El pasaje citado por Renaut y Soso&eacute; proviene de Heidegger, <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> p. 141.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57</sup>&nbsp;Martin Heidegger, <i>Carta sobre el humanismo,</i> trad. R. Guti&eacute;rrez Girardot (Madrid: Taurus, 1959), p. 63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781045&pid=S1405-0218200400010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> pp. 171&#45;172.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59</sup>&nbsp;Ibid., p. 175.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60</sup>&nbsp;Heidegger, "La sentencia de Anaximandro", <i>Caminos de bosque,</i> p. 327. V&eacute;ase tambi&eacute;n Heidegger, <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> p. 147.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>61</sup>&nbsp;Heidegger, "La sentencia de Anaximandro", p. 322.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>62</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>Philosophie du droit,</i> p. 176.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>63</sup>&nbsp;Heidegger, <i>Introducci&oacute;n a la metaf&iacute;sica,</i> p. 124.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>64</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> pp. 124&#45;125.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>65</sup>&nbsp;Renaut y Soso&eacute;, <i>op. cit.,</i> p. 178.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>66</sup>&nbsp;<i>Ibid,</i> pp. 182&#45;183.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>67</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> pp. 183&#45;184. V&eacute;ase Alain Renaut, "Le probl&egrave;me de la loi injuste", <i>Cahiers de philosophie politique et juridique,</i> n&uacute;m. 12 (1988)169&#45;182.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781056&pid=S1405-0218200400010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Steven Smith ha resaltado asimismo la contingencia normativa radical implicada en el no menos radical historicismo de Heidegger. V&eacute;ase Steven B. Smith, <i>"Destruktion</i> or Recovery?: Leo Strauss' Critique of Heidegger", en John P. McCormick, ed., <i>Confronting Mass Democracy and Industrial Technology: Political and Social Theory from Nietzsche to Habermas</i> (Durham: Duke University Press, 2002), pp. 245266.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781057&pid=S1405-0218200400010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>68</sup>&nbsp;Para una consideraci&oacute;n m&aacute;s amplia de esta circunstancia, y de sus consecuencias para la filosof&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea, v&eacute;ase el conjunto de argumentos presentados en Herr&aacute;n, <i>Entre la Revoluci&oacute;n y la Desconstrucci&oacute;n.</i> Por otra parte, es posible, desde luego, asumir la contingencia radical del historicismo postmoderno derivado de Heidegger en combinaci&oacute;n con las aspiraciones, pr&aacute;cticas e instituciones caracter&iacute;sticas de la democracia moderna. Desde el pragmatismo, por ejemplo, Richard Rorty ha intentado llevar a cabo este tipo de fusi&oacute;n. V&eacute;ase Richard Rorty, <i>Objectivity, Relativism, and Truth</i> (Cambridge: Cambridge University Press, 1991);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781059&pid=S1405-0218200400010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>Pragmatismo y pol&iacute;tica</i> (Barcelona: Paid&oacute;s, 1999).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781060&pid=S1405-0218200400010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Sin embargo, no encuentro suficientemente convincentes los empe&ntilde;os de Rorty. Para mis cr&iacute;ticas, v&eacute;ase Eric Herr&aacute;n, "Rorty y el espejo de la democracia liberal", <i>Fragmentos de teor&iacute;a pol&iacute;tica,</i> pp. 97&#45;108.</font></p>      ]]></body><back>
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