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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Justicia internacional y derechos humanos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Guerra, justicia y Derecho Internacional</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alfonso Ruiz Miguel*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad Aut&oacute;noma de Madrid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi contribuci&oacute;n a este Simposio pretende situar el debate en un marco muy general, casi de filosof&iacute;a de la historia, est&aacute; escrita &#45;o, mejor, reescrita&#45;<sup><a href="#nota">1</a></sup> en un momento bien concreto, pocos meses despu&eacute;s del ataque e invasi&oacute;n de Estados Unidos y el Reino Unido a Irak. Precisamente por ello, no me parece in&uacute;til comenzar haciendo un comentario sobre ese reciente conflicto b&eacute;lico. Aunque Francis Bacon escribi&oacute; que "hay tal justicia en la naturaleza del hombre que no entra en las guerras (que tantas calamidades producen) sino con ciertos motivos y querellas al menos plausibles",<sup><a href="#nota">2</a></sup> me parece muy clara la implausibilidad de las causas de la invasi&oacute;n de Irak: ninguno de los motivos alegados ha resistido la prueba de los hechos: ni terrorismo fundamentalista, ni armas de destrucci&oacute;n masiva, ni intervenci&oacute;n por la democracia. En realidad, lo que destaca en este caso ha sido la misma "obscenidad" &#45;literalmente, "lo que debe mantenerse fuera de la escena"&#45; de sus causas latentes, sea el control estrat&eacute;gico, el petr&oacute;leo o la asunci&oacute;n de la jefatura internacional unilateral por parte del pa&iacute;s hoy hegem&oacute;nico. Hecha esa consideraci&oacute;n, en adelante me referir&eacute; sobre todo a la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica del pensamiento filos&oacute;fico y jur&iacute;dico sobre la guerra y a algunos de sus retos actuales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las relaciones entre la guerra y el Derecho</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una manera de observar la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica del pensamiento filos&oacute;fico jur&iacute;dico sobre la guerra es partir de la triple distinci&oacute;n propuesta por Bobbio entre la guerra como objeto del Derecho, la guerra como medio de realizaci&oacute;n del Derecho y la guerra como ant&iacute;tesis del Derecho.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Voy a comentar esos tres puntos situ&aacute;ndolos en un dise&ntilde;o hist&oacute;rico algo esquem&aacute;tico pero, espero, orientador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede decirse que la guerra aparece primero como <i>objeto</i> del Derecho cuando hist&oacute;ricamente se la deja de ver como un hecho natural o cuasinatural, esto es, cuando se comienza a pensar te&oacute;ricamente en ella y se intenta legitimar, y a la vez limitar, haci&eacute;ndola objeto de la regulaci&oacute;n moral y jur&iacute;dica (y, entre par&eacute;ntesis, t&eacute;ngase en cuenta que una clara distinci&oacute;n entre Derecho y justicia no comienza a generalizarse hasta, como muy pronto, el siglo XVIII, y que todav&iacute;a hoy sigue siendo discutida, tambi&eacute;n en el Derecho internacional). Esa reflexi&oacute;n jur&iacute;dico&#45;moral comienza, como m&iacute;nimo, en Roma, con Cicer&oacute;n, y se recupera por la larga tradici&oacute;n escol&aacute;stica medieval, con la doctrina de la guerra justa, que ya elabora el esquema b&aacute;sico del Derecho internacional moderno en la materia. La doctrina de la guerra justa supone que hay guerras justas e injustas y propone las condiciones jur&iacute;dico&#45;morales para dos tipos de conductas relativas a la guerra: por un lado, la licitud del recurso mismo a la guerra (el <i>ius ad bellum,</i> que se&ntilde;ala cu&aacute;ndo es l&iacute;cito emprender o participar en una guerra, donde, en realidad, se avanza ya la idea de la guerra como medio del Derecho, especialmente como medio de realizaci&oacute;n de la justicia, sobre lo que volver&eacute; inmediatamente), y, por otro lado, la licitud de las acciones emprendidas en el curso de una guerra ya en marcha (el <i>ius in bello,</i> que plantea qu&eacute; es l&iacute;cito hacer con los prisioneros o los ni&ntilde;os, o si es l&iacute;cito usar ciertas armas como el veneno, o, hoy, las armas de destrucci&oacute;n masiva, etc.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo punto de vista, la guerra como <i>medio</i> de realizaci&oacute;n del Derecho, en buena parte tiene sus or&iacute;genes en esa doctrina medieval de la guerra justa y se desarrolla sobre todo tras el nacimiento del Derecho internacional moderno, a partir de los siglos XVI y XVII, desde Vitoria y Grocio hasta nuestros d&iacute;as. El Derecho internacional moderno, como conjunto de normas consideradas jur&iacute;dicas pero con cierta pretensi&oacute;n de fundamentaci&oacute;n y alcance morales, concibe la guerra sobre todo como medio para la realizaci&oacute;n del Derecho. Las causas o motivos que legitiman jur&iacute;dicamente a ir a la guerra pretenden hacer de la guerra misma la sanci&oacute;n jur&iacute;dica m&aacute;s grave, la respuesta &uacute;ltima frente a las conductas de los Estados il&iacute;citas jur&iacute;dica y moralmente, conductas que aparecen como la condici&oacute;n o supuesto de hecho que permite poner en marcha el mecanismo procesal para la imposici&oacute;n de la sanci&oacute;n jur&iacute;dica, de modo semejante a como el homicidio es condici&oacute;n de una pena tras el juicio correspondiente. En la teor&iacute;a jur&iacute;dico&#45;internacional tradicional, que llega hasta la Primera Guerra Mundial, tales causas de licitud comprenden no s&oacute;lo la leg&iacute;tima defensa, sino tambi&eacute;n la reparaci&oacute;n de las injurias o delitos internacionales cometidos por otros Estados, que era la espita por la que el elenco real de motivos de guerra se ampliaba y pod&iacute;a f&aacute;cilmente dar lugar a la alegaci&oacute;n de justa causa por los distintos Estados contendientes entre s&iacute;. Otras serias dificultades pr&aacute;cticas de la doctrina eran que el Estado llamado a sancionar mediante la aplicaci&oacute;n de la fuerza militar resultaba ser a la vez parte y juez en su propia causa y que el que lograra o no sancionar al presunto Estado injusto depend&iacute;a m&aacute;s de su fuerza que de su raz&oacute;n, de modo que el vencedor bien pod&iacute;a ser el que terminara reivindicando su victoria como justa. En todo caso, un aspecto importante de esta doctrina es que sus protagonistas eran los Estados y no los individuos. Lo ilustra bien la posici&oacute;n de Hans Kelsen, el jurista jud&iacute;o exiliado de la Alemania nazi, pacifista moderado y defensor de los ideales internacionalistas, que todav&iacute;a en 1941, conforme a la convicci&oacute;n jur&iacute;dica de la &eacute;poca, manten&iacute;a la doctrina de que la responsabilidad jur&iacute;dico&#45;internacional es colectiva y no individual, de modo que s&oacute;lo el Estado y no sus dirigentes individualizadamente pod&iacute;a ser sujeto de sanci&oacute;n por la provocaci&oacute;n de una guerra.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Tales sanciones eran usualmente de car&aacute;cter territorial y econ&oacute;mico, como las impuestas a Alemania tras la Primera Guerra Mundial por el Tratado de Versalles. Poco tiempo despu&eacute;s, todav&iacute;a en plena Segunda Guerra Mundial, Kelsen fue uno de quienes propugnaron cambios en el Derecho internacional para exigir la responsabilidad individual por la iniciaci&oacute;n de una guerra jur&iacute;dicamente il&iacute;cita y para crear una jurisdicci&oacute;n internacional obligatoria que pudiera garantizar &#45;seg&uacute;n el t&iacute;tulo de su obra&#45; <i>La paz por medio del Derecho.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera posici&oacute;n pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dica sobre la guerra que anunci&eacute; es la de su exclusi&oacute;n del &aacute;mbito jur&iacute;dico, esto es, su consideraci&oacute;n en oposici&oacute;n al Derecho, como su <i>ant&iacute;tesis.</i> Thomas Hobbes, siempre claro y penetrante, fue el primer exponente de esta idea, para la cual los Estados se hallan entre s&iacute; &#45;al igual que los individuos antes de la constituci&oacute;n de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica&#45; en estado de naturaleza, esto es, en situaci&oacute;n de guerra efectiva o, cuando menos, potencial de todos contra todos, por la inexistencia de un soberano com&uacute;n que imponga unas leyes generales eficaces mediante una fuerza superior. Esta visi&oacute;n de la guerra como ant&iacute;tesis del Derecho derivar&iacute;a despu&eacute;s en dos l&iacute;neas opuestas, una belicista y otra pacifista. La primera est&aacute; bien representada por Hegel, para quien las relaciones internacionales, al estar sometidas s&oacute;lo al expediente del acuerdo o pacto entre iguales, se hallan por encima del Derecho y dependen s&oacute;lo de la voluntad soberana de los Estados, quienes est&aacute;n legitimados por la historia a acudir a la guerra para perseguir sus intereses: en Hegel, as&iacute;, por encima de las supuestas reglas del Derecho internacional, que son m&aacute;s bien papel mojado, hay una "justicia" hist&oacute;rica que da la raz&oacute;n al pueblo que vence. En cambio, la segunda y m&aacute;s genuina visi&oacute;n de la tesis de la guerra como ant&iacute;tesis del Derecho &#45;ant&iacute;tesis al menos del Derecho ideal y, por tanto, tambi&eacute;n ant&iacute;tesis de la justicia&#45; es la l&iacute;nea pacifista que a partir de los grandes proyectos ut&oacute;picos de la ilustraci&oacute;n hasta el pacifismo contempor&aacute;neo, propugna la proscripci&oacute;n jur&iacute;dica de la guerra. Esta l&iacute;nea, que se ha denominado de pacifismo jur&iacute;dico, argumenta en favor de la superaci&oacute;n de la soberan&iacute;a estatal mediante la constituci&oacute;n de un poder o gobierno internacional lo suficientemente fuerte como para evitar las guerras, un Estado mundial, si se quiere llamarlo as&iacute;. Se trata de una doctrina que recibe su vigor de la f&eacute;rrea l&oacute;gica de Hobbes, por m&aacute;s que Hobbes la aplicara s&oacute;lo hacia el interior de cada uno de los distintos Estados, es decir, s&oacute;lo en la b&uacute;squeda de la seguridad entre los individuos de un pa&iacute;s, sin pensar que el mismo argumento justificar&iacute;a tambi&eacute;n la necesidad de un Estado universal que estableciera la paz entre las distintas comunidades pol&iacute;ticas. Porque, en efecto, sin un poder com&uacute;n que limite el uso de la fuerza por los distintos Estados, parece que la guerra siempre ser&aacute; el &uacute;ltimo recurso para dirimir las disputas graves entre ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pues bien, teniendo presente el marco hist&oacute;rico anterior, quiero hacer unas reflexiones muy generales, casi de filosof&iacute;a de la historia, sobre el Derecho internacional actual y sus posibles tendencias de evoluci&oacute;n, si bien no como experto en esa disciplina sino desde el punto de vista m&aacute;s externo y general de la filosof&iacute;a jur&iacute;dica. Y para ello voy a volver a utilizar los mismos tres puntos de vista, de la guerra como objeto, como medio y como ant&iacute;tesis del Derecho. Porque, en efecto, el Derecho internacional puede ser considerado como un conjunto de criterios y reglas que definen y delimitan esos tres puntos sobre la guerra en una determinada configuraci&oacute;n, si bien esa configuraci&oacute;n no es una foto fija o un dibujo absolutamente n&iacute;tido, sino que, seg&uacute;n los autores y los momentos, la foto contiene distintas posiciones, o el dibujo mantiene l&iacute;mites difusos, respondiendo a diferentes criterios, no s&oacute;lo jur&iacute;dicos sino tambi&eacute;n &eacute;ticos y pol&iacute;ticos, que indican serias y complejas encrucijadas. En particular, creo que, precisamente en el momento actual, afrontamos una de las m&aacute;s decisivas encrucijadas de la historia del Derecho internacional, y no s&oacute;lo de la historia m&aacute;s reciente.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, el Derecho internacional contempor&aacute;neo, de manera mucho m&aacute;s expl&iacute;cita y codificada que en &eacute;pocas pasadas, tiene a la guerra como objeto de su regulaci&oacute;n normativa en los dos aspectos cl&aacute;sicos, el <i>ius in bello</i> y el <i>ius ad bellum.</i> Hist&oacute;ricamente, son las reglas jur&iacute;dico&#45;internacionales del <i>ius in bello,</i> que limitan las conductas b&eacute;licas, las que han aparecido en primer lugar, mediante tratados que comienzan a firmarse de forma generalizada desde fines del siglo xix. Es a partir de entonces cuando las convenciones de La Haya y de Ginebra establecen jur&iacute;dicamente las reglas sobre la exclusi&oacute;n de ataques a no combatientes, el buen trato a los prisioneros o la prohibici&oacute;n de armas crueles y desproporcionadas, reglas que ser&iacute;an la base de la actual regulaci&oacute;n internacional de ese tipo de conductas como "cr&iacute;menes de guerra". Junto a ello, y sobre todo despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial, tambi&eacute;n el Derecho internacional contempor&aacute;neo ha regulado de manera mucho m&aacute;s expresa y precisa que en &eacute;pocas pasadas el <i>ius ad bellum,</i> esto es, los motivos para iniciar o intervenir en una guerra jur&iacute;dicamente l&iacute;cita. Es a partir de 1928 &#45;con la firma del Pacto Kellogg&#45;Briand, o Pacto de Par&iacute;s, en el seno de la Sociedad de Naciones&#45; cuando se considera que el Derecho internacional condena el "recurso a la guerra para la soluci&oacute;n de los conflictos internacionales" y, por tanto, toda guerra de agresi&oacute;n. Simplificando mucho, esta regulaci&oacute;n jur&iacute;dica, ha sido reforzada despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial por los tratados que dieron lugar a los procesos de N&uuml;remberg, que consideraron la agresi&oacute;n b&eacute;lica como un "crimen contra la paz", y, sobre todo, por la Carta de Naciones Unidas y sus ulteriores desarrollos, entre los que merecen mencionarse las Declaraciones de la Asamblea General de Naciones Unidos sobre los Principios del Derecho Internacional (resoluci&oacute;n 2625 &#91;XXV&#93;, de 24 de octubre de 1970) y la Definici&oacute;n de la Agresi&oacute;n (resoluci&oacute;n 3314 &#91;XXIX&#93;, de 14 de diciembre de 1974). Conforme a esta nueva posici&oacute;n, desde el punto de vista del contenido, la leg&iacute;tima defensa se hab&iacute;a convertido en la justificaci&oacute;n central y excepcional para intervenir en una guerra, y, desde el punto de vista del procedimiento, se exig&iacute;a el acuerdo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, desde el final de la guerra fr&iacute;a, y todav&iacute;a m&aacute;s tras el 11 de septiembre, algunos de los criterios anteriores parece que comienzan a tambalearse en la pr&aacute;ctica, lo que resulta muy grave porque el Derecho internacional se hace en buena parte, seg&uacute;n algunos en todo, con la conversi&oacute;n en criterios de las pr&aacute;cticas y acuerdos de los Estados. De ah&iacute; el inter&eacute;s de muchos juristas y diplom&aacute;ticos que quieren mantener, y mejorar, el modelo de Naciones Unidas, en aislar, encapsular como excepci&oacute;n y violaci&oacute;n, la falta de acuerdo de Naciones Unidas ante la reciente guerra contra Irak, que de otro modo podr&iacute;a llegar a ser la nueva pauta internacional, dada la hegemon&iacute;a de Estados Unidos. Naturalmente, antes de llegar a este momento de crisis, exist&iacute;an agudos debates sobre el alcance de la idea de leg&iacute;tima defensa y, en general, de las causas para una acci&oacute;n b&eacute;lica leg&iacute;tima, pero, por poner el ejemplo m&aacute;s llamativo, se discut&iacute;a si esa idea pod&iacute;a comprender o no la prevenci&oacute;n de un ataque considerado inminente y cierto (lo que se hab&iacute;a llegado a formular t&eacute;cnicamente con el t&eacute;rmino ingl&eacute;s <i>preemptive</i> y con el consiguiente neologismo castellano "preemptivo"), pero estaba bastante claro que los ataques preventivos en sentido m&aacute;s amplio &#45;esto es, ante una posible agresi&oacute;n futura que, por tanto, no resulta inminente o es incierta&#45; no eran leg&iacute;tima defensa, sino clara agresi&oacute;n, y no estaban autorizados por el Derecho internacional. Hoy, como sabemos, la nueva doctrina de Estados Unidos, reci&eacute;n aplicada en Irak, es la de la legitimidad de las acciones preventivas.<sup><a href="#nota">6</a></sup> Sobre la peligrosidad de este nuevo criterio para la seguridad internacional no hace falta decir mucho. Aunque el dominio militar y tecnol&oacute;gico de Estados Unidos es abrumador, la <i>pax americana</i> no est&aacute; garantizada: las armas nucleares siguen ah&iacute; y las tienen muchos pa&iacute;ses; pero, sobre todo, si tal doctrina se generaliza podr&iacute;a utilizarse por otros pa&iacute;ses, m&aacute;s igualados entre s&iacute;, en sus contiendas locales, dando lugar al modelo t&iacute;pico de los dos pistoleros frente a frente del cine del oeste tan eficazmente descrito por Thomas Schelling en relaci&oacute;n con la disuasi&oacute;n nuclear:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&eacute;l, creyendo que yo estaba a punto de matarle en defensa propia, estaba a punto de matarme en defensa propia, de modo que yo tuve que matarle en defensa propia.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, a la creciente inseguridad y peligrosidad que en el campo del <i>ius ad bellum</i> alienta esta doctrina se a&ntilde;aden los riesgos que tambi&eacute;n se ciernen sobre el <i>ius in bello,</i> el Derecho internacional humanitario de las convenciones de Ginebra, que con pr&aacute;cticas como las de los prisioneros de Guant&aacute;namo, que est&aacute;n en una tierra de nadie jur&iacute;dica, sin derechos reconocidos de ning&uacute;n tipo, est&aacute; sufriendo un grav&iacute;simo ataque que puede transformarlo para mal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, en cuanto a la guerra como medio de realizaci&oacute;n del Derecho, precisamente la tendencia a la consideraci&oacute;n de la leg&iacute;tima defensa como raz&oacute;n central de intervenci&oacute;n en una guerra parec&iacute;a llevar consigo una reducci&oacute;n del radio de acci&oacute;n del medio b&eacute;lico, hasta el punto de que, al menos en las interpretaciones m&aacute;s estrictas, encajaba ya mal la idea de la guerra como sanci&oacute;n al Estado infractor, pues la defensa estricta, m&aacute;s que como sanci&oacute;n ante distintas injusticias, aparece s&oacute;lo como el &uacute;nico remedio final, como el &uacute;ltimo recurso, para repeler una agresi&oacute;n b&eacute;lica o una conducta asimilada a ella. En tal sentido, la diferencia entre el modelo anterior de la guerra como sanci&oacute;n y el de la Carta de Naciones Unidas es similar a la que va de la sanci&oacute;n penal, impuesta mediante un juicio previo (aunque el juez fuera tambi&eacute;n parte en su propia causa), y la defensa individual ante una agresi&oacute;n, donde la inmediatez de la respuesta excluye pensar en juicio previo alguno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta la crisis actual, se ven&iacute;a hablando de un importante proceso individualizaci&oacute;n en el Derecho internacional contempor&aacute;neo &#45;lento e incipiente nada m&aacute;s, pero con indicaciones muy positivas&#45; por el que los individuos, y sus derechos y deberes individuales, parecen empezar a irrumpir en &eacute;l con cierta fuerza. Era un proceso &#45;hasta esta crisis no exento de luces y sombras, pero con menos sombras que hoy&#45; que suger&iacute;a que, frente a la doctrina asentada durante siglos de que los sujetos del Derecho internacional son los Estados y no los individuos, comenzaba a haber atisbos de una ruptura con ese protagonismo exclusivo de los Estados que quiz&aacute; podr&iacute;a terminar siendo radical. Ese proceso de individualizaci&oacute;n puede ser visto en dos aspectos: en lo que concierne a los deberes individuales, especialmente de los funcionarios, militares y representantes pol&iacute;ticos, y en lo que se refiere a los derechos individuales, atribuidos a todos los seres humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, y recordando cosas que Kai Ambos ha desarrollado en este mismo Simposio,<sup><a href="#nota">8</a></sup> de una parte, desde el final de la Segunda Guerra Mundial y los juicios de N&uuml;remberg, los individuos, y en particular los dirigentes pol&iacute;ticos y militares en cuanto representantes de los Estados, han comenzado a ser considerados sujetos de deberes y, por tanto, responsables de delitos ante el Derecho internacional.<sup><a href="#nota">9</a></sup> En esta l&iacute;nea &#45;con sus luces y sus sombras, insisto&#45;, pod&iacute;an ser pasos positivos y decisivos contra la impunidad la creaci&oacute;n de tribunales internacionales <i>ad hoc,</i> como los de Ruanda o Yugoslavia, la aceptaci&oacute;n de la jurisdicci&oacute;n de cualquier Estado contra ciertos tipos de delitos iniciada en Espa&ntilde;a con el caso Pinochet o, en fin, el tratado sobre la Corte Penal Internacional, entrado en vigor el 1 de julio de 2002. Pero la retirada de la firma de Estados Unidos ha abierto la fatal perspectiva de que el proceso de individualizaci&oacute;n en este &aacute;mbito de los deberes b&aacute;sicos quede abortado. Y, sin embargo, la responsabilidad penal internacional de los individuos, que no en vano fue una de las propuestas de Kelsen para que el Derecho fuera medio para la paz, es una v&iacute;a esencial para el progreso del Derecho internacional y deber&iacute;a ser recuperada, alentada y extendida, tambi&eacute;n y sobre todo por un pa&iacute;s como Estados Unidos, cuyos principios hist&oacute;ricos e ideales son &#45;como se dijo en su Declaraci&oacute;n de independencia&#45; "la vida, la libertad y la b&uacute;squeda de la felicidad" de todos los hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, la individualizaci&oacute;n del Derecho internacional contempor&aacute;neo se ha venido manifestando tambi&eacute;n, aunque muy incipientemente, en el fen&oacute;meno de la internacionalizaci&oacute;n &#45;o, dicho de manera m&aacute;s fea pero tambi&eacute;n m&aacute;s precisa, juridificaci&oacute;n internacional&#45; de los derechos individuales, que comienza a perfilarse tambi&eacute;n tras la Segunda Guerra Mundial, con la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos de 1948, a la que siguieron los Pactos de Naciones Unidas y, en fin, la creaci&oacute;n de organizaciones internacionales regionales que, como el Convenio Europeo para la Salvaguarda de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, de 1950, han llegado a aceptar que los individuos puedan reclamar judicialmente ante una instancia internacional, como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (tambi&eacute;n la Corte interamericana de Derechos Humanos, en el marco de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos, de 1969, puede examinar casos individuales, si bien, como ocurr&iacute;a en el Convenio Europeo antes de 1998, tras haber pasado el filtro de una Comisi&oacute;n). &iquest;Va a quedar truncado tambi&eacute;n este proceso, o s&oacute;lo reducido a ciertas regiones, en parte para los ciudadanos de los Estados que ya protegen en mayor medida los derechos humanos, o podr&aacute; seguir extendi&eacute;ndose en una verdadera y, esta vez claramente positiva, globalizaci&oacute;n que permita mejorar la suerte de todos los seres humanos? De momento, y lamento ser muy pesimista en el plazo que puedo prever, la pregunta parece tener una triste respuesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, este proceso de internacionalizaci&oacute;n de los derechos humanos &#45;que deber&iacute;a tender a su verdadera universalizaci&oacute;n o globalizaci&oacute;n&#45; debe relacionarse, en parte cr&iacute;ticamente, con uno de los cambios del Derecho internacional naciente tras la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n y la superaci&oacute;n de la &eacute;poca de la guerra fr&iacute;a y la bipolarizaci&oacute;n, que han dado lugar a la hegemon&iacute;a internacional de Estados Unidos a la cabeza de los pa&iacute;ses occidentales. Me refiero a la ampliaci&oacute;n que la doctrina jur&iacute;dico&#45;internacional est&aacute; dando a la idea de conducta contraria a la paz internacional, ampliaci&oacute;n por la que se tiende a aceptar la licitud de las llamadas intervenciones b&eacute;licas humanitarias, que se pretenden justificar como formas de defensa frente a la violaci&oacute;n grav&iacute;sima por parte de un determinado Estado de los derechos humanos m&aacute;s b&aacute;sicos de su propia poblaci&oacute;n. Las intervenciones b&eacute;licas humanitarias ser&iacute;an tema por s&iacute; solo para otro simposio, por lo que me limitar&eacute; a repetir la paradoja de que los derechos humanos pretenden ser salvados mediante la guerra, el modo m&aacute;s violento de acci&oacute;n y muy poco capaz de diferenciar entre v&iacute;ctimas y verdugos. Y, sin embargo, para no simplificar en exceso un debate complejo, en el que hay muchas razones y argumentos en juego, a&ntilde;adir&eacute; s&oacute;lo que a veces quiz&aacute; la &uacute;nica esperanza para poblaciones civiles cuyos derechos est&aacute;n siendo masivamente violados puede ser s&oacute;lo una intervenci&oacute;n armada, aunque limitada, selectiva y proporcionada. Aun as&iacute;, debe reconocerse el riesgo de que las intervenciones humanitarias se conviertan en meras excusas para encubrir intereses pol&iacute;ticos no confesables.<sup><a href="#nota">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, quedaba por comentar, en tercer lugar, el punto de vista de la guerra como ant&iacute;tesis del Derecho en el Derecho internacional contempor&aacute;neo. Aunque fuera m&aacute;s como esperanza ideal que como realidad efectiva, en la segunda mitad del siglo XX exist&iacute;an indicios, como algunos de los mencionados, que animaban a reflexionar sobre la posibilidad de abrir un camino para ir convirtiendo el recurso a la guerra en antijur&iacute;dico. Ese era el sentido latente de las tendencias que he comentado a la limitaci&oacute;n de las causas justas de guerra a una leg&iacute;tima defensa estrictamente entendida y de los procesos de individualizaci&oacute;n del Derecho internacional en deberes y derechos. La enorme desproporci&oacute;n entre los pretendidos fines y los terribles medios b&eacute;licos hoy disponibles &#45;de las armas qu&iacute;micas y biol&oacute;gicas a las nucleares&#45;, que castigan sobre todo a las poblaciones civiles, parec&iacute;a obligar a esa reducci&oacute;n, y en el l&iacute;mite a la proscripci&oacute;n, del recurso a la guerra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, ya antes del actual momento cr&iacute;tico, sab&iacute;amos del d&eacute;ficit de efectividad del Derecho internacional, que en &uacute;ltimo t&eacute;rmino se regula pol&iacute;ticamente mediante un sistema basado en parte en alianzas, tensiones y equilibrios entre los pa&iacute;ses m&aacute;s grandes y en parte en los impulsos hegem&oacute;nicos de Estados Unidos. Hoy la parte que corresponde a la voluntad de hiperpotencia hegem&oacute;nica de Estados Unidos parece de mucho mayor peso que antes, y la continuaci&oacute;n y profundizaci&oacute;n de esa tendencia (que las dificultades de la postguerra de Irak pueden desalentar) configurar&iacute;a un mundo que, aun atractivo para algunos, ir&iacute;a en la direcci&oacute;n opuesta a los ideales de libertad y democracia en que desde la Ilustraci&oacute;n decimos creer en Occidente. Las esperanzas de conseguir la paz mundial propugnada por el pensamiento liberal&#45;democr&aacute;tico van desde Kant en dos direcciones distintas aunque no del todo incompatibles entre s&iacute;, si se consideran como etapas sucesivas en el tiempo, pero tambi&eacute;n pueden verse como incompatibles si se piensa que la condici&oacute;n humana en ning&uacute;n caso permitir&aacute; el paso de la primera a la segunda, que era, por cierto, el punto de vista del propio Kant: la primera, que defendi&oacute; Kant y que en nuestros d&iacute;as ha recuperado john Rawls, es que para mantener la paz ser&iacute;a suficiente una pluralidad de distintos Estados democr&aacute;ticos en relaciones pac&iacute;ficas entre s&iacute; bajo una organizaci&oacute;n internacional similar a Naciones Unidas; para la segunda, en un paso m&aacute;s all&aacute; (bastante m&aacute;s all&aacute;, quiz&aacute; mucho m&aacute;s all&aacute;), que ha defendido j&uuml;rgen Habermas, s&oacute;lo una organizaci&oacute;n internacional que centralizara la capacidad b&eacute;lica de los actuales Estados y tuviera car&aacute;cter democr&aacute;tico, es decir, un Estado (o gobierno) democr&aacute;tico mundial, podr&iacute;a garantizar un sistema de paz justa. Curiosamente, Kant defendi&oacute; la primera opci&oacute;n no s&oacute;lo porque era esc&eacute;ptico sobre la posibilidad de un Estado mundial, sino tambi&eacute;n porque, en la medida en que fuera realizable, le pareci&oacute; muy peligroso: pensaba que &uacute;nicamente una "monarqu&iacute;a universal" (hoy dir&iacute;amos un imperio hegem&oacute;nico) de car&aacute;cter desp&oacute;tico podr&iacute;a evitar las guerras, y eso s&oacute;lo de manera moment&aacute;nea, hasta que su excesiva extensi&oacute;n hiciera ineficaz su gobierno dando lugar a incontrolables guerras civiles dentro de su &aacute;mbito de dominaci&oacute;n<sup><a href="#nota">11</a></sup>. De momento, lamentablemente, es hacia ese espectro hacia lo que parecen apuntar las tendencias m&aacute;s pesimistas propiciadas por la hegemon&iacute;a estadounidense<sup><a href="#nota">12</a></sup>: una especie de Estado mundial, pero dictatorial y deficiente en cuanto a la paz<sup><a href="#nota">13</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; haya quien crea en la posibilidad de una v&iacute;a media entre las dos anteriores: un imperio hegem&oacute;nico democr&aacute;tico hacia el interior y benevolente hacia el exterior. Pero mis temores van m&aacute;s en la l&iacute;nea de Norbert Elias, el gran soci&oacute;logo e historiador alem&aacute;n del pasado siglo &#45;como Kelsen, tambi&eacute;n perseguido por el nazismo&#45;, que expres&oacute; bien una ambivalencia que no podemos dejar de tener presente:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hablo aqu&iacute; de mis deseos. Es cierto que yo mismo no me encontrar&iacute;a bien en un mundo donde un Estado o un grupo de Estados dominara a toda la humanidad. De todos modos, podr&iacute;amos preguntarnos si la supremac&iacute;a de un Estado m&aacute;s poderoso que todos los dem&aacute;s ser&iacute;a un precio demasiado elevado para la pacificaci&oacute;n de la humanidad, o sea, para la eliminaci&oacute;n de la guerra como instituci&oacute;n permanente en las relaciones internacionales. &#91;...&#93; ... tal vez merecer&iacute;a la pena pagar por lo menos durante un tiempo el precio del sometimiento a un Estado hegem&oacute;nico y de soportar la altaner&iacute;a, siempre presente en estos casos, del pueblo dominante. &#91;...&#93; Una vez m&aacute;s, no deseo para m&iacute; ni para ustedes vivir en un mundo con semejante estructura social<sup><a href="#nota">14</a></sup>.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pues bien, si no deseamos eso, debemos esperar que, en parte por procesos internos y en parte por la presi&oacute;n de otros Estados, el Derecho internacional logre recuperarse de la crisis actual recogiendo y ampliando sus anteriores tendencias m&aacute;s positivas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;En efecto, aun con revisiones, he utilizado materiales en parte ya antes publicados, especialmente en "Doctrinas de la guerra y de la paz", <i>Anuario de Filosof&iacute;a del Derecho,</i> XIX, 2002, pp. 139&#45;152.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768524&pid=S1405-0218200400010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;"De la verdadera grandeza de los reinos y los estados" (1612), en <i>Essays</i> (1625), trad. cast. de Luis Escobar Bare&ntilde;o, <i>Ensayos,</i> Barcelona, Orbis, 1985, p. 106.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768526&pid=S1405-0218200400010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Vid. Bobbio, <i>El problema de la guerra y las v&iacute;as de la paz</i> (1979), Barcelona, Gedisa, 1982, cap. II.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768528&pid=S1405-0218200400010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Hans Kelsen, <i>Derecho y paz en las relaciones internacionales</i> &#91;1942&#93;, t. c. de Florencio Acosta, M&eacute;xico, Editora Nacional, 1974, pp. 113&#45;28, esp. p. 127 (este texto recoge las <i>Oliver Wendell Holmes Lectures</i> dictadas por Kelsen en 1940 y 1941).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768530&pid=S1405-0218200400010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> El actual Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, lo ha reconocido en su Declaraci&oacute;n ante la Asamblea General de Naciones Unidas del 23 de septiembre de 2003, cuando advirti&oacute; que "nos encontramos en una encrucijada. Este momento puede ser tan decisivo como 1945, cuando se fundaron las Naciones Unidas. Entonces, un grupo de dirigentes con visi&oacute;n de futuro &#91;...&#93; elaboraron normas que rigieran la conducta internacional y fundaron una red de instituciones, con las Naciones Unidas en el centro, en la que los pueblos del mundo pudieran colaborar en aras del bien com&uacute;n. Ahora debemos decidir si es posible seguir adelante sobre la base acordada entonces o si es preciso introducir cambios radicales". Tales cambios, que Annan consider&oacute; claramente regresivos por propiciar "un aumento del uso unilateral y an&aacute;rquico de la fuerza", se producir&iacute;an si el actual sistema establecido por la Carta de Naciones Unidas para "afrontar las amenazas contra la paz mediante la contenci&oacute;n y la disuasi&oacute;n", que exige la "legitimaci&oacute;n de Naciones Unidas" para cualquier empleo de la fuerza que vaya m&aacute;s all&aacute; del derecho inmanente de leg&iacute;tima defensa, fuera sustituido por el criterio de "algunos" (donde la alusi&oacute;n a Estados Unidos es clara) de que "los Estados tienen el derecho y la obligaci&oacute;n de emplear la fuerza preventivamente", reserv&aacute;ndose "el derecho de actuar unilateralmente, o en coaliciones <i>ad hoc"</i> (<a href="http://www.un.org/spanish/aboutun/organs/ga/58/sgmessageAG.htm" target="_blank">http://www.un.org/spanish/aboutun/organs/ga/58/sgmessageAG.htm</a>).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;V&eacute;ase <i>The National Security Strategy of the United States of America,</i> publicada en septiembre de 2002,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768533&pid=S1405-0218200400010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> donde se viene a extender la idea de acci&oacute;n "preemptiva" hasta convertirla en pol&iacute;tica de prevenci&oacute;n, es decir, no limitada ya exclusivamente frente a un ataque inminente y cierto sino ante una amenaza suficiente. En efecto, all&iacute; se dice: "For centuries, international law recognized that nations need not suffer an attack before they can lawfully take action to defend themselves against forces that present an imminent danger of attack. Legal scholars and international jurists often conditioned the legitimacy of preemption on the existence of an imminent threat&#45;most often a visible mobilization of armies, navies, and air forces preparing to attack. We must adapt the concept of imminent threat to the capabilities and objectives of today's adversaries. Rogue states and terrorists do not seek to attack us using conventional means" (en <a href="http://www.whitehouse.gov/nsc/nss.pdf" target="_blank">http://www.whitehouse.gov/nsc/nss.pdf</a><i>,</i> p. 15). Conforme a esa "adaptaci&oacute;n", una idea central de esta nueva estrategia es que Estados Unidos se reserva el derecho de actuar "preemptivamente" <i>para prevenir</i> ataques ajenos: "we will not hesitate to act alone, if necessary, to exercise our right of selfdefense by acting preemptively against such terrorists, to prevent them from doing harm against our people and our country" <i>(ib.,</i> p. 6).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;<i>The Strategy of Conflict</i> (1960), trad. cast. de Adolfo Mart&iacute;n, <i>La estrategia del conflicto,</i> Madrid, Tecnos, 1964, p. 260.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768535&pid=S1405-0218200400010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> V&eacute;ase su <i>Nuevo Derecho Penal Internacional,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Ciencias Penales, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768537&pid=S1405-0218200400010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Mediante una argumentaci&oacute;n que comportaba, me parece, una considerable revisi&oacute;n de su propia doctrina, antes comentada, a prop&oacute;sito de la responsabilidad eminentemente colectiva en el Derecho internacional, Kelsen contribuy&oacute; doctrinalmente a esta nueva posici&oacute;n. En una serie de art&iacute;culos publicados en 1943 el jurista austriaco mantuvo que, mediante un tratado internacional "concluido con el Estado cuyos actos han de ser castigados" que, incluso de forma retroactiva, estableciera las normas sustantivas y procesales correspondientes, era jur&iacute;dicamente posible sancionar penalmente a los responsables pol&iacute;ticos de la provocaci&oacute;n de una guerra il&iacute;cita seg&uacute;n el Derecho internacional general o convencional y, por tanto y en concreto, a los jefes de Estado y de Gobierno de las potencias del Eje (cf. el libro en el que Kelsen reelabor&oacute; los citados art&iacute;culos: <i>La paz por medio del Derecho</i> &#91;1944&#93;, t. c. de Luis Ech&aacute;varri y Genaro R. Carri&oacute;, Buenos Aires, Losada, 1946, parte II, esp. pp. 118, 137&#45;44;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768539&pid=S1405-0218200400010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> la cita textual en p. 137). No obstante, el acuerdo de Londres de 8 de agosto de 1945, por el que se establecieron tanto la jurisdicci&oacute;n del tribunal militar internacional de N&uuml;remberg como los delitos y sanciones internacionales aplicables, fue firmado &uacute;nicamente por los Estados vencedores. Tampoco la Carta de Naciones Unidas sigui&oacute; la propuesta de Kelsen de crear un Tribunal permanente con jurisdicci&oacute;n obligatoria y competencia en materia penal sobre acciones individuales contrarias al Derecho internacional.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Frente al inicialmente rotundo peso de la apelaci&oacute;n a los derechos humanos, los argumentos contra las intervenciones b&eacute;licas humanitarias son numerosos, aunque no siempre necesariamente convincentes. Pueden ordenarse en cuatro apartados. El primero destaca los graves riesgos y da&ntilde;os de tales intervenciones, sea porque podr&iacute;an dar lugar a escaladas y contraintervenciones que degenerasen en una guerra generalizada y devastadora, sea por las dificultades de mantener la debida proporci&oacute;n entre el mal infligido y el que se quiere evitar. Un segundo apartado insiste en los peligros de abuso, tanto porque categor&iacute;as como "humanitarismo" y "derechos humanos" carecer&iacute;an de l&iacute;mites bien definidos y animar&iacute;an a imponer el modelo occidental en dos tercios del mundo, como porque, aunque sus l&iacute;mites fueran estrechos y razonables, siempre servir&iacute;an de coartada para intervenir selectivamente, con el consabido doble rasero para amigos e indiferentes o enemigos, y por simple autointer&eacute;s de los Estados m&aacute;s poderosos. Un tercer apartado corresponde a las advertencias pol&iacute;ticas y estrat&eacute;gicas sobre las altas posibilidades de fracaso de este tipo de acciones, que rara y dif&iacute;cilmente parece que puedan durar y profundizar hasta cambiar de veras las estructuras pol&iacute;ticas de los pa&iacute;ses intervenidos. En fin, el cuarto y &uacute;ltimo apartado denuncia la confusi&oacute;n entre argumentos jur&iacute;dicos y morales, que conducir&iacute;a no s&oacute;lo a la difuminaci&oacute;n y oscurecimiento de las reglas aplicables, sino tambi&eacute;n al olvido de los procedimientos jur&iacute;dicos b&aacute;sicos y, en concreto hoy, a la relegaci&oacute;n de Naciones Unidas en favor de Estados Unidos como gendarme mundial. Sin embargo, la seriedad de varias de las objeciones anteriores, que merecer&iacute;an una m&aacute;s detallada discusi&oacute;n, no elimina ni la gravedad de las violaciones de los derechos m&aacute;s b&aacute;sicos ni la necesidad de buscar y emplear los medios apropiados para evitarlas (sobre ello, remito a mi escrito "Las intervenciones b&eacute;licas humanitarias", <i>Claves de Raz&oacute;n Pr&aacute;ctica,</i> n. 68, dic. 1996, pp. 14&#45;22).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768541&pid=S1405-0218200400010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Cf. Kant, <i>La paz perpetua...</i> cit., p. 127; as&iacute; como <i>La metaf&iacute;sica de las costumbres</i> cit., pp. 190&#45;1.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;Bertrand Russell escribi&oacute; que "&#91;siendo poco probable un peligro exterior general para toda la humanidad...&#93; no veo ning&uacute;n mecanismo psicol&oacute;gico que pueda conducirnos al gobierno mundial, excepto la conquista de todo el mundo por alguna naci&oacute;n o grupo de naciones. Esto parece estar por completo dentro de la l&iacute;nea natural de desarrollo de los acontecimientos, y puede producirse quiz&aacute; dentro de los pr&oacute;ximos cien o doscientos a&ntilde;os" ("Civilizaci&oacute;n occidental", en <i>Elogio de la ociosidad,</i> pp. 183).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;Esta es una de las cr&iacute;tica m&aacute;s sustanciales que Danilo Zolo dirige en <i>Cosmopolis. Perspectiva y riesgos de un gobierno mundial</i> (trad. cast. sobre la ed. original inglesa &#91;1997&#93;, de Rafael Grasa y Francesc Serra, Barcelona, Paid&oacute;s, 2000) a la propuesta de un gobierno mundial. Frente al convincente realismo de su cr&iacute;tica, en cambio, su propuesta para convivir con la permanente existencia de numerosos Estados y la inevitabilidad de los conflictos entre ellos, incluidos los b&eacute;licos, mediante un "pacifismo d&eacute;bil" que desarrolle acuerdos e instituciones internacionales parciales y en red, que tender&iacute;an a aislar a los Estados y colectivos en conflicto sin intervenir directamente, me parece, cuando menos, tan ilusoria como la creencia en la inmediata cercan&iacute;a de un gobierno mundial democr&aacute;tico.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;<i>Humana conditio</i> (1985), trad. cast. de Pilar Giralt Gorina, <i>Humana conditio. Consideraciones en torno a la evoluci&oacute;n de la humanidad en el cuadrag&eacute;simo aniversario del fin de una guerra (8 de mayo de 1985),</i> Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1988, pp. 99&#45;100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4768546&pid=S1405-0218200400010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este texto, Norbert Elias insiste particularmente en la alta improbabilidad de que semejante Estado hegem&oacute;nico pudiera llegar a establecerse y, sobre todo, a consolidarse duraderamente (cf. <i>ibidem,</i> esp. pp. 90&#45;92 y 99&#45;104). Sin embargo, en tan vidrioso asunto como el de incluir o excluir posibilidades a la historia humana, alecciona a la cautela el que el propio Elias &#45;cuya sabidur&iacute;a y sensatez soy el primero en reconocer y admirar&#45; afirmara tambi&eacute;n, con un error hoy tan evidente como entonces compartido y compartible, que las "ilusiones del supuesto derrumbamiento espont&aacute;neo de los reg&iacute;menes capitalista y comunista son una quimera" <i>(ibidem,</i> p. 75).</font></p>     ]]></body>
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