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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sobre la definici&oacute;n de "democracia". Una discusi&oacute;n con Michelangelo Bovero<a href="#notas">*</a></b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luigi Ferrajoli**</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Universidad de Camerino, Italia.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1.</b> <i>La democracia como m&eacute;todo. Dos apor&iacute;as.&#151;</i> Seg&uacute;n la concepci&oacute;n seguramente dominante, la democracia consiste &uacute;nicamente en un m&eacute;todo de formaci&oacute;n de las decisiones colectivas: precisamente, en el conjunto de las reglas que atribuyen al pueblo, y por lo tanto a la mayor&iacute;a de sus miembros, el poder &#151;directo o a trav&eacute;s de representantes&#151;de asumir decisiones. Esta no es s&oacute;lo la acepci&oacute;n etimol&oacute;gica de "democracia", sino tambi&eacute;n la concepci&oacute;n un&aacute;nimemente compartida &#151;desde Kelsen a Bobbio, de Schumpeter a Dahl&#151; de la teor&iacute;a y de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos llamar <i>formal</i> o <i>procedimental</i> a esta definici&oacute;n de la democracia. De hecho, ella identifica a la democracia &uacute;nicamente sobre la base de las <i>formas</i> y de los <i>procedimientos</i> id&oacute;neos para garantizar la voluntad popular: en otras palabras, sobre la base del "qui&eacute;n" (el pueblo o sus representantes) y del "c&oacute;mo" (la regla de la mayoria) de las decisiones, independientemente de sus contenidos, cualesquiera que ellos sean. Incluso un sistema en el cual se decidiese por mayor&iacute;a la supresi&oacute;n de una minor&iacute;a ser&iacute;a, a la luz de este criterio, "democr&aacute;tico".</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pregunta que entonces pretendo proponer es la siguiente. &iquest;Esta caracterizaci&oacute;n solamente formal de la democracia es suficiente adem&aacute;s de necesaria para sugerir una definici&oacute;n adecuada? &iquest;O no requiere, en cambio, ser integrada con la indicaci&oacute;n de alg&uacute;n v&iacute;nculo de car&aacute;cter <i>sustancial</i> o de <i>contenido?</i> Es &eacute;sta la cuesti&oacute;n que pretendo discutir aqu&iacute; con Michelangelo Bovero, quien repetidamente ha defendido la noci&oacute;n s&oacute;lo formal de "democracia" manifestando, respecto a mi propuesta de revisi&oacute;n, un "acuerdo global (y, por as&iacute; decir, sustancial)" y "una discrepancia concreta y (por asi decir) formal"<sup><a href="#notas">1</a></sup>.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que la dimensi&oacute;n formal de la democracia, como poder fundado sobre la voluntad popular, exprese &#151;como justamente lo ha aclarado Boyero<sup><a href="#notas">2</a></sup>&#151; un rasgo necesario, es indudable: se trata de una <i>condicio sine qua non,</i> en ausencia de la cual no se puede hablar de "democracia". Sin embargo, la definici&oacute;n de un t&eacute;rmino, como sabemos, debe indicar las condiciones no s&oacute;lo necesarias sino tambi&eacute;n suficientes en presencia de las cuales &eacute;l es predicable de un argumento dado. &iquest;Es suficiente una concepci&oacute;n puramente formal de la democracia para identificar todas las condiciones en presencia de las cuales un sistema pol&iacute;tico es calificable como "democr&aacute;tico"? A m&iacute; me parece que no, a causa de dos apor&iacute;as que creo que la afligen.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera apor&iacute;a est&aacute; generada por la inidoneidad de tal concepci&oacute;n para dar cuenta de las actuales democracias constitucionales. En efecto, en estas democracias no es verdadero que el respeto de las formas y de los procedimientos democr&aacute;ticos sea suficiente para legitimar cualquier decisi&oacute;n. No es verdadero que en ellas el poder del pueblo, o sea de la mayor&iacute;a, sea la &uacute;nica fuente de legitimaci&oacute;n de las decisiones y que por ello sea &iexcl;ilimitado. Al contrario, este poder es un poder jur&iacute;dicamente limitado no s&oacute;lo respecto de las formas sino tambi&eacute;n de los contenidos de su ejercicio: est&aacute;, en suma, sujeto al derecho seg&uacute;n el paradigma del estado de derecho, el cual no admite la existencia de poderes absolutos. Precisamente, &eacute;l est&aacute; sometido a aquellas particulares normas constitucionales que son el principio de igualdad y los derechos fundamentales. &iquest;Deber&iacute;amos concluir, a la luz de la definici&oacute;n puramente formal de la democracia simplemente como "poder del pueblo", que estos sistemas no son democr&aacute;ticos? &iquest;que los derechos fundamentales sancionados en constituciones r&iacute;gidas, como tambi&eacute;n se ha afirmado, siendo un l&iacute;mite a la democracia pol&iacute;tica son, por lo tanto, un limite a la democracia <i>tout court,</i> al punto de transformarse, si se los considera como "insaciables", en una negaci&oacute;n de ella?<sup><a href="#notas">3</a></sup> &iquest;O no debemos afirmar, al contrario, que justamente en ausencia de tales limites no podemos hablar &#151;si no de "democracia"&#151; de "democracia constitucional"?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda apor&iacute;a se refiere a las garant&iacute;as de supervivencia de la democracia pol&iacute;tica misma. En ausencia de l&iacute;mites de car&aacute;cter sustancial, o sea, de limites a los contenidos de las decisiones legitimas, una democracia no puede &#151;o, al menos, puede no&#151; sobrevivir: siempre es posible, en v&iacute;as de principio, que con m&eacute;todos democr&aacute;ticos se supriman los mismos m&eacute;todos democr&aacute;ticos. Siempre es posible, en formas democr&aacute;ticas, o sea, por mayor&iacute;a, suprimir los mismos derechos pol&iacute;ticos, el pluralismo pol&iacute;tico, la divisi&oacute;n de los poderes, la representaci&oacute;n; en breve, el entero sistema de reglas en el cual consiste la democracia pol&iacute;tica. No son hip&oacute;tesis de escuela: se trata de las terribles experiencias del nazismo y del fascismo del siglo pasado, que conquistaron el poder en formas democr&aacute;ticas y luego lo entregaron "democr&aacute;ticamente" a un jefe que suprimi&oacute; la democracia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si esto es verdadero, el rasgo formal y procedimental de la decisi&oacute;n por mayor&iacute;a no es suficiente ni en el plano emp&iacute;rico, o sea, con referencia a las actuales democracias constitucionales, ni en el plano te&oacute;rico, es decir, con referencia a la misma democracia pol&iacute;tica, para definir la democracia. Para que un sistema sea democr&aacute;tico se requiere al menos que a la mayor&iacute;a le sea sustra&iacute;do el poder de suprimir el poder de la mayor&iacute;a. Pero &eacute;ste es un rasgo sustancial, que tiene que ver con el contenido de las decisiones y que por lo tanto contradice la tesis seg&uacute;n la cual la democracia consistir&iacute;a &uacute;nicamente en un m&eacute;todo, o sea, en las reglas procedimentales que aseguran, a trav&eacute;s del sufragio universal y del principio de mayor&iacute;a, la representatividad popular de las decisiones mismas. Rasgos sustanciales, como garant&iacute;a de las mismas formas y del mismo m&eacute;todo democr&aacute;tico y de sus variados y complejos presupuestos, se requieren entonces como necesarios para toda definici&oacute;n te&oacute;rica de "democracia" dotada de adecuada capacidad explicativa. Es as&iacute; como se obtiene un paradigma complejo &#151;la democracia constitucional&#151; que incluye, junto a la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica o "formal", tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n que bien podemos llamar "sustancial" dado que se refiere a los contenidos o sustancia de las decisiones: aquello que a cualquier mayor&iacute;a le est&aacute; por un lado prohibido y, por el otro, le es obligatorio decidir.</font></p>         <p align="justify">&nbsp;</p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2.</b> <i>Un modelo pluridimensional de "democracia": la dimensi&oacute;n formal y la dimensi&oacute;n sustancial.&#151;</i> Naturalmente, no pretendo en el breve espacio de esta intervenci&oacute;n analizar adecuadamente este paradigma que ya he tenido ocasi&oacute;n de ilustrar en otras oportunidades, conect&aacute;ndolo a la revisi&oacute;n por m&iacute; propuesta de la teor&iacute;a jur&iacute;dica de la <i>validez &#151;sustancial</i> adem&aacute;s de <i>formal&#151;</i> de las leyes<sup><a href="#notas">4</a></sup>. Me limitar&eacute; a proponer una redefinici&oacute;n jur&iacute;dica de "democracia" en funci&oacute;n de la cual el car&aacute;cter representativo de un sistema pol&iacute;tico, asegurado por el sufragio universal y por el principio de la mayor&iacute;a, es s&oacute;lo un rasgo de la democracia. Este car&aacute;cter designa la <i>dimensi&oacute;n pol&iacute;tica</i> o <i>formal</i> de la democracia, determinada precisamente por las reglas que disciplinan las <i>formas</i> de las decisiones y que por lo tanto bien podemos llamar <i>normas formales sobre la producci&oacute;n.</i> Con base en estas reglas, la legitimidad democr&aacute;tica de cada decisi&oacute;n se funda, directa o indirectamente, en procedimientos id&oacute;neos para garantizar su conformidad con la voluntad de la mayor&iacute;a de los ciudadanos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y a&uacute;n en las democracias avanzadas, dotadas de constituci&oacute;n r&iacute;gida, el respeto a estas reglas sobre la forma de las decisiones, comenzando por las leyes, es suficiente, adem&aacute;s de necesario, para asegurar la vigencia y la validez formal pero no as&iacute; la validez sustancial de las decisiones mismas. Para que una ley sea v&aacute;lida es adem&aacute;s necesaria la coherencia de sus significados con las reglas y principios que bien podemos llamar <i>normas sustanciales sobre la producci&oacute;n,</i> dado que invisten, precisamente, los contenidos y por lo tanto la <i>sustancia</i> de las decisiones. Estas reglas son esencialmente las establecidas generalmente en la primera parte de las cartas constitucionales: los derechos fundamentales, el principio de igualdad, el principio de la paz y similares. Adem&aacute;s expresan la que podemos llamar <i>dimensi&oacute;n sustancial</i> de la democracia, dado que equivalen a otros tantos l&iacute;mites o v&iacute;nculos de contenido a los poderes de la mayor&iacute;a. Precisamente, los derechos fundamentales consistentes en expectativas negativas &#151;como los derechos de libertad y de autonom&iacute;a, tanto civil como pol&iacute;tica&#151;, son derechos que imponen l&iacute;mites, o sea, prohibiciones de lesi&oacute;n, cuya violaci&oacute;n genera <i>antinomias;</i> los derechos fundamentales consistentes en expectativas positivas &#151;como lo son todos los derechos sociales&#151; son, en cambio, derechos que imponen vinculos, o sea, obligaciones de prestaci&oacute;n cuya inobservancia genera <i>lagunas.</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todos los casos, los derechos fundamentales constitucionalmente establecidos son normas sustanciales sobre la producci&oacute;n legislativa. En primer lugar, son <i>"normas"</i> o sea, "normas t&eacute;ticas", como he preferido llamarlas ya que ponen directamente los derechos por ellas expresados en oposici&oacute;n a las "normas hipot&eacute;ticas" que, en cambio, predisponen situaciones, como por ejemplo los derechos patrimoniales y las correlativas obligaciones &#151;como efectos de los actos negociales por ellas previstos. El derecho de la libre manifestaci&oacute;n del pensamiento, por ejemplo &#151;a diferencia de un derecho patrimonial, que jam&aacute;s es &eacute;l mismo una norma sino que es siempre predispuesto por una norma como efecto de los hipot&eacute;ticos actos por ella previstos&#151;, no es otra cosa m&aacute;s que (el significado de) la norma constitucional que enuncia tal derecho. En segundo lugar, los derechos fundamentales son normas <i>"sustanciales"</i> sobre la producci&oacute;n de normas porque disciplinan ya no la forma sino el significado, o sea, la sustancia de las normas producidas, condicionando la validez a su coherencia con las expectativas formuladas a trav&eacute;s de ellos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, el conjunto de estas normas sustanciales circunscribe aquella que tantas veces he denominado <i>esfera de lo indecidible:</i> la esfera de lo <i>indecidible que,</i> determinada por el conjunto de los derechos de libertad y de autonom&iacute;a que impiden, en cuanto expectativas negativas, decisiones que puedan lesionarlos o reducirlos; la esfera de lo <i>indecidible que no,</i> determinada por el conjunto de los derechos sociales que imponen, en cuanto expectativas positivas, decisiones dirigidas a satisfacerlos. S&oacute;lo aquello que est&aacute; fuera de esta esfera es la <i>esfera de lo decidible,</i> en cuyo interior es legitimo el ejercicio de los derechos de autonom&iacute;a: la autonom&iacute;a pol&iacute;tica, mediada por la <i>representaci&oacute;n,</i> en la producci&oacute;n de las decisiones p&uacute;blicas; la autonom&iacute;a privada, seg&uacute;n las reglas del <i>mercado,</i> en la producci&oacute;n de las decisiones privadas. Principio de mayor&iacute;a y libertad de emprendimiento, discrecionalidad p&uacute;blica y disponibilidad privada, autodeterminaci&oacute;n pol&iacute;tica y autodeterminaci&oacute;n privada son, en suma, las reglas que presiden la esfera de lo decidible, pero encuentran l&iacute;mites y v&iacute;nculos insuperables en la esfera de lo indecidible.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es as&iacute; como resulta un modelo tetra&#45;dimensional de democracia, o sea, articulado en cuatro dimensiones, correspondientes respectivamente a los cuatro tipos de derechos que tantas veces he distinguido: los derechos pol&iacute;ticos, los derechos civiles, los derechos de libertad y los derechos sociales. Los primeros dos tipos de derechos &#151;los derechos pol&iacute;ticos y los derechos civiles, que he llamado "secundarios" o "formales" o "instrumentales"&#151;, refiri&eacute;ndose a otras tantas esferas de autonom&iacute;a (la autonom&iacute;a pol&iacute;tica y la autonom&iacute;a privada), sirven para fundar la legitimidad de la forma de las decisiones en la esfera de la pol&iacute;tica y en la de la econom&iacute;a, respectivamente, y por lo tanto la <i>dimensi&oacute;n formal,</i> pol&iacute;tica y civil respectivamente, de la democracia. Los otros dos tipos de derechos &#151;los derechos de libertad y los derechos sociales, que he llamado "primarios" o "sustanciales" o "finales"&#151; refiri&eacute;ndose a aquello que a la autonom&iacute;a tanto pol&iacute;tica como econ&oacute;mica est&aacute; prohibido o es obligatorio hacer, sirven para fundar la legitimidad de la sustancia de las decisiones y, por lo tanto la <i>dimensi&oacute;n sustancial,</i> en negativo y en positivo, de la democracia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Naturalmente &#151;es &eacute;ste el punto en el cual tiene raz&oacute;n Bovero, cuya precisi&oacute;n a &eacute;l le debo&#151; estas cuatro dimensiones no son homog&eacute;neas. De ellas, aquella que de todos modos es necesaria, aunque por si sola insuficiente, es la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica. Las otras tres dimensiones &#151;la civil, la liberal y la social&#151; presuponen de todas maneras la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, en ausencia de la cual no puede hablarse de "democracia" en ning&uacute;n sentido de este t&eacute;rmino. Las cuatro dimensiones, en cambio, son todas necesarias y conjuntamente suficientes para definir el paradigma de la actual <i>democracia constitucional,</i> con base en la cual se sustrae a cualquier poder decisional, tanto p&uacute;blico como privado, la disponibilidad no s&oacute;lo de los derechos pol&iacute;ticos y del m&eacute;todo democr&aacute;tico en la formaci&oacute;n de las decisiones, sino del entero conjunto de los derechos fundamentales y de los otros principios constitucionales, como la divisi&oacute;n de los poderes, la independencia de la jurisdicci&oacute;n &#151;tanto ordinaria como constitucional&#151; y las varias figuras de incompatibilidad dirigidas a impedir excesos de poder y conflictos de intereses.</font></p>         <p align="justify">&nbsp;</p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3.</b> <i>Constitucionalismo r&iacute;gido y garant&iacute;as de la democracia.&#151;</i> Se entiende c&oacute;mo esta concepci&oacute;n compleja y multidimensional de la democracia est&aacute; en grado de superar las dos apor&iacute;as generadas por su noci&oacute;n puramente pol&iacute;tica o formal. S&oacute;lo la imposici&oacute;n de l&iacute;mites y v&iacute;nculos a los poderes de la mayor&iacute;a por obra de normas constitucionales sobre&#45;ordenadas a ellos est&aacute;, en efecto, en grado no s&oacute;lo de dar cuenta de la dimensi&oacute;n sustancial de las actuales democracias constitucionales, sino tambi&eacute;n de poner al reparo de ella misma, o sea, de los excesos de un poder de mayor&iacute;a ilimitado, a la democracia pol&iacute;tica o formal misma<sup><a href="#notas">5</a></sup>. Del resto, &iquest;no a caso el paradigma de la democracia constitucional, protegido por la rigidez de las constituciones, se ha impuesto y se ha generalizado luego de la segunda guerra mundial, luego de las terribles experiencias del nazismo y del fascismo? Se descubri&oacute; entonces que el poder de la mayor&iacute;a, que incluso hab&iacute;a permitido la llegada de las dictaduras, no garantiza la calidad sustancial del sistema pol&iacute;tico y ni siquiera la supervivencia del mismo poder de mayor&iacute;a. Y se convino, por lo tanto, estipular en el pacto constitucional la indisponibilidad del pacto mismo y de sus cl&aacute;usulas, comenzando por los derechos de libertad y los derechos sociales.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo tambi&eacute;n que el paradigma de la democracia constitucional, justamente gracias a su dimensi&oacute;n sustancial, est&aacute; en grado de integrar y, por as&iacute; decir, de reforzar la noci&oacute;n misma de "democracia pol&iacute;tica" y a la vez la noci&oacute;n, que est&aacute; detr&aacute;s suyo, de "soberan&iacute;a popular'. Ya he sostenido esta tesis, respondiendo a Bovero en nuestra discusi&oacute;n sobre los derechos fundamentales, con el argumento de que los derechos de libertad y los derechos sociales, a la par de los pol&iacute;ticos y civiles, se encuentran en la base de la igualdad, que es precisamente una igualdad <i>en droits</i> y aluden por lo tanto al "pueblo" entero, refiri&eacute;ndose a poderes y a expectativas de <i>todos,</i> todav&iacute;a m&aacute;s que el mismo principio de mayoria<sup><a href="#notas">6</a></sup>. Agrego ahora, en sost&eacute;n de mi re&#45;definici&oacute;n, dos nuevos argumentos ligados ambos a la caracterizaci&oacute;n arriba expuesta de los derechos fundamentales como "normas sustanciales sobre la producci&oacute;n" de normas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; comportan, de hecho, las dos tesis que aqu&iacute; he sostenido: a) que los derechos fundamentales no son predispuestos por normas sino que ellos mismos son <i>normas,</i> que por lo tanto he llamado "t&eacute;ticas" en oposici&oacute;n a las "hipot&eacute;ticas", que predisponen situaciones como efectos de los actos previstos por ellas, y b) que tales normas, en las democracias constitucionales, est&aacute;n incluidas en las constituciones como otras tantas normas <i>sustanciales</i> sobre la producci&oacute;n, de grado sobre&#45;ordenado a cualquier otra? comportan, me parece, dos implicaciones, ambas de enorme alcance a los fines de una teor&iacute;a normativa no s&oacute;lo de la democracia constitucional, sino de la misma democracia pol&iacute;tica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera implicaci&oacute;n es que de la parte sustancial de las constituciones son titulares &#151;"titulares" y no simplemente "destinatarios", porque son titulares de los derechos fundamentales conferidos por ella&#151; los mismos ciudadanos: es m&aacute;s, todas las personas a las cuales los diversos tipos de derechos fundamentales son constitucionalmente adscritos. La constituci&oacute;n, en suma, en su parte sustancial, resulta por mi primera tesis "imputada", en el sentido t&eacute;cnico&#45;jur&iacute;dico del t&eacute;rmino, a todos y a cada uno, al pueblo entero y a cada persona que lo compone. De aqu&iacute; su "natural" rigidez<sup><a href="#notas">7</a></sup>: los derechos fundamentales y, por lo tanto, las normas constitucionales en que ellos consisten, precisamente porque son derechos de todos y de cada uno, no son suprimibles ni reducibles por la mayor&iacute;a. En efecto, la mayor&iacute;a no puede disponer de aquello que no le pertenece. Si todos y cada uno somos titulares de la constituci&oacute;n porque somos titulares de los derechos fundamentales adscritos en ella, la constituci&oacute;n es patrimonio de todos y de cada uno, raz&oacute;n por la cual, ninguna mayor&iacute;a puede meterle mano sino con un golpe de estado y una ruptura ileg&iacute;tima del pacto de convivencia. Por esto, una vez estipulados constitucionalmente, los derechos fundamentales no son una cuesti&oacute;n de mayor&iacute;a y deber&iacute;an estar sustra&iacute;dos tambi&eacute;n al poder de revisi&oacute;n: o mejor, deber&iacute;a admitirse s&oacute;lo su ampliaci&oacute;n y nunca su restricci&oacute;n, ni mucho menos su supresi&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda implicaci&oacute;n no es menos importante en el plano te&oacute;rico. La constitucionalizaci&oacute;n de los derechos fundamentales, elevando tales derechos a normas del ordenamiento sobre&#45;ordenadas a cualquier otra, confiere a sus titulares &#151;o sea, a todos los ciudadanos y a todas las personas de carne y hueso&#151; una colocaci&oacute;n a su vez sobre&#45;ordenada al conjunto de los poderes, p&uacute;blicos y privados, que est&aacute;n vinculados y son funcionales al respeto y a la garant&iacute;a de los mismos derechos. Es en esta com&uacute;n titularidad de la constituci&oacute;n, consiguiente a la titularidad de los derechos fundamentales, que reside, a mi parecer, la "soberan&iacute;a", en el &uacute;nico sentido en el cual es a&uacute;n l&iacute;cito hacer uso de esta vieja palabra. As&iacute;, resulta ampliada y reforzada la misma noci&oacute;n pol&iacute;tica corriente de "democracia", defendida por Michelangelo Bovero: la democracia consiste en el "poder del pueblo", ya no simplemente en el sentido de que al pueblo y por lo tanto a los ciudadanos les corresponden s&oacute;lo los derechos pol&iacute;ticos y, por ello, el autogobierno a trav&eacute;s de la mediaci&oacute;n representativa, sino tambi&eacute;n en el sentido ulterior de que al pueblo y a todas las personas que lo componen les corresponde el conjunto de aquellos "contra&#45;poderes" que son los derechos fundamentales &#151;civiles, de libertad y sociales&#151; a los cuales todos los poderes, incluidos aquellos de la mayor&iacute;a, est&aacute;n sometidos. Les corresponden, en una palabra, las situaciones jur&iacute;dicas supremas, a las cuales todas las otras son funcionales y est&aacute;n subordinadas, raz&oacute;n por la que no pueden ser vencidas por ninguna de las dem&aacute;s.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo en este modo, a trav&eacute;s de su articulaci&oacute;n y funcionalidad a la tutela y satisfacci&oacute;n de los diversos tipos de derechos fundamentales, el estado democr&aacute;tico, o sea, el conjunto de los poderes p&uacute;blicos, viene a configurarse, seg&uacute;n el paradigma contractualista, como "estado instrumento" para fines no suyos. Son las garant&iacute;as de los derechos fundamentales &#151;desde el derecho a la vida a los derechos de libertad y a los derechos sociales&#151; los "fines" externos o, si se quiere, los "valores" y, por asi decir, la "raz&oacute;n social" de estos artificios que son el Estado y toda otra instituci&oacute;n pol&iacute;tica. Y es en esta relaci&oacute;n entre medios institucionales y fines sociales y en la consiguiente primac&iacute;a del punto de vista externo sobre el punto de vista interno, de los derechos fundamentales sobre los poderes p&uacute;blicos, de las personas de carne y hueso sobre las m&aacute;quinas politicas y sobre los aparatos administrativos, donde est&aacute; el significado profundo de la democracia. En tiempos como en los que vivimos, es precisamente esta concepci&oacute;n garantista de la democracia la que debe ser afirmada y defendida contra las degeneraciones mayoritarias y tendencialmente plebiscitarias de la democracia representativa y sus perversiones videocr&aacute;ticas; o dicho en una palabra, contra la <i>"kakistocracia"</i> de la que habla Michelangelo Bovero.</font></p>         <p align="justify">&nbsp;</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4.</b> <i>Sintaxis, sem&aacute;ntica y pragm&aacute;tica de la democracia.&#45;</i> A m&iacute; me gusta mucho la met&aacute;fora de la "gram&aacute;tica" con la cual Boyero ha representado las reglas de la democracia y, con fecunda ambivalencia, del lenguaje en el cual son formulados los discursos sobre la democracia. Pienso, sin embargo, que la met&aacute;fora deber&iacute;a ser convenientemente desarrollada. La democracia no tiene s&oacute;lo una <i>gram&aacute;tica,</i> o sea, un conjunto de reglas morfol&oacute;gicas, ortogr&aacute;ficas y sint&aacute;cticas acerca de las fuentes del poder y de las formas correctas de su ejercicio. Estas reglas, repito, son esenciales, de manera tal que su ausencia o violaci&oacute;n no permiten hablar correctamente de democracia. Pero la democracia, o al menos esa espec&iacute;fica forma de democracia que es la democracia constitucional, tiene adem&aacute;s una <i>sintaxis,</i> una <i>sem&aacute;ntica</i> y una <i>pragm&aacute;tica.</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tiene en primer lugar una <i>sem&aacute;ntica,</i> o sea, un conjunto de reglas que disciplinan ya no las formas sino los significados normativos que en las formas admitidas no pueden ser expresados: que se refieren, como se ha dicho, no al "qui&eacute;n" y al "como, sino al "qu&eacute; cosa" es l&iacute;cito o il&iacute;cito decir o no decir en formas democr&aacute;ticas. Son precisamente &eacute;stas las reglas que aseguran la <i>isonom&iacute;a,</i> justamente conectada por Bovero a la idea de democracia: en efecto, la igualdad frente a la ley, o establecida por la ley, consiste esencialmente, seg&uacute;n las palabras del articulo 1 de la <i>D&eacute;claration des droits</i> del a&ntilde;o 1789, en la "egalit&eacute; en droits", que es precisamente la igualdad en los derechos fundamentales (y no ciertamente en los patrimoniales). Naturalmente, no todos los derechos fundamentales son esenciales a la democracia. Lo son seguramente los derechos pol&iacute;ticos, a trav&eacute;s de cuyo ejercicio se articulan las formas de la democracia pol&iacute;tica. Pero lo son tambi&eacute;n, como admite el mismo Bovero cuando habla de "condiciones externas" o de "precondiciones" de la democracia, los cl&aacute;sicos derechos de libertad y los derechos sociales a la supervivencia. Lo que es cierto, m&aacute;s all&aacute; de las diversas opiniones que se puedan tener acerca de cu&aacute;les derechos son indispensables al funcionamiento y a la supervivencia de una democracia, es que alg&uacute;n l&iacute;mite de sustancia &#151;al menos la prohibici&oacute;n de suprimir democr&aacute;ticamente el m&eacute;todo democr&aacute;tico mismo&#151; es esencial a la democracia. &iquest;Por qu&eacute; ignorarlo, entonces, en la definici&oacute;n te&oacute;rica del relativo concepto?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que, literalmente, "democracia" quiere decir "poder del pueblo", pero es precisamente la sem&aacute;ntica de la palabra democracia la que nos impone el an&aacute;lisis del significado de estas palabras. Ante todo, &iquest;de qu&eacute; "poder" estamos hablando? &iquest;De un poder <i>leaibus solutus</i> o, m&aacute;s bien, de un poder jur&iacute;dico, o sea, sujeto al derecho? Me parece que Bovero oscila, sobre la cuesti&oacute;n, entre dos tesis opuestas. cuando afirma, sin ulteriores precisiones, que la democracia es &uacute;nicamente "un m&eacute;todo para tomar decisiones colectivas", parece aludir a un poder ilimitado. Pero obviamente no es as&iacute;. Es Bovero mismo quien afirma que sin derechos fundamentales una democracia no nace, o no sobrevive o es pura apariencia (es una democracia "de pl&aacute;stico", como eficazmente la ha llamado), aludiendo as&iacute; a un poder del pueblo no absoluto sino jur&iacute;dico, o sea, sometido al (y limitado por el) derecho, seg&uacute;n el modelo del gobierno ya no "de los hombres" sino "de las leyes".</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y todav&iacute;a m&aacute;s: &iquest;qu&eacute; significa "pueblo"? &iquest;Es posible, en concreto, un poder del pueblo entero? Afortunadamente no. Sabemos bien que si un pueblo fuese un&aacute;nime, ello ser&iacute;a la se&ntilde;al m&aacute;s elocuente de la degeneraci&oacute;n totalitaria de la democracia y, que hablar de "poder del pueblo" sirve para ocultar el pluralismo pol&iacute;tico y los conflictos de clase que atraviesan las sociedades<sup><a href="#notas">8</a></sup>. Entonces, "poder del pueblo" o "democracia" quiere decir en realidad el poder de una parte del pueblo, que sea tambi&eacute;n mayoritaria, sobre el pueblo entero y, por lo tanto, tambi&eacute;n sobre esa parte que no es la mayor&iacute;a y que, incluso, se encuentra en oposici&oacute;n y en conflicto con respecto a ella. Y es justamente para impedir que este poder sea absoluto que la democracia pol&iacute;tica, para no contradecirse a s&iacute; misma, debe incorporar "contra&#45;poderes" de todos, incluso de la minor&iacute;a, orientados a limitar los poderes de la mayor&iacute;a. Estos contra&#45;poderes, que no se advierte por qu&eacute; no deban ser configurados tambi&eacute;n ellos como "poderes del pueblo" (o "democr&aacute;cticos"), son precisamente los derechos fundamentales, gracias a los cuales todos y cada uno est&aacute;n tutelados de las invasiones y de los arbitrios de una parte del pueblo sobre las otras.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, la democracia tiene tambi&eacute;n una <i>pragm&aacute;tica,</i> o sea, un conjunto de reglas compartidas y por ello id&oacute;neas para asegurar un cierto grado de efectividad. Y tienen tambi&eacute;n una pragm&aacute;tica los discursos sobre la democracia y las teor&iacute;as de la democracia, cuyo efecto no secundario es el de crear y valorar, en la cultura pol&iacute;tica y en el sentido com&uacute;n, las im&aacute;genes y por ende el sentido mismo de la democracia. Pretendo decir, teniendo en cuenta el car&aacute;cter convencional de nuestras definiciones, que no es irrelevante el tipo de imaginario que ellas sugieren y alimentan. Pero entonces &#151;si con Bovero estamos de acuerdo sobre la sustancia de la teor&iacute;a de la democracia y, por lo tanto, sobre el valor de los l&iacute;mites y de los v&iacute;nculos de contenido impuestos por las constituciones al m&eacute;todo democr&aacute;tico en garant&iacute;a de su misma supervivencia&#151; me pregunto, y pregunto a Bovero, si no es oportuno hoy, m&aacute;s que nunca, incluir aquellos l&iacute;mites y aquellos v&iacute;nculos en la definici&oacute;n te&oacute;rica de "democracia". Me pregunto si la <i>"kakistocracia"</i> que Bovero ha ilustrado<sup><a href="#notas">9</a></sup> no depende precisamente de la (inevitable) degeneraci&oacute;n, en ausencia de adecuados l&iacute;mites y controles, de la democracia pol&iacute;tica por &eacute;l identificada con la democracia <i>tout court:</i> si, en otras palabras, el constante empeoramiento del "gobierno de los peores" al cual estamos asistiendo en tantos de nuestros pa&iacute;ses no sea un efecto perverso propio del deterioro en el sentido com&uacute;n &#151;todav&iacute;a antes que en concretas mutaciones institucionales&#151; del valor de la constituci&oacute;n y de las garant&iacute;as impuestas por ella a los poderes democr&aacute;ticos de la mayor&iacute;a.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es tambi&eacute;n verdad, como afirma Bovero, que la noci&oacute;n puramente formal de "democracia" tiene a sus espaldas una tradici&oacute;n milenaria, desde la Grecia antigua hasta hoy, y que es compartida por el pensamiento pol&iacute;tico dominante. Pero precisamente en este sentido puramente formal, se podr&iacute;a objetar, la democracia raramente ha existido y casi nunca ha sobrevivido. No ha existido en la Grecia antigua, en la cual no exist&iacute;a el sufragio universal y en la que ciertamente no todo el pueblo participaba en el gobierno de la ciudad. No ha existido en el viejo estado liberal en el cual el sufragio universal estaba limitado a escasas oligarqu&iacute;as. Y cuando ha existido, como en italia y en Alemania a comienzos del novecientos luego de la introducci&oacute;n del sufragio universal masculino, justamente por la ausencia de l&iacute;mites ella cay&oacute; bajo los golpes del fascismo y del nazismo. &iquest;No son acaso suficientes estas terribles lecciones de la historia para hacernos modificar el sentido puramente formal de la democracia? &iquest;No es tal vez a continuaci&oacute;n de ellas que la democracia tom&oacute;, por as&iacute; decir, nueva consciencia de s&iacute; misma y de los propios limites, elaborando &#151;con la proclamaci&oacute;n de un solemne "nunca m&aacute;s", en las constituciones de la postguerra&#151; las garant&iacute;as, propias de la actual democracia constitucional, de la r&iacute;gida sujeci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos a los derechos fundamentales?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en esta perspectiva que, invirtiendo provocativamente los significados tradicionalmente asociados a "democracia formal" y a "democracia sustancial", he llamado "democracia sustancial" &#151;porque se refiere a la sustancia de las decisiones&#151; al conjunto de l&iacute;mites y v&iacute;nculos impuestos por los derechos y por los principios constitucionales tanto a la validez de las leyes como a la democracia pol&iacute;tica. En el l&eacute;xico tradicional, en efecto, el adjetivo "formal" ha sido generalmente asociado a las reglas del estado de derecho y de la democracia parlamentaria, mientras "sustancial" lo ha sido a la "verdadera" democracia, o al menos a la m&aacute;xima participaci&oacute;n popular. Sobre la base de las definiciones propuestas por m&iacute;, en cambio, tambi&eacute;n la democracia directa, teniendo que ver con la forma de las decisiones, es "formal", mientras es "sustancial" &#151;al consistir en l&iacute;mites y v&iacute;nculos sustanciales, o sea, de contenido&#151; el paradigma del estado constitucional de derecho y de los derechos fundamentales, de libertad y sociales, incluidos en las constituciones. En este sentido, con aparente paradoja, los m&aacute;ximos factores de la democracia formal fueron Rousseau y Lenin, que fundaron la legitimidad pol&iacute;tica el uno sobre la voluntad general y el otro sobre la dictadura del proletariado. Por lo dem&aacute;s, tambi&eacute;n se han invertido, en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, los valores pol&iacute;ticos y sociales de la democracia pol&iacute;tica y del estado de derecho. Hasta la mitad del siglo pasado el estado de derecho, a causa de su car&aacute;cter s&oacute;lo liberal, parec&iacute;a reflejar, prevalecientemente, los intereses de conservaci&oacute;n propios de los restringidos grupos dominantes, mientras era a la democracia pol&iacute;tica que se le confiaban a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n de las grandes masas en los poderes p&uacute;blicos, las perspectivas de progreso y de tutela de los sujetos m&aacute;s d&eacute;biles. Hoy, en nuestras sociedades as&iacute; llamadas "de los dos tercios", en las cuales las mayor&iacute;as son tendencialmente conservadoras, es en cambio el estado constitucional de derecho extendido a los derechos sociales el que se configura &#151;contra las formas mayoritarias de la democracia pol&iacute;tica&#151; como la principal fuente de tutela de los sujetos d&eacute;biles y, al mismo tiempo, como la dimensi&oacute;n m&aacute;s progresiva de los sistemas pol&iacute;ticos, no acaso constante y pesadamente amenazada por la actual <i>kakistocracia.</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Traducci&oacute;n de Nicol&aacute;s Guzm&aacute;n, Universidad de Buenos Aires.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> M. Bovero, <i>Diritti fondamentali e democrazia nella teoria di Ferrajoli. Un consenso complessivo e un dissenso specifico,</i> en "Teoria politica", n. 3, 2000, p&aacute;gs. 19&#45;40,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781414&pid=S1405-0218200300020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> reimp. con el t&iacute;tulo <i>Diritti e democrazia costituzionale,</i> en L. Ferrajoli, <i>Diritti fondamentali. Un dibattito teorico,</i> a cargo de E. Vitale (2001),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781415&pid=S1405-0218200300020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> trad. esp. con el t&iacute;tulo <i>Derechos fundamentales y democracia en la teor&iacute;a de Ferrajoli. Un acuerdo global y una discrepancia concreta,</i> en L. Ferrajoli, <i>Los fundamentos de los derechos fundamentales,</i> trad. esp. a cargo de A. de Cabo y G. Pisarello, Trotta, Madrid, p&aacute;gs. 215&#45;242.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781416&pid=S1405-0218200300020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Recuerdo tambi&eacute;n, sobre el mismo tema, las cr&iacute;ticas que me ha dirigido M. Bovero, <i>La filosofia politica di Ferrajoli,</i> en <i>Le ragioni del garantismo. Discutendo con Luigi Ferrajoli,</i> a cargo de L. Gianformaggio, Giappichelli, Torino, 1993, p&aacute;gs. 399&#45;406.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781417&pid=S1405-0218200300020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Las tesis sostenidas por m&iacute; &#45;tanto las criticadas por Bovero como aqu&eacute;llas con las que respondo a sus cr&iacute;ticas&#45; se encuentran en <i>Diritto e ragione. Teoria del garantismo penale</i> (1989),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781418&pid=S1405-0218200300020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> trad. esp. de P. Andr&eacute;s lb&aacute;nez, A. Ruiz Miguel, j. C. Bay&oacute;n Mohino, j. Terradillos Basoco y R. Cantarero Bandr&eacute;s, <i>Derecho y raz&oacute;n. Teor&iacute;a del garantismo penal,</i> Trotta, Madrid, 1995, p&aacute;g. 864 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781419&pid=S1405-0218200300020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->; <i>Le ragioni del garantismo,</i> cit., p&aacute;gs. 505&#45;508; Los <i>fundamentos,</i> cit., p&aacute;gs. 35&#45;40, 167172 y 339&#45;355.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup><i> Derechos fundamentales y democracia,</i> cit., p&aacute;gs. 236&#45;239.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> cfr. A. Pintore, <i>Diritti insaziabili,</i> en "Teoria politica", n. 2, 2000, p&aacute;gs. 3&#45;20,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781422&pid=S1405-0218200300020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ahora traducido al espa&ntilde;ol con el t&iacute;tulo <i>Derechos insaciables,</i> en L. Ferrajoli, Los <i>fundamentos,</i> cit., p&aacute;gs. 243&#45;265.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Me remito a <i>Derecho y raz&oacute;n,</i> cit., p&aacute;gs. 855&#45;868, 875, 883&#45;884; <i>Il diritto come sistema di garanzie</i> (1993),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781424&pid=S1405-0218200300020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> trad. esp. de P. Andr&eacute;s Ib&aacute;&ntilde;ez y A. Greppi, <i>El derecho como sistema de garant&iacute;as,</i> en <i>Derechos y garant&iacute;as. La ley del m&aacute;s d&eacute;bil,</i> Ed. Trotta, Madrid, 2<sup>a</sup> ed., 2001, p&aacute;gs. 15&#45;36;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781425&pid=S1405-0218200300020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> <i>Los fundamentos,</i> cit., p&aacute;gs. 35&#45;40, 167&#45;172 y 339&#45;355.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> El mismo discurso puede repet&iacute;rse para la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica de la democracia, fundada sobre aquellos espec&iacute;ficos "derechos&#45;poderes" que son los derechos civiles. S&oacute;lo la limitaci&oacute;n de estos poderes a trav&eacute;s de su sujeci&oacute;n al derecho, y en particular a los derechos fundamentales, est&aacute; en grado de poner al reparo de s&iacute; mismos, o sea, de los excesos de un poder econ&oacute;mico ilimitado, tanto al mercado mismo como a la democracia civil misma.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> <i>Los fundamentos,</i> cit., p&aacute;gs. 345&#45;347.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> La expresi&oacute;n es de A. Pace, <i>La "naturale" rigidit&agrave; delle costituzioni scritte,</i> en "Giurisprudenza costituzionale", 1983, p&aacute;gs. 4085 y SS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781429&pid=S1405-0218200300020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->, seg&uacute;n la cual una constituci&oacute;n no r&iacute;gida sino flexible, o sea, derogable por la ley ordinaria, no es en realidad una constituci&oacute;n. V&eacute;ase tambi&eacute;n, de A. Pace, <i>La causa della rigidit&agrave; costituzionale,</i> Cedam, Padova, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781430&pid=S1405-0218200300020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Se adaptan plenamente a esta expresi&oacute;n las palabras con que Hans Kelsen polemiz&oacute; contra la idea, sostenida por Carl Schmitt, del car&aacute;cter unitario de la representaci&oacute;n por obra de un Presidente elegido por el pueblo; "El verdadero significado de la doctrina del <i>pouvoir neutre</i> del monarca que Schmitt adapta al jefe de estado republicano es, en efecto, &eacute;ste, o sea, que debe enmascarar el contraste de intereses, efectivo y radical, que se expresa en la realidad de los partidos pol&iacute;ticos y en la realidad, todav&iacute;a m&aacute;s importante, del conflicto de clase que est&aacute; detr&aacute;s de ellos. En t&eacute;rminos pseudo&#45;democr&aacute;ticos, la f&oacute;rmula de esta funci&oacute;n suena m&aacute;s o menos as&iacute;: el pueblo que forma el estado es un colectivo unitario homog&eacute;neo y tiene, por lo tanto, un inter&eacute;s colectivo unitario que se expresa en una voluntad colectiva unitaria" (H. Kelsen, <i>Wer soll der H&uuml;ter der Verfassung Sein?</i> (1930&#45;31),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781432&pid=S1405-0218200300020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> trad. it. de C. Geraci, <i>Chi debe essere il custode della costituzione?,</i> en H. Kelsen, <i>La giustizia costituzionale,</i> Milano, Giuffr&egrave;, 1981, p&aacute;g. 275).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781433&pid=S1405-0218200300020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> M. Boyero, <i>Contro il governo dei peggiori. Una grammatica della democrazia,</i> Laterza, Roma&#45;Bari, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4781435&pid=S1405-0218200300020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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