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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Poder judicial y democracia</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El poder judicial y la democracia<a href="#notas">*</a></b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Michel Troper**</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Universit&eacute; de Paris X&#45;Nanterre.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A primera vista, este t&iacute;tulo cubre una cuesti&oacute;n muy simple: &iquest;se conforma al principio democr&aacute;tico que los procesos no sean resueltos por el pueblo, como en ciertas democracias antiguas, sino por jueces? Esta pregunta generalmente se plantea como si uno estuviera en una situaci&oacute;n original y, en el entendimiento que se quiere instituir un r&eacute;gimen democr&aacute;tico, como si se dudara conferir la resoluci&oacute;n de los procesos a los jueces mejor que al pueblo mismo. Consecuentemente, se busca la esencia de la democracia, despu&eacute;s la del poder de los jueces, para afirmar o negar la compatibilidad.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una hip&oacute;tesis as&iacute;, evidentemente, es del todo irreal. Nosotros no nos encontramos en una situaci&oacute;n de este tipo. No existe ning&uacute;n sistema en el mundo en que los procesos jurisdiccionales sean resueltos por el pueblo. Por el contrario, existen jueces profesionales en todos los sistemas que se proclaman democr&aacute;ticos. Ocurre, pues que los redactores de esas constituciones consideraron que las dos cosas eran compatibles. Se podr&iacute;a, por supuesto, examinar si estas opiniones est&aacute;n bien fundadas. Sin embargo, tal actitud debe ser desechada claramente porque las conclusiones del examen dependen de concepciones relativas a la esencia de la democracia y del poder judicial.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si consecuentemente se quiere evitar la metaf&iacute;sica, conviene limitarse a un plan puramente descriptivo y partir de una constataci&oacute;n: en raz&oacute;n de las disposiciones constitucionales los juristas se sienten obligados a sostener la compatibilidad y, por ello, defender ciertas tesis y proponer algunas definiciones. Son esas tesis las que se trata de examinar, para analizar las estrategias y las limitantes argumentativas que conducen a adoptarlas y a defenderlas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede sostener &#151;y, de hecho, se sostiene&#151; la compatibilidad gracias a tres grupos de argumentos:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) Los jueces no forman un poder org&aacute;nico, puesto que no hay un poder judicial &uacute;nico, como hay un poder legislativo o un poder ejecutivo.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2) Los jueces ejercen una funci&oacute;n y no un poder verdadero.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como estos dos primeros argumentos est&aacute;n vinculados y fracasan, se propone hoy un tercer grupo de argumentos:</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) La democracia no es lo que un pueblo vano piensa. La democracia no podr&iacute;a ser identificada vulgarmente con el poder de la mayor&iacute;a. La verdadera democracia es el poder judicial.</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I. Poder judicial org&aacute;nico</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expresi&oacute;n 'poder judicial' tiene en el lenguaje jur&iacute;dico dos sentidos principales: un sentido funcional: 'el conjunto de los actos por los cuales son substanciados los procesos' y un sentido org&aacute;nico: 'un conjunto de tribunales que presentan ciertas propiedades estructurales. &iquest;Existe un poder judicial en sentido org&aacute;nico?</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es necesario desechar de inmediato un medio habitual de abordar la cuesti&oacute;n, basado en los usos ling&uuml;&iacute;sticos. Algunos quieren derivar argumentos de ciertas pr&aacute;cticas y, particularmente, del hecho de que, en el lenguaje de ciertas constituciones se utiliza o, por el contrario, se evita cuidadosamente la expresi&oacute;n 'poder judicial'. En Francia, por ejemplo, muchas discusiones tratan del hecho de que el t&iacute;tulo VIII de la constituci&oacute;n se denomina: 'De la autoridad judicial' y no 'del poder judicial' pero, si estos t&eacute;rminos tienen posiblemente una connotaci&oacute;n m&aacute;s o menos favorable a la extensi&oacute;n de competencias o a la independencia de los tribunales, no obstante no designan conjuntos de normas jur&iacute;dicas diferentes. Es as&iacute; que el art&iacute;culo 64 de la constituci&oacute;n francesa actual dispone: "El Presidente de la Rep&uacute;blica es el garante de la independencia de la autoridad judicial", mientras que la constituci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica (1848) tiene realmente un t&iacute;tulo "Del Poder Judicial", sin embargo no contiene normas diferentes a las otras constituciones. De modo que estas expresiones no tienen m&aacute;s que importancia simb&oacute;lica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el lenguaje no es de gran ayuda, se puede proceder de la misma manera que para determinar la existencia del poder legislativo o del poder ejecutivo. Se dice que hay un poder legislativo o un poder ejecutivo si hay una autoridad, encargada a t&iacute;tulo principal de una funci&oacute;n para la cual ellas est&aacute;n especializadas. Es necesario, por tanto, que cada una de tales autoridades realice todos los actos de una funci&oacute;n (legislativa o ejecutiva) y que las realice sola. Sin duda, no hay jam&aacute;s una especializaci&oacute;n perfecta, sin embargo se habla, contra todo, de poder ejecutivo si casi todos los actos de ejecuci&oacute;n, y los m&aacute;s importantes, son realizados por una misma autoridad. Es pues f&aacute;cil identificar el poder legislativo en el Parlamento o en el Gobierno.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, no se puede traspasar esta soluci&oacute;n al poder judicial porque no hay jam&aacute;s un solo tribunal, sino muchos. Por tanto, es necesario razonar c&oacute;mo se hace para identificar otros poderes, cuando hay varias autoridades. Las pr&aacute;cticas ling&uuml;&iacute;sticas no son uniformes. Hay muchos alcaldes en un mismo pa&iacute;s que toman decisiones administrativas, pero no se dice que por esa raz&oacute;n haya en el pa&iacute;s un poder administrativo en sentido org&aacute;nico o poder municipal. A la inversa, se dice que hay un poder legislativo, aunque haya dos c&aacute;maras o un poder ejecutivo, aunque haya varios ministros. En realidad esta diferencia se explica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, en el caso del Parlamento o del poder ejecutivo, las diversas autoridades que la componen, es decir, las c&aacute;maras y los ministros, no realizan actos jur&iacute;dicos paralelos, sino que concurren a producirlos; son sus coautores. Las c&aacute;maras no hacen leyes cada una por su lado, sino que votan un mismo texto que, por ello, se convierte en ley. Los ministros concurren en la emisi&oacute;n de decretos. Los alcaldes, por el contrario, toman decisiones independientes las unas de las otras, que en derecho franc&eacute;s toman el nombre de acuerdos <i>(arr&ecirc;tes).</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, los actos de las c&aacute;maras o de los ministros se imputan o se adscriben no a esas autoridades, sino al grupo de autoridades a la que ellas pertenecen, esto es, al Parlamento o al Gobierno.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Por el contrario, los actos de los alcaldes son adscritos a ellos mismos y no a un pretendido poder administrativo o municipal.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto seg&uacute;n este esquema, se tendr&iacute;a que hablar de poder judicial si, y s&oacute;lo si,</font></p>              <blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1). Los tribunales colaboraran en la producci&oacute;n de actos, de los cuales ser&iacute;an coautores, en lugar de emitir decisiones de las cuales ellos son los respectivos autores.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2). Los actos que realizaran fueran adscritos no a los mismos tribunales, sino al poder judicial en su conjunto.</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es evidente que ninguna de las condiciones es satisfecha.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, si no se pueden traspasar al poder judicial los procesos por los cuales se identifica un poder legislativo o un poder ejecutivo, se podr&iacute;a, no obstante, hablar de poder judicial en otro sentido.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) Si las autoridades est&aacute;n jerarquizadas. Evidentemente debe hacerse referencia a una concepci&oacute;n flexible y no estricta de la jerarqu&iacute;a. Seg&uacute;n la concepci&oacute;n estricta, la autoridad inferior est&aacute; jur&iacute;dicamente obligada a obedecer las instrucciones de la autoridad superior bajo pena de sanciones disciplinarias. Este es un modelo jer&aacute;rquico como se le encuentra en el ej&eacute;rcito o en la administraci&oacute;n. Seg&uacute;n la concepci&oacute;n suave, es suficiente que la autoridad superior disponga de medios para ejercer una influencia determinante sobre el contenido de las decisiones tomadas por las autoridades inferiores. Es claro que existe entre los tribunales una jerarqu&iacute;a entendida de conformidad con la concepci&oacute;n flexible, puesto que las cortes supremas, sea que se trate de cortes supremas propiamente dichas o de cortes de casaci&oacute;n, pueden influir realmente sobre las decisiones de los tribunales inferiores.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) Si las autoridades disponen de un poder discrecional en la toma de decisiones. En efecto, no es suficiente la existencia de una jerarqu&iacute;a, sea en sentido amplio o en sentido estricto, para que se pudiera hablar de un poder judicial. En efecto, en una administraci&oacute;n fiscal, donde existe una jerarqu&iacute;a en sentido estricto, las autoridades pueden solamente determinar el monto del impuesto realizando la operaci&oacute;n aritm&eacute;tica prescrita por la ley fiscal, de suerte que, no obstante la jerarqu&iacute;a, no se puede decir que las autoridades superiores dispongan del poder fiscal. No se dir&aacute; por tanto que hay un poder judicial que si, al ejercer una influencia sobre las decisiones de las autoridades inferiores, las cortes supremas hacen algo m&aacute;s que aplicar un derecho preexistente o imponer esta aplicaci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, no hay poder judicial en el sentido org&aacute;nico, pero s&iacute; hay un poder judicial en sentido funcional.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, precisamente, este punto es el objeto de discusi&oacute;n. En efecto, el problema de la conciliaci&oacute;n con la democracia no se plantea, a menos que realmente exista un poder judicial tal y como lo acabamos de definir y si la democracia es un sistema en el cual las normas generales sean creadas por el pueblo.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II. &iquest;La cuesti&oacute;n del poder de los jueces?</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para sostener que el papel de los tribunales se conforma con la democracia es necesario negar que &eacute;stos dispongan de un poder discrecional y sostener que se limitan a aplicar un derecho preexistente, sin poder expresar preferencias ideol&oacute;gicas o axiol&oacute;gicas, o bien, implantar una organizaci&oacute;n para que los tribunales no dispongan de este poder discrecional.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>La negaci&oacute;n del poder de los jueces</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para negar que los jueces dispongan de un poder discrecional habitualmente se fundamenta en una u otra de las variantes del silogismo judicial, cuyo origen se encuentra en Montesquieu. Esta teor&iacute;a, por tanto, no est&aacute; ligada exclusivamente con la teor&iacute;a democr&aacute;tica, aun si ciertas teor&iacute;as democr&aacute;ticas se sirven de ella.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es necesario exponer la teor&iacute;a del silogismo, la cual es bien conocida. Se conoce las c&eacute;lebres f&oacute;rmulas de Montesquieu: "Si los tribunales no deben ser fijos, las sentencias deben serlo de tal manera que sean siempre m&aacute;s que un texto preciso de la ley." <i>(El esp&iacute;ritu de las Leyes,</i> XI, 11). &Eacute;l encuentra que el margen de poder discrecional del juez var&iacute;a seg&uacute;n se acerque o se aleje del despotismo:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">en los Estados desp&oacute;ticos no hay ley; el juez es su propia regla... en el gobierno republicano, es de la naturaleza de la constituci&oacute;n que los jueces sigan la letra de la ley... igualmente, en Inglaterra los jurados deciden si el acusado es culpable o no, del hecho que ha comparecido ante ellos, si es declarado culpable, el juez pronuncia la pena que la ley inflige para dicho acto y, por ello, no requiere m&aacute;s que ojos. (VI, III). &#91;En estas condiciones el poder de juzgar&#93; es, en cierto sentido, nula &#91;y los jueces no son&#93; mas que la boca que pronuncia las palabras de la ley; seres inanimados que no pueden moderar ni la fuerza ni el rigor. (XI, VI)</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a del silogismo ha sido retomada por Beccaria en t&eacute;rminos muy claros. "En presencia de todo delito, el juez debe formar un silogismo perfecto: la premisa mayor debe ser la ley general; la menor el acto conforme o no conforme con la ley; la conclusi&oacute;n ser&iacute;a la absoluci&oacute;n &oacute; la condena.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Uno precisamente encuentra su eco en la <i>Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre,</i> claramente en los art&iacute;culos 5&deg;: "Todo aquello que no est&aacute; prohibido por la ley no pude ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ella no ordena"; 7&deg;: "Ning&uacute;n hombre puede ser acusado, arrestado, ni detenido m&aacute;s que en los casos determinados por la ley y de conformidad con las formas por ella prescritas" y 8&deg;: "...nadie puede ser penado mas que en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito...". Ella &#91;la teor&iacute;a del silogismo&#93; ser&aacute; a&uacute;n evocada en numerosas ocasiones en el curso de los debates de la Asamblea Constituyente , por los oradores de todos lados, por ejemplo, por Cazales: la sentencia no es mas que el acto material de aplicaci&oacute;n de la ley",<sup><a href="#notas">3</a></sup> por Duport, o por Clermont&#45;Tonnerre:<sup><a href="#notas">4</a></sup> "el poder judicial, eso que se llama impropiamente poder judicial, es la aplicaci&oacute;n de la ley o voluntad general a un hecho particular, no es por tanto en &uacute;ltimo an&aacute;lisis m&aacute;s que la ejecuci&oacute;n de la ley".<sup><a href="#notas">5</a></sup> As&iacute;, claramente resulta de la f&oacute;rmula de Clermont&#45;Tonnerre que si la sentencia no es m&aacute;s el producto de un silogismo, no hay poder judicial.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se sabe que la misma idea ha sido retomada y desarrollada por numerosos autores y hombres pol&iacute;ticos, Kany, Condorcet, Robespierre, y es claro que si no est&aacute; ligada exclusivamente a la teor&iacute;a democr&aacute;tica, est&aacute; perfectamente en armon&iacute;a con ella.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su justificaci&oacute;n reside en el principio de legalidad, igualmente ligado estrechamente a la concepci&oacute;n que se ten&iacute;a de la libertad en el Siglo de las Luces. La expresi&oacute;n 'libertad pol&iacute;tica' tiene, en efecto, dos sentidos en esta &eacute;poca. En sentido amplio, es la libertad de aquel que se encuentra sometido &uacute;nicamente m&aacute;s que a la ley. Es libre porque, en la sociedad, como en el mundo f&iacute;sico, est&aacute; en posibilidad, si conoce las leyes, de saber, por lo mismo, todas las consecuencias de sus acciones y, as&iacute;, de tomar decisiones con claridad. La libertad es pues, simplemente, la previsibilidad o seguridad jur&iacute;dica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La libertad pol&iacute;tica <i>lato sensu</i> ser&iacute;a destruida si existiera, por parte de la autoridad ejecutora, el m&aacute;s m&iacute;nimo margen de apreciaci&oacute;n, porque entonces ser&iacute;a imposible prever las decisiones de esta autoridad. Por el contrario, la libertad es perfectamente preservada si la sentencia no es m&aacute;s que la conclusi&oacute;n de un razonamiento silog&iacute;stico que deja al juez sin ning&uacute;n poder y que le da un papel de aut&oacute;mata. Beccaria expresaba esta idea de manera muy clara:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada ciudadano debe poder hacer todo aquello que no es contrario a las leyes, sin preocuparse de otro inconveniente que de aquel que pueda resultar del acto mismo; he ah&iacute; el dogma pol&iacute;tico en el que los pueblos deber&iacute;an creer y al que los magistrados supremos deber&iacute;an proclamar y mantener con el mismo cuidado que las leyes.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, la libertad pol&iacute;tica as&iacute; comprendida existe, a&uacute;n si la ley no es democr&aacute;tica y aunque sea injusta y cruel. Entre otras cosas, esto es lo que, para Montesquieu, distingue a la monarqu&iacute;a del despotismo. En los dos casos, uno solo gobierna, pero en la monarqu&iacute;a gobierna por leyes fijas, en tanto que en el despotismo gobierna a su capricho. En la monarqu&iacute;a, si los jueces no hacen m&aacute;s que aplicar una ley anterior, el ciudadano es libre porque, obedeciendo al juez, obedece indirectamente a la ley. En el despotismo el s&uacute;bdito no sabe jam&aacute;s cu&aacute;les ser&aacute;n las consecuencias de sus acciones. Esto es porque si el juez pudiera hacer otra cosa en vez de aplicar las reglas, si, por ejemplo pudiera crear o recrear las normas al momento de aplicarlas, vivir&iacute;amos bajo un r&eacute;gimen desp&oacute;tico. El despotismo o gobierno por capricho se define, por tanto, por la ausencia de separaci&oacute;n de poderes, esto es, el sistema en el cual aquel que ejecuta la ley puede tambi&eacute;n hacerla o rehacerla, seg&uacute;n las circunstancias. El despotismo no es solamente un sistema dentro del cual haya un d&eacute;spota &uacute;nico, el r&eacute;gimen en el cual se estuviera sometido a una multitud de jueces que har&iacute;an otra cosa que aplicar las leyes, ser&iacute;a, seg&uacute;n esta concepci&oacute;n, un r&eacute;gimen desp&oacute;tico. Por otro lado, en la Francia anterior a la Revoluci&oacute;n, el poder de los tribunales soberanos, los Parlamentos, era considerado desp&oacute;tico.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos estos argumentos son todav&iacute;a m&aacute;s fuertes si la ley es adoptada de manera democr&aacute;tica, porque entonces es la libertad pol&iacute;tica en sentido estricto la que es as&iacute; preservada, esto es, la libertad que resulta del hecho de estar sometido a leyes a las que uno ha consentido.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante las aparentes diferencias, el modelo de Kelsen se distingue muy poco de &eacute;se. Sin duda, rechaza la distinci&oacute;n entre creaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n del derecho y admite que los jueces crean normas, puesto que la sentencia es una norma. Sin duda admite tambi&eacute;n, que las leyes, con frecuencia, dejan un margen de apreciaci&oacute;n importante, por ejemplo, cuando en derecho penal le permiten escoger entre una pena m&aacute;xima o una pena m&iacute;nima o, en derecho civil, cuando le confieren el cuidado de determinar el monto de una indemnizaci&oacute;n o de ordenar las medidas que servir&aacute;n mejor a un tipo de inter&eacute;s: el inter&eacute;s del menor, de la empresa, de la sociedad, etc&eacute;tera.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kelsen mantiene, empero, que el juez no crea normas generales y que, por tanto, no hay jurisprudencia, salvo en caso de que la ley autorice la creaci&oacute;n de normas generales por v&iacute;a judicial. La teor&iacute;a democr&aacute;tica es, por tanto, resguardada, porque, aunque no toman decisiones deducidas l&oacute;gicamente de las leyes, el juez toma decisiones que, sin duda, son discrecionales, pero son, al menos, compatibles con las leyes adoptadas de forma democr&aacute;tica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra variante de la tesis de que los jueces no disponen de poder discrecional es la teor&iacute;a dworkiniana de la "respuesta correcta" (one <i>right answer)</i> porque si, seg&uacute;n Dworkin, el juez no aplica la ley en t&eacute;rminos de un silogismo, descubre, por lo menos, la soluci&oacute;n a partir del conjunto del sistema jur&iacute;dico. Y no ejerce poder creador. Error.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, esta teor&iacute;a del silogismo no es satisfactoria en absoluto. Se presenta como una teor&iacute;a normativa, pero se trata, m&aacute;s bien, de una norma t&eacute;cnica: para asegurar el reino de la ley, es necesario limitar al juez a la producci&oacute;n de silogismos. Esta regla t&eacute;cnica es tambi&eacute;n la traducci&oacute;n de una proposici&oacute;n que describe una relaci&oacute;n causal: si el juez se limita a la producci&oacute;n de silogismos, eso tendr&aacute; por consecuencia el reino exclusivo de la ley.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como norma t&eacute;cnica la teor&iacute;a fracasa si resulta imposible que el juez se limite a esta actividad. Precisamente nunca es verdadero y no puede ser verdadero que la decisi&oacute;n sea s&oacute;lo la conclusi&oacute;n de un silogismo, cuyas premisas sean independientes del juez. Para comenzar, la ley no prescribe nada para un caso, sino, como lo ha demostrado bien Eugenio Bulygin, prescribe para una clase de casos.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Por tanto es necesario determinar a qu&eacute; clase de casos pertenece el que se tiene que juzgar. Esto es, es necesario comenzar por determinar la premisa menor, que no es un dato, sino el resultado de una operaci&oacute;n intelectual. Un mismo acto, por ejemplo, puede ser perseguido, como violaci&oacute;n o como atentados al pudor. La decisi&oacute;n de subsumirlo en una u otra categor&iacute;a es discrecional. En otros t&eacute;rminos, debe decidirse aplicar tal ley u otra. M&aacute;s a&uacute;n, una vez determinada cual ser&aacute; la ley aplicable, es necesario, adem&aacute;s, interpretarla. La premisa mayor tampoco es un dato, sino una "construcci&oacute;n". En efecto, la ley no es una norma general, sino un enunciado cuya significaci&oacute;n es una norma general. Por tanto, es necesario interpretar este enunciado para determinar cu&aacute;l es la norma general que &eacute;ste expresa. Ahora bien, la interpretaci&oacute;n es una actividad de la voluntad, esto es, discrecional.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, las operaciones sobre la premisa mayor y sobre la menor se encuentran relacionadas, puesto que no se puede determinar que un caso pertenezca a cierta clase sin tener, al menos, una idea del significado del enunciado que define esta clase.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, a&uacute;n si uno razona bajo la hip&oacute;tesis, del todo imaginaria, de un derecho penal perfectamente codificado que previera una pena &uacute;nica, fija, e inmutable para cada categor&iacute;a de cr&iacute;menes, quedar&iacute;a, no obstante, un margen de poder discrecional. Pero, por supuesto, una hip&oacute;tesis tal no se encuentra jam&aacute;s y la ley nunca ordena al juez una conducta precisa sino, como se ha visto a prop&oacute;sito de Kelsen, la ley le deja siempre un margen de apreciaci&oacute;n. Es por lo que, a&uacute;n si la ley ha sido elaborada de forma democr&aacute;tica, deber&iacute;a haber sido deducida de la ley.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, a&uacute;n hay m&aacute;s, si el juez puede "rehacer" la ley, la misma ley deja de ser democr&aacute;tica. Ahora bien, el juez puede "rehacerla" mediante interpretaci&oacute;n e, incluso, "rehacerla" con efectos retroactivos, puesto que si considera que ella tiene la significaci&oacute;n que se le ha atribuido por el juez no el d&iacute;a de la interpretaci&oacute;n, sino el d&iacute;a de su adopci&oacute;n por el Parlamento. Y como las interpretaciones dadas por las cortes supremas son respetadas por los tribunales inferiores, simplemente por la jerarqu&iacute;a de los tribunales, de la cual ya hemos hablado anteriormente, se tiene un poder legislativo en las manos de los tribunales.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conclusi&oacute;n es que no se puede considerar que los jueces puedan ser limitados a la producci&oacute;n de silogismos. Puesto que estos jueces disponen de un margen de poder discrecional y, sobre todo, del poder de elegir la ley aplicable y de determinar su significado, los ciudadanos est&aacute;n sometidos a normas individuales que no son deducidas de leyes democr&aacute;ticas y a normas generales que no son adoptadas democr&aacute;ticamente.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede entonces tratar de imaginar procedimientos que limitaron el poder de los jueces.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>Mecanismos para impedir el ejercicio del poder discrecional</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen dos, que, adem&aacute;s, est&aacute;n relacionados</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero consiste en proveer c&oacute;digos: enunciados claros, completos, coherentes; as&iacute;, no habr&aacute; ya lugar para el poder discrecional. Error. Por gran cantidad de razones. Las lagunas, las contradicciones, no pueden ser evitadas. El legislador no puede prever la evoluci&oacute;n t&eacute;cnica o social. El lenguaje de los c&oacute;digos es el lenguaje natural, necesariamente vago y ambiguo.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos han pretendido impedir a los jueces interpretar las leyes. Esta idea propuesta por Becaria, fue expresamente formulada por Federico II:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Prohib&aacute;mosle a los jueces interpretar en los casos dudosos... queremos que, cuando alg&uacute;n punto de este cuerpo de derecho parezca a los jueces ser dudoso y tener necesidad de aclaraci&oacute;n, se tengan que dirigir al Departamento de Justicia...</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Departamento de Justicia aqu&iacute; es indicado como oficina del rey legislador y el fundamento de esta prohibici&oacute;n es el principio del derecho romano: <i>eius est interpretan legem cuius est condere.</i> Bajo la Revoluci&oacute;n francesa, una regla an&aacute;loga fue adoptada y acompa&ntilde;ada de de sanciones penales severas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema, sin embargo, no es satisfactorio y resulta necesario dar otro paso. Por una parte, esta obligaci&oacute;n de referir al Departamento de Justicia muestra que se est&aacute; bien consciente del hecho que subsisten casos dudosos, cualquiera que sea el cuidado que se tome en redactar las leyes. En segundo lugar, porque los jueces pueden estar aterrorizados y someter al legislador la interpretaci&oacute;n. Pero, tambi&eacute;n, puede ocurrir que los jueces, pretendiendo que la ley es clara, encubran una interpretaci&oacute;n y rehagan la ley.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces se imagin&oacute;, en la Revoluci&oacute;n francesa, una soluci&oacute;n bastante ingeniosa que, sin embargo, no tuvo &eacute;xito. Esta consist&iacute;a en una distinci&oacute;n entre interpretaci&oacute;n <i>in abstracto</i> e interpretaci&oacute;n <i>in concreto.</i> La primera, en tanto que tiene lugar fuera de todo asunto concreto, se presenta como una norma general; por tanto, es una usurpaci&oacute;n del poder legislativo por parte del juez y, en tal virtud, est&aacute; estrictamente prohibida. La segunda no vale, en principio, m&aacute;s que para el caso concreto. Esta interpretaci&oacute;n es inevitable y, por tanto, est&aacute; permitida. Como &eacute;sta se limita a la decisi&oacute;n de aplicar o no aplicar la ley al asunto en curso, &eacute;sta se presenta no como una interpretaci&oacute;n, sino como una aplicaci&oacute;n de la ley. Se va solamente a establecer un tribunal de casaci&oacute;n que va a ejercer un control sobre la aplicaci&oacute;n y va a "casar" las decisiones de los tribunales de apelaci&oacute;n que hayan realizado una "falsa aplicaci&oacute;n" de la ley, es decir, una aplicaci&oacute;n que no est&aacute; conforme con el sentido verdadero. Si la decisi&oacute;n es "casada" se reenv&iacute;a a otro tribunal de apelaci&oacute;n. Este segundo tribunal de apelaci&oacute;n puede pronunciar una decisi&oacute;n id&eacute;ntica a la primera. Esta decisi&oacute;n puede, igualmente, ser objeto de un recurso de casaci&oacute;n y ser tambi&eacute;n "casada" Pero si un tercer tribunal de apelaci&oacute;n adopta una posici&oacute;n id&eacute;ntica a la de los dos primeros, entonces habr&aacute; que referirla al legislador y esta referencia es obligatoria. La justificaci&oacute;n es simple: hasta entonces el tribunal de casaci&oacute;n sancionaba la falsa aplicaci&oacute;n, en principio sin que &eacute;l interpretara. Por tanto, la ley era clara s&oacute;lo que los tribunales inferiores hac&iacute;an una falsa aplicaci&oacute;n de ella. Despu&eacute;s, la resistencia de los tribunales de apelaci&oacute;n hace presumir que la ley es obscura. El tribunal de casaci&oacute;n no puede, por tanto, interpretarla y es necesario dirigirse al legislador, de conformidad con la m&aacute;xima citada de <i>eius est interpretari legem cuius est condere.</i></font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el sistema fracas&oacute; r&aacute;pidamente, porque la distinci&oacute;n entre aplicaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n est&aacute; desprovista de toda pertinencia. Lo que hace la corte de casaci&oacute;n, en realidad, es imponer su propia interpretaci&oacute;n y el legislador est&aacute; desprovisto de todo poder de control si los tribunales de apelaci&oacute;n se someten y, lo que, de lejos, es el caso m&aacute;s frecuente. Los casos de conflicto entre la corte de casaci&oacute;n y los tribunales de apelaci&oacute;n son, en efecto, muy raros. De suerte que, en la pr&aacute;ctica, lo que se hace es delegar a la corte de casaci&oacute;n un poder de interpretar, un poder que, en realidad es, abstracto y general. En efecto, todos los tribunales inferiores van a alinearse y aplicar la ley de conformidad con las directrices de la corte de casaci&oacute;n. Se renunci&oacute; al sistema r&aacute;pidamente; pero, al mismo tiempo, se perdi&oacute; todo control sobre las decisiones de la corte de casaci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El C&oacute;digo Napole&oacute;n se fundamenta en la misma concepci&oacute;n y no hace m&aacute;s que prolongar este sistema jur&iacute;dico. Por un lado, se proh&iacute;be a los tribunales dejar de juzgar bajo el pretexto de "silencio, oscuridad o insuficiencia de la ley", lo que significa que se consider&oacute; que ellos pueden encontrar siempre una disposici&oacute;n clara, aplicable al caso que se les somete.<sup><a href="#notas">8</a></sup> En otros t&eacute;rminos, los tribunales deben entregarse a una interpretaci&oacute;n <i>in concreto,</i> pero se cuida bien de no llamar a esta operaci&oacute;n "una interpretaci&oacute;n". Adem&aacute;s, el c&oacute;digo no contiene ning&uacute;n art&iacute;culo relativo a la interpretaci&oacute;n de las leyes. Por otro lado, les est&aacute; "prohibido... pronunciarse por v&iacute;a de disposici&oacute;n general o reglamentaria sobre los casos que les son sometidos".<sup><a href="#notas">9</a></sup> Los jueces, se supone, siempre aplican la ley sin interpretarla y sin crear normas generales.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, lejos de limitar el poder de los jueces, el sistema lo refuerza y se sabe perfectamente que todo el derecho sobre la responsabilidad, por no tomar m&aacute;s que ese ejemplo, ha salido de cinco art&iacute;culos del c&oacute;digo civil.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El resultado, por tanto, es que los jueces producen normas generales. Existe pues un poder judicial y este poder est&aacute; entre las manos de las cortes supremas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede a&uacute;n intentar evitar esta primera conclusi&oacute;n subrayando que los mismos jueces supremos se encuentran sometidos a m&uacute;ltiples limitaciones: los jueces no pueden iniciar un proceso; deciden al t&eacute;rmino de un determinado procedimiento; tienen que justificar sus decisiones, de manera que no se pronuncien como puede hacerlo una mayor&iacute;a parlamentaria, simplemente afirmando su voluntad. Por otro lado, todos los testimonios de los jueces confirman que tienen el sentimiento no de un poder discrecional sino el de aquel que est&aacute; ligado, que ocurre frecuentemente que se pronuncien en un sentido opuesto al de sus convicciones pol&iacute;ticas, porque el derecho les impone la soluci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto posiblemente es perfectamente exacto, pero no cambia nada. Todo poder tan absoluto como pueda ser esta sometido a limitaciones de hecho. Ni Luis XIV hizo lo que quiso. Ahora bien, las limitaciones de las que se habla aqu&iacute; son precisamente limitaciones de hecho. La cuesti&oacute;n no es saber si los jueces justifican sus decisiones y si estas justificaciones reflejan realmente el razonamiento que ha sido seguido o si se trata &uacute;nicamente de un ropaje. La cuesti&oacute;n es saber si, a condici&oacute;n de quererlo, podr&iacute;an tomar esta decisi&oacute;n u otra. La respuesta me parece perfectamente clara: hay un rasgo de esta posibilidad en el hecho que, en el seno de los tribunales se vota y que con un desplazamiento del voto la decisi&oacute;n contraria podr&iacute;a haber sido tomada. En la medida en que no hay recurso posible, la decisi&oacute;n, cualquiera que sea, aun absurda, es jur&iacute;dicamente v&aacute;lida y se impone en el orden jur&iacute;dico.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede incluso llegar a decir que a&uacute;n si la teor&iacute;a de la "respuesta correcta", fuera correcta, esto no cambiar&iacute;a nada al hecho de que la "respuesta incorrecta" tiene jur&iacute;dicamente el mismo valor, as&iacute; como, igualmente, una mala ley se impone tanto como una buena.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay, por tanto, un poder judicial.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una &uacute;ltima observaci&oacute;n se impone: he sostenido que hab&iacute;a un poder en sentido org&aacute;nico, porque hab&iacute;a un poder judicial en sentido funcional y que los jueces pueden crear normas generales bajo el control de la Corte de Casaci&oacute;n. Pero yo lo he hecho s&oacute;lo porque para negar la existencia de un poder judicial, se afirma que no hay unidad y, por tanto, no un poder judicial como hay un poder legislativo. Pero este elemento, a decir verdad, no es esencial. El problema de la compatibilidad con la democracia se plantear&iacute;a en los mismos t&eacute;rminos si no hubiera un sistema de tribunales centralizado. En la Francia del "antiguo r&eacute;gimen" no exist&iacute;a ninguna jerarqu&iacute;a entre los parlamentos, los cuales pod&iacute;an en &#91;el &aacute;mbito de&#93; su competencia crear normas generales sin preocuparse de lo que hicieran los otros.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poco importa que haya un poder judicial si como quiera que sea hay poder judicial. &iquest;En tanto que estamos sometidos a normas generales creadas por los jueces, podemos decir que vivimos en una democracia? Evidentemente no si se emplea la definici&oacute;n tradicional de la democracia como un sistema en el cual las normas generales son creadas por el pueblo o por los representantes elegidos por el pueblo. Si se quiere mantener la tesis de la compatibilidad es necesario modificar esta definici&oacute;n.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III. La definici&oacute;n de la democracia</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recordemos que aqu&iacute; no se trata de confrontar el poder judicial a la democracia verdadera, sino de examinar algunas teor&iacute;as de la democracia que pretenden hacer de los jueces una instituci&oacute;n democr&aacute;tica. Las diferentes teor&iacute;as que se van a examinar no ser&aacute;n analizadas como verdaderas o falsas. Se trata s&oacute;lo de demostrar que son necesarias y que realizan m&aacute;s o menos bien su funci&oacute;n, la cual, a falta de poder negar la existencia de un poder judicial, como las teor&iacute;as precedentes, es justificarlo. En realidad, ninguna lo realiza perfectamente y, de hecho ninguna se impone porque uno siempre retrocede ante las contradicciones internas o las ideas que implican. Pienso en dos grupos principales de teor&iacute;as. Se puede sostener que los jueces ejercen su poder de crear normas generales en nombre del pueblo o bien que la democracia no es, en absoluto, poder del pueblo, sino un conjunto de principios o, todav&iacute;a, que el pueblo es un ente m&aacute;s complejo de lo que se pod&iacute;a creer.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>A nombre del pueblo</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n una primera versi&oacute;n de esta doctrina, los jueces forman una instituci&oacute;n democr&aacute;tica porque la democracia no exige que el pueblo ejerza su poder por s&iacute; mismo o por representante electos. Es suficiente que sea ejercida por delegaci&oacute;n y esta delegaci&oacute;n no es necesariamente expl&iacute;cita.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, se puede sostener que hay siempre un referente legislativo impl&iacute;cito: en efecto, el poder legislativo siempre puede, si la Corte de Casaci&oacute;n ha creado una norma que &eacute;l desaprueba, crear una nueva ley y echar abajo la jurisprudencia. Esto es lo que, por ejemplo, ha hecho el Parlamento franc&eacute;s en un asunto reciente: el asunto Perruche.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Pero si no lo hace, entonces aprueba la norma general creada por el juez. Consecuentemente, el juez crea estas normas gracias a una delegaci&oacute;n impl&iacute;cita otorgada por el poder legislativo.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esta justificaci&oacute;n se pueden oponer tres objeciones, de ah&iacute; se sigue que esta tesis no soluciona el problema de la compatibilidad con la democracia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar se est&aacute; en presencia de una modificaci&oacute;n considerable de la democracia. La democracia no es m&aacute;s un sistema en el cual el pueblo crea las normas generales. Esto no es ya como en Kelsen<sup><a href="#notas">12</a></sup> un sistema de autonom&iacute;a, ni siquiera, como en la en la democracia representativa, un sistema en el cual la mayor&iacute;a de los electores delega el poder de hacer normas generales a una autoridad legislativa electa, sino un sistema en el cual los delegados electos delegan. El pueblo no es m&aacute;s el conjunto de ciudadanos, que son, a la vez, autores y destinatarios de normas, ni siquiera el conjunto de aquellos que escogen a los que lo ejercer&aacute;n, sino s&oacute;lo la entidad en nombre de la cual el poder es ejercido, aquel cuyo nombre es invocado, como puede serlo Dios, eso es, sin que haya ninguna relaci&oacute;n entre la voluntad que es expresada y la voluntad real.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se dir&aacute; que los jueces, en ciertos casos, son elegidos. Pero, a diferencia de los elegidos al Parlamento, ellos no pueden ser elegidos en base a un programa de creaci&oacute;n de normas generales.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda objeci&oacute;n es pr&aacute;ctica: El poder legislativo no est&aacute; jam&aacute;s seguro de poder imponer su voluntad, puesto que la nueva ley puede ser objeto, ella tambi&eacute;n de una interpretaci&oacute;n, que reproduzca la jurisprudencia anterior. Hay muchos ejemplos en la jurisprudencia francesa.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera objeci&oacute;n es tambi&eacute;n pr&aacute;ctica. En numerosos casos, el control no puede ser realmente ejercido y puede dif&iacute;cilmente serlo. No se piensa aqu&iacute; s&oacute;lo el caso en que el Parlamento no se ha mantenido informado de la jurisprudencia, sino aquellos en que la creaci&oacute;n de una norma por el juez se hace en fundamento de un principio supra legislativo, que el Parlamento no puede tocar. As&iacute;, la Corte de Casaci&oacute;n francesa ha resuelto en 1975 que las leyes contrarias a una norma internacional pueden ser desechadas por cualquier juez. Esta decisi&oacute;n es una verdadera revoluci&oacute;n puesto que los jueces franceses, que no pueden controlar la constitucionalidad de las leyes, pueden controlar su conformidad con respecto a las normas internacionales, lo que les confiere un poder equivalente. Ahora bien, esta resoluci&oacute;n ha sido tomada en fundamento de una interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 85 de la constituci&oacute;n, validada por el Consejo Constitucional. Esto significa que si el Parlamento hubiera estado consciente de esta revoluci&oacute;n &#151;de hecho no lo estuvo&#151; no hubiera podido adoptar una ley para oponerse, porque esta ley hubiera sido considerada contraria a la constituci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existe una variante kelseniana de esta teor&iacute;a. Kelsen admite &#151;es una concesi&oacute;n en relaci&oacute;n con lo que afirma en general a prop&oacute;sito de la creaci&oacute;n de derecho por el juez&#151; que el juez constitucional crea normas generales, puesto que la anulaci&oacute;n de una norma general es una norma general. El juez constitucional &#151;dice&#151; es un legislador negativo. Kelsen admite tambi&eacute;n que estas decisiones son pol&iacute;ticas y, por otro lado, se funda en este car&aacute;cter pol&iacute;tico para preconizar que los jueces sean electos por el Parlamento. Pero, como quiera que sea intenta, sostener que no es un freno sino un instrumento de la democracia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo hace mediante una teor&iacute;a que es llamada con frecuencia en Francia "teor&iacute;a del cambiav&iacute;a" por una met&aacute;fora imaginada por Luis Favoreu, retomada despu&eacute;s por George Vedel.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Seg&uacute;n esta teor&iacute;a, la Corte no se pronuncia realmente sobre el contenido de la ley, sino solamente sobre el procedimiento. En efecto, si la Corte la anula, la Corte se limita a indicar al Parlamento que, para adoptar la medida deseada, conviene emplear no el procedimiento legislativo ordinario sino aqu&eacute;l previsto para la revisi&oacute;n constitucional. El juez constitucional ser&iacute;a entonces comparable a un cambiav&iacute;a de ferrocarriles que se limita a meter los trenes sobre una u otra v&iacute;a seg&uacute;n la naturaleza del convoy o el destino.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lejos de ser una instituci&oacute;n antidemocr&aacute;tica, la Corte se muestra como un elemento esencial del sistema democr&aacute;tico. Las leyes constitucionales, en efecto, solo pueden adoptarse de conformidad con un procedimiento largo y complejo y, lo m&aacute;s frecuentemente, requiriendo mayor&iacute;as m&aacute;s importantes que las leyes ordinarias. La mayor&iacute;a pol&iacute;tica del momento no podr&aacute; alcanzarlas m&aacute;s que obteniendo el apoyo de la minor&iacute;a. No s&oacute;lo la Corte aparece as&iacute; como el protector de la minor&iacute;a, sino se puede llegar a decir que, si la democracia se define como "autonom&iacute;a", un sistema en el que las leyes son adoptadas seg&uacute;n este procedimiento es m&aacute;s democr&aacute;tico que otro, porque una m&aacute;s grande proporci&oacute;n de ciudadanos ser&aacute;n sometidos a normas a las que ellos habr&aacute;n consentido.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento, sin embargo, sufre de tres debilidades mayores: En primer lugar, el argumento reposa sobre el presupuesto de que una decisi&oacute;n adoptada por una fuerte mayor&iacute;a es m&aacute;s democr&aacute;tica que otra adoptada por una mayor&iacute;a m&aacute;s d&eacute;bil. La democracia ideal ser&iacute;a, entonces, un sistema en el cual todas las decisiones deber&iacute;an ser tomadas por unanimidad. El principio mayoritario no ser&iacute;a, por tanto, mas que un mal menor: en raz&oacute;n de la imposibilidad de obtener el consentimiento un&aacute;nime de los ciudadanos, ser&iacute;a necesario contentarse con la mayor&iacute;a simple para las decisiones menos importantes, pero se continuar&iacute;a exigiendo, a falta de unanimidad, una mayor&iacute;a m&aacute;s grande para las decisiones m&aacute;s graves.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, esta concepci&oacute;n del principio de mayor&iacute;a es discutible y Kelsen mismo ha presentado contra ella un argumento convincente: el sistema de unanimidad no es la democracia. m&aacute;s bien, es lo contrario de la autonom&iacute;a, puesto que permite que uno s&oacute;lo se oponga a una ley querida por los dem&aacute;s. por tanto, es un sistema de heteronom&iacute;a. igualmente, la norma que exige una mayor&iacute;a calificada, permite a una minor&iacute;a impedir una decisi&oacute;n querida por la mayor&iacute;a. El &uacute;nico sistema democr&aacute;tico, el que asegura la autonom&iacute;a del mayor n&uacute;mero, es el de la mayor&iacute;a simple.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda debilidad de la "teor&iacute;a del cambiav&iacute;as" reside en otro presupuesto: que la v&iacute;a indicada por la corte puede ser realmente ficticia. Basta con notar que ciertas revisiones constitucionales son prohibidas (por ejemplo en Alemania) y que otras son simplemente imposibles. Esto puede obedecer a razones de hecho. La constituci&oacute;n puede exigir, por ejemplo, que una revisi&oacute;n que se refiera a cierto grupo o a una cierta autoridad obtenga el consentimiento de este grupo o de esta autoridad. As&iacute;, la constituci&oacute;n francesa de 1958, no puede ser revisada sin el consentimiento del Senado, de suerte que ninguna reforma tendente a limitar los poderes del Senado podr&iacute;a lograrse. Igualmente, es probable que se ose proponer la revisi&oacute;n de disposiciones relativas a los derechos fundamentales, si una ley ha sido anulada por atentar contra tales derechos. Pero estos l&iacute;mites pueden tambi&eacute;n ser jur&iacute;dicos, como ser&iacute;a el caso si la constituci&oacute;n impidiera toda revisi&oacute;n referida a ciertas materias. Por ejemplo, en numerosos pa&iacute;ses est&aacute; prohibido tocar la forma republicana del r&eacute;gimen. Pero se puede, tambi&eacute;n, como de hecho ha ocurrido en Italia, en Alemania, en la India, que la propia Corte se declare competente para examinar la conformidad de las leyes constitucionales a ciertos principios supra constitucionales, juzgados intangibles como, por ejemplo, aquellos que buscan la ampliaci&oacute;n de los poderes del juez constitucional.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, la "teor&iacute;a del cambiav&iacute;a" reposa sobre el presupuesto de que la Corte se limita a constatar la conformidad o la no conformidad de las leyes a la constituci&oacute;n. Esta conformidad o esta no conformidad ser&iacute;a as&iacute;, de caracter objetivo y la Corte no ejercer&iacute;a ning&uacute;n poder de apreciaci&oacute;n, lo que es evidentemente err&oacute;neo, como se ha visto, puesto que ella debe necesariamente interpretar las disposiciones de la constituci&oacute;n y esta actividad es una funci&oacute;n de la voluntad.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, sobre todo, la teor&iacute;a es dif&iacute;cilmente conciliable con la concepci&oacute;n de la representaci&oacute;n que domina en estos sistemas, como el sistema franc&eacute;s. La idea kelseniana de que el poder constituyente es m&aacute;s democr&aacute;tico porque no puede ejercerse m&aacute;s que mediante un gran compromiso entre un gran n&uacute;mero de diputados, presupone que estos diputados representan a un gran n&uacute;mero de electores. Pero, seg&uacute;n la concepci&oacute;n francesa, los diputados no representan a los electores, sino al pueblo o naci&oacute;n, de manera que este pueblo es igualmente representado cualquiera que sea la mayor&iacute;a que se haya pronunciado en el seno de una asamblea electa y que est&aacute; igualmente.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una variante de la teor&iacute;a kelseniana se debe al Decano Vedel quien pretende, &eacute;l tambi&eacute;n, demostrar que el control de la constitucionalidad refuerza la democracia. En realidad, la conclusi&oacute;n a la que conduce involuntariamente su demostraci&oacute;n es precisamente la inversa: el control es un l&iacute;mite a la democracia.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a de George Vedel hace referencia a la instituci&oacute;n de <i>lits de justicia</i> de la antigua monarqu&iacute;a francesa. Cuando el rey dictaba las leyes, &eacute;stas eran trasmitidas a los parlamentos que deb&iacute;an registrarlas para hacerlas ejecutables. Si los parlamentos se opon&iacute;an a estas leyes, es decir, al soberano, le dirig&iacute;an <i>"remontrances".</i> El rey pod&iacute;a intentar hacer caso omiso enviando <i>"lettres de jussion",</i> pero si &eacute;stas se manten&iacute;an sin efecto, se presentaba &eacute;l mismo al Parlamento sobre un "lit <i>de justice"</i> y emit&iacute;a un acuerdo ordenando el registro. El rey ejerc&iacute;a as&iacute; su soberan&iacute;a.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el Decano Vedel, la revisi&oacute;n constitucional es comparable al <i>lit de justice:</i></font></p>              <blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El obst&aacute;culo que la ley encuentra en la constituci&oacute;n puede ser eliminado por el pueblo soberano o por sus representantes si recurren al modo de expresi&oacute;n supremo: la revisi&oacute;n constitucional. Si los jueces no gobiernan, es porque en todo momento, el soberano, a condici&oacute;n de aparecer en toda majestad como constituyente, puede, en una forma de <i>lit de justice</i> ignorar sus sentencias.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el Consejo Constitucional no ser&iacute;a en absoluto una instituci&oacute;n antidemocr&aacute;tica, porque el pueblo soberano tiene siempre la &uacute;ltima palabra. Si el juez se ha opuesto al legislador, sus decisiones siempre pueden ser superadas por el poder constituyente.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La met&aacute;fora del <i>lit de justice</i> es claramente superior a la del cambiav&iacute;a, puesto que es conciliable con la idea de que la ley es la expresi&oacute;n de la voluntad del soberano, una idea presentada como una presunci&oacute;n relativa. Si la ley se conforma a la constituci&oacute;n, ella es la expresi&oacute;n de la voluntad general. Cuando el juez constitucional declara que la ley es contraria a la constituci&oacute;n, basa su presunci&oacute;n en que la ley, realmente, no es la expresi&oacute;n de la voluntad general, pero esta presunci&oacute;n es destruida si el soberano aparece en persona para manifestar su verdadera voluntad.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la teor&iacute;a no anda sin problemas y constituye una doble confesi&oacute;n involuntaria.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es una confesi&oacute;n involuntaria por el hecho de que la Corte Constitucional ha ejercido no una funci&oacute;n constitucional, sino una funci&oacute;n legislativa. Si Kelsen lo admit&iacute;a, la doctrina jur&iacute;dica francesa, por lo contrario, sostiene el car&aacute;cter estrictamente constitucional del juez constitucional y se esfuerza en negar que &eacute;ste participe en la legislaci&oacute;n. Ahora bien, los antiguos parlamentos que se negaban a registrar un acto real ejerc&iacute;an una funci&oacute;n indiscutiblemente legislativa. Por lo dem&aacute;s, cuando el rey interven&iacute;a para deshacer una oposici&oacute;n de los parlamentos referida no a una ley sino a un problema de orden jurisdiccional, el rey hac&iacute;a no un <i>lit de justice,</i> sino una sesi&oacute;n real.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es sobre todo una confesi&oacute;n involuntaria por el hecho de que el Consejo Constitucional se ha opuesto al soberano. A diferencia del cambiav&iacute;a, quien, seg&uacute;n esta justificaci&oacute;n, no hace m&aacute;s que ejercer una funci&oacute;n de conocimiento &#151;constata que la medida es de naturaleza legislativa o constitucional&#151; el parlamento del antiguo r&eacute;gimen expresa una voluntad al negarse a registrar una ley, no obstante el mandato expreso manifestado por la <i>lettre de jussion.</i> El parlamento se hab&iacute;a opuesto a la voluntad del rey y se requer&iacute;a la voluntad superior del rey mostr&aacute;ndose en toda majestad en la ceremonia del <i>lit de justice</i> para deshacer la oposici&oacute;n del parlamento. Ahora bien, todo el esfuerzo del Consejo Constitucional ha consistido, precisamente, &#151;se ha visto&#151; en negar que al oponerse a una ley que emana del Parlamento &eacute;l se oponga a la voluntad del soberano. Pero, si se acepta la justificaci&oacute;n del <i>lit de justice,</i> se tiene que admitir que al oponerse al legislador es ciertamente al legislador al que se ha opuesto y que el soberano debe manifestarse en toda majestad, esto es, en constituyente, para deshacer esta oposici&oacute;n. Pero, &iquest;cu&aacute;l es la naturaleza del <i>lit de justice?</i> En la instituci&oacute;n del antiguo r&eacute;gimen, es el propio soberano que act&uacute;a para deshacer la voluntad de los parlamentos que se le han opuesto. Aqu&iacute;, uno duda entre dos interpretaciones. O bien el legislador y el poder constituyente representan dos grados diferentes de soberan&iacute;a; pero, en tal caso, ser&iacute;a necesario comprender por qu&eacute; la soberan&iacute;a puede ser concebida, a la vez, como un poder absoluto y como conteniendo graduaciones.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, lo que muestra esta teor&iacute;a no es, por tanto, que el control constitucional sea un instrumento de la democracia, sino por lo contrario, que es un l&iacute;mite a la democracia.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n una segunda versi&oacute;n de la teor&iacute;a que quiere que el juez hable en nombre del pueblo, el juez no es su delegado, sino su representante. La teor&iacute;a de la representaci&oacute;n m&aacute;s difundida es simple: como la democracia directa es imposible, el pueblo designa representantes para ejercer el poder en su nombre. La constituci&oacute;n determina la manera por la cual estos representantes son designados, las competencias que les son atribuidas y los l&iacute;mites a sus competencias. Si ellos sobrepasan estos l&iacute;mites, no puede entonces considerarse que ejerzan el poder en nombre del pueblo. Ellos dejan de ser representantes. El control de la constitucionalidad tendr&iacute;a as&iacute; por funci&oacute;n la de garantizar la soberan&iacute;a del pueblo.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta tesis se presenta bajo diversas variantes; una, que pone el acento sobre el autor de la ley; otra, sobre la propia ley. Primeramente, se puede considerar la cualidad de representante y asegurar que la existencia del control garantiza que las leyes estimadas v&aacute;lidas han sido correctamente adoptadas par los autoridades que se han mantenido dentro de los l&iacute;mites de sus competencias y que emanan, por tanto, de representantes. Esto refuerza el car&aacute;cter representativo de estas autoridades.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, se puede tambi&eacute;n considerar a la ley misma y sostener que el texto adoptado por los representantes fuera de los l&iacute;mites de su competencia no ha podido ser en nombre del pueblo. Tal es la actitud del Consejo Constitucional franc&eacute;s cuando declara que "la ley no expresa la voluntad general m&aacute;s que en uniformidad con la constituci&oacute;n" En los dos casos, se presupone que la democracia representativa no es una forma pol&iacute;tica emp&iacute;rica, sino una categor&iacute;a jur&iacute;dica definida por la constituci&oacute;n. No es representante aquel que es as&iacute; denominado por la constituci&oacute;n, sino aquel que act&uacute;a dentro de los l&iacute;mites de esas competencias. No es ley m&aacute;s que el texto que ha sido adoptado de conformidad con la constituci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero ah&iacute; est&aacute; precisamente la fuente de una dificultad considerable. El acto por el cual una corte constitucional afirma que los l&iacute;mites de la competencia de los representantes han sido transgredidos no es tampoco el producto de una constataci&oacute;n emp&iacute;rica, sino de una interpretaci&oacute;n. por tanto es, un acto de voluntad y la corte puede decidir discrecionalmente que una ley exprese o no exprese la voluntad general y que aquellos que la han votado son representantes. La corte participa, entonces, en la formaci&oacute;n de la ley. No es por tanto nada sorprendente que algunos lleguen a sostener que el propio juez constitucional contribuye a la expresi&oacute;n de la voluntad general y que, aunque no haya sido electo, es un representante.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una tesis tal puede fundarse en la teor&iacute;a de la representaci&oacute;n desarrollada en la Asamblea Nacional Constituyente en 1791, particularmente por Barnave. La ley, se dice, es la expresi&oacute;n de la voluntad general. Lo cual quiere decir que todos los que adoptan la ley expresan no su propia voluntad sino la voluntad general. Son ellos los representantes del sujeto de esta voluntad, los representante del soberano. La representaci&oacute;n no est&aacute; as&iacute; vinculada con la elecci&oacute;n y el rey debe ser llamado representante, puesto que con su derecho de veto, participa en la formaci&oacute;n de la ley. El argumento pude ser traspasado: si el juez participa en la formaci&oacute;n de normas generales, &eacute;l tambi&eacute;n es representante. Esto es cierto para el juez constitucional que puede anular las leyes adoptadas por el Parlamento, pero tambi&eacute;n para el juez ordinario que puede interpretarlas.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ve bien que este modo de justificaci&oacute;n consiste simplemente en un cambio de definici&oacute;n de la democracia que no es ni un sistema de autonom&iacute;a ni tampoco el poder ejercido por el pueblo a trav&eacute;s de sus representantes electos, sino s&oacute;lo un poder ejercido en nombre del pueblo por representantes de los cuales s&oacute;lo algunos son electos. Pero hay otras maneras de modificar la definici&oacute;n de la democracia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>La democracia no es la voluntad del pueblo, </i><i>es un conjunto de principios: El Estado de derecho</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos en presencia de un producto de limitaciones de la argumentaci&oacute;n pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dico. Ciertamente, declaran los defensores de la ideolog&iacute;a del Estado de derecho, el sistema que preconizamos choca contra el principio democr&aacute;tico, pero solamente si ese principio es identificado con el dominio de la mayor&iacute;a. Ahora bien, la democracia no podr&iacute;a ser reducida a esto, puesto que la voluntad del pueblo no es la voluntad de la mayor&iacute;a del pueblo, menos a&uacute;n, la de la mayor&iacute;a parlamentaria. A falta de poder identificar la voluntad del pueblo, es necesario considerar que ella se manifiesta en un cierto n&uacute;mero de principios fundamentales que se llama tambi&eacute;n 'Estado de derecho'. Esta idea se presenta y se justifica de varias formas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede, de entrada, asimilar pura y simplemente la democracia y el Estado de derecho y sostener que la democracia consiste no en el poder de la mayor&iacute;a, sino en un sistema de garant&iacute;as de derechos fundamentales, aseguradas gracias al control de la constitucionalidad. Sin embargo, esta concepci&oacute;n puede entrar en conflicto con la justificaci&oacute;n de la supremac&iacute;a de la constituci&oacute;n, si se estima que los derechos fundamentales deben ser garantizados en raz&oacute;n de su valor intr&iacute;nseco, esto es, como derechos naturales y no porque ellos hayan sido expl&iacute;citamente mencionados en el texto constitucional. En estas condiciones, si algunos de esos derechos no han sido mencionados en la constituci&oacute;n, no deben dejar de estar protegidos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">O bien la corte constitucional garantiza la democracia as&iacute; entendida, esto es todos los derechos considerados y no necesariamente asegura la supremac&iacute;a de la constitucional o bien, la corte asegura esta supremac&iacute;a y no garantiza la democracia o, en todo caso, no todos los derechos fundamentales que se considera que esto implica. Esta debilidad de la justificaci&oacute;n explica que sea raramente empleada. No pude ser &uacute;til m&aacute;s que en algunos casos extremos para sostener que una revisi&oacute;n de la constituci&oacute;n realizada de conformidad con las disposiciones de revisi&oacute;n es, sin embargo, contraria a los valores fundamentales de la democracia.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede concebir entonces el Estado de derecho como un Estado que ejerce su poder en la forma jur&iacute;dica, esto es, un Estado en el cual toda decisi&oacute;n es tomada de conformidad con una norma superior. Este Estado de derecho ser&aacute; entonces definido como democr&aacute;tico en la medida en que la constituci&oacute;n garantiza los derechos fundamentales y se podr&aacute; sostener que el control de la conformidad de las leyes a la constituci&oacute;n es necesaria para la democracia as&iacute; entendida.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo no es posible mantener esta definici&oacute;n porque conducir&iacute;a a llamar 'democracia' al "Despotismo Ilustrado", siempre que sea respetuoso de los derechos establecidos en alguna carta fundamental. Los autores no pueden, por tanto, eliminar por entero el principio mayoritario de la definici&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero entonces, o bien la democracia es un sistema en el que la mayor&iacute;a tiene que respetar los valores fundamentales y se regresa a la concepci&oacute;n de una democracia limitada por el control de la constitucionalidad o bien, m&aacute;s que presentar el principio mayoritario y los derechos fundamentales como contrarios, se busca una f&oacute;rmula por la que el principio mayoritario sea un medio que permita garantizar los derechos fundamentales. Rebecca Brown escribe as&iacute;: "a <i>better understanding of the system we have is that majoritarian government exists </i><i>to support the Bill of Rights"</i> &#91;el mejor entendimiento que tenemos del sistema es que el gobierno mayoritario existe para asegurar la Carta de Derechos&#93;.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Quienes sostienen la primera concepci&oacute;n deben entonces explicar en qu&eacute; difiere el sistema de una democracia limitada y los simpatizantes de la segunda por qu&eacute; un sistema en el que el poder de la mayor&iacute;a del pueblo no es m&aacute;s que un medio al servicio de los fines m&aacute;s elevados debe a&uacute;n ser llamado 'democracia'. Por lo dem&aacute;s, algunos autores, como la misma Rebecca Brown, est&aacute;n bien conscientes de esta dificultad y consideran que el sistema que la constituci&oacute;n de Estados Unidos ha tratado de establecer no es la democracia sino la libertad.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, otros relacionan los principios a la voluntad del pueblo.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede, por ejemplo, sostener que los principios fundamentales han sido enunciados en la constituci&oacute;n y que, por consecuencia, es precisamente el pueblo el que los ha querido. Habr&iacute;a as&iacute;, seg&uacute;n la terminolog&iacute;a de Bruce Ackerman, una democracia dual. El pueblo se expresar&iacute;a en la pol&iacute;tica ordinaria por la elecci&oacute;n de los representantes encargados de legislar y, bajo una forma m&aacute;s elevada, imponiendo un cambio a la constituci&oacute;n.<sup><a href="#notas">21</a></sup> La democracia ordinaria reposa sobre la ficci&oacute;n de que la mayor&iacute;a parlamentaria representa al pueblo. Al anular una ley por inconstitucionalidad, los tribunales disipan esta funci&oacute;n e imponen la voluntad real del pueblo, tal y como aparece en la constituci&oacute;n. Si el pueblo est&aacute; en desacuerdo con la interpretaci&oacute;n dada por los tribunales, entonces el pueblo modifica la constituci&oacute;n, sea por la v&iacute;a de la revisi&oacute;n, sea por otros medios, como lo ha hecho durante el periodo del New Deal. El respeto de los principios ser&iacute;a, por tanto, el respeto de la voluntad del pueblo soberano.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea es ingeniosa, pero es dif&iacute;cilmente exportable para justificar, por la teor&iacute;a democr&aacute;tica, el poder de los jueces que aplican los principios del derecho europeo.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de una democracia como Estado de derecho, igualmente considerado como un conjunto de principios fundamentales, ha sido, en efecto, largamente desarrollada en el marco de la construcci&oacute;n europea. En este caso, no es f&aacute;cil relacionar estos principios con la voluntad del pueblo soberano. Se podr&iacute;a sostener que est&aacute;n establecidos en los tratados, igualmente ratificados por los pueblos soberanos de los diferentes Estados, pero se subraya muy frecuentemente que estos expresan valores id&eacute;nticos a los que rigen en las constituciones nacionales, de suerte que la sumisi&oacute;n a los tratados ser&iacute;a an&aacute;loga a la sumisi&oacute;n a la constituci&oacute;n. En este sentido se cita la jurisprudencia del Tribunal de Luxemburgo que se refiere a las tradiciones constitucionales comunes a los Estados miembros. La construcci&oacute;n europea &#151;y m&aacute;s generalmente, la construcci&oacute;n de una sociedad internacional&#151; manifestar&iacute;a as&iacute; la construcci&oacute;n de un derecho com&uacute;n europeo, fundado sobre los principios del estado de derecho y la protecci&oacute;n de los derechos fundamentales. No habr&iacute;a m&aacute;s lugar para la decisi&oacute;n pol&iacute;tica puesto que estos principios transnacionales ser&iacute;an impuestos mediante procedimientos estrictamente jurisdiccionales, por tanto, neutros e imparciales.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por lo que otros autores, en Estados Unidos y en Francia, buscan una nueva definici&oacute;n de la democracia, de tal manera que repose siempre sobre el viejo criterio del poder del pueblo. Pero es esta &uacute;ltima noci&oacute;n que entonces debe ser modificada. Existen varias tentativas en este sentido, pero todas ellas deben admitir que la soberan&iacute;a no se ejerce s&oacute;lo por la funci&oacute;n legislativa, sino, tambi&eacute;n, por el poder constituyente, dicho de otra manera: que la soberan&iacute;a tiene distintos grados.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, incluso en los Estados Unidos, esta justificaci&oacute;n paga un precio elevado.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, para admitir que la corte garantice el respeto a la voluntad del pueblo establecida en la constituci&oacute;n es necesario presuponer que &eacute;sta se limita a aplicar la constituci&oacute;n, sin ejercer poder discrecional, porque la interpretaci&oacute;n no es m&aacute;s que una funci&oacute;n del conocimiento o que el pueblo est&aacute; realmente en situaci&oacute;n de corregir las interpretaciones dadas de su voluntad.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra dificultad se refiere al estatuto de lo gobernantes: si se considera como representantes, en el sentido franc&eacute;s del t&eacute;rmino, los que expresan la voluntad del pueblo soberano, no se comprender&iacute;a que esta voluntad estuviera subordinada a la voluntad establecida en la constituci&oacute;n, porque esta es tambi&eacute;n la voluntad del pueblo soberano y que &eacute;ste no puede tener dos voluntades diferentes, Si, por el contrario, se les considera como los elegidos, &#91;pero&#93; que no tienen el car&aacute;cter de representantes al ser sometidos por la corte a la voluntad constitucional del pueblo, de ah&iacute; se sigue que el pueblo no est&aacute; llamado a participar en la legislaci&oacute;n ordinaria. El pueblo s&oacute;lo ejerce el poder constituyente de suerte que la democracia no es en ning&uacute;n sentido dualista y que difiere sensiblemente de la democracia en el sentido habitual. J&uuml;rgen Habermas compara este sistema pol&iacute;tico con aquel en el que un regente ejerce el poder tanto tiempo que el soberano no puede o no quiere ocupar el trono. Esta democracia es un gobierno donde el pueblo es titular de la esencia del poder, que puede evidentemente retomar, pero que no lo ejerce, ni siquiera por sus representantes.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera est&aacute; uno obligado a considerar que la voluntad expresada por la legislaci&oacute;n ordinaria se encuentra subordinada a la voluntad del pueblo, establecida en la constituci&oacute;n y que ella no es la voluntad del pueblo. La democracia dualista es una democracia donde la ley es, posiblemente conforme con la voluntad del pueblo, pero no es la expresi&oacute;n de esta voluntad. Esta concepci&oacute;n ser&iacute;a, por tanto, totalmente inadecuada para justificar el control de la constitucionalidad en los pa&iacute;ses que, como en Francia, la ley es considerada la expresi&oacute;n de la voluntad general.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>El pueblo no es lo que usted cre&iacute;a</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno no puede escapar a esta dificultad que al precio de una construcci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s compleja. El dualismo afecta aqu&iacute; no a la democracia, sino al pueblo mismo. Se tendr&iacute;a que sostener que el pueblo que ejerce el poder legislativo a trav&eacute;s de sus representantes es diferente del que ejerce el poder constituyente. Tal es la visi&oacute;n que propone Marcel Gauchet y, detr&aacute;s de &eacute;l, Dominique Rousseau.<sup><a href="#notas">22</a></sup> Estos autores consideran que el juez constitucional hace prevalecer la voluntad del pueblo "trascendente" o "perpetuo", el &uacute;nico verdadero soberano, por encima del pueblo actual.</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pueblo actual, aquel que escoge y que vota &#151;escribe Marcel Gauchet&#151; no es m&aacute;s que el representante moment&aacute;neo del poder del pueblo perpetuo que perdura id&eacute;ntico a s&iacute; mismo a trav&eacute;s de la sucesi&oacute;n de generaciones y que constituye el verdadero titular de la soberan&iacute;a.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta presentaci&oacute;n es sensiblemente diferente a la de Bruce Ackerman, porque aqu&iacute; la voluntad del pueblo perpetuo, evidentemente, no se ha expresado jam&aacute;s directamente. Ni siquiera es representado por el juez constitucional, el cual se limita a recurrir a la voluntad del pueblo actual.<sup><a href="#notas">24</a></sup> Adem&aacute;s de las dificultades que nacen de la idea misteriosa de un pueblo as&iacute; duplicado, donde uno solo de los componentes es el soberano, pero no puede ejercer por s&iacute; mismo esta soberan&iacute;a ni tampoco ser representado, esta tesis encubre una contradicci&oacute;n interna. La soberan&iacute;a no es una cualidad que se pueda descubrir en la naturaleza del pueblo. Es solo un poder que la constituci&oacute;n atribuye al pueblo, sin hacer ninguna distinci&oacute;n entre un pueblo actual y una perpetuo. No se puede, por tanto, sostener, a la vez, que el juez constitucional aplica la constituci&oacute;n y que su poder se justifica s&oacute;lo porque el pueblo no es el verdadero titular de la soberan&iacute;a. Se objetar&aacute;, sin duda, que si es la constituci&oacute;n la que atribuye la soberan&iacute;a al pueblo y determina las modalidades de su ejercicio, ella misma debe emanar de otro ser, lo cual ser&iacute;a el signo indiscutible de la presencia de una jerarqu&iacute;a. Posiblemente se agregar&aacute; que los actos del pueblo soberano no se reconocen mas que cuando han sido realizados de conformidad con la constituci&oacute;n, lo que el Consejo Constitucional expresa con la f&oacute;rmula: "la ley no expresa la voluntad mas que de conformidad con la constituci&oacute;n". Sin embargo, estas disposiciones de la constituci&oacute;n son &uacute;nicamente definiciones y en ning&uacute;n sentido habilitaciones conferidas al pueblo por un ser superior a &eacute;l. Por lo dem&aacute;s, el argumento conducir&iacute;a a una regresi&oacute;n al infinito, puesto que si se pretendiera que el pueblo actual no puede ser soberano m&aacute;s que en virtud de una atribuci&oacute;n conferida por un pueblo perpetuo, de donde deriva este pueblo perpetuo su soberan&iacute;a.</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2">*</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2">* *</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me importa recordar que todo lo que precede no es mas que el an&aacute;lisis de los discursos y no de la realidad y que hasta ahora yo no me he pronunciado sobre la realidad del car&aacute;cter democr&aacute;tico. Parece evidente que si uno se mantiene dentro de la concepci&oacute;n cl&aacute;sica de la democracia: un sistema en el cual el poder es ejercido exclusivamente por medio de normas generales adoptadas directamente por el pueblo o por sus representantes electos, la mayor parte de los sistemas reales no son democracias, puesto que un gran n&uacute;mero de normas generales son creadas por jueces, que no son representantes electos. &iquest;Cu&aacute;l es entonces la naturaleza de esos sistemas? Se puede escoger entre dos calificaciones.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">O bien se considera que los parlamentos electos son democr&aacute;ticos y se debe llamar a estos sistemas &lt;&lt;reg&iacute;menes mixtos&gt;&gt; puesto que el poder es ejercido conjuntamente por una autoridad democr&aacute;tica y una autoridad aristocr&aacute;tica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">O bien, se considera que los parlamentos no son m&aacute;s que una aristocracia electa y es necesario, por tanto, considerar que los sistemas en los que vivimos son rep&uacute;blicas aristocr&aacute;ticas.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Traducci&oacute;n del original en franc&eacute;s por Rolando Tamayo y Salmor&aacute;n.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Aqu&iacute; no se emplea 'imputaci&oacute;n' en su sentido t&eacute;cnico habitual. En ese sentido t&eacute;cnico se tendr&iacute;a que decir que los actos son siempre imputados al Estado, no al Parlamento o al Gobierno. Pero en el lenguaje corriente, un &oacute;rgano se identifica como el actor del acto y es de esta manera el Parlamento o el Gobierno son as&iacute; identificados.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Des d&eacute;lits et de peines,</i> Gen&egrave;ve, Droz, 1965 (primera edici&oacute;n 1764)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778246&pid=S1405-0218200300010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> El 6 de mayo de 1790.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Citado por Padoa Schioppa, Antonio. La Guiria all'Assamblea Constituente francese, en Pado Schioppa, Antonio (Ed.), <i>The Trial Jury in England, France, Germany, 1700&#45;1900,</i> Berl&iacute;n, Duncker und Humbolt, 1987, pp. 75 y s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778248&pid=S1405-0218200300010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> A.P. t. 15; p. 425.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Beccaria, <i>op. cit.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup><i> Vid.</i> su art&iacute;culo en esta misma revista.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Art&iacute;culo 4.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Art&iacute;culo 5.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup><i>&nbsp;Cf.:</i> Troper, Michel. "La forza dei precedente e gli effetti preverse del diritto", en <i>Ragion pratica,</i> N&uacute;m. 6, 1996, pp. 65 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778255&pid=S1405-0218200300010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> En una sentencia de 17 de noviembre de 2000, la Corte de Casaci&oacute;n decidi&oacute; reconocer, a favor de un ni&ntilde;o nacido con una fuerte tara cong&eacute;nita, el derecho a una indemnizaci&oacute;n a cargo del m&eacute;dico, cuya falta de diagn&oacute;stico impidi&oacute; abortar a la madre. El 4 de marzo de 2002, el Parlamento adopta una ley cuyo art&iacute;culo primero proclama que &lt;&lt;Nadie puede aprovecharse de un perjuicio por el solo hecho de su nacimiento&gt;&gt;, lo que significa que un ni&ntilde;o nacido con una tara cong&eacute;nita ya no puede reclamar una indemnizaci&oacute;n en reparaci&oacute;n de la falta que ha causado este nacimiento anormal.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> <i>La democratie, sa nature, sa valeur,</i> trad. de Charles Eisenmann de la 2<sup>a</sup>. Edici&oacute;n alemana, Par&iacute;s, Sirey, 1932;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778258&pid=S1405-0218200300010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Segunda edici&oacute;n francesa, con Presentaci&oacute;n de Michel Troper, Par&iacute;s, Econ&oacute;mica, 1988 (Existe versi&oacute;n en espa&ntilde;ol de Rafael Luengo Tapia y Luis Legaz y Lacambra, Editora Nacional, M&eacute;xico, 1974).</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup><i> Cf.:</i> Favoreu, Louis. "Les decisions du Conseil Constitutionnel dans l'affaire des nationalization", en <i>Revue du Droit Public,</i> 1982, pp. 419 y s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778260&pid=S1405-0218200300010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> La Suprema Corte de la India ha anulado en dos ocasiones enmiendas hechas a la constituci&oacute;n, en 1976 una enmienda, que hab&iacute;a validado una elecci&oacute;n (Smt. Indira Nehru Gandhi v. Raj Narain), en 1980 (Minerva Mills v. Union of India) una enmienda que suprim&iacute;a todas las limitaciones al poder de revisar la constituci&oacute;n, de tal manera que habr&iacute;a sido posible modificar la estructura fundamental de la constituci&oacute;n. <i>(Cf.:</i> Hidayatullah, M. <i>Constitutional Law of India,</i> Liverpool, Lucas Publication, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778262&pid=S1405-0218200300010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->).</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> <i>Vid.:</i> en este sentido: Michelman, F. "Can Constitutional Democrats be Legal Positivist? or Why Constitutionalism?", en <i>Constellations,</i> Vol. 2 (3), 1996, 1996, pp. 293 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778264&pid=S1405-0218200300010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Vid.: Olivier&#45;Martin, F. <i>Histoire du droit fran&ccedil;ais des origines &agrave; la R&eacute;volution,</i> Par&iacute;s, 1948, (obra reimpresa por el Centre National de la Reserch Scientifique, 1984), pp.543 y ss;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778266&pid=S1405-0218200300010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Richet, D. <i>La France moderne: l'esprit des institution,</i> Par&iacute;s, Flammarion, 1973, pp. 32 y 157;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778267&pid=S1405-0218200300010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Di Donato. "Introduction en un costuzionalismo di antico regime? Prospettive socio&#45;istituzionali di storia giuridica comparata", en Richet, D. <i>La Francia moderna: lo spirito degl'istitutioni,</i> Roma/Bari, Laterza, 1998 (Introducci&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778268&pid=S1405-0218200300010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> "Schengen et Maastricht", <i>pr&eacute;cit.</i></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Hanley, S. <i>Le &lt;&lt;lit de justice&gt;&gt; des rois de France. L'id&eacute;ologie constitutionnelle dans la l&eacute;gende, rituel e le discour,</i> Par&iacute;s, Aubier, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778271&pid=S1405-0218200300010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> A veces se me ha imputado err&oacute;neamente la idea de que el Consejo Constitucional deber&iacute;a realmente ser considerado como un representante <i>(Cf.:</i> por ejemplo Wachsman, Patrick. "Volont&eacute; du juge contre volont&eacute; du constituant? Dans un d&eacute;bat americain", en <i>Le r&ocirc;le de la volont&eacute; dans les actes juridiques. Etudes &agrave; la m&eacute;moire de Professeur Alfred Rieg,</i> Bruselas, Bruylant, 2000, pp. 855 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778273&pid=S1405-0218200300010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->) En realidad yo no he pretendido proporcionar una justificaci&oacute;n del control de la constitucionalidad en Francia, sino solamente hacer el an&aacute;lisis del significado de la expresi&oacute;n contenida en el art&iacute;culo 1&deg; de la constituci&oacute;n francesa: &lt;&lt;Francia es una rep&uacute;blica democr&aacute;tica&gt;&gt; para conciliarla con el control &#91;constitucional&#93;. La conclusi&oacute;n de este an&aacute;lisis fue que, si se quer&iacute;a justificar el control &#91;constitucional&#93;, dando un sentido a esta expresi&oacute;n, era necesario sostener que el juez constitucional, que participa en la formaci&oacute;n de la ley, esto es, a la voluntad general, era un representante. Entre los autores que han efectivamente sostenido esta tesis se encuentra D. Rousseau, (cf.: <i>Droit du contentieux constitutionnel,</i> Par&iacute;s, Montchrestien, 1999 y "La jurisprudence constitutionelle,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778274&pid=S1405-0218200300010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> quelle &lt;&lt;n&eacute;cesit&eacute; d&eacute;mocratique&gt;&gt;?", en Drago, G. Y Fran&ccedil;ois, B, Molfessis, N. (Eds.), <i>La l&eacute;gitimit&eacute; de la jurisprudence du Conseil Constitutinnel,</i> Par&iacute;s, Economica, 1999, pp. 363&#45;376 con mi comentario y la r&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778275&pid=S1405-0218200300010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->plica de D. Rousseau &#91;Cf.: <i>ibid:</i> pp. 377&#45;382&#93;). La misma idea es defendida por Pierre Rosanvallon, quien escribe: "ciertamente, los representantes del pueblo son, aquellos que &eacute;l ha elegido. Pero, no &uacute;nicamente. Pueden igualmente ser considerados como representantes aquellos que hablan, act&uacute;an y que deciden &lt;&lt;en nombre del pueblo&gt;&gt;. Este es, claramente, el caso de los jueces, sean judiciales o constitucionales, pero es, tambi&eacute;n, por extensi&oacute;n, el car&aacute;cter que revisten m&uacute;ltiples autoridades de regulaci&oacute;n." (Rosanvallon, Pierre. <i>La d&eacute;mocratie inachev&eacute;. Histoire de la suverainet&eacute; du peuple en France,</i> Par&iacute;s, Gallimard, 2000. p.407).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778276&pid=S1405-0218200300010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> En Garvey, J.H. y Aleinikoff, A. pp. 235 y ss.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Ackerman, Bruce. <i>We the People,</i> Vol. I, Cambridge, Mass., Havard University Press, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778279&pid=S1405-0218200300010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Gauchet, Marcel. <i>La r&eacute;volution des pouvoirs. La souverainet&eacute;, le peuple et la r&eacute;presentaci&oacute;n, 1789&#45;1799,</i> Par&iacute;s, Gallimar, 1995 ;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778281&pid=S1405-0218200300010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Rousseau, Dominique. <i>Droit du contentieux constitutionnel,</i> Par&iacute;s, Montchetien, 1999, en especial: pp. 469&#45;470.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778282&pid=S1405-0218200300010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> <i>La R&eacute;volution des pouvoirs. La souverainet&eacute;, le peuple et la repr&eacute;sentation, 1789&#45;1799, cit.,</i> p. 45.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Marcel Gauchet escribe as&iacute;: "el juez constitucional no est&aacute; encargado de representar la soberan&iacute;a del pueblo... &eacute;l est&aacute; encargado de poner en representaci&oacute;n el hecho de que ella &#91;la soberan&iacute;a&#93; debe tener la &uacute;ltima palabra." <i>(Ibid.</i> p. 42). Igualmente Dominique Rousseau: "el juez constitucional permite al pueblo verse como soberano gracias a un espejo, la constituci&oacute;n&#45;carta jurisprudencial de los derechos fundamentales que refleja al pueblo su soberan&iacute;a y a los delegados electos su subordinaci&oacute;n al soberano. La justicia constitucional hace visible, as&iacute;, lo que el modelo representativo hace olvidar: poniendo la representaci&oacute;n en representaci&oacute;n" <i>(Droit du contentieux constitutionnel, cit.,</i> p. 470).</font></p>      ]]></body><back>
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