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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Poder judicial y democracia</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El papel del poder judicial en la transici&oacute;n a la democracia</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s*</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad de Maguncia.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Desde el punto de vista de una concepci&oacute;n normativa del poder judicial, puede afirmarse que su funci&oacute;n principal es la de garantizar la estabilidad del respectivo sistema pol&iacute;tico.<sup><a href="#notas">1</a></sup> La estabilidad es una propiedad disposicional de un sistema pol&iacute;tico que consiste en el mantenimiento de su identidad a trav&eacute;s de la tendencia de quienes detentan el poder a guiar su comportamiento de acuerdo con las normas b&aacute;sicas del sistema.<a href="#notas"><sup>2</sup></a> En el caso del juez en reg&iacute;menes democr&aacute;ticos, ello requiere que cultive, por una parte, una firme adhesi&oacute;n interna a las normas b&aacute;sicas del sistema, es decir, que sea partidario incondicional de las mismas y, por otra, que mantenga una manifiesta imparcialidad con respecto a los conflictos de intereses que tiene que resolver. En lo que sigue considerar&eacute; s&oacute;lo el papel de los tribunales supremos (Corte Suprema y/o Tribunal Constitucional).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Parafraseando una conocida f&oacute;rmula de Herbert Hart, podr&iacute;a decirse que quienes adhieren a las normas b&aacute;sicas del sistema jur&iacute;dico (i. e. la Constituci&oacute;n) adoptan frente a ellas un "punto de vista interno" que, a diferencia del "punto de vista externo", no se apoya en razones prudenciales de coste&#45;beneficio. Si se acepta la usual distinci&oacute;n entre razones prudenciales y razones morales, cabe concluir que la adopci&oacute;n de un "punto de vista interno" tiene una connotaci&oacute;n moral y puede ser interpretada como expresi&oacute;n de la autonom&iacute;a personal a nivel normativo. En este sentido, autonom&iacute;a del poder judicial significa adhesi&oacute;n no condicionada por factores prudenciales, que suelen incluir la negociaci&oacute;n y el compromiso. El &aacute;mbito de la pol&iacute;tica es el de un comportamiento caracterizado por la negociaci&oacute;n y el compromiso. Si ello es as&iacute;, puede tambi&eacute;n concluirse que el &aacute;mbito de las decisiones judiciales no deber&iacute;a, por definici&oacute;n, estar afectado por o depender del de la pol&iacute;tica. Autonom&iacute;a judicial significa, pues, independencia de lo pol&iacute;tico. De aqu&iacute; puede inferirse tambi&eacute;n que la autonom&iacute;a judicial queda lesionada si se permite en ella la irrupci&oacute;n de la pol&iacute;tica. Y viceversa, se renuncia a la autonom&iacute;a judicial cuando el juez incursiona en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica. Esto es lo que suele ser llamado "juridizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica".</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. La autonom&iacute;a judicial en el sentido aqu&iacute; expuesto no puede nunca ser excesiva, de la misma manera que nunca puede ser excesiva la adhesi&oacute;n a los principios constitucionales, que son los que determinan el alcance de aqu&eacute;lla. Autonom&iacute;a no significa, pues, arbitrariedad. Esta adhesi&oacute;n es, adem&aacute;s, un ant&iacute;doto eficaz contra la siempre posible corrupci&oacute;n judicial, que justamente tiene su origen en la aplicaci&oacute;n de criterios prudenciales que privilegian el inter&eacute;s personal. La &uacute;nica forma de escapar a la tentaci&oacute;n de obtener ganancias extraposicionales es protegerse con la coraza de la adhesi&oacute;n a las reglas y principios b&aacute;sicos del sistema normativo. Ello no es f&aacute;cil, pues todo acto de corrupci&oacute;n tiene una base racional: la promoci&oacute;n del inter&eacute;s personal a trav&eacute;s de la obtenci&oacute;n de un beneficio superior a los costes que esa promoci&oacute;n requiere. El deseo de obtener beneficios extraposicionales es una buena raz&oacute;n para la acci&oacute;n de quien no se sienta inhibido por la adhesi&oacute;n a las reglas que determinan el alcance de la competencia del juez. El riesgo del predominio de intereses privados existe siempre, cualquiera que sea el dise&ntilde;o institucional que se adopte. Hobbes lo sab&iacute;a:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra cosa necesaria para el mantenimiento de la paz es la debida ejecuci&oacute;n de la justicia que consiste principalmente en la realizaci&oacute;n correcta de los deberes de los magistrados &#91;...&#93; que son personas privadas con respecto al soberano y consecuentemente en tanto tales pueden tener fines privados y pueden ser corrompidos con regalos o la intercesi&oacute;n de amigos...<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay duda de que existe una mayor probabilidad de que se d&eacute; la "realizaci&oacute;n correcta de los deberes" cuando la persona sobre quien recae esta obligaci&oacute;n est&aacute; convencida de la correcci&oacute;n de la misma, es decir, adopta el punto de vista interno. No se "siente obligada" a obedecer el sistema normativo sino que considera que "tiene la obligaci&oacute;n" de hacerlo, aun cuando ello afecte sus intereses privados. La probabilidad de que se pronuncie una decisi&oacute;n judicial constitucionalmente correcta es, por ello, mucho mayor si el juez sustenta un punto de vista interno con respecto a la Constituci&oacute;n. Sin embargo, no hay que olvidar que as&iacute; como la verdad de un enunciado no depende de la veracidad de quien lo emite, la correcci&oacute;n de una decisi&oacute;n es l&oacute;gicamente independiente de la correcci&oacute;n de la convicci&oacute;n interna de que quien la pronuncia. Tambi&eacute;n el hip&oacute;crita formula juicios moralmente correctos aunque no adhiera internamente a ellos (en esto consiste justamente su hipocres&iacute;a). Este es un dato importante cuando se trata el problema del comportamiento del poder judicial en los procesos de transici&oacute;n dado que all&iacute; el n&uacute;mero de jueces hip&oacute;critamente democr&aacute;ticos suele ser igual o mayor que el de los aut&eacute;nticos dem&oacute;cratas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Si se acepta la definici&oacute;n del &aacute;mbito de lo pol&iacute;tico aqu&iacute; propuesta y la necesidad de separar el &aacute;mbito judicial del pol&iacute;tico, creo que pierde fuerza el argumento que reprocha al poder judicial supremo su car&aacute;cter antimayoritario. La funci&oacute;n de los jueces supremos no consiste en expresar en sus fallos la voluntad popular sino, por el contrario, en poner l&iacute;mites a los posibles extrav&iacute;os inconstitucionales de los representantes de esa voluntad. Pero como los jueces tienen que ser designados por el poder pol&iacute;tico, parece aconsejable, a fin de reducir el peligro de la politizaci&oacute;n de los tribunales y promover la autonom&iacute;a judicial, adoptar las siguientes medidas: 1. Especializaci&oacute;n: es decir, centrar exclusivamente la actividad del tribunal supremo en cuestiones vinculadas con la interpretaci&oacute;n de los principios b&aacute;sicos de la Constituci&oacute;n, o sea aqu&eacute;llos establecidos en los art&iacute;culos que en algunos dise&ntilde;os constitucionales escapan a la posibilidad de reforma constitucional.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Esto promueve un "robusto aislamiento constitucional"<sup><a href="#notas">5</a></sup> y una saludable independencia con respecto a la pol&iacute;tica cotidiana del parlamento, a la vez que reduce la tentaci&oacute;n de la juridizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica. 2. Elecci&oacute;n de los miembros del tribunal por un periodo determinado, sin posibilidad de reelecci&oacute;n y no de por vida. 3. Designaci&oacute;n de estos jueces con la aprobaci&oacute;n de los dos tercios del parlamento. Como es probable que ning&uacute;n partido logre esta mayor&iacute;a, es necesario entonces proponer candidatos con buena reputaci&oacute;n como moderados y ponderados. La Ley del Tribunal Constitucional Federal alem&aacute;n exige, por ejemplo, que previo a la elecci&oacute;n de sus miembros exista un consenso entre los electores (miembros del <i>Bundesrat</i> o del <i>Bundestag)</i> acerca de las calidades profesionales y morales de los candidatos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.&nbsp;Si la estabilidad consiste en el mantenimiento de la identidad del sistema, no cuesta mucho inferir que aqu&eacute;lla es tambi&eacute;n expresi&oacute;n de la "buena salud" del sistema. Y son justamente los jueces, especialmente los integrantes de tribunales constitucionales o de cortes supremas, los encargados de mantenerla impidiendo desviaciones de las disposiciones constitucionales. El juez es, en este caso, una especie de "inspector de calidad", es decir, es el encargado de evaluar y controlar la conducta gubernamental y legislativa de acuerdo con las pautas constitucionales.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.&nbsp;Este "inspector de calidad" mantiene, por definici&oacute;n, una relaci&oacute;n asim&eacute;trica con respecto a los &oacute;rganos ejecutivos y legislativos: son estos &uacute;ltimos los que son responsables frente a aqu&eacute;l. Como los tribunales supremos tienen el poder de la &uacute;ltima palabra, se encuentran, por as&iacute; decirlo, liberados de dar cuenta de sus decisiones. Las cortes constitucionales no son democr&aacute;ticamente responsables. Pero esta situaci&oacute;n de irresponsabilidad no es lo decisivo. Lo importante es que sean <i>confiables</i> en el sentido de que adoptan buenas decisiones desde el punto de vista democr&aacute;tico&#45;constitucional. La confiabilidad en la correcci&oacute;n de las decisiones depende de la confianza por parte de la ciudadan&iacute;a (electores y gobernantes) y de que los jueces prestan su adhesi&oacute;n incondicionada a la Constituci&oacute;n democr&aacute;tica, que es la que proporciona el "respaldo justificante" de la decisi&oacute;n judicial. La "&uacute;ltima palabra" judicial no pende en el aire sino que se apoya en los principios y reglas b&aacute;sicas del sistema pol&iacute;tico. Esta confiabilidad es puesta a prueba en cada decisi&oacute;n del tribunal supremo (o constitucional) y s&oacute;lo se da si existe, por lo general, coincidencia entre la interpretaci&oacute;n constitucional del tribunal y la interpretaci&oacute;n que sustenta la <i>communis opinio,</i> al menos de los afectados por esa interpretaci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunos casos esta coincidencia puede producirse s&oacute;lo despu&eacute;s de que el tribunal supremo ha explicitado las razones de su interpretaci&oacute;n. En este sentido, el tribunal puede, con sus decisiones, influir en el cambio de la cultura pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dica de su sociedad. En el caso de la transici&oacute;n espa&ntilde;ola, por ejemplo, es sabido que, sobre todo en los primeros diez a&ntilde;os de su actividad, el Tribunal Constitucional desarroll&oacute; "un cuerpo de jurisprudencia que demostr&oacute; ser esencial para la transformaci&oacute;n del razonamiento constitucional y jur&iacute;dico en general en Espa&ntilde;a". La Constituci&oacute;n fue entendida como la "norma jur&iacute;dica suprema y no como una mera declaraci&oacute;n program&aacute;tica o una colecci&oacute;n de princi&#45;pios".<sup><a href="#notas">7</a></sup> Sobre este punto volver&eacute; m&aacute;s adelante. Lo que me importa subrayar aqu&iacute; es que, con respecto a los tribunales supremos, en vez de hablar de <i>responsabilidad democr&aacute;tica</i> conviene utilizar el concepto de <i>confiabilidad judicial,</i> una especie de "equilibrio reflexivo" en el sentido de John Rawls. Esta <i>confiab&uuml;idad</i> puede verse severamente afectada por dos factores: el procedimiento de designaci&oacute;n de los jueces y/ o una reiterada o permanente divergencia entre los fallos del tribunal constitucional o de las cortes supremas y la <i>communis opinio,</i> que puede conducir a una p&eacute;rdida de confiabilidad por parte de la ciudadan&iacute;a. Dos ejemplos al respecto: en Espa&ntilde;a se eligi&oacute; como primer presidente del Tribunal Constitucional al mejor constitucionalista espa&ntilde;ol y probado dem&oacute;crata exiliado en Venezuela en a&ntilde;os del franquismo; no puede sorprender que sus textos fueran considerados como firme base doctrinaria para la interpretaci&oacute;n judicial. Por el contrario, en no pocos pa&iacute;ses latinoamericanos los miembros de los tribunales supremos pueden tan s&oacute;lo aducir como criterio de su designaci&oacute;n el parentesco o una anterior colaboraci&oacute;n profesional con el jefe del Ejecutivo. No es aventurado suponer que en esos pa&iacute;ses la confianza en la imparcialidad de la justicia es m&iacute;nima.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. La confiabilidad se basa, adem&aacute;s, en una serie de supuestos, algunos de tipo sociopsicol&oacute;gico de dif&iacute;cil fundamentaci&oacute;n racional. Son ellos los que, en parte, inducen a la aceptaci&oacute;n de un elemento aristocr&aacute;tico: un tribunal de unos pocos no elegidos por el pueblo y cuya funci&oacute;n es confirmar o enmendar las decisiones de los representantes democr&aacute;ticamente elegidos en aquellas cuestiones vinculadas con las reglas y principios b&aacute;sicos de la Constituci&oacute;n. En algunos casos, el respeto a los magistrados de tribunales constitucionales o supremos suele hasta conferirles una aureola de infalibilidad que va m&aacute;s all&aacute; de la confiabilidad judicial y que induce a no pocos juristas a dedicar sus esfuerzos a una especie de ex&eacute;gesis religiosa de los fallos de esos tribunales. La beater&iacute;a judicial, lejos de reforzar la autonom&iacute;a de los jueces, estimula su autocomplacencia acr&iacute;tica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8.&nbsp;Es importante delimitar constitucionalmente el alcance de la competencia de control de calidad de los tribunales supremos. Ella se reduce a aquellas disposiciones que afectan los principios y derechos de lo que suelo llamar el "coto vedado" a la discusi&oacute;n y negociaci&oacute;n legislativa y/o gubernamental. Este "coto vedado" es el que fija, por exclusi&oacute;n, el &aacute;mbito de la decisi&oacute;n pol&iacute;tica. El ciudadano de un Estado democr&aacute;tico es un <i>"homo suffragans restrictus":</i> s&oacute;lo le est&aacute; permitido negociar y decidir por mayor&iacute;a aquellas cuestiones que no caen dentro del &aacute;mbito del "coto vedado". &Eacute;ste se refiere a aquellos intereses y deseos primarios de las personas que no pueden ser afectados si no se quiere caer en aquello que Hans Kelsen llamaba el "dominio de la mayor&iacute;a", es decir, el poder totalitario del mayor n&uacute;mero: la "enfermedad republicana", seg&uacute;n Alexis de Tocqueville. El &aacute;mbito de la pol&iacute;tica es el de los intereses y deseos secundarios de los ciudadanos. As&iacute; como al <i>homo suffragans</i> le est&aacute; prohibido el ingreso en el "coto vedado", as&iacute; tambi&eacute;n a los tribunales constitucionales les est&aacute; prohibido ingresar en el &aacute;mbito de la negociaci&oacute;n y decisiones pol&iacute;ticas. &Eacute;ste es el sentido de la abstenci&oacute;n judicial en los casos que caen dentro de la categor&iacute;a de aquello que en la jurisprudencia norteamericana es llamado <i>"political question".</i></font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">9.&nbsp;Los l&iacute;mites de la actividad pol&iacute;tica no deben ser fijados por decisi&oacute;n mayoritaria del parlamento. Si as&iacute; fuera, la autonom&iacute;a judicial se ver&iacute;a sometida a las decisiones de las cambiantes mayor&iacute;as, con las consiguientes consecuencias desestabilizadoras. Son los padres de la Constituci&oacute;n quienes han de fijar el contenido del "coto vedado". La limitaci&oacute;n de la actividad del <i>homo suffragans</i> no es el resultado de una autosujeci&oacute;n del tipo de las restricciones&#45;Ulises, sino que es algo que es impuesto desde afuera. Son estas limitaciones externas las que hacen viable la vigencia del "principio de la mayor&iacute;a" e impiden el suicidio de la democracia como consecuencia de lo que James M. Buchanan llamara "el apetito de las coaliciones mayoritarias".<a href="#notas"><sup>8</sup></a> Por ello, se preguntaba, con raz&oacute;n:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Puede el hombre moderno, en la sociedad democr&aacute;tica occidental, inventar o conseguir suficiente control sobre su propio destino como para imponer restricciones a su propio gobierno, restricciones que puedan impedir su transformaci&oacute;n en un genuino soberano hobbesiano?<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La respuesta que el dise&ntilde;o democr&aacute;tico constitucional da a esta pregunta es la formulaci&oacute;n de restricciones constitucionales y la creaci&oacute;n de los llamados tribunales supremos y/o constitucionales encargados de asegurar la vigencia de aqu&eacute;llas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">10. En toda democracia entendida como una persona un voto, es decir, guiada por el criterio de decisi&oacute;n por mayor&iacute;a, el problema es &iquest;qu&eacute; hacer con el pueblo? &iquest;c&oacute;mo controlar sus decisiones de forma tal que, respetando el procedimiento democr&aacute;tico, no se llegue a resultados antidemocr&aacute;ticos? Las constituciones modernas (tambi&eacute;n la americana) han establecido dos tipos de frenos a la decisi&oacute;n por mayor&iacute;a: 1) la formulaci&oacute;n de un <i>Bill of Rights</i> (coto vedado, cat&aacute;logo de derechos fundamentales) inviolable y 2) organos judiciales de control de no violaci&oacute;n de estos derechos. Pero en la formulaci&oacute;n de estos derechos, el pueblo estuvo ausente (tanto en los Estados Unidos como en la Rep&uacute;blica Federal de Alemania), en buena parte debido a la desconfianza por parte de los propios padres de la Constituci&oacute;n. En el caso alem&aacute;n, los 65 padres de la Constituci&oacute;n ni siquiera sometieron a referendum popular la Ley Fundamental, sino que tan s&oacute;lo requirieron la aprobaci&oacute;n de los dos tercios de los parlamentos de los Estados federados <i>(L&auml;nder).</i> Su formulaci&oacute;n no fue, pues, democr&aacute;tica. Pero &eacute;ste es un hecho hist&oacute;rico que no tiene mayor relevancia te&oacute;rica. Lo importante es tener en cuenta que (a menos que se acepte la analog&iacute;a con las restricciones&#45;Ulises, algo muy dificil de sostener, como lo demuestran los intentos fallidos de Rousseau con su ciudadano ang&eacute;lico, los de Hume con el ciudadano simp&aacute;tico, los de John Rawls y Brian Barry con ciudadanos razonables y los de Amy Gutman con personas deliberativas), la determinaci&oacute;n del contenido del "coto vedado" no puede ser funci&oacute;n del parlamento por razones conceptuales: estos derechos fundamentales inviolables son justamente los que trazan el l&iacute;mite de lo moralmente aceptable en la deliberaci&oacute;n y en la toma de decisiones democr&aacute;ticas. Negar que tal es el caso es ignorar la diferencia que existe entre pol&iacute;tica constitucional y pol&iacute;tica parlamentaria. Es aqu&eacute;lla la que determina las restricciones que esta &uacute;ltima requiere para no sucumbir a la tentaci&oacute;n de la dictadura mayoritaria. Quien conf&iacute;a en la posibilidad de una autolimitaci&oacute;n de la mayor&iacute;a comparte la creencia del infortunado bar&oacute;n que pretend&iacute;a salir del pantano tir&aacute;ndose de sus cabellos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">11.&nbsp;En sociedades democr&aacute;ticas afianzadas, la fidelidad de los jueces a la Constituci&oacute;n es un hecho emp&iacute;ricamente comprobable y reiterado, y la <i>communis opinio</i> responde tambi&eacute;n a una actitud de lealtad constitucional. Existe en ellas lo que suele ser llamado una "cultura c&iacute;vica" <i>(civic culture),</i> en el sentido de Gabriel A. Almond y Sydney Verba. Las correcciones que el tribunal supremo pueda introducir en las medidas del Ejecutivo o del Legislativo son aceptadas entonces como expresi&oacute;n de una restricci&oacute;n constitucional, como "un medio mediante el cual la voluntad del pueblo asegura su propio ejercicio responsable".<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">12.&nbsp;Muy diferente es la situaci&oacute;n en el caso de sociedades que experimentan un proceso de transici&oacute;n hacia la democracia, o que carecen de tradici&oacute;n democr&aacute;tica, o el proceso de transici&oacute;n ha conducido a un r&eacute;gimen de democracia imperfecta o deficitaria.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">13.&nbsp;Por lo pronto, todo fen&oacute;meno de transici&oacute;n significa el abandono de las reglas b&aacute;sicas del sistema totalitario o dictatorial y la adopci&oacute;n de reglas b&aacute;sicas democr&aacute;ticas. Pero si la transici&oacute;n es entendida como proceso, es obvio que esta sustituci&oacute;n es llevada a cabo paulatinamente en el sentido de que el r&eacute;gimen de transici&oacute;n conserva reglas y/o instituciones del sistema anterior que contradicen total o parcialmente las nuevas reglas y/o instituciones democr&aacute;ticas que se incorporan. Aplicando una met&aacute;fora, podr&iacute;a decirse que el r&eacute;gimen de transici&oacute;n se encuentra en un estado de enfermo convalesciente, es decir, de salud inestable.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">14.&nbsp;Esta salud inestable es la consecuencia no s&oacute;lo de la pervivencia de elementos normativos del sistema anterior, sino tambi&eacute;n de la composici&oacute;n personal de los organismos de "control de calidad". Lo primero suele dificultar la identificaci&oacute;n de las reglas que definen la identidad del sistema y, por definici&oacute;n, su estabilidad; lo segundo reduce la confiabilidad de los organismos de control. Esto &uacute;ltimo es lo que Bruce Ackerman ha llamado "baja capacidad burocr&aacute;tica" de los reg&iacute;menes de transici&oacute;n. La burocracia estatal y los tribunales de justicia "est&aacute;n dominados por representantes del viejo r&eacute;gimen, que pueden f&aacute;cilmente sabotear la implementaci&oacute;n de las nuevas pol&iacute;ticas".<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">15.&nbsp;Si en las sociedades democr&aacute;ticas afianzadas existe (en mayor o menor medida) una cultura c&iacute;vica, los reg&iacute;menes de transici&oacute;n suelen moverse en un ambiente que conserva no pocos rasgos de la cultura pol&iacute;tica totalitaria: identificaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico con impunidad y pr&aacute;ctica generalizada de comportamientos corruptos. Quien con mayor claridad expuso esta situaci&oacute;n fue el capomafia argentino Alfredo Yabr&aacute;n, suicidado el 20 de mayo de 1998, y vinculado con las altas esferas gubernamentales. En mayo de 2001, el relator especial de la ONU sobre independencia judicial, Param Cumaraswamy, inform&oacute; que en M&eacute;xico la Administraci&oacute;n de Justicia hab&iacute;a alcanzado un grado tal de corrupci&oacute;n que el 98% de los delitos quedan sin castigo.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Tambi&eacute;n en pa&iacute;ses con una aceptable tradici&oacute;n democr&aacute;tica, como Costa Rica, el problema de la impunidad sigue siendo motivo de preocupaci&oacute;n. En abril de 2002, el presidente Abel Pacheco, afirmaba:</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">la ra&iacute;z m&aacute;s fuerte de la corrupci&oacute;n se llama impunidad y en este pa&iacute;s los delincuentes pagan una baja fianza y andan libres o los dejan escaparse tranquilamente. He propuesto que un juez que permita la salida de un delincuente en situaciones misteriosas sea juzgado y condenado por mala pr&aacute;ctica. Debe haber un tribunal especializado en manejar los delitos de corrupci&oacute;n. La corrupci&oacute;n es el problema principal que hay que corregir en este pa&iacute;s y debemos brindar un ejemplo de modestia, decencia y honestidad.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el informe del <i>Corruption Perceptions Index 2001,</i> existen "altos grados de corrupci&oacute;n percibida en los pa&iacute;ses en transici&oacute;n, en particular en la ex Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica". En un &iacute;ndice de clasificaci&oacute;n de 1 a 10 (de mayor a menor grado de corrupci&oacute;n percibida en los funcionarios y pol&iacute;ticos), Argentina obtuvo la nota 3.5<sup><a href="#notas">15</a></sup>; Venezuela, 2.8; Honduras, 2.7; Bolivia, 2.0; Ucrania, 2.1; Azerbaijan, 2.0. Los menos corruptos fueron Finlandia (9.9) y Dinamarca (9.5). En general, en este &iacute;ndice se muestra muy claramente una correlaci&oacute;n entre consolidaci&oacute;n de la democracia y corrupci&oacute;n: a mayor consolidaci&oacute;n, menor corrupci&oacute;n y viceversa.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un amargamente ir&oacute;nico ensayo, Arnaldo Kraus se preguntaba hace unos a&ntilde;os si M&eacute;xico podr&iacute;a funcionar sin el soborno. Su respuesta:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parto de la idea de que el vicio de la corrupci&oacute;n es un mal a&ntilde;ejo en nuestro medio: se nace y se crece con &eacute;l y en &eacute;l. Lo a&ntilde;ejo es similar a la herencia: es infranqueable. &#91;...&#93; El cohecho en M&eacute;xico es universal: existe en las altas esferas gubernamentales, en la iniciativa privada, en las calles, en las escuelas, en los espect&aacute;culos. En todo. Tan arraigado se encuentra &#91;...&#93; que muchas actividades no podr&iacute;an funcionar sin &eacute;l: su existencia es indispensable.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la introducci&oacute;n a un libro que lleva el sugestivo t&iacute;tulo <i>A la puerta de la ley. El Estado de derecho en M&eacute;xico,</i> editado por H&eacute;ctor Fix Fierro en 1994, se dice:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es casualidad que los mexicanos veamos a la ley como algo relativo, siempre sujeto a vaivenes y cambios seg&uacute;n soplen los vientos. M&eacute;xico cuenta con leyes, pero no es un cabal Estado de derecho.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el otro extremo de Am&eacute;rica Latina, en la Argentina, carlos S. Nino no encontr&oacute; mejor f&oacute;rmula para describir su realidad nacional que la de <i>Un pa&iacute;s al margen de la ley. <sup><a href="#notas">18</a></sup></i></font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1999, Guillermo O'Donnell, posiblemente el m&aacute;s agudo observador de la realidad pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dica de Am&eacute;rica Latina, consideraba que en el subcontinente:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">la realizaci&oacute;n de una democracia plena que incluya el <i>rule of law</i> democr&aacute;tico es un objetivo urgente &#91;...&#93; inmenso y manifiestamente distante.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">16. En el caso de las democracias en transici&oacute;n deficiente (muchos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y no pocos de Europa Oriental), la tarea que en las democracias afianzadas suele atribuirse al tribunal constitucional, es decir, "perfeccionar la democracia"<sup><a href="#notas">20</a></sup>, suele tropezar con graves obst&aacute;culos. Ellos son, por lo menos, los siguientes: 1) en estos pa&iacute;ses existe una "incierta tradici&oacute;n de independencia judicial". Para el caso de los pa&iacute;ses del ex Bloque Oriental, vale la siguiente observaci&oacute;n de Ackerman: "Para decirlo suavemente, ser juez no era bajo el comunismo una posici&oacute;n que otorgara un status social alto."<sup><a href="#notas">21</a></sup> Muy otra era la situaci&oacute;n en los Estados Unidos visitados por Alexis de Tocqueville: los jueces norteamericanos pose&iacute;an un enorme poder pol&iacute;tico porque ten&iacute;an (y tienen) el derecho de fundamentar sus decisiones en la constituci&oacute;n m&aacute;s que en las leyes. Es decir, pod&iacute;an no aplicar las leyes que juzgaban inconstitucionales. En los Estados Unidos, observaba Tocqueville, cuando se invoca ante el juez una ley que &eacute;ste considera contraria a la constituci&oacute;n, puede negarse a aplicarla. Y dado que toda ley, por lo general, afecta alg&uacute;n inter&eacute;s particular, despu&eacute;s de un largo tiempo casi todas ellas han sido sometidas al examen judicial. cuando alguna ley no es aplicada, ella pierde parte de su fuerza moral y quienes se sientan afectados por ella iniciar&aacute;n nuevos procesos hasta que no quede otra alternativa que la de cambiar la constituci&oacute;n o cambiar la ley. En Am&eacute;rica Latina, los datos disponibles sobre la impunidad en muchos de sus pa&iacute;ses testimonian la falta de autonom&iacute;a judicial en el subcontinente. 2) Desde el punto de vista institucional, esta falta de autonom&iacute;a se manifiesta en una politizaci&oacute;n de la justicia cuya funci&oacute;n ha solido y suele reducirse a convalidar sin reservas las acciones del gobierno. La interrupci&oacute;n de esta firme tradici&oacute;n es lo que explica el actual conflicto entre el gobierno argentino y la Suprema corte. Sobre cada uno de los nueve miembros de la corte pesa actualmente un promedio de 15 solicitudes de juicio pol&iacute;tico. En caso de que prospere el juicio pol&iacute;tico decidido el 5 de febrero de 2002, ello se deber&aacute; probablemente no tanto a razones de idoneidad sino al hecho de que la corte fall&oacute; en contra del "corralito" creado por el decreto 1570/01.<sup><a href="#notas">22</a></sup> Lo &uacute;nico que est&aacute; en juego ahora es saber hasta qu&eacute; punto la corte estar&aacute; dispuesta a retormar la senda de obediencia al Ejecutivo. En el Per&uacute; de Fujimori, en 1997, los magistrados del Tribunal constitucional que declararon inconstitucional la reelecci&oacute;n de este inefable presidente fueron destituidos de sus cargos por "acusaci&oacute;n constitucional". Los afectados recurrieron entonces a la corte interamericana de Derechos Humanos, la que "determin&oacute; la violaci&oacute;n por el Estado Peruano de los art&iacute;culos 1, 2 y 8 de la convenci&oacute;n Americana de Derechos Humanos, estableciendo en su sentencia la obligaci&oacute;n de dicho Estado de reponer a los magistrados afectados, lo que fue acatado por el presidente posterior a Fujimori, &#91;...&#93; Valent&iacute;n Paniagua.<sup><a href="#notas">23</a></sup> 3) iniciado el proceso de transici&oacute;n, las fuerzas democr&aacute;ticas tienen que contar en gran medida con el aparato judicial recibido para iniciar su alejamiento del r&eacute;gimen totalitario o autoritario. Desde luego, es posible sustituir algunos jueces, pero no una reestructuraci&oacute;n total del aparato judicial. Esto es lo que pas&oacute; en la Rep&uacute;blica Federal de Alemania despu&eacute;s de 1949 y en la ex Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana despu&eacute;s de la reunificaci&oacute;n. Lo mismo vale para el caso de la Argentina post Proceso. con respecto al caso alem&aacute;n despu&eacute;s de 1949, la actitud de la corte Federal de justicia constituye un episodio lamentable de falta de recuperaci&oacute;n democr&aacute;tica. Ulrich Klug public&oacute; en 1987 un excelente trabajo sobre "La valoraci&oacute;n jur&iacute;dica de la criminalidad nazi en la jurisprudencia de la Corte Federal de Justicia".<sup><a href="#notas">24</a></sup> Klug se refiere especialmente al tratamiento judicial de los jueces que integraron la llamada "Corte de Justicia del Pueblo" nazi. La ineficacia de la Corte Federal es puesta de manifiesto en un detallado an&aacute;lisis. Las conclusiones de Klug no pueden ser m&aacute;s desalentadoras por lo que respecta a la labor de este tribunal:</font></p>              <blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, en la jurisprudencia de los tribunales penales de la Rep&uacute;blica Federal de Alemania debe haber algo que &#45;dicho suavemente&#45; no est&aacute; en orden, ya que hasta ahora ning&uacute;n juez de la corte de Justicia del Pueblo que participara en esta justicia del terror ha sido condenado por asesinato, a pesar de que estos hechos no han prescripto y mientras tanto han pasado cuarenta a&ntilde;os.<sup><a href="#notas">25</a></sup></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando uno reflexiona acerca de esta sorprendente y extrema mesura de la justicia penal, no puede dejar de constatar que aqu&iacute; se ha producido un silenciamiento de la criminalidad de la justicia nazi.<sup><a href="#notas">26</a></sup></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No puede negarse que mucho es lo que se ha dejado de hacer en los cuatro decenios pasados. M&aacute;s de 5.000 v&iacute;ctimas judiciales de la 'Corte de Justicia del Pueblo' y m&aacute;s de 10.000 personas asesinadas por los dem&aacute;s 'tribunales' reclaman justicia. Esto ya no puede ser 'superado', pero nadie deber&iacute;a acallarlo u olvidarlo, y una reacci&oacute;n tard&iacute;a podr&iacute;a &#151;ahora al igual que en el futuro&#151; promover la conciencia de la validez de los derechos humanos, una validez que nuevas violaciones pueden afectar f&aacute;ctica, pero no idealmente.<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">17. &iquest;Significa esto que con este personal judicial es imposible el establecimiento de un r&eacute;gimen democr&aacute;tico? A primera vista, parecer&iacute;a que la respuesta tiene que ser una decidida afirmaci&oacute;n de imposibilidad institucional. Sin embargo, la experiencia hist&oacute;rica demuestra lo contrario. En Alemania se dio tambi&eacute;n el caso de paradigm&aacute;ticos juristas nazis, como Theodor Maunz, que se convirtieron en constitucionalistas democr&aacute;ticos que, con el tiempo formar&iacute;an disc&iacute;pulos, como Roman Herzog, quien fuera presidente del Tribunal Constitucional alem&aacute;n y pen&uacute;ltimo presidente de la Rep&uacute;blica Federal. Y alg&uacute;n llamado "juez&#45;servilleta" argentino<sup><a href="#notas">28</a></sup> puede convertirse en peligrosa amenaza judicial para quienes lo incluyeron en la lista de jueces confiables de un gobierno corrupto. Menem sufre los efectos de esta conversi&oacute;n. Siempre es posible el paso de Saulo a Pablo (siempre que Saulo no sea Carlos Saulo, claro est&aacute;). M&aacute;s a&uacute;n: el paso es frecuente cuando se dan ciertas circunstancias ambientales necesarias. Estas son, entre otras: 1) la existencia de un grupo significativo de magistrados y miembros de los poderes Ejecutivo y Legislativo que practiquen su adhesi&oacute;n a la Constituci&oacute;n. Como lo fundamental es la correcci&oacute;n constitucional de la decisi&oacute;n judicial, puede perfectamente suceder que una parte del poder judicial sea en un primer momento hip&oacute;critamente democr&aacute;tica, y que luego, lo que comenz&oacute; como hipocres&iacute;a, se convierta en convicci&oacute;n aut&eacute;ntica. No pocas veces en la g&eacute;nesis de la moral personal hay un acto inicial de hipocres&iacute;a. Como dec&iacute;a Kant, "las personas son, en general, cuanto m&aacute;s civilizadas tanto m&aacute;s actores teatrales: adoptan la apariencia del afecto, del respeto a los dem&aacute;s, de la decencia, de la generosidad, sin por ello enga&ntilde;ar a nadie; pues cualquiera se da cuenta de que aqu&iacute; no hay sinceridad y est&aacute; muy bien que as&iacute; ande el mundo. Pues si las personas juegan este papel, terminar&aacute;n adquiriendo poco a poco y enraizando en su car&aacute;cter las virtudes que durante un cierto tiempo simularon."<sup><a href="#notas">29</a></sup> 2) Que el proceso de transici&oacute;n vaya acompa&ntilde;ado de un afianzamiento de los presupuestos econ&oacute;micos y sociales de la democracia, es decir, la existencia de una sociedad econ&oacute;micamente homog&eacute;nea, no excluyente. 3) Que el ciudadano com&uacute;n perciba la existencia de 1) y viva una realidad que satisface 2). S&oacute;lo as&iacute; estar&aacute; en condiciones de cultivar una "cultura c&iacute;vica". Como es sabido, esto sucedi&oacute; en la Rep&uacute;blica Federal de Alemania: en un lapso de unos 15 a&ntilde;os, la cultura pol&iacute;tica alemana pas&oacute; de una "cultura de s&uacute;bdito" <i>(subject&#45;culture),</i> propia de un r&eacute;gimen totalitario, a una cultura democr&aacute;tica participativa <i>(participant&#45;culture).</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">18. Una cuesti&oacute;n interesante es analizar hasta qu&eacute; punto la actividad de un tribunal supremo puede contribuir al establecimiento de una sociedad econ&oacute;micamente homog&eacute;nea, es decir, no excluyente. No son pocos quienes sostienen que se trata aqu&iacute; de una tarea eminentemente pol&iacute;tica que, por definici&oacute;n, le estar&iacute;a vedada al poder judicial. Creo que esta posici&oacute;n es falsa. Al respecto, dos ejemplos. En Espa&ntilde;a, en cuestiones vinculadas con el derecho fiscal, el Tribunal Constitucional rechaz&oacute; en una sentencia de 1981 el paradigma puramente formal y adopt&oacute; principios que respond&iacute;an a un paradigma material. Entend&iacute;a que la realizaci&oacute;n de un Estado social de derecho dispuesta en la Constituci&oacute;n requer&iacute;a tener en cuenta que "el poder constituyente ha establecido que en cuestiones impositivas no puede existir justicia sin progresividad e igualdad."<sup><a href="#notas">30</a></sup> Esto significaba ir m&aacute;s all&aacute; de una concepci&oacute;n puramente formal del Estado de derecho. En la Rep&uacute;blica Federal de Alemania, el art&iacute;culo 107 de la Ley Fundamental establece el llamado "equilibrio financiero horizontal" entre los Estados federados, es decir, una "igualizaci&oacute;n de la disparidad financiera de los Estados federados <i>(L&auml;nder)".</i> En una sentencia del 11 de noviembre de 1999, el Segundo Senado del Tribunal Constitucional Federal dispuso que el legislador federal est&aacute; obligado a concretar y complementar las disposiciones legales correspondientes contenidas en la ley de 1993 (que actualmente regula la equiparaci&oacute;n financiera de los <i>L&auml;nder)</i> antes del 31 de diciembre de 2004. En caso contrario, la ley actual ser&aacute; declarada anticonstitucional y nula a partir del 1&deg; de enero de 2005. La disposici&oacute;n constitucional es de importancia obvia por lo que respecta a la homogeneidad aproximada de los diferentes <i>L&auml;nder</i> en cuestiones vinculadas con su capacidad financiera para satisfacer sus exigencias presupuestarias. La obligaci&oacute;n impuesta por el Tribunal Constitucional apunta a la equiparaci&oacute;n de criterios para determinar los indicadores que deben ser tomados en cuenta en la planificaci&oacute;n presupuestaria y hacer m&aacute;s transparente la distribuci&oacute;n de fondos. Al igual que en el caso espa&ntilde;ol, se trata aqu&iacute; de una sentencia que apunta no s&oacute;lo a una igualdad formal entre los <i>L&auml;nder,</i> sino tambi&eacute;n material en el plano de la pol&iacute;tica financiera y econ&oacute;mica. De lo que se trata tambi&eacute;n es de asegurar una v&iacute;a eficaz para "igualar las diferentes capacidades econ&oacute;micas dentro del territorio federal". (art. 104a, 4 LF).</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La experiencia de estos dos pa&iacute;ses demuestra que en la medida en que la sociedad se vuelve m&aacute;s homog&eacute;nea social y econ&oacute;micamente, aumenta tambi&eacute;n la confianza en la democracia. Tal es lo que sucedi&oacute; en las transiciones espa&ntilde;ola y alemana. En ambos casos, los tribunales constitucionales jugaron un papel importante como promotores de una igualdad material.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">19. Esto no significa, por cierto, afirmar que la democracia tiene que asegurar el &eacute;xito econ&oacute;mico. Lo &uacute;nico que sostengo es que un r&eacute;gimen pol&iacute;tico que promueve la exclusi&oacute;n y la heterogeneidad socio&#45;econ&oacute;mica no satisface una condici&oacute;n necesaria para el afianzamiento de la democracia. Una forma de gobierno en donde los ricos ejercen el poder sin que los pobres participen de &eacute;l es un gobierno olig&aacute;rquico. La definici&oacute;n no es m&iacute;a sino de Plat&oacute;n.<sup><a href="#notas">31</a></sup> Me parece una buena definici&oacute;n aplicable a muchos de los pa&iacute;ses cuyos gobiernos proclaman haber emprendido la v&iacute;a de la transici&oacute;n democr&aacute;tica. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe de Merrill Lynch, en Am&eacute;rica Latina, el principal grupo de los magnates logr&oacute; reunir 26 mil millones de d&oacute;lares, suma que equivale al ingreso de 430 millones de pobres durante 63.000 a&ntilde;os. No puede sorprender por ello que una encuesta elaborada por Latinobar&oacute;metro revele un pronunciado descenso respecto del apoyo a la democracia en casi todo el subcontinente. El caso extremo es el del Paraguay, donde una efectiva mayor&iacute;a sostiene que ser&iacute;a preferible un gobierno autoritario a una democracia.<sup><a href="#notas">32</a></sup> Seg&uacute;n la encuesta, el descontento por el funcionamiento de la democracia tiene mucho que ver con la reiterada debilidad econ&oacute;mica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">20. De lo aqu&iacute; expuesto, &iquest;qu&eacute; recomendaciones concretas pueden inferirse con respecto al papel del poder judicial en una transici&oacute;n hacia la democracia?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pienso que cautelosamente puede decirse lo siguiente:</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) Dado que en la gran mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses que se encuentran en proceso de transici&oacute;n, sus sociedades est&aacute;n caracterizadas por su heterogeneidad socio&#45;econ&oacute;mica, heterogeneidad que, por otra parte, suele estar constitucionalmente prohibida, una funci&oacute;n esencial de los jueces de tribunales supremos tiene que ser, si se quiere que sean los garantes de la calidad democr&aacute;tica de las decisiones pol&iacute;ticas, la adopci&oacute;n de un paradigma material en la interpretaci&oacute;n de los principios constitucionales, especialmente de aquellos vinculados con la igualdad, es decir, la no discriminaci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ello promueve su confiabilidad y consolida la confianza en las instituciones proclamadamente democr&aacute;ticas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) El control de calidad democr&aacute;tica ha de limitarse a aquellas cuestiones vinculadas con los principios b&aacute;sicos del sistema, es decir, no debe intervenir en aquellas que constitucionalmente est&aacute;n libradas a la negociaci&oacute;n y el compromiso de los partidos pol&iacute;ticos que integran el parlamento. una cosa es la aplicaci&oacute;n de un paradigma material de igualdad y otra la intervenci&oacute;n en asuntos decidibles de acuerdo con el principio de mayor&iacute;a. Control de calidad democr&aacute;tica no significa juridizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) Es obvio que el poder judicial puede asumir estas tareas si y s&oacute;lo si no depende en sus decisiones de imposiciones pol&iacute;ticas, provengan &eacute;stas del Legislativo o del Ejecutivo. La independencia del poder judicial es por ello tambi&eacute;n una resultante de la forma de elecci&oacute;n de sus miembros. He sugerido cu&aacute;l puede ser un m&eacute;todo aceptable de designaci&oacute;n. Mis propuestas se basan en la experiencia de transiciones exitosas como la espa&ntilde;ola y la alemana. Por lo que respecta a estrategias de transici&oacute;n no es aconsejable pretender reinventar la rueda de dise&ntilde;os institucionales.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">21.&nbsp;Si se dejan de lado estas recomendaciones, las consecuencias previsibles son las siguientes:</font></p>              <blockquote>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) La falta de confiabilidad judicial estimular&aacute; la aparici&oacute;n de arreglos parainstitucionales encargados de la distribuci&oacute;n de cargas y beneficios al margen del orden constitucional proclamado. Es lo que se llama mafia pol&iacute;tico&#45;econ&oacute;mica: como no vale la pena tomar en serio la Constituci&oacute;n, ni siquiera se da la posibilidad de la decisi&oacute;n hip&oacute;critamente constitucional de los jueces; como la sociedad es heterogeneamente excluyente, el ciudadano com&uacute;n opta o bien por la estrategia del naufragio &#45;mantener la autoinclusi&oacute;n a costa de la exclusi&oacute;n del pr&oacute;jimo&#45;, o bien por la conservaci&oacute;n del clientelismo pol&iacute;tico y la adhesi&oacute;n a l&iacute;deres carism&aacute;ticos vivientes o difuntos, con lo que refuerza su cultura de s&uacute;bdito. El regimen de transici&oacute;n no se encuentra entonces en situaci&oacute;n de convalescencia, sino m&aacute;s bien de coma permanente.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) La juridizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica frustrar&aacute; la actividad parlamentaria y erosionar&aacute; el principio b&aacute;sico de la decisi&oacute;n seg&uacute;n el principio de mayor&iacute;a.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) La politizaci&oacute;n de la justicia en el momento de la designaci&oacute;n de sus miembros abrir&aacute; una amplia avenida para la corrupci&oacute;n.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">d) La suma de estas consecuencias estimular&aacute; en el ciudadano el deseo de salir del sistema, con lo que la transici&oacute;n se trabar&aacute; o se prolongar&aacute; indefinidamente.</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">22.&nbsp;Como estos factores se condicionan y alimentan rec&iacute;procamente, es dif&iacute;cil decir por d&oacute;nde comenzar. En muchos reg&iacute;menes de transici&oacute;n la Constituci&oacute;n no es tomada en serio y suele recurrirse a su frecuente reforma como pretexto dilatorio para no aplicar la existente, a la que se considera en permanente status de provisoriedad. As&iacute; lo debe haber pensado Francisco Vicente Bustos, gobernador de La Rioja (Argentina), quien en 1886 resolvi&oacute; reformar la Constituci&oacute;n de su provincia "para mostrarse interesado por la problem&aacute;tica institucional".<sup><a href="#notas">33</a></sup> Ricardo Mercado Luna reconstruye el siguiente di&aacute;logo &#151;digno de una novela de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez o de Alejo Carpentier&#151; entre el gobernador y su ministro de Gobierno, Teniente Coronel Ol&iacute;mpides Pereyra:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&#151;Por favor Ministro, prep&aacute;reme un proyecto declarando la necesidad de la reforma de la Constituci&oacute;n.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Pero si nosotros no la aplicamos Gobernador &#151;repuso sinceramente extra&ntilde;ado el Ministro&#45;militar.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Eso es otra cosa. Yo necesito un buen argumento contra los opositores que me acusan de despreocuparme de las cuestiones institucionales y legales."<sup><a href="#notas">34</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante veintid&oacute;s a&ntilde;os sesion&oacute; la Asamblea Constituyente riojana hasta terminar acordando una Constituci&oacute;n que no se diferenciaba substancialmente de la anterior y que, por supuesto, tampoco fue aplicada. Pero durante este lapso se puso peri&oacute;dicamente de manifiesto la importancia pol&iacute;tica de los constituyentes y su ret&oacute;ricamente proclamada fe en el poder conformador de las constituciones. un elocuente ejemplo de la ineficacia de las estrategias reformistas. Dejo librado a la imaginaci&oacute;n del lector y a su conocimiento de la historia constitucional latinoamericana el instructivo ejercicio de cambiar el nombre de los personajes y el lugar de los acontecimientos; me permito vaticinar que los resultados de la respectiva reforma no habr&aacute;n de diferenciarse substancialmente de los que ya preve&iacute;a ol&iacute;mpides Pereyra.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo caso, pienso que para un jurista democr&aacute;tico el grito de lucha deber&iacute;a ser: &iexcl;Basta de reformas, tomemos la Constituci&oacute;n en serio! Esto no es f&aacute;cil en un continente en donde hay fuertes indicios de que sigue vigente la c&iacute;nica frase del personaje de una memorable novela de Alejo Carpentier: "como decimos all&aacute;, la teor&iacute;a siempre se jode ante la pr&aacute;ctica" y 'jefe con cojones no se gu&iacute;a por papelitos' ".<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">23. Si se toma en serio la Constituci&oacute;n y se aceptan las consideraciones formuladas al comienzo en el sentido de la relevancia del poder judicial como garant&iacute;a de la vigencia de los principios constitucionales, no parece muy desacertado afirmar que la existencia de un r&eacute;gimen judicial de robusta autonom&iacute;a es condici&oacute;n necesaria para el establecimiento y afianzamiento de la democracia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute;s entonces pueda dejar de ser verdad en nuestra Am&eacute;rica la observaci&oacute;n formulada hace m&aacute;s de un siglo, en 1888, por Manuel Gonz&aacute;lez Prada:</font></p>              <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay un hecho revelador: reina mayor bienestar en las comarcas m&aacute;s distantes de las grandes haciendas, se disfruta de m&aacute;s orden y tranquilidad en los pueblos menos frecuentados por las autoridades.<sup><a href="#notas">36</a></sup></font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Aunque esta afirmaci&oacute;n vale para todo sistema pol&iacute;tico, habr&eacute; de referirme aqu&iacute; s&oacute;lo a reg&iacute;menes democr&aacute;ticos afianzados o en transici&oacute;n.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Con respecto al concepto de estabilidad, <i>Cfr.</i> Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s, "El concepto de estabilidad de los sistemas pol&iacute;ticos" en, del mismo autor, <i>Derecho, &eacute;tica y pol&iacute;tica,</i> Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1993, pp. 573&#45;609.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778019&pid=S1405-0218200300010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Thomas Hobbes, <i>De Corpore Politico,</i> en, del mismo autor, The English Works, Aalen, Scientia Verlag, 1966, vol. IV, p. 217.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778021&pid=S1405-0218200300010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> La llamada "cl&aacute;usula de eternidad" est&aacute; establecida, por ejemplo, en el art&iacute;culo 79 (3) de la Ley Fundamental alemana que reza: "No est&aacute; permitida ninguna modificaci&oacute;n de la presente Ley Fundamental que afecte la organizaci&oacute;n de la Federaci&oacute;n en <i>L&auml;nder,</i> o el principio de la participaci&oacute;n de los <i>L&auml;nder</i> en la legislaci&oacute;n, o los principios enunciados en los art&iacute;culos 1 y 20".</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> <i>Cfr.</i> Bruce Ackerman, <i>The Future of Liberal Revolution,</i> Yale University Press, New Heaven and London, 1992, p. 113.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778024&pid=S1405-0218200300010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Sigo aqu&iacute; las sugerencias de Bruce Ackerman.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> <i>Cfr.</i> Lawrence Sager, "The Domain of Constitutional Justice", en Larry Alexander (ed.), <i>Constitutionalism. Philosophical Foundations,</i> Cambridge: University Press 1998, p. 238.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778026&pid=S1405-0218200300010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Agust&iacute;n Jos&eacute; Men&eacute;ndez, <i>Justifying Taxes. Some Elements for a General Theory of Democratic Tax Law,</i> Dordrecht/Boston/London, Kluwer, 2001, p. 251.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778028&pid=S1405-0218200300010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> James M. Buchanan, <i>The Limits of Liberty. Between Anarchy and Leviathan,</i> The University of Chicago Press, Chicago, 1975, p. 151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778030&pid=S1405-0218200300010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup><i>&nbsp;Ibidem,</i> p. 162.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> <i>Cfr.</i> Jeremy Waldron, <i>Law and Disagreement,</i> Oxford University Press, Oxford, 1999, p. 260.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778033&pid=S1405-0218200300010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> A las democracias latinoamericanas se han aplicado &#45;con buenas razones&#45; los siguientes calificativos: no consolidadas, formales, delegativas, tuteladas, iliberales, degradadas, cleptocr&aacute;ticas, restringidas, incompletas.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Bruce Ackerman, <i>op. cit.,</i> p. 72.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> <i>Cfr. El Pa&iacute;s,</i> 28 de mayo de 2001, p. 9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778037&pid=S1405-0218200300010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> <i>Cfr. El Pa&iacute;s,</i> 9 de abril de 2002, p. 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778039&pid=S1405-0218200300010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> En el informe 2002, Argentina baj&oacute; su calificaci&oacute;n a 2.8. con respecto a la persecuci&oacute;n judicial de la corrupci&oacute;n en Argentina, es interesante recordar las recientes declaraciones del director de Pol&iacute;ticas de Transparencia de la Oficina Anticorrupci&oacute;n (OA): "La sensaci&oacute;n de impunidad tiene una base objetiva: desde la OA presentamos 500 denuncias, no hubo ni una condena y ninguna fue desestimada" <i>(Cfr. La Naci&oacute;n,</i> 29 de agosto de 2002, p. 9).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778041&pid=S1405-0218200300010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Arnoldo Kraus, "Soborno: mal end&eacute;mico", en <i>La Jornada,</i> M&eacute;xico DF, 4 de octubre de 1995, p. 14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778043&pid=S1405-0218200300010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> H&eacute;ctor Fix Fierro (ed.), <i>A la puerta de la ley. El Estado de derecho en M&eacute;xico,</i> Cal y arena, M&eacute;xico, 1994, p. 10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778045&pid=S1405-0218200300010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Buenos Aires, Emec&eacute;, 1992.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Guillermo O'Donnell, "Polyarchies and the (Un)Rule of Law in Latin America", en Juan E. M&eacute;ndez, Guillermo O'Donnell y Paulo S&eacute;rgio Pinheiro (eds.), <i>The (Un)Rule of Law &amp; the Underprivileged in Latin America,</i> University of Notre Dame Press, Notre Dame, Indiana, 1999, p. 326.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778048&pid=S1405-0218200300010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> <i>Cfr.</i> Lawrence Sager, <i>op. cit.,</i> p. 265.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Bruce Ackerman, <i>op. cit.,</i> p. 100 y ss.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Entre las imputaciones dirigidas contra los jueces de la corte destacan: asociaci&oacute;n il&iacute;cita, traici&oacute;n a la patria, incompetencia &eacute;tica y moral, abuso de autoridad y prevaricato. conviene, sin embargo, tener en cuenta que el enfrentamiento del Poder Ejecutivo con la corte es de naturaleza pol&iacute;tico&#45;econ&oacute;mica. En efecto, seg&uacute;n fuentes bien informadas, el Gobierno habr&iacute;a sugerido a los jueces que podr&iacute;a intentar "frenar" el enjuiciamiento siempre y cuando la corte dispusiera, por ejemplo, que una medida cautelar en favor del ahorrista "acorralado" no implica la devoluci&oacute;n del dinero sino que &eacute;ste deber&aacute; quedar depositado en una cuenta bancaria hasta la finalizaci&oacute;n del juicio <i>(Cfr. La Naci&oacute;n,</i> 23 de marzo de 2002, p. 10).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778052&pid=S1405-0218200300010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> En octubre de 2002 parece sumamente probable que el Partido Justicialista logre en la c&aacute;mara de Diputados archivar el juicio pol&iacute;tico atendiendo as&iacute; a las presiones del Gobierno y satisfaciendo las exigencias de "seguridad jur&iacute;dica" en las que insiste el FMi. Dicho con otras palabras, la parad&oacute;jica consigna reza: "a la seguridad jur&iacute;dica a trav&eacute;s de la impunidad de la corte". <i>Cfr. Clar&iacute;n,</i> 3 de octubre de 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778053&pid=S1405-0218200300010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> <i>Cfr.</i> Humberto Nogueira Alcal&aacute;, "La defensa de la constituci&oacute;n, los modelos de control de constitucionalidad y las relaciones y tensiones de la judicatura ordinaria y los tribunales constitucionales en Am&eacute;rica del Sur", en <i>Contribuciones,</i> Buenos Aires, N&deg; 3/2002, p. 228.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778055&pid=S1405-0218200300010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Ulrich Klug, <i>Problemas de la filosof&iacute;a del derecho y de la pragm&aacute;tica del derecho,</i> versi&oacute;n castellana de Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s, Alfa, Barcelona, 1989, pp. 149&#45;174.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778057&pid=S1405-0218200300010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Ulrich Klug, <i>op. cit.,</i> p. 150.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Ulrich Klug, <i>op. cit.,</i> p. 151.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Ulrich Klug, <i>op. cit,</i> p&aacute;g. 174.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> La expresi&oacute;n "juez servilleta" se usa en Argentina para designar aquellos jueces cuyos nombres fueron anotados en un bar de Buenos Aires en una servilleta de papel por uno de los adl&aacute;teres de Carlos Menem. Se trataba de magistrados en los que el gobierno pod&iacute;a "confiar".</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> Immanuel Kant, "Antropologie in pragmatischer Hinsicht" en del mismo autor <i>Werke,</i> 6 vols., Darmstadt, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1964, vol. VI, p. 442.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778063&pid=S1405-0218200300010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> <i>Cfr.</i> Agust&iacute;n Jos&eacute; Men&eacute;ndez, <i>op. cit.,</i> p. 252.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup><i> Cfr.</i> Plat&oacute;n, <i>La Rep&uacute;blica,</i> 550 d.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup><i> Cfr. La Naci&oacute;n,</i> 11 de agosto de 2001, p. 4.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup><i> Cfr.</i> Ricardo Mercado Luna, <i>Solitarias historias del siglo que nos deja,</i> Canguro, La Rioja, 1998, p. 15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778068&pid=S1405-0218200300010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> <i>Ib&iacute;dem, op. cit.</i></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> Alejo Carpentier <i>El recurso del m&eacute;todo,</i> Siglo XXI, Madrid, 1976, p. 31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778071&pid=S1405-0218200300010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> Manuel Gonz&aacute;lez Prada, "Nuestros indios" en Manuel Gonz&aacute;lez Prada, <i>P&aacute;ginas libres. Horas de lucha,</i> Ayacucho, Caracas, 1987, p. 343.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4778073&pid=S1405-0218200300010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      ]]></body><back>
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