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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="Verdana" size="4">Obituario</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Recordando al doctor Jacobo G&oacute;mez Lara</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hugo Eduardo Sol&iacute;s</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Ciencias B&aacute;sicas. Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Azcapotzalco. Avenida San Pablo 180, Azcapotzalco, M&eacute;xico 02200, D.F.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegu&eacute; al Instituto de Qu&iacute;mica de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico en agosto de 1969. En aqu&eacute;l entonces estaba de viaje el doctor Jacobo G&oacute;mez Lara y hab&iacute;a cierta expectaci&oacute;n por su pronto regreso. Efectivamente, bast&oacute; el primer seminario que imparti&oacute; para que los alumnos de la nueva generaci&oacute;n nos di&eacute;ramos cuenta del porqu&eacute; de esa expectativa. Hombre joven, de 34 a&ntilde;os en ese momento, de hablar tranquilo pero fluido, amable, de ideas profundas, s&oacute;lido criterio, y una poco frecuente habilidad para relacionar los temas de investigaci&oacute;n en qu&iacute;mica inorg&aacute;nica y los que en ese momento se relacionaban con sus aspectos fundamentales. Lo mismo ocurri&oacute; durante el transcurso de la maestr&iacute;a en qu&iacute;mica inorg&aacute;nica (1973&#45;74) en la Facultad de Qu&iacute;mica de la Universidad de Guanajuato, en la cual el doctor G&oacute;mez Lara fung&iacute;a como coordinador acad&eacute;mico y, desde luego, como profesor de qu&iacute;mica inorg&aacute;nica. Durante el transcurso de cada semana, los catorce profesores integrantes de esa generaci&oacute;n de maestr&iacute;a nos la pas&aacute;bamos estudiando (el Huheey, el Cotton y Wilkinson, entre otros libros), analizando, discutiendo, y fomentando nuestras dudas, mas que resolvi&eacute;ndolas, en la espera del fin de semana que llegara Jacobo, y en un par de horas ocurr&iacute;a que se resolv&iacute;an las dudas, y adem&aacute;s, nos hac&iacute;a reflexionar sobre temas adicionales no expl&iacute;citamente planteados en los libros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tuve la oportunidad de desarrollar mi tesis de maestr&iacute;a en el laboratorio de qu&iacute;mica inorg&aacute;nica del Instituto de Qu&iacute;mica, a cargo de Jacobo, pero bajo la direcci&oacute;n del Dr. Ra&uacute;l Cetina (1920&#45;1999). A trav&eacute;s de aquellos a&ntilde;os tuve la oportunidad de percatarme de varias circunstancias: que en el laboratorio siempre hubo estudiantes j&oacute;venes en distintas etapas de formaci&oacute;n, Yolanda Falc&oacute;n y Raymundo Cea estaban haciendo sus tesis de Maestr&iacute;a, Juan Manuel Fern&aacute;ndez la de doctorado; Tel&eacute;sforo Jes&uacute;s Morales, Modesto Rodr&iacute;guez Pastrana, Hermilo Go&ntilde;i Cede&ntilde;o y Jorge H&eacute;ctor V&aacute;zquez Rojas desarrollaban sus tesis licenciatura, entre otros compa&ntilde;eros que ahora no logro recordar. Tambi&eacute;n era f&aacute;cil ver que Jacobo ten&iacute;a siempre tiempo para atender las preguntas de cualquier persona, fuera su estudiante o no. Ten&iacute;a siempre tiempo para conversar con quien se lo solicitara, fuera miembro del Instituto o no. Era muy f&aacute;cil ver que su presencia atra&iacute;a profesores, alumnos, visitantes, colegas, trabajadores universitarios, etc. Los estudiantes, los visitantes, los preguntones y dem&aacute;s, proven&iacute;amos de la ciudad y de las provincias, de la naci&oacute;n y de otras naciones.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El entusiasmo de Jacobo G&oacute;mez Lara por la ense&ntilde;anza y difusi&oacute;n de la qu&iacute;mica en general, y de la qu&iacute;mica inorg&aacute;nica en particular, no tuvo l&iacute;mites. Particip&oacute; activamente en la gesti&oacute;n para la creaci&oacute;n de la maestr&iacute;a en qu&iacute;mica inorg&aacute;nica de la Universidad de Guanajuato, promovi&oacute; la creaci&oacute;n de la Academia Mexicana de Qu&iacute;mica Inorg&aacute;nica, de la cual fue Presidente en dos ocasiones, en la ocasi&oacute;n de su fundaci&oacute;n (1981) y en 1991. Adem&aacute;s, se interes&oacute; por escribir textos que cumplieran con la misi&oacute;n de divulgaci&oacute;n, y tradujo o revis&oacute; traducciones de libros de texto que tuvieron impacto en la educaci&oacute;n qu&iacute;mica. Durante muchos a&ntilde;os, hasta el viernes anterior al domingo que falleci&oacute;, estuvo relacionado con los programas de difusi&oacute;n de la ciencia (domingos en la ciencia) de la Academia Mexicana de Ciencias (antes Academia de la Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica). Deseo destacar el hecho de que la <i>Sociedad Qu&iacute;mica de M&eacute;xico</i> le otorgara en 1986 el Premio Andr&eacute;s Manuel del R&iacute;o como reconocimiento a su labor acad&eacute;mica. Sin embargo, Jacobo no era solamente un reconocido cient&iacute;fico, un espl&eacute;ndido docente y un entusiasta difusor de la qu&iacute;mica: era un orientador y sembrador de vocaciones. Su pl&aacute;tica fluida y la profundidad de sus expresiones induc&iacute;an al oyente a continuar el hilo de sus pensamientos, como ocurre cuando uno asiste a la exhibici&oacute;n de una buena pel&iacute;cula, y se queda con la sensaci&oacute;n del discurso inacabado, y que uno mismo es el destinado a terminarlo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jacobo era un ser social. Su trato con cuantos le rodeaban resultaba c&aacute;lido, amigable y enriquecedor. Viv&iacute;a en el presente y era capaz de descubrir las razones de los fen&oacute;menos que ocurr&iacute;an en la sociedad en cada momento. La disecci&oacute;n que hac&iacute;a de las vivencias sociales era tan completa como la que hacen los libros de historia acerca de los fen&oacute;menos sociales en otras &eacute;pocas. Por supuesto que le toc&oacute; vivir activamente movimientos sociales, en particular, los que han ocurrido en la Universidad Nacional desde su &eacute;poca de estudiante en la entonces Escuela Nacional de Ciencias Qu&iacute;micas, en 1952, hasta los actuales momentos de desencuentro entre los diferentes actores del conflicto universitario.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &aacute;rbol bueno da frutos buenos, dice la Biblia, y Jacobo fue un &aacute;rbol de gran sombra a juzgar por la cantidad de estudiantes y profesores que solicitamos y recibimos su gu&iacute;a, su compa&ntilde;erismo y su amistad.</font></p>      ]]></body>
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