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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Reseñas</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</P>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>¿Qué fue del buen  samaritano? Naciones ricas, políticas pobres,</i></b> <b>Ha&#150;Joon  Chang</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</P>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Fernando López  Castellano</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</P>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b> Madrid, Intermón Oxfam,  2008, 251 pp.</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</P>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Economía  Aplicada, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de  Granada.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/prode/v40n157/a9i1.jpg"></P>     <p align="center">&nbsp;</P>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La globalización ha incumplido  sus promesas: África ha sido explotada, Latinoamérica decepcionada y sólo el  este asiático —que había ignorado las recetas del Consenso de Washington— tuvo  un relativo éxito (Stiglitz, 2006). En los años ochenta, los estados africanos  recibieron ayuda condicionada a un ajuste estructural que tuvo un costo social  muy alto. En los noventa, la ayuda se condicionó a la "gobernabilidad", que  incluía la democratización, la supresión de la corrupción y la transparencia. El  resultado fue un "falso" proceso democratizador, que dio lugar a una  conformación social y que Mbembe llama "gobierno privado indirecto". En América  Latina han aumentado los desequilibrios externos y la concentración de la  riqueza en el interior. La baja calidad institucional se manifiesta en una  burocracia y un sistema legal ineficaces y en una escasa credibilidad estatal y  gubernamental, a su vez intrínsecamente vinculadas a las deficiencias en el  desarrollo del Estado y a las agudas desigualdades socioeconómicas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los fracasos de las "buenas  políticas" y el "buen gobierno" ponían de manifiesto las patologías y las  carencias de la teoría económica neoclásica, incapaz de entender la problemática  del desarrollo y de explicar el proceso de cambio económico. Tales evidencias  deberían hacer reflexionar a todo un "confuso" grupo de tecnócratas sobre las  supuestas bondades de una estrategia de desarrollo sustentada en el mantra de la  filosofía económica neoliberal: desregulación, liberalización y privatización  (Rodrik, 2006).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, las  reflexiones del profesor Ha&#150;Joon Chang, de la Universidad de Cambridge,  constituyen una valiosa aportación al debate sobre el desarrollo. Apoyado en un  gran aparato documental, y con base en la experiencia histórica de los países  industrializados, ha llegado a conclusiones muy impactantes acerca del dilema  que tanto había inquietado a autores como Olson (1996), es decir, cómo habían  prosperado los países ricos. De su investigación ha extraído una provocadora  observación: tras las </FONT><font face="verdana" size="2">recomendaciones en  materia económica e institucional de los "árbitros" de las "buenas políticas" y  el "buen gobierno" a los países en desarrollo, se esconde la intención de  retirarles la escalera hacia el progreso. Su ataque a la "ortodoxia",  representada por la agenda de "desarrollo" contenida en el Consenso de  Washington, alcanzó al corazón de la metodología neoclásica, con un embate  metodológico que rememora el <i>methodenstreit</i> decimonónico (Chang, 2004;  Chang y Grabel, 2006; López Castellano, 2007).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro que se reseña  explica por qué las naciones ricas recomiendan a los países subdesarrollados  estrategias que les alejan de la prosperidad. Su acerada crítica se dirige a  estos "malos samaritanos" y al brazo ejecutor de sus "malas" políticas, la  "impía trinidad" de organizaciones multilaterales: el Fondo Monetario  Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio  (OMC). El título de la obra remite a la parábola bíblica, pero también al gran  cronista de los difíciles momentos de la industrialización, Ch. Dickens, quien  ponía en boca del señor Gradgrind lo que economistas como Garnier teorizaban:  nadie daba nada a cambio de nada, "el buen samaritano era un mal  economista".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para poner en evidencia la  doble moral histórica de los "malos samaritanos", plantea un guión aderezado por  una mezcla de "historia, análisis del mundo ac</FONT><font face="verdana" size="2">tual,  algunas predicciones de futuro y sugerencias de cambio" (Chang, 2008:26). A tal  fin, divide su exposición en dos bloques, precedidos de un apasionante prólogo  autobiográfico y culminados en un epílogo de acentuado carácter predictivo. En  el primero (capítulos 1 y 2) dibuja una "verdadera historia del capitalismo y la  globalización"; en el segundo (capítulos 3 a 9) critica el saber convencional  sobre el crecimiento a la luz de la teoría económica, la historia y los hechos  observados en las sociedades contemporáneas. Como colofón, dibuja un sombrío  futuro para los países subdesarrollados si obedecen los "consejos" de los "malos  samaritanos".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Corea ejemplifica la idea de    política económica "herética" y notable desem</FONT><font face="verdana" size="2">peño      económico entre la década de los sesenta y la crisis de 1997. Chang llama la      atención sobre los aspectos más importantes de la política económica y de      exhortación ideológica llevada a cabo por el gobierno coreano, que generaron un      gran crecimiento y un aumento notable del nivel de vida. Tales resultados se      debieron a una potente burocracia, a un "proyecto nacional de transformación" y      a la implantación de mecanismos redistributivos para reducir la inseguridad      generada por los rápidos cambios estructurales y las influencias cíclicas. La      protección a la industria pasó por medidas tan drásticas como la prohibición de      fumar cigarrillos extranjeros, y el control de las reservas de divisas llegó a      ser tan absoluto que las infracciones en materia de cambios podían ser      castigadas hasta con la pena de muerte (Chang, 2008:24). En concordancia con      otros estudiosos del tema, sostiene que la aplicación del programa de la "impía      trinidad" (dinero sólido, gobierno pequeño, empresa privada, libre comercio y      atracción de inversión extranjera) socavó el proyecto de transformación (Chang,  2004).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chang comparte la idea de  Stiglitz (2006) de que el impulso de la globalización tiene su origen en  decisiones políticas en el campo del comercio internacional y de la política  financiera, para invalidar la hipótesis de la "muerte de la distancia",  defendida por los "malos samaritanos", sustentada en cuatro pilares:  </FONT><font face="verdana" size="2">liberalización comercial, desregulación de  la inversión extranjera, sistema de patentes y desregulación de la actividad  financiera (Chang, 2008:157). Para evitar que una mala interpretación de la  historia de este simulacro del desarrollo —como define Rist a la globalización—  la convierta en hoja de ruta para el progreso de los países subdesarrollados,  Chang analiza la relación entre prosperidad y proteccionismo o libre cambio a la  luz de la realidad económica histórica. Su conclusión es categórica: salvo  excepciones, todos los países desarrollados aplicaron activamente políticas  industriales, comerciales y tecnológicas. Para ejemplificar la doble moral  histórica traza un paralelismo entre lo que llama la paradoja de Daniel Defoe,  librecambista en la ficción, teórico de las limitaciones del libre comercio en  la realidad, y la economía británica. Gran Bretaña llegó a ser una verdadera  nación librecambista a partir de finales de la década de los cuarenta del siglo  XIX, es decir, a los 84 años de la publicación de la "riqueza de las naciones"  (Chang, 2008:56). Otro mito del librecambismo, Estados Unidos, presenta una  trayectoria parecida: desoye el "consejo" de Adam Smith de no desarrollar  industrias manufactureras y defiende la protección de las "industrias nacientes"  (Chang, </FONT><font face="verdana" size="2">2008:69).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia descrita no  invitaba al giro producido en los programas macroeconómicos de la década de los  ochenta del </FONT><font face="verdana" size="2">siglo XX, y sólo un episodio de  "amnesia histórica", fruto de una reescritura de la historia, hace que se  soslayen episodios como el de la denominada "edad de oro del capitalismo"  (1950&#150;1973). El éxito económico se debió a programas de intervención bien  diseñados y a que se mantuvieron rigurosos controles sobre los movimientos de  capital internacional (Chang, 2008:77&#150;80). Tal tesis concuerda con la de  estudiosos del desarrollo en perspectiva histórica, como Hobsbawm o Sunkel,  quienes refieren que los buenos resultados en los países en desarrollo se  obtuvieron en etapas de fuerte intervencionismo, y los peores correspondieron  con la liberalización posterior a los años setenta.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la retórica de la  globalización se penaliza al Estado por regular, despilfarrar recursos y  asignarlos irracionalmente. Sin embargo, países elogiados como casos de éxito  económico debido al mercado, como Singapur o Corea, mantienen un sector público  empresarial superior a Filipinas o Argentina, presentados como ejemplos de  fracaso debido a un Estado demasiado extenso (Chang, 2008:129&#150;130). También  califica de error restringir la corrupción al sector público y a las economías  en desarrollo, como atestiguan los casos de Enron y Arthur Andersen, entre  otros, en EU.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Chang, democracia y  mercado se oponen, porque responden a lógicas diferentes: la primera confiere el  mismo </FONT><font face="verdana" size="2">peso a las personas, con  independencia de su riqueza; el segundo pondera más la riqueza. En clara  sintonía con Sen (2006), reivindica la noción de democracia entendida como  "gobierno mediante el debate", y menciona que ni la experiencia histórica ni los  estudios más recientes sobre la relación entre democracia y crecimiento  económico arrojan resultados sistemáticos sobre el cambio <i>societal</i>  favorable (Chang, 2008: 215). Tampoco rehúye el debate sobre la importancia de  los factores culturales sobre el desempeño económico, en pleno vigor en las  reformulaciones recientes del pensamiento económico. Chang coincide con Sen  (2007) en su crítica a autores como Hutington, y sostiene que comprender el  cambio social implica disociar la cultura de la "ilusión del destino", porque la  cultura puede modificarse mediante la exhortación ideológica y la política  educativa, apoyadas en cambios en las instituciones y las políticas económicas  (Chang, 2008:215&#150;231).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chang proyecta un sombrío  futuro de seguir las políticas difundidas en la actualidad por los malos  samaritanos, y propone "desafiar al mercado" con una política "herética". Ante  la opinión de los librecambistas (concentrarse en la agricultura) o de los  profetas de la economía posindustrial (concentrarse en los servicios), se coloca  en favor de la industria manufacturera, elemento diferenciador, históricamente,  de los países ricos y po</FONT><font face="verdana" size="2">bres. De la misma  forma, apuesta por implantar programas sociales, financiados mediante la  reducción de la evasión y la generación de ingresos fiscales, y por gravar la  especulación financiera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En definitiva, la oportunidad  del libro está fuera de toda duda, en un momento en que se derrumba el "orden"  neoliberal, y en el que se vaticina un regreso a la "economía de la gran  depresión" (Krugman, 2009). Chang apela a la razón y a la historia para que los  malos samaritanos dejen de actuar por interés propio, pero el optimismo de Chang  no tiene visos de confirmarse. Casi un siglo más tarde del certero epitafio de  Keynes al <i>Laissez&#150;faire,</i> y pese a la pertinaz evidencia de los  </FONT><font face="verdana" size="2">hechos, los economistas "libertarios"  siguen fieles a sus preceptos (North, 2007). La utopía neoliberal sigue siendo,  como sostiene Bourdieu, una "utopía en vías de realización", impulsada por el  desorden financiero y convertida en programa político, gracias a un gran  esfuerzo político y a una teoría económica que se pretende descripción  científica de lo real.</font></p>     ]]></body>
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