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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Trade Secrets: Intellectual Piracy and the Origins of American Industrial Power,</i> Doron S. Ben&#45;Atar </b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Roberto Guerra Milligan</b></font>*</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>New Haven, Yale University Press, 2004. 281 pp.<a href="#notas">**</a></b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Investigador del IIEC, UNAM.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para sir Joseph Whitworth, industrial de mediados del siglo XIX, palad&iacute;n de la alta precisi&oacute;n en las m&aacute;quinas&#45;herramienta, la raz&oacute;n principal del &eacute;xito tecnol&oacute;gico de Estados Unidos se encontraba en el uso generalizado de m&aacute;quinas. En cualquier &aacute;rea de trabajo en la cual sea posible introducir una, los estadounidenses recurren a ella de manera universal y de buena gana, apuntaba sir Joseph, pensando que hab&iacute;a dado con la clave de tan espectacular &eacute;xito. Sin embargo, las investigaciones del profesor de historia de la universidad de Fordham, Doron S. Ben&#45;Atar, lo condujeron, casi por azar, a otra explicaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras preparaba un estudio acerca de las pol&iacute;ticas comercial y diplom&aacute;tica de la era de Jefferson, el profesor encontr&oacute; algo que llam&oacute; su atenci&oacute;n: casi todo evidenciaba que la pirater&iacute;a tecnol&oacute;gica de la &eacute;poca se realizaba no s&oacute;lo con pleno conocimiento, sino tambi&eacute;n con el apoyo total de los funcionarios federales y estatales de la joven rep&uacute;blica. Por inesperado, el descubrimiento le caus&oacute; sorpresa; sus indagaciones previas hab&iacute;an mostrado a unos l&iacute;deres pol&iacute;ticos con sentimientos encontrados respecto de todo lo tocante al naciente capitalismo de mercado, y en rebeld&iacute;a contra la madre patria para preservar el sencillo y virtuoso orden social del nuevo mundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, a diferencia de esa imagen algo insulsa y as&eacute;ptica de los pr&oacute;ceres de Estados Unidos, ahora ten&iacute;a ante s&iacute; a verdaderos zorros, sin pizca de dudas y, en cambio, con una seguridad total sobre lo correcto y justificado de la pirater&iacute;a y el contrabando de tecnolog&iacute;a. Enterarse de esto a todos nos causa un poco de malestar y desasosiego, no en vano hemos sido formados tambi&eacute;n en el folclor de nuestros vecinos, gente honrada, si es que existe &eacute;sta en el mundo, respetuosa de la ley, noble de coraz&oacute;n y profundamente religiosa, pero como pudo haber dicho el espejo de la caballer&iacute;a, "cosas veredes, Sancho".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n la conseja popular, George Washington nunca dijo una mentira, pero la investigaci&oacute;n de Ben&#45;Atar, en cambio, revela algo peor: que promovi&oacute; la importaci&oacute;n de tecnolog&iacute;a europea a Estados Unidos sin considerar la dimensi&oacute;n legal del asunto. A mi parecer, aquellos padres de la patria ten&iacute;an una gran virtud de la que hablaremos m&aacute;s adelante. Por ahora, veamos con un ejemplo cu&aacute;les eran las condiciones en las que les toc&oacute; actuar a los prohombres de aquel pa&iacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta que, en 1793, Eli Whitney, nacido en Massachussets, inventa la despepitadora de algod&oacute;n, de la cual r&aacute;pidamente unos sembradores de Georgia robaron un modelo y la reprodujeron en grandes cantidades en todo el sur de Estados Unidos. Aunque en 1794 el inventor obtuvo una patente, nunca logr&oacute; mayores beneficios de su creaci&oacute;n, y apenas alcanz&oacute; a compensar sus enormes gastos, resultado de los m&uacute;ltiples litigios entablados con los algodoneros del sur.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las condiciones de la &eacute;poca tuvieron mucho que ver con estos malos resultados, eran tantas las m&aacute;quinas que ven&iacute;an de Inglaterra y del resto de Europa &#151;en especial de pa&iacute;ses enemigos de la corona inglesa, la cual se encargaba de promover el paso ilegal de tecnolog&iacute;a del continente hacia sus colonias&#151; que los abogados de los infractores de la patente de Whitney daban por un hecho que &eacute;sta tambi&eacute;n proven&iacute;a del viejo continente, y presentaban testigos que juraban haber visto antes la despepitadora en Suiza o en Irlanda. La pr&aacute;ctica com&uacute;n de la &eacute;poca era, pues, traer a Am&eacute;rica de forma ilegal los inventos europeos y reclamarlos como originarios, primero de la colonia y, luego, del nuevo pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un r&aacute;pido par&eacute;ntesis quiero mencionar que Ben&#45;Atar da a entender que con la despepitadora de Whitney, la industria del algod&oacute;n pas&oacute; a ser menos intensiva en mano de obra, juicio que no comparten T.K. Derry y Trevor I. Williams en su <i>Historia de la tecnolog<b>&iacute;</b>a desde 1750hasta 1900,</i> en la cual se&ntilde;alan que, al menos en un principio, la m&aacute;quina era movida a mano y que, al parecer, extendi&oacute; la esclavitud en Estados Unidos por varias generaciones m&aacute;s, lo cual apoyan con cifras del creciente n&uacute;mero de esclavos desde la introducci&oacute;n de dicho artefacto hasta 1850.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, la historia de Eli Whitney no termina con la despepitadora. Aunque el autor no lo menciona, el inventor pas&oacute; a trabajar en otro campo &#151;uno por el cual Estados Unidos ha sentido una debilidad tan grande que ahora es la base de su fortaleza&#151;, el de las armas de fuego. Cuando Whitney present&oacute; su fusil de piezas intercambiables, nadie dud&oacute; de la originalidad de su invento, siendo que, ahora s&iacute;, el sistema hab&iacute;a sido creaci&oacute;n europea, en concreto de un armero de Par&iacute;s. Durante la Exhibici&oacute;n de 1851, en Londres, el <i>sistema americano,</i> como se conoci&oacute; a la fabricaci&oacute;n mediante piezas que pueden ser sustituidas, capt&oacute; la atenci&oacute;n de los visitantes, que admiraron los rifles producidos de esta manera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas condiciones de trasiego de m&aacute;quinas e inventos, Estados Unidos se convirti&oacute; en el l&iacute;der industrial del mundo gracias al robo de innovaciones mec&aacute;nicas y cient&iacute;ficas de Europa, indica el estudio de Ben&#45;Atar, cuyo enfoque se centra en el papel que jugaron las pol&iacute;ticas de propiedad intelectual en la promoci&oacute;n del contrabando de tecnolog&iacute;a, en especial, durante el periodo que va desde finales de la Colonia hasta la era del presidente Jackson. Se examina el papel de los gobiernos federales y estatales en la evoluci&oacute;n de la concepci&oacute;n estadounidense acerca de la relaci&oacute;n entre fronteras y propiedad intelectual, y se da a conocer la contradictoria &#151;si bien para otros la palabra ser&iacute;a hip&oacute;crita, dice el autor&#151; pol&iacute;tica de dicha naci&oacute;n.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="../img/revistas/prode/v36n140/a12i1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La gran virtud que debe reconocerse a pol&iacute;ticos como Washington, Franklin, Jefferson o Adams &#151;que dej&eacute; para m&aacute;s adelante, al hablar de su est&iacute;mulo y apoyo al robo de tecnolog&iacute;a&#151; es la claridad que tuvieron sobre la importancia del conocimiento en todas sus formas y la inflexible decisi&oacute;n con que se aplicaron a obtenerlo, a como diera lugar, para beneficio de su pa&iacute;s. El m&eacute;rito que tienen es importante, y mayor todav&iacute;a si los comparamos con dirigentes de antes y de ahora en muchos pa&iacute;ses, que no se propusieron, ni se plantear&aacute;n desarrollar bibliotecas, apoyar la ense&ntilde;anza superior, la investigaci&oacute;n y, al menos, el avance y aplicaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as, ya no</font> <font face="verdana" size="2">digamos llevar a cabo buenas negociaciones de transferencia de tecnolog&iacute;a, porque ello requiere cada vez m&aacute;s de astucia y creatividad, y &eacute;sta s&oacute;lo la han tenido para el beneficio personal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La colonia y la nueva rep&uacute;blica entendieron que, para desarrollar su econom&iacute;a y competir, deb&iacute;an cerrar la brecha tecnol&oacute;gica con Inglaterra y Europa, y se dedicaron a lograr esta meta luchando en tres frentes: <i>a)</i> educaci&oacute;n e investigaci&oacute;n, <i>b)</i> apropiaci&oacute;n ilegal de tecnolog&iacute;a, y <i>c)</i> atracci&oacute;n de inmigrantes calificados &#151;artesanos europeos con experiencia en &aacute;reas industriales y mec&aacute;nicas, que fueron tra&iacute;dos a Am&eacute;rica con todo y caja de herramientas&#151;. Esta &uacute;ltima idea se encuentra en <i>Robinson Crusoe,</i> de Daniel Defoe, escrito en 1719. Cuando un tiempo despu&eacute;s de haber sido rescatado, Robinson regresa a su isla, en la cual ha introducido la agricultura y la domesticaci&oacute;n de cabras y en la cual dej&oacute; a modo de colonos a un grupo de espa&ntilde;oles, cinco ingleses y unos pocos esclavos nativos, decide llevarles, aparte de herramientas y materiales, nuevos colonos, artesanos que mejorar&aacute;n las condiciones de vida y de trabajo, por lo que lleva consigo a un herrero &#151;muy &uacute;til a la comunidad, aclara, sobre todo como armero&#151;, dos carpinteros, un sastre, un <i>sabelotodo</i> que rescata junto con un cura, una criada y un joven. En mayor escala, la sociedad norteamericana del momento sigui&oacute; el modelo <i>robinsoniano,</i> y tambi&eacute;n capt&oacute; personal calificado para desarrollar la industria y el comercio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adicionalmente, el texto de Ben&#45;Atar tambi&eacute;n deja ver que no hab&iacute;a una concepci&oacute;n &uacute;nica acerca de lo que conven&iacute;a m&aacute;s al joven pa&iacute;s, si la agricultura o la industria, si el modelo de Hamilton o el de Jefferson, y muestra, asimismo, la contienda con Europa, que sigue en el presente, por las supremac&iacute;as tecnol&oacute;gica, cient&iacute;fica y econ&oacute;mica. De igual modo, cuando en el peri&oacute;dico leemos que se pretende patentar conocimientos tradicionales o la flora patrimonio de comunidades ind&iacute;genas, o que en una disputa de patentes con Canad&aacute; &#151;a prop&oacute;sito del dispositivo inal&aacute;mbrico <i>BlackBerry</i> para el manejo de correo electr&oacute;nico&#151;, Estados Unidos quiere extender la jurisdicci&oacute;n de sus leyes al territorio de su vecino, o que en su suelo los derechos de autor corresponden en mucha mayor proporci&oacute;n a los productores que a los creadores; cuando al conocer estos casos queda claro que la conducta esencial depredadora descrita por el autor se mantiene.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Especialistas en historia del desarrollo tecnol&oacute;gico, as&iacute; como quienes inician su preparaci&oacute;n en el tema, y el lector curioso, todos, disfrutar&iacute;an este libro hecho con una tecnolog&iacute;a que deber&iacute;amos apropiarnos: me refiero a la utilizada para producir libros claros, legibles, que ofrecen &#151;como <i>Rayuela,</i> de Cort&aacute;zar&#151;, la posibilidad de varias lecturas; en este caso, la de los especialistas, apoyada en muchas y amplias notas &#151;de las cuales habr&iacute;a separado la bibliograf&iacute;a&#151; y la de los interesados s&oacute;lo en conocer una buena historia m&aacute;s de las intrigas del T&iacute;o Sam. La tecnolog&iacute;a que hace posible esta clase de libros se llama edici&oacute;n y se basa en el trabajo conjunto entre el autor y un escritor profesional, el editor, quien propone modificaciones de estructura, reescritura de textos, supresiones y, en general, los cambios que transforman un pesado texto acad&eacute;mico en una lectura ligera que conserve el rigor y cuidado de la investigaci&oacute;n que le dio origen.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Fue de veras la compulsi&oacute;n norteamericana por las m&aacute;quinas, a decir de sir Joseph Whitworth, la que convirti&oacute; a Estados Unidos en la principal potencia industrial del mundo, o fue la pirater&iacute;a tecnol&oacute;gica la que obr&oacute; el milagro? Creo que nos falta el mapa del c&oacute;digo gen&eacute;tico social de los pa&iacute;ses, identificar los cromosomas culturales de las sociedades y sus recombinaciones para responder a esta pregunta. Pero, entre tanto, qu&eacute; tal si le dan un vistazo al libro de Ben&#45;Atar, que en alguna parte menciona que hay quienes creen que fueron muchos aspectos los que intervinieron para lograr semejante resultado. </font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">** Libro disponible en la biblioteca del IIEC.</font></p>      ]]></body>
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