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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a de libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La pasi&oacute;n del poder. Teor&iacute;a y pr&aacute;ctica de la dominaci&oacute;n*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Bruno Lutz**</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>* Jos&eacute; Antonio Marina, <i>La pasi&oacute;n del poder. Teor&iacute;a y pr&aacute;ctica de la dominaci&oacute;n,</i> Barcelona, Anagrama, Colecci&oacute;n Argumentos, 2008.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Profesor&#45;investigador del Departamento de Relaciones Sociales, Divisi&oacute;n de Ciencias Sociales y Humanidades, UAM&#45;Xochimilco, M&eacute;xico</i> &#91;<a href="mailto:brunolutz01@yahoo.com.mx">brunolutz01@yahoo.com.mx</a>&#93;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hombre es atra&iacute;do por el poder. Desea ejercerlo, pero al mismo tiempo suele rechazar el poder ejercido por otros. Jos&eacute; Antonio Marina empieza su ensayo con esta aparente contradicci&oacute;n para recordar que el poder es simult&aacute;neamente un acto y la representaci&oacute;n subjetiva de ese acto. El poder existe en todos los &aacute;mbitos de la vida y no hay nadie que est&eacute; fuera de su alcance. Al respecto, la trama de la vida social est&aacute; tejida por relaciones asim&eacute;tricas y conflictos que no siempre son visibles. "Se oculta hasta qu&eacute; punto el ejercicio del poder depende de un condicionamiento social camuflado", se&ntilde;ala atinadamente el autor. El poder se presenta mediante los principios de la distinci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marina distingue tres manifestaciones de la asimetr&iacute;a: <i>a)</i> el poder de hacer algo y el poder sobre; <i>b)</i> la complejizaci&oacute;n de un poder que se hace m&aacute;s simb&oacute;lico; c) la legitimaci&oacute;n del poder y control de las fuentes de legitimaci&oacute;n. Para el ensayista espa&ntilde;ol, es posible considerar, en t&eacute;rminos generales, que el poder es una conciencia de dominio, "es la capacidad de hacer real lo posible". Amar el poder es alimentar su vanidad con la ambici&oacute;n de sus pasiones; el ego subsiste con el reconocimiento de los dem&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Primero est&aacute; el "poder del deseo" y luego el "deseo de poder". Con esta aseveraci&oacute;n, el autor hace hincapi&eacute; en el hecho de que el poder es la manifestaci&oacute;n primordial de un deseo personal que se enfrenta a otro. Jos&eacute; Antonio Marina est&aacute; de acuerdo con Maquiavelo y Spinoza, quienes aseveran que la esencia del hombre es el deseo y que es necesario cultivarlo. Si bien es posible admitir que el hombre es el territorio de deseos propios y ajenos, no obstante, debemos tambi&eacute;n reconocer que estos deseos personales, que surgen sin cesar en la selva de nuestros pensamientos, son la principal causa de nuestros sufrimientos. Frustraciones y ambiciones son nutridas por deseos creados por nuestra propia mente. Precisamente, el poder que resiste es el poder de discernir las causas de nuestros padecimientos y remediarlos. Asimismo, es quiz&aacute;s peligroso compartir el postulado oscuro de que el deseo y en particular el deseo de dominaci&oacute;n es la esencia del ser humano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El deseo que se convierte en acci&oacute;n es ciertamente una manifestaci&oacute;n de poder, pero es la intenci&oacute;n de su autor la que le imprime su sello. La motivaci&oacute;n del actuante orienta el sentido de su acci&oacute;n. En sus esfuerzos por construir la sociolog&iacute;a de la fenomenolog&iacute;a, Alfred Sch&uuml;tz distingui&oacute; el "para" y el "porqu&eacute;" de la acci&oacute;n con el fin de mostrar precisamente que la intencionalidad del actor no solamente est&aacute; gobernada por sus pensamientos e ideas sino que la anticipaci&oacute;n de la reacci&oacute;n de los dem&aacute;s a nuestras acciones es un motivo lo suficientemente fuerte como para orientarnos. El responsable de una colectividad debe poder encauzar la acci&oacute;n social a partir de sus proyectos personales y tambi&eacute;n de las expectativas de los miembros. Liderar un grupo es un ejercicio concreto del poder, de un poder que re&uacute;ne y pone en movimiento; pero en este caso tambi&eacute;n es necesario discernir, a diferencia de Marina, entre quienes se empe&ntilde;an sinceramente en ayudar a los dem&aacute;s, de los que ejercen el control sobre las masas para satisfacer exclusivamente su vanidad y ambici&oacute;n. Antes de analizar las formas de su manifestaci&oacute;n, es necesario examinar el poder como fruto de una intencionalidad. No es tanto la acci&oacute;n sobre los dem&aacute;s lo que importa sino m&aacute;s bien la intencionalidad que gu&iacute;a esta acci&oacute;n. El altruismo por ejemplo no puede ser considerado como una caracter&iacute;stica o un tipo de acci&oacute;n, sino que una acci&oacute;n altruista es lo que la voluntad real de su autor dicta. El deseo de defender el bien com&uacute;n encubre y legitima con frecuencia el deseo de satisfacer sus propios deseos. Seg&uacute;n Jos&eacute; Antonio Marina, existen tres deseos b&aacute;sicos: 1) el bienestar que es el poder del disfrute (gozo, placer); 2) la posesi&oacute;n de bienes materiales y simb&oacute;licos; 3) la afirmaci&oacute;n del poder del Yo a partir de la b&uacute;squeda de fama y gloria. Esta percepci&oacute;n ternaria constituye un primer acercamiento a la complejidad del deseo, permitiendo entender su capacidad de autoreproducci&oacute;n. Todav&iacute;a para el autor, el deseo es un elemento com&uacute;n a todos los integrantes del reino animal. De hecho, se&ntilde;ala que el instinto animal de dominar ha sufrido tres cambios en el hombre: <i>a)</i> ilimitaci&oacute;n del deseo de poder; <i>b)</i> uso de s&iacute;mbolos para imponer/aceptar la obediencia; <i>c)</i> exigencia de legitimar el poder. El ejercicio de una influencia sobre los dem&aacute;s es algo sumamente complicado de estudiar porque abarca diferentes dimensiones y modalidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera general, se suele reificar al poder confundi&eacute;ndolo a menudo con un cargo o un t&iacute;tulo, sin embargo, el poder es una capacidad de acci&oacute;n que es tambi&eacute;n la acci&oacute;n misma. Marina postula que del poder individual surgen el poder social y el poder pol&iacute;tico. Revisando de manera cr&iacute;tica las diferentes definiciones del poder, Marina destaca que el poder no es &uacute;nicamente influir/someter al otro a nuestros deseos, sino que es tambi&eacute;n impedir al otro que tenga la libertad de actuar como lo desee. "En conclusi&oacute;n, tiene poder quien puede determinar, dirigir, decidir la acci&oacute;n de otra persona", sentencia el ensayista. Plantea que el poder es consustancial de toda interacci&oacute;n comunicativa. Empero, debe ciertamente agregarse a esta definici&oacute;n el poder que uno tiene sobre s&iacute; mismo para dar un sentido a sus propias acciones porque, si no existiera un control previo sobre lo que estamos haciendo y pensando, no habr&iacute;a posibilidad alguna de orientar la conducta de los dem&aacute;s. El poder que se manifiesta por medio de una interacci&oacute;n social cuyos "grados de control pueden ser muy variados, e ir desde la coacci&oacute;n f&iacute;sica total a la mera influencia", no puede ocultar el poder del individuo sobre su propia mente. El multipremiado ensayista se concentra en esta forma de poder que da a un individuo la capacidad de dominar a uno o muchos, subrayando la distancia que suele existir entre el poder formal y el informal. Con acierto, se&ntilde;ala que nunca dejan de existir tensiones entre la ocupaci&oacute;n de un cargo oficial y la legitimidad de la que uno goza para asumir esta funci&oacute;n con responsabilidades. Para disminuir esta tensi&oacute;n entre lo que uno tiene y lo que merece, para asegurar tambi&eacute;n la fortaleza de las instituciones tradicionales o constitucionales, se llevan a cabo ritos de entronizaci&oacute;n. Asegurar la sucesi&oacute;n y reafirmar la legitimidad del mandatario entrante, constituyen un reto para toda organizaci&oacute;n humana. Wolf y Geertz, desde el campo de la antropolog&iacute;a pero con perspectivas distintas, han mostrado la sutileza de estas combinaciones de s&iacute;mbolos y referencias para otorgar al nuevo rey un poder casi sagrado. La participaci&oacute;n del p&uacute;blico en una toma de poder reviste el evento de una gran carga emocional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El poder como espect&aacute;culo es una dramatizaci&oacute;n de la vida real tal como lo ha mostrado Baudrillard en sus ensayos. Para Marina, es una pieza de teatro en tres actos: la toma del poder; el ejercicio del poder; la p&eacute;rdida del poder. Se&ntilde;ala que existe siempre una tendencia hacia la mitificaci&oacute;n de los dirigentes mediante la construcci&oacute;n simb&oacute;lica de una ejemplaridad. Inspir&aacute;ndose directamente de los trabajos de Max Weber, el ensayista espa&ntilde;ol defiende la idea de que la autoridad puede tener como fuente de legitimaci&oacute;n la designaci&oacute;n divina o por esp&iacute;ritus (en el caso de chamanismo por ejemplo) o bien la herencia, la elecci&oacute;n o la conquista de un cargo. Tambi&eacute;n el adoctrinamiento pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico participa en esta manipulaci&oacute;n de las conciencias. En el desarrollo de su argumentaci&oacute;n, Marina entiende por "recursos" las cosas, personas, posesiones y capacidades a las que se puede recurrir para conseguir una meta. Inspir&aacute;ndose de los aportes te&oacute;ricos de Bourdieu, considera al conjunto de estos recursos como un "capital de poder", el cual puede ser instrumentalizado por quienes buscan dominar a los dem&aacute;s. M&aacute;s precisamente, el "capital de poder" prepara una legitimidad construida desde y para el sujeto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Antonio Marina afirma que la legitimaci&oacute;n del poder satisface la figura de poder porque le confiere autoridad, y tambi&eacute;n satisface al subordinado que apela a la legitimidad del poder para liberarse de la opresi&oacute;n de los poderes f&aacute;cticos. La legitimidad tranquiliza tanto a quien ejerce el poder como al s&uacute;bdito. El autor escribe que la historia del poder es una lucha de legitimidades donde "hay un perpetuo canje de posiciones y de argumentos". Retoma los planteamientos de Foucault, quien afirm&oacute; que el poder crea saber, en el sentido que el poder crea un r&eacute;gimen de verdad. "Todo gobierno necesita hacer creer en algo" y, referente a eso, el rito de entronizaci&oacute;n del nuevo mandatario participa directamente en la escritura de la historia y la concomitante invenci&oacute;n de mitos. La legitimidad es una ficci&oacute;n creada por la raz&oacute;n y los s&uacute;bditos oprimidos de las dictaduras, por ejemplo, tienen la posibilidad de atacar los fundamentos de la legitimidad del poder. El "como si" es una ficci&oacute;n del derecho, el ensayista distingue acertadamente las ficciones arbitrarias de las necesarias. "Necesitamos ficciones jur&iacute;dicas, pol&iacute;ticas y &eacute;ticas porque la inteligencia humana tiene la capacidad de pensar cosas inexistentes que ser&iacute;a bueno que existieran...", asevera Marina antes de proponer lo siguiente: "Tenemos que recuperar su car&aacute;cter de ficciones &#151;de ficciones necesarias&#151; para tener conciencia clara de la precariedad de nuestra situaci&oacute;n, de la necesidad de nuestra participaci&oacute;n y compromiso y tambi&eacute;n de nuestra grandeza". Marina, cuyo prop&oacute;sito en este libro es sentar las bases de un manual del poder, propone una ficci&oacute;n basada en la realidad po&eacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor de <i>La pasi&oacute;n del poder nos</i> conduce por el sendero de sus lecturas y reflexiones personales en torno a las propuestas de diferentes pensadores occidentales encontrados a lo largo de su carrera. Jos&eacute; Mar&iacute;a Marina asume que el poder social, que se desprende del poder individual, al igual que el poder pol&iacute;tico, es tanto violencia como seducci&oacute;n. Menciona que la figura del pastor es anacr&oacute;nica en la pastoral cristiana actual, sin embargo, es menester agregar que la liturgia cat&oacute;lica y los modelos medievales de poder pol&iacute;tico concuerdan en que el pastor obedece a un poder divino que lo rebasa, pero a su vez tiene encargadas las ovejas (almas) para guiarlas y protegerlas de los peligros (lobo). Al respecto, Foucault mostr&oacute; de manera convincente que el objetivo del l&iacute;der "pastoral" era espiritual porque, en busca de la salvaci&oacute;n de las almas, vigilaba la conciencia de cada individuo como un pastor vigila a sus ovejas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Marina, el ser humano tiene el gen de la sumisi&oacute;n y la facultad de rebelarse. Las formas de control son directas o indirectas, "la fuerza es un control inmediato, directo, sobre el cuerpo del dominado". La confesi&oacute;n puede ser un arma de coacci&oacute;n para religiosos sin escr&uacute;pulos, y la excomuni&oacute;n una amenaza en caso de no respeto de los principios elementales. "Lo que diferencia el uso inmediato y el mediato del poder, es que el primero no deja ninguna opci&oacute;n al dominado". Seg&uacute;n el ensayista existen dos formas de influir en alguien: cambiando sus creencias o cambiando sus deseos. Maquiavelo se dedic&oacute; a ese peligroso ejercicio de querer ense&ntilde;ar a los pr&iacute;ncipes c&oacute;mo volverse tiranos y al pueblo c&oacute;mo deshacerse de los tiranos, convirtiendo la representaci&oacute;n pol&iacute;tica en la arena de una lucha permanente y sin piedad entre dominantes y dominados. Esta guerra interminable por el control de los instrumentos legales de control no tiene otro destino que el de hundir poblaciones y gobernantes en una sucesi&oacute;n de mort&iacute;feros conflictos, tal como Hobbes lo hab&iacute;a ideado en su sociedad ideal del Leviat&aacute;n. Por su parte, Arist&oacute;teles distingu&iacute;a tres argucias del tirano: 1) envilecer el alma de los s&uacute;bditos; 2) sembrar entre ellos la desconfianza; 3) empobrecer a sus s&uacute;bditos, las cuales iban a formar parte de esta liturgia del poder com&uacute;n en <i>El Leviat&aacute;n</i> y <i>El pr&iacute;ncipe.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, examinando las diferentes modalidades de expresi&oacute;n del poder, Marina encuentra dos elementos b&aacute;sicos y antit&eacute;ticos: seducir y aterrorizar. El temor est&aacute; relacionado con el ejercicio del poder, temor que se reparte y comparte entre los s&uacute;bditos y quien posee la autoridad. Mantener a los subordinados en un estado permanente de intranquilidad e inseguridad, permite multiplicar los efectos de una dominaci&oacute;n arbitraria. La sorpresa que provoca lo inesperado vuelve vulnerables a los dominados, quienes no pueden encontrar refugio en una rutina. Pero el miedo crea reacciones de defensa que, a su vez, se pueden conjurar con premios y la promesa de premiar. En cambio la seducci&oacute;n es un juego en el cual no hay ganador ni perdedor cuando hay intenciones mutuas que se corresponden libremente, pero se convierte en una estrategia maligna cuando una parte enga&ntilde;a a la otra sobre la naturaleza verdadera de sus intenciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, existen diferentes formas de aceptar la superioridad del otro: dependencia, cooperaci&oacute;n, docilidad, obediencia y sometimiento. "El poder puede ejercerse mediante el adoctrinamiento, que consiste en introducir nuevas creencias en la mente de la persona que se quiere dominar, por procedimientos no racionales". Marina, quien retoma algunos elementos de su obra <i>Las arquitecturas del deseo,</i> hace hincapi&eacute; en que la influencia que uno puede ejercer sobre los dem&aacute;s suele tener un rostro amigable. Pero esta forma de poder amigable, que opera mediante la seducci&oacute;n, no siempre est&aacute; mal intencionada, como bien lo se&ntilde;ala el autor al referirse a Gandhi y Martin Luther King.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tres grandes dramaturgias del poder, para Marina, son: 1) las relaciones amorosas; 2) el mundo de la empresa; 3) la pol&iacute;tica. Retomando la conocida met&aacute;fora de la obra de teatro, se&ntilde;ala que el amor es un tipo de deseo, es alegr&iacute;a y felicidad, y es tambi&eacute;n profundos v&iacute;nculos entre las personas. Sin embargo, el autor no contempla un amor entre dos personas libre de poder, es decir que, seg&uacute;n &eacute;l, la igualdad libremente compartida es un ideal que nunca se alcanza. Por nuestra parte, consideramos que el amor entre una pareja puede conducir a la felicidad y esta felicidad puede ser duradera cuando relativizan sus diferencias y vuelven siempre a encontrar la armon&iacute;a. Marina menciona, por su parte, que el empoderamiento es la capacidad de "dar poder", de aumentar las posibilidades de acci&oacute;n de los miembros de la familia o de la pareja. En otros t&eacute;rminos, el empoderamiento no ser&iacute;a m&aacute;s que la expresi&oacute;n domestica de las asimetr&iacute;as sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El investigador espa&ntilde;ol destaca la necesidad de discernir el poder constituyente del poder constituido: "entiendo por ficci&oacute;n constituyente aquella sobre la que se puede construir un proyecto real, de tal manera que, si desaparece la ficci&oacute;n, lo construido se desploma". El poder constituido es el aparato burocr&aacute;tico cuyos fundamentos se encuentran en los dispositivos legales. Estas dos formas de poder pol&iacute;tico remiten al complejo y viejo debate entre legalidad y legitimidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, puede afirmarse que la soberan&iacute;a fue inventada para justificar el poder absolutista del Antiguo R&eacute;gimen, pero despu&eacute;s sirvi&oacute; de palanca simb&oacute;lica para las rep&uacute;blicas democr&aacute;ticas. La soberan&iacute;a es la soberan&iacute;a de un pueblo conglomerado en una naci&oacute;n, por lo que la soberan&iacute;a es anterior a toda Constituci&oacute;n pol&iacute;tica. De manera general, es posible distinguir lo que tiene que ver con el mundo fenom&eacute;nico de lo que pertenece al mundo de las ideas, aunque exista una relaci&oacute;n estrecha de interdependencia mutua entre estos dos &aacute;mbitos. El ensayista dice que la inteligencia humana prolonga las fuerzas reales con otras fuerzas simb&oacute;licas y m&aacute;gicas que ampl&iacute;an el &aacute;mbito de la dominaci&oacute;n y tambi&eacute;n el de la libertad, pero quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s adecuado afirmar lo contrario, es decir, que las fuerzas m&aacute;gicas primordiales se prolongan en manifestaciones concretas cuya direcci&oacute;n depende de la intenci&oacute;n de su(s) autor(es).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, <i>La pasi&oacute;n del poder es</i> una obra cuyo m&eacute;rito no es solamente recordar al lector las principales formas de interpretaci&oacute;n de las relaciones de dominaci&oacute;n, sino que contiene adem&aacute;s interesantes interrogantes sobre el significado del poder. Jos&eacute; Antonio Marina indaga diferentes vertientes del poder con el prop&oacute;sito de se&ntilde;alar posibles modelos de interpretaci&oacute;n. En un estilo libre y fluido, el ensayista diserta sobre las asimetr&iacute;as sociales y pol&iacute;ticas, sin lograr convencernos completamente del bienfundado de su visi&oacute;n desencantada del hombre en sociedad. M&aacute;s que plantear el poder como manifestaci&oacute;n gen&eacute;rica de una asimetr&iacute;a multifac&eacute;tica, debe considerarse el poder a partir de la intencionalidad que soporta cada una de las acciones humanas.</font></p>      ]]></body>
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