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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face=verdana size=4>Diversa</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=4><b>Los enemigos de la libertad<a href="#nota_1">1</a><a name="r_nota_1"></a></b></font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>Roberto Garc&iacute;a Jurado*</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>* Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Unidad Xochimilco, M&eacute;xico.     <br> Direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:rgarcia@correo.xoc.uam.mx">rgarcia@correo.xoc.uam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>Recepci&oacute;n del original: 10/01/05.     <br> Recepci&oacute;n del art&iacute;culo corregido: 20/09/05.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face=verdana size=2>&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>&iquest;Qui&eacute;nes son los enemigos de la libertad? Si la palabra libertad es una especie de sortilegio, habr&aacute; pocos, si es que alguno, que se declare abiertamente enemigo de ella. En todo caso, tal vez ser&iacute;a m&aacute;s provocativa la pregunta: &iquest;qu&eacute; libertad? Es decir, en realidad esta palabra no dice mucho si no se especifica libertad para qui&eacute;n, para qu&eacute;, hasta d&oacute;nde y en qu&eacute; condiciones. Ampliando la interrogaci&oacute;n de esta manera, se propician una serie de aclaraciones y especificaciones que mostrar&aacute;n c&oacute;mo, en efecto, habr&aacute; algunos individuos que se decanten por un tipo de libertad y otros por uno distinto. Al cabo, nos daremos cuenta de que la actitud hacia la libertad no puede ser sino ambivalente, es decir, de aceptaci&oacute;n y rechazo, de inclinaci&oacute;n hacia una cierta forma de entender la libertad y de repulsi&oacute;n hacia otra. </font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>Uno de los temas m&aacute;s importantes de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica cl&aacute;sica y contempor&aacute;nea es, ciertamente, el de la definici&oacute;n y delimitaci&oacute;n de la libertad humana. En la reflexi&oacute;n y discusi&oacute;n contempor&aacute;neas sobre esta materia destaca sin duda alguna el nombre de Isaiah Berlin, cuyo inter&eacute;s y aportaci&oacute;n a la historia de las ideas pol&iacute;ticas y sociales quedaron plasmados en un sinn&uacute;mero de l&uacute;cidos ensayos que dedic&oacute; a pensadores como Maquiavelo, Montesquieu, Herder, Vico y Herzen, o bien, a los que estudia en el presente volumen: Helv&eacute;tius, Rousseau, Fichte, Hegel, Saint-Simon y Maistre, de quienes le importa destacar su inclinaci&oacute;n antilibertaria.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>Los ensayos sobre estos autores son producto de una serie de seis conferencias radiof&oacute;nicas que Berlin pronunci&oacute; en 1952 y que, a pesar de su resistencia inicial a publicarlas sin la debida revisi&oacute;n y correcci&oacute;n, constituyen un material de gran inter&eacute;s, sobre todo si se considera que en estas conferencias se prefiguran muchas de las ideas b&aacute;sicas que ser&iacute;an desarrolladas despu&eacute;s, especialmente en el renombrado ensayo <i>Dos conceptos de libertad</i> (1958), que desde su publicaci&oacute;n, y a&uacute;n hoy en d&iacute;a, alimenta nutritivamente la discusi&oacute;n sobre este concepto.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>Uno de los rasgos m&aacute;s sobresalientes de este conocido ensayo, presente en las conferencias de 1952, es centrar la discusi&oacute;n sobre la libertad humana en las dos formas b&aacute;sicas en que puede ejercerse: la libertad negativa y la libertad positiva. Es decir, la libertad entendida como la capacidad de los individuos para decidir sin restricci&oacute;n o interferencia ajena sobre una serie de asuntos que consideran de su particular competencia; o bien, la libertad entendida como la capacidad de los individuos para participar sin limitaciones o censuras en la adopci&oacute;n de las decisiones colectivas de la comunidad pol&iacute;tica de la cual forman parte y que afectan su propia vida.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>La manera de abordar este tema por parte de Berlin no es, ciertamente, del todo innovadora. Muchos otros autores se han referido a esta dicotom&iacute;a con t&eacute;rminos como libertad pol&iacute;tica y libertad civil, libertad <i>de</i> y libertad<i> para</i>, o bien, la libertad de los antiguos y los modernos, como lo expresara Benjamin Constant hace ya dos siglos. Aunque la formulaci&oacute;n del problema es previa, el tratamiento que le da Berlin a &eacute;ste destaca su pertinencia y enriquece su argumentaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>La pertinencia de este planteamiento se revela n&iacute;tidamente cuando descubrimos que una de las ideolog&iacute;as m&aacute;s importantes del mundo contempor&aacute;neo, el liberalismo, se caracteriza por tomar partido por uno de estos tipos de libertades. El liberalismo, tomado sobre todo como ideolog&iacute;a, realza la versi&oacute;n negativa de la libertad. El mismo Berlin, de acuerdo con sus cr&iacute;ticos, se inclina por este contenido del concepto de libertad, y aunque &eacute;l ha rechazado esta acusaci&oacute;n de manera enf&aacute;tica, argumentando que no desestima de ning&uacute;n modo la libertad positiva, en muchos de sus ensayos dedicados al tema, en particular en los seis incluidos en el presente volumen, se aprecia de alg&uacute;n modo su inclinaci&oacute;n en este sentido.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>S&oacute;lo teniendo en mente la consideraci&oacute;n que Berlin presta a la libertad negativa puede explicarse que en un volumen dedicado a estudiar a los enemigos de la libertad se re&uacute;na a pensadores que en ciertos aspectos resultan tan dispares como Rousseau y Hegel, o Helv&eacute;tius y Maistre. Las enormes diferencias que hay entre los seis autores analizados pasan a segundo plano si, a juicio de Berlin, se examinan sus opiniones sobre la libertad individual: en este aspecto todos coinciden; los seis son enemigos de la libertad.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>No obstante este punto de convergencia, hay diferencias notables entre estos autores. Para empezar, resulta evidente que las huellas y repercusiones que uno y otro dejaron en el pensamiento pol&iacute;tico moderno son muy dispares. La relevancia concedida en la historia de las ideas pol&iacute;ticas a Hegel y Rousseau, por ejemplo, contrasta con la discreci&oacute;n, y casi olvido, con que son rese&ntilde;ados Helv&eacute;tius y Fichte. Incluso un nombre que puede resultar tan familiar como el de Saint-Simon ha pasado a la historia m&aacute;s por la etiqueta que Marx puso sobre &eacute;l, llam&aacute;ndolo socialista ut&oacute;pico, que por sus propios escritos.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>Con toda seguridad, ninguno de los autores analizados se sentir&iacute;a c&oacute;modo rodeado de semejante compa&ntilde;&iacute;a, y la incomodidad ser&iacute;a bastante mayor vi&eacute;ndose agrupado bajo el r&oacute;tulo de "enemigo de la libertad". Todos ellos, a su modo, se consideran defensores de la libertad, al menos de una cierta forma de concebirla; desde el punto de vista de Berlin, traiciona la m&aacute;s pura esencia de su esp&iacute;ritu.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face=verdana size=2>Entonces, &iquest;qu&eacute; tipo de libertad defienden estos autores? O, mejor, para ponerlo en t&eacute;rminos de Berlin, &iquest;c&oacute;mo atacan al esp&iacute;ritu de la libertad? Tambi&eacute;n en este aspecto espec&iacute;fico difieren los seis en cuesti&oacute;n. Aunque Berlin no hace tal agrupamiento, b&aacute;sicamente pueden establecerse dos bloques: el de quienes sacrifican la libertad de un grupo o de una clase frente a otro, de las masas frente a las &eacute;lites; y el de los que sacrifican la libertad individual frente a una entidad colectiva, ya sea la voluntad general, la naci&oacute;n o el Estado. </font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>En el primer grupo puede ubicarse a Helv&eacute;tius, Saint-Simon y Maistre. Los tres, con sus respectivos matices, consideran que el gobierno de la sociedad debe encomendarse a un grupo o una serie de individuos, los mejor facultados para gobernar, a quienes deben someterse el resto de los s&uacute;bditos. Para Helv&eacute;tius, una personalidad fulgurante de la Ilustraci&oacute;n, esta tarea debe encargarse a los fil&oacute;sofos. Haciendo eco de la conseja plat&oacute;nica para hacer recaer el gobierno en un rey fil&oacute;sofo, Helv&eacute;tius les otorga a estos mismos personajes la misi&oacute;n de gobernar, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente, de redactar las reglas y normas sociales que gu&iacute;en a los individuos hacia su bienestar y felicidad. Saint-Sim&oacute;n, el socialista ut&oacute;pico seg&uacute;n la tradici&oacute;n marxista, cre&iacute;a tambi&eacute;n que el gobierno deb&iacute;a encomendarse a una &eacute;lite de hombres con los conocimientos cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos necesarios para hacer de la sociedad una gran empresa industrial, un enorme esfuerzo coordinado de producci&oacute;n que satisfaga las necesidades materiales y espirituales de la sociedad. Su menosprecio por la libertad y la democracia lo lleva a recomendar abiertamente la pr&aacute;ctica de la doble moral por parte de la &eacute;lite pol&iacute;tica, es decir, a aplicar una moral para el pueblo y otra distinta para s&iacute; misma, traduciendo a este lenguaje una de las ideas b&aacute;sicas de los te&oacute;ricos de la <i>raz&oacute;n de Estado</i>. Maistre, abanderado del conservadurismo y la contrailustraci&oacute;n, en lo que se contrapone frontalmente con Helv&eacute;tius, cre&iacute;a sinceramente en que el gobierno de la sociedad era imposible sin la represi&oacute;n y control que la minor&iacute;a debe ejercer sobre la mayor&iacute;a. Si una cualidad deb&iacute;an tener los gobernantes era la del vigor y la dureza, necesaria para imponer el orden a un conjunto de hombres malvados y perversos por naturaleza. Ofreciendo una temprana versi&oacute;n de las teor&iacute;as elitistas de principios del siglo XX, como la de Pareto por ejemplo, Maistre defiende sin ning&uacute;n prejuicio el derecho exclusivo de las minor&iacute;as para ejercer el control y el gobierno de la sociedad.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>En el segundo grupo se ubican Rousseau, Hegel y Fichte. Los tres, igualmente con sus respectivos matices, consideran que la libertad individual queda condicionada o, m&aacute;s bien, s&oacute;lo puede realizarse mediante una entidad colectiva, cuya realizaci&oacute;n sustituye as&iacute; la del propio individuo. Una de las frases m&aacute;s celebres de Rousseau es que en caso necesario hay que <i>obligar a los hombres a ser libres</i>. Susceptible de m&uacute;ltiples explicaciones, desde la perspectiva de Berlin, este es el mejor ejemplo del esp&iacute;ritu antilibertario de Rousseau, de su disposici&oacute;n a sacrificar la libertad del individuo a la libertad de la colectividad, es decir, el sometimiento irrestricto a la voluntad general. Paradigma de la libertad y la democracia para algunos, para Berlin el autor de <i>El contrato social</i> es uno de los enemigos m&aacute;s serios de la libertad, al menos de la libertad negativa, ya que ha pasado a la historia del pensamiento pol&iacute;tico por su vehemencia para defender la libertad positiva. De manera similar, Hegel ocupa uno de los lugares m&aacute;s destacados en la historia de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica por exaltar la funci&oacute;n &eacute;tica del Estado, convirti&eacute;ndolo en el protagonista del desarrollo humano, en la entidad por medio de la cual los hombres realizan su verdadera libertad. Obviamente, la libertad individual para Hegel es completamente in&uacute;til e inf&eacute;rtil; sin la intermediaci&oacute;n &eacute;tica del Estado, no es posible ni deseable. Del mismo modo, aunque con una repercusi&oacute;n mucho menor en la historia del pensamiento pol&iacute;tico, Fichte sacrifica la libertad individual en el templo de la colectividad; aunque en su caso particular no exalta la voluntad general, como Rousseau, o el Estado, como Hegel, sino a una entidad m&aacute;s et&eacute;rea, como lo es la naci&oacute;n, protagonista por excelencia del romanticismo alem&aacute;n del siglo XIX e, infaustamente, repertorio de las evocaciones m&iacute;ticas del fascismo del siglo XX.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>En la Introducci&oacute;n al libro <i>Cuatro ensayos sobre la libertad </i>(1988), en donde se recogen entre otros el ensayo <i>Dos conceptos de libertad</i>, Berlin admite que concede gran importancia a la dimensi&oacute;n negativa de la libertad, aunque tambi&eacute;n sale al paso de sus cr&iacute;ticos y rechaza la acusaci&oacute;n de que sea completamente reacio a equipararla con la dimensi&oacute;n positiva. Ah&iacute;, acepta que el &eacute;nfasis exclusivo en la libertad negativa puede usarse para justificar los excesos horrendos del capitalismo salvaje del siglo XIX, pero confiesa que le produce igual horror, o tal vez mayor, el espect&aacute;culo de los reg&iacute;menes totalitarios del siglo XX, que pretend&iacute;an legitimarse exaltando las virtudes de la libertad positiva. La respuesta m&aacute;s sencilla a este dilema, de Berlin y de muchos que se enfrentan al concepto de libertad, parece ser que radica en fundir ambas dimensiones en un solo esquema de libertades que otorgue igual consideraci&oacute;n a ambas; sin embargo, en el debate sobre el liberalismo contempor&aacute;neo, hay quienes insisten en poner una por encima de la otra, por lo que en este sentido, los enemigos de la libertad no parecen extinguirse, sino multiplicarse.</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face=verdana size=2>&nbsp;</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face=verdana size=2><a name="nota_1"></a>1 Isaiah Berlin, <i>La traici&oacute;n de la libertad. Seis enemigos de la libertad humana</i>, FCE, M&eacute;xico, 2004. <a href="#r_nota_1">    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6154722&pid=S0188-7742200500020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->Regresar</a></font></p>      ]]></body><back>
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