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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Tolerancia y derechos humanos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="4" face=" Verdana">Diversa</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4" face=" Verdana"><b>Tolerancia    y derechos humanos</b></font></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><font size="2" face=" Verdana"><i>M&oacute;nica Beltr&aacute;n Gaos</i>*</font></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><font size="2" face=" Verdana">*Instituto Intercultural    para la Autogesti&oacute;n y la Acci&oacute;n Cultural, Espa&ntilde;a    <br>   <a href="mailto:mbeltrangaos@yahoo.com ">mbeltrangaos@yahoo.com </a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Recepci&oacute;n    de original: 02/09/03    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Recepci&oacute;n de art&iacute;culo corregido: 22/02/04</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face=" Verdana">INTRODUCCI&Oacute;N    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">&quot;La tolerancia    es la virtud de la democracia. El respeto a los dem&aacute;s, la igualdad de    todas las creencias y opiniones, la convicci&oacute;n de que nadie tiene la    verdad ni la raz&oacute;n absolutas, son el fundamento de esa apertura y generosidad    que supone el ser tolerante. Sin la virtud de la tolerancia, la democracia es    un enga&ntilde;o, pues la intolerancia conduce directamente al totalitarismo.&quot;<a href="#Nota1">1</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Esta cita de Camps    nos proporciona el punto de partida para abordar el tema de la tolerancia, y    su relaci&oacute;n incuestionable con los derechos humanos. Seg&uacute;n el    contenido propuesto por Camps, la tolerancia se nos presenta como virtud, con    una doble perspectiva: moral y pol&iacute;tica. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Como virtud moral,    porque con la tolerancia se aceptan las diferencias culturales y de opini&oacute;n,    las creencias y las formas de vida distintas a las propias, porque en cuestiones    morales, pol&iacute;ticas y culturales, no se puede establecer una verdad &uacute;nica    y definitiva. As&iacute;, la tolerancia es la aceptaci&oacute;n consciente y    positiva de las diferencias culturales, pol&iacute;ticas o morales (de grupos    estables organizados o de personas individuales) porque representan otras formas    de pensamiento o de acci&oacute;n, sin que esto suponga una renuncia a las propias    convicciones ni ausencia de compromiso personal. <a href="#Nota2">2</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Como virtud pol&iacute;tica,    porque hoy por hoy las sociedades democr&aacute;ticas mantienen en gran medida    sus sistemas de convivencia gracias a la consciente aceptaci&oacute;n del pluralismo    cultural de su propia realidad social, y ello es gracias al ejercicio de la    tolerancia.<a href="#Nota3">3</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Del mismo modo,    la tolerancia puede ser entendida desde un punto de vista negativo y desde otro    positivo. Negativo porque, si atendemos al significado del verbo &#8220;tolerar&#8221;,    &eacute;ste lo hallamos en clave negativa: aguantar, soportar, resistir, sufrir,    consentir, permitir, etc. El acto de tolerancia presupone, primeramente, la    existencia de razones para no admitir una acci&oacute;n, una ideolog&iacute;a    o una creencia. Sin embargo, tras sopesar o ponderar otro tipo de razones, &eacute;stas    se sobreponen a las primeras, de manera que se convierten en un motivo v&aacute;lido    para cambiar de actitud, y en definitiva, permitir, tolerar, dicha acci&oacute;n,    ideolog&iacute;a o creencia. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Positivo, porque    la tolerancia conlleva una actitud caracterizada por el esfuerzo para reconocer    las diferencias y comprender al otro, es decir, reconocer su derecho a ser distinto.<a href="#Nota4">4</a>    Como afirma Michael Walzer, &#8220;la tolerancia hace posible la diferencia;    la diferencia hace necesaria la tolerancia&#8221;.<a href="#Nota5">5</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Norberto Bobbio    presenta el concepto de tolerancia tambi&eacute;n desde dos puntos de vista,    seg&uacute;n se atienda a su significado hist&oacute;rico, que hace referencia    a los problemas de convivencia entre distintas creencias, primero religiosas    y despu&eacute;s pol&iacute;ticas, o al concepto de tolerancia m&aacute;s actual,    que se extiende al problema de la convivencia entre minor&iacute;as &eacute;tnicas,    ling&uuml;&iacute;sticas, raciales y, en general, de los que se llaman &#8220;diferentes&#8221;,    por ejemplo, los homosexuales, los dementes o los incapacitados.<a href="#Nota6">6</a>    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face=" Verdana">Para Bobbio, no    es lo mismo el problema de la tolerancia de creencias u opiniones distintas,    que implica la argumentaci&oacute;n sobre la verdad y la compatibilidad te&oacute;rica    o pr&aacute;ctica de verdades contrapuestas, y el otro, el problema de la tolerancia    hacia los diferentes por razones f&iacute;sicas o sociales, que sit&uacute;a    en primer plano el tema del perjuicio y la consiguiente discriminaci&oacute;n.    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">En la actualidad,    no podemos negar que el mundo se nos presenta como un conjunto de sociedades    multiculturales que han de desarrollar reglas generales de convivencia acordes    a derecho para asegurar una coexistencia pac&iacute;fica y democr&aacute;tica    para todos. Un ejemplo actual&iacute;simo de esta necesidad de crear y fomentar    sociedades multiculturales lo encontramos en el fen&oacute;meno cada vez m&aacute;s    evidente de la migraci&oacute;n, en el que la integraci&oacute;n social y absoluta    de nacionales y extranjeros nos aboca a la construcci&oacute;n de sociedades    plurales y tolerantes, en las que el respeto a la igualdad, la diversidad y    el mestizaje social se establecer&aacute;n como normas esenciales de convivencia.<a href="#Nota7">7</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Para alcanzar este    fin, la tolerancia desempe&ntilde;ar&aacute; un papel indispensable, junto con    los derechos humanos, tanto en la teor&iacute;a (es decir, en la positivaci&oacute;n    de las mismas) como en la actitud o en la pr&aacute;ctica (directamente relacionado    con la interiorizaci&oacute;n y conciencia de cada persona respecto de sus semejantes).</font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Desempe&ntilde;ar&aacute;    un papel indispensable en la teor&iacute;a porque, a tenor de la opini&oacute;n    de Diego Valad&eacute;s,<a href="#Nota8">8</a> el asunto de la tolerancia se    inscribe en el &aacute;mbito de las relaciones de poder, pudiendo ser &eacute;stas    sim&eacute;tricas o asim&eacute;tricas. Seg&uacute;n la tesis de Manuel Garc&iacute;a    Pelayo, e igualmente sostenida por Valad&eacute;s, las relaciones asim&eacute;tricas    son propias del poder del Estado, mientras que las sim&eacute;tricas son aquellas    en las que las partes se encuentran en igualdad de circunstancias. <a href="#Nota9">9</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Es en estas &uacute;ltimas,    las sim&eacute;tricas, en las que el constitucionalismo moderno y contempor&aacute;neo    ha de configurar y garantizar, procurando que, en la medida de lo posible, se    realicen de acuerdo con modalidades de cooperaci&oacute;n.<a href="#Nota10">10</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">En el derecho constitucional,    la tolerancia concierne a tres sectores: el de la conciencia, referido a las    convicciones religiosas; el cultural, referido a las cuestiones &eacute;tnicas,    ling&uuml;&iacute;sticas y de identidad regional, y, por &uacute;ltimo, el pol&iacute;tico,    concerniente al pluralismo.<a href="#Nota11">11</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">En la pr&aacute;ctica,    ser&aacute; necesario intensificar las actitudes tolerantes para alcanzar una    sociedad en la que la convivencia pac&iacute;fica sea el h&aacute;bitat natural    en el que se desarrollen las personas. Todos somos diferentes, pero vivimos    juntos, por lo que la tolerancia ser&iacute;a el punto de conexi&oacute;n entre    todos los hombres, como &uacute;nica clave para la paz. Como bien dijo John    Locke en su Ensayo sobre la tolerancia (1666), &#8220;la fuerza es un procedimiento    equivocado para hacer que los disidentes abandonen sus convicciones; es atray&eacute;ndolos    a que compartan las nuestras como se les vincular&aacute; m&aacute;s al Estado    [...] Quien difiere de m&iacute; en una opini&oacute;n se limita a mantener    una distancia entre &eacute;l y yo; pero si yo le hago mal por lo que &eacute;l    estima que es la opini&oacute;n verdadera, entonces se convertir&aacute; en    un completo enemigo. En el primer caso se trata simplemente de una separaci&oacute;n;    en el segundo, de una lucha&#8221;.<a href="#Nota12">12</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">No obstante, antes    de proseguir con la explicaci&oacute;n de la tolerancia como virtud democr&aacute;tica,    creemos necesario recabar la idea de que la noci&oacute;n de tolerancia es una    categor&iacute;a hist&oacute;rica, es un concepto hist&oacute;rico que, como    tal, responde a las necesidades sociales y pol&iacute;ticas de cada momento:    en su origen, las derivadas de la ruptura de la unidad religiosa; en fases posteriores,    como preludio de la defensa de los derechos y libertades individuales, y como    &uacute;ltima fase, cuando triunfa el constitucionalismo y se recogen en los    textos de las diferentes constituciones los derechos individuales, luego los    de participaci&oacute;n, y por &uacute;ltimo los sociales .<a href="#Nota13">13</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Para algunos autores,    como Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, en esta &uacute;ltima etapa de constitucionalizaci&oacute;n,    la tolerancia pierde parte de su peso espec&iacute;fico, y permanece como elemento    importante de la sociedad (eso seguro), pero dejando paso a los derechos fundamentales    como piedra angular del Estado de derecho, y es a trav&eacute;s de &eacute;stos    y de sus garant&iacute;as como se debe dar respuesta a las nuevas realidades.    El autor sostiene con firmeza que una vuelta a la tolerancia no ser&iacute;a    sino un retroceso hist&oacute;rico y, por tanto, una regresi&oacute;n en las    conquistas de la modernidad.<a href="#Nota14">14</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">En esta misma l&iacute;nea,    Javier de Lucas fundamenta el retorno al discurso de la tolerancia existente    en nuestros d&iacute;as en los procesos de fragmentaci&oacute;n que viven hoy    en d&iacute;a las sociedades, los efectos visibles de desigualdad y ruptura,    el descubrimiento del fen&oacute;meno local y de lo diferente ocasionados por    la globalizaci&oacute;n y por la aplicaci&oacute;n de pol&iacute;ticas neoliberales,    dando como respuesta la necesidad de retomar y reformular las nociones de libertad    y de sus diferentes manifestaciones.<a href="#Nota15">15</a> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face=" Verdana">    <br>   TOLERANCIA Y DERECHOS HUMANOS </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Como se dijo, la    tolerancia es una categor&iacute;a hist&oacute;rica que responde a las necesidades    sociales y pol&iacute;ticas de cada momento; los derechos humanos son &#8220;un    conjunto de facultades e instituciones que, en cada momento hist&oacute;rico,    concretan las exigencias de la dignidad, la libertad y la igualdad humanas,    las cuales deben ser reconocidas positivamente por los ordenamientos jur&iacute;dicos    a nivel nacional e internacional&#8221;,<a href="#Nota16">16</a> o tambi&eacute;n    pueden ser entendidos como un &#8220;Conjunto de facultades, prerrogativas,    libertades y pretensiones de car&aacute;cter civil, pol&iacute;tico, econ&oacute;mico,    social y cultural, incluidos los recursos y mecanismos de garant&iacute;a de    todas ellas, que se reconocen al ser humano, considerado individual y colectivamente&#8221;.<a href="#Nota17">17</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">A tenor de los    conceptos de derechos humanos dados, observamos que &eacute;stos comparten elementos    comunes con la tolerancia: </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">1) Ambos son categor&iacute;as    hist&oacute;ricas que, depender&aacute; del momento en el cual se vayan a ejercer,    su contenido quedar&aacute; determinado de una u otra manera, de acuerdo con    las exigencias sociales y pol&iacute;ticas. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">2) Los valores    de dignidad, libertad e igualdad humanas pueden considerarse los tres ejes en    torno a los cuales se ha centrado siempre la reivindicaci&oacute;n de los derechos    humanos; la tolerancia tambi&eacute;n busca reivindicar esos mismos valores,    pues aunque en principio pudiera parecer que se encuentra m&aacute;s ligada    con la libertad y la igualdad, la tolerancia igualmente nos lleva a reconocer    en el otro su propia dignidad. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">3) La necesidad    de positivizar (al m&aacute;s alto nivel, es decir, en el plano constitucional)    tanto los derechos humanos como la tolerancia, se convierte en un elemento imprescindible    a la hora de ejercitar nuestros derechos, as&iacute; como de hacer exigibles    el respeto a los mismos por parte del resto de la comunidad.</font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Sin embargo, los    derechos humanos poseen caracter&iacute;sticas propias que no comparten con    la tolerancia: son universales, absolutos, innegociables e inalienables. Son    universales porque son derechos de todos los seres humanos, independientemente    de su cultura, su &eacute;poca hist&oacute;rica o cualquier otra diferencia.    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Con la Declaraci&oacute;n    Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de Naciones    Unidas el 10 de diciembre de 1948, por primera vez en la historia, un sistema    de principios fundamentales de la conducta humana fue libre y expresamente aceptado,    a trav&eacute;s de los gobiernos de cada pa&iacute;s, por la mayor&iacute;a    de los hombres que habitan la Tierra. S&oacute;lo despu&eacute;s de esta Declaraci&oacute;n    podemos tener la certidumbre hist&oacute;rica de que toda la humanidad comparte    algunos valores comunes, y podemos creer finalmente en la universalidad de los    valores en el &uacute;nico sentido en que tal creencia es hist&oacute;ricamente    leg&iacute;tima, es decir, en el sentido en que universal significa no dado    objetivamente, sino subjetivamente acogido por el universo de los hombres.<a href="#Nota18">18</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Evidentemente,    y ya desde un punto de vista jur&iacute;dico, podemos basar la universalidad    de los derechos humanos en las teor&iacute;as iusnaturalistas o positivistas,    en las que se explica a partir de la naturaleza de la propia persona, en el    caso iusnaturalista, o a partir de cu&aacute;ndo los derechos son oponibles    o no a todos (erga omnes), es decir, cuando el c&iacute;rculo de obligados es    universal.<a href="#Nota19">19</a> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face=" Verdana">El car&aacute;cter    absoluto de los derechos humanos significa que, en caso de conflicto, &eacute;stos    prevalecer&aacute;n sobre el resto de derechos. El que sean innegociables se    refiere a que en ning&uacute;n caso estos derechos podr&aacute;n ser puestos    en discusi&oacute;n, en ninguna circunstancia, aunque sea &eacute;sta de car&aacute;cter    excepcional.<a href="#Nota20">20</a> Entendemos por <i>inalienabilidad</i>    aquella cualidad de un derecho en virtud de la cual su titular no puede realizar    sobre &eacute;l ning&uacute;n tipo de actos de disposici&oacute;n; es decir,    que en virtud de la inalienabilidad, el titular del derecho no puede hacer imposible    para s&iacute; mismo el ejercicio de &eacute;ste.<a href="#Nota21">21</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">El car&aacute;cter    inalienable de los derechos humanos se fundamenta en la propia dignidad humana,    pues &eacute;sta le es impuesta al hombre en forma inexorable; el hombre no    puede renunciar a ella ni es libre para ser o no ser hombre, para tener o no    tener una dignidad que &eacute;l mismo no se ha conferido. <a href="#Nota22">22</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Por lo expuesto,    decimos que la tolerancia no tiene las caracter&iacute;sticas de:</font></p> <ul>       <li><font size="2" face=" Verdana"> Universalidad:      la tolerancia no est&aacute; tipificada como derecho, sino que es una pr&aacute;ctica      que no est&aacute; universalmente aceptada por todos los hombres, a diferencia      de lo que ocurre con los derechos humanos. </font>    <br>   </li>       <li><font size="2" face=" Verdana"> Ser absoluta:      la tolerancia no reviste car&aacute;cter absoluto porque tiene l&iacute;mites,      ya que existen determinados actos o situaciones que no pueden tolerarse; como      l&iacute;mite m&aacute;ximo, no se pueden tolerar aquellas leyes y conductas      que lesionen los derechos contenidos en la Declaraci&oacute;n Universal de      los Derechos Humanos. La tolerancia no puede ser nunca absoluta ni incluir      cualquier tipo de conducta, ya que entonces los fan&aacute;ticos y los intolerantes      intentar&iacute;an imponer sus convicciones por la fuerza y sin respetar el      Estado de derecho ni las libertades individuales.<a href="#Nota23">23</a>      </font></li>     </ul>     <p><font size="2" face=" Verdana">Es por ello que    una interpretaci&oacute;n superficial de la tolerancia la llevar&iacute;a a    su propia ruina: el escepticismo permisivista del todo vale. La verdadera tolerancia    no se fundamenta en escepticismos, sino en una firmeza de principios que se    opone a la indebida exclusi&oacute;n de lo diferente. O, como se&ntilde;alaba    el director general de la UNESCO en su informe para el A&ntilde;o Internacional    de la Tolerancia, la tolerancia no es una actitud de simple neutralidad o indiferencia,    sino una posici&oacute;n resuelta que cobra sentido cuando se opone a su l&iacute;mite,    que es lo intolerable. Posici&oacute;n resuelta fruto de la firmeza de los principios,    perfectamente compatible con un modo de aplicarlos prudente y flexible.<a href="#Nota24">24</a>    </font></p> <ul>       <li><font size="2" face=" Verdana"> Innegociable:      no puede ser innegociable algo que depende de la aptitud que la persona tenga      hacia una determinada conducta o situaci&oacute;n; depender&aacute; de cada      uno y de la percepci&oacute;n individual de las personas, el que se considere      tolerable o no una situaci&oacute;n o una acci&oacute;n (respetando siempre      los l&iacute;mites ya dichos), con lo que el elemento subjetivo cobra fuerza      en detrimento de lo objetivo.     <br>     </font></li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li><font size="2" face=" Verdana"> Inalienabilidad:      el ser tolerante no es inherente al hombre, m&aacute;s bien creemos que es      al contrario, que el instinto de imposici&oacute;n siempre se manifiesta antes      que el de ser tolerante. En resumen, la tolerancia, como cualquier otro valor,      no se adquiere de manera espont&aacute;nea, requiere aprendizaje. Se puede      decir que es tolerante quien quiere serlo, pero si en algo se fundamenta la      tolerancia es en el di&aacute;logo y en el estudio, como b&uacute;squeda de      la verdad.<a href="#Nota25">25</a> </font></li>     </ul>     <p><font size="2" face=" Verdana">    <br>   LA EDUCACI&Oacute;N EN LA TOLERANCIA COMO ELEMENTO IMPRESCINDIBLE EN LA FORMACI&Oacute;N    DE LA CULTURA DE LOS DERECHOS HUMANOS </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">El gran reto de    incorporar la tolerancia a los procesos educativos no est&aacute; en incluirla    como un tema, sino como estrategia de ense&ntilde;anza y de aprendizaje. La    tolerancia radica aqu&iacute; en la necesidad de aceptarnos como personas diferentes,    pero, a la vez, como habitantes de la misma sociedad y, en definitiva, me-recedores    de una educaci&oacute;n digna y antirracista.<a href="#Nota26">26</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Actualmente, una    de las demandas de nuestra sociedad se refiere a que desde la educaci&oacute;n    se promuevan puntos de referencia para construir un proceso din&aacute;mico    de humanizaci&oacute;n que responda a la crisis de valores y a la desmoralizaci&oacute;n    en la que se desenvuelven los grupos sociales, con el &aacute;nimo de resolver    sus problemas y conflictos que se derivan de estas situaciones (antisemitismo,    xenofobia, intolerancia religiosa, desempleo, pobreza, etc&eacute;tera). </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">La sociedad ha    llegado a la conclusi&oacute;n de que la educaci&oacute;n debe participar activamente    para crear nuevos m&eacute;todos de pensamiento y en construir una nueva moral,    los cuales propicien una serie de comportamientos que conlleven al respeto incondicional    del ser humano. Uno de los dilemas que ha de resolver el sistema es posibilitar    a todas las personas las mismas oportunidades de ser diferentes, pues, por un    lado, se afirma el valor absoluto de la persona y, por el otro, &eacute;ste    se viola de una manera u otra con actitudes y comportamientos xen&oacute;fobos,    racistas o intolerantes. <a href="#Nota27">27</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">La educaci&oacute;n,    entendida no solamente en su funci&oacute;n socializadora sino tambi&eacute;n    transformadora, ha encontrado en la educaci&oacute;n en derechos humanos una    de sus mejores expresiones. La educaci&oacute;n no solamente constituye un derecho    humano, sino que debe representar el medio por excelencia para ejercer estos    derechos, as&iacute; como para mejorar nuestra calidad de vida, y es necesario    convertir a &eacute;ste en un criterio de evaluaci&oacute;n del quehacer educativo    en todos los niveles.<a href="#Nota28">28</a> Educar en derechos humanos es    crear una cultura cuyo centro sea el hombre con dignidad, con derechos y tambi&eacute;n    con deberes. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">La capacitaci&oacute;n    y la formaci&oacute;n en la cultura de los derechos humanos conlleva la ardua    tarea de darlos a conocer, no s&oacute;lo en forma enunciativa, sino en algo    mucho m&aacute;s importante, en su esencia, en hacerlos parte integral de la    persona, para que pueda vivirlos no s&oacute;lo como un derecho propio, sino    como la mejor expresi&oacute;n de reconocimiento y respeto a los valores que    todos los seres humanos tenemos, simplemente por el hecho de ser personas.<a href="#Nota29">29</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Lo espec&iacute;fico    de la educaci&oacute;n en los derechos humanos es educar la conciencia de una    convivencia social en los &aacute;mbitos personal, nacional e internacional    que dignifique a la persona. Es una educaci&oacute;n cuyo centro ser&aacute;    el conflicto permanente de las relaciones humanas, pero cuya esperanza siempre    estar&aacute; dada por el respeto al otro, la cooperaci&oacute;n y el entendimiento.    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face=" Verdana">Esto lleva necesariamente    a que una educaci&oacute;n en derechos humanos sea una educaci&oacute;n democr&aacute;tica;    pero adem&aacute;s de ser una educaci&oacute;n democr&aacute;tica, deber&iacute;a    ser una educaci&oacute;n en democracia, como referente necesario para la pr&aacute;ctica    de los derechos humanos.<a href="#Nota30">30</a> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Desde esa perspectiva,    el Congreso Internacional sobre la Ense&ntilde;anza de los Derechos Humanos    congregado por la UNESCO en Viena, en 1978, se&ntilde;alaba que la ense&ntilde;anza    de los derechos humanos deber&iacute;a tener por objetivos: </font></p> <ol>   <ol>         <li><font size="2" face=" Verdana">Motivar las        actitudes de tolerancia, de respeto, de solidaridad inherente a los derechos        humanos. </font></li>         <li><font size="2" face=" Verdana"> Entregar        los conocimientos sobre derechos humanos en sus dimensiones tanto nacional        como internacional, y sobre las instituciones establecidas para su puesta        en marcha. </font></li>         <li><font size="2" face=" Verdana"> Desarrollar        en cada individuo la conciencia acerca de los medios por los cuales los        derechos humanos pueden ser concretados en la realidad social y la pol&iacute;tica        en el nivel tanto nacional como internacional. </font></li>       </ol>     </ol>     <p><font size="2" face=" Verdana">El cambio hacia    una educaci&oacute;n en derechos humanos, como elemento primordial a la hora    de crear sociedades que sean capaces de delinear su futuro de acuerdo con presupuestos    democr&aacute;ticos, nos lleva a plantearnos el hecho mismo de que este tipo    de educaci&oacute;n se convierta en una disciplina jur&iacute;dica plenamente    aut&oacute;noma, en todos los niveles de educaci&oacute;n, y que se refleje    en el actuar cotidiano de los ciudadanos. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Como afirm&aacute;bamos    l&iacute;neas arriba, la educaci&oacute;n en derechos humanos desempe&ntilde;ar&aacute;    un papel de car&aacute;cter preventivo, as&iacute; como educacional en s&iacute;    mismo, convirti&eacute;ndose en elemento m&aacute;s que necesario para la protecci&oacute;n    de las violaciones en derechos humanos. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Con esto no queremos    decir que los medios ya existentes que protegen los derechos humanos tanto en    M&eacute;xico como en Espa&ntilde;a, ya sea en el &aacute;mbito jurisdiccional    (tribunales y jueces) como en el no jurisdiccional (instituciones de <i>ombudsman</i>),    no sean operativos (que lo son) y no est&eacute;n efectuando la labor que les    es propia, pero tampoco podemos dejar de apuntar una realidad: los medios muchas    veces se nos presentan como insuficientes para reponer al ciudadano en sus derechos.    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face=" Verdana">Esta insuficiencia    en el actuar de los medios de justicia depender&aacute; de muchos factores,    que a su vez ser&aacute;n distintos seg&uacute;n el pa&iacute;s del que estemos    hablando. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">En M&eacute;xico,    la v&iacute;a jurisdiccional es insuficiente en gran medida, por el alto grado    de saturaci&oacute;n que atraviesan los tribunales mexicanos, eso sin olvidarnos    de los problemas que todav&iacute;a enfrenta el pa&iacute;s respecto a la erradicaci&oacute;n    de la impunidad y la corrupci&oacute;n, como sello latente en las dependencias    federales (por hablar s&oacute;lo de este &aacute;mbito territorial, sin centrarnos    en el de las entidades federativas y los entes locales). </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Dicho de otro modo:    las deficiencias en el sistema judicial mexicano obedecen tanto a aspectos de    car&aacute;cter institucional como a factores de car&aacute;cter social. Los    primeros se refieren a los problemas internos de los poderes judiciales que    les impiden lograr eficacia y alta calidad en los servicios que prestan (el    problema de la doble jurisdicci&oacute;n y el alto costo que supone para los    ciudadanos el acudir a la v&iacute;a judicial); el segundo est&aacute; relacionado    directamente con el contexto social mexicano, atendiendo a los factores de analfabetismo,    pobreza, etc., unido igualmente al primer elemento.<a href="#Nota31">31</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Del &aacute;mbito    jurisdiccional nos pasamos al no jurisdiccional, o lo que es lo mismo, al <i>ombudsman</i>.    En M&eacute;xico, esta instituci&oacute;n de origen sueco naci&oacute;, entre    otras muchas causas, como respuesta a la demanda social tan fuerte, que necesitaba    de una v&iacute;a de protecci&oacute;n de sus derechos frente a las agresiones    realizadas por los servidores p&uacute;blicos. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">La tarea que realiza    la Comisi&oacute;n Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) desde 1990 es muy    conocida por todos, y en nuestra opini&oacute;n su existencia en M&eacute;xico    ha favorecido en gran medida una mejora sustancial en la protecci&oacute;n de    los derechos humanos. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">En Espa&ntilde;a    tambi&eacute;n existen estas dos v&iacute;as: judicial y no judicial, igualmente    representadas en los tribunales y en el Defensor del Pueblo. El problema de    la saturaci&oacute;n que existe en los tribunales, creemos que hoy en d&iacute;a    es una realidad de casi todos los pa&iacute;ses, con lo que diremos que los    tribunales espa&ntilde;oles tambi&eacute;n se encuentran aquejados de este mal,    que por otro lado reviste dif&iacute;cil soluci&oacute;n, al menos a corto o    mediano plazo. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Una justicia que    no sea pronta y expedita pierde toda raz&oacute;n de ser, y en la actualidad    estas premisas iniciales de justicia se incumplen incesantemente, a pesar de    que en Espa&ntilde;a los juicios de derechos fundamentales se revisten de los    principios de preferencia y sumariedad del art&iacute;culo 53.2 de la Constituci&oacute;n,    adem&aacute;s de estar regulados por una ley org&aacute;nica (Ley 62/78 de protecci&oacute;n    jurisdiccional de los derechos fundamentales de la persona, de 26 de diciembre).<a href="#Nota32">32</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Por todo ello,    y retomando la premisa de la educaci&oacute;n como pilar fundamental en la prevenci&oacute;n    y protecci&oacute;n de los derechos humanos, nos unimos a la tesis de Enrique    Arrieta Silva, que siguiendo la tesis de Cabanellas, define la autonom&iacute;a    de una disciplina jur&iacute;dica como aquella que re&uacute;ne los requisitos    de autonom&iacute;a legislativa, cient&iacute;fica, did&aacute;ctica y jurisdiccional.<a href="#Nota33">33</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Entiende por autonom&iacute;a    legislativa la que le proporciona a la disciplina jur&iacute;dica posibilidad    de dictar su sistema normativo; la cient&iacute;fica, aquella que se produce    cuando se alcanza un nivel importante de trabajos sobre la materia de car&aacute;cter    profundo y cr&iacute;tico; la did&aacute;ctica, cuando la disciplina se incluye    dentro de los planes de estudio de escuelas y facultades, y, finalmente, la    jurisdiccional, cuando existen tribunales propios para la disciplina en cuesti&oacute;n.    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">A tenor de estos    criterios, cada pa&iacute;s deber&aacute; analizar si la educaci&oacute;n en    derechos humanos tiene o no autonom&iacute;a dentro de su sistema. En Espa&ntilde;a,    la respuesta a si la disciplina de la educaci&oacute;n en los derechos humanos    es aut&oacute;noma ser&iacute;a afirmativa, aunque con una serie de matices.    Respecto a la autonom&iacute;a legislativa, s&iacute; que la tiene, pues existen    much&iacute;simos textos jur&iacute;dicos que norman los derechos humanos y    sus garant&iacute;as, tanto en el plano internacional como en el nacional, y    asimismo por la creaci&oacute;n de la instituci&oacute;n del Defensor del Pueblo,    que goza de rango constitucional; autonom&iacute;a cient&iacute;fica tambi&eacute;n    la tiene, pues el tema de los derechos humanos en s&iacute;, igual que las problem&aacute;ticas    que los rodean, han sido objeto de innumerables estudios e investigaciones;    autonom&iacute;a jurisdiccional, es evidente que s&iacute; la posee, por la    existencia de tribunales nacionales que se ocupan de restituir a los ciudadanos    en el pleno ejercicio de sus derechos, y no s&oacute;lo en el plano nacional    sino tambi&eacute;n en el internacional (los espa&ntilde;oles, como ciudadanos    europeos, pueden acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en    Estrasburgo. En el &aacute;mbito no jurisdiccional, los espa&ntilde;oles pueden    acudir a presentar su queja ante el Defensor del Pueblo, que cuenta con su propio    procedimiento y resoluci&oacute;n). Y, por &uacute;ltimo, la autonom&iacute;a    did&aacute;ctica, que s&oacute;lo podr&iacute;a afirmarse que existe como disciplina    aut&oacute;noma en los estudios de nivel superior. Hoy en d&iacute;a, las universidades    espa&ntilde;olas recogen dentro de sus planes de estudio asignaturas referentes    a los derechos humanos, estudi&aacute;ndolas y relacion&aacute;ndolas desde    un punto de vista pluridisciplinar, no &uacute;nicamente desde el prisma del    derecho.<a href="#Nota34">34</a> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face=" Verdana">Siguiendo el mismo    esquema, dir&iacute;amos que en M&eacute;xico, respecto a la autonom&iacute;a    legislativa, s&iacute; la tiene, pues existen una ley y un reglamento interno    del &oacute;rgano al cual se le encomend&oacute; la tarea de proteger, divulgar    y ense&ntilde;ar los derechos humanos en el pa&iacute;s, fomentando a la vez    la creaci&oacute;n de una cultura de los derechos humanos: la CNDH; autonom&iacute;a    cient&iacute;fica, es evidente que el tama&ntilde;o de investigaciones y trabajos    centrados en el tema es cuantioso; autonom&iacute;a jurisdiccional, existen    tribunales ordinarios que, a trav&eacute;s del juicio de amparo, hacen valer    las garant&iacute;as individuales de los mexicanos, en el plano nacional; en    el &aacute;mbito internacional, M&eacute;xico forma parte del sistema regional    americano de protecci&oacute;n de los derechos humanos, compuesto por la Comisi&oacute;n    y la Corte Interamericana, con sedes en San Jos&eacute; de Costa Rica y Washington.    De todas maneras, y ya hablando en el plano extrajudicial, puede decirse que    la CNDH cumple con este requisito de autonom&iacute;a jurisdiccional, porque    la propia CNDH tiene en su normativa procedimientos de protecci&oacute;n de    los derechos humanos, que sin ser jurisdiccionales, se encargan de que las autoridades    enmienden su actitud y repongan en sus derechos a los quejosos. Por &uacute;ltimo,    quedar&iacute;a por ver la autonom&iacute;a did&aacute;ctica, de la cual diremos    que, hoy por hoy, los derechos humanos en M&eacute;xico no gozan de ella. Y    esto es as&iacute; porque, revisando los programas de oferta acad&eacute;mica    de las universidades, vemos que esta oferta es a&uacute;n muy reducida. <a href="#Nota35">35</a></font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Otra de las funciones,    important&iacute;sima a nuestro juicio, de la educaci&oacute;n por y para los    derechos humanos es que no es una actividad que termine en s&iacute; misma,    sino que est&aacute; proyectada para generar otras acciones, m&uacute;ltiples    y en &aacute;mbitos tambi&eacute;n m&uacute;ltiples, que hagan realidad la existencia    viva del Estado de derecho.<a href="#Nota36">36</a> Nos estamos refiriendo a    la funci&oacute;n preventiva que realizar&aacute; este tipo de educaci&oacute;n    respecto a las futuras violaciones de derechos humanos. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Desde el momento    en que una persona tome conciencia de que es sujeto de derechos y conozca el    contenido de esos derechos que le son inherentes, tendr&aacute; en sus manos    la posibilidad de hacer frente, as&iacute; como de reaccionar, a las violaciones    o intromisiones que sufra en su persona, haciendo valer sus derechos, y contribuyendo    a que cada d&iacute;a, con su actitud, se refuerce la cultura de los derechos    humanos. Pero para llegar a la afirmaci&oacute;n de estos derechos en las conciencias    de los individuos y de los pueblos, el proceso pasa, de manera inevitable, por    la educaci&oacute;n. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Sobra decir que    la educaci&oacute;n en los derechos humanos es una responsabilidad de los gobiernos,    as&iacute; como tambi&eacute;n lo es de cada individuo y de las instituciones.    La responsabilidad de los gobiernos radica en que &#8220;nadie puede servir    los intereses del pueblo si no entiende y apoya los derechos humanos&#8221;.<a href="#Nota37">37</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Para concluir,    s&oacute;lo a&ntilde;adiremos que es necesario educar a los j&oacute;venes,    principalmente, porque son el futuro, en un ambiente de tolerancia para que    aprendan a vivir en tolerancia, palabra que va m&aacute;s all&aacute; de la    armon&iacute;a social como utop&iacute;a, sino que se convierte en una estrategia    y en una pol&iacute;tica real de desarrollo humano.<a href="#Nota38">38</a>    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana">Todos debemos aunar    esfuerzos para conseguir vivir en un mundo en el que se respeten los derechos    humanos en su totalidad, y en el que la tolerancia se convierta en nuestra gu&iacute;a    de actuaci&oacute;n, entendiendo por tolerancia lo dispuesto en la Declaraci&oacute;n    de Principios sobre la Tolerancia (UNESCO, 1995): </font></p>     <blockquote>       <p><font size="2" face=" Verdana">La tolerancia      consiste en el respeto, la aceptaci&oacute;n y el aprecio de la rica diversidad      de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresi&oacute;n y      medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura,      la comunicaci&oacute;n y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religi&oacute;n.      La tolerancia consiste en la armon&iacute;a en la diferencia. No s&oacute;lo      es un deber moral, sino adem&aacute;s una exigencia pol&iacute;tica y jur&iacute;dica.      La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la      cultura de guerra por la cultura de paz.<a href="#Nota39">39</a></font></p> </blockquote>     <p>&nbsp;</p>     <!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota1"></a>1    V. Camps, <i>Virtudes p&uacute;blicas</i>, Madrid, Espasa- Calpe, 1990, p.    81. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157634&pid=S0188-7742200400010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota2"></a>2    Jos&eacute; Antonio Baigorri Go&ntilde;i et al., <i>Los derechos humanos: un    proyecto inacabado</i>, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2000, p. 87. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157635&pid=S0188-7742200400010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota3"></a>3    <i>Ibid</i>., p. 88. </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota4"></a>4    Jos&eacute; Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, <i>Tolerancia y derechos fundamentales    en las sociedades multiculturales</i>, Madrid, Tecnos, 2001, pp. 59-60. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157637&pid=S0188-7742200400010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota5"></a>5    Michael Walzer, <i>Tratado sobre la tolerancia</i>, Barcelona, Paid&oacute;s    (Colec. Estado y Sociedad), 1998, p. 13. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157638&pid=S0188-7742200400010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota6"></a>6    Norberto Bobbio, <i>El tiempo de los derechos</i>, Madrid, Sistema, 1991,    p. 243. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157639&pid=S0188-7742200400010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota7"></a>7    Jos&eacute; Ram&oacute;n Ju&aacute;niz Maya, <i>XXI Retos para un siglo con    derechos humanos</i>, Valencia, Espa&ntilde;a, Publicaciones de la Universidad    de Valencia, 2001, p. 43.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157640&pid=S0188-7742200400010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota8"></a>8    Diego Valad&eacute;s, &#8220;Consideraciones acerca del r&eacute;gimen constitucional    de la tolerancia&#8221;, <i>Bolet&iacute;n Mexicano de Derecho Comparado</i>,    n&uacute;m. 97, nueva serie, a&ntilde;o XXXIII, M&eacute;xico, enero-abril,    2000, pp. 298-299. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157641&pid=S0188-7742200400010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota9"></a>9    Manuel Garc&iacute;a Pelayo, <i>Idea de la pol&iacute;tica y otros escritos</i>,    Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1983, pp. 187 y ss. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157642&pid=S0188-7742200400010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota10"></a>10    Esta modalidad de cooperaci&oacute;n se produce cuando uno o m&aacute;s actores    participan con un qu&aacute;ntum determinado de poder a prop&oacute;sito de    un objetivo com&uacute;n. Diego Valad&eacute;s, <i>op. cit.</i> </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota11"></a>11    <i>Ibid.</i>, p. 300. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota12"></a>12    John Locke, <i>Ensayo sobre la tolerancia</i>, trad. de Carlos Mellizo, Madrid,    Alianza Editorial, 1999, pp. 53-54. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157645&pid=S0188-7742200400010001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota13"></a>13    Jos&eacute; Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, <i>op. cit</i>., p. 17.</font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota14"></a>14    <i>Idem</i>. </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota15"></a>15    Javier de Lucas, <i>Para dejar de hablar de tolerancia</i>, Doxa, Cuadernos    de Filosof&iacute;a del Derecho, n&uacute;m.</font><font size="2" face=" Verdana">11    Espa&ntilde;a, Universidad de Alicante, 1992, p. 117. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157648&pid=S0188-7742200400010001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota16"></a>16    Antonio Enrique P&eacute;rez Lu&ntilde;o, <i>Derechos humanos, Estado de derecho    y constituci&oacute;n</i>, Madrid, Tecnos, 1999, p. 48. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157649&pid=S0188-7742200400010001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota17"></a>17    Jes&uacute;s Rodr&iacute;guez y Rodr&iacute;guez, voz &#8220;derechos humanos&#8221;,    en Miguel Carbonell (coord.), <i>Diccionario de Derecho constitucional</i>,    M&eacute;xico, Porr&uacute;a/UNAM, 2002, p. 173.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157650&pid=S0188-7742200400010001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota18"></a>18    Norberto Bobbio, <i>op. cit.</i>, p. 66. </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota19"></a>19    Rodrigo Guerra L&oacute;pez, <i>Afirmar a la persona por s&iacute; misma: la    dignidad como fundamento de los derechos de las personas</i>, M&eacute;xico,    CNDH, 2003, p. 193. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157652&pid=S0188-7742200400010001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota20"></a>20    Recordemos aqu&iacute; que en los estados de excepci&oacute;n, alarma o sitio,    la suspensi&oacute;n de los derechos, as&iacute; como de las garant&iacute;as    constitucionales, tiene su l&iacute;mite en el derecho a la vida, la tortura    o trato degradante, la esclavitud y servidumbre personal, y el principio de    legalidad penal. V&eacute;ase Luis L&oacute;pez Guerra, <i>Derecho constitucional</i>,    v. II, Valencia, Espa&ntilde;a, Tirant lo Blanch, 2000, p. 452. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157653&pid=S0188-7742200400010001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota21"></a>21    Antonio Mart&iacute;nez-Pujalte, &#8220;Los derechos humanos como derechos inalienables&#8221;,    en Jes&uacute;s Ballesteros (coord.), <i>Derechos humanos</i>, Madrid, Tecnos,    1992, p. 88. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157654&pid=S0188-7742200400010001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota22"></a>22<i>    Ibid</i>., pp. 93-94.</font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota23"></a>23    Jos&eacute; Antonio Baigorri Go&ntilde;i <i>et al</i>., <i>op. cit.</i>,    p. 92. </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota24"></a>24    Jos&eacute; Antonio Alc&aacute;zar, <i>Educar en y para la tolerancia</i>,    Centro de Investigaci&oacute;n y Desarrollo, Fomento de Centros de Ense&ntilde;anza    <a href="http://www.fomento.edu" target="_blank">http://www. fomento.edu</a>.    </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157657&pid=S0188-7742200400010001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota25"></a>25    &Oacute;scar Fern&aacute;ndez Espinosa de los Monteros, &#8220;Tolerancia: una    asignatura pendiente&#8221;, en <i>&Eacute;tica, manipulaci&oacute;n y tolerancia</i>,    versi&oacute;n internet: <a href="http://www.encuentra.com" target="_blank">www.encuentra.com</a>.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157658&pid=S0188-7742200400010001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota26"></a>26    Araceli Aguilar Alfonso, &#8220;Pol&iacute;ticas educativas: de la tolerancia    hacia la tolerancia&#8221;, <i>Quinto Concurso Nacional Juvenil de Ensayo sobre    Derechos Humanos: los derechos de los j&oacute;venes en el &aacute;mbito de    los Derechos Humanos en M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Instituto Mexicano    de la Juventud/CNDH, 2002, p. 270. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157659&pid=S0188-7742200400010001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota27"></a>27    Comisi&oacute;n Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), <i>Elementos del debate    actual de la educaci&oacute;n para la tolerancia y la interculturalidad</i>,    M&eacute;xico, CNDH, 2000, pp. 7-11. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157660&pid=S0188-7742200400010001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota28"></a>28    CNDH, <i>La educaci&oacute;n en derechos humanos y su papel en la reorientaci&oacute;n    de las pol&iacute;ticas educativas</i>, M&eacute;xico, CNDH, 2000, pp. 11-12.    </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157661&pid=S0188-7742200400010001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota29"></a>29    Magdalena Aguilar Cuevas, <i>Manual de capacitaci&oacute;n: derechos humanos.    Ense&ntilde;anza, aprendizaje y formaci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, CNDH,    1993, p. 197.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157662&pid=S0188-7742200400010001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota30"></a>30    Felipe Tirado K., &#8220;Los derechos humanos y su inserci&oacute;n en el sistema    escolar&#8221;, en <i>Manual de capacitaci&oacute;n para educadores: la incorporaci&oacute;n    de los derechos humanos al aula</i>, M&eacute;xico, Corporaci&oacute;n Nacional    de Reparaci&oacute;n y Reconciliaci&oacute;n, 1994, p. 44.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157663&pid=S0188-7742200400010001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota31"></a>31    Luis Rubio, Beatriz Magaloni y Jaime Edna, <i>A la puerta de la ley. El Estado    de derecho en M&eacute;xico</i>, H&eacute;ctor Fix Fierro (ed.), M&eacute;xico,    Cal y Arena, 1994, pp. 58-59. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157664&pid=S0188-7742200400010001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota32"></a>32    Antonio Torres del Moral, <i>Principios de derecho constitucional espa&ntilde;ol</i>,    Madrid, Publicaciones de la Facultad de Derecho, Universidad Complutense de    Madrid, 1992, p. 616. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157665&pid=S0188-7742200400010001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota33"></a>33    Enrique Arrieta Silva, <i>Hacia la autonom&iacute;a plena de los derechos humanos    como disciplina jur&iacute;dica</i>, M&eacute;xico, Derechos Humanos, Memoria    del IV Congreso Nacional de Derecho Constitucional, t. III, Instituto de Investigaciones    Jur&iacute;dicas, UNAM, 2001, pp. 47 y ss.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157666&pid=S0188-7742200400010001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota34"></a>34    Es cierto que existen ofertas acad&eacute;micas relacionadas con los derechos    humanos fuera de lo que son actualmente los planes de estudio de las facultades    de derecho, pero no creemos que ser&aacute; en estas facultades en donde exista    una mayor oferta de asignaturas referentes al tema de protecci&oacute;n y problem&aacute;tica    de los derechos humanos. V&eacute;ase Plan de Estudios de la Universidad de    Valencia, as&iacute; como de la Universidad Polit&eacute;cnica de Valencia.    <a href="http://www.uv.es" target="_blank">www.uv.es</a> y <a href="http://www.upv.es" target="_blank">www.upv.es</a>.    </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota35"></a>35    V&eacute;ase la lista de las facultades que integran en sus materias algunas    relacionadas con derechos hu</font><font size="2" face=" Verdana">manos, en el art&iacute;culo    de Enrique Arrieta Silva, <i>op. cit.</i>, p. 52. </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota36" id="Nota36"></a>36    Jos&eacute; Bonifacio Barba, <i>Educaci&oacute;n para los derechos humanos</i>,    M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1997, p. 122</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157669&pid=S0188-7742200400010001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota37"></a>37    Nancy Flowers, &#8220;La educaci&oacute;n para los derechos humanos: un derecho    y una responsabilidad&#8221;, en <i>Los derechos humanos en el siglo XXI: cincuenta    ideas para su pr&aacute;ctica</i>, Barcelona, Icaria/UNESCO, 1998, p. 24. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6157670&pid=S0188-7742200400010001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota38"></a>38    Araceli Aguilar Alfonso, <i>op. cit.</i>, p. 275. </font></p>     <p><font size="2" face=" Verdana"><a name="Nota39"></a>39    Art&iacute;culo 1.1 de la Declaraci&oacute;n de la UNESCO sobre la Tolerancia,    de 16 de noviembre de 1995.</font></p>     <p>&nbsp;</p>      ]]></body><back>
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