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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Francisco Vald&eacute;s Ugalde, <i>La regla ausente. Democracia y conflicto constitucional en M&eacute;xico</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>La regla ausente. Democracia y conflicto </b></I><b><I>constitucional en M&eacute;xico </I>by Francisco Vald&eacute;s Ugalde</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rodolfo V&aacute;zquez*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Flacso M&eacute;xico/Gedisa/IIS&#150;UNAM, 2010, 253 pp. </b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Departamento Acad&eacute;mico de Derecho, Instituto Tecnol&oacute;gico Aut&oacute;nomo de M&eacute;xico (ITAM), Rio Hondo, Altavista del. &Aacute;lvaro Obreg&oacute;n C.P. 01080 M&eacute;xico, D.F. Tel. 5628 40 00 ext. 7681.</i> <a href="mailto:laura.zamudio@uia.mx">laura.zamudio@uia.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><I>La regla ausente </I>es un libro que puede leerse a la luz del "nuevo constitucionalismo latinoamericano", es decir, de la serie de reformas constitucionales promovidas en buena parte de los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os. Se trata de un libro propositivo cuyo objetivo es analizar y diagnosticar el sistema constitucional mexicano, en el cual, seg&uacute;n Vald&eacute;s Ugalde, parece estar ausente &#150;o al menos incompleta&#150; una regla de reconocimiento. La finalidad es transitar hacia una <I>regla presente</I>, que el autor condensar&aacute; en el ap&eacute;ndice 5, en una propuesta concreta de procedimiento para el cambio constitucional. Creo que la lectura del libro gana mucho cuando se tiene la referencia de este ap&eacute;ndice. Pero vayamos por partes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Am&eacute;rica Latina &#150;y M&eacute;xico no es la excepci&oacute;n&#150; asistimos, a partir de los a&ntilde;os noventa, a un reposicionamiento de la democracia constitucional: <I>el principio de legalidad como fuente de legitimidad</I>, en los t&eacute;rminos de Vald&eacute;s Ugalde. Este consenso en torno al constitucionalismo democr&aacute;tico, como afirma el jurista chileno Javier Couso, se oper&oacute; tanto desde la izquierda como desde la derecha. Por el sector de la izquierda, la ola dictatorial de los a&ntilde;os precedentes, traducida en t&eacute;rminos de tortura, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y otras violaciones a los derechos humanos, llev&oacute; a este sector a valorar instituciones constitucionales como el <I>habeas corpus</I> o el debido proceso. Asimismo, la ca&iacute;da de los socialismos reales plante&oacute; a la izquierda la necesidad de promover los derechos fundamentales y consagrarlos en las cartas constitucionales como un elemento necesario de cualquier r&eacute;gimen pol&iacute;tico razonable. Por el sector de la derecha, el pragmatismo econ&oacute;mico los condujo a la convicci&oacute;n de que "sin un Estado de derecho s&oacute;lido que estableciera derechos de propiedad claros, un Poder Judicial independiente y una fuerza p&uacute;blica bien organizada, los pa&iacute;ses m&aacute;s atrasados no alcanzar&iacute;an el desarrollo econ&oacute;mico".<a href="#nota"><Sup>1</Sup></a> Los sectores m&aacute;s conservadores comenzaron a valorar las contenciones propias incluidas en los dise&ntilde;os constitucionales. De esta manera, ya sea por la v&iacute;a dogm&aacute;tica o por la v&iacute;a org&aacute;nica, la democracia constitucional se presentaba como la &uacute;nica alternativa posible para alcanzar los consensos necesarios de gobernabilidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero al encanto inicial con este modelo se ha sucedido en la regi&oacute;n una suerte de desilusi&oacute;n, as&iacute; como la percepci&oacute;n de un agotamiento de &eacute;ste, lo que ha conducido a propuestas democr&aacute;ticas radicales o populistas con perfiles de izquierda o de derecha. Asistimos a una serie de reformas constitucionales restrictivas de la libertad de expresi&oacute;n, no constre&ntilde;ida al principio de divisi&oacute;n de poderes, y propensa a subordinar las instituciones democr&aacute;ticas a la voluntad del l&iacute;der o del caudillo. As&iacute;, por ejemplo, entre otras muchas reformas, se ampl&iacute;an los esquemas directos de participaci&oacute;n popular &#150;referendo, iniciativa popular o ciudadana, revocaci&oacute;n de mandato&#150; pero, al mismo tiempo, se concentra y se fortalece el poder del presidente en ejercicio con su reelecci&oacute;n inmediata. Un h&iacute;brido que no augura soluciones pac&iacute;ficas a los conflictos. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el marco de las democracias contempor&aacute;neas, &iquest;qu&eacute; alternativas te&oacute;ricas se han propuesto a esta "tentaci&oacute;n populista"? Simplificando, creo que se han dado dos respuestas posibles, ambas en contextos de democracias deliberativas: una es de car&aacute;cter normativo&#150;procedimental; la otra, de car&aacute;cter normativo&#150;sustancial. &iquest;Al respecto, qu&eacute; propone Vald&eacute;s Ugalde? </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;l se encarga, desde la "Introducci&oacute;n" del libro, de marcar claramente las coordenadas de su propuesta: en primer lugar, el constitucionalismo mexicano, especialmente desde 1928, se construy&oacute; como un sistema presidencialista fuerte, sustentado en un partido hegem&oacute;nico. Y, al igual que los dem&aacute;s pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, en los &uacute;ltimos decenios, M&eacute;xico se incorpora a la oleada democr&aacute;tica e introduce en el dise&ntilde;o constitucional autoritario reglas procedimentales propias de un sistema electoral y de partidos democr&aacute;tico. La cohabitaci&oacute;n de ambos sistemas (autoritario y democr&aacute;tico) es uno de los grandes retos para nuestras incipientes democracias constitucionales, y lo es sin duda para M&eacute;xico. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, Vald&eacute;s Ugalde no cae en la tentaci&oacute;n populista de las democracias participativas, pero tampoco en el elitismo de las democracias representativas, con su fuerte carga de desconfianza ciudadana. No podemos quedarnos "encerrados en los mismos t&eacute;rminos de la discusi&oacute;n a la que dieron origen Jean Jacques Rousseau y Alexander Hamilton". Para Vald&eacute;s Ugalde la representaci&oacute;n no excluye la participaci&oacute;n, m&aacute;s a&uacute;n, "el mundo ha avanzado hacia sistemas que incrementan la calidad de la representaci&oacute;n y la proporcionalidad de la misma", esta &uacute;ltima preferible a la regla de la mayor&iacute;a, en la medida que "refleja m&aacute;s y mejor la diversidad de preferencias sociales". </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aceptadas estas coordenadas, creo que el problema por resolver lo resume muy bien nuestro autor en el p&aacute;rrafo final del primer cap&iacute;tulo:</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de M&eacute;xico &#91;pero se puede extender para toda la regi&oacute;n&#93; el problema de fondo, puesto en t&eacute;rminos caracter&iacute;sticos de la teor&iacute;a cl&aacute;sica, es c&oacute;mo pasar de una soluci&oacute;n del estilo de Hobbes, encarnada en el autoritarismo propio del monopolio pol&iacute;tico de la representaci&oacute;n, a otra basada en el reconocimiento mutuo y el dise&ntilde;o de sistemas de colaboraci&oacute;n interconstruidos en las instituciones pol&iacute;ticas &#91;...&#93;.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otros t&eacute;rminos, &iquest;c&oacute;mo construir una democracia pluralista y competitiva desde un dise&ntilde;o constitucional de sistema presidencialista de partido hegem&oacute;nico? La respuesta para Vald&eacute;s Ugalde se encuentra, dig&aacute;moslo as&iacute;, en un punto intermedio entre, por una parte, el gradualismo que ha conducido a la democracia electoral, pero sin transformaciones mayores "que impliquen cambios institucionales r&aacute;pidos y profundos" y, por la otra, la convocatoria a un congreso constituyente para un nuevo pacto social que supone un cambio a fondo de la estructura y contenido de la Constituci&oacute;n, con el riesgo de convertir el cuerpo legislativo paralelo en un instrumento de manipulaci&oacute;n. Se tratar&iacute;a, m&aacute;s bien, de una revisi&oacute;n integral de la Constituci&oacute;n, pero a trav&eacute;s de los mecanismos de reforma que &eacute;sta prev&eacute;. Nuestra Constituci&oacute;n esta legitimada a partir de una <I>regla de reconocimiento</I> que permite tales modificaciones vali&eacute;ndose de los art&iacute;culos 39, 71 y, sobre todo, el 135 constitucionales, que garantizar&iacute;a la gobernabilidad, sin la necesidad de recurrir a rupturas abruptas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Regla de reconocimiento</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es muy frecuente leer textos de sociolog&iacute;a jur&iacute;dica, ciencia pol&iacute;tica o ingenier&iacute;a constitucional que comiencen plante&aacute;ndose la necesidad de definir una regla de reconocimiento en el sentido que la desarroll&oacute; el fil&oacute;sofo del derecho Herbert Hart y la ampliaci&oacute;n que hace de &eacute;sta Jean Hampton. A diferencia de la norma hipot&eacute;tica y a prioride Kelsen, la regla de reconocimiento es una norma de un grupo apoyada por la presi&oacute;n social de dicho grupo. Puesto que se trata de identificar las normas y las competencias coercitivas para la aplicaci&oacute;n de &eacute;stas, corresponde a los jueces, piensa Hart, asumir el <I>punto de vista interno</I> que d&eacute; certidumbre y legitimidad a todo el sistema. Son los jueces, a fin de cuentas, quienes tienen que ver con el derecho vigente, el derecho en acci&oacute;n y no el derecho en el papel. En una lectura atenta de Hart, Hampton interpreta la regla de reconocimiento no s&oacute;lo desde su vertiente judicial, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tica, en la medida en que corresponde a &eacute;sta determinar qui&eacute;n es el soberano, es decir, qui&eacute;n tiene el poder de decidir los conflictos en un r&eacute;gimen. Para Hart&#150;Hampton la &uacute;ltima palabra correr&aacute; por cuenta del pueblo &#150;en quien reside la soberan&iacute;a&#150; y es el pueblo el que debe mantener o cambiar la regla de reconocimiento de acuerdo con procedimientos bien definidos. &Eacute;stos incluir&iacute;an elecciones, plebiscitos, congresos constituyentes, etc. Queda fuera toda forma de cambio no democr&aacute;tico que, por ese solo hecho, dejar&iacute;a de ser leg&iacute;timo. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pregunta que salta inmediatamente es la siguiente: &iquest;debe haber un l&iacute;mite a la libertad del soberano para cambiar la estructura pol&iacute;tica y los derechos b&aacute;sicos de los individuos? En la respuesta a esta pregunta se deslindan claramente las posturas a las que alud&iacute;amos antes: o la opci&oacute;n por una voluntad mayoritaria, o por un principio contramayoritario; o, en otros t&eacute;rminos, la opci&oacute;n por una democracia procedimental en los t&eacute;rminos de Hart&#150;Hampton, ya referida, o bien por una democracia constitucional en los t&eacute;rminos de Rawls&#150;Dworkin. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto de ese debate tengo ciertas dudas en cuanto a la posici&oacute;n de Francisco Vald&eacute;s Ugalde. Entiendo que &eacute;l rechaza la idea de una democracia procedimental a ultranza, en la que no habr&iacute;a l&iacute;mites constitucionales para la decisi&oacute;n mayoritaria y en la que el &uacute;nico requisito ser&iacute;a cumplir con el procedimiento de decisi&oacute;n legislativa leg&iacute;timo. Para nuestro autor, siguiendo a Rawls, los l&iacute;mites deben incluir los derechos b&aacute;sicos y tambi&eacute;n ciertos principios constitucionales. Es cierto, como bien se&ntilde;ala Vald&eacute;s Ugalde, que estos &uacute;ltimos &#150;democracia representativa, separaci&oacute;n de poderes, laicidad del Estado, por ejemplo&#150; ser&iacute;an objeto de consenso con mayor&iacute;as calificadas, sin tanta rigidez, como s&iacute; se requerir&iacute;a si se tratase de los derechos humanos. Con todo, los l&iacute;mites, aun para los derechos humanos, ser&iacute;an consensuados, es decir, producto de una actividad convencional. Y he aqu&iacute; esta otra cuesti&oacute;n: &iquest;deben los derechos humanos, aun cuando los procedimientos para su reforma sean m&aacute;s complejos, quedar sujetos tambi&eacute;n al consenso? &iquest;Son los derechos humanos producto de un consenso, o m&aacute;s bien, en tanto expresi&oacute;n de necesidades b&aacute;sicas y capacidades de todo ser humano, deben ser reconocidos como principios de justicia inviolables y con este car&aacute;cter atrincherarlos en la norma suprema constitucional a trav&eacute;s, digamos, de cl&aacute;usulas inamovibles? Con esto no me refiero a la idea de que los derechos humanos no puedan modificarse en t&eacute;rminos del mejoramiento de su contenido y la expansi&oacute;n de los sujetos en los que se reconocer&iacute;an, sino al hecho de que pudieran ser eliminados por el poder soberano del elenco constitucional, o sustituirlos por un contravalor. Un d&iacute;a nos levantamos con la primicia de que toda mujer debe ser discriminada en raz&oacute;n de su sexo, o de que, en aras de obtener informaci&oacute;n relevante, todo ser humano puede quedar sujeto a un trato cruel, inhumano y degradante; o de que en beneficio de la seguridad p&uacute;blica en el pa&iacute;s ser&aacute;n permitidas las ejecuciones extrajudiciales. Si en serio apostamos por el consenso, no veo por qu&eacute; este escenario no podr&iacute;a ser posible, aun con procedimientos complejos y r&iacute;gidos. Creo que ante esta posibilidad &#150;y no necesitamos ser muy imaginativos para constatar su viabilidad&#150; el argumento de que los vivos quedan atados por los muertos, o el argumento de la imposibilidad de innovaci&oacute;n que emana de la evoluci&oacute;n del conocimiento de la sociedad &#150;argumentos que opone Vald&eacute;s Ugalde para criticar la pretensi&oacute;n de inamovilidad de los derechos humanos&#150; deben ceder si no queremos situarnos en la antesala de reg&iacute;menes no democr&aacute;ticos. Dicho en clave de los cl&aacute;sicos, me pregunto: &iquest;qu&eacute; tan kantiano o rawlsiano sigue siendo Vald&eacute;s Ugalde, o es que debemos hacer alguna concesi&oacute;n a Hobbes?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La defensa de la Constituci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, una cosa es atrincherar los derechos humanos en la carta constitucional y otra muy distinta es preguntarse a qui&eacute;n corresponde la defensa de la Constituci&oacute;n. Creo que no es extra&ntilde;o que Vald&eacute;s Ugalde concentre buena parte de su atenci&oacute;n y sus finos an&aacute;lisis en los poderes Ejecutivo y Legislativo, as&iacute; como en los mecanismos de coordinaci&oacute;n necesarios para la viabilidad de una democracia pluralista y competitiva. Como se&ntilde;alamos al principio, corresponde a la regla de reconocimiento determinar qui&eacute;n es el soberano, es decir, qui&eacute;n tiene el poder de decidir los conflictos en un r&eacute;gimen. En la versi&oacute;n ampliada de Hampton, la &uacute;ltima palabra correr&aacute; por cuenta del pueblo y de sus representantes elegidos democr&aacute;ticamente. Y creo que, a fin de cuentas, &eacute;sta es la opci&oacute;n de Vald&eacute;s Ugalde. Quiz&aacute;s esta opci&oacute;n explique por qu&eacute; las referencias al Poder Judicial en el libro de nuestro autor sean relativamente escasas. Pienso, por el contrario, que hay buenas razones de orden emp&iacute;rico y normativo para abrir un espacio dedicado a la actividad judicial. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me explico. Desde un punto de vista emp&iacute;rico, no debe extra&ntilde;arnos que en muchos pa&iacute;ses de la regi&oacute;n se haya dirigido la mirada hacia el Poder Judicial, especialmente al &oacute;rgano l&iacute;mite: el Tribunal Constitucional. En M&eacute;xico, en particular, se han dado condiciones objetivas que explican tal situaci&oacute;n. Una de ellas, como bien lo ha analizado Karina Ansolabehere,<a href="#nota"><Sup>2</Sup></a> es el proceso de democratizaci&oacute;n y las sucesivas reformas de 1988 y 1994 al sistema judicial, las cuales crearon una atm&oacute;sfera adecuada para problematizar el tema de la independencia judicial; otra condici&oacute;n objetiva es que esas reformas al Poder Judicial lo ubican en una relaci&oacute;n diferente con el poder pol&iacute;tico, es decir, convierten a la Corte en un tribunal constitucional (nota 6, p. 124) y, unida a esta condici&oacute;n, comienza a percibirse un papel activo de los tribunales, en la medida en que se increment&oacute; el nivel de contenciosidad a partir de las reformas al art&iacute;culo 105 constitucional, que contempla las acciones de inconstitucionalidad y las controversias constitucionales. Finalmente, compartida por muchos pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, hemos asistido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a una creciente desconfianza de la ciudadan&iacute;a en los partidos pol&iacute;ticos, que ha reorientado la mirada hacia el Poder Judicial como un factor de equilibrio para la gobernabilidad democr&aacute;tica. El caso de Colombia es emblem&aacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero tambi&eacute;n hay buenas razones normativas para defender la Constituci&oacute;n en la figura de un tribunal constitucional. Recordemos a Kelsen. Desde el punto de vista formal, la justificaci&oacute;n de tal tipo de tribunal descansa en los principios de supremac&iacute;a constitucional y de divisi&oacute;n de poderes. Para Kelsen, el Parlamento y el gobierno en cuanto &oacute;rganos que participan en la tarea legislativa, son precisamente los principales poderes &#150;aunque no los &uacute;nicos&#150; que deben controlarse por medio del procedimiento de garant&iacute;a constitucional, por lo cual, de conformidad con el principio &#91;de que "nadie puede ser juez en su propia causa"&#93;, la revisi&oacute;n de sus actos no puede ser atribuida a alguno de sus miembros &#91;...&#93;. En este sentido, confiar la jurisdicci&oacute;n constitucional a una corte espec&iacute;fica, y volverla independiente de los poderes Legislativo y Ejecutivo, as&iacute; como de la jurisdicci&oacute;n ordinaria, representa un reforzamiento del principio de equilibrio y de balance del poder entre los diversos &oacute;rganos del Estado, que es esencial para la democracia. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para un positivista r&iacute;gido, esta justificaci&oacute;n de la justicia constitucional, a trav&eacute;s de principios formales, ser&iacute;a suficiente. Pero Kelsen a&ntilde;ade a&uacute;n otro par de justificaciones de orden sustantivo: 1) si la democracia se sustenta no s&oacute;lo en el reconocimiento f&aacute;ctico de la pluralidad en cualquier sociedad moderna, sino que entiende a la pluralidad como un valor que debe promoverse, no es sino la misma Constituci&oacute;n y su defensa jurisdiccional la que lo hace posible: es necesario que las mismas condiciones que posibilitan el juego democr&aacute;tico &#150;los derechos civiles y pol&iacute;ticos&#150; sean protegidos, no por los actores de la contienda electoral &#150;que se constituir&iacute;an entonces en juez y parte&#150;, sino por un &oacute;rgano independiente y 2) la defensa de la Constituci&oacute;n tiene que estar encaminada a la protecci&oacute;n de los derechos de las minor&iacute;as y no padecer la tiran&iacute;a de la mayor&iacute;a: "Si la esencia de la democracia, afirma Kelsen en un pasaje poco citado por los kelsenianos, consiste no ya en la omnipotencia de la mayor&iacute;a, sino en el constante compromiso entre los diversos grupos que la mayor&iacute;a y la minor&iacute;a representan en el Parlamento, la justicia constitucional se presenta como el instrumento id&oacute;neo para realizar esta idea". </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por diversos motivos, Kelsen no extrajo todas las consecuencias que se siguen de reconocer los derechos de las minor&iacute;as, especialmente si entendemos esos derechos como los "derechos de los m&aacute;s d&eacute;biles", para usar la expresi&oacute;n de Ferrajoli; pero si somos m&iacute;nimamente coherentes, la defensa constitucional de los m&aacute;s d&eacute;biles significa tambi&eacute;n la exigibilidad judicial de los derechos sociales. Insisto, entender as&iacute; el Poder Judicial, como defensor y garante de los derechos humanos y del proceso democr&aacute;tico, lo convierte en un actor imprescindible para garantizar la gobernabilidad, aun contra la misma voluntad soberana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;Nuevo pacto social?</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, no puedo dejar de simpatizar con la idea de que resulta urgente para nuestro pa&iacute;s realizar una revisi&oacute;n integral de la Constituci&oacute;n. Y s&iacute;, quiz&aacute; como lo propone Francisco Vald&eacute;s Ugalde, la v&iacute;a m&aacute;s institucional para hacerlo sea desde los mecanismos de reforma que la Constituci&oacute;n prev&eacute;. Pero, me pregunto con mucha responsabilidad, &iquest;no ser&aacute; hora de cambiar nuestra regla de reconocimiento? No s&eacute; si a estas alturas, y a la luz de la enorme inestabilidad pol&iacute;tica e inseguridad social que se vive en el pa&iacute;s, no sea m&aacute;s conveniente pensar en un nuevo pacto social. &iquest;Por qu&eacute; aferrarnos a una Constituci&oacute;n envejecida, la m&aacute;s antigua de Latinoam&eacute;rica? Al respecto, quiero concluir citando a un fil&oacute;sofo del derecho argentino, que se muestra muy partidario con esta alternativa m&aacute;s radical, y a quien no se le puede tachar precisamente de populista. Creo que lo que dice Roberto Gargarella merece alguna consideraci&oacute;n:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de m&aacute;s de 200 a&ntilde;os de vida del constitucionalismo moderno, entendido &eacute;ste a partir de sus rasgos b&aacute;sicos &#150;la adopci&oacute;n de una declaraci&oacute;n de derechos y de un sistema de "frenos y contrapesos"&#150; no puede decirse del mismo que su funcionamiento haya sido exitoso, particularmente en una mayor&iacute;a de pa&iacute;ses de Am&eacute;rica. Tal mayor&iacute;a de pa&iacute;ses sigue vi&eacute;ndose afectada por sistemas pol&iacute;ticamente inestables y econ&oacute;micamente muy desiguales; en donde las violaciones de derechos humanos son un hecho habitual; las ramas pol&iacute;ticas del gobierno tienden a funcionar con independencia de cualquier reclamo ciudadano, mientras se encargan de moldear normas a medida de intereses privados; los tribunales aparecen como &oacute;rganos de dif&iacute;cil acceso p&uacute;blico, que tienden a decidir en favor de los poderosos, criminalizando a quienes protestan; y en donde el debate p&uacute;blico (tanto en las campa&ntilde;as electorales como, especialmente, en los periodos que transcurren entre una elecci&oacute;n y otra) destaca por las pobreza de su contenido &#91;...&#93;. Seg&uacute;n entiendo, la gravedad de las deficiencias institucionales en juego nos obligan a dejar de lado la idea seg&uacute;n la cual lo que se requiere es "perfeccionar" o "pulir" algunos aspectos de dicho esquema &#91;...&#93;, existe urgencia por repensar las causas de lo que es, en definitiva, un fracaso institucional con consecuencias ya tr&aacute;gicas.<a href="#nota"><Sup>3</Sup></a></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>1 </Sup>Javier Couso, "Los desaf&iacute;os de la democracia constitucional en Am&eacute;rica Latina: entre la tentaci&oacute;n populista y la utop&iacute;a neoconstitucional", <I>Anuario de derechos humanos</I>, Santiago de Chile, Universidad de Chile, 2010, p. 38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6010415&pid=S0188-7653201100010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>2 </Sup>Karina Ansolabehere, <I>La pol&iacute;tica desde la justicia. Cortes supremas, gobierno y democracia en Argentina y M&eacute;xico</I>,M&eacute;xico, Flacso M&eacute;xico/Fontamara, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6010417&pid=S0188-7653201100010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>3 </Sup>Roberto Gargarella, "Una maquinaria exhausta. Constitucionalismo y alienaci&oacute;n legal en Am&eacute;rica", <I>Isonom&iacute;a,</I> n&uacute;m. 33, ITAM&#150;Escuela Libre de Derecho (octubre de 2010), pp. 7&#150;8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6010419&pid=S0188-7653201100010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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