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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>La tentaci&oacute;n populista. Una v&iacute;a al poder en Am&eacute;rica Latina</i> de Flavia Freidenberg</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b><i>La tentaci&oacute;n populista. Una v&iacute;a al poder en Am&eacute;rica Latina</i> by Flavia Freidenberg</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Hugo Mart&iacute;nez*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid, S&iacute;ntesis, 2007, 287 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor en Ciencia Pol&iacute;tica por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede M&eacute;xico. Profesor en la UNAM, Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales, Ciudad Universitaria Circuito Mario de la Cueva Coyoac&aacute;n, M&eacute;xico, D.F. C.P. 04510, y en la Universidad Iberoamericana. E&#150;mail: <a href="mailto:plomo@mexico.com">plomo@mexico.com</a></i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Afianzada en un batall&oacute;n de lecturas, cuya exhaustividad empata con una amplia investigaci&oacute;n emp&iacute;rica, La tentaci&oacute;n populista de Flavia Freidenberg comporta un s&oacute;lido nudo entre teor&iacute;a y datos. Vasta la primera y abundantes los segundos, el libro posee as&iacute; un cuerpo entero, arm&oacute;nico y atractivo. Hecho con el cuidado y la punter&iacute;a que distingue a los trabajos de su autora, nada raro, luego, que el texto sea un luminoso objeto de deseo para los interesados en la fortuna de Am&eacute;rica Latina. "Provocativa", dice Freidenberg, es la intenci&oacute;n de sus argumentos. De ese esp&iacute;ritu, desplegado en casi 300 p&aacute;ginas y provocaciones muchas, el resultado es, precisamente, una tentaci&oacute;n a la lectura. Por el tema de discusi&oacute;n, por supuesto. Pero mejor, por encima de lo obvio, porque el libro/tentaci&oacute;n, sumando premeditadamente seducciones que llevan de una p&aacute;gina a otra, resulta blindado contra el usual desencanto que aparece a la consumaci&oacute;n de un deseo. Y no es &eacute;ste el caso, no cuando uno conviene que el mejor tablero de direcci&oacute;n es el que Freidenberg propone; no incluso cuando, culminado el viaje, queda de cierto que rendirse a la tentaci&oacute;n vali&oacute; violentar el ranking de lecturas pendientes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La tentaci&oacute;n populista </i>plantea, desde luego, un viejo tema de las ciencias sociales. Encararlo, cuando el asunto ha pasado por tantas manos, supone para el investigador un dilema para sus habilidades acad&eacute;micas y ambiciones personales. Con tanto cuento contado, est&aacute; al alcance subordinar las aspiraciones al tejido de otro relato repetitivo y, acaso en su mayor gracia, introducido con una carta de objetivos que sepa escamotear la falta de originalidad. Con tanto cuento contado hay, sin embargo, otra opci&oacute;n, menos simple, m&aacute;s laboriosa y tan peliaguda como encontrar el modo de demostrar que lo dicho pudo decirse mejor. Freidenberg, afecta al est&iacute;mulo sobrecargado, elije contar con un sello personal. Con tal sello identitario, <i>La tentaci&oacute;n populista </i>ofrece varias novedades virtuosas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Primero: una definici&oacute;n te&oacute;rica de populismo que, tras ubicar las claves estrat&eacute;gicas de los conceptos (Germani, Cardoso, Canovan, etc.) m&aacute;s afamados, privilegia el coraz&oacute;n pol&iacute;tico del fen&oacute;meno ("un estilo de liderazgo") como su "dominio primario". Apostar a ello cuando, como reclamara Sartori, las definiciones no ambiguas escasean en las ciencias sociales, es una expresi&oacute;n de valor. Armada de &eacute;l, Freidenberg propone que el populismo es:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"un estilo de liderazgo, caracterizado por la relaci&oacute;n directa, carism&aacute;tica, personalista y paternalista entre l&iacute;der&#150;seguidor, que no reconoce mediaciones organizativas o institucionales, que habla en nombre del pueblo y potencia la oposici&oacute;n de &eacute;ste a los 'otros', donde los seguidores est&aacute;n convencidos de las cualidades extraordinarias del l&iacute;der y creen que gracias a ellas, a los m&eacute;todos redistributivos y/o al intercambio clientelar que tienen con el l&iacute;der (tanto material como simb&oacute;lico), conseguir&aacute;n mejorar su situaci&oacute;n personal o la de su entorno" (p. 25).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Definirlo as&iacute;, alrededor del universo y autonom&iacute;a de lo pol&iacute;tico, libera al concepto de reduccionismos acechantes, econ&oacute;micos por ejemplo. Consciente del peso de su definici&oacute;n, Freidenberg, en un esfuerzo de m&eacute;todo, desmenuza con paciencia pedag&oacute;gica los elementos de su propuesta conceptual. Con esa misma destreza, la autora se&ntilde;ala, adem&aacute;s, un men&uacute; de condiciones favorables a la emergencia del populismo. Ideales para que emerja un l&iacute;der populista &#151;Freidenberg tiene el tino de aclararlo&#151;estas condiciones no son, empero, ninguna camisa de fuerza por cuanto el populismo, como en el caso de sus versiones de extrema derecha europea, puede irrumpir en situaciones imprevistas ah&iacute; donde la politizaci&oacute;n de lo social no tiene fronteras absolutas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos: "un ejercicio anal&iacute;tico que toma partido por el sincretismo te&oacute;rico" (p. 13). A la complejidad de su objeto de estudio, Freidenberg responde con el concierto de herramientas anal&iacute;ticas pertenecientes a distintas tradiciones de investigaci&oacute;n. Pero el eclecticismo es selectivo, y la autora, interesada en subrayar la racionalidad de los seguidores del populismo, excluye la visi&oacute;n (tan acad&eacute;mica como ideol&oacute;gica) que consagrara como "t&iacute;teres" a quienes ven en un l&iacute;der populista el espejo m&aacute;s fiel de su (la palabra era) resentimiento social. Cuando algo se coloca por afuera de la pol&iacute;tica "normal", nos recuerda y se recuerda Freidenberg para burlar la trampa, suele tildarse de patol&oacute;gico, an&oacute;malo o, justamente, populista. Para Foucault, jugadas de esta especie eran un discurso del poder; para Laclau, una forma hegem&oacute;nica; y para Barthes, un mito convertido en lenguaje. Que en M&eacute;xico, mientras presentaba su libro Freidenberg aludiera a la (no objetiva) "condena &eacute;tica" que cae sobre ciertos conceptos (Laclau <i>dixit), </i>evidencia la adhesi&oacute;n, su adhesi&oacute;n, al ejercicio libre del criterio. En posesi&oacute;n de esa soberan&iacute;a intelectual, me queda claro ahora, Freidenberg duda del noviazgo populismo&#150;crisis, y asevera que en Am&eacute;rica Latina (&iquest;cu&aacute;ndo ac&aacute; tuvimos no&#150;crisis?) el populismo, relacionado con la historia de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica en nuestros pa&iacute;ses, no precisa como detonante insustituible una crisis con santo y se&ntilde;a espec&iacute;ficos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tres: desmitificar, poniendo en jaque lugares comunes que son todo menos eso, permite a Freidenberg dimensionar un vac&iacute;o, que de la teor&iacute;a democr&aacute;tica a la democracia real, obliga a repensar Am&eacute;rica Latina a partir de sus disonancias con el paradigma eurocentrista. El populismo &#151;as&iacute; las constituciones decimon&oacute;nicas decretaran la existencia de una ciudadan&iacute;a universal&#151; es un sobreviviente por su capacidad de integraci&oacute;n social que revela, como ninguna otra cosa, la condici&oacute;n abstracta de una ciudadan&iacute;a m&aacute;s precaria de lo debido. Que el populismo, como s&iacute;ntoma de esa ausencia tan presente, irradie un poder de inclusi&oacute;n que &iquest;niega? la reflexividad individual, ya se sabe, despierta la censura y enemistad liberales. Con sus mejores intenciones, el malestar frente al populismo tendr&iacute;a tal vez origen, afirma Freidenberg, en un liberalismo afligido porque la realidad hace agua sus idealizaciones m&aacute;s caras sobre las relaciones pol&iacute;ticas. Pero el programa y ataques liberales, aclara la autora, no son inocentes sino, y as&iacute; debe entenderse, reflejos de una posici&oacute;n parcial, incompleta y, al igual que otros sistemas te&oacute;ricos, condicionada por valores subjetivos. Que los liberales reprueben el moralismo de los l&iacute;deres populistas, es una reacci&oacute;n que sigue un mapa conceptual con muchos y potentes aciertos. Que los seguidores de los populismos encuentren en ello un motivo de identificaci&oacute;n con su l&iacute;der es, por otra parte, la prueba de que el funcionamiento te&oacute;rico de la democracia, si queremos consolidarla, no puede ignorar las percepciones de los gobernados al respecto del c&oacute;mo deber&iacute;a ser el orden que con coerci&oacute;n reclama su acatamiento. Ning&uacute;n r&eacute;gimen, incluso el menos malo que inventamos, puede librarse de ser inquirido por las razones de obediencia pol&iacute;tica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuarto: si el populismo, como Freidenberg detecta, es de una "naturaleza bifronte" que re&uacute;ne, a favor y en contra de la democracia liberal, propiedades y consecuencias ambivalentes, la ciencia pol&iacute;tica, se comprende entonces, juzga la relaci&oacute;n populismo&#150;democracia como compleja e irreductible a tesis que no envejezcan mal. Freidenberg, quien atinadamente apuesta por "definiciones m&iacute;nimas y operativas &#151;aunque con ello renunciemos a una teor&iacute;a general&#151;" (por dem&aacute;s inexistente en la materia), problematiza tambi&eacute;n &#151;sin despegarse una letra de su propuesta de trabajo&#151; este aparente matrimonio (in)feliz. En ello, lo mencion&eacute; ya, sus ideas acreditan el dominio del inventario te&oacute;rico m&aacute;s actualizado y el conocimiento de un eje epistemol&oacute;gico por el que la teor&iacute;a, para servir de algo, debe guardar una relaci&oacute;n dial&eacute;ctica con los datos. Este trabajo, con 16 cap&iacute;tulos de an&aacute;lisis emp&iacute;rico del viejo, nuevo y contempor&aacute;neo populismo latinoamericano, cumple con creces este principio. Puesta de esta manera a analizar los populismos cl&aacute;sicos, neoliberales (&iquest;postconservadores?) o &eacute;tnicos (&iquest;postmodernos?), la autora, construyendo un esquema que revela su entrenamiento para separar lo complejo de lo confuso, estudia cada uno de los l&iacute;deres populistas a la luz de una serie de dimensiones apropiadas para aprehender las semejanzas y diferencias entre ellos. Que el liderazgo de Evo Morales aparezca como inasimilable al de Hugo Ch&aacute;vez u otros, es fruto pues del nexo teor&iacute;a&#150;datos que rige la obra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para terminar, no con los logros del libro pero s&iacute; con el espacio que dispongo, har&eacute; registro de dos cr&iacute;ticas, y una tercera que ahora que lo pienso nace de otra virtud del texto. Aspectos como la mec&aacute;nica interna de los partidos populistas, la interrelaci&oacute;n entre populismo y medios de comunicaci&oacute;n, o la necesaria heterogeneidad de los seguidores de un l&iacute;der populista, merecer&iacute;an una exploraci&oacute;n m&aacute;s detenida y atenta a los matices y gradaciones. Por otra parte, cuando la autora eval&uacute;a (y creo con acierto) el populismo como un fen&oacute;meno cuya desaparici&oacute;n luce improbable "mientras haya grandes mayor&iacute;as de ciudadanos que se encuentra excluidas de la distribuci&oacute;n de los ingresos (y) que en cada momento hist&oacute;rico han buscado mejorar la situaci&oacute;n en la que viven" (p. 14), el ant&iacute;doto sugerido, "m&aacute;s inclusi&oacute;n y m&aacute;s democracia en los sistemas democr&aacute;ticos de la regi&oacute;n" (p. 11), pareciera confiar demasiado en un enfoque institucionalista que, precisamente por la parcialidad y ortodoxia que hasta ahora han acusado sus recetas de ingenier&iacute;a, contin&uacute;a haciendo del populismo una tentaci&oacute;n racional y emotiva. Hacer m&aacute;s democr&aacute;tica la democracia implica, porque lo dem&aacute;s ser&iacute;a cosm&eacute;tica, rescatar al Estado de una inercia democr&aacute;tica estancada hace rato merced a su colonizaci&oacute;n y secuestro pluralista por partidos, medios de comunicaci&oacute;n, intereses privados, intelectuales org&aacute;nicos y dem&aacute;s miembros de nuestros tristes c&aacute;rteles pol&iacute;ticos. Dicha tarea, por ardua, precisa lo mismo el momento de la institucionalizaci&oacute;n como el de la movilizaci&oacute;n popular paralela (y revulsiva) a la pol&iacute;tica convencional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si como dijera Montaigne, la palabra es mitad de quien la dice y mitad de quien la escucha &#151;o lee&#151;, lo que este libro sugiere pero no desarrolla es entonces otra provocaci&oacute;n. Pienso, por ejemplo, como influjo de lo le&iacute;do, en el v&iacute;nculo entre democracia y liberalismo como una implicaci&oacute;n necesaria (Bobbio) o, m&aacute;s bien, una asociaci&oacute;n contingente y conflictiva (Mouffe); en la representaci&oacute;n pol&iacute;tica como un acto que involucra cierto simbolismo; en el rol, reactivo pero tambi&eacute;n proactivo, de "la vida de los otros" como instancia definitoria de la categor&iacute;a pueblo; en los muy sobrevalorados horizontes de la raz&oacute;n como fuente de un contrato social que haga menos evidente el elemento originario de la fuerza; en la posibilidad, s&oacute;lo con Maquiavelo y Weber como consejeros insustituibles, de divorciar en t&eacute;rminos absolutos pol&iacute;tica y moral; en fin, en debates intrincados a los que el texto de Freidenberg conduce a trav&eacute;s de sus l&iacute;neas alevosamente provocativas. Tengo para m&iacute; que esta herencia es signo de los buenos libros, los escritos con inteligencia y pasi&oacute;n.</font></p>      ]]></body>
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