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<publisher-name><![CDATA[Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Académica de México]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Democracia deliberativa y judicialización de los derechos sociales?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper explores the implications of deliberative democracy for the judicial enforcement of social rights. In the first part of the paper, the author critically examines the two most common views of democracy that judges use, when they deal with cases concerning social rights, namely, the pluralist and the "rousseauean" views of democracy. In its second part, the author explores the implications of an alternative, deliberative notion of democracy, when dealing with social rights.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="left"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p> 	    <p align="left">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Democracia deliberativa y judicializaci&oacute;n de los derechos sociales?</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Roberto Gargarella*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor por la Universidad de Buenos Aires en 1991 y por la Universidad de Chicago en 1993. Investigador de la Universidad Di Tella en Buenos Aires.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recibido en octubre de 2005.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Aceptado en abril de 2006.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este trabajo explora qu&eacute; implica defender un concepto deliberativo de la democracia respecto a la aplicaci&oacute;n judicial de los derechos sociales. Aqu&iacute; se analizan cr&iacute;ticamente y, en primer lugar, las dos ideas de democracia que suelen fundamentar las decisiones de los jueces en materia de derechos sociales: la visi&oacute;n pluralista y la "rousseauniana". Luego de mostrar los problemas propios de ambos enfoques, esta reflexi&oacute;n se pregunta sobre los significados de partir de una noci&oacute;n deliberativa de la democracia al decidir sobre la puesta en pr&aacute;ctica o no de los derechos sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> control judicial de las leyes, democracia deliberativa, derechos sociales.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This paper explores the implications of deliberative democracy for the judicial enforcement of social rights. In the first part of the paper, the author critically examines the two most common views of democracy that judges use, when they deal with cases concerning social rights, namely, the pluralist and the "rousseauean" views of democracy. In its second part, the author explores the implications of an alternative, deliberative notion of democracy, when dealing with social rights.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Key words:</b> judicial review, deliberative democracy, social rights.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo explorar&eacute; lo que implica defender una concepci&oacute;n deliberativa de la democracia, en lo que ata&ntilde;e a la aplicaci&oacute;n judicial de los derechos sociales. La idea de escribir este art&iacute;culo surgi&oacute; luego de un per&iacute;odo de investigaci&oacute;n que incluy&oacute; la lectura de numerosas decisiones judiciales en el &aacute;rea de derechos sociales. Presento algunas de las principales conclusiones de dicho trabajo que han servido aqu&iacute; como punto de partida:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">i) No obstante la importancia que ha adquirido la teor&iacute;a de la democracia deliberativa, la literatura sobre el tema parece haber tenido un impacto casi nulo en las decisiones judiciales sobre los derechos sociales. Esto desconcierta, particularmente porque los jueces, con frecuencia, refieren argumentos vinculados con la democracia cuando deciden en relaci&oacute;n a los derechos sociales.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ii) A pesar de la alta sofisticaci&oacute;n argumentativa que han alcanzado numerosos jueces en los EU y en Am&eacute;rica Latina, es dif&iacute;cil encontrar una elaboraci&oacute;n judicial interesante en sus referencias (m&aacute;s o menos expl&iacute;citas) a la democracia, cuando se trata de casos relacionados con los derechos sociales. El resultado provoca extra&ntilde;eza, si se considera que los magistrados han avanzado considerablemente en su pensamiento te&oacute;rico acerca de la democracia en otras &aacute;reas del derecho, sobre todo en lo relativo a la libertad de expresi&oacute;n y la libertad de prensa.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">iii) En muchas de las decisiones examinadas fue posible reconocer el descuido en la transici&oacute;n hecha por los jueces desde las premisas democr&aacute;ticas a las conclusiones de lo que ellos deb&iacute;an hacer, o (m&aacute;s com&uacute;nmente) no hacer en cuanto a la aplicaci&oacute;n de los derechos sociales. T&iacute;picamente, los jueces dejan clara su obligaci&oacute;n de respetar la democracia y, desde all&iacute;, la importancia de respetar la voluntad del legislador, para sostener, a partir de tales premisas, su incapacidad de intervenir en el proceso que involucra la violaci&oacute;n de alg&uacute;n derecho social (dado que el legislador no ha tomado iniciativas al respecto).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">iv) Finalmente, un &uacute;ltimo punto, tal vez el m&aacute;s sorprendente de todos: en sus argumentos relacionados con la democracia, muchos jueces en distintos momentos recurrieron (sobre todo) a dos nociones de democracia muy diferentes. Algunos apelaron a lo que llamar&eacute; una noci&oacute;n pluralista de la democracia, mientras que otros se refer&iacute;an a lo que definiremos como una noci&oacute;n m&aacute;s progresista, populista o participatoria. Lo notable es que, sin importar cu&aacute;l de los conceptos opuestos se prefiriera, los jueces tendieron a la misma conclusi&oacute;n: respetar la democracia requiere que los jueces no pongan en pr&aacute;ctica los derechos sociales.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, cuando los jueces fundamentan su decisi&oacute;n de no aplicar los derechos sociales, tambi&eacute;n utilizan otras justificaciones, adem&aacute;s de aqu&eacute;lla que se basa en los requerimientos de la democracia. Ellos afirman, por ejemplo, que los derechos sociales son muy costosos (mientras que los derechos civiles o pol&iacute;ticos no lo son). En una l&iacute;nea similar, los jueces distinguen entre derechos "negativos" y "positivos" (o sea, derechos que exigen que el Estado se abstenga de actuar, y derechos que requieren que el Estado "haga algo" para cumplir con sus obligaciones). Y parten de la hip&oacute;tesis de que a ellos se les permite forzar al Estado a "dejar de hacer algo", pero que no pueden obligarlo a actuar "positivamente". Otras veces, los jueces justifican su decisi&oacute;n de no aplicar los derechos sociales sustentados en la necesidad de respetar la separaci&oacute;n de poderes (un argumento fuertemente asociado con el de la democracia, aunque no es igual a aqu&eacute;l). Ahora bien, pensando que ninguna de estas explicaciones es prometedora, en las siguientes l&iacute;neas concentrar&eacute; mi atenci&oacute;n en el argumento democr&aacute;tico visto desde sus diversas formas, as&iacute; como en los problemas surgidos con el uso de tal opci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera parte de este art&iacute;culo, explorar&eacute; los enfoques pluralista y participativo de la democracia, y mostrar&eacute; las consecuencias en el campo de la relaci&oacute;n decisiones judiciales&#151;derechos sociales que normalmente se derivan de ellos. M&aacute;s en espec&iacute;fico, analizar&eacute; el hecho curioso de que dos puntos de vista sobre la democracia completamente opuestos parecen conducir a las mismas recomendaciones respecto a la aplicaci&oacute;n judicial de los derechos sociales. Despu&eacute;s presentar&eacute; una tercera variaci&oacute;n del argumento democr&aacute;tico que se relaciona con la teor&iacute;a de la democracia deliberativa, y examinar&eacute; sus implicaciones respecto a la revisi&oacute;n judicial y, en particular, a la aplicaci&oacute;n judicial de los derechos sociales.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>De la democracia pluralista a los derechos sociales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, los jueces que se adhieren a la visi&oacute;n pluralista parten del supuesto de que: i) una de sus principales obligaciones es respetar debidamente la voluntad del pueblo; ii) la "sede" o <i>"locus"</i> de la voluntad del pueblo es la Constituci&oacute;n; y iii) se les requiere la no pr&aacute;ctica de los derechos sociales porque "el pueblo" no decidi&oacute; incorporarlos a la Constituci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alexander Hamilton fue uno de los primeros pensadores que apoyaron este enfoque, en el cual la Constituci&oacute;n se considera como la "sede" principal y exclusiva de la voluntad popular. En el famoso documento n&uacute;m. 78 de <i>The Federalist Papers,</i> Hamilton sostuvo que la voluntad genuina del pueblo resid&iacute;a en la Constituci&oacute;n, y no en las decisiones transitorias de la Legislatura. Por esa raz&oacute;n, &eacute;l justificaba que los jueces, en ciertas circunstancias, "declarasen inv&aacute;lidos ciertos actos legislativos". Desde su punto de vista, esta conclusi&oacute;n no implicaba suponer la superioridad del poder judicial sobre el legislativo. Por el contrario, agregaba, ello s&oacute;lo asum&iacute;a que el poder del pueblo era superior al de ambas ramas del gobierno y, "en caso de que la voluntad de la legislatura &#151;tal como est&aacute; declarada en las leyes&#151; fuera opuesta a la del pueblo &#151;tal como est&aacute; declarada en la Constituci&oacute;n&#151;, los jueces deb&iacute;an ser gobernados por la segunda, en lugar de por la primera". De esta manera, Hamilton iniciaba una nueva forma de pensar las relaciones entre la Constituci&oacute;n, la democracia, y el poder judicial. M&aacute;s tarde, el Juez Marshall transform&oacute; esta opini&oacute;n en un dictamen judicial hist&oacute;rico. En la bien conocida decisi&oacute;n <i>Marbury contra Madison,</i> &eacute;l justific&oacute; la revisi&oacute;n y la supremac&iacute;a judiciales, en tanto formas de proteger la verdadera voluntad del pueblo. Sosten&iacute;a que, "el pueblo tiene el derecho original de establecer, para su futuro gobierno, principios tales como aquellos que, en su opini&oacute;n, sean propicios para su propia felicidad". Y a&ntilde;adi&oacute;: "como la autoridad de la que proceden &#91;estos principios&#93; es suprema, y raramente puede actuar, dichos principios fueron dise&ntilde;ados para ser permanentes". Por esta causa, y para &eacute;l, los jueces no ten&iacute;an m&aacute;s alternativa que invalidar todas las normas que desafiaran la autoridad de la Constituci&oacute;n, si lo que quer&iacute;an era proteger los principios consagrados por el pueblo como inviolables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, para llegar a esa conclusi&oacute;n y definir cu&aacute;les normas desafiaban realmente la autoridad de la Constituci&oacute;n, los jueces ten&iacute;an que partir de una perspectiva m&aacute;s amplia sobre el significado de la democracia, as&iacute; como de una cierta teor&iacute;a de c&oacute;mo interpretar la Constituci&oacute;n. La teor&iacute;a democr&aacute;tica que parece subyacer en este an&aacute;lisis se relaciona con lo que generalmente se denomina la visi&oacute;n madisoniana o pluralista de la democracia (denominaciones que considerar&eacute; como sin&oacute;nimas), la cual estima que el objetivo de la Constituci&oacute;n es prevenir opresiones de unos sobre otros, en especial porque vivimos en mundo caracterizado por la presencia de <i>facciones.</i> Suponemos aqu&iacute; que las facciones intentan extender sus poderes tanto como pueden, incluso a costa de la violaci&oacute;n de los derechos de otras personas. Asimismo, este concepto de democracia concibe a la ciudadan&iacute;a como un conjunto de personas motivadas principalmente por pasiones o por impulsos ego&iacute;stas, que les impiden tomar decisiones racionales de acuerdo con los intereses de la totalidad.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Es por eso que, desde este punto de vista, el sistema constitucional se dirige sobre todo a reducir, en lugar de extender o promover, la influencia de grupos de inter&eacute;s, en particular de los que son mayoritarios, en la pol&iacute;tica.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No sorprende que esta visi&oacute;n de la democracia se asocie habitualmente a un bajo nivel de participaci&oacute;n c&iacute;vico&#151;pol&iacute;tica: para aquellos que la apoyan, la apat&iacute;a favorece y no socava la estabilidad pol&iacute;tica &#151;estabilidad que as&iacute; aparece como uno de los valores pol&iacute;ticos m&aacute;s importantes. La contraparte pareciera ser la defensa de un procedimiento "tecnocr&aacute;tico" de toma de decisiones, o sea, un proceso en el cual las decisiones son elaboradas por expertos independientes, institucionalmente ubicados "lejos del pueblo".<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que respecta a la interpretaci&oacute;n constitucional, los jueces que aceptan esta visi&oacute;n pluralista tienden a compartir la misma perspectiva del tema, con la idea de que la manera correcta de interpretar la Constituci&oacute;n les exige seguir (una u otra versi&oacute;n de) lo que actualmente llamamos una teor&iacute;a originalista de interpretaci&oacute;n, la cual propone interpretar la Constituci&oacute;n de acuerdo con su entendimiento original, cualquiera que sea &eacute;ste. En el contexto norteamericano se considera que el texto de la Constituci&oacute;n, as&iacute; como sus fuentes principales, est&aacute;n comprometidos con un marcado individualismo y son hostiles a lo que se llam&oacute; el "activismo del Estado".<sup><a href="#notas">4</a></sup> La Constituci&oacute;n parece estar a favor de un Estado m&iacute;nimo, o sea de un Estado que deja amplio espacio para iniciativas econ&oacute;micas privadas. Tal Estado, se supone aqu&iacute;, respeta adecuadamente la libertad individual y favorece el progreso econ&oacute;mico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Autoridades muy respetables como el Juez Story o Thomas Cooley apoyaron este punto de vista, defendiendo la necesidad constitucional de proteger la propiedad privada en contra del "absolutismo" y de los caprichos de las mayor&iacute;as legislativas (Forbath, 1999). Por ejemplo, Cooley escribi&oacute; en su famoso tratado de 1868 que una "decisi&oacute;n legislativa no constituye necesariamente la ley de la tierra", sobre todo si afecta la "libertad contractual" de las personas (Cooley, 1868).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera m&aacute;s o menos expl&iacute;cita, las Cortes han defendido esta visi&oacute;n de la democracia con el fin de anular las leyes dirigidas a reestructurar la econom&iacute;a, o a "reparar" algunas de las consecuencias negativas de las llamadas "fuerzas libres del mercado" (por ejemplo, altos niveles de pobreza o de desempleo). De la misma forma, los jueces se han basado en esta visi&oacute;n de la democracia y del Estado para justificar su abstinencia respecto a los derechos sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los Estados Unidos, por ejemplo, la Corte utiliz&oacute; la llamada "cl&aacute;usula sobre el comercio" de la Constituci&oacute;n para restringir los poderes del Congreso; invoc&oacute; la protecci&oacute;n constitucional de "la libertad contractual" para restringir cualquier tentativa p&uacute;blica de regular la relaci&oacute;n entre empleadores y empleados; y fij&oacute; l&iacute;mites a iniciativas del Congreso que buscaban delegar poderes al presidente y a agencias federales. Adem&aacute;s, desde principios del siglo XX, ha invalidado cientos de normas regulativas fundament&aacute;ndose en la Decimocuarta Enmienda de la Constituci&oacute;n, que estableci&oacute; que "ning&uacute;n Estado puede privar a una persona de la vida, la libertad o la propiedad, sin el debido proceso de la ley".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre este punto, probablemente el caso m&aacute;s significativo y famoso sea el de <i>Lochner contra New York</i> (198 U.S. 45, 1905), en el cual la Suprema Corte se pregunt&oacute; "cual de los dos poderes o derechos deb&iacute;a predominar &#151;el poder del Estado para legislar, o el derecho de libertad individual y de contrato". Con otras palabras, los magistrados se preguntaron cual opci&oacute;n deb&iacute;a predominar: &iquest;la colectiva o la individual?, y su respuesta fue claramente en favor de la segunda. La fuerte predisposici&oacute;n individualista y anti&#151;colectivista que se defendi&oacute; en el caso <i>Lochner</i> persisti&oacute; en el Tribunal al menos durante 25 a&ntilde;os. Al transcurrir ese tiempo, la Suprema Corte anul&oacute; una multitud de regulaciones econ&oacute;micas, casi siempre apelando a la cl&aacute;usula del debido proceso legal de la Constituci&oacute;n. Uno de los ejemplos m&aacute;s notables se da con el caso <i>Coppage contra Kansas</i> (236 U.S. 1, 1915) &#151;uno de los muchos en los que la Corte anul&oacute; las iniciativas p&uacute;blicas orientadas a compensar el poder desigual de negociaci&oacute;n de los trabajadores. As&iacute; tambi&eacute;n, en el caso <i>Adkins contra el Hospital Infantil</i> (261 U.S. 525, 1923), la Corte anul&oacute; una ley que establec&iacute;a un salario m&iacute;nimo para mujeres, afirmando que: "no podemos aceptar la doctrina que establece que las mujeres de edad madura, <i>sui juris,</i> requieren o pueden estar sujetas a restricciones a su libertad de contrato que no podr&iacute;an ser impuestas legalmente en el caso de hombres en circunstancias similares". M&aacute;s recientemente, bajo el liderazgo del juez Rehnquist (que se describe a s&iacute; mismo como pluralista), la Corte revivi&oacute; la lectura pluralista/originalista de la Constituci&oacute;n (curiosamente, y sin embargo, algunos miembros de la Corte recurrieron a veces a argumentos m&aacute;s populistas, como veremos a continuaci&oacute;n).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>De la democracia populista a los derechos sociales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los jueces que se adhieren a la posici&oacute;n populista suponen que: i) una de sus principales obligaciones es respetar debidamente la voluntad democr&aacute;tica del pueblo; ii) la "sede" o <i>"locus"</i> de la voluntad del pueblo reside fuera de la Constituci&oacute;n, en el "aqu&iacute; y ahora"; y iii) dado que el pueblo, "aqu&iacute; y ahora", no toma medidas activas para la aplicaci&oacute;n de los derechos sociales, los jueces deben respetar esa decisi&oacute;n soberana, en vez de imponer sus opiniones contra la del pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera versi&oacute;n de esta postura se populariz&oacute; entre l&iacute;deres pol&iacute;ticos y personalidades p&uacute;blicas durante la Revoluci&oacute;n Francesa y la Guerra de Independencia norteamericana. Especialmente para las alas m&aacute;s radicales de los grupos que participaron en ambas revoluciones, resultaba claro que el lugar del poder judicial estaba subordinado al de las ramas pol&iacute;ticas. Los jueces deb&iacute;an resolver conflictos y servir de mediadores entre demandas opuestas, pero no jugar papel alguno en cuanto al contenido y significado de la Constituci&oacute;n. Ellos &#151;se supon&iacute;a entonces&#151; carec&iacute;an de autoridad para desafiar las decisiones de las autoridades pol&iacute;ticas. Como se refleja en la met&aacute;fora de la Corte (poder judicial) como "boca de la ley". Los jueces deb&iacute;an limitarse a aplicar la voluntad del legislador democr&aacute;tico, en lugar de interpretarla o modificarla. En tal sentido, y por ejemplo, en el primer informe legislativo sobre el papel del poder judicial, elaborado despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n Francesa, los jueces no gozaban del "peligroso privilegio" de interpretar la ley o de incluir en ella sus puntos de vista. En los Estados Unidos, y luego de finalizada la guerra de independencia, se generaliz&oacute; una extendida hostilidad hacia el poder judicial &#151;sobre todo entre los sectores populares&#151; tal como qued&oacute; manifiesto en algunas rebeliones populares de enorme importancia, por ejemplo la famosa "Rebeli&oacute;n de Shays". Dicho poder era visto como traidor a los intereses de los m&aacute;s d&eacute;biles &#151;aquellos que, por otra parte, hab&iacute;an ofrecido hasta sus vidas en la lucha independentista. Esa hostilidad generalizada hacia el poder judicial represent&oacute; la expresi&oacute;n m&aacute;s notable de una convicci&oacute;n m&aacute;s profunda: los jueces no deb&iacute;an involucrarse en asuntos "pol&iacute;ticos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posici&oacute;n populista sobre la democracia que germinara entonces, lleg&oacute; a cuestionar lo que describimos como la visi&oacute;n pluralista de la democracia, particularmente en su idea de participaci&oacute;n pol&iacute;tica. De acuerdo con la concepci&oacute;n participativa (o por lo menos algunas de sus versiones m&aacute;s habituales), la democracia requiere de una comunidad autogobernada, basada en ciudadanos activos y virtuosos. En su forma ideal, esta sociedad autogobernada est&aacute; compuesta por ciudadanos que se identifican con su comunidad y que han tejido fuertes lazos solidarios con sus pares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajos de J.J. Rousseau, Thomas Paine y Thomas Jefferson representan antecedentes importantes de esta concepci&oacute;n de la democracia. Es claro que sus escritos difieren en muchos y distintos aspectos. Sin embargo, todav&iacute;a resulta &uacute;til enfatizar algunas de sus coincidencias; aqu&iacute; me ocupar&eacute; de dos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante todo, estos autores pensaban que asegurar el valor de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica requer&iacute;a de ciertas precondiciones sociales y econ&oacute;micas. En general, las mismas deb&iacute;an incluir la organizaci&oacute;n de la comunidad en unidades peque&ntilde;as y el "cultivo" de la virtud c&iacute;vica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s interesante a&uacute;n para nuestros prop&oacute;sitos, el ideal del autogobierno defendido por tales visiones requer&iacute;a de una sociedad igualitaria y compuesta por individuos situados en posiciones sociales similares. Para Rousseau, por ejemplo, la existencia de intereses contrapuestos &#151;o, lo que es lo mismo, la fragmentaci&oacute;n de la sociedad en facciones&#151; imposibilitaba que el pueblo identificara los comunes. En estos casos &#151;sosten&iacute;a Rousseau&#151; cada individuo tend&iacute;a a identificarse y a defender los intereses de su propio grupo, considerando err&oacute;neamente que este inter&eacute;s parcial representaba el de todos. En resumen, la formaci&oacute;n de la "voluntad general" &#151;o, a final de cuentas, el autogobierno&#151; requer&iacute;a de la igualdad. Esa es la raz&oacute;n por la que una sociedad comprometida con el valor del autogobierno deber&iacute;a preocuparse sobre todo por la distribuci&oacute;n de recursos.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Claramente, este tipo de presupuestos difieren de manera dram&aacute;tica de aqu&eacute;llos que caracterizan al pensamiento pluralista. Los pluralistas, como hemos visto, intentaron eliminar todas estas preocupaciones socio&#151;econ&oacute;micas de la agenda pol&iacute;tica, pensando que la distribuci&oacute;n final de los recursos deb&iacute;a ser el resultado de la interacci&oacute;n espont&aacute;nea entre los diversos miembros de la sociedad. Adem&aacute;s, los populistas defienden una organizaci&oacute;n institucional que atiende m&aacute;s a la intervenci&oacute;n popular en pol&iacute;tica, que al establecimiento de controles y limitaciones sobre la voluntad del pueblo. Algunos de ellos se opusieron abiertamente a la idea de una democracia representativa, sugiriendo que exist&iacute;a una conexi&oacute;n demasiado estrecha entre la delegaci&oacute;n del poder y la tiran&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recientemente, muchos acad&eacute;micos y algunos jueces han rescatado esta concepci&oacute;n de la democracia en sus discusiones sobre el papel de los jueces en materia de derechos sociales. Tal vez sorprendentemente &#151;dado que el discurso participativo ha sido asociado por tradici&oacute;n con las fuerzas progresistas&#151; algunos autores conservadores comenzaron a recurrir a dicha teor&iacute;a para justificar una autorrestricci&oacute;n por parte de los jueces en lo que concierne a la aplicaci&oacute;n de los derechos socio&#151;econ&oacute;micos. Esta posici&oacute;n se fortaleci&oacute; especialmente cuando la "Corte Warren" impuso su agenda progresista (en t&eacute;rminos de derechos anti&#151;discriminatorios, libertad de expresi&oacute;n, debido proceso legal, derechos de prisioneros y tambi&eacute;n el principio de los derechos de bienestar). Frente a la "amenaza" de esa corte progresista y "activista", algunos jueces y acad&eacute;micos influyentes, como los jueces Easterbrook y Bork, se preguntaron: "&iquest;Acaso es correcto que la Corte, un comit&eacute; de nueve jueces, pueda ser el &uacute;nico agente capaz de anular resultados democr&aacute;ticos?" (Bork, <i>The Tempting of America:</i> 201; Easterbrook, 1992). Las opiniones de estas autoridades jur&iacute;dicas contribuyeron a la formaci&oacute;n de los cimientos de una lectura "federalista" del constitucionalismo, seg&uacute;n la cual los jueces deb&iacute;an ser respetuosos de las opiniones del pueblo, tal como ellas se expresan en los parlamentos locales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera notable, esta idea sobre el papel de los jueces y la Constituci&oacute;n ha sido acogida no s&oacute;lo por doctrinarios conservadores, sino tambi&eacute;n por algunos de los acad&eacute;micos m&aacute;s progresistas de nuestra &eacute;poca. Michael Walzer impuls&oacute; con fuerza esta perspectiva en su famoso trabajo "Philosophy and Democracy", en el cual atac&oacute; la idea de introducir la filosof&iacute;a por medio de la ley. De tal forma, este autor critic&oacute; el activismo judicial en nombre de una democracia m&aacute;s amplia (Walzer, 1981). El trabajo de Walzer result&oacute; persuasivo, al menos de modo parcial, para autores influyentes como Frank Michelman &#151;uno de los principales defensores de una interpretaci&oacute;n constitucional que da lugar a la intervenci&oacute;n judicial en materia de derechos sociales.<sup><a href="#notas">6</a></sup> De todos modos, y tratando de ser fiel a su compromiso con una visi&oacute;n amplia (republicana) de la democracia, Michelman ha sostenido que los derechos sociales se pueden activar judicialmente una vez que el gobierno decide otorgar derechos de bienestar a ciertos individuos (pero no a otros).<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es destacable que este argumento democr&aacute;tico se ha utilizado no s&oacute;lo en relaci&oacute;n a documentos &#151;como la <i>Constituci&oacute;n</i> de los Estados Unidos&#151; que no aluden a los derechos sociales en su texto, sino tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con constituciones socialmente m&aacute;s avanzadas, como las de Am&eacute;rica Latina. En Am&eacute;rica Latina, como sabemos, las constituciones suelen incluir numerosos derechos sociales en sus cl&aacute;usulas. Sin embargo, tambi&eacute;n en dicho contexto, el argumento democr&aacute;tico ha reaparecido para sugerir la abstinencia judicial en materia de derechos sociales. En la mayor&iacute;a de los casos, ello se ha justificado se&ntilde;alando que las referencias constitucionales sobre los derechos sociales aluden &uacute;nicamente a las ramas del poder pol&iacute;tico que controlan el presupuesto nacional y tienen la legitimidad democr&aacute;tica para distribuir recursos a los diversos grupos sociales. Esto es, por ejemplo, lo que la Suprema Corte Argentina sostuvo en el caso de "Ramos, Marta contra la Provincia de Buenos Aires"<sup><a href="#notas">8</a></sup>, en el que la Corte afirm&oacute; que la Constituci&oacute;n "no requiere del poder judicial (sino de las ramas pol&iacute;ticas), para garantizar el bienestar general".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta conclusi&oacute;n no es exactamente la misma que la encontrada despu&eacute;s de analizar las teor&iacute;as pluralistas. Las teor&iacute;as participativas exigen que los jueces respeten lo que hacen los legisladores en materia de derechos sociales, mientras que las teor&iacute;as pluralistas los impulsan a invalidar cualquier decisi&oacute;n legal que ponga en riesgo una concepci&oacute;n (muy amplia) sobre los derechos de propiedad. Sin embargo, y a pesar de esta diferencia inicial, ambas posturas critican el "activismo" judicial en la materia &#151;activismo destinado a la implementaci&oacute;n de los derechos sociales. Es decir, las teor&iacute;as conservadora y progresista de la democracia parecen ir de la mano al concluir que los jueces est&aacute;n obligados a asegurar los derechos civiles y pol&iacute;ticos, pero no los sociales &#151;algo que resulta, en principio, desconcertante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, aquellos que est&aacute;n interesados en la aplicaci&oacute;n judicial de los derechos sociales pueden l&oacute;gicamente preguntarse qu&eacute; tan s&oacute;lidas son las respuestas provenientes de enfoques como los mencionados &#151;que manifiestan una com&uacute;n hostilidad general hacia la aplicaci&oacute;n de los derechos sociales. En este aspecto, existen algunas dudas dignas de mencionarse. En primer lugar, los jueces que se reh&uacute;san a aplicar los derechos sociales deber&iacute;an explicarnos por qu&eacute; utilizan las teor&iacute;as interpretativas que utilizan, en lugar de otras, que podr&iacute;an llevarlos a sostener resultados diferentes a los que hoy defienden en sus decisiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ellos deber&iacute;an explicar, por ejemplo, por qu&eacute; consideran que la mejor interpretaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n es aquella que requiere "descubrir" e implementar los programas pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos que defend&iacute;an nuestros "Padres Fundadores" &#151;adem&aacute;s de clarificar c&oacute;mo eligieron el programa que fundamenta sus decisiones, de entre los diversos planes que circulaban entre la &eacute;lite de ese per&iacute;odo. Por lo dem&aacute;s, conviene aclarar que, para los que insisten en la ruta originalista, se ha hecho cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil sostener la conclusi&oacute;n de que los derechos sociales no pueden ser aplicados judicialmente. Esto es porque la mayor&iacute;a de las constituciones modernas incorporan numerosos derechos sociales y/o otorgan estatus constitucional a tratados internacionales que expl&iacute;citamente requieren que los jueces asuman una actitud diferente a la que hoy presentan frente a los derechos sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, debemos preguntar c&oacute;mo estos jueces llegan a las decisiones que llegan partiendo de la teor&iacute;a democr&aacute;tica de la que parten. Para ilustrar esta idea, podr&iacute;amos decir que no est&aacute; claro por qu&eacute; el adoptar una visi&oacute;n participativa requiere que los jueces se abstengan de aplicar los derechos sociales. De hecho, podr&iacute;amos sostener, razonablemente, que tal visi&oacute;n populista exige a todos los oficiales p&uacute;blicos, incluyendo a los jueces, tomar medidas para la implementaci&oacute;n de ciertos derechos sociales, econ&oacute;micos o culturales b&aacute;sicos. La idea es que para respetar los valores que los dem&oacute;cratas populistas desean respetar (por ejemplo, el valor de la participaci&oacute;n p&uacute;blica en pol&iacute;tica, el valor de contar con un proceso genuinamente colectivo de toma de decisiones), uno necesita asegurarse de la existencia y operatividad de ciertos derechos b&aacute;sicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que sigue, de todos modos, dejar&eacute; de lado tales dudas para concentrar mi atenci&oacute;n en una tercera y diferente concepci&oacute;n de la democracia: la deliberativa. En espec&iacute;fico, explorar&eacute; cu&aacute;l deber&iacute;a ser el accionar de los jueces si ellos tomaran como punto de partida la democracia deliberativa.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>De la democracia deliberativa a la revisi&oacute;n judicial</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque es posible distinguir entre muchas y diferentes versiones de la concepci&oacute;n deliberativa de la democracia (Elster, 1998; Bohman, 1996; Cohen, 1989; Nino, 1991), propondr&eacute; aqu&iacute; una que se caracteriza por dos rasgos: primero, supondr&eacute; que esta perspectiva de la democracia requiere de la aprobaci&oacute;n de decisiones p&uacute;blicas luego de un amplio proceso de <i>discusi&oacute;n colectiva.</i> Segundo, supondr&eacute; que el proceso deliberativo requiere, en principio, de la intervenci&oacute;n de <i>todos aquellos que se ver&iacute;an potencialmente afectados</i> por las decisiones en juego.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, esta opci&oacute;n difiere en gran medida de las teor&iacute;as pluralistas, sobre todo como consecuencia de la segunda caracter&iacute;stica se&ntilde;alada. En realidad, la democracia deliberativa requiere que las decisiones p&uacute;blicas est&eacute;n ancladas en una base consensual amplia, formada con la participaci&oacute;n de todos los sectores de la sociedad. Seg&uacute;n esta idea, mientras menores sean el alcance y la intensidad de la participaci&oacute;n c&iacute;vica, m&aacute;s d&eacute;biles ser&aacute;n las razones para considerar que el resultado final del proceso deliberativo es imparcial (Nino, 1991). La amplia intervenci&oacute;n colectiva es percibida aqu&iacute; como una condici&oacute;n primaria y necesaria (aunque no suficiente) para tal imparcialidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, este modelo deliberativo coincide con la perspectiva participativa de la democracia en cuanto al valor que ambos le adjudican a la participaci&oacute;n pol&iacute;tica. No obstante, difiere &#151;al menos de algunas versiones importantes de tal visi&oacute;n&#151; por su defensa del debate p&uacute;blico. El trabajo de Rousseau podr&iacute;a ser &uacute;til para entender el significado de esta objeci&oacute;n. De acuerdo con el <i>Contrato Social</i> de Rousseau, la deliberaci&oacute;n p&uacute;blica no s&oacute;lo era innecesaria para el prop&oacute;sito de crear decisiones imparciales, sino que imposibilitaba el logro de dicha imparcialidad. De hecho, para Rousseau, la deliberaci&oacute;n p&uacute;blica amenazaba con dividir la sociedad en facciones. Para &eacute;l, la deliberaci&oacute;n actuaba contra la unidad social y provocaba que los ciudadanos pensaran m&aacute;s en sus propios intereses y menos sobre lo que ten&iacute;an en com&uacute;n con los dem&aacute;s. Con otras palabras y desde este punto de vista: la deliberaci&oacute;n parece debilitar el ideal mismo de crear una "voluntad general" (Manin, 1987).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la aplicaci&oacute;n o no de los derechos sociales, la pregunta ser&iacute;a &iquest;qu&eacute; ocurre si tomamos esta concepci&oacute;n deliberativa de la democracia como nuestro punto de partida? Puesto que la respuesta a esta pregunta depende de otra anterior y m&aacute;s amplia sobre la conexi&oacute;n entre democracia deliberativa y revisi&oacute;n judicial, en los pr&oacute;ximos p&aacute;rrafos explorar&eacute; este asunto con m&aacute;s detalle.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para empezar. La relaci&oacute;n entre democracia deliberativa y revisi&oacute;n judicial no parece f&aacute;cil. Como sosten&iacute;a Dennis Thompson:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La democracia deliberativa no excluye la revisi&oacute;n judicial como un posible arreglo institucional, pero insiste que frecuentemente habr&aacute; desacuerdo acerca de cu&aacute;les libertades deben ser inviolables, y considera que incluso cuando existe acuerdo habr&aacute; una razonable disputa acerca de su interpretaci&oacute;n y acerca de c&oacute;mo deben ser consideradas en relaci&oacute;n a otras libertades. Las libertades son sujetas a revisi&oacute;n como resultado de nuevas observaciones filos&oacute;ficas o de evidencia emp&iacute;rica y, m&aacute;s importante a&uacute;n, de retos que surgen en las deliberaciones democr&aacute;ticas reales.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, y a pesar de lo dicho, creo que existen razones que permitir&iacute;an que quienes defienden una concepci&oacute;n deliberativa de la democracia, favorecieran cierta forma de revisi&oacute;n judicial de las leyes, particularmente en lo que compete a la aplicaci&oacute;n de los derechos sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si partimos del hecho de que todos somos falibles, tenemos una primera raz&oacute;n para promover, en principio, los mecanismos que ayuden a corregir nuestras decisiones; &eacute;stas siempre estar&aacute;n abiertas a incluir errores f&aacute;cticos y l&oacute;gicos, del mismo modo que son vulnerables a la falta de informaci&oacute;n y a los prejuicios. Adem&aacute;s, como todos sabemos, el sistema pol&iacute;tico sufre de numerosos problemas que facilitan, con frecuencia, la aprobaci&oacute;n de decisiones parciales. Existe una vasta literatura, tanto te&oacute;rica como emp&iacute;rica, que refiere y documenta la influencia excesiva de los intereses m&aacute;s poderosos sobre el proceso pol&iacute;tico. De acuerdo con ella, el sistema pol&iacute;tico tiende a sesgarse indebidamente o a resultar demasiado sensible a la presi&oacute;n de ciertos grupos, lo cual afecta tanto su car&aacute;cter mayoritario, como su ambici&oacute;n de promover la imparcialidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tales dificultades deber&iacute;an conseguir que los dem&oacute;cratas deliberativos se opusieran a decisiones que: i) terminan debilitando la deliberaci&oacute;n presente o futura (decisiones <i>restrictivas de la deliberaci&oacute;n);</i> ii) son producto de un sistema deliberativo disfuncional (decisiones que resultan de un <i>procedimiento viciado);</i> o iii) son el resultado circunstancial de un proceso de toma de decisiones que no consider&oacute; ciertos argumentos relevantes, o que tampoco asegur&oacute; la justificaci&oacute;n p&uacute;blica de sus conclusiones (decisiones basadas en una <i>deliberaci&oacute;n imperfecta).</i><sup><a href="#notas">10</a></sup> Esto demuestra que es necesario organizar el sistema institucional para que &#151;como alega Cass Sunstein&#151; "favorezca una deliberaci&oacute;n no distorsionada por el poder privado" (Sunstein, 1985: 68; Habermas, 1996: 274&#45;286). En resumen, un sistema deliberativo bien organizado requerir&iacute;a la existencia de mecanismos institucionales destinados a mantener y aumentar su car&aacute;cter deliberativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego de tomar en cuenta estas consideraciones, podr&iacute;amos decir que los jueces se encuentran, en t&eacute;rminos institucionales, en una excelente posici&oacute;n para favorecer la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica. En efecto, el poder judicial es la instituci&oacute;n que recibe querellas de los que son, o sienten que han sido, tratados indebidamente en el proceso pol&iacute;tico de toma de decisiones. A sus miembros se les exige, como algo cotidiano, que observen el sistema pol&iacute;tico, con atenci&oacute;n especial en sus debilidades, fracasos y rupturas. M&aacute;s a&uacute;n, los jueces institucionalmente est&aacute;n obligados a escuchar las diferentes partes del conflicto &#151;y no s&oacute;lo a la parte que reclama haber sido mal tratada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, los jueces no s&oacute;lo se encuentran bien situados para enriquecer el proceso deliberativo y ayudarlo a corregir algunas de sus indebidas parcialidades, poseen, adem&aacute;s, diversas herramientas que facilitan esa tarea. Como consecuencia de su posici&oacute;n institucional y de los medios con los que cuentan, los jueces tienen grandes probabilidades de favorecer el buen funcionamiento del proceso deliberativo. Al mismo tiempo, tienen amplias posibilidades de actuar de manera respetuosa hacia a la autoridad popular: ellos poseen suficientes t&eacute;cnicas y medios procedimentales a su alcance para actuar en consecuencia. Pueden bloquear la aplicaci&oacute;n de una cierta norma y devolverla al Congreso, forz&aacute;ndolo a repensarla; pueden declarar que alg&uacute;n derecho fue violado, sin imponer a los legisladores una soluci&oacute;n concreta; pueden establecer que una violaci&oacute;n de derechos debe corregirse en un tiempo l&iacute;mite, sin ocupar el lugar del legislador ni decidir cu&aacute;l remedio particular deber&iacute;a ser aprobado; pueden sugerir al legislador una serie de soluciones alternativas, dejando la decisi&oacute;n final en manos del &uacute;ltimo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Revisi&oacute;n judicial, democracia deliberativa y derechos sociales: tres ejemplos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En principio, las consideraciones anteriores parecen perfectamente aplicables al &aacute;rea de derechos sociales. La revisi&oacute;n judicial puede ser un instrumento crucial para enriquecer la deliberaci&oacute;n p&uacute;blica respecto a los derechos sociales. Pero tambi&eacute;n, el activismo judicial en el &aacute;rea de derechos sociales puede ser en especial relevante, dada la &iacute;ntima relaci&oacute;n que existe entre derechos sociales y participaci&oacute;n pol&iacute;tica.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Como sostiene Carlos Nino, una adecuada situaci&oacute;n social y econ&oacute;mica de los individuos, al igual que un adecuado nivel de educaci&oacute;n, constituyen precondiciones necesarias de una participaci&oacute;n libre e igualitaria en el proceso pol&iacute;tico (Nino, 1996: 201).<sup><a href="#notas">12</a></sup> Expuesto de manera breve, podr&iacute;amos afirmar que la ausencia de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas destinadas a poner en pr&aacute;ctica los derechos sociales dificulta el involucramiento pol&iacute;tico de las personas con m&aacute;s desventajas, y por tanto mina el valor total del proceso democr&aacute;tico.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo, no existe una buena raz&oacute;n para pensar que la intervenci&oacute;n judicial en esta &aacute;rea necesariamente est&eacute; en conflicto con la democracia (deliberativa). Al contrario, tambi&eacute;n en este &aacute;mbito los jueces pueden decidir de manera muy respetuosa hacia la autoridad superior del pueblo y de sus representantes. En su libro sobre los derechos sociales, Cecile Fabre cita algunas posibilidades al respecto. Desde su punto de vista, los tribunales podr&iacute;an, por ejemplo: i) "establecer que un derecho constitucional ha sido violado, sin demandar remedios espec&iacute;ficos"; ii) "declarar que un derecho constitucional ha sido violado, y pedirle al Estado que provea el remedio; a) sin especificar c&oacute;mo y sin fijar un per&iacute;odo l&iacute;mite; b) sin especificar c&oacute;mo, pero demandando que se efect&uacute;e en un cierto tiempo"; iii) "establecer que un derecho constitucional ha sido violado, exigirle al gobierno la provisi&oacute;n de remedios, y especificar qu&eacute; clase de remedios pueden usarse, c&oacute;mo y cu&aacute;ndo" (Fabre, 2000: 148; Gloppen, 2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cass Sunstein desarrolla una argumentaci&oacute;n similar contra aquellos que creen que el "activismo" judicial en el &aacute;rea de los derechos sociales necesariamente implica "dejar de lado el criterio democr&aacute;tico acerca de c&oacute;mo establecer prioridades entre objetivos diferentes" (Sunstein, 2004: 228). Para este autor, reconocer la existencia de ciertos "compromisos" constitucionales respecto a los derechos sociales, y &#151;a&ntilde;adir&iacute;a, siguiendo su an&aacute;lisis&#151; el hecho de que los jueces tomen ciertas medidas espec&iacute;ficas para la aplicaci&oacute;n de esos derechos, puede ayudar a "promover la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica, antes que mermarla, al dirigir la atenci&oacute;n p&uacute;blica a intereses que de otra manera ser&iacute;an ignorados en la vida pol&iacute;tica diaria". La perspectiva de Sunstein surgi&oacute; despu&eacute;s de estudiar las decisiones de la Corte sudafricana post&#45;apartheid, mismas que le indicaron que la Corte pod&iacute;a optar por un "tercer camino" entre dos alternativas indeseables e injustificables, marcadas por el activismo ciego a las consideraciones democr&aacute;ticas y la pasividad ciega a sus consecuencias (Sunstein, 2004: 227). Para acompa&ntilde;ar sus reflexiones, agrego algunos detalles sobre el ejemplo sudafricano acompa&ntilde;&aacute;ndolo de comentarios sobre los casos, igualmente notables, de la India y Colombia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Sud&aacute;frica.</i> El ejemplo de la jurisprudencia sudafricana ha tenido efectos revolucionarios, pues ha ayudado a que la comunidad legal mundial entienda que es posible apoyar al mismo tiempo un rol judicial activo en el &aacute;rea de derechos sociales y la primac&iacute;a de las autoridades pol&iacute;ticas. Dos de las decisiones m&aacute;s destacadas de la Suprema Corte en Sud&aacute;frica, el caso <i>Grootboom</i> y el de las <i>Campa&ntilde;as de Acci&oacute;n de Tratamiento,</i> son muy ilustrativas. El primero remite a una querella presentada por 900 personas que viv&iacute;an en condiciones de pobreza extrema en caba&ntilde;as miserables y reclamaban por sus derechos de vivienda. Ante tal situaci&oacute;n, la Corte sudafricana le exigi&oacute; al Estado crear un programa destinado a cumplir sus obligaciones constitucionales, incluyendo medidas razonables dise&ntilde;adas para "proveer alivio a personas que no tienen acceso a la tierra, carecen de techo sobre sus cabezas y viven en condiciones intolerables".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo caso se refiere al SIDA &#151;uno de los problemas sociales m&aacute;s dram&aacute;ticos que sufre el pa&iacute;s&#151; y versa sobre la decisi&oacute;n del gobierno de prohibir la distribuci&oacute;n de una droga antiviral (el nevirapine) excepto en circunstancias especiales (que inclu&iacute;an, por ejemplo, la creaci&oacute;n de centros especiales de investigaci&oacute;n). Aqu&iacute; la Corte afirm&oacute; que el gobierno tiene la obligaci&oacute;n de "dise&ntilde;ar y poner en pr&aacute;ctica, teniendo en cuenta los recursos a su disposici&oacute;n, un programa comprehensivo y coordinado para implementar progresivamente el derecho de mujeres embarazadas a tener acceso a servicios de salud para combatir la transmisi&oacute;n de madre a hijo del VIH".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos casos, las decisiones de la Corte fueron particularmente notables porque demostraron c&oacute;mo, en la pr&aacute;ctica real, era posible que los jueces contribuyeran a la discusi&oacute;n sobre asuntos p&uacute;blicos fundamentales, sin minar la democracia. La contribuci&oacute;n de la Corte consisti&oacute; no solo en abordar asuntos que las autoridades pol&iacute;ticas no atend&iacute;an (o lo hac&iacute;an de manera incorrecta, por ejemplo discriminando a ciertos grupos), sino tambi&eacute;n en c&oacute;mo lograrlo con respeto a la autoridad superior del pueblo y sus representantes. Como se observa, no fue necesario que la Corte impusiera sus opiniones a las autoridades pol&iacute;ticas, definiendo, por ejemplo, cuales remedios deb&iacute;an ser aprobados. Sin embargo, es indudable que estas decisiones llegaron a promover una discusi&oacute;n que, hasta ese momento, no exist&iacute;a o se malograba, y as&iacute; obligaron a que los pol&iacute;ticos asumieran responsabilidades que hab&iacute;an rehusado. La Corte realiz&oacute; con ello un valioso esfuerzo dirigido a la "inclusi&oacute;n" social de personas que hasta entonces se hab&iacute;an marginado de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>India.</i> El ejemplo de la India es tan interesante como el sudafricano, aunque por razones diferentes. &Eacute;l destaca por la franqueza y el radicalismo de las decisiones de las Cortes en t&eacute;rminos de los derechos sociales.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Ciertamente, desde la perspectiva de la democracia deliberativa no es obvio que todas sus decisiones (durante su per&iacute;odo m&aacute;s "activo") fueran igualmente defendibles, algunas de ellas, podr&iacute;amos pensar, exced&iacute;an las virtudes dial&oacute;gicas que los dem&oacute;cratas deliberativos alaban, y representan m&aacute;s bien la imposici&oacute;n de las perspectivas (en este caso progresistas) de la Corte sobre las autoridades pol&iacute;ticas. Sin embargo, podr&iacute;amos decir que, en t&eacute;rminos generales, la actividad de la Corte puede defenderse en su aspecto deliberativo en por lo menos dos puntos. Primero, la jurisprudencia india a&uacute;n representa un caso notable de antiformalismo, que resulta especialmente sano en el &aacute;rea de los derechos sociales, donde todav&iacute;a existen barreras brutales que impiden a los m&aacute;s d&eacute;biles presentar sus opiniones ante el p&uacute;blico. El mayor ejemplo, en este sentido, es la llamada "jurisdicci&oacute;n epistolar", creada por la misma Corte, y seg&uacute;n la cual una simple carta &#151;en vez de una petici&oacute;n formal&#151; escrita a favor de un grupo desprotegido constituye una condici&oacute;n suficiente para activar un procedimiento ante la Suprema Corte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s a&uacute;n, la Corte decidi&oacute; que las reglas de legitimaci&oacute;n desarrolladas junto con la jurisdicci&oacute;n epistolar no eran suficientes para los prop&oacute;sitos que se hab&iacute;an fijado.  La Corte consider&oacute; que tambi&eacute;n era muy importante crear nuevos instrumentos para recabar la informaci&oacute;n requerida para decidir sobre un caso. Para el tribunal, "no era realista esperar que los demandantes con menos ventajas, o los activistas que trabajaban con ellos, proporcionaran la evidencia necesaria para que el tribunal decida" (Hunt, 1996: 165&#151;6). Por esa raz&oacute;n decidi&oacute; crear "comisiones socio&#151;legales de informaci&oacute;n" destinadas a asumir la funci&oacute;n de "comisarios de la Corte".<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una segunda caracter&iacute;stica innovadora de la Corte en la India (ya evidente en el comentario anterior) fue la manera en que desafi&oacute;, expl&iacute;citamente, los supuestos tradicionales vinculados con la separaci&oacute;n de poderes. De acuerdo con las nociones m&aacute;s comunes al respecto, se espera que la Corte asuma una actitud reverencial ante las decisiones de las ramas pol&iacute;ticas, excepto cuando ocurren graves violaciones de la ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contra ese punto de vista, la Corte india tuvo un papel m&aacute;s "agresivo", e intent&oacute; colaborar activamente con las ramas pol&iacute;ticas en la creaci&oacute;n de decisiones m&aacute;s imparciales. Por ejemplo, en el caso de <i>Azad Rickshaw Pullers Union contra Punja</i><sup><a href="#notas">16</a></sup> la Corte decidi&oacute; no anular una pol&eacute;mica ley, sino colaborar con el Congreso en su nueva redacci&oacute;n, a fin de crear una norma m&aacute;s adecuadamente inclusiva. Seg&uacute;n la opini&oacute;n de la Corte, ella y los abogados acordaron sobre este enfoque constructivo y se esforzaron, luego de varias marchas y contramarchas, en modelar un nuevo proyecto legal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Scott y Macklem, que analizaron estos casos en un detallado estudio sobre la cuesti&oacute;n, "la experiencia de la India indica que puede ser apropiado permitir que el poder judicial lleve adelante ciertas medidas destinadas a estimular a las otras ramas de gobierno a emprender debates y producir respuestas concretas que a largo plazo resultan pol&iacute;ticamente m&aacute;s leg&iacute;timas y efectivas" (Scott &amp; Macklem, 1992: 130).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Colombia.</i> Para finalizar, quisiera agregar algunos comentarios sobre el caso de la Corte colombiana &#151;Tribunal que representa, probablemente, la expresi&oacute;n m&aacute;s sofisticada de una Corte comprometida tanto con la aplicaci&oacute;n de los derechos sociales como con la democracia deliberativa. La Corte colombiana ha tenido que decidir en numerosos casos relativos a los derechos sociales, y lo ha hecho respetando con mucho la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica. La Corte ha aceptado numerosas quejas populares (tutelas) dirigidas a la aplicaci&oacute;n de los derechos sociales y econ&oacute;micos (Cepeda, 2004: 618). Lo interesante sobre la Corte colombiana es el cuidado extremo que ha puesto en sus fallos, para tornar compatible su "activismo" con el respeto a la democracia deliberativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Corte demostr&oacute; su valor y compromiso con la democracia deliberativa en diversas decisiones mediante las cuales anul&oacute; leyes aprobadas sin debate p&uacute;blico, o que no hab&iacute;an sido el producto de un proceso razonable de deliberaci&oacute;n p&uacute;blica. Un ejemplo extraordinario es su decisi&oacute;n, en el 2004, de anular el llamado <i>estatuto anti&#151;terrorista,</i> que representaba una parte importante de la agenda pol&iacute;tica del poder ejecutivo. La Corte tom&oacute; esa decisi&oacute;n cuando comprendi&oacute; que m&aacute;s de una docena de legisladores que hab&iacute;an votado por el pol&eacute;mico estatuto hab&iacute;an cambiado de opini&oacute;n de un d&iacute;a para otro, sin dar ninguna explicaci&oacute;n p&uacute;blica sobre dicha actitud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El compromiso de la Corte colombiana con la democracia deliberativa se torna evidente en su extensa jurisprudencia sobre derechos sociales, particularmente en la nueva y compleja doctrina desarrollada por la Corte, que se conoce como "la modulaci&oacute;n de los efectos de las decisiones". De acuerdo con el juez Cepeda, el prop&oacute;sito general de estos juicios constitucionales moduladores surge como una "forma de armonizar la necesidad de preservar la Constituci&oacute;n con el alto respeto de la Corte hacia las decisiones de la legislatura. Es por medio de esas decisiones "moduladoras" que la Corte intenta mantener la validez constitucional de las leyes, en la medida en que ello sea posible" (Cepeda, 2004: 566). Las decisiones moduladoras pueden ser de diferente tipo: "interpretativas", "expresamente integrativas" y "materialmente expansivas". Tambi&eacute;n pueden estar relacionadas con el momento en el que las decisiones del tribunal tienen efecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunos casos la Corte pospuso el efecto de sus decisiones, bajo el supuesto de que su aplicaci&oacute;n inmediata podr&iacute;a poner en peligro otros valores constitucionales fundamentales. Por ejemplo, en su famosa decisi&oacute;n T&#151;153 (1998), referente a los graves abusos cometidos por el personal p&uacute;blico dentro de las prisiones, la Corte reconoci&oacute; la validez de las quejas de los prisioneros, pero estableci&oacute; que el gobierno tendr&iacute;a cuatro a&ntilde;os para corregir la situaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual modo, tambi&eacute;n la Corte reconoci&oacute; que el Congreso, y no el poder judicial, era la instancia responsable para decidir la manera en la que se pondr&iacute;a fin a esos fuertes abusos. La Corte sugiri&oacute; una estrategia similar en otra dif&iacute;cil decisi&oacute;n, la T&#151;025 (2004), relativa al asunto de los <i>desplazados,</i> o sea a las poblaciones expulsadas de su lugar de residencia debido a la violencia pol&iacute;tica. La Corte consider&oacute; que la pol&iacute;tica del gobierno para los <i>desplazados</i> era inconstitucional en raz&oacute;n de su profunda insuficiencia e ineficacia, pero, aun as&iacute;, no intent&oacute; imponer una ruta alternativa a la de las autoridades p&uacute;blicas. En contraste, la Corte afirm&oacute; que har&iacute;a un seguimiento cercano al tema para asegurarse que estas decisiones estuvieran de acuerdo con la Costituci&oacute;n y fueran capaces, al mismo tiempo, de solucionar la situaci&oacute;n desesperada de los desplazados.<sup><a href="#notas">17</a></sup> En todos estos casos la Corte se mostr&oacute; capaz de intervenir de manera sumamente respetuosa hacia la autoridad de los legisladores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos ejemplos ilustran algunas de las diversas formas en las que los tribunales pueden actuar para asumir una actitud fuerte y agresiva en lo concerniente a los derechos sociales y, al mismo tiempo, respetar su compromiso con la democracia deliberativa.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Revisi&oacute;n judicial, supremac&iacute;a judicial y motivaci&oacute;n judicial</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las secciones previas proporcionan ciertas bases a la tesis que afirma que los dem&oacute;cratas deliberativos deben defender la revisi&oacute;n judicial, incluso (y particularmente) en el &aacute;rea de los derechos sociales. Como contraste, en las siguientes p&aacute;ginas quisiera agregar algunas notas cr&iacute;ticas que ponen en duda la afirmaci&oacute;n anterior, sin negar su fuerza e importancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para empezar, har&eacute; una distinci&oacute;n entre los conceptos de <i>revisi&oacute;n judicial</i> y <i>supremac&iacute;a judicial.</i> La revisi&oacute;n judicial es la actividad por la cual los jueces revisan la validez de las normas legales y administrativas. La supremac&iacute;a judicial tiene que ver con "la noci&oacute;n de que los jueces tienen que tener la &uacute;ltima palabra cuando se trata de la interpretaci&oacute;n constitucional, y que sus decisiones determinan el significado de la Constituci&oacute;n para todos" (Kramer, 2001: 6).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante el gran apoyo que goza la supremac&iacute;a judicial dentro de los c&iacute;rculos legales, es este rasgo &#151;que generalmente aparece junto a la pr&aacute;ctica de la revisi&oacute;n judicial&#151; el que genera mayor tensi&oacute;n entre los defensores de esta pr&aacute;ctica y los que apoyan la democracia deliberativa o alguna otra versi&oacute;n mayoritaria de la democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aquellos que valoran la democracia, entre otras razones, por sus componentes mayoritarios (como lo hacen los dem&oacute;cratas deliberativos), tienen motivos para criticar la supremac&iacute;a judicial en nombre de la idea de igualdad que subyace a la del respeto a la voluntad democr&aacute;tica.<sup><a href="#notas">18</a></sup> La supremac&iacute;a judicial violar&iacute;a la idea del respeto igualitario porque permitir&iacute;a a una minor&iacute;a de jueces imponer sus propias opiniones al resto de la poblaci&oacute;n. Esa posibilidad es todav&iacute;a m&aacute;s preocupante cuando comprendemos, con Waldron, que los jueces tambi&eacute;n toman decisiones por medio de procedimientos mayoritarios como consecuencia de las disidencias dentro de la Corte, que suelen reflejar, de alg&uacute;n modo, los desacuerdos existentes fuera de los tribunales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dem&oacute;cratas deliberativos tienen argumentos que fortalecen esta cr&iacute;tica inicial. Por ejemplo, los dem&oacute;cratas deliberativos que creen en las virtudes epist&eacute;micas de la discusi&oacute;n p&uacute;blica (Nino, 1991) podr&iacute;an decir que la supremac&iacute;a judicial no es aceptable por basarse, impl&iacute;citamente, en las virtudes intelectuales de unos pocos, en lugar de apoyarse en las capacidades epist&eacute;micas de todos los ciudadanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los que defienden la democracia deliberativa podr&iacute;an decir, adem&aacute;s, que la supremac&iacute;a judicial es err&oacute;nea porque contradice otro requisito fundamental de la teor&iacute;a: las cuestiones p&uacute;blicas b&aacute;sicas deben sujetarse al debate abierto y constante. En la pr&aacute;ctica, y contra lo que este principio propone, las decisiones judiciales tienden a convertirse en las "finales". Esto parece cierto a pesar de que no es te&oacute;ricamente imposible que las otras ramas pol&iacute;ticas insistan en sus propios criterios. Esto se debe a que las Cortes siempre podr&aacute;n insistir en sus propias opiniones e imponerlas a los dem&aacute;s actores.<sup><a href="#notas">19</a></sup> La imagen de un di&aacute;logo parece inadecuada cuando los jueces tienen la oportunidad de insistir con &eacute;xito en favor de sus propias decisiones, sin importar que el Congreso sostenga una soluci&oacute;n opuesta. La idea del di&aacute;logo, finalmente, viene a exigir algo diferente a lo que de com&uacute;n se encuentra en la pr&aacute;ctica. En efecto, la idea de "di&aacute;logo" remite a un igualitarismo que aqu&iacute; parece estar ausente. En un di&aacute;logo "normal" las dos partes tienen igual oportunidad de prevalecer, mientras ambas presenten buenos argumentos. En la pr&aacute;ctica institucional que conocemos, el di&aacute;logo aparece desbalanceado hacia el lado incorrecto: en la vida diaria, no es la gente sino el poder judicial &#151;la rama menos democr&aacute;tica del gobierno&#151; la m&aacute;s alta autoridad constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo comentario cr&iacute;tico proviene de una reflexi&oacute;n acerca de las motivaciones judiciales, un asunto que ha sido altamente desatendido en la literatura acad&eacute;mica. En realidad, los acad&eacute;micos parecen quedar satisfechos con su papel de intelectuales p&uacute;blicos o de reformadores sociales luego de definir un modelo ideal sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ser el comportamiento judicial. Muchos parecen decir: "si los jueces hicieran x, entonces nadie podr&iacute;a objetar sobre sus acciones, porque su tarea resultar&iacute;a totalmente justificada". Por supuesto, es muy importante que pensemos en ideales regulativos para organizar la pr&aacute;ctica judicial. Sin embargo, no podemos contentarnos exclusivamente con enunciarlo, si nuestra preocupaci&oacute;n es la de convertir al ideal en gu&iacute;a de la pr&aacute;ctica. Nuestra formulaci&oacute;n resulta incompleta si no mostramos que existen razones para pensar que los jueces pueden actuar de acuerdo con ese ideal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perm&iacute;tanme explicarlo con algunos ejemplos: algunos autores piensan que la actividad judicial resultar&iacute;a del todo justificable si los jueces concentraran sus esfuerzos en salvaguardar el proceso pol&iacute;tico (Ely, 1981);<sup><a href="#notas">20</a></sup> o si los jueces se convirtieran en "la voz de la minor&iacute;a sin poder" (Fiss, 1976);<sup><a href="#notas">21</a></sup> o si actuaran de modo "minimalista," esto es, aprendieran a "dejar ciertas cuestiones indecisas, evitaran las generalizaciones abstractas, razonaran por analog&iacute;a y no por principios generales amplios, y decidieran con cuidado, paso a paso, tomando un caso a la vez" (Sunstein, 1999). Probablemente, si los jueces se comportaran de acuerdo a tales propuestas, sus decisiones resultar&iacute;an menos objetables &#151;si no directamente inobjetables&#151; desde la perspectiva de la democracia deliberativa. Por lo dem&aacute;s, y en defensa de tales propuestas, debemos aceptar que, por lo menos en principio, el marco institucional existente no impide que se logren resultados deseables como los sugeridos: los jueces podr&iacute;an ponerse a trabajar a favor de las minor&iacute;as con menos ventajas y marginadas, o podr&iacute;an comenzar a actuar de manera minimalista. El problema, sin embargo, es que no tenemos suficientes motivos para creer que los jueces vayan a inclinarse, colectivamente, a actuar de la forma recomendada. En otras palabras, modalidades de acci&oacute;n judicial como las propuestas resultan concebibles en la pr&aacute;ctica aunque, al mismo tiempo, es poco factible que las encontremos en alg&uacute;n futuro imaginable. Esto es as&iacute;, entre otras razones, por la falta de incentivos institucionales, que lleven a los jueces a comportarse de la manera propuesta &#151;y m&aacute;s all&aacute; de que pudiera darse que un juez individual o un tribunal decida seguir, en un caso o en una serie de casos, ese tipo de recomendaciones te&oacute;ricas. Pero, en t&eacute;rminos generales, &iquest;por qu&eacute; esperar que los jueces renuncien a sus enormes poderes, y lo hagan de la manera y en las ocasiones recomendadas por algunos acad&eacute;micos?, &iquest;podr&iacute;amos seriamente tener la esperanza de que esto ocurra? Por esta raz&oacute;n, los dem&oacute;cratas deliberativos tienen motivos para mantenerse esc&eacute;pticos acerca de la revisi&oacute;n judicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, ser&iacute;a importante distinguir entre dos asuntos: i) el hecho de que quienes defienden la democracia deliberativa tienen motivos para dudar de la revisi&oacute;n judicial, en general; y ii) el hecho de que ciertas decisiones judiciales espec&iacute;ficas pueden estar m&aacute;s o menos alineadas con las metas de dichos defensores de la democracia deliberativa. Indudablemente, para apoyar la revisi&oacute;n judicial, ellos necesitar&iacute;an garant&iacute;as de las que ahora carecen. Esta situaci&oacute;n continuar&aacute;, por cierto, en tanto se mantenga la supremac&iacute;a judicial sin modificaciones; no se implementen reformas institucionales destinadas a motivar a los jueces a tomar decisiones m&aacute;s compatibles con los fines de la democracia deliberativa; y el sistema institucional no se reorganice de modo tal que favorezca el establecimiento de un di&aacute;logo genuino y equitativo entre las diferentes ramas del poder, tanto entre ellas como con la poblaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De todos modos, ninguna de las dudas mencionadas deber&iacute;a impedir que los que defienden la democracia deliberativa eval&uacute;en de modo distinto a decisiones judiciales distintas, conforme con la proximidad o distancia de las mismas respecto del ideal institucional que ellos defienden. Las decisiones judiciales que se desarrollan en el &aacute;rea de los derechos sociales no son una excepci&oacute;n al respecto: algunas pueden considerarse como favorables al ideal regulatorio de la democracia deliberativa (por ejemplo, el ayudar a integrar grupos indebidamente marginados del sistema pol&iacute;tico; o al obligar a las autoridades pol&iacute;ticas a justificar sus decisiones de manera m&aacute;s apropiada), mientras que otras pueden verse como orientadas en la direcci&oacute;n opuesta (por ejemplo, el suponer que la Constituci&oacute;n es compatible con un s&oacute;lo modelo econ&oacute;mico). Y es relevante reconocer esta distinci&oacute;n, al menos, para dejar atr&aacute;s un dogmatismo que a veces parece afectar a nuestra comunidad legal: el que sostiene que la "Democracia", con may&uacute;scula, exige sistem&aacute;ticamente a los jueces no poner en pr&aacute;ctica los derechos sociales y econ&oacute;micos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bhagwati, P., 1985, "Judicial Activism and Public Interest Litigation", en <i>Columbia Journal of Transnational Law,</i> 561.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957030&pid=S0188-7653200600020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bohman, J., 1996, <i>Public Deliberation: Pluralism, Complexity, and Democracy,</i> Cambridge, M. A., MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957032&pid=S0188-7653200600020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bork, R.H., 1997, <i>The Tempting of America,</i> New York, Free Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957034&pid=S0188-7653200600020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cepeda, M., 2004, "Judicial Activism in a Violent Context", en <i>Washington University Global Studies Law Review,</i> vol. 3, Special issue, pp. 529&#45;700.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957036&pid=S0188-7653200600020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cohen, J., 1989, "The Economic Basis of a Deliberative Democracy", en <i>Social Philosophy and Policy,</i> vol. 6(2), pp. 25&#45;50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957038&pid=S0188-7653200600020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Easterbrook, F.H., 1992, "Abstraction and Authority", en <i>University of Chicago Law Review,</i> vol. 59, pp. 349&#45;380.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957040&pid=S0188-7653200600020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elster, J. (ed.), 1998, <i>Deliberative Democracy,</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957042&pid=S0188-7653200600020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ely, J., 1980, <i>Democracy and Distrust,</i> Cambridge, M A., Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957044&pid=S0188-7653200600020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fabre, C., 2000, <i>Social Rights under the Constitution. Government and the Decent life,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957046&pid=S0188-7653200600020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fiss, O.,1976, "Groups and the Equal Protection Clause", en <i>Philosophy and Public Affairs,</i> vol. 5, pp. 107&#45;177.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957048&pid=S0188-7653200600020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gloppen, S., 2006, "Analyzing the Role of Courts in Social Transformation", en R. Gargarella, <i>et al.</i> (eds.), <i>Courts and Social Transformation in New Democracies,</i> forthcoming, Ashgate, London.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957050&pid=S0188-7653200600020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J., 1996, <i>Between Facts and Norms,</i> Cambridge, The MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957052&pid=S0188-7653200600020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Held, D., 1997, <i>Models of Democracy,</i> Stanford, Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957054&pid=S0188-7653200600020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hunt, P., 1996, <i>Reclaiming Social Rights,</i> Sidney, Darmouth.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957056&pid=S0188-7653200600020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Koh, H., 1999, <i>Deliberative Democracy and Human Rights,</i> Conn, Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957058&pid=S0188-7653200600020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kramer, L., 2001, "Foreword: We the Court", en <i>The Supreme Court, 2000 Term,</i> vol. 115, n&uacute;m. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957060&pid=S0188-7653200600020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manin, B.,1987, "On Legitimacy and Political Deliberation", en <i>Political Theory,</i> vol. 15(3), pp. 338&#45;368.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957062&pid=S0188-7653200600020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Michelman, F.,1987, "Possession vs. Distribution in the Constitutional Idea of Property", en <i>Iowa Law Review,</i> vol. 72, pp. 1319&#45;1350.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957064&pid=S0188-7653200600020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nino, C.,1996, <i>The Constitution of Deliberative Democracy,</i> New Haven, Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957066&pid=S0188-7653200600020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1991, <i>The Ethics of Human Rights,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957068&pid=S0188-7653200600020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sandel, M.,1996, <i>Democracy's Discontent. America in Search of a Public Philosophy,</i> Cambridge, M. A., Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957070&pid=S0188-7653200600020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Scott, C. y P. Macklem, 1992, "Constitutional Ropes of Sand or Justiciable Guarantees? Social Rights in a New South African Constitution", en <i>University of Pennsylvania Law</i> <i>Review</i> 141, 1&#45;148.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957072&pid=S0188-7653200600020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sunstein, C.,2004, <i>The Second Bill of Rights,</i> New York, Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957074&pid=S0188-7653200600020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1985, "Interest Groups in American Public Law", en <i>Stanford Law Review</i> 38, 29&#45;87.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957076&pid=S0188-7653200600020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thompson, D., 1999, <i>"Democratic Theory and Global Society",</i> en <i>Journal of Political Philosophy,</i> 09638016, junio, vol. 7, n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957078&pid=S0188-7653200600020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Waldron, J., 1999, <i>Law and Disagreement,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957080&pid=S0188-7653200600020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "A Right&#45;Based Critique of Constitutional Rights", en <i>Oxford Journal of Legal Studies,</i> vol. 13, n&uacute;m. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957082&pid=S0188-7653200600020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Walzer, M.,1981, "Philosophy and Democracy", en <i>Political Theory,</i> vol. 9, pp. 379&#45;399.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5957084&pid=S0188-7653200600020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Este principio fue enunciado por James Madison como principio de hierro de la pol&iacute;tica, al afirmar que "en las asambleas numerosas, sin importar su car&aacute;cter y composici&oacute;n, la pasi&oacute;n nunca deja de arrebatarle el cetro a la raz&oacute;n" (The Federalist Papers, n&uacute;m. 55).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> &Eacute;sta era la visi&oacute;n de Madison, tal como fuera expresada en The Federalist Papers, n&uacute;m. 10.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> En este caso, y para que los requisitos de la democracia resulten satisfechos, basta con que se efect&uacute;en elecciones peri&oacute;dicas y que en cada una la gente tenga la oportunidad de elegir entre, por lo menos, dos partidos pol&iacute;ticos (Held, cap. 5). Otros derechos necesarios para este prop&oacute;sito &#151;tales como la libertad de expresi&oacute;n y la libertad de asociaci&oacute;n&#151; tambi&eacute;n aparecen como requisitos de esta concepci&oacute;n de la democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Algunos autores han descrito esta visi&oacute;n del Estado como "procedimentalista" (Sandel), dado que el Estado es reducido aqu&iacute; a su m&iacute;nima expresi&oacute;n, renunciando a sus impulsos "regulativos", lo mismo que a su prop&oacute;sito de imponer cualquier tipo de resultados "sustantivos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Existen muchas y buenas ilustraciones de esta perspectiva, incluyendo los escritos agrarios de Thomas Jefferson; las propuestas de Thomas Paine sobre "ingreso b&aacute;sico"; el Reglamento Provisorio de Jos&eacute; Artigas, para la distribuci&oacute;n equitativa de los recursos en Uruguay (1815); y las iniciativas de Ponciano Arriaga (en la Convenci&oacute;n constitucional mexicana de 1857) a favor de promulgar una constituci&oacute;n dirigida principalmente a resolver el problema de la distribuci&oacute;n inequitativa de la tierra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Michelman acepta y rechaza parcialmente la propuesta de Walzer. Ver la discusi&oacute;n sobre el tema en Michelman (1987).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Claramente, este no es el caso de Frank Michelman. Su enfoque se relaciona con lo que los jueces deben hacer en los Estados Unidos, y se basa en el supuesto de que las autoridades democr&aacute;ticas en ese pa&iacute;s son hostiles hacia los derechos sociales. Sin embargo, su opini&oacute;n es distinta en relaci&oacute;n con casos como el de Sud&aacute;frica, que posee una constituci&oacute;n diferente a la norteamericana en este aspecto. Ver, por ejemplo, a Michelman (1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> 12/3/2002; JA 2002&#45;IV&#45;466.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Esta definici&oacute;n se relaciona con la propuesta de Jon Elster, para quien dicha noci&oacute;n "incluye la toma de decisiones colectivas con la participaci&oacute;n de todos los potencialmente afectados, o por ellos a trav&eacute;s de sus representantes: &eacute;sta es la parte democr&aacute;tica". Todos acuerdan tambi&eacute;n que dicha noci&oacute;n incluye la toma de decisiones por medio de argumentos presentados <i>por</i> y <i>para</i> participantes comprometidos con los valores de la racionalidad y la imparcialidad: &eacute;sta es la parte deliberativa.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Tomando en cuenta la perspectiva de Carlos Nino sobre la democracia deliberativa, la custodia de este sistema requerir&iacute;a examinar "la amplitud de la participaci&oacute;n en la discusi&oacute;n de aquellos afectados por la decisi&oacute;n final; la libertad de los participantes de expresarse en la deliberaci&oacute;n; la igualdad de condiciones bajo las cuales se efect&uacute;a la participaci&oacute;n; la satisfacci&oacute;n del requisito de que las propuestas sean adecuadamente justificadas; el grado en que el debate es uno de principios y no uno basado en la mera defensa de intereses; la ausencia de mayor&iacute;as congeladas ; la medida en que la mayor&iacute;a apoya las decisiones; la distancia en el tiempo desde que se alcanz&oacute; el consenso; y la reversibilidad de la decisi&oacute;n". Y, agrega: "las reglas del proceso democr&aacute;tico intentan asegurar que estas condiciones sean cumplidas en el m&aacute;ximo grado posible para convertir los resultados de dicho proceso en gu&iacute;as confiables hacia el reconocimiento de principios morales: (Nino, 1996: 199). Siguiendo esta visi&oacute;n epist&eacute;mica de Nino, sostendr&iacute;a que los jueces en una democracia deliberativa deber&iacute;an prevenir la aprobaci&oacute;n de decisiones que interfieren con la moralidad personal e individual, dada la carencia de poder epist&eacute;mico de la democracia al respecto. Sin embargo, no examinar&eacute; este asunto en esta etapa de mi argumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Ver al respecto, por ejemplo, a Cohen (1989). M&aacute;s generalmente, ver la discusi&oacute;n de John Rawls sobre el valor equitativo de las libertades pol&iacute;ticas. Le agradezco a Pablo Gilabert sus comentarios sobre este tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Este punto de vista ha sido reconocido incluso por la Suprema Corte de los Estados Unidos en algunos de sus casos hist&oacute;ricos. As&iacute;, por ejemplo, cuando sostuvo que "la educaci&oacute;n es un requisito para el cumplimiento de nuestras responsabilidades p&uacute;blicas m&aacute;s b&aacute;sicas, incluso en el servicio militar. Es el cimiento mismo de la buena ciudadan&iacute;a", <i>Brown v. Board of Education</i> 347 U.S. 483 (1954).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> "Algunos bienes son tan fundamentales para el buen funcionamiento del sistema democr&aacute;tico que si no se proveyeran, el proceso democr&aacute;tico se deteriorar&iacute;a tanto que su valor epist&eacute;mico desaparecer&iacute;a. Si alguien est&aacute; muriendo de hambre, o se encuentra gravemente enfermo y privado de atenci&oacute;n m&eacute;dica, o carece de la posibilidad de expresar sus ideas en los medios de comunicaci&oacute;n, el sistema democr&aacute;tico resulta tan afectado como si tal persona no tuviera derecho al voto" (Nino, 1996: 201&#45;2).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> De acuerdo al Juez Bhagwatti, "los portales de la Corte se abren a los pobres, a los ignorantes y a los analfabetos, y sus casos han comenzado a llegar a la Corte por medio del litigio de inter&eacute;s p&uacute;blico" (Bhagwati, 1985: 572).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Por ejemplo, en <i>Bandhua Mukti Morcha v. Union of India</i> (2 S.C.R. 67, 1984) la Corte cre&oacute; una comisi&oacute;n de investigaci&oacute;n compuesta por miembros de la sociedad civil, con el prop&oacute;sito de asistirla en la implementaci&oacute;n de las medidas que ordenaba. En <i>Sheela Barse v. Union of India</i> (3 S.C.R. 443, 1986), ella organiz&oacute; tambi&eacute;n un comit&eacute; para asegurar el cumplimiento de sus decisiones (ver Scott y Macklem, 1992).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> 1 S.C.R. 366 (1981).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> En contraste, la decisi&oacute;n de la Corte en el famoso caso UPAC (unidad de poder adquisitivo constante), que involucr&oacute; tres decisiones relacionadas con el financiamiento de vivienda p&uacute;blica se ha vuelto ineficiente a causa de los inesperados cambios en la situaci&oacute;n econ&oacute;mica del pa&iacute;s. La Corte sostuvo que la pol&iacute;tica del gobierno se hab&iacute;a convertido en inconstitucional, lo cual era obvio para una mayor&iacute;a de juristas, pero tambi&eacute;n le impuso al gobierno un plan alternativo de financiamiento, dificultando as&iacute; a los legisladores dise&ntilde;ar su propia agenda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Citando la opini&oacute;n de Joel Feinberg sobre la participaci&oacute;n y el respeto a los individuos, dice Waldron: "Tal vez (el apoyo a) el derecho a participar tiene que ver menos con un prospecto m&iacute;nimo de impacto decisivo y m&aacute;s con evitar el insulto, el deshonor o la denigraci&oacute;n que aparecen cuando las opiniones de una persona son menospreciadas en relaci&oacute;n a las de otras, en un asunto que afecta a todos" (Waldron, 1999: 238).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Al respecto, v&eacute;ase a Dworkin (1977).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Seg&uacute;n John Ely, el proceso pol&iacute;tico se encuentra viciado cuando: los que gobiernan bloquean los canales del cambio pol&iacute;tico para asegurar su permanencia en el poder; y cuando, aunque nadie le niegue a ning&uacute;n otro su voz o voto, quienes est&aacute;n en el poder act&uacute;an sistem&aacute;ticamente en contra de alguna minor&iacute;a, por simple hostilidad o prejuicio, rehus&aacute;ndose a reconocer los intereses comunes, y por tanto negando a la minor&iacute;a la protecci&oacute;n de la que gozan otros grupos en el sistema representativo (Ely, 1981: 108).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> De esta manera, Fiss afirma en "Groups and the Equal Protection" que cuando el producto de un proceso pol&iacute;tico es "una ley que causa da&ntilde;o &#91;a minor&iacute;as con menos ventajas&#93;, la objeci&oacute;n contra&#151;mayoritaria a la invalidaci&oacute;n judicial&#151;la objeci&oacute;n que niega a los "nueve hombres &#91;de la Corte&#93;" el derecho de sustituir la opini&oacute;n del "pueblo"por la suya propia&#151; tiene poca fuerza. El sistema judicial podr&iacute;a ser visto, en tal sentido, como el amplificador de la voz de la minor&iacute;a sin poder, como el intento de rectificar la injusticia del proceso pol&iacute;tico como m&eacute;todo de ajuste de querellas competitivas" (Fiss, 1976: 153).</font></p>      ]]></body><back>
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