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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ensayos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Narrativa hist&oacute;rica y an&aacute;lisis social en Ren&eacute; Zavaleta*</b></font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mart&iacute;n Puchet Anyul ** </b></font></p>  	    <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2">* Discurso en memoria de Ren&eacute; Zavaleta Mercado, Director fundador de la FLACSO &#45;M&eacute;xico a 30 a&ntilde;os de su fundaci&oacute;n, 1975&#45;2005.</font></p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2"> ** Doctor en Econom&iacute;a, UNAM . Miembro del SNI y de la Academia Mexicana de Ciencias.</font></p> 	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es un breve ensayo sobre Zavaleta. Pero no s&oacute;lo se refiere a su personalidad, a algunos hechos de su vida y a unos pocos aspectos puntuales de su obra. Trata tambi&eacute;n de su amistad con dos intelectuales rioplatenses. La elecci&oacute;n de ambos temas se 227 basa en un simple y arbitrario recuerdo. No obstante, poner en el centro el sentido de la amistad que ten&iacute;a Zavaleta y, en particular, el di&aacute;logo fecundo con dos creadores mayores de Am&eacute;rica latina, es remarcar un rasgo de grandeza y generosidad que trasciende este mundo.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Intercal&eacute; en el texto principal algunas vi&ntilde;etas que dan el contexto de las relaciones que refiero, de los hechos descritos y de las oraciones enunciadas.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Era el verano de 1984. Supongo que ser&iacute;a un s&aacute;bado de julio. Mart&iacute;nez Moreno y Carmen, su mujer, Sergio Bag&uacute; y Clari, su mujer, Silvia Dutr&eacute;nit y yo esper&aacute;bamos en la entrada del Instituto de Neurolog&iacute;a, en el sur de la ciudad de M&eacute;xico, para visitar a Alma Reyles que acompa&ntilde;aba a su marido Ren&eacute; Zavaleta en un estado inconsciente desde hac&iacute;a d&iacute;as. Muchas veces con Silvia, mi mujer, hemos evocado ese momento: la conversaci&oacute;n torrencial de Mart&iacute;nez Moreno, la discreci&oacute;n y la mesura de Bag&uacute;, los lazos que se anudaban en cada instante, las historias que all&iacute; converg&iacute;an, el cruce de vidas dis&iacute;miles en un continente todav&iacute;a plagado de dictaduras y de autoritarismos, atravesado a&uacute;n por el horror de la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> <b>Vi&ntilde;eta 1.</b> Ren&eacute; Zavaleta lleg&oacute; a Montevideo a mediados de los a&ntilde;os cincuenta. All&iacute; estudi&oacute; derecho y trabaj&oacute; como periodista en el diario <i>La Ma&ntilde;ana</i> donde conoci&oacute; a Carlos Mart&iacute;nez Moreno, abogado penalista, defensor de oficio y editorialista de ese peri&oacute;dico. Durante esos a&ntilde;os el gobierno boliviano, en manos del Movimiento   Nacionalista Revolucionario, fuerza dirigente de la revoluci&oacute;n de 1952, fue oscilando a medida que se enfrentaba a problemas econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos y que deb&iacute;a responder a la presi&oacute;n del gobierno norteamericano. A ese partido se adhiri&oacute; Zavaleta y de ese gobierno fue Agregado Cultural de su Embajada en Montevideo entre 1958 y 1960. A&ntilde;os despu&eacute;s llegar&iacute;a a ser su Ministro de Minas. En Uruguay, el partido Colorado, cuya mayor&iacute;a era la corriente batllista, es derrotado en las elecciones de 1958, despu&eacute;s de 97 a&ntilde;os en el poder, por su tradicional opositor, el partido Nacional, aliado a un movimiento social de propietarios rurales que fue liderado por los grandes terratenientes e integrado por muchos sectores sociales del campo uruguayo. En 1959 triunfa la revoluci&oacute;n cubana. Mart&iacute;nez Moreno cubre los acontecimientos relacionados con el juicio y condena de los esbirros de Batista. All&iacute; escribe su primera novela, intitulada, no casualmente, <i>El Pared&oacute;n</i> . Ambos colaboran en el semanario <i>Marcha</i>, dirigido por el periodista, economista y pol&iacute;tico Carlos Quijano. Mart&iacute;nez Moreno es cr&iacute;tico teatral y Zavaleta editorialista pol&iacute;tico. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El escritor uruguayo narra ya &#151;entre la trama del Uruguay en crisis&#151; ambig&uuml;edades, matices y oquedades que emergen en las conductas de los seres humanos cuando se sale tumultuosamente del remanso democr&aacute;tico. El nacionalista boliviano y joven pol&iacute;tico escribe para mostrar y para entender, para disputar con sus enemigos y para interpelar a la sociedad en movimiento. Se interroga c&oacute;mo la revoluci&oacute;n del 52 ha trocado el estado de los "barones del esta&ntilde;o" por el movimiento popular hecho gobierno; y cu&aacute;ndo y hasta d&oacute;nde la naci&oacute;n ha desplazado los intereses de la anti&#45;naci&oacute;n. All&iacute; est&aacute; sentado ante el escritor que hizo del final del estado batllista, liberal, benefactor, conservador de la Arcadia feliz de las clases medias uruguayas, el tel&oacute;n de fondo de una novela sobre los juicios primigenios de la Cuba revolucionaria. Desde el Montevideo azorado por el triunfo de la oposici&oacute;n rural anti&#45;batllista, el Agregado Cultural de la Embajada boliviana ve c&oacute;mo en su tierra el acto mismo de constituci&oacute;n de la conciencia nacional, por medio del movimiento de los campesinos, de los mineros, de las estrechas clases medias bolivianas, comienza a escindirse en proyectos diferenciados por su dis&iacute;mil perspectiva econ&oacute;mica. Desde la Cuba revolucionaria en que se fusila aceleradamente a los enemigos, el escritor uruguayo, amigo del agregado boliviano, percibe la ca&iacute;da lenta, inmisericorde, intangible del Uruguay, de ese pa&iacute;s hecho, palmo a palmo, durante sesenta a&ntilde;os, por la conciliaci&oacute;n partidaria y la generosa renta diferencial de la ganader&iacute;a. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al Montevideo del 64, donde se preguntaba si El <i>Pared&oacute;n</i> de Mart&iacute;nez Moreno era castrista o anti&#45;castrista y se le&iacute;a cada viernes, como si fuera un rito, <i>Marcha</i> de Quijano, al mismo tiempo que comenzaban a actuar la guerrilla de los tupamaros y se constitu&iacute;a la Central &Uacute;nica de Trabajadores, lleg&oacute; exiliado el Ministro de Minas del reci&eacute;n derrocado gobierno del MNR . Tal vez all&iacute; Bolivia, tan lejos del cansino ritmo  hist&oacute;rico uruguayo, anunci&oacute;, en palabras de quien retornaba a la tierra de su mujer y de su primer hijo, que en este continente las formaciones sociales m&aacute;s abigarradas se adelantan, por su fragilidad pol&iacute;tica, a aquellas que, siendo m&aacute;s integradas, amortiguan mejor sus contradicciones, rupturas y reverberaciones. Pero adelantarse en la pol&iacute;tica continental es s&oacute;lo anunciar lo que vendr&aacute;. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No agrego nada si digo que las novelas de Mart&iacute;nez Moreno anudan en el estilo directo, crudo, violento de los relatos policiales &#151;que conoc&iacute;a en las fuentes directas de los expedientes penales&#151;, las recargadas evocaciones y regresos de sus personajes que miran y rememoran desde cada momento su pasado, y rodean cada episodio de las largas digresiones que ilustran el entorno cultural donde se debaten los protagonistas. Tal vez en esa forma de narrar compleja y diversa, plena de navegaciones y circunloquios, que no perd&iacute;a el hilo a pesar de las ramificaciones del relato, radicaba el aprecio de Zavaleta por la prosa de su amigo. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero pienso, tambi&eacute;n, al releer a ambos, al escritor uruguayo y al ensayista pol&iacute;tico 229 e historiador boliviano, que hay una identificaci&oacute;n m&aacute;s importante. Zavaleta cuando cuenta la historia de Bolivia hace que la sucesi&oacute;n de los hechos est&eacute; siempre cruzada por los retornos a los puntos de partida, a los momentos constitutivos, a las crisis como actos de revelaci&oacute;n social. A la vez, en esa trama, de seguimientos y regresos, siempre est&aacute;n insertos las voluntades, los deseos, las rutinas, las defecciones, las grandezas y las debilidades de los hombres e, intercalados con el torrente de su narraci&oacute;n, aparecen definiciones, precisiones, observaciones que refinan y desarrollan el arsenal anal&iacute;tico. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se dir&aacute;, y estoy de acuerdo, que una cosa es la ficci&oacute;n y otra la historia y el an&aacute;lisis pol&iacute;tico. Pero hay pocos cient&iacute;ficos sociales en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os que admitan siquiera una comparaci&oacute;n de su prosa con la narrativa de un novelista mayor. Zavaleta es a&uacute;n m&aacute;s singular: en la compulsa con toda narrativa aparecen sus indudables m&eacute;ritos para contar y para decir pero, adem&aacute;s, sobresale la impresionante capacidad que ten&iacute;a para entretejer los modos del an&aacute;lisis social y pol&iacute;tico en un flujo hist&oacute;rico lleno de inflexiones, recodos y tr&aacute;nsitos que expresaban, correspondientemente, el devenir del mundo. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo un ejemplo, de la prosa de Zavaleta p&oacute;stumamente editada, sobre el per&iacute;odo olig&aacute;rquico boliviano:</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> "Tiempo del desprecio, este per&iacute;odo fue fisonomizado por Cuadros Quiroga como el de "cuarenta a&ntilde;os de vida perdularia". La era en su conjunto, si no fuera por la guerra de Willka que abre la fase estatal en su despliegue, la Guerra del Chaco, que indica su designio y la insurrecci&oacute;n de abril que la cancela, tendr&iacute;a s&oacute;lo una atm&oacute;sfera grotesca, como si se tratase de una borrasca de truhanes y esperpentos, en medio de una casa que se quema. La sustancia de esta &eacute;poca est&aacute; dada por la  oligarqu&iacute;a en forma cristalina, es decir, por la reagrupaci&oacute;n se&ntilde;orial en torno del excedente minero y sus grandes empresas. Aqu&iacute; puede verse en la pr&aacute;ctica &#151;sin interrupci&oacute;n alguna ni caudillista (a la manera decimon&oacute;nica) ni popular&#151; a la oligarqu&iacute;a en su forma hist&oacute;rica, en el despliegue completo de sus creencias, liturgias y fundamentos. El pueblo como tal se hab&iacute;a eclipsado con el triunfo de Melgarejo y con el desastre de Z&aacute;rate. Se puede decir que es el per&iacute;odo de la "rosca" en su actualidad o evidencia, invalorable sin duda para la biograf&iacute;a de una clase pero inexorable en la demostraci&oacute;n de la inviabilidad capitalista de Bolivia" ("El estupor de los siglos", <i>Lo nacional&#45;popular en Bolivia</i>, Siglo XXI Editores, p. 200). </font></p>     </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Vi&ntilde;eta 2.</b> En 1966 se instaura la dictadura de Ongan&iacute;a en la Argentina. Cientos de profesores son expulsados de las universidades. Los primeros a&ntilde;os tratan de sobrevivir dando clases en institutos y organizaciones privadas. Pero muchos deben abandonar el pa&iacute;s porque sus condiciones de vida se deterioran aceleradamente y, muchas veces,  su libertad corre peligro. Sergio Bag&uacute;, es uno de ellos, historiador econ&oacute;mico pionero y soci&oacute;logo renombrado por su importante obra de investigador, se va a Chile donde trabajar&aacute; como profesor universitario durante el gobierno de Allende (1970&#45;1973). F LACSO lo ver&aacute; escribir parte de sus investigaciones emp&iacute;ricas. A Santiago tambi&eacute;n llegar&aacute; Zavaleta despu&eacute;s del golpe de B&aacute;nzer en 1971 y trabajar&aacute;, entre otras cosas, como asesor de la presidencia de Chile. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bag&uacute; escribe en Santiago un libro de teor&iacute;a social de los que por rigor, concisi&oacute;n y brillantez para detectar lo importante, hay muy pocos en Am&eacute;rica Latina: <i>Marx&#45;Engels: diez conceptos fundamentales</i>. En esos a&ntilde;os de la euforia y la esperanza coinciden con Zavaleta. Sorprende, en esos momentos de afirmaci&oacute;n indeclinable y sumisa de la pol&iacute;tica, la impresionante voluntad de Bag&uacute; de poner en claro, y s&oacute;lo eso, las categor&iacute;as centrales de Marx y Engels. Es notable en el texto y se reitera en el pr&oacute;logo de la edici&oacute;n mexicana, escrito despu&eacute;s de la derrota del gobierno de la Unidad Popular, el sentido de un marxismo con resonancia anal&iacute;tica. As&iacute;, en las horas del triunfo y en los d&iacute;as del nuevo exilio no hay m&aacute;s intenci&oacute;n pedag&oacute;gica que esclarecer, mediante la lectura atenta y la compulsa de diferentes fuentes, el origen y el decurso de los conceptos. No hay en la prosa de Bag&uacute; un s&oacute;lo gesto de proselitismo, sino una exposici&oacute;n que resulta proverbial por su sola parquedad expositiva, por su intenci&oacute;n anal&iacute;tica, por su rigor formal. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de Chile, y ya en el exilio mexicano, Zavaleta reconstruye, reconfigura y reorganiza otra vez sus dispositivos anal&iacute;ticos. Recurre a Marx como nunca antes y escribe algunos art&iacute;culos te&oacute;ricos en <i>Historia y sociedad</i>, en <i>Ensayos</i> y en <i>Dial&eacute;ctica</i>. Todas estas revistas siguieron el ciclo del auge y la ca&iacute;da del marxismo en la pol&iacute;tica de la izquierda mexicana y en las universidades. Cuando hoy regresamos al encuentro  de esos textos de dif&iacute;cil acceso impresionan la fuerza persuasiva, la prosa que intenta acotar, marcar distancias, poner en clave anal&iacute;tica o &uacute;til para el an&aacute;lisis de las realidades latinoamericanas, los t&eacute;rminos y los contextos que caracterizaron, principalmente, la teor&iacute;a cr&iacute;tica de Marx. No hubo all&iacute; el deseo ni la tentaci&oacute;n de hacer ex&eacute;gesis ni de mostrar razonamientos correctos seg&uacute;n el dicho de Marx ni de declarar enunciados leales a las fuentes que siempre, finalmente, resultan falaces. Tampoco fueron escritos esos art&iacute;culos, como otros anteriores y de esa misma &eacute;poca, para intervenir en los cambiantes acontecimientos bolivianos. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No digo nada nuevo cuando remarco que ha habido pocos cient&iacute;ficos sociales y profesores en el continente americano de la estatura de Sergio Bag&uacute;. Su contribuci&oacute;n absolutamente original a la historiograf&iacute;a y a la teor&iacute;a social merece todav&iacute;a una revisi&oacute;n completa y una ense&ntilde;anza generosa. Es probable que el sentido matizado del tiempo y las virtudes de la precisi&oacute;n fueran los rasgos que Zavaleta apreciaba en Bag&uacute;. Lo que sorprende hasta hoy es algo m&aacute;s all&aacute; de esa identificaci&oacute;n. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zavaleta narr&oacute; la historia pol&iacute;tica contempor&aacute;nea de su pa&iacute;s, sobre todo en los cap&iacute;tulos de <i>Bolivia hoy</i> y en <i>Lo nacional&#45;popular en Bolivia</i>. Esa historia es abundante en connotaciones culturales, deviene mostrando la fuerza y la capacidad de los hombres para actuar seg&uacute;n el sentido que &eacute;stos le dan o le quitan a los hechos, y releva, o pone al descubierto, una interpretaci&oacute;n donde la autonom&iacute;a de la pol&iacute;tica hace posible reivindicar la responsabilidad individual en la hechura y la realizaci&oacute;n del tiempo hist&oacute;rico. Pero en su escritura, y en la materia temporal sobre la que trabaja, la marca de los conceptos y las categor&iacute;as resalta por la claridad y el uso que hace de ellos al margen de cualquier recuperaci&oacute;n partidaria o ideol&oacute;gicamente sesgada. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el mismo texto de Zavaleta citado antes ilustro esa manera de introducir los conceptos en la interpretaci&oacute;n de los hechos del estado olig&aacute;rquico que condujeron a la supresi&oacute;n de lo ind&iacute;gena: </font></p>         <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La forma de la pol&iacute;tica es un acontecimiento que produce consecuencias. Si se lo dice en otro tono, uno cree que las cosas pueden expresarse de varias maneras pero, en realidad, tienen una sola expresi&oacute;n necesaria y en ese sentido existe el problema de las formas necesarias de la pol&iacute;tica. En tal orden de cosas, el poder ic&oacute;nico y la abolici&oacute;n de lo real pertenecen a los caracteres de la actualidad formal de este sistema estatal. Era como un acto psicol&oacute;gico de una sociedad que remplaza todo programa de homogeneidad efectiva por una homogeneidad ilusoria, por la v&iacute;a reductiva, que se basaba en la anatematizaci&oacute;n de los indios. Realizaba lo que se llama un acto de supresi&oacute;n: puesto que la historia se hab&iacute;a manifestado como una totalidad adversa, la historia no exist&iacute;a; se remplaz&oacute; por el optimismo irracionalista" ( Ibid .: 235-236).</font></p>     </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Vi&ntilde;eta 3</b>. He se&ntilde;alado la fuerza narrativa tan abigarrada y prol&iacute;fica de los textos hist&oacute;ricos de Zavaleta y, al mismo, tiempo he marcado la capacidad anal&iacute;tica y el rigor conceptual de sus trabajos te&oacute;ricos. En un mundo donde las capacidades de comprensi&oacute;n hist&oacute;rica y de explicaci&oacute;n social han sido dislocadas al extremo de que la hermen&eacute;utica discurre por un lado y los an&aacute;lisis sociales por otro, la potencialidad cognitiva del trabajo intelectual de Zavaleta debiera reconsiderarse nuevamente. En Bolivia, que siempre se adelanta, algunos acad&eacute;micos e investigadores ya han comenzado. Las obras de Tapia y Antezana as&iacute; lo muestran. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hubo muchas solidaridades raigales que surgieron del horror del siglo veinte: la del campo de concentraci&oacute;n, la de la c&aacute;rcel pol&iacute;tica, la de la resistencia, la de las clandestinidades, la de las luchas sociales y pol&iacute;ticas de muy diversa &iacute;ndole. Es obvio que aquella tarde de hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, en que como otros tantos d&iacute;as Mart&iacute;nez Moreno, Bag&uacute; y sus mujeres, fueron al hospital para encontrar a Alma junto al lecho de Zavaleta, all&iacute; se entrelazaban los hilos de la solidaridad de los exiliados de m&aacute;s de  un cuarto de siglo empezando por Bag&uacute;, siguiendo por Zavaleta y culminando con Mart&iacute;nez Moreno. Las horas de zozobra, de impotencia, de incertidumbre, de dolor y de miedo que ellos vivieron, en muy distintas circunstancias y lugares del continente, los unieron. Hoy los sit&uacute;an entre los intelectuales que defendieron valores esenciales de la libertad, la justicia y el progreso de sus sociedades. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero los or&iacute;genes deciden y las formas de volverse un intelectual son diversas. Mart&iacute;nez Moreno vino desde el derecho y la cr&iacute;tica teatral al periodismo de fondo, la narrativa, la ense&ntilde;anza universitaria y la pol&iacute;tica activa. Bag&uacute;, profesor e investigador desde su juventud, nunca abandon&oacute; su camino de acad&eacute;mico comprometido con la verdad y la justicia. Zavaleta lleg&oacute; desde el periodismo metido en la acci&oacute;n pol&iacute;tica y de la militancia partidaria hasta la actividad acad&eacute;mica. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los exiliados son, a pesar de ellos mismos, sobrevivientes de las circunstancias traum&aacute;ticas que los vieron nacer. Pero probablemente s&oacute;lo aquellos que comenzaron como hombres de acci&oacute;n, como militantes pol&iacute;ticos tienen, en la sobrevivencia misma, no s&oacute;lo las fuentes de su energ&iacute;a sino tambi&eacute;n la necesidad de vencer. Partir en la vida de los seres humanos es un poco decidir a donde se llegar&aacute;. Si abrimos hoy los peri&oacute;dicos y las p&aacute;ginas web de Bolivia, los bolivianos extra&ntilde;an a su soci&oacute;logo mayor pero m&aacute;s todav&iacute;a a&ntilde;oran no tener un pol&iacute;tico que tenga asidero en el conocimiento hist&oacute;rico de su patria y que sepa las formas multifac&eacute;ticas en que el mundo la atraviesa. Ren&eacute; tal vez fue la c&uacute;spide del conocimiento de Bolivia en el orbe. Y, conocerse, dir&iacute;a &eacute;l, es para las sociedades ya casi vencer. Bolivia vencer&aacute;.</font></p>      ]]></body>
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