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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Lecturas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Santa Fe: ciudad, espacio y globalizaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rese&ntilde;ado por Angela Giglia*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Margarita P&eacute;rez Negrete, <i>Santa Fe: ciudad, espacio y globalizaci&oacute;n, </i>Universidad Iberoamericana, Puebla, 2010.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora&#150;investigadora del Departamento de Antropolog&iacute;a de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Unidad Iztapalapa </i>&lt;<a href="mailto:giglia.angela@gmail.com">giglia.angela@gmail.com</a>&gt;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Santa Fe es una zona de rascacielos y edificios de dise&ntilde;os atrevidos que albergan las oficinas de muchas empresas transnacionales y viviendas de lujo en el poniente de la Ciudad de M&eacute;xico. El libro de Margarita P&eacute;rez Negrete es un an&aacute;lisis interdisciplinario de esta zona de la ciudad, desde sus or&iacute;genes como proyecto urban&iacute;stico de vanguardia para la &eacute;poca en que se configur&oacute; &#150;por lo menos en M&eacute;xico&#150;, hasta su realidad actual, conformada por una serie de claroscuros. Estos &uacute;ltimos tienen que ver principalmente con el contraste entre la promesa de un espacio moderno, global y eficiente y la realidad de un enclave de lujo que tiene serios problemas en cuanto a su vinculaci&oacute;n con el resto de la metr&oacute;poli, a la gesti&oacute;n de su infraestructura y de sus escasos espacios p&uacute;blicos, y cuyo tejido social exhibe de manera estridente las profundas desigualdades que caracterizan a la sociedad mexicana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el plano metodol&oacute;gico, la autora nos muestra dos cosas muy importantes. La primera es que no existe realidad local que pueda ser estudiada de forma aislada, y la segunda es que hoy en d&iacute;a no es posible estudiar un objeto desde la mirada de una sola disciplina. Se trata de un libro escrito desde la antropolog&iacute;a, pero en un di&aacute;logo constante con otras miradas sobre el espacio urbano. La autora se propone alcanzar un objetivo t&iacute;picamente antropol&oacute;gico: entender c&oacute;mo las pr&aacute;cticas sociales y los usos del espacio interpelan con su propia l&oacute;gica la racionalidad del proyecto urban&iacute;stico y arquitect&oacute;nico. En otras palabras, se pregunta hasta qu&eacute; punto el espacio construido logra ser un generador de modos de vida m&aacute;s modernos y si es que consigue concretar los prop&oacute;sitos ut&oacute;picos que se encontraban contenidos en el esbozo inicial de Santa fe, seg&uacute;n el dise&ntilde;o de quien es considerado su creador y principal impulsor, el licenciado Juan Enr&iacute;quez Cabot, uno de los representantes m&aacute;s importantes de la generaci&oacute;n de tecn&oacute;cratas que trabaj&oacute; en el gobierno del pa&iacute;s en el sexenio de Salinas de Gortari. Para responder a una pregunta como &eacute;sta, la mirada antropol&oacute;gica sobre los significados y los usos concretos del espacio es probablemente la mejor herramienta, pero no es la &uacute;nica que la autora utiliza, ya que el libro tambi&eacute;n ofrece, por una parte, una visi&oacute;n hist&oacute;rica sobre el proyecto, que resulta de gran relevancia para dar cuenta de los avatares de una idea, desde su primera concepci&oacute;n, impregnada de utop&iacute;a, hasta las realizaciones concretas; y por la otra, un an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre la ciudad y ciertos procesos globales a partir de discutir distintas teor&iacute;as sobre la globalizaci&oacute;n. Con ello el estudio de caso queda enmarcado dentro de un panorama de &eacute;poca, que es fundamental para entender la realidad local que se pretende revisar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que se refiere al an&aacute;lisis de campo, la autora coloca al objeto estudiado al centro de un contexto socioterritorial m&aacute;s amplio, en el que destacan diferentes actores y tipos de espacios desde los cuales el espacio de Santa Fe es puesto en perspectiva. De esta manera nos muestra lo que es Santa Fe a trav&eacute;s de una polifon&iacute;a de voces y a partir de la mirada no s&oacute;lo de los proyectistas o de los habitantes ricos, sino tambi&eacute;n de la de aquellos que resultaron m&aacute;s bien como las v&iacute;ctimas de su construcci&oacute;n, porque fueron literalmente desplazados por la llegada de los grandes edificios, o por el simple &#150;y dram&aacute;tico&#150; hecho de haber visto cambiar su territorio sin poder decir ni hacer nada. &Eacute;ste es el caso, por un lado, de los pepenadores &#150;trabajadores que se ocupan de separar y reciclar la basura&#150; asentados en los dep&oacute;sitos de desechos que fueron eliminados para dejar el terreno a la futura "ciudad global", y por el otro, de los habitantes originarios del pueblo de Santa Fe, quienes poco a poco fueron marginados de un espacio que desde siempre hab&iacute;an considerado como parte de su comunidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las p&aacute;ginas dedicadas a reconstruir el proceso de progresiva marginaci&oacute;n del pueblo de Santa Fe resultan particularmente interesantes. Se se&ntilde;ala c&oacute;mo en pocos a&ntilde;os los habitantes del pueblo se hallan como extra&ntilde;os en lo que es &#150;o deber&iacute;a ser&#150; su propio lugar, precisamente porque este sitio est&aacute; siendo objeto de intervenciones sobre las cuales no tienen control: primero la venta de las tierras comunales y las expropiaciones; luego la llegada de los basureros, y finalmente los grandes edificios, cuya construcci&oacute;n culmina en la creaci&oacute;n de un lugar en el cual es imposible caminar a pie, donde casi no hay transporte p&uacute;blico, y donde resalta un centro comercial de lujo al que no se atreven a entrar. El lector se pregunta si en estas nuevas condiciones los habitantes del pueblo sienten todav&iacute;a que pertenecen a Santa Fe, o si no ser&aacute; m&aacute;s bien que el Santa Fe al que ellos pertenecieron simplemente ya no existe.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si los habitantes originarios ya no se hallan en Santa Fe como en su casa, es leg&iacute;timo cuestionarse cu&aacute;les otros habitantes se sienten "en su lugar" en un sitio como Santa Fe. Es decir: &iquest;para qui&eacute;nes Santa Fe se ha constituido en un lugar de identificaci&oacute;n y en un punto de referencia, si es que no de arraigo? &iquest;Qui&eacute;nes consideran que pertenecen a Santa Fe? &iquest;Qui&eacute;nes se sienten identificados con Santa Fe? &iquest;Y qui&eacute;nes piensan que Santa Fe les pertenece? El libro ofrece interesantes respuestas a estas preguntas. Entre quienes se identifican con Santa Fe encontramos sobre todo a los frecuentadores del centro comercial con sus tiendas y restaurantes de lujo. Por ejemplo, una estudiante declara que cuando va a comer a Santa Fe "se imagina como que estuviera en Estados Unidos" (p. 162). Otra mujer dice que "siente bonito al estar cerca de la gente rica" y que as&iacute; puede conocer las buenas marcas, y aun si no tiene el dinero para comprar, "le dan ganas de trabajar m&aacute;s, para tener m&aacute;s" (p. 147). Estas palabras nos hacen ver que Santa Fe posee un significado muy positivo como lugar de consumo vistoso y global. Podr&iacute;amos decir que el valor positivo de Santa Fe reside en su capacidad para evocar otro lugar, probablemente uno imaginario, escenario ideal de una suerte de mundo perfecto del consumo global. Dicho de otra manera, para los sujetos que pueden identificarse positivamente con Santa Fe, &eacute;ste se presenta como una especie de pasaporte hacia la idea de modernidad asociada con los procesos globales contempor&aacute;neos. Estar en Santa Fe los hace sentirse incluidos en estos procesos. En vez de sentirse dejadas al margen, estas personas piensan que estar en Santa Fe las hace ser parte de la modernidad en su &uacute;ltima versi&oacute;n, es decir su versi&oacute;n global, representada por las arquitecturas soberbias, iguales a las que existen en otros sitios del planeta (y que por lo tanto nos conectan simb&oacute;licamente con ellos), y por las tiendas de lujo presentes en todos los centros comerciales del mundo. Utilizando la oposici&oacute;n propuesta por Manuel Castells entre la sociedad de los flujos y la de los lugares, es posible sostener que, al estar en Santa Fe, algunas personas se sienten conectadas a los flujos globales (los que gobiernan el dinero, la moda de las im&aacute;genes globales). En una &eacute;poca que valora al m&aacute;ximo la movilidad y el desplazamiento, Santa Fe evoca y escenifica la multilocalidad del mundo global como una suerte de ant&iacute;doto para aquellos que temen quedarse relegados en un lugar del cual no puedan moverse. Hace que se sientan parte de los flujos globales, sea cual sea su significado. Por lo menos en este plan imaginario</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Santa Fe ha cumplido con el prop&oacute;sito de ser un "espacio global". Evidentemente &eacute;sta es s&oacute;lo una de sus facetas, la otra la constituyen la discriminaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n implicadas. Ya que Santa Fe invoca de inmediato la desigualdad, la expone y la representa en formas especialmente elocuentes pero tambi&eacute;n imprevistas. Sobre &eacute;stas la autora se detiene, de manera muy acertada, para captar c&oacute;mo hacen uso del espacio los trabajadores de la construcci&oacute;n al comer y descansar en grupo en los camellones de las avenidas, o las decenas de empleados de las multinacionales que suelen comer parados en las aceras en unos puestos de comida m&oacute;viles montados sobre veh&iacute;culos. Estas pr&aacute;cticas del espacio p&uacute;blico nos recuerdan que Santa Fe es parte de la Ciudad de M&eacute;xico, y se traducen en un cuestionamiento impl&iacute;cito de la racionalidad del proyecto de Santa Fe como un conjunto de espacios privados y excluyentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis antropol&oacute;gico de las pr&aacute;cticas de uso del espacio en Santa Fe permite evidenciar uno de los temas centrales del libro, que podr&iacute;amos definir como la cuesti&oacute;n de los l&iacute;mites de la modernidad y la de los efectos imprevistos &#150;y no deseados&#150; de la modernizaci&oacute;n cuando &eacute;sta es impuesta seg&uacute;n modelos que no necesariamente se adaptan a las realidades locales en las cuales pretenden incidir. El libro nos hace reflexionar sobre las muchas distintas formas de ser moderno y de producir la modernidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proyecto de Santa Fe es un ejemplo muy ilustrativo de una cierta idea de modernidad, basada en la producci&oacute;n de un espacio concebido en la l&oacute;gica de lo que hace unas d&eacute;cadas se llamaban "polos de desarrollo", es decir lugares pensados para convertirse en un im&aacute;n para los inversionistas y las grandes empresas. El sobreentendido es que estas inversiones tendr&aacute;n un efecto ben&eacute;fico m&aacute;s all&aacute; del espacio en el cual se implantan. Como es bien sabido, no siempre sucede as&iacute;, incluso lo m&aacute;s com&uacute;n es que el proyecto modifique el entorno, pero de un modo diferente al que se esperaba y para lo cual no se estaba preparado. Desafortunadamente el proyecto de Santa Fe no es el &uacute;nico en M&eacute;xico orientado por esta l&oacute;gica. De hecho lo podemos considerar como el descendiente de la ciudad tur&iacute;stica de Canc&uacute;n, que fue pensada como polo de desarrollo del turismo justamente por el padre de Enr&iacute;quez Cabot, Jos&eacute; Antonio Enr&iacute;quez Savignac. No es &eacute;sta la sede para hacer una cr&iacute;tica exhaustiva de los polos de desarrollo en el pa&iacute;s. Lo que es cierto, en el caso de Canc&uacute;n por lo menos, es que estos lugares se convierten en terrenos casi privilegiados para estudiar los efectos &#150;a veces catastr&oacute;ficos&#150; del cambio sociocultural sobre las comunidades locales. Respecto al turismo, estos cambios han llegado a ser tan devastadores que ha nacido una nueva rama de la antropolog&iacute;a &#150;la <i>antropolog&iacute;a del turismo&#150; </i>que se ocupa de las relaciones marcadamente desiguales que surgen entre los turistas y los nativos que laboran en los nuevos desarrollos del turismo global.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De vuelta al tema de Santa Fe y a su posici&oacute;n en la historia del urbanismo, cabe se&ntilde;alar que el tipo de modernidad que se pretendi&oacute; crear en esa zona, lejos de ser privativa de M&eacute;xico, retoma la forma de concebir la modernidad en las ciudades de Estados Unidos, sobre todo en los grandes planes de reconstrucci&oacute;n de Nueva York despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, cuyo principal impulsor fue el arquitecto y urbanista Robert Moses. Se trata de una manera de producir la ciudad moderna que &#150;como bien lo nota Marshall Berman&#150; est&aacute; basada en la destrucci&oacute;n de lo que hab&iacute;a sido la ciudad americana moderna del siglo XIX. En el siglo XX Moses echa abajo barrios neoyorquinos enteros &#150;como el Bronx&#150; para inaugurar un nuevo tipo de urbanismo, en el cual la ciudad central es abandonada en favor de un estilo de vida fundado en los suburbios, a los que se llega mediante la construcci&oacute;n de grandes autopistas.<a href="#notas"><sup>1</sup></a> Recordar este periodo de la historia del urbanismo en Estados Unidos sirve para ubicar el caso de Santa Fe dentro de un contexto m&aacute;s amplio del cual forma parte: el de los intentos por imponer la modernizaci&oacute;n en distintas sociedades y momentos. Si en el Nueva York de los a&ntilde;os cincuenta este proceso modernizador llev&oacute; a la destrucci&oacute;n de un barrio tradicional obrero como lo era el Bronx en esa &eacute;poca, en el M&eacute;xico de los a&ntilde;os noventa del siglo pasado qued&oacute; un h&aacute;bitat destruido o literalmente dejado a un lado por el surgimiento de un proyecto como Santa Fe, heredero de toda una l&iacute;nea de pensamiento y de acci&oacute;n sobre las ciudades modernas y contempor&aacute;neas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe preguntarse si esta modernizaci&oacute;n es la &uacute;nica posible o si existen otras maneras de hacer una ciudad moderna. Las inquietudes contenidas en el libro de P&eacute;rez Negrete, al cuestionar el proyecto modernizador de Santa Fe, apuntan justamente en la direcci&oacute;n de este interrogante. &iquest;No habr&aacute; otra forma de ser modernos? Tambi&eacute;n es menester inquirir si la modernidad debe ser a fuerza un proceso de destrucci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n y si no hay otras estrategias o alternativas menos costosas. Una de ellas ser&iacute;a sin duda la de conservar en buen estado el entorno construido existente, en lugar de tirar y reedificar. Hacer que nuestras ciudades con sus infraestructuras puedan durar m&aacute;s tiempo y en buen estado, en vez de abandonarlas hasta que sean inservibles para entonces derribarlas y construir algo distinto, algo <i>moderno.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto existen ciudades en las cuales se logra conservar en muy buen estado el espacio habitable y la infraestructura de inter&eacute;s p&uacute;blico hasta casi convertirlos en partes del patrimonio valorizado como bien com&uacute;n. Pero no se trata de un patrimonio inerte, que s&oacute;lo deba ser conservado en un museo, sino de un patrimonio vivo, &uacute;til, que se puede continuar utilizando, siempre que se le trate con cuidado.<sup><a href="#notas">2</a></sup> El tema del mantenimiento y la gesti&oacute;n del espacio es central en el caso de Santa Fe, ya que hablamos de un territorio que no es administrado por las autoridades locales sino por una asociaci&oacute;n de colonos. El libro de P&eacute;rez Negrete presenta todas las contradicciones y dificultades de esta anomal&iacute;a, &uacute;nica en su g&eacute;nero en la metr&oacute;poli. Puesto que Santa Fe es ya una realidad estable que sigue creciendo, y que es dif&iacute;cil pensar en lo costoso que ser&iacute;a demolerla para construir otra cosa, es natural preguntarse c&oacute;mo y qui&eacute;n podr&iacute;a mantener en funcionamiento los enormes edificios inteligentes, las amplias vialidades y los pocos espacios p&uacute;blicos, que no se encuentran en muy buen estado. En realidad no es posible que un espacio de este tama&ntilde;o e importancia sea administrado &uacute;nicamente con los recursos privados de la Asociaci&oacute;n de Colonos, por cuantiosos que &eacute;stos sean. No se trata s&oacute;lo del costo, sino en general de todos los asuntos vinculados con la gesti&oacute;n y la reglamentaci&oacute;n del espacio que hacen referencia al plano del orden normativo urbano. El libro tiene el m&eacute;rito de dejar ver c&oacute;mo este tema es trascendental para Santa Fe.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, algo relevante que se extrae de la lectura de este interesante libro es que el espacio &#150;y en especial el espacio construido&#150;no puede ser entendido como un fen&oacute;meno aislado, antes bien tiene que ser considerado en su calidad de <i>producto de ciertas relaciones sociales en cierto momento de la historia de una sociedad dada. </i>A este prop&oacute;sito, la autora sostiene que "el significado de un espacio va m&aacute;s all&aacute; de los resultados de una planificaci&oacute;n; el verdadero significado de un espacio lo van construyendo los grupos sociales a partir del papel que a cada uno le toca jugar en &eacute;l" (p. 164). Entre estos actores habr&iacute;a que convocar obligatoriamente a los poderes p&uacute;blicos, ya no como simples "facilitadores" del mercado, sino con el papel que les deber&iacute;a ser propio: gobernar la complejidad pensando en el inter&eacute;s general.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Marshall Berman examina este tipo de modernidad en su libro <i>Todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire. </i>Con este t&iacute;tulo el autor quiere llamar nuestra atenci&oacute;n sobre un rasgo que considera caracter&iacute;stico de la modernidad: la compulsi&oacute;n por destruir para reconstruir, el af&aacute;n de demoler para cambiar, para generar continuamente algo nuevo. Lo s&oacute;lido se desvanece porque, desde una visi&oacute;n moderna, no tiene tiempo de durar ni consolidarse, tiene que ser derrumbado para ser remplazado por algo m&aacute;s moderno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2 </sup>He visitado recientemente la ciudad de Gotemburgo (Suecia). Es una peque&ntilde;a ciudad muy moderna donde se brinda una enorme atenci&oacute;n al mantenimiento de la infraestructura, por ejemplo la red de trolebuses urbanos, que se remonta al siglo XIX: un transporte no contaminante, eficiente y poco costoso que sigue funcionando gracias a una pol&iacute;tica de cuidado cotidiano que se preocupa por hacer durar lo que ya existe.</font></p>      ]]></body>
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