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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Di&aacute;logos</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La historia cultural y sus vecinos<a href="#notas">*</a></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Peter Burke</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de comenzar quiero expresar mi agradecimiento al Instituto Mora por su amable invitaci&oacute;n. Es para m&iacute; un placer y un honor estar aqu&iacute;. Transmitir mis ideas acerca de la cultura a un auditorio cuya cultura en parte desconozco es un reto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hablar&eacute; de la historia cultural: de su pasado, su presente y su posible futuro, abord&aacute;ndola desde las relaciones que establece con las disciplinas vecinas. Siempre he pensado que en cada disciplina acad&eacute;mica es importante el estudio de sus relaciones, pues aunque a las disciplinas vecinas les pedimos prestado o les prestamos, es sobre todo por medio del contraste con ellas como definimos nuestra identidad. Considero que esto es verdad para la historia, la sociolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a y, en especial, para la historia cultural, disciplina particularmente dif&iacute;cil de definir. En su caso, las disciplinas vecinas han ido variando con el paso del tiempo. Perm&iacute;tanme contarles su historia desde el principio, aunque con brevedad, pues me concentrar&eacute; sobre todo en hablar del presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVIII, cuando por primera vez Adelung utiliz&oacute; la frase "historia cultural" (o, mejor dicho, <i>Kulturgeschichte,</i> ya que esto sucedi&oacute; en Alemania), la idea era contrastar una historia de la cultura general con lo que llamamos historias espec&iacute;ficas: historia de la filosof&iacute;a, historia de la ciencia, historia de la literatura, historia del arte. Medio siglo despu&eacute;s Jacob Burckhardt escribi&oacute; quiz&aacute; el estudio m&aacute;s conocido sobre historia cultural: <i>La cultura del Renacimiento en Italia,</i><sup><a href="#notas">1</a></sup> publicado por primera vez en 1816. En ese entonces, por encima de las dem&aacute;s, la historia pol&iacute;tica era la disciplina vecina. Recordemos que Burckhardt hab&iacute;a sido alumno de Leopold von Ranke, quien revolucion&oacute; la historia pol&iacute;tica gracias a su insistencia en la necesidad de utilizar los archivos oficiales como base para escribir la historia. Ahora bien, los &eacute;xitos de la revoluci&oacute;n rankeana generaron problemas para algunos historiadores culturales sin acceso a los archivos, pues no pod&iacute;an fundamentar su trabajo en documentos oficiales. Pienso que fueron marginados, y que la mayor&iacute;a de los historiadores profesionales del siglo XIX no los tomaron en serio, precisamente en el lapso en que Ranke estaba escribiendo su historia. De este modo, el reto para Burckhardt consisti&oacute; en demostrar que tambi&eacute;n val&iacute;a la pena enfocarse en la historia cultural.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una o dos generaciones despu&eacute;s, el m&eacute;todo o el estilo para escribir historia cultural que utiliz&oacute; Burckhardt fue criticado, pero desde un punto de vista diferente. En esta ocasi&oacute;n se trataba de una generaci&oacute;n de historiadores m&aacute;s j&oacute;venes, interesados en la historia econ&oacute;mica y en la social, quienes argumentaban que la historia cultural que hac&iacute;a Burkhardt no estaba lo suficientemente bien ligada a los acontecimientos econ&oacute;micos y sociales. Preguntaban, por ejemplo, cu&aacute;les hab&iacute;an sido las bases econ&oacute;micas del Renacimiento en Italia. Es despu&eacute;s de la d&eacute;cada de los treinta del siglo XX cuando encontramos cada vez m&aacute;s intentos por escribir una historia social de la cultura, los cuales fueron encabezados por los marxistas, en especial en Europa central, entre ellos los de Gy&ouml;rgy Luk&aacute;cs, quien trabaj&oacute; la historia social de la literatura;<sup><a href="#notas">2</a></sup> y su disc&iacute;pulo Arnold Hauser, conocido por su historia social del arte.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Por supuesto, tambi&eacute;n llaman la atenci&oacute;n los historiadores marxistas que trataban el tema de la cultura, aun cuando, seg&uacute;n Marx, la cultura era simple ideolog&iacute;a y superestructura. Sin embargo, considero que algunas veces este conflicto result&oacute; creativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cr&iacute;tica m&aacute;s reciente a Burckhardt sostiene que, en su libro y, en efecto, en toda la tradici&oacute;n cl&aacute;sica de la historia cultural, no hay lugar para la cultura popular. As&iacute;, durante la d&eacute;cada de 1960, vemos a los historiadores profesionales descubriendo por primera vez la cultura popular. Insisto en la palabra profesional porque, por supuesto, durante mucho tiempo algunas personas han estado interesadas en la historia de la cultura popular. De hecho, la expresi&oacute;n <i>cultura popular</i> se origin&oacute; en el mismo espacio y tiempo que la de <i>historia cultural,</i> o sea, en la Alemania de finales del siglo XVIII; para ser exactos, la <i>Volkskultur</i> y la <i>Kulturgeschichte</i> surgieron simult&aacute;neamente. Sin embargo, en el siglo XIX, quienes se dedicaban al estudio de la historia cultural no eran historiadores sino especialistas en folclore, otra disciplina vecina no tan mencionada en la actualidad pero en extremo importante en la historia de la historia cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto de la d&eacute;cada de los sesenta del siglo XX, &iquest;qu&eacute; les hizo sentir a los historiadores formados originalmente como historiadores sociales o pol&iacute;ticos la necesidad de escribir sobre cultura popular? Como ejemplo de estos pioneros mencionar&eacute; dos libros, uno ingl&eacute;s y el otro franc&eacute;s. En 1964, el historiador franc&eacute;s Robert Mandrou, miembro de la escuela de los <i>Annales,</i> public&oacute; un estudio sobre cultura popular francesa en los siglos XVII y XVIII,<sup><a href="#notas">4</a></sup> espec&iacute;ficamente sobre literatura popular, lo que los espa&ntilde;oles llamar&iacute;an <i>literatura de cordel.</i> Un a&ntilde;o antes, en Inglaterra, uno de los historiadores ingleses m&aacute;s famosos, Edward Thompson, public&oacute; <i>La formaci&oacute;n de la clase obrera en Inglaterra,</i><sup><a href="#notas">5</a></sup> un libro de historia pol&iacute;tica que trata acerca de la clase y la conciencia pol&iacute;tica de clase, y es historia social pero tambi&eacute;n historia cultural. Thompson pens&oacute; que el papel de la religi&oacute;n popular, en especial el metodismo, constituy&oacute; un elemento fundamental en la formaci&oacute;n de la clase trabajadora inglesa. No s&oacute;lo estudi&oacute; disturbios, tambi&eacute;n baladas, podr&iacute;amos decir "los corridos" en los dialectos de Yorkshire y Lancashire. En este sentido, escribi&oacute; la historia de la cultura popular. Durante los sesenta, ambos textos fueron muy criticados pero a la vez muy imitados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los sesenta podr&iacute;an llamarse los de la antropolog&iacute;a hist&oacute;rica, ya que fue cuando, en Europa, algunos historiadores acad&eacute;micos comenzaron a notar que el trabajo de los antrop&oacute;logos tambi&eacute;n era relevante para ellos. Quiz&aacute; sea necesario decir algo sobre los antecedentes, pues, en muchos pa&iacute;ses, incluyendo M&eacute;xico, la relaci&oacute;n entre la historia y la antropolog&iacute;a es obvia porque las personas estudian su pa&iacute;s. Pero en Inglaterra, por ejemplo, resultaba parad&oacute;jico que los historiadores desearan escribir la historia de su naci&oacute;n bas&aacute;ndose en libros acerca de las tribus en &Aacute;frica escritos por antrop&oacute;logos, de ah&iacute; que hubiera bastante oposici&oacute;n y burla hacia los primeros que lo hicieron. No obstante, es posible aprender mucho de los antrop&oacute;logos, lo que no se reduce s&oacute;lo a la concepci&oacute;n general de cultura, que es central en la tan mencionada <i>nueva historia cultural.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos llegado entonces a lo que llamo el presente, digamos los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, los de la nueva historia cultural. De manera m&aacute;s controvertida, podr&iacute;amos tambi&eacute;n referirnos a ellos como la fase posmoderna de la historia cultural. &iquest;Y qu&eacute; caracteriza a este periodo? Yo dir&iacute;a que ha habido dos grandes cambios a partir de las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os sesenta y setenta: por una parte, el descubrimiento de la vida cotidiana y, por la otra, lo que llamo la invenci&oacute;n de la invenci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podr&iacute;amos aproximarnos al descubrimiento de la vida cotidiana a trav&eacute;s de la cultura popular. Sin embargo, cuando los historiadores comenzaron a estudiarla se lanzaron a una b&uacute;squeda, tal vez inconsciente, de una suerte de equivalencia entre &eacute;sta y la alta cultura. As&iacute;, en lugar de buscar la historia de la m&uacute;sica cl&aacute;sica, rastreaban la historia de la m&uacute;sica popular; en vez del arte academicista, atend&iacute;an a las im&aacute;genes populares, y as&iacute; sucesivamente. En cambio, al seguir las huellas de los antrop&oacute;logos hoy podemos acceder al estudio de la cultura de la vida cotidiana: la cultura de la comida, la del vestido, la de la vivienda. Esta perspectiva no es la historia utilitaria que algunos historiadores sociales y econ&oacute;micos emplean al estudiar la dieta de alg&uacute;n grupo social en un lugar particular, cuando se preguntan si comen las calor&iacute;as suficientes. Los historiadores culturales estudian el simbolismo de la comida, del vestido o de la vivienda. Una buena muestra es el trabajo de Daniel Roche en Par&iacute;s. Entre todos sus estudios acerca de los parisinos en el siglo XVIII sobresale uno acerca de la cultura de las apariencias: una historia del vestido en la Francia del siglo XVIII.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Claramente, este tipo de historia le debe algo muy importante a la &uacute;ltima generaci&oacute;n de antrop&oacute;logos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La antropolog&iacute;a permanece como la disciplina vecina, pero no la antropolog&iacute;a social de los a&ntilde;os sesenta sino la antropolog&iacute;a simb&oacute;lica de los setenta y ochenta. Es decir, la existencia de lo que puede llamarse el culto de los historiadores hacia un antrop&oacute;logo, el estadounidense Clifford Geertz, es en s&iacute; misma simb&oacute;lica. Hay tantos libros y art&iacute;culos sobre historia cultural en los cuales antes de hablar de Inglaterra, Francia, Italia o Alemania, se incluye una cita casi obligatoria escrita por Clifford Geertz en la que se relata alg&uacute;n momento de la pelea de gallos en Bali. Un ejemplo obvio es el de Robert Darnton &#151;amigo suyo y compa&ntilde;ero en la ense&ntilde;anza de algunos cursos&#151;, quien en <i>La gran matanza de gatos</i><sup><a href="#notas">7</a></sup> intenta escribir historia al estilo de Geertz. Pero en este descubrimiento de la vida cotidiana tambi&eacute;n han sobresalido otros pensadores te&oacute;ricos importantes: Michel Foucault y la pol&iacute;tica en la vida cotidiana, el poder en el &aacute;mbito local, en la familia y en la escuela; o el soci&oacute;logo estadounidense Ervin Goffman, con su famoso libro <i>La presentaci&oacute;n de la persona en la vida cotidiana.</i><sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo punto que quisiera mencionar acerca de la vida cotidiana se trata de una paradoja: la historia cultural se origin&oacute; como el estudio del esp&iacute;ritu, <i>Geistesgeschichte</i> en alem&aacute;n, y se ha trasladado del esp&iacute;ritu a la materia, es decir, se ha movido hacia el estudio de la cultura material, que resulta ser una parte muy significativa en la historia de la vida cotidiana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este momento abordar&eacute; la invenci&oacute;n de la invenci&oacute;n, ese rasgo distinguible de esta &uacute;ltima fase de la historia cultural, nuestra fase, que es la facilidad con que los historiadores elaboran un discurso sobre construcci&oacute;n o invenci&oacute;n cultural. Mientras algunos de los primeros historiadores culturales vieron a la cultura como un reflejo de la sociedad, la generaci&oacute;n contempor&aacute;nea est&aacute; mucho m&aacute;s confiada en la autonom&iacute;a y, en efecto, en la influencia de la cultura. No puedo expresar mejor este cambio que citando a Roger Chartier, quien posee, por supuesto, el don del epigrama, tan com&uacute;n en la cultura intelectual francesa. Chartier dijo una vez: "hace algunos a&ntilde;os hicimos la historia social de la cultura, pero lo que hacemos ahora es la historia cultural de la sociedad". As&iacute;, lo que los historiadores sol&iacute;an percibir como estructuras econ&oacute;micas y sociales r&iacute;gidas, ahora son percibidas como algo m&aacute;s suave, m&aacute;s fluido, m&aacute;s flexible, como parte de la cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este cambio, las feministas han jugado un papel decisivo debido a su argumento actual: que el g&eacute;nero no es parte de la naturaleza sino una simple construcci&oacute;n cultural. Su trabajo ha sido una fuente de inspiraci&oacute;n para los historiadores culturales, sean hombres o mujeres, y una gu&iacute;a para varios estudios relativos a la construcci&oacute;n de la masculinidad o de la feminidad en grupos sociales particulares, en un tiempo y espacio dados. Tambi&eacute;n quiero hablar de cierta ola de voluntarismo, porque, en los a&ntilde;os sesenta, la mayor&iacute;a de los historiadores sociales y culturales, como otros intelectuales, us&aacute;bamos una suerte de determinismo social m&aacute;s o menos r&iacute;gido. Sin embargo, en el transcurso de las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas del siglo XX, la suposici&oacute;n de que los individuos y los grupos sociales pueden inventar su propia cultura &#151;idea surgida de una especie de voluntarismo&#151; culmin&oacute; en una reacci&oacute;n en contra de aquel determinismo social. Este cambio, iniciado durante los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los ochenta, puede ejemplificarse con tres famosos libros que mencionar&eacute; r&aacute;pidamente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero, tal vez el mejor s&iacute;mbolo de esta tendencia, fue publicado en 1980 y escrito por Michel de Certeau, cuyo t&iacute;tulo en franc&eacute;s es <i>L'invention du quotidien,</i><sup><a href="#notas">9</a></sup> o sea, <i>La invenci&oacute;n de lo cotidiano,</i> que sintetiza con exactitud los dos temas que quiero resaltar. Es un estudio sociol&oacute;gico de la Francia contempor&aacute;nea en el cual se enfatiza lo que de Certeau llam&oacute; consumo como producci&oacute;n. Es decir, se distingue de las primeras cr&iacute;ticas a la sociedad de masas, en las que se ve&iacute;a a los individuos como consumidores puramente pasivos, igualmente en el supermercado que frente al televisor. De Certeau acentu&oacute; de forma deliberada el poder del individuo ordinario para darle forma a su mundo cultural, una vez que selecciona de todo lo que se le ofrece y reinterpreta los mensajes que recibe, como domestic&aacute;ndolos. Se trata de un acto creativo de las personas ordinarias, de cada individuo. Y para hablar una vez m&aacute;s acerca de las disciplinas vecinas, desde luego, es imposible clasificar a de Certeau. Le gusta llamarse a s&iacute; mismo historiador, pero podr&iacute;a ser nombrado soci&oacute;logo, antrop&oacute;logo, psicoanalista e incluso fil&oacute;sofo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1983 se publicaron dos libros en ingl&eacute;s. Espero no ser etnoc&eacute;ntrico al destacarlos, pero es que su &eacute;xito alrededor del mundo ha sido r&aacute;pido y fenomenal. El primero, <i>La invenci&oacute;n de la tradici&oacute;n,</i> es una colecci&oacute;n de ensayos, editada por Eric Hobsbawm y Terence Ranger, y traducida con prontitud a varios idiomas.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Considero que se public&oacute; en el momento preciso y tambi&eacute;n que, de acuerdo con lo escrito por de Certeau, el libro fue interpretado, podr&iacute;amos decir, de muchas otras maneras distintas a la prevista por Hobsbawm. A&uacute;n marxista, se le ocurri&oacute; la muy interesante idea de que, hacia el final del siglo XIX, algunos reg&iacute;menes pol&iacute;ticos, entre ellos la Tercera Rep&uacute;blica en Francia, en su necesidad de legitimarse, y no habiendo una tradici&oacute;n consagrada disponible, crearon una nueva. Por ejemplo, el aniversario de la toma de la Bastilla (14 de julio) comenz&oacute; a celebrarse a partir de 1871. Hobsbawm encontr&oacute; otros ejemplos, en pa&iacute;ses diferentes, siempre en el tard&iacute;o siglo XIX. Quer&iacute;a distinguir entre la tradici&oacute;n genuina y la artificial o inventada. La interpretaci&oacute;n de varios de sus lectores concluy&oacute;, de manera interesante, en que toda tradici&oacute;n es inventada y entonces se produjo una ola de estudios, si se quiere, en la tradici&oacute;n de la invenci&oacute;n de la tradici&oacute;n, que enfatizaron la invenci&oacute;n. Benedict Anderson, el hermano de Perry Anderson, es el autor del otro libro publicado en 1983, <i>Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo.</i><sup><a href="#notas">11</a></sup> Es un acercamiento al nacionalismo desde la &oacute;ptica cultural, que destaca el papel del libro, en especial el de la novela. Con originalidad, el texto nos relata la vida de los movimientos nacionalistas lig&aacute;ndolos a la literatura de corte nacionalista, localizados en diversas partes del mundo, como en Filipinas. Una vez m&aacute;s, el libro obtuvo reconocimiento internacional, se tradujo en muchas ocasiones y se imit&oacute; otras tantas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si hoy se observan los cat&aacute;logos de las bibliotecas, f&aacute;cilmente se encontrar&aacute; una larga lista de libros que llevan la palabra "invenci&oacute;n" en el t&iacute;tulo y, con frecuencia, la invenci&oacute;n de alguna comunidad nacional, por ejemplo Argentina, Francia, Escocia o Irlanda. Todav&iacute;a no se encuentra la invenci&oacute;n de Inglaterra, problema que podr&iacute;a resolver un historiador cultural. As&iacute; pues, desde la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta se han hecho tantas investigaciones sobre historia cultural que resulta casi imposible resumirlas, por ello simplemente hablar&eacute; de este g&eacute;nero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, hoy en d&iacute;a la historia del libro se incluye entre las m&aacute;s sobresalientes o populares variedades de historia cultural. Encuentro muy atractivo mirar hacia atr&aacute;s, digamos hasta la d&eacute;cada de los a&ntilde;os sesenta del siglo XX, y ver c&oacute;mo casi de manera imperceptible lo que era una historia econ&oacute;mica del libro, sobre todo en Francia (la <i>histoire du livre),</i> fue convirti&eacute;ndose en social y, finalmente, en historia cultural de la lectura. Me refiero a una historia social de la lectura que se pregunta qu&eacute; grupos sociales leyeron qu&eacute; libros, y m&aacute;s recientemente, una historia cultural de la lectura que se cuestiona c&oacute;mo se le&iacute;a en el pasado: en silencio o en voz alta, r&aacute;pido o lento. En segundo lugar, en cuanto a la historia cultural de la memoria, su ejemplo m&aacute;s famoso tambi&eacute;n es franc&eacute;s: un monumental libro colectivo compilado por Pierre Nora acerca de los lugares de la memoria en Francia,<sup><a href="#notas">12</a></sup> una empresa imitada en Italia, en Alemania, en Inglaterra, en Portugal y en casi todos lados. Resulta igualmente interesante mirar su pasado, porque pienso que la historia de la memoria surgi&oacute; de la historia oral, la de los a&ntilde;os sesenta del siglo XX, momento en el que los recuerdos de la persona com&uacute;n por primera vez fueron registrados cuidadosamente para ser incorporados a la historia. Luego, el cambio de los recuerdos, como significado para escribir la historia, a la memoria, como un tema de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica en s&iacute; misma, como memoria colectiva. Y en tercer lugar, entre las formas m&aacute;s afortunadas de historia cultural en la actualidad, quiero mencionar la historia del cuerpo. Una vez m&aacute;s resulta ir&oacute;nico. La historia cultural comenz&oacute; como la historia del esp&iacute;ritu, <i>Geistesgeschichte,</i> y se ha convertido en lo contrario: en la historia de los cuerpos. Sin duda est&aacute; ligada a la historia del g&eacute;nero, al igual que a la del sexo, a la de la comida o la del vestido, y existen muchas otras formas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estoy intentando alentar a mis estudiantes, y a las personas en general, a escribir una historia cultural o social del lenguaje, ya que, hasta este momento, no ha tenido tanto &eacute;xito. En este terreno, la disciplina vecina es la socioling&uuml;&iacute;stica, porque exist&iacute;a &#151;tal vez a&uacute;n exista&#151; una paradoja en el estudio del lenguaje. La historia del lenguaje es un tema muy viejo, y el estudio del v&iacute;nculo entre lenguaje y sociedad ha sido muy importante desde hace medio siglo. Sin embargo, los historiadores del lenguaje no se interesaban por la sociedad as&iacute; como los socioling&uuml;istas no se interesaban por la historia. Existe un espacio entre ambas al que denomino <i>historia social del lenguaje</i> y que aliento a los dem&aacute;s para que lo llenen. Cuando lo llam&eacute; as&iacute; en 1980 son&eacute; innovador, hoy quiz&aacute; me haga parecer pasado de moda. Tal vez sea mejor hablar de la <i>historia cultural del lenguaje,</i> para que el tema parezca nuevo y emocionante. En cualquier caso, es un espacio que necesita llenarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro rasgo de la situaci&oacute;n actual es lo que me gusta nombrar la invasi&oacute;n o colonizaci&oacute;n que historiadores culturales hacen tanto de la historia pol&iacute;tica como de la historia econ&oacute;mica tradicionales. Una vez m&aacute;s se trata de las relaciones con las disciplinas vecinas. A lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la historia econ&oacute;mica se ha estado trasladando de la historia de la producci&oacute;n a la del consumo. Incluso los economistas se han movido en esta direcci&oacute;n, que los ha acercado a los historiadores culturales. Resulta imposible entender el surgimiento de la sociedad de consumo en la Europa del siglo XVIII sin considerar los factores culturales. O bien, el estudio del crecimiento econ&oacute;mico, hoy m&aacute;s que en el pasado, se encuentra ligado a la informaci&oacute;n. El conocimiento de una sociedad en particular es parte de su capital, y puede dar lugar al crecimiento econ&oacute;mico. Asimismo, el debate en torno al deterioro econ&oacute;mico en regiones particulares se ha convertido en uno mucho m&aacute;s cultural, esto es, en explicaciones culturales del deterioro, como ocurri&oacute; en el derrumbe de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola en el siglo XVII o de la brit&aacute;nica entre las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del XIX y las primeras del XX. Mencionar&eacute; un caso que considero revelador: el trabajo de John Elliot, quien, en los a&ntilde;os sesenta, escribi&oacute; acerca del declive de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola, sobre todo desde el punto de vista econ&oacute;mico, y 20 o 25 a&ntilde;os despu&eacute;s, un segundo ensayo, tambi&eacute;n en pasado y presente, acerca de la autopercepci&oacute;n y el derrumbe, es decir, una historia cultural del derrumbamiento de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola en el siglo XVII.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Su ruta es la de muchos historiadores de la &uacute;ltima generaci&oacute;n, lo que me conduce a la invasi&oacute;n de la historia pol&iacute;tica, a la idea de que la historia pol&iacute;tica es la historia de culturas pol&iacute;ticas y, de nueva cuenta, a estos paralelos entre disciplinas. &iquest;Qu&eacute; est&aacute; sucediendo con la disciplina vecina, la historia pol&iacute;tica? Se ha vuelto m&aacute;s enf&aacute;tica en lo cultural, de ah&iacute; la sensible preocupaci&oacute;n por los rituales y las celebraciones pol&iacute;ticas, dos ejemplos en los cuales los historiadores culturales invaden con &eacute;xito el territorio de las disciplinas vecinas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, los historiadores culturales estamos siendo invadidos por los cr&iacute;ticos literarios, en especial en Estados Unidos, donde bajo la bandera del nuevo historicismo, muchos profesores de literatura que imparten c&aacute;tedra en las universidades han abandonado el estudio de los textos en s&iacute; mismos para situarlos en un contexto cultural, lo que es casi indistinguible del trabajo del historiador cultural. Uno de ellos es Steven Greenblad, ahora en Harvard.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia cultural emergi&oacute; de manera notable en la &uacute;ltima generaci&oacute;n. Para m&iacute; es sorprendente y gratificante, ya que me introduje a su estudio desde hace 40 a&ntilde;os. He tenido la experiencia de ser marginal, y aun cuando realmente no he tenido nada que ver en ello, ahora me encuentro en el centro, pero yo no me he movido hacia &eacute;l sino que, de alguna manera, &eacute;l se ha movido hacia m&iacute;. El &eacute;xito mundial de la historia cultural indica que no se trata de un fen&oacute;meno exclusivo en Europa occidental entre otros, puede verse en Jap&oacute;n o en Brasil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existe otro curioso ejemplo de esta tendencia en Inglaterra y Francia, los dos lugares europeos donde se opuso mayor resistencia a la historia cultural, pero en los que finalmente se ha puesto de moda. Inglaterra ten&iacute;a la tradici&oacute;n de una rigurosa historia intelectual, usualmente la historia del pensamiento pol&iacute;tico. En cambio, la historia cultural parec&iacute;a algo m&aacute;s bien vago. No obstante, hoy muchos j&oacute;venes historiadores quieren llamarse a s&iacute; mismos historiadores culturales. Por su parte, en Francia exist&iacute;an algunos conceptos obligados: <i>histoiredes mentalit&eacute;s, histoiredes repr&eacute;sentations, histoire de l'imaginaire social.</i> Pero, al fin, desde hace 20 a&ntilde;os es posible encontrar libros franceses con el t&iacute;tulo <i>histoire culturelle,</i> una perspectiva que considero interesante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pareciera que hoy todos somos historiadores culturales y que todo es historia cultural. Incluso descubr&iacute;, hace unas semanas, un art&iacute;culo en una publicaci&oacute;n peri&oacute;dica alemana de historia titulado "Historia administrativa como historia cultural", as&iacute; que si eso es historia cultural, entonces todo lo es. Pregunt&eacute;monos por qu&eacute;. Seguramente el historiador cultural es capaz de escribir la historia cultural de la historia cultural. Por supuesto, el cambio en esta disciplina no ocurri&oacute; en forma aislada, somos parte del movimiento cultural general, como se ve en antropolog&iacute;a, sociolog&iacute;a y geograf&iacute;a, disciplina en la cual incluso ahora existe una escuela llamada geograf&iacute;a cultural.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empero, algo est&aacute; pasando en nuestra vida cotidiana a escala global. Todos hablan de la cultura. Hablamos de la cultura de la empresa, de la cultura sexual, de la cultura de la violencia, de la cultura de las armas; precisamente porque hoy, como en ninguna otra &eacute;poca, la diferencia cultural se ha convertido en un problema pol&iacute;tico. Las pol&iacute;ticas relacionadas con la identidad trastocan el lenguaje cotidiano, y &eacute;ste a todas las disciplinas preocupadas por las personas en sociedad, y as&iacute; tambi&eacute;n se trastoca la historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, he llegado al futuro. Luego de 20 a&ntilde;os resulta que la nueva historia cultural no es tan nueva; si no es vieja, al menos es de edad madura. &iquest;Qu&eacute; futuro podr&iacute;a tener? Todav&iacute;a existe la posibilidad de que invada nuevos territorios. Por ejemplo, a m&iacute; me gustar&iacute;a ser testigo de una antropolog&iacute;a hist&oacute;rica del Parlamento brit&aacute;nico, pero nadie la ha escrito, o, bien, de algunas otras asambleas representativas, de la corte diplom&aacute;tica o del ej&eacute;rcito. Sin embargo, el futuro de la historia cultural no se reduce a la mera conquista de m&aacute;s territorios. Esta situaci&oacute;n por la que atravesamos ha sido recurrente en la historia del hombre. Es decir, tarde o temprano, cada soluci&oacute;n propuesta para resolver un problema, que en su momento parece adecuada, se convierte en un problema en s&iacute; misma una generaci&oacute;n despu&eacute;s. Ahora podemos ver c&oacute;mo las soluciones dadas por la nueva historia cultural se convierten en conflictos. Mencionar&eacute; dos casos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero gira en torno a que &#151;pienso&#151; el concepto de invenci&oacute;n es complejo. Necesitamos adoptar una mirada cr&iacute;tica. &iquest;A qu&eacute; nos referimos al decir la invenci&oacute;n de la tradici&oacute;n o, por ejemplo, la invenci&oacute;n de Argentina?, &iquest;qui&eacute;n la est&aacute; inventando? Adem&aacute;s, &iquest;inventando a partir de qu&eacute;, cu&aacute;l es la materia prima con la que se inventa una naci&oacute;n? Y &iquest;bajo qu&eacute; restricciones? Considero que no tenemos la libertad, individual o colectiva, para crear la naci&oacute;n que queremos. Pero la cuesti&oacute;n resulta ser m&aacute;s complicada. En cuanto a la tradici&oacute;n, excepto en los casos estudiados por Eric Hobsbawm, dir&iacute;a que, en condiciones normales, no se inventa como un momento definitivo, sino m&aacute;s bien, imitando a los astr&oacute;nomos, es creada continuamente, es decir, est&aacute; en constante reconstrucci&oacute;n: utiliza la materia prima (el material cultural que heredamos), siempre adapt&aacute;ndola un poco o, si se prefiere, recicl&aacute;ndola, para, de ese modo, enfrentar las necesidades del presente. Este reciclaje no se detiene nunca, pero es algo gradual, no una invenci&oacute;n repentina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo problema al que deseo referirme es el de la fragmentaci&oacute;n. La historia cultural est&aacute; perdiendo su identidad, esto es, &iquest;los historiadores del cuerpo han hablado con los de la lectura o con los de la memoria, y as&iacute; sucesivamente?; &iquest;existe una soluci&oacute;n para el problema de la fragmentaci&oacute;n? Quiero argumentar que uno de los enfoques de la historia cultural m&aacute;s importantes (no tan conocido en Inglaterra) podr&iacute;a ofrecer una soluci&oacute;n: la historia de los encuentros culturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien los encuentros coloniales, la hibridaci&oacute;n entre las culturas europeas y las no europeas, son temas familiares en esta parte del mundo, me interesa sugerir que este tipo de enfoque, extremadamente fruct&iacute;fero en el estudio de la India, Brasil y M&eacute;xico, puede tambi&eacute;n serlo en el estudio de regiones individuales, incluidas las europeas. Es decir, podr&iacute;amos estudiar la historia de Inglaterra o de Francia como una serie de encuentros culturales entre clases sociales (entre la burgues&iacute;a y la clase trabajadora); entre regiones (el norte y el sur de Inglaterra o de Francia); entre g&eacute;neros (culturas femenina y masculina), dando lugar a una suerte de hibridaci&oacute;n; o bien, los encuentros entre la cultura urbana y la rural. Todo esto nos sit&uacute;a muy lejos de la homogeneidad cultural, suposici&oacute;n que ha sido el defecto fatal de una forma tradicional de historia cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;sa es mi receta para el futuro. Y, para concluir, considero que debemos reconocer nuestra deuda con el pasado m&aacute;s lejano, pues todas las innovaciones de los &uacute;ltimos 20 o 30 a&ntilde;os son en realidad buenas ideas que surgieron en el siglo XIX o durante las primeras d&eacute;cadas del XX y simplemente no destacaron en ese entonces. Por ejemplo, Jacob Burckhardt habl&oacute; de cultura pol&iacute;tica en el Renacimiento. Asimismo, tan lejos como puedan llegar las inquietudes acerca de la cultura del cuerpo, de la comida, de la vivienda o del mestizaje cultural, Gilberto Freyre escribi&oacute;, desde 1930, acerca de este tipo de historia en Brasil,<sup><a href="#notas">14</a></sup> 50 a&ntilde;os antes de que la nueva historia cultural se volviera famosa.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* T&iacute;tulo original de la conferencia: <i>Cultural History and its Neighbors.</i> Transcripci&oacute;n y traducci&oacute;n de Mariana Orozco Ram&iacute;rez. Revisi&oacute;n de Ricardo P&eacute;rez Montfort y Joaqu&iacute;n Barriendos Rodr&iacute;guez. </font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Para una versi&oacute;n del libro en ingl&eacute;s cons&uacute;ltese Jacob Burckhardt, <i>The Civilization ofthe Renaissance in Italy,</i> Penguin Classics, Reino Unido, 1990 (con una introducci&oacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616347&pid=S0188-7017200700010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->n de Peter Burke); para una versi&oacute;n en espa&ntilde;ol, <i>La cultura del Renacimiento en Italia,</i> Ediciones Akal, Madrid, 2004, 2<sup>a</sup> ed.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616348&pid=S0188-7017200700010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> (N. del T.)</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>La novela hist&oacute;rica,</i> libro publicado en 1937, es un ejemplo del trabajo de este fil&oacute;sofo marxista y cr&iacute;tico literario de origen h&uacute;ngaro. Una versi&oacute;n en espa&ntilde;ol fue publicada por Era en 1966; y una edici&oacute;n reciente (1996) en ingl&eacute;s, <i>The Historical Novel,</i> estuvo a cargo de la University of Nebraska Press. (N. del T.) </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> En 1951 Arnold Hauser public&oacute; un libro que se tradujo al castellano como <i>Historia social del arte y la literatura,</i> edici&oacute;n de dos vol&uacute;menes dada a la luz p&uacute;blica en 1998 por Debate (Madrid); en tanto, una versi&oacute;n en ingl&eacute;s intitulada <i>The Social History of Art</i> corri&oacute; a cargo de Routledge (Reino Unido), casa editora que, en 1999, public&oacute; una tercera edici&oacute;n del libro que el historiador brit&aacute;nico de origen h&uacute;ngaro escribi&oacute; hace m&aacute;s de medio siglo. (N. del T.) </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Robert Mandrou, <i>De la culture populaire en France aux XVIIe et XVIIIe si&egrave;cles,</i> Stock, Par&iacute;s, 1964. (N. del T.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616352&pid=S0188-7017200700010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->) </font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> En 1966, tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde de que apareciera por primera vez, Vintage Publishers (Reino Unido) public&oacute; una versi&oacute;n de <i>The Making of the English Working Class</i> del brit&aacute;nico E. P. Thompson; existe una edici&oacute;n en espa&ntilde;ol: <i>La formaci&oacute;n de la clase obrera en Inglaterra,</i> Cr&iacute;tica, Barcelona, 1989. (N. del T.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616354&pid=S0188-7017200700010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->)</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Se refiere a <i>La culture des apparences. Essai sur lHistoire du v&eacute;tement aux XXVIIe et XXVIIIe si&egrave;cles,</i> Fayard, Par&iacute;s, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616356&pid=S0188-7017200700010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Existe una versi&oacute;n en ingl&eacute;s de 1994, <i>The culture of clothing: Dress and Fashion in the Ancien R&eacute;gime,</i> con el sello de Cambridge University Press. (N. del T.)</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> <i>The Great Cat Massacre and Other Episodes in French Cultural History</i> se public&oacute; por primera vez en Nueva York en 1984 (Basic Books Inc.). En 2006, el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica (M&eacute;xico) edit&oacute; una sexta reimpresi&oacute;n del libro en espa&ntilde;ol: <i>La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa.</i> (N. del T.) </font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> <i>The Presentation of Self in Everyday Life,</i> publicado en 1959 por Doubleday/Anchor Books (Nueva York). Su versi&oacute;n en espa&ntilde;ol es: <i>La presentaci&oacute;n de la persona en la vida cotidiana,</i> Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1989. (N. del T.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616359&pid=S0188-7017200700010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->)</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> La primera edici&oacute;n francesa estuvo a cargo de la Union g&eacute;n&eacute;rale de'&eacute;ditions (Par&iacute;s). Para una versi&oacute;n en espa&ntilde;ol cons&uacute;ltese Michel de Certeau, <i>La invenci&oacute;n de lo cotidiano. 1 Artes de hacer,</i> Universidad Iberoamericana/Instituto Tecnol&oacute;gico y de Estudios Superiores de Occidente/Centro Franc&eacute;s de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, M&eacute;xico, 1996. &Eacute;sta parece ser una traducci&oacute;n de otra versi&oacute;n francesa, publicada en 1990 por Gallimard (Par&iacute;s), <i>L'invention du quotidien. 1 Arts de faire.</i> (N. del T.)</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Eric Hobsbawm y Terence Ranger, eds, <i>The Invention ofTradition,</i> Cambridge University Press, Cambridge, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616362&pid=S0188-7017200700010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Hay una edici&oacute;n en castellano de 2002, <i>La invenci&oacute;n de la tradici&oacute;n,</i> publicada por Cr&iacute;tica, Barcelona. (N. del T.) </font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Benedict Anderson, <i>Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism</i> Verso, Londres, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616364&pid=S0188-7017200700010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Una edici&oacute;n en espa&ntilde;ol se public&oacute; el mismo a&ntilde;o (1983): <i>Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico. (N. del T.)</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Se refiere a <i>Les Lieux de m&eacute;moire,</i> obra coordinada por Pierre Nora y compuesta de tres vol&uacute;menes: <i>1. La R&eacute;publique</i> (1984), <i>2. La Nation</i> (1987) y <i>3. Les France</i> (1992), publicada por Gallimard, Par&iacute;s. (N. del T.)</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Se trata de los art&iacute;culos de John H. Elliot, "The Decline of Spain" <i>(Past and Present,</i> n&uacute;m. 20, noviembre de 1961, pp. 5275) y "Self&#45;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616367&pid=S0188-7017200700010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Perception and Decline in Early 17th Century Spain" <i>(Past and Present,</i> n&uacute;m. 74, febrero de 1977, pp. 41&#45;61). (N. del T.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=616368&pid=S0188-7017200700010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->)</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Entre las obras de Gilberto Freyre publicadas en la d&eacute;cada de los treinta del siglo pasado destacan: <i>Casa&#45;grande &amp; senzala: forma&ccedil;ao da familia brasileira sobre o regime da econom&iacute;a patriarcal,</i> que apareci&oacute; por primera vez en 1933 &#91;hay una edici&oacute;n reciente (2003) de Global (S&atilde;o Paulo), y una primera traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol editada en 1942 en Buenos Aires, por Emec&eacute; Editores, rese&ntilde;ada por Silvio Zavala; tambi&eacute;n se puede conseguir la edici&oacute;n de 1977, <i>Casa&#45;grande e senzala: Introducci&oacute;n a la historia de la sociedad patriarcal en el Brasil,</i> Biblioteca Ayacucho, Caracas&#93;, y <i>Sobrados e mucambos: decadencia do patriarchado rural no Brasil,</i> publicada en 1936 por Nacional, una casa editora en S&atilde;o Paulo. En 1945, con el apoyo de su amigo Alfonso Reyes, el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, public&oacute; en M&eacute;xico <i>Interpretaci&oacute;n del Brasil.</i> (N. del T.)</font></p>      ]]></body><back>
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