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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este n&uacute;mero de Alteridades est&aacute; dedicado a explorar desde distintos puntos de vista la relaci&oacute;n entre el comercio y la construcci&oacute;n de espacios culturalmente significativos para distintos actores sociales. Las pr&aacute;cticas vinculadas con las compras, la venta y el consumo son examinadas en su relaci&oacute;n con la producci&oacute;n de circuitos de circulaci&oacute;n de bienes y personas y con la generaci&oacute;n de lugares, entendidos como espacios provistos de un sentido compartido. El supuesto com&uacute;n a los art&iacute;culos que siguen<a href="#notas">*</a> reposa en considerar al consumo como una actividad compleja, que es necesario abordar desde una mirada no s&oacute;lo utilitarista sino m&aacute;s bien sociocultural. Lejos de ser pr&aacute;cticas puramente instrumentales, comprar y vender son actividades sociales que se vinculan de manera indisoluble con la producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de lazos sociales, y a menudo tambi&eacute;n afectivos y de complicadas constelaciones simb&oacute;licas, todo ello enmarcado en la producci&oacute;n de espacios espec&iacute;ficos. El consumo, aun estando sujeto a restricciones materiales y teniendo que ser analizado tomando en cuenta el contexto socioespacial en el que se realiza, implica con frecuencia pr&aacute;cticas idiosincr&aacute;sicas y cada vez m&aacute;s individualizadas. En las grandes ciudades la relaci&oacute;n con los distintos tipos de comercio, desde las grandes superficies comerciales hasta la tiendita de barrio, se mezcla de manera casi inextricable con otras pr&aacute;cticas urbanas vinculadas con el esparcimiento o con las rutinas cotidianas propias del proceso de reproducci&oacute;n de los hogares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la d&eacute;cada de 1980, las transformaciones de los lugares para comprar han marcado de manera decisiva el panorama urbano de las grandes ciudades, mediante la aparici&oacute;n de distintas clases de centros comerciales, la multiplicaci&oacute;n de las franquicias dedicadas a productos espec&iacute;ficos y la tendencia a la desaparici&oacute;n de los peque&ntilde;os comercios vinculados a la frecuentaci&oacute;n del espacio de proximidad, para ser sustituidos por locales de otro tipo, adaptados a las exigencias y a los gustos de habitantes &#151;en parte nuevos&#151;, que llegan a instalarse en los barrios centrales de las ciudades, para gozar de la calidad urbana y de la centralidad que caracterizan a estos barrios, de acuerdo con el fen&oacute;meno conocido como gentrificaci&oacute;n. Se generan as&iacute; barrios gentrificados, donde viejos y nuevos habitantes y viejos y nuevos comercios, coexisten en formas complejas. &Eacute;ste es el tema del art&iacute;culo de Jean&#45;Yves Authier, quien compara la relaci&oacute;n de los habitantes con los peculiares tipos de comercios en cuatro barrios de Par&iacute;s, Lyon, Montreuil y Montpellier. Su estudio nos muestra la variedad de pr&aacute;cticas urbanas que distinguen a las categor&iacute;as de habitantes propias de los barrios centrales y el importante papel que juega el comercio en la transformaci&oacute;n de la fisonom&iacute;a de estos lugares urbanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la escala de una sola ciudad, Santiago de Quer&eacute;taro, el papel de los recientes polos comerciales es analizado como uno de los factores m&aacute;s trascendentes para la rearticulaci&oacute;n de la metr&oacute;poli hacia una estructura polic&eacute;ntrica, como puede verse en el art&iacute;culo de Carmen Icazuriaga y Lorena Osorio. Estas autoras analizan la relaci&oacute;n entre movilidad territorial y consumo para los habitantes de un poblado de origen rural sometido a un r&aacute;pido proceso de modernizaci&oacute;n por la v&iacute;a de la conexi&oacute;n cada vez m&aacute;s estrecha con la ciudad central, a la cual se acude precisamente para consumir, estudiar o divertirse, sobre todo por parte de los j&oacute;venes pertenecientes a los sectores de ingresos m&aacute;s altos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso estudiado por Mario Camarena y Mar&iacute;a Ana Portal es el de un antiguo barrio obrero enclavado en la metr&oacute;poli de M&eacute;xico, que sufre modificaciones por efecto de un proceso que hasta cierto grado podr&iacute;amos definir de gentrificaci&oacute;n residencial, con la llegada de una poblaci&oacute;n de clase media, atra&iacute;da por los precios relativamente accesibles de los inmuebles y por la cercan&iacute;a de importantes arterias de comunicaci&oacute;n y centros de estudio. Los autores reconstruyen con acuciosidad los cambios de este espacio local provisto de una identidad propia muy marcada y dan cuenta del proceso de terciarizaci&oacute;n del barrio. A finales de los noventa, al cerrar la f&aacute;brica de tejidos que constituy&oacute; durante casi 150 a&ntilde;os el eje articulador del territorio local, los antiguos habitantes reciben una indemnizaci&oacute;n que utilizan para crear una actividad laboral diferente, en el sector del transporte urbano o en el del comercio local. Empiezan as&iacute; a proliferar las tienditas y otros tipos de comercios, m&aacute;s acordes con las necesidades y los gustos "modernos" de los habitantes reci&eacute;n llegados y de la poblaci&oacute;n m&aacute;s joven de origen local. Las hamburguesas son vendidas a un lado de los elotes y el atole y los servicios de costurera se ofrecen junto a la reproducci&oacute;n y venta de videos piratas. Esta multitud de micro&#45;comercios coexiste con una gran superficie comercial a bajo costo, la cual, por su parte ha adecuado su oferta a las caracter&iacute;sticas complejas de la poblaci&oacute;n local. Si por un lado se presenta como cualquier supermercado, por el otro procura tambi&eacute;n ofrecer mercanc&iacute;as a la manera de las viejas tiendas de barrio o de los mercados sobre ruedas, adem&aacute;s de representar una oportunidad de empleo para los habitantes del barrio. El prisma del comercio y sus transformaciones en el espacio local deja entrever una "reestructuraci&oacute;n identitaria" (p. 51).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tipo de comercio que no se encuentra anclado a la frecuentaci&oacute;n de lugares espec&iacute;ficos es aquel que se estructura a partir de circuitos de redes sociales y que se empalma sobre &eacute;stas para poder existir y expandirse. Es el caso de las redes de <i>ventas directas</i> que se organizan de manera piramidal seg&uacute;n el sistema denominado multinivel, analizadas en los dos siguientes art&iacute;culos, el de Peter S. Cahn y Anath Ariel de Vidas, respectivamente sobre la venta de productos Omnilife en la ciudad de Morelia y la comercializaci&oacute;n de los recipientes de pl&aacute;stico de la marca Tupperware en un pueblo de la Huasteca. Este tipo de ventas permite ver de manera muy clara el car&aacute;cter complejo de la relaci&oacute;n de compra&#45;venta en cuanto relaci&oacute;n social <i>tout court,</i> cargada de un sinn&uacute;mero de valencias de otro tipo. Por ejemplo, la venta de los complementos alimenticios Omnilife, pero tambi&eacute;n de otros productos an&aacute;logos, es disfrazada en los t&eacute;rminos de una acci&oacute;n cargada de contenidos &eacute;ticos, conforme la cual de lo que se trata no es de vender sino de ayudar a otros para que aprovechen los beneficios del producto. Quien vende debe empezar por consumir los productos para convencerse de sus beneficios y luego transmitir este entusiasmo a m&aacute;s gente entre sus conocidos y amigos. As&iacute; es como se ampl&iacute;a el radio de acci&oacute;n de la red y el volumen de ventas. En el caso de los art&iacute;culos Omnilife los vendedores pasan por un proceso formativo en el que aprenden que no est&aacute;n vendiendo (la palabra vender est&aacute; vedada en las juntas) sino ayudando a los dem&aacute;s. En ese sentido, los art&iacute;culos no se venden sino que "se comparten" o "se desplazan" (Cahn, p. 56). Un cuidado especial es puesto en el entrenamiento para vencer el miedo que impide acercarse a gente desconocida para promover los productos. El mecanismo de venta en racimos puede adaptarse al contexto socioespacial mexicano: una joven mujer vende las bebidas de Omnilife a los comerciantes de un tianguis, con los cuales tiene una relaci&oacute;n de amistad; se preocupa por su salud y deja que consuman los productos para luego pasar a cobrarles. Como justamente apunta el autor, "la invisibilidad de las empresas multinivel disfraza sus repercusiones en el espacio urbano" (p. 60).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fuerza de difusi&oacute;n de esta modalidad de venta es todav&iacute;a m&aacute;s evidente en el caso de los Tupperware en el rancho estudiados por Anath Ariel de Vidas, si pensamos que estos contenedores de pl&aacute;stico se han difundido en lugares desprovistos de agua potable y donde se cocina con la le&ntilde;a del bosque; de ah&iacute; que sea leg&iacute;timo preguntarse no s&oacute;lo en qu&eacute; se usan, dado que uno de sus destinos m&aacute;s comunes es el de conservar la comida para ponerla en el refrigerador, sino c&oacute;mo llegaron al rancho, pues su forma de comercializaci&oacute;n se efect&uacute;a mediante reuniones entre mujeres, las <i>Tupperware parties,</i> en casa de una promotora que invita a sus amistades a tomar un caf&eacute;, y explica c&oacute;mo se emplean los recipientes, con el objetivo de que sus invitadas los usen a su vez o los empiecen a promover de la misma manera. En el medio rural, en cambio, los <i>t&oacute;pers</i> son vendidos mediante las visitas que una promotora &#151;por lo general maestra&#151; hace en los ranchos a sus amistades y parientes, a los cuales les vende los recipientes en peque&ntilde;os abonos. Cada visita es un evento social repetido peri&oacute;dicamente y no una mera interacci&oacute;n finalizada a la compraventa: la adecuaci&oacute;n en la forma de venta est&aacute; acompa&ntilde;ada de cierta dosis de refuncionalizaci&oacute;n en los usos de estos objetos y sobre todo de una recepci&oacute;n selectiva que privilegia aquellos productos que se adaptan a las necesidades locales y rechaza por completo otros, aun cuando puedan parecer muy "modernos" y sean muy vendidos en el medio urbano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Terminan el dossier dos colaboraciones dedicadas a las pr&aacute;cticas sociales propias de los lugares emblem&aacute;ticos del consumo global: los centros comerciales. In&eacute;s Cornejo analiza los usos y significados asociados a la frecuentaci&oacute;n del centro comercial Santa Fe, uno de los m&aacute;s grandes y lujosos de la metr&oacute;poli mexicana, para desentra&ntilde;ar la complejidad de ciertas pr&aacute;cticas s&oacute;lo aparentemente banales como el paseo por las vitrinas. En un lugar que la autora propone leer como un gran escenario, al cual se acude para mirar y ser mirados, el vitrineo se hace casi siempre en compa&ntilde;&iacute;a de alguien, es decir, dentro de una relaci&oacute;n que permita comentar lo que la vitrina propone, y consumirlo con la mirada. En el art&iacute;culo de Capron y Sabatier se ilustra la hip&oacute;tesis seg&uacute;n la cual "los centros comerciales al aire libre contribuyen a la construcci&oacute;n de culturas urbanas" (p. 88), que por un lado reflejan la especificidad de cada ciudad y por el otro comparten rasgos propios de la globalizaci&oacute;n. Los centros comerciales al aire libre son el resultado de un esfuerzo particular de sus promotores hacia la producci&oacute;n de ambientaciones y de una estimulaci&oacute;n est&eacute;tica en los visitantes usuarios. La exploraci&oacute;n llevada a cabo en dos centros comerciales, uno en M&eacute;xico y el otro en R&iacute;o de Janeiro, muestra que los asistentes asocian estos lugares con escenarios artificiales o que evocan mundos pasados, y entienden perfectamente el contenido nost&aacute;lgico asociado al dise&ntilde;o y a la decoraci&oacute;n de estos espacios, que se proponen imitar una ciudad ideal en la cual la sociabilidad es todav&iacute;a posible. En suma, el an&aacute;lisis de Capron y Sabatier revela la complejidad de significados asociados a los centros comerciales, que cada vez son menos lugares para comprar y m&aacute;s espacios urbanos en los cuales se despliega una sociabilidad sui generis, enmarcada dentro de un orden socioespacial espec&iacute;fico, que tiende a excluir ciertos usos y usuarios y a homogeneizar los usos y usuarios posibles.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Completan este n&uacute;mero la traducci&oacute;n de un texto de Peter Burke sobre la historia cultural &#151;amablemente revisado por el autor&#151;, que con una claridad ejemplar reconstruye el camino de una de las m&aacute;s interesantes corrientes del pensamiento historiogr&aacute;fico internacional, aquella que se ha abocado, sobre todo en las d&eacute;cadas recientes, a utilizar las herramientas de la historia, a menudo dialogando con la antropolog&iacute;a, para entender los fen&oacute;menos culturales. Despu&eacute;s de haber sido un precursor en este campo, Peter Burke expone las innovaciones, y en parte tambi&eacute;n los l&iacute;mites, de estos enfoques, indicando asimismo algunos interesantes caminos de investigaci&oacute;n por recorrer, como por ejemplo el de una historia social del lenguaje o de los encuentros culturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los art&iacute;culos que cierran este n&uacute;mero no est&aacute;n exentos de puntos en com&uacute;n con la perspectiva de la historia cultural. El primero, de Jordi Planella, es un ensayo sobre la pol&iacute;tica del exterminio perpetrado por el r&eacute;gimen nacional socialista, con especial atenci&oacute;n al trato brindado a los sujetos discapacitados o portadores de distintos tipos de alteridades. El otro trabajo, de Rodrigo Laguarda, es una exploraci&oacute;n acerca de los cambios en las formas de nombrar la identidad homosexual en la Ciudad de M&eacute;xico en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas, que documenta la paulatina aparici&oacute;n de representaciones cargadas de valencias positivas en sustituci&oacute;n de los t&eacute;rminos anteriores marcadamente denigrantes y voluntariamente ofensivos. Finaliza el n&uacute;mero la rese&ntilde;a de Ernesto Hern&aacute;ndez sobre el estudio de Stanley Brandes, la cual nos introduce al trabajo antropol&oacute;gico en el contexto de la Ciudad de M&eacute;xico desde el punto de vista de un grupo de Alcoh&oacute;licos An&oacute;nimos, un lugar muy apropiado para comprender los nexos entre masculinidad y sociabilidad alcoh&oacute;lica.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Angela Giglia</b></font></p> 	    <p align="right">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Presentados en una primera versi&oacute;n en el Seminario Internacional Comercios y Movilidades Urbanas en Tiempos de Metropolizaci&oacute;n, celebrado en la ciudad de M&eacute;xico del 11 al 13 de julio de 2005, organizado por el CEMCA, la UAM&#45;Iztapalapa y la UIA, y coordinado por J&eacute;r&oacute;me Monnet, Gu&eacute;nola Capron, Carmen Bueno y Angela Giglia.</font></p>      ]]></body>
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