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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Efra&iacute;n Lazos: <i>Disonancias de la Cr&iacute;tica. Variaciones sobre cuatro temas kantianos</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Mar&iacute;a Llovet</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico: UNAM, 2014, 254 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Panamericana, M&eacute;xico</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro est&aacute; integrado por cuatro ensayos independientes que pueden ser le&iacute;dos por separado. Lo que los conecta es el tema de la humildad epist&eacute;mica. Seg&uacute;n Efra&iacute;n Lazos "la filosof&iacute;a kantiana es un recordatorio permanente de que los l&iacute;mites de la raz&oacute;n s&oacute;lo pueden trazarse con los recursos de lo humano, y es, tambi&eacute;n, una inmensa lecci&oacute;n de humildad"(p. 151). El autor escribe en el pr&oacute;logo que su pretensi&oacute;n inicial fue escribir un libro sistem&aacute;tico sobre la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura,</i> pero con el tiempo fueron m&aacute;s bien sus dudas las que se convirtieron en sistema. Su libro me recuerda lo que el propio Kant escribi&oacute; en el pr&oacute;logo de la segunda edici&oacute;n de la primera <i>Cr&iacute;tica:</i> "Tanto el esclarecimiento de las oscuridades que en esta obra son casi inevitables al comienzo, como la defensa del conjunto, debo esperarlos de los hombres meritorios que la han hecho suya" (B XLIV). La intenci&oacute;n de Lazos es abordar ciertos problemas desde la filosof&iacute;a trascendental y explorarlos dial&eacute;cticamente, incorporando en la discusi&oacute;n a los propios interlocutores de Kant y a muchos de los m&aacute;s reconocidos comentadores e int&eacute;rpretes kantianos del siglo XX. No se trata, sin embargo, de un libro meramente expositivo, pues su propia interpretaci&oacute;n y su propia argumentaci&oacute;n adquieren mayor protagonismo a medida que uno avanza en la lectura de cada uno de los ensayos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer ensayo, titulado <i>Intuiciones y conceptos,</i> examina la consigna kantiana "los pensamientos sin contenido son vac&iacute;os, las intuiciones sin conceptos son ciegas" <i>(KrV</i> A 50/B 74). Para Efra&iacute;n Lazos, en esta consigna est&aacute; cristalizada una doctrina kantiana fundamental, seg&uacute;n la cual intuiciones y conceptos son "psicol&oacute;gicamente independientes y epist&eacute;micamente complementarios"(p. 19). La pregunta de fondo que suscita este ensayo es si Kant puede ser considerado o no un conceptualista. A Lazos le interesa mostrar que lecturas conceptualistas de la <i>Element&auml;rlehre,</i> como la de John McDowell, son incompatibles con las nociones kantianas de conocimiento y experiencia. Si se niega la independencia psicol&oacute;gica de las intuiciones con respecto a los conceptos y se niega, adem&aacute;s, que las intuiciones posean contenido propio &#151;no conceptual&#151; entendimiento y sensibilidad se neutralizan, de modo que la experiencia de objetos resulta imposible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor divide la consigna kantiana en dos y comienza por analizar la segunda parte: "intuiciones sin conceptos son ciegas". La expresi&oacute;n puede tomarse como un argumento a favor del conceptualismo, pues &iquest;qu&eacute; otra cosa puede significar que la intuici&oacute;n sin concepto sea ciega excepto que toda intuici&oacute;n, para "desempe&ntilde;ar un papel relevante en la experiencia del mundo", tiene que estar "plenamente determinada por la capacidad de usar conceptos"? (p. 21). Seg&uacute;n Efra&iacute;n Lazos, la posibilidad de que una intuici&oacute;n sea ciega implica que es psicol&oacute;gicamente independiente del concepto. Esta independencia resulta clara a la luz del pasaje clasificatorio de la Dial&eacute;ctica trascendental (A 320/B 377), que es un ordenamiento progresivo de los distintos tipos de representaci&oacute;n <i>(Vorstellung).</i> La articulaci&oacute;n kantiana de los distintos tipos de representaci&oacute;n deja claro, seg&uacute;n el autor, que 1) no todas las representaciones son conscientes; 2) no todas las representaciones conscientes son representaciones cognitivas y 3) no todas las representaciones cognitivas son conceptuales. Intuiciones y conceptos son representaciones conscientes y cognitivas y, a diferencia de las representaciones conscientes y no cognitivas &#151;como las voliciones y los sentimientos&#151;, est&aacute;n dirigidas siempre a un objeto, es decir, son intencionales. Su diferencia, sin embargo, es una diferencia entre "modos de ser conscientes de un objeto o modos de representar conscientemente al objeto"(p. 29). Que intuiciones y conceptos compartan un objeto no implica que compartan un contenido. &iquest;Qu&eacute; clase de contenido puede tener una intuici&oacute;n ciega? De acuerdo con Lazos, una intuici&oacute;n ciega puede tener contenido cognitivo propio, pero no contenido epist&eacute;mico. Eso quiere decir que "un ser meramente intuitivo estar&iacute;a ciego ante los aspectos del mundo" y "percibir&iacute;a objetos, pero estrictamente hablando no tendr&iacute;a experiencia de ellos"(p.33). El autor tiene en mente un caso como el del salvaje que aparece en la <i>J&auml;sche Logik</i> (intro., &sect;V; AA IX 33) y que, al menos desde una interpretaci&oacute;n posible, es un ser sin capacidad discursiva, parecido a los infantes y los animales dom&eacute;sticos: capaz de percibir, pero no de experimentar objetos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la distinci&oacute;n entre contenido cognitivo y contenido epist&eacute;mico, el autor consigue salvar el contenido representacional propio de las intuiciones y mostrar que una lectura conceptualista de la <i>Element&auml;rlehre</i> es irreconciliable con la manera en la que Kant entiende el conocimiento de objetos: como una cooperaci&oacute;n entre dos facultades y sus respectivas representaciones, cada una de las cuales aporta sus propios contenidos cognitivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El examen de la segunda parte de la consigna &#151;"los pensamientos sin contenido son vac&iacute;os"&#151; sigue una estrategia similar al de la primera. El autor muestra en qu&eacute; sentido puede hablarse de un concepto vac&iacute;o dentro de la <i>Element&auml;rlehre.</i> Si de acuerdo con lo dicho arriba, para que haya conocimiento de objetos es necesario que tanto intuici&oacute;n como concepto aporten cierto contenido cognitivo, entonces el contenido cognitivo del concepto no puede identificarse con la aportaci&oacute;n de la intuici&oacute;n. Esto vale, en sentido estricto, para los conceptos puros del entendimiento, cuyo contenido es trascendental; mientras que para los conceptos emp&iacute;ricos s&oacute;lo es parcialmente verdadero, pues su contenido se extrae de la experiencia &#151;no obstante, en cuanto conceptos, son el producto de una funci&oacute;n intelectual capaz de unificar tal contenido en virtud del contenido aportado por las categor&iacute;as&#151;. En este sentido, no puede haber conceptos emp&iacute;ricos vac&iacute;os, pues "su s&iacute;ntesis pertenece a la experiencia"(p. 51). Las categor&iacute;as, en cambio, pueden ser epist&eacute;micamente vacuas si a trav&eacute;s de ellas no se piensa ning&uacute;n objeto, es decir, si son usadas para "elaborar juicios sobre objetos que no son ni pueden ser dados en la experiencia"(p. 55). La vacuidad conceptual queda descrita entonces en t&eacute;rminos de vacuidad epist&eacute;mica, porque los pensamientos resultan vac&iacute;os en la medida en la que carecen de referencia a la intuici&oacute;n, que es "lo &uacute;nico que da sentido y significaci&oacute;n a las categor&iacute;as"(p. 60).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este ensayo el autor se concentra en mostrar que "el conceptualismo no encuentra, ni puede encontrar, apoyo alguno en la <i>Element&auml;rlehre</i> de Kant" (p. 60). Salta a la vista, sin embargo, que el autor no mencione la doctrina del esquematismo &#151;que forma parte de la <i>Element&auml;rlehre&#151;,</i> con la que Kant trata de dar una respuesta al problema de la heterogeneidad entre intuiciones y conceptos. Una de las ventajas de la lectura conceptualista de Kant es que consigue superar el dualismo representacionista, pues si conceptos e intuiciones no son psicol&oacute;gicamente independientes, entonces tampoco son verdaderamente heterog&eacute;neos. Si, como pens&oacute; G. Schrader (1957, Kant's Theory of Concepts. <i>Kant Studien,</i> 49, pp. 264&#45;278), la diferencia entre intuiciones y conceptos no es una diferencia de naturaleza, sino de grado, entonces no es necesaria la doctrina del esquematismo; pero si intuiciones y conceptos son heterog&eacute;neos, entonces es necesaria "una doctrina de la facultad de juzgar, para mostrar la posibilidad de c&oacute;mo conceptos puros del entendimiento pueden ser aplicados, en general, a fen&oacute;menos"(A 138/B 177). El problema es que la independencia psicol&oacute;gica conduce precisamente a dudar de que la complementariedad epist&eacute;mica sea posible. Kemp&#45;Smith lo explica as&iacute;: "si la relaci&oacute;n entre categor&iacute;as y el material del sentido es de forma y materia y estructura y contenido", entonces "todo el contenido cae en el lugar de la intuici&oacute;n material", con lo que "no hay ning&uacute;n contenido, esto es, cualidad o atributo, que sea com&uacute;n a ambos"(N. Kemp&#45;Smith. (1918). <i>A commentary to Kant's Critique of Pure Reason.</i> London: Macmillan &amp; co. p. 335). El ensayo de Efra&iacute;n Lazos consigue mostrar que Kant no es un conceptualista, pero me parece que desatiende la motivaci&oacute;n principal para hacer una relectura conceptualista de la <i>Element&auml;rlehre:</i> evitar las consecuencias fatales de un dualismo representacionista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo segundo, titulado <i>La amenaza del idealismo,</i> aborda uno de los problemas cl&aacute;sicos de la literatura kantiana. Se trata, en palabras del mismo autor, de un "ejercicio de detecci&oacute;n e inspecci&oacute;n de las razones del idealismo kantiano"(p. 63). A partir de una objeci&oacute;n de F. H. Jacobi conocida como el problema de la afecci&oacute;n, el autor muestra la tensi&oacute;n existente entre dos tesis que Rae Langton ha llamado la tesis de la humildad y la tesis de la receptividad. Seg&uacute;n Jacobi, la afecci&oacute;n s&oacute;lo puede ser explicada mediante los fen&oacute;menos o mediante las cosas en s&iacute; mismas. Cualquiera de las alternativas conduce a un callej&oacute;n sin salida: si son las cosas en s&iacute; mismas las que producen la afecci&oacute;n, entonces sabemos algo sobre ellas, lo cual es incompatible con la tesis de la humildad, que se&ntilde;ala la imposibilidad de conocer las cosas en s&iacute; mismas. Pero tampoco se puede explicar la afecci&oacute;n desde los fen&oacute;menos, pues entonces ser&iacute;a preciso negar la tesis de la receptividad, seg&uacute;n la cual los fen&oacute;menos son un producto de la afecci&oacute;n &#151;y no pueden, por tanto, explicarla&#151;. Lazos se propone mostrar que "puede haber una explicaci&oacute;n idealista de la humildad que no pase por el fenomenismo" (p.74). Con este objetivo emprende una reconstrucci&oacute;n tanto hist&oacute;rica como racional del argumento kantiano de la aprioridad del espacio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este segundo cap&iacute;tulo abre m&uacute;ltiples frentes de discusi&oacute;n. No consigue &#151; ni pretende &#151; atar todos los cabos, pero s&iacute; presentar una visi&oacute;n panor&aacute;mica de la relaci&oacute;n entre la doctrina kantiana del espacio y las tesis de la humildad y la receptividad. El principal objetivo del autor, sin embargo, no es hacer una exposici&oacute;n erudita del tema, sino argumentar a favor de la compatibilidad entre la humildad y la receptividad. Para ello presenta una lectura bastante sugerente de la doctrina kantiana del espacio, de acuerdo con la cual la intuici&oacute;n externa contiene &uacute;nicamente relaciones, pues "la ubicaci&oacute;n espec&iacute;fica de los particulares no puede establecerse <i>a priori",</i> mientras que "el orden en el que los particulares est&aacute;n ubicados no puede establecerse emp&iacute;ricamente"(p. 146). La distinci&oacute;n entre relaciones espaciales y el orden en el que esas relaciones ocurren permite negar tanto el sustancialismo (Newton) como el abstraccionismo (Leibniz) del espacio, sin negar con ello que el espacio sea ideal, ni negarlo tampoco como condici&oacute;n para detectar relaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema del tercer ensayo es el argumento kantiano de la refutaci&oacute;n al idealismo. Lazos rechaza de manera rotunda la interpretaci&oacute;n epistemol&oacute;gica que Paul Guyer hace de este argumento. Piensa que para desentra&ntilde;ar su verdadera naturaleza es preciso abordarlo en contraste con la filosof&iacute;a cartesiana: s&oacute;lo as&iacute; se revela como un desaf&iacute;o te&oacute;rico que pretende dar respuesta al escepticismo y al solipsismo. Para Lazos, el cartesiano es al mismo tiempo esc&eacute;ptico y solipsista. "Es esc&eacute;ptico por sus compromisos epist&eacute;micos acerca de c&oacute;mo accedemos al contenido de nuestras propias mentes y es solipsista por sus compromisos metaf&iacute;sicos acerca de lo que constituye el contenido de nuestra mente"(p. 183). Kant no trivializ&oacute; el escepticismo; al contrario, consider&oacute; al idealista esc&eacute;ptico como un benefactor de la raz&oacute;n humana y fue consciente de que hab&iacute;a que dar una respuesta contundente al escepticismo, hab&iacute;a que elegir "entre el realismo trascendental y el idealismo esc&eacute;ptico como las &uacute;nicas v&iacute;as para proceder en metaf&iacute;sica"(p. 192). Tanto peso dio a las objeciones esc&eacute;pticas que, seg&uacute;n muestra Lazos, termin&oacute; por aceptar que "cualquiera de nuestras creencias puede resultar falsa; pero de ah&iacute; no se sigue la conclusi&oacute;n esc&eacute;ptica de que todas ellas puedan serlo"(p. 204). Kant escapa del escepticismo y del solipsismo porque para &eacute;l la falsedad y el error son posibles s&oacute;lo de manera local, lo cual constituye, seg&uacute;n Lazos, una "lecci&oacute;n de realismo emp&iacute;rico que pervive en la epistemolog&iacute;a contempor&aacute;nea"(p. 204).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento de Lazos es convincente siempre y cuando uno acepte que el propio argumento de Kant conduce <i>al</i> realismo emp&iacute;rico, en lugar de proceder <i>de &eacute;l.</i> Henry Allison, para dar respuesta a Guyer, ha defendido recientemente la idea de que el realismo emp&iacute;rico kantiano es, m&aacute;s que un punto de llegada, un punto de salida (2012. Transcendental Realism, Empirical Realism, and Transcendental Idealism. En H. Allison: <i>Essays on Kant.</i> (pp. 67&#45;86). Oxford: Oxford University Press). La lectura de Lazos tiene la ventaja de ser mucho m&aacute;s precisa desde el punto de vista hist&oacute;rico, pues toma en cuenta el contexto en el que Kant abord&oacute; el problema del escepticismo cartesiano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema del cap&iacute;tulo cuarto es la noci&oacute;n kantiana de apercepci&oacute;n trascendental. Seg&uacute;n el autor, es posible encontrar en la Deducci&oacute;n trascendental y en los Paralogismos de la raz&oacute;n pura una teor&iacute;a kantiana de la autoconciencia. La tesis que Lazos quiere defender es que "el yo trascendental kantiano debe entenderse como una abstracci&oacute;n filos&oacute;ficamente &uacute;til de los contenidos de pensamiento de cualquier conciencia humana"(p. 207). No se trata, entonces, de resolver el problema acerca de qu&eacute; clase de cosa es aquel ser capaz de pensar, y si es o no una sustancia en el mundo, sino m&aacute;s bien de determinar "c&oacute;mo tienen que estar organizados nuestros pensamientos para ser los pensamientos que son"(p. 208). Puesto que Kant rechaza el sustancialismo cartesiano y declara que s&oacute;lo nos conocemos a nosotros mismos como fen&oacute;menos, la pregunta sobre qu&eacute; tipo de cosa somos en cuanto seres pensantes no puede responderse a <i>priori.</i> Por otro lado, la experiencia &uacute;nicamente puede decirnos qu&eacute; somos en cuanto individuos concretos sujetos de ciertas experiencias particulares, pero este autoconocimiento nada revela acerca de qu&eacute; somos en cuanto seres pensantes. Lazos examina la as&iacute; llamada tesis de la exclusi&oacute;n, de acuerdo con la cual "el sujeto de pensamiento no pertenece al mobiliario del mundo, esto es, no puede identificarse con un individuo entre otros"(p. 211). Frente a esta tesis pone la tesis de la abstracci&oacute;n, seg&uacute;n la cual el yo pienso que acompa&ntilde;a mis representaciones "es una representaci&oacute;n <i>sui generis</i> a la que se arriba filos&oacute;ficamente, haciendo abstracci&oacute;n del contenido de pensamiento de cualquier conciencia humana"(p. 212). Esto quiere decir que la apercepci&oacute;n trascendental no es un tipo especial de conciencia que se pueda distinguir de la autoconciencia individual de quien se conoce a trav&eacute;s de sus experiencias ordinarias. El autor desarrolla dos modelos a partir de los cuales se puede tratar de resolver el conflicto entre la tesis de la exclusi&oacute;n y la tesis de la abstracci&oacute;n. El primero, que llama cr&iacute;tico&#45;terap&eacute;utico, considera que "el yo pienso de la apercepci&oacute;n trascendental desempe&ntilde;a el papel de un principio para el fil&oacute;sofo o para el te&oacute;rico que se ocupa de las condiciones no emp&iacute;ricas del contenido del pensamiento"(p.219). El segundo, que llama metaf&iacute;sico&#45;dogm&aacute;tico, conduce a la afirmaci&oacute;n de que el sujeto trascendental pertenece a un orden legal distinto al del orden del mundo emp&iacute;rico: el yo pienso es una subjetividad, una conciencia de s&iacute; distinta de la subjetividad emp&iacute;rica. Lazos defiende el primer modelo, pues afirma que "el yo pienso es una abstracci&oacute;n de los contenidos de conciencia de una persona o sujeto emp&iacute;rico, y de una abstracci&oacute;n no extraemos existencialmente nada" (p. 234). Su estrategia consiste en distinguir cuidadosamente entre la representaci&oacute;n del yo pienso a la que se arriba filos&oacute;ficamente y una representaci&oacute;n del yo pienso como algo sustantivo, anterior a e independiente de la abstracci&oacute;n por medio de la cual se descubre. &iquest;Qu&eacute; diferencia entonces a la autoconciencia trascendental de la autoconciencia emp&iacute;rica? Seg&uacute;n Lazos, se trata no de tipos distintos de subjetividad, sino de una distinci&oacute;n "entre un determinado punto de vista acerca del mundo, por un lado, y la articulaci&oacute;n requerida para tener cualquier punto de vista, por el otro"(p. 230).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Efra&iacute;n Lazos es sin duda una meritoria contribuci&oacute;n a los estudios kantianos en Iberoam&eacute;rica. Adem&aacute;s de mostrar la actualidad de algunos de los planteamientos de Kant, constituye una valiosa referencia para cualquiera que desee tener una visi&oacute;n panor&aacute;mica de temas como la doctrina kantiana del espacio, la refutaci&oacute;n al idealismo, el yo trascendental kantiano y la heterogeneidad entre intuiciones y conceptos.</font></p>      ]]></body>
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