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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Luigi Amara: <i>La escuela del aburrimiento</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Guillermo Hurtado</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico&#45;Barcelona: Sexto Piso, 2012, 287 pp.</b></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas,</i> <i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i></font>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La escuela del aburrimiento</i> es un libro s&oacute;lido y elegante. Se trata de un ensayo&#45;ensayo, como los que Amara defiende a capa y espada, rico en recursos ret&oacute;ricos y literarios. Si tuvi&eacute;ramos que adjetivarlo, dir&iacute;a que en sus momentos de mayor hondura es un ensayo filos&oacute;fico. Amara no oculta la cruz de su parroquia: <i>piensa</i> como un fil&oacute;sofo. Sin embargo, el libro est&aacute; lejos de ser un denso tratado sobre el aburrimiento, ya que se mueve con libertad y agilidad por distintos campos. Y en esta virtud quiz&aacute; encuentra su vicio. El aburrimiento del que escribe Amara es m&aacute;s que el mero bostezo, es una complej&iacute;sima condici&oacute;n existencial que tiene que ver con la acedia descrita por Santo Tom&aacute;s, la nada de Pascal, la banalidad de La Rochefoucauld, la melancol&iacute;a de Burton, la angustia de Kierkegaard o el <i>spleen</i> de Baudelaire. Y por ello, si se le hiciera una cr&iacute;tica filos&oacute;fica al ensayo, ser&iacute;a la de englobar con la palabra "aburrimiento" un conjunto de estados, emociones y actitudes que si bien tienen semejanza de familia poseen otros rasgos que requieren tratamientos diferentes. Pero como el libro no pretende ser un tratado, podemos pasar de largo esta cr&iacute;tica. Como en todo ensayo&#45;ensayo, el libro ofrece un testimonio personal. Amara cuenta c&oacute;mo al aproximarse a los cuarenta a&ntilde;os se hizo una serie de preguntas sobre la vida, sobre <i>su</i> vida. Las preguntas no son nuevas, son las mismas que se plantearon grandes pensadores del pasado, pero lo que hace Amara es revisarlas y repensarlas de manera original. Dicho esto, habr&iacute;a que aclarar que <i>La escuela del aburrimiento</i> no es una autobiograf&iacute;a espiritual. Amara no abusa del tono confesional. Su escritura siempre tiene un tono ir&oacute;nico, desprendido, desenfadado, incluso cuando describe sus padecimientos, sus obsesiones, sus miedos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo es una introducci&oacute;n filos&oacute;fica y literaria al aburrimiento que toma como eje la obra de cuatro escritores galos: Pascal, La Rochefoucauld, Montaigne y Baudelaire. Fue Pascal quien plante&oacute; el tema del aburrimiento en contrapunto con lo que &eacute;l llam&oacute; <i>divertissements</i>. El autor de los <i>Pens&eacute;es</i> observa que la mayor&iacute;a de las personas no prestan atenci&oacute;n a las grandes preguntas sobre la vida y la muerte y s&oacute;lo se ocupan de pasatiempos y diversiones. La palabra "pasatiempo" acarrea en su morfolog&iacute;a toda una metaf&iacute;sica. En la vida hacemos muchas cosas para dejar que pase el tiempo antes de morir como lo hacen las bestias. No son actividades que nos exige la supervivencia, sino aquello a lo que nos dedicamos cuando estamos sin quehaceres urgentes. Por otra parte, la palabra "diversi&oacute;n" tiene una etimolog&iacute;a reveladora, ya que procede del verbo <i>divertere</i> que significa "apartarse". Cuando uno se divierte, se distrae, es decir, deja de poner atenci&oacute;n, y ello significa salirse, aunque sea de manera imaginaria. Si no podemos escapar de esta vida terror&iacute;fica a las que nos han tra&iacute;do sin consultarnos, podemos dis<i>traernos</i> con todo tipo de diversiones. Pascal considera que las diversiones humanas son recursos para no enfrentar la cruda verdad de la vida y que s&oacute;lo la fe en Dios nos permite aliviar la desgracia, el terror, de vivir en esta isla desierta. Podemos concebir, por lo menos, dos respuestas a Pascal. La primera es negar la premisa de que la vida es espantosa, es decir, que si bien tiene sus ratos malos tambi&eacute;n los tiene buenos, ratos de felicidad o tranquilidad en los que no cabe el aburrimiento o la angustia. La segunda es aceptar que enfrentarnos a la vida produce todos estos estados y emociones, pero que la soluci&oacute;n religiosa de Pascal ya no puede adoptarse en el mundo secularizado. Pero entonces surge la vieja pregunta de c&oacute;mo sobrellevar la angustia existencial. Amara pertenece al grupo de pensadores que han seguido el segundo camino y, para ello, se plantean una escuela del aburrimiento, es decir, una manera de aprender a vivir sin fe pero sin entregarse a la ilusi&oacute;n ef&iacute;mera de las diversiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pascal dec&iacute;a que toda la desgracia del hombre viene de no saber permanecer en reposo en un cuarto. La imagen de la torre de Montaigne, del espacio privilegiado en el que el escritor puede alejarse del mundanal ruido, captura la atenci&oacute;n de Amara. El segundo cap&iacute;tulo del libro es la cr&oacute;nica ins&oacute;lita de un viaje de exploraci&oacute;n existencial: el autor decide recluirse en un habitaci&oacute;n sin diversiones, sin conexiones el&eacute;ctricas, y &uacute;nicamente busca la compa&ntilde;&iacute;a de unos pocos libros juntos, diez grandes obras; para mayores se&ntilde;as: <i>Contra natura</i> de Hyusmans, <i>Robinson</i> <i>Crusoe</i> de Defoe, <i>El libro de la almohada</i> de Shonagon, <i>Ocurriencias de un</i> <i>ocioso</i> de Kenko, <i>Tratados morales</i> de S&eacute;neca, <i>El libro del desasosiego</i> de Pessoa, <i>Memorias del subsuelo</i> de Dostoiesvski, <i>Oblomov</i> de Goncharov, <i>Viaje alrededor de mi cuarto</i> de Maistre y <i>Un hombre que duerme</i> de Perec. &iquest;Se le puede criticar por haber llevado este paquete de libros a su encierro? Bueno, sin nada que leer, Amara hubiera estado en una celda de aislamiento y eso no se le desea a nadie, ni a los prisioneros de Guant&aacute;namo. Vaya, hasta Robinson Crusoe ten&iacute;a un ba&uacute;l de libros. Pero como se puede observar por los t&iacute;tulos, m&aacute;s que obras de entretenimiento, Amara se llev&oacute; material de investigaci&oacute;n, como quien va a una isla desierta y lleva consigo libros sobre la bot&aacute;nica y la flora de la regi&oacute;n visitada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es revelador que Amara no haya llevado a su encierro ning&uacute;n libro de filosof&iacute;a pura y dura. No me hubiera extra&ntilde;ado, sin embargo, que en su maleta hubiera incluido alg&uacute;n libro de fenomenolog&iacute;a. Seg&uacute;n Husserl, la fenomenolog&iacute;a se basa en el fen&oacute;meno de la intencionalidad de lo mental, es decir, de la relaci&oacute;n que hay entre el sujeto y un objeto de pensamiento que es constitutiva del pensamiento. No podr&iacute;a haber, desde esta perspectiva, una fenomenolog&iacute;a del vac&iacute;o, de la nada. Y sin embargo la aventura que emprendi&oacute; Amara encerrado en las cuatro paredes de su habitaci&oacute;n, pudo haber sido una exploraci&oacute;n de la fenomenolog&iacute;a del aburrimiento, es decir, de la inactividad, del paso del tiempo, del enfrentamiento claustrof&oacute;bico con el propio yo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo podr&iacute;a decirse que esa descripci&oacute;n fenomenol&oacute;gica y existencial del aburrimiento ya la hizo, y de manera brillante, Heidegger en <i>Los conceptos fundamentales de la metaf&iacute;sica</i>. &iquest;Por qu&eacute; ignor&oacute; Amara de manera tan flagrante al fil&oacute;sofo de la Selva Negra? &iquest;Acaso su formaci&oacute;n anal&iacute;tica todav&iacute;a sigue pesando en sus simpat&iacute;as intelectuales?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amara sale de su reclusi&oacute;n en mal estado. El autor se conoce mejor a s&iacute; mismo, pero lo que ha descubierto no es agradable. Lo cito: "&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a aprendido de mi viaje alrededor de mi cuarto? Que m&aacute;s que intereses he tenido coartadas. Que mi impaciencia no es tanto una inadaptaci&oacute;n a la lentitud del presente, sino un refrenamiento de mi deseo de huida. Que incluso la paz la he buscado atropelladamente. Que no llego al fondo de nada, ni conozco a profundidad ning&uacute;n aspecto del mundo, pues el hast&iacute;o es la justificaci&oacute;n m&aacute;s c&oacute;moda de los diletantes." (p. 171). Esta es la parte quiz&aacute; m&aacute;s desgarradora de toda la narraci&oacute;n. Pero Amara no se queda en la autocompasi&oacute;n y decide moverse, ocuparse, viajar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo del libro trata, entre otras cosas, de un ins&oacute;lito viaje del autor a la capital mundial de la diversi&oacute;n organizada. En Las Vegas, Amara sigue siendo el conejillo de indias de sus experimentos existenciales, aunque en esta ocasi&oacute;n no lleva libros consigo porque no le faltan distracciones, el problema es otro, le sobran. A su regreso de la ciudad de los casinos, despu&eacute;s de su largo recorrido por las estaciones del aburrimiento, Amara nos dice que ya que no podemos escapar de la realidad de luz ne&oacute;n que nos aplasta, habr&iacute;a que liberarse de los lazos que nos amarran a ella. Para los sabios orientales no existe el aburrimiento porque viven como si fueran lechugas, es decir, viven de manera natural, espont&aacute;nea y tranquila. Hacer yoga, meditar, estar en el mundo sin reservas, hay muchas t&eacute;cnicas para no aburrirse, angustiarse o deprimirse. Sin embargo, Amara reconoce que le resultar&iacute;a dif&iacute;cil transformarse en un remedo de monje oriental. Entonces, el autor presta atenci&oacute;n a un personaje que podr&iacute;a parecer lo m&aacute;s alejado a un sabio tao&iacute;sta, pero que llev&oacute; una vida que puede ser descrita de manera semejante. Para Andy Warhol cualquier cosa era interesante y, por lo mismo, nada lo era: una lata de sopa es vista de manera equivalente a la Capilla Sixtina. Amara nos describe a un Warhol que fue capaz de llevar una vida interior de insustancialidad y tedio y que, sin embargo, logr&oacute; romper el velo de apariencias que cubre la existencia (p. 272). Al final del libro, Amara esboza una conclusi&oacute;n que podr&iacute;a calificarse de optimista, si no fuera porque el adjetivo tiene connotaciones chocantes. Lo que dice es que si equiparamos al aburrimiento con la totalidad de la vida, entonces podr&iacute;amos romper con la dicotom&iacute;a subyacente entre lo divertido y lo aburrido, lo sustancial y lo insustancial, los ratos vivos y los muertos. Amara se pregunta"&iquest;Por qu&eacute; no recoger los escombros de la falta de sentido y levantar con ellos una nueva escuela del aburrimiento?" (p. 278). Si la ruta del sentido trascendente est&aacute; cancelada, s&oacute;lo nos queda la de la inmanencia, pero la que nos ha tocado est&aacute; repleta de mentiras, ruidos y virtualidades. Para que el nuevo sentido sea posible hay que transformar de manera radical nuestra forma de vida. As&iacute; dice: "Resistirse a esa jerarqu&iacute;a dominante, ponerla de cabeza, desmontarla. Concebir lo insignificante no como aquello que ha perdido significado, sino como aquello que est&aacute; a la espera de que se lo restituyamos. (...) A fin de cuentas, quiz&aacute; no exista lo aburrido, sino una compleja red de poder que determina e insiste, a trav&eacute;s de una muy bien aceitada maquinaria propagand&iacute;stica, en donde poner los ojos, qu&eacute; es lo ideal y qu&eacute; lo escu&aacute;lido, qu&eacute; lo crucial y qu&eacute; lo anecd&oacute;tico." (p. 278). Para desmontar la estructura de poder que nos condena al aburrimiento habr&iacute;a que hacer una revoluci&oacute;n, no s&oacute;lo una art&iacute;stica, como la de Warhol, sino social, moral, existencial. Esta ser&iacute;a, por supuesto, una revoluci&oacute;n diferente a las del siglo XX. Las revoluciones del pasado no habr&iacute;an visto con buenos ojos el proyecto de una nueva escuela del aburrimiento. Un comisario mao&iacute;sta hubiera dicho que aburrirse es cosa de burgueses, que el proletariado est&aacute; demasiado ocupado en la construcci&oacute;n del nuevo mundo. Me causa gracia, y pavor, pensar que Amara seguramente hubiera sido confinado a un campo de trabajo en castigo por escribir un libro como &eacute;ste.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amara cuenta que concibi&oacute; el proyecto de un libro intitulado "Nada nuevo bajo el sol", que fuese una historia del aburrimiento, desde la era de las cavernas hasta nuestros d&iacute;as, un libro monumental y aburrido y que, sin embargo, fuese divertido redactar. Sin embargo, despu&eacute;s de comenzar la investigaci&oacute;n documental, renunci&oacute; a escribir semejante mamotreto del hast&iacute;o. No obstante, la investigaci&oacute;n que hizo para el libro e incluso algunas partes del mismo est&aacute;n presentes, se dejan ver, en <i>La escuela del aburrimiento</i>. Pero &iquest;por qu&eacute; si Amara no escribi&oacute; aquel grueso tratado, s&iacute; decidi&oacute; escribir este simp&aacute;tico ensayo? &iquest;Acaso lo hizo para divertirse en el sentido pascaliano, es decir, para escapar de su aburrimiento? &iquest;Seguir&aacute; Amara igual o peor de aburrido que antes? &iquest;Habr&aacute; alcanzado alg&uacute;n tipo de iluminaci&oacute;n, por modesta que sea?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo peor que podr&iacute;a pasarle a un libro sobre el aburrimiento es que resultase aburrido. El libro de Amara, est&aacute; lejos de serlo; es m&aacute;s, podr&iacute;amos decir que a veces se percibe el cuidado que puso su autor para que fuese ameno. Amara puede quedar tranquilo, es un placer leer <i>La escuela del aburrimiento</i>, pero debajo de ese solaz queda una sensaci&oacute;n inquietante, la misma que tenemos cuando nos miramos al espejo durante m&aacute;s de un instante.</font></p>     ]]></body>
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