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</front><body><![CDATA[  	    <p align="left"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alejandro Llano: <i>Caminos de la filosof&iacute;a</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>H&eacute;ctor Vel&aacute;zquez Fern&aacute;ndez</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Pamplona: EUNSA 2011, 404 pp</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Panamericana.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De entre los varios perfiles del docente universitario, los hay quienes tienen la habilidad de comunicar su conocimiento largamente asimilado (el catedr&aacute;tico) y quienes m&aacute;s all&aacute; de esa erudici&oacute;n se interesan por hacer surgir en su auditorio el dif&iacute;cil arte de aprender a pensar (el maestro).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El magisterio de Alejandro Llano ha transitado a lo largo de varias d&eacute;cadas por una y otra vertientes. Para quienes s&oacute;lo le hab&iacute;an conocido a partir de sus monograf&iacute;as y ensayos fuera del aula, la presente obra podr&iacute;a revelarles algunos entresijos de c&oacute;mo se fue fraguando un pensamiento del que apenas y se asoma una punta a lo largo de las p&aacute;ginas de un texto acabado y publicable. Pero para quienes le han tenido como profesor tambi&eacute;n hay en &eacute;l novedades: a lo largo del libro su autor reflexiona sobre la sabidur&iacute;a del pensamiento vivo dentro de los textos muertos, cuando no se acude a ellos solo por arqueolog&iacute;a del pensamiento o necrolog&iacute;a del saber, sino como punta de lanza del m&aacute;s redituable de los ejercicios filos&oacute;ficos: el dialogo hecho pregunta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Caminos de la filosof&iacute;a</i> est&aacute; dividido en cuatro apartados, antecedidos de una presentaci&oacute;n y precedidos por una selecci&oacute;n de las obras publicadas por Alejandro Llano. Elaborado a partir de conversaciones (a veces con dejo de entrevista) entre &eacute;l y tres de sus disc&iacute;pulos (alumnos, doctorandos o colegas: Lourdes Flamarique, Marcela Garc&iacute;a y Jos&eacute; Mar&iacute;a Torralba), el texto recorre diferentes etapas de la g&eacute;nesis, desarrollo y madurez del pensamiento de Alejandro Llano, fraguadas a lo largo de su labor como docente, conferencista y director de tesis doctorales, en diversos recintos de Espa&ntilde;a, principalmente Navarra, y el continente Americano, a lo largo de m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas (p.11).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera parte, "Una vida filos&oacute;fica", el texto explora las motivaciones m&aacute;s &iacute;ntimas que fueron perfilando a Llano hacia el &aacute;rea filos&oacute;fica del saber, sus inspiraciones y sus derroteros. En el segundo apartado, "Filosofar desde la finitud", se describe el itinerario intelectual de una s&iacute;ntesis filos&oacute;fica personal realizada a partir de las preguntas que el autor hace a la realidad desde su propia finitud; como una suerte de m&eacute;todo dial&eacute;ctico reverencial hacia las cosas, pero interpelante respecto de las mismas. El tercer cap&iacute;tulo, "Ser, verdad, acci&oacute;n", quiz&aacute; el n&uacute;cleo del libro por el modo como resume las l&iacute;neas seguidas a lo largo de la producci&oacute;n filos&oacute;fica del autor, repasa los ejes que han ocupado su actividad intelectual: la metaf&iacute;sica (en su versi&oacute;n cl&aacute;sica, cr&iacute;tica y hasta renovada), la epistemolog&iacute;a (confiada en su capacidad de llevarse la realidad, pero a veces recelosa de sus alcances), y la antropolog&iacute;a, con la ley natural como directriz de la voluntad y sus actos. El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, "Ilustraci&oacute;n o modernidad", destaca los temas tratados en <i>La nueva sensibilidad,</i> y que en su momento intranquilizaron las conciencias conservadoras, pero que en <i>Caminos de la filosof&iacute;a,</i> no se analizan ya con sabor de advertencia sobre lo que se avecina, sino como elenco program&aacute;tico de lo mucho que a&uacute;n queda por acometer en la labor filos&oacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nuevo libro de Llano, m&aacute;s all&aacute; de la autobiograf&iacute;a intelectual, pensada por sus entrevistadores, toma una forma m&aacute;s bien de prontuario o <i>vademecum:</i> qu&eacute; preguntas conviene hacer y qu&eacute; respuestas habr&iacute;a que asimilar, para continuar con frutos (sin triunfalismos, pero sin derrotismos) en el camino del propio pensar filos&oacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo Llano desmitifica el inter&eacute;s por la filosof&iacute;a identificado con iluminaciones nocturnas o revelaciones poco comunicables. Confiesa que su decantaci&oacute;n por la filosof&iacute;a estuvo m&aacute;s bien animada por una simpat&iacute;a hacia los temas &eacute;ticos, "el sentimiento de misericordia, de necesidad de justicia, de respeto a las personas..." (p. 15), que le llev&oacute; a querer saber m&aacute;s. Aunque entre sus primeros estudios universitarios destac&oacute; su inter&eacute;s por "la cuesti&oacute;n de la trascendencia: si la realidad existe m&aacute;s all&aacute; de la consciencia y si desde esa realidad exterior, se puede ascender a la existencia de Dios" (p. 17).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esas incursiones, la trascendentalidad en sus vertientes epistemol&oacute;gica y ontol&oacute;gica le llevaron a contrastar enfoques tanto cl&aacute;sicos como modernos, que muy pronto le revelar&iacute;an que "el valor de la filosof&iacute;a no es po&eacute;tico, (.) no est&aacute; comprometida con la belleza sino con la verdad" (p. 27). Por lo que supo desde muy joven del valor del di&aacute;logo intelectual dentro de la discusi&oacute;n filos&oacute;fica, en el que la verdad se "anteponga al placer del supuesto triunfo ret&oacute;rico" (p. 31).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El acercamiento que Llano tuvo a la noci&oacute;n de trascendentalidad le permiti&oacute; adentrarse en sus l&iacute;mites y alcances de la mano de Kant, que le hizo cavilar c&oacute;mo para el fil&oacute;sofo alem&aacute;n lo trascendente no es algo que est&aacute; "m&aacute;s <i>all&aacute;,</i> sino <i>m&aacute;s ac&aacute;</i> de lo dado" (p. 36), que junto con la relaci&oacute;n entre trascendencia y autonom&iacute;a representaron una de las primeras inquietudes e intuiciones filos&oacute;ficas serias de su primera etapa de formaci&oacute;n filos&oacute;fica. Este inter&eacute;s se concret&oacute; en sus estudios sobre la libertad como "ra&iacute;z y fuente de la propia filosof&iacute;a, condici&oacute;n de posibilidad del pensamiento mismo (...) como <i>libertad trascendental"</i> (p. 37); que es fuente y posibilidad del conocimiento humano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa libertad que posibilita al hombre ser tal, y que le permite encontrarse con el ser, con la metaf&iacute;sica, se relaciona intr&iacute;nsecamente en el pensamiento de Llano con la antropolog&iacute;a; pues considera a la metaf&iacute;sica un modo de ser hombre: llegar a lo permanente, lo que se queda, lo que interesa. Y as&iacute;, la libertad se vuelve ra&iacute;z de la metaf&iacute;sica en una simbiosis que fue el eje de su labor docente como uno de los primeros expositores de la antropolog&iacute;a filos&oacute;fica en el mundo acad&eacute;mico espa&ntilde;ol.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llano advierte que el esp&iacute;ritu mismo es libertad (p. 47) y que su &aacute;mbito no s&oacute;lo es el del ser al que se vincula en la elecci&oacute;n, sino el de la apertura radical, que supone tematizar junto con la realidad, la irrealidad. Por ello ve en la din&aacute;mica objetividad&#45;realidad, representaci&oacute;n&#45;concepto, sue&ntilde;o&#45;vigilia, los ejes para adentrarse en los misterios de la libertad como tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y como lo real se presenta "fragmentario, ficticio, contingente, enga&ntilde;oso, pre&ntilde;ado de multitud de facetas" (p. 58), la mente se ve obligada a justificar la b&uacute;squeda de un acercamiento que vaya m&aacute;s all&aacute; de la objetividad y llegue al <i>ont&oacute;s</i> que le es natural. Pero esa ruta adolece de reticencias profesionales por parte de quienes desarrollan buena parte del trabajo acad&eacute;mico actual: la fragmentaci&oacute;n de la realidad, que deber&iacute;a invitar a una lectura unificada del mundo, parece hacer del especialismo el camino para la comprensi&oacute;n de lo real. Llano ejemplifica la caricatura que algunos profesionales hacen de su propia especializaci&oacute;n, cuando se excusan de planteamiento globales con un "Yo no s&eacute; nada de &eacute;tica, s&oacute;lo s&eacute; teor&iacute;a del conocimiento" (p. 59).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Advierte don Alejandro que el empobrecimiento de la desarticulaci&oacute;n de la realidad que est&aacute; en el fondo de esa especializaci&oacute;n, ha impuesto al <i>paper</i> como estandarizaci&oacute;n de la comunicabilidad filos&oacute;fica, que no parece ser "el g&eacute;nero literario mejor para escribir filosof&iacute;a, porque la filosof&iacute;a tiene que ser narrativa, y toda gran filosof&iacute;a lo es" (p. 61). La mentalidad de gueto, propia de ese excesivo especialismo, irremediablemente "conduce al anquilosamiento" (p. 66), mientras que la filosof&iacute;a tiene como sede propia originalidad y riqueza, profundidad y entreveramiento con la cultura, pero no su confusi&oacute;n con ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El intercambio con quienes nos han adentrado en el pensar, s&oacute;lo puede generar un esp&iacute;ritu a&uacute;n m&aacute;s abierto a nuevas preguntas y sus consabidas respuestas; lejos de lealtades y pertenencias a las escuelas en turno. Es ah&iacute; donde se muestra el natural sesgo social de la filosof&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello el especialista a ultranza se muestra a ojos de Llano inoperante dentro del pensamiento porque sabe "mucho de algo, pero muy poco del resto" (p. 91) y ni siquiera sabe eso poco bien, porque no parece necesitar de la reflexi&oacute;n para tal conocimiento. El camino contrario pasa por abandonar los <i>estados del arte</i> o la evaluaci&oacute;n de competencias, acumulaci&oacute;n de conocimientos o la marginaci&oacute;n de discursos duros como la metaf&iacute;sica o la teolog&iacute;a. Intentar un camino alterno a la especializaci&oacute;n est&eacute;ril supone m&aacute;s audacia intelectual que preparaci&oacute;n t&eacute;cnica, instrumental o de medios: se trata de amar m&aacute;s la sabidur&iacute;a que la popularidad, algo que "hoy en d&iacute;a est&aacute; muy mal visto" (p. 100). Iniciarse en el mundo filos&oacute;fico no es f&aacute;cil, pero Llano hace ver que quienes apenas se adentran en su discurso, han de preferir rutas afirmativas, no destructivas, herederas de la cr&iacute;tica y la pugna, porque es ah&iacute; donde "se empieza y nunca se acaba" (p. 107).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo "Filosofar desde la finitud", Llano exige reparar en la propia condici&oacute;n porque no "hay bienes innatos ni hay verdades innatas, toda actualizaci&oacute;n an&iacute;mica hay que adquirirla, y se gana en contacto con la experiencia sensible" (p. 115); y nuestro conocimiento comienza por el fen&oacute;meno, que si bien "es una parte de la realidad, nunca es la realidad completa" (p. 116).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La filosof&iacute;a entonces adquiere como tema "lo separado" y no lo compuesto, lo concreto y efectivo; lo est&aacute;tico, dado de una vez y para siempre. Si as&iacute; fuera, la filosof&iacute;a ser&iacute;a sistema, algo propio de la modernidad. Ninguna de las filosof&iacute;as m&aacute;s articuladas, ni siquiera las <i>Sumas</i> medievales, fueron sistem&aacute;ticas, "sino m&aacute;s bien narrativas y sint&eacute;ticas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque hay que remitirse hasta Descartes para hallar la filosof&iacute;a hecha sistema (p. 127), es el pensamiento cr&iacute;tico el que se anuncia como la lectura sist&eacute;mica m&aacute;s pertinente para la raz&oacute;n madura. Y fue Kant quien hizo de ella la articulaci&oacute;n de la realidad. Pero a pesar de los innegables avances de esa lectura, Llano se queda con la intencionalidad cognoscitiva y pr&aacute;ctica como el gran descubrimiento del pensamiento occidental (p. 152); aunque no escatima los beneficios de una cr&iacute;tica a la que debemos la conciencia de nuestra propia finitud, que nos recuerda la imposibilidad de "mostrar y decir todo de una vez".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pensamiento cr&iacute;tico en el texto de Llano lanza un reto metodol&oacute;gico de envergadura: &iquest;hay realmente una ruta, un mejor camino, una v&iacute;a eficaz para llegar a las preguntas convenientes y las respuestas que nos permitan avanzar? Llano perfila una respuesta que no comprometa la raz&oacute;n pero tampoco desde&ntilde;e los avances de la filosof&iacute;a cr&iacute;tica: "en filosof&iacute;a, al final &#151;y en medio&#151; los diversos pensamientos acaban convergiendo, porque realmente la filosof&iacute;a &#151;aunque sea una vulgaridad lo que voy a decir&#151; es una: no hay propiamente especialidades en filosof&iacute;a y no deber&iacute;a haber disciplinas separadas, al menos en la formaci&oacute;n inicial de los estudiantes (...) Soy partidario de las preguntas, quiero decir, de indagar lo que a uno le interesa. Dentro de lo posible, creo que uno tiene que hacer lo que le inquieta, y acudir all&iacute; donde ve que hay problema y que hay materia, aunque sea m&aacute;s dif&iacute;cil. Porque en definitiva, si no, no lo har&aacute;. Me temo que algunos colegas se quedan parados, porque ya no saben qu&eacute; hacer en su l&iacute;nea, porque han dicho todo lo que se les ha ocurrido. Y entonces, se dedican a cualquier otra cosa, por ejemplo, a la pol&iacute;tica acad&eacute;mica (...) Soy muy partidario de lo acad&eacute;mico, en su acepci&oacute;n seria, pero no soy partidario de "academizar" la filosof&iacute;a. La filosof&iacute;a es una "ciencia libre", la "ciencia que se busca", que no est&aacute; ah&iacute; de manera mostrenca. Y, por tanto, me parece que se puede hacer filosof&iacute;a en la universidad, en el claustro, en el ej&eacute;rcito (como Descartes o Wittgenstein)... se puede hacer en cualquier parte. Durante una serie de siglos, el lugar m&aacute;s apropiado fue la universidad, pero quiz&aacute; ya comience a no serlo. Hay que otorgar a los dem&aacute;s la m&aacute;xima libertad y no imponer ortodoxias, ni obligar a que la gente se atenga a determinados est&aacute;ndares, porque todo eso conduce a la esterilidad" (pp. 197&#45;198).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la transici&oacute;n del cap&iacute;tulo segundo al tercero: "Ser, verdad, acci&oacute;n", empirismo, naturalismo, holismo, comparecen como ensayos de totalidad que acaban por hacer desaparecer preguntas y orillan a colapsar el discurso, que por naturaleza y ra&iacute;z se mostraba anal&oacute;gico, y base de la unidad entre lenguaje, pensamiento y realidad; que "no son tres cosas, sino que m&aacute;s bien se quedan en dos, porque el pensamiento y la realidad se hacen uno" (p. 266).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las consecuencias de la renuncia realista que vincula esos tres elementos, pasa factura en el "oscurecimiento o embozamiento del valor de la verdad (...) en todos los terrenos: en el &aacute;mbito pol&iacute;tico, en el cultural, en el universitario y en el &eacute;tico. La verdad est&aacute; siendo sistem&aacute;ticamente sustituida por la plausibilidad, por la aceptabilidad, por la conveniencia, por la "correcci&oacute;n pol&iacute;tica", cuando se&ntilde;alas que algo oficialmente prescrito o socialmente consagrado no te parece justo o est&aacute; equivocado." (p. 278). Y si la verdad no alcanza a ser pr&aacute;ctica, no hay articulaci&oacute;n del conocimiento que defienda su rentabilidad. El mundo se volver&aacute; representaci&oacute;n, y el sue&ntilde;o nuestra vigilia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Ilustraci&oacute;n intent&oacute; hallar mediante el ejercicio de la raz&oacute;n madura el garante que exorcizara la confusi&oacute;n entre sue&ntilde;o y vigilia. El m&eacute;todo se volvi&oacute; obsesi&oacute;n y las preguntas se volvieron un elenco para la seguridad mental. Llano pasa revista en su &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, "Ilustraci&oacute;n o modernidad", a ese proceso, m&aacute;s con intenciones de dejar l&iacute;neas a completar por quienes vean en ello atractivo intelectual, que por un prurito de revisi&oacute;n hist&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las provocadoras reflexiones al respecto repartieron originalmente p&aacute;ginas en <i>&Eacute;tica y pol&iacute;tica en la sociedad democr&aacute;tica</i> y en <i>La nueva sensibilidad,</i> con dispar aceptaci&oacute;n y comprensi&oacute;n por parte de los lectores. Fue en <i>La nueva sensibilidad</i> donde aparecieron problem&aacute;ticas quiz&aacute; no del todo previamente advertidas dentro del &oacute;rden pr&aacute;ctico: ecologismo, feminismo, nacionalismo, pacifismo, modernidad, crisis, tecnoestructura, mercado, Estado, y medios de comunicaci&oacute;n social, van intercambiando protagonismo para exigir una revaloraci&oacute;n de las relaciones originarias entre personas, comunidades, familias y otros grupos humanos, propias del mundo vital de las nuevas sensibilidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La doctrina social de la Iglesia es le&iacute;da por Llano en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <i>Caminos de la filosof&iacute;a</i> como una oportunidad de sustituir de ra&iacute;z la reacci&oacute;n de ciertos sectores cristianos o empresariales, de una &eacute;tica acomodaticia, por una visi&oacute;n que traslade soluciones globales a repercusiones personales. Con <i>Humanismo c&iacute;vico,</i> Llano propone una libertad que supere el dualismo p&uacute;blico&#45;privado, para dar paso a una ciudadan&iacute;a a la que nada de lo humano y sus proyecciones le sea ajeno: responsable, participativa, consciente, solidaria, donante, integral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La colaboraci&oacute;n de las universidades en este proceso es una tarea en la que insiste Llano al final de su texto. Pero no s&oacute;lo las instituciones: el cristiano ha de sentirse interpelado por una vocaci&oacute;n que le llama a la recuperaci&oacute;n de la armon&iacute;a entre los saberes radicales e instrumentales, humanos y naturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es una llamada a las disciplinas porque lo es a los sujetos que las cultivan, para que sustituyan la curiosidad por la esperanza, y la especulaci&oacute;n por la presencia emp&aacute;tica, de la que la visi&oacute;n beat&iacute;fica ser&iacute;a su m&aacute;xima expresi&oacute;n (p. 396).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Hay huecos en la tem&aacute;tica y el desarrollo planteados a lo largo del texto, cuando se sugieren cu&aacute;les ser&iacute;an, en la experiencia del profesor Alejandro Llano los caminos a transitar si se quiere emprender la filosof&iacute;a? Ser&iacute;a natural que los hubiera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata en buena medida de un libro vivo porque est&aacute; tejido al calor de la pregunta, la respuesta y la interpelaci&oacute;n; y su obvio ritmo desigual. Es verdad que algunas de las preguntas que jalonaron las reflexiones de don Alejandro pudieron haber explorado m&aacute;s su novedosa incursi&oacute;n en la filosof&iacute;a de la vida, o sacado m&aacute;s provecho a su visi&oacute;n cr&iacute;tica sobre el holismo y su relaci&oacute;n con los desarrollos actuales sobre la complejidad causal reticular, que sustituy&oacute; la jerarquizaci&oacute;n mecanisita de una realidad dividida en elementos centrales, derivados y tangenciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cierto es que el joven fil&oacute;sofo profesional encontrar&aacute; en <i>Caminos de la filosof&iacute;a</i> un provocador interlocutor que sin &aacute;nimos de servir de gu&iacute;a, le participar&aacute; generosamente del arduo trabajo que es desbrozar el pensamiento occidental para quedarse con las preguntas pertinentes, esas que permiten seguir preguntando porque responden a la admiraci&oacute;n, m&aacute;s que a la fascinaci&oacute;n paralizante de la que habla Leonardo Polo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quien haya, en cambio, transitado y consumido ya y con provecho unos buenos a&ntilde;os de carrera filos&oacute;fica, encontrar&aacute; en este texto confidencias en las que seguramente se reflejar&aacute;, como es natural cuando se emprende la revisi&oacute;n de una trayectoria de la que no se sab&iacute;a qu&eacute; camino tomar&iacute;a, a juzgar por las motivaciones que le dieron origen.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cualquier caso, para quienes rinden latr&iacute;a al acartonamiento del <i>scholar,</i> o para los partidarios del relativismo medi&aacute;tico de relumbr&oacute;n; para quienes buscan respuestas a la superaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica, o quienes simplemente intentan aclararse de d&oacute;nde procede y hacia d&oacute;nde viaja la ruta de la filosof&iacute;a occidental viva, la lectura de <i>Caminos de la filosof&iacute;a</i> no s&oacute;lo aparece como una lectura de singular provecho, sino de obligatoria necesidad.</font></p>      ]]></body>
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