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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Introducci&oacute;n. Una reivindicaci&oacute;n de la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica de Kant</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Vicente de Haro</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A menudo la asignaci&oacute;n de "etiquetas" y la distribuci&oacute;n de prejuicios ante el propio horizonte filos&oacute;fico conllevan situaciones parad&oacute;jicas. Por ejemplo: nadie podr&iacute;a poner razonablemente en duda que la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica kantiana es una de las m&aacute;s s&oacute;lidas, influyentes e importantes en el devenir intelectual de Occidente. Pero al mismo tiempo, cuando se pregunta por los rasgos generales de dicha filosof&iacute;a pr&aacute;ctica, muchos (e incluso, algunos de ellos por escrito, en textos que en principio no se destinan a la introducci&oacute;n o difusi&oacute;n de la Filosof&iacute;a) caricaturizan y deforman la postura del fil&oacute;sofo de K&ouml;nigsberg hasta extremos inimaginables. Esto permea a todos los niveles, y por ello son moneda corriente las afirmaciones de que la &eacute;tica kantiana es formalista (cuando una &eacute;tica <i>meramente</i> formal ser&iacute;a una <i>contradictio in adjecto),</i> que es legalista, que defiende un universalismo abstracto, que consiste en una lista exhaustiva de deberes, que no toma en cuenta las consecuencias de la acci&oacute;n, que no considera los requerimientos motivacionales del actuar humano o que, en sus relaciones con el uso te&oacute;rico de la raz&oacute;n, supone un inaceptable dualismo ontol&oacute;gico o un burdo inmanentismo. Estas caricaturas no resisten ni el m&aacute;s superficial acercamiento a los textos kantianos, y algunas son incluso inconsistentes entre s&iacute;, pues hay quien afirma que Kant habr&iacute;a puesto las bases del relativismo moral contempor&aacute;neo y, a la vez, dice que su postura rigorista es insensible a las identidades personales y grupales, que no da cuenta del significado moral de las relaciones intersubjetivas y/o que supone una exagerada oposici&oacute;n entre la raz&oacute;n y la afectividad<sup><a href="#nota">1</a></sup>. En aproximaciones ligeramente m&aacute;s minuciosas, aunque igualmente err&oacute;neas, se ha dicho que el imperativo categ&oacute;rico es in&uacute;til como <i>test</i> de moralidad porque la m&aacute;xima &#150;principio subjetivo del actuar, que es precisamente lo probado en la universalizaci&oacute;n nomol&oacute;gica del imperativo categ&oacute;rico&#150; ser&iacute;a f&aacute;cilmente manipulable, y se reprocha a Kant la carencia de una adecuada teor&iacute;a de la acci&oacute;n que resolviera estas lagunas de su planteamiento moral<sup><a href="#nota">2</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me pregunto a menudo qu&eacute; estado de perplejidad se genera en el estudiante al que se le afirma que Kant es uno de los m&aacute;s grandes te&oacute;ricos morales de la Historia y acto seguido, constata c&oacute;mo se atribuyen al pensador de K&ouml;nigsberg posturas insostenibles en temas pr&aacute;cticos en los que, seg&uacute;n lo que &eacute;l mismo establece, se juega el m&aacute;ximo inter&eacute;s de la raz&oacute;n. Me temo que lo que se propicia es un injusto desencanto, no ante Kant, sino ante la Filosof&iacute;a en general.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cierto es que ninguno de los calificativos o enunciados descriptivos antes enlistados se corresponde con la letra ni con el esp&iacute;ritu de la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica kantiana. Los art&iacute;culos que presentamos en este n&uacute;mero de <i>T&oacute;picos</i> as&iacute; lo demuestran. Los autores trabajan en el marco de la <i>philosophia practica universalis</i> de Kant, y no s&oacute;lo en su &eacute;tica: abordan las relaciones entre la &eacute;tica y la teor&iacute;a de la acci&oacute;n, la filosof&iacute;a del Derecho, la filosof&iacute;a pol&iacute;tica, la est&eacute;tica filos&oacute;fica, la antropolog&iacute;a y la pneumatolog&iacute;a pr&aacute;ctica. Establecen las necesarias distinciones y relaciones entre estas &aacute;reas tem&aacute;ticas y desactivan los malentendidos y un buen n&uacute;mero de las objeciones que se plantean contra el pensamiento kantiano. Ante todo muestran la profundidad y fecundidad de la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica de nuestro autor y su vigencia frente a los retos intelectuales de nuestro tiempo y las preguntas perennes del pensar filos&oacute;fico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La literatura filos&oacute;fica en castellano da pasos en esa direcci&oacute;n: en la de una lectura integral del pensamiento kantiano, atenta a las analog&iacute;as arquitect&oacute;nicas y a las cuestiones de m&eacute;todo, cuidadosa en la ex&eacute;gesis y que incorpora tambi&eacute;n textos como las <i>Vorlesungen</i> y las <i>Reflexionen</i> en la interpretaci&oacute;n global del <i>corpus</i> kantiano. Se siguen promisoriamente las potentes l&iacute;neas de investigaci&oacute;n que, por ejemplo, representan Wolfgang Wieland<sup><a href="#nota">3</a></sup>, Mar&iacute;a Schwartz<sup><a href="#nota">4</a></sup> y Jens Timmermann<sup><a href="#nota">5</a></sup> (en el &aacute;mbito germ&aacute;nico); Henry Allison<sup><a href="#nota">6</a></sup> y Barbara Herman<sup><a href="#nota">7</a></sup> (en lengua inglesa), entre muchos otros.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este volumen de <i>T&oacute;picos</i> atestigua tambi&eacute;n c&oacute;mo, desde diversas inquietudes y desde proyectos independientes entre s&iacute;, las investigaciones confluyen: por ejemplo, tanto Jos&eacute; Ma. Torralba como Luis Placencia proponen reconstrucciones de la teor&iacute;a kantiana de la acci&oacute;n (complementarias entre s&iacute;, distintas en los &eacute;nfasis y en algunos matices), partiendo, el primero de ellos, de un marco general de nociones del propio Kant, y el segundo, del comentario y an&aacute;lisis de un pasaje en concreto de la <i>Grundlegung.</i> Torralba explica la noci&oacute;n de m&aacute;xima como regla pr&aacute;ctica autoimpuesta e insiste en que, para comprenderla como descripci&oacute;n de la acci&oacute;n, como exposici&oacute;n del razonamiento pr&aacute;ctico, hace falta afrontarla desde la perspectiva de la primera persona. Esto le permite encarar y disolver la posibilidad del "conflicto de deberes" y responder a las objeciones de Anscombe sobre la ductibilidad de las m&aacute;ximas con una revisi&oacute;n de las reglas de relevancia moral (tal como las plantea Herman) y de las <i>prenociones est&eacute;ticas de la receptividad del deber</i> que el propio Kant desarrolla en la <i>Metaphysik der Sitten.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luis Placencia, por su parte, ilumina tambi&eacute;n la estructura de las m&aacute;ximas y su relaci&oacute;n con los imperativos a partir de la definici&oacute;n kantiana, en GMS 412, de la voluntad como raz&oacute;n pr&aacute;ctica. Ofrece un detallado an&aacute;lisis del pasaje y demuestra que la perspectiva puramente causal es insuficiente para la comprensi&oacute;n de la acci&oacute;n racional, que supone actuar "seg&uacute;n la representaci&oacute;n de leyes" tanto objetivas como subjetivas, de modo que la acci&oacute;n supone un elemento desiderativo y otro cognitivo que, en su estructuraci&oacute;n, pueden analogarse al silogismo pr&aacute;ctico aristot&eacute;lico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alejandro Vigo establece la distinci&oacute;n y las relaciones entre &eacute;tica y Derecho como partes constituyentes de la <i>Sittlichkeit</i> en sentido amplio, estudiando a profundidad la fundamentaci&oacute;n de la <i>Rechtslehre</i> y aclarando que su diferencia entre las perspectivas &eacute;tica y jur&iacute;dica no es la de dos listas de deberes diversos ni consiste en el contenido de las obligaciones, sino que responde a dos distintos modelos motivacionales: el de la coacci&oacute;n exterior propia de los <i>Rechtspflichten,</i> y la autocoacci&oacute;n interior, &uacute;nica posible en el caso de los deberes estrictamente &eacute;ticos o de virtud, <i>Tugendpflichten.</i> Es particularmente interesante la explicaci&oacute;n de esta delimitaci&oacute;n sistem&aacute;tica por analog&iacute;a con lo que ocurre en las formas puras de la sensibilidad: el uso exterior de la libertad presupone al interior pero no viceversa, del mismo modo en que todo lo conocido en el espacio se conoce tambi&eacute;n en el tiempo pero no a la inversa. Es posible asumir los deberes jur&iacute;dicos como deberes tambi&eacute;n morales, precisamente desde la motivaci&oacute;n interior, aunque no es as&iacute; desde la perspectiva externa por la que se respeta la consistencia propia de lo jur&iacute;dico como coordinaci&oacute;n del uso externo del arbitrio, que garantiza el despliegue exterior de la libertad conteniendo as&iacute; su tendencia autosupresiva en el estado de naturaleza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roberto Casales dedica su participaci&oacute;n a responder a las cr&iacute;ticas de "formalismo" que se hacen a la &eacute;tica kantiana, mostrando la necesidad de la consideraci&oacute;n antropol&oacute;gica a partir de la clasificaci&oacute;n de las disciplinas filos&oacute;ficas que ofrece la <i>Grundlegung.</i> La antropolog&iacute;a es la parte emp&iacute;rica o "impura" de la moral; sobre ella se aplica el imperativo categ&oacute;rico en tanto es desde el sustrato antropol&oacute;gico de donde surgen las m&aacute;ximas a ser evaluadas y sobre el cual se revierte el propio actuar moral formando una especie de "jurisprudencia &eacute;tica" en el car&aacute;cter del agente. Casales defiende, pues, una comprensi&oacute;n de la antropolog&iacute;a como <i>philosophia moralis applicata,</i> y dedica tambi&eacute;n algunas l&iacute;neas a mostrar que el texto <i>Antropolog&iacute;a en sentido pragm&aacute;tico</i> publicado por Kant, y algunas de las <i>Lecciones</i> paralelas a &eacute;l, se corresponden con la disciplina antropol&oacute;gica exigida en la arquitect&oacute;nica de la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la misma mira relacional y el mismo esp&iacute;ritu de intersecci&oacute;n de &aacute;mbitos discursivos, Eduardo Charpenel relaciona &eacute;tica y est&eacute;tica a partir del c&eacute;lebre par&aacute;grafo 59 de la <i>Kritik der Urteilskraft:</i> la belleza es s&iacute;mbolo de la moral. Charpenel explica la exhibici&oacute;n simb&oacute;lica de las ideas de la raz&oacute;n por contraste con la esquematizaci&oacute;n de los conceptos del entendimiento y profundiza en los rasgos que permiten suponer un isomorfismo entre experiencia de la belleza y experiencia moral; en particular, el aspecto de <i>desinter&eacute;s</i> est&eacute;tico que, curiosamente, se asemeja en cierta medida al <i>inter&eacute;s dela raz&oacute;n</i> que se persigue en lo pr&aacute;ctico&#150;moral. Charpenel aclara tambi&eacute;n por qu&eacute; la belleza simboliza en concreto a la libertad, en tanto las otras ideas de la raz&oacute;n pura &#150;Dios y el alma inmortal&#150;suponen m&aacute;s bien una relaci&oacute;n con la experiencia de lo sublime.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alberto Ruiz M&eacute;ndez aborda una tem&aacute;tica de innegable actualidad: el "constructivismo" kantiano de John Rawls y qu&eacute; tanto las cr&iacute;ticas a la postura rawlsiana &#150;provenientes de pensadores comunitaristas como M. Sandel&#150; afectan a la &eacute;tica y filosof&iacute;a del Derecho propias del fil&oacute;sofo de K&ouml;nigsberg. Ruiz M&eacute;ndez valora el intento de Rawls de enfrentar el pensamiento pr&aacute;ctico de Kant con el estado de perplejidad y confusi&oacute;n de las sociedades democr&aacute;ticas contempor&aacute;neas y sus instituciones, y explica la relaci&oacute;n entre el modelo constructivista y el ideal kantiano de autonom&iacute;a, as&iacute; como los v&iacute;nculos entre los principios rawlsianos de justicia y la f&oacute;rmula de la Humanidad del imperativo categ&oacute;rico. Sin embargo, el propio autor se&ntilde;ala en qu&eacute; sentido Rawls se ha separado de la inspiraci&oacute;n republicana de Kant y precisa que la &eacute;tica kantiana no supone un yo desvinculado de las condiciones de su entorno. Si se va m&aacute;s all&aacute; de Rawls y de sus cr&iacute;ticos comunitaristas &#150;propone Ruiz M&eacute;ndez&#150; puede reencontrarse la aut&eacute;ntica perspectiva pol&iacute;tica de Kant, intermedia entre lo emp&iacute;rico y lo normativo, enmarcada en una consideraci&oacute;n hist&oacute;rica que sopesa la historicidad y contextualidad de las normas sociales y al mismo tiempo les brinda un criterio de validez racional desde una perspectiva regulativo&#150;teleol&oacute;gica: la del progreso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los &uacute;ltimos dos trabajos volvemos a encontrar una interesante confluencia en el tratamiento de cuestiones planteadas desde trincheras diversas. Dulce Mar&iacute;a Granja se ocupa del postulado de la inmortalidad del alma en la <i>Kritrik der praktischen Vernunft</i> explicando detalladamente su lugar en el sistema kantiano y su necesidad subjetiva para la consideraci&oacute;n pr&aacute;ctica del <i>summum bonum.</i> Su enfoque relaciona los postulados de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica con una concepci&oacute;n de la &eacute;tica misma como modelo de autoidentificaci&oacute;n y autocomprensi&oacute;n de los agentes racionales. Subraya tambi&eacute;n algunos problemas te&oacute;ricos que surgen de la consideraci&oacute;n de la inmortalidad del alma como progreso infinito hacia la virtud.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rogelio Rovira, por su parte, aborda el tema desde una perspectiva distinta: la de la posibilidad de la pneumatolog&iacute;a como ciencia. Hace un recuento completo de las fuentes e influencias de Kant respecto al particular y distingue cuatro sentidos de pneumatolog&iacute;a (como ciencia posible, como disposici&oacute;n natural, como disciplina teor&eacute;tico&#150;dogm&aacute;tica y finalmente &#150;la alternativa kantiana en definitiva&#150; como pneumatolog&iacute;a pr&aacute;ctico&#150;dogm&aacute;tica). Rovira revisa la aproximaci&oacute;n de Kant a las pruebas posibles de la inmortalidad del alma y destaca c&oacute;mo el fil&oacute;sofo alem&aacute;n pondera de modo muy diverso estos razonamientos, hasta acceder a la argumentaci&oacute;n del postulado correspondiente en KpV, que se analiza con detenimiento, se&ntilde;alando algunos problemas como los ya mencionados &#150;la tensi&oacute;n existente entre la temporalidad y la perfecci&oacute;n debida, inalcanzable en cualquier momento dado de la existencia del agente a&uacute;n cuando &eacute;sta se prolongue a lo infinito&#150; y ofreciendo una posible soluci&oacute;n. Se salva as&iacute; la consistencia del postulado <i>en tanto postulado,</i> es decir, en tanto certeza fundada en una necesidad subjetiva que da lugar a la fe racional moral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de ocuparse puntual y profundamente de estos temas, el volumen sirve como indicio de las direcciones que asume la <i>Kant&#150;Forschung</i> en nuestro entorno: la explicitaci&oacute;n de la teor&iacute;a kantiana de la acci&oacute;n, las relaciones entre disciplinas en una consideraci&oacute;n integral del horizonte pr&aacute;ctico, la teolog&iacute;a moral kantiana. Ante todo, sean estos art&iacute;culos especializados entendidos como respuesta rigurosa y contundente a las cr&iacute;ticas infundadas y a las generalizaciones burdas que mencionamos al principio: ello es condici&oacute;n para que se asuma una perspectiva cr&iacute;tica realmente informada ante los textos e ideas kantianas y se haga de ellos una criba sensata y de &aacute;nimo constructivo. Acaso, tras dicha tarea, se descubra que, como dej&oacute; escrito el propio Kant, "si, seg&uacute;n la afirmaci&oacute;n de <i>Shaftesbury</i> de que es una piedra de toque no despreciable de la verdad de una doctrina (especialmente pr&aacute;ctica) el hecho de que soporte la <i>burla,</i> entonces, con el tiempo, deber&iacute;a corresponderle al fil&oacute;sofo cr&iacute;tico el turno de reirse el <i>&uacute;ltimo,</i> y por tanto, tambi&eacute;n <i>mejor:</i> cuando vea derrumbarse uno tras otro todos los sistemas de papel de aquellos que durante largo tiempo se vanagloriaron y vea extraviarse a todos sus partidarios; un destino que les aguarda inevitablemente"<sup><a href="#nota">8</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro del marco de las l&iacute;neas editoriales de <i>T&oacute;picos,</i> hemos procurado respetar los m&eacute;todos para citar y las abreviaturas que establece cada uno de los colaboradores. De cualquier modo en todos los casos se han citado los textos de Kant conforme a la edici&oacute;n de la Real Academia Prusiana de las Ciencias, hoy Academia Alemana de las Ciencias. Como es usual, la <i>KrV</i> se ha referido seg&uacute;n la numeraci&oacute;n de sus dos ediciones; alguna otra particularidad se detalla donde corresponde. Quiero agradecer a todos los autores y tambi&eacute;n a H&eacute;ctor Zagal, editor en jefe de <i>T&oacute;picos,</i> por la invitaci&oacute;n a colaborar en la planeaci&oacute;n de este volumen, y a Karen Gonz&aacute;lez, editora asociada, por su extraordinaria ayuda y orientaci&oacute;n en todas las etapas de la preparaci&oacute;n de este n&uacute;mero.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota" id="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1 </sup>Para una revisi&oacute;n general y refutaci&oacute;n de la mayor parte de estas cr&iacute;ticas, se puede cf. Marcia W Baron: <i>Kantian Ethics Almost Without Apology,</i> Ithaca: Cornell University Press 1995.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Esta &uacute;ltima cr&iacute;tica la plantean, por ejemplo Maclntyre, en <i>A Short History of Ethics,</i> Londres: Routledge 1966, p.197: ("&hellip;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9976662&pid=S0188-6649201100020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->with sufficient ingenuity almost every precept can be consistenly universalized. For all that I need to do us to characterize the proposed action in such a way that the maxim will permit me to do what I want while prohibiting others from doing what would nullify the maxim if universalized.") y algo semejante sugiere Anscombe en "Modern Moral Philosophy", en <i>Virtue Ethics</i> (ed. Por R. Crisp y M. Slote), N. York: Oxford University Press 1997, p. 27 ("His rule about universalizable maxims is useless without stipulations as to what shall count as a relevant description of an action with a view to constructing a maxim about it").    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9976663&pid=S0188-6649201100020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Como demuestran algunos de los colaboradores de este volumen, Anscombe tiene raz&oacute;n en cuanto a que se requieren estipulaciones en la descripci&oacute;n correcta de una acci&oacute;n, pero no en cuanto a reprochar a Kant el que &eacute;ste no las brinde.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>Cf. <i>Urteil und Gef&uuml;hl: Kants Theorie der Urteilskraft,</i> Gottingen: Vanden&#150;hoeck &amp; Ruprecht 2001.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>Cf. <i>Der Begriff der Maxime bei Kant: Eine Untersuchung des Maximen&#150;begriffs in Kants praktischer Philosophie,</i> Berlin: Lit Verlag 2006.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>Cf. <i>Sittengesetz und Freiheit: Untersuchungen zu Immanuel Kants Theorie des freien Willens,</i> Berlin: W De Gruyter 2003.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>Cf. <i>Kant's Theory of Freedom,</i> Cambridge: CUP 1990.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>Herman destaca tanto en su obra exeg&eacute;tica <i>(Morality as Rationality: a Study of Kant's Ethics,</i> Harvard Dissertations in Philosophy, Garland Publishing 1990), como en sus textos m&aacute;s bien dedicados a la construcci&oacute;n de una teor&iacute;a del juicio moral con inspiraci&oacute;n kantiana (principalmente <i>The Practice of Moral Judgement,</i> USA: Harvard University Press 1993 y <i>Moral Literacy,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9976669&pid=S0188-6649201100020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --></i> New York: Harvard University Press 2007;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9976670&pid=S0188-6649201100020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> pero tambi&eacute;n por ejemplo "What happens to the Consequences? Some problems of Judgement in Kantian Ethics", en <i>Pursuits of Reason: Essays in Honor of Stanley Cavell</i> (Cohen, Guyer y Putnam, eds), Texas: Texas Tech Univ. Press 1993;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9976671&pid=S0188-6649201100020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "The Difference that Ends Make", en <i>Perfecting virtue, New Essays on Kantian Ethics and Virtue Ethics</i> (Lawrence Jost y Julian Wuerth, eds.), Cambridge: Cambridge University Press 2011, pp. 96&#150;101;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9976672&pid=S0188-6649201100020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> entre otros).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>8</sup>MdS</i> 209. Cito la traducci&oacute;n de Cortina y Conill, Madrid: Tecnos 1989. Los &eacute;nfasis son del propio Kant.</font></p>      ]]></body><back>
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