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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Chávez Torres, M., O. M. González Santana y M. del C. Ventura Patiño (eds.; 2009), Geografía Humana y Ciencias Sociales. Una relación reexaminada]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ch&aacute;vez Torres, M., O. M. Gonz&aacute;lez Santana y M. del C. Ventura Pati&ntilde;o (eds.; 2009), <i>Geograf&iacute;a Humana y Ciencias Sociales. Una relaci&oacute;n reexaminada</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Omar Olivares Sandoval*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>El Colegio de Michoac&aacute;n, M&eacute;xico (Colecci&oacute;n Debates), 480 p., ISBN 978&#150;607&#150;7764&#150;11&#150;3</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Herodoto, adem&aacute;s de ser considerado el padre de la historia, tambi&eacute;n se le puede considerar el padre de la geograf&iacute;a; para ser m&aacute;s precisos, <i>Los nueve libros de la Historia </i>no son ni historia, en el sentido moderno, ni geograf&iacute;a, son geograf&iacute;a hist&oacute;rica (Herodoto, 1998). Este origen ambivalente suele olvidarse cuando se discute la cientificidad de la geograf&iacute;a o la soberan&iacute;a del relato hist&oacute;rico; tambi&eacute;n que la pretensi&oacute;n ideol&oacute;gica del relato griego era fomentar, en una &eacute;poca de fragmentaci&oacute;n, el orgullo identitario de la H&eacute;lade, trayendo a la memoria los episodios heroicos de las Guerras M&eacute;dicas. La ideolog&iacute;a qued&oacute; en segundo plano al momento de ser considerado un texto fundador.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los textos que son un inicio, como el que se presenta aqu&iacute;, son m&aacute;s preguntas que respuestas, como testimonios de una fundaci&oacute;n, son fragmentarios, ideol&oacute;gicos, confusos, ambivalentes; son discursos que dejan de ser algo pero no son plenamente algo que ha terminado. En un plano filos&oacute;fico, dir&iacute;a Paul Ricœur (2004), el pensamiento y su escritura es por necesidad un fen&oacute;meno inacabado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro es la constataci&oacute;n de un comienzo: el del Centro de Estudios de Geograf&iacute;a Humana de El Colegio de Michoac&aacute;n (CEGH), creado en 2002.<sup><a href="#notas">1</a></sup> En lo particular, es el resultado del simposio "La Geograf&iacute;a Humana y su Reencuentro con las Ciencias Sociales: Intercambios Disciplinarios" que tuvo lugar en El Colegio de Michoac&aacute;n, extensi&oacute;n La Piedad, en 2006. Ampliamente, este trabajo es un primer resultado del proceso de maduraci&oacute;n del propio CEGH; a tan solo cuatro a&ntilde;os de su apertura, y a dos a&ntilde;os de haber inaugurado su posgrado a nivel maestr&iacute;a, se organiz&oacute; este simposio que, se infiere, tuvo como finalidad el esclarecimiento y la discusi&oacute;n de las posturas de investigaci&oacute;n en las que se origina la misma instituci&oacute;n. A tres a&ntilde;os del simposio se publica este libro con un t&iacute;tulo diferente: <i>Geograf&iacute;a humana y ciencias sociales. Una relaci&oacute;n reexaminada. </i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra re&uacute;ne varios ensayos, provenientes de diferentes campos del saber como la geograf&iacute;a, la antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a, los estudios regionales y el urbanismo. A pesar de que los textos son heterog&eacute;neos, en la mayor&iacute;a se admite impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente que, hoy en d&iacute;a, la geograf&iacute;a humana es una ciencia social que reclama legitimidad. Estos ensayos se adecuan a cuatro l&iacute;neas de reflexi&oacute;n que corresponden con los cuatro apartados del libro. En primer lugar, se presenta la parte de fundamentaci&oacute;n epistemol&oacute;gica de la geograf&iacute;a humana como ciencia social con el apartado: <i>La geograf&iacute;a humana y sus intercambios disciplinarios</i>. En la segunda parte de este libro: <i>El estudio del espacio por las ciencias sociales</i>, se presentan los ensayos que tienen que ver con la noci&oacute;n de espacio integrada en el seno de las disciplinas sociales, ya sea a partir de una fundamentaci&oacute;n te&oacute;rica o en la presentaci&oacute;n de estudios de caso. En el tercer apartado, titulado: <i>Cambios te&oacute;rico&#150;metodol&oacute;gicos de la geograf&iacute;a humana para el an&aacute;lisis de los problemas actuales</i>, hay ensayos m&aacute;s dispersos y heterog&eacute;neos que, no obstante, pueden considerarse, en sentido lato, que est&aacute;n ubicados en un cambio operado al interior de la geograf&iacute;a. En el cuarto apartado de este libro, llamado: <i>Encuentro de la geograf&iacute;a consigo misma</i>, se agruparon los ensayos que hacen referencia casi exclusiva al desarrollo de la geograf&iacute;a y a la necesidad, ya sea de conformarse como una ciencia social, o de mantener relaciones rec&iacute;procas con las ciencias sociales. El panorama de los art&iacute;culos es plural y heter&oacute;clito, aunque el libro, en t&eacute;rminos generales, sostiene una actitud de apertura de la geograf&iacute;a humana hacia las ciencias sociales; no se ocultan la multitud de contradicciones que cada una de las posturas individuales genera hacia los otros art&iacute;culos en conjunto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo que abre este libro, as&iacute; como el primer apartado del mismo, pertenece a Gustavo Monta&ntilde;ez Gomez, quien es director del programa de Geograf&iacute;a de la Universidad Externado de Colombia, y se titula <i>Encuentros, desencuentros y reencuentros recientes de la Geograf&iacute;a, las Ciencas Sociales y las Humanidades</i>. En &eacute;l, Monta&ntilde;ez busca resumir las tendencias de la geograf&iacute;a humana desde finales del siglo XIX hasta finales del XX, subsumi&eacute;ndolas en un manojo de posturas epistemol&oacute;gicas que se desarrollan paralelamente a la geograf&iacute;a. Es as&iacute; que encuentra que las primeras posturas de la geograf&iacute;a humana en la modernidad son herederas de dos tradiciones filos&oacute;ficas: el positivismo de Auguste Comte (1798&#150;1857) y el idealismo de Hegel (1770&#150;1831) y de Dilthey (1833&#150;1911). Seg&uacute;n el autor, tanto las posturas de Humboldt (1769&#150;1859), Ratzel (1844&#150;1904), Vidal de la Blache (1845&#150;1918), de Martonne (1873&#150;1955), Hettner (1859&#150;1941), Demangeon (1872&#150;1940) e incluso Sauer (1889&#150;1975), abrevan de la tradici&oacute;n positivista, en la que domina un empirismo descriptivo en los primeros ge&oacute;grafos, donde m&aacute;s tarde se introduce el problema de la geograf&iacute;a como ciencia ideogr&aacute;fica o corogr&aacute;fica, y en &uacute;ltima instancia, los precedentes del an&aacute;lisis del paisaje en la geograf&iacute;a cultural con Sauer. Un segundo momento en el avance de la geograf&iacute;a humana es caracterizado por Monta&ntilde;ez como un acercamiento al positivismo l&oacute;gico en la Posguerra. Tal como el positivismo l&oacute;gico concibe la generaci&oacute;n de conocimiento a trav&eacute;s de una atenci&oacute;n minuciosa a sus condiciones de producci&oacute;n, los ge&oacute;grafos, a partir de los a&ntilde;os cincuenta del siglo XX, construyeron una noci&oacute;n m&aacute;s abstracta y m&aacute;s geom&eacute;trica del espacio, ello se corrobora en los trabajos de W. Bunge (1928&#150;), P. Haggett (1933&#150;) y en &uacute;ltima instancia D. Harvey (1935&#150;). Siendo este &uacute;ltimo quien hiciera una revisi&oacute;n exhaustiva de los principios l&oacute;gico&#150;positivistas que lo llevar&iacute;a a se&ntilde;alar, en su libro: <i>Teor&iacute;as, leyes y modelos en geograf&iacute;a, </i>las enormes limitaciones de este enfoque.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &eacute;poca que se abre para la geograf&iacute;a a partir de los a&ntilde;os sesenta est&aacute; caracterizada por la fragmentaci&oacute;n de las posturas te&oacute;ricas y la variedad de fundamentaciones epistemol&oacute;gicas de la disciplina. As&iacute;, seg&uacute;n Monta&ntilde;ez, el mismo Harvey orienta sus investigaciones hacia una postura marxista, que concibe la interpretaci&oacute;n del espacio como un subproducto social del modo de producci&oacute;n; aunque la problem&aacute;tica marxista hab&iacute;a sido introducida por Henri Lefebvre (1901&#150;1991), Manuel Castells (1942&#150;), Milton Santos (1926&#150;2001), Pierre George (1909&#150;2006) y finalmente Yves Lacoste (1929&#150;), su continuaci&oacute;n contempor&aacute;nea se verifica en los trabajos de Neil Smith (1954&#150;), Edward Soja (1940&#150;) y Doreen Massey (1944&#150;). Monta&ntilde;ez propone que en el &aacute;mbito contempor&aacute;neo coexisten varias geograf&iacute;as como la geograf&iacute;a feminista de Ana Sabat&eacute; Mart&iacute;nez; una geograf&iacute;a de tipo fenomenol&oacute;gica de David Lowenthal (1923&#150;), Yi&#150;Fu Tuan (1930&#150;), Anne Buttimer y Edward Relph (1944&#150;) caracterizada por la lectura de los fil&oacute;sofos E. Husserl (1859&#150;1938) y M. Heidegger (1889&#150;1976); tambi&eacute;n existe una geograf&iacute;a de tipo posmoderna representada por Linda McDowell, Marie Price y Martin Lewis, centrada en la deconstrucci&oacute;n de los discursos de la modernidad pero fallida en no poder dar cuenta de un anticapitalismo por ser un movimiento intelectual ideol&oacute;gico (p. 58).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente existe una postura "de estructuraci&oacute;n", &eacute;sta se diferencia de la postura estructuralista en la medida en que concibe las relaciones funcionales que estructuran el espacio como movibles y sujetas a un tiempo, un ejemplo de esta geograf&iacute;a ser&iacute;a el trabajo de Paul Knox. Es as&iacute; que los objetivos de Monta&ntilde;ez se dirigen hacia la organizaci&oacute;n geneal&oacute;gica de los principales trabajos geogr&aacute;ficos del siglo XX, inscribiendo a &eacute;stos en tres grandes etapas de conformaci&oacute;n filos&oacute;fica: la etapa positivista, la etapa l&oacute;gico&#150;positivista y la etapa de fragmentaci&oacute;n y variedad epistemol&oacute;gica. El prop&oacute;sito de atender a las relaciones que ha tendido la geograf&iacute;a humana hacia las ciencias sociales se oculta ante una adscripci&oacute;n filos&oacute;fica de las diferentes corrientes geogr&aacute;ficas. Esta forma de reflexi&oacute;n y agrupaci&oacute;n de los discursos geogr&aacute;ficos supone que los conceptos de la geograf&iacute;a pueden ser un reflejo de aqu&eacute;llos que se elaboran en el &aacute;mbito de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica. Una ventaja de esta herramienta de an&aacute;lisis es poder hacer grandes agrupaciones de trabajos tan dis&iacute;miles, como consecuencia de esto, la variedad de los conceptos de la geograf&iacute;a queda en un segundo plano. Por ejemplo, es cuestionable que el concepto de espacio abstracto o geom&eacute;trico pueda subsumirse al desarrollo de la filosof&iacute;a l&oacute;gico&#150;positivista, cuando esta &uacute;ltima se preocupa restringidamente de lo epistemol&oacute;gico y se interesa por las condiciones de verdad del lenguaje (Ayer, 1971; Wittgenstein, 2002) o los procesos en los que se construye el conocimiento cient&iacute;fico (Popper, 2002), en cambio, bien puede decirse que las preocupaciones te&oacute;ricas de la geograf&iacute;a en esta &eacute;poca se encuentran en correspondencia con la noci&oacute;n de larga&#150;duraci&oacute;n de Fernand Braudel (2002); con las preguntas lanzadas desde la antropolog&iacute;a estructuralista (L&eacute;vi&#150;Strauss, 1987) y con la proliferaci&oacute;n y creciente especializaci&oacute;n de los trabajos de econom&iacute;a (Perroux, 1984). M&aacute;s a&uacute;n, en el caso franc&eacute;s, en un comienzo son las ciencias sociales las que toman la noci&oacute;n de espacio como paradigma de an&aacute;lisis en la planificaci&oacute;n y ordenamiento del territorio, de lo que, solamente m&aacute;s tarde, se interesar&aacute; la geograf&iacute;a (Orain, 2006).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo art&iacute;culo de este apartado: <i>La geograf&iacute;a humana como ciencia social y las ciencias sociales como ciencias "geograf&iacute;ables"</i>, escrito por Gilberto Gim&eacute;nez, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, quien comienza por notar que el t&eacute;rmino geograf&iacute;a humana aparece por primera vez en el <i>Trait&eacute; de G&eacute;ographie Humaine </i>de Paul Vidal de la Blache,<sup><a href="#notas">2</a></sup> publicado originalmente en 1922, e inscrito en el paradigma posibilista de las relaciones hombre&#150;naturaleza. No es sino hasta la d&eacute;cada de los cincuenta del siglo XX que la geograf&iacute;a humana se acerca a la problem&aacute;tica de las ciencias sociales, a partir del trabajo de Edward Ullman (1912&#150;1976), quien defini&oacute; a la geograf&iacute;a como una ciencia de las interacciones sociales. Coincide con Monta&ntilde;ez en que existe un momento en que el positivismo l&oacute;gico entra al terreno de la geograf&iacute;a, considerando que &eacute;sta debe ser una ciencia nomot&eacute;tica, es decir, que a trav&eacute;s de la comprobaci&oacute;n emp&iacute;rica se demuestre la existencia de leyes generales. A esto se le designa el nombre de nueva geograf&iacute;a y se enmarca en el periodo que va de los a&ntilde;os cincuenta a los ochenta. Nuevamente, se hace referencia al momento positivista&#150;l&oacute;gico de la geograf&iacute;a humana, bajo la suposici&oacute;n de que la entrada de modelos estad&iacute;sticos en el an&aacute;lisis de las distancias y otras herramientas de an&aacute;lisis en la geograf&iacute;a de mediados de siglo pasado, pueden derivarse de las premisas l&oacute;gico&#150;positivistas, &eacute;stas dedicadas a la construcci&oacute;n de una teor&iacute;a del conocimiento. Hacia los a&ntilde;os ochenta comienza la fragmentaci&oacute;n y pluralizaci&oacute;n de la geograf&iacute;a humana, que Gim&eacute;nez subdivide en: primeramente, <i>geograf&iacute;a del comportamiento</i>, que es aquella que bajo el precepto kantiano de que los fen&oacute;menos son una cualidad de la conciencia, se inspira de la psicolog&iacute;a cognitiva y de la etolog&iacute;a para mostrar que el espacio geogr&aacute;fico depende de la percepci&oacute;n social que se haga de &eacute;l. De ah&iacute; la noci&oacute;n de mapa&#150;mental. En segundo lugar se encuentra la <i>geograf&iacute;a cr&iacute;tica</i>, que revaloriza las condiciones pol&iacute;ticas del espacio y se fundamenta en la filosof&iacute;a marxista para dar cuenta de las desigualdades espaciales. En tercer lugar, hacia 1972, se inicia una <i>geograf&iacute;a humanista</i>, fundamentada en el an&aacute;lisis fenomenol&oacute;gico de las condiciones de experiencia de los lugares. En cuarto lugar, m&aacute;s recientemente, se logra ver el desarrollo de una <i>geograf&iacute;a posmoderna </i>que integra las reflexiones provenientes de la ecolog&iacute;a, el an&aacute;lisis de g&eacute;nero y los estudios pos&#150;coloniales en el desarrollo del an&aacute;lisis y cr&iacute;tica espacial. Concluye Gim&eacute;nez que la geograf&iacute;a humana no constituye una &uacute;nica disciplina sino que abarca las m&aacute;s variadas interpretaciones, a lo que el mismo autor pregunta: &iquest;cu&aacute;l es la identidad de la geograf&iacute;a ante esta multiplicidad de esfuerzos? Esta pregunta consta de dos respuestas diferentes, la primera es que la realidad de los estudios geogr&aacute;ficos nos llevan a pensar que, en efecto, no hay una unicidad en la geograf&iacute;a sino una agrupaci&oacute;n de "amalgamientos" (concepto que toma Gim&eacute;nez de los trabajos de Mattei Dogan y Robert Pahre) que conforman disciplinas que en los intersticios disciplinarios crean su identidad propia: como la geograf&iacute;a cultural (que ser&iacute;a la amalgama entre la geograf&iacute;a humana y la antropolog&iacute;a cultural) o la geograf&iacute;a econ&oacute;mica (amalgama o hibridaci&oacute;n de la geograf&iacute;a humana y econom&iacute;a); por otra parte, al existir una propiedad de&iacute;ctica de los fen&oacute;menos sociales (es decir, que cada fen&oacute;meno social depende de un espacio y un tiempo) las ciencias sociales necesitan m&aacute;s a la reflexi&oacute;n de la geograf&iacute;a que la geograf&iacute;a a &eacute;stas, puesto que en realidad la geograf&iacute;a nunca ha dejado de absorber las metodolog&iacute;as de las ciencias sociales. As&iacute; como existe una totalidad social para las ciencias sociales, esta totalidad est&aacute; atravesada por el espacio. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La postura de Gim&eacute;nez est&aacute; orientada en asumir la ficci&oacute;n de las barreras disciplinarias en pos de la resoluci&oacute;n de problemas concretos desde un punto de vista de horizontalidad. La pregunta que expresa el autor es bastante importante, ante una pluralidad de metodolog&iacute;as e interpretaciones &iquest;en d&oacute;nde se puede hablar de geograf&iacute;a como una disciplina que posee una identidad y una visi&oacute;n propias? Si se lleva m&aacute;s all&aacute; la suposici&oacute;n que construye la respuesta a esta pregunta: la totalidad social est&aacute; constituida por tiempo y espacio, en la misma medida en que las barreras disciplinarias son ficciones de la modernidad; y si es as&iacute; &iquest;no valdr&iacute;a la pena mejor constituir una macro&#150;ciencia social que integrara a la historia y a la geograf&iacute;a? Esta otra pregunta descubre el car&aacute;cter problem&aacute;tico de la situaci&oacute;n disciplinaria contempor&aacute;nea, puesto que no es verdad que la perseverancia de las identidades disciplinarias puedan explicarse desde una necesidad administrativa en la universidad. Esta es una pregunta que la historia de la ciencia est&aacute; obligada a contestar.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer art&iacute;culo de este primer apartado est&aacute; escrito por Ovidio Delgado, actualmente director del Departamento de Geograf&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia, se titula igualmente que este libro: <i>Geograf&iacute;a y Ciencias Sociales. Una relaci&oacute;n reexaminada. </i>En este texto se parte del reconocimiento de que la geograf&iacute;a moderna surge de las preocupaciones positivistas y es separada en geograf&iacute;a f&iacute;sica, perteneciente al dominio de las ciencias naturales, y geograf&iacute;a humana, af&iacute;n a la problem&aacute;tica de las ciencias sociales. Es decir, la geograf&iacute;a, a secas, fue el lugar de la s&iacute;ntesis entre procesos naturales y sociales. Desde la perspectiva vidaliana, la historia y las ciencias sociales fueron esenciales para comprender el hecho geogr&aacute;fico, sin embargo en esta situaci&oacute;n, mientras la historia represent&oacute; lo m&oacute;vil, lo cambiante y lo activo, la geograf&iacute;a estuvo en el &aacute;mbito de lo inm&oacute;vil, de lo muerto y de lo pasivo. Las ciencias sociales de esta &eacute;poca ignoraron a la geograf&iacute;a y no integraron el espacio como una de sus categor&iacute;as fundamentales. Hacia los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado esta situaci&oacute;n se modific&oacute; dando lugar a la posmodernidad, que Delgado define como una fase actual del capitalismo y, en lo tocante a la geograf&iacute;a, como aquellas geograf&iacute;as que Edward W. Soja considera que buscan explicar la l&oacute;gica espacial del capitalismo actual (p. 95). El autor argumenta que los discursos contempor&aacute;neos de la geograf&iacute;a son un intento por explicar esta nueva realidad hist&oacute;rica, sin que se trate de rechazar todo lo que lleve el r&oacute;tulo de posmoderno, pero tampoco cayendo en las tentanciones posmodernas (p. 96). &#150;&iquest;Qu&eacute; tentaciones son estas?&#150; Citando a ge&oacute;grafos como Hiernaux y Lind&oacute;n, Delgado sostiene que las ciencias sociales, en los albores del siglo XXI, han sido atravesadas por un "giro espacial" integrando la reflexi&oacute;n sobre el espacio en el seno de la teor&iacute;a social. M&aacute;s adelante, Delgado hace hincapi&eacute; en que la geograf&iacute;a debe adoptar una postura interdisciplinaria, en espec&iacute;fico utiliza la noci&oacute;n de territorio para ejemplificar que "El Estado&#150;naci&oacute;n territorial es una escala territorial que se refiere a un espacio geogr&aacute;fico apropiado, delimitado, controlado y usado por un Estado" (p. 101) que debe tomar en cuenta un sinn&uacute;mero de vectores sociales para dar cuenta de su realidad. M&aacute;s tarde, Delgado insiste en que la geograf&iacute;a debe evitar una serie de "trampas", encabezando la lista el posmodernismo, que amenaza con devolver a la ciencia geogr&aacute;fica a un estado empirista, as&iacute; como las "trampas" ambientalistas, economicistas y culturalistas. Dice el autor que la mejor geograf&iacute;a es la que hace el ge&oacute;grafo, siempre y cuando sepa cu&aacute;l es su verdadero aporte. Aunque bien, la misma noci&oacute;n de territorio que usa Delgado dista mucho de tener una elaboraci&oacute;n te&oacute;rica coherente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Federico Fern&aacute;ndez Christlieb, investigador del Instituto de Geograf&iacute;a de la UNAM, escribe el cuarto y &uacute;ltimo art&iacute;culo de este primer apartado, que se titula: <i>&iquest;Qui&eacute;n estudia ese espacio? Una reflexi&oacute;n sobre la geograf&iacute;a y los intereses de las ciencias sociales</i>. A la pregunta &iquest;qui&eacute;n estudia ese espacio? Se comienza por decir que un amplio espectro de saberes comparten la conciencia que el espacio es fundamental para elaborar sus razonamientos; por supuesto, el espacio no es una materia abstracta, el espacio depende de sus "nombres propios", es decir, bajo la tesis de la geograf&iacute;a cultural, el espacio no precede a su apropiaci&oacute;n humana, colectiva, el espacio se vuelve una materia inteligible en raz&oacute;n de su simbolizaci&oacute;n. El espacio consta de una realidad compleja, que intenta captar una mirada interdisciplinaria (en la medida en que esta interdisciplinariedad es la correcci&oacute;n de una mirada disgregada de la realidad), &eacute;sta es la que interesa tanto a la geograf&iacute;a como a las ciencias sociales. Si bien los art&iacute;culos anteriores de este apartado buscan iluminar algunos aspectos hist&oacute;ricos sobre la relaci&oacute;n de la geograf&iacute;a con las ciencias sociales, en el art&iacute;culo de Fern&aacute;ndez Chris&#150;tlieb se intenta postular la existencia de un tipo de espacio que trasciende diversos &aacute;mbitos disciplinarios. "Espacio y sociedad se crean y se recrean continua y simult&aacute;neamente aunque el an&aacute;lisis tienda a separarlos" (p. 113); as&iacute;, a pesar de que las posturas cientificistas tienden a parcializar la realidad, la geograf&iacute;a tiene una historia de integraci&oacute;n, aun en sus momentos de mayor especializaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva cultural, el tiempo de los territorios que estudia el ge&oacute;grafo difiere de los tiempos de la historiograf&iacute;a pol&iacute;tica o de otras periodizaciones convenientes a otro tipo de procesos, Fern&aacute;ndez Christlieb piensa que el tiempo adecuado para estudiar el espacio geogr&aacute;fico es la <i>larga duraci&oacute;n</i>, noci&oacute;n sistematizada en la obra de Fernand Braudel (1902&#150;1985). Aquello se complementa con una actividad de primera importancia como lo es el trabajo de campo, como observaci&oacute;n participante, o sea, la inmiscusi&oacute;n del observador en las pr&aacute;cticas de su objeto de estudio, esto se apoya en una visi&oacute;n de la exploraci&oacute;n como la lectura del paisaje por el cuerpo y en espec&iacute;fico por los pies, s&oacute;lo as&iacute; el ge&oacute;grafo puede dar cuenta de una realidad territorial concreta. Esta realidad se manifiesta en diversos tama&ntilde;os, la experiencia del espacio vivido muestra que quien vive un espacio lo piensa en diferentes escalas, los ge&oacute;grafos pueden aproximarse a estas escalas con los mapas, por un lado, y la modelizaci&oacute;n por el otro, sin cometer el error de tratar de predecir el futuro de lo que est&aacute;n modelizando, puesto que no hay que perder de vista que se trata de una esquematizaci&oacute;n de la realidad. Otro punto a destacar es el que se necesita la aplicaci&oacute;n del conocimiento a la realidad social, que por diversas razones no suele hacerse, pero que en buena medida depende de una visi&oacute;n cr&iacute;tica del acad&eacute;mico. Concluye Fern&aacute;ndez Christlieb, que en la &eacute;poca contempor&aacute;nea hay cada vez mayores coincidencias entre el ge&oacute;grafo y el cient&iacute;fico social, acercamientos que producen un mejor entendimiento de la realidad, en esta asociaci&oacute;n la geograf&iacute;a ofrece sus particulares experiencias. La postulaci&oacute;n subyacente a este tipo de espacio compartido proviene de la metodolog&iacute;a de la geograf&iacute;a cultural, en espec&iacute;fico de Paul Claval (1999). Es verdad que la geograf&iacute;a cultural comparte asociaciones espec&iacute;ficas (tal como la articulaci&oacute;n dial&eacute;ctica del concepto espacio&#150;cultura) con las ciencias sociales, particularmente con la antropolog&iacute;a estructuralista de mediados del siglo XX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El estudio del espacio por las ciencias sociales </i>constituye el segundo apartado del libro y aqu&iacute; se muestran los ensayos que, proviniendo de las ciencias sociales, exponen tanto elaboraciones te&oacute;ricas sobre el espacio como estudios sociales que incorporan la dimensi&oacute;n espacial en su an&aacute;lisis. El primero de ellos es de Carlos Herrej&oacute;n Peredo, investigador del Centro de Estudios de las Tradiciones de El Colegio de Michoac&aacute;n, quien titula su aportaci&oacute;n como: <i>El espacio y otros actores de la Historia</i>. Herrej&oacute;n busca mostrar c&oacute;mo desde un an&aacute;lisis de las distintas conformaciones te&oacute;ricas que elaboran las escalas m&aacute;s usadas en la geograf&iacute;a: desde la regi&oacute;n, el territorio, hasta el paisaje, hay un olvido sistem&aacute;tico de las condiciones hist&oacute;ricas que articulan el espacio, al igual que en la historia suele hacerse abstracci&oacute;n del espacio como un agente inm&oacute;vil, equivalente a un escenario. As&iacute;, Herrej&oacute;n distingue que la cr&iacute;tica hacia la historia regional consiste en mostrar que es imposible conformar una disciplina de tipo regional, en cuanto la regi&oacute;n es un tipo de espacialidad consecuente con sus condiciones hist&oacute;ricas, es decir, la categor&iacute;a regi&oacute;n no puede ser la base metodol&oacute;gica de una disciplina espec&iacute;fica sino m&aacute;s bien una herramienta entre otro tipo de escalas, como la del territorio y la del paisaje. Ahora bien, el autor nota que no se ha puesto suficiente atenci&oacute;n en una reelaboraci&oacute;n reciente del concepto regi&oacute;n que es la regi&oacute;n ambiental y que proviene de la historia ambiental, por distinguirla de la historia ecol&oacute;gica. Herrej&oacute;n sostiene que es imprescindible entender que el espacio no es un escenario abstracto sino lo que puede llamarse ambiente: es la relaci&oacute;n entre un nicho ambiental y los procesos humanos los que colocan a la regi&oacute;n ambiental como un dispositivo innovador para superar los determinismos naturales, por una parte, e incluir la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica en el an&aacute;lisis regional, por otra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Felipe Hernando Sanz es profesor del Departamento de Geograf&iacute;a Humana de la Universidad Complutense de Madrid y escribe el art&iacute;culo: <i>Geograf&iacute;a humana y sociolog&iacute;a &iquest;una relaci&oacute;n imposible? </i>El autor se interesa por la relaci&oacute;n olvidada entre sociolog&iacute;a y geograf&iacute;a humana. El acercamiento a la sociolog&iacute;a ha producido temor de perder la identidad de la geograf&iacute;a humana. Los soci&oacute;logos consideraron que el saber social sobre el espacio era un asunto que correspond&iacute;a a ellos, mientras que a los ge&oacute;grafos les correspond&iacute;a el an&aacute;lisis de lo natural. Lucien Febvre da cuenta de las inconsistencias que la geograf&iacute;a humana tuvo respecto a la sociolog&iacute;a y dirime la controversia, diciendo que morfolog&iacute;a social y geograf&iacute;a humana no son equiparables. Max Sorre busc&oacute; reunificar geograf&iacute;a humana y sociolog&iacute;a. El acercamiento "se hace tarde", lo que conlleva grandes males para la geograf&iacute;a humana; diferente a lo que pas&oacute; en Holanda, que pese a tener menor influencia internacional, se reunificaron la tradici&oacute;n positivista y la tradici&oacute;n humanista. Hoy en d&iacute;a tanto sociolog&iacute;a como geograf&iacute;a humana recurren a marcos m&aacute;s amplios de referencias te&oacute;ricas. En el art&iacute;culo de Hernando se hace hincapi&eacute; en el proceso holand&eacute;s a manera de distinci&oacute;n de los desarrollos franceses y brit&aacute;nicos; con ello busca ejemplificarse que el tratamiento del espacio desde una &oacute;ptica del cientificismo social tuvo &eacute;xito, al menos en este &aacute;mbito. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fernando I. Salmer&oacute;n Castro, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS), titula su art&iacute;culo: <i>Espacializaci&oacute;n de relaciones sociales y administraci&oacute;n urbana y poder</i>. Esta aportaci&oacute;n viene desde la antropolog&iacute;a y se enfoca en el an&aacute;lisis de la migraci&oacute;n mexicana hacia los Estados Unidos de Am&eacute;rica. Este tipo de movilidad social pone en cuesti&oacute;n el ejercicio de poder territorial que ejerce un Estado, adem&aacute;s que irrumpe en &oacute;rdenes espaciales establecidos. En la medida en que se hace una migraci&oacute;n trasnacional de gran distancia se rompe la continuidad de la identidad nacional que sustentan los Estados. De esta forma, Salmer&oacute;n presenta tres dimensiones diferentes de esta migraci&oacute;n. En primer lugar describe la manera en que se conforma una comunidad trasnacional, es decir, una comunidad que se localiza geogr&aacute;ficamente en dos lugares a la vez, pues si bien los migrantes mexicanos viven en un lugar espec&iacute;fico de Estados Unidos, mantienen fujos de intercambio muy frecuentes con su lugar de origen. En segundo orden, a trav&eacute;s de la propia experiencia del autor, al estar presente en una protesta de los migrantes en Santa B&aacute;rbara, California, da cuenta que esta migraci&oacute;n requiere de servicios especiales, por ejemplo, religiosos, biling&uuml;es, etc., que presentan retos a la organizaci&oacute;n estatal. En tercer lugar, Salmer&oacute;n analiza el caso de la ocupaci&oacute;n espacial cotidiana de los migrantes, en espec&iacute;fico, la manera en que organizan el espacio dom&eacute;stico (que a diferencia del modelo anglosaj&oacute;n de casa suburbana, los migrantes var&iacute;an el uso de los espacios tradicionalmente dedicados a funciones p&uacute;blicas o privadas) lo que resulta en una reconceptualizaci&oacute;n de los espacios p&uacute;blicos y privados; nuevamente, haciendo que el ordenamiento urbano estatal se rompa. Esto &uacute;ltimo constituye el aporte m&aacute;s interesante de este ensayo, pues pone de relieve un uso pol&iacute;tico del espacio cotidiano y muestra que las pr&aacute;cticas espaciales tienen una dimensi&oacute;n identitaria e ideol&oacute;gica; adem&aacute;s de que, en el plano metodol&oacute;gico, escala cotidiana y escala estatal se re&uacute;nen por medio de pr&aacute;cticas espaciales que reivindican reclamos identitarios. Aunque se aborda someramente en este art&iacute;culo, es verdad que el aporte antropol&oacute;gico a la mirada del ge&oacute;grafo est&aacute; abierto a un sinn&uacute;mero de posibilidades interpretativas. Tal vez, lo m&aacute;s remarcable de esta mirada antropol&oacute;gica sea el poner en cuesti&oacute;n la estabilidad de las escalas con las que la geograf&iacute;a construye sus discursos. Este ensayo es un ejemplo de la puesta en cuesti&oacute;n de un &aacute;mbito territorial en la observaci&oacute;n de un uso dom&eacute;stico del espacio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Territorialidad Discuriva. Lenguaje, poder y geograf&iacute;a</i>, es el art&iacute;culo de Paul M. Lifman, investigador del Centro de Estudios Antropol&oacute;gicos de El Colegio de Michoac&aacute;n. Aqu&iacute; se contin&uacute;a con el v&iacute;nculo entre geograf&iacute;a y antropolog&iacute;a. En este ensayo Lifman trata un estudio de caso sobre la construcci&oacute;n territorial que hacen los huicholes mediante peregrinaciones y el uso de lugares sagrados. En un enfoque que construye el andamiaje te&oacute;rico de una geograf&iacute;a cultural de corte semi&oacute;tico, Lifman se propone exponer los elementos discursivos que conforman un tipo de territorialidad opuesta a la l&oacute;gica estatal. Para ello, ve en las pr&aacute;cticas de peregrinaci&oacute;n y de sacralizaci&oacute;n del paisaje una territorializaci&oacute;n ejercida desde los tropos de la sin&eacute;cdoque, metonimia e iconicidad. Es decir, mediante el cuerpo (la experiencia fenomenol&oacute;gica) se reconoce el lugar como una analog&iacute;a del territorio. En esta acci&oacute;n performativa se enlazan diferentes &aacute;mbitos de la actividad simb&oacute;lica como: la muerte (los actos rituales frente a los ancestros) la cosmovisi&oacute;n, en su sentido amplio y las reivindicaciones pol&iacute;ticas; lo que da lugar a una "cartograf&iacute;a de la muerte", en palabras de Lifman. Extrayendo numerosos ejemplos de los estudios antropol&oacute;gicos en M&eacute;xico, en especial del trabajo de Claudio Lomnitz, Lifman argumenta que en la dimensi&oacute;n discursiva de esta producci&oacute;n territorial se comprueba que los discursos sobre la muerte y los ancestros son el lugar de batalla de una conformaci&oacute;n territorial nacional (que tiene sus or&iacute;genes en la conquista espa&ntilde;ola) en confrontaci&oacute;n con una distinta apropiaci&oacute;n territorial, como es la del pueblo huichol.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer art&iacute;culo del segundo apartado de este libro se titula: <i>La geograf&iacute;a humana frente al an&aacute;lisis de los sistemas complejos</i>, de Andrzej Zeromski Kaczmarek, del Departamento de Geograf&iacute;a y Ordenaci&oacute;n Territorial de la Universidad de Guadalajara. En este art&iacute;culo Zeromski detalla una propuesta metodol&oacute;gica para la geograf&iacute;a de acuerdo con el uso de los sistemas complejos. Esta propuesta tiene sus ra&iacute;ces en una percepci&oacute;n transdisciplinaria de la geograf&iacute;a y retoma los planteamientos de la termodin&aacute;mica de Prigogine y Stengers, dentro de las ciencias exactas, y las reflexiones de Edgar Morin (1921&#150;), dentro de las ciencias sociales. Esta visi&oacute;n postula que la realidad social es un sistema que se regula a s&iacute; mismo en b&uacute;squeda de su armon&iacute;a. Zeromski traduce esta complejidad en t&eacute;rminos geogr&aacute;ficos al decir que la realidad geogr&aacute;fica se compone de tres &aacute;mbitos: el geosistema, el territorio y el paisaje, es decir el "sistema GTP", que se relacionan en una "trial&eacute;ctica", en oposici&oacute;n a la dial&eacute;ctica marxista y hegeliana. Se comprende que el sistema complejo es adecuado para dar cuenta de una realidad "socio&#150;ambiental" en la geograf&iacute;a humana. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Paisajes Cualitativos. Una reflexi&oacute;n desde la interdisciplina</i>, de Camilo Contreras Delgado, investigador de El Colegio de la Frontera Norte, retoma la premisa de Wallerstein seg&uacute;n la cual tiempo y espacio deben ser reintegrados a las ciencias sociales no como meros marcos de an&aacute;lisis. Seg&uacute;n Contreras, la geograf&iacute;a ha estado gobernada por dos actitudes respecto a su objeto de estudio: la filosof&iacute;a positivista y la pr&aacute;ctica de una geograf&iacute;a espont&aacute;nea. Por una parte el positivismo gener&oacute; la pretensi&oacute;n objetiva en el captamiento de la realidad y, por otra, la geograf&iacute;a espont&aacute;nea busc&oacute; retribuir el sentido del espacio en t&eacute;rminos de una explicaci&oacute;n de la multitud de subjetividades que lo perciben. Frente a estas dos perspectivas se presenta una mediaci&oacute;n en t&eacute;rminos del estudio cualitativo del paisaje. A trav&eacute;s de la definici&oacute;n de G. Bertrand (1932&#150;) de la noci&oacute;n de paisaje como "una porci&oacute;n de espacio material" se intenta definir el paisaje tanto en su &aacute;mbito material y tangible como en su &aacute;mbito inmaterial e intangible. Bajo el reconocimiento de que "el paisaje" es a la vez lo material y lo "objetivizado", es tambi&eacute;n una construcci&oacute;n de un objeto de estudio. En la perspectiva cualitativa (no en oposici&oacute;n a una perspectiva cuantitativa) se intenta acercarse a las representaciones que del espacio hacen quienes lo experimentan. En esto &uacute;ltimo tienen un papel determinante la construcci&oacute;n de "ritmos temporales" y escalas respecto al objeto de estudio. Tomando el ejemplo de un puente que se construy&oacute; en la ciudad de Monterrey en 2001, el autor muestra c&oacute;mo a partir de esta realidad material que supuso la construcci&oacute;n de un puente, las representaciones que se hicieron de &eacute;ste mismo revelan que el objeto es la "punta del iceberg" de un proceso m&aacute;s amplio, que involucra tanto las acciones ideol&oacute;gicas del gobierno, como la resistencia de los habitantes hacia la ideolog&iacute;a gubernamental, su reelaboraci&oacute;n como un objeto ic&oacute;nico que se relaciona, ampliamente, con la idea misma de ciudad. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>La geograf&iacute;a ambiental. Or&iacute;genes, &aacute;mbito de estudio y alcances</i>, de Miguel Aguilar Robledo, coordinador de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Aut&oacute;noma de San Luis Potos&iacute; y Carlos Contreras Serv&iacute;n, quien es investigador en el mismo lugar, se afirma que la geograf&iacute;a ambiental es heredera directa de la primer geograf&iacute;a moderna, en la que se problematizaba la relaci&oacute;n naturaleza&#150;sociedad o medio ambiente&#150;acci&oacute;n humana, desde la geograf&iacute;a de Humboldt a la de Paul Vidal de la Blache. Hay un momento de ruptura en esta concepci&oacute;n con la aparici&oacute;n de la obra de Charles Darwin (1809&#150;1882): <i>El origen de las especies</i>, el inicio del evolucionismo y las primeras bases de la ecolog&iacute;a moderna. Con la creaci&oacute;n del concepto ambiente se supera la dualidad hombre&#150;naturaleza puesto que en este concepto se sintetizan las relaciones humanas como las no&#150;humanas. El ambiente, seg&uacute;n los autores, es una <i>segunda naturaleza</i>, es una construcci&oacute;n social. La geograf&iacute;a, por tratarse de una ciencia de s&iacute;ntesis, es el lugar id&oacute;neo para estudiar el ambiente; desde la geograf&iacute;a ambiental se rompe la dicotom&iacute;a entre geograf&iacute;a humana y geograf&iacute;a f&iacute;sica, ya que integra los &aacute;mbitos de estudio de una y otra con la elaboraci&oacute;n de la noci&oacute;n ambiente. Los autores hacen hincapi&eacute; en que a&uacute;n faltan por integrarse a la geograf&iacute;a ambiental las metodolog&iacute;as de g&eacute;nero y las escalas globales, pues la geograf&iacute;a ambiental es una ciencia con conciencia que busca alejarse de los paradigmas de las disciplinas tradicionales produciendo soluci&oacute;n a un momento hist&oacute;rico concreto, caracterizado por la crisis ambiental. Aunque se deja de lado en el texto, se nota que el paradigma "ambiental" se fortalece como una respuesta a la crisis de los paradigmas de las ciencias sociales, notoriamente a la postulaci&oacute;n de la <i>sociedad </i>o lo <i>social </i>como elemento unificador de la capacidad explicativa de estas disciplinas. El concepto ambiente se solidifica como un concepto sintetizador y por consecuencia las disciplinas ambientales se asumen como las nuevas integradoras de amplios espectros del conocimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Octavio M. Gonz&aacute;lez Santana, investigador del Centro de Estudios de Geograf&iacute;a Humana de El Colegio de Michoac&aacute;n y uno de los coordinadores de este libro, escribe el art&iacute;culo: <i>Por una geograf&iacute;a de los actores sociales. Algunos referentes de la geograf&iacute;a humana en las ciencias sociales. </i>Gonz&aacute;lez parte de la idea seg&uacute;n la cual hoy en d&iacute;a existe un reconocimiento por parte de las ciencias sociales de la noci&oacute;n de espacio, as&iacute; como en la geograf&iacute;a se constata que el espacio es un producto social. El art&iacute;culo de Gonz&aacute;lez parte de una esquematizaci&oacute;n de la historia de la geograf&iacute;a, que se&ntilde;ala tres puntos hist&oacute;ricos, el de una geograf&iacute;a centrada en explicar lo natural, desde un enfoque descriptivo; m&aacute;s tarde, la elaboraci&oacute;n de una perspectiva humana en la geograf&iacute;a, especialmente en la escuela francesa; y por &uacute;ltimo, la introducci&oacute;n de los m&eacute;todos cuantitativos en la geograf&iacute;a, como resultado de la inclusi&oacute;n de metodolog&iacute;as de las ciencias sociales; que al mismo tiempo tomaron, en la d&eacute;cada de los sesenta del siglo pasado, la noci&oacute;n de espacio como un agente explicativo de la realidad social. Lo interesante del art&iacute;culo de Gonz&aacute;lez es que refiere esta problem&aacute;tica al &aacute;mbito mexicano. En palabras del autor, hay una falta enorme de trabajo geogr&aacute;fico en relaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses como Brasil y Argentina; dentro de estos trabajos el acercamiento a la teor&iacute;a social es escaso. Desde su fundaci&oacute;n, con Luis Gonz&aacute;lez y Gonz&aacute;lez (1925&#150;2003), El Colegio de Michoac&aacute;n se dirigi&oacute; a estudiar los problemas regionales desde una perspectiva interdisciplinaria. M&aacute;s adelante sobresalieron &Aacute;ngel Palerm (1917&#150;1980) y Brigitte Boehm, quienes incorporaron el espacio a sus respectivos enfoques disciplinarios. Gonz&aacute;lez refiere que desde los a&ntilde;os ochenta con la participaci&oacute;n de algunos investigadores ge&oacute;grafos y afines a la disciplina como Claude Bataillon, Jean Becat, Tierry Linck, Eric Mollard, Eric Leonard, Hubert Cochet y Olivier Guegeon, as&iacute; como en la atenci&oacute;n prestada a los trabajos con enfoques antropol&oacute;gicos como los casos de G. de la Pe&ntilde;a, J. Lameiras y C. Lomnitz, se fue construyendo una atenci&oacute;n espacial a los fen&oacute;menos sociales, lo que se imprimi&oacute; en la creaci&oacute;n del Centro de Estudios de Geograf&iacute;a Humana de El Colegio de Michoac&aacute;n (CEGH) en 2002. As&iacute;, Gonz&aacute;lez pugna abiertamente por una geograf&iacute;a interdisciplinaria que d&eacute; cuenta de los actores sociales (geograf&iacute;a social).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ludger Brenner, profesor&#150;investigador del CEGH, y Helen H&uuml;ttl, investigadora del Instituto de Geograf&iacute;a Econ&oacute;mica de la Universidad de Munich, escriben el trabajo acad&eacute;mico titulado: <i>Ecolog&iacute;a Pol&iacute;tica. Un an&aacute;lisis geogr&aacute;fico de conflictos en un "medio ambiente politizado". Presentado con base en el ejemplo de la reserva de la biosfera Sian Ka'an, Quintana Roo. </i>Si bien en el art&iacute;culo de Miguel Aguilar se hab&iacute;a definido el prop&oacute;sito de la geograf&iacute;a ambiental en relaci&oacute;n con la capacidad de s&iacute;ntesis del concepto ambiente y por ello pod&iacute;a trascender una pol&eacute;mica sobre el espacio f&iacute;sico y el espacio cultural en la geograf&iacute;a humana, del lado de la ecolog&iacute;a pol&iacute;tica se reconoce con m&aacute;s &eacute;nfasis que el ambiente es una construcci&oacute;n social subsumida al inter&eacute;s de los actores pol&iacute;ticos (sujetos y colectividades), de acuerdo con una concepci&oacute;n de la acci&oacute;n social fundamentada, claramente, en una aproximaci&oacute;n weberiana, es decir, como acci&oacute;n estrat&eacute;gica respecto a fines. Y si bien se reconoce que el ambiente es un producto de intereses colectivos, en t&eacute;rminos metodol&oacute;gicos, la ecolog&iacute;a pol&iacute;tica considera que el espacio geogr&aacute;fico es el marco preexistente a la acci&oacute;n social. De esta manera, en el an&aacute;lisis de la Reserva de la biosfera de Sian Ka'an (RBSK) se comienza por la descripci&oacute;n de ese espacio ecol&oacute;gico preexistente, se enumeran sus recursos naturales, sus actividades productivas y sus usos de suelo. En seguida se hace un esquema de los actores involucrados en los procesos de ordenamiento y gesti&oacute;n de la RBSK, se hace el an&aacute;lisis de sus intereses pol&iacute;ticos y finalmente, una evaluaci&oacute;n de sus m&aacute;rgenes de maniobrabilidad pol&iacute;tica. Si bien, a trav&eacute;s de este enfoque de ecolog&iacute;a pol&iacute;tica se esclarece una porci&oacute;n de las tensiones pol&iacute;ticas sobre un espacio (porci&oacute;n en la medida en que estos intereses se muestran expl&iacute;citamente), el mismo enfoque se muestra como mucho m&aacute;s restringido que el de la geograf&iacute;a ambiental para dar cuenta de la complejidad con la que se articula un nicho ecol&oacute;gico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer ensayo del cuarto apartado lo escribe Mar&iacute;a Teresa Ayll&oacute;n Trujillo, investigadora de la Coordinaci&oacute;n de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Aut&oacute;noma de San Luis Potos&iacute;, y se titula: <i>Nuevas tendencias en geograf&iacute;a: el giro de la modernidad a la posmodernidad. </i>En este texto, Ayll&oacute;n Trujillo distingue que la oposici&oacute;n de la geograf&iacute;a como ciencia descriptiva/ciencia nomot&eacute;tica no aparece en el siglo XX sino que hunde sus ra&iacute;ces en la oposici&oacute;n de la tradici&oacute;n naturalista aristot&eacute;lica frente a la constituci&oacute;n de la ciencia como explicaci&oacute;n causal que elabor&oacute; Galileo. La autora distingue que la tradici&oacute;n positivista influy&oacute; en la geograf&iacute;a no como sustento epist&eacute;mico sino en relaci&oacute;n con la inserci&oacute;n del concepto "progreso" civilizatorio. Argumenta que el posibilismo de Paul Vidal de la Blache introduce un tipo de relativismo frente a la concepci&oacute;n cient&iacute;fica de la geograf&iacute;a, tambi&eacute;n coincide con la gestaci&oacute;n de los relatos nacionales. La autora sostiene que el imaginario de la geograf&iacute;a como una ciencia, bien delimitada y con herramientas propias, proviene m&aacute;s de un imaginario elaborado por la modernidad que por la verificaci&oacute;n de su historia. Pone el ejemplo de que varias contribuciones esenciales a la geograf&iacute;a han provenido fuera de la disciplina. De este modo, Ayll&oacute;n revaloriza la noci&oacute;n de posmodernidad en el sentido en que se echa abajo el mito de la geograf&iacute;a como ciencia, a trav&eacute;s de trabajos que muestran la dimensi&oacute;n ideol&oacute;gica de los discursos geogr&aacute;ficos (como el nacionalismo de Paul Vidal de la Blache) y los mapas (como aqu&eacute;llos que son el resultado de una intenci&oacute;n de dominaci&oacute;n, en la perspectiva de Yves Lacoste). En este sentido, la inclusi&oacute;n de an&aacute;lisis poscoloniales, feministas, de sistemas complejos y la movilidad de las escalas representan una ciencia geogr&aacute;fica m&aacute;s democr&aacute;tica, y bajo esta mirada, elabora discursos que corresponden a las necesidades sociales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Georgina Calder&oacute;n Arag&oacute;n, profesora del Colegio de Geograf&iacute;a de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM, escribe un ensayo titulado: <i>La geograf&iacute;a como ciencia social</i>. Ella nos presenta la ambig&uuml;edad epistemol&oacute;gica de la geograf&iacute;a al hacer analog&iacute;a con su organizaci&oacute;n acad&eacute;mica: por una parte en el bachillerato la geograf&iacute;a pertenece al &aacute;rea econ&oacute;mico&#150;administrativa, a nivel universitario (en la UNAM) se ubica en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, pero a nivel de la investigaci&oacute;n depende de la Coordinaci&oacute;n de la Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica. La autora sostiene, desde un principio, que hay dos tipos de geograf&iacute;a social, una que se considera sub&#150;disciplina de la geograf&iacute;a humana y otra que pone en cuesti&oacute;n tanto a la geograf&iacute;a f&iacute;sica como a la humana y busca reemplazar a esta &uacute;ltima. A esta geograf&iacute;a social transformadora se adscribe la autora. Calder&oacute;n toma la reflexi&oacute;n de Wallerstein para explicar que la geograf&iacute;a no se form&oacute; al mismo tiempo que las ciencias sociales; de ah&iacute; su desventaja frente a &eacute;stas. Seg&uacute;n ella, la geograf&iacute;a humana tiene tres ra&iacute;ces distintas: el positivismo, el idealismo y la escuela del paisaje. La autora argumenta que ninguna de ellas puede rebasar el dualismo hombre&#150;naturaleza o sociedad&#150;naturaleza; ni ninguna de ellas puede tampoco sobrepasar el dualismo nomot&eacute;tico/idiogr&aacute;fico que est&aacute; en la base de la distinci&oacute;n de la geograf&iacute;a humana y f&iacute;sica. Calder&oacute;n relata c&oacute;mo en los sesenta aparecen otras geograf&iacute;as como la humanista o posmoderna, la neopositivista, la subjetiva y la radical o cr&iacute;tica; que dentro de ellas, las subjetivas y posmodernas "tienen un car&aacute;cter idealista y ven el espacio como subjetivo" (p. 389). Aboga por una geograf&iacute;a de inspiraci&oacute;n marxista en la que las relaciones de producci&oacute;n, entendidas como producciones sociales, son el motor de la producci&oacute;n espacial. La autora recupera en particular los trabajos de Henri Lefebvre, Milton Santos y David Harvey, como sustento de una geograf&iacute;a social con responsabilidades pol&iacute;ticas frente al capitalismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">V&acirc;nia Vlach, investigadora del Instituto de Geograf&iacute;a de la Universidade Federal de Uberl&acirc;ndia en Brasil, dedica su ensayo a <i>La ense&ntilde;anza de la geograf&iacute;a en el inicio del siglo XXI. Entre lo local y lo global. </i>Vlach, parte del principio de que la educaci&oacute;n sirve para la creaci&oacute;n de ciudadan&iacute;a, de acuerdo con el reconocimiento de un mundo que ha cambiado profundamente su estructura en la contemporaneidad; as&iacute; la ense&ntilde;anza de la geograf&iacute;a debe enfrentarse con la traducci&oacute;n de un mundo que se ha hecho m&aacute;s complejo. La autora explica que la historia de la ense&ntilde;anza de la geograf&iacute;a tiene su ra&iacute;z en los procesos de conformaci&oacute;n de los Estados&#150;naci&oacute;n, es decir, las herramientas tradicionales para fomentar la identidad fueron el aprendizaje de un lenguaje nacional &uacute;nico y regulado, la ense&ntilde;anza de la historia, en t&eacute;rminos de h&eacute;roes y mitos de origen nacional, y la ense&ntilde;anza de la geograf&iacute;a, en cuanto a la pertenencia de una unidad pol&iacute;tica territorial. Por causa del proceso de ampliaci&oacute;n de redes sociales que aliment&oacute; el mismo capitalismo, los estados nacionales se desdibujan en las din&aacute;micas de la globalizaci&oacute;n. De esta manera, propone que en el &aacute;mbito contempor&aacute;neo, en el que se reconoce la diferencia del Otro, la ense&ntilde;anza&#150;aprendizaje (punto de vista freiriano) de la geograf&iacute;a debe ense&ntilde;ar el v&iacute;nculo escala local&#150;escala global, que proporciona una mirada cr&iacute;tica a este respecto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El apartado, y el libro mismo, finalizan con el ensayo de Blanca Rebeca Ram&iacute;rez, profesora del Departamento de Teor&iacute;a y An&aacute;lisis de la Divisi&oacute;n de Ciencias y Artes para el Dise&ntilde;o de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#150;Xochimilco. El art&iacute;culo se titula: <i>Retos de la geograf&iacute;a humana en los albores del siglo XXI</i>. Aqu&iacute;, Ram&iacute;rez postula que existe un atraso, tanto te&oacute;rico como metodol&oacute;gico, respecto de la geograf&iacute;a mexicana con la del resto del mundo. Esquematiza la historia de la geograf&iacute;a considerando que, en el tr&aacute;nsito de finales del siglo XIX a mediados del siglo XX, opera un cambio epistemol&oacute;gico en la geograf&iacute;a humana, sintetizado en el paso de una geograf&iacute;a descriptiva a una geograf&iacute;a anal&iacute;tica, m&aacute;s pr&oacute;xima de las ciencias sociales. La autora considera que hay cuatro retos para la geograf&iacute;a en la &eacute;poca contempor&aacute;nea: el te&oacute;rico, el metodol&oacute;gico, el de la representaci&oacute;n y el del compromiso social. El primero de ellos pugna por la creaci&oacute;n de modelos propios a la realidad mexicana frente a la importaci&oacute;n de aqu&eacute;llos; el segundo se dirige hacia el mismo objetivo, constituir un arsenal de conceptos acordes con un contexto propio; el tercero se muestra como la necesidad de generar una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre la representaci&oacute;n que producen las tecnolog&iacute;as de informaci&oacute;n geogr&aacute;fica. Finalmente el compromiso social radica, seg&uacute;n la autora, en retomar las alternativas pol&iacute;ticas para Am&eacute;rica Latina, en recobrar la utop&iacute;a como instrumento para imaginar un futuro diferente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se ha visto, uno de los d&eacute;ficits de este libro es que esquematiza demasiado la historia de la geograf&iacute;a. El libro es m&aacute;s bien un primer paso para la adscripci&oacute;n de una herencia te&oacute;rica concreta por parte de un grupo de investigaci&oacute;n. Es por ello que la reconstituci&oacute;n hist&oacute;rica de la geograf&iacute;a en tanto ciencia social carece de los procedimientos reflexivos capaces de generar una cr&iacute;tica del lugar de la geograf&iacute;a contempor&aacute;nea. A pesar de que los ensayos son muy heterog&eacute;neos, este libro no se puede ubicar dentro de la bibliograf&iacute;a sobre historia de la ciencia &#150;pues no conoce las metodolog&iacute;as de aquella&#150; y en consecuencia, no puede hacer un aporte a la historia de la geograf&iacute;a. Como resultado de ello, se abusa en la reiteraci&oacute;n de la categor&iacute;a positivismo, como un agente de explicaci&oacute;n capaz de dar cuenta de la totalidad del &aacute;mbito cientificista en la geograf&iacute;a, tambi&eacute;n se exagera el uso de la categor&iacute;a posmodernismo como un concepto capaz de explicar desde una fase del capitalismo, o una cr&iacute;tica de los valores de la modernidad (como agente discursivo), hasta una moda filos&oacute;fica. Ello hace notar la falta de un vocabulario conceptual m&aacute;s detallado (por ejemplo, la noci&oacute;n de post&#150;estructuralismo, giro ling&uuml;&iacute;stico, giro hermen&eacute;utico) para dar cuenta de la historia disciplinaria de la geograf&iacute;a.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar se nota que el acercamiento a las ciencias sociales se concibe de muchos modos, no obstante, se reconocen dos lugares primordiales de proximidad: la necesidad de incluir el mayor n&uacute;mero posible de escalas de an&aacute;lisis espacial y la necesidad de la teorizaci&oacute;n del espacio como un agente explicativo transdisciplinario.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es verdad que la geograf&iacute;a carece de una filosof&iacute;a del espacio. Fran&ccedil;ois Hartog argumenta que en el &aacute;mbito contempor&aacute;neo ocurre la desestructuraci&oacute;n de los reg&iacute;menes temporales pasado&#150;presente&#150;futuro, dando lugar a una sociedad presentista, que representa el tiempo hist&oacute;rico m&aacute;s como un continuo indefinido que como un resultado de la acci&oacute;n del pasado con orientaci&oacute;n a futuro. Esto ha dado lugar a la presencia del espacio como categor&iacute;a explicativa de la contemporaneidad. En t&eacute;rminos planos puede decirse que en la construcci&oacute;n de la temporalidad contempor&aacute;nea se produce una espacializaci&oacute;n del tiempo hist&oacute;rico (Hartog, 2007). Debe retomarse el planteamiento de Massey (2005) en el sentido de que el espacio es diferente del tiempo hist&oacute;rico en que el primero es el lugar de la simultaneidad. Por esto, siguiendo la l&oacute;gica de Bruno Latour respecto de la noci&oacute;n de sociedad: que lo social no puede presentarse (en las ciencias sociales) a la vez como un objeto de estudio y como condici&oacute;n del objeto de estudio, es decir, no puede presentarse a la vez como inicio (condici&oacute;n de la investigaci&oacute;n) y resultado (Latour, 2008). Tampoco el espacio puede darse el lujo de ser un objeto preexistente a la acci&oacute;n y a la vez punto de llegada de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica; no puede ser condici&oacute;n y resultado. Una vez que se comienza a pensar el espacio, como categor&iacute;a filos&oacute;fica, se revela que la noci&oacute;n est&aacute; lejos de ser tanto una categor&iacute;a geom&eacute;trica (o absoluta) estable, tanto un fen&oacute;meno de inmediatez a la conciencia (L&eacute;vy y Lussault, 2003). En este sentido vale la pena pensar que, an&aacute;logamente a la construcci&oacute;n del espacio en t&eacute;rminos de la geograf&iacute;a cultural (quienes viven un espacio), un tipo de espacialidad espec&iacute;fica se construye con los discursos geogr&aacute;ficos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de esto, en la identificaci&oacute;n de un <i>corpus </i>bibliogr&aacute;fico esencial a los problemas epistemol&oacute;gicos de la geograf&iacute;a contempor&aacute;nea, este libro genera una buena gu&iacute;a o <i>textbook </i>susceptible de ser utilizada por los estudiantes de posgrado con el fin de orientarse y tal vez profundizar en estos temas. Esto no debe dejar de lado la dimensi&oacute;n material de esta obra, que est&aacute; dirigida a instalarse en las bibliotecas del resto de los espacios de investigaci&oacute;n geogr&aacute;fica en el pa&iacute;s,<sup><a href="#notas">5</a></sup> fortaleciendo el lugar que ocupa el CEGH de El Colegio de Michoac&aacute;n como un lugar de investigaci&oacute;n particular y leg&iacute;timo en relaci&oacute;n con otros lugares de investigaci&oacute;n que poseen una trayectoria m&aacute;s larga. El mensaje material est&aacute; destinado a producir la atenci&oacute;n por parte de los investigadores en geograf&iacute;a, en t&eacute;rminos de legitimaci&oacute;n y funda&#150;mentaci&oacute;n de las actividades inquisitivas que se est&aacute;n generando en Michoac&aacute;n. En este sentido se puede pensar que el espacio de investigaci&oacute;n m&aacute;s cercano y m&aacute;s cotidiano al CEGH es el Centro de Investigaciones en Geograf&iacute;a Ambiental en Morelia (CIGA) que, a pesar de ser creado en 2007 como una dependencia universitaria, se fund&oacute; desde una plataforma te&oacute;rica heredera del Instituto de Geograf&iacute;a de la UNAM, que se fundament&oacute; en tres &aacute;reas de investigaci&oacute;n bien es&#150;clarecidas.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Por &uacute;ltimo, esto nos lleva a la dimensi&oacute;n ideol&oacute;gica de este texto. Se sabe que la explosi&oacute;n de discusiones te&oacute;ricas, de reafirmaciones disciplinarias y de incertidumbres metodol&oacute;gicas conllevan la reorganizaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en su dimensi&oacute;n estrat&eacute;gica, es decir, en la b&uacute;squeda de la conformaci&oacute;n de un tipo de colectividad acad&eacute;mica af&iacute;n y, esto es lo importante, capaz de actuar, con cierta estabilidad, en una esfera discursiva amplia (Dosse, 2006). Por decirlo as&iacute;, no existe ning&uacute;n tipo de investigaci&oacute;n que est&eacute; por fuera de la trama social, por ello cualquier conformaci&oacute;n disciplinaria implica la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, en el sentido en que la <i>polis </i>es el lugar en donde se reconoce el lenguaje como acci&oacute;n. Siguiendo esta argumentaci&oacute;n, se entiende que este texto busca ubicarse dentro de una producci&oacute;n bibliogr&aacute;fica que atraviesa el &aacute;mbito internacional, se coloca en los m&aacute;rgenes de la discusi&oacute;n sobre los ejes epistemol&oacute;gicos de la geograf&iacute;a; cada vez m&aacute;s frecuente en los &aacute;mbitos de investigaci&oacute;n en diversas partes del mundo (Benko y Strohmayer, 1995; Massey, 2005). Si para la geograf&iacute;a francesa las ciencias sociales significaron el "otro mundo" al que deb&iacute;an mirar para salir del paradigma vidaliano y elaborar nociones m&aacute;s concretas y heterog&eacute;neas del espacio (ya que las ciencias sociales hab&iacute;an puesto en juego la exclusividad con que la geograf&iacute;a se enunciaba sobre &eacute;ste; Allemand <i>et al.</i>, 2005), para la geograf&iacute;a mexicana la mirada sobre las ciencias sociales se instaura como una posibilidad de entrar en un discurso acad&eacute;mico de orden global.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se dice al principio, los comienzos est&aacute;n atravesados por las complicaciones, m&aacute;s no por ello los comienzos pierden legitimidad o son menos valiosos que los esfuerzos intelectuales de largo plazo. Si se acepta que este proceso de reflexi&oacute;n y de edici&oacute;n es un acto fundacional, y como tal, est&aacute; incompleto e inacabado, esto que parece un d&eacute;ficit constituye tambi&eacute;n la condici&oacute;n de posibilidad de hacer un camino. Finalmente hay que comenzar por alg&uacute;n lado.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Allemand, S., R.&#150;E. Dagorn et O. Vila&ccedil;a, O. (2005), <i>La g&eacute;ographie contemporaine</i>. Le Cavalier Bleu, Paris.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695658&pid=S0188-4611201000020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ayer, A. J. (1971), <i>The problem of knowledge</i>, Penguin, Harmondswort.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695659&pid=S0188-4611201000020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benko, G. and U. Strohmayer (1995), <i>Geography, History and Social Sciences</i>, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695660&pid=S0188-4611201000020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Braudel, F. (2002), <i>Las ambiciones de la historia</i>, Cr&iacute;tica, Barcelona.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695661&pid=S0188-4611201000020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Claval, P. (1999), <i>La geograf&iacute;a cultural</i>, traducci&oacute;n de Lissandro A. de la Fuente, Eudeba, Buenos Aires.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695662&pid=S0188-4611201000020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dosse, F. (2006), <i>La historia en migajas. De Annales a la "Nueva Historia"</i>, Universidad Iberoamericana, M&eacute;xico.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695663&pid=S0188-4611201000020001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hartog, F. (2007), <i>Reg&iacute;menes de historicidad</i>, Universidad Iberoamericana, M&eacute;xico.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695664&pid=S0188-4611201000020001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Herodoto (1998), <i>Los nueve libros de la Historia</i>, EDAF, Madrid.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695665&pid=S0188-4611201000020001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Latour, B. (2008), <i>Reensamblar lo social. Una introducci&oacute;n de la teor&iacute;a del actor&#150;red</i>, Ediciones Manantial, Buenos Aires.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695666&pid=S0188-4611201000020001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&eacute;vi&#150;Strauss, C. (1987), <i>Antropolog&iacute;a estructural</i>, Paid&oacute;s, Barcelona.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695667&pid=S0188-4611201000020001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&eacute;vy, J., et M. Lussault (2003), <i>Dictionnaire de la g&eacute;ogra&#150;phie et de l'espace des societ&eacute;s</i>, Belin, Paris.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695668&pid=S0188-4611201000020001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Massey, D. (2005), <i>for space</i>, SAGE, London.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695669&pid=S0188-4611201000020001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Orain, O. (2006), "La G&eacute;ographie comme science", en M.&#150;C. Robic (coord.), <i>Couvrir le monde. Un grand si&egrave;cle de g&eacute;ographie fran&ccedil;aise</i>, Minist&egrave;re des Afaires &Eacute;trang&egrave;res, ADPF, Paris, pp. 90&#150;122.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695670&pid=S0188-4611201000020001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perroux, F. (1984), <i>El desarrollo y la nueva concepci&oacute;n de la din&aacute;mica econ&oacute;mica</i>, Ediciones del Serbal, Barcelona.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695671&pid=S0188-4611201000020001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Popper, K. (2002), <i>The logic of scientific discovery</i>, Routledge, London.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695672&pid=S0188-4611201000020001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ricoeur, P. (2004), <i>La memoria, la historia, el olvido</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695673&pid=S0188-4611201000020001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Robic, M.&#150;C. (coord.), D. Mendibil, C. Gosme, O. Orain et J.&#150;L. Tissier (2006), <i>Couvrir le monde. Un grand si&egrave;cle de g&eacute;ographie fran&ccedil;aise</i>, Minist&egrave;re des Afaires &Eacute;trang&egrave;res, ADPF, Paris.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695674&pid=S0188-4611201000020001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wittgenstein, L. (2002), <i>Tractatus logico&#150;philosophicus</i>, Tecnos, Madrid.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4695675&pid=S0188-4611201000020001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1 </sup>El CEGH es creado en 2002 con una marcada vocaci&oacute;n interdisciplinaria, su posgrado en Geograf&iacute;a humana, a nivel maestr&iacute;a, se inaugura en 2004 &#91;<a href="http://www.colmich.edu.mx" target="_blank">http://www.colmich.edu.mx</a>: 3 de junio de 2010&#93;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2 </sup>Aunque el concepto humanidad en relaci&oacute;n con la geograf&iacute;a ya estaba referido en el trabajo de Ratzel: <i>Anthropogeogra&#150;phie &#150; Die geographische Verbreitung des Menschen</i>, que puede traducirse como: <i>Antropogeograf&iacute;a, la distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de los seres humanos</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3 </sup>Es importante mencionar una respuesta, aunque tangente a los objetivos del tema que se discute aqu&iacute;, adecuada en la puesta sobre la mesa de las condiciones que usa para contestarse. Es decir, al trabajo de Bruno Latour: <i>Reensamblar lo social. Una teor&iacute;a del actor&#150;red</i>. En este libro, Latour considera que se ha perdido toda dimensi&oacute;n de sentido en la pregunta sobre &iquest;qu&eacute; es lo social?, en la medida en que lo <i>social </i>y la <i>sociedad </i>parecen sustancias espec&iacute;ficas tanto como el acero o la madera, y se han convertido (enga&ntilde;osamente) por las ciencias sociales como el objeto al cual mirar sin que se note que lo <i>social </i>es un tipo de asociaci&oacute;n espec&iacute;fica que se presenta como un problema no como una respuesta. En sinton&iacute;a con ello, pensar que geograf&iacute;a humana y ciencias sociales act&uacute;an sobre un mismo campo, ya despu&eacute;s que una y otra aceptan que hay espacio en lo social y toda sociedad es espacial, es una artilugio intelectual que pone a ambos conceptos: espacio y sociedad, como el lugar de llegada de la pregunta que apenas se acaba de plantear. Desde esta perspectiva no habr&iacute;a una cosa como <i>un espacio </i>ni <i>una sociedad </i>(Latour, 2008).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4 </sup>Es de especial importancia la ausencia en la bibliograf&iacute;a sobre historia de la ciencia e historia de la geograf&iacute;a, en espec&iacute;fico es sensible la falta del trabajo de Marie&#150;Claire Robic en relaci&oacute;n con la escuela geogr&aacute;fica francesa (Robic <i>et al.</i>, 2006).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5 </sup>Aunque pudiera ser por razones presupuestales, no se entiende bien porqu&eacute; el tiraje es s&oacute;lo de quinientos ejemplares, como se aprecia en el colof&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Centro de Investigaciones en Geograf&iacute;a Ambiental, UNAM &#91;<a href="http://www.ciga.unam.mx" target="_blank">www.ciga.unam.mx</a> : 3 de junio de 2010&#93;.</font></p>      ]]></body><back>
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