<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0188-4611</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Investigaciones geográficas]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Invest. Geog]]></abbrev-journal-title>
<issn>0188-4611</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Geografía]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0188-46112007000200010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Alameda Mexicana: Breve crónica de un viejo paseo]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ribera Carbó]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eulalia]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Instituto de Investigaciones  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<numero>63</numero>
<fpage>141</fpage>
<lpage>143</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0188-46112007000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0188-46112007000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0188-46112007000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Castro Morales, E. (2004),<i> Alameda Mexicana. Breve cr&oacute;nica de un viejo paseo</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eulalia Ribera Carb&oacute;</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Museo Mexicano, M&eacute;xico, 154p., ISBN 968&#45;5795&#45;04&#45;5</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones.</i> <i>Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Alameda Mexicana</i> es, tal y como reza su t&iacute;tulo, una cr&oacute;nica breve que nos cuenta la historia de la Alameda de la ciudad de M&eacute;xico desde sus or&iacute;genes en el siglo XVI. Pero no cuenta &uacute;nicamente la historia del paseo, de su suelo, de sus &aacute;rboles y sus calzadas, o la historia sobre las infraestructuras, el adorno, la administraci&oacute;n y los usos sociales de sus espacios a trav&eacute;s de las centurias, la cr&oacute;nica alcanza de refil&oacute;n tambi&eacute;n a los acontecimientos pol&iacute;ticos, y nos cuenta con cierto detalle la estructuraci&oacute;n de ejidos, huertas, calles, casas, iglesias, conventos, hoteles y museos alrededor del jard&iacute;n. El autor logra con acierto, y en apenas 154 p&aacute;ginas, integrar el interior y los marcos de un espacio geogr&aacute;fico emblem&aacute;tico de la capital de M&eacute;xico, en un relato interesante y ameno que, por si fuera poco, se nos entrega en un volumen de hermosa edici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos se&ntilde;alar que el libro adolece de algunos errores mecanogr&aacute;ficos y otros tantos de sintaxis, aunque no bastantes como para demeritar un trabajo que, sin aparentes pretensiones de rigor acad&eacute;mico, es suficientemente riguroso y llena uno de los tantos vac&iacute;os en la historiograf&iacute;a urbana mexicana. Hablamos de rigor por estar el trabajo bien fundamentado en un n&uacute;mero importante de documentos del Archivo Hist&oacute;rico de la ciudad de M&eacute;xico, adem&aacute;s de una considerable lista de bibliograf&iacute;a que incluye t&iacute;tulos del siglo XIX, otros tantos contempor&aacute;neos y, desde luego, a algunos de los que se consideran textos cl&aacute;sicos sobre la historia de la ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Alameda Mexicana</i> toma forma con catorce cap&iacute;tulos cortos, cuyos sugerentes y literarios t&iacute;tulos invitan de inmediato a su lectura. La fundaci&oacute;n formal de nuestra Alameda en 1592 est&aacute; antecedida en el libro por la narraci&oacute;n sobre la historia primera de la calzada de Tlacopan, llamada de Tacuba por los espa&ntilde;oles, y las tierras aleda&ntilde;as repartidas para levantar casas o convertirse en huertas que hab&iacute;an de beneficiarse con el agua del acueducto de Chapultepec. Al mediar el siglo XVI el virrey Antonio de Mendoza inici&oacute; el reordenamiento de la ciudad imbuido del esp&iacute;ritu humanista y el urbanismo ut&oacute;pico del Renacimiento, y en sus preocupaciones por extender la traza urbana fuera del islote de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan, prolong&oacute; el trazado reticular hacia el poniente con una calle que continuaba a la de San Francisco. Con dinero de la Corona el virrey adquiri&oacute; el &aacute;rea comprendida entre esta nueva calle y la calzada de Tacuba, entrando inevitablemente en conflicto con los conquistadores y funcionarios, lugartenientes de Cort&eacute;s, a quienes hab&iacute;an sido asignados muchos de los solares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n se nos narra la historia de la iglesia de San Hip&oacute;lito, de la ermita de los M&aacute;rtires, de la iglesia y el hospital de la cofrad&iacute;a de la Santa Veracruz, y del convento de Santa Isabel aportando nuevos datos y corrigiendo errores de los historiadores. Iglesias, conventos, calzadas, casas de conquistadores, tener&iacute;as, huertas, acequias, tianguis y ejidos ocupaban o bordeaban el suelo que a principios de 1592 fue designado por el cabildo para convertirse en alameda, en aras del ornato de la ciudad y la recreaci&oacute;n de sus vecinos. El virrey Lu&iacute;s de Velasco, de quien hab&iacute;a sido entonces la iniciativa, autoriz&oacute; el uso de los recursos necesarios y otorg&oacute; facilidades para dar inicio a la obra. Fueron plantados los primeros &aacute;lamos, se proyectaron las trazas de los jardines y la fuente, pero los problemas no se hicieron esperar. La fragilidad y saturaci&oacute;n de agua de aquel terreno chinampero ganado al lago dificultaba los trabajos, que penosamente fueron avanzando como nos explica prolijamente el autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este tenor contin&uacute;a el texto, describi&eacute;ndonos los progresos y los tropiezos de la obra p&uacute;blica de la Alameda y las cuitas en torno a su administraci&oacute;n. El suelo saturado de agua, el paso de los ganados que pastaban en los ejidos, la basura que azolvaba las acequias, las muchedumbres del tianguis, todo, contribu&iacute;a a la destrucci&oacute;n del incipiente jard&iacute;n. Y a pesar de todo la Alameda prosper&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al iniciar el siglo XVIII la Alameda era ya, en toda forma, el paseo p&uacute;blico de la ciudad. Se llevaban a cabo obras para su mantenimiento, se rehac&iacute;an trazos con nuevas calzadas, se instalaban ca&ntilde;er&iacute;as, y el suelo acababa de secarse y quedar consolidado. El cabildo eleg&iacute;a cada a&ntilde;o a un alcalde encargado de hacer cumplir las ordenanzas vigentes. La Alameda era escenario privilegiado de buena parte del calendario festivo, desde las Carnestolendas, San Juan y el Corpus Christi, hasta el boato con que se festejaba la llegada de virreyes o arzobispos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aquel siglo de aires nuevos, de ciencia, de ilustraci&oacute;n y reforma administrativa, ser&iacute;a para la Alameda tambi&eacute;n, un tiempo de innovaciones importante. Una nueva Alameda "ilustrada", promovida por los virreyes Marqu&eacute;s de Croix y Antonio Mar&iacute;a de Bucareli, se ensanch&oacute; incorporando a sus espacios las plazuelas de Santa Isabel y San Diego, y partes de las calzadas de Tacuba y el Calvario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Efra&iacute;n Castro, adem&aacute;s de basarse en los documentos municipales para contarnos sobre las cercas, las portadas, las rejas, las acequias, las fuentes, las plantaciones, el riego y los gastos del proyecto para el jard&iacute;n, echa mano, con bastante buen tino, de algunas pinturas y planos de la &eacute;poca, para redondear la descripci&oacute;n de una Alameda amplia, frondosa y ornamentada. Cabe decir que, a lo largo de su trabajo, Castro hace un uso cuidadoso de una fuente de informaci&oacute;n que, las m&aacute;s de las veces, los historiadores invocan con mayor o menor grado de menosprecio, cuando no de irresponsabilidad. Im&aacute;genes como pinturas, grabados, litograf&iacute;as, fotograf&iacute;as y planos suelen aparecer en los trabajos de aqu&eacute;llos como simples ilustraciones a un texto discursivo que no las analiza ni las discute para incorporarlas a sus planteamientos. Aunque en la edici&oacute;n que nos ocupa no se reproducen todas las im&aacute;genes que se citan, el autor se apoya en algunas para suponer el estado de la Alameda en diversos momentos de su historia, poniendo cuidado en darnos a conocer el contenido de la imagen, sus caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas, indicando el acervo depositario del original y, en alg&uacute;n caso, el contexto art&iacute;stico en el que puede inscrib&iacute;rsele.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ya se dijo l&iacute;neas atr&aacute;s, otro acierto del libro es el &eacute;nfasis, no siempre expl&iacute;cito, que se pone al hecho de que la historia de la Alameda no se entender&iacute;a con la sola descripci&oacute;n de los proyectos, las obras y las pol&iacute;ticas para administrarla. La consolidaci&oacute;n, las formas y el uso del paseo tienen tambi&eacute;n su explicaci&oacute;n en los ritmos de una ciudad que crece y se transforma, exigiendo la adecuaci&oacute;n de sus espacios a nuevas circunstancias econ&oacute;micas y modas est&eacute;ticas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda mitad del siglo XVIII los barrios y ejidos que circundaban a la Alameda hab&iacute;an perdido mucho de su car&aacute;cter rural, y la edificaci&oacute;n y la reconstrucci&oacute;n de edificios, de iglesias y conventos en torno al jard&iacute;n se hac&iacute;an eco del esplendor vivido durante los &uacute;ltimos tiempos del virreinato de la Nueva Espa&ntilde;a. Arquitectos y urbanistas de la talla de Ignacio Castera y Manuel Tols&aacute; proyectaban para la Alameda fuentes, portadas, cercas, edificios, ampliaciones y derribos, que aunque no fueran llevados todos a la pr&aacute;ctica, eran la expresi&oacute;n de los aires neocl&aacute;sicos que pretend&iacute;an barrer la exhuberancia del barroco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuidado que las autoridades municipales pon&iacute;an en el paseo predilecto y m&aacute;s elegante de la ciudad de M&eacute;xico, qued&oacute; interrumpido al terminar las guerras de independencia que, de por s&iacute;, le hab&iacute;an provocado graves destrozos. Algunas obras de reforma, terraplenado y reforestaci&oacute;n pudieron hacerse, pero al mediar el ochocientos la Alameda se encontraba muy abandonada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No fue sino hasta la restauraci&oacute;n de la rep&uacute;blica, una vez pasadas las zozobras pol&iacute;ticas de la guerra civil y contra la intervenci&oacute;n extranjera, cuando parecen retomarse m&aacute;s intensamente los trabajos para acicalar la imagen y mejorar las infraestructuras del jard&iacute;n. Y a partir de entonces todo fueron las innovaciones de la modernidad que iba de la mano de unas oligarqu&iacute;as cada vez m&aacute;s poderosas a la sombra de la "paz" porfiriana. En el jard&iacute;n, por qu&eacute; no, tambi&eacute;n pod&iacute;a manifestarse la "grandeza" del Estado liberal en consolidaci&oacute;n. Desparecieron las acequias y se introdujeron sistemas modernos de riego con bombas y tuber&iacute;as met&aacute;licas. Las especies de &aacute;rboles y las flores se sustitu&iacute;an al comp&aacute;s de los nuevos gustos. Se instalaban fuentes y monumentos de temas cl&aacute;sicos, bancas de hierro fundido, columnas de chiluca y banquetas de cemento Portland. M&uacute;sica, teatro, aparatos mec&aacute;nicos desmontables, puestos de comida y bebida. Una pajarera, una torre con un reloj el&eacute;ctrico, kioscos, el famoso pabell&oacute;n morisco, un tren infantil, carpas y jacalones provisionales para t&iacute;teres, acr&oacute;batas, prestidigitadores, bailes y zarzuelas. Y para rematar, el fastuoso hemiciclo clasicista como monumento al m&aacute;ximo pr&oacute;cer liberal Benito Ju&aacute;rez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa era la nueva cara del "viejo jard&iacute;n". No faltaba en ella ninguno de los elementos de los que en todo el mundo defin&iacute;an la modernidad urbana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto acaba de la forma en que empez&oacute;, poniendo atenci&oacute;n, al recorrer quiz&aacute; demasiado someramente los a&ntilde;os de la posrevoluci&oacute;n hasta pasado el gran terremoto de 1985, en la Alameda, pero tambi&eacute;n en el entorno de la Alameda porque, como bien nos ha sugerido la pluma de Efra&iacute;n Castro, no se explican la una sin el otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; este viejo jard&iacute;n virreinal, imperial y republicano, en permanente decadencia y renovaci&oacute;n, ruina y novedad, siempre grato a todos los mexicanos, nostalgia de viejos y asombro de ni&ntilde;os, alegr&iacute;a de pobres y gozo de ricos, siempre rodeado por los testimonios de M&eacute;xico, cambiante, tradicional y moderno, permanecer&aacute;, alameda sin &aacute;lamos, perpetuo actor y espectador, contemplando el largo devenir de la historia de una antigua y gran ciudad, donde a&uacute;n se puede so&ntilde;ar en el pasado, pero tambi&eacute;n en el futuro (p. 135).</font></p>      ]]></body>
</article>
