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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Harvey, D. (2003), <i>The New Imperialism</i></b></font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Aaron Pollack*</font></b></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><b><font face="verdana" size="3">Oxford University Press, Oxford, 253 p. ISBN: 01 9926 4317</font></b></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Clark University</i></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font size="2" face="verdana">En su libro m&aacute;s reciente, <i>The New Imperialism</i>, David Harvey ofrece un an&aacute;lisis pol&iacute;tico&#45;econ&oacute;mico, ampliamente desarrollado, hist&oacute;ricamente fundamentado y firmemente ubicado dentro de la larga tradici&oacute;n marxista de estudios y reflexiones sobre el imperialismo. A partir de este an&aacute;lisis, el autor llega a la conclusi&oacute;n de que no deber&aacute; sorprender a los que conocen su trabajo, de que la invasi&oacute;n estadounidense a Irak forma parte de una nueva estrategia para enfrentar la crisis global de la sobreacumulaci&oacute;n del capital. El libro es una clara aplicaci&oacute;n de los profundos estudios sobre el capitalismo, que ha sido, desde los a&ntilde;os setenta, el tema principal de la investigaci&oacute;n de Harvey.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pocos a&ntilde;os despu&eacute;s de publicar el libro <i>Explanation in Geography</i> (1969), en el que argument&oacute;, siguiendo el pensamiento dominante del momento, que el positivismo era la forma explicativa privilegiada para la geograf&iacute;a humana, Harvey se convirti&oacute; en uno de los primeros y principales ge&oacute;grafos anglosajones en buscar explicaciones geogr&aacute;ficas en el marxismo. Harvey se ha mantenido, desde entonces, fiel a una posici&oacute;n marxista materialista ampliamente desarrollada en su obra maestra, <i>The Limits to Capital</i> (1982), cuyo texto y t&iacute;tulo se refiere tanto a los l&iacute;mites anal&iacute;ticos del trabajo de Marx en <i>El Capital</i>, como a los l&iacute;mites que el capital enfrenta y supera, a trav&eacute;s de lo que &eacute;l ha llamado un "<i>spatial fix</i>" (remiendo espacial). Sin embargo, Harvey no ha permanecido ajeno a los debates en el campo cultural de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas como lo demuestran los libros <i>The Condition of Postmodernity</i> (1989) y <i>Justice, Nature and the Geography of Difference</i> (1995), siempre con un enfoque que prioriza lo macro, lo econ&oacute;mico y en particular el capitalismo, de manera que mantiene una distancia clara de las ideas postestructuralistas y posmodernas que han recibido gran atenci&oacute;n en estos a&ntilde;os. Su posici&oacute;n como uno de los m&aacute;ximos exponentes de la geograf&iacute;a cr&iacute;tica actual es indiscutible, como lo demostr&oacute; su presencia al impartir la ponencia inaugural de la Cuarta Conferencia Internacional de Geograf&iacute;a Cr&iacute;tica, llevada a cabo recientemente en la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>The New Imperialism</i> se public&oacute; en febrero de 2003, poco antes de la invasi&oacute;n a Irak por parte de las fuerzas estadounidenses y aliadas, y fue escrito con la intenci&oacute;n de explicar las razones que motivaron este &uacute;ltimo acto del imperialismo capitalista. Sin perder jam&aacute;s de vista que la expansi&oacute;n capitalista depende directamente de las pol&iacute;ticas estatales, Harvey hace hincapi&eacute;, de acuerdo con Giovanni Arrighi, en las relaciones y contradicciones entre la l&oacute;gica necesariamente territorial que tienen los estados, y la l&oacute;gica capitalista que act&uacute;a sin fronteras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor observa en la invasi&oacute;n actual una posible repetici&oacute;n de las guerras de conquista territorial del imperialismo capitalista de finales del siglo XIX y, para fundamentarlo, toma como referencia el pensamiento de los te&oacute;ricos marxistas de principios del siglo XIX. Tal y como el imperialismo de aquel entonces fue resultado, como lo se&ntilde;al&oacute; Rosa Luxemburg, de la falta de nuevas posibilidades dom&eacute;sticas para invertir (o m&aacute;s bien de la decisi&oacute;n pol&iacute;tica de no invertir en la infraestructura social de los pa&iacute;ses capitalistas europeos), el imperialismo actual tambi&eacute;n surge como resultado de una crisis de sobreacumulaci&oacute;n de capital que se ha manejado desde finales de los a&ntilde;os setenta con una pol&iacute;tica neoliberal, que ya muestra sus limitaciones. De una manera similar a la que (aqu&iacute; el autor concuerda con Hannah Arendt) el imperialismo de aquella &eacute;poca obtuvo el apoyo popular en las metr&oacute;polis a trav&eacute;s de la edificaci&oacute;n de un racismo que otorgaba la responsabilidad de la <i>misi&oacute;n civilizadora</i> a los europeos, el nuevo imperialismo tambi&eacute;n se fortalece con las ideas racistas de la derecha fundamentalista estadounidense. En ambos casos, el racismo ha servido como un puente que une la l&oacute;gica capitalista, que empuja a la b&uacute;squeda de nuevas salidas para el capital sobreacumulado, con la l&oacute;gica estatal, que no puede embarcarse en aventuras imperialistas sin el apoyo de algunos sectores importantes de la sociedad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Harvey se&ntilde;ala que a la crisis de sobreacumulaci&oacute;n de capital de finales de los a&ntilde;os sesenta y principios de los setenta se le ha afrontado con una pol&iacute;tica neoliberal (impuesta por Estados Unidos a trav&eacute;s del Fondo Monetario Internacional), con la intenci&oacute;n de crear nuevas oportunidades para la inversi&oacute;n a trav&eacute;s del debilitamiento o eliminaci&oacute;n de los reglamentos financieros, ambientales, laborales, etc. que los Estados usan para controlar sus econom&iacute;as, es decir, con una forma de imperialismo capitalista que no se nutre de invasiones militares, sino de manipuleos financieros. Con la desaparici&oacute;n de estos l&iacute;mites se ha invertido el capital sobreacumulado en actividades que, en alg&uacute;n momento, se han denominado de acumulaci&oacute;n primitiva, pero que Harvey prefiere llamar de "acumulaci&oacute;n por despojo", y enfatiza que &eacute;stas siempre han existido a la par de las actividades de reproducci&oacute;n extendida del capital.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Harvey considera que las pol&iacute;ticas neoliberales ya no son capaces de lidiar con la crisis de sobreacumulaci&oacute;n, y como muestra cita las crisis financieras de los a&ntilde;os noventa en M&eacute;xico y el sudeste de Asia, as&iacute; como la ca&iacute;da de la bolsa neoyorquina en esos mismos a&ntilde;os. El autor plantea que la invasi&oacute;n de Irak marca el posible inicio de una nueva fase del capitalismo global que podr&aacute; ser dominada por la competencia entre bloques econ&oacute;micos: enfrent&aacute;ndose la d&eacute;bil econom&iacute;a estadounidense a la de la Uni&oacute;n Europea, y, a&uacute;n m&aacute;s significativamente, a la de una regi&oacute;n asi&aacute;tica potencialmente alineada detr&aacute;s de China. Harvey precisa que el juego geopol&iacute;tico de la administraci&oacute;n Bush y de los neoconservadores presenta dos aspectos: por un lado, abre el territorio de Irak a nuevas inversiones que reducen la cantidad del capital sobreacumulado; y, por el otro, ejerce un control claro sobre el petr&oacute;leo de Irak y el de la regi&oacute;n aleda&ntilde;a, incluyendo la Pen&iacute;nsula Ar&aacute;biga y la regi&oacute;n del mar Caspio. Esta &uacute;ltima est&aacute; ya en la mira de una China siempre m&aacute;s desesperada por conseguir nuevas fuentes de petr&oacute;leo que puedan sostener su crecimiento econ&oacute;mico y, eventualmente (la gran preocupaci&oacute;n de los neoconservadores), proporcionar insumos a una m&aacute;quina de guerra, en caso de ser necesario retar militarmente a los Estados Unidos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el an&aacute;lisis de Harvey es correcto y la fase neoliberal, o sea la de "acumulaci&oacute;n por despojo", se ha terminado o est&aacute; por terminar, la izquierda actual deber&iacute;a estar lista para enfrentar las implicaciones de este porvenir. Sin embargo, en sus comentarios y recomendaciones, Harvey no ahonda en cu&aacute;les pueden ser estas implicaciones, sino se ci&ntilde;e a los movimientos actuales, notando las diferencias y los conflictos entre los movimientos hist&oacute;ricos que se han desarrollado en las luchas dentro del sistema de reproducci&oacute;n expandida del capital (que forman y han formado la base de la izquierda tradicional) y los movimientos (muchas veces m&aacute;s localmente arraigados) que han surgido como respuesta al despojo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Estos &uacute;ltimos han justamente, seg&uacute;n el autor, escogido como blanco de sus cr&iacute;ticas y manifestaciones a las pol&iacute;ticas neoliberales y a sus instituciones de vanguardia. Harvey considera imprescindible que estos dos tipos de movimientos dialoguen, trabajen conjuntamente y no se menosprecien entre s&iacute;. A pesar de estos atinados consejos, hay que destacar que es en la discusi&oacute;n de estos movimientos donde resaltan algunas debilidades del libro.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si por una parte, el an&aacute;lisis materialista "hist&oacute;rico&#45;geogr&aacute;fico" describe de manera convincente la expansi&oacute;n capitalista y las expansiones imperialistas de los &uacute;ltimos dos siglos, para este lector falla en la medida que no describe los frenos y l&iacute;mites que las sociedades y los movimientos les han impuesto. El libro pierde su gran fuerza anal&iacute;tica en la medida que abandona el terreno del an&aacute;lisis de las l&oacute;gicas capitalistas y estatales, ya que concede poca importancia a los aspectos de la realidad cuya existencia no se deriva prioritariamente de ellas. Desde mi punto de vista, las resistencias y las distintas formas de organizaci&oacute;n social, que por cierto se desarrollan en lugares espec&iacute;ficos con historias particulares, deber&iacute;an ser entendidos no s&oacute;lo como respuestas al capitalismo y al Estado, sino como formaciones sociales que resultan de la historia y la geograf&iacute;a, incluyendo, entre otras cosas, el impacto de sus relaciones con el capitalismo y con los Estados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aporte valioso de Harvey es el reconocimiento, tanto te&oacute;rico como pol&iacute;tico, de que la izquierda hist&oacute;rica se ha organizado casi exclusivamente dentro de los sectores activos en el circuito de reproducci&oacute;n expandida, ignorando, en gran medida, las luchas de las personas que han sido objeto del continuo despojo que ha nutrido a este circuito. Sin embargo, mientras Harvey recomienda, justamente, a los movimientos hist&oacute;ricos no cerrarse a los que se oponen al despojo, su preocupaci&oacute;n principal pareciera ser el riesgo que estos &uacute;ltimos se mantengan en una "pol&iacute;tica de nostalgia" y que "la reversi&oacute;n a patrones m&aacute;s antiguos de relaciones sociales y sistemas de producci&oacute;n ser&aacute; propuesta como soluci&oacute;n en un mundo que ha avanzado (<i>has moved on</i>)" (p. 177). Estos comentarios reflejan una visi&oacute;n progresista de la historia, en la que no se reconoce la contemporaneidad de todos los sistemas sociales actuales, y en cambio, se obstina en colocar a uno de ellos en una posici&oacute;n diacr&oacute;nica m&aacute;s avanzada; una visi&oacute;n que ha confundido la geograf&iacute;a con la historia. Desde mi perspectiva, una cr&iacute;tica dirigida hacia los movimientos que mantienen sus ra&iacute;ces m&aacute;s locales porque "muchas veces rechazan abandonar su propia particularidad" (p. 179), resulta incongruente si no se aplica, de la misma manera, al mundo occidentalizado que se ha mostrado notablemente inflexible al cuestionar sus propias idiosincrasias culturales.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se considera que el mundo avanza en todas partes de manera diferente, la propuesta para el futuro de las distintas localidades no puede ser la de una modernidad universal, sino una b&uacute;squeda de nuevas formas de construir el mundo que reconozca las diversas formas de organizaci&oacute;n social. As&iacute; que el objetivo final, el horizonte, debe ser, como dicen los Zapatistas, crear un mundo en el que quepan muchos mundos. Como Harvey argumenta, y como los Zapatistas han siempre intentado llevar a cabo, las distintas localidades tienen que estar vinculadas entre s&iacute;; pero no con relaciones impositivas, sino mutuamente respetuosas, que permitan y generen un intercambio de ideas y de propuestas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La opci&oacute;n que propone Harvey &#150;a la izquierda activa que se opone o que busca una forma alternativa a la globalizaci&oacute;n&#150; es que el capital sobreacumulado se invierta en las sociedades, a trav&eacute;s de programas de salud, educaci&oacute;n e infraestructura bajo una visi&oacute;n socialdem&oacute;crata. Harvey lo sugiere como un paso adelante que puede ser el campo de batalla para las izquierdas actuales, un camino que puede abrir espacios para las transformaciones m&aacute;s radicales que estas izquierdas proponen. Este puede ser por lo pronto, un avance significativo, particularmente ante el triste ambiente global que nos rodea; s&oacute;lo har&iacute;a falta incluir en este proceso, las opiniones, las ideas y las particularidades de los movimientos actuales y de las personas que vivir&aacute;n con los impactos de tales programas.</font></p>      ]]></body>
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