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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Garc&iacute;a Mart&iacute;nez, B. (2004), <i>El desarrollo regional y la organizaci&oacute;n del espacio,</i> <i>siglos XVI al</i> XX</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>H&eacute;ctor Mendoza Vargas</b></font>*</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>UNAM&#45;Coordinaci&oacute;n de Difusi&oacute;n Cultural/ Editorial Oc&eacute;ano, M&eacute;xico, n&uacute;m. 8, 109 p. &#91;ISBN 970&#45;651&#45;836&#45;3&#93;</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Geograf&iacute;a, UNAM</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incorporada a la serie Historia Econ&oacute;mica de M&eacute;xico, coordinada por Enrique Semo, esta obra propone una nueva visi&oacute;n y lectura del territorio mexicano desde la privilegiada plataforma de la larga duraci&oacute;n. En poco m&aacute;s de un centenar de p&aacute;ginas, se presenta "una explicaci&oacute;n geogr&aacute;fica e hist&oacute;rica" de la organizaci&oacute;n espacial, es decir de sus habitantes, de sus regiones y de sus relaciones. Lo anterior indica un complejo proceso de s&iacute;ntesis de ideas e interpretaciones, producto de una larga reflexi&oacute;n sobre el espacio mexicano que su autor ha llevado a cabo durante m&aacute;s de tres decenios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra se divide en cuatro cap&iacute;tulos. En el primero denominado "Los cimientos del espacio mexicano", se incluye la propuesta metodol&oacute;gica principal que relaciona a la Geograf&iacute;a y la Historia. De manera breve, lo esencial es la consideraci&oacute;n de la Ciudad de M&eacute;xico como punto de partida para el estudio del amplio y complejo espacio mexicano. Esta novedad no ha sido examinada todav&iacute;a por parte de las autoridades educativas para su consideraci&oacute;n en la ense&ntilde;anza y menos a&uacute;n discutida y consensuada entre los especialistas. Esta situaci&oacute;n no impide al autor aplicar su propuesta a lo largo del espacio y tiempo mexicano como se presenta a continuaci&oacute;n (p. 11&#45;14).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor llama la atenci&oacute;n de la supremac&iacute;a de la topograf&iacute;a particular de "los valles centrales del altiplano sobre las &aacute;reas vecinas" (p. 14). Esto le permite se&ntilde;alar que la principal ciudad, M&eacute;xico&#45;Tenochtitl&aacute;n, no hizo m&aacute;s que aprovechar una vieja estructura territorial que se remonta por lo menos al siglo II de nuestra era. Al autor le parece que desde esa &eacute;poca hasta la actual, hay una continuidad de la cuenca de M&eacute;xico como &aacute;rea o "punto central de un amplio sistema espacial" (p. 16). Hay dos elementos que introduce el autor en esta parte de su an&aacute;lisis y que conviene mencionar. Lo primero, que las tierras altas dependieron de las costas y las partes bajas o serranas y, el segundo, que las vertientes influyeron para construir un poderoso sistema radial de relaciones que se extendieron ampliamente hacia el Pac&iacute;fico y hacia el Golfo de M&eacute;xico. En ese espacio surgi&oacute; Teotihuacan y M&eacute;xico&#45;Tenochtitl&aacute;n que, en su momento, "intentaron formar un nuevo mapa regional", de acuerdo con sus intereses militares (p. 18).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la regi&oacute;n central, el estudio reflexiona sobre otras &aacute;reas. Resalta la influencia del altiplano hacia el oriente, con las &aacute;reas yucatecas, los valles centrales de Oaxaca, la porci&oacute;n de Tehuantepec y m&aacute;s all&aacute; del Soconusco hasta Panam&aacute;. Hacia el sur y el oeste tambi&eacute;n hay influencias de las tierras altas, en Michoac&aacute;n y en las de occidente. En cambio, no sucede lo mismo hacia el norte donde hab&iacute;a "formaciones pol&iacute;ticas incipientes o de car&aacute;cter tribal" (p. 20). Las transformaciones importantes comenzaron con el "contacto indoeuropeo" y la conquista entendida como el control no s&oacute;lo de la principal ciudad, M&eacute;xico&#45;Tenochtitl&aacute;n, sino de las vertientes y las &aacute;reas adyacentes, entre otras, Michoac&aacute;n, el P&aacute;nuco o la Nueva Galicia. El autor indica que la Nueva Espa&ntilde;a, "fue un heredero directo del imperio mexica y conserv&oacute;, reconstruida pero sin soluci&oacute;n de continuidad, su misma capital" (p. 21). Se concluye que, entre 1519 y 1535, "la ciudad conquistada hab&iacute;a retomado su tradici&oacute;n de ciudad conquistadora. La geograf&iacute;a mexica a&uacute;n era reconocida tras la geograf&iacute;a de Nueva Espa&ntilde;a" (p. 25).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No falta, antes de concluir esta parte, el concepto nahua de <i>altepetl</i> con el que se reconoce una unidad pol&iacute;tica que tiene control sobre un territorio. En el an&aacute;lisis de las geograf&iacute;as, la prehisp&aacute;nica y la espa&ntilde;ola, este concepto ha sido clave para su estudio pues permite vincular una colectividad a un espacio f&iacute;sico con caracter&iacute;sticas especiales o topograf&iacute;a privilegiada sobre la que reclama su soberan&iacute;a (p. 30). Este es un punto de partida que ha llamado la atenci&oacute;n de la Geograf&iacute;a hist&oacute;rica. En este enfoque hay una complejidad que exige nuevas t&eacute;cnicas, miradas no europeas y recursos, pero tambi&eacute;n promete una renovada perspectiva interpretativa hacia la documentaci&oacute;n sobreviviente de la &eacute;poca y al trabajo de campo del ge&oacute;grafo y del historiador. Por lo que hemos visto y hecho, todav&iacute;a hay mucho camino que andar para descifrar y entender la geograf&iacute;a prehisp&aacute;nica enfrentada a la modernidad que borra o devora sus vestigios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La percepci&oacute;n del espacio es un enfoque que el autor emplea para introducir el concepto de paisaje, por el que se entiende "la expresi&oacute;n visible de un sistema de organizaci&oacute;n espacial" (p. 35). En el cap&iacute;tulo segundo sobre "Paisajes, regiones y un nuevo mundo en la geograf&iacute;a colonial" el autor adelanta su estudio en el tiempo. La Nueva Espa&ntilde;a del siglo XVI es un ejemplo de las continuidades y las transformaciones r&aacute;pidas que siguieron a la conquista militar. El nuevo sistema espacial de la plaza, la iglesia y algunas calles se reprodujo desde los grandes centros hasta los pueblos peque&ntilde;os y alejados. La Ciudad de M&eacute;xico, por ejemplo, "fue el paradigma de la revoluci&oacute;n urbana" (p. 36). Es importante observar, como indica el autor, la difusa separaci&oacute;n entre el mundo urbano y rural para esa &eacute;poca, as&iacute; como un proceso de jerarquizaci&oacute;n que, con los a&ntilde;os, hicieron que las ciudades dejaran su "marca" en los paisajes. Las nuevas ciudades y la arquitectura, por tanto, hicieron el paisaje irreconocible en poco tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una reflexi&oacute;n del autor distingue el concepto de regi&oacute;n. Una palabra clave para la geograf&iacute;a, sin duda. Mientras el paisaje es una expresi&oacute;n visible de un sistema espacial, la regi&oacute;n es una "manifestaci&oacute;n funcional de ese sistema y no se hace necesariamente visible" (p. 41). La regi&oacute;n implica los "flujos de gente, productos, informaci&oacute;n, decisiones", tambi&eacute;n un sistema "jerarquizado &#91;que act&uacute;a&#93; dentro de un &aacute;rea definible". En resumen, las regiones:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">surgen de la existencia de condiciones que les dan individualidad y les permiten funcionar; tienen una etapa de plenitud y suelen desarticularse si las condiciones se modifican. Son espacios cambiantes y determinados por la cultura, y por lo mismo hist&oacute;ricos, ligados desde luego al medio f&iacute;sico pero no definidos por &eacute;l (p. 42).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La regi&oacute;n posee una "profunda diversidad" y, en el M&eacute;xico colonial, la interacci&oacute;n de los espacios ha permitido identificar la posici&oacute;n de dominio que algunas ciudades ejercieron sobre los sistemas productivos, las relaciones de intercambio y de movimientos que, en conjunto, otorgaron "los rasgos de una geograf&iacute;a regional" (p. 43). Para el caso novohispano, el autor presenta a Sultepec o Taxco y el valle de Puebla como ejemplos de una creaci&oacute;n regional con sus caracter&iacute;sticas particulares. El breve examen del funcionamiento del M&eacute;xico central se complementa, p&aacute;ginas adelante, con la descripci&oacute;n general del norte, donde la magnitud de los espacios "apenas comenzaban a concebir" los espa&ntilde;oles (p. 48). M&aacute;s que conquista, para el autor, hubo "s&oacute;lo apropiaci&oacute;n del territorio". En esas grandes est&eacute;nsiones, los espa&ntilde;oles construyeron una nueva geograf&iacute;a, "libre de herencias" de los nativos con sus centros ceremoniales, rutas e interacciones entre el mar y la monta&ntilde;a. En su lugar, los centros mineros inventaron nuevas regiones y, lo m&aacute;s importante a destacar fue "su orientaci&oacute;n hacia la Ciudad de M&eacute;xico" (p. 50). Efectivamente, la nueva geograf&iacute;a norte&ntilde;a qued&oacute; enlazada por una red de caminos principales a la capital del virreinato. En esas grandes extensiones, tanto las misiones como los presidios fueron "centros de poblaci&oacute;n y de servicios, as&iacute; como n&uacute;cleos regionales" (p. 53). Sin embargo, el control y el gobierno de esas regiones fue complicado (Nuevo M&eacute;xico se hallaba a tres mil kil&oacute;metros de distancia) y motivo de debate acerca de su mantenimiento (p. 55).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La geograf&iacute;a colonial, sin duda, mantuvo "los grandes componentes del espacio prehis&#45;p&aacute;nico", objeto del cap&iacute;tulo tercero llamado "Continuidad, transformaciones y m&aacute;s continuidad". El autor examina la situaci&oacute;n de la Nueva Espa&ntilde;a. Las tierras del altiplano siguieron su predominio reforzado por las ciudades espa&ntilde;olas y por la red de caminos principales hacia el oriente, el occidente y el norte. Un rasgo importante fue que los espa&ntilde;oles "tem&iacute;an la insalubridad de las tierras bajas" y el clima asociado. Por eso, Veracruz por mucho tiempo s&oacute;lo fue un lugar de paso (p. 58). La Ciudad de M&eacute;xico acentu&oacute; su car&aacute;cter rector y elemento vertebrador de la geograf&iacute;a colonial. El autor destaca el inter&eacute;s norte&ntilde;o colonial, por encima del inter&eacute;s del sur y oriente prehisp&aacute;nico (p. 61). A&uacute;n as&iacute; hab&iacute;a elementos de continuidad en el espacio colonial, visibles en el siglo XVII, como el dominio del M&eacute;xico central y el valor de las vertientes para extender el control sobre las tierras alejadas. A la escala de las ciudades y pueblos de indios cambi&oacute; el uso del suelo con la ganader&iacute;a y la explotaci&oacute;n de la madera (con fines mineros) y, en el caso de las haciendas del mismo siglo, su presencia anunci&oacute; una gran transformaci&oacute;n en los espacios rurales cuando la econom&iacute;a colonial despegaba y se diversificaba (p. 63). Las particularidades en cada lugar, dieron origen a una "diferenciaci&oacute;n regional por toda Nueva Espa&ntilde;a" (p. 65).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los altepeme transformados en pueblos de indios "carec&iacute;an de t&iacute;tulos escritos" sobre sus tierras. La legislaci&oacute;n intervino con la demarcaci&oacute;n de linderos y no pocos litigios se crearon, a&uacute;n en nuestros d&iacute;as. La propiedad de la tierra es un tema espinoso del M&eacute;xico colonial y, al mismo tiempo, uno de los m&aacute;s atractivos para la Geograf&iacute;a hist&oacute;rica. En el siglo XVIII, se inici&oacute; un proceso de expansi&oacute;n hacia el norte, regi&oacute;n vista como poseedora de una gran riqueza y de recursos que hab&iacute;a que conocer por parte del Estado. Aunque las misiones hab&iacute;an conseguido avances notables para descubrir los remotos parajes de Tamauli&#45;pas, Nuevo Santander o Texas, los ingenieros militares hicieron otra parte del reconocimiento por Nuevo M&eacute;xico y la Alta California. Esto fue importante para construir una nueva geograf&iacute;a y un nuevo mapa pol&iacute;tico a trav&eacute;s de "sistemas racionales y ordenados en toda las esferas de la administraci&oacute;n" (p. 69).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La continuidad queda identificada porque "la geograf&iacute;a colonial se mantuvo vigente en lo esencial" con la llegada del M&eacute;xico independiente. Este parecer le sirve al autor para resaltar la "preeminencia de la Ciudad de M&eacute;xico" y la imposici&oacute;n de su nombre al pa&iacute;s (p. 74). Entre los cambios importantes, se encuentra el surgimiento de los ayuntamientos, las aduanas o el sistema federal. Los cambios continuaron en el norte, m&aacute;s que en el sur, en correspondencia con el crecimiento de los Estados Unidos en direcci&oacute;n este&#45;oeste, hasta "la meta fijada: el litoral del Pac&iacute;fico. Texas, Nuevo M&eacute;xico y California estaban en el camino" (p.79). El &eacute;nfasis del autor en esa ruta se debe a la r&aacute;pida consolidaci&oacute;n de un sistema de comunicaciones de costa a costa por medio del tel&eacute;grafo y ferrocarril, lo que permiti&oacute; a los Estados Unidos el establecimiento de una nueva geograf&iacute;a centrada en California (p. 80). La nueva frontera internacional entre los dos pa&iacute;ses, a mediados del siglo XIX, dio origen a nuevos mapas y nuevas regiones, como Te&#45;huantepec, llamaron la atenci&oacute;n por su posici&oacute;n en la ruta de los intercambios provenientes de Asia, pero tambi&eacute;n de las comunicaciones entre la costa oeste de los Estados Unidos, rica en materias primas y el este con el puerto de Nuevo Orle&aacute;ns y la ciudades de Washington y Filadelfia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor examina "la geograf&iacute;a del presente" en el cuarto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo (p. 83). Una serie de temas sugerentes de investigaci&oacute;n como los bosques, la industria, las comunicaciones con el ferrocarril como poderoso agente transformador, los caminos, las obras p&uacute;blicas, el campo, el crecimiento demogr&aacute;fico y la urbanizaci&oacute;n, entre los principales. Cada uno de esos fen&oacute;menos ha marcado el territorio de una forma particular y su an&aacute;lisis requiere de la combinaci&oacute;n de escalas. En el caso de las ciudades, por ejemplo, el autor se&ntilde;ala las transformaciones que han sufrido las m&aacute;s antiguas "con la presencia de arrabales hacinados e insalubres" que han modificado el paisaje urbano y que tambi&eacute;n forma parte del inter&eacute;s de las perspectivas que puede dirigir la Geograf&iacute;a hist&oacute;rica para examinar el ruido, la tensi&oacute;n y la violencia (p. 96)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De especial inter&eacute;s es la segunda mitad del siglo XX, por las transformaciones del espacio mexicano. Tanto el paisaje urbano como el rural mantienen elementos de continuidad como de profundo cambio, a veces irreconocible. Sin embargo, elementos articuladores como una carretera, las tierras bajas o una cuenca permiten examinar los procesos que act&uacute;an en una escala y que forman parte de un an&aacute;lisis territorial mayor, por ejemplo, de las vertientes del Golfo de M&eacute;xico o la del Pac&iacute;fico y, m&aacute;s all&aacute;, la Caribe&ntilde;a y Centroamericana. A finales del siglo, la serie de "espacios inconexos" caracter&iacute;sticos de la geograf&iacute;a mexicana han dejado de existir con las acciones de la modernidad. En su lugar, surgen m&uacute;ltiples enlaces, mecanismos de intercambios y mayor crecimiento demogr&aacute;fico concentrado en espacios anteriormente ocupados por bosques h&uacute;medos. El autor termina su obra con la preocupaci&oacute;n sobre la acelerada p&eacute;rdida de los espacios naturales mexicanos y la incertidumbre sobre su futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me parece que esta obra merece atenci&oacute;n, como hemos indicado, por la reflexi&oacute;n que encierra sobre el territorio mexicano. Su autor, profesor de El Colegio de M&eacute;xico, ha incorporado en su obra las nuevas tendencias internacionales que han otorgado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a la Geograf&iacute;a hist&oacute;rica un mayor atractivo e inter&eacute;s acad&eacute;mico. Es, por tanto, una renovada propuesta especialmente para todos aquellos interesados en el cambio geogr&aacute;fico, en lo caracter&iacute;stico de los lugares, en el empleo de varias escalas espaciales y temporales, en el di&aacute;logo entre el pasado y el presente del territorio mexicano y sus m&uacute;ltiples y complejos problemas vistos con una decidida orientaci&oacute;n interdisciplinaria y una profunda ra&iacute;z hist&oacute;rica, social, econ&oacute;mica y cultural.</font></p>      ]]></body>
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