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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mauricio Tenorio Trillo, <i>Culturas y memoria: manual para ser historiador</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Lorena Ojeda D&aacute;vila</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Tusquets, 2012, 357 p.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Coordinaci&oacute;n de la Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/tzintzun/n57/a10i1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El m&aacute;s reciente trabajo del historiador piedadense Mauricio Tenorio es ante todo un libro generoso, que no s&oacute;lo revela al historiador consumado sino a la persona que reside detr&aacute;s de &eacute;l; que cuestiona no s&oacute;lo las formas de escribir la historia sino las maneras en que transitamos por ella. Y es sobre todo en este sentido que abre el camino para un di&aacute;logo interminable entre quienes hacemos o aspiramos a hacer y/o ser historia, con quienes han perseguido la misma tarea a trav&eacute;s del tiempo y con quienes se est&aacute;n preparando para hacerlo en el futuro, es decir, los j&oacute;venes historiadores. De ah&iacute;, su importancia actual y su celebrada aparici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tenorio ha reconocido que se divierte escribiendo historia. El texto tiene un estilo poco ortodoxo que se desplaza vertiginosamente desde el elevado lenguaje acad&eacute;mico empleado en instituciones internacionales "catrinas", usando sus palabras, al m&aacute;s simple y coloquial de la provincia michoacana; de la poes&iacute;a universal m&aacute;s exquisita, al m&aacute;s llano y soez de los arrabales. Est&aacute; salpicado de an&eacute;cdotas personales y pleno de imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica, ambas introducidas con rigor acad&eacute;mico para fortalecer el argumento central del trabajo: que no s&oacute;lo es posible sino recomendable hacer uso de la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica en el oficio de indagar y escribir el pasado. Y que el pasado, vuelto historia, puede ser de lectura agradable para el p&uacute;blico no especializado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde mi punto de vista, el texto marca un parteaguas en la prol&iacute;fica y pol&eacute;mica carrera de Tenorio. En &eacute;l, el historiador habla en primera persona y se planta valientemente frente a sus colegas para recalcar los vicios del oficio y las formas de hacer historia desde la academia, as&iacute; como provocar la autorreflexi&oacute;n. Aunque las agudas observaciones de Tenorio se basan principalmente en instituciones norteamericanas prestigiadas como Stanford, UCLA, Yale o Harvard, no dejan de tener su s&iacute;mil mexicano en todas las universidades. Es decir, el exagerado academicismo y la obsesi&oacute;n por emplear t&eacute;rminos rebuscados, grandilocuentes, acu&ntilde;ados por otros en otro tiempo y ante otras circunstancias no siempre "ajusta" al objeto de estudio y entonces, dice Tenorio, el historiador se vuelve un ventr&iacute;locuo que simplemente repite palabras, modelos y teor&iacute;as desarrollados por otros intelectuales y popularizadas cuales dogmas de fe. Siendo as&iacute;, se intenta encasillar un objeto de estudio en modelos te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos que no corresponde.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, aunque comienza reconociendo sus propios desv&iacute;os y <i>faux&#45;pas</i> en la profesi&oacute;n, de entrada, &eacute;ste no es un libro que agrade a todos sus colegas porque el discurso que Tenorio emplea desarticula las pretensiones de grandeza asociadas al oficio del historiador, al tiempo que, con modestia, reconoce que &eacute;l tampoco tiene la f&oacute;rmula para ense&ntilde;ar a escribir historia empleando la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica. Empero, el libro es en s&iacute; una invitaci&oacute;n a explorar posibilidades dentro de ciertos par&aacute;metros para que cada lector encuentre las estrategias que le permitan desarrollar esta herramienta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto es de &aacute;gil lectura y se organiza en tres cap&iacute;tulos: "Memorias de un ventr&iacute;locuo", "Vidas de Memoria" y "Abuso de la memoria." El primero de ellos, sin embargo, puede resultar un tanto denso para el lector no especializado debido al compendioso manejo de te&oacute;ricos y teor&iacute;as sobre la historia que comienzan con Vico, Von Ranke, Hegel, Marx, Nietzsche, Huizinga, y van hasta quienes &eacute;l considera lo mejor de la historia profesional: Bloch, Braudel o Ginzburg, pasando por una gran cantidad de pensadores cuyas contribuciones son tra&iacute;das a colaci&oacute;n por Tenorio para ejemplificar los productos resultantes de los trabajos inter y multidisciplinarios, as&iacute; como para abogar por la provechosa relaci&oacute;n entre poes&iacute;a e historia. Resulta especialmente enriquece&#45;dor su entretejido tratamiento de las contribuciones a los <i>cultural studies</i> de los trabajos de Geertz, Turner, Levi&#45;Strauss, Foucault, Chartier, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo narra las vidas de seis personajes memorables para mostrar c&oacute;mo puede usarse la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica para reconstruir el pasado y, finalmente, en el tercer cap&iacute;tulo, el autor advierte sobre las consecuencias que conlleva el abuso de la memoria mediante siete ensayos que giran en torno a la saudade, la autobiograf&iacute;a, la potencia, la perogrullada, el dogma, la erudici&oacute;n y, por &uacute;ltimo, el olvido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Coincidiendo con las pol&iacute;ticas actuales para el desarrollo de la ciencia en M&eacute;xico y en otros pa&iacute;ses iberoamericanos, el autor reivindica la importancia del ensayo cient&iacute;fico desde la perspectiva cualitativa, pero no &uacute;nicamente como ensayo de ideas, sino s&oacute;lo a partir de lo que ha significado una revoluci&oacute;n en la conciencia humana considerando una "mezcla de literatura, historiograf&iacute;a, filosof&iacute;a, ciencia y poes&iacute;a". Y m&aacute;s a&uacute;n, aboga por el ensayo cient&iacute;fico que logra desarrollar una idea concretamente y que tiene algo que decir y lo dice corto y claro (p. 49).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los <i>cultural studies</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de analizar las principales corrientes historiogr&aacute;ficas desde la propuesta dieciochesca de Vico hasta el postmodernismo y los dem&aacute;s <i>posts</i> (que &eacute;l llama post&#45;esto y post&#45;lo&#45;otro), Tenorio sugiere que una de las alternativas m&aacute;s viables que existe hoy en d&iacute;a para estudiar la historia y la cultura, reencontr&aacute;ndolas, son los denominados <i>cultural studies.</i> M&aacute;s a&uacute;n, despu&eacute;s de lo que considera el fracaso de la "vieja nueva historia cultural" ya que "nunca pudo superar su dependencia del dato presumiblemente emp&iacute;rico" (p. 55).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En concreto, explica Tenorio, los <i>cultural studies,</i> representados por excelencia en los trabajos de Raymond Williams y E. P. Thompson, constituyen un programa de investigaci&oacute;n amplio, complejo y militante, te&oacute;rica y pol&iacute;ticamente y con una esencia ametodol&oacute;gica o interdisciplinaria. El objetivo es estudiar cualquier fen&oacute;meno cultural, que de preferencia no sea catalogado como alta cultura y que en la medida de lo posible ocurra en el presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Tenorio, los <i>cultural studies</i> tienen gran potencial para escribir culturas, y de hecho, para ser cultura, pero identifica tres problemas principales:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Su excesiva ventriloquia te&oacute;rica. Al tratar temas de la cultura popular hacen lo que no deber&iacute;an: usar circunloquios te&oacute;ricos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Su antierudici&oacute;n frente al pasado a pesar de su hiperteorizaci&oacute;n. En palabras del autor, les estorba la historia.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Son transnacionales por definici&oacute;n, pero su problema es que generalmente se escriben en ingl&eacute;s.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El papel de la antropolog&iacute;a en el estudio de la historia</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El planteamiento del autor sobre la relaci&oacute;n entre historia y antropolog&iacute;a me parece una de sus aportaciones m&aacute;s valiosas, sobre todo por cuanto toca a la segunda ser "una suerte de conciencia cr&iacute;tica que permite a los historiadores hacer dudar a los dados por hecho como el archivo, la biblioteca, los datos..." (p. 61). Por otro lado, al traer a colaci&oacute;n la antropolog&iacute;a, Tenorio se vuelve incisivo y radical en contra de otra de las modas actuales mediante la cual se busca articular el estudio del hecho hist&oacute;rico en funci&oacute;n de los conceptos anquilosados de "identidad" y de "raza", bajo los cuales "hay que concebir la pureza, &#91;ya que&#93; sin ella, nuestras intraducibles y ejemplares culturas no se sostendr&iacute;an conceptual o hist&oacute;ricamente" (p. 65).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sucede que en las historias oficiales dichos conceptos son las piedras angulares sobre las cuales se cimbran las ideas de Naci&oacute;n &#45;y todas las que de ah&iacute; se desprenden&#45;. Pero Tenorio sostiene que no existe la no hibridez, ya que todo fen&oacute;meno cultural del pasado si bien &uacute;nico e irrepetible, no carece de conexiones cuasi universales. Por tanto, este argumento transversal a las obras de Tenorio se presenta aqu&iacute; de nueva cuenta, pero en esta ocasi&oacute;n con un tinte realista pesimista: la historia es el triunfo eterno de la injusticia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Poes&iacute;a e historia</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los apartados m&aacute;s amenos del libro es el que trata de la relaci&oacute;n que subyace entre poes&iacute;a e historia. Para Tenorio, la imaginaci&oacute;n y la historia se refieren a lo mismo: imaginaci&oacute;n cargada de memoria. Y fundamenta su dicho en m&uacute;ltiples citas de grandes historiadores, de nuevo desde Vico ("el origen de las naciones reside en las fantas&iacute;as, los mitos y las memorias inventadas, por tanto tambi&eacute;n llam&oacute; "sabidur&iacute;a po&eacute;tica" a la de los hacedores de mitos", p. 85), Croce ("la imaginaci&oacute;n es la mentora de la poes&iacute;a y la historia", p. 87); hasta Bloch ("cuid&eacute;monos de no quitarle a nuestra ciencia su parte de poes&iacute;a", p. 90), o el mismo O'Gorman, quien ubicaba el ADN de la historia en la poes&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La profunda conexi&oacute;n de la poes&iacute;a con la historia de lo cultural radica para Tenorio en lo que Nietzsche dec&iacute;a de la historia: la capacidad de crear una segunda naturaleza, es decir, la historia o mejor dicho, el entendimiento hist&oacute;rico es un <i>reenactment</i> que incluye la memoria personal y la vida, que implica re&#45;vivir con una actitud mental que necesariamente decanta en memoria y poes&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">He ah&iacute; otra declaraci&oacute;n de Tenorio: la vivencia personal del historiador, con sus fuertes cargas de memoria, determina su forma de aprehenderla y explicarla . Este libro es su testimonio personal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero tambi&eacute;n es interesante que Tenorio conf&iacute;a el papel central del resultado de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica al lector: leer historia, as&iacute;, se convierte en un terreno com&uacute;n en que el lector es part&iacute;cipe en la construcci&oacute;n del poder explicativo de las met&aacute;foras, a&ntilde;adiendo y transformando la intenci&oacute;n original del historiador; cualquiera que &eacute;sta haya sido. Sucede entonces lo que Borges insisti&oacute; de muchas maneras: que una obra tiene tantas formas de leerse como lectores se aventuren entre sus p&aacute;ginas y m&aacute;s a&uacute;n, como veces cada uno de ellos lea esa misma obra: "Nadie lee dos veces el mismo libro".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Tenorio, la historia nunca se escribe, siempre se reescribe, y la reescritura de la historia es, por un lado, un robo (de los hallazgos y de la imaginaci&oacute;n de los predecesores) y, por otro, un inconsciente ensayo y error en los confines de lo pensable y decible sobre el pasado en un presente determinado (p. 136).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anteriormente se&ntilde;al&eacute; que el argumento central del trabajo de Tenorio es volver la atenci&oacute;n sobre la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica como una herramienta para conjugar historia y culturas, la cual sirve para describir, vivir y revivir el pasado en el presente, es decir para escribir historia (p. 138.) Sin embargo, esa imaginaci&oacute;n debe tener l&iacute;mites y modelarse o perfeccionarse con la pr&aacute;ctica y con la adquisici&oacute;n de habilidades t&eacute;cnicas que incluyen paleograf&iacute;a, m&uacute;sica, po&eacute;tica, filolog&iacute;a, e incluso el dominio de varias lenguas. Para que la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica planteada en el texto se desarrolle y sea fruct&iacute;fera se requiere que el historiador posea una buena memoria, la cual tambi&eacute;n se puede educar y perfeccionar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Manual de uso</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo escribir historia siguiendo las herramientas que nos proporciona Tenorio?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto que un historiador produzca siguiendo las propuestas de Tenorio debe hacer una historia que incluya escenas veros&iacute;miles, a m&aacute;s de ser informador, describir con l&oacute;gica y rigurosidad emp&iacute;rica y, para poder hacerlo, debe utilizar conceptos, datos, met&aacute;foras, impresiones e intuiciones. Tenorio se&ntilde;ala como l&iacute;mites de la indispensable imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica, la erudici&oacute;n (acumular informaci&oacute;n del pasado, sobre todo de la cultura popular), la iron&iacute;a melanc&oacute;lica, el aula (en el sentido de que educando es donde se aprende el significado de la objetividad en la historia, porque en un sal&oacute;n de clase se reta la erudici&oacute;n del historiador), el pragmatismo y la naturaleza de la evidencia, principalmente (p. 171). De otra manera, la obra resultante podr&iacute;a carecer de veracidad, aunque cumpliera cabalmente con los principios de la verosimilitud. Entonces no ser&iacute;a historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la vez que es un trabajo sumamente contempor&aacute;neo y acorde con la modernidad, Tenorio reivindica el uso de las fuentes de archivo y no oculta su preocupaci&oacute;n por las maneras en que el acervo interminable de informaci&oacute;n que resguarda la Internet pueda afectar las maneras de hacer y escribir la historia. Sin embargo, esta es una tarea que deja a los historiadores del ma&ntilde;ana, para quienes, en gran parte, va dedicado su libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que el autor nos debe al final de la lectura es lo que nos promete su t&iacute;tulo: un manual para ser historiador, es decir, los pasos que aquel que comience a indagar en los vericuetos del pasado deber&aacute; seguir para escribir algo memorable, original y sustancioso. En cambio, nos regala infinitas posibilidades de reflexi&oacute;n y de argumentos para deconstruir las historias que se producen actualmente y para reflexionar sobre nuestra propia tarea para entonces producir, desde la posici&oacute;n de cada uno, estudios memorables, originales y sustanciosos. Intuyo que &eacute;sa era su intenci&oacute;n y no otra: abrir panoramas, favorecer la introspecci&oacute;n, comprobar que no hay una sola forma de acercarse a la historia y que los m&eacute;todos son y deben ser tan din&aacute;micos y variados como los tiempos mismos y como el ser humano &#45;historiador&#45; que en ellos se desenvuelve.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A quienes ejercemos desde la trinchera de la docencia nos habr&iacute;a sido sumamente &uacute;til un libro que facilitara a nuestros estudiantes el acercamiento a las fuentes, a las formas de analizarlas y a las estrategias para construir y reconstruir cada quien sus historias. Seguiremos esperando que la lucidez del profesor Tenorio nos regale otro manual, esta vez, como &eacute;l dice, <i>a nivel de cancha.</i> Mientras tanto, invito al lector a deleitarse con las p&aacute;ginas de <i>Culturas y memoria,</i> que se deslizan en nuestras manos tan raudas como provocativas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro est&aacute; dedicado a quien fuera su padre, el Dr. Francisco Tenorio Gonz&aacute;lez, prominente m&eacute;dico e investigador em&eacute;rito de origen zitacuarense. Me sumo a este sentido homenaje.</font></p>     ]]></body>
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